Skip to main content

Full text of "Obras históricas de don Fernando de Alva Ixtlilxochitl"

See other formats


This  is  a  digital  copy  of  a  book  that  was  preserved  for  generations  on  library  shelves  before  it  was  carefully  scanned  by  Google  as  part  of  a  project 
to  make  the  world's  books  discoverable  online. 

It  has  survived  long  enough  for  the  copyright  to  expire  and  the  book  to  enter  the  public  domain.  A  public  domain  book  is  one  that  was  never  subject 
to  copyright  or  whose  legal  copyright  term  has  expired.  Whether  a  book  is  in  the  public  domain  may  vary  country  to  country.  Public  domain  books 
are  our  gateways  to  the  past,  representing  a  wealth  of  history,  culture  and  knowledge  that's  often  difficult  to  discover. 

Marks,  notations  and  other  marginalia  present  in  the  original  volume  will  appear  in  this  file  -  a  reminder  of  this  book's  long  journey  from  the 
publisher  to  a  library  and  finally  to  you. 

Usage  guidelines 

Google  is  proud  to  partner  with  librarles  to  digitize  public  domain  materials  and  make  them  widely  accessible.  Public  domain  books  belong  to  the 
public  and  we  are  merely  their  custodians.  Nevertheless,  this  work  is  expensive,  so  in  order  to  keep  providing  this  resource,  we  have  taken  steps  to 
prevent  abuse  by  commercial  parties,  including  placing  technical  restrictions  on  automated  querying. 

We  also  ask  that  you: 

+  Make  non-commercial  use  of  the  files  We  designed  Google  Book  Search  for  use  by  individuáis,  and  we  request  that  you  use  these  files  for 
personal,  non-commercial  purposes. 

+  Refrainfrom  automated  querying  Do  not  send  automated  queries  of  any  sort  to  Google's  system:  If  you  are  conducting  research  on  machine 
translation,  optical  character  recognition  or  other  áreas  where  access  to  a  large  amount  of  text  is  helpful,  please  contact  us.  We  encourage  the 
use  of  public  domain  materials  for  these  purposes  and  may  be  able  to  help. 

+  Maintain  attribution  The  Google  "watermark"  you  see  on  each  file  is  essential  for  informing  people  about  this  project  and  helping  them  find 
additional  materials  through  Google  Book  Search.  Please  do  not  remo  ve  it. 

+  Keep  it  legal  Whatever  your  use,  remember  that  you  are  responsible  for  ensuring  that  what  you  are  doing  is  legal.  Do  not  assume  that  just 
because  we  believe  a  book  is  in  the  public  domain  for  users  in  the  United  States,  that  the  work  is  also  in  the  public  domain  for  users  in  other 
countries.  Whether  a  book  is  still  in  copyright  varies  from  country  to  country,  and  we  can't  offer  guidance  on  whether  any  specific  use  of 
any  specific  book  is  allowed.  Please  do  not  assume  that  a  book's  appearance  in  Google  Book  Search  means  it  can  be  used  in  any  manner 
any  where  in  the  world.  Copyright  infringement  liability  can  be  quite  severe. 

About  Google  Book  Search 

Google's  mission  is  to  organize  the  world's  Information  and  to  make  it  universally  accessible  and  useful.  Google  Book  Search  helps  readers 
discover  the  world's  books  while  helping  authors  and  publishers  reach  new  audiences.  You  can  search  through  the  full  text  of  this  book  on  the  web 


at|http  :  //books  .  google  .  com/ 


Acerca  de  este  libro 

Esta  es  una  copia  digital  de  un  libro  que,  durante  generaciones,  se  ha  conservado  en  las  estanterías  de  una  biblioteca,  hasta  que  Google  ha  decidido 
escanearlo  como  parte  de  un  proyecto  que  pretende  que  sea  posible  descubrir  en  línea  libros  de  todo  el  mundo. 

Ha  sobrevivido  tantos  años  como  para  que  los  derechos  de  autor  hayan  expirado  y  el  libro  pase  a  ser  de  dominio  público.  El  que  un  libro  sea  de 
dominio  público  significa  que  nunca  ha  estado  protegido  por  derechos  de  autor,  o  bien  que  el  período  legal  de  estos  derechos  ya  ha  expirado.  Es 
posible  que  una  misma  obra  sea  de  dominio  público  en  unos  países  y,  sin  embargo,  no  lo  sea  en  otros.  Los  libros  de  dominio  público  son  nuestras 
puertas  hacia  el  pasado,  suponen  un  patrimonio  histórico,  cultural  y  de  conocimientos  que,  a  menudo,  resulta  difícil  de  descubrir. 

Todas  las  anotaciones,  marcas  y  otras  señales  en  los  márgenes  que  estén  presentes  en  el  volumen  original  aparecerán  también  en  este  archivo  como 
testimonio  del  largo  viaje  que  el  libro  ha  recorrido  desde  el  editor  hasta  la  biblioteca  y,  finalmente,  hasta  usted. 

Normas  de  uso 

Google  se  enorgullece  de  poder  colaborar  con  distintas  bibliotecas  para  digitalizar  los  materiales  de  dominio  público  a  fin  de  hacerlos  accesibles 
a  todo  el  mundo.  Los  libros  de  dominio  público  son  patrimonio  de  todos,  nosotros  somos  sus  humildes  guardianes.  No  obstante,  se  trata  de  un 
trabajo  caro.  Por  este  motivo,  y  para  poder  ofrecer  este  recurso,  hemos  tomado  medidas  para  evitar  que  se  produzca  un  abuso  por  parte  de  terceros 
con  fines  comerciales,  y  hemos  incluido  restricciones  técnicas  sobre  las  solicitudes  automatizadas. 

Asimismo,  le  pedimos  que: 

+  Haga  un  uso  exclusivamente  no  comercial  de  estos  archivos  Hemos  diseñado  la  Búsqueda  de  libros  de  Google  para  el  uso  de  particulares; 
como  tal,  le  pedimos  que  utilice  estos  archivos  con  fines  personales,  y  no  comerciales. 

+  No  envíe  solicitudes  automatizadas  Por  favor,  no  envíe  solicitudes  automatizadas  de  ningún  tipo  al  sistema  de  Google.  Si  está  llevando  a 
cabo  una  investigación  sobre  traducción  automática,  reconocimiento  óptico  de  caracteres  u  otros  campos  para  los  que  resulte  útil  disfrutar 
de  acceso  a  una  gran  cantidad  de  texto,  por  favor,  envíenos  un  mensaje.  Fomentamos  el  uso  de  materiales  de  dominio  público  con  estos 
propósitos  y  seguro  que  podremos  ayudarle. 

+  Conserve  la  atribución  La  filigrana  de  Google  que  verá  en  todos  los  archivos  es  fundamental  para  informar  a  los  usuarios  sobre  este  proyecto 
y  ayudarles  a  encontrar  materiales  adicionales  en  la  Búsqueda  de  libros  de  Google.  Por  favor,  no  la  elimine. 

+  Manténgase  siempre  dentro  de  la  legalidad  Sea  cual  sea  el  uso  que  haga  de  estos  materiales,  recuerde  que  es  responsable  de  asegurarse  de 
que  todo  lo  que  hace  es  legal.  No  dé  por  sentado  que,  por  el  hecho  de  que  una  obra  se  considere  de  dominio  público  para  los  usuarios  de 
los  Estados  Unidos,  lo  será  también  para  los  usuarios  de  otros  países.  La  legislación  sobre  derechos  de  autor  varía  de  un  país  a  otro,  y  no 
podemos  facilitar  información  sobre  si  está  permitido  un  uso  específico  de  algún  libro.  Por  favor,  no  suponga  que  la  aparición  de  un  libro  en 
nuestro  programa  significa  que  se  puede  utilizar  de  igual  manera  en  todo  el  mundo.  La  responsabilidad  ante  la  infracción  de  los  derechos  de 
autor  puede  ser  muy  grave. 

Acerca  de  la  Búsqueda  de  libros  de  Google 

El  objetivo  de  Google  consiste  en  organizar  información  procedente  de  todo  el  mundo  y  hacerla  accesible  y  útil  de  forma  universal.  El  programa  de 
Búsqueda  de  libros  de  Google  ayuda  a  los  lectores  a  descubrir  los  libros  de  todo  el  mundo  a  la  vez  que  ayuda  a  autores  y  editores  a  llegar  a  nuevas 


audiencias.  Podrá  realizar  búsquedas  en  el  texto  completo  de  este  libro  en  la  web,  en  la  páginalhttp  :  /  /books  .  google  .  com 


iVfv-í»-^'- 


••r^ 


.  <%* 


Caít  / 


Sk^if    ¿^ 


HARVARD  UNIVERSITY, 


LIBR  ARV 


OF  THE 


PEÁBODY  BÍÜSEUM  OP  AMERICAN 
AROEffiOLOGY  AND  ETHNOLOGY. 


<UFT  OF 


í$pt    Á3  fm-^nuAUK 


Rece  i  ved 


,  ñíTM-'^'^         (TO^ 


Thi©  Tolxime   ifi  a  duplle&t^    if 
oíie  already  on  the  shelv.^   . 
%i.^  Peabody  '         j-^^  LibrRry        1 1» 
1l  primar  i  i         ^r   the  ^k  who- 

"■ ^ne  couro- 


•i 


.^ 


-,     1» 


OBRAS  HISTÓRICAS 

DE 


DON  FERNANDO  DE  m.IXTLlLXOCHlTL 

#  —  - 

V       niUUDlSTlMlDiSFOK 

ALFREDO   CIIAVERO 


•S  HACB  SaTA  SDICIÓM  POB  ACUKKOO  DBL 


SEirOR  PRESIDENTE  OENEBAL  PORFIRIO  DÍAZ 


Par»  pifwnUrlA 
9  uo  hontcn^ic  de  México  á  Cristóbal  Col<ín 
en  el  cuarto  ct- Dtcnario 
del  deacubrimieuto  do  América. 


TOMO  I 

RELACIONES. 


MÉXICO 


OFICINA  TIP.  DE  I.A  SKCRETARIA  DK  FOMKNTO 

Calle  de  8ui  Audréi  núMera  Ifr. 

1801 


Case     I  SMf  2- 

LI  BIS; -A.  12;  ir 


Peabody  Masenm  of  American  Arohsology  and  Ethnology 

IN  CONNECTION  WITH  HARVARD  UNIVER8ITY. 


PBBSENTBD    B Y 


Beceived     Í^-^^^ia-a^    /^^  í^f  %  ^ 


^. 


OBRAS  fflSTÓRICAS 

RECriVED, 

DE 

JÜN  3  iciyj 


DON  FERNANDO  DE  M  IXTUIlDiE 


¡r.bvvüuiíii 


miiuiisTuoiutsm 


ALFREDO   CHAVERO 


( 


Pan  preMntttlft 
»  na  honen^  de  Mézloo  á  Oristtfbal  (kHiu 
«n  el  eoarto  otntMiailo 
del  desoubrimltnto  d«  Amérloa. 


TOMO  I 

RELACIONE3S. 


MÉXICO 


OFICINA  TIP.  DE  LA  SECRETARIA  DE  FOMENTO 
0«U«  d«  Bu  Áiidr«i  nAmoo  U. 

1891 


i 


8E!tOB  PRESIDENTE  OENI^  Tüj^tj^^  pt¿)í;^  \ , 


C- 


r 


I  . '  ■ .  ;    ,■,/  ■■, 


A  importancia  de  la  publicación  de  las  obras 
de  Ixtlilxochitl  es  indiscutible^  pues  como  ha 
dicho  el  Sr.  D.  José  Fernando  Ramírez,  de- 
bemos juzgarlas  poco  menos  que  inéditas, 
puesto  que  solamente  se  encuentran  en  la  colección  de 
Kingsborough,  que  no  está  al  alcance  de  lasfortunas  me- 
dianas. Esta  dificultad  sube  ahora  de  punto,  porque  está 
agotada  la  edición  del  Kingsborough,  y  naturalmente  es 
menos  fácil  y  más  costoso  adquirir  un  ejemplar.  Agre- 
guemos la  justa  observación  del  Sr.  Icazbalceta,  de  que 
toda  obra  publicada  en  esa  colección  por  inédita  debe 
tenerse,  á  causa  de  lo  difícil  y  molesto  que  es  manejar 
y  leer  tomos  tan  voluminosos.  Todavía  podemos  añadir 
como  buenas  razones  para  esta  publicación,  la  poca  es- 
crupulosidad de  la  de  Kingsborough,  y  al  haberla  hecho 
sin  notas  que  aclaren  las  obscuridades  y  contradicciones 
del  texto.  Verdad  es  que  Ternaux  Compans  publicó 
una  versión  al  francés  de  la  Historia  Chichimeca  y  la 
Noticia  de  los  Pobladores,  y  las  acompañó  con  notas; 
pero  sabido  es  que  las  versiones  de  Ternaux  son  infie- 
les. Además  en  ambas  publicaciones  los  nombres  indi- 


OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


genas  están  incorrectos,  y  defecto  capital  es  éste  en  con- 
cepto nuestro. 

La  edición  de  Kingsborough,  sacada  por  una  copia 
de  la  colección  de  Madrid,  copia  también  pues  los  ori- 
ginales de  Ixtlilxochitl  se  han  perdido,  se  compone  de 
las  piezas  siguientes: 

I.  Sumaria  Relación,  etc.  de  los  tultecas. 
II.  Historia  de  los  Señores  Chichimecas. 

III.  Continuación  de  la  Historia  de  México. 

IV.  Pintura  de  México. 

V.  Ordenanzas  de  Netzahualcóyotl. 
VI.  Orden  y  ceremonias  para  hacer  un  Señor. 
VII.  La  venida  de  los  Españoles. 
VIII.  Entrada  de  los  Españoles  en  Toxcuco. 
IX.  Noticia  de  los  pobladores,  ete. 
X.  Relación  sucinta. 
XI.  Sumaria  Relación. 
XII.  Historia  Chichimeca,  en  95  capítulos. 

XIII.  Cantares  de  Netzahualcóyotl. 

XIV.  Fragmentos  de  la  tida  del  mismo. 

En  la  colección  de  manuscritos  que  mandó  formar  el 
Virrey  Revilla  Gigedo,  y  que  se  conserva  en  el  Archivo 
General,  las  obras  de  Ixtlilxochitl,  están  en  los  tomos 
49  y  139.  En  el  tomo  4^  se  comprende  la  Historia  CU' 
chmeca.  En  el  tomo  13^,  intitulado  Melacionesj  se  com- 
prenden: 

I.  Sumaria  Relación,  etc.,  en  5  relaciones. 

II.  Historia  de  los  Señores  Chichimecas,  etc.,  en  12 
relaciones.  A  ésta  va  agregada  la  continuación  de  los 
hechos  de  Netzahualcóyotl  hasta  la  guerra  de  Xochi- 
milco;  se  interealn  una  lista  de  154  nombres  de  pueblos; 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL. 


sigue  la  narración  histórica  de  Netzahualcóyotl  hasta 
la  instalación  en  su  trono;  y  como  continuación  natural 
las  Ordenanzas  que  hizo  el  mismo  Netzahualcóyotl;  y 
concluye  con  una  noticia  de  la  memoria  de  su  hijo  Net- 
zahualpilli,  su  muerte  y  funerales. 

III.  La  orden  y  ceremonia  para  hacer  un  Señor,  etc. 

lY.  La  venida  de  los  españoles  á  esta  Nueva  España. 
V.  Entrada  de  los  españoles  en  Texcuco. 

VI.  Noticia  de  los  pobladores,  etc.  En  13  relaciones. 
VII.  Relación  sucinta,  en  11  relaciones.  Como  conti- 
nuación de  ella  hay  dos  noticias  intituladas,  la  una  Re- 
lación de  loa  demás  Señores  de  Nueva  España,  y  la  otra 
Relación  del  origen  de  los  Xochimilcas. 

VIII.  Sumaria  Relación,  etc.  Ademá-s  en  el  tomo  3^ 
délos  manuscritos  del  Archivo  existen  dos  piezas,  una 
es  los  Cantares  de  Netzahualcóyotl,  y  la  otra  los  Frag- 
mentos hist^cos  de  la  vida  del  mismo.  Aunque  están 
atribuidos  á  IxtlilxochiÜ,  no  hay  ninguna  razón  que  lo 
confirme. 

Como  se  ve,  las  obras  de  Ixtlilxochitl  pueden  dividir- 
se en  dos  partes:  una  la  Historia  Chichimeca,  que  es 
miaobra  completa;  y  otra  las  diversas  Relaciones  y  frag- 
mentos, que  son  en  lo  general  diversas  versiones  y  re- 
petición de  los  mismos  sucesos. 

Ixtlilxochitl  es  el  cronista  original  de  los  texcucanos* 
Pocos  de  nuestros  escritores  gozan  de  la  fama  y  repu- 
tación que  él.  Y  sin  embargo  sus  numerosas  obras  son 
desconocidas. 

Acaso  ha  contribuido  mucho  á  la  fama  de  Ixtlilxo- 
ehitl,  la  circunstancia  de  haber  sido  descendiente  de  los 
reyes  aoolhuas:  eam^  trasnieto  del  último  rey  ó  señor  de 


OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


Texcuco,  y  procedía  del  matrimonio  de  éste  con  Doña 
Beatriz  Papantzin,  hija  de  Cuitlahuac  penúltimo  em- 
perador de  México.  Nació  hacia  1568;  fué  alumno  del 
Colegio  de  Santa  Cruz  en  Tlatelolco;  en  sus  xiltimos 
años  intérprete  del  Juzgado  de  indios;  y  murió  por  el 
año  de  1648,  á  los  ochenta  de  edad.  Según  la  clase  de 
sus  obras,  parece  que  comenzó  á  escribir  por  estudio 
siguiendo  la  interpretación  de  antiguas  pinturas,  y  dio 
después  forma  más  perfecta  á  sus  escritos  procurando 
la  restitución  de  su  pequeño  señorío. 

Hay  diferentes  catálogos  antiguos  de  las  obras  de 
Ixtlilxochitl.  Boturini,  que  dice  que  los  copió  de  su  le- 
tra, y  en  efecto,  ha  sido  mía  su  copia  de  las  B;elacioneS) 
da  uno  semejante  casi  en  todo  á  como  aparecen  en  la 
publicación  de  Kingsborough.  Beristáin  que  no  cono- 
ció todas  las  obras,  da  otro  diferente.  Diverso  es  el  de 
Clavijero.  El  Sr.  D.  Fernando  Ramírez  comparó  estos 
catálogos  entre  sí,  y  con  los  manuscritos  del  Archivo  y 
del  Museo,  y  la  colección  de  Kingsborough.  Seguire- 
mos sus  estudios  para  fijar  la  cronología  de  los  escritos 
de  Ixtlilxochitl. 

Su  primera  obra,  que  parece  escrita  por  los  años  de 
1600,  fué  la  titulada  Relaciones  históricas  de  la  na- 
ción tulteca  ó  Relaciones  de  todas  las  cosas  que  han 
sucedido  en  la  Nueva  España,  y  de  muchas  cosas  que 
los  tultecas  alcanzaron.  La  segunda  fué  la  Historia 
de  los  Señores  Chichimecas,  á  la  cual  hay  que  agru- 
par los  opúsculos  que  á  veces  corren  separados  con  los 
títulos  de  Continuación  de  la  Historia  de  México  y 
Pintura  de  México,  Orden  y  ceremonias  para  ha- 
cer un  Señor,  La  venida  de  los  españoles,  Entrada 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHITL. 


de  los  españoles  en  Texcuco  y  Noticia  de  los  pobla- 
dores, etc.  Esta  segunda  obra,  6  colección  de  obras, 
ya  estaba  escrita  en  1608,  según  la  fecha  del  testimo- 
nio de  los  censores.  Hacia  la  misma  fecha  estaban 
terminadas  las  Ordenanzas  del  gran  Netzahualcóyotl, 
y  un  opúsculo  intitulado  Los  Padrones  y  Tributos 
Reales,  etc.  que  se  ha  perdido.  Seguramente  fueron 
posteriores  la  Relación  sucinta  y  la  Sumaria  Relación^ 
pues  son  extractos  en  pocas  páginas  de  toda  la  Histo- 
ria, y  el  mismo  autor  declara  que  sacó  la  primera 
de  lo  que  estaba  escribiendo  sobre  las  cosas  de  la 
tierra. 

Debemos  antes  de  pasar  adelante  decir  que  Boturi- 
ni  habla  de  otra  obra,  que  llama  Fragmentos  de 
cronología  mexicana,  la  cual  cita  Grama;  pero  por  las 
explicaciones  de  éste,  se  viene  en  cuenta  de  que  la  tal 
obra  no  era  de  Ixtlilxochitl,  sino  un  fragmento  de  la 
de  Sahagún.  También  se  menciona  por  de  IxtlüxochiÜ 
una  Historia  de  Nuestra  Señora  de  Guadalupe,  que  en 
nuestro  concepto  no  ha  existido. 

Respecto  de  los  Cantares  de  Netzahualcóyotl  y  Frag- 
mentos de  la  vida  del  mismo,  supuesto  que  no  se  pue- 
de acreditar  que  sean  de  Ixtlilxochitl,  inútil  sería  in- 
dagar cuándo  se  escribieron. 

La  última  obra  y  la  más  importante  de  nuestro  au- 
tor es  la  Historia  Chichimeca.  En  la  certificación  que 
respecto  de  las  obras  de  Ixtlilxochitl  dio  el  Cabil- 
do de  San  Salvador  Quatlacinco,  legalizada  por  el  es- 
cribano nombrado  por  el  JE.  S.  Virrey j  en  el  año  de  1608, 
se  habla  de  la  Historia  Larga^  y  esta  es  la  Historia 
Chichimeca;  pero  por  su  mismo  texto  se  viene  en  co- 


OBRAS  HISTÓRICAS  DE 


nocimiento  de  que  no  estaba  concluida  por  entonces,  y 
debemos  asignarle  por  fecha  de  su  terminación  el  año 
de  1616.  El  titulo  primitivo  de  esta  obra  fué  Histo- 
ria general  de  la  Nueva  España,  el  cual  fué  substitui- 
do en  el  manuscrito,  por  mano  desconocida,  con  el  de 
Historia  Chichimeca,  nombre  con  que  ahora  se  le  co- 
noce generalmente. 

Debemos  agregar  que  la  Dedicatoria  y  Prólogo  que 
hoy  corren  al  frente  de  la  Historia  Chichimeca,  corres- 
pondían á  la  Sumaria  Relación;  y  de  ellos  se  despren- 
de, que  ésta  se  escribió  hacia  el  año  de  1611. 

Con  excepción  de  la  Historia  Chichimeca,  que  es 
4ua  abra  bien  concluida,  las  demás  del  autor  que  bajo 
el  nombre  general  de  Relaciones  son  conocidas,  pare- 
cen diversos  estudios  hechos  sucesivamente  sobre  los 
mismos  hechos.  Para  no  hacer  fastidiosa  la  repetición 
y  presentar  de  manera  más  clara  las  ideas  y  noticias 
de  Ixtlilxochitl,  ideó  el  Sr.  D.  José  Femando  Ramírez 
agrupar  las  diversas  relaciones  según  su  época  crono- 
lógica, tomando  como  principal  para  la  tolteca  la  Su- 
maria Relación,  y  para  los  tiempos  posteriores  la  His- 
toria de  los  Señores  Chichimecas.  La  ventaja  de  este 
método  es  notoria,  y  lo  he  seguido  por  lo  que  respecta 
á  las  Relaciones,  las  cuales  forman  el  primer  tomo  de 
ttta  publicación. 

£2n  cuanto  á  la  Historia  Chichimeca,  la  dividió  el 
Sr.  Ramírez  en  dos  partes,  la  primera  comprende  76 
capítulos,  y  es  la  Historia  antigua;  y  la  segunda  los 
restantes,  y  trata  de  la  Conquista.  Conservo  esta  divi- 
sión por  conveniente:  la  primerea  parte  formará  el  tomo 
segundo,  y  la  segunda  el  tercero. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL. 


Agregaré  las  notas  del  Sr.  Ramírez,  y  para  distin- 
guirlas de  las  mías,  irán  marcadas  con  su  inicial  R. 

Finalmente  publicaré  como  apéndice  algunos  opiis- 
culos  de  diversos  autores,  que  completan  las  obras  de 
Ixtlilxochitl. 


Alfredo  Chavero. 


SUMARIA  RELACIÓN. 

De  todaí  lii  oosas  que  han  •noedido  en  la  Hneya  Espidia,  7  de  mnohas  ooeai  qne  loa  Tnlteoae 

ilciiuaron  7  tupieron,  desde  la  oreadén  del  Mnndo  hasta  sn  destmooidn,  7  Tenida  de  los 

terceros  poUadores  Ohiohtmeoas  hasta  la  Tenida  de  los  EspaSoles,  sacada  de  la  original 

historia  de  esta  Hneya  Espa&a. 


PRIMERA  RELACIÓN. 

De  la  CreaeUtn  delMundoyde  lo  que  toca  á  la  Creactón  del  Mundo  y  origen  de  loe 
Jhciiof,  ettlo  Dioi  es  el  eabedor  de  todat  la»  oomu,  mat  lo  que  btíenamente  te  hapo- 
dido  eaber,  tegün  loe  TuUeoat,  es  lo  que  sigue: 

Los  Tultecas  alcanzaron  y  supieron  la  Creación  del  Mundo  y 
cómo  el  TloquA  Nahuaque  lo  creó,  y  las  demás  cosas  que  hay  en 
él,  como  son  planetas,  montes,  animales,  etc.;  asimismo  supie- 
ron cómo  creó  Dios  al  hombre  y  una  mujer  de  donde  los  hom- 
bres descendieron  y  se  multiplicaron,  y  sobre  esto  añaden  mu- 
chas üábulas  que  por  excusar  prolijidad  no  se  ponen  aquí;  y  no 
es  de  espantar,  que  lo  mismo  han  hecho  las  demás  naciones  del 
mundo.  Y  dicen  que  el  mundo  fué  creado  en  el  año  del  ce  iecpaU^ 
y  este  tiempo  hasta  el  diluvio  le  llamaron  Atonatiuh,  quiere 
decir,  edad  del  sol  de  agua^  porque  se  destruyó  el  mundo  por  el 
diluvio:  y  hállase  en  las  historias  de  los  Tultecas  que  duró  esta 
edad  y  mundo  primero,  como  ellos  le  llaman,  1716  años;  que 
se  destruyeron  los  hombres  con  grandísimos  aguaceros  y  rayos 
del  cielo,  y  toda  la  tierra  sin  quedar  cosa  ninguna,  y  se  metie- 
ron dentro  de  las  aguas  los  más  altos  montes  CaxidmoleUÜi^  ^ 

1  Debe  ser  CaxiolmolicÜu 


X 


12  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

que  son  quince  codos;  y  de  que  añaden  asimismo  otras  fábulas, 
y  de  cómo  tomaron  á  multiplicar  los  hombres  de  unos  pocos  que 
escaparon  de  esta  destrucción  dentro  de  un  Toptlipetíacalli^ 
que  casi  significa  Arca  cerrada;  y  cómo  después  multiplicándose 
los  hombres  hicieron  un  Zacuaüi  muy  alto  y  fuerte,  que  quiere 
decir  la  Torre  altísima^  para  guarecerse  en  él  cuando  se  tornase 
á  destruir  el  segundo  mimdo.  ^  Al  mejor  tiempo  se  les  mudaron 
las  lenguas,  y  no  entendiéndose  unos  á  otros,  se  fueron  á  diver- 
sas partes  del  mundo;  y  los  Tultecas,  ^  que  fueron  hasta  siete 
compañeros  con  sus  mujeres,  que  se  entendían  la  lengua,  se 
vinieron  á  estas  partes,  habiendo  primero  pasado  grandes  tie- 
rras y  mares,  viviendo  en  las  cuevas  y  pasando  grandes  traba- 
jos, hasta  venir  á  esta  tierra,  que  la  hallaron  buena  y  fértil  para 
su  habitación.  Y  dicen  que  anduvieron  104  años  por  diferentes 
partes  del  mundo  hasta  llegar  á  Huehue  TlapaUan  su  patria, 
que  fué  en  Ce  TecpaU  que  había  520  años  que  el  Diluvio  había 
pasado,  que  son  cinco  edades;  y  cumplidos  1716  después  del 
diluvio  fueron  destruidos  de  un  grandísimo  üracán  que  se  llevó 
los  árboles,  las  peñas,  casas  y  gentes  y  grandes  edificios,  ^  aun- 

1  Los  historiadores  que  escribieron  en  la  época  colonial,  por  las  ideas  reli- 
giosas que  en  ella  dominal>an,  quisieron  poner  de  acuerdo  las  tradiciones  na- 
huas  con  las  bíblicas,  j  trastornaron  aquéllas.  Sirvióles  para  el  caso  el  Aiono' 
iiuhj  que  confundieron  con  el  düuyio,  el  Zacualli  de  Cholollan,  que  tomaron 
por  otra  torre  de  Babel,  j  el  jeroglífico  de  la  Peregrinación  Azteca,  en  donde 
erróneamente  creyeron  ver  la  confusión  de  las  lenguas.  Yéase  lo  que  he  escri- 
to sobre  esto  en  mi  Ettudvo  sobre  la  Piedra  del  Sol  y  en  el  Apéndice  k  la  JTis- 
torta  de  las  Indias  del  P.  Duran. 

2  Al  margen  y  al  frente  de  las  palabras  donde  se  hacen  las  llamadas,  se  en- 
cuentran esta  nota  y  la  siguiente. — **Chichimecatl  en  sus  historias,  que  aun 
todos  ellos  son  unos  los  indios  de  esta  tierra  ellos;  pero  descienden  de  un  sefior 
llamado  Ziehen;  especialmente  los  que  son  caballeros,  y  por  eso  se  precian  del 
nombre  de  Chichimecatl." 

8  "SI  nombre  de  Ohichimeca  quieren  algunos  sea  en  memoria  de  su  patria; 
sea  el  que  se  ñiere,  ellos  así  se  llaman,  que  quiere  decir  la  gente  ó  nación  ás- 
pera y  amarga,  porque  es  una  nación  de  las  más  crueles  y  valerosas  que  tiene 
el  mundo.  Aquesta  postrera  relación  que  se  halla  en  el  P.  Fr.  Andrés,  gran 
siervo  de  Dios,  según  parece  en  su  vida  y  los  milagros  que  el  Señor  obró  en  él, 


DON  FERNANDO  Dí  ALVA  IXTLILXOCHITL.  13 


que  escaparon  muchos  hombres  y  mujeres,  especialmente 
los  que  pudieron  escapar  en  cuevas  y  partes  donde  no  les  pudo 
alcanzar  este  gran  Uracán;  y  pasados  algunos  dkis  ó  tiempo,  se 
salieron  de  ellas  á  ver  en  lo  que  había  parado  la  tierra,  y  la  ha- 
llaron toda  poblada  y  cubierta  de  Monos,  y  estuvieron  en  tinie- 
blas todo  este  tiempo  sin  ver  el  sol  y  la  luna,  que  el  aire  los 
había  traído;  y  de  esto  inventaron  los  indios  una  fábula,  que 
dicen  que  los  hombres  se  volvieron  Monos,  Ilan^uido  á  esta 
-edad  ó  mundo  segundo  EheoaiUmaHuh^  que  quiere  decir  Sol  de 
aire:  y  después  que  escaparon  tornaron  á  reedificar  de  nuevo  y 
á  multiplicarse;  y  en  el  año  de  8  ToehOi^  que  había  1347  que 
había  después  de  la  segunda  calamidad,  y  4779  de  la  creación 
del  mundo,  tienen  allá  en  su  historia  que  el  sol  se  estuvo  un 
día  natural  sin  moverse  de  un  lugar,  y  añaden  una  fábula  di- 
ciendo, que  como  el  mosquito  vido  el  sol  tan  suspenso  y  pen- 
sativo le  dqo:  Señor  del  mundo  «¡por  qué  estás  tan  suspenso  y 
pensativo  y  no  haces  tu  oficio  como  se  te  está  mandado?  ¿qué 
quieres  destruir  ai  mundo  como  sueles?  y  otras  muchas  palabras 
fabulosas;  y  viendo  el  mosquito  que  estaba  quedo  y  no  le  res- 
pondía, llegó  y  le  picó  en  ima  pierna,  y  hallándose  picado  tomó 
-de  nuevo  á  andar  su  curso  como  suele.  Cumplidos  158  años 
después  del  gran  Uracán  y  1964  ^  de  la  creación  del  mundot 
tuvieron  otra  destrucción  los  de  esta  tierra,  que  fueron  los  §uí- 
nametxin,  Gigantes,  que  vivían  en  esta  rinconada  que  se  dice 
agora  Nueva  España,  la  cual  destrucción  fué  de  un  gran  temblor 
de  üerra,  que  los  tragó  y  mató  reventando  los  altos  montes  vol- 
canes, de  suerte  que  se  destruyeron  todos  sin  escapar  ninguno, 

decía,  que  cómo  hubiese  muchas  veces  hablado  con  los  Ghichimecas  de  Panuco 
y  Tampico  j  otras  partes,  al  tiempo  que  los  andaba  convenciendo  á  la  fe  de 
Cristo,  preguntándoles  de  su  origen  le  habían  dicho  lo  mismo,  ser  de  una  ciu- 
dad llamada  ehiehen;  y  casi  lo  mismo  tengo  dicho  y  decía  este  bienaventurado, 
según  los  viejos  principales;  que  muchas  veces  habl<5  con  ellos,  y  sin  duda  sería 
lo  que  los  Ghichimecas  decían  de  su  origen  y  que  no  quisiesen  saber  más;  que 
Mo  Dios  es  el  sabedor  del  origen  y  de  las  demás  cosas  de  este  mundo  nuevo. 
Ssto  es  lo  que  se  halla  acerca  de  lo  dicho." 
1  £n  el  MS«  del  Museo,  4994.— B.  Id.  en  la  copia  de  Boturini. 


14  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

y  si  escapó  alguno,  fué  de  los  que  estaban  más  hacia  la  tierra 
dentro;  y  asimismo  muchos  de  los  Tultecas  murieron,  y  los  Chi- 
chimecas  y  sus  circunvecinos,  que  fué  en  el  año  de  ce  Tecpatl;  y 
á  esta  edad  le  llamaron  Tla^iUmcUiuh,  ^  que  quiere  decir  sol  de 
tierra.  En  el  año  de  6097  de  la  creación  del  mundo,  que  fué  ce 
Tecpatl,  y  104  años  después  de  la  total  destrucción  de  los  Fi- 
listeos Qmnametdn,  estando  pacíñca  la  tierra  toda  de  este  nuevo 
mundo,  se  juntaron  todos  los  sabios  Tultecas,  asi  astrólogos 
como  de  más  artes,  en  HuehvMapaEan^  ciudad  cabecera  de  su 
señorío,  en  donde  trataron  de  muchas  cosas,  así  de  sucesos  y 
calamidades  que  tuvieron,  y  movimientos  de  los  cielos  desde 
la  creación  del  mundo,  como  de  otras  muchas  cosas,  que  por 
haberles  quemado  sus  historias  no  se  han  podido  saber  ni  al- 
canzar más  de  lo  que  aquí  se  ha  escrito,  entre  las  cuales  ^  aña- 
dieron el  bisiesto  para  ^justar  el  año  solar  con  el  equinoccio,  y 
otras  muchas  curiosidades,  como  se  verá  en  las  tablas  y  reglas 
de  ellos  de  sus  años,  meses,  semanas  y  días,  signos  y  planetas, 
conforme  ellos  los  entendieron,  y  otras  muchas  curiosidades. 
/  /  y  Había  1^6  años  que  ajustaron  sus  años  y  tiempos  en  el  equi- 
noccio, y  270  que  los  gigantes  se  habían  destruido,  cuando  el 
sol  y  la  luna  eclipsó,  y  tembló  la  tierra,  y  se  quebraron  las  pie- 
dras, y  otras  muchas  cosas  y  señales  sucedieron,  aunque  no 
hubo  calamidad  ninguna  en  los  hombres;  que  fué  en  el  año  del 
GE  Calu,  lo  cual,  ajustada  esta  cuenta  con  la  nuestra,  viene  á 
ser  en  el  mismo  tiempo  cuando  Cristo  nuestro  Señor  padeció, 
y  dicen  que  fué  á  los  primeros  días  del  año.  Estas  y  otras  mu- 
chas cosas  alcanzaron  los  Tultecas  desde  la  creación  del  mundo, 
y  así  hasta  nuestros  tiempos,  que,  como  tengo  dicho,  por  ex- 
cusar prolijidad,  no  se  ponen  según  en  sus  historias  y  pinturas 

1  Yeytia  la  llama  Tlachitonattuhf  y  como  este  escritor  no  hizo  más  que  co- 
piar á  Iztlixochil,  hay  razón  para  creer  que  tal  era  la  ortografía  en  el  MS. 
original.  Pero  la  verdad  es,  que  dicha  palabra  no  tiene  la  significación  del 
acontecimiento  á  que  se  refiere,  y  que  sol  de  tierra  es  Tlatonaüuhy  yoz  usada 
por  la  mayor  parte  de  los  cronistas. 

2  En  el  MS.  del  Museo:  **y  entre  sus  observaciones. '^ — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILX6CHITL.  1  ^ 

parece,  principalmente  de  la  original,  digo  de  las  cosas  queíse 
les  halla  pintura  é  historia,  que  todo  es  cifras  en  comparación  de 
las  historias  que  mandó  quemar  el  primer  arzobispo  que  fué 
de  México.  ^ 

Había  305  años  que  eclipsó  el  sol  y  la  luna,  y  438  de  la  des- 
trucción de  los  Filisteos,  Qrmamebnn^  y  6486  de  la  creación  del 
mundo,  cuando  ChaleaJldn  y  Tlaoamiihidn^  caballeros  muy  prin- 
cipales descendientes  de  la  casa  real  de  los  Tultecas,  comenzaron 
á  quererse  alzar  con  el  reino,  queriéndoselo  quitar  al  legitimo 
sucesor,  después  de  haber  estado  muchos  años  en  quieta  paz, 
que  fué  en  el  de  13  Agatl:  fueron  desterrados  y  tuvieron  algu- 
nas guerras,  hasta  que  los  echaron  de  la  ciudad  Tla^Míxddnoan^ 
en  la  región  de  HueyOapcMím  su  patria,  con  todos  sus  aliados  y 
fEunilias,  así  hombres  como  migeres,  que  fué  harta  cantidad  de 
ellos:  salieron  el  año  siguiente  de  geTegpatl  desterrados  de  to- 
da aquella  tierra,  como  se  verá  en  lo  que  se  sigue,  y  á  nues- 
tra cuenta  á  los  439  años  de  la  Encamación  de  Cristo  Señor 
nuestro. 


LAS  HACIONES  POBLADORAS. 

Los  naturales  de  toda  esta  tierra  Chichimeca,  que  ahora  se 
llama  Nueva  España,  es  común  y  general  opinión  de  todos  ellos, 

1  El  Sr.  Qarcía  Icazbalceta  ha  defendido  con  razón  al  Obispo  Zumárraga  de 
este  cargo,  que  hecho  primero  por  Iztlilxochitl,  se  ha  seguido  repitiendo  hasta 
acusarlo  de  ser  la  causa  de  que  se  hayan  perdido  los  anales  de  nuestra  historia 
antigua.  To  no  niego  que  el  obispo,  como  lo  hicieron  todos  los  primeros  frair 
les,  destruyese  las  pinturas  que  á  la  mano  le  venían,  teniéndolas  por  obra  del 
demonio;  pero  no  debemos  olvidar  que  Sahagún  dice,  que  bajo  el  reinado  de 
liscoaüy  los  señores  y  principales  acordaron  y  mandaron  que  se  quemasen  todas 
las  pinturas,  para  que  no  viniesen  á  manos  del  vulgo  y  fuesen  menospreciadas. 
A  máS)  hay  que  agregar,  que  acostumbraban  los  indios  cuando  conquistaban 
un  pueblo  quemar  el  ieoccUli  6  templo,  y  naturalmente  los  jeroglíficos  que  en 
él  se  guardaban.  Así  lo  hicieron  en  Texcuco  los  Tlaxcaltecas  que  acompaña- 
ban á  Cortés,  y  lo  mismo  pasó  en  la  toma  de  México.  No  tuvo,  pues,  Zumá- 
rraga mucho  que  quemar,  y  no  es  tan  responsable  de  la  destrucción  de  nues- 
tras viejas  historias,  como  lo  quiere  hacer  Ixtlilxochitl. 


T 


16  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

demás  de  que  parece  en  la  demostración  de  sus  pinturas,  que 
vinieron  sus  pasados  de  las  partes  Occidentales,  y  todos  ellos 
ahora  se  llaman  TaUeoas,  Aculhuas,  Mextoanoé;  y  las  demás  na- 
ciones que  hay  en  esta  tierra  se  precian  y  dicen  ser  del  linaje 
de  los  Chichimecas;  y  la  causa  es,  según  parece  en  sus  historias, 
que  el  primer  rey  que  tuvieron  se  llamaba  CfhdchimecaÜ,  que  filé 
el  que  los  trajo  á  este  Nuevo  Mundo  en  donde  poblaron,  el  cual, 
según  se  colige,  salió  de  la  gran  Tartaria,  y  fueron  de  los  de  la 
división  de  Babilonia,  como  más  largamente  se  declara  en  la  his- 
toria que  sé  escribe;  y  este  su  rey,  como  anduviese  con  ellos  dis- 
curriendo por  la  mayor  parte  del  mundo,  llegaron  á  esta  tierra, 
y  pareciéndoles  ser  buena,  fértil  y  abundante  para  el  sustento 
humano,  como  está  referido,  poblaron  la  mayor  parte  de  ella, 
especialmente  la  que  cae  hacia  la  parte  Septentrional,  y  el  CW- 
(MmeoaÜ  á  toda  ella  le  puso  su  propio  nombre.  Después,  sus 
descendientes,  lo  restante  lo  fueron  poblando,  y  quedósele  á 
cada  reinó  ó  provincia  el  nombre,  conforme  era  el  del  Señor  ó 
rey  que  primero  lo  pobló,  como  se  echa  de  ver  en  las  tierras, 
reinos  y  provincias  de  los  Tultecas,  que  se  llamaron  en  general 
ToUan^  porque  el  primer  rey  que  tuvieron  se  llamaba  así.  Ni 
más  ni  menos,  sucede  lo  mismo  con  las  demás  regiones  grandes 
y  provincias  que  hay  en  esta  tierra;  pero  no  embargante  que 
unos  se  llamaban  ThJtecas,  otros  Aculhuas^  Tepanecaa  ú  Otomües^ 
ningunos  dejan  de  preciarse  de  que  son  del  linaje  de  los  Chichi^ 
mecas,  porque  todos  descienden  de  ellos,  aunque  es  verdad  que 
hay  distinción  de  irnos  C%ic^.tmecc»á  otros,  en  que  unos  dieron 
en  más  policía  que  otros  como  son  los  TuUecaa,  y  otros  en  gran- 
des bárbaros  como  son  los  Otomües  y  otros  de  su  modo.  Los  que 
son  meramente  CMchimecas,  que  sus  reyes  descienden  por  línea 
recta  de  su  primer  rey  y  i)oblador  ChichimeoaU,  han  sido  hom- 
bres belicosos,  guerreros  y  amigos  del  imperio  y  tener  sujetos  á 
los  demás;  y  la  causa  de  ser  unos  de  político  vivir  y  otros  muy 
toscos  y  de  bajos  pensamientos,  ó  soberbios  y  altivos,  amigos 
de  matar,  ha  sido  el  tener  virtuosos  ó  malos  príncipes;  y  final- 
mente, como  ellos  propios  dicen  y  confiesan,  demás  de  estar  en 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTLILXOGHITL.  17 

SUS  historias,  todos  son  del  linaje  de  los  Ghichimecas,  y  todos 
sus  antepasados  vinieron,  como  está  dicho,  de  las  partes  Occi- 
dentales. ^ 


DE  LOS  GIGANTES. 

En  esta  Nueva  España  hubo  gigantes,  demás  de  la  demostra- 
ción de  sus  huesos  que  se  hallan  en  muchas  partes,  dicen  los 
antiguos  historiadores  Tultecas  que  se  llamaban  Quinamdxin^  y 
que  los  alcanzaron  á  conocer  y  tuvieron  muchas  guerras  y  di- 
senciones  con  ellos,  especialmente  en  toda  la  tierra  que  ahora 
se  llama  Nueva  España;  los  cuales  se  destruyeron  y  acabaron 
con  grandes  calamidades  y  castigos  del  cielo,  por  algunos  gra- 
ves pecados  que  ellos  cometieron;  y  aun  hay  opinión  de  algunos 
de  estos  historiadores  antiguos,  que  estos  gigantes  descienden  de 
los  mismos  Ghichimecas,  y  dicen  que  en  estas  tierras  septen- 
trionales en  donde  estaba  el  antiguo  imperio  de  los  Ghichime- 
cas, hay  provincias  donde  viven  hombres  que  tienen  más  de 
treinta  palmos  de  altura;  y  no  es  de  espantarse,  que  aun  nues- 
tros españoles,  con  ser  que  aún  no  han  entrado  en  la  tierraden- 
tro,  sino  por  estas  costas,  como  son  las  tierras  de  Chicoranoa  y 
Ihiharezasea,  han  hallado  hombres  en  estas  partes,  de  once  y 
doce  palmos,  y  noticia  de  haber  otros  más  altos.  ^  La  mayordes- 
trucción  que  tuvieron  estos  Quinametzin,  fué  el  año  y  figura 

1  Sin  ninguna  noción  de  la  etnografía  de  los  pueblos,  Ixtlilzochitl  buscó 
en  este  pasaje  una  manera,  plausible  })ara  su  tiempo  aunque  nada  científica, 
de  explicar  el  origen  de  los  indios.  Confundió  las  razas,  y  aun  inventó  un  rey 
Ikdlan  que  no  existió,  que  nadie  cita,  y  que  él  mismo  no  incluye  en  la  lista  de 
los  monarcas  toltecas:  todo  para  acordar  nuestra  historia  con  el  relato  bíblico. 
Véase  lo  que  extensamente  he  dicho  sobre  esto  en  mi  ^<  Estudio  sobre  la  Piedra 
del  Sol,''  en  el  "Apéndice  al  P.  Duran,"  y  en  mi  "Historia  Antigua"  que 
forma  la  primera  parte  de  la  obra  intitulada  "México  á  través  de  los  Siglos." 

2  £1  hallazgo  hecho  en  muchas  partes  de  nuestro  territorio,  de  fósiles  de 
elefantes  y  otros  paquidermos,  hizo  creer  á  los  indios  y  á  nuestros  antiguos  his* 

Tomo  1—2 


ur 


7/ 


N 


^ 


18  OBRAS  HISTÓRICAS  DE 

que  los  naturales  llaman  ce  Toxtli,  ^  que  significa  cfmqo  número 
primero^  299  años  después  de  la  Encarnación  de  Jesucristo;  y  aca- 
bóse en  ellos  la  tercera  edad  que  fué  llamada  Ecatonatiuh^  ^  por 
los  grandes  aires  y  terremotos,  y  se  destruyeron  casi  todos. 


BELiaON  SUCOTA. 

Los  Tultecas  fueron  los  segundos  pobladores  de  esta  tierra 
después  de  la  consunción  de  los  gigantes y  tuvieron  no- 
ticia de  la  creación  del  mundo,  y  cómo  se  destruyó  por  el  dilu- 
vio, y  otras  muchas  cosas  que  ellos  tenían  en  pintura  é  historia. 

TuUeca  quiere  decir  hombre  artífice  y  sabio^  porque  los 

de  esta  nación  fueron  grandes  artífices,  como  hoy  día  se  ve  en 
muchas  partes,  y  especialmente  en  las  ruinas  de  sus  edificios, 
en  este  piieblo  de  TeoHhuacan^  Tula  y  Chóbda. 


HISTORIA  CHIOHIMECA.' 


^^    ~Y^  Los  más  graves  autores  é  historiadores  que  hubo  en  la  infi- 

j¿;iv>*    ^^  delidad  de  los  antiguos,  se  halla  haber  sido  QuetzalcoaU  el  pri- 

/.    ^  mero,  y  de  los  modernos,  Nezahualcoyotzin  rey  de  Texcuco  y  los 

j^jj^  dos  infantes  de  México  Itzcoaizin  y  Xiuhcozcatzinj  hyos  del  rey 

Huitálihuitzin;  ^  sin  otros  muchos  que  hubo,  que  en  donde  fue- 

toriadores  en  la  existencia  de  gigantes  imaginarios.  Los  gigantes  tienen  en  esas 
leyendas  diversas  significaciones:  ya  el  recuerdo  de  la  desaparición  de  esos  pa- 
quidermos, ya  la  destrucción  de  la  raza  en  uno  de  los  soles  ó  épocas  cosmogó- 
nicas, ya  la  conquista  y  aniquilamiento  de  los  pueblos  primitivos. 

1  Debe  ser  ce  tochtlL 

2  La  verdadera  escritura  es  E^eeaionaiiuh. 
8  Capítulo  I. 

4  Segundo  rey  de  México. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  19 

re  necesario  los  citaré.  Declaran  por  sus  historias,  que  el  dios 
T€OÜoqv£nahuaqm^  TlachihuaMpal  nemoanvUiuicálúJM  TlaJítipae- 
que,  que  quiere  decir,  conforme  al  verdadero  sentido,  el  IXos 
universal  de  todas  las  cosas,  creador  de  ellas  y  á  cuya  voluntad  vi- 
ven todas  las  criaturas,  Señor  del  cielo  y  déla  tierra,  etc.,  después 
de  haber  creado  todas  las  cosas,  creó  á  los  primeros  padres  de 
los  hombres,  de  donde  procedieron  todos  los  demás,  y  la  mo- 
rada y  habitación  que  les  dio  fué  el  mundo.  Éste  dicen  tener 
<íuatro  edades.  ^ 

La  primera  que  fué,  desde  su  origen,  llamada  Atonaiiuh,q}ie 
significa  sol  de  agua,  significa  que  el  mundo  acabó  por  un  di- 
luvio. 

La  segunda,  llamada  Tlachüonatiuh,  significa  sol  de  tierra,  por 
haberse  acabado  el  mundo  con  terremotos,  de  manera  que  pe- 
recieron casi  todos  los  hombres;  con  cuya  edad  y  tiempo  fue- 
ron los  gigantes  que  llamaron  Quinametintzocuilhicxime. 

La  tercera  edad  llamada  Ecatonatiuh,  ^  que  quiere  decir  sd 
de  aire,  porque  feneció  esta  edad  con  aire,  que  ftié  tanto,  que 
derrocó  todos  los  edi^cios  y  árboles,  y  aun  deshizo  las  piedras, 
y  pereció  la  mayor  parte  de  los  hombres;  y  porque  los  que  es- 
caparon de  esta  calamidad,  hallaron  cantidad  de  monos  que  el 
viento  debió  traer  de  otras  partes,  dijeron  haberse  convertido 
los  hombres  en  monos. 

Los  que  poseían  este  nuevo  mundo  en  esta  tercera  edad,  fue- 
ron los  ülmecas  y  Xicalancas;  y  según  por  sus  historias  se  halla, 
vinieron  en  navios  ó  barcas  de  la  parte  del  Oriente  hasta  la 
tierra  de  Potonchan  ^  desde  donde  comenzaron  á  poblarle;  y  en 

1  Gomo  se  ye,  Ixtlilxochítl  unas  veces  cuenta  tres  soles  6  edades,  y  otras 
dice  que  fueron  cuatrp.  Además,  no  los  pone  siempre  en  el  mismo  orden.  Los 
soles  fueron  cuatro:  el  primero,  Atonaiiuh  6  sol  de  agua;  el  segundo,  EhecaiO' 
natiuh  6  sol  de  aire;  el  tercero,  Tletonatiuh  6  sol  de  fuego;  y  el  cuarto,  TlaU 
ionaüuh  6  sol  de  tierra.  Yéase  lo  que  extensamente  digo  sobre  esta  materia  en 
mi  «^Segundo  estudio  sobre  la  Piedra  del  sol,"  en  el  segundo  tomo  de  los  << Ana- 
les del  Museo." 

2  Ehecatonaüuh, 

8  Antigua  población  de  Tabasco,  situada  á  la  margen  del  río  del  mismo 


20  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

las  orillas  del  rio  Átoyac,  que  es  el  que  pasa  entre  Puebla  y  Chcn 
ItUa^  bailaron  algunos  de  los  gigantes  que  habían  esc£q)ado  de 
la  calamidad  y  consunción  de  la  segunda  edad.  Abusando  éstos 
de  su  fuerza  y  corpulencia  para  oprimir  y  esclavizar  á  sus  cir- 
cunvecinos,* se  determinaron  los  principales  caudillos  de  los 
nuevos  pobladores  á  librarse  de  ellos^  y  el  medio  empleado  fué 
un  convite  que  les  hicieron,  muy  solemne,  y  en  que  después 
de  repletos  y  embriagados,  con  sus  mismas  armas  los  acabaron 
y  consumieron,  con  cuya  hazaña  quedaron  libres. y  exentos  de 
esta  sujeción,  y  fué  en  aumento  el  señorío  y  mando  de  los  Xi- 
calancas  y  Ulmecas. 

Hallábanse  en  la  mayor  prosperidad,  cuando  llegó  á  estn  tie- 
rra un  hombre  á  quien  llamaron  QuetzakoaÜ  y  otros  Hueman^ 
por  sus  grandes  virtudes,  teniéndole  por  justo,  santo  y  bueno, 
enseñándoles  por  obras  y  palabras  ej. camino  de  la  virtud  y  evi- 
tándoles los  vicios  y  pecados,  dando  leyes  y  buena  doctrina;  y 
para  refrenarles  de  sus  deleites  y  deshonestidades  les  constitu- 
yó el  ayuno;  y  el  primero  que  adoró  y  colocó  la  Oruz^  que  11a- 
piaron  Quiaijhtzteotlchicahüauzteoh.,  y  otros  Tonacaqüahüitl, 
que  qiere  decir  dios  de  las  lluvias  y  de  la  mlud^  y  árbol  del  sus- 
tento 6  deh  vida;  el  cual,  habiendo  predicado  las  cosas  referidas 
en. todas  las  más  de  las  ciudades  de  los  Ulmecas  y  Xicalancas 
y  en  especial  en  la  de  ChoMa,  donde  asistió  más,  y  viendo  el 
poco  fruto  que  hacía  con  su  doctrina,  se  volvió  'por  la  misma 
parte  de  donde  había  venido,  que  fué  por  la  de  Oriente,  desapa- 
reciéndose por  Coatzacoalco;  y  al  tiempo  que  se  fué  despidiendo 
de  estas  gentes,  les  dijo  que  en  los  tiempos  venideros,  en  un 

nombre,  y  de  la  cual  no  se  conserva  otro  recuerdo  ni  reliquia,  según  Herrera, 
que  el  pueblo  llamado  Tabasquiüo,  En  Potonehan  desembarcó  Francisco  Her» 
nández  de  Cójrdova,  primer  navegante  que  pisó  la  playa  del  territorio  mexica- 
no, recibiendo  allí  las  heridas  de  que  murió  á  pocos  días.  Sn  el  mismo  punto 
desembarcaron  posteriormente,  con  mejor  éxito,  Juan  de  Orijalva  j  Hernán 
Cortééy  triunfando  de  los  naturales.  £1  regalo  de  esclavas  hecho  á  Cortés,  y 
entre  las  cuales  se  encontraba  la  célebre  doíla  Marina^  también  se  verificó  en 
Potonehan.  Ss  singular  que  éste  haya  sido  el  punto  general  de  recalada  délos 
antiguos  navegantes.— R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHITL.  21 

año  que  se  llamaría  ce  acatl,  volvería  y  entonces  su  doctrina 
sería  recibida,  y  sus  hijos  serían  señores  y  poseerían  la  tierra, 
y  que  ellos  y  sus  descendientes  pasarían  muchas  calamidades  y 
persecuciones;  y  otras  muchas  profecías,  que  después  muy  á 
la  clara  se  vieron. 

§Me¿5afcoatf  por  interpretación  literal  significa  sierpe  de  plu- 
mas  preciosas;  por  sentido  alegórico,  varón  sapientísimo:  y  Hue- 
mac  dicen  unos  que  le  pusieron  este  nombre  porque  imprimió 
y  estampó  sobre  ima  peña  sus  manos,  como  si  fuese  en  cera 
muy  blanda,  en  testimonio  de  que  se  cumpliría  todo  lo  que  les 
dejó  dicho;  otros  quieren  decir  que  significa  eZ  de  fot  mano  gran- 
de  ó  poderosa.  El  cual,  ido  que  fué  de  allí,  á  pocos  días  sucedió 
la  destrucción  y  asolamiento  referido  de  la  tercera  edad  del 
mundo,  y  entonces  se  destruyó  aquel  edificio  y  torre  tan  me- 
morable y  suntuosa  de  la  ciudad  de  Chohda,  que  era  como  otra 
segunda  torre  de  Babel,  que  estas  gentes  edificaban  casi  ceñios 
mismos  designios,  deshaciéndola  el  viento;  y  después  los  que 
escaparon  de  la  consunción  de  la  tercera  edad,  en  las  ruinas  de 
ella  edificaron  un  templo  á  QuetzalcoaU,  á  quien  colocaron  por 
dios  del  aire,  por  haber  sido  causa  de  su  destrucción  el  aire,  en- 
tendiendo ellos  que  fué  enviada  de  su  mano  esta  calamidad;  y 
le  llamaron  asimismo  ce  Acatl,  que  fué  el  nombre  del  año  de 
su  venida.  Y  según  parece  por  las  historias  referidas  y  por  los 
anales,  sucedió  lo  referido  algunos  años  después  de  la  Encar- 
nación de  Cristo  Señor  nuestro. 

Pasada  esta  edad,  y  desde  este  tiempo  acá  entró  la  cuarta 
edad,  que  dijeron  llamarse  Tletonatiuh,  que  significa  sol  de  fuego, 
porque  dyeron  que  esta  cuarta  y  última  edad  se  ha  de  acabar 
con  fuego.  ^  Era  QuetzalcoaÜ  hombre  bien  dispuerto,  de  aspec- 
to grave,  blanco  y  barbado.  Su  vestuario  era  una  túnica  larga. 

1  Esta  tradición  recuerda  la  nuestra,  descrita  en  el  Apocalipsis. — R. 


SEGUNDA  KELACION.  -]/[ 


Ve  la  hUíoria  de  lot  TuUeoaa, 

Año  de  CE  Tecpatl,  como  ya  está  declarado,  salieron  los  Tul- 
tecas  de  su  patria  y  nación  desterrados,  los  cuales  salieron  hu- 
yendo y  como  pudieron,  y  los  de  TlaadcoKiican,  sus  deudos,  los 
vinieron  siguiendo,  hasta  dejarlos  más  de  sesenta  leguas  fuera 
de  sus  tierras,  en  donde  estuvieron  reformándose  y  haciendo 
sementeras  y  otras  cosas  para  su  sustento:  y  á  esta  tierra  le  pu- 
sieron Tlapallariconooj  á  significación  de  su  patria;  y  el  descu- 
bridor de  esta  tierra  se  llamaba  Cecatzin;  y  casi  al  último  de 
estos  años  se  juntaron  dos  cabezas  principales,  y  las  otras  cin- 
co inferiores,  á  tratar  si  se  quedarían  en  esta  tierra  ó  si  pasa- 
rían más  adelante.  Se  levantó  entre  ellos  im  gran  astrólogo  que 
se  decía  Huematxin^  diciéndoles  que  en  la  historia  hallaba,  que 
desde  la  creación  del  mimdo  siempre  habían  tenido  grandes 
persecuciones  del  cielo,  y  después  de  ellas  se  les  habían  segui- 
do á  sus  pasados  grandes  bienes,  tierras  prósperas  y  largos  se- 
fioríos;  y  siempre  sus  persecuciones  eran  en  el  año  de  ce  Tec- 
patl, que  es  un  pedernal^  estrella  que  tanto  los  perseguía;  y  pa- 
sado éste,  luego  se  les  seguían  grandes  bienes;  que  era  un  gran 
mal  víspera  de  mayor  bien;  y  que  así  no  les  convenía  estarse 
allí  y  tan  cerca  de  sus  enemigos:  además  de  que  hallaba  en  su 
astrología,  que  hacia  donde  sale  el  sol  era  tierra  larga  y  prós- 
pera, donde  habían'  vivido  muchos  años  los  §mnamefeÍ7i,  y  ha- 


24  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

bía  tantos  años  que  se  habían  destruido  y  estaba  despoblada; 
demás  de  que  los  feroces  Chichimecas,  sus  circunvencinos,  po- 
cas veces  llegaban  allá/  y  al  planeta  que  reinaba  en  aquella 
tierra  le  faltaban  muchos  años  para  cumplir  sus  amenazas;  y 
que  en  el  ínter  podían  gozar  de  un  siglo  dorado  y  dichoso,  ellos 
y  todos  sus  descendientes,  hasta  en  décimo  grado,  sucediendo 
de  hijos  á  padres;  demás  de  que  aquel  planeta  no  reinaba  so- 
bre su  nación  de  ellos,  sino  de  los  gigantes;  que  podría  ser  no 
les  hiciese  mucho  daño  á  sus  descendientes;  y  que  en  este  lu- 
gar dejasen  algunas  personas  para  que  lo  poblasen  y  quedasen 
por  sus  vasallos,  y  andando  el  tiempo  tomarían  á  volver  sobre 
sus  enemigos  y  recobrar  su  patria  y  nación.  Estas  y  otras  mu- 
chas cosas  declaró  Huematzin^  y  estas  dos  cabezas  y  las  demás 
inferiores  lo  tuvieron  por  bien  y  concedieron  en  ello,  ponién- 
dolo todo  por  obra,  y  que  cada  tierra  que  descubriesen,  como 
fuese  diferente  de  las  otras  y  buena,  estuviesen  algunos  días 
reformándose  para  lo  de  adelante  de  todo,  de  suerte  que,  al 
tiempo  que  salieron  de  esta  tierra,  había  once  años  que  salie- 
ron de  su  patria,  porque  ocho  años  estuvieron  cerca  de  su  pa- 
tria haciendo  guerra,  hasta  que  los  echaron  de  todo  punto,  y 
TRES  en  esta  que  llamaron  TlapaUaneonco,  como  ya  está  decla- 
rado, dejando  aquí  algunos  de  la  gente  común,  sus  mi^jeres  é 
hijos,  para  que  la  poblasen,  y  se  partieron  y  anduvieron  otras 
sesenta  leguas;  y  hase  de  notar  que  la  historia  pone  que  andu- 
vieron á  doce  días  cada  jomada  de  nueva  tierra  que  descubrie- 
ron, en  donde  se  colige  que  cada  día  anduvieron  seis  leguas, 
por  llevar  consigo  tanta  gente,  mujeres  é  hijos,  cargados  todos; 
y  demás  de  eso,  así  como  salían  no  paraban,  hasta  que  la  no- 
che los  hacía  detener  para  dormir  y  descansar,  y  hacían  cada 
día  seis  leguas,  antes  más  que  menos;  y  andados  los  doce  días, 
que  según  tengo  colegido  serían  setenta  leguas,  ^  llegaron  á 
una  tierra  buena  y  fértil  que  se  llamaba  HueyxaHan,  en  donde 


1  En  el  MS.  del  Museo,  aquí  entra,  truncando  el  texto,  la  nota  2^— R. 
2.  NÍDguno  de  estos  cómputos  corresponde. 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTLILXOCHITL.  25 

estuvieron  cuatro  años;  asimismo  sembraron  é  hicieron  lo  que 
habían  hecho  en  las  partes  donde  habían  estado  para  lo  de 
adelante,  y  el  descubridor  fué  CJohuatzon^  una  de  las  cinco  ca- 
bezas ó  capitanes  inferiores;  y  al  tercer  año,  que  fué  ce  calu, 
contaron  un  líalpUH  que  había  que  salieron  de  su  patria,  que 
son  trece  años,  y  estuvieron  otro  año;  y  luego  al  punto  se  sa- 
lieron de  aquí  y  fueron  caminando  hacia  donde  sale  el  sol,  y 
andadas  más  de  cien  leguas^  porque  habían  caminado  veinte  días 
arreo,  llegaron  á  Xalixeo^  tierra  que  estaba  cerca  de  la  mar;  y 
aquí  estuvieron  ocho  años,  siendo  el  descubridor  Xiukcohuatl^ 
también  uno  de  los  cinco  capitanes  inferiores;  y  habiendo  he- 
cho lo  que  en  las  demás  partes,  se  partieron  con  todas  sus  gen- 
tes en  persecución  de  su  demanda,  hasta  verse' en  tierras  don- 
de fueren  á  su  gusto,  dejando  asimismo  alguna  gente  para  que 
la  poblaran,  con  la  misma  orden  de  los  otros  lugafes  ó  tierras: 
se  partieron,  y  anduvieron  otros  veinte  dio»,  que  serian  algunas 
cien  leguas,  en  diferentes  partes,  como  lo  habían  hecho  en  las 
demás  partes.  Llegaron  á  unas  islas  y  costa  de  mar  que  se  lla- 
maba ChmaOiwioan  Atencoy  en  donde  estuvieron  cinco  años, 
y  aquí  fué  la  primera  parte  en  que  comenzaron  los  hombres  á 
tener  acceso  con  sus  migeres,  y  ellas  comenzaron  á  parir;  por- 
que hicieron  voto,  al  tiempo  que  ellos  salieron  de  su  patria,  que 
en  veintitrés  años  no  habían  de  conocer  á  sus  mujeres  ni 
ellas  á  sus  maridos,  y  que  los  que  quebrantaran  éste  voto  ha- 
blan de  ser  castigados  cruelmente;  y  así  comenzaron  las  mu- 
jeres á  parir  en  estas  islas  y  postas  de  inar,  y  al  cuarto  año, 
que  fué  Tochtli,  que  son  dos  TlaJpilli  de  años,  contaron  veinti- 
siete tiue  ellos  habían  salido  de  su  patria,  que  á  nuestra  cuen- 
ta fué  en  el  año  de  466  de  la  Encarnación  de  Cristo  nuestro 
Señor;  y  cumplidos  los  cinco  años,  comenzaron  la  jornada, 
siempre  caminando  hoLcia  donde  sale  d  scl^  hasta  Tochpan,  en  don- 
de se  detuvieron;  y  en  este  camino  anduvieron  diez  y  ocho  dícw, 
que  serían  algunas  ochenta  legtias,  y  llegados  á  esta  tierra  estu- 
vieron otros  cinco  años  haciendo  lo  que  en  las  demás  partes,  y 
multiplicándose  en  generación;  siendo  el  descubridor  Mexot- 


26  OBRAS    HISTÓRIGAS  DE 

dn,  el  último  de  los  cinco  capitanes  dichos.  Tomaron  su  cami- 
no de  nuevo  jxít  la  misma  vía  de  Oriente^  y  anduvieron  veinte 
días,  que  serían  otras  cien  leguas,  por  diversas  partes,  y  al  úl- 
timo día  de  ellas  llegaron  á  QuiyahuixUan  Anahuac^  que  eran 
unas  tierras  de  codas  y  brazos  de  mur^  pasando  con  algunas  ca- 
noas y  barcas  á  una  parte  y  otra;  y  ^1  tiempo  que  allí  estuvie- 
ron fué  seis  años^  siendo  el  descubridor  AcajMíssin^  imo.  de  los 
principales  cabezas,  siempre  padeciendo  grandes  trabajos;  y 
luego  tomaron  su  camino  y  anduvieron  diez  y  ocho  dias^  que 
serían  algunas  ochentas  leguas  en  diversas  partes^  hasta  llegar  á 
Zacailanj  siendo  el  descubridor  Chaoatzin,  asimismo  imo  de  los 
dos  principales;  y  al  primer  año  que  llegaron  aquí  fué  ce  Acatl? 
en  donde  contaron  un  XiuhtlalpHU  que  había  que  ellos  comen- 
zaron sus  guerras  contra  sus  deudos  y  naci<5n;  y  nació  en  este 
tiempo  un  ñijo  suyo,  y  por  ser  año  tan  señalado,  le  pusieron 
el  nombre  de  la  tierra,  que  fué  llamado  Zacapantdn;  el  cual 
tiempo  había  cincuenta  y  dos  años  que  ellos  habían  comenzado 
á  tener  guerras  unos  con  otros;  y  estuvieron  aquí  siete  años,  y 
cumplidos  anduvieron  otros  diez  y  ocho  días,  que  serían  algunas 
ochefnia  leguas:  llegaron  á  Taizapan  y  estuvieron  seis  años  en  es- 
ta tierra,  siendo  el  descubridor  Cecatán,  que  fué  la  segunda 
vez  que  descubrió  esta  tierra;  y  al  último  de  los  seis,  que  fué 
en  el  año  de  ce  Tecpatl,  nació  un  hyo  suyo,  que  por  ser  el  año 
señalado  y  haberse  pasado  un  Xiuht¡alp¡IU,  que  son  dncuentay 
dos  años  que  elloá  se  habían  salido  de  su  patria  le  puso  el  nom- 
bre de  la  tierra,  llamándole  Totzapantzin;  y  luego  cumplidos 
los  seis  años  tornaron  á  caminar,  y  anduvieron  veintiocho  días 
por  diversas  partes,  hasta  llegar  á  TepeÜa,  que  serían  algunas 
ciento  cuarentas  leguas,  ^  Estuvieron  aquí  siete  años,  siendo  el 
descubridor  Cohuatzm,  que  fué  la  segunda  vez,  y  cmnplidos 
los  siete  años  comenzaron  su  camino,  y  anduvieron  diez  y  ocho 
días,  que  serían  algunas  ochenta  leguas,  hasta  llegar  á  Mazaie- 
pee,  siendo  el  descubridor  XiíihcohuaU;  y  aquí  estuvieron  o(^ 

1  En  el  MS.  del  Museo  cien  leguas. — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  27 

año8^  y  al  sexto,  que  fué  ce  calu,  contaron  sesenta  y  seis  que  ha- 
bía que  ellos  salieron  de  su  patria;  y  cumplidos  ocho  tomaron  á 
caminar  y  anduvieron  otros  diez  y  ocho  días^  que  serían  otras 
ochenta  leguas^  hasta  que  llegaron  á  Xiuhcohtiac  en  donde  es- 
tuvieron otros  ocho  años,  siendo  el  descubridor  Tlapalmetziriy 
que  fué  la  segunda  vez,  y  luego  tomaron  á  caminar  y  anduvie- 
ron veinte  dia$^  que  serían  algunas  cien  leguas  en  diversas  par- 
tes, hasta  llegar  á  Machuexuoa,  que  es  hacia  el  Norte^  en  don- 
de estuvieron  veinüseia  añoa^  siendo  el  descubridor  Metzoizin.  Y 
el  tercer  año,  que  fué  ce  Tochtu,  que  estaban  en  esta  tierra, 
contaron  setenta  y  ocho  años  que  había  que  ellos  salieron  de  su 
patria;  y  de  allí  á  trece  años^  que  fué  ce  Acatl,  contaron  noventa 
y  un  años  que  había  que  ellos  salieron  de  su  patria.  Cumplidos 
los  vérUiseis  ceños  se  volvieron  á  Tulantzinco  y  anduvieron  diez 
y  odio  días  por  diversas  partes,  que  serían  algun&  ochenta  le- 
guas hasta  llegar  al  dicho  pange  de  Tulantzinco^  en  donde  hi- 
cieron una  casa  grandísima  de  tablas  adonde  cabía  toda  la  gen- 
te; y  estuvieron  aquí  casi  diez  y  seis  años  que  al  tercer  año  con- 
taron una  edad  que  son  ciento  cuatro  años  que  había  que  ellos 
salieron  de  su  patria,  y  son  dos  ^  XivMalpiUi;  siendo  el  año  de 
CE  Tecpatl,  que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  de  543  de 
la  ^carnación;  habiendo  pasado  grandísimos  trabajos,  y  pa- 
riendo las  mujeres  por  los  caminos;  siendo  el  descubridor  Acá- 
mapichtzin,  que  fué  la  tercera  vez  que  descubrió  tierra  nueva; 
7  adelante  haremos  relación  de  sus  vidas  y  asiento  en  esta 
tierra:  y  asimismo  en  todas  las  partes  que  llegaron  iban  de- 
jando gente  para  que  poblaran  aquestas  tierras,  como  ya  lo 
tengo  dicho  al  principio. 

mSTOBIA  CHICHIMECA.' 

Desterrados  los  Tultecas  de  su  patria,  emprendieron  su  via- 
je por  la  costa,  y  pasando  siempre  tierras  llegaron  á  la  Califor- 

1  Así  dice  el  MS.  del  Museo. 

2  Capítulo  II. 


28      OBRAS  HISTÓRICAS  DE  D.  FERNANDO  DE  ALYA  IXTULXOCHITL. 

nia  en  el  mar  que  llamaron  HueyÜapaUany  que  al  presente  se 
llama  de  Cortés^  cuyo  nombre  le  pusieron  por  parecer  6enn^/o. 
Su  llegada  fué  en  el  año  ce  Tecpatl  correspondiente  al  387  de 
nuestra  era.  Siguiendo  por  la  costa  de  Xalixco  y  toda  la  res- 
tante del  Sur,  salieron  por  el  puerto  de  Huatvlco  y  anduvieron 
por  diversas  tierras  hasta  la  provincia  de  Tocbtepec^  que  cae  en 
la  costa  del  mar  del  Norte;  y  habiéndola  andado  y  ojeado,  vi- 
nieron á  parar  en  la  de  Tolantdnco,  dejando  colonias  en  los 
puntos  donde  hicieron  mansión.  Los  Tultecas  fueron  los  ter- 
ceros pobladores  de  ésta  tierra,  contándose  pritaero  á  los  gi- 
gantes, y  por  segundos  á  los  Ulmecas  y  Xicalancas.  Estando  en 
Totontónco  contaron  ciento  cuaJkro  años  de  haber  salido  de  su 
patria.  Los  nombres  de  los  siete  caudillos  que  los  conducían, 
y  entre  los  cuales  se  turnaba  el  gobierno,  eran':  í?  Tlacomíhua^ 
que  otros  llaman  ÁcatL*  ^  ChaJchivhmatdn:  3^  AhuecaO:  -í?  Cóat" 
zm:  5?  UuhooctÜ:  ^  6?  Tlapcdhuüz:  79  Huüz:  ^  los  cuales  después 
poblaron  la  ciudad  de  Tollan,  cabecera  de  la  monarquía.  A  los 
siete  años  de  fundada  ésta  eligieron  rey  y  señor  supremo,  sien- 
do el  primero  Chcdchiuhtiandzin,  6  ChaMivMaíonao;  que  fué 
en  el  año  chicóme  acatl  y  en  el  nuestro  de  510.  ^ 

1  Debe  ser  Xiuhcoati.  Gomo  los  nombres  nabuas,  6  del  idioma  mexicano, 
están  muy  mal  escritos  en  todas  las  copias  de  las  obras  de  Ixtlilxocbitl,  cuan- 
do el  error  es  muy  claro  lo  corrijo  en  el  texto;  pero  cuando  veo  insistencia  en 
la  ortografía,  y  sobre  todo,  cuando  no  la  corrige  Veytia,  prefiero  dejar  la  ori- 
ginal, por  más  que  me  parezca  poco  castiza. 

2  Los  nombres  de  estos  caudiUos  son  diversos  de  los  que  se  asientan  en  la 
Relación  auemia, 

8  Como  se  ve,  Ixtlilxocbitl  pone  el  año  503  como  el  de  la  fundación  de  7b- 
lian  6  Tula,  y  dice  que  en  el  de  510  eligieron  su  primer  rey.  Los  Toltecas  no 
fundaron  la  ciudad:  ésta  ya  existía,  era  de  otomíes  y  se  llamaba  Mam-ben-hí: 
la  conquistaron,  se  asentaron  en  ella  y  le  pusieron  nuevo  nombre.  Esto  no  pasó 
en  el  año  de  508,  como  equivocadamente  dice  Ixtlilxocbitl,  cuya  cronología 
está  llena  de  errores,  sino  que  fué  en  674.  Y  finalmente,  la  elección  de  monar- 
ca que  el  autor  pone  á  los  siete  años  de  fundada  la  ciudad,  fué  á  los  veintiséis 
años  de  ocupada,  según  el  códice  de  Ouaubtitlan,  es  decir,  el  año  700. 


TERCEEA  RELACIÓN.  v^i 


De  la  fundacUm  de  Tula  y  de  lot  Reyes  que  tuvo. 

En  el  año  de  ge  Calu,  que  es  una  figura  de  una  casa,  signo 
de  planeta  que  significa  prosperidad  é  imperio  próspero  y  abun- 
dante, dichoso  en  todas  las  cosas,  llegaron  los  Tultecas,  ó  por 
mejor  decir,  los  Hv^yilapaUmecos  &  Tula,  ciudad  que  fué  cabe- 
cera de  sus  reinos  y  señoríos  muchos  años,  que  conforme  á 
nuestra  cuenta  fué  en  el  de  556  de  la  Encarnación,  y  á  los  cua- 
renta y  seis  años  del  gobierno  de  Justiniano,  emperador  Roma- 
no, y  en  España  el  rey  Atanagüdo,  y  en  Roma  por  Sumo  Pon- 
tífice á  Vigilio  Romano,  á  los  quince  años  de  su  pontificado  y 
llegados  á  este  lugar  y  tierra,  ^  la  vieron  muy  bien  los  Tultecas, 
y  principalmente  Stiematzin  el  astrólogo  que  les  guiaba,  que 
era  ya  de  edad  más  de  ciento  ochenta  años;  y  Tiendo  el  puesto 
tan  bueno  para  su  propósito,  y  el  temple  de  la  tierra,  y  las  de- 
más cosas  que  hallen  en  su  astrología  ser  buenas  para  una  ciu- 
dad, comenzaron  á  edificarla;  y  estuvieron  seis  años  ^  haciendo 
casas,  templos  y  otras  cosas  que  ellos  usaban  y  habían  tenido 
en  su  naturaleza;  y  acordaron  de  jurar  uno  de  los  más  princi- 

1  Junto  á  un  río  cadaloso  y  tierra  muy  fértil. — Nota  marginal. 

2  En  esta  relación  pone  Iztlilxochitl  la  fundación  de  la  ciudad  en  el  año 
556,  y  la  elección  del  primer  monarca  seis  añoe  después,  y  no  siete  como  antes 
había  dicho;  de  manera  que  ese  suceso  debió  tener  lugar  el  afio  562,  mientraa 
que  antes  lo  había  referido  al  510.  Como  la  diferencia  es  de  52  añoe,  es  decir, 


30  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

pales  para  rey  y  señor  de  todos;  y  visto  que  cuando  estuvieron 
en  Xiuhcohuao  ^  y  HuexuUa,  que  es  punto  de  PántLco  y  Tampico, 
y  que  por  este  lado  estaban  muy  cercanos  los  Chichimecas  sus 
competidores,  que  les  habían  hecho  ciertas  molestias  en  estas 
dos  partes,  y  viendo  que  los  tenían  tan  cerca,  temiéndose  no  se 
levantaran  algún  día  contra  ellos  y  les  quitaran  sus  tierras,  pue- 
blo y  lugares,  acordaron  de  ir  á  ver  al  señor  que  á  la  sazón  era 
de  los  Chichimecas,  y  pedir  les  diera  un  hijo  ó  deudo  más  cer- 
cano de  su  linaje  para  jurarlo  por  su  rey  y  señor,  y  con  esto 
pedirle  su  palabra  de  que  él  ni  sus  descendientes  en  ningún 
tiempo  les  dieran  molestias.  Este  acuerdo  y  parecer  se  tuvo  por 
bueno,  porque  lo  dio  el  viejo  astrólogo  Huemae;  de  más  de  que 
hallaba  en  su  astrología,  que  en  los  tiempos  futuros  esta  tierra 
había  de  ser  poblada  de  los  Chichimecas;  y  así  en  esta  deter- 
minación, se  fueron  algunos  de  los  principales,  con  presentes 
de  oro  y  otras  cosas  que  ellos  tenían,  á  ver  al  señor  de  los  Chi- 
chimecas; el  cual,  visto  lo  que  los  Tultecas  le  pedían,  se  holgó 
y  lo  tuvo  todo  por  bien,  y  dio  su  palabra  de  que  él  ni  sus  des- 
cendientes les  darían  molestia;  y  les  di<5  un  hijo  menor  que  ter 
nía,  al  cual  lo  trajeron  con  grandes  regocijos  por  todo  el  cami- 
no, hasta  llegar  á  Tula,  que  ya  era  el  año  de  chicóme  Acatl,  y 
á  la  nuestra  quinientos  sesenta  y  dos:  y  en  esto  mismo  año  le 
juraron  por  su  rey  y  le  casaron  con  una  señora  hija  de  Jos  prin- 
cipales Tultecas,  que  era  Acapitzin  y  le  pusieron  nombre  Chai- 
chiuMUmetzin^  que  quiere  decir  piedra  preciosa  que  alumbra^ 
queriendo  dar  á  entender  que  con  su  nuevo  señor  estaban 
alumbrados  y  descansados,  y  libres  de  trabajos  y  persecucio- 
nes; y  ordenaron  que  sus  reyes  no  habían  de  reinar  más  que 
de  cincuerUa  y  dos  en  cincuenta  y  dos  afíos^  y  que  cumplidos,  si 

de  un  siglo  tolteca,  se  comprende  que  el  error  proviene  de  no  computar  bien 
el  número  de  siglos.  De  todas  maneras,  se  percibe  claramente  que  la  cronolo- 
gía del  autor  está  equivocada.  Por  lo  mismo,  creo  oportuno  irla  corrigiendo 
en  notas,  según  la  que  yo  sigo  en  el  citado  "Apéndice  al  Padre  Duran"  y  en 
mi  "Historia  Antigua." 
1  Huiehco  Attoc.— MS.  del  Museo.^B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  31 

todavía  estaba  vivo,  su  liijo  el  legítimo  sucesor  había  de  entrar 
en  el  gobierno;  y  si  .moría  antes  de  los  cincuenta  y  dos  años, 
la  república  había  de  gobernar  hasta  que  se  cumpliesen;  y  así, 
este  Ch<dchkJiíla/rietzm  gobernó  dncueTda  y  dos  años,  y  casi  el 
último  de  ellos  murió,  y  se  enterró  en  el  templo  principal  con 
sus  insignias  reales,  diferentemente  de  lo  que  después  se  usó, 
que  fué  quemar  los  cuerpos,  como  á  su  lugar  se  hará  relación; 
y  muerto,  heredóle  su  legítimo  sucesor  JMücueehahuaOy  y  por 
otro  nombre  JbacateoaÜ^  en  el  mismo  año,  que  conforme  nues- 
tra cuenta  ñié  en  el  año  de  msoientoe  catorce  y  á  los  cuatro  años 
del  gobierno  de  HeracUoj  emperador  romano,  y  en  España  el 
año  primero  del  gobierno  de  Oundemiro^  y  por  Sumo  Pontífice 
Bomfacio  IV^  el  último  año  de  su  pontificado;  y  el  cual  gobernó 
otros  cincuenta  y  dos  años  como  su  padre:  á  los  treinta  y  dos 
años  de  su  gobierno,  que  fué  en  ce  Tecpatl,  contaron  los  Tul- 
tecas  doscientos  sesenta  años  que  había  que  salieron  de  su  patria.  ^^ 
Muerto  este  Señor,  le  heredó  en  el  reino  su  hijo,  legítimo  su- 
cesor, llamado  Huetssin^  el  misma  año  que  murió  su  padre,  que 
filé  seis  Tochtu,  y  á  la  nuestra  seiscientos  sesenta  y  seis  de  la  En- 
camación, siendo  Sumo  Pontífice  VücUiaru)  Campano,  á  los  siete 
años  de  su  Pontificado,  á  los  veinticinco  años  del  imperio  de 
Consta/ntino  de  este  nombre,  emperador  romano,  y  á  los  nueve 
años  del  gobierno  de  Resesvindo  y  Ziuntíla  en  España.  Y  antes 
que  pase  adelante,  quiero  hacer  relación  de  HuemaJtdn^  astró- 
logo, porque  pocos  años  antes  de  la  muerte  de  IMiUmechahuac^ 
padre  de  este  Huetnn,  murió  de  edad  casi  de  trescientos  años^  el 
cual  antes  de  morir  juntó  todas  las  historias  que  tenían  los 
Tultecas  desde  la  creación  del  mundo  hasta  en  aquel  tiempo,  y 
las  hizo  pintar  en  un  libro  muy  grande,  en  donde  estaban  pin- 
tadas todas  sus  persecuciones  y  trabajos,  prosperidades  y  bue- 
nos sucesos,  reyes  y  señores,  leyes  y  buen  gobierno  de  sus  pa- 
sados, sentencias  antiguas  y  buenos  ejemplos,  templos,  ídolos, 
sacrificios,  ritos  y  ceremonias  que  ellos  usaban,  Astrología,  Fi- 
losofía, Arquitectura  y  demás  artes,  así  buenas  como  malas,  y 
un  resumen  de  todas  las  cosas  de  ciencia,  «sabiduría,  batallas 


A.  o 


32  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

prósperas  y  adversas,  y  otras  muchas  cosas;  é  intiluló  este  libro 
llamándole  Teoamoxtli,  que  bien  interpretado  quiere  decir  di- 
versas cosas  de  Dios  y  libro  divino:  los  naturales  llaman  ahora  á 
la  Sagrada  Escritura  Teoamozai^  por  ser  casi  del  mismo  modo, 
principalmente  en  lo  de  las  persecuciones  y  trabajos  de  los 
hombres:  asimismo  declaró  que  cumplidos  quinientos  doce  años 
que  ellos  salieron  de  su  patria,  había  de  heredar  el  reino  un 
Señor  con  la  volimtad  de  los  unos  y  á  la  contra  de  los  otros,  y 
que  había  de  tener  ciertas  señales  en  el  cuerpo,-ylamás  prin- 
cipal, había  de  tener  los  cabellos  crespos,  y  de  ellos  mismos 
había  de  formar  la  naturaleza  una  tiara  en  su  cabeza  desde  el 
vientre  de  su  madre  hasta  que  se  muriera;  y  había  de  ser  por 
el  tiempo  de  su  vida,  á  los  principios,  muy  justo,  sabio  y  de 
buen  gobierno,  y  á  los  medios  necio  y  desventurado,  por  cuya 
causa  los  de  su  nación  habían  de  perecer  con  castigos  del  cielo 
grandísimos,  y  no  menos  que  las  tres  destrucciones  que  habían 
tenido,  y  que  el  último  sería  el  año  de  ce  Tecpatl,  estrella  que 
tanto  los  perseguía;  pues  se  habían  de  levantar  unos  hombres 
de  su  mismo  linaje  y  le  habían  de  perseguir  con  grandísimas 
guerras,  hasta  acabarse  casi  todos,  y  él  se  había  de  escapar  y 
volver  hacia  donde  sus  pasados  habían  venido,  y  al  último 
tiempo  de  su  vida  había  de  ser  muyjusto,  sabio  y  discreto  como 
al  principio,  y  que  algunos  años  antes  de  su  destrucción  había 
de  haber  ciertas  señales  contra  naturaleza,  entre  las  cuales  la 
una,  que  el  conejo  había  de  criar  cuerno  como  el  venado,  y  el 
pájaro  HuitzitzUin  había  de  criar  espolón  como  el  gallo,  y  las 
piedras  habían  de  echar  fruto,  y  las  mujeres  principales  habían 
de  ir  en  romería,  como  es  uso  y  costumbre,  y  habían  de  tener 
accesos  carnales  con  los  sacerdotes  de  los  templos,  quebran- 
tando ellos  la  castidad  que  allí  profesaban  en  sus  falsas  religio- 
nes: y  viendo  esto  el  Tloqttenahua^qu^j  se  enojaría  contra  ellos, 
y  demás  dioses  sus  inferiores  los  habían  de  castigar  con  rayos, 
granizos,  yelos,  hambre,  sabandijas  y  otras  persecuciones  del 
cielo,  y  después  de  todo  esto  con  guerras  con  que  se  acabarían 
de  todo  punto  unos  con  otros,  y  que  de  ahí  á  otros  tantos  años. 


DON  FERNANDO  DE  ÁLVA  IXTULXOGHITL.  33 

tendrían  otra  destrucdón  los  que  escaparan  de  la  antecedente, 
y  aun  parte  de  los  Ghichimecas,  porque  tomarla  á  hacer  su  ofi- 
cio aquella  estrella  TecpaÜ  que  es  pedernal.  Estas  y  otras  cosas 
declaró  que  alcanzaba  por  su  astrología,  y  los  signos  y  planetas 
prometían,  y  casi  vino  todo  á  suceder,  con  la  voluntad  de  Dios, 
al  pie  de  la  letra. 

Tomando  á  nuestra  historia,  el  rey  Hudsm^  que  fué  el  suce- 
sor, como  ya  lo  tenemos  declarado,  gobemó  los  dncfui^efnia  y  dos 
cMo%^  y  el  último  de  ellos  murió,  que  fué  en  el  año  de  seis 
ToGHTu,  y  á  nuestra  cuenta  ^dedendos  setenta  y  ocho,  al  cuarto 
del  pontificado  de  ConsUmUno  Sirio,  Sumo  Pontífice,  y  Empe- 
rador Romano  León  III  de  este  nombre,  y  en  España  cuando 
se  perdió;  heredándole  su  hgo  legítimo  llamado  Totqpeuh,  el  cual 
gobemó  sus  reinos  y  señoríos  en  quieta  paz  como  sus  padres  y 
pasados  lo  habían  hecho,  cincuenta  y  dos  años,  y  al  último  de 
ellos  feneció,  heredándole  su  hqo  Naoaxoc  en  el  año  de  cmco 
Caiu,  que  á  la  nuestra  fué  en  el  setecientos  setenta  afíos  ^  de  la 
Encamación,  gobemando  el  Pontífice  Esté/ano  III,  en  el  se- 
gundo año  de  su  pontificado,  y  siendo  Emperador  Romano 
CofMAojnJtino  V,  á  los  treinta  años  de  su  imperio,  y  en  España  el 
décimo  año  del  reino  de  Aurelio;  y  este  Nacaxoc  gobernó  otros 
cincuenta  y  das  años  con  el  mismo  orden  de  sus  pasados.  Estos 
reyes  eran  altos  de  cuerpo  y  blancos,  y  barbados  como  los  es- 
pañoles, y  por  esto  los  indios,  cuando  vino  el  marqués,  ^  enten- 
dieron que  era  Topütdn,  como  les  había  dicho  que  había  de 
volverá  cierto  tiempo  con  sus  vasallos  antiguos  de  sus  pasados; 
y  con  esta  esperanza  incierta  estuvieron  hasta  la  venida  de  los 
españoles;  digo  los  simples  y  los  que  eran  Tultecas  de  nación, 
porque  bien  sabían  los  señores  de  esta  tierra  que  fué  á  morir 
en  la  provincia  de  Tlapdllan,  y  mandó  guardar  ciertas  leyes 
que  después  los  ireyes  de  esta  tierra  concedieron  y  guardaron . 
sus  vasallos. 

1  Ba  neceBarío  rectificar  con  las  tablas  toda  esta  inconciliable  cronología. — B* 

2  Hernán  Cortés,  Marqués  del  Valle.-  R. 

Tomo  1—8 


34  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


DE  LOS  TCLTECIS. 

lExtracto,'] 

/  V  La  primera  ciudad  que  los  Tultecas  poblaron  en  esta  tierra 

fué  ToUan^  capital  del  imperio  y  la  comenzaron  á  edificar  en  el 
año  CE  Calu,  que  es  una  cam^  y  en  el  nuestro  quinientos  tres 

Casi  cuatro  años  después  entraron  en  consejo  los  siete, 

caudillos  para  tratar  sobre  los  negocios  de  la  tierra,  y  entre  ellos 
acordaron  pedir  im  rey  al  monarca  Ghichimeco.  Éste  les  dio  á 
su  h^o  ChalohiukUarídsdn^  quien  casó  con  la  hija  de  AcaÜ^  uno 
de  los  dos  más  principales  de  los  siete  caudillos,  y  entró  á  go- 
bernar el  año  CHICÓME  Acatl,  caña  núm.  7,  y  del  nuestro  609. 
A  éste  sucedió  IxÜücuechahuaCy  por  otro  nombre  TlaUeoaU^  y  á 
él  Huddn^  y  á  éste  ToUpeuk,  á  quien  siguieron  Naoaaoe  y  MiÜ^ 
que  quebrantó  la  orden  de  sus  pasados  reinando  cincñÁOfUa  y 
nueve  aflos. 


BELACIOX  SUQNTA. 

'y  Ch/üohiuUandsdn,  primer  monarca  Tulteca,  comenzó  á  gober- 

nar el  año  CHICÓME  Acatl,  y  en  el  nuestro  quinientos  cincuenta 
y  seis,  ^  Murió  el  año  chicóme  Acatl,  correspondiente  al  nues- 
tro de  seiscientos  ocho.  A  éste  sucedieron  Iwéliimechahitaoj 
JBPuetdniotepeuh^  Nacaaoc  MUL^  que  fué  quien  hizo  el  templo  de 
la  Rana.  ^ 


n 


mSTORU  CHICHICA. 

A  ChalchiuhÜanetzin  sucedió  Tlüguechahv^ac  TlachinoUzin^  que 
entró  á  reinar  en  el  año  asimismo  llamado  chicóme  Acatl,  que 

1  Esta  cronología  es  inconciliable  con  la  fijada  pocas  líneas  antes.— B. 

2  Las  mismas  dificultades  se  pulsan  para  conciliar  la  sucesión  y  nombres 
de  los  reyes,  á  no  ser  que  se  explique  por  una  de  las  muy  íteouemtes  equivoca- 
ciones del  copiante,  que  reunió  dos  nombres  para  formar  uno  solo.  SCá  ábsoln- 
tamente  necesario  formar  tablas  para  entender  la  cronología. — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.         36 

filé  el  de  quinientos  sesenta  y  dos,  el  cual  reinó  otros  tantos, 
y  murió  el  de  seiscientos  trece  de  la  Encarnación,  que  llaman 

CHIQÜACEN  TOCHTU. 

Heredóle  Euetzin^  que  reinó  otros  cincuenta  y  dos  años,  se- 
gún la  costumbre,  y  murió  en  el  de  seiscientos  sesenta  y  cua- 
tro y  asimismo  en  el  que  llaman  chiquacen  Tochtli. 

Sucedióle  Totepeuh,  que  reinó  otros  tantos  años,  y  murió  en 
el  año  MACüiLLi  galli,  que  filé  en  el  de  setecientos  diez  y  seis. 

Por  su  muerte  entró  Nacaxoc,  que  reinó  los  mismos  años  y 
acabó  en  el  de  setecientos  sesenta  y  ocho,  que  también  se  lla- 
mó MACÜUJJ  CALLI. 

Heredóle  Tlacomihua.  ^  Éste  engrandeció  y  amplió  mucho 
su  imperio;  hizo  muy  grandes  y  suntuosos  ediñcios,  entre  los 
cuales  filé  el  templo  de  la  Rana,  que  colocó  por  diosa  del  agua, 
y  pasando  y  excediendo  el  orden  de  sus  mayores,  reinó  cin- 
cuenta y  nueve  años.  Murió  en  el  año  ochocientos  veintiséis 
que  llaman  matlactu  once  agatl. 

Sucedióle  la  reina  Xiuhquentzinj  ^  que  reinó  cuatro  añoa^  y 
falleció  en  el  de  ome  acatl,  que  fué  el  de  ochocientos  treinta:  á 
la  cual  sucedió  en  el  imperio  IztdccaUsdn^  ^  padre  de  TopiUdn^ 
en  cuyo  tiempo  se  destruyó  esta  nación. 

1  SI  mismo  á  quien  en  la  relación  que  sigue  inmediatamente  se  llama 

2  En  el  lugar  citado  se  le  llama  Xiuhilaltzin. 
8  Allí  también  es  llamado  Tecpanealizin. 


CUARTA  RELACIÓN. 


De  la  vida  de  loe  Reyes  TuUeecu, 


Cumplidos  los  drumenta  y  dos  años  ^  murió  el  rey  Nacaaoc^ 
heredándole  su  hijo  ifító,  que  fué  el  año  de  cinco  Galu;  y  ajus- 
tado este  tiempo  con  el  nuestro,  fué  en  el  año  de  ochocientos 
vánUdos^  al  sexto  del  pontificado  de  Pascual  Romano,  y  al  oc- 
tavo del  imperio  de  Ludovico  /,  y  al  primero  del  gobierno  de 
Bamiro  I  en  España.  Este  MiU  gobernó  cincuenta  y  nueve  años^ 
y  quebró  en  él  el  orden  antiguo  de  los  Tultecas,  de  gobernar 
cincuenta  y  dos  años:  fué  hombre  de  gran  gobierno,  hizo  gran- 
.  des  templos  y  otras  cosas  memorables,  y  edificó  entre  los  tem- 
plos que  hizo  uno  de  la  Baña,  diosa  del  agua,  muy  hermosí- 
simo templo;  todos  sus  aderezos  eran  de  oro  y  piedras  precio- 
sas, y  la  rana  era  de  esmeralda,  la  cual  los  españoles  que  vi- 
nieron á  esta  tierra  la  alcanzaron  y  dieron  buena  cuenta  de 
ella.  Casi  á  lo  último  de  los  cincuenta  y  nueve  oMjos  murió  este 
Señor,  que  fué  en  el  año  de  once  Acatl,  y  á  la  nuestra  ocAocien- 
ios  óchenla,  siendo  Pontífice  Joanes  VIII,  al  octavo  año  de  su 

1  Llama  la  atención  este  periodo  de  cincuenta  y  dos  años,  que  precisamen- 
te había  de  gobernar  cada  rey;  y  más  la  llama,  el  hecho  de  que  los  reyes  lo  vi- 
vieran para  cumplirlo  debidamente.  Ya  en  otra  parte  he  advertido,  que  los 
tolteeas,  y  más  tarde  los  alcolhuas  y  los  mezicas,  sustituyeron  á  los  verdaderos 
periodos  históricos,  otros  cronológicos  y  convencionales.  De  ahí  vienen  estos 
reinados  de  á  cincuenta  y  dos  años  de  los  reyes  de  ToUan. 


XJ 


38  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

pontificado  y  al  último  del  imperio  de  Carlos  d  Calvo^  y  á  lo& 
setenta  años  del  gobierno  de  Alfonso  d  Magno  en  España:  y 
después  de  mueri;o  sucedió  en  el  reino  su  miyer  la  -BcÍTia  Xivr- 
ÜaUzirij  la  cual  gobernó  cuatro  años  y  murió,  heredando  el  rei- 
no su  hijo,  legítimo  sucesor,  llamado  TecpancaUzin;  y  antes  de 
pasar  adelante,  quiero  hacer  relación  del  estado  en  que  esta- 
ban las  naciones  Tultecas.  Y  es,  que  ya  en  este  tiempo  en  ca- 
si mil  leguas  ^  habían  poblado  y  edificado  pueblos  y  ciudades, 
villas  y  lugares:  entre  las  más  señaladas  fué  Teotíhuacan^  que 
quería  decir,  "ciudad  y  lugar  de  Dios."  Era  esta  ciudad  mayor 
y  más  poderosa  que  la  de  Ihda,  por  ser  el  santuario  de  los  Tul- 
tecas:  tenía  grandísimos  templos  muy  altos,  y  edificios  los  más 
terribles  del  mundo,  que  hasta  hoy  día  parecen  en  sus  ruinas, 
y  otras  grandes  curiosidades.  En  Toluca  hicieron  unos  palacios 
todos  de  piedra  labrada  de  figuras  y  personajes  en  donde  es- 
taban todas  sus  calamidades,  guerras  y  persecuciones,  triun- 
fos, buenos  sucesos  y  prosperidades:  en  Ouauhnahtiae  otro  pa- 
lacio con  una  ciudad  ^  que  solía  ser  antigua,  un  palacio  labrada 
todo  de  piedras  grandes,  de  piedras  de  cantería  sin  lodo,  ni 
mezcla,  ni  vigas,  ni  ninguna  madera,  sino  unas  piedras  gran- 
des pegadas  unas  á  otras;  *  y  también  fundaron  otras  grandes 
ciudades,  como  es  Ctwlvla;  y  la  de  Xalixco,  Yoiotepeo  del  mar 
del  Sur,  y  otras  muchas  ciudades  que  caían  en  ese  lado  del 
Sur  y  hacia  el  Oriente,  que  ya  iodo  está  destruido,  aunque  en 

1  El  poco  conocimiento  que  tuvieron  lo9  primeros  cronistas  de  los  caracte- 
res etnográficos  de  los  pueblos  antiguos  de  nuestro  territorio,  hizo  unas  veces, 
que  dieran  mucha  mayor  extensión  á  sus  dominios  que  la  que  realmente  ha^ 
Man  tenido,  y  otras  que  les  aplicaran  personajes  ó  ciudades  pertenecientes  á 
razas  claramente  distintas.  No  mil  leguas,  ni  mucho  monos  abrazó  la  nacio- 
nalidad tolteca.  En  mi  <fApéndice  al  P.  Duran»  señalo  sus  límites,  por  cierto 
no  de  gran  extensión,  en  la  faja  de  terreno  que  hay  de  Tula  á  Cholula,  limi- 
tándose al  Oriente  por  los  cuexteca  y  al  Poniente  por  nuestro  Valle. 

2  Obra  antigua  famosa. — MS.  del  Museo. 

3  Parece  que  el  autor  re  refiere  aquí  á  Xochicalco;  pero  debemos  advertir 
que  ni  éste,  ni  las  otras  ciudades  que  dice  que  caían  á  los  lados  del  Sur  y  del 
Oriente,  pertenecieron  á  los  toltecas. 


DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLILXOCHITL.  39 

stis  mmas  muestran  haber  sido  las  mayores  ciudades  del 
mmido. 

Los  fdolos  que  los  Tultecas  antiguamente  tuvieron,  fueron  ' 
los  más  principales,  que  fueron  T(macatecuhtii,  y  hoy  en  día  es-  \ 
tá  su  personaje  en  el  Cú  más  alto,  que  es  dedicado  al  Sol,  de 
este  pueblo,  que  quiere  decir  Dios  dd  sustento;  y  (por)  su  mu-  1 
jer  tenían  otra  diosa:  y  dicen  que  este  dios  del  sustento  era 
figura  del  sol  y  su  miger  de  la  luna;  y  otros  dioses  que  llama- 
ban los  hermanos  del  sol  y  de  la  luna,  que  toda/oía  hay  pedaaos  ' 
de  dios  en  los  Oáes.  De  éste,  pues,  ^  y  de  otro  ídolo  á  quien  han 
adorado  hasta  cuando  vinieron  los  españoles  que  es  TkUoCj  que 
tenía  su  templo  en  la  más  alta  sierra  de  Texcuco,  y  alií  están 
todavía  sus  pedazos;  y  dicen  que  este  ídolo  era  dios  de  las  llu- 
vias temporales  y  que  fué  un  rey  muy  valeroso  de  los  Quina- 
metsin,  que  son  los  Filisteos;  é  hizo  grandes  cosas,  y  por  eso  lo 
colocaron  por  dios.  Estos  falsos  dioses  fueron  los  más  princi- 
pales y  antiguos,  de  más  de  dos  mü  años  de  los  Tultecas  y  Tex^ 
eaüpuüa  y  EuüzUopuckUij  y  otros  dioses  que  fueron  acá  ciertos 
caballeros  muy  valerosos,  que  los  colocaron  asimismo  por  dio- 
ses, y  aun  se  halla  que  Texcatiputia  fué  un  gran  nigromántico  , 
y  fué  una  gran  causa  de  las  persecuciones  de  los  Tultecas.  Aun- 
que es  verdad  que  (los  de)  esta  gente  fueron  grandísimos  idó- 
latras, no  sacrificaban  hombres  ni  hacían  los  supersticiosos  sa- 
crificios que  los  Mexicanos  después  usaron;  sino  era  (á)  Tfafoc, 
sacrificándole  cada  año  cinco  ó  seis  doncellas  de  poca  edad, 
sacándoles  los  corazones  y  ofreciéndoselos,  y  sus  cuerpos  los  , 
enterraban;  y  al  TonacatecuhUi  ciertos  tiempos  del  año,  al  más 
malhechor  que  hubiera  cometido  grandes  delitos,  lo  llevaban 
á  cierto  artificio  que  llamaban  Telimonamiqaian^  que  quiere  de- 
cir, lugar  del  encuentro  de  las  piedras^  y  allí  lo  ponían  enmedio» 
de  suerte  que  dos  piedras  con  las  esquinas  se  encontraban  y 
lo  hacían  allí  pedazos  con  el  artificio  de  estas  piedras,  y  des- 


1  Este  pasaje  como  otros  muchos  del  autor,  no  habla;  pero  no  nos  atrevemos 
á  corregir  sino  aquello  que  notoriamente  es  error  de  los  copistas. 


40  OBRAS   HISTÓRICAS   DE 

pues  lo  enterraban;  y  en  las  fiestas  que  tenían  se  juntaban  to- 
dos los  señores,  hacían  una  danza  que  duraba  casi  todo  el  día, 
y  hacían  ciertas  ceremonias  que,  como  tengo  referido,  no  eran 
tan  abominables  como  las  que  los  Mexicanos  hacían  cuando 
vino  el  Marqués  del  Valle  y  entrada  de  la  Ley  Evangélica  en 
esta  tierra. 

Los  Tultecas  eran  grandes  arquitectos,  carpinteros,  y  otras 
artes  mecánicas  (como)  plateros:  sacaban  el  oro  y  la  plata  y  lo 
ñmdían,  y  labraban  piedras  preciosas,  hacían  la  mejor  cosa  de 
la  que  hay  en  el  mimdo:  en  su  tanto,  eran  nigrománticos,  he- 
chiceros, bngos,  astrólogos,  poetas,  filósofos  y  oradores,  de 
suerte  que  usaban  todas  las  artes,  así  buenas  como  malas.  Te- 
nían el  maíz,  algodón,  chile,  frgoles  y  las  demás  semillas  que 
hay  en  esta  tierra;  y  (eran)  pintores  los  mejores  de  la  tierra;  y 
las  migeres  grandes  hilanderas  y  tejedoras,  tejiendo  mantos 
muy  galanos  de  mil  colores  y  figuras,  las  que  ellos  querían  y 
tan  finas  como  las  de  Castilla;  y  tejían  las  mantas  de  muchas 
maneras,  imas  que  parecían  de  terciopelo  y  otras  como  de  pa- 
ño fino;  otras  como  damasco  y  raso;  otras  como  lienzo  delgado 
y  otras  como  lienzo  grueso,  como  ellos  querían  y  tenían  nece- 
sidad. Vestían  los  Tultecas,  los  hombres  y  particulares  en  tiem- 
po de  calor  con  sus  mantas  y  pañetes  de  algodón,  y  en  tiempo  de 
frío  se  ponían  unos  jaquetones  sin  mangas,  que  les  llegaban 
hasta  las  rodillas,  con  sus  mantas  y  pañetes;  calzaban  los  zapatos 
á  su  modo,  colaras  ó  caüts  ^  de  henequén:  las  migeres  sus  huipi' 
les  y  enaguas,  y  asimismo  sus  cataras  de  lo  propio;  y  cuando 
iban  fuera  se  ponían  unas  mantas  blancas  y  labradas  de  mu- 
chos colores,  puntiagudas  por  las  espaldas,  como  á  manera 
de  capilla  de  fraile,  aimque  llegaban  ^  hasta  las  corbas:  llama- 
ban á  este  manto  TaxqaemitíÜ:  y  los  sacerdotes  traían  unas 
túnicas  ^  y  otras  negras  que  les  llegaban  hasta  el  suelo,  con  sus 
capillas  con  que  se  tapaban  la  cabeza;  el  cabello  largo,  entren- 

1  CacÜif  calzado  á  manera  de  sandalia,  de  henequén  6  cuero. 

2  Quiza  diría:  no  llegaban. 

S  Quizá  diría  blancas,  pues  el  período  evidentemente  está  trunco. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  41 

zade,  qae  llegaba  hasta  las  espaldas;  y  los  ojos  siempre  los  traían 
bigos  y  humildes:  descalzos  al  tiempo  de  sus  ayunos,  y  cuando 
estaban  en  el  templo  pocas  veces  se  calzaban,  sino  era  cuando 
iban  fuera  y  jomada  larga:  eran  castos,  no  conocían  migeres, 
hacían  ciertas  penitencias  cada  veinte  días,  cuando  entraba  el 
mes  y  el  año;  hablaban  poco;  enseñaban  á  los  niños  y  mance- 
bos á  buenas  costumbres  y  modo  de  vivir,  artes  buenas  y  ma- 
las, á  las  que  más  se  inclinaban.  Los  reyes  se  ponían  siempre 
unas  mantas  blancas  llanas,  y  otras  pardas,  con  aljófar  y  otras 
piedras  preciosas  labradas,  y  hechas  unas  labores,  y  la  zenefa 
toda  de  mil  colores  labrados;  poníanse  sus  camisones  xicole, 
siempre,  que  les  llegaban  hasta  las  rodillas,  y  de  la  misma  mane- 
ra de  las  mantas  y  sus  pañetes:  calzaban  sus  colaras  de  algodón 
y  la  zuela  de  oro:  poníanse  aforcas  de  oro  y  piedras  preciosas,  y 
collares  de  lo  propio;  enterrábanse  amortajados  y  con  sus  in- 
signias reales,  en  los  templos  de  sus  falsos  dioses:  comían  dos 
veces  al  día,  una  vez  al  medio  día  y  otra  á  la  noche:  levantá- 
banse cuando  salía  el  lucero  de  la  mañana,  y  dormían  poco: 
hablaban  poco,  y  no  se  dejaban  ver  muchas  veces,  si  no  era  en 
las  ñestas  muy  grandes:  tenían  jardines  y  tanques  dentro  de 
sus  palacios,  que  eran  muy  grandes;  y  árboles  y  plantas,  ani- 
males y  aves  de  todas  maneras  para  recrearse:  no  tenían  más 
que  una  miger,  y  esa  legítima,  y  en  muñéndose  no  se  podían 
casar  (y)  guardaban  castidad  hasta  que  morían,  y  las  migeres, 
si  morían  sus  maridos  antes  que  ellas,  heredaban  el  reino,  y 
en  muriendo  ellas,  sus  I^jos  legítimos,  y  ni  más  ni  menos  no 
podían  casarse  otra  vez  así  como  sus  maridos;  y  la  gente  co- 
mún lo  mismo  en  lo  que  es  tener  una  sola  miger  legítima,  pero 
podían  casarse  segunda  y  tercera  vez.  Sus  ediñcios  eran  de 
cal  y  canto  y  de  piedras  de  cantería  y  iezonUv  usaban  de  pilas 
y  caños  de  agua  por  atarjeas  como  nuestros  españoles:  tenían 
baños  para  bañarse,  que  ahora  usan  los  indios,  que  llaman 
Temasoalis:  ^  asimismo  tenían  gallinas  y  galli-pavos,  y  muchas 

1  Temazcalli. 


42  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTULXOCHITL. 

semillas  y  legumbres  y  frutos  para  su  sustento,  y  otras  muchas 
cosas  que  ellos  tenían  y  usaban,  que  sería  muy  largo  de  contar 
hacer  relación  de  todo. 


QUINTA  RELACIÓN. 


De  lot  Beyet  TaUeeas  y  de  mu  deetrucei&n. 

Habiendo  heredado  el  señorío  de  los  Tultecas  TecpanoáUzi'n, 
de  allí  á  diez  años  que  gobernaba,  vino  una 'doncella  á  su  pa- 
laciOf  muy  hermosa,  que  había  venido  con  sus  padres  á  traer 
cierto  regalo  para  él;  y  aun  dicen  y  se  halla  en  la  historia  que 
era  la  mielprieia  de  maguey^  y  unas  chiancacasj  azúcar  de  esta 
miel,  que  fueron  los  primeros  inventores  de  esto,  y  como  cosa 
nueva  se  lo  trajeron  al  rey  á  presentar.  Siendo  estos  caballeros 
de  sangre  noble  y  de  su  propio  linaje,  se  holgó  el  rey  de  verlos 
y  les  hizo  muchas  mercedes,  y  tuvo  en  mucho  este  regalo  y  se 
aficionó  mucho  de  esta  doncella  que  se  decía  XochUlpoT  su  be- 
lleza, que  quiere  decir  rom  y  flor ^  y  les  mandó  que  le  hicieran 
placer  de  hacerle  otra  vez  este  regalo,  y  que  su  hija  lo  trajera 
ella  sola  con  alguna  criada:  y  los  padres  no  cayendo  en  lo  que 
podía  suceder,  se  holgaron  mucho  y  le  dieron  la  palabra  de  que 
así  lo  harían;  y  pasados  algunos  días  vino  al  palacio  la  doncella 
con  una  criada,  cargada  de  míeí,  chianoaca,  y  otros  regalitos  de 
nuevo  inventados,  ó  por  mejor  decir,  conserva  de  maguey;  y 
llegada  que  fué,  avisaron  al  rey  cómo  estaba  allí  la  doncella 
hija  del  caballero  que  inventó  la  miel  del  maguey  llamado  Por 
panbdn,  el  cual  se  holgó  mucho  y  mandó  que  sola  la  metiesen 
con  el  regalo  que  traía;  y  (á)  la  criada,  que  era  una  vieja  ama  suya 
la  sentaran  en  los  cuartos  y  le  dieran  muchas  mantas  y  oro,  y 


44  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

la  regalaran  hasta  que  fuera  tiempo  de  volver  con  su  señora; 
y  así  lo  hicieron  los  criados,  metiendo  á  sola  la  doncella,  y  á  la 
criada  haciéndole  todo  servicio  y  regalo,  conforme  lo  mandó  el 
rey:  y  visto  el  rey  el  regalo  de  la  doncella  XuchiÜ^  y  de  sus 
padres,  se  holgó  mucho  y  trató  con  ella  cómo  él  había  días  que 
estaba  aficionado  de  ella,  rogándole  le  cumpliera  sus  deseos, 
que  él  le  daba  su  palabra  de  hacer  muchas  mercedes  á  sus  pa- 
dres y  á  ella:  por  consiguiente,  en  estas  demandas  y  respuestas 
estuvieron  un  buen  rato,  hasta  que  la  doncella,  visto  que  no  te- 
nía remedio,  hubo  de  hacer  lo  que  el  rey  le  mandaba;  y  cum- 
plidos sus  torpes  deseos,  la  hizo  llevar  á  un  lugarcito  pequeño 
fuera  de  la  ciudad,  poniéndole  muchas  guardias;  y  envió  á  de-, 
cir  á  sus  padres  cómo  la  había  dado  á  ciertas  señoras  para  que 
la  adoctrinaran,  porque  la  quería  casar  con  un  rey  vecino  suyo 
en  recompensa  del  regalo  que  le  había  traído,  y  que  no  tuvie- 
ran pena,  que  hicieran  cuenta  que  la  tenían  en  su  casa:  y  con 
esto  les  hizo  muchas  mercedes  y  les  dio  ciertos  pueblos  y  vasa- 
llos para  que  fueran  señores  de  ellos  y  sus  descendientes;  y  sus 
padres,  aunque  lo  sintieron  mucho,  disimularon,  que  como  di- 
cen, donde  hay  fuerza,  derecho  se  pierde:  y  el  rey  iba  á  menu- 
do á  ver  á  la  señora  XuchiÜ  su  dama,  que  estaba  en  un  lugar- 
cito  muy  fuerte,  sobre  un  cerro  que  se  decia  Palpan,  servida  y 
regalada,  al  fin  como  cosa  del  rey  monarca  Tulteca,  la  cual  en 
muy  poco  tiempo  se  empreñó  y  parió  un  hijo  que  le  puso  su 
padre  por  nombre  Meconddn,  que  quiere  decir  niñoddmaguejf^ 
á  significación  de  la  invención  y  virtudes  del  maguey,  el  cual 
nació  en  el  año  de  ce  Acatl,  que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué 
en  el  de  novecienios,  al  principio  del  pontificado  de  Joannes  IX 
y  á  los  últimos  años  del  imperio  de  Amulfo^  emperador  roma- 
no, y  á  los  últimos  del  reinado  de  Alfonso  IV  qií  España.  Tenía 
este  niño  casi  todas  las  señales  que  dijo  el  astrónomo  Hueman 
que  había  de  tener  el  rey  Tulteca,  en  cuyo  tiempo  y  gobierno 

1  No  se  extrañe  que  aquí  se  ponga  XuchiÜ  cuando  antes  se  ha  usado  Xo- 
ehiilf  pues  la  o  y  la  u  se  Tañaban  á  voluntad  en  el  náhuatl  6  mexicano.  Los 
acolhuas  usaban  de  preferencia  la  m,  y  los  mexicas  la  o. 


DON  FERNANDO  DE  ÁLYÁ  IXTULXOCHITL.  45 

se  habían  de  destruir  los  Tultecas.  Los  padres  de  la  doncella 
XuckiOy  que  por  tal  la  tenían,  viendo  que  ya  iba  para  tres  años 
que  no  veían  á  su  hija,  les  daba  grandísima  pena,  y  procuraban 
siempre  saber  en  qué  lugar  pudiese  estar;  y  como  era  tan  gran- 
de la  ciudad  de  Tula  y  hubiese  tantas  casas  de  señores,  pasóse 
este  tiempo  de  los  tres  años:  hasta  casi  el  último  de  ellos  supie- 
ron cómo  el  rey  la  tenía  en  un  lugar  con  mucha  guarda,  que  se 
decía  Palpan,  como  ya  lo  tengo  declarado;  y  cómo  ninguna  per- 
sona la  podía  ver,  principalmente  que  había  mandado  el  rey 
que  á  ninguno  de  sus  deudos  dejasen  entrar  en  aquel  lugar:  y 
viendo  este  señor  el  mandato  del  rey,  le  dio  grandísimo  cuidado 
y  pena,  y  buscó  orden  para  poder  entrar  sm  que  fuese  conoci- 
do; y  no  hallando  ningún  remedio,  se  disfrazó  vistiéndose  como 
un  labrador,  ungiendo  que  había  ido  á  la  ciudad  á  vender  cier- 
tas cosas;  y  pareciéndole  á  los  guardas  que  era  simple,  le  deja- 
ron entrar,  como  que  iba  á  ver  aquel  lugar,  dándoles  ciertas 
cosas  para  que  le  dejasen  entrar,  y  así  le  dieron  licencia  y  se 
entró  mirando  por  todas  partes;  y  entrando  por  unos  jardines 
halló  á  su  hija,  que  tenía  en  los  brazos  al  niño;  y  como  la  cono- 
ciese, se  enterneció  mucho  de  gozo  al  ver  á  su  h^a,  diciéndole, 
¿que  si  el  rey  la  había  metido  en  aquel  lugar  para  que  jugam 
con  niños? — no  sabiendo  que  era  su  nieto; — ^y  la  hija,  aunque 
con  vergüenza,  le  contó  á  su  padre  todo  lo  que  había  pasado 
con  el  rey,  el  cual  lo  sintió  mucho,  pero  lo  disimuló  por  ser  cosa 
que  tocaba  á  su  honor;  y  despidiéndose  el  padre  de  su  hya  se 
tornó  á  salir,  y  á  otro  día  fué  á  ver  al  rey,  quejándose  de  la 
afrenta  que  le  había  hecho.  El  rey  le  consoló  y  le  dijo  que  no 
tuviese  pena,  que  en  haber  sido  cosa  del  rey  no  incurría  en  nin- 
guna afrenta,  demás  de  que  el  niño  sería  su  heredero,  porque 
no  tenía  voluntad  de  tomar  estado  con  ninguna  señora,  y  otras 
cosas  muchas  que  le  dijo;  y  le  hizo  de  nuevo  otras  muchas  mer- 
cedes á  él  y  á  sus  parientes,  y  mandó  que  cada  y  cuando  qui- 
siesen él  y  su  mujer  y  deudos,  pudiesen  ir  á  ver  á  la  Xuchitl  su. 
hija,  con  tal  que  no  había  de  salir  de  aquel  lugar  ni  lo  había  de 
saber  persona  ninguna,  y  lo  mismo  habían  hecho  las  personas 


46  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

de  su  guardia  al  tiempo  que  se  las  entregó,  y  fiábase  de  ellos 
porque  eran  personas  de  su  devoción:  é  hizo  todas  estas  cosas 
el  rey,  porque  vivían  en  aquel  tiempo  con  tanta  rectitud,  que 
por  poca  ocasión  y  falta  lo  tenían  por  gran  mal  los  señores  Tul- 
tecas  sus  vasallos:  y  con  esto  volvió  el  buen  viejo  Papardoia 
algo  consolado  á  su  casa,  consolando  á  su  miger  y  deudos;  y 
de  allí  adelante  iban  y  venían  á  ver  á  la  h^'a  encastillada,  todas 
las  veces  que  querían. 

Habiendo  gobernado  cmnu^effda  y  dos  años  el  rey  TecparicaUsBmj 
y  como  todavía  estaba  vivo,  acordó  hacer  jurar  por  rey  á  ifeco- 
ndzm^  su  hijo  natural,  y  por  otro  nombre  Topiltzin^  que  ya  era 
hombre  de  más  de  cuarenta  años^  y  muy  virtuoso  y  gran  sabio; 
y  porque  los  señores  Tultecas  no  inventaran  alguna  novedad, 
porque  había  tres  señores  de  su  linaje  muy  propincuos  herede- 
ros, mereciendo  por  su  gran  valor  y  virtud,  los  cuales  estaban 
en  su  señorío,  lejos  y  desviados  de  la  ciudad  de  Tula  más  de 
dosdenias  leguas  junto  al  mar  del  Sur  en  Xalixco  y  otras  partes, 
llamó  á  algunos  amigos  suyos  y  deudos,  principalmente  los  que 
eran  de  su  devoción,  entre  los  que  fueron  dos  muy  principa- 
les y  que  tenían  muy  grandes  tierras  y  muchas  ciudades  y  pro- 
vincias, que  fué  el  uno  Ouauhili  y  el  otro  Moatiaizin^  y  otroé 
muchos  señores,  y  les  trató  lo  que  tenía  ordenado,  diciendo 
que  si  concedían  en  esto,  estarían  en  la  ciudad  de  Tula  y  go- 
bernarían ellos  y  sus  hijos  todos  sus  reinos  y  señoríos,  hacién- 
dose cabezas  principales  sobre  todos  los  reyes  y  señores  sus 
vasallos,  gobernando  todos  tres  de  conformidad,  aunque  su 
h^o  había  de  tener  el  más  supremo  lugar,  como  persona  suya 
y  rey  de  reyes  como  él  era.  Este  concierto  les  pareció  bien  á 
«stos  dos  reyes  y  concedieron  en  ello,  jurando  por  su  rey  y  mo- 
narca á  este  ToptUziai^  con  los  ritos  y  ceremonias  que  ellos  usa- 
ban, y  de  alU  adelante  gobernaron  todos  tres  de  confenoidad, 
aunque  TopUtdn  mandaba  como  rey  supremo.  Esta  jura  fué  en 

-el  año  DOS  acatl,  y  á  la  nuestra  937 en  el  último  año  del 

pontificado  de  Joannea  Xly  del  imperio  de  Enrique  J,  y  el  cuar- 
to del  gobierno  de  Bawiro  III  en  España. 


DON  FERHANDO  DC  ALVA  DCTULXOCHrrL.  .    47 

Había  otearento  oífíoa  que  gobernaba  TopStsAn  cuando  comen- 
zaron las  señales  que  había  proíoostieado  el  astrólogo  JSuenian^ 
á  mostrarse  así  en  la  tierra  como  en  el  cielo;  el  cual  TopiMai^ 
casi  á  los  últimos  años  de  estos  cuarenta  había  cometido  pecar 
dos  muy  graves,  y  con  su  mal  ejemplo  toda  la  ciudad  de  Tula 
y  las  demás  proTÍncias,  y  ciudades,  y  tierras  de  Tultecas:  y 
las  señoras  iban  á  los  templos  y  á  las  ciudades  de  sus  santua- 
rios y  jblsos  dioses  á  romerías,  y  se  revolvían  con  k»  sacerdotes, 
y  hacían  otros  pecados  graves  y  abominables;  entre  las  cuales 
fué  una  señora  de  Tula^  muy  principal,  á  OuMa^  i  visitar  los 
templos  de  aquella  ciudad,  que  había  mkTiia  y  oeho  años  que  se 
acabaron  de  ñmdar,  y  especialmente  á  un  templo  dedicado  al 
dios  CE  AcATL,  en  donde  estaban  dos  sacerdotes,  el  uno  llamado 
EzcolotU  y  el  otro  TeaepoloaÜ^  que,  como  tengo  dicho,  los  &lsos 
sacerdotes  de  los  Tultecas  profesaban  castidad,  y  era  muy  graft- 
disímo  pecado  si  la  quebrantaban.  Y  así  Teoq>oloa¡U^  viendo  á 
esta  s^ora,  que  tamlnén  la  había  profesado,  la  requebró,  y  tuvo 
su  amistad,  y  parió  de  allí  á  pocos  años  un  niño  que  se  llamó 
heax,  que  después  él  y  sus  descendientes  fueron  heredando 
esta  d^nidad  de  íalsos  grandes  sacerdotes  ó  pontífices;  por 
mejor  dedr,  estuvo  eHa  toda  su  vida  casi  en  el  templo  hecha 
una  matrona,  hasta  su  destrucción;  y  los  inventores  de  estos 
pecados  fueron  dos  hermanos,  señcnrcs  de  diversas  partes,  muy 
valerosos  y  grandes  nigromántieos,  que  se  decían,  el  mayor 
TanaáipuM  y  el  menor  IhMa/uhqttíÍezeail¡pu€(^  que  después  los 
Tultecas  los  eolocaron  por  dioses.  ^  Insistiendo  el  rey,  toda  su 
cocte  y  vasallos  en  grandes  pecados,  y  haciendo  ellos  cosas  en 
este  Bud  arte  que  sabían,  con  que  fibcümente  los  persuadían  á 
grandes  pecados  y  hechos  feos  y  abominables,  yendo  un  día  el 
rey  á  eiertos  jardines  y  bosques  suyosv  halló  un  conejo  que  an- 
daba alU  con  cuernos  de  venado,  y  d  p^aro  SuibUssUin  que 
andaba  chupando  el  hcoar  de  las  flores,  con  un  espolón  muy  lar- 

1  Probablemente  Cholula, — R. 

9  Yétie  hk  ez|plk»eióa  qut  sobre  este  )eyttidft  éoj  ea  «I  *«Apéndioe  del  P. 
Duran." 


48  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


go;  7  como  hubiese  muchas  veces  visto  el  TeoamoícUi  que  mandó 
pintar  Huemcm^  y  que  estos  eran  de  los  prodigios  y  señales  que 
había  pronosticado,  le  dio  grandísima  pena,  y  envió  á  llamar  á 
los  sacerdotes  de  los  templos;  y  venidos  quQ  fueron  les  mostró 
lo  que  había  visto,  (ya)  muertos,  (pues)  que  les  tiraron  con  una 
cervatana,  (y  también  les  mostró)  el  Teoamoxüi  y  cómo  aquellas 
eran  señales  de  su  total  destrucción;  y  que  porque  á  sus  dio- 
ses se  les  aplacara  su  hra,  convenía  hacerles  grandes  fiestas  y 
sacrificios,  ritos  y  ceremonias. 

Pero  luego  en  el  año  siguiente,  que  fué  el  de  ge  Calu,  y  á  la 
nuestra  en  el  de  984,  bm*o  el  pontificado  de  Jocmea  XIV^  en  el 
año  primero  del  gobierno  de  Otan  IV  y  en  el  quinto  de  Alfaneo 
Vde  España,  y  al  tiempo  que  llovió  trigo  y  peces,  ^  comenzó  á 
castigar  Dios  nuestro  Señor  á  esta  gente  ciega  y  perversa  idóla- 
tra, enviándoles  grandísimos  aguaceros,  huracanes  y  sapos  del 
cielo  que  les  destruían  la  mayor  parte  de  sus  edificios,  lloviendo 
casi  den  días  sin  cesar,  por  lo  cual  ellos  entendieron  que  el 
mundo  se  quería  acabar  con  otro  diluvio;  pero  el  Señor,  por  su 
gran  misericordia,  aplacó  las  aguas,  y  al  año  siguiente,  que  filé 
OME  TOGHTLi,  viuo  uua  grandísima  calor  y  seca,  que  se  secaron 
todas  las  plantas  y  árboles;  y  al  tercer  año,  que  filé  ge  Acatl,  ' 
al  mejor  tiempo,  entendiendo  ellos  que  ya  estaban  libres,  caye- 
ron unas  heladas  que  abrasaron  toda  la  tierra,  sin  quedar  cosa 
alguna;  y  al  cuarto  año,  que  era  cuatro  tegpatl,  cayeron  tan 
grandes  granizos  y  rayos  del  cielo,  y  tan  en  abundancia,  que 
destruyeron  totalmente  todos  los  árboles  que  habían  escapado, 
y  aun  hasta  los  magueyes,  sin  quedar  memoria  de  cosa  ningu- 
na, y  (hasta)  los  edificios  y  murallas  fuertes.  Y  pasado  este  tiem- 
pa  estuvo  la  tierra  algo  sosegada  casi  doce  años,  y  las  plantas 
comenzaron  á  producir,  que  fué  en  el  de  cuatro  calu.  (Después) 
vinieron  tantas  langostas,  gusanos,  saband^as  y  aves,  que  lo 
destruyeron  todo,  y  por  otra  parte  guerras  grandísimas  con  los 

1  Loe  Mexicanos  no  conocían  el  trigo. — B. 

2  Bata  es  una  errata  manifiesta,  que  trastorna  toda  la  cronología  de  los  su- 
cesos referidos.  Debe  ser  yei  acaÜf  6  tres  cañas, — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  49 

tres  propincuos  herederos,  todo  por  la  hermosa  XuchiÜ^  porque 
su  hijo  había  heredado  el  reino  y  mandaba  ella  toda  la  tierra, 
aunque  en  esta  vez  no  pudieron  hacer  nada,  porque  aunque 
los  Tultecas  habían  tenido  grandes  persecuciones  del  cielo,  to- 
davía eran  grandes  sus  fuerzas  y  poder. 

Asimismo  en  este  mismo  año,  casi  á  los  últimos  de  él,  todos 
los  graneros  de  los  Tultecas  en  donde  guardaban  el  grano,  se  lo 
comieron  gorgojos.  Pasáronse  otros  cuatro  años  con  algún  des- 
canso, cuando  al  quinto^  y  veirde  después  de  la  primera  calami- 
dad, que  filé  en  el  de  siete  tochtu,  ^  á  los  primeros  días  halla 
ron  en  un  cerro  un  niño,  muy  blanco  y  rubio  y  hermoso,  que 
debía  de  ser  el  demonio,  y  lo  llevaron  á  la  ciudad  á  mostrárse- 
lo al  rey.  Guando  lo  vido  lo  mandó  llevar  otra  vez  al  (punto) 
de  donde  lo  habían  traído,  porque  no  le  pareció  buena  señal;  y 
al  niño  demonio  comenzó  á  podrírsele  la  cabeza,  y  del  mal  olor 
se  moría  mucha  gente.  Los  Tultecas  procuraron  matarlo,  pero 
nunca  jamás  pudieron  llegar  á  él,  porque  todos  los  que  se  lle- 
gaban morían  luego;  y  con  este  mal  olor  causó  una  gran  peste 
por  toda  la  tierra,  que  de  las  mil  partes  de  los  Tultecas  se  mu- 
rieron las  novecientas.  Todas  estas  cosas  les  sucedieron,  y  otras 
muchas  que  por  escasear  volumen  no  se  ponen  aquí;  y  los  tres 
señOTes  sus  competidores  no  dejaban  de  hacer  grandes  agravios 
á  los  pocos  que  habían  escapado,  tomando  poco  á  poco  muchas 
provincias  y  ciudades  sujetas  á  este  gran  TopüJbán;  y  desde  es»- 
te  tiempo  quedó  por  ley,  que  en  naciendo  alguna  criatura  muy 
blanca  y  rubia,  siendo  de  edad  de  cinco  años  la  sacrificaban 
luego,  y  duró  hasta  la  venida  de  los  españoles.  ^ 

1  Tomando  en  cuenta  los  datos  anteriores,  expresados  por  números  ordina- 
les, resulta  evidentemente  equivocada  la  de  Bvete  Tochtli^  mientras  que  las  otras 
aparecen  bastantemente  exactas.  Computando  el  principio  de  la  calamidad, 
no  desde  los  recios  aguaceros  del  afio  ce  Galli,  sino  de  la  seca  del  siguiente, 
<tme  TochÜij  sale  cabal  la  cuenta  de  los  veinte  años  en  uno  señalado  con  con^o^ 
pero  es  en  el  rmeve  TochÜi,  El  designado  por  el  autor  avanzaría  la  fecha  en  un 
período  de  veinticuatro  años^  debiéndose  por  lo  mismo  creer  que  fué  un  descui- 
do del  copiante  en  el  asiento  del  número. 

2  Tezozomoc  hace  frecuente  mención  en  su  Crónica,  de  los  sacriflcios  de  nU 

Tomo  1—4 


50  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Pasados  algunos  días  se  sosegó  la  peste,  y  viendo  TopiUzin 
que  sus  competidores  iban  paso  á  paso  apoderándose  de  sus 
tierras  y  provincias,  ordenó  enviarles  un  gran  presente  de  oro, 
mantas  y  piedras  preciosas  y  joyas,  con  dos  embajadores,  caba- 
lleros muy  valerosos,  y  un  juego  de  la  pelota  del  tamaño  de  una 
mediana  sala,  que  se  dice  llachüi,  de  cuatro  géneros  de  piedras 
preciosas,  conviene  á  saber,  esmeralda,  rubí,  diamante  y  jacin- 
to, y  por  pelota  un  carbunco,  ^  enviándoles  á  decir  que  basta- 
ba su  enojo,  que  bien  sabían  ellos  los  trabajos  que  había  tenido 
y  las  persecuciones  del  cielo,  y  que  por  lo  consiguiente  conocía 
su  daño  y  el  valor  de  ellos;  y  que  recibieran  este  juego  de  la  pe- 
lota, que  era  el  mayor  tesoro  que  tenía,  y  otras  piedras  precio- 
sas, y  otras  piezas  de  oro  y  joyas,  y  que  conforme  era  el  Tlach- 
tu  con  cuatro  géneros  de  piedras  preciosas,  todas  cuatro  tan 
estimadas  y  puestas  en  igualdad,  así,  ni  más  ni  menos  todos 
cuatro,  de  aquí  en  adelante,  gobernarían  sus  reinos  y  señoríos, 
con  grandísima  paz  y  conformidad;  y  que  el  carbunco  que  era 
uno  solo,  y  de  tanta  virtud  para  el  efecto  de  tirar  y  jugar  con 
él  en  lugar  de  pelota  entre  los  cuatro,  al  que  primero  le  cupiese, 
que  así  sería  en  su  mando;  (que)  el  que  primero  mandase  una 
cosa,  que  los  otros  tres  lo  tendrían  por  muy  bien  hecho  y  lo 
mismo  ellos,  viviendo  siempre  en  conformidad  y  paz  ellos  y  sus 
descendientes.  Estas  y  otras  muchas  palabras  envió  á  decir  el 
gran  TapíUnn  á  sus  tres  competidores,  temiéndose  de  ellos  no 
vinieran  en  algún  tiempo  á  hacerse  señores  de  todo;  y  que  cuan- 
do no  quisieran  su  amistad,  que  con  llevarles  aquel  tesoro  se 
les  quitaría  la  gana  de  venir  á  sus  tierras  y  ciudad,  que  era  lo  que 
á  ellos  les  inquietaba,  porque  de  otra  cosa  estaba  ya  tan  arrui- 
nada, que  ya  no  era  de  ningún  efecto  y  muy  enferma  la  tierra. 

¿08  blancos  que  hacían  los  Mexicanos  en  la  yorágine  de  la  laguna  llamad» 
Panütian.  Probablemente  procedía  esta  práctica  de  los  Tultecas. — B. 

1  Al  margen  se  lee. — "JDe  oro  la  guarnición  y  en „...  como  campos  ha- 
cia adentro. — No  poseemos  dato  alguno  para  creer  que  los  Mexicanos  hicieran 
uso  de  las  piedras  propiamente  preciosas,  de  las  transparentes.  Las  muchos 
que  de  ellos  tenemos  son  lucun'es  y  de  coloros  vivo?.— R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  51 

Hállase  en  la  historia,  de  más  de  la  relación  que  dan  los  viejos, 
que  filé  este  presente  y  tesoro  el  mayor  que  jamás  en  esta  tie- 
rra se  vido,  al  fin  cosa  de  Tultecas,  y  tan  grande,  que  para  ha- 
berlo de  llevar,  con  ciertos  artificios  que  hicieron,  pesaba  tanto, 
que  se  contaron  onad  quipüi  Üacatl  ^  de  los  Tultecas,  que  son  diez 
y  ocAo  mil  hombres  que  dentro  de  ciento  cuarenta  días  habían 
de  estar  allá  adelante  de  Xolisco  en  Quiyahuitztlanxalmolan.  ^ 
Llegados  que  fueron  los  Embajadores,  los  recibieron  y  se  hol- 
garon de  ver  el  tesoro;  pero  no  por  eso  dejaron  de  proseguir 
en  su  demanda,  aimque  por  esta  vez  con  fingidas  palabras  des- 
pidieron á  los  Embajadores  diciéndoles,  que  ellos  no  tratarían 
de  cosa  ningima  y  que  dejarían  de  hacerles  mal  alzando  sus 
ejércitos,  y  otras  palabras,  ni  muy  buenas  ni  muy  malas,  sino 
todas  cautelosas,  de  que  los  Embajadores  volvieron  muy  tris-' 
tes,  y  dieron  su  respuesta  al  gran  TopiUzin,  el  cual,  aunque  no 
le  cuadró  mucho,  consolóse  de  que  el  tesoro  y  la  mayor  parte 
de  él  lo  tenían  allá,  que  era  lo  que  más  les  hacía  reñir,  porque 
reinos  y  señoríos  en  su  tierra  se  los  tenían  muy  prósperos  y 
libres  de  calamidades  del  cielo. 

En  el  a£o  ge  agatl,  y  en  el  nuestro  de  noveoientoa  novefida  y 
ccho^  segundo  del  pontificado  de  SUoestre  11^  décimo  cuarto  del 
imperio  de  OíonJF  y  vigésimo  primero  del  reinado  de  Al- 
fonso Ven  España,  vinieron  á  la  ciudad  de  Tula  los  tres  Re- 
yes competidores  del  gran  TopiÜzin  con  un  gran  ejército,  los 
cuales  haciendo  burla  de  todos  los  Tultecas,  como  gente  des- 
trozada, se  entraron  hasta  adentro  de  la  ciudad,  que  ya  Topübdn 
lo  sabia,  el  cual  los*  recibió  y  mandó  les  diesen  todo  lo  ne- 
x^esarío  á  ellos  y  á  sus  gentes,  y  trató  con  ellos  la  paz  y  confor- 
midad de  nuevo,  como  se  los  había  enviado  á  decir.  Ellos  que 
no  traían  este  propósito,  sino  el  de  vengarse,  no  quisieron 
consentir  en  ello,  antes  le  d^'eron  que  aprestara  sus  gentes, 
que  con  las  armas  se  entenderían.  Topíttzin,  viéndose  tan  opri- 
mido y  que  no  tenía  remedio,  pidió  tiempo  para  ello,  que  era 

1  Diez  y  ocho  mil  se  dice  Orne  xiquipilli  maeuilli  izontli. 

2  Supongo  que  la  tenninación  debe  ser  molayan. 


52  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ley  entre  ellos  que  antes  de  la  batalla  se  avisaban  algunos  años 
antes  para  que  de  una  y  otra  parte  estuviesen  avisados  y  pre- 
venidos, para  que  sus  descendientes  en  algún  tiempo  pudieran 
con  justa  causa  hacer  lo  propio,  lo  cual  se  guardó  hasta  el 
tiempo  que  vinieron  los  Españoles  á  esta  tierra:  ellos  le  res- 
pondieron que  diez  años  le  daban  de  plazo,  y  al  último  de  ellos 
se  darían  la  batalla  en  TuUiÜon^  y  con  esta  orden  y  concierto  se 
volvieron  á  sus  tierras,  porque  padecía  grandísima  hambre 
su  ejército,  que  estaba  la  tierra  tal,  que  aun  los  moradores  de 
ella  apenas  se  podían  sustentar:  y  hállase  en  las  historias,  que 
este  viaje  que  hicieron  estos  tres  señores  con  su  ejército  y  tan 
fuera  de  propósito,  no  fué  sino  por  ver  la  tierra  y  el  estado  en 
que  estaban  las  cosas  de  ella,  y  contraminar  y  ver  las  fuerzas 
y  resistencias  que  podía  tener  Topübdn^  con  achaque  de  bus- 
car los  soldados  comida  para  sustentarse,  no  dejando  lugar  ni 
ciudad  hasta  que  no  le  viesen  bien. 

A  los  últimos  días  del  año  de  diez  Tegpatl,  volvieron  estos 
tres  señores  con  mayor  ejército  que  de  primero,  que  fué,  se- 
gún nuestra  cuenta,  el  año  de  1008,  en  el  último  del  pontifica- 
do de  Sergio  IV^  en  el  sexto  del  imperio  de  Enrique  11^  y  en 
el  segundo  del  gobierno  de  Bermudo  III  de  España,  que  ya  á 
la  sazón  el  gran  TopUlún  tenía  puestos  dos  ejércitos  muy  gran- 
des, el  uno  casi  de  cien  leguas  de  Tula,  hacia  las  últimas  tie- 
rras y  provincias  de  los  Tlahuicas  y  el  otro  en  TuMlan,  adon- 
de quedó  él  con  su  ejército  personalmente  con  todos  los  señores 
sus  vasallos,  y  por  general  del  ejército  delantero  un  gran  ca- 
pitán llamado  JSuehudenuxcaU:  los  cuales  desde  que  se  fueron 
sus  competidores,  no  habían  hecho  otra  cosa  sino  pertrechar- 
se, y  hacer  muchas  armas,  y  juntar  de  todas  las  ciudades,  pro- 
vincias y  lugares  las  gentes  que  había,  sin  dejar  hombre  nin- 
guno, y  aun  hasta  las  migeres  cargadas  de  comida,  que  era 
muy  poca  la  gente,  aunque  de  muchos  pocos  se  vino  á  hacer 
dos  grandísimos  ejércitos,  como  ya  lo  tengo  declarado. 

Los  exploradores  dieron  aviso  al  ejército  delantero  cómo  los 
enemigos  venían  ya  cerca,  el  cual  les  salió  á  recibir  cerca  de 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  ETLILXOCHITL.  53 

allí  á  un  buen  lugar  que  tenía  cogido  para  su  propósito,  y  con- 
frontados los  dos  ejércitos,  se  dio  la  batalla  una  y  muchas  ve- 
ces, muriendo  de  ambas  partes  innumerables  gentes.  Duró  la 
batalla  ^  tres  años  justos,  y  al  último  de  ellos,  como  los  de  To- 
pübin  tenían  poco  refrigerio  y  socorro,  y  á  los  tres  señores  sus 
competidores  todos  los  días  se  les  venían  grandes  sumas  de 
gentes,  fueron  vencidos  y  muerta  casi  toda  la  gente  en  esta  ba- 
talla. Pelearon  también  muy  valerosamente  muchas  matronas 
Tultecas,  ayudando  á  sus  maridos,  muriendo  y  venciendo  ^  mu- 
chos de  ellos.  Vencidos,  el  gran  capitán  Huhndmiexcail  ha- 
biéndose perdido,  se  fué  huyendo  de  sus  enemigos,  con  algunos 
de  los  Tultecas  que  escaparon,  á  Tuttitlan^  adonde  estaba  el 
gran  TopiUzin,  que  ya  estaba  apercibido  con  su  ejército  para 
pelear  con  sus  enemigos,  que  ya  venían  cerca;  el  cual  en  el  ín^ 
ter  mandó  á  ciertos  criados  y  criadas  llevaran  á  los  niños  hi- 
jos suyos  legítimos  sucesores  de  sus  reinos,  llamado  el  mayor 
PochoÜ  y  el  menor  Xilotzin^  á  los  muy  altos  montes  y  tierras 
de  Toluca,  porque  no  se  acabara  en  ellos  el  linaje  de  los  Re* 
yes  Tultecas;  los  cuales  luego  lo  pusieron  por  obra. 

Llegados  que  fueron  sus  enemigos,  pelearon  cruelmente, 
muriendo  de  una  parte  y  otra;  y  había  cuarerUa  días  que  pelea- 
ban de  noche  y  de  día,  cuando  ya  los  del  gran  TopiMn  iban 
desmayando  con  las  pocas  fuerzas  que  tenían.  No  pudiendo 
resistir  el  ímpetu  grande  del  enemigo,  le  fué  forzoso  salir  á  íb- 
píltsin  en  persona  á  pelear,  y  al  viejo  de  su  padre,  y  aun  á  las 
señoras  sus  mujeres  y  otras  matronas  de  las  ciudades,  hacien- 
do de  tripas  corazón,  como  dicen,  y  entre  ellas  su  madre  y  la 
hermosa  XuchiÜ,  peleando  valerosamente  y  haciendo  todo  lo 
que  pudieron;  más  al  fin  fueron  vencidos  todos,  y  muertos  vie- 
jos y  mozos,  mujeres  y  niños,  no  perdonando  á  nadie,  porque 
todos  estaban  allí  juntos,  así  mujeres  como  niños,  aguardando 
para  ver  en  lo  que  venía  á  parar,  que  ya  eran  cincuenta  días 
•de  guerra.  Y  en  el  año  de  ce  Tecpatl  y  al  último  día  del  mes  de 


1  RsUy  es,  la  guerra, 

2  Debe  expresarse  la  idea  contraría. 


54  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ToTozozTziNTLi,  al  primer  día  de  la  semana  llamada  ce  Olun^ 
que  conforme  á  la  nuestra  fué  en  el  de  1011  ^  y  á  los  veintiocho 
días  del  mes  de  Abríl^  bajo  el  imperio  de  Enrique^  al  quinto  aña 
de  Bermudo  en  España,  y  en  el  segundo  del  pontificado  de  Be- 
nedido  VIII^  cuando  viéndose  el  gran  TopíUzin  y  sus  gentes 
vencidos,  fuqron  huyendo  hacia  Tula,  su  ciudad,  pero  en  Chiuh- 
navMan  les  dieron  alcance,  aunque  no  les  pudieron  coger,  por- 
que se  defendieron,  y  luego  á  XaUocan^  y  de  allí  á  Teotihuacan 
y  luego  á  Totolapan;  y  antes  de  llegar  á  un  lugar  llamado  ÍW- 
ieccucochiÜcdpan^  les  dieron  alcance  al  viejo  rey  Tecpancalinn  y 
á  la  hermosa  XwehiÜy  á  los  cuales  mataron  allí  á  puñaladas, 
con  las  mismas  personas  de  Xiuktenancalzin,  matando  al  rejr 
viejo  porque  se  defendió  valerosamente,  y  Oohuaruieoxtzin  á  la 
señora  XuchiÜ  que  también  hizo  lo  propio  defendiéndose  va* 
lerosamente. 

Después  de  muertos  estos  dos  señores,  estos  dos  reyes,  fue- 
ron en  seguimiento  de  TúpiUán^  que  ya  el  rey  Hudiueízin  les 
iba  dando  alcance  en  Totolopanj  en  donde  alcanzaron  á  los  do5 
reyes  que  juraron  á  TopiUzin,  CuauhoOi  y  Maxtla  y  otros  seño- 
res  Tultecas,  y  allí  los  hicieron  pedazos;  y  en  el  ínter,  TopiUzin 
se  fué  huyendo  y  se  metió  en  Xico,  una  cueva  que  está  junto 
á  Tlalmanaleo^  y  así  no  le  pudieron  dar  alcance;  y  adelante  de- 
Xico  fueron  á  alcanzar  á  HudmetunexcaÜ^  el  gran  capitán,  con 
todos  los  Tultecas  que  se  habían  escapado,  y  allí  tuvieron  otra 
cruel  batalla,  en  donde  murió  HuehuebmexcaÜ  y  todo  el  ejérci-^ 
to,  cogiendo  en  los  desiertos  al  hijo  menor  de  TopiUzin^  llama- 
do Xilotzin,  con  algunos  Tultecas  que  iban  huyendo;  y  escapó 
de  buena  PochoÜ,  que  lo  llevaba  una  ama  suya  cargado,  por  ha- 
berse adelantado  con  algimos  de  los  enviados  de  su  padre  y 
otros  Tultecas  que  se  metieron  en  las  lagunas  y  sierras  con 
sus  mujeres  é  hijos,  así  nobles  como  plebeyos,  y  otros  á  quie- 
nes sus  pies  les  valieron,  que  fueron  los  de  MallauxiuhcohuaCy 

1  £1  año  ee  ieepaü  ñié  1012;  pero  la  verdadera  feclia  de  la  destrucci<5ii  de< 
Tula  fué  en  otro  año  ce  tecpatl  que  correspondió  al  1116. 


DOX  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXÓCHITL.  55 

Macaiepee^  Totmtepec^  Tototepec^  Quauh.quechollan,  Tepexomaco- 
(Uizallan^  ChapoUepec,  (jülhuacan  y  otras  partes. 

Visto  (por)  los  tres  reyes  cómo  ya  á  todos  habian  dado  muer- 
te y  que  todo  quedaba  despoblado,  fueron  á  las  ciudades  gran- 
des y  de  los  templos  y  palacios  sacaron  cuantos  tesoros  y  ri- 
quezas hallaron,  y  se  volvieron  á  sus  tierras  con  el  despojo  de 
sus  enemigos,  nó  quedando  ninguna  persona,  porque  estaba 
la  tierra  muy  seca  y  enferma  y  sin  fruto.  Después,  de  allí  á  al- 
gunos días  salió  TopiUdn^  con  algunos  de  sus  criados,  de  Xico^  \ 
que  ya  sus  enemigos  no  parecían,  y  viendo  la  tierra  de  todo  ; 
punto  destruida,  se  fué  hasta  AÜapaüan,  provincia  que  cae  has- 
ta la  mar  del  Sur,  tierra  muy  próspera,  rica  y  bien  poblada, 
diciendo  á  sus  vasallos,  esto  es,  á  los  pocos  que  estaban  en 
Culhuacan^  (y)  que  habían  ido  allí  á  librarse  de  sus  enemigos, 
como  él  se  iba  hacia  donde  el  sol  sale,  á  unos  reinos  y  seño- 
ríos de  sus  pasados  muy  prósperos  y  ricos,  que  de  allí  á  ywi- 
nierUos  doce  años  volvería  de  nuevo  á  esta  tierra  en  el  año  de 
CE  AcATL,  y  castigaría  á  los  descendientes  de  los  reyes  sus  com- 
petidores; y  otras  muchas  cosas  dejó  dichas,  y  muchas  prome- 
sas imposibles  hizo  á  sus  vasallos,  que  seria  muy  lai^  de  con- 
tar. Se  volvió  otra  vez  á  -Xico,  y  una  noche,  con  algunos  Tul- 
tecas  partió  para  TlapaHan  caminando  de  noche  por  desiertos, 
hasta  que  llegó  á  aquel  lugar  donde  vivió  después  casi  treinta 
años,  servido  y  regalado  de  los  Tlapaltecas,  y  murió  de  edad 
de  ciento  y  cuatro  años,  dejando  constituidas  muchas  leyes  que 
después  su  descendiente  Netzahualeoyotzin  las  conñrmó,  y  él 
mismo  mandó  quemar  su  cuerpo  con  los  ritos  y  ceremonias 
que  después  se  usaron  (y  él  fué  el  primero  que  fué  quemado), 
é  hizo  y  ordenó  otras  muchas  cosas. 

Este  rey  dicen  muchos  indios  que  está  todavía  en  -Xico,  y  no 
se  fué  á  Tlapallan,  con  Netzahualeoyotzin  y  NetzahualpUtzintli^  re- 
yes de  Tescuco,  ^  sus  descendientes,  y  Moquihuitzin  de  Tlate- 
lulco,  porque  fueron  los  más  valerosos  y  de  grandes  hazañas 

1  Debe  escribirse  Texcnco. 


M  '    OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

que  cuantos  reyes  han  tenido  los  Tultecas  y  Chichimecas,  y 
otras  trescientas  fábulas,  que  todavía  creen  que  han  de  salir  de 
allí  en  algún  tiempo,  como  los  portugueses,  que  todavía  creen 
que  ha  de  volver  el  rey  D.  Sebastián  y  que  está  vivo,  lo  cual 
se  ha  de  creer  que  es  mentira  y  fábula,  como  ya  otras  veces 
tengo  dicho.  Asimismo,  de  los  Tultecas  que  escaparon  se  fueron 
ron  por  las  costas  del  mar  del  Sur  y  Norte,  cómo  es  Hvxüima" 
Za,  ^  Tecuxirdepec^  CfuavMzactmlcOj  Campeche^  TacoloÜan  y  los  de 
las  islas  y  costas  de  una  mar  y  otra  que  después  se  vinieron  á 
multiplicar. 

Cuando  los  Tultecas  peleaban,  se  ponían  unas  á  manera  de 
túnicas  largas  hasta  los  carcañales,  de  mil  colores,  labradas  y 
muy  tupidas  y  gruesas,  que  por  recio  que  se  daban  con  las 
lanzas,  que  esto  era  lo  más  que  usaban,  no  les  podían  pasar;  y 
lanzas  largas,  y  otras  arrojadizas  y  porras,  claveteadas  de  fie- 
rro. ^  Llevaban  morriones  y  celadas  de  cobre  y  oro,  y  algunos 
usaban  los  rodeles,  ^  principalmente  los  que  traían  las  porras. 
Asimismo  se  ponían  los  Tultecas,  demás  de  los  vestidos  que 
tengo  dicho  arriba,  túnicas  como  las  de  los  sacerdotes,  blan- 
cas, aunque  diferentes,  ni  más  ni  menos  que  las  túnicas  que 
traen  debajo  nuestros  sacerdotes  religiosos,  ^  porque  además 
de  ser  como  éstas,  tienen  las  mangas  como  las  de  los  Oidores, 
y  ciertas  capillas,  como  ya  lo  tengo  declarado  arriba.  ^  Tam- 
bién usaban  de  una  cierta  moneda  de  cobre  de  dos  dedos  de 
largo  y  uno  de  ancho,  á  manera  de  hachitas  pequeñas  y  como 
de  á  un  real  de  á  ocho  de  grueso.  Esta  moneda  no  ha  mucho 
tiempo  que  la  han  dejado  los  de  TuUepec  del  mar  del  Sur,  por 
ser  del  linaje  de  los  Tultecas.®  También  compraban  con  el  cacao^ 

1  Debe  ser  Cuaubtemallan. 

2  No  es  probable  que  bubieran  alcanzado  el  beneficio  del  bierro. — R. 
8  La3  rodelas. — MS.  del  Museo. 

4  Parece  que  debe  entenderse  de  las  Albas. — B. 

5  Véase  sup.  Belación  4?  al  fin.— R. 

6  De  esta  moneda  habla  Torquemada,  y  creo  que  aún  Cortos.  £n  el  Museo 
y  en  mi  poder  existen  ejemplares  de  ella.  Véase  lo  que  dije  sobre  ella  en  mi 
nota  á  la  "Historia  de  la  Conquista"  por  Frescott,  edición  de  Cumplido,  nota 
décima. — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  57 

que  hasta  hoy  se  usa  en  esta  tierra,  y  con  mantas,  oro  y  pie- 
dras preciosas,  y  plumería  rica.  También  usaban  ferias  cada 
vemte  días,  conforme  eran  los  días  de  los  meses  y.  el  primer 
día  de  ellos,  que  el  año  tenía  diez  y  ocho  meses,  como  adelan- 
te se  dirá,  y  hasta  hoy  se  usa  en  TuIarUzinco  este  orden  de  fe- 
rias grandes,  aunque  en  las  ciudades  y  pueblos,  todos  los  días, 
en  las  plazas,  vendían  todas  las  cosas  necesarias;  pero  este  tian- 
guia  grande  era  cuando  se  hallaban  en  él  muchas  gentes  de  di- 
versas provincias,  y  no  se  hacían  en  todas  las  ciudades,  si  no 
era  en  IWb,  Tula/nisdncOj  TeotíJmacan,  OaauhnaJiíiaOj  TaUUlan, 
Chohda  y  otras  cinco  ó  seis  ciudades  ó  partes. 

Antes  que  comenzara  la  guerra  de  Topüídn,  estando  en  Tul- 
üÜan  con  su  ejérdto,  después  de  haber  enviado  á  Huejftanex- 
caü  con  el  otro,  entró  por  la  ciudad  un  venado  con  la  cola 
arrastrando  por  el  suelo,  dando  bramidos;  y  pasó  junto  á  íb- 
jHUzinj  el  cual  estaba  en  medio  de  la  plaza  grande  de  la  ciudad 
haciendo  alarde  ^  con  todo  su  ejército,  en  un  cadalso  ^  muy  al- 
io, desde  donde  lo  vio  todo,  y  allí  entre  la  gente  se  desapare- 
ció, que  debió  de  ser,  como  se  da  á  entender,  algún  demonio; 
lo  cual  les  dio  grandísima  pena  y  lo  tuvieron  por  mal  agüero. 
Esta  fué  la  postrera  señal  que  hubo,  sin  otras  muchas  cosas  y 
ech'pses  del  sol  y  de  la  luna,  y  cometas  grandes  que  hubo  en 
el  cielo. 

Hállase  en  la  historia  de  los  Tultecas,  que  murieron  de  los 
vasallos  de  TopiUzin  en  todo  el  tiempo  que  duraron  las  guerras 
que,  como  tengo  dicho,  fueron  tres  años  y  dos  meses  de  los  su- 
yos de  á  veinte  días  cada  uno,  de  suerte  que  á  la  nuestra  fue- 
ron tres  años^  un  mes  y  diez  días;  murieron,  digo,  así  hombres 
como  mujeres,  zentzon  (ciguüpitízonüi  oqaixUizíhueUy  que  son  tres 
millones  y  doscientos  mil  hombres  y  mujeres;  y  de  las  gentes  de 
los  tres  reyes  competidores,  fueron  caxtolpohual  tzontiquipiho' 
ÜUlacati,  que  fueron  dos  millones  cuatrocientos  mil  hombres;  de 


1  Pasando  revista. — K. 

2  Tablado.— R. 


58  OBRAS   HISTÓRIC:^S  DE 

suerte  que  de  una  y  otra  parte  fueron  zentzon  xiquipützontli 
ihtutmxuchlpohvaUzoTiÜi^  que  son  cinco  millones  aeiscierUas  milper^ 
sonas^  cosa  increíble  y  que  causa  admiración,  Y  no  es  de  es- 
pantar, que  como  tengo  dicho,  no  fué  persona  alguna  alas  ciu- 
dades, villas  y  lugares,  así  hombres  como  mujeres,  sí  no  eran 
los  muy  viejos  que  por  los  muchos  años  no  se  podían  menear  de 
un  lugar,  que  después  se  murieron,  unos  de  hambre  y  otros 
de  frío,  y  por  lo  consiguiente  sus  competidores,  sin  la  muche- 
dumbre de  gente  que  traían  todos  los  días,  que  se  les  Venían 
á  bandadas  de  socorro  los  soldados;  y  era  tanta  la  gente  en  es- 
ta tierra,  principalmente  del  señorío  de  IbpíZfcsin,  que  corría 
casi  mü  leguas  de  largo  y  ochocientas  de  ancho,  que  hasta  los 
muy  altos  montes  estaban  cubiertos  de  casas  y  sementeras, 
pues  no  había  palmo  de  tierra  que  estuviese  baldío,  como  se 
echa  de  ver  en  las  ruinas  de  sus  edificios,  que  son  tan  gran- 
des y  tan  poderosos,  y  con  tanta  curiosidad  y  orden,  que  si 
naciones  hubo  en  el  mundo  de  grandes  reinos  y  tan  podero- 
sos, fueron  unos  los  Tultecas. 

Escaparon  de  estas  crueles  batallas  en  las  cuevas  y  desier- 
tos y  en  la  laguna,  sin  los  que  se  fueron  huyendo  nauktzonUi 
iJmcm,  naúhpohuaUi  on  matlacUi  ihuan  orne  oqaiaüe  cUmaÜ,  que 
fueron  mü  seiscienlas  doce  personas,  así  hombres  como  muje- 
res^  de  los  cuales  eran  veintitantos  caballeros  y  gente  ilustre, 
los  cuales  después  de  haberse  ido  sus  enemigos  y  su  rey  To- 
pUtzin  desaparecido,  según  por  orden  lo  tengo  declarado,  se 
juntaron  en  Oulhuacan  y  allí  se  dividieron  en  cinco  partes,  una 
de  los  caballeros  que  les  cupo,  y  las  cuatro  restantes  que  se 
fueron  hacia  las  cuatro  partes  del  mundo,  que  son  los  que  des- 
pués poblaron  en  las  costas  como  de  la  mar  é  islas. 

Esto  tengo  declarado  ya  otras  veces;  y  la  quinta  'parte,  que 
fueron  hasta  cuatrodentas  y  tantas  personas,  con  los  nobles, 
fueron  los  que  se  quedaron  en  estas  partes,  repartiéndose  ca- 
da caballero  con  lo  que  les  cupo,  á  los  lugares  más  acomoda- 
dos para  poder  vivir,  que,  como  ya  tengo  referido,  estaba  todo 
muy  seco  y  arruinado. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  59 

Los  señores  que  quedaron  en  esta  parte  fueron  los  que  si-  ^ 
guen:  en  (Mhuacan,  que  es  donde  ellos  se  juntaron,  quedaron 
Xivldemol^  su  mujer  llamada  OmlaxuchiÜ^  con  un  hijo  que  na- 
ció en  este  tiempo,  llamado  NavhyoÜ;  y  OuaÜix  con  su  mujer 
Mmixuch  y  un  hijo  llamado  Acxocuauh:  los  cuales  con  las  gen- 
tes que  les  cupo,  se  quedaron  en  este  lugar  haciendo  algunas 
casas  para  su  morada.  Estos  dos  eran  los  más  principales  y  de 
la  casa  y  linsge  del  gran  TopUizin^  y  después  NauhyoÜ  y  sus 
descendientes  fueron  reyes  de  los  Gulhuas,  que  así  se  llama- 
ron los  Tultecas  después,  por  ser  su  cabecera  Ouümacan. 

Y  á  Tlaxcallan  se  fueron  con  su  familia  MiÜiÜ  y  su  mujer, 
Cohtuxxuchiti  y  sus  dos  hijos,  el  mayor  (que)  se  decía  Pixahua  y 
el  menor  Accopal.  Después  estos  dos  mancebitos,  siendo  ya 
grandes,  se  fueron  á  vivir  á  QuechoUan  con  algima  gente  de  la 
familia  de  sus  padres,  por  ser  mejor  lugar,  y  fueron  los  que  de 
nuevo  otra  vez  inventaron  el  labrar  oro  y  piedras  preciosas, 
que  con  los  grandes  trabajos  de  los  Tultecas  y  largos  años  de 
persecución  se  había  olvidado. 

Y  á  Tdzatqpec  (fueron)  Nacacxoo  y  su  mujer,  un  hijo  suyo 
llamado  Jíiupopoca^  con  toda  su  familia. 

Y  á  Tepexomaeo  (fué)  CohuaÜ  con  su  mujer  y  un  hijo  llama- 
do Qudzaloppoca^  con  toda  su  familia. 

Y  en  Cholvla  estaban  los  sacerdotes  con  la  señora  de  que  ya 
tengo  hecha  relación,  y  algunos  Tultecas  de  los  que  se  esca- 
paron. 

Y  en  ChapuUepeo  (se  estableció)  Xitzin  con  su  miyer  Ozta- 
xuchitL,  y  un  hijo  suyo  y  su  familia. 

Y  á  otras  partes  remotas  y  lejos  de  la  laguna,  como  ya  lo. 
tengo  dicho  arriba,  se  fueron  los  demás  que  quedaron  de  la 
quinta  parte,  y  de  todos  estos  descendieron  los  Tultecas  que 
después,  andando  el  tiempo  se  vinieron  á  multiplicar,  así  no- 
bles como  plebeyos:  de  familias  á  familias  se  vinieron  á  hacer 
pueblos  y  después  ciudades,  y  de  ciudades  reinos  y  provincias. 


60  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Esta  es  la  verdadera  historia  de  los  Tultecas,  según  yo  la  he 
podido  interpretar^  y  los  viejos  principales  con  quienes  lo  he  co- 
municado me  lo  han  declarado,  y  otros  memoriales  escritos  de 
los  primeros  que  supieron  escribir  me  lo  han  dado,  así  de  esto 
como  de  los  Chichimecas,  y  otras  cosas  curiosas  y  dignas  de  traer 
á  la  memoria,  siendo  cosas  verdaderas  y  ciertas;  y  no  pongo  de 
lo  que  ello  fué  de  las  mil  partes  las  novecientas,  por  lo  que  ten- 
go dicho,  por  excusar  volumen,  y  porque  son  tan  extrañas  las 
cosas,  y  tan  peregrinas  y  nunca  oídas,  sepultadas  y  perdidas  de 
la  memoria  de  los  naturales,  y  lo  otro  por  haberles  quemado 
al  principio  sus  historias,  que  esta  ha  sido  la  principal  causa  de 
su  olvido.  Los  principales  que  me  han  declarado  memoriales 
de  esto  y  de  otras  cosas,  que  más  adelante  se  verán,  son  los 
más  antiguos: 

2).  Lucas  Cortés  Calanta,  de  edad  de  ciento  ocho  años^  natural 
señor  del  pueblo  de  CbTwoyuitóan,  junto  á  Tototepec^  del  Norte, 
hijo  de  ^ señor  natural  de  este  mismo  pueblo,  el  cual  co- 
mo persona  tan  principal  y  antigua,  me  declaró  todas  las  cosas 
de  esta  tierra,  que  las  supo  de  los  señores  de  Texcuco  y  lo  mdo 
en  hs  Archivos  reales,  tratando  y  comunicando  con  aquellos,  el 
cual  es  de  nación  Chichimeco  Tepehua^  que  son  unas  provincias 
Tepehuas  sujetas  á  la  ciudad  de  Texcuco. 

Y  el  otro  D,  Jaoobo  de  Mendoza  Tlaltentzin^  principal  y  natu- 
ral de  Tepupulco,  de  edad  casi  de  noventa  años^  hombre  muy 
leído  y  buen  gramático,  y  muy  siervo  de  Dios,  según  dicen  los 
religiosos  que  lo  conocen,  que  también  tiene  historias  y  relacio- 
nes, que  alcanzó  ver  la  ciudad  da  Texcuco,  y  los  hijos  del  rey 
NetzahualpintzinÜi  se  lo  declararon. 

Otro  principal  natural  de  Texcuco,  llamado  Gabriel  de  Segó- 
ma  Acapiotzin,  nieto  del  famoso  infante  Aeapiotzin  y  sobrino  del 
rey  de  Texcuco,  de  edad  de  ochenta  y  ocho  años^  que  también 
alcanzó  y  vido  los  archivos  reales  de  Texcuco,  y  comunicó  mu^ 
chas  veces  con  los  historiadores  y  los  hijos  del  rey  de  Texcuco 
sus  primos. 

1  No  discierno  si  dice  estain  6  ellain, — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  61 

Otro  principal  de  México  Tlatelulco,  llamado ^  de  edad 

de  ochenta  y  cuatro  años,  que  sus  padres  y  descencientes  fueron 
historiadores  de  la  ciudad  de  México,  y  tiene  todaiÁa  muchos  y 
muy  antiguos  papeles  y  memoriales  que  después  escribieron  los 
que  supieron  primero  escribir,  y  también  me  dio  muchas  rela- 
ciones (que)  conformaron  con  la  original  hisUma  que  tengo  en 
mi  poder. 

D.  FrancÍ8co  Ximénez,  señor  que  fué  de  HuexuUa^  difunto, 
que  fué  de  edad  de  ochenta  años,  me  dio  también  grandes  rela- 
ciones muy  antiguas.  Era  tanto  lo  que  sabía  de  las  cosas  de  la 
tierra,  (que)  tenía  las  pinturas,  y  si  algún  pueblo  tenía  diferencias 
con  otro,  por  muy  lejos  que  estuviera  lo  venían  á  ver  para  que 
les  dijera  la  verdad  y  mostrara  el  origen  de  las  cosas  de  sus  tie- 
rras; y  así  él  siempre  les  quitaba  las  diferencias  y  dudas  que 
tenían. 

D.  Alfomo  Izhuezcatocainn,  por  otro  nombre  AoBayacaÜBin^  hijo 
legítimo  del  rey  Ouitlahuac,  que  fué  de  México  *^  y  sobrino  de 
Moctezuma  y  señor  de  Iztapalapa.  Habrá  como  veinte  años  ó 
veintitantos  que  murió,  y  como  fué  tan  curioso  este  príncipe,  y 
muy  leído,  estando  gobernando  en  la  ciudad  de  Ifecowco,  juntó 
muchas  historias  y  viejos  historiadores  de  los  archivos  reales 
de  Texcuco  con  otras  que  él  tenía  en  su  poder,  que  hoy  tienen 
pedazos  sus  hijos  los  señores  de  Izlapalapa^  especialmente  D? 
Bartola,  que  es  ahora  la  cabeza  de  aquel  pueblo  y  señora  na- 
tural. Escribió  en  la  lengua  mexicana  y  en  la  castellana  gran- 
des cosas  sucedidas  en  esta  tierra,  así  de  Tultecas  como  de  Chi- 
chimecas,  las  cuales  relaciones,  especialmente  la  mexicana  que 
está  más  especiñcada,  he  tenido  en  mi  poder,  y  es  conforme  en 
todo  cm  la  original  historia,  según  tengo  escrito  y  escribiré  lo 
que  me  queda  por  escribir. 

Otros  muchos  viejos  principales  me  han  dado  relaciones  que, 
por  ser  tantas  y  unas  tan  diferentes  de  otras,  por  excusar  volu- 

1  Así  en  blanco  en  el  original. 

2  Sucesor  del  último  Moieuhcxoma.  Murió  de  viruelas  á  los  cuatro  meses 
de  su.glorioso  reinado,  pues  en  él  se  expulsó  á  los  españoles  de  la  ciudad.— B. 


62  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

men  no  las  pongo  aquí;  pero  las  más  auténticas  y  graves  que 
conforman  en  todo  con  mi  historia  y  la  original  de  donde  la  «a- 
co,  son  las  de  los  personajes  que  he  mencionado. 

Muchas  historias  he  leído  de  españoles  que  han  escrito  las 
cosas  de  esta  tierra,  y  todas  ellas  son  muy  distintas  de  la  ori- 
ginal historia;  y  entre  las  falsas,  la  que  en  aJgima  ooaa  se  con- 
forma es  la  de  Francisco  Gomara,  clérigo,  historiador  que  fué 
del  emperador  2).  Garlos,  nuestro  señor,  que  tenga  Dios  en  su 
gloria;  y  no  me  espanto,  que  no  son  relaciones  de  pasada,  unos 
dicen  sexta  y  otros  ballesta,  como  suelen  decir;  por  demás,  por 
decir  una  cosa  dicen  otra,  hablando  unos  de  pasión,  otros  de 
añción;  y  otros  cuentan  fábulas  compuestas,  por  palabras  su- 
cedidas, y  de  éstas  y  otras  no  entendiendo  bien  la  lengua  y  lo 
que  los  viejos  les  dicen,  como  á  mí  me  ha  sucedido  muchas  ve- 
ces con  los  naturales,  siendo  nacido  y  criado  entre  ellos  y  tan 
conocido  de  todos  los  principales  caciques  de  la  Nueva  España, 
así  Acvihuas,  Chiehimecas,  como  Mexicanos,  Tlaxcaltecas,  Tecpor- 
ñecas  y  Ikdtecas  y  otras  naciones;  y  es  que,  como  tengo  dicho, 
unos  hablan  de  añción  y  otros  de  pasión.  Me  sucedió  lo  que 
ahora  contaré,  sin  otras  veces  que  me|  sucedió  casi  lo  mismo, 
pero  esta  fué  la  más  notable. 

Yendo  al  pueblo  de  Cohuaiepec,  dos  leguas  de  la  ciudad  de 
Texcuco  hacia  la  banda  del  Sur,  respecto  de  la  ciudad,  á  ver 
á  cierto  amigo  caballero  i>.  Lope  Zerán,  que  tiene  una  labor 
muy  buena  en  este  pueblo;  después  de  haber  llegado,  holgán- 
dome  en  su  casa  toda  aquella  tarde,  al  día  siguiente,  preguntan- 
do á  D.  Lope  de  la  gente  principal  del  pueblo  y  de  algunos  vie- 
jos, me  dio  alguna  razón  de  esto,  diciéndome  que  no  había  otros 
si  no  eran  un  mozo  que  á  la  sazón  era  gobernador,  y  un  viejo 
que  hacía  como  treinta  ó  cuarenta  años  que  siempre  lo  hacían 
gobernador,  por  ser  criado  con  los  religiosos  y  muy  ladino,  aun- 
que villano  de  nación.  ^  Tomada  esta  razón,  me  despedí  de  este 
caballero,  que  fui  á  su  casa  por  preguntarle  ciertas  cosas  de  • 

1  Kacimiento. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  ÍXTULXOCHITL.  63 

SU  pueblo,  especialmente  de  una  que  en  la  original  historia  está, 
y  en  que  se  asienta  que  este  pueblo  fué  cabecera  de  provincia,  y 
el  lugar  de  donde  descendieron  ciertos  señores  que  fueron  de 
ciertas  partes  de  esta  tierra,  como  más  adelante  diré.  Y  llegado 
que  fui,  le  pregunté,  y  me  dijo  tantos  disparates  como  los  que 
nuestros  españoles  han  escrito,  diciéndome  que  aquel  pueblo 
siempre  fué  corte  y  cabecera  de  reino,  y  AtzcapotzcUco^  Choleo  y 
las  demás  partes  eran  pueblecillos  sujetos  á  Cohuatepecy  y  que 
el  señor  fué  un  Chichimeco  llamado  Toxomilhuaídn,  que  vino  de 
los  Chichimecos  con  otros  vasallos  suyos;  siendo  tan  al  contra- 
rio, porque  este  señor  era  tataranieto  de  OukuailapaJ^  uno  de 
los  seis  señores  vasallos  del  gran  ChichimecaU  Xolotl,  y  los  trsgo 
consigo,  y  era  ya  el  cuarto  señor  de  este  pueblo:  y  más  me  dijo, 
que  Aoamapichtii  (soberano)  y  señor  de  México,  era  hijo  de 
lüaancueiU  una  esclava  suya  (traslado  á  lo  que  los  historiadores 
escriben);  y  que  Nezahualcoyoidn^  ^  si  no  fuera  por  los  de  Co- 
huatepec  que  le  ayudaron,  nunca  libertara  á  su  ciudad  (ni  á)  los 
señores  de  México  sus  tíos,  del  poder  del  gran  MaxÜa^  tirano. 
(Aunque  yo  me  esforcé  en  demostrarle  la  absurdidad  de)  estas 
y  otras  fábulas  así,  (y  lo  hice  refiriéndome)  á  lo  que  los  histo- 
riadores han  escrito,  y  (además)  contradiciéndole  con  las  his- 
torias y  cantos  antiguos  que  le  mostré  y  dije,  y  trayéndole  otras 
cosas  á  la  memoria,  no  hubo  remedio  de  conceder  en  lo  que  le 
decía;  y  mostrándole  la  origrinoZ^  tampoco  aprovechó,  antes  se 
tenía  muy  tieso,  al  fin  como  villano;  y  conociéndome  él  quién 
soy,  y  que  no  ignoro  cosa  ninguna  de  lo  que  es  esto,  siempre 
me  contradijo,  todo  lo  cual,  como  tengo  dicho,  (son)  palabras 
de  afición  y  de  pasión  dichas  por  un  villano,  que  si  fuera  noble, 
luego  con  la  razón  cayera  en  su  falta« 
Esta  y  otras  muchas  cosas  me  han  sucedido;  y  también  mu- 

1  Llama  la  atención  que  Ixtlibcochítl,  siendo  descendiente  de  los  reyes  de 
Tezcoco,  escriba  Nezahual  y  no  Neizahual  como  es  debido. 

2  Al  marcar  tan  repetidamente  esta  palabra,  he  querido  hacer  notar,  que 
Ixtlilxochitl  poseía  algunos  monumentos  históricos  más  auténticos;  quizá  al- 
gunos anales  pintados. 


64  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

chos  de  los  principales  no  quieren  decir  el  hecho  de  la  verdad 
viendo  que  cada  día  les  preguntan,  y  jamás  ven  cosa  que  salga 
á  luz,  como  sucedió  á  cierto  caballero  descendiente  de  la  casa 
de  Texcuco,  que  pregimtando  á  un  viejo  de  una  historia  de  Te- 
peUaoztoc^  que  quiénes  fueron  los  padres  y  abuelos  de  IxtlUxo- 
chiU,  padre  del  rey  NezohualeoyoÜ^  él  respondió  diciendo,  que 
laMüxuchitt  no  tuvo  padre  ni  madre,  sino  que  vino  un  águila 
muy  grande  é  hizo  su  nido  en  un  árbol  grande  que  estaba  en 
la  ciudad,  y  puso  un  huevo  muy  grande,  y  de  allí  á  cierto  tiem- 
po quebró  y  sacó  un  niño,  y  lo  bajó  del  nido  poniéndolo  en  me- 
dio de  la  plaza  de  la  ciudad;  y  viendo  esto  los  Aculhuas  lo  cria- 
ron, y  como  no  tenían  rey,  le  alzaron  por  rey  y  le  pusieron  el 
nombre,  llamándole  IxtULcuchiU.  Este  caballero,  oyendo  el  dis- 
parate le  dio  grandísima  risa,  diciéndole  al  viejo  que  era  nece- 
dad decir  tales  palabras;  y  el  viejo  le  respondió,  que  á  él  y  á 
todos  los  que  le  preguntaran  acerca  de  esto,  les  había  de  res- 
ponder estas  y  otras  cosas  tales  como  estas,  especialmente  á  es- 
pañoles.  Y  así,  como  tengo  dicho,  las  historiadores  no  tienen  la 
culpa,  que  por  haberles  dado  falsas  relaciones  han  escrito  lo 
que  tengo  declarado,  y  cierto  que  con  tener  las  historias  en  mi 
poder  y  saber  la  lengua  como  los  mismos  naturales,  porque  me 
crié  con  ellos,  y  conocer  á  todos  los  viejos  y  principales  de  esta 
tierra,  para  haber  de  sacar  esto  en  limpio,  me  ha  costado  harto 
estudio  y  trabajo,  procurando  siempre  la  verdad  de  cada  cosa 
de  esto  que  tengo  escrito  y  escribiré  en  la  historia  de  los  Chi- 
chimecos. 


DE  LOS  TULTECAS. 

Los  Tultecas  fueran  los  segundos  pobladores  de  esta  Nueva 
España,  (después)  de  los  Gigantes.  Salieron  de  una  ciudad  lla- 
mada Huey  XaJac^  cabecera  del  imperio  Tulteca,  que  ahora  cae 
hacia  la  parte  occidental,  en  el  año  ó  figura  llamada  ce  Tecpatl, 
Pedernal  número  uno^  que  ajustado  con  la  nuestra,  fué  en  el  de 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  66 

386,  en  el  año  179  del  pontificado  de  Dámaso^  en  el  39  del  im- 
perio de  Oraeiano,  y  en  el  29  del  reinado  de  Atanarico;  y  la  cau- 
sa de  su  venida  á  estas  partes,  fué  porque  en  aquella  ciudad 
tuvieron  ciertas  disonciones  entre  ellos,  y  halláronse  culpados 
siete  caudillos,  hombres  principales  y  de  linaje,  con  mucha  gen- 
te, y  fueron  desterrados  de  toda  aquella  tierra,  y  viéndose  fuera 
de  su  patria  y  nación,  vinieron  reconociendo  y  mirando  nuevas 
tierras,  y  caminando  siempre  por  la  vía  de  Oriertte,  porque  te- 
nían noticia  que  era  muy  buena  y  abundante,  y  que  los  mora- 
dores de  ella  hacía  muchos  años  que  se  habían  destruido.  Estos 
siete  caudillos,  que  se  llamaban  Chalcaidn^  AcaÜ^  Ehecatl,  Co- 
hucdzoríy  MazacohuaUy  OtxiuhcohuaÜ,  Tlalpalhuitz  y  HuUzy  con  to- 
das sus  gentes  vinieron  descubriendo  y  poblando  todas  las  par- 
tes por  donde  pasaban  y  hallaban  buena  comodidad;,  y  no  salían 
de  un  lugar  hasta  que  recogían  sus  sementeras  y  todo  lo  nece- 
sario para  el  camino,  porque  iban  sembrando  y  edificando  pue- 
blos y  ciudades  y  dejando  alguna  gente,  conforme  era. el  lugar 
en  donde  poblaban,  para  que  en  nombre  de  sus  caudillos  la 
poblasen;  y  así,  se  tardaban  en  las  tierras  á  donde  iban  poblan- 
do, en  algunas  tres,  cuatro  ó  más  años,  conforme  hallaban  la 
ocasión  y  tenían  necesidad.  Así  anduvieron  muchas  y  diversas 
tierras,  hasta  ToUantzinoo^  en  donde  contaron  que  había  104  años, 
que  ellos  llaman  Gen  huehuetiliztli,  que  es  una  Edad^  que  salie- 
ron de  su  patria:  y  desde  este  lugar  reconocieron  toda  la  tierra 
y  los  mejores  lugares  de  ella  para  poblarla,  entre  los  cuales  po- 
blaron una  ciudad  que  fué  la  primera  en  esta  tierra  que  ellos 
tuvieron,  y  la  primera  por  nombre  Toüan,  que  fué  cabecera  de 
todo  su  imperio,  y  comenzáronla  á  edificar  en  el  año  que  ellos 
llaman  ce  Calli,  1  casa,  y  á  la  nuestra  503. 

Y  habiéndose  pasado  casi  cuatro  años  que  estaban  en  TuUa 
edificando,  entraron  los  siete  caudillos  en  consejo  sobre  mu- 
chas cosas  convenientes  á  su  República  y  buen  gobierno.  En- 
tre muchas  cosas  que  trataron  y  dijeron,  fué  una,  que  conve- 
nía para  la  quietud,  paz  y  sosiego  de  ellos,  pedir  á  los  Royes 
Chichimecas  sus  circunvecinos,  especialmente  al  que  era  Mo- 

TOMO  1—5 


66  X1BRA8  HIBTáRIGAS  im 

narca  en  aquellos  tiempos,  un  h^o  ó  deudo  suyo  para  que, 
casándose  con  una  doncella,  h^ade  Aoati,  uno  de  loe  dos  más 
principales  de  los  siete  caudillos,  lo  jurasen  por  su  rey  y  señor 
universal;  lo  cual  pudieron  por  obra,  y  alcanzaron  un  hijo  del 
rey  Chichimeco,  que  le  pusieron  por  nombre  ChaldiiuhÜandzin^ 
que  quiere  decir  Piedra  preciosa  que  alumbra^  dándoles  el  rey 
su  padre,  pues  llevaban  á  su  hijo  para  jurarle  por  rey,  la  pa- 
labra de  nunca  él  ni  sus  descendientes,  en  ningún  tiempo,  te- 
ner guerras  ni  pretender  cosa  de  ellos,  y  otras  muchas  capitu- 
laciones que  hicieron  entre  ellos. 

Trasladado  su  nuevo  rey  á  Tula,  hicieron  la  jura  y  casamieu'- 
to  con  mucha  solemnidad,  el  cual  entró  i  gobernar  en  el  año 
CHICÓME  ACATL,  siete  cañas,  y  á  la  nuestra  quinientos  aueve,  el 
octavo  del  Pontiñcado  jde  Simaoo^  en  el  decimosexto  del  im- 
perio de  Anaetasio,  y  el  primero  del  reinado  de  Oeoedario  en 
España;  y  pusieron  los  señares  Tuliecas  una  ley,  q^gie  ningún 
rey,  especialmente  el  que  era  monarca,  pudiese  reinar  más  que 
dncuerda  y  dos  años,  y  aunque  estuviese  vivo,  el  sucesor  entra- 
se luego  á  reinar  cumplidos  los  omcueBia  y  do»  años  4e  su  pa- 
dre; y  si  moría  antes  la  república  g(d)enuise  hasta  cumplir  este 
tiempo  señalado;  lo  cual  se  guardó  inviolablemente  hasta  el 
tiempo  del  rey  JiEU. 

Y  así,  cumplidos  casi  cinmeata  y  dm  añm  del  gobierno  de 
ChcdíMuMa/netxinj  heredóle  JastftíouttsAaAtiao,  y  por  otro  nombre 
TlaUeoaÜ;  y  de  este  siguió  Hudsdn,  y  aá  se  fueron  sucediendo 
uno  á  otro  Toíepeuky  Naeaoxoc  y  MUlj  el  cuál  quebrantó  la  or- 
den de  sus  pasados  y  gobernó  oineueni^  y  nueve  años:  hizo  gran- 
des ediñcios,  juntó  grandes  tesoros  y  ediñcó  el  templo  de  la 
Rana,  diosa  del  agua;  y  después  xle  muerto  sucedióle  la  reina 
XivMoMzm  que  gobernó  cuatro  años  con  gran  prudencia;  y  (á 
ésta)  le  sucedió  Tegxi^icatom,  el  cual  tavo  á  Topütín  en  una 
señora  llamada  XochM^  concubina  suya;  y  cumplidos  dncuerda 
y  dos  años  de  su  gobierno,  lo  mandó  jurar  por  rey  y  universal 
heredero  del  imperio  Tulteco;  de  lo  cual,  por  haber  otros  más 
propincuos  en  la  sucesión,  muchos  reyes  y  señores  se  rebela- 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTULXOGHITL.  67 

ron  contra  él,  especialmente  tres  reyes  que  eran  de  las  provin- 
cias de  QuiahuizUan  y  Anahuacac^  llamados  Xiuktenan,  Hudzin 
y  Oohuanacox,  hombres  valerosos  y  de  gran  poder;  y  vinieron 
sobre  él  con  mano  armada  para  destruirle,  y  tuvieron  casi  mn- 
tiseis  año8  grandísimas  y  crueles  guerras,  en  donde  murieron 
de  ambas  partes  muchos  millares  de  hombres;  y  Dios,  que  los 
quiso  castigar  por  sus  grandes  maldades,  les  mandó  del  cielo 
grandes  persecuciones  y  un^  general  seca  en  sus  frutos  y  se- 
millas, y  luego  grai^des  p^stilelicias,  las  mayores  que  ha  habí- 
,  do  eq  esta  tierra,  de  Jo  cual  se  destruyeron  todos,  que  casi  no 
quedó  hombre;  y  su  última  destrucción  fué  en  el  año  de  ce 
Teí3patl,  y  á  la  nuestra  958,  ^  ?n  el  quhito  año  del  Pontiñcado 
de  Juan  X^  en  el  vigésimo  de  Ot6n  JJ^  y  <5n  el  vigésimo  primero 
del  rpinado  de  Jtamíro  III;  y  en  la  demanda  murió  el  viejo  rey 
TspafwiUfiny  con  otros  dos  reyes  y  muchos  grandes  señores  que 
fueron  de  su  parte  y  todos  ios  Tulleras;  si  no  fué  TopíUzin 
que  se  escapó,  huyendo  con  algunos  pocos  de  los  suyos,  y  sej 
metió  por  la  tierradentro  hasta  Tlapallan^  ó  según  otros  Buey-l 
xalac^  antigua  patria  de  sus  pasados,  en  donde  vivió  después 
muchos  años,  y  constituyó  muchas  leyes  que  después  sus  des- 
cendientes las  conñrmaron,  y  á  él  lo  colocaron  por  uno  de  sus 
dioses.  Asimismo  escapó  un  hijo,  de  dos  que  tenía,  llamado 
PochoU,  con  la  buena  industria  y  maña  de  la  ama  que  lo  cria- 
ba, llamada  Toccueye,  con  alguna  gente  principal  y  alguna  can- 
tidad de  Tultecas,  en  los  desiertos  y  bosques,  los  cnales  pobla- 
ron después  alrededor  de  la  laguna  de  Ifawmco  y  por  las  costas 
de  la  mar  del  Sur  y  del  Norte;  y  entre  los  lugares  que  poblaron 
fué  uno  de  ellos  C^tiocan,  cabecera  que  fué  después  del  rei- 
no de  los  Tultecas  que  escaparon. 

Este  fué  el  fin  de  un  grande  imperio  que  tuvo  este  Nuevo 
Mundo,  de  los  Tultecas,  el  cual  no  duró  más  de  quinientos  «e- 
tenta  y  dos  años;  y  los  reyes  que  lo  destruyeron,  viéndolo  tan 

1  Como  se  Te,  es  imposible  conciliar  la  cronología  del  autor,  pues  en  cada 
lagar  da  distínta  fecha  al  mismo  suceso. 


68  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

pobre  y  enfermo  y  sin  gusto,  no  lo  poblaron,  sino  que  se  vol- 
vieron con  el  despojo  á  sus  tierras,  muy  ricos  de  grandes  teso- 
ros que  hallaron  en  los  palacios  de  los  señores  y  templos  de 
sus  ídolos.  Estos  Tultecas  fueron  grandes  sabios,  filósofos  y  ar- 
tífices, como  aparece  en  sus  historias,  porque  entendían  y  co- 
nocían el  curso  de  los  cielos  con  mucha  cuenta  y  razón.  Usa- 
ban de  pinturas  y  caracteres,  con  los  cuales  tenían  pintadas 
todas  las  cosas  sucedidas,  desde  la  creación  del  mundo  has- 
ta sus  tiempos.  Labraban  oro  y  piedras  preciosas;  edificaron 
las  hiejores  ciudades  que  ha  tenido  él  Nuevo-Mundo,  como  se 
echa  de  ver  en  las  ruinas  de  ellas  en  el  pueblo  de  San  Juan 
Teotihuacan,  Cholula^  Tida  y  otras  muchas  partes.  Sembraban 
todas  las  semillas  y  legumbres  que  se  han  hallado  en  esta  tie- 
rra, y  era  gente  vestida  y  muy  diferente  de  los  Chichimecos 
en  todo.  Eran  grandes  idólatras,  y  tenían  muchos  templos  é 
ídolos.  Tenían  su  año  solar  tan  ajustado  y  con  tan  buena  cuen- 
ta, como  nosotros  lo  tenemos;  y  finalmente,  no  ha  habido  en 
esta  tierra  nación  más  política  y  sabia. 


BELÁCION  SUCINTA. 

Los  Tultecas  fueron  segundos  pobladores  en  esta  tierra  des- 
pués de  la  extinción  de  los  gigantes,  especialmente  lo  que  es 
este  rincón  que  ahora  se  llama  nueva  España;  y  estos  tuvieron 
noticia  de  la  creación  del  mundo  y  cómo  se  destruyó  por  el 
diluvio,  y  otras  muchas  cosas  que  ellos  tenían  en  pintura  6  his- 
toria. Asimismo  alcanzaron  y  supieron  el  fin  del  mundo,  y 
que  ha  de  ser  por  fuego.  Tulteca  quiere  decir  hombre  artífice  y 
sabio,  porque  los  de  esta  nación  fueron  grandes  artífices,  como 
hoy  día  se  ve  en  muchas  partes  de  esta  Nueva  España  en  las 
uinas  de  sus  edificio?,  principalmente  en  el  pueblo  de  San  Juan. 
Teotihuacan^  Tala,  Cholula  y  otros  muchos  pu  eblos  y  ciudades 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  69 

Estos  TuUecoB  vinieron  de  hacia  el  Poniente,  con  siete  señores 
ó  caudillos  que  se  llamaban:  Zaca^  Chalcatzin^  EccUzin^  Cohua- 
tzo,  Tzihuacohuaílj  Tlapcdmeizontzin  y  Mdzoltún,  Trajeron  con- 
sigo mucha  gente,  así  hombres  como  mujeres.  Fueron,  des- 
terrados de  su  patria  y  nación,  y  asimismo  trajeron  el  maíz, 
algodón  y  demás  semillas  y  legumbres  que  hay  en  esta  tierra, 
y  fueron  grandes  artífices  de  oro  y  piedras  preciosas,  y  otras 
muchas  curiosidades,  como  aparece  en  sus  historias  y  pintu- 
ras. Salieron  de  su  patria,  que  se  llamba  HuehueÜapaUan^  en 
el  año  que  ellos  llaman  ce  Tecpatl,  y  según  nuestra  cuenta, 
432,  y  anduvieron  ciento  cuatro  años  en  diversas  partes  del 
mundo,  hasta  llegar  á  ToUantzinco,  donde  contaron  una  Edad 
que  había  desde  que  salieron  de  su  patria,  que  fué  el  año  de 
CE  Tecpatl,  y  á  nuestra  cuenta  de  536.  La  primera  ciudad  que 
tuvieron  fué  IWa,  cabecera  de  sus  reinos  y  señoríos.  El  pri- 
mer rey  que  tuvieron  se  llamó  ChaldiiiJUlaTieaizin  y  comeiizó  á 
gobernar  en  el  año  chicóme  Acatl,  y  según  nuestra  cuenta  556. 
Este  rey  era  del  linaje  de  los  reyes  Chichimecas,  que  por  qui- 
tar los  Tultecas  grandes  guerras  y  disenciones  que  tenían  con 
los  Chichimecas  les  pidieron  señor,  y  así  les  dieron  á  este  Chai- 
chiuhüanextdnj  que  murió  el  año  de  chicóme  Acatl,  que  es  el 
nuestro  seiscientos  ocho^  habiendo  gobernado  cincuenta  y  dos 
años:  y  luego  sucedió  IxÜilcuechahuac  en  el  mismo  año,  quien 
gobernó  otros  tantos.  Estos  Tultecas  tenían  una  orden,  que  sus 
reyes  no  habían  de  gobernar  más  de  cincuenta  y  dos  años^  que 
era  su  Xiuhüalpüli,  y  luego  entraba  á  gobernar  el  sucesor  cum- 
plidos los  cincuenta  y  dos  años,  aunque  estuviese  vivo  su  padre; 
y  si  moría  antes,  la  República  gobernaba  hasta  que  se  cumplie- 
sen los  cinciienta  y  dos  años,  A  IxÜilcuechahuac,  le  sucedió  en  el 
reino  Huetzintotepeuh,  y  á  éste  Kacacxoc,  y  Mití,  que  fué  el  que 
hizo  el  templo  de  la  Rana,  diosa  del  agua.  Le  sucedió  la  reina 
XiuhtíaUzin,  la  cual  no  gobernó  más  de  cuatro  años.  A  ésta  si- 
guió Tecpancaltzin,  y  de  él  Ameconetzin,  por  otro  nombre  Jb- 
píUzin,  en  cuyo  tiempo  se  destruyeron  los  Tultecas  con  grandes 
guerras  y  persecuciones  del  cielo;  y  su  última  destrucción  fué 


70  OBRAS  Históricas  de 


/^/ 


»€n  el  affof  de  ce  Tecpatl,  y  á  loa  tefetífíiíeve  días  ^  del  mes  Iz- 
caM  ew  un  dfa  Haínado  ce  ollin,  que  es  el  ptlftiem  de  su  sema- 
na, que  conforme  á  fe  nuestra  ftlé  el  año  1004,  á  treírUa  dios  dd 
mes  de  Mario.  Turo  Topüidn  dos  hijos  Varones,  el  primero  se 
ileüÉtíéXikUán  y  el  segundo  Fochcffí,  de  qüieiles  después  descen- 
dieron los  íeyes  de  (Mkuaeáfní  éste  escapó,  con  otros  señores 
j  álgtirtog  fullecas,  (qtíe  poblaron)  en  diversas  partes  de  la 
Nueva  España,  y  especíahtíente  en  las  riberas  de  la  laguna  de 
Texctíco  y  en  las  costas  del  mar  del  Sur  y  Norte. 


»lJkÁMA  BELÁCI05. 

[Extracto.'] 

El  número  y  nombre  de  los  reyes  "tultecas,  son  los  siguien- 
tes: Chakhiuhttandzin^  y  por  otro  nombre  QiiechaocaÜahinoUzin: 
29  TíiqxiechaocaUahinoltzin:  3?  Huetdn:  49  Totepeuh:  59  Nacaxxue: 
69  Tktcomihoa:  79  la  reina  Xiuhquentzin,  por  otro  nombre  Xiuh* 
•caUnn:  89  IztaccaUzin:  99  TopUizin. 

Tkbcmmhoa  violó  la  ley  que  fijaba  el  tiempo  del  gobierno  en 
cincuenta  y  dos  años,  reinando  cincuenta  y  nueve.  Él  constru* 
yó  el  templo  de  La  Rana, 

La  concubina  de  Iztaealidn  se  llamaba  Qudzalxochüzin,  y  era 
esposa  de  Papanízin.  Ambos  fueron  muertos  en  Tatolapa.  Tam- 
bién es  llamada  QudzalxuchüL 

Los  señores  que  invadieron  el  reino  Tultecá  se  llamaban 
Coanacotzin^  Htietzin  y  Mixiotzin^  de  las  provincias  de  la  mar 
del  Norte.  Al  décimo  año  del  reinado  de  TopiUnn  comenzaron 
el  hambre  y  calamidades  que  asolaron  su  imperio,  y  el  vegési- 
mo  tercero  fué  la  invasión  de  acjuellos  Régulos  que  lo  destruyó. 
Su  duración  fué  de  5?2  años. 


1  &ta  es  una  errata  palpable,  puesto  que  el  mes  Mexicano  solamente  tiene 
veinte  días. 


DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLILXOCHITL.         71 

LoB  Tultecas  vestían  unas  turneas  largs^  á  manera  de  los  ro- 
pones que  usan  tos  japoneses,  y  se  ponían  unos  á  manera  de 
sombreros,  hechos  de  pega.  Vinieron  por  el  Poniente. 


HIST0EÍÁ  CHICHISECA.  i 

IdacecMsm  ^  tuvo  aftiores  con  QudzcUxoMtziny^  esposa  de  un 
caballero  llamado  Papaninn^  descendiente  de  la  casa  real,  y  en 
esta  señora  tuvo  este  rey  á  TopiUzin;  y  aunque  adulteríno  le  su- 
cedió en  el  reino  ó  imperio,  que  fué  en  el  (año)  de  882,  que  asi- 
mismo se  llamó  ome  Agatl,  *  por  cuya  causa  algunos  de  los  re- 
yes y  señores  sus  vasallos  se  levantaron  contra  él.  Los  más 
señalados  fueron  Coanacotzin^  Huddn  y  ¡Rxiotdn^  reyes  y  seño- 
res de  las  provincias  que  caían  á  la  costa  del  mar  del  Norte.  * 

Luego  que  aparecieron  los  prodigios  y  que  los  sacerdotes  y 
adivinos  declararon  que  ellos  predecían  la  destrucción  de  la  mo- 
narquía Tulteca,  TopUtnn  hizo  llamar  á  sus  mayordomos  y  man- 
dó entregarles  sus  tesoros,  que  eran  los  mayores  que  hubo  en 
aquel  tiempo,  para  que  los  retirasen  á  la  provincia  de  Quia- 
huixÜan^  por  temor  de  los  reyes  sus  contrarios.  ^ 

Fué  tan  grande  la  seca  que  duró  veintiséis  años. 

En  la  fuga  que  emprendieron  los  restos  del  ejército  derrota- 
do de  TopiUdn^  las  primeras  víctimas  fueron  el  rey  viejo  Izíae- 
quauhtzin  su  padre  y  con  él  la  dama  QuetzalxochiU,  que  tenían 

1  Capítulo  III. 

2  £n  la  relación  anterior  86  le  llama  Tecpanealizin. 

8  Un  poco  más  adelante  se  la  llama  (^ueizalxoehiil^  y  en  la  última  relación 
anterior  XoeMÜ,  Esta  diferencia  no  es  tan  grande  como  la  que  se  establece 
entre  el  estado  j  calidad  de  la  persona,  pues  aquí  es  esposa  de  Papanüin  la 
que  alU  es  su  At^. — B. 

4  Es  inconciliable  con  la  cronología  anterior  que  fl}a  el  año  987. — S. 

5  Antes  se  dice  que  estaban  junto  al  mar  del  Sur, — B. 

6  Antea  Se  dice  que  estos  reyes  sus  enemigos  eran  de  las  prorincias  de  Qyia- 
huizilan, — ^B. 


H'i 


72  .       OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

entonces  ambos  casi  dentó  cimmenta  años;  y  en  las  provincias 
de  Totolapan  alcanzaron  á  los  dos  reyes  IztaccaUzin  y  Maxüa^ 
confederados  de  Topütziriy  en  donde  les  dieron  desastrada 
muerte. 

TochcueyCy  nodriza  de  PochoÜ^  salvó  á  éste  en  los  desiertos  de 
Nonoalco  adonde  lo  criaba. 

Este  fin  tuvo  el  imperio  de  los  TuUecas,  que  duró  quinientos 

setenta  y  dos  años^ y  sú  última  destrucción  fué  en  el 

año  de  ce  Tecpatl,  959,  bajo  el  pontificado  de  Joannes  XII^  en 
el  imperio  de  Othón  J,  y  reinando  en  Castilla  D.  Garda.  ^ 


y  /  ' ; »      LA  ORDEN  Y  CEREMONIA  PARA  HACER  UN  SEÑOR,  LA  CUAL 

CONSTITUYÓ  EL  BET  TOPILTZIlf,  SESOK  DE  TULA,  ES  LA  QUE  SIGUE:  3 

Asentábanlo  en  un  Yepel  ^  y  poníanle  una  manta  azul,  y  ayu- 
naba cuatro  días,  durante  los  cuales  estaba  encerrado  y  no  co- 
municaba con  nadie;  al  cabo  de  este  tiempo  salía  del  ayuno,  y 
estaban  esperándole  sus  vasallos  y  allí  lo  recibían  por  señor; 

1  Al  margen  se  encuentra  la  nota  siguiente: — ''Según  las  épocas  anteriores  y 
la  que  pone  al  fin  de  este  capítulo,  sólo  duró  el  imperio  Tulteca  ctiairocitnios 
cincuenta  y  seis  añoSj  aunque  se  cuente  desde  la  fundación  de  Tula  hecha  siete 
años  antes  de  la  elección  del  primer  rey;  que  si  se  cuenta  desde  esta  que  dice  el 
autor  en  el  capítulo  anterior  que  fué  en  el  año  510,  desde  él  hasta  el  de  959  que 
dice,  al  fin  de  este  capítulo,  que  fué  la  última  y  total  destrucción,  sólo  pasaron 
449  años." — En  la  Relación  13,  intitulada  Venida  de  Españoles^  etc.y  que  corre 
impresa,  dice,  que  la  monarquía  Tulteca  duró  562  años. — R. 

2  Parece  inconciliable  esta  fecha  con  la  que  fija  como  la  de  la  última  derro- 
ta que  sufrió  Topützin  y  que  decidió  irrevocablemente  la  ruina  del  imperio 
Tulteca.— R. 

3  Este  fragmento  se  encuentra  al  fin  de  la  última  Relación  de  la  Historia 
de  los  Señores  Chichimecas^  entre  las  Ordenamos  dQ  Nczahualcoyoil  y  las  noti- 
cias relativas  á  la  Venida  de  los  Españoles^  etc.   , 

4  Entiendo  que  debe  ser  Icpalli,  nombre  que  los  Mexicanos  daban  á  sus 
asientos  ó  sillas. — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  73 

y  este  Topütdn^  hecho  Señor,  al  cabo  de  cierto  tiempo  dijo  que 
quería  ir  á  donde  salía  el  sol  (ofreciendo)  que  vendría  dentro 
de  cierto  tiempo,  y  señaló  por  su  cuenta  ^  en  qué  año  vendría. 
La  cuenta  que  dejó  fué  en  el  año  de  ce  Acatl,  en  el  cual  llegó 
gente  Española  á  esta  Nueva  España;  y  con  él  se  fué  mucha 
gente;  y  en  cada  pueblo  donde  llegaba,  dejaba  alguna  de  ella,  y 
teníanle  por  ídolo  y  por  tal  le  adoraban.  Fué  á  morir  á  su  pue- 
blo, que  se  llama  MatlapaJlan^  y  dijo  que  él  vendría  para  el 
tiempo  que  tenía  dicho,  y  que  le  esperasen;  y  en  el  año  que  dijo 
vinieron  á  esta  Nueva  España  los  Españoles,  y  desde  que  los 
vieron  venir  de  donde  sale  el  sol,  tenían  entendido  que  era  lo- 
piUzin;  y  al  tiempo  que  este  TopiUzin  murió,  mandó  que  con  él 
quemasen  todo  el  tesoro  que  tenía.  Tuviéronlo  cuatro  días  por 
quemar,  al  cabo  de  los  cuales  lo  quemaron,  y  cogieron  la  ceniza 
que  se  hizo  de  su  cuerpo  y  echáronla  en  una  bolsa  hecha  de 
cuero  de  tigre;  y  por  esta  causa  á  todos  los  Señores  que  en 
aquel  tiempo  morían  los  quemaban. 

1  Esto  es,  "señaló  el  año  por  su  número  ó  símbolo. '^ — K. 


HISTORIA. 

1)0  I<M  SeSofM  OUcÉimeoMf  luittta  lá  tenida  de  loa  SsptAoles. 
PRIMERA  RELACIÓN. 

De  los  Señcres  Chichimeccu  pasados  del  gran  CMchimecaU  Tecuhíli  XoloÜ, 

Los  señores  Chichlmecas  tenían  sus  reinos  y  señoríos  hada 
la  banda  del  Septentrión,  que  cotrían  más  de  dos  mil  leguas  de 
largo,  y  de  ancho  casi  mil  leguas:  gente  bárbara  y  feroz  y  la  más 
fuerte  nación  que  hubo  y  tiene  hoy  día  este  Nuevo-Mundo, 
exceptuando  á  nuestros  Españoles.  Estos  Chichimecas  vestían 
en  su  natura  y  visten  hoy  día  de  pellejos  adobados  de  martas, 
leones,  tigres  y  otros  animales  feroces:  usaban  de  cutaras  de  pe- 
llejos de  animales:  sü  vestido  era  unos  jeoles  de  martas,  espe- 
cialmente los  reyes  y  señores,  y  sus  mantas  de  tigre,  león,  oso 
y  lobo,  y  el  cabello  largo  hasta  las  espaldas,  y  cortado  por  de- 
lante. Su  comida  era  todo  género  de  caza  y  panes  de  Mexquitl^ 
una  clase  de  árbol  que  da  una  fruta  seca,  dulce  y  sabrosa.  Su 
habitación  era  las  cuevas,  y  también  tenían  casas,  pero  cubier- 
tas de  paja.  Sus  armas,  arco  y  flecha:  y  también  usaban  de  cer- 
vatanas  los  Señores  para  ir  á  caza,  y  ellos  las  inventaron.  No 
se  casaban  sino  con  una  sola  mujer,  y  ésta  no  parienta  cerca- 
na, como  es  hermana  ni  tía  en  segundo  grado,  y  no  siendo  és- 
tas, casaban  con  parientas.  Cuando  morían  los  señores  se  en- 


76  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

terraban  en  sus  palacios,  y  los  villanos  en  sus  casas.  No  tenían 
ídolos:  llamaban  al  sol  padre  y  á  la  tierra  madre.  A  la  primera 
caza  que  tomaban  la  cortaban  la  cabeza  mostrándola  al  sol, 
como  sacrificándole,  y  labraban  la  tierra  donde  se  derramaba 
la  sangre  y  dejaban  puesta  la  cosa  que  sacrificaban.  Tenían 
también  ciertas  órdenes  de  gobierno  para  la  República,  ciuda- 
des, pueblos  y  lugares,  provincias  y  reinos,  distintos  unos  de 
otros:  Usaban  todos  los  palacios  muy  encalados:  comían  todas 
las  cosas  de  caza  asadas.  Las  mujeres  tenían  sus  huepiles  y 
enaguas  de  martas:  tambiéii  iban  calzadas  con  sus  cutaras.  Se 
coronaban  los  reyes  según  el  tiempo:  si  estaban  en  guerra,  con 
una  guirnalda  de  roble  con  unos  plumajes  de  águila  real  pues- 
tos hacia  el  cerebro  y  asidos  con  unas  joyas  redondas  de  oro 
y  algunas  piedras  preciosas  y  plumas  finas;  y  si  era  tiempo  de 
paz  y  de  aguas,  se  coronaban  de  laurel,  con  unos  plumajes  ver- 
des finos  de  una  ave  muy  preciosa  llamada  QuetzaltotoÜj  de  la 
misma  manera  que  los  otros;  y  el  tiempo  de  secas  se  corona- 
ban con  unos  ramos  que  se  crían  en  las  peñas,  blanquizcos  y 
una  flor  colorada  en  la  punta,  casi  (igual)  á  la  que  nosotros  lla- 
mamos Armisga^  la  cual  ellos  llaman  Teoxuchtíl^  que  quiere  de- 
cir jlor  de  Dim^  con  los  mismos  penachos,  Y  los  señores  se 
coronaban  con  la  que  se  cría  en  los  árboles,  que  son  aquellas 
barbasas,  que  propiamente  es  Amusga.  Poníanse  joyas  en  el 
pescuezo  y  en  las  muñecas  de  las  manos.  Usaban  en  las  guerras 
tocar  una  vocina  y  caracoles,  y  tenían  unos  atambores  y  tepo- 
naxtles.  Otras  muchas  costumbres  y  ritos  tenían  y  tienen  en 
su  naturaleza  que  sería  muy  largo  de  contar. 

Hay  muchos  géneros  de  Chichimecos,  unos  más  bárbaros 
que  otros,  y  otros  indómitos,  que  andan  como  gitanos,  que  no 
tienen  ni  rey  ni  señor,  sino  el  que  más  puede  ese  es  su  capitán 
y  señor,  y  otros  que  unos  á  otros  se  comen.  Elstos  tales  no  son 
del  linaje  de  los  de  esta  tierra,  porque  tienen  sus  repúblicas, 
ciudades,  pueblos,  etc.,  y  guardan  ciertas  leyes,  no  dejando  lle- 
gar á  éstos  á  sus  tierras.  Siempre  los  echan  y  los  traen  muy 
oprimidos,  no  dejándolos  en  los  poblados,  sino  en  tierras  aspe- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  77 

ras  y  desiertas,  donde  ellos  se  guarecen  muchas  veces.  Los  re- 
yes y  señores  Chichimecos  los  han  querido  poner  bien,  dándo- 
les señores  que  los  gobiernen;  (pero)  se  han  levantado  contra 
ellos  y  los  han  muerto:  y  así,  como  gente  perdida  los  dejan  y 
no  hacen  caso  de  ellos.  También  hay  otros  de  esos  Chichime- 
cos sin  señor,  que  son  grandes  idólatras  y  traen  consigo  al  de- 
monio un  ídolo  suyo.  Otras  muchas  costumbres  hay  en  esta 
nación,  que  sería  muy  largo  de  contar,  pero  vamos  á  las  que 
nuestra  historia  promete,  que  son  muy  diferentes  en  todo. 

Estos  hombres  (son)  valerosos  y  de  mucho  gobierno;  cum- 
plen su  palabra  y  no  la  quebrantan;  son  virtuosos  y  buenos  ami- 
gos, altos  de  pensamientos  y  de  obras.  Los  señores  valerosos  de 
esta  tierra,  por  sublimarse,  decían  que  eran  Chichimecos  inven- 
cibles y  obedecidos  por  toda  la  tierra;  y  llamar  á  un  rey  Chichi- 
TnecOj  era  como  decirle  la  más  suprema  palabra  que  se  puede 
decir,  y  todos  los  valientes  se  preciaban  de  este  nombre,  como 
aparece  en  sus  cantos  é  historias,  que  aún  hasta  hoy  cantan  los 
naturales,  especialmente  de  una  que  llaman  Canto  de  Mercade- 
res^ por  ser  de  peregrinación,  que  bien  interpretado  dice: — **¡0h 
Aculhuas  naciones! — Yo  soy  aquel  Chichimeco  que  fui  prosi- 
"guiendo  con  mi  rodella,  triste  y  pensativo,  adonde  tengo  de  ir 
"á  perderme,  ó  volver  con  bien,  aunque  con  trabajos  y  guerras. 
"Llegué  á  la  provincia  de  Tlapalan,  etc." — Este  canto  da  á  en- 
tenderlos trabajos,  peregrinaciones  y  conquistas  que  hizo  el  va- 
leroso Ixtiilxuchitl,  que  después  se  llamó  D,  Fernando^  Señor  de 
Texcuco,  que  fué  el  que  favoreció  y  ayudó  á  los  Españoles,  sir- 
viendo á  Dios  y  á  su  Majestad  con  su  persona  y  bienes  y  vasa- 
llos, donde  se  echa  de  ver  lo  mucho  que  estimaban  los  Señores 
de  esta  tierra  ser  descendientes  de  Chichimecos  y  el  nombre  de 
ellos.  (En)  otro  canto  (exaltaban)  las  grandezas  del  gran  Neza- 
hualcoyoÜ^  que  fué  el  mayor  y  más  poderoso  de  cuantos  hubo 
en  esta  tierra,  y  el  más  sabio,  recto  y  justiciero;  y  por  sublimar- 
le, después  de  haberle  dicho  que  su  fama  llegaba  hasta  lo  más 
alto  de  los  cielos  y  que  su  nombre  (llenaba)  todas  las  naciones, 
le  alababan  y  se  humillaban  á  él.   Le  dicen  luego — "eres  mo- 


78  OW/S  nt&tÓiaCA»  DE 

narca  Chicbiroeííatir — y  (a3Í)  hajr  otros  muchos  cantos  donde 
se  echa  de  ver  3er  la  nación  de  más  alta  prosapia,  y  la  genera- 
ción más  valerosa  de  cuantas  hay  en  la  Nueva  España,  ni 
hubo.^ 

Los  monarcas,  señores  Chíchimecas  antepasados  del  gran 
Chichim^Cftü  XoMl,  de  tos  que  se  les  halla  historia  y  pintura 
fueron  lofj  siguientes^  que  tenían  su  imperio  debajo  del  Septen- 
trión. ^ 

En  el  a&Q  de  te  Encamación  de  nueslro  Señor  Jesucristo, 
TRECE  AGATi.,  y  já  Ja  nuestra  542,  en  el  segundo  del  pontificado 
4e  VigiHo  U^  en  el  décimo  ^gundo  del  imperio  do  Juetítdaaioj 
en  el  mismo  del  gobierno  de  Tbevdip  en  España,  entró  á  gober^ 
nar  las  bárbaras  naciones  Cbichimecas  loavUzinj  estando  los 
Tultecas  en  Tulantzineo,  irece  aSíos  antes  de  la  fimdación  de  Tu*- 
la,  el  cual  fué  el  que  dio  un  hijo  suyo  por  rey  de  los  Tultecas, 
que  fué  el  primero  llamado  ChalíMvhtlanextdn^  como  ya  lo  teur 
go  declarado  (vid*  pág.  20),  gobernó  180  años,  y  murió  casi  á  lo 
último  de  ellos.* 

Lo  heredó  su  hüo  Moteloquidm^  hermano  mayor  de  Cfudehiur 
ilci,fiextmM§\^  g(^rnó  156  a&os,  y  al  último  de  ellos  aauríó.  ^ 

g$  dt  Nttzfihu^cojoU  que  ñ;é  el  major  7  qMU  poderctao  de  lo«  rtyes  qu«  )iu/- 
bo  en  esta  tierra,  pues  sabido  es  que  nuestro  historiador  descendía  de  los  reyes 
de  Texcoco,  7  que  al  exaltarles  abogaba  por  su  propia  causa.  Xste  es  acaso  el 
ina7or  defecto  de  sus  escritos. 

2  JSste  párrafo  estó  copiado  de  la  Cuarta  Rdaeión  de  la  Teroera  S$ri6. 

8  !^n  la  misma  lUUieión  citada  se  encuentivA  la  siguieiite  7  demás  varian- 
tes que  iré  notando,  con  respecto  á  la  sucesión  de  los  re7es  Chicbimecas. 
Icatihizin^  Yisabuelo  de  XoloÜ.  comenzó  á  reinar  en  el  año  matl^cti^i  om«t 
▲CATL,  18  cañas,  7  nuestro  499,  al  cuarto  del  Pontificado  de  Félix  III,  déci- 
mo tercero  del  Imperio  de  IZenón,  7  primero  de  Alarioo  en  España.  €tobern45 
cierUo  ochenta  añoa.  (Vide  la  nota  slguiepte.) — B. 

4  Mozeloquiizin  entró  á  gobernar  en  el  año  matljíctlonc^  ACÁtl,  once  ca- 
ñas, 7  en  el  nuestro  669,  en  el  décimo  segundo  del  pontificado  de  Yiteliano; 
segundo  del  imperio  de  Constantino  7  décimo  segundo  del  reinado  de  Bese- 
sundo  en  Bspafia.  Murió  después  de  haber  gobernado  ciento  cincuenta  y  acia 
añoa  en  el  año  MATLA.CTLI  TocHTLi,  diez  conejos,  7  en  el  nuestio  625,  en  el 


DOV  FEBXÍAXÚO  DE  ALTA  aOUUUHmUU  79 

Hay  aquí  dos  dudas,  la  una,  TÍvir  más  el  ber mano  mayor  que 
el  menor;  mas  á  esto  se  responde,  (que)  según  laparece  ^n  las 
historias  de  los  Tulteeas,  (éstos)  tenían  una  costumbre;  y  era 
que  no  habían  de  gobernar  sus  reyes  más  que  cincuerUa  y  dos 
aSlos^  como  ya  lo  tengo  declarado,  ^  y  así  antes  del  tiempo  les 
quitaban  la  vida  cumplidos  los  cincuenta  y  des  afios^  porque 
todos  morían  muy  mozos.  Y  la  otra  duda  sobre  cómo  podían 
viyir  tanto,  á  esto  se  responde,  que  aún  hasta  hoy  día  muchos 
naturales  viven  casi  den  años,  y  otros  pasan  de  ciento,  como  es 
D.  Lucas  Cortés  CkdaiUa^  como  ya  lo  tengo  declarado  arriba, 
que  está  para  vivir  otros  veinte  ó  treinta,  según  las  fuerzas  y  el 
buen  aspecto  que  tiene;  y  bien  se  le  hecha  de  ver  ser  muy  an- 
tiguo, según  él  dice  y  los  de  su  pueblo,  y  tener  defnio  oáio  años^ 
porque  demás  de  las  señales  que  da,  tiene  las  orejas  agujeradas 
y  el  bezote,  cuya  dignidad  no  se  daba  si  no  era  á  hombres  de 
guerra.  Otro  viejo  de  Tezontepec^  del  que  vi  un  papel  antiguo 
en  que  constaba  el  año  en  que  nació,  y  que  no  ha  tres  años  que 
murió,  tenía  ciento  treinta  años;  y  Tezozomoc^  rey  de  Áizcapuizal" 
eoj  descendiente  de  los  señores  Chichimecas,  vivió  trescienios 
años;  2  y  no  es  de  espantarse,  porque  los  reyes  de  esta  tierra 
vivían  mucho. 

Muerto  Mozdoquixlzin^  lo  heredó  su  hijo  Tlamacatzin^  el  cual 
gobernó  133  años,  y  el  último  de  ellos  murió,  que  fué  en  el  año 

segundo  del  Pontificado  de  Eugenio  segundo;  en  el  undécimo  del  imperio  de 
Ludoyico  I,  y  en  el  tercero  del  reinado  de  Ramiro  en  España. 

En  la  Relación  sucinta^  conservándose  los  mismos  números  k  los  años,  se  les 
dan  equivalentes  diversos;  así  es  que,  se  fija  el  principio  del  reinado  de  IcauK' 
izin  en  Quinientoa  treinta  y  uno,  j  el  de  Motetl  O^ixtzin  (así  se  le  llama)  en 
716,  y  su  muerte  en  871.— B. 

1  Sí;  mas  en  ninguna  parte  ha  dicho  ni  dice  que  mataran  á  los  reyes  antes 
de  cumplir  este  período.  Aquí  hay  alguna  laguna  6  descuido  del  copian- 
te.—R. 

2  La  falta  de  cronología  en  lo  que  á  los  primeros  tiempos  de  la  historia  se 
refiere,  hace  que  algunos  de  aquellos  personajes  primitivos  aparezcan  con  eda- 
des verdaderamente  imposibles.  Desde  que  la  cronología  se  fija  en  tiempos  pos- 
terioreS)  veremos  que  esos  absurdos  desaparecen. 


80  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLILXOCHITL. 

TRECE  ACATL,  al  tiompo  que  se  destruyeron  los  Tultecas,  y  con- 
forme á  nuestra  cuenta  el  año  de  1010  ^  heredándole  Axcauh- 
tzin^  hermano  mayor  de  XobÜ^  el  tercer  poblador  de  esta  tie- 
rra después  de  la  destrucción  de  los  Tultecas,  dejándole  al!á 
en  sus  tierras  gobernando  sus  bárbaros  Estados  al  tiempo  que 
vino  á  estas  partes. 

1  Esta  fecha  discrepa  de  las  anotadas  anteriormente,  entre  sí  mismas  bien 
discordantes. — R. 


SEGUNDA  RELACIÓN. 


De  ¡avenida  de  XoloU  á  esta  Herra,  cómo  lapobló ytomÓpoteHón  de  ella.  ^ 

En  el  año  de  ge  Tecpatl,  que  es  wi  pedemcU,  al  tiempo  que 
los  Tultecas  se  acabaron  de  destruir,  casi  á  los  últimos  de  él, 
tuvo  noticia  XoloÜ  de  los  exploradores  que  venían  á  ver  las  co- 
sas que  sucedían  en  las  tierras  y  reinos  de  TapiUzin,  y  de  sus 
calamidades,  y.  cómo  ya  de  todo  punto  se  habían  destruido  con 
grandes  guerras  y  persecuciones  del  cielo,  sin  quedar  persona 
ninguna;  sino  todo  despoblado  y  arruinado.  Acordó,  en  conse- 
cuencia, llamar  á  todos  sus  vasallos,  especialmente  á  los  Seño- 
res, para  tratar  con  ellos  de  que  él  quería  venir  á  poblar  esta 
tierra  de  nuevo,  por  ser  tan  buena  y  de  buen  temperamento, 
y  estar  despoblada  y  sin  contradicción  ninguna;  el  cual,  como 
hombre  valeroso  y  de  altos  pensamientos,  lo  puso  por  obra, 
enviando  á  llamar  á  seis  Señores  vasallos  suyos,  que  eran  de 
seis  provincias  muy  grandes  y  de  muy  extendidas  tierras,  los 
cuales  vinieron  dentro  de  cierto  tiempo,  y  juntos  todos  les  tra- 
tó su  intención,  animándolos  para  ello,  trayéndoles  cosas  á  la 

1  En  este  epígrafe  se  han  reunido  los  de  dos  capítulos  que  en  el  original  es- 
t&n  escritos  con  el  mismo  número  y  título  de  beoxtnda  belación;  ignoro  si 
por  equivocación  del  copiante,  6  porque  la  una  sea  segunda  parte  de  la  otra. 
Bn  su  propio  lugar  se  advertirá  dónde  da  principio  ésta,  y  se  asentará  su  pro- 
pio título. — B. 

Tomo  1—6 


82  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

memoria  y  prometiéndoles  muchas  mercedes;  á  los  cuales  to- 
do les  pareció  bien,  y  le  dieron  su  palabra  de  cumplir  todo  lo 
que  él  mandase  y  quisiese;  y  así  les  mandó  que  juntasen  todas 
sus  gentes,  así  hombres  como  miyeres,  haciendo  lo  propio  en 
su  ciudad  y  otras  partes,  y  juntos  todos,  que  ya  era  el  año  de 
1012,  ^  se  partió  con  todo  su  ejército  de  hombres  y  de  muje- 
res, y  depidiéndose  de  su  hermano  el  rey  Achcautzin,  que  re- 
sidía en  la  ciudad  de  Oyome^  cabecera  de  la  monarquía  de  los 
Chichimecos,  y  encargándole  mucho,  que  ciertos  vasallos  que 
dejaba  mirara  por  ellos,  y  que  le  avisara  de  todo  lo  que  suce- 
diera, y  despedido  de  su  hermano,  partió  para  esta  tierra  ^  con 
su  esposa  la  reina  Tomiyauh,  que  era  Señora  de  Tomiyauh  y 
Tampicoj  *  y  un  hijo  suyo  llamado  el  príncipe  NopaUdn,  ^  y 
con  los  seis  Señores  sus  vasallos,  sin  los  otros  muchos  parti- 
culares: andubo  dos  añas  por  diversas  partes,  dando  vueltas  por 
un  cabo  y  otro  hasta  llegar  á  Cu£cde<xíÜiohocayanj  en  donde 
reconoció  muchos  lugares,  pueblos  y  ciudades  de  los  Tultecas 
arruinados.  Y  en  todo  este  tiempo  que  anduvieron  por  diferen- 
tes partes,  adonde  hallaban  lugares  acomodados  y  montuosos 
para  caza,  se  pertrechaban  para  lo  de  adelante,  repartiéndose 
por  capitanías;  y  en  los  lugares  que  les  ieütaba  agua,  talaban 
magueyes  y  bebían  el  aguamiel  y  hacían  conservas  de  maguey, 
y  en  los  lugares  más  acomodados  ásu  propósito  venían  dejan- 
do algunas  gentes  y  algunos  nobles  para  sus  gobernadores. 
De  esta  manera  vino  Xolott  á  estas  partes  con  Zenzonxipil- 

1.  Habían  pasado  cinco  años  que  los  Tultecas  se  habían  destruídoi  y  estaba 
la  tierra  despoblada,  cuando  vino  á  ella  el  gran  Chichimeca  XoloÜ  á  poblarla^ 
teniendo  noticia  por  sus  exploradores,  de  su  destrucción,  que  fué  en  el  año  de 
96S  de  la  Encamación,  que  llaman  macuilli  Tecpatl  etc. — Así  comienza 
el  Capitulo  IV  déla  Historia  Chichimeca. — R» 

2  "El  cual  salió  de  hacia  la  parte  Seten trienal  y  de  la  región  y  pro- 
vincia que  llaman  Chicomoztoe.^^  (Cap.  IV.  citado). 

3  En  este  departamento  hay  una  laguna  que  se  llama  Tamiaffua,  y  con  el 
mismo  nombre  se  encuentra  una  hacienda  cerca  de  Zacatecas. — R. 

4  "Que  ya  era  mancebo  cuando  vino  á  estas  partes,  y  era  uno  de  los 

más  principales  caudillos  de  su  ejército.'' — (Cap.  IV.  citado). 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHTTL.  83 

¿ron¿K,  que  son  8.002,200  ^  hombres  y  mujeres,  según  aparece 
de  la  historia  y  se  halla  en  los  lugares  adonde  los  contó,  que 
fueron  en  más  de  cinco  á  seis  partes:  trayendo  cada  persona 
una  piedrecita  pequeña,  y  echándola  en  el  lugar  destinado  pa- 
ra el  efecto,  se  hicieron  á  un  lado  y  otro  dos  montones  muy 
grandes  de  piedras  pequeñas,  y  los  capitanes  y  nobles  traían 
piedras  mayores  que  las  de  la  gente  común.  Esta  fué  la  orden 
que  tuvo  XoloÜ  para  contar  y  saber  la  cantidad  de  gente  que 
traía  y  si  algunos  se  habían  vuelto  á  su  nación,  para  enviar  por 
ellos,  con  pena  de  muerte,  señalando  á  dos  Señores  de  sus  va- 
sallos para  tener  cuenta  de  esto,  y  á  ¿tros  caballeros;  y  á  es- 
tos lugares  les  quedó  el  nombre  de  lugar  del  contadero^  que  es 
NepohucUco.  También  contó  á  sus  vasallos  otras  dos  ó  tres  ve- 
ces en  esta  tierra,  como  fué  en  Nepohualco  junto  de  OztotipdCy 
pueblo  sujeto  á  la  provincia  de  Otumba,  y  otro  Nepohualeo  ade- 
lante de  Ecaiepec,  pueblo  que  está  en  el  camino  de  México  y 
tres  leguas  de  la  ciudad,  (formado)  al  tiempo  que  entró  en  Te- 
nayuoa  Oziepulco,  que  fué  muchos  años  cabecera  de  esta  Nue- 
va España,  como  adelante  se  verá. 

Llegando  con  su  ejército  á  Oueoptecatiychocaycm^  pasó  á  Co- 
huoMecmac  y  de  allí  a  Tepenec^  y  de  este  lugar  se  fué  á  Tula  ^ 
ciudad  cabecera  que  fué  muchos  años  de  la  monarquía  de  los 
Tultecas,  como  ya  está  referido  otras  veces,  el  cual  entró  por 
aquesta  ciudad  y  la  encontró  toda  destruida  y  yerma  y  mon- 
tuosa. Estuvo  allí  algunos  días  mirando  por  un  cabo  y  por 
otro,  si  por  ventura  hallaba  alguno  de  los  Tultecas  para  poder 
tomar  razón  de  toda  su  destrucción,  lo  cual  en  este  y  en  cuan- 
tos lugares  vido  de  los  Tultecas,  jamás  vido  persona  alguna, 
Dejando  en  este  lugar  alguna  gente  para  que  la  poblasen,  se 
fué  á  JMkquiahiutMa  y  de  Mizqaiahualla  á  Ihu^an^  ^  y  de  aquí  á 

1  "Sin  las  mujeres  y  niños  era  más  de  un  millón." — (Cap.  VI  citado.) 

2  Desde  aqui  comienza  en  el  Cap  IV,  es  decir,  desde  la  llegada  á  Tula,  la 
historia  de  la  peregrinación  de  los  diichimecas,  omitiendo  en  consecuencia, 
todos  los  pormenores  que  quedan  antes  relatados. 

3  Tochpan. 


84  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

un  lugar  de  muchas  cuevas  junto  á  Xáliocany  en  donde  estuvo 
algún  tiempo,  que  le  puso  XoloÜ  su  nombre  y  lo  pobló,  y  fué 
una  ciudad  en  mucho  tiempo  muy  buena  y  donde  vivió  muchos 
años,  que  ya  había  cinco  años  que  los  Tultecas  se  habían  des- 
truido, que  era  en  el  año  de  qnco  Tecpatl,  que  son  dnoo  peder- 
Tudea,  y  á  la  nuestra  1015  años,  en  el  sexto  del  Pontificado  de 
Benedicto  VIII^  en  el  décimo  séptimo  del  imperio  de  Enrique  11^ 
y  en  el  noveno  del  reinado  de  Bermudo  III  en  España. 

Pasado  algún  tiempo  después  de  haber  despachado  á  algu- 
nos de  los  Señores  sus  vasallos  con  gente  y  otros  Señores  par- 
ticulares, á  que  fueran  á  descubrir  tierras  y  ver  si  todavía  ha- 
bía algunos  Tultecas,  y  les  preguntaran  de  sus  calamidades,  de 
modo  que  no  los  inquietaran  ni  les  causaran  molestia  alguna, 
y  si  alguno  procediera  contra  esto,  fuera  luego  muerto  y  casti- 
gado con  todo  rigor;  y  que  si  U^^asen  á  algún  pueblo  ó  ciudad 
en  donde  hubiese  gentes,  tampoco  les  hiciese  ningún  daño,  si 
no  fuera  cuando  ellos  de  su  propia  voluntad  les  quisieran  ha- 
cer guerra,  que  entonces  les  conquistaran  y  siyetaran  á  fuerza 
de  armas:  hecho  todo  esto,  se  fueron,  su  hijo  el  príncipe  iVo- 
paltzin  y  otros  Señores,  con  el  ejército  poderoso,  dejando  en 
la  ciudad  de  Xoloc  algunos  caballeros  para  que  la  gobernaran. 
En  el  ínter,  se  dirigió  á  ZempoaUan  buscando  los  lugares  más 
acomodados  á  su  propósito,  y  de  aquí  á  Tepupuleo^  y  de  aquí 
á  OzloÜ  y  Ckxhuacallan^  á  TqKidepec^  y  de  aquí  al  cerro  llamado 
Alonan^  subiéndose  á  los  más  altos  montes  para  saber  y  recono- 
cer la  tierra,  que  todos  los  lugares  que  tengo  dichos  son  muy 
altísimos  y  sierras  grandes,  de  donde  se  reconoció  la  tierra  ó 
gran  parte  de  ella;  y  pareciéndole  que  hacia  el  Mediodía  había 
alguna  parte,  ^  por  ciertas  señales  de  humo  que  vido  por  el 
aire,  hacia  la  laguna,  envió  desde  aquí  á  su  hijo  el  príncipe  No- 
paüdn  con  la  mitad  de  la  gente  para  que  fuera  á  reconocer  por 
aquel  lado  si  había  alguna  gente  y  si  los  lugares  eran  buenos 
para  poder  poblar;  y  con  esto,  desde  aquí  se  volvió  á  su  ciu- 

1  Parece  quo  debe  decir:  "^«nte." — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  85 

dad  de  Xoloc  con  la  otra  mitad  de  su  ejército,  y  el  hijo  se  fué 
en  la  prosecución  de  su  demanda. 

El  primer  lugar  á  donde  éste  llegó,  fué  Oztoticpac,  lugar  de 
muchas  cuevas,  que  era  lo  que  más  buscaban,  y  de  aquí  á  Cb- 
huatipac^  y  de  ^  OudxaUauhco  Tepetiaoztoc,  y  de  aquí  á  Zinacdoz-- 
toe  lugar  adonde  él  y  sus  descendientes  vivieron  muchos  años; 
y  hoy  en  día  están  las  cuevas  muy  curiosamente  labradas  y 
encaladas,  con  muchas  caserías  y  palacios,  bosques  y  jardines; 
y  de  este  lugar  se  subió  al  cerro  de  Ouauhyaca,  en  donde  vido 
un  templo  muy  grande  de  los  Tultecas  que  estaba  en  aquellos^ 
llanos,  con  muchos  edificios  arruinados,  llamados  ToUeeatzo- 
pan^  y  de  aquí  un  cerro  alto  llamado  PcUlachiuhcan,  ^  y  de  Pa- 
Ücuihwhcan  á  Tezmtsinco^  ^  que  después  fué  bosque  de  sus  des- 
cendientes; y  luego  se  subió  por  la  sierra  de  Tlaloc,  que  es 
la  más  alta  que  hay  en  toda  la  comarca  de  Texcuco  y  México,, 
desde  donde  vido  todas  las  tierras  que  caen  hacia  Cholula, 
Huexotzincoy  TlaxcaUan  y  otras  muchas  tierras  y  provincias^ 
todas  despobladas  y  sin  gentes;  y  bajándose  de  aquí  vino  has- 
ta la  laguna  y  hasta  Oztodipac,  lugar  de  la  ciudad  de  TexcucO) 
y  (en  el)  que  muchos  años  vivieron  allí  sus  descendientes;  y  de^ 
aquí  á  JSuextUla,  y  de  aquí  á  Tachachalco,  adonde  es  ahora  Cb- 
hvaÜiehan^  y  de  este  lugar  á  OztoMectlacoyan,  de  aquí  á  TMa- 
noztoc;  y  después  de  haber  visto  todos  los  lugares  ya  referidos 
muy  buenos  y  para  su  propósito  y  habitación,  se  subió  á  un 
cerro  muy  alto  en  donde  reconoció  haber  humareda  en  tres  lu- 
gares, de  las  gentes  que  por  allí  vivían,  que  era  ya  apuestas  del 
sol,  los  cuales  fueron  (ó  eran)  en  TldxcaHan  y  en  la  sabana  de 
OuOiuacan  y  en  CkapuUepec.  Pareciéndole  que  por  allí  no  se 
podía  ir,  por  estar  la  laguna  de  por  medio,  se  volvió  á  Xoloo 
con  su  ejército,  pasando  por  Teotihuacan^  ciudad  muy  grande 
que  fué  de  los  Tultecas;  y  llegado  que  fué,  dio  á  su  padre  razón 

1  Es  probable  que  entre  éste  y  el  siguiente  nombre  falten  las  palabras  ^^y:de 

2  Quizá  el  mismo,  ó  cercano  á  lo  que  boy  se  llama  PacJmca, — ^K. 
8  Debe  ser  Tezcutzinco. 


86  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

de  todo  lo  que  había  visto  y  la  tierra  tan  buena  para  su  per- 
manencia, y  cómo  en  (algunas  de)  sus  partes  vido  como  (hu- 
mo) que  salía  de  las  casas  de  los  moradores  de  ellas.  Oída  por 
XoloÜ  la  razón  que  le  traía  su  hijo,  se  holgó  mucho,  y  antes 
que  él  viniera  á  XohÜ^  cuando  envió  á  su  hijo,  había  ido  á 
Cahuae^  ciudad  muy  grande,  que  había  sido  de  los  Tultecas, 
desde  donde  se  volvió. 

Pasados  algunos  días,  llegaron  los  Señores  que  había  des- 
pachado antes  que  saliese  de  Xoloc,  como  ya  lo  tengo  declara- 
do; los  cuales  le  dieron  razón  de  todo  lo  que  habían  visto,  y 
cómo  habían  ido  á  muchas  y  diferentes  tierras,  y  no  habían 
hallado  más  que  en  cinco  partes  á  algunos  caballeros  Tultecas 
con  algunos  vasallos  suyos,  que  les  dieron  razón  de  sus  cala- 
midades y  destrucciones,  y  cómo  por  las  costas  y  otras  tierras 
remotas  había  también  algunas  gentes,  y  que  para  su  habita- 
ción y  morada  estaba  muy  á  su  propósito,  en  parte  sana  y  bue- 
na^  un  lugar  junto  á  la  ciudad  que  fué  de  los  Tultecas,  llamado 
IhdtiUany  que  se  decía  Tenayuca;  el  cual  se  holgó  mucho  de 
oh*  esto,  y  luego  determinó  irse  á  Tenaytica,  en  donde  pobló  é 
hizo  una  ciudad  muy  grande,  que  fué  cabecera  muchos  años 
de  la  Nueva  España,  dejando  en  XoloU  ^  un  caballero  que  la 
gobernase.  ^ 

^  Estando  Xolcti  ediñcando  su  nueva  ciudad  de  TeTiayuoa, 
que  era  en  el  año  de  1015,  acordó  tomar  posesión  de  toda  la 
tierra  de  una  mar  á  otra,  y  para  esto  juntó  á  los  seis  Señores 
sus  vasallos  ^  (que  lo  acon4>afiaban  desde  la  salida  de  su  pa- 
tria, á)  los  cuales  les  decían,  al  primero  CatomaÜj  al  segundo 

1  El  autor  confunde  el  nombre  de  XoloÜ  con  el  de  su  ciudad  Xoloc. 

2  El  autor  omite  en  el  citado  Cap.  lY,  todos  los  pormenores  referidos  has- 
ta aquí  desde  la  llegada  de  XoloÜ  k  Tula,limitándo8e  á  decir  que  después  de 
varias  escursiones  hechas  por  sus  exploradores,  llegó  y  1^6  su  asiento  y  corte 
en  Tenayocan  OziopolcOj  lugar  de  muchas  cuevas. — R. 

8  Aquí  comienza  la  Segunda  Relación  anunciada  en  la  nota  puesta  al  prin- 
cipio de  ésta.  Su  titulo  es:  De  cómo  tomó  posesión  de  la  tierra  XoloÜ. — R. 

4  que  se  llamaban  AeatomaÜy  QuahuaÜí^cMUf  Oozcaquauh^  MiÜiziaeCy 

Teepan,  IztaequauhÜUa. — (Cap.  IV  citado.) 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  87 

CuauhÜapal  al  tercero  Cozcamah^  al  cuarto  MUliztany  al  quinto 
Tecpa,  al  sexto  IdacciuiuklR,  sin  otros  señores  particulares  va- 
sallos de  XoloUy  y  de  estos  seis  Señores  y  de  su  hijo  el  prínci- 
pe NopaUzin;  y  juntos  todos,  les  dijo,  según  aparece  de  sus  his- 
torias, que  quería  tomar  posesión  sobre  toda  la  tierra,  haciendo 
sus  mojones  en  los  más  altos  montes  y  cerros;  y  haciendo  sus 
atadijos  con  unas  yerbas  largas  que  se  crían  en  los  montes, 
que  se  llaman  maliiwM,  al  uso  del  esparto  de  España,  encen- 
der ftiego  sobre  ellos,  pues  sin  contradicción  ninguna  la  toma- 
ba por  suya,  no  quitándosela  á  nadie  ni  quebrantando  la  pala- 
bra de  su  bisabuelo  Icauhtzin^  pues  ya  todos  los  Tultecas  se 
habían  acabado,  y  si  había  algunos  eran  pocos,  y  éstos,  ^  con 
dejarles  tierras  á  su  gusto  donde  ellos  y  sus  descendientes  va- 
yan poblando,  señalando  y  repartiendo'  pueblos,  lugares,  pro- 
vincias y  ciudades,  con  las  diligencias,  ritos  y  ceremonias  que 
conviene  para  este  efecto,  haciendo  cercados  y  bosques  para 
todo  género  de  caza  con  que  sustentarse. 

Este  acuerdo  y  mandato  de  XoloÜ  les  pareció  muy  bien  á  los 
Señores  sus  vasallos;  y  luego  él  personalmente  con  su  hijo  el 
príncipe  Nopaüñn  y  alguna  gente,  así  nobles  como  plebeyos, 
salió  de  la  ciudad,  (que  cae  hacia  el  Poniente  respecto  de  aque- 
Ua  ciudad)  ^  y  se  ftié  derecho  á  un  monte  que  se  dice  XocoÜ^ 
que  cae  hacia  el  Poniente  respecto  de  aquella  ciudad,  muy  alto, 
se  subió  sobre  él,  y  fué  la  primera  parte  en  que  hizo  las  dili- 
gencias que  ellos  usaban,  tirando  un  Señor  Chichimeca  cuatro 
flechas  con  todas  sus  fuerzas  por  las  cuatro  partes  del  mundo, 
Occidente,  Oriente,  Norte  y  Sur;  y  después  atando  el  esparto 
por  las  puntas  y  haciendo  fuego,  y  otros  ritos  y  ceremonias  de 
posesión  que  ellos  usaban,  se  bajó  del  cerro,  que  es  en  el  pue- 
blo de  XocoHUan ^  leguas  de  Tenayuca^  y  se  fué  á  otro 

cerro  muy  alto  que  se  dice  ChiuhnavhtecaÜ^  ^  y  de  éste  á  MaM- 

1  Aquí,  para  qae  haya  sentido,  falta  algo,  como  v.  g.  quedar^lan  contentos. 

2  Lo  contenido  en  el  paréntesis,  es  una  repetición  escapada  al  copiante. — B. 

3  En  blanco  en  el  original. 

4  Xiuhnauhiecatlf  6  más  bien  el  Tolcán  de  Toluca  llamado  Xinantecatl. 


88  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

nctfco,  donde  iba  haciendo  las  mismas  ceremonias;  y  antes  de 
bajarse  del  primer  cerro  llamado  XocoÜ,  envió  á  cuatro  Seño- 
res por  hacia  las  cuatro  partes  del  mundo,  conforme  se  tiraron 
las  cuatro  flechas,  para  que  tomaran  posesión  de  toda  la  tierra 
que  había  sido  del  gran  Topützin,  de  una  mar  á  la  otra,  cada 
uno  con  su  ejército, porque  si  en  algunas  partes  hubiese Tultecas 
y  les  quisiesen  estorbar,  se  entendieran  con  las  armas;  y  si  bue- 
namente les  recibían,  los  dejasen  en  sus  tierras;  los  cuales  (los 
Señores)  cada  uno  se  fué  hacia  la  parte  que  le  cupo;  y  tornan- 
do Xoloti,  que  había  ido  hacia  el  Mediodía  respecto  de  Xocoti' 
tíán,  en  el  cerro  de  MaUnako^  dio  la  vuelta  entre  Oriente  y  Sur 
y  ñié  derecho  al  monte  de  Bzuoan^  en  donde  hizo  las  mismas 
diligencias,  y  de  aquí  al  monte  de  Aílixcahuacan^  y  de  aquí  á 
Temaldcayocan,  y  de  aquí  dio  vuelta  hacia  el  Norte  y  fué  dere- 
cho al  cerro  llamado  PoyauktecaÜ  y  á  XiubiecuhtíÜan,  y  de  aquí 
á  Zacatian  y  de  aquí  á  Tenamüec,  y  de  aquí  dio  vuelta  hacia  el 
Poniente  y  fué  á  salir  á  Ouauhchinanoo^  á  Tototqpee  y  de  aquí  á 
Mextidan^  á  Ouaxqtidzaloyan,  y  de  aquí  á  AtoUmüco,  y  de  aquí 
dio  vuelta  hacia  el  Mediodía  y  vino  á  salir  á  Ouahuacan,  y  de 
aquí  á  XocotiOan^  donde  había  comenzado,  y  luego  á  su  ciudad 
de  Teimyuca  á  ordenar  lo  que  sigue: 

Después  de  haber  hecho  XoloÜ  la  demarcación  que  hizo,  y 
enviado  á  los  cuatro  Señores  para  tomar  posesión  de  la  demás 
tierra  que  quedaba  de  una  mar  á  otra,  y  estando  ya  en  la  ciu- 
dad, mandó  repartir  toda  la  tierra  que  estaba  dentro  de  esta 
primera  demarcación  á  todos  sus  vasallos,  dándole  á  cada  no- 
ble la  gente  que  le  cupo  y  un  pueblo  para  que  fundase  con 
ellos,  é  hizo  esta  demarcación  primera  para  poblarla  con  la  gen- 
te que  tenía;  y  la  segunda,  que  fué  de  toda  la  tierra  de  una  mar 
á  otra  á  donde  envió  los  cuatro  Señores,  para  que  los  que  se 
fueran  multiplicando,  y  los  que  vinieran  se  fueran  acomodando 
poco  á  poco  y  poblando  toda  ella,  como  después  sus  descen- 
dientes la  poblaron,  poniendo  á  cada  pueblo  el  nombre  del  no- 
ble que  lo  poblaba,  y  en  los  lugares  señalados  de  los  Tultecas, 
como  eran  las  ciudades,  no  quitándoles  el  nombre;  lo  cual  así 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  89 

se  hizo,  como  aparece  en  la  demarcación  que  en  la  ciudad  de 
Azcapatzalco  ^  le  cupo  á  un  caballero  llamado  IxpuizcU^  y  asi  se 
llamó  este  lugar  primeramente,  aunque  después  se  corrompió 
el  vocablo  poniéndole  Azcapotzalco,  que  quiere  decir  hormigtiero^ 
por  haber  sido  una  de  las  mayores  ciudades  que  ha  tenido  esta 
tierra;  y  en  Tlacopan  se  decía  TlaeamancUzin^  y  se  echa  de  ver 
que  casi  es  lo  propio;  y  con  estos  dos  basta  para  que  se  entien- 
da el  origen  y  nombre  de  los  pueblos,  por  excusar  prolijidad. 
Pasados  casi  cinco  añoa^  que  ya  era  en  el  año  diez  Galu,  que 
son  diez  casas,  y  á  la  nuestra  1020  de  la  Encamación,  volvieron 
los  cuatro  señores  que  habían  ido  á  tomar  posesión  de  toda  la 
tierra,  á  darle  razón  á  XoloÜ  su  señor  de  lo  que  habían  hecho: 
en  las  costas  del  mar  de  Sur  y  Norte  había  gente  Tulteca,  como 
era  TecuanUpec,  Tototepec,  Ouaktemallany  TecocoÜan,  Ouavhoar 
cualco,  Xiuhoohuac  y  otras  partes,  que  como  estos  Tultecas  los 
recibían  bien,  dejándoles  tomar  posesión  libremente  y  dándose 
por  vasallos  suyos  de  XohÜ,  y  como  les  habían  dado  tierras  á 
su  gusto,  donde  poblaran  ellos  y  sus  vasallos,  á  fin  de  todo  lo 
que  habían  hecho,  dieron  razón  á  XobÜ  su  Señor;  el  cual  se 
holgó  mucho  y  les  dijo  todo  lo  que  él  acá  había  ordenado  y 
mandado,  lo  cual  tuvieron  por  bien  holgándose  de  ello.  Cum- 
plidos ocho  años  2  que  estaba  en  esta  tierra,  vino  otro  señor  Ghi- 
chimeca,  vasallo  suyo,  con  algunos  Chichimecas  de  allá  de  su 
patria,  dándole  razón  de  todo  lo  que  había  pasado  desde  que  él 
salió  hasta  que  este  Señor  se  vino,  que  se  llamaba  Xiotecua:  se 
holgó  mucho  de  verle,  y  le  dio  un  lugar  donde  poblaran  él  y  sus 

1  Aizeapoizaleo. 

2  £n  el  capítulo  4?  de  la  Historia  Chiehimeea  Be  refieren  estos  sucesos  de 
la  manera  siguiente: — "Había  poco  más  de  veinte  años  que  este  gran  poblador 
'^  [XoloÜ']  estaba  poblando,  cuando  comenzaron  á  venir  otros  seis  caudillos  de 
"su  misma  nación,  también  con  cantidad  de  gente,  que  venían  en  su  segui- 
"  miento,  entrando  cada  caudillo  un  año  tras  otro;  el  primero  se  llamaba  Xi- 
"  yoteeua^  el  segundo  Xiyotzoncua^  el  tercero  Zacaüiechcochi^  el  cuarto  HuU 
"  huaxtirij  el  quinto  TepoUonieaea^  y  el  sexto  y  último  lizquinieeua^  á  los  cuales 
"  recibió  y  mandó  poblar  en  las  tierras  y  términos  de  Tepetlaozioc,*' — Parece 
que  las  variantes  pueden  explicarse  con  los  descuidos  del  copista. — R. 


90  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

vasallos,  y  que  hicieran  un  cercado  de  todos  géneros  de  caza, 
para  que  le  tributaran  y  le  dieran  de  esto  reconocimiento.  El 
año  siguiente  vino  otro  asimismo  vasallo  suyo,  llamado  Xiotzo- 
necua,  y  luego  cuaJbro  años  después  fueron  viniendo  otros  cua- 
tro, también  vasallos  suyos,  y  que  el  primero  se  decía  Zacatítex- 
cotzin^  el  segundo  Huüzihuaaizin,  el  tercero  Tepozotecua^  y  el 
cuarto  JzcuiUoah,  los  cuales  todos  eran  vasallos  de  XohÜ  y  de 
su  mujer  Tomiyauh^  que  también  traían  cierta  cantidad  de  Chi- 
chimecos,  que  á  todos  les  dio  tierras  XoloUsxx  Señor,  en  donde 
poblaron,  y  les  mandó  hiciera  cada  uno  de  éstos  un  cercado  de 
caza  para  el  tributo  y  reconocimiento  que  le  habían  de  dar;  y 
aparece  por  la  historia  que  fueron  los  lugares  de  TepeÜaodoc 
y  Oztotipacj  Tmayucan  y  otras  partes.  Eran  estos  Ghichimecas 
casi  indómitos;  por  eso  no  quiso  Xohtt  darles  tierras  largas  y  an- 
chas donde  poblaran  y  fuera  de  la  demarcación  que  hizo  perso- 
nalmente, sino  lugares  pequeños  y  cercados  de  los  otros,  y  con 
más  reconocimiento  y  menos  libertad  que  los  otros,  temiéndose 
de  ellos  no  en  algún  tiempo  viéndose  fuera  de  los  otros  y  le- 
jos de  la  corte,  se  alzaran  como  otras  veces  lo  habían  hecho  sus 
pasados,  porque  era  una  gente  soberbia  y  muy  sobre  sí;  los  cua- 
les, andando  el  tiempo,  vinieron  a  alzarse,  con  estar  tan  cerca 
de  los  otros,  como  adelante  se  verá. 

Después  de  sucedidas  las  cosas  referidas,  murió  Xiuhiemoc^  el 
Señor  de  Gulhuacán,  Tulteco  de  los  que  escaparon  como  ya  lo 
tengo  dicho,  heredándole  el  señorío  NauhyoÜ  su  hijo,  el  cual 
fué  el  primero  que  se  hizo  reconocer  por  legítimo  sucesor  del 
señorío  de  los  Tultecas,  convocando  y  llamando  á  todos  los  de- 
más caballeros  que  estaban  en  diferentes  partes  para  que  lo  ju- 
raran, los  cuales,  que  ya  iban  multiplicándose,  todos  vinieron  á 
Culhuacan  y  á  gusto  de  todos  fué  jurado  por  rey  de  los  Tulte- 
cas, aunque  desde  este  tiempo  tomaron  nombre  de  Cxdhuaa^  por 
ser  su  cabecera  Culhuacan;  y  este  Nauhyott  fué  el  primer  rey  de 
Gulhuacán,  Tulteca,  el  cual  casó  con  Iztapantzin  hija  de  Pixa- 
huay  Tulteco,  Señor  de  Cholula,  como  ya  lo  tengo  declarado,  y 
deudo  muy  cercano  suyo,  de  la  casa  y  linaje  de  los  reyes  Tul- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  91 

tecas;  y  casado  con  esta  señora  tuvo  en  ella  una  hija  que  se  lla- 
mó Ibxochipantzin:  pasados  algunos  años,  cuando  ya  esta  Toxo-  \ 
ckiparUzin  era  de  edad  de  veinte  años,  acordándose  NauhyoÜ  de 
Pochoüy  hijo  legítimo,  sucesor  del  gran  TopiHzin^  que  ya  era  de 
edad  de  más  de  cuarenta  años^  y  que  estaba  en  Cuauhtitencoy 
lugar  cerca  de  Tula,  con  la  ama  que  le  había  criado,  con  hartos 
trabajos  y  miseria,  según  aparece  en  la  original  historia,  com- 
padeciéndose de  él  y  de  cómo  aquella  dignidad  que  tenía  (per- 
tenecía) á  él  de  derecho,  acordó  casarlo  con  su  hija  para  que 
en  muñéndose  heredara  el  reino  sin  contradicción  ninguna.  Le 
mandó  llamar  y  los  casó,  con  muchas  fiestas  y  regocijos  y  á 
gusto  de  todos,  con  los  ritos  y  ceremonias  que  ellos  usaban,  que 
eran  sentarlos  en  una  sala  muy  grande  adornada  con  muchas 
flores,  en  medio  de  ellos  un  fogón,  el  hombre  sentado  al  lado 
derecho  en  su  silla,  y  la  mujer  á  la  izquierda  en  su  estrado,  y 
diciéndoles  ciertas  palabras  que  habían  de  cumplir  y  guardar, 
los  ataban  con  sus  mantas  el  uno  al  otro,  y  echando  liquidám- 
bar  é  incienso  y  copal  en  el  fogón  con  que  los  zahumaban,  y  les 
echaban  en  el  pescuezo  cadenas  de  flores,  y  guirnaldas  en  la 
cabeza;  luego,  de  allí  á  un  rato,  después  de  haberles  dado  el  pa- 
rabién, los  llevaban  al  templo  con  muchas  fiestas  y  danzas;  su- 
bían las  gradas,  sólo  ellos  y  sus  padrinos  y  padres,  quedando 
toda  la  gente  abajo.  Salía  á  la  puerta  del  templo  un  sacerdote 
revestido,  y  los  perfumaba  con  un  incensario,  y  luego  los  lleva- 
ba de  la  mano,  poniendo  al  varón  al  lado  derecho  y  á  la  hem- 
bra al  izquierdo,  y  los  llevaba  juntos  al  altar  del  ídolo  ó  demo- 
nio, el  sacerdote  mayor,  diciendo  ciertas  oraciones:  se  volvían, 
y  les  ponía  unas  mantas  muy  galanas,  que  en  medio  de  ellas 
estaba  pintada  la  muerte,  tornándoles  otra  vez  á  perfumar:  sa- 
lían del  templo  y  al  bajar  las  gradas  les  daban  otra  vez  el  pa- 
rabién, é  iban  las  danzas  y  se  hacían  fiesta  hasta  su  casa,  en 
donde  comían  y  se  holgaban  todos  aquel  día;  en  la  noche  los 
encerraban  en  el  aposento  adonde  habían  de  consumar  el  ma- 
trimonio según  su  modo.  De  este  modo  se  casaban  los  Tulte- 
cas  y  Señores  que  fueron  de  esta  tierra,  del  modo  que  lo  tengo 


92      OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

declarado,  según  aparece  en  el  casamiento  de  PoohoÜ,  el  cual 
tuvo  dichoso  matrimonio  con  esta  señora,  teniendo  en  ella  cinco 
hyos,  los  cuales  fueron:  el  primero,  Achüometl^  que  heredó  el 
reino;  el  segundo,  que  fué  hembra,  se  llamó  Aztaxochitzin,  la 
cual  murió  de  edad  de  veinte  años  siendo  doncella;  el  tercero, 
Mazahuatzin;  el  cuarto  AzcaÜxochüzin,  que  casó  con  el  príncipe 
Nopaltzin;  el  quinto,  Iztcuizontzin.  A  estos  dos  últimos,  siendo 
ya  grandes,  los  envió  á  Ikduca  con  sus  ayos  y  amas  para  que 
allá  los  criaran,  dejando  sólo  al  sucesor  consigo. 


TERCERA  RELACIÓN. 


De  úbmo  dio  tenorios  á  lot  seit  Señores,  y  venida  de  los  AeuXhwu. 

A  los  primeros  días  del  año  de  ce  Tecpatl  Xiuhtlalpilu,  que 
es  un  pedernal^  atadizo  de  añds,  y  á  la  nuestra  1063  de  la  En- 
camación de  Cristo  Señor  nuestro,  en  el  segundo  año  del  Pon- 
tificado de  AlgandroII,  al  sexto  del  imperio  de  Enrique  IV  y 
el  último  del  reinado  de  Femando  I  en  España,  acordó  XoloÜ 
darles  señoríos  á  estos  Señores  vasallos  suyos,  y  para  esto  los 
llamó  y  les  mandó  de  esta  manera:  que  á  Cohuatlapal  y  Cbz- 
caeuauh  les  daba  hacia  la  parte  del  Sur,  para  que  ellos  y  sus 
descendientes,  ftiera  de  la  primera  demarcación,  fueran  poblan- 
do con  sus  vasallos  y  fueran  señores  de  todo  aquel  lado,  ellos 
y  sus  descendientes,  dándoles  por  cabecera  de  sus  reinos  y  se- 
ñoríos á  Mamalihudzoo^  haciendo  aquella  ciudad  dos  cabeceras, 
una  para  Cozcacuauh  y  las  provincias  y  tierras  que  le  cupiesen, 
y  otra  para  Cohuatlapal  por  lo  consiguiente;  y  á  Acai&mati  le  da- 
ba, hacia  la  parte  del  Norte,  para  cabecera  de  su  reino  y  pro- 
vincias, ZoRuatepeU;  y  á  MU,  hacia  la  parte  del  Oriente,  dándole 
aquel  lado  y  por  cabecera  de  su  reino  la  ciudad  de  Tepeyaca^ 
por  ser  ayo  y  maestro  de  su  hijo  el  príncipe  NopaUzin;  y  á  Tec- 
pa  é  IzcaeuauhoUi  les  dio  hacia  la  parte  del  Poniente,  dándoles 
á  Anuixahuacan  por  su  cabecera,  con  la  misma  orden  de  los  de 
Mamalihuazco^  y  que  solamente  le  dieran  cierto  reconocimiento 


94  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

cada  año  como  á  su  Rey  y  Señor  monarca,  él  y  sus  descendien- 
tes; de  lo  cual  se  holgaron  mucho  y  dieron  su  palabra  de  cum- 
plir todo  lo  que  se  les  mandaba,  ellos  y  sus  descendientes,  res- 
petándolo como  su  señor  y  monarca,  y  sus  sucesores;  y  con 
esto  se  fué  cada  uno  á  la  parte  que  le  cupo. 

En  este  mismo  año,  después  de  dados  los  reinos  y  señoríos  á 
los  seis  Señores,  llegaron  los  tres  Señores  AcuOmaa^  llamados: 
el  primero  y  más  principal,  AciUhua;  el  segundo,  Chiconeuauhy 
y  el  tercero  Tzontecorrui^  con  mucha  cantidad  de  vasallos,  entre 
los  cuales  trajeron  también  consigo  la  nación  de  Otamüesj  que 
teniendo  noticia  de  la  grandeza  del  gran  XoM,  cómo  había  to- 
mado posesión  de  toda  la  tierra,  y  la  iba  poblando,  vinieron  á 
darle  la  obediencia,  y  que  les  diera  tierras  donde  poblasen;  y  él 
se  holgó  mucho  de  verlos,  porque  era  gente  polífica  y  de  buen 
gobierno,  y  dándoles  tierras  para  que  poblasen,  casó  á  dos  de 
ellos  con  dos  hijas  que  tenía,  hermanas  del  príncipe  NopaÜdn^ 
que  después  nacieron  en  esta  tierra:  al  más  principal,  que  era 
AcuUmaj  le  dio  á  su  h^a  la  mayor,  llamada  OaaíUixoohiÜ^  con 
la  ciudad  de  Atzcapidxaloo  por  cabecera  de  su  reino  y  señorío; 
con  otras  muchas  tierras.y  provincias  que  poblaron  sus  vasallos; 
y  á  Chiconcuauh^  le  dio  una  h^a  menor  llamada  Cihuaexochi  y 
la  ciudad  que  era  de  XaUocan  por  cabecera  de  su  señorío,  con 
otras  muchas  tierras  para  que  poblasen  sus  vasallos;  y  á  Tzon- 
tecoma  le  dio  á  Acohiudlichan  Acolhuacan^  que  así  se  llamó  des- 
pués, por  cabecera  de  su  señorío,  y  otras  tierras  para  que  sus 
vasallos  poblaran  como  los  demás  sus  compañeros,  casándolo 
con  una  señora  llamada  Qhuatdzin,  hija  de  GudchiuManetzin, 
Señor  de  TUdmanalco,  Tulteca,  y  nieto  de  Pixahua.  De  esta 
manera  los  acomodó,  diciéndoles  que  solamente  lo  habían*  de 
reconocer  como  á  su  señor  y  monarca,  sin  tributo  ninguno. 
Estos  Aeidhiuis  eran  de  adelante  de  las  provincias  de  Jü/íc- 
kuacan  (Mechoacan),  gente  corpulenta,  y  también  Chichimecos. 
Vestíanse  unas  túnicas  largas,  de  pieles  curtidas,  hasta  los  car- 
cañales, abiertas  por  delante  y  atacadas  con  unas  á  manera  de 
agujetas,  y  sus  mangas  que  llegaban  hasta  las  muñecas  de  las 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  95 

manos,  y  sus  cutaras  de  cuero  de  tigre  ó  de  león;  y  las  mujeres 
sus  huepiles  y  enaguas  de  lo  propio,  y  el  pelo  largo,  ni  más  ni 
menos  que  los  de  XolatL  Sus  armas  eran  arco  y  flechas  y  lan- 
zas. Trajeron  un  ídolo  que  adoraban  al  que  llamaban  Cbcopítf, 
y  en  todo  se  parecían  á  los  Chichimecos  de  la  nación  de  Xoktt^ 
excepto  en  ser  idólatras  y  tener  ritos  y  ceremonias  de  idolatría 
y  usar  de  templos  y  otras  costumbres.  Estos  Aculhuas  andu- 
vieron por  diversas  partes  euarerúa  y  nueve  aflos,  según  se  lo 
significaron  á  JToM  hablándole  de  sus  peregrinaciones  y  de  que 
eran  cincunvecinos  de  los  Hue¡/ÜapaUecas  TuUecas  que  destru- 
yeron á  los  Tultecas  de  esta  tierra.  Otras  muchas  cosas  hay 
acerca  de  estos  Aculhuas,  que  sería  muy  largo  de  contar 
por  relación  de  todo,  y  así,  baste  lo  dicho  para  conocer  su 
origen. 

Hacía  ochenta  y  un  años  que  los  últimos  Chichimecos  tribu- 
tarios habían  venido,  que  según  la  original  historia  fué  en  el 
año  CE  ACATL,  treinta  y  nueve  años  contados  de  la  venida  de 
los  Aculhuas,  que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  de  1102, 
en  el  tercer  año  del  Pontificado  de  Pascual  II,  pocos  años  des- 
pués que  tomó  Oodofredo  á  Jerusalen,  á  los  42  del  imperio  de 
Enrique  IV  j  á  los  29  del  reinado  de  Alfonso  VI  en  España, 
cuando  vino  lamitij  hijo  del  señor  Tzontecoma  á  CohuaÜiehan 
Aoolhuacan  á  ver  á  Xolotí,  para  pedirle  le  hiciera  merced  de 
dar  algunos  de  los  pueblos  de  los  Chichimecos  tributarios  á  un 
hijo  suyo,  mancebito  de  poca  edad,  llamado  Huetzin  y  nieto  de 
Cozcacuauh  su  vasallo.  Este  señor  estaba  casado  con  Malinal- 
xuchi  hija  de  Cozcacuauh,  uno  de  los  seis  Señores  vasallos  de 
Xoloti,  el  cual  se  holgó  mucho  de  verle  y  le  hizo  merced  de  Te- 
peüaoztoc  y  otros  lugares  de  los  Chichimecos  tributarios;  y  por 
esto  la  historia,  para  dar  á  entender  cómo  los  Señores  Chichi- 
mecos  cumplían  todos  su  palabra  y  parecer,  que  á  Tzontecoma  el 
dio  la  palabra,  ya  que  no  lo  casaba  con  hija  suya,  de  casarlo 
con  hija  de  algún  Señor  vasallo  suyo  de  los  más  nobles,  y  que 
á  él  y  á  todos  sus  descendientes  los  favorecería  mucho  y  les 
haría  mercedes  en  todo  lo  que  se  les  ofreciese;  y  así  IxmiÜ, 


96  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

acordándose  de  estas  palabras,  determinó  ir  á  ver  á  su  rey  pa- 
ra que  las  cumpliese  como  lo  hizo,  el  cuál  se  hallaba  entonces 
en  unos  jardines  que  había  fuera  de  la  laguna  grande,  recreán- 
dose, en  compañía  de  su  hijo  NopaUzin. 

Estando  esta  tierra  de  la  manera  que  hemos  contado,  y  re- 
cien venidos  los  Aculhuas,  determinó  XoloÜ  casar  á  su  hyo  el 
príncipe  NopaUzin^  y  viendo  que  para  su  calidad  no  había  otra 
persona  á  propósito  sino  la  infanta  AzcaÜ  Xuchül^  hya  legítima 
del  príncipe  PochoU  y  nieta  de  Topütdn^  cuyas  tierras  él  pobla- 
ba por  su  destrucción,  la  cual  fué  traída  de  Toluca,  que  allá  co- 
mo tengo  dicho,  su  padre  la  había  enviado;  y  traída  la  casaron 
con  NopaUzin^  haciéndose  grandes  fiestas,  hallándose  en  ellas 
todos  los  Señores  sus  vasallos  y  muchas  gentes.  Casados  que 
fueron,  dentro  de  poco  tiempo  tuvieron  un  h^jo  que  se  llamó 
TtoUzin^  y  PochoU  por  su  abuelo,  el  cual  fué  tercer  Señor  Mo- 
narca Ghichimeca  que  hubo  en  esta  tierra,  y  luego  de  allí  á  po- 
co tiempo  tuvieron  otro  hijo  llamado  ToaieguihucUzin^  y  el  úl- 
timo, que  fué  Ateoatzin  Apotzodzin;  estos  hijos  tenían  á  los  siete 
años  de  casados,  y  uno  bastardo  que  tuvo  NopaUzin,  llamado 
TeTicUcacaUzinj  que  después  tiranizó  los  reinos  del  legítimo  su- 
cesor su  sobrino  Quinatzin. 

De  allí  á  tres  años  que  IxmiÜ  pidió  las  mercedes  dichas  á 
XoloU,  que  era  en  el  de  ce  Tegpatl,  y  á  la  nuestra  1116,  casi  al 
principio,  se  fué  NopaUzin  con  algunos  criados  hasta  ZacaÜan, 
para  ver  si  aquella  tierra  era  buena,  pues  quería  pedirla  á  su 
padre  para  sus  hijos  los  dos  infantes  menores.  Ido  que  fué  y 
visto  que  toda  aquella  tierra  era  muy  buena,  y  que  los  que  la 
habían  poblado  se  iban  multiplicando,  se  alegró  mucho,  y  es- 
tando allí  se  acordó  de  su  ayo  el  Señor  de  Tepeyaca,  que  hacía 
muchos  años  que  no  lo  veía,  y  acordándose  de  lo  mucho  que 
lo  quiso  cuando  lo  criaba  en  su  patria  y  naturaleza,  y  estando 
triste  y  pensativo,  quiso  ir  á  verle  á  su  ciudad  y  de  allí  volver- 
se á  Texcuco,  adonde  le  dijeron  que  estaba  su  padre  haciendo 
un  cercado  y  bosque  para  caza  y  montería  con  cuatro  provin- 
cias que  para  el  efecto  había  llamado,  que  eran  TepepulGo,  Zem- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  97 

pohualcan^  Tolantzinoo  y  Tula:  fué,  pues,  y  estuvo  algunos  días 
con  su  ayo  holgándose,  y  después  se  volvió  derecho  á  Texcuco, 
adonde  halló  ásu  padre  que  acababa  de  cercar  un  cerro  que 
estaba  detrás  de  TecuabAny  y  metido  en  ^1  muchos  venados, 
conejos  y  liebres,  y  estaba  levantando  unas  casas,  y  allí  le  dio 
cuenta  de  lo  que  le  había  sucedido,  y  cómo  había  ido  á  ver  á 
su  ayo,  y  á  Zaoatlan,  para  pedirle  le  hiciese  merced  de  darle 
aquel  lugar  á  sus  dos  hijos  los  menores,  nietos  suyos,  el  cual 
se  holgó  de  ello,  y  luego  les  envió  por  Señores  á  aquella  par- 
te, dándoles  á  Toxtequihuatzin^  TzacaÜan  por  su  cabecera,  con 
otras  muchas  tierras,  pueblos  y  lugares;  á  Apotzoddn^  en  Tena- 
müec  con  la  misma  orden;  y  despidiéndolos  se  enterneció  Xo- 
totó  y  su  hijo  NopaMzin,  viendo  que  estos  dos  infantes,  que  eran 
muy  mancebitos  y  de  poca  edad,  les  enviaban  á  partes  algo 
descuidadas  de  la  corte,  demostrando  en  esto  la  historia  lo  mu- 
cho que  los  Señores  Chichimecas  querían  á  sus  hijos,  y  cómo 
de  poca  edad  los  ocupaban  en  cosas  graves.  Asimismo  mandó 
Zofotf,  que  su  nieto,  el  legítimo  sucesor,  fuese  á  TlazaUan  por 
Señor,  hasta  que  él  ó  su  padre  ordenasen  otra  cosa;  y  antes 
de  irse,  le  casaron  con  la  infanta  Toepa/ixochitzin  hija  de  Ouor 
huaüapal  y  de  XUoxochüsAn^  uno  de  los  seis  Señores  que  trajo 
XoloU  consigo,  con  mucho  regocyo  y  ñestas;  y  estando  en  su 
Señorío  de  TlazaUan,  tuvo  en  esta  señora  dos  hy  as,  la  primera 
llamada  MalvMUxockUdn,  que  casó  con  Ouahv<xÜapal,  hijo  de 
uno  de  los  seis  Señores  que  trajo  Xohtt  su  visabuelo  consigo, 
y  la  segunda  AzUaUxochiU,  que  casó  con  TlaUepanidn^  hijo  de 
ChalMuhUanextzin,  Señor  de  Tlaimanalco;  y  el  tercero,  que 
fué  el  sucesor,  se  llamó  Quinatsdn,  y  por  otro  nombre  ÍYofíe- 
catsdn;  el  cuarto,  Tozanihuitzin  Nopotbdn;  y  el  quinto,  Ihchinte- 
cuhüi,  primer  Señor  que  fué  de  HuexuUa,  y  el  último,  Xiuqüe- 
tzaUdn,  primer  Señor  que  fué  de  TlaxcaUan.  Estos  hijos  tuvo, 
como  hemos  dicho,  Tlotzin,  y  su  abuelo  volvió  á  su  ciudad  des- 
pués de  algunos  días. 

Pasados  casi  78  años  que  los  Tultecas  se  habían  destruido, 
que  era  en  el  año  de  trece  Galli,  que  conforme  á  nuestra  cuen- 

TOMO  I—  7 


98  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ta  fué  en  el  de  1089,  ^  álos  31  años  del  imperio  de  Enrique  IV^ 
al  59  del  Pontificado  de  Gregorio  VII  j  el  mismo  del  reinado 
de  Alfonso  VI  en  España,  estando  XohÜ  poblando  y  repartien- 
do tierras  y  provincias  de  las  naciones  Chichimecas,  NauhyoU, 
rey  de  Culhuacan^  se  iba  poco  á  poco  alzando  y  fortificando  en 
su  ciudad,  que  ya  en  este  tiempo  los  Tultecas  se  iban  multipli- 
cando, y  los  pueblos  pequeños  que  tenían  ya  eran  ciudades,  y 
de  ciudades  provincias;  acordó  Xolotl  mandar  á  NavhyoU  que 
le  dieran  él  y  sus  vasallos  algún  reconocimiento  como  á  Señor 
y  Monarca  de  toda  la  tierra,  enviando  á  su  hijo  el  príncipe  per- 
sonalmente, con  algunos  Chichimecas  en  su  compañía  para  tra- 
tar de  ésto;  mas  él  respondió  que  no  reconocía  á  ningún  Señor 
en  el  mundo  por  superior,  si  no  era  á  sus  dioses  y  falsos  ído- 
los, y  otras  palabras  descomedidas.  Viendo  NopaUzin  esta  res- 
puesta tan  descomedida,  le  apercibió  á  batalla  para  que  se  apa- 
rejase, (diciéndole)  que  con  las  armas  se  entenderían,  pues  no 
quería  acceder  á  lo  que  era  justo;  y  con  ésto  se  volvió  Nopal-- 
izin  á  avisar  a  su  padre  y  poner  gente  para  la  batalla,  la  cual 
después  de  llegado  el  tiempo  para  ello,  se  dio  muy  cruel  y  re- 
ñida; pero  como  los  Chichimecas  feroces  pudieron  más,  los 
vencieron,  y  NopaUzin  por  su  persona  mató  á  Nauhyott,  que 
esta  fué  la  primera  guerra  que  se  dio  en  esta  tierra  después  de 
la  destrucción  de  los  Tultecas;  y  después  entró  por  la  ciudad 
con  los  Chichimecas,  asolándola,  y  los  moradores  de  ella  le  pi- 
dieron merced  de  las  vidas,  el  cual  los  dejó  con  algunos  Seño- 
res Chichimecas  y  se  volvió  á  dar  razón  á  su  padre. 

Sujeto  el  reino  de  los  Culhuas  Tultecas,  y  vuelto  NopaUzin, 
determinó  XoloU  ir  personalmente  á  la  ciudad  de  Ouihuaoan 
para  poner  las  cosas  en  orden,  y  así  se  fué,  que  ya  era  el  año 
cas  Tecpatl,  y  á  nuestra  cuenta  1090,  haciendo  jurar  á  Achüo- 
mell  por  rey  de  los  Culhuas,  cuñado  de  su  hijo  el  príncipe  No- 
paUzin,  y  legítimo  sucesor  del  Señorío  de  los  Tultecas,  y  dán- 
dole orden  de  lo  que  debía  de  hacer  y  acudir,  se  volvió  á  esta 

1  Cotéjese  esta  fecha  con  la  penúltima  citada. 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTLILXOGHITL.  99 

corte,  en  donde  le  sucedieron  grandes  cosas  y  ordenó  algunas 
leyes  que  después  se  guardaron  y  cumplieron;  y  muchas  veces 
en  XolM^  su  antigua  morada,  le  quisieron  algunos  de  sus  va* 
salios  matar  á  traición,  queriéndole  ahogar  con  un  cavo  ^  de 
•agua  que  artificiosamente  le  metieron  en  el  aposento  donde  dor-« 
mía.  Él  disimulado,  empleaba  esta  agua  en  las  florestas  regán-* 
dolas  con  ella,  hasta  que  los  que  le  querían  mal  se  cansaron  y 
conocieron  su  daño. 

Pasados  así  104  años  que  los  Tultecas  se  destruyeron,  Yoño* 
-cooofotf,  un  Señor  Chichimeca  de  los  tributarios  y  cabeza  de  los 
otros  seis  pueblos,  hijo  de  JESi^ua¿2»n,  ^  que  residía  en  Tepe- 
Üaoztocj  fué  á  pedir  por  mujer  á  AtotozU%  hija  del  rey  AchilomeÜ 
de  Gulhuacan  su  padre,  y  pidiéndola  le  respondió  el  rey,  cómo 
su  cuñado  el  príncipe  NopaXbsm  las  había  dado  ambas  higas,  la 
una  llamada  IlancuiÜ,  á  su  sobrino  AcamapichUi^  hijo  del  rey 
de  Atzcapuizalco  (Aculhua),  y  la  otra  á  Huebdn^  Señor  de  CbAwa- 
ilichan;  y  que  así  no  podía  hacer  cosa  ninguna,  ni  se  la  podía 
dar  á  él  sin  la  licencia  del  príncipe.  Visto  por  LcoouzozoloÜ^  que 
no  había  remedio,  se  volvió  á  su  tierra  amenazando  al  rey  que 
con  las  armas  le  había  de  dar  la  infanta  AtotoztU,  y  no  quiso 
reconocer  más  por  su  Señor  á  Huetdn^  comenzando  á  apercibir 
á  sus  vasallos  que,  como  ya  tengo  dicho  otras  veces,  que  los 
pueblos  que  YaoaJtzotzoloo  tenía,  eran  dados  á  Huetzin  por  mer- 
ced de  XoloU.  Ido  que  fué,  luego  envió  á  avisar  al  gran  Xohtl 
el  rey  Ac/dtometl  para  que  lo  remediara,  y  así  como  lo  supo 
XoloÜ  llamó  á  Ibchintzin,  Señor  de  OuauhMan^  diciéndole  que 
fuera  á  XaUocan  y  avisase  al  Señor  de  allí,  el  cual  dio  la  pala* 
bra  de  que  él  lo  castigaría,  pero  no  lo  cumplió,  haciéndose  el 
sordo  por  ciertas  amistades  que  tenía  con  él;  y  luego  pasó  á 
Cohnudlichan  á  apercibh*  á  Huetzin,  el  cual  luego  convocó  y  lla- 
mó á  sus  vasallos  para  la  batalla,  y  haciendo  un  ejército  pode- 

1  Cavo,  Así  dice  en  el  original. — R. 

2  Tal  vez  XiuhttaUin. — R. 

8  Poco  antes  se  le  llama  FaeacoeoloÜ.  Son  evidentemente  errores  de  los  co> 
pistas. 


100  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

roso  fué  sobre  su  enemigo.  Éste  le  salió  al  encuentro  en  los 
llanos  de  Chiauhüa  y  se  dieron  una  cruel  batalla,  muriendo  de 
ambas  partes  grandísima  suma  de  Chichimecas,  tanto,  que  los 
arroyos  corrían  llenos  de  sangre;  mas  al  fin,  como  era  muy  po- 
deroso el  rey  Huetzin  venció  á  su  competidor,  pero  no  pudo 
haberlo  á  las  manos  por  más  que  lo  siguió,  porque  dicen  que 
era  encantador,  y  con  la  ayuda  del  demonio  se  escapó  del  po- 
der de  sus  enemigos  y  se  fué  á  tierradentro,  y  después  desde 
allí  pidió  merced  de  la  vida,  la  cual  se  la  otorgó  el  Señor  Hue- 
tzm  y  lo  envió  á  llamar,  y  habiendo  venido,  luego  lo  tornó  á  po- 
ner en  Tepetlaoztoc  con  la  misma  orden  antigua  que  había  tenido 
en  el  reconocimiento  y  tributo  que  le  daba.  Esta  guerra  fué 
una  de  las  más  crueles  que  hubo  en  esta  tierra,  y  la  segunda 
después  de  la  destrucción  de  los  Tultecas,  llamándola  Chichi^ 
mecayayotl. 

Habiendo  venido  Huetzin^  luego,  por  mandato  de  Jfofotf,  se 
casó  con  Atotoztti,  su  esposa  por  qtiien  peleó  y  le  costó  tanto 
trabajo,  y  la  hermana  mayor,  llamada  UanmeiÜ^  con  su  nieto 
AcamapiohÜi.  El  rey  de  Oulhuaean  AckUomM^  su  padre,  les  dio 
en  dote  á  sus  dos  hijas  unas  tierras  de  riego  y  huertas,  con  mu- 
chos vasallos  renteros,  junto  á  la  ciudad  de  (Mhuaoan^  como  es 
uso  y  costumbre  de  los  Señores  de  estas  tierras  dar  dote  á  sus 
hijas;  y  de  allí  á  pocos  días  murió,  heredando  el  reino  su  hijo 
legítimo  sucesor,  llamado  Johualaionac  (XohualcUonac),  con  la 
voluntad  y  mandato  de  XoloU,  según  aparece  en  la  historia. 

Después  de  haber  gobernado  XoloÜ  112  años  en  esta  tierra, 
y  de  la  muerte  de  su  padre  y  destrucción  de  los  Tultecas,  117, 
ó  casi  á  los  últimos  de  ellos,  murió,  en  el  año  de  trece  Tecpatl, 
que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  de  1127  de  la  Encar- 
nación, en  el  tercer  año  del  Pontificado  de  Honorio  II,  al  pri- 
mero del  imperio  de  Lotario  II,  y  al  tiempo  que  en  Francia  se 
abrasó  por  calor,  y  en  España  á  los  19  años  del  reinado  de  Al- 
fonso VIII,  dejando  á  todos  sus  vasallos  y  deudos  grande  tris- 
teza, porque  fué  un  Señor  monarca  muy  apacible,  noble  y  mi- 
sericordioso con  todos,  y  amigo  de  la  paz.  Dejó  á  su  hijo 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  101 

Nopaltzin  por  segundo  rey  y  monarca  de  la  tierra,  según  que 
de  derecho  le  venía  por  legítima  sucesión  y  por  su  gran  valor. 
Después  de  muerto  Xohtl  y  de  hechas  sus  honras  con  los  ritos 
y  ceremonias  que  los  Chichimecas  usaban,  lo  enterraron  y  die- 
ron el  pésame  á  su  sucesor  y  á  sus  hijos  y  deudos,  y  el  entierro 
fué  en  un  lugar  de  palacio  dedicado  para  el  efecto,  donde  lo  se- 
pultaron con  sus  insignias  reales,  haciendo  otras  ceremonias 
que  por  excusar  prolijidad  no  se  ponen  aquí.  Xohtl  fué  un 
hombre  de  buen  cuerpo,  blanco  y  barbado,  aunque  no  mucho, 
valeroso  y  de  ajtos  pensamientos,  como  ya  hemos  visto  en  el 
discurso  de  su  historia. 


CUARTA  RELACIÓN. 


De  NopáUzín  y  él  discurso  de  su  vida  y  muerte. 

Muerto  XoM^  como  ya  lo  tengo  declarado,  heredó  el  reino 
Nopaltzin  su  hijo.  De  allí  á  siete  años  que  gobernaba  éste  murió 
Xohiuxlaionahtiey^  rey  de  Oulhxiacan,  y  por  mandato  de  Nopalr 
tún  juraron  por  rey  al  hijo  del  difunto  llamado  Calquiyautzin^ 
legítimo  sucesor  del  reino  de  los  Culhuas  Tultecas.  Asimismo, 
casi  á  este  tiempo,  parió  la  infanta  tres  hijos.  AtotoxÜi  fué  el  pri- 
mero, y  sucesor  después  de  Chdhuacan  y  TenuchtiUan  de  Méxi- 
co llegada  que  fué  la  muerte  de  Huitzilihuia  su  rey.  El  segundo 
ChakhmkUanextzin^  Señor  que  fué  de  Coyohuacan.  El  tercero 
y  último  se  llamó  Xmhilanextzin^  que  lo  mató  Quauktzotzopan- 
Érní,  Señor  de  Oulhuacan.  AoamapicMi  fué  hijo  menor  de  Acul- 
kua  y  nieto  de  XoloÜ  Aculhua;  tuvo  tres  hijos  en  su  mujer 
Ouetlaaochitzin.  El  primero  fué  Tezozomoc,  rey  de  Aizcapuzcdco  y 
monarca  tirano  de  esta  tierra.  El  segundo  MizcohuaÜ^  ^  primer 
Señor  de  los  Tlaidvlcas  AÜanecas^  que  ahora  se  llaman  Mexi- 
canos. AcamapichU%  el  menor  de  todos  tres,  fué  primer  Señor 
de  los  Tenuxcm  (ó  Tenuchcds)  AtlanecaSj  asimismo  ahora  lla- 
mados Mexicanos.  En  tiempo  de  Nopatízin  se  reformó  el  maíz, 
que  desde  que  los  Tultecas  se  perdieron  no  lo  habían  sembra- 

1  Tal  yez  MixeohuaÜ. — ^B. 


104  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


do;  y  viendo  la  utilidad  y  provecho  del  maíz,  chue  y  demás  se- 
millas, mandó  que  las  sembraran  por  todas  sus  tierras  en  cer- 
cados, y  usaran  los  Chichimecas  de  ellas  para  su  sustento. 
Asimismo  constituyó  seis  leyes  y  confirmó  de  nuevo  otras  de 
su  padre  y  pasados  los  Señores  Chichimecas,  que  adelante  ha- 
remos relación  de  algunas  de  ellas. 

Estuvo  algunos  añps  en  la  ciudad  de  Texcitco,  que  fué  el  pri- 
mero que  la  hizo  ciudad  y  cabecera  de  reino,  dándole  cuatro 
provincias  siyetas  á  él,  en  donde  se  enterneció  con  su  hijo  el 
heredero,  acordándose  muchas  veces  de  su  patria  y  deudos  que 
había  dejado,  principalmente  cuando  iba  al  bosque  que  mandó 
cercar ^u  padre  y  cosas  que  hizo  en  él;  y  desde  entonces  dejó 
aquí  á  su  hyo  y  se  fué  á  Tenayuea^  cabecera  de  sus  reinos,  don- 
de gobernó  lo  que  le  faltaba  de  la  vida. 

Estuvo  el  príncipe  TloUzin  Pochotl  algunos  años  en  Texcuco, 
pero  no  se  hallaba,^  además  de  que  Topacxochitzin  su  mujer  no 
gustaba  de  ella;  y  así  se  tornó  á  volver  á  TlazaUan,  donde  des- 
pués tuvieron  otro  hijo  que  se  llamó  Tlacaicotzin, 

Ya  en  este  tiempo  casi  toda  la  Nueva  España  estaba  llena  de 
reinos  y  provincias,  ciudades  y  pueblos,  y  muchas  gentes  de  di- 
versas naciones,  y  hartos  Reyes  y  Señores,  aunque  todos  sose- 
gados, sin  guerras  ni  revueltas. 

Las  casas  de  donde  descendieron  los  Reyes  y  Señores  de 
Nueva  España,  son  las  siguientes: 

Primeramente  los  reyes  de  Texcuco  por  línea  recta  de  la  ca- 
sa y  descendencia,  por  legítima  sucesión  de  la  casa  de  Xolotí, 
poblador  y  monarca  de  esta  tierra  y  de  la  casa  real  del  gran 
TopiUzin^  monarca  Tulteco.  Asimismo  los  de  Zacatlan  y  Tenon 
müec^  Totzin  y  ToxteqaihuaJtzin  nietos  de  XoloÜ^  hijos  de  Nopal- 
tún;  y  los  de  TlaxcaUan  (descendían)  de  XiuhcudzaMzbi,  viz- 
nieto  de  Xolotl^  hijo  de  TloUzin,  Y  los  reyes  de  Aizcapoizcdco, 
México^  TUUduloo  y  Tenuchtitlun,  ^  aunque  por  vía  de  hembra, 

1  Es  decir,  no  estaba  contento. — R. 

2  México  se  dividía  en  México  Tlatelulco  y  México  Tenochtitlan:  esto  sin 
duda  es  lo  que  quiere  expresarse  aquí,  aunque  no  se  entiende  bien. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  105 

(descendían)  de  Caqrietlaxxtichi  y  de  su  marido  Aculhim^  prime- 
ro rey  de  Atzcapoizalco  y  también  de  IlanmeiÜ,  viznieta  del  gran 
TopiUzin,  monarca  Tulteca. 

La  segunda  casa  de  donde  descendieron  también  muchos 
Señores,  fué  la  de  XaÜocan  (procedente)  de  Chicorwuauh,  Acul- 
hna^  y  de  Xiuhuacxocktitzin^  hija  de  Xoloti;  los  de  la  tierra  de 
MaxtíÜan  (Mextitlan),  Acalman  y  otras  partes. 

La  tercera  fué  la  de  Cohuailichan^  también  Acxdhxui  de  nación 
y  tulteca,  Tzonteccma  y  lidhucUzin  su  mujer,  los  de  aquí  Hm- 
xidzinco  y  otras  provincias  y  lugares.  ^ 

La  cuarta  fué  la  de  Tepeaca  Mitiiztac^  uno  de  los  seis  Seño- 
res ó  Reyes,  según  las  historias,  que  trajo  XoloÜ  consigo,  y  tam- 
bién todos  los  Señores  que  fueron  de  las  provincias  orientales 
á  respecto  de  Tenayuca,  que  era  la  corte  y  cabecera  de  todo, 
como  ya  muchas  veces  lo  tengo  declarado. 

La  quinta  fueron  los  de  Mamolihuazco  y  Choleo,  que  son 
Cozcacuauh  y  CuahuaUapal,  también  de  los  seis  que  trjgo  Xo- 
M,  (é  igualmente)  todos  los  Señores  de  las  provincias  Meridio- 
nales, aunque  en  estas  dos  partes,  Oriente  y  Mediodía,  iban 
revueltos  con  la  casa  y  linaje  de  los  Tultecas,  de  aquellos  de 
que  otras  veces  dejo  hecha  relación  y  en  qué  lugares  vinieron. 

La  sexta  de  los  de  CoahucUepec  ^  del  linaje  de  CuahíicUlapcU 
(y  también)  todos  los  Setentrionales  hacia  la  parte  del  Norte, 
de  la  casa  y  descendencia  de  Xoloti  y  Chiconcimuh  de  XoUocan. 

La  séptima  (de)  Iztaoaiauh  y  Tecpa,  y  también  de  los  seis  que 
trajo  Xohtí,  que  son  los  Mazahuas,  que  tienen  sus  provincias 
y  tierras  hacia  el  Occidente.  De  estas  casas  señaladas  y  otras 
muchas  particulares,  que  ya  de  todo  hemos  hecho  relación 
atrás,  descendieron  todos  los  Reyes  y  Señores  de  este  Nuevo 
Mundo,  no  saliendo  de  estas  casas,  emparentándose  unos  con 
otros,  y  por  eso  en  sus  armas  y  blasones  se  ponen  los  géneros 
de  yedra  y  flores  en  rededores,  diciendo  que  aunque  son  mu- 


1  Hay  párrafos  como  éste  que  no  hablan. 

2  Tal  vez  ser¿  Oohuaiepee, — B. 


106  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

chos  y  tan  diversos,  todos  nacen  y  penden  de  un  tronco.  Este 
es  el  verdadero  origen  de  los  Señores  de  esta  tierra,  sacado  de 
la  original  historia  y  las  demás  particulares  relaciones  que  tengo 
en  mi  poder j  conforme  yo  lo  he  podido  sacar  y  los  viejos  prin- 
cipales me  lo  han  declarado;  y  por  excusar  proligidad  no  pon- 
go aquí  todos  los  Reyes  y  Señores  que  ha  habido  en  esta  tie- 
rra, de  todos  los  que  descienden  de  estas  casas  ya  referidas, 
que  sería  menester  un  gran  volumen  para  haber  de  poner  tan- 
tos y  tan  diversos  nombres;  mas  los  que  fuere  necesario  tra- 
tarse, ya  haremos  relación  de  algunos. 


LAlS  naciones  que  hubo  en  la  nueva  ESPAÑA  T  HAY  HOY 

EN  día,  T  las  lenguas  QUE  USA  CADA  NACIÓN. 

Dos  linajes  había  en  esta  tierra,  y  hay  hoy  día  según  parece 
en  las  historias;  Chichmecas  es  el  primero  y  el  segundo  TuUe- 
ca8\  y  de  estos  dos  linajes  de  gentes  hay  muchas  generaciones, 
que  tiene  cada  una  de  ellas  su  lengua  y  modo  de  vivir;  pero 
de  todas  ellas  las  parte  se  aprecian  ^  y  dicen  que  son  Chichi' 
mecas  de  los  que  trajo  -XbM,  y  que  son  los  meros  Chiohimecas^ 
y  los  Aleuhuas  y  Aztlanecas  que  ahora  se  llaman  Mexicanos^ 
Tlaxcaltecas,  Tepehuas,  ToUmaques,  Mezcas,  Oaextecos,  MMíhua- 
ques,  Otomües,  Mazahuas,  MatiaUzincas  y  otras  muchas  nacio- 
nes que  se  precian  de  este  linaje.  Y  la  segunda  son  Cocuihuas, 
Chohdtecas,  Müztecas,  Tepanecas,  Xochimücas,  Toxpanecas,  ^  Xi- 
éalanma,  Chonchones,  Tenmes,  CuauhtemaUecas,  Texohtecas  y 
otras  muchas  naciones.  De  suerte  que  unos  son  Chichimecasy 
otros  TvUecas.  Los  que  se  dicen  NahvMaca  que  hablan  las 
lenguas  Culhua,  que  ahora  los  Españoles  llaman  la  lengua  Me- 
xicana,  son  de  todos  los  géneros  de  naciones,  especialmente 


1  Quizá  dirfa  en  el  original:  la  mayor  parte  se  precian, — R. 

2  Probablemente  las  tribus  del  territorio  que  hoy  llamamos  Tuxpan, — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  107 

los  que  aprendieron  esta  lengua,  los  más  políticos  y  cortesanos 
en  su  lengua,  con  mucha  retórica  y  elegancia  cuanto  hablan,  y 
su  hablar  es  honesto  y  comedido,  sin  ademanes,  son  los  Tex- 
eucarios  AcuOmaSy  ^  porque  cada  cosa  la  hablan  con  el  mismo 
sentido  que  la  razón  requiere,  distinguiendo  cada  cosa  en  su 
lugar,  y  por  eso  antiguamente,  según  parece  en  las  historias  y 
es  común  hablar  de  los  naturales,  en  Texcuco  (iban  á  esta  ciu- 
dad) todas  las  naciones  para  aprender  la  lengua  política  de  to- 
das las  cosas,  así  en  el  vestir  como  en  el  comer,  y  buen  término 
en  todo  y  cosas  curiosas,  porque  los  reyes  de  esta  ciudad,  que 
eran  los  más  antiguos  y  legítimos  Señores,  Monarcas  de  la  tie- 
rra, se  preciaron  de  que  en  su  ciudad' hubiese  escuelas  y  uni- 
versidades 2  para  todas  estas  cosas,  y  dieron  los  mismos  acen- 
tos y  sentidos  de  la  lengua  Tulteca,  componiéndolos  con  la 
suya  Qiichimeca  y  de  otras  naciones.  Los  MextcatwB^  ó  por 
mejor  decir,  Aztlanecas,  no  es  su  natural  lengua  la  que  hablan 
ahora,  porque  según  parece  en  la  historia,  su  lengua  era  muy 
diferente  de  la  que  trajeron  de  su  naturaleza,  y  esta  que  hablan 
ahora  es  la  que  aprendieron  en  Texcueo,  ^  aunque  con  todo  eso 
no  es  muy  buena,  porque  hablan  con  soberbia  y  poca  cortesía, 
y  asimismo  todos  los  que  hablan  en  la  lengua  NohuaÜ  (lo  ha- 
cen) cada  uno  muy  diferente,  unos  como  llorando,  otros  como 
cantando  y  otros  como  riñendo.  Al  fin  cada  nación  como  la 
pudo  aprender  la  habla,  como  nosotros  hablamos  cada  nación 

1  La  algarabía  que  se  nota  en  este  largo  período,  6  por  desaliño  del  autor  6 
por  descuido  del  copiante,  solamente  desaparece  entendiendo,  que  <*de  los  que 
<*  se  llamaban  NahiuíÜaeaSf  los  Tezcucanos  eran  los  más  cultos  y  civilizados, 
"  conviniendo  á  ellos  las  buenas  calidades  que  aquí  recomienda/^  Esto  parece 
deducirse  del  texto,  muy  conforme,  además,  con  el  espíritu  del  historiador,  co- 
mo procedente  de  los  Beyes  de  Texcuco. — R. 

2  Ixtlilxochitl,  en  su  vanidad  texcucana,  supone  en  la  corte  aculhua  la 
existencia  de  universidades.  Esto  es  falso,  é  incompatible  con  el  medio  social 
en  que  vivían  aquellos  pueblos. 

3  Los  mexicas  no  aprendieron  su  lengua  de  los  texcucanos.  El  autor  siem- 
pre quiere  hacer  á  aquellos  inferiores  á  éstos;  y  de  ahí  vienen  varios  de  su 
errores  históricos. 


108  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

diferente  la  lengua  castellana,  como  son  gallegos,  vizcaínos, 
portugueses  y  otras  naciones  que  hay  en  España:  y  fuera  de  los 
NahuaUacas^  hay  otras  lenguas  diferentes  de  las  unas  y  de  las 
otras,  como  el  Otomiie,  Cuextecaj  Zapoteen^  Tepehua^  Tarasco  ó 
Michhuacay  por  decir  mejor  Mezca,  Totanaco^  Tepehua  y  las  de- 
más lenguas  que  hay  en  la  Nueva  España,  que  por  excusar  di- 
lación no  las  pongo  aquí;  pero  con  lo  que  se  ha  dicho  basta 
para  entender  las  lenguas  y  naciones  que  hubo  en  esta  tierra 
y  hasta  hoy  en  día. 

Tornando  á  la  historia  el  gran  Topilizin  ^  estaba  en  su  ciu- 
dad gobernando  quieta  y  pacíñcamente  sus  reinos  y  señoríos, 
amado  y  querido  de  todos  sus  vasallos,  cuando  cuasi  al  último 
de  los  treinta  y  dos  años  de  su  gobierno,  murió  de  una  enfer- 
medad, siendo  de  edad  de  más  de  ciento  setenta  años^  quedando 
todos  sus  vasallos  muy  tristes.  Este  príncipe  fué  hombre  de 
gran  gobierno  y  amigo  de  paz,  y  muy  valeroso  en  las  bata- 
llas, como  parece  en  la  que  venció  personalmente  á  NauhyoU 
rey  de  los  Culhuas  Tultecas,  y  misericordioso  con  los  pobres  y 
amigo  de  hacer  mercedes  á  todo  género  de  hombres  virtuosos. 
Fué,  según  las  historias,  hombre  blanco  y  alto  de  cuerpo  como 
su  padre,  y  de  buenas  facciones,  ojos  vivos  y  constantes;  el 
cual  murió  en  el  año  de  cinco  acatl,  que  es  dnco  cañas  de  con^ 
rrüo,  y  á  la  nuestra  1158  de  la  Encarnación,  al  cuarto  año  del 
Pontificado  de  Adriano  VI  y  al  sexto  de  Federico  /,  y  en  Es- 
paña Snncho  III  de  este  nombre,  al  primer  año  de  su  gobier- 
no; heredando  los  reinos  y  señoríos  su  hijo  legítimo  Tlottzin, 
tercer  gran  Chichimecatl  tecuhüi  de  esta  tierra. 

1  Debfa  decir  Nopalüin.—B,. 


QUINTA  RELACIÓN. 


Dt  Tl<Mny  de  suviday  muerte» 

Muerto  NopaUzin^  después  de  haberle  hecho  sus  honras  y  en- 
tierro conforme  á  su  uso  y  costumbre,  luego  juraron  por  su  mo- 
narca al  legítimo  sucesor  Tlotzin  PochoÜ,  ^  en  esle  mismo  año,  el 
cual  jurado,  de  allí  á  pocos  días  se  salió  de  su  ciudad  y  fué  á  vi- 
sitar todos  sus  reinos  y  señoríos,  para  ver  las  cosas  que  había 
en  ellos,  y  para  poner  remedio  de  algunas  cosas,  el  cual  dejan- 
do á  Aculhua  en  su  lugar,  se  fué,  y  anduvo  casi  cuatro  años  ocu- 
pado en  esto,  volviéndose  á  su  ciudad  de  Tenayuoa  después  de 
haber  visitado  toda  la  tierra  y  dado  orden  de  lo  que  se  había 
de  hacer  en  cada  parte.  Hizo  algunas  cortes,  así  como  lo  habían 
hecho  su  padre  y  abuelo,  en  donde  conñrmó  las  leyes  de  sus 
pasados  y  constituyó  de  nuevo  otras  cuatro  ó  cinco  que  ade- 
lante se  verán  donde  fuere  su  lugar. 

Pasados  casi  ocho  años  de  su  gobierno,  dio  señorío  á  sus  hi- 
jos y  otros  señores  hijos  de  Huetzin  el  de  CohucMichan^  que  fué 
en  el  de  ce  Tecpatl,  y  ajustados  con  la  nuestra  fué  en  el  de  1166 
de  la  Encamación  de  nuestro  Señor  Jesucristo,  dando  á  su  hijo 

1  Corregimos  el  original  que  yarias  veces  dice  PoeluiÜ^  porque  esto  es  evi- 
dentemente  equivocación  de  los  copistas.  Así  hemos  visto  también  que  unas 
veces  ponen  HuehueUnuxixin  y  otras  Huehuetunexizin:  el  verdadero  nombre 
es  HxiéhueUnuchizin.  Lo  mismo  sucede  con  el  nombre  de  la  ciudad  acolhua, 
que  repetimos  era  Texcueo. 


lio  OBRAS  HISTÓRICAS  DE 


el  príncipe  IMteccUzin  QuincUzin  la  ciudad  de  Texcv/ío  con  todo 
su  reino  para  que  gobernase,  y  en  su  compañía  ÑopaJidn  su 
hermano,  y  en  Huexvizinoo  todo  aquel  reino  á  TochifecvMi  con 
dos  señores  hijos  de  Huetzin^  los  cuales  se  decían  Gviconuicar 
tzin  y  llaccUlanextsdn^  y  otro  Señor  con  ellos  llamado  OuauhÜi- 
teTitzin,  que  fueron  los  primeros  señores  de  Huexutzinco^  y  de 
donde  descendieron  los  que  después  fueron  de  este  reino,  aun- 
que XoehintecuhUi  se  volvió  luego  á  HuexvÜa  con  su  hermano 
el  príncipe,  Quinaüdn^  que  ya  era  rey  jurado  de  Texcuco^  dicién- 
dolé  que  más  quería  estar  en  HuexuUa  (que  estaba)  ^  con  toda 
la  corte,  que  no  en  HaextUzinco  lejos  y  debajo  del  Sur,  y  así  el 
hermano  le  dio  el  pueblo  de  Huexutla^  en  donde  se  casó  con 
una  señora  deuda  suya  llamada  Tomiyavh,  y  al  último  de  sus 
hijos,  que  fué  XiuhqmtaaJizin^  con  otros  dos  infantes,  hyos  tam- 
bién de  JStiebdn^  los  cuales  se  decían  el  uno  OuavMaxtzin  y  el 
otro  MemexoUzin,  por  sus  acompañados  en  IJaxoallan,  £stos  se 
holgaron  mucho  de  que  se  hubiesen  señores  ^  de  este  reino, 
porque  eran  muy  á  su  gusto;  y  de  éstos  descendieron  los  que 
después  fueron  de  TlaxcaUan^  aunque  los  de  Huexuidnco  lo  sin- 
tieron mucho,  pues  se  volvió  IhckUecuMi^  y  los  otros  tres  se 
quedaron  gobernando. 

Dos  años  antes  que  á  Qmnatdn  le  diera  su  padre  el  reino  de 
Texcuoo,  haciéndole  jurar  por  tal,  hizo  unos  cercados  muy 
grandes  en  la  ciudad  de  Texouco,  unos  de  maíz  y  otros  de  todo 
género  de  caza,  como  son  venados,  conejos  y  liebres,  y  mandó 
á  ciertos  caballeros  Ghichimecas  para  que  tuvieran  cuenta  de 
ellos,  que  fueron  Ocotox  é  Iciiex^  los  cuales  en  lugar  de  tener 
cuenta  de  ello,  los  iban  desperdiciando  y  matando  la  caza,  que 
había  casi  de  toda  ella,  y  no  acudieron  á  lo  que  era  justo.  Así 
como  filé  jurado  el  QmncUzin,  les  mandó  que  se  fueran  de  la  ciu- 
dad, desterrándolos,  los  cuales  no  quisieron  obedecerle,  antes 
se  apercibieron  ellos  y  sus  gentes  para  alzarse  con  la  ciudad. 

1  Parece  que  sobran  las  palabras  contenidas  dentro  del  paréntesis. — R. 

2  Lo  manco  del  sentido  de  este  período  podía  suplirse  leyendo:  f*de  que  se 
les  hubiese  nombrado,  etc.'' — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTLILXOCHITL.  111 

Quinaizin^  visto  esto  salió  contra  ellos  matando  á  muchos  de 
ellos,  y  muchos  que  se  pudieron  huir  se  fueron  la  tierradentro 
con  los  que  ahora  hacen  la  guerra  nuestros  Españoles,  gente 
soberbia  é  indómita.  Asimismo  dio  á  su  hijo  Tlacateotzin  á  Tta- 
zaUan^  en  donde  habla  estado  cuasi  todo  el  tiempo  que  su  padre 
gobernó  y  parte  del  tiempo  de  su  abuelo,  como  ya  de  todo  te- 
nemos hecha  relación;  el  cual  después  de  haber  gobernado  quie- 
ta y  pacíficamente,  sin  ninguna  guerra  ni  discordia  entre  los 
suyos,  si  no  es  la  que  tuvo  su  hijo  el  heredero  con  aquellos  dos 
Señores  Chichimecas,  como  ya  está  declarado,  murió  en  el  año 
CE  TocHTu,  que  conforme  á  la  nuestra  fué  1194,  en  el  cuarto 
año  del  Pontificado  de  Celestino  III^  al  cuarto  del  imperio  de 
Enrique  VI^  cuando  en  Palermo  llovieron  piedras  y  murió  el 
Suldán  de  Egipto  que  tomó  á  Jerusalen,  y  en  el  trigésimo  cuar- 
to del  reinado  de  Alfonso  IX  en  España,  habiendo  gobernado 
su  monarquía  treiTúa  y  seis  años,  como  ya  lo  tengo  declarado, 
siendo  de  edad  de  más  de  cien  años.  Antes  de  su  muerte  tuvo 
noticia  de  los  AzUanecas^  que  ahora  se  llaman  Mexicanos,  y  asi-  ¡ 
mismo  vinieron  los  Xochimilcas  algunos  antes  de  su  muerte,  y 
él  les  dio  á  Xochimilcoj  en  donde  poblaron,  los  cuales  eran  de 
Aguilazco,  que  cae  hacia  el  Poniente,  del  linaje  de  los  Tultecas.  / 
Muerto  este  Señor,  hubo  en  todos  sus  reinos  y  Señoríos  gran-  \ 
des  revueltas  y  guerras  de  unos  con  otros,  alzándose  cada  Se- 
ñor con  lo  que  pudo,  que  eran  muchos  y  muy  remotos  algunos; 
y  TenancaUzin^  su  hermano  bastardo  tomó  la  ciudad  de  Tena- 
yuca^  haciéndose  jurar  por  monarca  de  la  tierra,  quitándosela 
al  legítimo  sucesor  Quinatzin^  como  se  verá  en  lo  que  se  sigue.  Y 
al  tiempo  que  murió  este  Señor  hubo  grandes  señales  y  prodi- 
gios en  el  cielo  y  en  la  tierra,  de  cometas  y  eclipses  del  sol  y 
de  la  luna,  y  otras  señales  que  demostraron  bien  todo  lo  que 
después  sucedió  con  su  muerte. 

1  En  el  original  dice  Ailazalan^  confundiendo,  en  mi  juicio,  la  preposición 
con  el  nombre. — R. 


SEXTA  RELACIÓN. 


De  TenancacáUzin  y  Aculhuaj  Monarcas  tiranos  de  esta  tierra. 

Muerto  Tlotzin^  su  hijo  QtdncUzin^  legítimo  sucesor,  después 
del  entierro  y  honras  de  su  padre,  se  fué  á  su  ciudad  de  Texcu- 
co^  cabecera  de  su  reino,  no  osando  hacer  otra  cosa,  porque  vi- 
do  toda  la  tierra  revuelta.  En  esta  ciudad  estuvo  algunos  años 
aguardando  ocasión  para  hacer  su  hecho,  y  íbiancacd&ín,  vis- 
to que  su  sobrino  era  ido  á  su  reino,  se  hizo  jurar  por  gran 
ChichimeeaU  TecuhÜi^  el  cual  fué  jurado  de  todos  los  Señores 
que  eran  de  su  gusto,  aunque  Aavlhua  no  gustó  de  esto  por 
pretender  la  misma  dignidad;  pero  por  ahora  calló  y  disimuló 
lo  que  pudo.  En  este  tiempo  ya  muchos  Señores  se  habían  re- 
velado, y  aun  tiranizado  algunos  lugares  de  otros  Señores,  co- 
mo fué  el  de  OohucUepec,  llamado  YohuaUzatzitzin^  que  quitó  la 
ciudad  de  TlaxcaUan  á  ThtccUeotzin^  hermano  del  rey  QuincUzin 
de  Texcucoj  á  traición  y  con  cautela,  apoderándose  de  ella;  y  el 
infante,  viéndose  desposeído  de  su  ciudad,  fué  con  su  primo  Xir 
lüUieueídzin,  hijo  de  Pochotzin^  Señor  de  Teyaccus,  ^  á  ver  á  su 
hermano  para  que  lo  amparase;  y  algunos  de  sus  vasallos  se 
fueron  huyendo  á  Huexutdnco  desamparando  la  ciudad,  como 
vieron  á  su  Señor  irse.  Otros  se  fueron  con  él,  á  los  cuales  lle- 
gados á  Texeuco^  viéndolos  su  hermano,  les  dio  ciertos  lugares 

1  ¿No  será  Tepeyacaef — K. 

Tomo  1—% 


114  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

junto  á  Texciícoj  y  los  casó  después  con  sus  nietas,  hijas  de  hi- 
jos suyos:  la  primera  llamada  Cohuaxochitzin^  hija  del  príncipe 
lEcanmacatzin  de  Texcuco,  casó  con  XihÜicneaizin,  y  le  dio  á 
Chimalpan^  y  la  segunda,  TezcocatihiuUzinj  hija  de  Meniexotzin^ 
casó  con  su  tío  Tlacateotzin,  dándole  otro  lugar  que  se  llamaba 
MexOatdco.  Otras  muchas  cosas  sucedieron  en  este  año,  así  de 
tiranías  de  irnos  con  otros,  como  de  cautelas,  como  de  guerras. 
Ya  en  este  tiempo  habían  venido  los  Mexicanos  y  habían  es- 
tado en  ChapvMepec  y  después  en  Oidhuacan,  que  estuvieron 
allí  cien  días  que  los  traía  más  oprimidos  el  rey  de  los  Culhuas 
haciendo  trabajar  no  solamente  á  la  gente  común,  sino  aun  á  los 
capitanes  y  cabezas  de  ellos,  que  eran  cuatro  y  ima  señora  que 
traían  consigo  llamada  MaÜalzihuatzin;  los  cuales  viéndose  tan 
oprimidos  y  maltratados  y  no  agradeciéndose  los  servicios  que 
hacían,  demás  de  haberlos  libertado  de  los  Xochimilcas  sus  cir- 
cunvecinos, que  les  hacían  grandes  guerras,  ayudando  ellos, 
fueron  vencidos  con  el  valor  de  los  Mexicanos,  y  otras  muchas 
cosas  que  habían  hecho,  y  en  pago  de  todo  esto  los  traían  muy 
oprimidos.  Se  salieron  huyendo  ima  noche,  porque  los  quisie- 
ron matar  á  todos  los  Culhuas,  queriéndoles  quemar  la  casa 
donde  se  albergaban  todos  de  noche;  y  aunque  los  Culhuas, 
sintiendo  que  ya  se  habían  ido,  les  siguieron,  no  los  pudieron 
vencer,  antes  se  volvieron  desbaratados  todos  y  muchos  mu- 
rieron. Viendo  los  Mexicanos  lo  mucho  que  los  perseguían  los 
Culhuas  y  otros  sus  circunvecmos  siy  etos  á  su  remo,  acordaron 
ir  á  ver  á  Aculhtuí,  rey  de  AzcapiUzcUco,  en  cuya  laguna  y  tie- 
rra ellos  estaban  para  darle  la  obediencia  y  á  que  los  ocupara 
en  todo  lo  que  se  le  ofreciese,  los  cuales  idos  delante  de  Acul' 
hua  y  ofreciéndose  por  sus  vasallos,  diciéndole  que  eran  muy 
guerreros  y  grandes  hombres  para  cosas  de  la  guerra,  sublimán- 
dose su  valor  y  esfuerzo,  AcaOma  se  holgó  de  verlos,  les  hizo 
muchas  mercedes,  les  dio  todo  lo  que  pedían  y  les  dijo  que 
cuando  él  les  avisara  estuviesen  aparejados  para  cierta  guerra 
que  les  quería  dar  un  Señor  Chichimeco  llamado  Tenaneaocd- 
tdn^  monarca  de  la  tierra  que  tenía  su  ciudad  en  Tenayucan 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  115 

<íerca  de  la  suya;  que  él  les  daría  gente  y  armas  para  que  le  ma- 
tasen y  le  saqueasen  toda  la  ciudad,  y  que  si  ellos  fuesen  ven- 
cidos, pues  eran  laguneros  y  estaban  cerca  de  la  laguna,  fácil- 
mente se  podían  escapar;  cuanto  más  que  ellos  le  vencerían 
con  la  gente  que  les  daría,  porque  TenancacaUzin  llevaría  pocos 
en  su  ejército  por  ser  ellos  pocos,  y  después  de  vencido  no  po- 
dría tornar  sobre  ellos,  porque  estaba  malquisto  con  todos  los 
Señores,  por  su  gran  soberbia.  Todo  lo  cual  se  obligaron  los 
AzUanecaSy  que  ahora  se  llaman  Mexicanos,  á  que  así  lo  harían 
y  cumplhrían. 

Pasado  un  año  y  algunos  días  de  la  monarquía  de  TWuiTiea- 
caUzm,  que  ya  era  en  el  dos  Agatl  y  á  la  nuestra  1195^  de  la 
Encamación,  viendo  los  Mexicanos,  ó  por  mejor  decir,  los  Az- 
Üaneoas^  que  ya  TenmicacaUzin  no  les  hacía  ninguna  molestia,  y 
teniendo  el  favor  y  ayuda  que  tenían  con  su  señor  y  rey  Acul' 
hua,  acordaron  de  salir  á  las  casas  de  la  ciudad  de  Tenayuca 
que  estaban  cerca  de  la  laguna,  á  robarlas  y  hacer  otras  inso- 
lencias que  hicieron,  todo  por  orden  de  Aeuüma  su  rey.  Hicie- 
ron esto  por  dos  noches  en  diferentes  partes,  robando  cuanto 
hallaban  por  delante,  hasta  quitar  las  migeres  de  los  morado- 
res. Al  tercer  día  que  ya  Aeulhua  sabía  cómo  TenaníxuxJidn 
estaba  juntando  gente  para  ir  sobre  ellos,  y  le  habían  avisado 
(de  parte  de)  Tenartcamiidn  que  también  le  diese  alguna  gente 
para  ir  sobre  los  extranjeros  AzUcmecaa^  al  cual  envió  á  decirle 
que  (así  lo)  haría  cuando  se  ofreciera  ocasión,  mas  que  por  aho- 
ra no  era  menester  tanta  gente  para  cuatro  hombres  que  eran 
los  AzUa/necaa;  entretanto  que  pasaban  las  demandas  y  res- 
puestas y  que  TeruxTtcacalisAn  estaba  juntando  gentes  para  su 
ejército,  Aeulhua  tenía  enviada  á  los  Mexicanos  mucha  gente  y 
armas  en  su  favor  secretamente,  por  no  ser  conocido  y  causar 
algún  alboroto  contra  *sí. 


1  No  solamente  continúa  contradiciéndose  Iztlilxochitl  en  su  cronología 
sino  que  comete  errores  manifiestos,  pues  refiere  al  fin  del  siglo  XII  la  funda- 
ción  de  México,  que  fué  ya  en  el  siglo  XIV. 


116  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Pasados  algunos  días  que  ya  Tenancaealtzin  tenídijunidido  un 
ejército  razonable,  fuese  hacia  la  laguna  donde  es  ahora  nuestra 
Señora  de  Chiadalwpe,  para  pelear,  que  ya  los  Aztlanecas  le  esta- 
ban aguardando.  Se  dieron  una  cruel  y  reñida  batalla,  murien- 
do de  ambas  partes  (muchos);  mas  como  la  gente  AzUaneca^ 
como  personas  que  se  habían  hallado  en  muchos  trabajos  y  con 
la  ayuda  que  tenían  se  hallaban  muy  esforzados,  dentro  de  po- 
cas horas  vencieron  á  los  de  Tenancaealtzin^  y  viendo  éste  que 
ya  su  gente  estaba  vencida  y  la  más  de  ella  muerta,  se  fué  hu- 
yendo, desamparando  su  ciudad,  á  Xalíocan^  con  otro  señor  lla- 
mado TmyoUzin,  á  pedir  socorro  al  señor  que  á  la  sazón  era  de 
Xaliocan,  llamado  Payntzin,  sobrino  suyo,  el  cual  no  se  lo  quiso 
dar,  diciendo  que  no  había  por  entonces  lugar.  Viendo  Teñan- 
cacaUzin  que  ninguno  le  favorecía,  se  fué  á  la  tierradentro  con 
algunos  de  sus  Chichimecas  sus  vasallos,  á  su  patria  y  natura- 
leza de  donde  habían  venido  sus  padres  y  sus  abuelos.  Los  Me- 
xicanos, como  ya  habían  vencido  al  ejército  se  fueron  sobre  la 
ciudad,  saqueándola  y  haciendo  grandes  crueldades.  Tomaron 
todos  los  despojos  de  ella  y  se  fueron  á  AzcapuJbudco  á  darle  ra- 
zón de  todo  lo  que  había  sucedido  á  su  rey  Aeulhua^  el  cual  se 
holgó  mucho  y  les  hizo  muchas  mercedes,  mandándoles  que 
se  ftie*  Ji  á  sus  casas  y  poblasen  apriesa  los  lugares  que  tenían 
escogidos.  ^ 

Vencido  TermníMíxdJbdn  é  ido  á  su  naturaleza,  se  hizo  luego 
jurar  por  gran  Chichimecatl  TecuhÜi  (el  rey)  Aculhua^  el  cual  ju- 
rado, gobernó  así  la  monarquía  veintisiete  años^  aimque  no  con 
tanta  majestad  y  grandeza  como  en  tiempo  de  Thtzin  y  sus  an- 
tecesores, porque  ya  casi  toda  la  tierra  estaba  alzada  con  las 
tiranías  de  él  y  de  TenancacaUzin^  viendo  que  no  juraban  al  le- 
gítimo sucesor,  especialmente  los  Señores  remotos.  Otras  mu- 
chas cosas  sucedieron  en  este  tiempo,  que  sería  muy  largo  de 
contar. 


1  Hay  en  todo  esto  errores  manifiestos  de  redacción;  pero  no  es  posible  re- 
hacer todo  el  M?. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  117 

El  rey  Quinaizin  Tlatecatzin  en  todo  este  tiempo  se  había 
ocupado  en  su  ciudad,  aderezándola  y  poniéndola  en  orden 
con  mucha  pohcía,  y  todo  su  reino,  amado  y  querido  de  todos 
sus  vasallos,  el  cual  en  tiempo  de  su  padre  se  casó  con  Ouauh- 
izíhuatzin,  sobrina  suya,  hija  de  TmchintecuhUi  su  hermano,  en 
la  cual  tuvo  cinco  hijos  varones:  el  primero,  ChicomaccUdnj  el 
segundo  Memexoltzin;  el  tercero,  MazamUzin;  el  cuarto  íbcAín- 
tón,  y  el  quinto  lechoÜalcUd%  el  cual  por  su  pura  virtud  fué  el 
heredero  de  los  reinos  y  señoríos  de  esta  tierra,  siendo  sus 
hermanos  mayores  señores  de  diversas  partes,  y  otros  muer- 
tos en  tiempo  de  su  padre. 

Habían  pasado  algunos  años  que  los  AzUaneoas  estaban  en 
las  tierras  y  laguna  de  Aculhua  su  señor,  dándose  priesa  en  po- 
blarla, cuando  acordaron  tener  un  señor  que  los.  gobernase,  y 
que  este  tal  ñiese  hijo  del  señor  que  más  legítimamente  fuese 
en  toda  la  tierra,  los  cuales  tuvieron  noticia  que  era  Quinaizin, 
rey  de  Texeuco;  y  fueron  un  día  secretamente,  sin  avisar  á  su 
rey  Aculhua,  á  la  ciudad  de  Teoccuco,  á  verse  con  el  rey  para 
que  les  diese  señor  que  los  gobernase,  pues  era  el  legítimo  su- 
cesor de  la  tierra,  y  otras  palabras  que  le  dijeron  comedidas, 
y  promesas  que  le  hacían  de  que  ellos  y  su  dios  Huitdlopochtii 
les  ayudarían;  pues  bien  sabían  las  victorias  que  siempre  ha- 
bían tenido  siendo  tan  pocos.  QuiTiaizin  les  agradeció,  mucho 
lo  que  le  decían,  y  les  hizo  muchas  mercedes,  dándoles  de  to- 
do lo  que  tenía,  que  era  mantas,  oro,  plumas,  maíz  y  las  de- 
más semillas,  y  les  respondió  que  él  por  entonces  no  podía  ha- 
cer cosa  ninguna,  porque  toda  la  tierra  estaba  alzada,  y  Aeulhua 
su  señor  de  ellos  era  monarca  de  toda  ella;  demás  de  que,  por 
aquella  parte  en  donde  ellos  vivían,  eran  tierras  de  Aeulhua, 
por  lo  cual  se  levantarían  grandes  guerras  y  disenciones,  de- 
más de  que  no  tenía  hijo  que  poderles  dar,  porque  de  dos  que 
tenía  vivos,  el  mayor  era  Señor  lejos  de  su  reino  y  tenía  tie- 
rras muy  prósperas,  y  el  menor,  por  su  virtud  y  buenos  prin- 
cipios babía  de  ser  el  sucesor,  y  que  por  entonces  no  había 
lugar:  que  mejor  sería  que  ellos  pidiesen  á  AaUh^ui  á  dos  hijos 


118  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

menores  que  tenía,  tíos  suyos,  que  él  lo  tendría  por  bien,  y  sus 
descendientes  si  cobraban  lo  que  era  suyo,  lo  confirmarían  re- 
cobrados que  fuesen  sus  reinos  y  señoríos,  y  si  no,  el  primero 
de  sus  descendientes  que  lo  recobrara.  Y  con  esto  dándoles 
las  gracias  los  AzOanecas,  ahora  Mexicanos,  de  la  merced  que 
les  hizo,  se  fueron  á  sus  tierras,  los  cuales  estaban  divididos  en 
dos  bandos.  Dos  de  sus  capitanes  habían  hallado  á  Tlateluco 
en  una  isla  de  arena,  con  las  señales  que  el  demonio,  su  ído- 
lo, les  había  dicho  en  dónde  habían  de  poblar,  y  así  poblaron 
aquí,  que  es  adonde  es  ahora  TkUehUco.  Otros  dos  capitanes  con 
la  mitad  de  la  gente  habían  hallado  otro  lugar,  donde  es  aho- 
ra San  Pabhy  con  las  mismas  señales  que  los  otros  dos  de  lYa- 
tdvko  habían  hallado,  y  poblaron  aquí.  Después  de  vueltos  de 
Texmoo  sembraron  las  semillas  que  trajeron  de  allá  y  otras 
que  el  Señor  de  CohiuMichan  les  había  dado,  las  cuales  se  die- 
ron en  cantidad  por  ser  tierra  húmeda,  aunque  en  Oaauktepecj. 
junto  á  Itzvuxm^  el  Señor  de  allí,  llamado  Xiuktennahuacatán^ 
había  más  de  cincuerUa  y  dos  años  que  sembraba  en  tierras  de 
riego  y  cogía  con  abundancia;  y  lo  mismo  AchiUmieU  rey  de 
Gulhuaoan  había  hecho,  aunque  no  tanto  y  con  abundancia  co- 
mo el  de  Ibucan. 

Ya  en  este  tiempo  era  muerto  Quiyavidn^  rey  de  Oulhuajcan^ 
y  heredó  el  reino  Ouxacx^  ^  hijo  sucesor  de  AcolnmUi,  que  des- 
pués fué  Señor  de  CoUnaÜtchan^  yerno  suyo,  que  estaba  casado  . 
con  Xiloxochüzin  su  hya,  que  por  no  tener  hijo  varón,  era  la 
heredera  del  reino. 

Pasados  casi  veintiséis  años,  que  ya  era  el  año  de  ce  Tecpal, 
y  á  la  nuestra  1220  de  la  Encamación,  en  el  quinto  del  Ponti- 
ficado de  Honorio  III,  en  el  séptimo  del  imperio  de  Federico  11^ 
y  en  el  cuarto  del  reinado  de  Femando  III  en  España,  casi  á 
los  principios  del  año  referido,  los  Mexicanos  fueron  á  pedir 
cada  cabecera  de  por  sí  al  rey  Acxdhm  su  señor,  señores  que 
los  gobernasen,  de  lo  cual  Aculhua  se  holgó  y  les  dio  á  sus  dos 

1  Más  adelante  dice  Cuxeux, — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  119 

hijos  menores;  á  los  TlaJtdulms  les  dio  á  su  hijo  el  segundo,  lla- 
mado MixcohuaÜ^  y  según  otros  CohuatecaÜ^  y  á  los  Termxcas 
(ó  Tenuchcas)  á  su  hijo  el  menor  de  los  tres  llamado  Acama" 
pixüi^  que  fueron  los  primeros  señores  de  México.  Los  Mexi- 
canos se  volvieron  á  sus  ciudades  con  muchas  fiestas  por  los 
caminos,  llevando  á  sus  nuevos  Señores  y  alguna  gente  que 
les  dio  su  padre  de  ellos  para  que  también  poblaran  con  los 
Mexicanos,  que  ya  á  esta  sazón  se  habían  multiplicado  y  eran 
muchos. 

En  este  mismo  año  después  de  haber  hecho  Aeulhua  á  sus 
t4jos  señores  de  los  AsttUmecas^  y  á  Tezozomoc  su  legitimo  suce- 
sor dándole  la  ciudad  de  Tenayuea  para  que  allí  estuviese  has- 
ta que  fiíese  tiempo  de  heredar  el  reino,  acordándose  de  que 
Quinaidn  (era)  el  legítimo  sucesor,  que  en  todo  este  tiempo  no 
le  había  visto  desde  la  muerte  de  su  padre,  acordó  restituirle 
la  monarquía  que  tan  injustamente  casi  veinHsiete  afis>%  había 
tenido,  acordándose  no  se  levantase  algún  día  contra  él,  por- 
que era  muy  valeroso,  y  le  quitase  no  tan  solamente  lo  que 
era  suyo,  sino  el  reino  que  tenía.  Demás  de  que  todos  los  se- 
ñores de  las  más  altas  casas  que  había  en  esta  tierra,  y  que 
eran  muy  poderosos  y  tenían  muchas  provincias  suyas,  le  que- 
rían y  amaban  y  reconocían  como  al  legítimo  sucesor  que  era 
de  la  real  casa  de  la  nación  Aeulhua;  el  de  OohuaÜichan^  que 
tenía  muchos  pueblos  y  provincias  de  la  casa  del  gran  Xo- 
loU^  monarca  de  esta  tierra;  sus  tíos  los  de  ZacaÜan  y  TenaTm- 
iec;  y  sus  hermanos,  TochintecuUi  señor  de  HuexvÜa^  que  tam- 
bién tenía  hartos  pueblos  suyos,  el  de  TlaxcaUan^  XiuhqvMzal- 
isin,  su  hermano  mayor;  y  los  de  las  casas  y  linaje  de  los  seis 
Señores  que  trajo  XohÜ,  que  la  mitad  de  ellos  eran  de  su  parte, 
como  filé  el  de  Tepeoca,  Cohuaiepec  y  Choleo.  Le  envió  á  llamar, 
y  le  hizo  jurar  por  gran  ChichimecaU  Tecuhtli  de  esta  tierra  en 
la  ciudad  de  Azcaputzalco^  con  muchas  fiestas  y  regocijos,  que 
por  excusar  volumen  no  se  ponen  aquí.  Jurado  que  filé  Qui- 
TuUdn  y  reconocido  por  tal  de  los  señores  todos,  aimque  no 
como  su  padre  y  abuelos,  porque  como  dije,  casi  todos  los  Se- 


120  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ñores  remotos  estaban  alzados,  tiranizándose  unos  á  otros  los 
señoríos,  se  fué  después  de  haber  estado  algunos  días  en  Azca- 
pvJbolco^  á  su  ciudad  de  Texcuco^  y  desde  este  tiempo  se  pasó 
la  corte,  cabecera  de  la  Nueva  España,  á  esta  ciudad.  ^ 

Asimismo  en  este  tiempo  vino  á  Culhuacan  el  gran  Sacer- 
dote de  Cholvla^  llamado  Iztamantzin,  á  pedir  socorro  á  Oux- 
cux.  rey  á  la  sazón  que  era  de  Chdhuo/can  dfe  ChohJieca^  que 
como  á  tal  le  vino  á  Ver  el  gran  Sacerdote,  á  quien  le  dio  Oux- 
cux  socorro  y  mucha  gente  de  guerra.  Vuelto  el  gran  Sacerdo- 
te á  ChoMa^  juntó  sus  vasallos  con  los  del  rey  de  Ouffmacan, 
y  haciendo  dos  ejércitos,  tomó  para  sí  el  uno,  y  el  otro  dio  á 
otro  Sacerdote  llamado  NacazpijnlolxuchiÜ^  y  fueron  sobre  tres 
provincias  que  les  molestaban,  que  eran  las  de  Tlatushquecho- 
lom^  OuMaxcohuapan  y  Ayotzinco^  que  eran  todos  Chichimecas, 
aunque  revueltos  con  Tultecas,  y  se  dieron  tan  buena  maña, 
que  los  vencieron  y  echaron  de  estas  provincias,  libertando  á 
los  de  su  nación,  que  los  tenían  muy  oprimidos.  Este  ñntuvo 
esta  guerra,  la  cual  duró  casi  un  año. 

En  el  ínterin  que  andaban  las  guerras  del  gran  Sacerdote, 
que  ya  (era)  en  el  año  de  ome  galli,  y  á  nuestra  cuenta  1221, 
AoamapioMi,  ^  señor  de  TenuclUitlan^  tomó  ciertas  tierras  que 
estaban  hacia  su  ciudad,  del  reino  y  señorío  de  Culhtiacan,  co- 
mo persona  que  estaba  casado  con  lUarumeiU,  que  le  pertenecía 
por  ser  hija  de  AchitomeÜ^  rey  de  (Mhtuican^  como  ya  está  de- 
clarado arriba.  De  esto  se  enojó  el  rey  Ouxeux  y  envió  un  ejér- 
cito sobre  los  Mexicanos  Tenuxcas^  á  defender  las  tierras.  Los 
Mexicanos  estaban  ya  apercibidos,  y  Acamapichüi  su  señor. 


1  Primero  diremos,  que  aunque  hay  error  en  la  escritura  de  varios  de  loe 
nombres  mexicanos  citados  en  este  párrafo,  excusamos  correcciones  que  serían 
innumerables,  7  sólo  hacemos  las  muy  necesarias.  Además  llámese  la  aten- 
ción desde  ahora  sobre  el  empeño  que  tiene  Ixtlilxochitl  de  sobreponer  Tex- 
cuco  á  México,  j  hacerla  la  principal  ciudad  llamándola  cabecera  de  la  Nue- 
va España, 

2.  La  verdadera  ortografía  de  este  nombre,  cuya  corrección  sí  me  parece 
importante,  es  Aeamapichlli, 


DON  FERN4ND0  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  121 

que  tenía  gente  de  socorro  que  le  envió  su  padre,  y  el  gran 
Chie/dmecaÜ  Quinatdn  su  sobrino,  le  salió  al  encuentro,  pelean- 
do valerosamente  los  unos  con  los  otros;  y  dentro  de  pocas  ho- 
ras fueron  vencidos  los  de  Gvlhuacan^  y  los  que  se  escaparon 
se  fueron  huyendo,  y  el  rey  Cuxeux  pasó  á  CohuaÜichan,  don- 
de después  vmo  á  ser  rey  después  de  la  muerte  de  su  padre;  y 
los  Mexicanos  fueron  hasta  dentro  de  la  ciudad  y  toda  su  pro- 
vincia, saqueándola  y  tomando  posesión  de  ella.  Juraron  por 
su  rey  á  AcamapichU%  el  cual  después  de  jurado  y  dada  orden 
de  lo  que  se  había  de  hacer,  se  fué  á  su  ciudad  de  México  Te- 
nucktitlan^  dejando  por  su  gobernador  á  su  sobrino  QudzaUa^ 
hijo  de  su  hermano  ChalchiukUanextzin^  señor  de  Goyohuacan. 
De  allí  á  pocos  días  llegaron  con  la  nueva  los  que  fueron  á  la 
guerra  del  gran  Sacerdote,  con  los  despojos  de  las  provincias 
que  fueron  á  sigetar;  pero  viendo  que  Acamapichtli  era  ya  rey 
jurado  de  (Mhuacan^  le  fueron  á  dar  en  TmuchMan  la  obe- 
diencia, y  en  esto  vino  á  parar  el  rey  de  los  de  Oulhuacan^  co- 
mo lo  tengo  declarado  según  la  original  historia. 


SÉPTIMA  EBLACION. 


De  QuénaMn,  cuarto  Oran  CMeMmeeaU,  y  de  tu  vida  y  tieehot,Jln  y  muerte. 

Jurado  QumaJtzin  y  estando  en  su  ciudad,  de  allí  á  medro 
años  que  él  era  jurado,  vinieron  los  TlaUoOoque  de  adelante 
de  la  Mideca^  ^  los  cuales  eran  del  linaje  de  los  Tultecas;  y 
libados  á  Choleo,  preguntaron  por  el  Monarca  de  la  tierra, 
en  dónde  era  su  casa.  Los  de  ChcUco  les  dijeron  cómo  era  Qui- 
natsdn,  que  en  Texcuco,  no  muy  lejos  de  allí,  estaba,  y  hacia 

1  Hlzteca.  Debemos  advertir  que  varía  en  los  autores  la  ortograña  de  cier» 
tas  letras  ó  sonidos.  Esto  se  explica  si  atendemos  á  que  nuestros  antiguos  pue- 
blos no  tenían  una  escritura  propiamente  dicha  j  no  conocían  el  alfabetOi  pues 
usaban  de  jeroglíficos  para  escribir;  así  es  que  los  españoles  tuvieron  que  aco- 
modar su  alfabeto  á  aquellas  lenguas,  las  cuales  tenían  varios  sonidos  dife- 
rentes de  los  de  la  castellana.  También  ha  sido  causa  de  la  variación  de  escri- 
tura,  especialmente  en  el  mexicano,  que  no  todos  los  pueblos  lo  pronunciaban 
de  la  misma  manera.  Gomo  se  ha  visto,  el  mismo  Ixtlilxochitl  dice  que  los 
texcucanos  lo  hablaban  más  suave,  7  más  áspero  los  mexicanos.  Agreguemos 
todavía,  que  después  de  la  conquista  se  ha  corrompido  la  lengua,  7  se  ha  adul- 
terado la  pronunciación.  Sstas  diferencias  se  notan  principalmente  en  las  pa- 
labras en  que  entra  la  letra  9,  pues  unos  usan  esta  letra,  otros  U^  otros  2,  7  en 
lo  general  x,  Y  aun  sobre  esta  última  ha7  que  advertir  que  en  la  época  de  la 
Conquista  tenía  en  el  castellano  el  sonido  de  la  ah  inglesa;  mientras  que  ahora 
lo  hemos  convertido  en  el  de  j,  como  sucede  en  la  palabra  México.  Dejándole 
el  que  antes  tenía,  usaremos  de  preferencia  la  x  en  la  ortograña,  por  corres- 
ponder más  exactamente  á  la  pronunciación  de  los  antiguos  mexicanos,  7a  que 
la  lengua  lleva  su  nombre. 


124  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


la  parte  del  Norte  allí.  Ellos  pidieron  guía  para  que  los  traje- 
se y  así  le  dieron  un  hombre  que  los  trajo.  Era  harta  cantidad 
de  ellos,  así  hombres  como  mujeres,  y  llegados  á  Texcuco  fue- 
ron á  ver  al  rey  Quinatzin  para  darle  la  obediencia  y  pedh'le 
tierras  en  donde  poblasen.  Quinatzin  los  recibió  y  se  holgó  de 
verlos,  porque  todos  ellos  eran  artífices  y  hombres  sabios,  as- 
trólogos y  otras  artes,  y  traían  por  cabeza  á  un  caballero  del 
linaje  de  los  Tultecas,  llamado  Itepantzin,  Les  hizo  muchas  mer- 
cedes, entre  las  cuales  fué  al  caballero,  con  alguna  parte  de  la 
gente,  le  dio  un  lugar  junto  á  Texcuco  para  que  lo  poblase,  y  á 
los  demás  repartió  en  sus  pueblos,  dando  á  cada  uno  tierras 
donde  poblase;  y  de  aquí  tomó  el  nombre  el  pueblo  y  barrio  de 
Texcuco,  llamándose  TlmloÜacan  por  sus  primeros  pobladores, 
y  asimismo  los  demás  pueblos  que  hay  en  los  pueblos  que  se 
llaman  TlailoUacan, 

Pasados  casi  veinticinco  años  que  el  gran  QuincUzin  era  jurado 
por  gran  ChichimecaÜ  TecuhÜi}  después  de  haber  sucedido  gran- 
des cosas  en  sus  reinos  y  señoríos,  que  ya  en  este  tiempo,  co- 
mo ya  otras  veces  lo  tengo  declarado,  los  más  de  los  Señores 
sujetos  á  su  Monarquía  y  Señorío,  con  las  tiranías  estaban  alza- 
dos, y  como  eran  tantos  y  tan  diversos,  nunca  en  todo  este 
tiempo  los  pudo  sujetar,  aunque  después  á  los  más  de  ellos  los 
sujetó;  y  fué  que  la  primera  vez,  después  de  otras  guerras  que 
tuvo  antes  que  fuese  Monarca,  fué  la  de  este  tiempo  que  aque- 
llos Señores  Qiichimecas  á  quienes  había  encargado  el  cuidado 
de  los  cercados,  como  ya  está  declarado  atrás,  y  Azcaizotzolocy 
el  competidor  de  Huetzin,  todavía  estaba  resabiado  de  los  odios 
pasados,  y  así  secretamente  trataron  con  los  Señores  Tepehxuxs, 

1  Tecuhtli.  Esta  palabra  se  ha  traducido  unas  veces  por  rey  y  otras  por  em- 
perador: y  así  es  común  en  las  historias  hablar  del  emperador  de  México  ó  del 
rey  de  Atzcaputzalco.  Verdaderamente  la  dignidad  de  los  jefes  de  nuestros 
antiguos  pueblos  era  diferente  de  la  real  é  imperial,  pues  su  organización  so- 
cial era  muy  diversa  de  la  de  las  naciones  de  Europa.  La  verdadera  traduc- 
ción de  la  palabra  iecuhili  es  señor;  y  así  aplicaban  esa  voz,  lo  mismo  á  los 
dioses  que  á  los  grandes  monarcas,  y  á  los  jefes  de  pequeños  señoríos. 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTLILXOCHITL.  125 

Totopaneoas,  y  los  ifea?ccwpara  hacer  guerra  contra  el  gran  Qui- 
natzin  y  sus  electores  Tochintecuhtli^  Señor  de  HuexuÜa  y  otras 
partes,  y  Hudzm  de  los  Amlhuas  de  CohimÜichan  y  sus  provin- 
cias, dándole  orden  de  la  manera  que  habían  de  entrar  en  sus 
tierras,  y  en  qué  parte  y  á  qué  tiempo,  y  como  Yacazozolotl  es- 
taba en  TepeUaoztoc  ^ ,  aún  no  una  legua  de  Texcucoj  corrían 
sus  tierras  hasta  las  tierras  de  estas  dos  naciones  que  tenían 
grandes  provincias  sujetas  á  su  nación  y  muy  prósperas  en  todo, 
se  atrevió  á  hacer  todas  estas  tiranías,  tratando  y  comunican- 
do con  ellos  una  y  muchas  veces,  los  cuales  le  dieron  su  pala- 
bra y  la  cumplieron.  Después  de  haber  juntado  una  gran  suma 
de  gentes,  se  vinieron  secretamente  por  las  tierras  de  Zacatzo- 
tzoloc  hasta  en  las  del  Señor  de  Tepepuko,  llamado  ZaenUexo- 
chi,  que  también  había  dado  su  palabra  de  guardarles  secreto, 
y  darles  los  bastimentos  que  hubieran  menester,  pero  no  gente 
de  guerra.  Después  que  el  ejército  estaba  más  acá  de  Tepepulco, 
fué  Yacazozolotl  á  recibirlos  y  avisarlos  de  lo  que  habían  de  ha- 
cer y  por  qué  partes  habían  de  entrar  á  ganar  la  ciudad  y  ma- 
tar al  gran  Qmnatzin,  dejando  abatidos  á  sus  vasallos  los  de 
TqpeUaoztoo  y  demás  partes  primero.  Después  de  haber  tratado 
con  ellos  las  cosas  referidas,  repartió  el  ejército  en  cuatro  par- 
tes, y  tomando  para  sí  la  una  parte  se  fué  derecho  hacia  Chiuh- 
nauktla  para  después  entrar  por  allí  en  la  ciudad.  La  otra  par- 
te la  tomó  otro  Señor  y  se  fué  derecho  hacia  Svltepec^  ^  un  lugar 
que  está  junto  á  Texcuco.  La  tercera  parte  la  tomó  otro  Señor 
yéndose  hacia  otro  lugar  cerca  de  Texcuco^  que  se  dice  Patía- 
chivhcan;  y  la  cuarta  parte  la  tomaron  para  sí  los  Señores  de 
las  provincias  de  Tototepec  y  Mextitlan  y  se  fueron  hacia  Cuauh- 
ximalcoy  un  lugar  junto  á  la  sierra  de  Texcuco,  avisándose  unos 

1  Bn  el  original  dice  Tepldaoztoc;  pero  es  una  errata  evidente. — R. 

2  Adelante  dice  Txuliepec, 

8  £1  manuscrito  generalmente  tiene  en  cursivo  los  nombres  de  pueblos; 
pero  á  cada  paso  se  quebranta  en  él  esta  regla.  Como  sería  muy  difícil  el  es- 
tarlo variando  constantemente  en  este  punto,  7  además  de  poco  provecho,  no 
hacemos  ninguna  variación  á  este  respecto. 


126  OfiRÁS   HISTÓRICAS  DE 

á  otros  para  que  en  destruyendo  la  ciudad  y  matando  al  gran 
Quinaidin^  que  era  la  mayor  fuerza  que  había,  luego  juntos 
irían  sobre  las  demás  poblaciones,  que  fácilmente  lo  harían, 
pues  estaban  muy  descuidadas.  Mas  el  gran  Quinaidn,  que  ya 
en  este  tiempo  lo  sabía,  envió  á  llamar  á  Tochintecuhüi  su  her- 
mano, Señor  de  HuexuÜa^  y  a  Huetún  de  CohxwÜiohan^  que  no 
hubo  lugar  para  más,  y  con  todas  las  gentes  de  estas  ciudades, 
que  á  la  sazón  eran  juntas,  formó  otro  gran  ejército,  y  repartién- 
tíéndolo  con  la  misma  orden  de  sus  enemigos,  Quinaizin  se  fué 
hacia  la  ^Sierra  en  donde  venían  los  Señores  de  las  dos  naciones 
Tepehuas  y  Mezcas  con  un  ejército  de  sus  provincias.  Su  her- 
mano NopoMsdn  ToxUmUzin  (marchó)  hacia  Tmliepec  con  la 
segunda  parte  del  ejército,  contra  Guauhxoxtdny  el  Señor  que 
desterró  el  gran  Quinatzin,  que  allí  venía  por  general;  y  IbcAm- 
iecuhüiy  Señor  de  HuexvÜa^  contra  VoGcUzotzoloc^  hacia  Chivh" 
nauhUan^  con  la  otra  parte  del  ejército  y  traía  otras  provincias, 
entre  las  cuales  venían  los  Tulantzincaa,  que  casi  todos  los  que 
esta  vez  le  hicieron  guerra,  sacando  ^  las  dos  naciones  Tepehuas 
y  Mezcaa^  que  eran  remotas,  todos  los  demás  eran  sus  vasallos 

1  Esto  eñ^  fuera  de. 

2  Los  Meca.  Esta  raza,  cuya  existencia  y  etnograña  no  se  había  precisado 
jintes,  7  de  la  cual  rara  vez  hablan  los  autores  antiguos,  es  muy  importante 
en  nuestra  historia.  Los  historiadores  antiguos,  que  más  bien  deben  Uamarse 
cronistas,  tratan  de  la  raza  mexicana  y  sus  sincrónicas,*  y  solamente  algunos 
hablan  incidentalmente  de  las  anteriores,  y  con  especialidad  de  los  toltecas. 
Aun  en  obras  modernas  se  nota  este  defecto:  se  comienza  por  los  toltecas  nues- 
tra historia,  y  se  dan  vagas  noticias  de  mayas,  zapoteoas  y  otras  razas. 

Es  sin  embargo  muy  importante  fijar  la  existencia  de  una  raza  cuasi  mono- 
silábica autóctona  en  nuestro  territorio,  y  hacer  constar  las  dos  antiquísimas 
inmigraciones  habidas  en  él,  la  una  al  Norte  por  los  nahuas,  y  la  otra  al  Sur 
por  los  maya-kichés.  Los  pueblos  autóctonos  que  estuvieron  en  contacto  con 
los  primeros,  y  que  ocupaban  la  región  del  maguey  meü^  principalmente  la  de 
Xalisco,  fueron  los  mecas.  Sus  emigraciones  al  Sur  comenzaron  siglos  antes 
que  las  de  los  toltecas.  De  ellos  fueron  los  antiquísimos  ulmecas,  y  los  prime- 
aos invasores  de  lo  península  maya,  los  amecas;  lo  mismo  que  los  zapotecas  y 
otras  tribus.  Al  ponerse  en  contacto  con  la  raza  del  Sur  en  el  centro,  como  en 
Teotihuacan  y  Cholula,  tomaron  el  nombre  de  nonohualoas.  De  eUos  por  inci- 


DON  FERNANDO  DB  ALVA  IXTULXOCHITL.         127 

y  gente  de  su  recámara,  como  dicen;  y  así  después  de  todos  con- 
frontados, que  casi  fué  todo  en  el  mismo  día  y  tiempo,  se  die- 
ron la  batalla,  la  cual  duró  casi  veinte  días,  muy  cruel  y  reñida, 
en  donde  murieron  de  ambas  partes  grandísimas  sumas  de  gen- 
tes, y  casi  al  último  de  este  tiempo,  el  gran  Quinatzin^  por  su 
gran  valor,  peleando  personalmente,  fué  el  primero  que  venció, 
matando  á  los  dos  Señores  de  las  dos  naciones,  y  viendo  sus 
vasallos  muertos  á  sus  Señores,  se  fueron  huyendo  á  sus  tie- 
rras y  otros  hacia  los  ejércitos.  Quinatzin  siguió  á  los  que  se 
iban  á  sus  tierras  hasta  Tepepidco^  matando  á  todos  los  que  po- 
día haber  á  las  manos;  y  llegado  que  fué  á  Tepepulco,  entró 
asolando  toda  la  provincia  hasta  dentro  de  la  ciudad,  matando 
átoda  la  gente.  Mas  el  Señor  de  allí  salió  de  paz  recibiéndole, 
haciéndose  de  ladrón  fiel,  como  se  suele  decir;  pero  Quinatzin 
no  le  quiso  escuchar  á  ninguna  de  sus  excusas,  antes  se  fué 
para  él  para  matarlo,  el  cual  viendo  esto  echó  á  huir,  mas  Qui- 
naJtsAn  le  siguió  y  á  poco  trecho  le  alcanzó  y  mató,  poniendo  á 
Cmuhtlatzin  por  gobernador  de  aquella  provincia.  Luego  se 
volvió  para  la  ciudad  á  ver  en  qué  habían  parado  los  negocios 
de  los  otros  ejércitos,  los  cuales  en  el  ínterin,  (el  que  mandaba) 
Huetzin  de  OohuaUichan^  había  sido  el  segundo  en  la  victoria, 
y  también  iba  en  seguimiento  de  los  que  huían;  y  su  hermano 
NopaÜzm^  que  era  el  tercero  en  la  victoria,  iba  en  seguimiento 
de  los  Mezcas  que  habíanse  ido  todos  juntos  y  de  cuando  en 
cuando  se  volvían  en  gran  ímpetu,  el  cual  como  iba  con  gran 

dencia  habla  Sahagún.  Por  no  ser  conocidos  loe  códices  manuscritos  que  de 
ellos  tratan,  niega  su  existencia  el  Profesor  Strebel;  pero  esos  códices,  escritos 
en  mexicano  á  raíz  de  la  Conquista,  nos  han  conservado  su  historia,  y  con  el 
nombre  de  nonohualcas  los  designa. 

Después  yinieron  los  toltecas,  7  fueron  sus  vencedores.  Nuevas  tribus  mecas, 
los  chichimecas  de  Xolotl,  fueron  los  destructores  de  los  toltecas,  y  los  funda- 
dores del  señorío  de  Texcoco.  T  sincrónicas,  con  cortas  diferencias,  fueron  otras 
-emigraciones  mecas,  como  la  de  los  chalmecas,  la  de  los  teochichimecas  fun- 
dadores del  importante  seftorio  de  Tlaxcalla,  y  la  de  los  mexicas,  fundadores 
de  México. 

Véase  con  más  extensión  esta  materia  en  mi  Historia  Antigua  de  México 


128  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

coraje  tras  de  sus  enemigos,  que  no  se  le  querían  rendir,  no 
acordándose  que  su  hermano  Tochintecuhtli  estaba  lidiando  con 
la  mayor  cantidad  de  los  enemigos,  se  fué  después  siguiendo  á 
los  Mezcas.  Ya  en  esta  sazón  TochintecvMi  había  vencido  el 
ejército,  y  ya  iban  todos  huyendo  hacia  donde  iba  NopaMdn 
tras  de  los  otros  y  les  fueron  á  alcanzar,  y  allí  entre  los  dos 
cercaron  á  NopaUzirij  y  los  suyos,  defendiéndose  valerosamente 
mientras  que  llegaba  su  hermano,  procuraron  salvar  á  Nopal- 
tziuy  lo  cual  no  pudo  ser,  porque  como  era  grandísima  la  suma 
de  sus  enemigos,  lo  hubieron  á  las  manos  los  de  la  provincia 
de  Tularúzinco  y  después  lo  mataron  en  su  tierra  así  como  lle- 
garon, y  antes  de  llegar  mataron  á  todos  los  suyos.  En  el  ínte- 
rin llegaron  Tochintecuhtli  y  Huetzin  en  su  seguimiento  hasta 
dentro  de  sus  tierras,  matando  y  asolando  á  cuantos  llegaban 
por  delante;  mas  cuando  llegaron  á  Ihüantzinco  ya  era  muerto 
el  Infante  Nopaltzin^  y  matando  y  asolando  aquella  provincia, 
se  fueron  sobre  las  demás  y  se  les  rindieron  á  la  obediencia  al 
gran  Quinatzin,  pidiéndole  merced  de  las  vidas,  el  cual  se  las 
otorgó  y  mandó  jurar  por  Señores  á  los  legítimos  sucesores  con 
ciertas  condiciones  y  obligaciones  que  habían  de  acudir  y  des- 
de Huchue  Ichocayan^  Tepepulco  y  todos  los  demás  pueblos  de 
la  nación  AcuUiua^  sacando  Tulantzinco^  donde  también  mandó 
jurar  al  legítimo  sucesor,  mandó  que  no  hubiese  ningún  Señor, 
sino  Mayordomos  y  Gobernadores,  por  la  traición  y  pecado  que 
cometieron  contra  el  gran  QuincUzin,  haciéndoles  tributarios  á 
todos,  nobles  y  plebeyos.  Este  ñn  tuvo  esta  cruel  batalla  y  fué 
de  las  más  crueles  y  mortales  que  hubo  en  esta  tierra. 

Pasadas  estas  guerras,  luego  envió  á  decir  á  los  reyes  de  Az- 
caputzolco  y  México,  sus  tíos,  y  á  los  demás  Señores  de  CohiLa- 
tepec,  Choleo  y  las  demás  partes,  quejándose  de  ellos  cómo  no 
le  habían  dado  socorro  ni  ayuda  en  cosa  ninguna,  y  avisándo- 
les del  fin  de  las  guerras  y  muerte  tan  cruel  de  su  hermano  el 
Infante  NopaUdn,  los  cuales  vinieron  luego  á  disculparse  y  á 
dar  el  pésame  de  la  muerte  del  Infante.  Los  de  Azcapvtzako  y 
Méocico,  sus  tíos,  le  dijeron  cómo  también  habían  tenido  las 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  129 

mismas  guerras  con  otros  Señores  Chichimecas  de  Xtoíonífoo,  y 
también  algunos  de  los  Mezcaa  en  el  mismo  tiempo,  y  cpmo  Ip^ 
habían  vencido,  dándole  razón  de  todo  lo  que  habían  hec^o, 
Quinaizin  se  holgó  mucho  y  lo  tuvo  todo  por  bien.  Los  de  Go- 
hxuiltepeo,  Choleo  y  demás  partes  le  dyeron  que  no  habían  acu- 
dido porque  tuvieron  noticia  que  en  el  mismo  tiempo  de  las 
guerras  de  las  naciones  Mezcas  y  Tepehvosj  con  su  orden  ha- 
bían de  entrar  por  aquel  lado  los  Tlalhuioaa  y  otras  muchas 
provincias  de  diversas  partes  para  destruirlos  á  ellos  y  matar 
al  gran  Quinatdn^  y  que  con  este  temor  no  habían  querido  sa- 
lirse de  sus  tierras  ni  ocupar  sus  gentes,  los  cuales  estaban  to- 
dos alzados  y  muy  aparejados  para  la  guerra.  Oído  esto  por 
Quinaizin^  y  juntos  todos  los  Reyes  y  Señores  sus  vasallos  y 
amigos,  concertaron  de  hacer  siete  ejércitos  y  entrar  por  siete 
partes  á  las  tierras  de  sus  enemigos  y  conquistarlos,  lo  cual 
todos  tuvieron  por  bien  y  se  fueron  á  sus  tierras  á  juntar  gente 
para  el  efecto. 

En  el  año  de  siete  agatl  y  á  la  nuestra  1239  de  la  Encama- 
ción, en  el  décimo  sexto  del  reinado  de  Femando  11^  segundo 
del  Pontificado  de  Gregorio  IX  y  en  el  décimo  séptimo  del  im- 
perio de  Federico  11^  pocos  años  antes  que  sucedieran  las  gue- 
rras del  gran  Quir^cUzinj  murió  el  gran  Aculhua^  Rey  de  Azcon 
putzalco  y  Monarca,  aunque  no  tirano,  pues  restituyó  (lo  ajeno) 
á  cuyo  era,  sin  guerra  ni  pesadumbre  ninguna,  siendo  de  edad 
de  más  de  doadentoa  afíos^  habiendo  gobernado  casi  ciento  setenta 
y  nueve  años^  heredando  el  reino  su  hijo  el  mayor  y  legítimo 
sucesor  Tezozomoc. 

Venidos  los  Señores  y  Reyes  de  Texeuoo^  comenzaron  á  jun- 
tar sus  gentes  y  las  demás  cosas  necesarias  para  la  guerra,  y 
junto  todo  se  fué  cada  uno  á  la  ciudad  de  Texcuco  con  su  ejér- 
cito, para  desde  allí  salir  cada  uno  á  la  parte  que  le  fuera  se- 
ñalada, dejando  cada  uno  Gobernadores  en  sus  ciudades,  entre- 
tanto que  se  ocupaban  en  las  guerras,  y  para  que  se  les  enviasen 
socorros  de  cuando  en  cuando,  principalmente  cuando  cono- 
ciesen haber  necesidad.  Juntos  en  Tearcuco  les  mandó  Quinatzin 

Tomo  I— O 


130  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

de  este  modo,  después  de  haberles  hecho  un  gran  razonamiento 
conveniente  para  este  efecto,  que  sus  tíos  los  Señores  Mexica- 
nos Macohuatl  Señor  de  TkUdidco^  y  Acamapixtli^  Señor  de 
Tmuchtitian  y  Rey  de  (Mhvxiean^  fueran  sobre  Cuülahuac^  ciu- 
dad muy  fuerte,  con  sus  ejércitos,  cuyos  ciudadanos  eran  gran- 
des hechiceros  y  nigrománticos,  que  tenían  la  ciudad  por  en- 
cantada; demás  de  que  tenían  muchas  provincias  allí,  que 
habían  convocado  para  el  efecto,  y  los  siyetasen  á  sangre  y 
fuego;  que  Izdaminabdn  entrase  por  Mzquic  con  su  ejército  y 
sujetase  aquella  ciudad  y  sus  aliados  con  todas  sus  tierras  con 
la  misma  orden;  y  á  Huehin  de  CohuaÜichan^  que  con  su  ejér- 
cito entrase  por  HuehueÜan  y  sujetase  aquel  lugar  y  todas  las 
tierras  sujetas  á  él  y  las  de  sus  aliados  con  la  misma  orden;  y 
que  Atoocmixaizin^  Señor  de  IMpiUepec,  con  su  ejército  entrase 
.  ^or  Huaxtepeo  y  sujetase  aquella  parte  y  todos  sus  aliados  con 
la  misma  orden:  y  á  TlacaximaMzin  Señor  de  Choleo^  entrase 
-^or^^Zayula  y  sujetase  aquel  lugar  con  todas  sus  tierras  y  alia- 
dos,'con  las  mismas  órdenes  que  los  otros.   El  gran  Quinatzín 
se  tomójpara  sí  la  parte  de  Totolapauy  que  era  la  mayor  fuerza 
de  los  enemigos,  y  llevando  por  acompañados  á  su  hermano 
TochintecuhUi  Señor  de  HuexuÜa^  y  á  Huitzilihuitl  legítimo  su- 
cesor del  Señorío  y  reino  de  AcamapichUi,  §eñor  de  México,  ^ 
Dada  la  orden,  cada  uno  se  fué  á  la  parte  que  se  le  señaló 
con  su  ejército,  y  llegados  todos  al  lugar  de  sus  batallas,  que 
ya  losjenemigos  les  estaban  esperando,  tuvieron  grandísimas  y 
muy  crueles  batallas  casi  un  año,  muriendo  de  una  parte  y  otra 
gran  suma  de  gente;  mas  Quinatzin  y  todos  los  de  su  parte  iban 
ganando  muchas  tierras  y  provincias  de  sus  enemigos,  aunque 
loslSeñores  de  México  y  sus  tíos  jamás  pudieron  sujetar  á  Cmí- 

IJAcamapichtli. 

2  Aquí  Ixtliliochitl  hace  creer  que  México  dependía  del  señorío  de  Texc»  - 
00,  y  que  Acamapichtli  recibía  órdenes  de  Quinatzin.  Ambas  cosas  son  íáliru.>?. 
Cierta  fílenla  guerra  de  Cuitlabuac,  y  consignada  está  en  los  jeroglíficos  del 
Códice  Mendocino)  pero  la  hicieron  y  triunfaron  por  su  propia  cuenta  los  me- 
xicanos. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  ffiTULXOCHITL.  131 

Mahuac^  antes  entrando  por  la  ciudad  todos  los  de  su  ejército 
los  acabaron,  mas  murieron  gran  parte  de  ellos  y  los  Señores 
de  México  como  pudieron  salieron  huyendo  de  la  ciudad.  Des- 
pués de  pasados  algunos  días  MixcohuaÜ^  Señor  de  Tlatelulco, 
con  su  ejército  los  vino  á  sujetar  en  alguna  manera,  y  después 
se  le  rindieron  y  pidieron  las  paces  con  todos,  ofreciéndose  con 
-ciertos  conciertos  que  hicieron  á  los  Señores  de  Méjdco;  y  su- 
jetos éstos  fueron  sobre  otras  tierras,  pueblos  y  lugares  siyetos 
á  OuHIahuao  y  otras  provincias  de  sus  aliados.  Tlaminaizin  tuvo 
grandísima  resistencia  con  los  de  Mixquicy  mas  pasados  algu- 
nos días,  todos  sus  enemigos,  estando  muy  fatigados  con  las 
crueles  batallas,  echaron  á  huir  á  los  montes  y  cerros  altos  para 
guarecerse.  Tlaminaizin  los  siguió  y  siyetó  á  ellos  y  á  todos  los 
pueblos  y  provincias  de  los  aliados.   Quinatzin  y  los  otros  tres 
Señores  que  fueron  á  diversas  partes,  ya  en  este  tiempo  habían 
siyetado  todas  las  tierras  de  Tlahuic  y  otras  provincias  remo- 
tas, adelante  de  Huaxtepec  y  otras  partes,  todo  hacia  la  parte 
del  Sur,  á  respecto  de  Texcuco^  que  todo  casi  á  un  tiempo  se 
sujetó.  Volvieron  todos  á  la  ciudad  de  Texcuco  con  los  despo- 
jos, después  de  haber  dado  orden  á  los  Señores  de  las  provin- 
cias sujetas,  de  lo  que  habían  de  hacer  y  acudir,  y  juntos  en 
Texcueo  hicieron  grandísimas  fiestas  en  memoria  de  las  victo- 
rias. Estas  y  las  otras  guerras  de  YacazozoloÜ^  y  sus  aliados 
fueron  las  más  notables  que  tuvo  en  esta  tierra  Quínatzin.  En 
ellas  pues  murió  grandísima^suma  de  gente  Chichimeca,  y  asi 
se  llamaron  estas  batallas  la  Gran  guerra  y  destrucción  Chichi- 
'meca.  Fueron  en  el  año  de  ce  Toxtli  y  á  nuestra  cuenta  en  el 
de  1246,  en  el  cuarto  año  del  Pontificado  de  Inocencio  IV^  en 
el  trigésimo  cuarto  del  imperio  de  Federico  II  y  en  el  trigésimo 
de  Femando  lien  España.   Otras  muchas  batallas  tuvo  este 
Quinatzin,  aunque  no  fueron  tan  crueles,  ni  tan  grandes  como 
las  de  estas  dos  veces;  y  después  por  ser  el  Príncipe  más  gue- 
rrero y  valeroso  que  hubo  desde  su  visabuelo  Xofotí,  le  pusie- 

1  En  varias  partes  de  atrás  se  le  llama  Vacaizotzoloc. — R. 


132  OBRAS  HISTÓIUCA8  Vt 


ron  TUjUeoaUdn,  que  quiere  decir  El  que  tiende  y  allana  la  tie- 
Riu,  por  haber  allanado  y  siyetado  casi  toda  la  tierra,  aunque 
como  tengo  dicho,  muchos  Señores,  especialmente  los  remotos, 
ya  en  este  tiempo  no  los  pudo  siyetar  á  muchos  de  ellos,  aun- 
que después  sus  descendientes  poco  á  poco  los  fueron  su- 
jetando. 

Después  de  este  tiempo  murió  Huddn  de  CohuaÜichan  Ácul- 
huacan^  heredándole  su  hijo  legítimo  sucesor  AoolmixUi,  el  cual 
después  de  haber  gobernado  quieta  y  pacíficamente,  murió,  he- 
redándole su  hijo  llamado  MotexurnaUziny  y  no  quiso  darle  su- 
cesión al  legítimo  sucesor  Cozox  ^  porque  perdió  el  reino  de 
Oulhuaca/n  afrentosamente  y  con  poco  ánimo,  aunque  después 
de  muerto  MotezurnaUdn  heredó  luego  el  reino  y  gobernó  algu- 
nos años. 

En  el  año  de  ocho  Calu  y  á  la  nuestra  1253,  siendo  Sumo 
Pontífice  Inocencio  IV^  á  lo  último  de  su  Pontificado  y  á  los 
dncuerUa  y  cuatro  años  de  su  interregno,  ^  en  el  segundo  año  del 
reinado  de  D.  Alonso  d  Sabio  en  España,  murió  el  gran  Qm- 
naizin^  cuarto  gran  Chiehimecatl  TecuktU^  después  de  haber  su- 
cedido todas  las  cosas  referidas  atrás  y  otras  muchas  que  por 
excusar  prolijidad  no  se  ponen  aquí,  así  cosas  de  gobierno  y 
leyes  que  constituyó,  como  guerras  muchas  y  diversas  que  tu- 
ro; el  cual,  casi  á  los  sesenta  años  de  su  gobierno,  murió,  y  en 
el  mejor  tiempo  de  su  pompa  y  majestad.  Muerto  y  hechas 
sus  honras  conforme  ellos  las  usaban,  heredó  el  Señorío  y  Mo- 
narquía su  hijo  el  gran  Techoücdxüzin^  que  ya  en  este  tiempo 
era  hombre  muy  valeroso  y  se  había  señalado  en  muchas  co- 
sas. Este  Qmuíixm  fué  el  cuarto  que  empezaron  con  él  los 
TaUeoaa  MesdcanoM  á  quererle  enseñar  sus  idolatrías,  ritos  y  ce- 
remonias ^  pero  jamás  pudieron  con  él;  siempre  se  los  contra- 

1  Al  fin  de  la  BelaciÓn  anterior  se  le  llama  Cuxcux. — R. 

2  Aquí  pareee  faltar  la  designación  del  Emperador. 

8  El  descuido  del  o(^iante  hace  aquí  muy  difícil  averiguar  cuál  fuera  el 
yerdadero  sentido  del  historiador.  Solamente  podría  entenderse  el  texto,  le- 
yendo así: — "Este  Quinatzirij  4?  Emperador  6  Rey  de  Texcuco,  fué  con  el  que 
'^  empezaron  los  Tulieeaa  Mexicanos  á  quererle,  etc.'' — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  nXULXOCHITL.  133 

dijo  y  no  quiso  creer  en  cosa  ninguna  en  lo  que  le  industria- 
ban. Antes  de  su  muerte  murió  Tlamiyotzin  el  de  Choleo  Ateneo^ 
y  le  heredó  en  el  Señorío  su  hyo  PochotL 


OCTAVA  EELACION. 


De  TechotUUaitint  de  su  vida  y  hechos. 

Después  de  muerto  el  gran  QmnaJtzin  y  jurado  Rey  el  gran 
TechoOalcdzin  y  dado  orden  en  su  corte,  ordenó  de  tomar  esta- 
do con  una  Señora  que  fuese  tal  como  su  persona  requería,  la 
cual  fué  la  h^'a  de  Acolmidli  que  fué  después  Señor  de  Cohuar- 
ilichan  y  de  la  nación  Aculhiuz  y  hermana  de  Coxcox,  ^  que  fué 
rey  de  Oulhuacanj  Uamada  Tozqumldn,  prima  hermana  suya, 
(y  lo  verificó)  con  muchas  fiestas  y  regocijos,  hallándose  mu- 
chos Señores  en  ellas.  En  este  tiempo  eran  los  más  principa- 
les y  poderosos  Reyes  y  Señores  que  tenían  muchas  provin- 
cias y  tierras  siyetas,  (los  siguientes) 

19  TezozomoCy  Rey  de  AzcaptUzalco  Tepanecapan,  Rey  y  Se- 
ñor de  los  Tepanecas. 
29  PayTdzm  de  XaUocan^  Rey  y  Señor  de  la  nación  Otomüa. 
39  Mocomaizin  de  CohuaUychan^  de  los  Áculhuas. 
49  AcamapixUi  de  México  TmuchiWjan^  Rey  de  los  Odümas. 
59  Mxcohualzin  de  Tlateluko^  de  los  Mexicanoa  TlaieMcas 

y  su  provincia. 
69  QudzaldecukUi^  primero  de  este  nombre  de  los  Xuchi- 
milcas. 


1  Cerca  del  fin  de  la  Belación  anterior,  se  le  llama  CoxoXf  j  antes  OuX'- 
cttar.— R. 


136  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

7?  Ltamatetlapac^  Señor  de  Cuitlahuac. 

89  ChicuaÜij  Señor  de  lExquic. 

99  Pochotl,  Señor  de  Teycumac  Chalcohuaienco. 

109  Omaca^  Señor  de  TUdmaricdco. 

119  Cacama,  Señor  de  Choleo. 

129  Cocatziny  digo  Cocaztzin^  Señor  de  Ouauhquecholan  é  Í2;- 
¿socan. 

139  Temacatzin,  Rey  de  Huexviúnco. 

149  Teocuitlapopocatzin^  Señor  de  OueOaxcohuapan. 

159  Chichim^caÜocpayarUzinj  gran  sacerdote  de  Cholida. 

169  Chichtzin^  Señor  de  Tepeoca. 

179  JfM,  Rey  de  ITcuccofan. 

189  XxhuiUpopocay  Señor  de  ZacaÜan. 

199  Cuavhquetzalej  Señor  de  TenamUec. 

209  OiuJíiuhuaUin,  Señor  de  IhdarUzinco. 

219  TlaUecaizin^  Señor  de  CWixAcAinctTioo. 

229  2fe<5patí,  Señor  de  Atotonüco. 

239  Í2;¿accuat¿A¿2ín,  Señor  de  los  JlfozoAtMi^^ 

249  ChalckiuhUaTheídzin^  Señor  de  Coj^cAtíooan. 

269  FoAuctíí  ChuMimcaJbAny  Señor  de  0>Aua¿<^« 

269  Quiyaiihtnn,  Señor  de  HueseuÜa. 

279  TecuMicaottifotón,  Señor  de  Aeolnuin,  ^ 

Otros  muchos  Señores  había  de  pueblos  y  provincias,  pero 
como  tengo  dicho,  estos  tenían  muchas  tierras  y  provincias  su- 
jetas y  muy  remotas,  y  todos  estos  Señores  etan  vasallos,  ami- 
gos y  deudos  del  gran  TechoÜalatzin,  Otros  había  muy  remotos, 
que  eran  los  de  Cuauktemalany  Tecolotlanj  Oenizonac^  Tecuante- 
pecy  Xalisco  y  otras  partes,  que  ya  en  este  tiempo  los  más  de 
ellos  estaban  alzados  y  no  se  querían  sujetar  á  Ihchotialaizirij 
si  no  era  todo  á  fuerza  de  armas.  Todos  estos  Señores,  sin 
otros  particulares  y  remotos  sujetos  á  estos  27  y  al  gran  Techo- 


1  En  esta  lista  se  observa  claramente  la  diferencia  de  la  ortografía  usada 
por  Ixtlilxocbitl  en  los  nombres  nabuas,  respecto  de  la  empleada  por  los  cro- 
nistas que  pudiéramos  llamar  mexicanos,  y  la  del  vocabulario  de  Molina. 


DON  PERNAKDO  DE  ALVA  IXTULXOGHITL.  137 

Üalatsnn^  venían  siempre  á  la  corte  de  Teoscuco  á  hallarse  para 
cualquiera  ocasión  y  tratar  de  su  buen  gobierno.  ^ 

En  el  año  xnEca:  Acatl  y  á  la  nuestra  1271,  murió  Acamapix- 
Üi¡  primer  señor  de  Tmv/ihtíÜan  y  quinto  rey  de  Culhucvcan^ 
heredándole  en  el  reino  su  hyo  legítimo  sucesor  HmziÜihuia^ 
después  de  haber  gobernado  casi  cincuenta  y  un  ctñoa;  y  antes 
de  su  muerte  murió  su  hermano  MxoohuaÜ^  primer  Señor  de 
Tlatebdco,  heredándolo  su  hijo  legítimo  sucesor,  llamado  Qua- 
cuapiizahuaj  que  lo  hubo  en  su  mujer  llamada  ChickmeccUzi-' 
htiotzin^  hija  de  IzmiU  y  hermana  de  Huebnn^  Señor  de  Cohua* 
iliehan^  deuda  muy  cercana  suya. 

Pasados  casi  cinco  años  después  de  la  muerte  de  los  Señores 
de  México,  murió  Payntzin^  Señor  de  Xoüocan^  rey  de  la  na- 
ción OUmUa^  heredándole  el  reino  su  tío  Tzompanbdn^  Señor 
de  Meztíüan,  que  fué  en  el  de  cinco  Tecpatl  y  á  la  nuestra  1276, 
en  el  Pontiñcado  de  Juan  XXI^  al  tercer  año  del  imperio  de 
Boduifo^  y  en  el  vigésimo  séptimo  del  reinado  de  Don  Alfonso 
d  Sabio.  Este  Señor  como  hubiese  heredado  el  reino,  comen- 
zó poco  á  poco  á  irse  ensoberbeciendo  con  las  muchas  tierras  y 
provincias  que  tenía,  no  queriendo  acudir  en  las  cosas  que  era 
obligado,  y  los  OUmiies  viendo  esto,  hacían  lo  propio,  y  aun 
salían  de  noche  á  robar  á  las  ciudades  y  pueblos  sus  circunve- 
cinos; y  viendo  esto  el  rey  TechotiakUxin^  llamó  á  sus  deudos 
los  Señores  de  Meneo  y  Azcaputzalcoy  los  más  cercanos  veci- 
nos que  eran  de  este  rey,  y  juntos  les  mandó  á  Tezozomoc^  y  á 
los  demás,  que  juntaran  un  ejército,  y  una  noche  salieran  con- 
tra XaÜocan^  CuauhMan^  Tepozotian  y  Xüotepec,  y  otros  pue- 
blos y  provincias  sujetos  al  rey  Tzompatzin^  y  los  que  se  defen- 
dieran los  mataran  todos  á  fuego  y  sangre^  y  después  tomaran 
para  sí  todas  estas  tierras  de  este  rey;  y  (también  les  dijo  Te- 

1  En  este  pá«ajd  se  nota  de  manera  clariflima  el  afán  del  autor  por  presentar 
á  Texcoco  como  el  centro  de  todo  el  territorio  que  después  fué  Nueva  España, 
j  á  sus  Señores  como  jefes  supremos  de  todo  él.  Muchos  de  esos  pueblos  ni  si- 
quiera conocían  la  existencia  de  loe  cbicbimecas  aculhuas,  y  los  más  cercanosi 
como  loe  mexicaf  y  los  tlatelolcas,  jamás  les  rindieron  vasallaje. 


138  OBRAS  HISTÓRICAS  DE 

(JvoOalatzin)  que  él  estaría  con  otro  ejército  hacia  Chiuhnau- 
Üan^  porque  si  algunos  se  querían  guarecer  de  la  ciudad  de 
Texcuco  y  su  provincia,  los  mataría  y  no  los  dejaría  entrar,  pues 
ellos  iban  á  hacer  mal  de  noche  á  sus  vecinos,  y  que  pagaran  la 
misma  pena  de  noche  y  sin.  avisarles:  lo  cual  todo  lo  tuvieron 
los  Señores  de  AzcapuJtzaloo  por  bien,  y  así  lo  hicieron,  matan- 
do y  asolando  muchos  pueblos  y  lugares  del  rey  Tzompantzin^ 
el  cual  le  salió  al  encuentro  á  Tezozomoc^  media  legua  fuera  de 
la  ciudad  con  un  razonable  ejército,  que  como  era  de  noche  no 
pudo  juntar  más,  y  le  dieron  una  cruel  batalla  en  donde  mu- 
rieron muchas  gentes  de  ambas  partes;  mas  cuando  iba  ya 
amaneciendo  estaban  ya  del  todo  vencidos.  Visto  esto,  Tzom- 
paizin  se  fué  huyendo  hacia  Texcuco;  mas  luego  topó  con  el 
ejército  de  TechoÜalatzin^  ^  el  cual  envió  á  disculparse  diciendo 
que  era  leal  vasallo,  y  que  no  tenía  razón  el  gran  Señor  de  ha- 
cerle tal  molestia,  y  que  si  sus  vasallos  habían  hecho  algunos 
agravios  á  los  Señores  de  AzcapuJtzaloo^  había  sido  con  justa 
causa  por  ciertas  cosas  que  envió  á  decir.  Techoüalatzin  no  qui- 
so oirle,  antes  mandó  que  se  lo  prendiesen  y  trsgesen  delante 
de  sí;  mas  él,  avisado  de  ciertas  personas,  de  lo  que  había  man- 
dado TechoÜalatasinj  echó  á  huir  hacia  MeztíÜanj  su  señorío,  dis- 
frazado, con  mucha  cantidad  de  OtomUes.  Los  Señores  de  Azoa- 
puüzalco,  cuando  vino  á  amanecer,  ya  tenían  tomadas  muchas 
tierras  de  este  Señorío,  y  de  allí  adelante  fueron  Señores  de 
ellas;  y  Techoüalatzin,  á  los  que  caían  hacia  las  tierras  y  pro- 
vincias de  Texcuco,  les  mandó  que  de  allí  adelante  no  viviesen 
dentro  de  las  ciudades  y  pueblos,  sino  fuese  en  las  aldeas  y  lu- 
gares de  sierras  y  montes  acomodados  á  su  propósito;  y  les  dio 
para  su  cabecera  á  Otumha,  dándoles  por  Señor  á  un  caballero 
llamado  CuauJiquezaltzin.  Este  ñn  tuvieron  los  OtomUes,  los  cua- 
les jamás  á  TechotlaUUzin  le  cuadró  que  esta  nación  viviese  den* 
tro  de  las  Repúblicas,  ni  ninguno  de  sus  descendientes,  por  ser 
gente  vil  y  apocada.  Desde  este  tiempo  empezaron  los  de  la 

1  Aquí  es  necesario  suplir  eorif  6  acerca  de  élf  pues  de  otra  manera  el  pensa- 
miento queda  completamente  subvertidOi  é  inconciliable  con  lo  que  sigue. — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  139 

sierra  de  MeztiÜan  á  resabiarse,  aunque  no  lo  daban  á  enten- 
der, temiendo  al  gran  TechoÜaMdn  y  su  valor  y  justicia,  que 
los  castigaría  cruelmente,  sin  que  otra  cosa  hiciesen. 

Sucedidas  (tan)  grandes  cosas  en  la  Monarquía  Chichimeca, 
y  gobernando  Techotíalatzin  con  gran  moderación  y  paz,  te- 
niendo siempre  á  los  señores  sus  vasallos  muy  ocupados,  unas 
veces  en  su  corte  y  otras  en  las  guerras  remotas  que  se  ofre- 
cían, no  dejándoles  asistir  mucho  en  sus  reinos  y  señoríos,  y 
otras  muchas  cosas  que  por  excusar  prol^'idad  no  se  ponen 
aquí,  cuando  en  el  año  de  cuatro  Calli,  y  á  la  nuestra  1301, 
siendo  Sumo  Pontíñce  Bonifacio  VIII^  á  los  seis  años  de  su 
Pontificado  y  al  segundo  del  Imperio  de  Alberto  J,  y  en  Espa- 
ña Femando  III  al  sexto  año  de  su  reinado,  vinieron  cuatro 
géneros  de  gentes  de  la  nación  Tulteca  de  delante  de  Xaliscoy 
gente  muy  sabia,  con  harta  cantidad  de  ellos,  así  hombres  co- 
mo mujeres,  los  cuales  se  llamaban,  los  primeros  Mebsitin^  ^  que 
son  los  primeros  Mexicanos^  y  traían  por  su  capitán  á  Tenahua- 
catzin:  los  segundos  se  llamaban  Coüiuaque,  y  traían  por  su  cua- 
drillero al  Señor  Nahuayotl:  los  terceros  Huiznahuaque,  y  traían 
por  Señor  á  Tlaminatsm:  los  cuartos  Tepaneca,  y  traían  por  su 
capitán  á  AchilomM^  que  con  la  noticia  de  la  grandeza  y  ma- 
jestad.de  TechoÜalaMn^  se  salieron  de  sus  tierras  y  se  venían 
para  que  les  diese  tierras  en  donde  poblasen,  y  aun  dicen  que 
éstos  eran  de  Tlaxiculiucanj  hacia  (Móla^  y  los  habían  desterra- 
do de  su  patria  por  ciertos  bandos  que  habían  tenido  unos  con 
otros;  y  llegados  ájEZitcKcíepec,  preguntaron  por  la  corte  del  gran 
TechoOoIalzin  y  de  su  grandeza,  y  allí  les  dieron  harta  relación 
de  lodo,  y  desde  allí  á  CaÜmacan^  en  donde  hallaron  por  Go- 
bernador de  HuitzüíhuiU,  rey  de  aquí  y  Señor  de  México^  i  Que- 
tzalaya^  primo  suyo,  y  le  preguntaron  por  el  gran  TeckotíaMzin. 
Quetzalaya  les  dio  una  persona  que  los  guió  hasta  CohuaÜichanj 


1.  Aquí  dice  el  autor  que  éstos  ñieron  los  primeros  mexicanos,*  y  ya  antes 
liabía  hablado  de  la  fundación  de  México,  y  en  este  mismo  párrafo  cita  á  Hui- 
tzilihuitl  que  fué  su  segundo  rey  6  iecuJiÜi,  después  del  fundador  Tenoch. 


140  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

y  de  CohuaÜichan  á  HuexuÜa^  y  de  HuexuUa  á  Texcuco,  en 
donde  estos  cuatro  Señores  ó  caudillos  fueron  á  darle  la  obe- 
diencia. 

Techotialaidn  los  recibió  y  les  hizo  muchas  mercedes,  dán- 
doles á  cada  una  un  lugar  hacia  la  parte  de  la  Laguna  para  que 
poblasen,  cada  uno  distante  del  otro,  que  es  á  donde  está  aho- 
ra la  ciudad,  porque  antiguamente  era  desde  Tezeuiüjuso  hasta 
Oztodipac;  y  los  demás  que  no  cupieron  los  envió  á  los  pue- 
blos sujetos  á  Ihxcuco^  y  parte  de  los  Tepanecas  á  AzcaprjUaal- 
co^  y  los  MetxUin  á  México^  y  desde  este  tiempo  tuvo  el  nom- 
bre de  México  por  llamarse  así  esta  nación.  ^  Trajeron  consigo 
muchos  ritos,  ídolos  y  ceremonias,  entre  los  cuales  ñieron  Tez- 
ealtipuca^  ídolo  principal  de  Texcuoo  y  TlaUauhqmUzcaÜipxioa. 
Este  es  el  verdadero  origen  de  estas  cuatro  maneras  de  natu^ 
rales  según  la  original  historia,  y  por  esta  causa  se  llamaba 
Tetsncoco  Texouoo,  porque  cuantas  naciones  había  en  la  Nueva 
España,  venían  luego  derecho  á  Texcueo  y  poblaban  de  la  gen- 
te más  ilustre  y  principal  en  esta  ciudad.  Quiere  decir  este 
nombre  Chichimeco  Tetdooó^  Acow>tRO  ó  EimiETBNSDüRo  dc 
cfiKTfis.  Otro  nombre  le  pusieron  los  Tultecas,  que  es^  decirle 
Tahuiíf  que  quiere  decir  Madrk  t  S&ffORA  de  las  (^üdades*  ^ 

En  el  año  de  ome  Tóxtli,  y  á  la  nuestra  1^38,  al  cimrto  año 
del  Pontificado  de  Btnedido  XII^  al  vigésimo  tercero  del  Im- 
perio de  Ludo^íkó^  y  Vigésimo  octavo  de  Alfcmo  XI  en  Espa- 
ña, nació  el  Príncipe  IxaUxuohia  orne  TooítH^  legítimo  sucesor 
del  gran  TéchMcdaJbnn  habido  en  la  reina  Toxqaentún^  después 
de  haber  sucedido  grandes  cosas,  y  que  T<^s¡qwikiin  había  hartos 

1  El  P.  Pr,  Baliaaar  de  Medina^  refiere  en  su  Crónica  de  San  Diego  de  Me- 
xieOf  la  oposición  del  P.  Ér,  Martín  del  OaetiUo^  sobre  la  etimología  del  nom- 
bre de  MemeOf  por  la  cual  se  vo  o<5mo  una  mal  digerida  ciencia  ó  un  espíritu 
sistemático,  puede  conducir  al  absurdo. — £1  autor  citado — "defiende  que  Me- 
*^xieo  en  idioma  Hebreo  j  Caldeo  j  Sirio  es  lo  mismo  que  decir  Mexiae^  y  que 
"el  mismo  Mesías  le  dio  el  nombro  á  esta  dudad.'' — R* 

2  La  Terdadera  significación  de  Texcoco,  no  es  la  ampulosa  qu«  le  da  ti  au- 
tor, sino  la  dt  jarales  en  piedra,  y  asi  se  exprosa  el  nombro  en  su  Jeroglífico. 


DON  PERHAííPO  Di  AWA  aTWl#XOCHITL.  141 

años  que  estaba  casada  con  TechotíaMziri^  y  la  causa  Qs,  que 
la  tomó  por  esposa  muy  niña,  y  así  no  había  tenido  hijos  an- 
tes. Nacido  que  fué,  luego  mandó  TechoÜalaisem  i  una  Señora 
de  Tepepdco  llamada  ZaoaquimiUzinj  con  otras  Señoras  en  su 
compañía,  que  criaran  al  Príncipe,  y  le  dio  trece  pueblos  y  pro- 
vincias, para  que  siendo  grandecito,  estas  gentes  de  estas  pro- 
vincias y  pueblos,  le  sirviesen  y  le  reconociesen  como  á  su  Se- 
ñor. Le  dio  por  su  Ayo  á  TecuhÜacacuüotxin,  Señor  que  á  la 
sazón  era  de  la  provincia  que  solía  ser  de  Ocohua^  para  que  lo 
adoctrinase  con  otros  Señores  en  su  compañía;  y  después  la 
reina  Tozquerdán  tuvo  otros  cuatro  hijos,  que  la  primera  fué 
hembra,  llamada  Goxomchüzin;  el  segundo  TenaooóoMzin;  el  ter- 
cero AcaÜoUzm^  y  el  cuarto  TenanmnahuaoaíMn.  Estos  hijos  tu- 
vo el  gran  TechoUaJaidn. 

Había  más  de  noventa  años  ^  que  TechúÜalalsdn  gobernaba, 
(cuando)  hizo  segundas  Cbrtes,  en  donde  se  hallaron  73  Re- 
yes y  Señores,  con  los  que  él  de  nuevo  hizo,  fuera  de  los  di- 
chos en  las  primeras  Cortes,  que  serían  algunos  46  Señores, 
que  son  los  que  se  siguen,  que  por  todos  fueron  los  68. 

19  IbioquihuazUi^  primero  de  este  nombre.  Señor  de  Tlaco^ 
pan,  que  después  fué  rey  por  mandato  y  orden  de 
NezaJmálcoyotzin. 

2?  El  Señor  de  Tohcan. 

39  El  de  AcapiaMan. 

49,  59  y  69  Los  otros  tres  que  son  los  NauUecuhJtdn^  que  di- 
cen CuiÜahuaMny  primero  de  este  nombre  de  Iztapa" 
lapan  y  el  de  HuHdl/ypoxoo  y  Mexkatmu¡o  y  (hUma" 
can  Quetzalya. 

79  El  de  CfuavJinahmc. 

89  El  de  Mazatepec. 

99  El  de  XockUepec. 


1  Como  IxtlüzochiÜ  equivocó  la  cronología  desde  los  primeros  tiempos,  ne* 
cetitó  dar  una  dnración  inverosímil  á  la  vida  de  los  reyes,  para  alcanzar  las 
fechas  posteriores,  que  como  más  próximas  &  la  conquista,  estaban  bien  fijadas. 


142  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

10.  El  de  Zacaiepec, 

11.  Cohuaiecatzin^  el  de  Xiuhiepec. 

12.  El  de  QyuÜan. 

13.  El  deTlatlamaÜaoo. 

14.  Texocoac. 

15.  El  de  Chiehimeca  Tzacucdco. 

16.  El  de  Chiohirumahuasco. 

17.  El  de  TepeOa. 

18.  El  de  Petlacco. 

19.  El  de  Tetlanexco. 

20.  El  de  Toxmüco. 

21.  El  de  TlacuacuiÜapilco. 

22.  El  de  Ayotzinco. 

23.  El  de  Ixtocan^  digo,  Iztzocan. 

24.  El  de  .ZumoAteoz^^pec. 

25.  El  de  ^tfiarco. 

26.  El  de  Quiyahuitzlan. 

27.  El  de  XaUepdlapan. 

28.  El  de  XcMúnco. 

29.  Totomihuacan. 

30.  Tecafco. 

31.  Techatojpan, 

32.  Tepoyanco. 

33.  XaUocanteapdsco. 

34.  HuimoUan. 

35.  JKco^ec. 

36.  Otompan  CuauhqueizaÜsnn. 

37.  Teotihuacan  Acolhua. 

38.  Tochintún  ZtavihnauhÜan.  ^ 

39.  Xometzin  Tepechpan, 

40.  TlaUecatún  Tezoyocan, 

41.  El  de  Meztitlan. 

42.  El  de  Tofoí^pcc. 

1  Debe  ser  Cihuanauhtlan  6  XiuhitauhÜan. 


DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTULXOGHITL.  143 

43.  El  de  Tolan. 

44.  HvipUmanaizin^  de  ChiavÜa. 

45.  TecavM(xU>hu(dzin^  de  Papalotlan. 

46.  iTÜacotbdn  de  TepeUaoxíoe. 

Estos  46  Señores  de  junto  de  Texcueo^  eran  deudos  muy  cer- 
canos suyos,  y  por  eso  les  dio  sus  cabeceras  cerca  de  la  ciudad 
de  Texcueo^  y  sus  Señoríos  hacia  la  sierra  de  Meztülan  y  Quez- 
ieoapan. 

Estos  46  Señores  son  los  que  de  nuevo  hizo  el  gran  Techo- 
ÜajUdán^  los  cuales  pueblos  ó  ciudades  nombradas  eran  sus  ca- 
beceras; pero  tenía  otros  muchos  lugares  remotos  en  donde 
tenia  sus  Señores:  de  suerte,  que  como  tengo  dicho,  ya  en  es- 
te tiempo  después  de  estas  Cortes,  había  73  Reyes  y  Señores, 
sin  otros  Señores  particulares  de  pueblecillos;  y  todos  estos 
Señores  reconocían  á  TechotMatsdn^  y  lé  daban  cada  año  cierto 
reconocimiento  como  á  su  natural  Señor,  sacando  sus  deudos 
y  parientes,  que  aunque  lo  tenían  por  un  Monarca,  no  le  da- 
ban ningún  reconocimiento,  especialmente  los  Señores  de  Az- 
caputzcUco^  México^  HuexuUa^  CohuaÜichan^  Cohuatepec  y  otras 
cuatro  ó  cinco  partes,  que  por  excusar  prolijidad,  no  se  hace 
relación  de  todo.  En  estas  Cortes  constituyó  ciertas  leyes  que 
adelante  en  donde  se  hiciere  relación  de  las  leyes,  se  hará  re- 
lación de  todo. 

En  el  año  de  ocho  Calu  y  á  la  nuestra  1353,  en  el  primer 
año  del  Pontificado  de  Inocencio  F/,  en  el  noveno  del  imperio 
de  Carlos  IV  Y  en  el  quinto  del  reinado  de  D.  Pedro  d  Oruel^ 
cuando  en  los  principios  de  este  año  murieron  HuüzUíhuitl^  se- 
gundo Señor  de  México  y  Rey  de  Culhuacan,  después  de  haber 
gobernado  casi  ochenta  y  dos  años,  y  heredó  el  reino  y  seño- 
río su  hijo  mayor,  llamado  Chimalpopoca,  y  en  Tlatilulco  pocos 
días  antes  murió  Quaquapitzahvxic  y  le  heredó  en  el  señorío  su 
hijo  Amanizin^  el  cual  gozó  poco  del  señorío,  porque  luego  en 
este  tiempo  murió,  y  por  no  tener  hijo  heredero,  heredó  el  se- 
ñorío Tlacatcotzin  su  hermano  menor,  el  cual  y  Chimalpopoca 
de  Tenuchtülan  fueron  jurados  por  Señores  en  un  tiempo,  y 


144  OBRAS  DC  DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTUUCOGHILT. 

después  de  allí  á  algunos  días  7  casi  á  los  últimos  de  este  año 
murió  el  gran  TechoÜaUUzin  de  una  cierta  enfermedad,  siendo 
de  edad  de  más  de  eierUo  cincuenta  añosy  después  de  haber  go- 
bernado casi  cicTito  cuatro  años,  dejando  por  sucesor  á  su  hijo 
y  imiversal  heredero  IxtíiIxuchiÜ^  de  la  cual  muerte  Texozonioc^ 
Rey  de  Azcaputzalco  se  holgó  mucho  de  saber,  y  no  se  hallaron 
más  que  cuatro  Señores  y  Embcgadores  en  sus  honras  y  un 
deudo  suyo,  los  cuales  los  tres  de  ellos  era  el  primero  de  Te-- 
Üanexcoy  llamado  HuüzüihuiÜy,  el  segundo  era  el  de  Oimuhque- 
chollan^  llamado  ChichimecaÜ  Payrdxin^  el  tercero  de  Ooulma^ 
llamado  Huitzilihuüzin^  y  el  otro,  que  era  el  cuarto,  de  Teoal^ 
00,  llamado  ZiuhcohuaU,  y  el  deudo  era  TochirUssin  de  CokmÜin 
can,  hijo  de  Tlanahvacaízin,  Señor  de  este  luga?  y  sus  provincias; 
los  cuales  hicieron  las  honras  y  entierro  de  este  gran  SeQpr,  y 
después  de  hechas  las  honras  se  ñieron  á  sus  tierras,  aunque 
BuüzUihuiU  de  Oculrm  no  ftié  más  que  para  ver  y  conocer  el 
intento  del  legítimo  sucesor  JxUüxuchiÜ,  el  cual  por  entonces 
no  ñié  jurado  por  gran  ChichimecaÜ,  aunque  había  años  desde 
su  niñez  que  era  jurado  por  Señor  de  Texcu/y)  y  de  las  provin- 
cias y  pueblos  que  su  padre  le  dio  al  tiempo  de  su  nacimiento; 
y  Huüzilihuiü  Rey  de  Ocidma,  luego  se  partió  de  Texcuco  para 
Azcaputzalco  á  dar  aviso  á  Tezozomoc,  el  cual  le  hizo  muchas 
mercedes  por  la  nueva  que  tan  deseada  tenía.  Este  fin  tuvo 
este  gran  Señor,  después  de  haber  gobernado  sus  reinos  y  se- 
ñoríos con  grandísima  prudencia,  paz  y  gobierno,  con  pocas 
guerras,  como  ya  está  hecha  la  relación  de  todo. 


NOVENA  RELACIÓN. 

Del  gran  IsaiHxuehÜl  orne  locfUlit  de  su  vida  y  Tiechos  y  desastrada  muerte. 

Muerto  TechotlalcUzin  y  hechas  sus  honras,  de  allí  á  algunos 
días,  viendo  IxÜilamchiÜ  qne  no  le  querían  jurar  y  que  la  prin- 
cipal causa  de  esto  era  Tetzotzomoc^  ^  Rey  de  Azcapvizalcoj  que 
todo  lo  traía  revuelto,  no  quiso  tomar  estado  con  TecpaÜ  X\i^ 
chia,  hija  de  este  Rey,  que  desde  en  tiempo  de  su  padre  se  la 
habían  enviado  por  legítima  mujer,  antes  envió  á  México  por 
la  Infanta  MaÜcxÜxuchiÜ^  hija  legítima  del  Rey  muerto  Huiizili- 
huiü,  para  tomar  estado  con  ella,  lo  cual  así  se  hizo  y  efectuó 
con  grandes  fiestas  y  regocijos,  y  á  pesar  del  Rey  Tdzotzcmoc 
de  Azcaputzalco.  Visto  por  Tdzotzoríioe  cómo  IxÜilxuchül  había 
tomado  estado  con  la  lTiÍBXiiz,M(üMtzihu(üzin^  hermana  de  Chi- 
malpopocaj  convocó  á  los  Señores  de  México  y  demás  sus  pa- 
rientes y  amigos  para  tratar  con  ellos  la  tiranía  que  había  pen- 
sado días  había  y  vengarse  de  IxUibmchiÜ  por  lo  de  su  hija,  lo 
cual  así  se  hizo,  aunque  no  lo  dio  á  entender  á  su  nieto  Chi- 
mcUpopoca  Rey  de  México,  ni  á  los  demás  Señores  que  les  to- 
caba parentesco  con  la  infanta  Maüalxuchitl.  Juntos  los  Seño- 
res expresados,  les  dijo  Tdzotzcmoc^  que  bien  sabían  los  trabajos 
y  dominio  que  habían  tenido  sobre  sí  todo  el  tiempo  que  había 

1  Tezozomoc. 

2  Cuatro  renglones  atrás  le  da  otro  nombre.— K. 

Tomo  I— 10 


146  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

reinado  lechotlaMzin^  y  que  pues  era  ya  muerto,  que  por  nin- 
guna vía  juraran  á  IxÜilxuchiU  su  hijo,  porque  lo  mismo  sería 
que  su  padre,  y  que  para  que  en  ningún  tiempo  se  pudiese 
alzar,  que  sería  bueno  oprimirle  primero  por  vía  de  buen  ter- 
mino, y  luego  si  no  quisiese  por  esta  vía  sujetarlo  á  fuerza  de 
armas,  y  que  él,  como  nieto  del  gran  XoM,  sería  Señor  de 
toda  la  tierra,  y  Chimolpopoca  Rey  de  Oulhuacan  y  Señor  de  Mé- 
xico y  Tlacateotzin  Señor  de  Tlatelulco^  pues  eran  sus  nietos, 
serían  los  otros  dos  cabezas  principales  y  que  todos  tres  man- 
darían toda  la  tierra,  y  otras  muchas  palabras:  todo  lo  cual  á 
los  Señores  de  México  y  á  los  demás  les  pareció  muy  bien  y 
todos  concedieron  en  ello.  IxtlilxuchiÜ  en  Texcuco  estaba  go- 
bernando, aguardando  ocasión  y  tiempo  para  hacerse  jurar  por 
Rey  y  gran  Chichimeca  y  vengarse  de  Tetzotzomoc  y  sus  aliados. 
Luego  pasados  algunos  días  de  la  junta  y  concierto  de  Te- 
tzotzomocj  envió  sus  mensajeros  á  IxÜilxuchiÜ  con  mucho  algo- 
dón como  por  vía  de  amistad,  enviándole  á  decir  que  le  rogaba 
mucho  que  le  hiciese  merced  de  mandar  á  sus  vasallos  que  de 
aquel  algodón  le  hiciesen  mantas  muy  buenas,  como  se  sabían 
hacer  en  aquel  tiempo  en  esta  ciudad,  porque  tenía  necesidad 
de  ellas,  lo  cual  entendiendo  IxÜüxuchiÜ  que  como  viejo  y  deu- 
do suyo  y  por  la  falta  que  en  AzcapiUzalco  y  todo  su  reino  ha- 
bía de  personas  que  supieran  hacer  mantas,  se  las  enviaría 
para  que  sus  vasallos  se  las  hicieran,  mandó  luego  que  labra- 
ran y  tejieran  las  mantas  y  después  de  acabadas  se  las  envió. 
Viendo  Tetzotzomoc  que  Ixtlüxuchül  había  mandado  hacer  las 
mantas  á  sus  vasallos,  y  se  las  había  enviado  con  toda  breve- 
dad, entendió  que  fácilmente  lo  podía  atraer  á  debajo  de  su 
dominio.  Envió  segunda  vez  mucho  más  algodón  que  la  pri- 
mera, enviándole  á  decir  que  había  recibido  las  mantas  y  que 
eran  muy  curiosas  y  como  cosas  de  sus  vasallos,  que  le  rogaba 
le  hiciese  merced  de  mandar  que  le  hiciesen  del  algodón  que 
enviaba  otras.  IxtlUxuehiÜ  recibió  este  recado  y  como  era  mu- 
cho el  algodón,  viendo  que  en  su  ciudad  no  se  podían  hacer,, 
llamó  algunos  Señores  sus  vasallos  y  les  mandó  que  repartie- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  147 

sen  el  algodón  entre  sus  vasallos  para  que  hiciesen  mantas 
muy  buenas  para  Tdzotzomoc.  que  le  había  enviado  á  rogar  se 
las  mandase  hacer.  Los  Señores  sus  vasallos  que  eran  el  de 
Huexuíla  Tlucotzin^  el  de  CohuatUehan  Payntzin^  el  de  Cohxuv- 
tejjec  Totomihiuttztn,  el  de  Iztapalocan  Ixcontzin  y  otros  muchos 
de  otras  provincias,  luego  mandaron  hacer  las  mantas  y  he- 
chas se  las  enviaron  á  Tetzotzonioc}  Éste  habiendo  recibido  las 
mantas  llamó  á  los  Señores  de  México  y  les  dijo  cómo  había 
enviado  dos  veces  á  IxtliIxuchiU  para  que  hiciera  las  mantas  y 
se  las  había  enviado  hacer  con  toda  brevedad  y  se  las  había 
enviado,  y  que  así  le  parecía  sería  bueno  enviarle  á  decir  que 
él  y  todos  los  Señores  sus  vasallos,  especialmente  todos  los  que 
se  dicen  del  reino  de  los  Aculhuas,  le  acudiesen  cada  año  con 
algún  tributo,  y  que  si  no  quisiesen  buenamente  convenir  en 
esto,  que  irían  sobre  él  y  á  fuerza  de  armas  lo  sujetarían.  Los 
Señores  de  México  le  respondieron  que  les  parecía  muy  bien 
su  determinación,  pero  que  por  entonces  no  convenía  hacer  lo 
que  pensaba,  porque  IxÜilxuchiU  era  muy  valeroso  y  todos  sus 
vasallos,  y  que  aunque  no  estaba  jurado,  pero  como  era  legíti- 
mo sucesor  de  toda  la  tierra,  podría  ser  que  muchos  Señores 
le  ayudaran  y  favorecieran,  pues  más  aynas  irían  al  que  era 
suya  la  tierra  y  no  al  que  tiranizaba;  que  primero  sería  bueno 
tratarlo  á  los  más  poderosos  Señores  de  toda  la  tierra  y  traer- 
los á  su  devoción,  pues  los  más  de  ellos  eran  sus  nietos  y  deu- 
dos y  sería  muy  fácil  atraerlos;  y  que  por  ahora  le  enviara  ter- 
cera vez  más  algodón  que  las  dos  veces  primeras,  rogándole 
asimismo  que  le  mandase  hacer  unas  mantas  como  las  otras 
que  le  habían  hecho.  A  Tetzotzomoc  le  pareció  muy  bien  el  con- 
sejo que  los  Señores  de  México  le  daban,  y  así  concedió  en 
ello  y  luego  envió  el  algodón  á  Texcuco. 

IxtliIxuchiU,,  viendo  que  Tetzotzonioc  ,\e  enviaba  cada  año  al- 
godón para  que  le  hiciera  mantas  y  que  esto  aunque  parecía 


1  La  ortografía  más  usada  es  Tezozoraoc,  nombre  que  s\gn\ñc&  piedra  que 
zumha'j  y  así  se  representa  su  jeroglífico  en  el  códice  Aubin. 


148  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


por  vía  de  amistad  y  parentesco  en  las  palabras,  pero  en  las 
obras  era  como  servicio  y  vasallage,  y  además  que  habían  pa- 
sado algmios  años  de  la  muerte  de  su  padre  y  no  le  querían 
jurar  por  Rey  y  Señor  de  toda  la  tierra,  como  legítimamente 
le  venía  de  derecho,  llamó  á  todos  los  Señores  sus  vasallos  y 
juntos  les  dijo  cómo  Tetzotzomoc  le  había  enviado  más  algodón. 
"Debe  de  entender  (les  dijo)  que  nosotros  somos  mujeres  ó  que 
"  hacen  nuestros  vasallos  de  miedo  las  mantas:  no  es  justo  que 
"  acudáis  á  esto,  pues  sabéis  que  yo  soy  el  legítimo  sucesor  de 
"  toda  la  tierra.  Tomad  el  algodón  y  haced  de  él  armas  y  lo 
"  que  vosotros  quisiereis,  y  pues  ellos  no  me  quieren  jurar, 
"  vosotros  me  juraréis  por  vuestro  Rey  y  Señor  universal  .y 
"  después  los  sigetaremos  á  fuerza  de  armas."  Todo  lo  cual 
les  pareció  muy  bien  á  los  Señores  sus  vasallos  y  le  dijeron 
que  era  muy  justo  hacer  lo  que  les  mandaba,  y  así  respondió 
á  los  mensajeros  de  Tetzotzomoc  que  trajeran  el  algodón,  dicién- 
doles  que  dijeran  á  sus  Señores  que  el  algodón  lo  había  to- 
mado para  sus  vasallos  que  tenían  necesidad  de  él  para  hacer 
ciertas  armas  y  aderezos  de  guerra,  y  que  si  tenía  más  se  lo 
enviase  porque  tenía  necesidad  de  él  para  más  armas  y  para 
mantas,  pues  bien  veían  y  sabían  el  justo  derecho  que  tenía  en 
ser  jurado  por  Señor  de  toda  la  tierra,  aunque  sus  vasallos  los 
Chichimecas  y  Aculhuas  tenían  poca  necesidad  de  algodón  para 
armas,  pues  confiaba  en  su  valor  y  ánimo  de  ellos,  que  en 
todo  acudirían  como  ellos  eran;  y  que  pues  no  le  quería  jurar 
Tdzotzomoc  ni  sus  deudos,  que  le  ayudasen  siquiera  en  enviar- 
le de  cuando  en  cuando  algodón  para  hacer  armas  á  los  man- 
cebos en  la  guerra,  que  faltándoles  las  fuerzas  de  sus  brazos  les 
ayudarían  las  de  sus  armas.  Vista  por  Tetzotzomoc  la  respuesta 
y  determinación  de  IxtlUxiichitl^  se  puso  confuso  y  pensativo,  y 
Inego  otro  día  juntó  los  Señores  de  México  y  demás  sus  va- 
sallos y  deudos  y  les  dijo  lo  que  LvtUlxuchül  le  enviaba  á  decir, 
y  que  así  sería  necesario  que  todos  juntaran  su  poder  y  vasa- 
llos y  lo  sujetaran  á  fuerza  de  armas,  antes  que  se  le  alzaran 
más  los  pensamientos,  y  que  sujeto,  partirían  en  tres  partes  el 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  149 

reino  de  los  Aculhuas,  que  la  una  la  tomaría  para  sí,  y  la  otra 
para  TlacateoÜ  Señor  de  Tlatelulco  y  la  tercera  Chimalpopoca 
Señor  de  México  y  Rey  de  Culhuacan,  y  lo  demás  que  sobrara 
lo  darían  á  sus  deudos  y  amigos  que  les  ayudaran,  y  que  se- 
rían sus  vasallos  ellos  y  todos  sus  descendientes  y  otras  mu- 
chas provincias  que  les  daba  y  con  esto  no  estarían  debajo  del 
dominio  y  silla  de  los  Aculhuas,  ni  se  les  alzarían  los  pensa- 
mientos á  los  Señores  que  de  allí  fuesen;  lo  cual  á  todos  les 
pareció  muy  bien  y  dieron  la  palabra  que  así  lo  harían,  como 
lo  hicieron.  IxÜUxuchitl  en  Texcuco  apercibió  á  sus  vasallos 
para  que  estuviesen  advertidos  cuando  hubiese  necesidad  de 
ellos,  y  que  mirasen  y  tuviesen  cuenta  con  los  Tepanecas  y  Me- 
xicanos, que  aunque  comunicasen  y  tratasen  con  ellos  como 
por  vía  de  amistad,  pero  anduviesen  siempre  apercibidos,  por- 
que bien  veía  y  tenía  noticia  de  lo  que  Tetzotzíymoc  ordenaba  y 
mandaba  en  Azcapotzalco. 

Pasados  casi  siete  años  que  era  muerto  TechoÜaMzin  y  des- 
pués de  haber  sucedido  las  cosas  referidas,  Tdzotzomoc^  como 
tenía  ya  apercibidos  todos  sus  vasallos,  amigos  y  deudos,  se 
juntaron  hacia  Mizqiiic  y  Cuülahíiac^  y  hicieron  un  ejército  muy 
podereso  en  donde  iban  los  de  Tetzotzomoc,  que  eran  los  Tepa- 
llecas,  y  los  de  Tlacateotzin  y  Chimalpopoca  rey  de  Oulhuacan^ 
que  eran  los  Mexicanos  y  Cuümas  TuUecas  y  los  de  Totoqui- 
Attazíñ,  primero  de  este  nombre,  cuarto  Señor  de  Tlacopan^ 
Los  del  Señor  de  Xuchimilco^  de  CaiUahuac  Mizquic,  CuiUahiut' 
tzin^  los  de  Iztapalapan,  Mexicaizinoo  y  HuüzUopuxco  y  Coyo- 
huacan,  y  juntos  en  un  lugar  llamado  Aztahuacan,  secretamente 
sin  que  los  de  IxtUlxuchiÜ  supieran  cosa  ninguna,  (cayeron)  una 
madrugada  sobre  unos  pueblos  y  estancias  del  Señor  de  Izta- 
palocan,  el  cual  á  esta  sazón  estaba  en  Texcuco  con  IxtlUxu- 
chiü  y  tenía  puesto  un  gobemaflor  llamado  Cuauhxilotzin,  el  cual 
se  defendió  valerosamente  con  los  de  aquellas  estancias  y  pue- 
blecillos,  y  pelearon  hasta  que  ya  iba  saliendo  el  sol:  y  mien- 
tras más  aclaraba,  más  gente  acudía  al  socorro.  Viendo  los  de 
Tdzotzomoc  que  se  defendían  valerosamente,  y  que  serían  ven- 


150  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

cidos  si  aguardaban  á  más,  saquearon  los  lugares  que  habían 
ganado,  y  prendieron  á  muchos  de  los  Acuilmas  y  los  llevaron 
con  todo  el  despojo  á  Azcapntzalco,  y  dejaron  en  Mzquic^  Cid- 
^Miuac^  Iztapalapan  y  Culhuacan  muy  apercibidos  aquellos  lu- 
gares de  gente  de  guerra,  para  que  cuando  quisiera  Ixtlilxuchiil 
vengar  la  injuria  que  se  le  había  hecho,  se  lo  estorbaran  y  no 
pasara  adelante.  Sabiendo  esto  IxÜüxuchiÜ  vino  con  un  ejér- 
cito al  socorro  de  los  de  Idapalocan;  mas  llegó  tarde,  porque 
ya  los  enemigos  se  habían  retirado  hacia  sus  tierras  y  muerto 
al  gobernador  Xüocuauh,  y  así  hizo  y  puso  sus  fronteras  en  la 
jurisdicción  de  Iztapalocan  y  Choleo,  que  confinaban  con  las  de 
sus  enemigos,  poniendo  en  cada  parte  gente  de  guarnición,  y 
se  volvió  á  Texcuco  á  dar  orden  de  lo  que  se  debía  de  hacer. 
Los  Tepanecas,  como  dije,  temiéndose  de  los  Aculhuas  que  los 
destruyeran  si  prosiguieran  la  guerra,  contentos  con  los  des- 
pojos y  esclavos  de  las  estancias  y  lugares  del  Señorío  de  Izfa- 
palocan,  volvieron  á  Tdzotzomoc  los  más  principales  del  ejército 
á  darle  razón  del  suceso,  disculpándose  que  no  pudieron  pasar 
adelante  con  su  determinación,  porque  reconocieron  su  dafio, 
que  si  tardaran  horas  más  sería  gran  ventura  escapar  algunos 
de  las  manos  de  los  Aculhuas,  pues  con  ser  no  más  los  de  las 
Estancias  de  Iztapalocan,  les  habían  muerto  muchos  de  sus  sol- 
dados; que  se  contentase  con  haberles  quemado  las  casas  y  ro- 
bado sus  haciendas  y  tesoro  y  traído  á  muchos  de  ellos  presos. 
Tdzotzomoc  recibió  grandísima  pena  en  ver  que  sus  vasallos  no 
habían  hecho  lo  que  él  tanto  deseaba,  que  entendió  esta  vez 
acabar  á  los  Aculhuas;  mas  viendo  que  no  era  posible,  mandó 
que  estuviesen  todos  muy  apercibidos  para  cuando  se  les  ofre- 
ciese alguna  ocasión.  Asimismo  mandó  apercibir  todas  las  fron- 
teras y  poner  otras  en  Hecaiepec  ^  y  Xaltocan,  que  eran  de  la 
parte  que  le  tocaban.  Esta  guerra  sucedió  en  el  año  de  ce  Acatl, 
á  seis  días  del  segtmdo  mes  llamado  Tocozli,  en  el  último  día  de 
su  semana  llamado  Matlactli  omey  Tecpatl,  que  conforme  á 

1  Ehecatepec. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  151 

nuestra  cuenta  fué  en  el  año  1359  á  15  días  del  mes  de  Abril, 
casi  á  los  siete  años  del  Pontificado  de  Inocencio  T7,  en  el  ter- 
cero del  imperio  de  Carlos  IV  y  en  el  noveno  del  reinado  de 
Z).  Fedro  el  Oruel.  De  los  desventurados  Aculhuas  que  trajeron 
presos  sacrificaron  algunos  de  eUos  y  los  otros  los  vendieron  por 
esclavos,  especialmente  á los  que  no  eran  hombres  valerosos,  por 
industria  y  orden  de  los  Mexicanos  en  los  templos  mayores  de 
AzcapiUzalco^  México  y  TUdehdco.  ^ 

Vuelto  IxtlUxuchül  á  la  ciudad  de  Texcuco,  después  de  haber 
puesto  sus  fronteras,  como  dicho  es,  en  las  últimas  tierras  de 
Choleo  y  Iztapalocan  hacia  la  parte  de  sus  enemigos,  convocó 
á  todos  los  Señores  sus  vasallos  y  amigos  que  eran  Tlacatzin 
de  HuexuÜa;  Payntzin  de  CohuaÜichan;  Tot&mihuatzin  de  Co- 
hvxUepec;  Ixcontzin  de  Iztapalocan;  Totzintzin  de  Tepepulco;  Orno- 
eatzin  de  TUdmanalco;  Cacamatzin  de  Choleo^  y  algunos  caballe- 
ros y  gente  ilustre  de  Acolman  y  ChivJinauhÜan^  porque  no  se 
quiso  fiar  del  Señor  de  Acalman^  que  era  nieto  de  Tetzotzomoc 
y  tenía  grande  deseo  de  favorecer  á  su  abuelo,  aimque  no  le 
daban  lugar  sus  vasallos,  ni  tuvo  más  que  estos  Señores  de  su 
parte  y  otros  particulares  de  pueblos  pequeños.  Jimtos  que 
fueron  les  dijo  que  convenía,  pues  era  ya  justo,  que  lo  juraran 
por  su  rey  Señor  natural  de  toda  la  tierra;  que  estando  jurado 
no  se  atreverían  sus  enemigos  á  hacer  tales  desvergüenzas  co- 
mo las  pasadas,  y  que  en  Aculhvxican  y  en  ChiuhnaukUan  pusie- 
ran sus  fronteras  y  ejércitos  para  que  sus  enemigos  no  pasaran 
hacia  la  parte  de  los  suyos,  y  por  lo  consiguiente  hacia  las  ri- 
beras de  la  laguna;  y  mandó  que  Tochintzin^  nieto  de  Payntzin 
Señor  de  Cohuaüichan^  fuese  general  del  ejército  y  fronteras 
que  caen  hacia  la  parte  del  Septentrión,  que  son  las  de  Acid- 
huacan  y  ChivhnauhÜan^  y  á  Ixconizin^  Señor  de  Iztapalocan,  le 
mandó  que  fuese  general  de  las  fronteras  que  caen  al  Mediodía 
de  la  parte  de  su  pueblo  y  provincia  y  la  de  Chalco.  Esto  les 


1  Por  la  primera  vez  se  hace  mención  en  esta  historia  de  sacrificios  huma- 
nos.— B. 


152  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


pareció  muy  bien  á  todos  los  Señores  sus  vasallos,  pero  á  lo 
de  la  jura  le  respondieron  que  no  convenía  por  no  haber  lugar, 
pues  sus  enemigos  andaban  muy  solícitos;  que  andando  el 
tiempo,  cuando  estuviesen  algo  desocupados,  que  le  jurarían 
como  era  razón  con  toda  la  solemnidad  que  se  debía  á  tal  Se- 
ñor. Estaban  las  cosas  de  esta  tierra  tales  y  tan  revueltas,  que 
aun  estos  Señores  (de)  que  habemos  tratado  (y  que  decíamos 
estaban)  de  la  parte  de  loMilxiichül,  (así  como  también)  algunos 
de  sus  deudos  y  vasallos,  avisaban  y  favorecían  á  Tdzotzomoc, 
aunque  eran  de  los  que  no  tenían  posibilidad  ni  fuerzas  para 
poderle  ayudar,  si  no  era  sólo  el  de  Acolman  y  Tepeehpan^  aun- 
que á  éste  sus  vasallos  no  le  querían  obedecer. 

Acerca  de  algunos  de  los  principales  de  los  que  favorecían  á 
Tdzoiwmoc^  parece  en  sus  historias  que  fué  uno  de  los  de  Cb- 
huaiepec  del  linaje  de  los  Tepanecas,  que  al  tiempo  de  la  guerra 
que  conté  se  hi?o  en  las  estancias  y  pueblo  de  Iztapalocan  fué  á 
ayudar  á  los  de  Tdzotzonioc,  y  él  les  avisó  por  dónde  habían  de 
entrar  primero  y  á  qué  hora,  y  saliendo  personalmente  con  al- 
gunos Tepanecas  se  fué  hacia  donde  andaba  peleando  y  defen^- 
diendo  las  tierras  de  su  Señor  el  gobernador  de  Iztapalocan^ 
llamado  Ouauhxiloj  y  descuidándose  con  él,  que  parecía  le  ve- 
nía á  favorecer  por  ser  de  la  gente  y  vasallos  de  IxUUxuchiÜ^  al- 
tiempo  que  andaba  peleando  y  (con)  los  ojos  (puestos)  en  sus 
enemigos,  le  mató  este  de  Cohuaiepec  á  traición  y  en  parte  y 
ocasión  que  se  pudo  escapar  de  entre  la  gente  de  IxtHlxuchiÜ. 

En  el  año  de  once  Calli  á  cinco  días  del  129  mes  llamado 
HüEYPAXTLi,  en  el  primer  día  de  su  semana  llamado  cí  mazatl 
y  á  la  nuestra  1369,  á  los  últimos  días  del  mes  de  Octubre,  en. 
el  cuarto  año  del  Pontificado  de  Urbano  F,  á  los  23  del  impe- 
rio de  (Jarlos  IV y  en  el  primero  del  reinado  de  Enrique  lien. 
España,lnació  el  famoso  NezahualcoyoÜ^  que  fué  el  segundo  hijo 


1  En  el  cap.  15  de  la  Hisioria  Chichimeca  ha  puesto  el  historiador  el  resto 
de  la  correspondencia  con  nuestra  éraj  que  aquí  falta,  designando  el  28  de 
Abril,  Vide  también  allí  la  variante  que  se  le  nota.~B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  153 

legítimo  de  Ixüllxuchül,  porque  pocos  años  antes  nació  la  Prin- 
cesa Tozquentzin  su  ¡hermana  mayor,  de  lo  cual  todos  los  Seño- 
res vasallos  de  su  padre  IxUilxuchtíl  se  holgaron  mucho,  é  hi- 
cieron grandísimas  fiestas  y  regocijos,  y  Tetzoizomoc  fué  para  él 
de  grandísimo  pesar  y  enojo  cuanto  fué  de  placer  y  gusto  para 
IxUilxuchitl.  En  este  tiempo  no  dejaban  de  tener  algunas  bata- 
llas crueles,  entre  las  cuales  fué  una  casi  en  este  mismo  tiem- 
po hacia  la  laguna  en  las  tierras  de  HuexxUla,  porque  los  Tepa- 
necas  vinieron  con  gran  ejército  por  la  laguna  y  quisieron 
entrar  por  este  lugar,  lo  cual,  como  los  Aculhuas  andaban 
siempre  cuidadosos  guardando  sus  fronteras,  tuvieron  noticia 
de  los  exploradores  cómo  los  Tepanecas  venían  sobre  Texcuco, 
y  así,  llegaron  al  tiempo  de  amanecer  y  tuvieron  aquel  día  gran- 
des y  crueles  batallas,  muriendo  de  ambas  partes  mucha  gente 
y  á  la  noche  se  tomaban  en  sus  canoas  que  estaban  dentro  de 
la  laguna.  Estuvieron  de  esta  manera  algunos  días,  y  viendo 
que  se  iban  consumiendo  y  que  no  podían  sufrir  la  fuerza  de 
los  del  ejército  de  locÜUamchiÜ,  se  tornaron  á  Azcapotzalco  des- 
trozados, á  dar  razón  á  su  Señor,  el  cual  aunque  recibía  mucha 
pena  de  esto,  viendo  que  era  imposible,  mandó  que  no  fueran  á 
buscar  á  los  de  su  competidor  IxtlilxuchiÜ  hasta  que  fuese  tiem- 
po para  ello,  sino  que  solamente  guardasen  y  acudiesen  á  las 
fronteras,  en  el  Ínterin  que  él  convocaba  y  traía  algunos  Seño- 
res á  su  devoción. 

En  el  año  de  ce  Toxtli,  que  fué  á  la  nuestra  el  de  1370,  viendo 
los  Señores  vasallos  de  IxtlUxuchiU  que  era  ya  tiempo  de  ju- 
rarlo por  Señor  Monarca  de  toda  la  tierra,  que  tan  de  derecho 
le  venía,  aunque  casi  toda  la  tierra  estaba  rebelada  y  tiránica- 
mente alzada,  acordaron  de  jurarlo  y  así  se  hizo  en  Huexutla 
la  solemnidad  del  juramento,  hallándose  personalmente  no 
más  de  dos  Señores  sus  vasallos  y  otros  dos  sacerdotes,  para 
este  efecto,  de  sus  falsos  dioses,  para  los  ritos  y  ceremonias  que 
se  requerían,  que  fueron  Payrdzin  de  CohuaÜichan,  Tlalnahua- 
caizin  gran  Sacerdote  de  este  mismo  lugar,  Tlacotzin  de  Hae- 
xuüa^  y  TazaJtún  asimismo  gran  Sacerdote.  Jinraron  á  IxtlUxu- 


154  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

chia  por  Monarca  de  toda  la  tierra,  y  á  su  hijo  Nezahualcoyotí 
por  Príncipe  heredero.  Los  ritos  y  ceremonias  de  la  Jura  ade- 
lante se  dirán  donde  fuere  su  lugar,  porque  este  Señor  fué  el 
primero  que  se  hizo  jurar  conforme  al  orden  de  los  Tultecas 
y  Aculhuas  Mexicanos.  La  causa  de  que  no  se  hallaran  más 
que  dos  Señores  en  esta  Jura  fué  porque  todos  andaban  muy 
ocupados  en  las  fronteras  con  los  ejércitos,  guardando  sus  tie- 
rras, porque  en  el  Ínterin  de  la  Jura,  por  estar  ocupados,  no 
los  cogieran  sus  enemigos  al  descuido,  aunque  después  cada 
uno  y  por  su  orden  le  iba  á  dar  la  obediencia  y  el  parabién  por 
sí  y  por  sus  vasallos. 

Este  mismo  año  de  la  Jura  de  lodllilamchiU  envió  un  embsga- 
dor  á  Tdzotzomoc  y  á  los  Señores  Mexicanos,  especialmente  á 
TlaccUeotzin^  Señor  de  TkUduIcoy  que  era  el  general  de  todos  los 
ejércitos  de  los  Tepanecaa.  El  embajador  fué  Zihtiacnahiuicatzin^ 
hijo  del  gran  Sacerdote  de  HuexuÜa^  valeroso  capitán,  y  de  -Xi- 
htdn  hija  de  Tlacaieotzin;  de  suerte  que  este  embajador  era 
nieto  de  Tlacaieotzin  á  quien  llevaba  la  embajada.  Llegado  que 
fué  Zihítacnahuacaízin  á  la  presencia  de  Tlacaieotzin^  le  dijo  có- 
mo venía  de  parte  de  IxÜilxuchiÜ  su  natural  y  legítimo  Señor 
y  Monarca  de  la  tierra,  para  apercibirle  á  batalla  en  cierto 
tiempo  de  este  presente  año  y  hacerle  saber  á  él  y  á  Tdzotzo- 
moc^ tirano  traidor,  y  á  todos  sus  aliados,  cómo  era  jinrado  por 
Rey  y  Señor  Monarca  de  toda  la  tierra,  y  que  le  obedeciesen 
por  tal  en  paz,  que  él  les  perdonaría  todo  lo  pasado  si  ellos  se 
querían  rendir  y  darle  la  obediencia,  y  si  no,  que  los  sujetaría 
á  fuego  y  sangre,  y  les  enviaba  sus  insignias  y  armas  para  que 
ellos  estuviesen  apercibidos,  y  no  se  quejasen  en  algún  tiempo 
de  que  los  sigetó  descuidados;  las  cuales  insignias  este  emba- 
jador, que  era  asimismo  nombrado  por  general  del  ejército  de 
Ixtlilxuchitl^  las  traería  en  las  guerras,  puesfes  como  persona 
que  representaba  la  persona  de  su  Rey  y  Señor;  y  con  esto 
(les  enviaba  también)  muchas  cargas  de  armas,  flechas,  maca- 
nas, lanzas  y  rodelas.  Oída  esta|embajada  por  Tlacaieotzin^  Se- 
ñor de  TkUdvIco  y  general  de  los  ejércitos  de  los  Tepanecas, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  155 

ué  á  ver  á  TdzotzoTnoc  y  mandó  al  embajador  que  aguardara 
la  respuesta  en  Tlatelulco^  el  cual  así  lo  hizo. 

Ido  Tlacateotzin  (dio  este  mensaje  á  Tdzotzomoc)  que  á  la  sa- 
zón estaba  también  (con  él)  Chivuilpopoca  Rey  de  México  y 
otros  muchos  Señores,  (y  estando  en  su  presencia)  dijo  á  Te- 
tzotzomoc  lo  que  enviaba  á  decir  IxÜilxuchiÜ^  de  lo  cual  Tetzotzo- 
moc  recibió  grandísima  pena,  y  le  respondió  que  dijera  al  emba- 
jador, que  bien  sabía  que  IxUüxucMa  se  había  hecho  jurar  por 
Monarca  (pero)  que  él  era  el  Monarca,  y  que  sus  vasallos  y 
amigos  no  le  obedecerían  por  tal,  sino  (que  lo  tendrían)  por 
traidor;  y  que  él  lo  sujetaría  á  fuego  y  sangre,  y  que  no  sería 
menester  que  él  se  tomara  el  trabajo  de  venir  hacia  sus  tierras, 
(sino)  que  él  iría  para  tal  día  hacia  las  suyas  y  le  daría  á  enten- 
der su  desvergüenza  y  atrevimiento,  y  que  sería  hacia  los  cam- 
pos de  ChicvhnavMan^  con  cuatro  ejércitos  muy  poderosos. 
Estas  y  otras  cosas  le  respondieron  á  IocÜilxu4Ml  y  despacha- 
ron al  embajador,  el  cual  se  fué  derecho  á  Huexutía^  donde 
residía  su  Rey  y  le  dio  la  embajada,  y  dio  orden  de  lo  que  se 
debía  de  hacer  en  tales  negocios  como  estos. 

En  Azcaputzaho  convocó  y  llamó  Tétzotzomoc  á  todos  sus  va- 
sallos deudos  y  amigos,  y  les  dijo  que  juntaran  cuatro  ejércitos 
muy  poderosos,  y  que  fueran  hacia  Hueamtiu  por  la  laguna  se- 
cretamente y  entraran  por  allí,  porque  muy  fácilmente  podían 
haber  á  las  manos  á  IxÜilxudiitl,  y  que  preso  ó  muerto  fácil- 
mente se  allanaría  lo  demás,  pues  estaban  todos  aguardando 
en  los  campos  de  ChwuhnauhUa  y  descuidados  en  tal  cosa,  lo 
cual  á  todos  pareció  muy  bien.  Mas  á  IxÜilxuéviÜ  no  faltó  quien 
le  avisó  cómo  no  habían  de  ir  hacia  Chicuhnauhtla^  sino  por  la 
laguna  hacia  Hu^xntia,  donde  él  tenía  su  corte;  y  así  él  mandó 
á  los  (jefes)  de  sus  ejércitos  que  la  mayor  parte  de  ellos  estu- 
viesen secretamente  en  las  riberas  de  la  laguna  con  el  general 
ZihuaenahimCy  y  la  demás  gente  en  Chimhnauila  con  su  hijo  Zi- 
huaquequenotzin^  que  también  era  gran  capitán;  y  que  de  la  una 
y  de  la  otra  parte,  unos  á  otros  se  avisasen  y  ayudasen  si  hu- 
biese necesidad,  no  dejando  sin  gente  las  fronteras,  que  tam- 


156  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

bien  él  les  ayudaría  con  toda  la  gente  y  armas  y  con  todo  lo 
necesario. 

Y  cumplido  el  tiempo  que  los  Tepanecas  dijeron  habían  de 
estar  en  ChicuhnauÜa^  amanecieron  una  madrugada  en  las  ribe- 
ras de  la  laguna  con  grandísimo  ejército  de  innumerables  gen- 
tes, que  parecía,  según  las  historias,  un  gran  hormiguero,  con 
la  multitud  de  canoas  y  gentes  que  por  encima  de  la  laguna 
andaban  vadeando  un  cabo  y  el  otro;  y  los  de  loMUxU'ChiU  vien- 
do á  sus  enemigos,  les  salieron  al  encuentro,  los  cuales  muy 
descuidados  venían  de  tal  recibimiento.  Pelearon  cruelmente. 
Murieron  de  ambas  partes  infinidad  de  gentes  en  donde  se  se- 
ñalaron muchos  y  valerosos  hombres,  así  nobles  como  plebe- 
yos, que  por  excusar  prolijidad  no  se  ponen  aquí.  El  buen 
general  Zihuacnahuacaizin  en  todo  acudió  como  quien  era.  La 
laguna,  y  su  ribera  se  cuajó  de  hombres  muertos  y  toda  el  agua 
se  puso  bermeja  de  los  arroyos  de  sangre  que  corrían.  Pelea- 
ron muchos  días  y  sucedieron  tantas  y  tan  crueles  cosas,  nun- 
ca vistas  ni  oídas  en  esta  tierra,  que  sería  muy  largo  de  contar. 
Mas  al  fin  viendo  los  del  tirano  Tetzotzomoc  la  mucha  fuerza  y 
valor  del  legítimo  Señor  IxÜiLcuchiti^  se  fueron  retrayendo  hacia 
sus  tierras. 

Este  fin  tuvo  la  tercera  batalla  señalada  que  tuvo  IxtUxuchüly 
la  cual  sin  las  particulares  contiendas  que  hubo,  fué  la  octava 
batalla  memorable  y  cruel  que  hubo  en  esta  Nueva  España. 
Los  de  las  fronteras  y  gente  de  guardia  también  hicieron  gran- 
des cosas  y  se  señalaron  en  muchas,  especialmente  en  la  parte 
de  Chicuhnauhtlan,  en  donde  asistía  Zihuaqueguenotzin,  general 
del  ejército  de  aquella  parte;  y  fué  que  al  tiempo  de  las  crue- 
les batallas,  él  con  algunos  de  los  capitanes  más  valerosos  que 
tenía,  entraron  por  Amlhxmcan  y  otras  partes  y  saquearon  cier- 
tos lugares  de  Coatepec  y  otras  partes  matando  mucha  gente. 
Los  Señores  vasallos  de  IxÜUxuchiÜ  estaban  con  él  apercibien- 
do y  enviando  socorro  á  los  militares,  y  otros  estaban  en  los 
pueblos  ó  provincias  en  donde  estaban  los  Señores  que  que- 
rían favorecer  á  Tetzotzomoc^  teniendo  cuenta  de  ellos  no  se  des- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  157 

mandasen  en  alguna  cosa,  especialmente  en  Acuhnan^  donde 
estaba  Teyolcocohiuiizin^  nieto  de  Tdzotzomoc,  El  Rey  Ixtlilxuchül 
muchas  veces  quiso  salir  á  esta  batalla  personalmente  como  lo 
había  hecho  otras  veces  en  las  guerras  generales  y  particulares 
que  hubo  antes,  como  ya  de  todo  se  ha  hecho  relación;  pero 
sus  vasallos  los  Señores  no  le  daban  lugar  á  esto,  porque  le 
respondían,  que  pues  tenía  hijos  y  vasallos  tan  valerosos,  que 
no  convenía  que  él  saliese  personalmente,  que  mejor  le  estaba 
á  su  persona  y  dignidad  estar  en  la  corte  apercibiendo  á  sus 
vasallos  y  dando  orden  en  todo;  demás  de  que  todos  estaban 
satisfechos  de  su  gran  valor  y  ánimo;  y  sobre  todo  esto,  que 
pues  el  tirano  no  salía  personalmente  á  la  guerra,  no  convenía 
á  un  Señor  tan  grande  como  él  era,  pelear  personalmente  con- 
tra los  de  su  competidor  el  traidor  Tdzotzomoc, 

Visto  por  Tetzotzomoc  que  no  podía  con  los  suyos  y  los  de  sus 
aliados  y  deudos  sujetar  á  los  Aculhuas,  trató  amistad  con  Que- 
xatíeeuixtU  Señor  de  Otumba  y  con  el  de  Chalco,  que  eran  las  más 
poderosas  provincias  que  tenía  el  Rey  IxtlUxuchitl,  enviándoles 
grandes  presentes  y  (haciéndoles  iguales)  promesas  si  mataban 
á  IxtlUxuehiÜ^  ofreciéndoles  que  si  le  favorecían  les  daría  gran- 
des tierras  y  mercedes,  á  lo  cual  el  Señor  de  Otumba  y  el  de  la 
provincia  de  Choleo  concedieron  en  ello,  dándole  palabra  que 
en  todo  le  ayudarían  y  no  obedecerían  á  IxtlUxucUtl  su  Señor. 

Pasado  algún  tiempo  de  por  medio,  después  de  haber  suce- 
dido grandes  cosas,  y  viendo  Ixtlilxiichitl  que  los  de  Otumpan  ^ 
y  Choleo  se  le  habían  rebelado,  y  otras  muchas  tierras  y  pue- 
blos y  lugares  de  los  que  estaban  debajo  de  su  dominio,  acor- 
dó en  juntar  un  poderoso  ejército  para  sujetarlos  á  fuego  y  san- 
gre y  concluir  estas  contiendas  con  destruir  á  los  Tepanecas  y 
matar  á  su  Señor  y  demás  sus  ahados:  y  así  lo  hizo,  juntando 
los  más  valerosos  hombres  de  su  ciudad  y  cabecera  de  Texcu- 

1  £1  autor  usa  unas  veces  el  nombre  nahua  de  Otumpan,  y  otras  el  de 
Otumba  que  acostumbraron  decirle  los  españoles,  y  hoy  usamos.  Así  hemos 
visto  también,  que  unas  veces  dice  Tollan  ó  Tolan,  y  otras  Tula.  Esto  no  pue- 
de ser  error  de  los  copistas. 


158  OBRAS   HISTÓRICAS  DE     . 

co  y  mancebos  de  ánimo  y  fuerzas,  y  los  de  Huexutla^  Colma- 
tlichan,  ChinuMla^  TepeÜaoztoc,  Tezoyocan,  TepechpaUy  Chicuh- 
nauhüan,  Amdman,  AhiuUepec,  Tizayocan^  TUxlanapan^  Tepepuleo^ 
Zeinpohualan  y  Tulantzinco^  que  no  hubo  más  que  estas  provin- 
cias y  pueblos  de  su  parte,  y  dio  orden  á  este  ejército  para  que 
entrase  primero  por  Xaltepex^^  que  desde  allí  comenzaban  los 
pueblos  y  provincias  que  se  le  habían  rebelado;  y  en  lo  de 
Choleo  dejó  á  los  de  Cohuatepec  y  Izíapalocan^  para  que  tuvie- 
sen allí  puestas  sus  fronteras  y  no  dejaran  entrar  ninguna  per- 
sona de  Chalco^  ni  de  los  Tepanecas  en  sus  tierras;  y  no  quiso 
por  entonces  sujetar  á  Chalco,  por  ser  gran  provincia  y  muy 
cercana  de  los  Tepanecas  y  los  demás  sus  aliados,  dejando  á 
estas  dos  partes  para  que  les  defendiesen  la  entrada,  entretanto 
que  se  hacían  las  guerras  en  los  pueblos  y  provincias  rebela- 
das, y  lo  mismo  dio  orden  en  todas  las  demás  fronteras  que 
tenía  puestas,  apercibiéndoles  y  dándoles  todo  lo  necesario. 

Luego  que  juntó  este  ejército  de  innumerables  gentes  se  par- 
tió para  hacia  Xaliepee,  y  comenzada  la  guerra  desde  aquí,  su- 
jetó este  lugar  á  fuego  y  sangre.  Luego  pasó  á  Otovipan^  en 
donde  tuvo  grandes  y  crueles  batallas,  mas  al  fin  los  sujetó  á 
fuego  y  sangre.  Luego  á  Xapuchco  y  de  aquí  hasta  Quemecan^  y 
de  Astaoan  Quemecan  á  Temascalapan  y  de  aquí  hasta  Tula,  en 
donde  tuvo  grandes  y  crueles  batallas  hasta  que  los  sujetó  con 
la  misma  orden.  De  Tula  pasó  á  Xüotep€<i^  y  de  Xilotepec  á  Zi- 
ÜaUepec,  y  dio  vuelta  hacia  el  mediodía  y  fué  sobre  la  provin- 
cia de  Tepozotian,  que  también  se  le  defendió  valerosamente, 
mas  al  fin  lo  sujetó  á  fuego  y  sangre;  y  de  aquí  á  Cuauhtitlan, 
en  donde  le  salieron  á  recibir  los  Tepanecas  con  innumerables 
gentes  y  tuvieron  muchas  crueles  batallas,  muriendo  de  am- 
bas partes  multitud  de  gentes,  mas  al  fin  los  Acxdhuas  hacien- 
do todo  su  posible  vinieron  á  vencer  y  saquear  á  CuauhtiÜan  y 
toda  su  provincia  y  sujetarla  á  fuego  y  sangre,  conforme  á  las 
demás  partes  declaradas,  y  otras  cosas  que  por  excusar  proli- 
jidad no  se  declaran.  Los  Tepanecas  que  escaparon  fueron  re- 
tirándose hacia  AzoapxUzalco,  y  los  Aculhuas  en  su  seguimiento; 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  159 

y  les  dieron  alcance  en  Tepadepec,  donde  tuvieron  otra  batalla; 
mas  dentro  de  pocas  horas  se  fueron  vencidos  y  se  fueron  re- 
trayendo hasta  cerca  de  Azcaputzalco^  en  donde  salió  otro  ejér- 
cito en  su  favor.  Los  Aculhuas  llegaron  hasta  Temacpapalco^ 
lugar  cerca  de  la  ciudad  de  Azcaputzalcoj  y  allí  pusieron  sus 
fronteras  y  tuvieron  cercados  sus  enemigos  cuatro  años,  en 
donde  sucedieron  grandes  y  crueles  batallas,  muriendo  innu- 
merables gentes  de  ambas  partes  y  señalándose  muchos  caba- 
lleros nobles  y  plebeyos  en  hechos  heroicos,  lo  cual  todo  se 
deja  por  excusar  volumen. 

Casi  á  los  últimos  días  de  los  cuatro  años  que  estaban  sobre 
Azcaputzalco  y  que  los  Tepamcas  estaban  casi  de  todo  punto 
destruidos,  un  día  acordó  Teizotzomoc  de  rendirse  y  dar  obe- 
diencia á  IxÜilxuchiÜ  por  Señor  y  Monarca  legítimo  de  toda  la 
tierra  y  pedirle  merced  de  las  -vidas,  viendo  que  no  tenía  otro 
remedio,  porque  entonces  si  quisieran  los  Aculhuas,  dentro  de 
pocas  horas  podían  destruir  toda  la  ciudad.  Comunicando  esto 
Tdzotzomoc  con  los  Señores  y  Reyes  aliados  les  pareció  muy 
bien  y  concedieron  en  ello,  y  luego  enviaron  sus  embajadores 
al  gran  IxUüxuchia^  el  cual  estaba  en  una  tienda  sobre  el  cerro 
TemacpaU,  que  estaba  cerca  de  las  froi^teras  y  ejército,  dando 
orden  para  concluir  la  guerra;  y  si  los  embajadores  se  tardan 
un  poco  más,  sin  duda  aquel  día  se  acabara  Azcaputzalco  y  to- 
dos los  Tepanecas  sus  aliados,  que  todos  juntos  estaban  allí;  y 
llegados  dieron  su  embajada.  El  Rey  IxÜUxuchiÜ  los  recibió 
muy  bien,  y  les  dijo  que  él  les  perdonaba  y  concedía  todo  lo 
que  ellos  pedían,  y  que  si  desde  antes  lo  hubieran  hecho,  que 
lo  mismo  hubiera  sido  y  no  hubiera  costado  tanta  sangre  y  tan- 
to caballero  y  gente  ilustre  de  ambas  partes,  de  lo  cual  estaba 
muy  sentido;  mas  que  como  ellos  cumpliesen  lo  que  prometían 
de  cumplir  y  guardar,  que  él  los  perdonaba,  y  que  bien  veían 
ellos  que  si  él  quisiera,  fácilmente  los  pudiera  acabar,  lo  cual 
pues  ellos  conocían  su  pecado,  bastaba  por  castigo  lo  hecho, 
porque  hacer  otra  cosa  no  convenía  á  su  nobleza  y  alta  sangre. 
Demás  de  que  á  quien  castigaba  eran  sus  mayores  y  deudos  tan 


160  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

cercanos,  aunque  era  con  justicia,  pues  como  ellos  bien  sabían, 
el  ser  Monarca  y  Señor  de  toda  la  tierra  (solamente  á  él  le  to- 
caba) de  derecho  y  por  línea  recta  le  venía,  pues  era  legítimo 
sucesor  de  su  padre  TechoÜolatzin^  cuyo  señorío  le  venía  de  de- 
recho por  su  antepasado  Xoloti^  poblador  y  legítimo  Señor  de 
toda  la  tierra  de  una  mar  á  otra;  ^  pero  que  él  esperaba  en  sus 
dioses,  especialmente  en  el  criador,  que  él  castigaría  á  los  de- 
más que  se  habían  rebelado  y  á  las  provincias  remotas,  y  que 
cuando  no,  sus  descendientes  lo  harían,  y  que  él  se  iba  á  Tex- 
cuco  su  ciudad  á  dar  orden  de  lo  que  se  debía  hacer,  (mien- 
tras) que  ellos  dieran  orden  de  hacer  la  solemnidad  de  la  Jura. 
Los  embajadores  rindiéndole  las  gracias  por  su  Rey  Tdzotzo- 
moc  y  demás  Reyes  y  Señores  sus  aliados,  fueron  á  dar  la  res- 
puesta. IxÜilxuchiÜ  mandó  alzar  las  fronteras  y  el  ejército  y 
que  cada  uno  fuese  á  sus  tierras,  dando  las  gracias  y  haciendo 
muchas  mercedes  á  todos  los  que  se  habían,  señalado,  aunque 
á  muchos  Señores  no  les  contentó  lo  que  había  hecho  con  sus 
enemigos,  porque  tuvieron  muy  conocido  que  los  Tepanecas 
harían  lo  que  hicieron.  Idos  todos  cada  uno  á  su  tierra,  Jarffí/- 
amckiü  en  su  corte  dio  orden  de  lo  que  se  había  de  hacer,  libre 
en  todo  de  engaño  y  sospecha  en  su  corazón. 

Tdzotzovwc  oyendo  á  los  embajadores  y  los  demás,  sus  alia- 
dos se  holgaron  mucho,  porque  bien  conocían  (que  habían)  de 
alcanzar  lo  que  ellos  deseaban;  y  así  dio  orden  de  traer  á  su  de- 
voción á  todos  los  demás  Señores  vasallos  de  IxÜüxuchUl  con 
dádivas  y  promesas,  especialmente  á  los  que  eran  sus  deudos, 
los  cuales  muchos  de  ellos  consintieron  y  dieron  sus  palabras 

1  Por  más  que  Ixtlilxochitl  quiera  decir  que  el  señorío  de  Texcoco  se  ex- 
tendía de  una  mar  á  otra,  por  su  misma  relación  de  los  pueblos  que  tomaban 
parte  en  las  batallas  y  de  los  lugares  en  que  éstas  se  verificaban,  se  ye  clara- 
mente la  exageración  del  autor.  Estos  lugares  y  estos  pueblos  en  su  mayor 
parte  están  comprendidos  en  el  Valle  de  México;  y  fuera  de  él,  los  otros  como 
Tula  y  Xilotepec,  no  están  á  gran  distancia. 

Al  anotar  la  Historia  Chicbimeca,  fijaremos  con  exactitud  los  límites  del 
señorío  de  Texcoco,  y  los  pueblos  que  le  pertenecían. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  161 

de  acudir  á  lo  que  él  les  rogaba,  y  se  previnieron  á  ello.  Viendo 
Tetzotzomoo  que  ya  era  tiempo  para  poder  hacer  su  hecho,  como 
viejo  astuto,  envió  á  rogar  á  IxtlUxuchiU,  (diciéndole)  que  para 
que  ellos  pudieran  ir  á  jurarle,  convenía  que  mandase  á  todos 
sus  vasallos  dejar  las  armas,  y  que  no  tratasen  de  cosa  ningu- 
na, porque  ellos  se  temían  de  ellos  no  les  sucediese  algún  mal 
por  ser  los  Aculhuas  y  feroces  Chichimecas  muy  determinados 
y  vengativos.  Estas  y  otras  muchas  palabras  cautelosas  envió 
á  decir  Tetzotzonioc  con  sus  embajadores  al  gran  IcÜilxuchiÜ^  el 
cual  descuidado  de  la  traición  y  oprimido  de  su  nobleza,  hizo 
todo  lo  que  el  tirano  Tetzotzomoc  le  rogaba,  mandando  por  todo 
su  reino  que  ninguno  tomase  las  armas  contra  los  Tepanecas, 
porque  ya  eran  sus  amigos  y  sujetos  debajo  de  su  imperio 
(diciéndoles)  que  un  día  del  año  siguiente  lo  querían  jurar  y  ha- 
cerle la;fiesta.  Todos  sus  vasallos  obedecieran  su  mandato  y 
no  hubo  en  cosa  ninguna  novedad;  (todo)  lo  cual  y  las  últimas 
guerras  sucedió  á  los  últimos  días  del  año  et  ^  calu,  que  con- 
forme á  nuestra  cuenta  fué  1417.  ^ 

Viendo  TdíK^zomoc  que  Ixtlilxuchül  estaba  muy  descuidado 
y  sus  vasallos  muchos  á  su  devoción  y  gusto,  ordenó  una  trai- 
ción cautelosa,  y  fué  que  en  el  año  de  cuatro  Toxtli,  á  los  pri- 
meros días  del  sexto  mes  Tecuhilhuitzintu,  que  es  tiempo 
cuando  los  caballeros  nobles  hacen  fiestas  en  los  campos,  tor- 
neos y  alardes  á  su  modo  de  cazar  en  los  bosques,  montes  y 
otros  lugares  de  caza,  con  redes,  arcos  y  flechas  y  otras  inven- 
ciones, como  más  largo  haré  relación  del  entretenimiento  que 
en  cada  mes  tenían  los  naturales  de  esta  tierra,  que  conforme 
á  Ja  nuestra  fué  en  el  año  de  1418,  á  los  veinticinco  días  dd  mes 
de  Junio,  en  los  primeros  tiempos  del  Pontificado  de  Martin  F, 
al  octavo  año  del  imperio  de  Segismundo  y  en  el  décimo  sépti- 
mo del  reinado  de  Juan  II  en  España,  acordó  de  irse  al  pue- 
blo de  CkiconauhÜa  con  gran  cantidad  de  hombres  armados  de 

1  Debe  ser  Yki,  que  es  8. — B. 

2  Desde  aquí  se  hace  ya  la  corrección  de  la  cronología  — R. 

TOMOl-ll 


162  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

diversas  partes,  en  un  lugar  y  bosque  donde  ya  á  esta  sazón 
tenía  al  Señor  de  allí  mandado  traer  de  diversas  partes  muchos 
animales  feroces,  venados  y  conejos  y  otros  muchos  animales 
para  caza  y  aves  para  volatería.  Este  Señor  que  se  decía  Tox- 
mUtzin  era  de  los  de  su  devoción,  y  así  dio  priesa  en  todo  lo 
necesario  para  tales  cosas  como  estas;  y  así  ñngiendo  Tetzotzo- 
moc  que  allí  había  de  ser  la  Jura  y  ñestas,  envió  á  avisar  á  JEc- 
ÜüxucfdU  que  viniese  para  ChiconauhÜaj  que  allí  había  de  ser 
la  Jura,  disculpándose  que  le  perdonase  que  no  iba  allá  perso- 
nalmente por  ser  ya  muy  viejo,  que  muy  bien  sabía  esto,  y  que 
fuese  servido  de  que  fuese  en  TemalnaÜaÜ^  en  donde  había 
mandado  aderezar  bien:  y  en  ínterin  mandó  al  ejército  oculto, 
que  al  tiempo  que  lo  viesen  venir,  que  hiciesen  que  lo  iban  á 
recibir,  y  que  llegado,  lo  prendiesen  á  él  y  á  su  hijo  Nezahual-- 
coyotl^  y  que  se  lo  llevasen  delante  de  él  con  todas  las  ignomi- 
nias y  vituperios  del  mundo;  y  les  dio  un  retrato  del  padre  é 
hijo  para  que  los  conociesen,  aunque  viniesen  entre  mucha 
gente.  ^  Todos  ellos  diéronle  su  palabra  de  que  en  todo  harían 
lo  que  él  mandaba,  y  hallóse  en  este  tiempo  Izoatxin^  AoaÜotzin^ 
TeemUeoatzinUi^  hijo  de  IxUibmckUl  y  valeroso  capitán  disfraza- 
do sin  que  nadie  lo  conociese,  porque  era  de  madrugada;  quien 
luego  se  partió  para  Texcuco  y  le  contó  á  su  padre  todo  lo  que 
había  pasado  y  cómo  venían  los  embajadores  para  llevár- 
selo. 

loMüamchiÜ  quedó  admirado  de  tal  cosa,  y  como  vido  que  to- 
da la  tierra  y  los  más  allegados  Señores  de  sus  vasallos  y  deu- 

1  De  este  pasaje  parece  deducirse,  que  nuestros  antiguos  pueblos  habían 
llegado  á  tal  perfección  en  la  pintura,  que  hacían  retratos.  Ya  se  había  creído 
que  las  cabecitas  de  barro  y  algunas  máscaras,  eran  retratos  escultóricos.  Debe 
sin  embargo  hacemos  dudar,  la  circunstancia  de  que  en  todas  las  pinturas  je- 
roglíficas que  conocemos,  siempre  se  pone  el  nombre  jeroglífico  al  lado  de  la 
figura,  como  para  distinguir  el  personaje  representado,  no  por  sus  facciones, 
que  en  lo  general  son  semejantes  en  todas,  sino  por  la  significación  de  aquél^ 
Igual  observación  se  puede  hacer  respecto  de  las  esculturas.  Las  deidades  no 
van  acompañadas  de  sus  jeroglíficos;  pero  éstas  se  distinguen  muy  bien  por  sus 
diferentes  atributes. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  163 

dos  se  le  habían  rebelado,  no  pudo  hacer  cosa  ninguna.  Aguar- 
dó á  los  embajadores  y  oyó  la  embajada,  y  fingiendo  que  se 
holgaba  mucho,  les  respondió  que  dijesen  á  Tdzotzomoc  que 
allá  iba,  y  que  cuando  no,  enviaría  una  persona  en  su  lugar. 
Tomaron  á  repetir  los  embajadores  que  á  él  le  aguardaban 
para  la  solemnidad  del  juramento  personalmente,  y  les  res- 
pondió una  sola  palabra,  que  fué  decirles  que  sí  lo  haría.  Los 
embajadores  se  fueron  á  gran  priesa  para  ChiconaukUa  para 
avisar  á  Tdzotzomoc  que  ya  venía.  Tdzotzomoc  se  holgó  mucho 
y  todos  los  demás  Reyes  y  Señores. 

IxtUlxuchiU  llamó  á  todos  sus  deudos  y  amigos  y  leales  va- 
sallos, y  les  dijo  que  le  diesen  su  consejo  de  lo  que  convenía 
hacer  acerca  de  esto.  Levantóse  su  hijo  AcaUotzin^  y  le  dijo  que 
él  quería  ir  en  su  nombre  á  padecer  por  él  todo  lo  que  vinie- 
se sobre  sí,  y  que  él  lo  tendría  por  bien  empleado,  y  que  en  el 
Ínterin  apercibiese  á  toda  la  ciudad  y  algunos  lugares  y  se  de- 
fendiesen de  sus  enemigos.  Asimismo  se  prefirieron  (ú  ofre- 
cieron de  preferencia)  á  ello  otros  tres  caballeros  que  habían 
sido  sus  ayos  y  maestros,  los  cuales  se  decían,  el  uno  BmJtálin 
huUli  hUdecpoyotán^  el  segundo  !re^¿z^{naAt<ac¿i¿z^  Tlilxi' 
cotoíny  el  tercero  OyouktecatzinUi  XochiÜ  Temocahin,  diciéndole 
que  ellos  emplearían  de  buena  gana  sus  personas  y  vidas  por 
él  (resignándose  á  correr  el  riesgo)  de  todo  lo  que  les  viniese^ 
y  que  sólo  le  rogaban  mirase  por  sus  hyos  y  mtijeres  y  se  re- 
cordase de  ellos  favoreciéndolos  en  todo,  y  que  si  muriese 
en  la  demanda  (los  recomendase)  al  Príncipe  heredero,  (para 
que)  si  el  Criador  lo  libraba  y  recobraba  su  Señorío,  hiciese  lo 
propio. 

IxtlilxuchiU  no  con  pocas  lágrimas  les  respondió  que  todo  lo 
que  ellos  pedían  y  más,  él  y  su  hijo  lo  cumplirían  en  todo,  y 
partiéndose  el  Infante  con  estos  tres  caballeros,  fueron  dere- 
chos á  TemamaUa  ^  con  alguna  gente;  y  reconociendo  los  ene- 
migos que  era  IxÜilxuchiÜ,  dieron  un  grandísimo  alarido  y  vi- 

1  Antes  lo  ha  llamado  TemalnaÜaÜ.—'R. 


164  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

níeron  á  gran  priesa  para  recibirlo,  y  viendo  que  no  era  sino 
el  Infante  su  hijo  y  los  caballeros,  los  cogieron  y  cada  uno  les 
daba,  irnos  de  palos  y  otros  de  bofetadas,  otros  de  rempujo- 
nes, y  de  esta  manera  los  llevaron  hasta  cerca  de  una  tienda 
en  donde  estaba  sentado  el  Tirano,  y  sin  hablar  con  ellos  ni 
oir  su  embajada,  mandó  que  al  Infante  lo  desollaran  vivo,  y  á 
los  tres  caballeros  les  dieran  de  lanzadas  hasta  que  muriesen, 
y  luego  al  punto  hicieron  lo  que  él  mandó,  y  el  pellejo  del  In- 
fante lo  mandó  extender  sobre  unas  peñas  que  allí  cerca  esta- 
ban, y  mandó  que  todo  el  ejército  fuera  sobre  Texcuco  y  lo 
destruyeran  á  fuego  y  sangre,  y  muerto  ó  vivo  le  trajeran  de- 
lante de  sí  á  IxtlüxuchiU  |y  á  su  hijo  Nezahualcoyotnn,  Ya  en 
este  tiempo  IxÜilamchiU  había  apercibido  á  todos  los  ciudada- 
nos y  otros  lugares  cercanos  á  la  ciudad,  aguardando  al  ene- 
migo; y  así  al  tiempo  que  allá  llegaron,  les  salieron  al  encuen- 
tro y  tuvieron  grandes  y  crueles  batallas.  De  allí  á  diez  y  seis 
días  se  pasó  IxUilxuUiU  á  un  lugar  y  bosque  cerca  de  Texcuco 
que  se  decía  Ouauhyacac^  donde  apercibía  sus  vasallos  y  daba 
orden  de  lo  que  se  debía  hacer;  y  los  Tepanecas  y  demás  tira- 
nos sus  aliados,  cada  día  peleaban,  y  los  de  IxtlüxuchiU  defen- 
dían su  ciudad,  muriendo  de  ambas  partes  mucha  gente. 

El  día  siguiente  antes  de  la  alba,  que  era  el  quinto  día  de  su 
remana  llamado  Macüilicohuatl  á  los  17  del  mes  Tecüilhüi- 
TZiNTLi,  en  este- presente  año,  que  conforme  á  nuestra  cuenta 
era  á  10  dd  mes  de  Julio,  mandó  IxtlUxucJUitl  á  su  hijo  el  Infan- 
te Zihvuquequenotain,  fuese  á  Huaiepec  y  Otumpan,  y  les  man- 
dase de  su  parte  á  los  de  allí,  que  viniesen  á  ayudar  siquiera 
en  traer  bastimentos  para  los  soldados.  Zihuaquequenotzin  res- 
pondió á  su  padre  que  él  iría  á  hacer  su  mandato,  mas  que  no 
volvería  con  vida,  porque  él  tenía  conocido  como  General  de 
las  guerras  las  condiciones  é  intento  de  estas  gentes,  y  que  él 
probaría,  pues  no  había  otro  remedio,  si  quizá  viendo  á  su 
persona  le  obedecerían,  y  que  si  allá  muriese  le  encomenda- 
ba á  él  y  al  Príncipe  su  hijo,  para  que  los  favoreciese  y  am- 
parase como  á  cosa  suya.  IxÜüxuchiÜ  le  respondió  con  mu- 


DOxN  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  165 

chas  lágrimas  que  no  tenía  de  que  avisarle,  que  obligación  tenía 
él  y  el  Príncipe  su  hijo,  de  favorecerlos  en  todo  como  propios 
hijos,  pues  eran  sus  nietos.  El  Príncipe  le  respondió  lo  misma 
y  añadió,  que  si  muriese  allí,  le  hacía  merced  á  sus  sobrinos 
de  muchos  pueblos  sujetos  en  aquellas  provincias,  para  que  de 
ellos  y  sus  descendientes  fueran  suyos;  que  miraría  por  ellos 
como  era  justo,  si  el  Criador  los  librara  de  tan  cercana  muer- 
te y  destrucción  que  sobre  sí  tenían.  ZiMaquequenalzin  se  par- 
tió para  HuaUpec,  y  llegado  le  recibió  el  Mayordomo  llama- 
do Zerdsdn  (á  quien)  después  de  haberle  dicho  que  venía  por 
socorro  para  su  padre,  le  respondió  que  no  podía  hacer  co- 
sa ninguna  si  no  avisaba  primero  á  los  Gfobemadores  Que-- 
zcdcuixüi  y  Acaizon;  y  así  avisó  á  tos  Gobernadores,  los  cuales 
en  lugar  de  dar  socorro,  enviaron  mucha  gente  armada  para 
que  prendiesen  al  Infante  Zikuaquequmoízinj  los  cuales  fueron 
luego  al  punto  y  lo  prendieron  estando  muy  descuidado  de  tal 
caso,  y  lo  llevaron  preso  delante  de  los  Gobernadores.  Uno  de 
ellos,  que  era  QuetzalcuixÜi^  le  preguntó  á  que  venia;  él  dijo  su 
embajada,  y  el  Gobernador  le  respondió  que  él  no  obedecía 
por  Señor  á  loMílxuchiÜ^  sino  al  gran  Tdzotzomoc^  rey  de  Azccv- 
ptUzalco^  y  que  dijera  su  embajada  enmedio  de  la  Plaza,  que 
era  día  de  la  feria  mayor  de  esta  provincia,  para  lo  cual  lo  sa- 
caron y  allí  á  voces  pidió  socorro  para  su  Padre.  La  respuesta 
fué  despedazarlo,  (á  tal  punto),  que  el  que  no  llevaba  un  pe- 
dacito  de  sus  carnes,  no  se  tenía  por  dichoso.  De  esta  manera 
murió  este  valerosísimo  y  gran  Capitán,  que  pocos  años  antes 
temblaban  los  Tepanecas  de  él. 

Habían  pasado  casi  32  días  después  de  la  muerte  de  Zihua- 
quequenoftzin^  que  era  en  el  10  de  su  semana  llamado  biatlactli 
cozcAcuAüHTLi  á  9  días  del  mes  llamado  Migatlhüitzintli,  y  ajus- 
tado con  la  nuestra  era  á  16  de  Agosto^  una  madrugada,  vien- 
do IxtlUxtichiU  que  ya  su  ciudad  y  otros  lugares  estaban  ya  ca- 
si de  todo  punto  destruidos  de  las  crueles  batallas  que  tanta 
tiempo  había  que  duraban,  llamó  á  sus  hijos,  amigos  y  deudos, 
y  les  hizo  un  largo  y  doloroso  razonamiento,  tal  cual  puede  ser 


166  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


en  tales  tiempos  y  ocasiones,  y  de  Príncipe  tan  valeroso  y  no- 
ble, aunque  muy  abatido  de  la  fortuna,  por  su  gran  nobleza  y 
buena  confianza,  como  ya  de  todo,  aunque  en  suma,  se  ha  he- 
cho relación.  Encargó  al  Príncipe  heredero  mirase  por  sus  va- 
sallos, los  amparase  y  libertase  su  Patria  y  deudos  del  tirano 
y  sus  aliados;  recobrase  sus  reinos,  y  que  para  poderlo  hacer, 
fuese  á  ver  á  sus  deudos,  á  los  de  Tlaxcala  y  HuejxUzinco  y 
otías  partes,  para  que  le  diesen  su  favor  y  ayuda  y  se  guarda- 
se del  tirano  y  sus  vasallos  no  le  quitasen  la  vida,  que  en  aca- 
bándose, se  acabaría  en  él  el  linaje  tan  antiguo  por  línea  recta 
de  los  Señores  Chichimecas.  ^  El  Príncipe  consolando  á  su  pa- 
dre, le  respondió  con  muchas  lágrimas  que  en  todo  haría  y 
cumpliría  lo  que  le  mandaba  con  el  favor  del  Tloquenahiuiquej 
que  es  el  Criador.  Luego  hizo  lo  mismo  Ixtlüxuchül  con  los 
demás,  diciéndoles  que  mirasen  por  el  Príncipe,  pues  no  les 
quedaba  ya  otra  cosa  más  que  él;  y  que  cuando  él  muriese, 
como  era  forzoso,  no  se  le  daba  nada,  que  ya  era  viejo  y  al  fin  ha- 
bía de  morir  ^  librándole  de  las  manos  de  sus  enemigos  y  acon- 
sejándole cosas  buenas  y  en  su  favor;  guardando  las  leyes  de 
sus  mayores  y  amando  siempre  la  paz  y  conformidad.  Estas  y 
otras  muchas  palabras  les  dijo,  y  ellos  con  gran  dolor  y  lágri- 
mas le  respondieron  que  ellos  harían  y  cumplirían  todo  su 
mandato. 

De  allí  á  pocas  horas  llegó  nueva  cómo  la  ciudad  de  todo 
punto  estaba  perdida  y  otros  muchos  lugares;  que  los  enemi- 
gos hacían  grandes  crueldades  con  los  viejos  y  viejas,  niños» 
ciegos,  cojos  y  enfermos  que  no  se  podían  defender.  Detrás  de 
este  mensajero  vieron  venir  un  gran  tropel  de  gente  de  guerra 
que  venían  de  hacia  tres  partes,  unas  hacia  Oiumpan^  otras  ha- 
cia Chxdco  y  otras  hacia  la  ciudad  de  Texciico^  y  los  ciudadanos 
y  demás  moradores,  hombres  y  mujeres  que  habían  escapado, 
iban  huyendo  hacia  las  sierras.  Entonces  el  rey  IztlUxuchül  se 

1  En  el  original  siguen— "cuyas  tierras  y  vasallos  por  ellas  moría." — R. 

2  Parece  que  aquí  debía  terminar  el  período,  y  que  faltan  después  las  si- 
guientes <5  semejantes  palabras:  *-Que  lo  cuidasen." 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  167 

puso  SUS  armas  y  se  fué  hacia  un  lugar  que  se  dice  Topanohua- 
yan^  junto  á  un  arroyo  que  baja  de  las  sierras,  con  algunos  de 
sus  vasallos  y  leales  amigos  y  el  Principe  su  hijo  Nezaliuaho- 
yotl,  al  cual  le  dijo  que  se  escondiese  para  que  no  se  acabase 
en  él  el  Señorío;  y  el  Príncipe  para  dar  gusto  á  su  padre  se  su- 
bió á  un  árbol  que  se  dice  Capvlin^  muy  copado,  que  estaba 
junto  á  un  cerrillo  que  allí  cerca  estaba,  y  desde  allí  estaba  mi- 
rando todo  lo  que  á  su  desventurado  padre  le  sucedió,  aunque 
él  bien  quisiera  morir  por  su  padre.  ^ 

1  Para  no  incurrir  en  graves  errores  históricos  siguiendo  al  pie  de  la  letra 
el  relato  de  Ixtilxochitl,  conviene  fijar  algunos  hechos,  tanto  más,  cuanto  que 
ya  entramos  en  la  parte  interesante  de  nuestra  Historia,  y  ya  los  sucesos  y  la 
cronología  están  bien  autenticados,  así  por  crónicas  de  los  primeros  años  de  la 
Conquista,  como  por  códices  y  Jeroglíficos. 

El  campo  en  que  se  desarrollaron  los  sucesos  referidos,  fué  el  Valle  de  Mé- 
xico. Era  entonces  muy  extensa  la  laguna:  en  las  tierras  que  al  Oriente  la 
circundaban,  estaba  el  Señorío  de  los  Acolhuas,  el  cual  tenía  por  capital  á 
Texcoco,  á  oriUas  de  la  misma  laguna;  las  tierras  del  Poniente  formaban  el  Se- 
ñorío de  los  Tepanecas,  cuya  cabecera  era  Atzcapotzalco,  entonces  también  in- 
mediata al  lago;  cerca  de  ella  y  en  una  isla,  estaba  el  pequeño  Señorío  de  los 
Mexicas,  tributarios  del  TeeuhÜi  tepaneca;  y  al  Sur  había  otros  Señoríos  me- 
nores, como  los  de  Chalco,  Coyohuacan  y  Xochimilco.  Los  Señoríos  Acolhua 
y  Tepaneca  se  comunicaban  y  estaban  en  contacto  por  las  tierras  del  Norte  de 
la  laguna. 

Ambos  se  disputaban  la  supremacía  del  Valle;  y  hemos  visto  que  desde  el 
principio  de  su  existencia,  se  empeñaron  en  continuas  luchas  para  alcanzarla. 

Los  Mexicas,  pueblo  pequeño  aún  bajo  el  reinado  de  Huitzilihuitl,  eran  tri- 
butarios de  los  Tepanecas,  pero  no  de  los  Acolhuas;  si  bien  cuenta  el  P.  Du- 
ran que  para  atraerse  la  amistad  de  éstos,  los  recibían  bien  en  su  isla.  Por  qui- 
tarse el  oneroso  tributo  que  daban  á  los  Tepanecas,  casaron  los  Mexicas  á  su  rey 
Huitzilihuitl  con  Ayauciuatl  hija  de  Tezozomoc;  y  éste  se  los  redujo  á  que  le 
llevasen  cada  año  dos  patos  de  los  que  se  criaban  en  su  laguna,  y  algunos  pe- 
ces y  ranas,  según  dice  el  mismo  P.  Duran. 

Pero  esto  no  les  quitaba  su  calidad  de  tributarios  de  Tezozomoc,  y  Huitzi- 
lihuitl era  además  su  yerno;  por  lo  cual  natural  es  que  los  encontremos  de  alia- 
dos de  los  Tepanecas  contra  los  Texcocanos,  y  que  fueran  partícipes  de  los 
triunfos  de  Tezozomoc.  Por  eso  en  los  jeroglíficos  del  Códice  Mendocino,  se 
Ten  en  el  año  tbbs  cíxli,  1417,  como  últimas  conquistas  de  Huitzilihuitl, 
Texcoco  y  Acolma. 

Es  importante  la  aclaración  de  estos  hechos,  porque  cdhio  se  ha  visto  en  la 


16S  OBRAS   HlStÓRICAS  DE 

Y  ya  que  IxdUxuchiÜ  llegaba  cerca  del  arroyo  junto  á  unas 
peñas,  llegaron  los  de  Otampan  por  un  lado  y  los  de  Gialco 
por  otro,  y  le  rogaron  con  mucha  reverencia  fuese  servido  que 
le  querían  hacer  cierto  servicio,  fingiendo  que  le  querían  ayu- 
dar y  hacerle  fiestas.  IxÜUamchitl  les  respondió  que  no  quería» 
que  hiciesen  de  él  lo  que  quisiesen,  y  que  bien  los  conocía  que 
eran  traidores  y  vasallos  de  Tetzotzomoc.  En  estas  demandas  y 
respuestas  llegaron  los  que  venían  hacia  la  ciudad  y  les  dije- 
ron á  los  Choleas  y  Otumpanecas^  que  si  no  se  quería  dar,  que 
lo  matasen  y  hiciesen  pedazos.  IxÜUxuchiÜ  les  respondió  di- 
ciéndoles  que  eran  unos  traidores,  y  que  él  moriría  como  un 
valeroso  Príncipe  y  por  su  patria  y  nación;  que  no  entendiesen 
que  él  tomaba  esta  muerte  por  afirenta,  sino  antes  bien,  por 
mucha  dicha  tenía  el  morir  por  su  nobleza  y  confianza  en  trai- 
dores como  ellos  y  sus  Señores  lo  eran.  Entonces  llegaron  con 
las  armas,  y  defendiéndose  valerosamente,  lo  mataron  allí  y  á 
sus  criados  que  iban  con  él;  y  quitándole  sus  insignias  reales, 
se  las  llevaron  en  testimonio  de  la  verdad  á  Tetzotzomoc  svl  Se- 
ñor, dejando  su  cuerpo  en  aquel  campo  con  innumerables  pu- 
ñaladas que  le  dieron.  El  Príncipe  Nezahuakoyotzin  estuvo  en 
el  árbol  con  gran  prudencia  viendo  todo  lo  que  pasaba.  Esto 
sucedió  casi  á  puestas  del  Sol,  y  no  se  bajó  del  árbol  porque 
no  le  sucediese  lo  que  á  su  padre,  pues  bien  conocía  el  daño 
que  á  su  Patria  y  deudos  se  le  seguirían. 

Luego  el  siguiente  día  que  era  matlacti  omce  ollin,  un  caba- 
llero llamado  Chichiquil^  de  la  nación  Tulteca,  de  los  que  ve- 
nían y  eran  naturales  del  Barrio  de  TlaÜotlacan^  viendo  á  su 
Señor  en  el  campo,  (tirado  y  abandonado)  como  si  fuera  el 
más  vil  hombre  del  mundo,  compadecido  y  lleno  de  dolor, 

presente  Relacióoi  el  autor  supone  desde  el  principio,  que  ya  gobernaba  en 
México  Tenochtitlan  el  hijo  de  Huitsilihuitl,  llamado  Chimalpopoca.  Bsto  es 
inexacto:  Huitzilihuitl  murió  en  1417,  después  de  la  toom  de  Texooco,  aun- 
que antes  de  la  muerte  del  infortunado  TecuhÜi  acolhoa  IxtlilxooliiU,  quien 
murió  el  siguiente  año  cuatro  tochtlt,  1418,  al  amanecer  del  día  matluciU 
eozcacuauhüi  del  mes  ochpaniztlú 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  16& 

(fué)  con  otros  que  venían  con  él,  recogieron  su  cuerpo,  le  pu- 
sieron sus  insignias  reales  y  lo  quemaron  con  todos  los  ritos 
y  ceremonias  que  ellos  usaban,  y  le  hicieron  las  honras  de  su 
entierro  allí,  en  un  lugar  y  rinconada  de  aquel  arroyo,  (muy 
de  mañana,  pues)  que  era  antes  del  Alba.  Su  hijo  desde  el  ár- 
bol vio  todo  lo  que  hacían  con  el  cuerpo  de  su  padre,  y  reco- 
nociendo que  eran  leales  vasallos,  se  bajó  del  árbol  y  les  agra- 
deció mucho  las  honras  y  entierro  que  habían  hecho  á  su  padre; 
los  cuales  le  rogaron  que  se  fuese  con  ellos  hacia  lo  alto  de  las 
sierras,  (diciéndole)  que  allí  estaría  más  oculto  que  en  otro  lu- 
gar ninguno,  hasta  que  aplacase  algo  la  ira  del  Tirano,  porque 
babía  mandado  que  también  le  matasen,  prometiendo  grandes 
mercedes  á  los  que  se  lo  prendiesen  ó  lo  matasen.  *E1  Príncipe 
tuvo  por  bien  irse  con  ellos  y  así  lo  hizo.  Dicen  muchos  natu- 
rales antiguos  y  principales,  especialmente  Don  Oabrid  de  Se- 
goma^  principal  de  Texcuoo^  descendiente  de  estos  Señores,  que 
á  IxQilxuchÁÜ  le  quitaron  la  cabeza  y  sólo  el  cuerpo  dejaron  en 
el  campo,  para  dar  crédito  i  Tetxotzomoo  su  Señor;  pero  en  la 
original  historia  parece  de  la  manera  que  lo  tengo  declarado. 

Gomo  se  ha  visto  en  esta  relación,  tuvo  el  fin  el  rey  IxaUxu- 
chiíl  y  con  la  gran  multitud  de  gente  ilustre  y  hombres  valero- 
sos de  lo  mejor  de  la  nación  Aculhua,  ^  sin  muchos  millones 
de  la  gente  común,  que  como  se  ha  visto,  duraron  las  guerras 
eirumenta  años  seguidos.  En  las  partes  remotas  de  todo  punto 
negaron  la  obediencia,  que  después  NezahucUcoyotzin  y  su  hijo 
NezahualpUzinUi  y  los  Señores  de  México  y  Tlaeopan  con  gran 
trabajo  recobraron.  Parece  en  las  historias  que  en  este  tiem- 
po, antes  que  se  destruyesen,  había  doblado  más  gente  (ó  el 
duplo)  de  la  que  se  halló  al  tiempo  que  vino  Cortés  y  los  de- 
más españoles,  porque  yo  hallo  en  los  Padrones  Reales,  que 
el  menor  pueblo  tenía  1^500  vecinos;  y  de  allí  para  arriba  y  aho- 

1  Parece  que  en  este  pasaje  comprendido,  no  solamente  hay  omisiones,  sino 
que  aun  se  ha  subvertido  lo  conservado  del  Texto.  To  leería  así:— '<  Como  se 
ha  visto  en  esta  Belación,  tal  fué  el  fin  que  tuvo  el  Rey  Jxüilxoehitlf  y  junta- 
mente con  él,  una  gran  multitud  de  gente  ilustre,  etc."— R. 


170  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 


ra,  no  tienen  900  vecinos^  y  aun  en  algunas  partes  de  todo  pun- 
to se  han  acabado.  Dicen  los  naturales  que  antes  que  sucedie- 
sen estas  crueles  batallas  y  otras  que  después  sucedieron,  (la 
población)  en  el  más  pequeño  pueblo,  que  hoy  no  tiene  ya  nin- 
guna persona,  pasaban  de  80,000  vecinos,  porque  como  se  echa 
de  ver  en  las  ruinas,  hasta  en  los  más  altos  montes  y  sierras, 
tenían  sus  sementeras  y  casas  principales  para  vivir  y  morar. 
Esta  historia  de  IxtUlxuchitl  cuentan  los  viejos  principales 
sus  descendientes,  no  con  pocas  lágrimas,  acordándose  de  sus 
grandes  trabajos  y  persecuciones  y  su  gran  valor;  que  si  otro 
fueru  no  pudiera  sufrir  tantos  años  de  persecuciones,  no  sola- 
mente de  sus  enemigos,  sino  aun  de  los  Señores  sus  vasallos, 
aunque  después  se  arrepintieron  tarde  y  padecieíon  hartos  tra- 
bsgos  ellos  y  sus  vasallos;  que  si  ellos  no  fueran  de  la  parte 
del  tirano,  nunca  se  vieran  en  las  persecuciones  y  abatimien- 
tos en  que  se  vieron.  En  lo  que  se  sigue  se  hará  relación  de 
las  crueldades  que  este  tirano  después  hizo,  demás  de  las  pa- 
sadas, que  fueron  muy  grandes  y.  espantosas  y  nunca  oídas; 
que  jamás  tal  se  vieron  en  esta  tierra,  ni  aun  creo  que  en  la 
mayor  parte  del  mundo,  ni  de  tirano  tan  viejo,  ni  de  tantos 
años  de  gobierno. 


DÉCIMA  EELACION. 


Del  TSrcmo  Tettotxomoc  y  su  muerte^  y  peregrinaciones  del  Principe  Nezahualcoyotzin 

Ido  el  Príncipe  NezahucUcoyotzin  hacia  la  Sierra,  halló  casi  á 
todos  los  Ciudadanos  que  habían  escapado,  especialmente  la 
gente  noble,  emboscados  entre  aquellos  desiertos,  los  cuales 
reconociendo  á  su  Señor,  todos  le  salieron  á  recibir,  consolán- 
le  y  disculpándose  ellos  como  no  había  sido  en  su  mano,  pues 
ellos  solos,  sin  ayuda  de  algún  Señor,  habían  sustentado  la 
guerra  tantos  días.  Nezahualcoyotzin  les  respondió  diciéndoles 
que  ya  él  todo  lo  había  visto,  y  que  á  ellos  no  les  culpaba  en 
cosa  ninguna,  sino  á  los  vasallos  rebeldes;  y  les  rogó  que  se 
fueran  hacia  la  ciudad  por  entonces  y  padecieran  algunos  tra- 
bajos, que  él  esperaba  en  Tlotenahuaque  ^  que  los  libertaría,  an- 
dando el  tiempo,  de  poder  del  tirano,  pues  no  convenía  otra 
cosa.  Le  agradecieron  mucho  el  consejo  y  le  dijeron  cómo  la 
gente  común  se  había  ido  á  diversas  partes,  especialmente  á 
Tlaxcala  ^  y  Huexutzinco^  especialmente  de  las  ciudades  y  pue- 
blos siguientes:  Ixtapalocan^  Cuatlapacan^  Cohuatepee^  Cohua- 
ilichan,  HuexuUa^  Tepetlanexco,  Texcoco,  Tezapan,  Chiauhtla, 
Tepdlaoztoe  y  Chialatzinco^  que  eran  los  que  habían  sido  muy 

1  Tloquenahuaque,  el  dios  creador,  llamado  también  Ometecuhtli. 

2  Debe  ser  Tlaxcallan,  de  Tlaxcalli  y  la  partícula  de  lugar  tlan,  pues  la 
primera  palabra  pierde  el  final  li  en  la  composición,  y  por  quedar  terminada 
en  1,  al  agregarle  tlan  se  suprime  la  t.  Esta  es  la  regla  general  en  el  mexicano. 


172  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

perseguidos  de  los  enemigos,  y  que  adelante  de  la  sierra  esta- 
ban también  escondidos  los  Señores  siguientes,  con  alguna 
gente  ilustre  y  plebeya,  que  eran  Tlacotzin  de  Huexutla,  y  lo- 
cantzin  gran  Sacerdote  con  él,  y  Payntzin  de  CohuaÜichan  con 
Tlanahuacatzin^  asimismo  gran  Sacerdote,  y  TotomihtícUzin  de 
Atozqudzin,  y  así  se  fué  á  sus  jardines  donde  fué  avisado  que 
la  hallaría  y  allí  le  dio  toda  su  embajada  y  de  lo  que  su  her- 
mano le  enviaba  á  decir;  y  ella  con  muchas  lágrimas,  oyendo 
las  desgracias  de  su  hermano  y  Príncipe,  le  dio  la  palabra  que 
ella  haría  que  el  rey  su  marido  cumpliese  su  palabra  en  ayu- 
dar á  Nezahualcoyotty  y  así  luego  se  lo  fué  á  decir;  y  él  aunque 
estaba  de  otro  parecer,  hizo  juntar  otro  día  de  mañana  todos 
sus  grandes  para  tomar  su  parecer,  si  querían  ayudar  á  Neza-- 
hxmhoyoü  ó  á  Maxtla  (según)  lo  que  á  ellos  más  le  conviniera; 
y  para  esto  mandó  que  en  la  plaza,  en  un  cadalso  que  mandó 
poner,  llevasen  al  mensajero,  y  en  un  pilar  muy  bien  atado  de 
pies  y  manos  y  desnudo,  le  tuviesen  tapado  con  una  cortina, 
y  juntos  allí  mandó  á  un  pregonero  que  á  grandes  voces  dije- 
se tres  veces  á  todos  los  Señores  sus  vasallos  y  demás  gentes' 
que  si  querían  ayudar  á  Nezahualcoyotl,  que  allí  estaba  £u  em- 
bajador, que  respondiesen:  (hecho  esto),  mandóles  quitar  las 
cortinas  (que  lo  ocultaban)  para  que  todos  lo  viesen,  (advir- 
tiéndoles que  si  estaban  en  aquella  disposición  lo  ayudaran), 
y  si  no,  que  su  embajador  sería  muerto  al  segundo  pregón. 
Todos  á  grandes  voces  dijeron  que  á  NezahualcoyoÜ  querían 
ayudar,  que  era  justo  y  con  derecha  justicia  que  soltaran  al 
mensajero,  y  así  lo  desataron  y  le  vistieron  sus  vestidos,  y  le 
dijo  el  rey  que  por  el  día  13  cüaütli,  estarían  cerca  de  Cohuatli- 
ehauj  y  el  día  siguiente  ce  olun,  darían  sobre  la  ciudad  y  la 
destruirían.  Con  esto  se  volvió  á  lexcuoo  y  le  dio  razón  de  to- 
do lo  que  había  sucedido  á  Huitzílihuitzin,  el  cual  le  dyo,  que 
pues  había  hecho  lo  más,  hiciese  lo  menos;  que  era  que  fuese 
á  Calpulalpan  á  darle  razón  de  toda  su  embajada  al  Príncipe  su 
Señor;  el  cual  (mensajero)  no  quiso,  escarmentado  de  las  des- 
gracias que  le  habían  sucedido,  diciéndole  que  bastaba  que  se 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHriTi.  173 

hubiese  yisto  en  dos  petí^osos  lances;  que  enviase  otra  perso- 
na, que  él  no  quería  que  á  la  tercera  peligrase;  al  cual  por  esto 
NasahucUcoyoÜ  después  no  le  quiso  hacer  ninguna  merced,  co-' 
mo  (se  las  hizo)  á  los  demás  que  lo  siguieron  en  sus  peregri- 
naciones y  trabajos. 

Viendo  el  viejo  (Hmtzílíhmtt),  que  no  había  mensajero  que 
poderle  enviar,  acordó  de  ir  personalmente  á  ver  á  su  Señor, 
aunque  él  no  estaba  para  poder  salir  fuera  de  su  casa,  por 
estar  tan  llagado  de  los  tormentos  de  los  otros  días.  Ya  en 
este  tiempo  había  salido  de  CaljmUdpan  NemhualcoyoÜ^  y  venía 
para  Texcuoo  con  muchos  capitanes  y  algunos  Señores  de  di- 
versas partes,  pasando  por  TemalacatUlan^  Xalcalixizapocan  y 
Ahuatepec^  en  donde  le  aguardaba  un  hermano  suyo  llamado 
TenauyoeaÜohiuitún^  con  comida  y  regalo,  que  era  ya  cerca  de 
medio  día,  con  algunos  mayordomos  que  allí  le  esperaban 
de  diferentes  partes  con  la  misma  orden.  Días  antes  habían 
cogido  dos  caballeros  los  Tepanecas  que  andaban  buscando  á 
Nasahualcoyotzin,  que  venían  con  alguna  gente  cargada  de  co- 
mida; el  uno  de  ellos  llamado  Ixcuauholtzin^  al  cual  mataron; 
y  al  otro,  TéohoÜzin^  llevaron  preso  á  Aculhua,  y  aquella  noche 
le  libró  una  Señora  sacándolo  de  la  prisión;  lo  cual  á  la  dicha 
Señora  le  costó  la  vida,  porque  fué  sentenciada  á  que  la  arras- 
trasen por  las  calles  y  fuese  hecha  pedazos  como  traidora  que 
había  cometido  el  pecado  onjnen  Ugia^  aunque  con  legítima  cau- 
sa. El  Tirano  MaxÜa,  teniendo  noticia  de  todas  estas  cosas 
por  algunos  espías,  hizo  muchas  mercedes  á  los  Señores  y 
Grandes  de  Testcuco^  porque  no  fueran  de  la  parte  de  NemhuaU 
coyoÜ^  y  á  muchos  Ciudadanos  les  hizo  Caballeros,  y  se  comen- 
zó á  apercibir  aunque  ya  era  tarde. 

Salido  NezahuakoyoÜ  de  Áhuatepec,  llegó  á  un  lugar  llamado 
Odotiioahtiacayan  NopaUepec,  en  donde  estaba  el  buen  viejo 
HuÜTsilihvitl  aguardándole,  y  allí  le  habló  y  le  dio  su  parecer 
y  (tomó  el)  de  otros  muchos  capitanes  y  Señores  de  lo  que 
convenía  hacer,  aunque  ya  estaba  tratado  que  el  día  siguiente 
de  CE  OLLiN,  que  los  orientales  amigos  Tlaxcaltecas^  Xuexvizin- 


174  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

cas  ^  y  otras  naciones,  habían  de  acudir  con  sus  ejércitos  hacia 
la  parte  de  Aeidman,  que  era  la  mayor  fuerza  en  donde  había 
gran  multitud  de  Tepanecaa  y  muy  valerosos  soldados.  Con 
toda  esta  Provincia  y  Reino,  iban  por  Generales  Cenmatzin  y 
Tonalxochüzin^  y  los  Choleas  con  todo  su  ejército  habían  de 
acudir  á  la  otra  cabecera  Oohuatlichan,  y  con  toda  su  provin- 
cia la  habían  de  destruir,  y  con  la  gente  que  le  seguía  tomó 
para  sí  la  ciudad  de  Texcuco.  Tratado  todo  esto  que  ya  era  al- 
go tardecillo,  se  fueron  para  Hueocuüa  en  casa  de  Toaatún^  im 
caballero  muy  principal  y  Señor  de  ciertos  pueblos  que  él  y 
otro  hermano  suyo,  llamado  Ouauhüizle,  le  esperaban  en  su 
casa  con  comida  y  regalo,  y  allí  tenían  ciertos  cuartos  llenos 
de  rodelas  y  macanas,  arcos  y  flechas  y  otros  muchos  adere- 
zos y  armas  que  allí  habían  juntado;  y  así  se  fué  derecho  ^e- 
zahualeoyatl  allá,  para  tomar  las  armas  él  y  toda  su  gente,  y  la 
comida  bastante  que  hubiesen  (menester)  para  el  día  siguien- 
te. Llegó  á  puestas  del  Sol  en  casa  de  estos  Caballeros  y  fué 
muy  bien  recibido  y  regalado,  con  muchas  fiestas  y  danzas,  y 
armóse  él  y  toda  su  gente  y  luego  fueron  á  Oztotipo/o  después 
de  obscurecido,  casi  dentro  de  los  muros  de  la  ciudad,  dejan- 
do alojado  su  ejército  allí  cerca  de  este  lugar,  y  él  entró  den- 
tro de  la  ciudad  con  la  gente  principal  y  fueron  á  dormir  en 
la  casa  de  Huüsñlihuüzin,  que  aunque  estaba  dentro  (de  la 
población)  estaba  al  cabo  de  la  ciudad,  como  tengo  dicho  (del 
lugar)  en  donde  es  OztoHpac;  y  antes  de  dormir  le  envió  dos 
embajadores,  el  uno  llamado  Tlenamaidn^  para  que  fuera  á  dar- 
le las  gracias  y  la  orden  que  habían  de  tener  los  Choleas^  que 
estaba  alojado  su  ejército  cerca  de  Cohuaüichan^  y  el  otro  llama- 
do Ayapaizin^  para  que  fuese  á  Cohuatíichan  y  dijese  á  los  Gober- 
nadores que  esa  noche  á  media  noche  se  comenzaría  la  bata- 
lla, y  que  al  amanecer  los  tendría  destruidos;  y  así  fueron  y 
dieron  la  embajada,  aunque  ya  los  enemigos  en  algima  mane- 
ra lo  habían  sentido  y  se  estaban  apercibiendo  á  gran  priesa. 

1  Huexotzincas. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  175 

El  tirano  MaxtUí^  dos  ó  tres  días  antes  de  esto,  teniendo 
noticia  de  cómo  iVezoAwoZcoyotójuntabagente  de  diferentes  par- 
tes, y  cómo  algunos  principales  de  Texmco^  Huexutla  y  Cohua- 
tiichan  le  ayudaban  secretamente  en  todo  lo  que  podían,  es- 
pecialmente fué  avisado  de  un  Caballero  llamado  Tmcoyotzm^ 
que  estando  jugando  al  juego  que  llaman  PaJtolli  con  otros  dos 
Caballeros  en  TlaneparMa^  ó  lugar  que  está  entre  Texcuoo  y 
HuexuUaj  que  es  un  juego  á  manera  de  los  dados,  dijeron,  aun- 
que cifradamente,  cómo  (en)  las  tres  ciudades,  Texcuco,  Hue- 
xvüa  y  CohuaUichcm,  había  ciertos  Caballeros  que  volvían  por 
las  casas  de  NezahualooyoÜ  y  se  apercibían  de  todas  las  cosas 
necesarias  para  ayudarle.  Oyendo  esto  Maxüa^  por  más  ase- 
gurarse de  ellos,  envió  ciertos  Capitanes  Caballeros  Tepanecas 
á  esta  parte  para  que  gobernasen  y  viesen  lo  que  convenía  á 
su  derecho  y  castigasen  á  todos  los  que  hallasen  culpados,  y 
así  castigaron  muchos  con  pena  de  muerte,  y  esta  noche  á  pri- 
ma noche,  mandaron  á  una  Señora  llamada  XiuktzíhucUzin^ 
hija  de  un  Señor  llamado  TlanahuaccUzin^  "matar  conforme  á 
la  de  Aoulma'^  ^  porque  yéndose  á  la  tarde  al  campo  á  holgar- 
se con  otras  migeres,  vio  el  ejército  de  los  Choleas  y  no  quiso 
avisar  en  la  ciudad  de  Oohuatlichany  antes  mandó  á  los  que 
iban  con  ella  que  no  dgesen  nada;  pero  de  allí  á  pocas  horas 
ll^ó  el  Ímpetu  de  los  Choleas  y  tuvieron  una  cruel  batalla  en 
donde  murieron  infinitas  gentes  de  ambas  partes,  sin  recono- 
cerse ventaja  hasta  que  ya  era  esclarecido  el  día,  Viéndose  ya 
el  rey  Quetzalma^izUi  casi  rendido,  se  fué  huyendo  al  templo 
mayor,  y  allí  se  defendió  algunas  horas  valerosamente,  hasta 
que  de  puras  pedradas  y  flechazos  cayó  del  templo  abajo,  muer- 
to y  hecho  pedazos,  y  con  su  muerte  acabaron  de  destruir  la 
ciudad  y  toda  su  comarca  hasta  cerca  de  HuexuUa^  en  donde 
NezahuolcoyoÜ  vino  á  ver  al  General  llamado  NauyoÜy  que  ya 
esta  ocasión  había  saqueado  su  ciudad  de  Texcuco  y  la  de  flwe- 
xuüa  porque  no  se  le  defendieron  por  armas,  y  allí  les  dio  las 

1  Así  dice  ea  el  original.— R. 


176  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

gracias  y  contó  sus  trabajos  y  peregrinaciones,  no  con  pocas 
lágrimas,  según  la  original  historia,  y  le  apercibió  para  que  vi- 
niese al  tiempo  que  habían  de  ir  sobre  el  Tirano  MaxÜa^  en- 
viando muchas  encomiendas  ^  á  su  rey  y  el  agradecimiento  de 
la  ayuda  que  le  había  hecho,  el  cual  se  lo  prometió  de  parte 
de  su  rey  y  se  fué  para  Choleo  con  su  ejército  con  todos  los 
despojos  que  hubieron  en  esta  batalla.  Desde  aquí  se  volvió 
Nemhualcoyotl  hacia  Chiauhtla  para  verse  con  los  Generales  de 
Tlaxcala^  Huexutzinco  y  otras  partes  que  ya  también  habían 
destruido  todo  Acubna  hasta  TezotepeCy  y  muerto  el  General  de 
Huexutzinco  Zetema  al  rey  TeyolcooohuaÜsdn.  Estas  guerras  fue- 
ron crueles,  en  donde  murieron  infinitas  gentes,  y  llegado  á 
ChiavMla  aquella  tarde  en  casa  de  un  Caballero  llamado  Te- 
ilaxinccUzin,  llegaron  los  Generales  y  le  dieron  cuenta  de  to- 
do lo  que  habían  hecho  y  cómo  quedaba  todo  concluso.  Él 
les  dio  las  gracias  y  les  prometió  muchas  mercedes,  (encar- 
gándoles) que  lo  mismo  dijeran  á  sus  Señores,  y  con  es- 
to se  fueron  con  todos  sus  despojos  y  esclavos  que  pudieron 
llevar. 

Fueron  tantas  las  insolencias  y  agravios  que  habían  hecho 
los  Tepanecas  en  las  ciudades,  pueblos  y  lugares  sujetos  al  rei- 
no de  Texcuco,  que  sería  muy  largo  de  contar;  pero  bastan  los 
referidos.  Asimismo  este  día  fué  NezahualeoyoÜ,  aunque  ya  era 
casi  cerca  de  la  noche,  para  ver  su  ciudad  y  corte,  el  cual  otro 
día  siguiente  la  visitó  y  halló  toda  destruida  y  arruinada  de  los 
Tepanecas  que  habían  vivido  en  ella,  y  todos  sus  tesoros,  man- 
tas y  otras  cosas  que  había  en  sus  palacios,  robado  iodo.  El 
día  CE  OLUN,  como  tengo  dicho,  él  con  su  gente  había  entra- 
do en  ella  para  destruirla.  Nadie  la  defendió;  antes  (bien)  los 
ciudadanos,  viejos,  mozos  y  niños  lo  recibieron  pidiendo  per- 
dón de  sus  vidas,  y  los  Tepanecas  que  allí  estaban  y  algunos 
deudos  suyos  que  le  deseaban  la  muerte,  y  aun  habían  procu- 
rado por  él  para  dárselo  á  Maxtla  muerto  ó  vivo  por  ciertos 

1  Esto  es;  expresiones  6  recuerdos  a/eetuosos.^R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVÁ  IXTULXOCHiTL.  177 

intereses  y  envidias,  como  eran  su  ei:tflado  NonokualeaUj  otro 
caballero  (llamado)  Toxpili^  se  pusieron  en  defensa;  mas  luego 
Netahualeoifotl  los  sujetó,  matando  á  los  Tepanecs^  que  pudo 
hab^  á  las  manos,  y  sus  deudos  se  le  escaparon  huyéndose 
hasta  los  montes  y  Sierras,  en  donde  estuvieron  escondidos 
alguna  temporada. 

Hubo  muchos  prodigios  y  señales  en  este  tiempo,  antes  y 
después,  que  sería  muy  largo  de  contar  y  hacer  relación  de 
todo;  mas  pondré  aquí  algunos.  En  el  cielo  hubo  cometas  y 
eclipses  de  sol  y  otras  señales.  En  la  tierra  se  vieron  muchos 
monstruos,  como  filé  uno  en  los  campos  de  Texcuco^  hacia  la 
parte  de  Cfdnauhtia^  (y  fué)  que  yendo  dos  caballeros,  el  uno 
llamado  Tkuxusuüotssm  y  el  otro  TUusparümeJmebsin^  á  caza  con  al- 
gunos criados,  vieron  venir  hacia  ellos  un  monstruo  á  gatas, 
con  un  pie  y  dos  manos  como  de  persona,  y  la  cara  ni  más  ni 
menos,  muy  feísima,  y  unos  cabellos  que  le  cubrían  el  cuerpo, 
tan  gruesos  y  tan  anchos  como  un  dedo  grande,  y  el  cuerpo  tan 
grueso  como  de  dos  brazas,  los  cuales  viendo  este  monstruo  se 
quedaron  espantados  y  empezaron  á  darle  voces,  y  queriendo 
tirarle  no  podían,  y  el  monstruo  mientras  más  le  querían  ha* 
cer  m4s  se  llegaba  á  ellos,  y  los  amenazaba  y  decía  á  grandes 
voces: — "Mirad;  TloutoaUa,  Hueocutxinco^  Tula^  y  otras  partes 
"  vienen  sobre  vosotros:  el  tirano  Maaotla  se  acabará  y  recobra- 
"rá  d  que  le  viene  de  derecho,"'— y  ellos  huyéndose  hada  la 
ciudad  se  les  desapareció.  Esto  sucedió  la  maflana  antes  de  la 
destrucdón  de  A/yidma  y  CohuaÜichan  y  otras  partes,  y  á  la  no* 
che  al  tiempo  que  fueron  los  embajadores,  el  uno  de  ellos,  al 
campo  donde  estaba  alojado  el  ejército  de  Choleo^  vio  ven^  á 
cierto  capitán  Tqxmeca  huyendo  espantado,  que  encontrando 
ccxn  él  le  contó  que  había  ido  secretamente  á  ver  el  ejército  de 
los  Chaloaay  y  que  en  el  campo  encontró  un  lobo  temerario 
con  los  pies  de  palo  y  otras  señales  disformes,  que  venía  dando 
grandes  alaridos,  que  parecía  que  todos  los  cerros  y  valles  le 
respondían;  y  él  viendo  esto  no  pudo  pasar  adelante,  y  desde 
donde  lo  había  visto  se  había  vuelto  huyendo,  y  con  tanto  se 

Tomo  1—13 


178  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


despidieron.  Otras  muchas  señales  hubo,  pero  basta  lo  dicho, 
que  debía  ser,  como  sé  ha  de  creer,  ilusiones  del  Diablo. 

(Aquí)  acaba  la  historia  original  y  parece  en  ella  que  después 
de  haber  sucedido  todas  las  cosas  referidas,  y  habiendo  pasado 
once  años  de  la  muerte  del  Rey  IxtlUxuchiÜ  ^  y  su  hgo  el  gran 
capitán  Zihuaquequenotzin^  hermano  bastardo  de  Nezahiudcoyotl, 
dejando  dos  hijos  llamados,  el  mayor,  AcolmiMi^  y  el  menor, 
ZoiecoxaMn^  que  son  los  que  hemos  referido  atrás,  y  que  tam- 
bién en  esta  ocasión  acababa  de  morir  el  sacerdote  mayor,  lla- 
mado ZíhuacohuaÜ  por  su  dignidad  ^  y  electo  otro  que  se  dice 
CoxcoXj  asistente  del  Consejo  del  reino.  Asimismo  residía  otro, 
sacerdote  mayor  (llamado)  SutízUihui^  que  por  la  dignidad  de 
su  oficio  le  llamaban  TeUanenex,  asistente  del  Consejo  de  gue- 
rra. 

Y  (también  parece  en  la  original  historia)  que  Nezahualco- 
yotsdn  moraba  en  sus  palacios  llamados  ZUan,  en  donde  estaba 
dando  orden  para  ir  sobre  el  tirano  en  juntando  ejército,  que 
ya  los  iba  alojando  en  los  campos  y  apercibiendo  á  sus  amigos 
y  tenía  puestas  sus  fronteras  en  AcuUiuacan  y  cerca,  de  Iztapa- 
lapan  y  por  toda  la  ribera  de  la  lagima,  hacia  la  parte  de  Tex-- 
43uco^  con  intento  de  destruir  á  Maxüa,  Monarca  tirano  y  los 
demás  Reyes  Mexicanos  y  otros  sus  aliados.  El  Señor  de  Tla- 
telulco  en  Tlaxcala,  Tecontepec,  y  Izcordzin  de  Iztapalocan.  ^ 
Oídos  por  estos  ciudadanps  que  los  Señores  estaban  por  estas 
tierras  retraídos,  se  partió  para  ellos  llevando  consigo  sus  so- 
brinos con  Tecocttxtzin.Y  Acolmibm^  hijos  de  su  hermano  el  In- 
fante ^uaquequemtzin,  que  pocos  días  había  que  era  muerto, 
como  ya  lo  tengo  declarado,  y  dos  hermanos  suyos,  el  uno  lla- 
mado OimvMehiíanüzin  y  el  otro  Ixhuezcatocatziny  valerosos  ca- 
pitanes, dejando  mandado  primero  á  estos  ciudadanos,  que 

1  Sste  murió  en  1418,  según  se  dice  al  fin  de  la  Kelación  anterior. — R. 

2  Estas  palabras  y  las  siguientes  confirman  plenamente  mi  conjetura  de 
que  Zihuaeohuatl  parece  más  bien  ser  el  nombre  de  una  dignidad,  que  el  de 
un  individuo. — R. 

8  Ko  se  entiende  este  párrafo 


DON  FERNANDO  DE  ALVJl  DCTLILXOCHITL.  179 

luego  se  partieran  para  Texcuco  y  miraran  por  sus  Casas  y  ha- 
ciendas y  guardaran  lo  que  el  tirano  mandara. 

Llegado  que  fué,  halló  á  todos  estos  Señores  emboscados  en 
las  Sierras,  el  cual  reconociéndolos  cuando  lo  salieron  á  reci- 
bir, les  dijo  ¿que  qué  hacían  allí  emboscados?  que  si  querían 
hacer  vida  con  las  sierraá  ^ ;  que  pues  ellos  habían  sido  causa 
de  la  destrucción,  por  consentir  lo  que  el  tirano  les  mandó,  lo 
recibieran  con  paciencia  y  se  volvieran  á  sus  tierras  á  vivir 
como  gentes  y  no  como  bestias  en  los  bosques  y  desiertos,  ¿que 
qué  habían  de  hacer  allí  metidos?  Estas  y  otras  muchas  pala- 
bras les  dijo  el  Príncipe  á  estos  Señores,  de  suerte  que  los  vino 
á  convencer  de  que  se  volvieran  á  sus  ciudades.  Ello^  le  res- 
pondieron dándole  muchas  disculpas  de  que  no  habían  ellos 
sido  la  causa,  sino  otros  caballeros,  deudos  y  vasallos  suyos,  y 
que  eran  muy  cercanos  parientes  del  tirano  Tdzotzomoc^  y  que 
ellos  harto  habían  hecho  en  defender  sus  tierras,  mas  como  los 
enemigos  eran  sus  propios  vasallos,  no  les  fué  posible  hacer 
cosa,  sino  venirse  al  lugar  donde  estaban,  pues  su  Rey  y  Se- 
ñor natural  era  muerto;  y  que  él  acudiera  como  quien  era  y 
^ra  obligado,  y  libertara  su  patria  y  vasallos.  Él  les  respondió 
que  en  cuidado  se  lo  tenía  y  que  se  fueran  á  sus  ciudades.  Ellos 
le  dieron  la  palabra  de  que  así  lo  harían,  como  lo  hicieron  unos 
y  otros,  yéndose  á  sus  tierras  y  poblándolas  de  nuevo,  aunque 
casi  toda  la  gente  (se  había  acabado,  los)  irnos  muertos  y  otros 
en  tierras  extrañas,  y  los  que  la  poblaban  más  eran  mujeres  y 
niños  que  hombres. 

Tdzot2omoc  después  que  supo  la  muerte  de  IxÜilxuckiU  y  des- 
trucción de  los  Aculhuas  se  holgó  mucho  de  ello  y  sus  aliados, 
y  mandó  hacer  grandes  fiestas  y  se  hizo  jurar  por  Monarca  de 
toda  la  tierra  y  mandó  hacer  una  de  las  mayores  crueldades 
que  de  tirano  se  halla,  entre  otras  muchas  innumerables,  que 
filé,  que  en  todas  las  ciudades,  pueblos  y  lugares  preguntaran 
Á  los  niños  de  poca  edad,  como  eran  los  de  dos  años  hasta  los 

1  Tnl  vQZ-<on  lasJieras.—'R. 


ISO  OBRAS  filSTÓRIOAS  DE 

(fiez,  que  á  quién  reconocían  por  su  Señor  natural;  (ordenando) 
que  los  que  dijeran  que  á  IxtUIxuchiÜ,  los  mataran  y  (á  los  que 
respondieran)  que  á  él,  les  hicieran  mercedes  á  ellos  y  á  sus 
padres;  lo  cual  así  se  hizo  en  todas  las  tierras  que  habían  sido 
de  la  parte  de  Ixüibtmchiü,  á  unos  abanicándoles  en  las  pare- 
des, especialmente  á  los  que  eran  chiquitos;  á  los  mayorcitos 
cortándoles  las  cabezas  y  á  otros  matándolos  á  puñaladas,  sin 
que  sus  padres  y  madres  fueran  poderosos  á  defenderlos^ 
porque  también  morían  si  los  defendían.  Murió  grandísima  mul- 
titud de  niños  y  de  niñas,  unos  diciendo  que  su  Señor  natural, 
como  á  sus  padres  se  lo  oían  decir,  era  IxÜüxuchitt^  y  óteos 
que  el  Príncipe  Nezahualcoyotzm.  Cumplido  el  mandato  de  este 
tirano,  los  crueles  carniceros  volvieron  á  darle  respuesta  de 
lo  que  habían  hecho,  el  cual  oyendo  que  aun  los  niños  tenían 
por  su  Señor  á  Nezakucdcoyotzin^  que  todavía  era  vivo,  aunque 
lo  había  mandado  matar,  ahora  tornó  (á  prevenir)  con  más  se- 
veridad lo  matasen  donde  quiera  que  lo  hubiesen,  que  él  haría 
muchas  mercedes  al  que  tal  hiciese,  llevándoselo  vivo  6  muerto. 
No  faltó  quien  se  lo  dijera  á  Nezdhualooyotxin^  y  así  se  salió  de 
las  tierras  de  los  Aculhuas  sus  vasallos  y  se  fué  para  Tiawoalan 
y  otras  partes,  en  donde  estuvo  algunos  días,  y  Tetzcéxomoo  no 
dejando  de  hacer  algunas  crueldades  como  solía  ^  lo  cual  suce- 
dió poco  tiempo  después  de  la  muerte  de  IxtiüxudhiÜ  en  este 
mismo  año. 

Casi  á  los  últimos  días  de  este  mismo  año,  deq)ués  de  haber 
sucedido  todas  las  cosas  referidas,  Tetzotzomoo  viéndose  ya  con 
toda  ó  la  mayor  parte  de  la  tierra  hecho  Señor  y  que  todos  le 
obedecían  por  tal,  sin  competidor  ni  contradicción  alguna,  lla- 
mó á  todos  los  Reyes  y  Señores,  especialmente  á  los  de  México 
sus  compañeros  y  á  los  de  Choleo  y  otras  partes,  y  juntos  lodos 
les  dijo;  que  pues  era  nieto  de  Xohü  el  poblador  y  Monarca 
de  toda  la  tierra,  é  IxtlUxuchiÜ  su  competidor  era  ya  muerto, 


1  Si  no  hay  aquí  una  laguna,  el  verbo,  que  en  gerundio,  rige  esta  oración 
debe  leerse  en  pretérito. — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  181 

que  conrenía  le  jurasen  por  Monarca  de  toda  la  tierra,  pues  que 
tan  de  derecho  le  venía.  Estas  7  otras  muchas  falsas  razones 
dijo  á  estos  Señores,  como  hombre  antiguo  y  que  las  sabía 
bien  componer;  y  que  el  Señor  de  Tlaiduleo  Tlacateotzin,  y  el 
de  México  Chimalpopocaizin^  á  quienes  les  había  dado  la  pala- 
bra, serían  las  otras  dos  cabezas,  y  que  todos  tres  gobernarían 
todos  los  reinos  y  señoríos;  pero  que  él,  como  cabeza  de  todos, 
sería  el  Supremo  y  Monarca  y  que  los  de  Aculma  y  CohuaÜir 
cAan,  que  eran  sus  deudos  y  amigos,  serian  otras  dos  cabezas 
principales  de  lo  que  era  el  reino  de  los  Aculhuas,  con  investb- 
dura  de  Reyes,  y  lo  mismo  á  los  de  Choleo  y  Otumpan^  porque 
siempre  habían  sido  en  su  favor;  de  suerte  que  en  estas  «ide 
partes  había  de  haber  casa  y  corte,  donde  se  hablan  de  ver  y 
negociar  todas  las  cosas  de  gobierno,  pero  que  él  como  supre- 
mo las  había  de  confirmar.  Asimismo  hizo  otros  muchos  Se- 
ñores y  les  dio  oficios  y  dignidades,  especialmente  á  todos  aque- 
llos que  fueron  de  su  parte,  á  todos  los  cuales  les  pareció  muy 
l»en  y  le  juraron  por  Monarca  de  toda  la  tierra,  aunque  mu- 
chos Señores  y  muy  poderosos  estaban  neutrales,  que  ni  le 
obedecían,  ni  tampoco  se  mostraban  sus  enemigos,  como  eran 
los  de  Tlaxoalan^  Hueamtzinoo^  Chdvlan^  Tepeacobc^  Tecama^ 
choleo  y  otras  partes,  aguardando  ocasión  para  ayudar  al  legí- 
timo Señor  Nezohiuilooyotzin. 

Después  de  jurado  envió  sus  mensajeros  á  la  ciudad  de  Tex- 
cuco  de  cada  cabeza  un  capitán,  conviene  á  saber:  de  Axoa- 
putzaleo,  Tenuchtíilan^  Tlatdulco  y  entre  ellos  im  caballero  lla- 
mado Huüzmhídtl^  famoso  capitán,  mandándoles  que  todos  los 
pueblos,  ciudades,  villas  y  lugares  que  eran  sigetos  del  gran 
IxÜüxuehitl^  especialmente  todos  los  de  la  nación  Aovlhua^  se 
juntasen  todos  en  un  lugar,  y  que  juntos  todos,  un  capitán  se 
subiese  en  parte  donde  todos  le  viesen  y  que  allí  en  alta  voz 
les  declarase  cómo  era  jurado  Tdzotzomoo  por  Monarca  de  toda 
la  tierra,  y  que  como  á  tal  todos  le  obedeciesen,  declarándoles 
todo  el  concierto  y  la  orden  que  habían  de  tener,  y  que  el  que 
la  contradiljese  sería  castigado  como  traidor,  y  que  donde  quiera 


182  OBRAS  HISTÓRICAS  DE 

que  viesen  á  NezdhuaJcoyoÜ,  muerto  ó  vivo  se  lo  llevasen,  que  al 
que  tal  hiciese  le  haría  grandes  mercedes,  y  que  (para  la  decisión) 
de  todos  los  negocios  y  pleitos  de  los  Actdhtma^  les  señalaba  á 
Oeulmany  Cohuatlichan  por  corte  y  cabecera  ¡del  reino,  siendo 
Reyes,  el  de  CohuaÜichan  Qudzalmaquiztli^  y  el  de  Oeulma  su 
nieto  Teyolcocohuatzirij  y  que  como  á  tales  los  obedecieran  y 
los  jurasen  con  toda  la  solemnidad  que  se  requiere  en  tales 
casos:  y  (también  dijo)  que  á  los  que  eran  de  lejos  tierras  les 
señalaba  por  sus  cabeceras  y  cortes  Otumpan  y  Choleo^  siendo 
los  Reyes  y  Señores  TozUecuhtii  de  Chalco,  y  Quecalcuixtli  de 
Otumpan,  y  que  en  el  año  siguiente  les  perdonaba  los  tributos 
y  servicios  todos  hasta  el  otro,  para  dar  orden  y  repartir  los 
pueblos  y  ciudades  á  quienes  han  de  acudir,  y  (á  fin  de  que) 
en  todo  este  tiempo  reparasen  y  reedificasen  todas  las  casas 
de  las  ciudades  y  pueblos  y  lugares  arruinados  por  las  guerras 
referidas  atrás. 

Y  así  los  mens^'eros  se  fueron  á  la  ciudad  de  Texcuco  para 
hacer  y  cumplir  el  mandato  del  tirano  Monarca,  y  viendo  ellos- 
que  para  tanta  gente  que  habían  convocado  para  este  efecto 
no  podían  caber  en  la  plaza  de  la  ciudad  de  Texcuco,  acorda- 
ron de  irse  á  los  campos  de  Cuauhyac,  un  lugar  junto  á  la  Sie- 
rra de  TenloCy^  como  otras  veces  tengo  referido^ y  así  juntos 
todos  los  que  eran,  de  las  tres  cabeceras  de  Texcuco^  Huexvtía 
y  CohuaÜicJian,  y  los  de  los  demás  pueblos  y  ciudades,  Cohua- 
tepec,  Acalman^  Otumpan,  Teotíhuaoan,  Chinauhtia,  Tepdlaoüoe. 
Chiauhtlay  Tezonyocan,  Tepechpan  y  otras  muchas  partes,  que 
por  excusar  volumen  no  se  ponen  aquí,  se  subió  im.  capitán 
de  los  que  iban  á  este  efecto  en  un  templo  antiguo  de  los  Tul- 
tecas,  muy  alto,  y  allí  en  alta  voz  declaró  todo  lo  que  el  tirano 
mandaba.  Juntáronse  tantas  gentes  en  este  campo  que  parecía 
un  gran  hormiguero,  según  parece  en  las  historias  y  los  viejos 
principales  me  lo  han  declarado,  (siendo  todos  los  concurren- 


1  Supongo  que  es  la  sierra  de  Tlaloc,  que  cae  hacia  la  parte  de  Texcoeo. 

2  No  recuerdo  que  antes  haya  dicho  cosa  alguna  sobre  el  particular.-  B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  185 

tes)  de  las  gentes  siyetas  á  la  ciudad,  reino  y  provincia  de  Tex- 
cuco;  y  la  gente  noble  y  cabeza  de  estas  provincias,  pueblos  y 
ciudades,  por  sí  y  por  la  gente  común,  respondían  que  así  lo 
harían  y  cumplirían,  y  luego  estos  mensajeros  se  fueron  unos 
á  CohímUichan  y  otros  á  Aeulman^  para  hacer  jurar  á  los  Seño- 
res referidos  por  Reyes  y  cabezas  del  reino  de  los  Aculhuas,  y 
lo  mismo  después  hicieron  en  Choleo  y  en  Otumpan.  A  todo 
esto  se  halló  presente  Nezahualcoyoizin^  disfrazado  con  un  ca- 
ballero criado  suyo  que  se  llamaba  HuíUziziUetzin^  especial- 
mente en  el  campo  de  Cuauhyacac^ ,  donde  desde  lo  alto  del 
cerro  ó  cerrillo,  entre  unos  árboles  metido,  vio  y  oyó  lo  que  el 
pregonero  decía,  el  cual  según  parece  en  las  historias,  se  enter- 
neció y  lloró,  oyendo  la  cruel  sentencia  del  tirano,  en  que  man- 
daba á  todos  que  muerto  ó  vivo  se  lo  llevasen  y  al  que  tal  hiciese 
le  prometía  grandes  mercedes.  Desde  entonces  NezahucUcoyo- 
izin  no  se  dejó  ver  si  ño  era  de  aquellos  que  él  veía  que  eran 
leales  vasallos,  y  siempre  andaba  armado  y  apercibido  y  no 
comía  ni  dormía  en  un  lugar  sino  en  diversas  partes,  aunque 
sus  vasallos  y  los  que  no  lo  eran,  le  hacían  grandes  servicios 
y  promesas  y  donde  quiera  que  lo  veían  le  consolaban  y  ani- 
maban. 

Y  luego  se  fué  á  diversas  partes  de  las  tierras,  no  dejando 
reino,  ciudades,  provincias,  pueblos  y  lugares  que  no  entra- 
se en  ellos  para  conocer  loá  designios  y  voluntades  de  los  Se- 
ñores de  estas  partes.  En  imas  le  recibían  con  mucho  regocijo 
los  Señores,  en  otras  muy  secretamente,  avisándole  que  se 
guardase  de  sus  enemigos,  y  los  que  él  veía  que  eran  de  la  parte 
del  tirano  no  se  dejaba  ver  de  nadie,  sino  disfrazado  entraba 
y  oía  lo  que  se  decía  de  él,  y  aun  pregimtaba  á  los  que  él  sabía 
que  no  le  conocían  diciéndoles  ¿qué  nuevas  hay  de  Nezahual- 
coyotlf  ¿qué  dicen  vuestros  Reyes  y  Señores  de  él,  es  muerto 
ó  vivo?  ¿qué  ha  de  ser  de  él?  y  á  los  tales  que  se  los  pregun- 
taba le  daban  razón  de  lo  que  sus  Señores  decían  y  de  lo  que 
el  tirano  ordenaba. 

1  Cerca  del  fin  de  la  plana  anterior  lo  llama  Ouauhi/ae. — B. 


184  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Así  anduvo  de  esta  manera  algún  tiempo,  y  en  el  año  si- 
guiente después  de  la  muerte  de  su  padre,  que  era  en  el  de  macüi- 
LLi  ACATL,  según  á  su  cuenta  y  á  la  nuestra  de  1419,  yendo  ha- 
cia Choleo  armado  y  muy  apercibido  con  algunos  caballeros 
criados  suyos  para  ver  y  oir  lo  que  se  decía  de  él,  porque  los 
Señores  de  esta  provincia  ó  reino  que  en  aquel  tiempo  lo  era, 
siempre  estaban  con  el  tirano  y  eran  muy  sus  amigos  como  ya 
se  ha  visto.  Adelantóse  Nexahualcoyoizin  dejando  atrás  á  sus 
criados  para  que  no  fuera  á  ser  conocido  de  sus  enemigos,  y 
yendo  por  unos  campos  de  Choleo^  entre  unos  magueyes,  vio 
á  una  mujer  llamada  ZtÜamiyauk,  que  por  su  desvergüenza  y 
poca  caridad  hay  memoria  de  ella  en  las  historias,  que  estaba 
cogiendo  agua  miel,  y  como  el  Príncipe  iba  con  sed  y  por  allí 
no  se  podía  hallar  agua,  sino  en  poblado,  pidió  á  esta  raiger 
que  le  diese  una  poca  de  agua  miel,  (diciéndole)  que  tenía  sed; 
ella  de  puro  miserable  y  de  poca  caridad  no  se  la  quiso  dar, 
antes  comenzó  á  dar  voces  y  apellidar  para  que  prendiesen  á 
Nezohxialcoyotdn  que  allí  estaba.  Viendo  NexahuakoycÜ  esto  la 
rogó  que  callase  (diciéndole)  que  si  no  quería  darle  lo  que  le 
pedía,  con  decir  que  no,  estaba  acabado,  sin  apellidar  á  nadie, 
pues  no  le  hacía  fuerza  (alguna  ó  violencia).  Ella  porfió,  y 
viendo  esto  NezahualcoyoU  sacó  su  macana  y  cortóle  la  cabeza, 
porque  no  le  convenía  otra  cosa,  pues  estaba  entre  tantos  ene* 
migos  suyos;  y  hecho  esto  pasó  adelante  en  prosecución  de  su 
demanda,  como  lo  solía  hacer  siempre,  peregrinando  y  disfhí- 
zado,  porque  no  fuese  conocido. 

En  el  año  siguiente  de  chicuacen  tecpatl  y  á  la  nuestra  1420, 
casi  á  los  primero^  días  de  él,  viendo  Tdzotzomoo  que  ya  se  ha* 
bía  cumplido  el  tiempo  que  les  había  dado  á  los  Aculhuas  de 
libertad  para  que  reparasen  las  ruinas,  como  ya  está  declarado, 
mandó  llamar  á  toda  la  gente  noble  de  todas  las  ciudades,  pue- 
blos, villas  y  lugares  sujetos  á  la  ciudad,  reino  y  provincias  de 
lexcuco,  para  darles  orden  de  lo  que  debían  hacer  y  acudir,  y 
juntos  todos  en  AzcaputzalcOj  mandóles  Tetzotzomoc  que  del  rei- 
no de  los  Aculhuas  se  repartiesen  las  provincias  y  ciudades  en 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  185 

ocho  partes,  tomándose  de  ellas  las  dos  para  sí  como  Señor  y 
Monarca  de  toda  la  tierra,  y  las  otras  para  Quetzalmaquiztli^  Rey 
qae  á  la  sazón  era  de  CohuaÜichan^  y  que  señalaba  á  CohuaUi- 
ehan  por  cabecera,  como  lo  era,  y  lugar  donde  se  recogiesen 
todos  sus  tributos,  dándole  el  cargo  á  este  Rey  para  que  tuvie- 
se cuidado  de  mirar  por  ello,  tomando  sólo  lo  que  era  suyo, 
que  era  de  las  tres  partes  la  una;  que  el  servicio  personal  fuese 
por  la  misma  orden,  de  las  tres  la  una,  y  los  criados  fuesen  á 
Axcaputzaleo  á  hacer  el  servicio  personal  y  á  reedificar  ciertos 
templos  y  palacios  en  su  ciudad  y  corte.  Que  de  las  cinco  par- 
tes que  quedaban,  la  una  tomase  TkuxUeotnn,  Señor  de  Tlate- 
lulco,  dándole  por  cabecera  á  HuexuUa  y  sus  sujetos;  y  á  CAí- 
malpopoca  la  cuarta  parte  y  por  cabecera  la  ciudad  de  Texeuco; 
y  á  TeyolcohtKstdny  Señor  de  Acidma^  la  tercia  parte,  que  como 
va  dicho,  era  á  esta  sazón  Señor  de  Aeabna^  ó  Rey  y  nieto  del 
tirano;  á  TozUzm  Rey  de  Chaloo^  la  segunda  parte;  y  á  Quetzal- 
cuisMi  Señor  de  Otumpan^  la  primera  parte. 

Las  rentas  y  servicios  con  que  habían  de  acudir  eran  los  si- 
guientes: lo  primero  que  cada  pueblo  había  de  dar  cierta  can- 
tidad de  armas  en  plumería  rica,  joyas  de  oro  y  piedras  pre- 
ciosas y  cantidad  de  cargas  de  mantas,  y  madera  (debiendo  ser) 
cada  uno  (de  los  trozos)  de  largo  de  diez  brazas  ^  y  de  ancho 
más  de  braza  y  media  y  de  grueso  una  vara,  y  que  cada  uno 
de  estos  pueblos  y  ciudades  habían  de  hacer  sementeras  de 
maíz  y  de  otras  semillas  (y  que  aquéllas  fueran)  muy  grandes, 
conforme  á  la  gente  que  en  cada  lugar  hubiese,  y  cada  semana 
de  las  suyas,  que  son  de  á  trece  días,  habían  de  ir  á  las  cabece- 
ras y  ciudades  declaradas  á  hacer  el  servicio  personal,  yendo 
de  toda  suerte  de  hombres  y  aun  mujeres  para  moler,  tejer  y 
otras  cosas  de  mujeres  (é  igualmente  los  que  ejercieran  las 
profesiones  de)  carpinteros,  albañiles  y  otros  oficios  mecánicos 
para  los  edificios  de  las  casas  y  templos  y  reinos.  Fué  esta 
caiga  que  les  dio  TetzotzoTnoc  tan  gravada,  que  ellos  tuvieran 

1  Tal  vez  Mién  varas^  j  aun  así  lad  dimensiones  son  «zorbitantes.— B. 


186  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

por  mejor  ser  más  ainas  esclavos,  si  pudiera  ser,  que  no  acu- 
dir á  tantas  y  tan  grandes  cosas;  (pues  era  tan*  intolerable)  que 
comparan  los  viejos  esta  sujedón  y  esclavonía  que  les  dio  Te- 
izotzomoc,  á  la  que  hoy  día  tienen  sobre  sí,  que  no  puede  ser 
mayor  en  el  mundo;  á  la  cual  acudieron  siete  afim  con  el  ma- 
yor trabajo  que  se  puede  decir,  hasta  que  su  legítimo  Señor  los 
libertó,  que  les  parecieron  siete  mU  años  de  penas;  pues  con  sus 
bienes,  hijos  y  mujeres  acudieron  á  todo  lo  referido  poniendo 
en  los  pueblos  y  ciudades  sus  gobernadores  y  mayordomos 
para  que  tuviesen  cuidado  de  todo  lo  declarado;  y  con  esto  to- 
dos se  fueron  á  sus  tierras  muy  tristes  y  desconsolados,  con 
tantas  persecuciones  y  trabégos. 

En  la  ciudad  de  Texcuco  pusieron  dos  gobernadores  desde  el 
día  del  pregón  de  Cuauhyaca^  por  ser  la  cabecera,  y  que  con- 
venía>  porque  eran  de  dos  naciones,  el  uno  llamado  Tlotzin 
(que  lo  era)  de  los  Tatíecas;  y  el  otro  llamado  ChiccUzin,  y  por 
otro  nombre  Quinabdn,  de  los  Chichirnecas.  El  año  siguiente  de 
OCHO  TOXTLi,  que  ajustado  con  la  nuestra  fué  en  el  de  1423,  des- 
pués de  haber  sucedido  grandes  cosas  y  que  Nezahuahoyotadn 
andaba  tan  perseguido  de  sus  enemigos  y  habiendo  escapado 
de  ellos  seis  veces  valerosamente,  después  de  la  muerte  de  su 
padre,  según  parece  en  sus  historias,  que  por  excusar  proliji- 
dad no  se  especifican  aquí;  las  Señoras  de  México  sus  tías,  co- 
mo mujeres,  acordándose  de  su  sobrino  cuan  perseguido  an- 
daba del  tirano,  acordaron  entre  todas  ellas  ir  á  ver  al  tirano 
Tetzoizomoc  y  presentarle  cantidad  de  joyas  y  piedras  preciosas 
y  pedirle  les  hiciese  merced  de  la  vida  de  su  sobrino,  porque 
ya  él,  como  se  ha  visto,  muchas  veces  con  gran  crueldad  había 
mandado  matar  á  NezahualcoyoÜ,  Juntas  todas  se  fueron  á  la 
ciudad  de  Azco/puizalco  y  haciéndole  el  acatamiento,  como  ellos 
usaban,  al  Monarca  tirano  y  presentándole  las  joyas,  le  pi- 
dieron les  hiciese  merced  de  la  vida  de  su  sobrino,  el  cual, 
aunque  contra  su  voluntad,  viendo  que  estas  Señoras  eran 
muy  principales  y  deudas  suyas,  que  no  se  les  podía  negar 
cosa  ninguna,  les  hizo  merced  de  la  vida  de  su  sobrino,  con  tal 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  187 

que  no  saliese  de  las  dos  ciudades  de  México  IkUelulco  y  Te- 
nuchtíüan^  y  que  si  quebrantase  esto  sería  castigado  con  pena  de 
muerte;  de  suerte  que  le  dio  estas  dos  partes  como  por  cárcel.  ^ 
Las  Señoras  le  rindieron  las  gracias  de  la  merced  que  les  hacía 
y  se  fueron  á  sus  tierras  para  enviar  á  buscar  á  su  sobrino,  el 
cual  tenía  ciertos  caballeros  criados  suyos,  siempre  en  la  ciu- 
dad de  Azcaputzalco^  que  no  servían  de  otra  cosa  sino  de  avi- 
sarle de  lo  que  ordenaba  y  hacía  el  tirano;  y  así  le  despacharon 
un  mensajero  fiel,  avisándole  que  viniese  para  México,  porque 
sus  tías  las  Señoras  Mexicanas  habían  alcanzado  del  tirano 
merced  de  su  vida.  El  mensajero  se  fué  para  PoyauhÜan^  á 
donde  á  esta  sazón  estaba,  al  cual  halló  en  irnos  bosques  hol- 
gándose con  unos  caballeros,  ayos  y  criados  suyos,  los  cuales 
se  llamaban  QuetzalyxÜi,  Coyáhuatún  y  Zelmihuitzin^  y  TotzmoU 
tdn  y  CoztotolomibAny  con  otros  caballeros  de  aquel  lugar.  Neza- 
huakoyod  habiendo  visto  y  oído  al  mensajero,  se  partió  para  las 
ciudades  de  México,  y  en  CalpvMpan  encontró  con  los  men- 
sajeros de  sus  tías  las  Señoras  de  México  que  iban  en  su  busca 
para  llevarlo  á  México,  el  cual  les  dijo  cómo  ya  tenía  noticia 
de  la  merced  que  les  habían  hecho  á  sus  tías,  y  que  á  eso  iba 
á  México,  y  así  fué  libre  por  todo  el  camino,  sin  temor  ningu- 
no, derecha  á  México,  en  donde  sus  deudos  le  recibieron  con 
mucho  regocijo  y  especialmente  las  Señoras  isus  tías.  Allí  se 
estuvo  algún  tiempo  entretenido  sin  salir  mi  punto  de  lo  que 
el  tirano  había  mandado,  aunque  él  tenía  poca  necesidad,  por- 
que ya  todo  lo  tenía  andado,  como  se  ha  visto  aunque  en  suma. 
De  allí  á  dos  años,  que  ya  era  en  el  de  diez  tecpatl  y  con- 
forme á  la  nuestra  1424  que  Nemhualcoyotl  estuvp  en  las  ciu- 
dades de  México,  viendo  las  Señoras  sus  tías  que  estaba  allí 
como  en  son  de  preso,  acordaron  de  nuevo  de  ir  á  ver  al  tira- 
no, que  ya  estaba  algo  pacífico  y  que  ya  no  hacía  caso  de  Neza- 

1  La  reiteración  con  que  el  historiador  hace  dos  solas  poblaciones  de  tres  al 
parecer  diversas,  unida  á  otros  datos  análogos,  manifiesta  que  el  antiguo  nom- 
bre de  Tlaieltdeo  iba  siempre  unido  al  de  MexieOf  y  que  el  que  hoy  se  llama 
así,  et%  el  antiguo  TenuehiUlan,^^. 


188  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

hualcoyotl^  á  que  les  hiciese  merced  de  que  le  diese  algún  lugar 
de  los  que  eran  de  su  padre,  jardines  ó  palacios,  para  que  de 
cuando  en  cuando  pudiese  salir  de  las  ciudades,  y  irse  á  holgar, 
lo  cual  TeízGtzomoc  concedió,  porque  bien  veía  el  poco  caso  que 
se  hacía  de  NezahucdcoyoÜ^  y  que  así  como  cosa  que  no  se  po- 
día sospechar  cosa  ninguna,  le  restituyó  las  casas  y  palacios  de 
su  padre  y  abuelos,  llamados  .Zifan,  con  ciertos  lugarejos  de  la 
ciudad  de  poco  momento,  y  que  pudiese  ir  y  venir  de  México 
á  Texcueo,  sin  (pasar  á)  otra  parte  ninguna,  poniéndole  cierta 
pena  para  que  no  lo  quebrantase.  Tetzotzomoo  se  engañó,  por- 
que de  Nezahuahoyott^  aunque  perseguido,  toda  la  tierra  hacía 
mucho  caso  de  él  y  lo  tenían  en  lo  que  era  razón  como  á  su 
legítimo  Señor^  especialmente  los  que  eran  fieles  vasallos  y 
amigos  leales. 

Cuenta  el  Príncipe  D.  Alonso  Axayaca  en  su  historia  y  otros 
autores  antiguos,  demás  de  que  en  la  orígrmaíAístona  está  muy 
especificadamente  puesto,  que  casi  á  los  últimos  días  del  afio 
de  1426  según  á  la  nuestra,  y  en  la  de  los  naturales  matlactu 
OMOME  ToxTLi,  soñó  el  viejo  Rey  Tetzotoímoe^  Monarca  tirano  de 
esta  tierra,  dos  veces  á  Nezahualooyotl  y  que  la  una  le  soñó  he- 
cho Águila  Real  que  le  daba  grandes  rasguños  sobre  su  cabeza 
y  que  parecía  que  le  sacaba  las  entrañas  y  corazón  y  se  lo  co- 
mía, y  que  otra  noche  siguiente  lo  soñó  segunda  vez  hecho 
Tigre  y  que  le  despedazaba  los  pfes,  por  lo  cual  estaba  de  este 
tan  espantable  sueño  fuera  de  sí  y  con  gran  pena,  y  para  reme- 
diarlo, según  sus  adivinos  y  falsos  dioses  se  lo  habían  declara- 
do, no  había  otro  remedio  sino  quitarle  la  vida  á  Nezahucdcoyotl. 
Juntó  á  todos  sus  tres  hijos  Maxila^  Tayauhy  AtlaiooaycpaUzin 
y  otros  amigos  y  deudos  suyos,  y  les  dijo  que  bien  sabían  ellos 
la  mucha  edad  que  tenía,  porque  había  gobernado  el  reino  de 
los  Tepanecas  180  años,  y  había  sido  Monarca  la  última  vez 
casi  niLeve  años  sin  los  del  tiempo  de  su  padre  Acuüiua^  que  por 
todo  eran  ya  casi  trescientos  años  y  que  así  él  se  hallaba  muy 
cercano  á  la  muerte,  y  que  para  que  ellos  pudiesen  ser  Seño- 
res de  toda  la  tierra,  convenía  matar  á  NezahualcoyúU^  Principe 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOGHITL.  169 

heredero;  que  él  Tendría  á  hallarse  en  sus  honras,  que  serían 
bien  presto  según  él  se  hallaba  de  indispuesto,  y  que  para  en- 
tonces, sin  escándalo  ni  alboroto,  lo  podían  matar  con  mucha 
facilidad;  pues  que  si  lo  dejaban,  él  vendría  á  ser  Señor  de  toda 
la  tierra  y  que  les  había  de  destruir  sus  señoríos  y  beberles  su 
sangre;  y  declarándoles  su  sueño  y  lo  que  sus  falsos  dioses  6 
demonios  le  habían  dicho,  mandóles  que  con  toda  diligencia 
hiciesen  esto  y  otras  muchas  cosas  que  les  dyo,  si  querían  ser 
Señores  de  toda  la  tierra,  como  ya  lo  tengo  dicho. 

Era  el  tirano  Tetzotzomoc  el  más  cruel  hombre  que  ha  habido 
en  esta  tierra,  soberbio  y  amigo  de  guerras  é  imperio,  y  era  tan 
yiejo,  según  parece  en  las  historias  y  los  viejos  prmcipales  me 
lo  han  declarado,  que  lo  traían  como  una  criatura  entre  plu» 
mas  y  pieles  muy  amorosas  metido,  y  siempre  lo  sacaban  al 
sol  para  calentarle  y  de  noche  dormía  entre  dos  braceros  de 
fuego  grande,  que  jamás  se  apartaba  de  la  calor  porque  le  fal- 
taba la  calor  natural;  y  fué  muy  templado  en  el  comer  y  beber 
y  por  eso  vivió  tantos  años,  aunque  de  linaje  lo  tenían  estos 
Señores,  que  vivían  según  parece  en  las  historias  unos  casi 
trescientos  años,  como  éste,  y  otros  que  pasaban  de  trescien- 
tos afios,^ 

Viáidose  este  viejo  tan  cercano  á  la  muerte  mandó  llamar 
á  todos  los  Reyes  y  Señores  sus  vasallos  y  amigos,  y  á  sus  tres 
hyos  y  nietos,  y  (estando  juntos)  todos,  mandó  que  su  hgo 
Taiyauh^  aunque  era  el  segundo,  (considerando)  su  virtud  y  que 
toda  la  tierra  le  quería  bien,  le  declaraba  por  legítimo  heredero 
de  la  Monarquía  y  reino  de  los  Tepanecas,  y  que  así  muerto  y 
hechas  sus  honras,  lo  jurasen  por  tal,  y  que  el  Príncipe  Max- 
fla,  que  era  el  mayor,  quedase  por  Señor,  como  lo  era,  de  Cb- 
yohuacan  y  otras  partes,  y  al  menor  TloiocaypaÜdn  le  dio  otra 
provincia  donde  fuese  Señor;  y  que  de  nuevo  les  mandaba  que 


1  Aquí  vuelve  á  verse  la  necesidad,  que  por  falta  de  cronología,  tuvo  el  au- 
tor, de  alargar  de  manera  increíble  la  vida  de  los  personajes,  para  ajustar  aqué- 
lla á  los  euceeoft  posterioroB  cuya  fecha  es  ya  bien  conocida. 


190  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

mataran  en  sus  honras,  que  allí  se  hallaría,  al  Príncipe  Neza- 
huakoyoUj  si  querían  ser  Señores  de  toda  la  tierra  y  vivir  libre- 
mente sin  ninguna  contradicción.  Ellos  todos  le  respondieron 
que  harían  y  cumplirían  todo  lo  que  él  les  mandaba,  y  dentro 
de  pocos  días  fué  empeorando  dé  una  enfermedad  que  tenía, 
la  cual  fué  causa  de  su  muerte.  Dejó  muy  encargadas  las  cosas 
de  la  Monarquía  y  jura  de  su  hijo  Tayauh  á  los  dos  Reyes  Me- 
xicanos Chimalpopoca  y  Tlacaieotzin^  como  los  más  principales 
en  toda  la  tierra,  y  que  eran  las  otras  dos  cabezas  principales. 

En  el  año  14^7^  á  W  dios  del  mes  de  Marzo  ajustado,  y  según 
á  la  cuenta  de  los  naturales  fué  en  el  de  matlagtli  omet  agatl, 
al  primer  día  del  año  y  último  de  su  semana,  asimismo  llama- 
do MATLACTU  OMEY  ACATL,  en .  cl  primer  día  de  su  primer  mes 
llamado  Tlacaxipehualiztli,  al  tiempo  de  amanecer,  en  el  déci- 
mo año  del  Pontificado  de  Martirio  F,  en  el  décimo  séptimo 
del  imperio  de  Segismundo  y  al  vigésimo  del  reinado  de  Juan  II 
en  España,  murió  el  antiguo  y  viejo  rey  Tetzoizomoc^  ya  de  puro 
viejo,  que  fué  menester  poco  para  morirse.  Halláronse  al  tiem- 
po de  su  muerte  lóá  dos  Reyes  de  México  y  el  de  Aculma,  Teyol- 
cocohuatzin  su  nieto,  y  fué  el  primer  Rey  á  quien  se  hicieron 
las  honras  y  entierro  en  esta  tierra  conforme  á  los  ritos,  leyes 
y  ceremonias  de  los  Tultecas  y  Mexicanos  que  se  usaban  en 
estas  ocasiones,  constituidos  (desde  el  tiempo)  de  TopUünn, 
como  ya  lo  tengo  declarado  aquí.  Quiérolo  declarar  aquí,  según 
la  original  historia  y  las  relaciones  de  los  autores  y  viejos  prin- 
cipales que  me  lo  han  declarado,  aunque  es  verdad  que  el  pri- 
mero Señor  antes  que  éste,  fué  el  gran  IxtHlxuchiÜ^  conforme 
á  los  ritos  y  ceremonias  siguientes,  aunque  no  se  guardó  en 
todo,  por  ser  en  ocasión  peligrosa  y  de  priesa. 

Después  del  sueño,  como  ya  está  declarado,  con  aquella 
pena  (que)  le  causó  á  Tetzotzomoc  (le  atacó)  una  enfelinedad 
que  fué  causa  de  su  muerte,  el  cual  como  era  tan  viejo,  había 
menester  poco,  como  ya  está  visto  por  el  mucho  tiempo  que 
vivió;  y  viéndolo  los  Señores  sus  vasallos  y  los  sacerdotes,  pu- 
sieron un  velo  á  TezcaUipuoa^  ídolo  principal  ó  Señor  de  todos 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  191 

los  Molos  de  la  tierra,  como  entre  los  gentiles  romanos  Júpiter j 
que  era  señal  de  gran  sentimiento.  Esta  ceremonia  fué  orde- 
nada por  Topatdn,  que  cuando  el  Rey  enfermaba,  le  ponían, 
si  era  el  Monarca,  á  Tezcaüipuca  un  velo,  y;no  se  lo  quitaban 
hasta  que  moría  ó  sanaba;  y  si  eran  los  demás  Reyes,  especial- 
mente los  que  eran  grandes  Señores»  á  HuiünlopTichÜi  se  hacía 
esta  ceremonia,  y  asimismo  hacían  á  los  demás  ídolos,  espe- 
cialmente á  aquellos  de  quienes  los  Reyes  eran  más  devotos, 
(haciéndolo)  los  Señores  al  ídolo  que  cada  uno  tenía  por  su 
abogado.  Estuvo  Tezcaüipuca  algunos  días  de  esta  manera  hasta 
que  vino  á  morir  Tdzotzomoc^  y  muerto,  enviaron  sus  hijos  y 
deudos,  especialmente  los  de  México,  llacateotzin  y  ChimalpO" 
pocat^sin  que  se  hallaron  presentes,  á  avisar  por  casi  toda  la 
tierra,  á  sus  vasallos,  amigos  y  deudos  para  que  cada  uno  en 
sus  tierras  y  lugares,  ciudades,  provincias  y  pueblos,  hicieran  sus 
honras,  y  los  que  estaban  muy  cerca  se  hallasen  en  ellas,  ó 
enviasen  á  sus  embajadores  dentro  de  cuatro  días;  y  así,  los 
que  pudieron  venir  vinieron,  y  los  que  no,  enviaron  sus  men- 
sajeros, á  dar  el  pésame  á  sus  hijos  y  deudos  y  á  hallarse  en 
las  honras.  Unos  llegaron  al  segundo  día  de  su  muerte,  otros 
al  tercero  y  otros  al  cuarto,  y  por  toda  la  tierra  le  hicieron  sus 
honras,  digo  los  que  eran  tiranos  como  él,  porque  en  muchas 
partes,  en  lugar  de  sus  honras  hubo  grandes  fiestas. 

Antes  de  esto,  así  como  murió,  le  lavaron  el  cuerpo  muy 
bien  y  después  le  enjugaron  con  agua  de  trébol  y  otras  cosas 
olorosas,  para  que  tomase  aquel  olor  su  cuerpo,  y  luego  le  pu- 
sieron sus  vestiduras  reales  y  las  joyas  de  oro  y  piedras  pre- 
ciosas^ conforme  se  vestía  los  días  de  fiesta  y  «n  negocios  pú- 
blicos, cortándole  ciertos  cabellos  de  la  coronilla  para  que 
hubiese  memoria  de  él,  y  metiéronle  en  la  boca  unas  esmeral- 
das y  después  le  amortajaron,  sobre  todo  esto,  con  diez  y  siete 
mantas  reales,  muy  finísimas  y  costosas,  con  mucha  perla,  de- 
jándole sólo  el  rostro  descubierto,  y  después  le  cosieron  otra 
muy  fina  donde  estaba  el  ídolo  Tezcatlipuca^  retratado  muy  al 
natural,  y  después  pusieron  el  cuerpo  sobre  una  estera  senta- 


192  OBRAS   HISTÓRICAS  I>£ 

do,  y  en  ei  rostro  con  xma  máscara  de  turquesas  muy  al  natu- 
ral, hecha  conforme  la  fisonomía  de  su  rostro.  Esto  no  se  usaba 
si  no  era  con  los  Monarcas  de  esta  tierra:  á  los  demás  Reyes 
les  ponían  una  máscara  de  oro. 

Hicieron  ciertos  sacrificios  y  cosas  en  estos  cuatro  días  que 
seria  largo  de  contar,  además  de  lo  que  he  visto  en  algunas 
historias  de  Españoles,  aunque  no  las  cuentan  todas  como  ello 
fué  ^ ,  y  al  quinto  día  del  año,  que  fué  nahüi  ollin,  que  es  al 
cuarto  día  de  su  semana  y  á  la  nuestra,  en  el  mismo  año  refe- 
rido atrás,  á  los  ^4-  ^  Mareo  y  en  la  misma  hora  en  que  éste 
murió,  antes  que  amaneciese  dieron  orden  de  llevarlo  al  tem- 
plo mayor  de  Tezoatlipuca  para  enterrarlo,  porque  se  habían 
cumplido  los  cuatro  días  naturales,  según  la  ley  de  TopUtzm. 

Estando  en  esto  llegó  Nezahualcoyotsm  á  dar  el  pésame  de  la 
muerte  del  tirano,  el  cual  había  caminado  toda  la  noche  por  la 
laguna,  pues  á  esta  sazón  había  estado  en  Texcuco  y  allí  supo 
la  muerte  del  tirano,  y  no  había  faltado  quien  le  diese  aviso 
de  lo  que  había  dejado  ordenado  hiciesen  de  él;  y  como  sus 
cosas  iban  guiadas  por  vía  de  sus  astrólogos  y  adivinos,  se  atre- 
vió á  venir  á  tal  peligro,  y  muchos  Señores  le  habían  aconse- 
jado no  hiciese  tal.  Llegado  Nezahualooyoizin  presentó  á  los 
hyos  del  tirano  ciertos  aderezos  y  joyas  de  oro  y  perlas  para 
el  difunto  su  padre,  mostrándose  muy  triste  de  ello,  que  era 
uso  y  costumbre  de  los  Señores  de  esta  tierra  llevar  siempre 
sus  presentes,  en  tales  ocasiones  como  estas,  y  otras  de  visi- 
tas; (y  en  esta  vez  vino)  trayendo  consigo  á  su  sobrino  CknUe^ 
coxabsin  y  algunos  pocos  criados  y  ayos  suyos.  MaxOa querrá 
el  (hqo)  mayor,  como  ya  está  visto,  él  por  los  demás  sus  her- 
manos le  respondió  dándole  las  gracias. 

(Procediendo  ala  traslación  del  cadáver)  luego  tomaron  cier- 

1  El  historiador  corta  aquí  el  hilo  de  su  narración  con  el  siguiente  juicio 
calificativo  de  los  escritos  de  Gomara  que  me  parece  mejor  acomodado  en  esta 
nota;  dice  así: — '*De  todos  los  que  han  escrito  (sobre  los  ritos  funerarios  de  los 
<'  Americanos)  el  que  algo  acertó  acerca  de  esto,  fué  Gomara^  Cronista  del 
'*  Emperador  D.  Carlos,  que  Dios  tenga  en  su  gloria." — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  193 

tos  caballeros  el  cuerpo  con  la  estera  y  lleváronlo  al  templo 
mayor  y  á  los  lados  iban,  hacia  la  mano  derecha,  MaxÜa,  el 
delantero  con  un  bastón  en  la  mano  y  los  cabellos  tendidos,  y 
los  vestidos  é  insignias  que  se  solían  poner  en  tales  coyuntu- 
ras, y  por  la  misma  orden  iban  los  demás  con  sus  bastones,  y 
tras  de  él  iba  Moteczuma^  primero  de  este  nombre,  y  luego  el 
tercero  se  seguía  Tayauhy  el  último  Teyolcocoyhua^'ReY  áe 
Aculman.  Hacia  la  mano  izquierda  iban  otros  cuatro,  hacia  la 
parte  i2quierda,  que  el  delantero  con  la  misma  orden,  iba  lia- 
cateott  Señor  de  Tlatelulco  y  luego  se  seguía  Chimalpopoca  de 
Tenuchtülan  y  el  tercero  Nezahualcoyotzin  y  el  último  Zontecozor- 
tzin  su  sobrino  y  detrás  iba  TlaiocayGpaltzin^  el  menor  de  los 
hijos  del  difunto,  con  muchos  Señores  y  embajadores  de  dife- 
rentes partes  y  muchos  caballeros  vasallos  suyos,  los  cuales 
llevaban  muchos  pendones  y  joyas  y  plumería  que  habían  sido 
del  Rey,  rodelas  y  macanas,  arcos  y  flechas,  mazas  y  lanzas. 
Iban  todos  cantando  un  romance  de  su  muerte,  hechos  y  ha- 
zañas, y  los  Reyes,  Señores  y  embajadores,  con  sus  bastones 
y  insignias,  como  ya  está  declarado,  iban  llorando  por  el  difunto. 
Asimismo  iban  ciertos  esclavos  y  criados  del  Rey  muy  bien 
vestidos  para  ser  sacrificados  y  morir  con  su  Señor,  aunque  en 
este  tiempo  no  eran  tantos  como  después  se  usó. 

íJegados  al  templo  salió  á  la  puerta  de  él  el  gran  Sacerdote, 
llamado  ZihuacohtmU^  por  su  dignidad,  con  todos  los  sacerdo- 
tes del  templo  y  cantando  ciertos  cantos  para  este  efecto,  y 
luego  allí  en  el  patio  del  templo  ponían  el  cuerpo  sobre  mucha 
leña  de  ocote  y  mucho  copal  é  incienso  y  con  todas  las  insig- 
nias y  joyas  lo  quemaban,  y  en  el  Ínterin  sacrificaban  los  escla- 

1  La  verdadera  ortografía  de  este  nombre  es  Motecuhzoma  6  Moteczuma.  £1 
tzin  final  es  la  partícula  reverencial. 

2  Antes  lo  ha  llamado  Teyulcocdhuaizin. — R. 

8  Kn  la  Crónica  Mexicana  escrita  por  T^zozomoc^  hace  un  gran  papel  un 
personaje  de  este  nombre;  mas  si  este  lo  era  de  la  suprema  dignidad  sacerdotal 
y  nu  d*)  un  individuo  particular,  ya  desaparecen  algunas  de  las  dificultades 
que  allí  se  pulsan.— R. 

Tomo  1—18 


194  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

VOS,  sacándoles  los  corazones  y  echándolos  en  el  fuego;  y  los 
cuerpos  los  enterraban  en  una  sepultura  grande,  y  ponían  mu- 
cha cantidad  de  mantas,  plumas,  joyas,  oro,  maíz  y  las  demás 
semillas  y  mucha  comida  en  ofrenda  por  su  orden,  cada  cosa 
delante  del  altar  del  ídolo.  Después  de  acabados  los  oficios 
tomaban  el  oro,  joyas  y  plumería  los  sacerdotes,  y  todo  lo  me- 
tían en  las  sacristías  para  adorno  de  los  ídolos,  y  las  mantas  y 
comida  se  repartía  entre  los  sacerdotes. 

Concluido  esto  en  aquella  madrugada,  y  al  tiempo  que  llegó 
NezahualcoyoÜ  le'  hizo  seña  Tlamieotzin  cómo  lo  querían  matar, 
y  después  cuando  iba  al  entierro  le  avisó  Motedzwmahin^  el  cual 
demás  de  lo  que  sabía  iba  muy  bien  advertido. 

Al  tiempo  que  (los  concurrentes  á  los  funerales)  volvieron  á 
Palacio,  (siendo  la  hora  en)  que  ya  quería  salir  el  sol,  los  Se- 
ñores después  de  haber  almorzado  un  bocado,  dijeron  cómo 
era  justo  y  conveniente  ir  á  avisar  con  los  enibajadores  que  es- 
taban allí  á  sus  Señores,  cómo  Tayauh  había  de  ser  el  Monar- 
ca de  toda  la  tierra,  y  las  demás  cosas  que  había  dejado  man- 
dado el  tirano,  para  que  todo  se  cumpliese  y  para  que  los 
que  estaban  allí  no  se  fueran  hasta  jurarlo,  todo  lo  cual  dijo 
Tlacateotzin  como  el  más  principal  y  antiguo.  Fué  esto  para 
Mcudla  de  grande  enojo,  y  respondió  que  aunque  su  padre  lo 
dejase  mandado,  que,  conforme  á  las  leyes  de  sus  pasados,  le 
venía  á  él  de  derecho,  pues  era  el  mayor  de  sus  hermanos. 
Con  estas  y  otras  palabras  que  hubo,  alborotóse  toda  ía  corte, 
y  en  palacio  hubo  muchas  y  grandes  contiendas,  de  suerte  que 
no  se  acordaron  de  Nemhualcoyotzin  para  matarlo,  conforme  lo 
tenía  ordenado  Teizoizomoc. 

Viendo  NezahualcoyoÜ  el  alboroto  se  despidió  de  algunos  Se- 
ñores y  se  volvió  á  su  ciudad  de  Texcuco.  Hubo  grandes  cosas 
y  muchos  bandos.  Unos  decían  que  MaxÜa  había  de  ser  jura- 
do; otros  que  Tayauh;  y  MaxÜa  decía  que  si  no  le  juraban  ha- 
bía de  asolar  toda  la  tierra  con  los  vasallos  que  tenía  y  con 
muchos  amigos  y  valerosos  capitanes  que  eran  de  su  parte. 
Los  Reyes  y  Señores  viendo  que  3Iaxtla  era  muy  belicoso  y 


DON  PERNANDp  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  195 

que  eran  de  su  parte  los  más  valerosos,  capitanes  de  la. tierra, 
porque  no  sucedieran  algunas  cosas  y  muertie  de  gentes,  que 
ya  estaban  escarmentados  de  tantas  batallas,  concedieron  en 
que  fuese  jurado  por  Monarca  de  toda  la  tierra  y  (que)  á  su  her- 
mano Tayauktzin  (lo  juraran)  por  Señor  de  Coyohuacan  y  otras 
partes,  y  así  aquel  mismo  díalo  juraron  conforme  á  los  ritos  y 
ceremonias  de  los  Tultecas  Mexicanos^  de  que  en  otro  lugar  ha- 
remos relación  (verificándose  la  ceremonia)  casi  á  las  nueve 
del  día,  según  la  demostración  de  la  historia  original^ ,  y  los  vie- 
jos principales  lo  cuentan,  y  á  la  tarde  todos  se  fueron,  cada 
uno  á  su  tierra. 

A  otro  día  siguiente  en  que  ya  el  fuego  (de  la  hoguera  en  que  se 
había  quemado  el  cadáver)  estaba  apagado,  cogían  sus  cenizas  y 
las  echaban  en  una  arca  muy  bien  labrada  y  obrada  y  las  echa- 
ban dentro  los  sacerdotes,  y  asimismo  ponían  dentro  los  cabellos 
que  le  cortaron  y  (hacían)  una  estatua  del  difunto  muy  al  na- 
tural, hecha  con  todas  las  insignias  reales,  con  una  máscara  de 
madera  y  de  esmeraldas  al  natural,  labrada  y  puesta,  (y  en  se- 
guida) lo  ponían  sobre  un  altar  (colocado)  sobre  el  arca,  á  un 
lado  del  altar  mayor  de  TezcaÜipuca^  y  á  los  otros  cuatro  días 
después  de  esto  le  hacían  las  exequias  los  sacerdotes,  en  las 
cuales  los  hijos  y  demás  personas  (allegadas)  del  difunto  lleva- 
ban mucha  cantidad  de  ofrendas,  poniéndolas  en  el  lugar  donde 
había  sido  quemado  y  delante  de  la  arca  y  estatua,  y  el  último 
de  los  cuatro  días  de  sus  exequias  sacrificaban  algunos  escla- 
vos, hasta  cinco  ó  seis,  aunque  después  eran  de  diez  para  arri- 
ba; y  al  último  día  de  este  mes,  que  (era  cuando  ya)  se  habían 
cumplido  veinte  días,  tornaron  á  hacer  sus  exequias  y  sacrifi- 
caban otro  esclavo,  y  á  los  ochenta  sacrificaban  otros  tres  es- 
clavos, que  era  como  cabo  de  año. 

1  Estas  palabras  parecen  confirmar,  como  he  dicho  en  otra  parte,  que  el  his- 
toriador formaba  su  relación  sobre  alguna  pintura  de  los  Anales  Tezcocanos 
que  hoy  ya  no  se  conoce;  y  de  aquellas  mismas  se  deduce  que  en  éstos  había 
un  símbolo  destinado  á  señalar  las  diversas  posiciones  del  sol  para  anotar  aun 
K  hora  en  que  acaecían  los  sucesos. — R. 


196  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

I 

De  esta  manera  murió  y  le  hicieron  las  honras  al  tirano  Te- 
tzotzomoc^  y  (lo  dicho  respecto)  de  estas  honras  y  entierro,  ser- 
virá para  (que  se  tenga  una  idea  de  los  que  se  hicieron  en  la 
sucesivo  á)  los  Señores  que  murieron  después,  bien  que  en 
lo  relativo  al  sacrificio  de  los  hombres,  después  fué  con  abun- 
dancia, como  adelante  lo  declararé  en  las  honras  de  Nezahual- 
coyotl  y  de  su  hijo  NezahucUpíUzinUL 


UNDÉCIMA  RELACIÓN. 


De  leu  cosas  que  hizo  el  tirano  Maxtla  y  lo  que  le  sticedió  cU  I^ncipe 
NezahuaUsoyotxin, 


Este  mismo  día  de  las  honras  de  Teizoizúmoc^  disenciones  y 
jura  de  MaoMa^  como  ya  está  declarado,  siendo  ya  á  puesta  del 
sol,  después  de  haberse  ido  casi  todos  los  Señores,  se  despidie- 
ron Chimalpopoca  Rey  de  México  y  Tayauh  Señor  de  CoyohvxL- 
cauj  que  es  el  que  debía  ser  jurado  (Rey  en  lugar)  de  su  her- 
mano, y  despedidos  ambos  y  por  ser  todo  á  un  mismo  camino, 
se  fueron  á  Tmuchtíilan  su  ciudad  de  Chimalpopoca^  y  llegados 
(allá),  que  ya  era  algo  tarde,  cenaron,  y  después  de  haber  ce- 
nado, entre  muchas  pláticas  que  tuvieron,  fué  diciendo  Chimal- 
popoca á  Tayauh  que  le  pesaba  mucho  de  que  su  hermano  le 
hubiese  quitado  el  imperio,  pues  además  de  que  su  padre  le 
dejaba  por  sucesor,  era  muy  tenido  y  de  mejor  término  y  pro- 
ceder que  no  su  hermano,  y  que  bien  lo  pudiera  haber  reme- 
diado no  consintiendo  que  lo  juraran.^  Tayauh  le  respondió 
que  bien  conocido  tenía  esto,  pero  que  por  no  andar  en  gue- 
rras y  contiendas  con  su  hermano,  no  quiso  tratar  de  cosa 
(alguna)  ni  estorbarlo,  además  de  que  ya  no  tenía  remedio. 
Chimalpopoca  le  respondió  que  fácilmente,  si  él  quisiera,  lo  re- 
mediaría. Tayauh  le  respondió  que  cómo;  y  Chimalpopoca  le 

1  Aquí  hay  un  espacio  en  blanco  en  el  original. 


198  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

dijo,  que  quitándole  la  vida  estaba  todo  hecho  á  su  voluntad^ 
porque  la  potestad  y  mando  que  él  tenía,  era  no  más  de  en 
cuanto  él  estuviese  vivo,  y  que  estando  muerto  se  holgarían  mu- 
chos Señores  de  ello,  por  su  gran  soberbia;  y  que  para  (que  lo- 
grara) matarlo  con  poco  trabajo  y  sin  alboroto  ninguno,  que  hicie- 
se unas  casas  en  la  ciudad  de  Azcapvizalco  y  que  en  el  estreno 
de  ellas  convidase  al  Rey  su  hermano,  y  con  una  cadena  de 
flores  con  cierto  artificio,  le  diese  garrote  sin  que  lo  sintiese,  y 
que  él  le  ayudaría  y  le  daría  capitanes  suyos  muy  valerosos  y 
diestros;  lo  cual  á  Tayauh  pareció  muy  bien  y  concedió  en 
ello.i 

A  esta  ocasión  se  halló  presente  un  enano  que  vino  con 
ellos,  criado  del  Rey  MaxÜa^  que  se  decía  Tlatolton^  y  otros  le 
llamaban  íefon,  especialmente  D.  Alonso  Axayaca^  que  escon- 
dido en  un  cuarto  sin  que  nadie  lo  viese,  oyó  todo  el  concierto 
y  pláticas  de  Tayauh  y  Chimolpopoca^  y  sin  que  nadie  lo  viese 
se  salió  de  palacio  y  se  fué  volando  á  la  ciudad  de  Azcapuizalco^ 
que  llegó  ya  tarde  y  casi  cerca  de  la  media  noche,  y  les  dijo  á 
los  capitanes  de  guardia  que  dijesen  á  Maxtla  su  Señor,  cómo 
estaba  allí,  que  le  venía  á  ver  por  cierta  cosa  que  le  convenía, 
aunque  estuviese  durmiendo.  Oído  por  los  capitanes  lo  que  el 
enano  decía,  se  lo  fueron  á  decir  á  MaxUa,  que  aún  no  estaba 
acostado,  porque  era  uso  y  costumbre  de  los  Señores  de  esta 
tierra  acostarse  muy  tarde  y  levantarse  muy  de  madrugada,  y 
siempre  dormían  poco.  Él  (habiendo)  oído  esto  le  mandó  en- 
trase, y  el  (enano)  haciéndole  el  acatamiento,  le  pidió  que  le 
hiciera  mercedes,  dándole  algún  lugar  ó  pueblo  para  que  él  y 
sus  descendientes  fueran  Señores  de  allí  y  que  á  todos  sus  pa- 
rientes los  hiciese  caballeros,  porque  (para)  el  aviso  que  él  traía,, 
era  poco  hacerle  todo  esto,  según  le  importaba  saberlo.  MaxUa 

1  En  ]a  relación  anterior  está  intercalado  un  pasaje  sobre  sucesos  de  esta 
misma  época,  enteramente  ñiera  de  lug^r,  pues  después  continúa  el  relato  de 
hechos  anteriores.  No  quise  hacer  allí  la  corrección,  por  respeto  al  original; 
pero  presumo  que  tué  distracción  de  algún  copista,  si  bien  el  error  se  repite  en 
Tanas  copias. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  19? 

le  dijo  que  si  era  villano  que  cómo  quería  las  cosas  que  le  pe- 
dia; mas  que  como  fuese  tal  lo  que  ,le  decía  y  encarecía,  que  él 
se  lo  prometía  todo.  El  enano  contó  todo  á  su  Señor,  (instru- 
yéndolo) cómo  dentro  de  cierto  tiempo  se  habían  de  acabar  las 
casas  y  (después)  de  acabadas  había  de  ser  convidado  y  muer- 
to; de  lo  cual  quedó  Maxtla  muy  turbado,  y  le  raandÓ,  so  pena 
de  la  vida  que  guardase  todo  el  secreto  y  se  volviese  á  México, 
porque  no  fuese  sentido,  (diciéndole)  que  él  lo  remediaría  y 
(previniéndole  que)  de  camino  llamase  á  un  capitán  muy  vale- 
roso para  encargarle  acudiese  á  solicitar  la  comisión  de  edificar 
las  casas  ^  (así  como  el)  que  al  principio  del  quinto  mes  ezal- 
cüALizTU  convidara  (al  mismo  Tayauh)  al  estreno  de  ellas,  y 
(que  entonces  allí)  lo  mataría  por  la  misma  orden  que  había 
ordenado  Chimcdpopoca  su  compañero. 

Otro  día  siguiente  por  la  madrugada,  Chimalpopoca  llamó  á 
dos  caballeros  de  México,  el  uno  llamado  AchUomdl  y  el  otro 
IJaiocacochüzin  y  otros  de  Coyohuacan^  y  á  ambos,  Tayauh  y 
Chimalpopoca  les  mandaron  que  fueran  á  Azcapxdzaloo  con  caur 
tidad  de  gente,  y  que  en  el  barrio  de  Atempan,  junto  á  un  río 
6  arroyo  que  está  en  la  ciudad  de  AzcaptUzalco,  edificasen  unas 
casas  y  palacios  para  Tayauh,  pidiendo  licencia  primero  al  Rey 
Maxtla,  y  que  dentro  de  pocos  días  las  acabasen  con  toda  bre- 
vedad. Estos  caballeros  fueron  á  Azcaputzalco  con  cantidad  de 
los  de  Coyohuacan,  y,  antes  de  hacerse  cosa  ninguna,  fueron  á 
palacio  á  pedir  licencia  de  parte  de  su  hermano,  el  cual  viendo 
esto,  creyó  lo  que  el  enano  TloioUon  le  había  dicho,  y  les  dio 
licencia  para  que  hiciesen  las  casas  y  mucha  cantidad  de  gente, 
oficiales  y  todo  recaudo  para  que  en  menos  tiempo  de  lo  que 
Tayauh  tenía  ordenado  las  acabasen,  mostrándose  muy  con- 
tento de  ello. 

Las  casas  ó  palacios  se  acabaron  dentro  de  pocos  días,  mu- 
cho menos  de  lo  que  Tayauh  pensaba,  y  acabadas  le  envió  á 


1  En  el  original  dice — "acudiese  á  solicitar  de  que  él  tomaría  camino  de 
«» edificar  las  casas,  etc.*'— R. 


200  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

llamar  y  á  convidarle,  diciendo  á  los  mensajeros  que  le  dijesen 
que  él  le  quería  hacer  la  fiesta  para  honrarle  del  estreno  de  sus 
palacios,  y  convidó  á  Chinuxlpopoca  y  á  otros  caballeros  que  tu- 
vieron noticia  y  supieron  del  concierto,  para  matarlos  á  todos 
por  la  misma  orden  que  ellos  tenían  ordenado.  Tayavh^  no 
cayendo  en  lo  que  podía  ser,  fué  á  Azcaputzalco  para  tomar 
posesión  y  estrenar  las  casas  que  su  hermano  le  había  ayuda- 
do en  su  fábrica,  llevando  algunos  capitanes,  entendiendo  que 
podían  matar  á  su  hermano  según  el  concierto.  (Habiendo)  en- 
viado á  llamar  al  Rey  Chimalpopoca  su  compañero,  el  cual  ya 
había  despedido  á  los  mensajeros  del  Rey  Maxtia  su  hermano, 
enviándole  á  decir  que  le  perdonase  el  que  por  entonces  no 
fuera  á  besarle  los  pies,  porque  tenía  cierto  caballero  convida- 
do para  tratar  con  él  negocios  que  le  importaban  mucho,  (se 
excusó  con  Tayauh)  y  así  le  envió  á  decir  que  estaba  ocupado, 
que  no  sabía  si  tendría  lugar  (para  ir)  disculpándose  (con  otros 
pretextos)  lo  mejor  que  pudo.  Y  así  viendo  Maxüa  que  (por  lo 
menos)  estaba  allí  su  hermano,  le  hizo  un  banquete  en  los  pa- 
lacios nuevos  y  por  postre  le  quitó  la  vida,  y  envió  luego  á  Mé- 
xico á  ciertos  capitanes  para  que  prendieran  al  Rey  Chimalpo- 
poca  y  le  pusieran  en  una  jaula  con  muchas  guardas  y  le  dieran 
la  comida  y  bebida  por  onzas,  hasta  que  él  ordenara  otra  cosa, 
porque  fué  avisado  de  Motedzwnuí,  cómo  había  muerto  en  unas 
fiestas  y  danzas  el  otro  llamado  TecuhtlihuaccUzin  á  un  caballe- 
ro llamado  AcamapichUi  y  que  andaban  los  dos  armados  ha- 
ciendo un  gran  baile,  y  en  medio  el  difunto,  y  de  cuando  en 
cuando  tirándole  una  flecha  en  medio  del  templo  mayor  de  la 
ciudad  de  México,  y  así  los  capitanes  fueron  volando  y  halla- 
ron al  Rey  Chimalpopoca  y  á  TecuhUihuacatzin  ni  más  ni  menos 
como  Moteczuma  envió  á  decir.  Cogieron  á  Chimalpopoca  y  le 
llevaron  á  unas  casas  en  la  misma  ciudad  que  se  decían  Cuauh- 
calli^  que  era  como  entre  nosotros  la  cárcel  de  corte,  y  allí  le 


1  CuauhcaUi  significa  casa  de  madera:  era  una  á  manera  de  Jaula  de  vigas 
•que  servía  de  prisión;  y  así  se  ve  pintada  en  loe  jeroglíficos. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  201 

metieron  en  una  jaula  con  mucha  guarda  de  capitanes  y  sol- 
dados valientes,  y  á  TecuhÜihiíacatzin  lo  mataron  luego.  D.  Alon- 
so Axayaca  dice  que  las  casas  que  hizo  Maxtla  fueron  para  sí, 
y  en  estreno  de  ellas  convidó  al  hermano,  mas  en  la  original 
historia  aparece  lo  contado,  aunque  bien  dice  que  muerto  Ta- 
yauh  las  tomó  para  sí  el  Rey  Ma^xtla. 

En  este  tiempo  estaba  un  caballero  en  Palacio,  Mayordomo 
del  Rey  MaxOa^  hombre  antiguo,  que  se  decía  Chichincail,  de 
quien  él  se  fiaba  mucho:  llamóle  y  le  dijo:  qué  os  parece,  ¿no 
fué  muy  bien  hecho  quitarle  la  vida  á  mi  hermano?  pues,  co- 
mo sabéis  bien,  era  menor  que  yo,  y  conforme  á  las  leyes  de 
mi  bisabuelo  Xolotl  y  de  sus  antepasados,  siempre  el  mayor  es 
heredero,  como  yo  lo  soy  y  tan  de  derecho  me  viene;  y  (por  otra 
parte  cómo  puede  tolerarse  que)  delante  de  mis  ojos  se  atreva  á 
quererme  matar  por  el  concierto  y  orden  de  Chimalpopoca  Rey 
de  Culhuacan^  que  si  no  fuera  por  el  parentesco  (que  nos  une,  él 
tampoco  sería  Señor  Soberano,  pues  nadie  ignora)  como  bien 
lo  sabéis,  que  los  de  la  ciudad  de  México  fueron  vasallos  de 
mi  abuelo  y  que  siempre  dieron  los  Mexicanos  cierto  recono- 
cimiento, y  porque  mis  tíos  fueron  Señores  de  allí,  se  les  qui- 
tó este  tributo;  y  pues  Chimalpopoca  es  traidor,  conviene  que 
muera  en  la  jaula  en  que  está  preso  y  que  me  tributen  como 
solían  en  tiempo  de  mi  abuelo,  y  vos  cobrad  todos  los  tribu- 
tos con  todo  rigor  y  que  vendan  todo;  y  si  no  lo  cumpliesen 
mando  los  castiguéis  con  toda  severidad,  y  mañana  id  á  Tex- 
CUÍCO  y  llamad  á  Nezahualcoyoizin^  que  quiero  cumplir  lo  que 
mi  padre  dejó  mandado.  Estas  y  otras  muchas  razones  le  dijo 
á  este  Caballero,  el  cual  como  era  de  Tlatelulco  y  Señor  de  las 
Casas  de  Caltenco^  se  partió  para  Tlatelulco  para  otro  día  ir  á 
Texcv^co. 

Nezahualcoyotzin  viendo  que  su  tío  estaba  preso  y  que  se  ha- 
bían pasado  algunos  días  después  de  las  honras,  por  hacer  del 
ladrón  fiel,  acordó  aquella  noche  de  ir  á  Azcaputzaho  y  llevar 
al  Tirano  algún  presente  y  pedirle  le  hiciese  merced  do  soltar 
á  su  tío  y  ver  la  respuesta  ó  determinación  del  Rey  Maxtla^ 


202  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

porque  ya  se  le  había  acercado  el  tiempo  de  cobrar  su  Señorío, 
y  así  caminó  toda  esta  noche  por  la  Laguna  con  su  sobrino 
Zerüecoxaiún  y  algunos  criados  suyos,  y  fué  á  amanecer  en  Tlcb- 
tetulco,  y  desembarcando  se  fué  derecho  en  casa  de  este  Caba- 
llero Mayordomo  de  McLxtla^  para  saber.de  él  lo  que  había,  el 
cual  se  holgó  de  verlo  y  le  dijo  cómo  Maxüa  su  Señor  le  ha- 
bía enviado  á  llamar  con  él.  Nezahxwlcoyoizin  le  respondió  có- 
mo aquella  noche  había  caminado,  y  pues  que  estaba  allí  que 
fueran  juntos,  porque  además  de  irle  á  besar  las  manos  al  gran 
Señor,  quería  pedirle  le  hiciese  merced  de  la  vida  de  su  tío  el 
Rey  Chimalpopoca;  y  así  fueron  ambos  á  Azcaputzaleo,  y  entró 
este  Caballero  y  avisó  á  Maxtia  cómo  estaba  allí  Nezahualco- 
yotziíi  y  venía  á  suplicarle  le  hiciese  merced  de  la  vida  de  su 
tío.  Maxtla  le  mandó  entrar,  y  dado  Nezahualcoyotzin  el  pre- 
sente á  MaxUa^  le  dijo  que  así  lo  haría,  pero  que  por  entonces 
no  había  lugar  y  que  le  fuese  á  ver.  Nezahualcoyotzin  le  dio  las 
gracias  por  la  merced  que  le  hacía,  y  así  se  partió  para  México 
en  donde  estaba  preso  su  tío,  y  Maxtla  por  entonces  no  quiso 
matarlo,  antes  dio  orden  para  que  á  la  vuelta  lo  .matasen,  y 
así  le  dijo  antes  que  se  fuese,  que  no  se  volviese  á  Texcuco 
hasta  que  primero  le  avisase,  porque  tenía  negocios  que  tratar 
con  él. 

Fué  Nezahualcoyotzin  á  Tenuchtitlan  á  ver  á  su  tío  al  cual  ha- 
lló en  la  cárcel  enjaulado,  más  para  la  muerte  qu^  para  otra 
cosa  ninguna;  flaco  y  en  los  puros  huesos  y  muerto  de  ham- 
bre. Presentóle  las  insignias  que  los  Reyes  llevaban  y  á  la  vi- 
veza lloró  con  él  y  le  consoló.  Su  tío  le  pidió  que  le  diera  algo 
que  comer,  porque  estaba  muerto  de  hambre;  y  Nezahualcoyotl 
viendo  que  en  la  ciudad  había  mucho  cuidado  de  lo  que  ha- 
cían, acordó  de  salirse  hacia  el  Peñol,  en  un  lugar  á  donde  es- 
taba una  sementera  del  Rey  Chimalpopoca,  que  se  dice  l'elte- 
petzin,  y  allí  pidió  á  un  Caballero  le  diese  alguna  cosa  para  el 
Rey  su  tío,  y  allí  le  dieron  ciertos  regalos  y  volvióse  hacia  la 
ciudad  para  dárselos  a  su  tío,  el  cual,  cuando  llegó,  estaba  ya 
muy  al  cabo,  además  de  la  hambre,  de  la  pena  de  que  un  so- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  203 

brino  de  Maxtla,  llamado  Tilmatzin  y  hermano  natural  de 
NezahiuilcoyoÜ  le  vino  á  ver  en  el  ínter  que  no  estaba  alí  Ne- 
zahimtcoyotzin^  á  decir  todo  lo  que  había  ordenado  el  Tirano 
3Iaxtla,  Y  así  le  dijo  Chimalpopoca  á  su  sobrino,  diciéndole  que 
mirase  por  su  persona,  vasallos,  deudos  y  amigos,  que  no  les 
desamparase,  porque  el  Tirano  tenía  ordenado  de  quitarle  la 
vida  y  á  Tlacatcotzin  Señor  de  Tlatdulco,  y  que  no  había  de  ha- 
ber Rey  ni  Señor  de  las  naciones  Aculhuaa  ni  Mexicanos^  que 
todo  había  de  estar  sujeto  debajo  del  dominio  de  la  Corte  y  de 
la  Monarquía  Tepaneca\  que  á  los  más  principales  de  ella  les 
había  de  quitar  la  vida,  y  que  él,  como  bien  lo  veía,  no  tenía 
otro  remedio  sino  el  que  todo  cumpliese  como  quien  era,  (ha- 
ciendo) todo  lo  que  su  padre  IxÜilxuchiÜle  había  mandado,  no 
desamparando  á  sus  deudos  los  Señores  de  México;  que  les 
ayudase  y  favoreciese  en  todo;  comunicando  siempre  sus  cosas 
con  su  hijo  ^  Moteczuma  y  su  hermano  Ixcohuatl.  A  todo  lo  cual 
respondió  Nezahualcoyotzin  que  así  lo  haría  y  cumpliría  lo  que 
su  padre  le  había  dejado  mandado  y  él  le  rogaba;  y  luego  es- 
piró; y  Nezahuakoyotzin  con  algunos  Caballeros  y  deudos  Me- 
xicanos lo  amortajaron  y  enterraron  con  toda  brevedad,  porque 
no  les  daban  lugar  á  otra  cosa  los  Tepanecas. 

Esto  fué  en  el  día  diez  Xüchitl,  que  es  el  décimo  de  su  se- 
mana á  los  ocho  días  del  mes  Hüeytecuhylhüitl,  que  conforme 
á  nuestra  cuenta  fué  á  23  de  Julio  del  año  de  H27^  y  luego  se 
partió  Nezahualcoyotl  con  todo  secreto  para  Texcuco^  y  en  este 
mismo  día  envió  á  decir  con  un  caballero  de  TemichiiLlan  á  Tía- 
eateolzin^  como  era  muerto  Chimalpopoca  y  lo  que  tenía  orde- 
nado líaxtla^  de  lo  cual  quedó  Tlacateotzin  escandalizado,  sa- 
biendo que  aquella  noche  también  había  de  morir;  y  así  dijo 
al  mensajero  que  se  quería  ir  á  Texcuco  con  Nezahualcoyotl  su 
sobrino.  No  faltó  quien  lo  oyó,  que  uno  de  sus  mismos  vasa- 
llos se  lo  fué  á  decir  á  MaxÜa. 


1  Moteczuma  era  hermano  y  no  hijo  de  Chimalpopoca;  é  Itzcoatl  era  su 
tío,  hijo  de  Acamapichtli  y  de  una  esclava  tepaneca. 


204  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Tlacateotzin  tomó  todos  sus  tesoros  y  en  una  gran  canoa  con 
muchos  remos  se  fué  para  Texcuco,  el  cual  salió  ya  tarde  por- 
que fueron  (en  su  seguimiento)  con  muchas  canoas  de  los  Te- 
pamcas,  que  iban  con  orden  del  Tirano,  que  donde  quiera  que  lo 
alcanzasen  en  la  Laguna,  que  lo  matasen  y  rehundiesen  en 
lo  más  hondo  de  ella.  Asi  fué  hecho,  que  lo  alcanzaron  en  me- 
dio de  la  Laguna  y  allí  con  todos  sus  tesoros  y  remos  lo  hun- 
dieron en  lo  más  hondo.  De  esta  manera  acabaron  los  dos  Re- 
yes Mexicanos  Tlacateotzin  y  Chimalpopoca^  según  la  original 
historia.  D,  Alfonso  Ayaxaca  lo  cuenta  algo  diferente,  aunque 
todo  es  una  misma  cosa. 

Maxtla  se  holgó  mucho  de  todo  y  ya  no  le  quedaba  otra  pe- 
na más  de  matar  al  legítimo  sucesor  que  le  estaba  esperando 
en  Azcaputzoho^  según  se  lo  habla  mandado,  para  matarlo.  iVe- 
zahxudcoyotzin  llegó  á  Texcuco  este  mismo  dia,  ya  muy  noche, 
y  habló  con  sus  adivinos  preguntándoles  su  parecer  y  lo  que 
debía  de  hacer,  porque  el  Tirano  le  había  mandado  que  vol- 
viera á  Azcaputzalco  antes  de  venir  á  Texcuco.  Sus  adivinos  le 
respondieron  que  hallaban  en  su  signo,  que  tres  veces,  si  se 
daba  maña,  había  de  escapar  de  sus  enemigos,  y  que  si  no,  ha- 
bía de  dormir  ^  á  la  una  de  las  tres,  y  que  era  ya  llegado  el  tiem- 
po y  que  se  fuese  y  entrase  á  ver  al  Tirano  en  ciertas  horas 
señaladas  que  ellos  hallaban  en  su  favor;  y  así  se  volvió  el  día 
siguiente  que  era  el  cuarto  de  su  semana,  llamado  once  Zipa- 
TLi,  2  ya  tarde  y  caminó  toda  la  noche  por  la  Laguna  y  fué  á 
amanecer  el  día  doce  en  Azcaputzalco^  llamado  (el  día)  matlac- 
Ti  OMOME  EHECATL,  llevaudo  cicrtos  presentes  para  el  Rey  Max- 
ila  y  la  Reyna  su  mujer  llamada  Tlazihuatepantzin,  llevando 
algunos  de  sus  criados  en  su  compañía  y  á  un  hermano  suyo 
que  se  decía  Ixhuezcatocatzin,  al  cual  llevó  hacia  un  lugar  se- 
creto de  TlateMco  y  allí  se  desembarcó  y  dejó  allí  sus  reme- 
ros y  se  fué  no  más  con  su  hermano  á  Azcapidzaho^  llevando 

1  Supongo  que  debe  ser  morir. 

2  Cipactli. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  205 

los  presentes  sin  que  nadie  sapiese  de  á  donde  venía;  y  llega- 
do á  AzcaptUzaico^  que  era  muy  bien  de  mañana,  dijo  á  la  gen- 
te de  MaxOa  cómo  estaba  allí  y  que  quería  ver  al  gran  Señor, 
y  así  avisaron  al  Tirano,  el  cual  no  quiso  verle,  y  mandó  una 
Dama  suya  llamada  MaliruUzinJpBis,  |que  le  hablase)  y  que  lo 
mandase  aponsentar  en  un  xacal  que  estaba  en  un  jardín  su- 
yo, y  mandase  á  los  capitanes  tuviesen  cuidado  de  él.  Salió  la 
Dama  y  recibió  el  presente  y  le^mandó  aposentar  en  el  xacal 
ó  casa  de  paja,  (diciéndole)  que  el  gran  Señor  mandaba  le  es- 
perase, que  ya  se  levantaba. 

Ya  á  esta  sazón  estaba  la  plaza  de  Azcaputzalco  cubierta  de 
gentes  armadas  todas,  unos  con  sus  rodelas  y  macanas  y  otros 
con  sus  lanzas;  otros  con  sus^arcos  y  flechas  como  si  Nezahual- 
coyotzin  estuviese  en  algún  campo  con  mucha  multitud  de  sol- 
dados para  tanto  negocio.  Dicen  los  principales  viejos  que  todo 
esto  mandó  hacer  Maxtla^  porque  muchas  veces  lo  había  que- 
rido matar  y  nunca  había! podido  con  él,  porque  era  muy  ani- 
moso y  atrevido,  y  lo  tenía  por  hombre  invencible  ó  encantado, 
y  por  eso  muchos  naturales  viejos  decían  que  NezahucUcoyotzin 
descendía  de  los  mayores. Dioses  del  mundo,  y  que  así  lo  te- 
nían por  inmortal,  y  no  se  engañaban  en  lo  que  era  decir  que 
descendía  de  sus  Dioses,  porque  TezcaUijmca  y  Huitzilopuchtii, 
que  eran  los  mayores  de  esta  tierra,  fueron  sus  antepasados 
Señores,  que  por  sus  hazañas  los  colocaron  por  tales,  como  en- 
tre los  gentiles  Romanos  y  Griegos  y  otras  naciones  han  hecho 
otro  ^tanto.  NezahucUcoyoízin  viendo  que  ya  no  tenía  ¡remedio, 
abrió  por  un  lado  del  xacal,  que  como  eran  las  paredes  de  cañi- 
zo, le  dio  la  vida;  y  antes  de  salir  le  mandó  á  su  hermano,  que  si 
pregimtaran  por  él,  dijera  que  había  salido  á  cierta  necesidad, 
y  que  hacia  Tlatdulco  le  esperaba:  y  saliéndose  por  allí  y  tor- 
nándole á  poner  como  estaba,  se  fué  para  Tlatelulco^  y  no  hu- 
bo bien  salido,  cuajido  los  Tepanecaa  le  iban  á  matar;  y  como 
no  le  hallaron,  preguntaron  al  hermano  por  él,  el  cual  respon- 
dió cómo  había  salido  á  cierta  necesidad,  y  así  mandáronle  á 
este  Infante  que  le  llamase,  porque  le  quería  ver  el  gran  Se- 


206  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


ñor;  y  como  aquél  no  esperaba  otra  cosa,  se  fué  por  entre  una 
sementera  para  alcanzar  á  su  hermano  en  la  parte  donde  le 
dijo  le  aguardaba. 

A  esta  sazón  iban  tras  de  Nezahucdcoyoízin  ciertos  capitanes 
de  los  que  andaban  en  la  plaza,  que  le  vieron  huir;  y  así  él  iba 
huyendo  y  de  cuando  en  cuando  volvía  el  rostro  y  les  decía, 
que  les  había  de  abrasar  con  el  fuego  de  sus  armas  y  anegar 
con  el  agua  de  la  mar  á  ellos  y  al  Tirano  su  Señor;  y  ellos  (se- 
guían corriendo)  tras  de  él  apellidando  que  lo  atajasen.  Ningu- 
no se  atrevió,  y  al  que  lo  quería  atajar  se  lo  llevaba  de  encuen- 
tro, hasta  que  estos  capitanes  cansados  de  correr  tras  de  él 
le  perdieron  de  vista,  y  ya  que  iba  llegando  cerca  de  TlatduU 
ooy  le  fué  á  alcanzar  su  hermano  y  le  dijo  el  alboroto  que  ha- 
bía en  la  ciudad  de  Azoaputzaleo.  Nezahualeoyotún  le  dijo  á  su 
hermano  llegase  en  casa  de  aquel  Caballero  Mayordomo  del 
Tirano,  y  pidiese  alguna  cosa  para  comer,  y  que  no  le  dijese 
que  iba  allí,  sino  que  antes  se  pusiese  por  delante  de  la  puer- 
ta de  la  cocina  que  caía  á  la  calle,  porque  no  le  viese  nadie  de 
sus  criados,  que  era  forzoso  pasar  por  allí;  sino  que  antes  se 
pusiese  por  delante.  En  el  entretanto  que  estaba  su  hermano 
pidiendo  la  comida,  parado  en  la  puerta,  pasó  Nezahualooyotl 
y  se  fué  hacia  el  lugar  donde  estaban  sus  remeros,  y  luego  le 
fué  á  alcanzar  su  hermano  y  se  embarcaron  y  fueron  aquella 
hora  á  Texcuco.  Los  Tepanecaa  se  derramaron  por  todas  par- 
tes para  cogerlo,  porque  Maxíla  su  Señor  estaba  muy  enojado 
porque  no  le  habían  cogido  y  muerto;  y  no  les  dio  cuidado  ^  de 
ir  á  la  Laguna,  porque  como  es  uso  y  costumbre  en  esta  tie- 
rra, que  de  día  no  se  puede  andar  en  la  Laguna  porque  corren 
mucho  riesgo  las  canoas  con  los  aires  que  corren,  y  así  no  fue- 
ron hacia  ella,  y  (lo  cual  dio  lugar  á  que)  NezahualcoyoÜ  con 
toda  brevedad  llegara  á  íkccwco  aquel  mismo  día.  Maxtla  en 
Azcaputzcdco  mandó  juntar  un  grande  y  poderoso  ejército  pa- 
ja (invadir  á)  Texcuco,  enviando  (con  él)  cuatro  capitanes  muy 

1  Esto  es— "y  no  tuvieron  cuidado,  ó,  no  se  cuidaron."— E. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  207 

valerosos,  que  el  General  de  ellos  se  decía  Xochicalcatl,  y  los 
otros  tres,  el  uno  JíuehueÜilpic  y  el  otro  Tlatolpizac  y  el  otro 
Ixtlahuehueqxidi^  con  orden  que  muerto  ó  vivo  le  llevasen  á 
NezahualcoyoÜ^  y  (con  la  de  que)  por  todas  las  calzadas,  cami- 
nos y  sendas  y  lugares  se  escondiese  el  ejército,  para  que  si 
de  sus  manos  escapase,  lo  pudiesen  coger  los  escondidos  y  ma- 
tarlo. 

Los  Aulores  principales,  y  especialmente  Don  Alonso  Axaya- 
caizin,  dice  que  á  la  sazón  se  halló  presente  un  hombre  natu- 
ral de  Cohtiaiepec  que  había  ido  á  hacer  el  servicio  personal,  y 
oyó  lo  que  Maxtla  ordenaba  y  cómo  mandaba  juntar  el  ejér- 
cito y  que  [otro  día  fuesen  á  matar  á  Nezahualcoyotly  (lo  cual 
oído)  se  salió  de  la  ciudad  de  Azcaputzalco  y  fué  volando  á  avi- 
sar al  Señor  de  su  tierra  y  á  los  demás  Caballeros,  y  dióse  tan 
buena  priesa,  que  llegó  temprano  á  Cohuaiepec  y  contó  todo  el 
caso  al  Señor  de  allí  y  á  los  demás  Caballeros,  (cuyo  Señor)  se 
decía  (ó  llamaba)  Tomihuaizin,  el  cual  oído  esto  juntó  á  todos 
los  Caballeros  y  gente  ilustre  y  á  algunos  Capitanes  para  ir  á 
Texcuco  á  avisar  á  NezahualcoyoÜ  legítimo  sucesor  de  toda  la 
tierra,  y  (también)  con  el  intento,  si  fuera  posible,  de  ayudarle 
con  las  armas  y  oponerse  contra  el  ejército  que  enviaba  3Iax- 
tía  para  matar  á  NezahualcoyoÜ.  Salió,  pues,  Tomihuaizin  eon 
toda  esa  gente  aquella  noche,  sin  que  de  los  Tepanecaa  que  en 
su  tierra  había  [(fuera)  sentido,  y  se  partió  para  Texctico  y  de 
camino  pasó  por  CohuaUichan  y  HuexvÜa^  en  donde  salieron 
otros  muchos  Caballeros  y  Señores  y  fueron  á  Texcuco  con  el 
mismo  intento,  y  á  ver  lo  que  á  su  legítimo  Señor  le  sucedía, 
fingiendo  que  iban  á  jugar  á  la  pelota  en.  Texcuco;  y  juntos  todos, 
casi  al  amanecer,  en  la  ciudad  de  Texcuco  con  otros  Señores  de 
pueblos  y  ciudadanos  y  comarcanos  de  la  ciudad  de  Texcuco^ 
avisaron  á  Nezahuahoyoizin^  animándole  y  dándole  su  parecer 
de  lo  que  debía  hacer;  el  cual  les  dijo  á  todos  que  él  quería  sa- 
lir contra  ellos,  pues  todos  sus  vasallos,  los  leales,  estaban  allí 
apercibidos  para  lo  que  les  quisiese  mandar,  y  que  (de  una 
Tez  quería)  echar  aparte  la  carga  tan  pesada  que  sobre  sí  te- 


208  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

nían,  además  de  que  en  comenzándolo  á  hacer  todos  sus  deu- 
dos, los  de  Tlaxcalaj  Huexotzinco  y  otras  partes,  le  enviarían 
socorro,  y  que  pues  había  escapado  tantas  veces  de  las  manos 
de  sus  enemigos,  especialmente  la  última  vez  con  mucha  ven- 
tura, que  esperaba  en  el  Tloquenahuaque  saldría  con  victoria. 
A  esto  se  levantó  CuauhÜehitanitzin^  hermano  suyo  y  gran  Ca- 
pitán, y  le  respondió  diciéndole:  que  por  entonces  no  había 
lugar  porque  era  muy  grande  el  ejército  que  venía  de  sus  ene- 
migos y  muy  bien  apercibidos;  demás  de  que  dentro  de  las 
puertas  de  su  casa  tenían  enemigos  de  los  de  la  parte  del  Tira- 
no; que  mejor  era  se  ausentara  y  se  fuera  á  Tlaxcala,  NezahxjLolr 
coyotzin  dijo  que  no  convenía  tal,  sino  que  quería  aguardar  á 
sus  enemigos  y  recibirlos  de  paz,  y  que  estando  ya  para  ma- 
tarlo, él  se  sabría  dar  la  maña  de  escaparse,  pues  lo  había  he- 
cho otras  veces.  Tornáronle  á  rogar  todos  que  se  fuese  de  la 
ciudad,  pues  no  quería  salir  contra  ellos,  (temiendo)  no  le  su- 
cediese á  la  contra  de  lo  que  pensaba,  porque  si  moría  no  ten- 
dría legítimo  sucesor,  y  se  acabaría  en  él  el  imperio  Chichime- 
ca.  Nezahwdooyotzin  jamás  quiso  hacer  tal;  y  de  industria  (ó 
afectadamente)  todos  los  Señores  estuvieron  aquel  día  con  él  ju- 
gando á  la  pelota  en  la  plaza  de  sus  Palacios  de  Züan;  y  viendo 
qudya  los  enemigos  era  ya  hora  que  ya  ellos  venían  cerca,  según 
las  espías  le  vinieron  á  avisar,  llamó  á  dos  criados  suyos.  Caballe- 
ros y  muy  fieles  vasallos,  que  el  uno  se  decía  Coyohiuxlzin  y  el 
otro  Tecomül.  A  Coyohuaizin  le  dijo  que  no  se  apartase  de  él, 
sino  que  estuviese  siempre  cerca  de  él  para  ayudarle  en  lo  que 
hubiese  menester;  y  al  otro  que  fuese  detrás  de  la  Sala,  sin 
que  fuese  visto,  y  hiciese  un  agiy  ero  en  la  pared  en  donde  pu- 
diese caber  un  hombre,  en  la  misma  parte  en  donde  estuviese 
su  silla  y  asiento,  poniéndolo  de  suerte  que  no  fuese  visto  ni 
sentido;  y  así  lo  hizo  este  Caballero  con  toda  diligencia,  sin 
que  nadie  supiese  cosa  ninguna. 

Estaba  por  el  Tirano  hecho  (ó  nombrado)  Señor  de  Texcu- 
co  (un  caballero  llamado)  TUmatzin^  hermano  bastardo  de  Ke- 


DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLILXOCHITL.  209 

zakualcoyoa  y  sobrino  suyo,  ^  el  cual  aquella  madrugada  había 
llegado  á  Texcuco  por  hacer  su  hecho  (ó  consumar  su  atenta- 
do) el  Tirano  con  más  facilidad.  Todos  lo  recibieron  muy  bien, 
y  NeiahualcoyoÜ  fingió  que  se  holgaba  de  ello  y  jugaron  este 
día  á  la  pelota  los  dos,  y  la  estaban  jugando  á  esta  sazón,  cuan- 
do rieron  venir  la  turbamulta  de  sus  enemigos.  Nezahualco^ 
yotl  mandó  á  Coyohuaizin  su  criado  con  otros  Caballeros  los 
fuesen  á  recibir,  y  NezahualcoyoÜ  se  entró  dentro  de  sus  pala- 
cios y  en  la  puerta  de  la  Sala  Real  estuvo  aguardando  á  los 
enemigos,  los  cuales  antes  de  llegar  se  repartieron  por  toda  la 
ciudad,  cada  uno  yendo  hacia  la  parte  que  tenían  concertado 
de  aguardar  á  NexaJmalooyoÜ,  El  General  XochUcalcaÜ^  con  los 
otros  tres  (^itanes  y  algunos  muy  valerosos  soldados,  se  fue- 
ron hacia  el  palacio,  en  donde  cerca  de  él  los  fué  á  encontrar 
Coyohuaizin^  y  les  dijo  que  fuesen  muy  bien  venidos,  que  qué 
era  lo  que  querían.  Ellos  respondieron  que  venían  á  jugar  con 
NezahualcayoÜ.  Goyohuatzin  les  dijo  que  entrasen  dentro,  que 
allá  estaba  Nezahualcoyod  aguardándoles  para  que  descansasen; 
que  para  todo  había  lugar:  y  así  se  fueron  á  palacio,  y  á  la  puer- 
ta de  la  Sala  les  salió  á  recibir  Nezahucdooyotzin;  y  dándoles 
la  bien  venida,  les  mandó  aposentar  en  otra  Sala  frontera  de 
la  en  que  él  estaba.  TimaUún,  que  estaba  jugando  con  Neza^ 
hualcoyotL,  como  persona  que  sabía  muy  bien  lo  que  había  de 
suceder,  sin  despedirse  de  nadie  se  fué  á  sus  palacios  que  es- 
taban en  uno  de  los  barrios  de  ífeccitco,  que  se  decía  Chimal- 
pan^  y  todos  los  Señores  de  las  ciudades  comarcanas  y  (gente) 


1  Diñcil  es  comprender  este  parentesco.  Además  eí  lector  habrá  observado, 
que  contintüa  la  diferencia  de  ortograña  do  los  mismos  nombres  nahuas;  que 
{•tos  machas  veces  tienen  variantes  esenciales;  y  que  tanto  ellos,  como  los  de 
pueblos  j  razas  se  escriben,  ya  con  cursiva  ó  sin  ella,  sin  seguir  ninguna  re* 
gla  fija.  Como  todo  esto  es  tan  repetido,  que  no  puedo  atribuirse  siempre  á 
error  de  loe  copistas,  y  por  otra  parte  la  copia  que  seguimos  está  escrita  toda 
de  puño  y  letra  del  Sr.  D.  José  Fernando  Ramírez,  y  es  por  lo  mismo  tan  cui- 
dada como  todo  lo  que  él  hacía,  en  muchos  casos  no  me  atrevo  á  hacer  ningu- 
na variación,  y  prefiero  dejar  el  texto  con  todas  sus  incorrecciones. 

Tomo  1—14 


210  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ilustre  y  plebeya,  estaban  allí  todos  muy  atentos  aguardando 
el  fin  de  aquel  negocio,  y  si  á  su  Señor  natural  mataban.  En- 
tiendo según  parece  en  la  original  historia,  (y  de  lo)  que  los 
viejos  principales  cuentan,  que  si  NemhualcoyoÜ  no  escapara 
de  la  manera  que  se  sigue,  se  alborotara  toda  la  ciudad  y  cos- 
tara muchas  vidas  de  ambas  partes,  de  fieles  vasallos  (así)  co- 
mo de  enemigos  traidores. 

En  este  mismo  año  de  trece  Agatl  y  según  á  la  nuestra  1427, 
áS7  dd  mes  de  Julio  (en  el  día  ^)  que  ellos  llaman  ce  cuezpalin 
que  es  el  1?  de  su  semana,  á  12  días  de  su  mes  llamado  Huette- 
CüHYLHüiTziNTLi  quc  quiere  decir  el  mes  de  la.  fiesta  de  los  Reyes 
y  Caballeros  ancianos  y  personas  graves^  (estando,  como  va  di- 
cho, regocijándose,  que  tal  parece)  que  todo  lo  cual  sucedió 
para  provecho  y  libertad  de  Nezahuahoyotziny  de  su  patria  y 
deudos,  (pues)  que  como  queda  dicho,  estaban  los  Señores  es- 
te día  todos  juntos  jugando  á  la  pelota,  (cuya  diversión  y  fies- 
ta) vínoles  de  molde,  porque  era  tiempo  cuando  (el  Príncipe) 
tenía  libertad  y  lugar  dedicado  para  este  efecto:  así  mandó 
Nezahualcoyotzin  al  General  y  demás  Capitanes  que  le  venían 
á  matar,  que  se  aposentasen  en  la  Sala  referida  atrás.  Él  per- 
sonalmente les  dio  los  ramilletes  y  poquietes,  que  son  irnos  ca- 
ñutos llenos  de  liquidámbar  encendidos,  que  usaban  mucho 
los  Señores  de  esta  tierra  en  todo  tiempo,  tomándolo  por  regalo. 

Entretanto  que  se  aparejaba  la  comida  y  dándoles  este  rega- 
lo él  y  otro  Caballero  Ayo  suyo  que  se  decía  Ze  Matzin,  se  fué  á 
su  Sala  y  en  el  ínterin  les  trajeron  la  comida,  y  estando  comien- 
do, llegó  el  Caballero  Coyohtuüzin,  que  estaba  á  la  mira  aguar- 
dando la  ocasión  de  hacer  lo  que  su  Señor  le  había  mandado, 
y  así  como  llegó  echó  en  el  brasero  incienso  y  copal,  que  era 
uso  y  costumbre  donde  estaban  los  Reyes  y  Señores,  que  cada 
vez  que  los  criados  entraban,  con  mucha  reverencia  y  acata- 

1  Sin  esta  intercalación  sería  imposible  entender  la  fecha,  porque  no  hay 
mes  alguno  que  se  llame  Cuezpalin;  á  la  vez  que  sí  hay  un  día  en  el  Calenda- 
rio Mexicano  que  tiene  este  nombre.  La  omisión  ha  sido  un  descuido  del  co- 
piante. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  '211 

mieDto  ,echaban  zahumerio  en  el  bracero,  que  de  ordinario 
estaban  dos  en  las  Salas,  uno  hacia  la  mano  derecha^y  otro  ha-^ 
cia  la  izquierda  de  los  asientos;  y  asi  (como)  con  (el  humo  de) 
este  perfume  se  obscureció  algo  la  Sala,  y  luego  el  caballero 
paróse  en  la  puerta  de  la  Sala  y  extendió  la  manta,  fingiendo 
limpiarla  ó  quitarle  cierta  ylacia  que  tenía,  en  el  Ínterin  Nezon 
hucUcoyotzin  se  salió  por  el  agigero  que  el  otro  Caballero,  como 
ya  lo  tengo  declarado,  había  horadado,  poniendo  otra  vez  la 
silla  como  estaba.  Salido  Nezcbhualooyott  de  la  Sala,  3e  fué  con 
toda  brevedad  saliéndose  de  los  palacios  hasta  una  puerta  fal- 
sa que  estaba  oculta,  y  allí  ciertos  criados  que  le  estaban  espe- 
rando, le  dieron  con  toda  la  priesa  del  mundo  ciertas  armas 
defensivas  y  unos  vestidos  diferentes  de  los  que  tenía  puesr 
tos,  y  se  fué  derecho  á  unas  casas  de  un  Caballero  que  se  de- 
cía Tozmatsm,  que  estaba  casi  á  los  muros  de  la  ciudad,  no 
atreviéndose  á  pasar  más  adelante,  porque  reconoció  á  sus 
enemigos  que  estaban  por  allí  cerca. 

El  caballero  viendo  á  su  Señor  lo  consoló  y  no  halló  otro 
remedio  para  escaparle,  que  ponerle  en  un  aposento  debajo 
de  mucho  Iztl^  hilo  de  maguey,  que  estaba  su  mujer,  llamada 
MaÜazihiuUzin, con  otras  criadas  suyas,  tejiendo  muchas  man- 
tas de  Nequen  ó  maguey.  • 

En  este  tiempo  habían  ya  entrado  los  enemigos  (que  Neza- 
hualcoyoü  había  dejado  comiendo  en  su  palacio)  en  el  aposen- 
to suya  para  matarlo,  y  como  no  lo  hallaron  habían  apellidado 
á  todas  sus  gentes  que  fuesen  (en  su  persecución  y  que)  don- 
de quiera  que  le  viesen  le  matasen;  y  de  camino  por  poco  mar 
tan  ^  á  Coyohuaizin  que  hallaron  en  la  Sala,  al  cual  preguntán- 
dole por  NezáhualooyoÜ^  les  respondió  diciendo:  "que  no  sabía 
"de  él;  que  frontero  de  ellos  estaba,  como  muy  bien  lo  habían 
"visto;  y  que  así  no  tenían  para  qué  preguntarle  por  él;''  y  que- 
riéndole matar,  les  respondió  otra  vez:  "poco  se  gana  y  se  pier- 


1  En  el  original  dice: — **y  de  camino  mataban;" — cuya  locución  ó  es  im- 
propia por  lo  que  se  verá  adelante,  ó  hace  presumir  una  grande  laguna. — K. 


£12'  OBRAS  HISTÓRICUS  ])£ 

^*de  en  matarme  á  mi;  no  por  eso  se  ha  de  perder  el  Sefiorío 
*'y  imperio  de  Texcuoo  tan  antiguo,  ni  tamporx>  se  dejará  de 
"pros^iuir  la  guerra;  haced  lo  que  quisiereis  de  mi."  Atrevi- 
miento ñié  este  muy  grande  en  tal  ocasión  y  respuesta  para 
los  Tiranos  de  mucha  desvengüenza  y  desacato;  y  no  haciendo 
caso  de  lo  que  les  decía,  con  la  mucha  pena  y  cuidado  que  te- 
nían de  matar  á  NezahualooyotL,  fueron  entrando  adentro  de  los 
palacios  con  mucha  prieisa  y  diligencia  para  buscarlo,  dejando 
al  caballero  Chyohuatzin;  el  cual  viendo  á  los  enemigos  ocupa- 
dos (y  descuidados)  se  salió  y  puso  su  persona  fuera  del  riesgo. 

Corriendo  la  voz  entre  todo  el  ejército  que  NezahualooyM 
estaba  escondido,  cada  uno  procuró  buscarlo  por  diversas  par- 
tes, y  ciertos  capitanes  que  le  vieron  entrar  en  la  casa  de  aquel 
caballero,  entraron  allá  y  preguntando  por  él,  todos  respondie- 
ron que  no  sabían  de  él,  y  buscando  por  toda  la  casa  y  no  ha- 
llándolo, maltrataron  al  caballero  y  á  su  mujer,  maltratándolos 
de  palabras  y  obras,  dándoles  ciertas  heridas  de  que  ainas  se 
murieron;  y  maltratando  á  algunos  criados  para  que  lo  decla^ 
rasen,  fueron  tan  leales,  que  más  ainas  quisieron  ser  maltrata* 
dos  y  morir,  que  descubrir  á  su  Señor  natural.  Con  esto 
se  salieron  los  enemigos  y  fneron  á  otras  partes  buscán- 
dole. 

Viendo  NexahuMooyotm  que  no  parecía  nadie,  se  salió  de 
esta  casa  antes  que  le  sucediera  alguna  cosa,  y  se  fué  hada  los 
(»unpos  de  Teeaizineo,^  yendo  siempre  por  las  sementeras,  y  fué 
por  un  camino  á  encontrarse  con  un  criado  suyo,  que  se  lla- 
maba HuitsdUetzmj  al  cual  le  mandó  fuese  á  Osstotijpac^  un  barrio 
dentro  de  la  ciudad  de  Texcuco,  y  hablase  con  im  caballero 
anciano  su  consejero,  con  todo  secreto,  y  le  dijese  que  en  T&h 
eutzmeo  aquella  noche  les  aguardaba  á  él  y  otros  criados  su- 
yos, para  tratar  con  ellos  ciertas  cosas  que  le  convenían  y 
tomar  su  consejo.  Luego  se  fué  por  entre  las  sementeras,  y  vol- 
viendo las  espaldas  vio  venir  gran  cantidad  de  sus  enemigos 

1  Texcutzinco. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  KTLILXOCHITU  213 

que  Tenían  tras  de  él,  aunque  (todavia)  no  le  habian  visto,  por 
las  espesuras  de  los  maizales* 

No  teniendo  otro  remedio  (para  escaparse)  se  fué  á  un  lugar 
cerca  de  allí  en  donde  estaba  un  hombre  con  su  miqer,  que 
estaban  cogiendo  oAían,  los  cuales  se  decían,  el  hombre  Gdcki^ 
moüúnj  y  la  mujer  Cozocúectzin^  los  cuales  viendo  á  su  Señor 
que  venía  huyendo  de  sus  enemigos,  con  todo  el  secreto  que 
pudieron  y  sin  que  los  enemigos  lo  viesen,  le  echaron  encima 
muchos  manojos  de  esta  semilla  de  chian  que  estaban  cogien- 
do, sin  que  se  echase  de  ver;  y  llegando  los  enemigos,  pregun- 
taron á  la  mujer  primero  por  NemhuakoyoÜ^  entendiendo  eHos 
que  por  ser  miger,  viendo  la  multitud  de  gentes  y  armas,  de 
miedo  les  diría  la  verdad;  la  cual  con  ánimo  v^onil,  sin  hacer 
mudamiento  ^,  les  dijo  "que  muy  bien  lo  habían  visto^  que  iba 
*'por  la  loma  abajo,  huyendo  hacia  las  tierras  de  Huexutla.** 
— ^Los  enemigos  no  escucharon  más  razones,  creyendo  á  las 
que  la  mujer  les  decía,  y  se  fueron  hacia  la  porte  que  les  seña- 
ló, con  toda  priesa,  entendiendo  alcanzar  á  NezakacUcoyott;  el 
cual  viendo  que  sus  enemigos  se  habían  perdido  (de  vista)  se 
fué  hacia  el  bosque  de  Tezcutsanco^  porque  era  puesto  el  sol, 
para  aguardar  allí  á  sus  criados  y  amigos,  prometiendo  á  estos 
leales  vasallos  (que  lo  ocultaron),  muchas  mercedes  si  se  esca- 
paba de  sus  enemigos,  y  recobraba  sus  tierras  y  señoríos* 

Estando  NezokuakcyoÜ  en  lo  más  oculto  del  bosque,  que  ya 
días  (antes)  lo  tenía  procurado  y  visto,  y  aim  enseñado  á  sus 
ñeles  vasallos  para  lo  que  sucediese,  aguardando  á  sus  criados 
y  amigos,  llegaron  ya  tarde  con  el  buen  viejo  su  consejero 
Huü&lihuiU  y  con  otros  cinco  caballeros,  que  se  decían  -Xbfotf, 
JUül,  HuüzUtdzin  el  que  los  fué  á  llamar,  XohtecuhÜi  y  Tlatol^ 
los  cuales,  después  de  haber  llorado  con  su  Señor,  y  hablado  y 
dado  cada  uno  su  consejo  y  parecer,  les  mandó  NezahualcoyoÜ 
que  HuüzUihuiU  se  quedase  en  la  ciudad,  enviándole  siempre 
á  (hacer)  saber  con  algunos  mensajeros  ñeles  de  lo  que  el  tira- 

2  Esto  es — '^sin  inmutarse,  6  sobresaltarse." — B» 


214  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


no  y  sus  Ministros  ordenaban,  avisándole  de  todo;  y  á  Xohte^ 
cuhtlij  que  antes  que  amaneciese  fuese  á  Chalco  y  hablase  con 
Zthuateotzin,  Rey  de  toda  aquella  provincia,  que  le  había  pro- 
metido otras  veces  ayuda  y  socorro,  y  le  avisase  cómo  iba  ha- 
cia Tlaxcala  y  de  todo  lo  que  le  había  sucedido,  y  á  los  demás 
Señores  sus  vasallos,  avisándoles  de  todo  y  rogándole  le  ayu- 
dasen y  le  fuesen  á  alcanzar  y  darle  razón  de  todo  con  toda 
brevedad;  y  á  TlatoUzin  fuese  á  Huexutla  y  hablase  con  Cohua- 
Üülatzin,  Señor  de  allí,  para  que  se  apercibiese  y  le  avispase  de 
todo  lo  que  había  sucedido,  y  lo  mismo  hiciese  con  Motolinia^ 
tón,  Señor  que  era  de  un  lugar  de  CohuaÜichanj  avisando  7 
apercibiendo  de  lo  mismo,  y  ni  más  ni  menos  con  toda  breve- 
dad le  volviesen  á  dar  la  respuesta  en  donde  quiera  que  le 
pudiesen  alcanzar;  y  á  -Jfití  tuviese  cuidado  de  ir  siempre  procu- 
rando la  comida  por  todo  el  camino,  y  sustento,  especialmente 
si  en  alguna  parte  desierta  llegaban  á  dormir,  ó  esconderse  de 
sus  enemigos.  A  los  obos  dos,  XolotecukUi  y  HuüziziUetdn  ^  fue- 
sen con  él  por  delante  espiando  á  sus  enemigos  y  avisando  en 
las  partes  á  donde  había  de  dormir  ó  descansar,  para  que  le 
tuviesen  aparejado  todo  recaudo,  y  si  fuera  necesario  dormir 
en  algunos  desiertos,  llevasen  siempre  algunos  villanos  leales 
consigo,  para  que  hicisen  chozas  donde  poder  albergarse,  y 
juntasen  leña  para  calentar  sus  vestidos  si  se  les  mojasen  de 
las  aguas,  porque  aquel  tiempo  llovía  mucho,  yendo  siempre 
uno  de  los  dos  por  delante,  y  el  otro  de  cuando  en  cuando 
quedándose  atrás.  Con  esta  buena  orden  y  determinación  de 
Nezahualcoyotzin  durmieron  un  poco,  porque  era  casi  media 
noche,  y  antes  que  amaneciese  se  fué  cada  uno  á  la  parte  que 
le  fué  señalada  por  Nezahualcoyotl. 

Así  como  amaneció,  que  era  ya  el  día  ome  cohüatl,  segundo 
de  su  semana,  fué  derecho  á  un  lugar  que  se  dice  Maildomden 
pee  y  allí  estaba  un  caballero  nombrado  Teyxpanizin,  el  cual 
viendo  á  su  Señor  tan  afligido  y  muerto  de  hambre,  le  detuvo 

1  Antes  lo  llama  HuitzUtetzin. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  215 

un  rato  y  le  dio  todo  el  regalo  que  pudo,  y  le  consoló  y  pro- 
metió con  todos  los  de  este  lugar  ayudarle  cuando  volviese  y 
recobrase  sus  reinos.  Luego  pasó  adelante  y  pasó  por  Zacaxu-' 
chülan^  en  donde  salió  un  vecino  de  allí  llamado  Toleca^  con 
algún  refrigerio  y  regalos,  haciéndole  los  mismos  cumplimien- 
tos. De  Zacaxuchillan  fué  á  Pinolco^  en  donde  es^ahora  Quaco- 
xo^  para  hacer  noche  en  este  lugar,  en  donde  vivía  un  caballera^ 
Mayordomo  que  había  sido  de  su  padre,  de  nación  Otomite,  el 
cual  teniendo  noticia  de  que  iba  á  dormir  esta  noche  en  su 
pueblo  NezahualcoyoÜ^  juntó  todos  los  nobles  y  gente  honrada 
de  aquel  pueblo  y  á  buen  trecho  le  salió  á  recibir  y  le  regaló 
y  consoló  todo  lo  que  pudo. 

Ya  á  esta  ocasión  los  Tepanecas  habían  tenido  noticia  que 
NezahualcoyoÜ  iba  á  este  pueblo,  y  así  todos  los  que  se  pudie- 
ron juntar  fueron  allá  para  matarlo  ó  prenderlo,  estando  todos 
juntos  dentro  del  pueblo,  así  gente  principal  como  plebeya,  y 
es  que  lo  enemigos  venían  ya  cerca.  Iban  entrando  por  mu- 
chas partes  del  pueblo  para  (que)  si  NezahuakoyoÜ  se  quisiese 
acoger  (á  alguno  de  sus  ardides)  como  lo  solía  hacer,  cogerlo 
por  todas  vías;  y  viendo  este  caballero  que  no  había  lugar  para 
otra  cosa,  metió  á  su  Señor  debajo  del  atambor,  ó  instrumento 
con  que  ellos  danzan  y  cantan,  que  llaman  Huehuetl^  y  mandó 
á  todos  los  de  su  pueblo  que  fingiesen  todos  estar  bailando  y 
se  armasen,  para  que  cuando  los  enemigos  llegasen  y  él  les 
hiciese  una  seña,  diesen  sobre  ellos  matando  á  todos  los  que 
pudiesen;  y  así  no  hubieron  bien  acabado  de  apercibirse  cuando 
entraron  en  tropel  los  Tepanecas,  armados  todos,  y  pregun-' 
tando  á  este  caballero,  como  al  más  principal  del  pueblo,  que 
era  gobernador  de  él,  diciéndole  si  había  visto  á  NezahualcoyoÜ^ 
el  cual  respondió  que  debían  de  ser  algunos  ladrones  y  traían 
aquel  achaque,  que  pues  siendo  Nezahucdcoyotl  tan  gran  Señor 
no  había  de  estar  en  aquel  lugar  y  destierro,  sino  en  ciudades 
grandes  y  populosas.  Tornando  los  enemigos  (á  replicar),  no 
les  quiso  oir,  antes  apellidó  contra  ellos  diciendo,  ladrones^  la- 
dronesy  y  mataron  á  cuantos  pudieron,  y  los  Tepanecas  que 


216  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

pudieron  escapar  se  fueron  huyendo-  Con  esta  tan  gran  deter- 
minación de  este  caballero  escapó  Nezahualcoyoti,  el  cual  le  hizo 
después  muchas  mercedes,  dándole  cantidad  de  pueblos  para 
él  y  todos  sus  descendientes,  sin  otras  muchas  preeminencias, 
y  entre  todas  fué  (la  mayor)  casarle  con  una  Señora  muy  prin- 
cipal, descendiente  de  la  casa  real  de  Texcuco;  y  esta  noche 
con  acuerdo  de  todos  no  durmió  NezahualcoyoÜ  dentro  del  pue- 
blo, sino  en  un  cerro  cerca  de  allí,  en  una  choza  de  un  pobre 
leñero. 

Otro  día,  que  era  yei  Miqüiztu,  tercer  día  de  su  semana,  an- 
tes que  amaneciese  se  salió  de  aquí  y  se  fué  en  demanda  de 
su  negocio  hasta  llegar  á  unas  sierras  donde  nacía  un  arrayue- 
lo  de  agua,  en  donde  encontró  con  un  caballero  llamado  Te- 
zauhtlapan^  el  cual  le  avisó  de  lo  que  pasaba  y  hacían  los  Te- 
panecas.  NezahualcoyoÜ  llevaba  mucha  gente  principal  en  este 
tiempo  que  le  iba  acompañando,  y  no  iban  todos  jimtos,  sino 
de  uno  en  uno  por  temor  de  los  enemigos,  especialmente  si 
sabían  que  venían  muchos  de  ellos  en  cuadrillas,  y  cuando 
veían  que  eran  pocos,  si  los  pudieran  coger  los  matarían,  es- 
pecialmente si  era  de  noche  en  donde  sabían  que  iban  á  pasan 
y  luego  pasaron  adelante  y  llegaron  á  Tlaüapancdoyan  y  allí 
unas  Señoras  recibieron  á  Nezahiudcoyoti  y  le  regalaron.  A  este 
tiempo  llegó  cierto  caballero  llamado  TechoUün  á  darle  razón 
de  todo  lo  que  en  la  ciudad  sucedía.  De  aquí  fué  Nezahualco- 
yoü  para  hacia  Huilotepec  y  en  este  camino  fué  lo  que  dice  i). 
Alonso  de  los  Tepanecas  que  preguntaron  por  el  mancebo,  y 
durmió  esta  noche  encima  del  cerro  de  Huilotepec,  y  vio  ha- 
cia Huexutzinco  obscuridad  y  todavía  (por)  Tepepxdco  claridad. 
Iban  con  él  TzorúeeoxaUzin  y  Ocohuahin;  y  en  los  llanos  abajo  co- 
mió y  trajo  la  comida  J/ító,y  en  las  sierras  de  los  Tepehuas,  cerca 
áeCuautepec,^  durmió  y  allí  cenó  y  fué  regalado  de  los  serranos. 
Pasó  otro  día  á  Cwatepec  y  allí  aquella  noche  le  vinieron  á  ver 
los  Huexutzincas  de  parte  de  su  Señor  para  ofrecerle  su  ayuda, 

1  Parece  por  el  roAsdo  queXuantepec  y  Cuatepec  gon  un  mUmo  lugar. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.         217 

y  le  hicieron  muchas  fiestas  esta  noche  y  le  regalaron.  Pasó 
obo  día  para  hacia  Tlaxcalan  y  allí  cerca  de  la  ciudad,  en  un 
lugar  llamado  Tlalnepanoloo^  salieron  á  recibirle  los  Tlaxcaltecas 
y  un  Señor  llamado  IxÜoizin^  gran  capitán  que  venía  en  nom- 
bre de  los  Señores  de  Tlaxoalan.  Durmió  aquí  y  fué  regalado. 
No  entró  en  la  ciudad  por  andar  mucha  gente  de  los  Tepane- 
cas  en  su  demanda.  Fué  regalado  y  le  ofrecieron  su  ayuda,  y 
le  dijeron  no  convenía  estar  en  la  ciudad,  y  así  por  orden  de 
ellos  lo  llevaron  á  unos  campos  y  lugares  deleitosos,  y  allí  le 
hicieron  con  toda  brevedad  á  otro  día  muy  de  mañana  unos 
palacios  de  Xacales,  en  donde  estuvo  unos  días.  Le  venían  á 
ver  muchos  Señores  de  Tlaxcala^  Huexuizinco^  XaUocan^  Zem- 
p(JvmUm^  y  otras  muchas  partes.  A  la  noche  envió  á  XcloÜ  á 
C2ialco  para  que  viese  al  Señor  de  allí,  y  últimamente  le  aper- 
cibiese que  para  el  día  de  ce  ollin  habían  de  destruir  todos  los 
Qialcas  á  CohuaÜichanj  que  era  una  de  las  cabeceras  y  de  mu- 
cha fuerza;  que  ya  el  primer  mensajero  PoloteeuhUi  había  traído 
razón  á  Nezakualooyolún  cómo  el  Rey  TozitecuhÜi  le  proüíetía 
su  palabra  de  ayudarle,  y  con  todo  eso  envía  por  último  aper- 
cibimiento á  XoM,  tomando  primero  el  parecer  del  viejo  ífiíitó- 
/íAuí,  y  en  el  ínterin  el  Señor  de  Tepepnleo  con  toda  su  provin- 
cia acudía  con  el  servicio  de  la  comida  y  lo  demás  necesario: 
llamábase  Huehueilpicaizm.  Y  pasando  de  camino  por  Texcuco 
el  mensajero  para  tomar  razón  de  HuUzilihui,  consejero  de  Ne- 
zahuaJoayoÜ  y  de  (JaauhÜehuanitún  su  hermano,  que  así  se  lo 
mandó,  llegó  á  Texcuco;  habló  primero  con  (hauhüehuamtzin 
y  le  dijo  que  iba  á  Choleo  á  ver  al  Rey  de  allí  para  apercibir- 
lo, y  últimamente  no  le  pareció  bien  esta  embajada  á  CuauMle- 
htianitziny  antes  le  dijo  que  por  ninguna  manera  convenía  ir 
segunda  vez  á  pedir  ayuda  al  Señor  de  Chalco,  por  ciertos  in- 
convenientes que  hallaba.  Visto  esto  el  mensajero  fué  á  Huitzi- 
likuUzm,  que  había  estado  muy  malo  de  los  tormentos  que 
porque  descubriese  á  su  Señor  le  dieron,  y  estaba  á  pedirle  su 
consejo,  que  cómo  debía  ir  á  Chuleo,  que  lo  enviaba  el  Príncipe 
su  Señor,  el  cual  antes  de  saber  otra  cosa  ninguna,  le  preguntó 


218  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

que  le  dijese  cómo  quedaba  su  Señor,  que  luego  le  diría  su  em- 
bsgada  y  le  daría  el  orden  que  había  de  tener.  Contóle  lo  que 
pasaba  y  sucedía  con  su  Señor  y  cómo  estaba  bien  acompaña- 
do de  muchos  Señores  y  capitanes  de  diversas  partes,  y  con 
intento  de  venir  con  toda  brevedad  sobre  el  tirano  y  los  demás 
sus  enemigos,  de  todo  lo  cual  el  viejo  se  holgó  mucho  y  le  dijo 
fuese  con  toda  priesa,  y  de  su  parte  hablase  con  su  hermana 
que  era  miger  del  Rey  de  allí,  para  que  alcanzase  lo  que  el 
Príncipe  su  Señor  pedía  y  su  cuñado  había  prometido.  Fué  el 
mensajero  por  la  Sierra,  porque  no  le  vieran  los  enemigos,  eí 
cual  se  perdió  entre  unos  peñascos,  que  no  pudo  por  algún  es- 
pacio de  tiempo  hallar  por  dónde  salir  de  aquella  espesa  mon- 
taña; y  estando  en  esto  se  le  apareció  un  animal  muy  fiero  y 
espantable  y  le  dijo  ciertas  palabras,  que  debía  de  ser  algún 
demonio  y  no  animal,  (anunciándole  en  aquéllas)  cómo  Nem- 
kualooyoÜ  sujetaría  á  sus  enemigos,  aunque  con  mucho  tra- 
bajo; y  luego  otro  animal,  no  tan  fiero  como  éste,  le  hizo  señas 
que  le  siguiese  (indicándole  por  ellas)  que  él  le  encaminaría 
para  donde  él  iba,  y  así  le  siguió,  y  le  fué  á  dejar  hasta  cerca 
de  Choleo^  en  donde  se  le  desapareció  en  breve  en  unos  mato- 
rrales, y  viéndose  cerca  de  la  ciudad  se  fué  para  dar  su  emba- 
jada y  aguardar  si  podía  ver  á  la  Reina,  para  primero  hablar 
con  ella,  la  cual  se  decía  tzin}  A  esta  ocasión  le  envió  sus  emba- 
jadores con  un  rico  presente,  dándole  las  gracias  de  sus  buenos 
sucesos.  Asimismo  Tilmatzin  su  hermano,  Señor  puesto  por  el  ti- 
rano MaxÜa,  vio  le  daba  obediencia  él  y  dos  hijos  de  su  hermana 
Tozcuentzin^  que  el  mayor  de  ellos  era  llamado  "por  la  dignidad 
"  de  su  oficio  ZihvxxcohuaÜ  que  se  llamaba  Chimalpopocá*^ — ^  ^ 

1  Tzin  es  solamente  la  partícula  reverencial:  de  manera  que  aquí  falta  el 
nombre  de  la  reina.  Y  sin  duda  hay  una  laguna  en  el  manuscrito,  pues  no  se- 
entiendo  bien  el  párrafo  que  sigue,  á  pesar  de  que  lo  he  separado  de  lo  ante- 
rior,  haciéndolo  comenzar  con  mayúscula,  la  cual  no  tiene  en  el  original. 

2  Con  vista  de  este  pasaje  no  puede  ya  quedar  duda  alguna  sobre  el  hecho 
de  que  se  trata  en  nota  precedente,  pues  además  de  lo  explícito  de  sus  pala- 
bras, vemos  en  él  paladinamente  distinguidos,  por  sus  nombres  propios,  la  dig- 
nidad y  la  persona  que  la  ejerce. — ^R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  219 

y  el  menor  IztacoyoÜ^  que  tenía  el  mismo  oficio  en  la  otra  par- 
cialidad de  la  ciudad  de  la  parte  que  dicen  de  los  Tlaylotiaques. 
Estos  hijos  tenía  Tozcuentzin  y  NonohualcaÜ  su  marido,  y  otros 
dos  menores  que  el  uno  se  decía  Acatentehuaizin,  y  la  otra  me- 
nor Tezcocazihuaizin^  y  vivían  sus  padres  en  Chimalpan,  sin  que 
Nezahucdcoyoizin  los  viese  (porque  estaban)  casi  escondidos; 
pero  NezaJiualcoyotzin  se  daba  muy  poco  (cuidado)  por  ellos. 
El  hermano  y  los  dos  sobrinos  que  estaban  por  el  tirano,  pedían 
merced  de  las  vidas  por  medio  de  dos  caballeros,  privados  de 
Nezahualcoyotzin^  que  rogaban  por  ellos,  llamados  Zemühuitzin 
y  TepayarUzin^  lo  cual  Nezahitalcoyoizin  se  los  otorgó  con  ciertos 
conciertos  que  con  ellos  hizo. 

Con  esto  acabó  el  autor  ó  autores  que  esta  original  y  anti- 
gua historia  pintaron,  por  no  haber  sucedido  más,  y  en  lo  que  se 
sigue,  son  de  otras  historias  y  Relaciones} 

1  El  párrafo  con  que  da  fin  el  autor  á  esta  Relación  fija  todas  las  incerti- 
dambres  que  naturalmente  ocurren  al  leer  las  precedentes  Belaciones,  con  res- 
pecto á  ese  monumento  que  aquél  llama  la  Original  historia^  y  que  tan  frecuen- 
temente cita,  ya  aisladamente,  ya  en  oposición  con  otros  antiguos  historiadores, 
que  no  conocemos.  Las  palabras  que  allí  he  marcado,  combinadas  con  las  lu- 
ces que  arroja  la  certificación  del  (Gobernador  y  Municipales  de  San  Salvador 
Qoatlacinco,  manifiestan  claramente  que  la  llamada  Original  historia^  es  na- 
da menos  que  la  interpretación,  ó  detallada  explicación  de  los  Anales  jeroglífi- 
cos é  históricos  de  Tezcuco,  escritos  ó  pintados  hacia  el  primer  tercio  del  siglo 
Xy  y  conserrados  aun  en  principios  del  XYII,  como  lo  indica  la  precitada 
certificación  y  lo  prueba  el  que  ellos  mismos  no  alcanzan  sino  hasta  el  tiempo 
de  las  guerras  suscitadas  por  Nezahualcoyoil  para  recobrar  su  trono,  las  cua- 
les se  dicen  acaecidas  hacia  el  año  1429.  Concluyese  de  todo,  que  el  monu- 
mento histórico  de  que  se  trata  es  uno  de  los  más  preciosos  y  auténticos  que 
poseemos,  teniendo  además  de  particular  que  su  mérito  intrínseco  ha  sido  gene- 
ralmente desconocido  por  los  historiadores  de  América,  que  han  reputado  obra 
ezclusiya  del  ingenio,  lecturas  é  investigaciones  de  Ixtlilxoehiil  la  que,  por 
decir  así,  no  es  más  que  una  traducción  en  escritura  vulgar,  de  los  Anales 
Texcucanofl  escritos  en  caracteres  jeroglíficos,  hace  más  de  cuairoeienios  años. 


DUODÉCIMA  RELACIÓN. 


De  Uu  vicUfría»  y  prósperos  sucesos  de  Nezahualcoyotl  hasia  la  restauroetón  de  la 
MonargvAa  Texeucasm  p  muerte  del  Urvmo  límztkL  > 


Los  Mexicanos  en  todo  este  tiempo,  desde  la  muerte  de  CíM- 
malpopoca  habían  pasado  grandes  trabajos  y  persecuciones  del 
tirano  Maxüa^  llevándole  demasiados  tributos  y  tales,  que  sus 
fuerzas  ni  buenos  ingenios  no  era  posible  sobrellevarlo,  y  HegxS 
á  tanto  que  le  llevaban  por  el  agua  jardines  con,  todos  géneros 
de  verduras  y  flores,  patos  y  garzas,  unos  con  sus  pollos  y  otros 
con  sus  huevos  echados,  y  así  de  otras  aves  laguneras;  y  no 
obstante  todo  esto  había  querido  forzar  á  la  mujer  legítima  de 
IzoohMoJtdn  ^  muchas  veces,  todo  por  (dar  ocasión  á)  que  vinie- 
sen á  un  rompimiento  para  acabar  de  destruir  á  todos  los  Me- 
xicanos; los  cuales  viéndose  con  tan  demasiados  trabajos  y 
vituperios,  entraron  en  consejo  todos  los  Señores^  capitanes  y 
gente  ilustre  y  acordaron  de  confederarse  con  Ntisahmilooyútxin^ 

1  Las  noticias  históricas  que  siguen  no  ion  menos  interesantes  y  preciosas 
que  las  precedentes,  pues  ya  se  ha  visto,  en  el  final  de  éstas,  que  su  compila- 
dor dice  haberlas  sacado— <i«  otras  historias  y  Relaciones— ^t  supuesto  muy 
antiguas,  pues  IxtlilxuehUl  escribía  las  suyas  en  los  primeros  afios  del  siglo 
XVII.  Debo  advertir  sin  embargo  que  la  noticia  que  copio  no  tíene  título  ni 
epígrafe  alguno  en  el  original,  pues  sigue  inmediatamente  ¿  la  precedente. 
Yo  le  he  dado  el  de  12^  Relación  en  obsequio  del  mejor  orden  y  regularidad 
de  la  obra. — K. 

2  lizcoatl. 


222  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

legítimo  sucesor,  así  porque  venía  también  sobre  ellos  y  esta- 
ban declarados  por  traidores  contra  su  padre  el  Rey  Ixtlüxu- 
chiü^  como  por  otras  muchas  razones  que  acerca  de  esto  se 
hallaron,  y  así  acordaron  de  enviarle  sus  embajadores,  y  en- 
viaran á  Moieczuma^  su  primo,  legítimo  sucesor  del  reino  de 
México  y  á  otros  dos  caballeros,  el  uno  llamado  Totopilatl  y  el 
otro  Telpoxj  embajadores  de  los  Reyes  Ixcohuoizin  de  Tenuch- 
titlan  y  OuauhUatohiuitzin  de  Tlatelulco,  porque  á  esta  ocasión 
sucedió,  que  demás  de  todo  lo  referido,  los  tenía  cercados  y 
para  acabarlos  de  destruir  con  grandes  guerras,  defendiéndose 
los  Mexicanos  valerosamente.  Fueron  los  embajadores  para 
Aculhuacan  con  toda  brevedad,  en  donde  fueron  presos  por  los 
de  las  fronteras,  y  por  ser  tan  grandes  Señores  no  los  mataron, 
sino  que  los  llevaron  delante  de  NezahualcoyoÜ^  porque  estaban 
declarados  por  sus  enemigos  y  traidores  contra  el  Estado  Tex- 
cucano. 

Visto  por  NezahiudcoyoÜ  á  los  embajadores,  que  el  uno  era 
su  primo  hermano  y  los  otros  sus  deudos  muy  cercanos,  los 
mandó  soltar  y  hizo  muchas  mercedes,  y  les  mandó  dgeran  su 
embajada.  Ellos  dgeron  á  lo  que  venían  y  cómo  los  Reyes  y 
Señores  y  República  Mexicana  (le  suplicaban)  les  perdonase 
en  lo  que  le  habían  ofendido  á  él  y  á  sus  padres  y  deudos,  que 
no  habían  tenido  ellos  la  culpa,  sino  los  Reyes  tíranos  Tepa- 
necas,  dando  otras  muchas  disculpas  y  justificando  su  causa,  y 
que  ellos  se  ofrecían  de  ayudarle  en  todo  lo  que  les  ocupase 
y  mandase,  y  que  fuese  á  socorrerlos  con  su  ejército  con  bre- 
vedad, porque  estaban  en  punto  de  perderse  todos,  y  que  era 
ya  tiempo  para  ir  sobre  el  tirano,  y  en  buena  ocasión  estando 
ellos  libres.  Últimamente,  otras  muchas  razones  le  dijeron,  no 
con  pocas  lágrimas,  de  lo  cual  se  enterneció  mucho  y  le  dio 
pena  de  saber  que  sus  tíos  y  deudos  padeciesen  tantos  traba- 
jos y  persecuciones,  dando  crédito  de  todo  por  la  calidad  de 
las  personas,  como  se  los  dijo  á  ellos  propios,  porque  si  fueran 
otros  de  menor  calidad  les  mandara  quitar  las  vidas.  Al  tiempo 
que  llegaron  andaba  NezahualcoyoÜ  muy  ocupado  en  el  campo 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  223 

donde  estaba  alojado  su  ejército  dando  orden  para  ir  sobre  los 
Tepanecas. 

Y  luego  mandó  á  su  primo  y  áloddpox  ^  con  OimuhÜeJmani'' 
izin  fuesen  á  Choleo  y  dijesen  á  TozitecuhÜi,  Señor  de  allí,  en- 
viase con  toda  brevedad  la  gente  de  guerra  que  le  había  pro- 
metido, porque  ya  era  tiempo,  y  que  le  dijesen  la  embajada 
que  enviaban  los  Mexicanos,  dejando  á  TotopUoÜ  como  por  vía 
de  rehenes.  (Los  otros  embajadores  se  pusieron  en  camino 
para  mejor  facilitar  el  éxito  de  su  encargo,  y)  llegados  á  Choleo 
(luego)  fueron  presos  y  puestos  en  unas  jaulas  y  en  guarda  de 
un  hermano  del  Señor,  porque  eran  Mexicanos  y  enemigos  de 
NezahualcoyoÜ^  no  dando  crédito  á  todo  lo  que  decían.  Dice 
D.  Alonso  Axayaea  en  su  historia,  que  fué  avisado  Nezahuol- 
eoyotl  de  esto  y  luego  envió  otros  mensajeros,  mandando  que 
luego  los  soltaran,  y  así  los  soltó;  (pero  que  también  inmedia- 
mente)  envió  á  decir  á  NezahualcoyoÜ  que  no  le  quería  ayudar 
en  cosa  ninguna,  pues  había  hecho  paces  con  los  Mexicanos 
sus  notorios  enemigos  y  traidores  contra  su  padre.  En  las  jtwn- 
turas  y  otras  Relaciones  se  halla  y  parece  que  el  Señor  de 
Choleo^  viendo  que  Nezahuolcoyoizin  había  hecho  amistad  con 
los  Mexicanos,  recibió  mucha  pena  y  mandó  prenderlos  y  po- 
nerlos en  cobro,  dándoselos  á  guardar  á  un  hermano  suyo,  y 
que  avisó  á  MaxÜa  de  todo  lo  que  había,  enviándole  á  dechr 
(preguntándole  ó  consultándole)  qué  era  lo  que  mandaba  hi- 
ciese de  ellos  y  (protestándole)  que  él  ya  no  ayudaría  á  Nem- 
hiudcoyotzin,  sino  que  antes  sería  contra  él  y  volvería  por  las 
causas  de  los  Tepanecas.  El  Rey  MaoMa  le  respondió  con  gran 
soberbia  y  afrentosas  palabras  que  era  un  tal,  que  no  pensase 
que  lo  había  de  engañar  por  allí,  que  él  lo  castigaría  con  las 
armas  y  que  soltara  los  presos;  los  cuales  luego  aquella  noche 
el  caballero  que  los  guardaba,  teniendo  lástima  de  ellos,  los 
soltó  y  mandó  se  fuesen  con  todo  el  secreto  posible,  porque  no 
fuesen  vistos.    Llegados  los  mensajeros  y  oída  por  Tozitecuhtl 

1  Antes  le  llama  Telpox. 


224  OBRAS   UISTÓaiCAS  DE 

la  descomedida  respuesta  (de  MaxÜa)  mandó  soltar  los  presos 
y  traerlos  ante  sí.  El  hermano  le  dijo  cómo  ya  se  hablan  huido, 
el  cual  viendo  esto  le  pesó,  y  luego  por  la  posta  envió  otros 
mensajeros  á  NezahmUcoyotl,  enviándole  á  decir  que  le  perdo- 
nase, que  ya  él  juntaba  á  gran  priesa  su  gente  para  ayudarle 
en  todo  lo  que  fuese  servido. 

Los  embajadores  que  habían  escapado  caminaron  toda  aque- 
lla noche  y  al  amanecer  estaban  ya  en  Texcuco  y  contaron 
todo  lo  que  les  había  sucedido,  de  lo  cual  recibió  notable  pena 
NezahucUooyotzin.  Luego  de  allí  á  pocas  horas  llegaron  los  men- 
sajeros del  Señor  de  Choleo^  los  cuales  dada  su  razón,  les  res- 
pondió NezahualcoyoÜ  muy  enojado,  que  no  quería  su  ayuda, 
sino  que  antes  él  iría  sobre  Choleo  y  con  las  armas  le  mostra- 
ría su  valor  y  el  término  que  se  le  debía  á  él  y  á  todas  sus  co- 
sas, la  cual  respuesta  fué  causa  para  que  el  Señor  de  Gudeo 
se  declarase  luego  por  enemigo  de  NezahualcoyoÜ;  y  puso  sus 
fronteras  hacia  la  parte  de  Texcuco,  mandando  que  á  ninguno 
de  los  Aculhuas  dejasen  entrar  ni  contratar  en  sus  tierras,  pe- 
na de  la  vida  al  uno  y  al  otro,  de  lo  cual  costó  muchas  vidas 
y  de  lo  mejor  de  México  y  de  Texcuco,  porque  era  el  más  po- 
deroso Señor  que  había. 

Nezahualooyotzin  se  daba  priesa  en  juntar  su  ejército  y  las. 
demás  cosas  necesarias  para  la  guerra,  pues  aunque  tenía  alo- 
jados muchos  soldados  cerca  de  la  ciudad,  (todavía)  eran  po- 
cos por  la  grandeza  y  poder  grande  que  tenía  el  Tirano,  y  así 
él  iba  apercibiendo  sus  gentes.  Iban  llegando  muchos  soldados 
de  diversas  naciones  remotas,  y  así  como  llegó  su  primo  (Mo- 
teczuma)  con  la  embajada,  envió  á  los  otros  dos  sus  compañe- 
ros á  México  con  la  resolución  de  su  embajada,  enviándoles  á 
decir  cómo  de  allí  á  tres  días  estarla  en  México,  quedando  so- 
lo Moteczmiaen  Texcuco;  ^  y  dieron  la  respuesta  de  su  embaja- 


1  En  toda  esta  Relación  se  usa  en  el  manuscrito  la  ortografía  Tezcuco;  pero 
aun  cuando  es  correcta  según  la  pronunciación  acolbua,  para  evitar  difercn» 
cías,  he  creído  conveniente  seguir  empleando  la  mexicana  Texcuco. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHITL.  225 

da,  de  lo  cual  se  holgaron  y  animaron  mucho  los  Mexicanos^ 
porque  ya  se  tenían  por  perdidos. 

A  esta  ocasión  el  Tirano,  demás  de  los  agravios  referidos, 
había  enviado  su  grueso  ejército  sobre  México  y  declarado  á 
los  Mexicanos  por  sus  enemigos,  porque  tuvo  noticia  de  la  con- 
federación y  trato  con  Nezdhualcoyoizin^  y  puso  sus  fronteras 
haciendo  unas  casas  fuertes  y  albarradas,  para  que  si  sus  ene- 
migos no  se  pudiesen  vencer  en  un  día  ó  días,  se  acogiesen  de 
noche  (sus  tropas)  á  estos  lugares.  Los  Mexicanos  hacían  lo 
propio  en  el  peltrechar  á  su  Ciudad  y  apercibir  sus  soldados, 
y  así  una  madrugada  entendiendo  los  Tepanecas  que  estaban, 
muy  descuidados,  dieron  sobre  ellos;  más  luego  les  salieron  al 
encuentro,  casi  cerca  de  los  muros  de  la  Ciudad,  en  donde  tu- 
vieron una  cruel  batalla,  muriendo  de  ambas  partes  mucha 
gente,  hasta  que  la  noche  los  departió.  ^ 

Viendo  esto  el  Rey  Izcohuatzin  y  CuauhÜatohuatzin^  envisu'on 
otra  vez  otros  mensajeros  para  dar  aviso  á  Nezahualcoyott  de 
todo  lo  que  les  babía  sucedido  y  (pidiéndole)  que  viniese  con 
brevedad  porque  se  temía  que  serían  perdidos  si  no  les  soco- 
rría con  brevedad.  Nezahualcoyotzin  entretanto  que  sucedían 
estas  cosas,  había  enviado  cuatro  mensajeros  al  Señor  de  Hue- 
xutlay  á  quien  había  encargado  la  gente  de  todos  los  lugares  de 
aquel  lado  los  juntase  para  que  los  trajese,  que  ya  él  estaba 
apercibido  y  de  camino  para  México,  Fueron  por  mensajeros 
Xiconacaizin,  hermano  de  Nezahualcoyotzin,  y  otros  tres  princi- 
pales; y  llegados  que  fueron  y  oída  su  embajada  por  el  Señor 
de  Huexuüa,  la  respuesta  fué  mandarlos  hacer  pedazos  en  la 
plaza  de  la  Ciudad,  después  de  haberles  dicho  que  ellos  no  que- 
rían ir  contra  los  Tepanecas,  que  eran  sus  amigos,  puesto  que 
Nezahualcoyotl  tenía  amistad  con  los  Mexicanos.  Esta  crueldad 

1  Al  anotar  la  Historia  Chicbimeca,  haremos  notar  la  diferencia  que  hay 
sobre  el  modo  de  considerar  esta  guerra,  entre  el  historiador  texcocano  y  los 
cronistas  mexicanos.  Esto  es  importante,  porque  de  estos  sucesos  dependió  el 
nuevo  modo  de  ser  político  y  social  de  los  pueblos  del  Anahuac,  tal  como  lo 
encontraron  los  españoles.  * 

Tomo  1—15 


226  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

y  poco  miramiento  de  este  Señor,  fué  porque  le  pesó  mucho 
cuando  tuvo  noticia  que  Nezahualcoyoinnlháblsi  hecho  amistad 
con  los  Meoncanos^  y  atrevióse,  por  tener  mucha  gente  aperci- 
bida para  sí  y  no  para  su  Señor,  para  lo  que  le  sucediese. 

Al  tiempo  que  (NezahucUcoyoil)  supo  esto,  acababan  de  llegar 
los  mensajeros  de  México  á  gran  priesa,  dándole  razón  de  su 
mensaje  y  que  se  partiera  luego;  y  por  otra  parte  su  pri- 
mo (Moteczuma)  hacía  lo  propio;  de  suerte  que  sintió  mucho 
esta  vergüenza  y  caso  atroz,  (aunque)  no  tuvo  lugar  para  cas- 
tigarlo dejándolo  para  después  para  más  espacio;  y  con  tanto 
se  partieron  con  todo  el  ejército  de  más  de  cuatrodentaa  mü^ 
personas  por  la  Laguna  en  canoas  y  otros  por  el  camino  de  Jz- 
iapalapan;  de  suerte  que  otro  día  de  mañana  vieron  venir  por 
agua  y  por  tierra  los  Tepanecas,  muchísima  multitud  de  solda- 
dos, de  lo  cual  recibieron  grandísima  tristeza  y  avisaron  á  sü 
Rey  para  que  se  diese  priesa  de  juntar  toda  la  gente  que  pu- 
diese; y  así  teniendo  noticia  de  esto,  envió  á  apercibir  a  los 
Reyes  y  Señores  que  le  habían  dado  palabra  de  ayudarle,  pa- 
ra que  con  toda  brevedad  la  enviasen,  encareciéndoles  la  ne- 
cesidad en  que  estaban  y  prometiéndoles  muchas  mercedes;  y 
estaba  la  tierra  tal  y  tan  revuelta,  que  unos  prometían  y  otros 
se  hacían  sordos;  (de  suerte)  que  fué  de  muy  poco  efecto  la 
ida  de  los  mensajeros,  aunque  algunos  Reyes  y  Señores  cer- 
canos, con  toda  diligencia  le  enviaron  gentes  y  todo  lo  necesa- 
rio, como  era  el  de  Xuchimilco^  Tlacopan  y  otras  partes. 

NezdhualcoyoÜ  se  desembarcó  en  TlcUdulco  en  donde  le  sa- 
lieron (á  recibir)  su  tío  el  Rey  IzoohucUzin  y  Cuauhtlatohuatzin 
con  toda  la  gente  ilustre  de  la  Ciudad  y  haciéndose  muchos 
cumplimientos;  y  queriéndole  llevar  enmedio  sus  tíos,  no  qui- 
so sino  que  tomó  enmedio  á  su  tío  el  Rey  y  él  (se  puso)  á  la 
parte  derecha  y  Guauhüatohmtzin  á  la  siniestra,  y  fueron  dere- 

1  Bs  muy  común  en  nuestros  historiadores  hablar  de  ejércitos  de  cientos  de 
miles  de  hombres,  ai  se  estudia  la  corta  extensión  de  los  Señoríos,  así  como  la 
de  sus  principales  ciudades,  y  se  calcula  el  número  de  habitantes  que  podían 
tener,  se  verá  que  tales  cifras  son  exageradas  en  extremo. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.        227 

chos  á  los  Palacios  de  Izcohuatzin^  en  donde  fueron  regalados 
y  servidos,  y  en  este  día  dieron  orden  de  aderezar  y  componer 
los  ejércitos,  repartiéndolos  en  tres  partes,  y  los  Meodcanos  die- 
ron otros  cien  mil  soldados  de  guerra  y  todo  lo  necesario.  To- 
mó (el  Príncipe)  para  sí  doscientos  mil  soldados  de  la  nación 
Chichimeca^  y  les  mandó  que  todos  llevasen  armas  blancas  y 
llanas  sin  plumería.  Otros  doscientos  mil  (dio)  á  su  tío  el  Rey 
Izcohuaizin;  otros  ciento  y  tantos  mil  á  su  primo  Moteczuma^  y 
dióles  orden  de  lo  que  habían  de  hacer,  porque  otro  día  de  ma- 
ñana, antes  del  alba,  habían  de  ir  sobre  sus  enemigos,  toman- 
do Nezáhualcoyotzin  hacia  la  parte  de  Tenuchtitlan^^  y  Izcohuoizin 
su  tío,  hacia  las  fronteras  y  casas  fuertes  que  los  Tepanecas  te- 
nían hechas,  y  su  primo  Moteczuma  hacia  Tlacopan.  dejando  la 
ciudad  con  gente  de  guerra  y  guardas  hacia  la  parte  de  Xuchi- 
milco^  Culhuacan  y  otras  partes,  porque  eran  amigos  de  la  parte 
del  Tirano;  y  así  llegado  el  día,  antes  que  amaneciese,  se  puso 
Nizihualcoyotl  las  armas  que  solían  ser  de  sus  antepasados, 
para  que  fuese  conocido  de  sus  vasallos,  y  lo  mismo  hizo  el 
Rey  Izcohuaizin  y  Moteczuma^  y  despidióse  de  ellos,  dejándoles 
dicho,  que  cuando  viesen  encender  una  llama  de  fuego  en  el 
cerro  de  Cuauhtepetl,  que  es  hacia  el  cerro  de  Nuestra  Señora 
de  Guadalupe^  acudiesen  todos  con  gran  ímpetu,  que  lo  mismo 
haría  él  con  los  suyos  dando  principio  á  la  batalla;  y  así  fué 
que  ya  su  ejército  estaba  cerca  lo  más  de  él  en  el  campo  y  fal- 
das de  la  sierra  llamada  CuauhtepeiL 

Los  Capitanes  y  Señores  murmuraban  de  él  en  ver  que  los 
Señores  de  México  habían  puesto  muy  bizarramente  á  todos 
los  Señores  y  Capitanes  que  les  cupo,  y  ellos  que  eran  muy 
valerosos  y  todos  de  lo  mejor  de  la  tierra  (iban)  con  armas  blan- 
cas. Corridos  de  esto,  no  lo  decían  tan  en  secreto  que  no 

1  No  concuerda  ]a  dirección  hacia  Tenocbtitlan,  con  marchar  por  el  cerro 
de  Cuauhtepetl  por  la  sierra  del  Tepeyac,  hoy  Guadalupe.  La  verdad  es  que 
loe  mexicanos  marcharon  sobre  los  tepanecas  por  la  calzada  que  unía  á  Méxi- 
co con  Atzcapotzalco,  y  Nezahualcoyotl  subió  de  la  otra  parte  del  lago  por  la 
sierra  del  Tepeyac,  para  caer  sobre  el  flanco  del  enemigo.  Llama  la  atención 
táctica  y  estrategia  tan  adelantadas  en  aquellos  pueblos. 


228  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

lo  oyera  Nezahualcoyotzin^  el  cual  viendo  esto  los  consoló  di- 
ciéndoles  que  parecían  jazmines  en  los  campos  y  faldas  del  ce- 
rro Cuauhtepeüj  que  por  haber  romance  de  ello  no  se  declara 
más,  de  que  dándoles  á  entender  la  causa  de  que  su  Señor 
los  trataba  de  este  modo,  se  consolaron  y  hecha  la  seña  dieron 
sobre  sus  enemigos,  en  donde  tuvieron  éste  y  otros  cknto  ca- 
torce dios  grandes  y  crueles  batallas,  muriendo  de  ambas  par- 
tes (mucha  cantidad  de  gente)  con  grandísimas  crueldades  y 
otras  cosas  señaladas  que  sería  largo  de  contar  por  Relación 
de  todo.  Al  fin  de  estos  días  después  de  haber  ganado  las  fron- 
teras y  casas  fuertes,  con  otros  muchos  lugares,  fueron  entran- 
do por  la  Ciudad  de  AzcapiUzalco,  siendo  el  primero  Nczahual- 
coyotzin  con  su  ejército,  asolando  casas  y  derribando  y  queman- 
do los  templos  que  hallaban  por  delante;  y  entrando  iVézaAim/- 
coyotl  por  la  ciudad,  los  grandes  de  Azcaputzalco]  viendo  su 
perdición,  fueron  tras  de  su  Rey,  que  se  iba  á  esconder  en  su 
Temazcal  que  estaba  en  un  jardín,  que  es  un  baño;  y  con  gran- 
de vituperio  lo  llevaron  casi  arrastrando  delante  de  Nezahual- 
coyotzin,  diciéndole  que  allí  estaba  para  que  hiciese  su  Alteza 
lo  que  fuese  servido  de  él;  que  si  no  fuera  por  él  y  sus  pasa- 
dos, que  siempre  habían  sido  amigos  de  tiranías,  no  hubiera 
habido  tantas  muertes  de  guerras  y  padecido  las  Repúblicas. 
Estas  y  otras  muchas  razones  dijeron  á  NezahucUcoyotzin,  el 
cual  mandó  luego  hacer  enmedio  de  la  plaza  un  cadalso  gran- 
de, en  donde  lo  sentenció  y  mató  por  su  mano,  sacándole  el 
corazón  y  la  sangre  de  él  derramándola  por  cuatro  partes,  y 
al  cuerpo  mandó  le  hicieran  las  honras  y  entierro  con  toda  so- 
lemnidad como  á  tal  Señor  le  convenía.  Hallando  todos,  Re- 
yes, Señores,  soldados  y  gente  común  en  esta  ocasión  de  su 
muerte,  pidiéndoles  Nezahtuilcoyotzin  la  justificación  de  esta 
causa,  después  de  haber  tratado  con  él  muchas  cosas,  el  cual 
él  propio  confesó  merecerlo  por  las  causas  atrás  referidas.  ^ 

1  Por  lo  defectuoso  de  la  locución  y  quizá  aun  lo  trunco  del  pasaje,  no  se 
comprende  si  el  autor  quiso  decir  que  la  justicia  de  la  ejecución  fué  reconoci- 
da por  Maxtla  6  por  sus  Magnates.— R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  229 

Después  de  haber  hecho  todo  esto,  comenzaron  los  ejércitos 
á  proseguir  la  destrucción  de  la  ciudad.  Mandó  que  de  allí 
adelante  no  fuese  sino  un  lugar  donde  se  vendiesen  esclavos, 
por  ignominia  suya,  y  luego  después  de  haberla  destruido,  fue- 
ron sobre  Tenayuca  y  Tepanohuayan:  (allí)  hicieron  lo  propio 
y  (prosiguiendo)  á  TuUitlan^  Ouauhtitlan  y  Xaltocan^  y  en  otras 
provincias,  pueblos  y  lugares  sujetos  á  este  reino,  y  dado  orden 
á  sus  fronteras  que  pusieran  hacia  aquel  lado  y  revolvieran 
sobre  Tamba  (en  donde)  también  hubo  grandísima  resistencia, 
como  en  las  demás  partes,  aunque  luego  fué  vencida;  y  luego 
(pasaron)  á  Coyohtcacan  y  Culhuacan^  en  donde  (se  detuvieron) 
y  no  quisieron  pasar  más  adelante  por  este  año,  (dejándolo) 
hasta  el  siguiente;  ocupándose  en  estas  cosas  algunos  meses 
y  lo  restante  de  él  en  rehacer  su  ejército.  Hicieron  muchas  y 
muy  solemnes  fiestas  á  sus  dioses  y  sacrificaron  algunas  per- 
sonas graves  y  señaladas,  según  los  ritos  y  costumbres  Mexi- 
cana y  Tulteca.  Quisieron  los  Reyes  y  Señores  jurar  á  iVeza- 
hiudcoyotzm  por  Chichiniecatl  TecuhÜi,  como  su  padre  y  abuelos 
lo  habían  sido  por  legítima  sucesión  y  valor.  No  quiso,  deján- 
dolo para  de  allí  á  dos  ó  tres  años,  porque  quería  recobrar  todo 
lo  más  principal  del  imperio. 

Acordándose  Nezahualcoyotzin  de  lo  de  HuexuUa  y  de  otras 
cosas,  acordó  de  ir  otra  vez  sobre  Texcuco,  y  tornarlos  á  suje- 
tar á  fuego  y  sangre,  porque  fué  avisado  que  su  cufiado  Nono- 
hualcaü  y  otro  caballero  llamado  Toxihui^  habían  intentado 
novedad  contra  él  y  en  favor  de  los  Tepanecas  de  Azcaputzalco^ 
con  consentimiento  de  todos  los  grandes  del  reino,  especial- 
mente el  de  HuexuUa;  y  como  era  nobilísimo  de  condición 
Nezáhualeoyoizin^  aunque  belicoso,  quiso  primero  llevarlo  por 
buenas  palabras,  y  cuando  no  fuese  por  esta  vía,  hacer  lo  que 
tenía  intentado;  y  así  envió  á  sus  mensajeros  enviándoles  á  de- 
cir de  los  buenos  suceso»  y  victoria  que  había  tenido  y  cómo 
no  le  habían  enviadp  socorro  üi  cosa  lúnguna,  que  le  avisasen 
la  causa  de  ello.  ííllos  respondieron  que  estaban  muy  sentidos 
de  la  muerte  del  gran  Maxtta  y  con  propósito  de  vengarla,  por- 


230  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

que  eran  sus  amigos  los  Tepanecas;  que  (en  cuanto  á)  socorro 
podía  estar  muy  descuidado  de  él,  pues  no  se  lo  habían  queri- 
do enviar  ni  se  lo  enviarían,  si  no  fuera  contra  él  y  los  traido- 
res Mexicanos  sus  enemigos,  (mezclando  esto)  con  otras  mu- 
chas palabras  descomedidas; por  lo  cual  Nezahualcoyotzin  viendo 
su  desvergüenza,  juntó  sus  gentes  y  dejada  orden  en  las  fron- 
teras que  tenía  puestas  hacia  la  parte  de  los  enemigos  y  (po- 
niendo en)  las  ciudades  sujetas  personas  que  mirasen  por  ellas 
y  no  se  tornasen  á  rebelar,  se  fué  para  la  vuelta  de  Texcuco  con 
su  tío  el  Rey  Izcohuatún  y  su  primo  Moteczuma  y  otros  caballeros 
y  Señores  de  México  y  otras  partes;  y  llegados  una  madrugada 
sobre  Texcuco^  tuvieron  aquel  día  una  muy  cruel  y  reñida  ba- 
talla, en  donde  murieron  muchas  gentes  de  ambas  partes,  y  los 
siguientes  estuvieron  sobre  la  ciudad  peleando  (ó  disputando) 
los  cercados  (que  les  servían  como  de  parapetos)  defendiéndo- 
se valerosamente  de  los  de  Nezahualcoyotzin^  hasta  que  á  lo  úl- 
timo de  ello,  no  pudiéndose  sustentar,  una  noche  se  fueron 
huyendo  para  las  Sierras  de  Tlaloc  con  sus  Señores  TlUlacotzin 
de  Huexuila^  Nonohualcaizin  y  los  demás.  Y  reconociendo  los  de 
NezahxudcoyoÜ  que  se  iban  huyendo  y  desamparando  la  ciudad 
fueron  tras  de  ellos  y  no  pudieron  alcanzar  sino  muy  pocos, 
porque  luego  se  escondieron  por  las  ásperas  montañas  y  sie- 
rras. Oído  por  NezahualcoyoÜ  esto,  mandó  quemar  y  derribar 
algunos  templos  en  memoria  de  esta  "batalla,  y  dada  orden  á 
la  ciudad  y  dejando  personas  que  la  gobernasen  y  tuviesen 
cuidado  de  ella,  se  volvieron,  pasando  primero  de  camino  por 
Huexutla^  CohmiÜichan^  Cohuaiepec  y  Iztapalocan,  haciendo  lo 
que  en  Texcuco  y  poniendo  fronteras  hacia  la  parte  de  Chalco, 
CuiUahuac  y  Xochimilco^  vinieron  por  Iztapalapan,  en  donde  se 
eñibarcaron  para  México^  y  llegados  á  Tmuchtülan,,  hiciéronse 
fiestas  y  dieron  orden  para  ir  sobre  Xochimüco,  que  ya  se  acer- 
caba el  tiempo;  y  no  sujetaron  entonces  á  Aculma^  Otumba  y 
otras  provincias  sigetas  de  Texcuco  por  la  ocasión  de  haber  tan 
poco  lugar,  dejándolo  para  otra  ocasión. 
El  año  siguiente  de  1429,  que  entró  en  la  figura  ome  calli, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  231 

como  estaba  ya  apercibido  Nezahualcoyotún  con  su  ejército, 
fué,  después  de  haber  enviado  á  requerir  á  los  Señores  de  -Xb- 
chimüco^  que  era  una  ciudad  muy  fuerte  y  cercada  de  agua  y 
otras  defensas,  cabecera  de  una  provincia  ó  reino  de  esta  na- 
ción, que  (de  sus  Señores)  el  más  principal  de  ellos  ó  cabeza 
se  decía  Yacopaintzin;  (fué,  digo,  y  lo  hizo  requerir  para  que 
le  prestaran  obediencia)  el  cual  y  los  demás  jamás  quisieron 
consentir  tal,  antes  respondieron  (estar  resueltos  á)  defender 
sus  tierras.  Visto  esto  por  Nezahualcoyotzin  fué  sobre  ellos  con 
su  ejército  de  soldados  y  capitanes  que  le  seguían,  sin  llevar 
ningún  Mexicano  y  todos  con  armas  (ó  armaduras)  blancas  y 
llanas  como  otras  veces  lo  habían  hecho,  y  presentada  la  bata- 
lla se  dio  este  día  y  otros,  en  donde  murió  mucha  gente  Xu- 
chimilca,  aunque  pocos  de  los  de  Nezahualcoyotzin^  por  ser 
gente  tan  valerosa;  y  al  cabo  de  los  cuales,  después  de  haber 
ganado  las  fuerzas  y  defensas  de  los  Xuchimilcas,  entraron  por 
la  ciudad  y  plaza  principal,  donde  murió  asimismo  mucha  gen- 
te, que  fué  causa  para  que  el  Señor  y  demás  inferiores,  viendo 
su  destrucción,  pidieran  merced  de  las  vidas,  la  cual  Nezahucd- 
coyotzin  se  la  otorgó  con  ciertos  conciertos;  y  dejada  la  orden 
y  guarda  de  la  ciudad,  se  volvió  á  México,  donde  fué  bien  reci- 
bido y  se  hicieron  grandes  fiestas. 

En  este  mismo  tiempo  acordó  Nezahucdcoyotzin  de  acabar  de 
sujetar  lo  que  restaba  de  su  reino,  porque  era  ya  tanta  la  des- 
vergüenza de  los  enemigos,  que  á  muy  pocas  leguas  de  la  ciu- 
dad se  le  andaban  haciendo  fiesta  con  gente  y  ejércitos  de 
guerra,  y  así  juntó  sus  gentes  con  algunos  Mexicanos,  él  por 
su  persona,  y  su  tío  Izcohuatzin  y  Moteczuma,  repartiéndoles  la 
gente  á  cada  uno  su  parte,  fueron  en  demanda  de  su  prosecu- 
ción, y  en  la  primera  parte  donde  le  salieron  al  encuentro  sus 
enemigos,  fué  en  CohuaÜichan,  á  dos  leguas  de  la  ciudad,  en 
donde  tuvieron  alguna  resistencia,  mas  luego  los  llevaron  de 
vencida;  y  otra  en  Nepóhuolco^  hasta  Aeulhuacan^  en  donde  es- 
taba un  grueso  ejército  en  la  misma  puente,  que  para  poderla 
ganar  y  pasar  al  otro  cabo  del  río,  se  padeció  mucha  necesidad 


232  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

y  muerte  de  algunos  soldados  y  capitanes,  los  más  valerosos 
de  Nezahualcoyotzin^  por  ser  los  delanteros;  mas  luego,  aunque 
era  ya  tarde  y  algo  obscuro,  fueron  vencidos  los  guardas  y  se 
retiraron  hacia  ChicuhnaiUla,  y  el  ejército  de  Nezahualcoyotl 
durmió  esta  noche  en  las  riberas  del  río,  en  las  partes  más  aco- 
modadas, y  dieron  orden  esta  noche  de  lo  que  se  debía  de  ha- 
cer el  día  siguiente,  lo  cual  se  hizo,  sujetando  á  Chicuhnaidla^ 
Tepechpa^  Acidma^  Tecoyucan  y  otras  partes,  aunque  en  Aculma 
tuvieron  mucha  resistencia,  por  estar  aquella  ciudad  tan  forti- 
ficada de  muchos  y  valerosos  capitanes  Tepanecas  que  habían 
escapado;  mas  al  tercer  día  después  que  salieron  de  México, 
fué  vencida  con  harta  mortandad,  quemando  templos  y  derri- 
bando casas,  y  dada  orden  pasaron  á  Teotihuacan^  á  CuauJiÜa- 
tzinco  y  Axapuzco  y  Otumpan  y  otros  lugares,  en  donde  tuvie- 
ron algunas  escaramuzas  y  defensas,  y  dieron  la  vuelta  sobre 
Aziaquenaca  y  Zempoala  que  se  había  rendido  y  dado.  Los  de 
Tepepulco,  Ahudtepec  y  otras  partes  vinieron  con  alguna  gente 
y  comida  de  refresco,  los  cuales  siempre  habían  sido  fieles  en 
favor  de  su  legítimo  Señor,  y  dieron  vuelta,  después  de  haber 
dado  orden  todas  las  cosas  tocante  á  este  efecto,  para  TlaUeca- 
pan  y  vinieron  á  salir  por  Cuauhtitlan  con  muchos  presos  y  los 
despojos  de  todos  los  lugares  sujetos.  Llegados  á  México  se 
hicieron  muchas  fiestas  y  sacrificios  á  los  dioses  en  memoria 
de  esta  victoria,  sacrificando  algunos  capitanes  y  hombres  va- 
lerosos, aunque  pocos,  según  después  se  usó  ^ 

Y  al  cabo  de  algunos  años  fué  acordado  entre  Nezahualeoyo- 
tzin  y  TzcohtuUzin^  que  en  el  pueblo  de  Tlacopan  se  hiciese  un 
Señor  que  fuese  en  lugar  de  Maxtla^  Señor  que  fué  de  Azca- 
putzalco,  lo  cual  se  hizo  nombrando  por  Señor  de  los  Tepane- 

1  Aquí  está  cortada  la  narración  por  una  nómina  de  pueblos  dispuesta  en 
cuatro  columnas,  con  el  título — Pintura,  de  México. — No  encontrando  quo 
ella  tenga  conexión  alguna  con  el  asunto  que  aquí  so  versa,  la  he  suprimido 
en  este  lugar,  reservándola  para  el  fin  de  la  obra,  en  donde  se  copiará  literal- 
mente. Lo  que  sigue  forma  su  continuación,  que  en  mi  juicio  es  un  fragmento, 
á  no  ser  quo  aquí  haya  una  bien  grande  laguna. — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  233 

ñecas  á  TotoqaihuaMi^  de  manera  que  el  Señor  de  Texcuco  y  el 
do  México  fueron  ¡guales  en  el  Señorío,  y  el  Señor  de  Tlacopan 
no  fué  tanto  como  cada  uno  de  ellos.^ 

Pasado  todo  lo  referido,  algunos  de  los  principales  de  Tex- 
cuco y  una  hermana  de  Nezahtialcoyotzin  y  su  marido  Nono- 
hualcaU  y  el  Señor  de  Huexutla^  Cohuatlichan  y  Cohuaiepec,  que 
eran  los  que  habían  sido  contra  él,  temiéndose  que  por  la  trai- 
ción que  habían  hecho,  los  castigaran,  acordaron  de  se  ir  y 
ausentarse,  como  lo  hicieron.  Unos  se  fueron  á  Tlaxcala  y 
otros  á  Huetzutzinco  y  otros  á  Choleo^  y  con  ellos  se  fué  mucha 
gente,  de  los  cuales  hoy  en  el  día  hay  descendientes  de  ellos 
en  estos  lugares;  y  sabiendo  Nezahualcoyotzin  que  aquellos 
principales  se  iban,  mandó  que  fuesen  tras  ellos  y  los  hiciesen 
volver,  los  cuales  respondieron  que  les  perdonase,  que  no  po- 
dían volver,  porque  no  querían  vivir  en  Texcuco  y  así  se  fue- 
ron. Nezahualcoyotzin  mandó  á  ciertos  mensajeros  que  fuesen 
á  México  y  que  trajesen  algunos  oficiales  de  todos  los  oficios 
para  Texcuco,  los  cuales  sabiendo  la  voluntad  de  Nezahualco- 
yotzin fueron  muchos  y  les  dieron  tierras  en  que  viviesen,  y 
luego  mandó  que  se  hiciese  una  casa  grande  para  sus  ídolos, 
lo  cual  luego  se  puso  en  obra  y  se  hizo  un  Cü  y  una  casa  ma- 
yor que  ninguna  de  cuantas  hasta  entonces  se  habían  hecho. 

Y  asimismo  mandó  hacer  unas  casas  para  sí,  las  cuales  se 
hicieron  las  mayores  y  mejores  que  nunca  en  estas  tierras  se 
habían  hecho,  las  cuales  hoy  en  día  están  enteras  parte  de  ellas, 
y  las  deshechas  parecen  en  los  cimientos  de  ellas  lo  que  eran,  y 
también  un  cercado  muy  grande  que  hoy  día  está  alguna  parte 
de  él  entero  y  está  cercado  de  árboles  y  cipreses,  y  para  hacer 
el  Cá  y  casas  del  Diablo,  así  como  (para  la  construcción  de) 
las  suyas  propias,  fueron  mucha  cantidad  de  Mexicanos  y  de 


1  Aquí  el  autor  hace  aparecer  como  jefe  principal  á  Nezahualcoyotl;  los 
cronistas  mexicanos,  por  el  contrario,  dan  la  preferencia  á  Itzcoatl.  Do  esto  y 
de  la  confederación  tripartita,  h  la  cual  parece  dar  poca  importancia  Ixtlilxo- 
cbitl,  trataré  extensamente  en  las  notas  de  la  Historia  Chichimeca. 


234  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Tepanecas  á  hacerlas,  juntamente  con  los  de  Texcuco  que  se 
llaman  y  han  llamado  siempre  los  Aculhtuique. 

Y  pasados  muchos  años  que  los  pueblos  estuvieron  sin  tener 
Señor,  más  que,  como  dicho  es,  á  Nezahualcoyotl^  Señor  de 
Texcuco,  y  á  Itzcohuaizin  Señor  de  México^  y  á  Huehtíe  Totoqui- 
huaztli  Señor  de  llacopan^  pareciéndole  á  Nezahualcoyotzin  que 
si  no  hubiese  Señores  de  pueblos  que  fuesen  sujetos  (ó  subdi- 
tos) y  con  quien  ce  acompañasen,  que  aunque  era  Señor,  que 
no  sería  tan  acatado,  y  que  así  era  bien  tener  Señores  por  va- 
sallos y  comunicarlo  ^  con  el  Señor  de  México,  el  cual  le  dijo 
que  no  era  bien  y  que  le  parecía  que  no  se  debía  hacer;  y  no 
embargante  todo  esto  Nezahualcoyotzin  hizo  Señor  de  HuexuÜa 
á  Tlazolyaotzin^  hijo  de  Itlacauh^  que  es  .el  Señor  que  se  fué 
huyendo  á  Tlaxcalan;  y  en  Cohiuiilichan  mandó  que  fuese  á 
llamar  á  Motoliniatzin  que  estaba  en  Tlaxcalan  y  hízole  Señor 
de  CohuatUchan^  y  en  Chimalhuacan  hizo  Señor  á  Tezcapoctzin^ 
que  fué  el  primero  que  allí  hubo,  y  en  Tepetlaozioc  á  Cocopin- 
tzin,  y  en  Acalman  á  Motlatocaizomaizin,  hijo  de  Teyolooocohuay 
el  que  le  ganó  el  pueblo,  y  en  Tepexpan  á  Temoyotún^  y  en  Chi- 
cuhnautla  á  Tezozomotzin^  y  en  Otumpan  á  Quecholtecpantzin^  y 
en  Teotihuacan  á  Mamalitziny  al  cual  y  al  de  Otumpan  los  hizo 
Señores  de  toda  aquella  parte,  que  eran  como  labradores  y  di- 
ferentes de  los  tratos  y  trajes  de  Texcuco.  En  todos  estos  pue- 
blos puso  Señores,  como  dicho  es,  no  embargante  que  todos 
eran  sus  vasallos  y  le  tributaban  y  reconocían  como  su  Señon 
y  por  tal  le  obedecían.  Dejó  para  su  recámara  el  pueblo  de 
Cohuatepec^  Iztapalocan,  Xaltocan^  Tepepxdco^  Zempohualan^  Az- 
taquemecan^  Ahuatepec,  Axapuzco^  0:Uotipac,  Tizayocan  y  oíros 
muchos  pueblos  que  él  hizo  y  ordenó,  los  cuales  y  en  cada  uno 
de  ellos,  puso  sus  Calpixques  para  que  tuviesen  cuidado  de 
recoger  los  tributos  y  rentas  y  acudiesen  con  ellas. 

Hechos  los  Señores  y  puestos  los  Calpixques^  luego  repartió 
entre  los  Señores  y  principales,  tierras  á  cada  uno,  conforme  á 

1  Parece  que  debe  decir:  lo  comunicó. 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTULXOGHITL.  235 

SU  calidad,  y  á  todos  los  que  le  siguieron  y  sirvieron  los  mejo- 
ró, y  á  muchos  les  dio  tierras  y  en  ellas  cantidad  de  Maaehua- 
les  que  les  sirviesen  y  acudiesen  con  los  tributos,  los  cuales  eran 
Mayorazgos. 

Puso  orden  en  la  gente  de  la  manera  que  cada  uno  había  de 
vivir  y  en  lo  que  había  de  entender,  y  fué  de  esta  manera:  Que 
hizo  y  puso  el  pueblo  de  Texcuco  en  seis  barrios  ó  calaciones  ^ 
que  se  llaman  el  uno  Mexicayan  y  el  otro  Colhuacan^  y  Thdz- 
nahuac,  Tepan^  Tlaylotlacan  y  Chhncdpan;  y  mandó  que  para  el 
servicio  de  los  Cus  (ó  templos)  y  casas  de  oración  que  ellos 
tenían,  se  criasen  desde  niños  para  que  tuviesen  encargo  de 
aquel  servicio,  y  de  allí  salían  las  personas  señaladas  que  ellos 
tenían  dedicadas  para  sus  sacrificios  y  ceremonias,  que  se  lla- 
maban Tlamacazque,  y  asimismo  salían  hechos  principales  y 
Tequiztlaíos^  de  manera  que  allí  entraban  como  en  un  estudio 
ó  Religión. 

Asimismo  había  otros  Mazehucdes  que  entendían  en  las  cosas 
necesarias  á  la  República;  y  asimismo  había  otra  orden  donde 
se  criaban  y  mostrábanse  y  ejercitábanse  los  hombres  de  gue- 
rra. 

Otra  orden  había  también  de  donde  salían  personas  enten- 
didas para  embajadores  y  para  ir  á  entender  en  hacer  paces  ó 
desafios  á  otras  partes,  y  había  de  donde  salían  personas  que 
hacían  (justicia  en  los)  pleitos  entre  particulares.  En  las  cosas 
livianas  los  sentenciaban  y  determinaban,  y  las  cosas  de  cali- 
dad de  muerte  hacían  relación  á  NezoJmalcoyotzm  para  que  lo 
determinase;  y  estas  personas  que  estaban  puestas  para  este 
efecto,  les  estaba  mandado  que  no  llevasen  cosa  ninguna  de 
las  partes,  y  si  se  averiguaba  llevarlo  los  castigaba  y  desterra- 
ba del  pueblo. 

Había  otra  orden  de  donde  salían  los  CcUpixgwes  y  personas 
que  tuviesen  cuidado  de  la  gente  menuda  y  de  mandar  hacer 
las  sementeras  y  recoger  los  tributos  [que  les  era  obligado  á 

1  No  entiendo  esta  palabra;  pero  así  está  en  el  manuscrito. 


236     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

dar.  Todas  estas  órdenes  tenía  puestas  y  ordenadas  Nezahual- 
coyotzin,  para  que  cada  uno  en  su  orden  se  supiese  quién  era 
y  en  lo  que  había  de  entender,  y  para  que  ninguno  se  entre- 
metiese en  el  cargo  de  otro. 

Tenía  Nezahiudcoyotzin  un  aposento  ó  sala  en  que  estaba 
puesta  su  silla  y  otros  de  los  Señores  sus  vasallos,  cada  uno 
puesto  por  su  orden,  donde  tenían  puestas  ciertas  personas 
para  que  oyesen  pleitos  de  los  pueblos  sujetos,  los  cuales  em- 
pezaban á  oir  desde  la  mañana  y  estaban  todo  el  día;  y  había 
personas  puestas  y  dedicadas  para  pintar  y  poner  por  memo- 
ria todas  las  cosas  que  pasaban  y  se  averiguaban,  y  de  esto 
hacían  relación  á  Nezahxialcoyotzin. 


ORDENANZAS  DE  NEZAHUALCOYOTZIN. 


1* — La  primera,  que  si  alguna  mujer  hacía  adulterio  á  su 
marido,  viéndolo  el  mismo  marido,  ella  y  el  adúltero  fuesen 
apedreados  en  el  Tianguis;  ^  y  si  el  marido  no  lo  viese,  sino  que 
por  oídas  lo  supiese,  se  fuese  á  quejar,  y  averiguándolo  ser 
verdad,  ella  y  el  adúltero  fuesen  ahorcados. 

2í — La  segunda,  que  si  alguna  persona  forzase  á  algún  mu- 
chacho y  lo  vendiese  por  esclavo,  fuese  ahorcado. 

3í — La  tercera,  que  si  entre  dos  personas  hubiese  diferencias 
sobre  tierras,  aunque  fuesen  principales,  si  entrambos  á  dos 
sembrasen  á  porfía,  que  el  uno  y  el  otro,  después  de  haber  na- 
cido el  maíz,  si  lo  arrancase,  fuese  traído  á  la  vergüenza  alre- 
dedor del  Tianguis  con  el  maíz  que  arrancó  colgado  del  pez- 
cuezo. 

4* — ^La  cuarta,  que  si  alguna  persona,  aunque  fuese  principal, 
tomase  de  su  autoridad  alguna  tierra,  como  fuese  grande  y  el 
dueño  se  fuese  á  quejar,  averiguándose  ser  así,  que  lo  ahor- 
casen por  ello. 

5* — La  quinta,  que  habiendo  guerras  entre  dos  pueblos,  si 
alguna  persona  viniese  á  él,  otro  ninguno  lo  pudiese  acoger  en 
su  casa,  y  si  lo  acogiese  fuese  preso  y  llevado  al  Tianguis,  y  he- 

1  Tianquiztlí,  mercado,  en  donde  en  determinados  días,  generalmente  cada 
cinco,  se  reunía  el  pueblo. 


238  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

cho  pedazos  todo  su  cuerpo,  y  echados  los  pedazos  por  todo 
el  Tianguis  para  que  los  muchachos  jugaran  con  ellos;  y  que 
fuesen  perdidas  sus  tierras  y  hacienda,  y  fuese  dado  á  saca- 
mano. 

6* — La  sexta,  que  si  alguna  persona  matase  á  otro  fuese 
muerto  por  ello. 

7* — La  séptima,  que  si  alguna  hija  de  algún  Señor  ó  caballe- 
ro se  averiguase  ser  mala,  que  muriese  por  ello. 

8* — La  octava,  que  si  alguna  persona  mudase  las  mojoneras 
que  hubiese  en  las  tierras  de  los  particulares,  muriese  por  ello. 

9* — La  novena,  que  si  alguna  persona  echase  mala  fama  ó 
algunas  nuevas  en  el  pueblo,  que  fuese  cosa  de  calidad,  y  s? 
averiguase  ser  verdad,  que  aquel  que  las  dijese  muriese  por 
ello.i 

10* — La  décima,  que  si  se  averiguase  que  algunos  de  los  sa- 
cerdotes ó  Tlamacazques,  ó  de  aquellas  personas  que  tenían 
cargo  de  los  Cus  (ó  templos)  é  ídolos,  se  amancebase  ó  embo- 
rrachase, muriese  por  ello. 

11?— Que  (á)  ningún  Caballero,  Embajador ^hQj^j^re 

mancebo  ó  mujer  de  los  de  dentro  de  la  Casa  del  Señor,  si  se 
emborrachare,  muriese  por  ello. 

12* — La  12?  que  ningún  Señor  se  emborrachase  sopeña  de 
privarle  del  oficio. 

13? — La  13?  que  si  se  averiguase  ser  algún  Sometico,  mu- 
riese por  ello.  ^ 

14?— La  14?  que  si  alguno  ó  alguna  alcahuetease  á  mujer 
casada,  muriese  por  ello. 

15? — La  15?  que  si  se  averiguase  ser  alguna  persona  hechi- 
cera, haciéndolo  con  algunos  hechizos,  ó  dándolos  por  palabras, 


1  Si,  como  parece,  la  ley  es  contra  los  propagadores  de  nuevas  alarmantes 
falta  un  no  después  de  la  palabra  averiguase. — R. 

2  Así  en  el  original. — R. 

8  En  el  original  sigue  así:— "Esto  se  guardó  en  tiempo  de  NezahualpUizin- 
iU  y  Nezahualcoyoizin.'^'^'R. 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTULXOGHITL.  239 

Ó  queriendo  matar  á  alguna  persona,  muriese  por  ello,  y  que 
sus  bienes  fuesen  dados  á  sacamano. 

16* — Que  si  algún  principal  Mayorazgo  fuese  desbaratado  ó 
travieso,  ó  si  entre  dos  de  estos  tales  hubiese  alguna  diferencia 
sobre  tierras  ú  otras  cosas,  el  que  no|quisiese  estarse  quedo 
con  la  averiguación  que  entre  ellos  se  hiciese,  por  ser  so- 
berbio y  mal  mirado,  le  fuesen  quitados  sus  bienes  y  el  Mayo- 
razgo y  fuese  puesto  en  depósito  en  una  persona  que  diese 
cuenta  de  ello  para  el  tiempo  que  le  fuese  pedida,  del  cual 
Mayorazgo  estuviese  desposeído  todo  el  tiempo  que  la  volun- 
tad del  Señor  fuese. 

17^ — Que  si  alguna  persona  fuese  casado  y  la  mujer  se  que- 
jase del  marido  y  quisiese  descasarse,  que  en  tal  caso  los  hijos 
que  tuviese  en  ella  el  marido,  los  tomase,  y  los  bienes  fuesen 
perdidos  ^  por  iguales  parles,  tanto  el  uno  como  el  otro;  en- 
tiéndese, siendo  culpado  el  marido. 

18? — Que  si  alguna  persona  hurtaba  en  cantidad  y  se  averi- 
guaba, el  tal  ladrón  fuese  esclavo  de  la  persona  cuyo  era  lo  que 
hurtó,  y  si  la  persona  no  lo  quería,  fuese  vendido  á  otra  parte 
para  pagarle  su  robo. 

19* — Que  si  alguna  persona  se  vendiese  por  su  propia  auto- 
ridad, lo  pudiese  hacer;  y  que  si  se  vendiese  dos  veces,  que  el 
primero  dueño  á  quien  fué  vendido  lo  llevase,  y  el  segundo 
perdiese  el  precio  que  había  dado  por  él. 

20* — Que  si  alguna  persona  vendía  dos  veces  alguna  tierra, 
el  primer  comprador  quedase  con  ella,  y  el  segundo  perdiese 
lo  que  dio  por  ella,  y  el  vendedor  fuese  castigado.  ^ 

1  Entíendo  que  debía  áecir  ^pariidos.-^'R. 

2  Aquí  termina  el  fragmento  de  las  Ordenanzta:  lo  que  sigue  á  continua- 
ción en  el  original,  es  una  noticia  relativa  á  la  muerte,  funeral  é  hijos  de  N&' 
zahualpiliñnilif  que  se  copiará  al  fin  del  fragmento  siguiente. — R. 


FKAGMENTOS. 


I. 

GÜEBBÁ  DE  CHÁLCO  T  SUCESOS  POSTERIORES  HASTA  LA 

MVEBTE  DEL  BEY  NEZÁHUÁLCOTOTZIJf.  ^ 

El  Rey  Nezahuahoyotl  de  Texcuco^  habiéndole  traído  nuevas 
de  que  ToateuMi^  ^  Cazique  y  Señor  de  la  Provincia  de  Choleo^ 

1  EBte  fragmento  no  pertenece  á  las  RekícioneSf  ni  hay  una  completa  certi- 
dumbre de  que  sea  obra  de  Ixtlüxiichitlf  aunque  tampoco  faltan  datos  para 
creerlo.  Él  se  encuentra  en  el  Vol.  III  de  los  MS.  del  Archivo  General,  inti- 
tulado:—"Vabias  PIEZAS  DE  Orden  de  su  Majestad"— formando  el  fin 
de  una  Colección  de  Cantares  y  Poesías,  encabezada  con  la  siguiente— "Ad- 
"VERTEirciA. — El  erudito  Caballero  D.  Lorenzo  Boiurinij  que  sacó  de  la  mis- 
(^maobficuridad copiosas  luces  para  la  Historia  de  Indias,  en  el  Catálogo  de 
"su  Museo  Indiano f  que  colocó  al  fin  de  su  Idea  de  una  hiatoria  general  de 
*^Nueva  España^  al  fol.  8  núm.  2,  se  explica  de  esta  suerte: — Otro  Manuscrito 
"en  12  fojas  útiles  de  papel  Europeo,  contiene  dos  Cantares  del  Emperador 
*^Nezahualcoyoilf  traducidos  de  lengua  Náhuatl  en  la  Castellana,  que  redujo  á 
"poesía  Don  Femando  de  Alva^  de  quien  creo  es  también  un  pedazo  de  historia 
"de  la  vida  del  referido  Nezahualcoyotl. — Hasta  aquí  Boturini, — Así  los  Can- 
"tares  como  el  Retazo  de  Historia  se  comprenden  en  el  siguiente  cuaderno,  co- 
"pia  de  un  antiguo  ManuseritOj  á  que  hemos  aplicado  toda  la  atención  y  ezac- 
"titud  que  merece  por  su  naturaleza  un  rasgo  tan  precioso  de  la  antigüedad." 
Ese  pedazo^  6  retazo  de  historia^  como  se  le  llama  en  la  anterior  advertencia, 
es  el  que  he  copiado  en  este  Pbagmekto,  considerando  que  él  integraba,  has- 
ta cierto  punto,  las  Relaciones^  por  contener  los  últimos  sucesos  de  la  vida  de 
Nezahualcoyotl, — R. 

2  En  la  relación  anterior  se  le  llama  Tozitecuhtli. 

Tomo  I— 16 


242  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

se  le  había  rebelado  y  negádole  la  obediencia,  hizo  junta  de 
sus  grandes  Caziques  y  Principales  de  su  Corte  y  Reino,  y  te- 
niéndolos juntos  les  habló  de  esta  manera: — "Ya  os  es  notorio 
deudos  y  vasallos  míos,  las  veces  que  al  Cazrque  Toateuhtli  ^  y 
á  los  suyos,  les  he  perdonado  su  inobediencia  y  alzamientos  y 
robos  que  han  hecho  y  muertes  que  los  suyos  han  cometido, 
usando  de  mi  mucha  clemencia  y  por  atraerlos  á  mi  servicio 
con  buenos  modos,  lo  cual  ha  sido  causa  de  darles  ánimo  á 
que  hayan  enviado  á  decir  que  no  quieren  reconocerme  por 
su  Rey  y  Señor  natural,  ni  estarme  sujetos  ni  obedientes  á  mis 
órdenes,  ni  acudir  con  el  reconocimiento  que  me  están  obligados 
á  hacer  cada  año,  y  otras  muchas  libertades  que  no  refiero  por 
np  encolerizarme  demasiado;  que  estas  cosas  se  han  de  mirar 
sin  pasión  para  acertar  en  su  remedio;  y  pues  á  todos  los  pre- 
sentes, como  á  mis  deudos  y  vasallos  tan  leales,  os  toca  tanto 
el  procurar  castigar  tan  grande  atrevimiento  como  el  de  este 
viejo  Cazique  y  los  suyos,  os  pido  por  el  amor  que  os  tengo  y 
por  la  obligación  que  me  tenéis,  miréis  y  consideréis  este  caso 
y  me  deis  vuestro  parecer  en  caso  que  tanto  importa;  que  si 
mi  edad  y  achaques  de  salud  no  lo  impidieran,  yo  por  mi  per- 
sona tomara  la  venganza,  ó  por  mejor  decir,  los  castigara,  que 
venganza  no  es  justo  la  procuren  los  Reyes,  sino  castigar  al 
que  lo  mereciere." — Los  Príncipes,  Caziques  y  Señores  que  es- 
taban en  la  Sala,  habiendo  oído  lo  por  el  Rey  propuesto,  es- 
tuvieron dando  y  tomando  lo  que  se  debía  hacer  en  tan  gran 
negocio;  y  estando  en  esto  se  levantó  el  Infante  lehazotlaloatzin^ 
hijo  unigénito  del  Rey,  y  hincado  de  rodillas  delante  del  Pa- 
dre, le  dijo: — "A  mí  como  á  tu  hijo,  mi  Padre  y  Señor,  es  jus- 
to que  me  encomiendes  este  castigo  y  venganza  de  esta  casta 
atrevida  y  los  suyos;  que  yo  te  doy  mi  palabra  delante  de  es- 
tos grandes,  de  no  volver  á  tu  presencia  ni  á  la  de  los  presen- 

1  Nótese  que  Ixtlilxochitl  en  todas  sus  Relaciones  usa  de  la  buena  ortogra- 
fía antigua  iecuhtli;  mientras  en  este  Fragmento  se  emplea  la  comipoión  teuh^ 
iliy  de  tiempos  posteriores:  lo  cual,  unido  ¿  la  diferencia  de  estilo,  confirma 
para  mí,  que  este  ñragmento  no  es  obra  suya. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  243' 

tes,  hasta  que  te  traiga  á  tu  presencia  muerto  ó  preso  al  Gazique 
que  ha  tenido  atrevimiento  de  disgustarte,  y  dejar  la  Provincia 
á  tí  sujeta  de  una  vez,  y  á  la  gente  de  ella  tan  escarmentada, 
que  no  se  atrevan  á  pasarles  por  el  pensamiento  la  locura  que 
agora  han  acometido." — El  Rey  se  lo  agradeció  y  estimó  su 
ofrecimiento,  y  de  su  acuerdo  y  parecer  de  todos  los  grandes 
del  Reino,  se  le  encomendó  dicho  negocio,  dándole  gente  y  to- 
do lo  necesario  para  su  servicio  como  á  hijo  de  tan  gran  Rey. 

El  Infante  IchauÜatoatzin^  ^  Capitán  general  de  aquel  ejército, 
con  sus  dos  hermanos  Xochiquilzaltzin  y  Acapipioizin^  salieron 
con  su  ejército  en  buena  ordenanza  de  la  dicha  Ciudad  de  Tea;- 
cuco  por  delante  de  las  Casas  Reales,  desde  donde  el  Rey  y  los 
grandes  le  estaban  mirando,  que  fué  una  cosa  de  ver,  porque 
todo  lo  mejor  del  Reino  fueron  en  la  dicha  jornada,  por  ver 
que  los  hijos  del  Rey  su  Señor  iban  á  ella,  y  no  se  tenía  por 
honrado  el  que  no  iba,  pudiendo,  ó  enviando  á  sus  hijos  lo  más 
bien  aderezados  y  galanes  que  pudieron;  de  que  el  Rey  y  los 
que  con  él  estaban,  quedaron  muy  contentos,  y  el  Rey  mucho 
más,  de  ver  el  aliento  y  ánimo  de  sus  vasallos,  que  era  mues- 
tra de  lo  que  le  querían. 

Llegados  á  la  frontera  de  la  Provincia  de  Choleo^  el  Infante 
Capitán  general  del  ejército,  le  asentó  á  vista  de  sus  enemigos 
que  estaban  en  una  serranía  y  puesto  muy  fuerte,  bien  apercibi- 
dos para  defenderse.  El  Infante  antes  de  acometer  ni  hacer  da- 
ño en  los  contrarios,  envió  á  decir  con  un  Capitán  de  su  ejér- 
cito, valiente  y  animoso,  al  Cazique  Toateuhili^  Gobernador  de 
aquella  Provincia,  que  aunque  él  venía  por  mandato  del  Rey 
su  Padre  á  le  prender  y  llevar  preso  á  su  presencia,  por  el  eno- 
jo que  le  había  dado  de  revelarse  y  negarle  la  obediencia  co- 
mo á  su  Rey  y  Señor  natural,  y  el  reconocimiento  que  le  estaba 
obligado  á  hacer,  (pero  que)  él,  como  hijo  de  tan  gran  Prínci- 
pe, que  se  precia  de  misericordioso  y  no  justiciero,  compade- 
<íiéndose  de  su  vejez,  quería  usar  con  él  de  misericordia,  y  le 

1  Aates  lo  llama  Ichazotlalatzin. 


244  OBRAS   RISTÓRIGAS  DC 

daba  palabra,  como  quien  es,  de  no  hacerie  daño  en  su  tierra 
y  Alcázar  ^  Real,  con  (tal)  que  se  venga  para  irse  con  él  ante 
el  Rey  su  Padre,  con  quien  será  tercero  (ó  mediador  para)  que 
le  perdone  y  vuelva  en  su  gobierno;  y  de  no  aceptar  el  parti- 
do, pondrá  en  ejecución  (el  intento  de)  su  venida  y  entrará  en 
su  tienda  y  (procederá  á)  prenderle  por  su  persona  y  llevarle 
á  su  Padre  que  le  castigue  por  justicia  conforme  á  su  delito, 
sin  tocarle  las  manos  en  su  persona,  que  lo  tendrá  por  afrenta 
por  ser  tan  viejo  y  ciego,  que  es  (lo  mismo)  que  ponerlas  en 
una  mujer;  (y  que  entrará)  dando  cruel  y  atroz  muerte  á  todos 
los  suyos  que  le  quisieren  defender. 

Llegado  el  Capitán  ante  el  Cazique  con  la  dicha  embajada,  y 
díchole  lo  que  el  General  le  había  dicho  le  dijese,  (lo  escuchó) 
con  mucha  paciencia,  y  sin  enojarse  le  dijo: — ^''Caballero,  muy 
gran  castigo  merecía  vuestro  atrevimiento  en  haber  venido  an- 
te mí  con  la  embajada  de  un  muchacho  como  es  el  Infante  que 
os  envía,  haciéndome  tantos  fieros  y  amenazas,  que  entiende 
lo  ha  2  con  las  del  Reino  de  su  Padre,  que  les  debe  de  dar  la 
vida  de  merced;  que  sin  considerar  que  yo  (aunque  viejo  y 
ciego),  sentado  en  mi  casa  y  en  mi  tienda,  le  daré  tanto  en  que 
entender  á  él  y  á  su  ejército,  que  en  él  no  esté  seguro  de  ve- 
nir á  mis  manos;  que  ruegue  á  los  Dioses  le  escapen  de  ellas, 
que  si  á  mí  me  son  favorables  é  yo  le  puedo  haber  en  mi  po- 
der, como  muchacho  le  haré  azotar  y  castigaré  su  locura  con 
un  castigo  nunca  visto;  que  si  hasta  aquí  no  he  procurado  de 
enojar  á  el  Rey  en  cosa  que  le  lastime  el  corazón,  de  hoy  más 
por  haber  enviado  contra  mí  á  un  rapaz  ^  como  él,  por  Capitán 
general  para  prenderme,  le  hago  cierto  le  he  de  hacer  todo  el 
daño  y  enojo  que  pudiere,  con  castigos  nunca  vistos  ni  oídos 

1  En  el  original  dice  Aleasel.—l^, 

2  £»to  es:— * 'que  entiende  habérselas  con  los  vasallos  del  Beino  de  su  Pa- 
dre, i  quienes  puede  ofrecer  como  una  gracia  y  merced,  el  perdón  de  la  vi- 
da."—B. 

8  Aquí  la  palabra  rapcut^  significa  muchacho  de  poca  edad  y  desprecia- 
ble.—R, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITU  245 

en  los  que  más  luciesen  ante  sus  ojos;  ^  y  á  vos  no  le  doy  con- 
forme á  vuestro  atrevimiento  porque  os  disculpa  el  ser  men- 
sajero, y  con  esto  idos  en  paz  sin  aguardar  otra  respuesta." 

El  Infante  Capitán  general,  habiendo  la  respuesta  el  Capitán 
de  el  Cazique  de  CAofoo,  corrido  y  afrentado  con  muy  grande 
enojo  y  pasión,  blasfemando  de  sus  Dioses  que  tal  atrevimien- 
to permitían  á  un  viejo  ciego  y  sin  manos,  mandó  apercibir  la 
gente  para  otro  día  acometer  en  la  gente  de  sus  contrarios. 

El  Cazique  después  de  haber  despedido  al  mensajero  del  In- 
fante, llamó  á  los  suyos  y  les  dijo: — "Corrido  estoy  de  lo  que 
este  rapaz  me  ha  enviado  á  decir;  si  vosotros  me  queréis  bien 
y  deseáis  mi  venganza,  os  ru^o  que  corráis  la  tierra  y  me  pren- 
dáis á  los  hijos  del  Rey,  que  dicen  se  salen  á  holgar  al  campo; 
que  quiero  empezar  á  darles  disgusto  porque  goce  enojo  del  que 
su  hijo  me  ha  dado;" — ^y  previniendo,  como  hombre  capaz 
y  astuto,  mandó  que  en  los  altos  de  la  Sierra  y  partes  más  pe- 
ligrosas, se  pusiesen  en  puestos  mucha  gente  de  guerra,  para 
que  á  los  que  quisiesen  subir  los  matasen  sin  riesgo  suyo.  Pues 
estando  con  este  apercibimiento,  otro  día  siguiente  de  madru- 
gada, entendiendo  coger  descuidados  á  los  contraríos,  el  Infante 
hizo  acometer  la  Sierra,  y  habiendo  llegado  sin  impedimento  al 
medio  de  ella,  en  lo  estrecho,  de  improviso  salió  gran  número  de 
soldados  con  tan  gran  pujanza,  que  los  de  el  Infante  sobresalta- 
dos por  escapar  las  vidas,  y  visto  que  no  podían  subir  ni  hacer 
daño,  volvieron  las  espaldas  huyendo  sin  los  poder  detener  el 
Infante  y  Capitanes,  y  los  contrarios  hicieron  muy  gran  matanza 
en  los  del  Infante,  de  cuya  parte  murieron  más  de  diez  mil 
hombres,  sin  los  que  se  cautivaron,  y  el  Infante  y  los  suyos  se 
retiraron  á  su  Real  con  gran  pesar  y  enojo,  y  el  Cazique  man- 
dó recoger  su  gente  que  se  había  bajado  al  llano  en  seguimien- 
to de  los  contrarios. 

Al  Rey  Nezahualcoyotl  le  dieron  nuevas  de  lo  sucedido  á  sus 
hijos  y  pérdida  de  su  gente,  (de  lo  cual  se  aflijió  mucho;  y)  con- 

1.  Esto  es,— ^i  un  objeto  lo  más  querido, — R. 


246  OBRAS-  HISTÓRICAS  DE 

siderando  que  si  su  poder  era  tan  poco  que  no  pudiese  pren- 
der y  sujetar  á  un  Cazique  viejo  y  ciego  y  con  tan  poca  gente, 
estando  tan  cercano  á  su  tierra,  y  habiendo  él  sujetado  tantas^ 
naciones  como  hay  en  el  distrito  de  la  mar  del  Sur  á  la  del 
Norte,  se  puso  muy  triste  y  melancólico,  y  este  cuidado  y  el 
verse  viejo  y  sin  hijo  legítimo  que  le  sucediese  en  el  Reino, 
acordó  de  tratarlo  y  pedir  su  parecer  á  los  Sacerdotes  de  sus 
templos,  los  cuales  venidos  y  dádoles  el  Rey  razón  de  su  tris- 
teza y  cuidadp,  pidió  consejo  de  lo  que  debía  hacer  en  tan  gran 
cosa.  Los  Sacerdotes  le  respondieron  que  era  castigo  de  sus 
Dioses  por  serles  indevoto  y  no  hacerles  sacrificio  de  gente  hu- 
mana. Visto  por  el  Rey  tomó  su  consejo  y  mandó  se  hiciese 
sacrificio  de  muchos  hombres  cautivos  en  las  guerras. 

El  Cazique  Toateuhtli^  con  el  cuidado  en  que  vivía  de  ven- 
garse del  Rey  y  darle  enojo,  tuvo  tan  buena  suerte,  que  ha- 
biendo venido  de  la  ciudad  de  México  á  la  de  Texmco  dos 
Infantes  hermanos,  hijos  del  Rey  Axayaca,  á  ver  al  Rey  Neza- 
huokayoü  su  Tío,  los  dichos  dos  Infantes,  con  otros  dos  hijos 
del  Rey  sus  primos,  se  salieron  á  holgar  por  las  campiñas  de 
la  dicha  Ciudad,  andando  á  caza  como  mancebos:  los  criados, 
capitanes  y  soldados  del  dicho  Cazique  por  darle  gusto,  habien- 
do salido  á  correr  la  tierra,  dieron  con  los  cuatro  Infantes,  y 
sin  resistencia  por  ser  muchos  (los  agresores)  y  estar  sin  armas 
(los  Infantes),  los  prendieron  y  llevaron  ante  el  Cazique  su  Se- 
ñor el  cual  se  holgó  mucho  de  tan  buena  suerte,  y  agradecien- 
do á  sus  Dioses  esta  merced,  los  mandó  luego  sacrificar  y  les 
sacó  los  corazones  y  los  hizo  engastar  en  oro  y  se  los  puso  co- 
mo gargantilla  á  la  garganta,  y  los  cuerpos  mandó  poner  en 
las  cuatro  esquinas  de  una  Sala  grande  que  tenía  en  su  casa 
donde  se  juntaba  con  los  suyos  á  sus  gustos  y  placeres,  dan- 
zas y  bailes;  los  cuales  dichos  cuatro  Infantes  tenían  unas  cu- 

1  Sigue  el  autor  llamando  Toaieuhüi  al  Señor  de  Chalco,  cuyo  verdadero 
nombre  es  TociUcuhtli.  Creo  muy  posible  que  algún  copista  confundiera  la  sí 
laba  ci  con  una  a. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  247 

charas  de  hierro  ^  en  las  manos  y  encima  de  ellas  pusieron 
Dialtea  que  ardía  y  alumbraba  la  Sala.  Y  como  una  india  cau- 
tiva que  allí  servía,  natural  de  la  Ciudad  de  Texcuco^  viese  tan 
gran  crueldad  y  á  estos  cuatro  Infantes  muertos  y  con  este  es- 
pectáculo, siendo  sus  Señores  naturales,  movida  de  piedad,  pos- 
poniendo todo  temor  y  miedo  y  el  daño  y  peligro  de  muerte  á 
que  se  ponía  si  fuese  sentida  ó  cogida  en  el  camino,  se  cargó 
una  noche  de  los  cuatro  Infantes  (y  se  fué)  con  ellos  á  la  Ciu- 
dad de  Texcuco,  y  entrando  en  el  Palacio  del  Rey  su  Padre  y 
con  grandes  lágrimas  le  dijo: — "Rey  Nezahualcoyoti,  ¿dónde  es- 
tán tus  Príncipes  y  grandes  de  esta  Corte,  tus  valentías  y  ha- 
zañas? ¿Tú  eres  el  que  tiene  sujetas  todas  las  naciones  que  de 

la  una  mar  á  la  otra  asisten? No  es  posible  que  seas  tú; 

pues  á  tus  ojos,  los  de  la  Provincia  de  Choleo  y  un  viejo  ciego 
Cazique  que  tienen  por  Señor,  fué  poderoso  á  prender  á  tus 
hijos  Infantes  que  aquí  te  traigo  muertos  con  dos  primos  suyos, 
hijos  del  Rey  de  México," — contándole  en  seguida  de  la  ma- 
nera que  los  había  hallado. 

Y  visto  por  el  Rey  y  los  grandes  que  con  él  estaban,  tan 
grande  atrevimiento  y  crueldad,  y  oído  lo  que  la  india  había 
•dicho,  haciendo  grandes  llantos,  avisó  al  Rey  de  México,  pa- 
dre de  los  dos  Infantes,  de  el  suceso:  el  Rey  NezahualcoyoÜ 
considerando  lo  poco  que  podían  sus  fuerzas  y  el  daño  que  los 
dichos  indios  de  Chalco  le  habían  hecho  á  sus  ojos,  y  lo  poco 
que  le  había  aprovechado  el  sacriñcio  hecho  á  sus  dioses  de 
gente  humana;  y  poniendo  los  ojos  en  el  cielo  dijo: — "Verda- 
deramente que  los  dioses  que  yo  adoro  que  son  ídolos  de  pie- 
dra que  no  hablan  ni  sienten,  no  pudieron  hacer  ni  formar  la 
hermosura  del  cielo,  el  Sol,  Luna  y  estrellas  que  lo  hermosean 
y  dan  luz  á  la  tierra;  (ni  los)  ríos,  aguas,  fuentes,  árboles  y 
plantas  qué  la  hermosean;  las  gentes  que  la  poseen  y  todo  lo 
creado.  Algún  Dios  muy  poderoso,  oculto  y  no  conocido  es  el 
Creador  de  todo  el  Universo,  él  solo  es  el  que  puede  consolar- 

1  Este  es  un  descuido  del  autor;  serían  de  cobre  6  cualquiera  otro  metal.— R. 


248  OBRAS   HI^T(k^CUS  DE 

me  en  mi  aflicción  y  socorrerme  e^  taii  grande  angustia  como 
mi  cprazói;!  siente;  í  él  quierp  por  mi  ayudador  y  amparo."  Y 
pjgira  mejor  alcanzE^r  y  cpnseguir  lo  que  pretendía,  aooxdó  de 
retiríirse,  como  se  retiró,  á  su  bosque  de  TezciUzineo^  y  allí  re- 
x^pgido  y  apartado  de  los  negocios  y  cosas  que  le  pudieran  per* 
turbar,  ayy^ó  cuarenta  dfes  al  Dios  Todopoderoso,  Creador  de 
todas  las  cosas,  oculto  y  m  conoqido;  y  ofreciéndole,  en  lugar 
de  §acri$ci9,  inqienso  y  copal  al  salir  dej  «ol  y  al  «ledio  día  y  á 
puestas  del  sol,  y  i  la  media  noche. 

Y  al  ca^o  de  los  cuarenta  días  de  ayuno,  á  ia  media  noche, 
uno  de  los  pajes  de  su  recámara  llamado  Jztapalcotzin^  oyó  una 
voz  que  de  la  parte  de  afuera  le  llamaba  por  su  nombre,  y  sa»- 
jüendo  á  ver  quién  era,  halló  que  el  que  le  llamaba  era  un  maur- 
cebo  hermoso  y  muy  resplandeciente,  con  ricas  vestiduras;  y 
como  se  espantase  de  aquella  visión,  nunca  por  él  vista,  €fl 
mancebo  le  llamó  por  su  nombre  y  le  habló  diciéndoleí— "No 
temas;  entra  y  díle  al  Rey  tu  Señor  que  no  tenga  pena  y  que 
se  consuele;  que  el  Dios  Todopoderoso  y  no  conocido  á  quien 
él  ha  ayunado  y  hecho  ofrenda  estos  cuarenta  días,  le  ha  oído 
y  le  vengará  por  mano  de  su  hyo  el  Infante  Axoqumtsdn^  ven- 
ciendo á  los  Chalcas,  y  cautivará  y  prenderá  al  Cazique  Señor 
de  ellos,  y  le  quedarán  sujetos;  y  la  Reina  su  mujer  parirá  un 
hijo  muy  sabio  y  prudente  que  le  suceda  en  el  reino;"T-Ty  dir 
ciendo  esto  desapareció,  y  él  entró  á  donde  el  Rey  estaba,  al 
cual  halló  haciendo  el  ordinario  sacrificio  de  incienso  y  copa}, 
y  le  dio  cueuta  de  lo  que  haj>ía  visto  y  díchole  el  dicho  man- 
cebo que  le  dijese.  Tuvo  el  Rey  por  disparate  y  embuste  lo 
que  le  decía,  porque  el  Infaute  Axoquentzin  no  se  había  visto  en 
batallas  y  era  mozo  de  diez  y  siete  años;  y  la  Reina  (era)  mu- 
jer mayor  y  ya  había  niuchos  años  que  no  paría;  aunque  por 
otra  parte,  el  decirle  que  el  Dioe  no  ccmoddo  á  quie^  él  había 
enconiendádosele  y  hecho  ofrenda  le  prometía  hacerle  tan  gran 
merced,  le  animó  y  consoló;  y  por  saber  si  había  sido  inven- 
ción del  paje  ó  nueva  cierta,  lo  mandó  poner  en  una  jaula. 

Aquella  misma  niadrugada  el  dicho  InJEante,  con  otros  man- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  249 

cebos  de  la  ciudad,  se  fueron  á  los  campos  y  fronteras  de  CAoZ- 
€0  poí:  ver  á  sus  hernaanos  que  estaban  en  el  ejército  de  su 
padre,  y  llegó  .á  ocasidn  que  sus  hermanos,  que  eran  los  cau- 
dillos principales  del  ejército,  querían  asentarse  á  almorzar  so-- 
biíe  un^i  rodela  grande,  oomo  lo  tenían  por  costumbre  antes  de 
dar  la  batalla,  que  peaasabau  dar  s^unda  vez.  Uno  de  losher- 
mwos,  que  fué  Acapipiotzi^  oomo  lo  conoció,  se  holgó  infinito 
de  verle,  y  le  preguntó  cómo  había  venido  por  tierra  de  guerra 
sin  recibid  daño;  y  él  le  respondió  que  el  deseo  que  tenía  de 
verlos  le  había  dado  tan  grande  ánimo,  que  sin  temor  alguno 
había  venido;  y  el  hermano  le  mandó  que  se  sentase  con  ellos 
á  almorzar;  y  el  otro  hermano  IchauÜaioaizin^  que  era  el  mayor 
de  ellos  y  el  General  del  ejército,  hombre  áspero  y  soberbio 
de  condición,  le  dijo  que  no  se  sentase,  que  aquel  asiento  no 
era  sino  para  capitanes  y  hombres  valerosos  como  ellos;  y  por- 
fiándole  los  dichos  hermanos  que  le  dejase  sentar,  pues  era  su 
hermano  y  había  tenido  ánimo  para  con  tan  gran  peligro  de 
su  vida  venir  á  verlos,  indicio  de  que  habla  de  ser  grande  hom- 
bre y  merecedor  de  cualquiera  honra,  el  dicho  IchauÜaioailzin 
asió  del  brazo  al  dicho  Infwite  y  le  echó  de  allí  con  menospre- 
cio., diciéndole  se  fuese  á  comer  á  las  faldas  de  las  mujeres  y 
no  ei^  np^sa  de  capitanes.  Corrido  y  afrentado  el  muchacho  de 
oir  estas  jrazones,  se  entró  en  la  tienda  de  las  armas  de  sus 
hermanos,  se  armó  y  tomó  una  rodela  y  una  macana,  y  con 
determinación  de  matar  ó  prender  al  Cazique  que  á  sus  her- 
manos y  primos  había  muerto  y  afrentado  las  canas  de  su  pa- 
dre, ó  morir  e;a  la  demanda,  solo^,  y  sin  dar  parte  de  su  deter- 
minación á  sus  hermanos,  ni  consentir  que  los  mancebos  que 
con  él  habían  ido  le  acompañasen,  se  ejoiró  por  el  real  de  los 
enemigos  sin  pavor  ninguno  y  con  tan  grande  presteza,  que 
no  pudieron  detenerle  los  capitanes  y  soldados  de  sus  herma- 
nos que  iban  en  su  alcance  porque  no  se  perdiese  y  recibiese 
daño  como  hgo  de  su  Rey;  y  entró  en  la  tienda  del  Cazique, 
llamando  en  su  corazón  al  Dios  no  conocido,  á  quien  su  jpadre 
se  había  encomendado  y  hacía  ofrenda,  que  fuese  en  su  ayuda 


250  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

y  favor  en  aquella  empresa.  Y  fué  cosa  milagrosa  que  el  In- 
fante como  viese  al  Cazique  en  su  silla  gobernando  desde  allí 
su  ejército,  por  ser  viejo  y  ciego,  y  cercado  de  hombres  queje 
acompañaban,  sin  que  ninguno  de  ellos  se  lo  impidiese,  le  asió 
de  los  cabellos  ^  y  le  sacó  arrastrando  de  la  tienda  afuera  por  el 
campo,  y  diciéndole  el  Cazique  que  no  le  llevase  de  aquella 
manera,  que  era  viejo  y  hombre  principal,  y  que  le  honrase 
como  á  cautivo,  el  Infante  le  levantó  por  la  mano  diciéndole: 
— "Aunque  por  tu  mucha  crueldad  ToateuhÜi  y  por  la  alevosía 
que  cometiste  en  sacrificar  á  mis  hermanos  y  primos,  hijos  de 
tan  poderosos  Reyes,  y  el  menosprecio  que  de  ellos  hiciste  me- 
recería te  llevase  arrastrando  hasta  los  ojos  y  presencia  de  mi 
padre  ofendido  por  tí,  uso  contigo  de  gentileza  por  quien  yo 
soy  y  porque  no  es  de  nobles  tomar  venganza  cruel  del  ene- 
migo rendido."  Y  de  esta  manera  le  llevó  á  la  ciudad  de  Tex- 
cuco  sin  poderlo  resistir  la  mucha  gente  que  del  ejército  del 
Cazique  había  venido  por  librarle;  con  cuyo  aprieto  se  vido  el 
Infante  en  riesgo  de  perder  la  vida;  mas  su  buena  suerte  quiso 
que,  avisado  de  la  determinación  del  Infante,  su  hermano  Acá- 
pipiotzi  vino  con  mucha  gente  en  su  socorro  á  tiempo  que, 
como  dicho  es,  lo  tenían  apretado  los  del  Cacique,  y  rompió 
con  tan  gran  ímpetu  y  alarido,  que  los  Chalcas,  temerosos  y 
desmayados  de  ver  á  su  Señor  preso  por  un  solo  muchacho, 
volvieron  las  espaldas  huyendo,  y  los  del  Rey  de  Texcuco  fue- 
ron en  sus  alcances  matando  y  cautivando  los  que  quedaron, 
de  manera  que  la  dicha  provincia  quedó  en  perpetua  sujeción 
á  el  Rey  de  Texcuco;  el  cual  habiendo  sabido  la  buena  nueva 
de  la  victoria  que  el  Dios  no  conocido  había  dado  á  su  hijo,  co- 
mo el  mancebo  hermoso  y  resplandeciente  le  dijo  á  su  paje,  lo 
mandó  soltar  de  la  prisión  y  le  hizo  muchas  mercedes,  y  en- 
trándose en  un  jardín  de  su  casa,  solo  y  sin  acompañamiento, 
se  hincó  de  rodillas  y  inclinada  la  cabeza,  sin  alzar  los  ojos  al 
cielo  para  muestra  de  mayor  humildad,  dijo:— "Muchas  gracias 

1  Ea  los  jeroglíficos  siempre  se  representa  á  los  prisioneros  asidos  de  los 
cabellos. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  251 

te  doy,  Dios  Todopoderoso  y  hacedor  de  todas  las  cosas,  como 
causa  que  eres  de  todas  las  causas,  que  bien  y  verdaderamen- 
te creo  que  estás  en  los  cielos  claros  y  hermosos  que  alumbran 
la  tierra,  y  desde  allí  gobiernas,  socorres  y  haces  mercedes  á 
los  que  te  llaman  y  piden  tu  favor,  como  conmigo  lo  has  he- 
cho, y  te  prometo  de  recorfocerte  por  mi  Señor  y  Creador;  y 
de  agradecimiento  del  bien  recibido,  de  hacerte  un  templo 
donde  seas  reverenciado  y  se  te  haga  ofrenda  toda  la  vida, 
hasta  que  tú,  Señor,  te  dignes  de  mostrarte  á  este  tu  esclavo  y 
á  los  demás  de  mi  reino;  y  de  hoy  en  adelante  ordenaré  que 
no  se  sacrifique  en  todo  él  gente  humana,  porque  tengo  para 
mí,  que  te  ofendes  de  ello." — Y  acabado  de  decir  esto  se 
levantó  del  suelo,  y  él  más  alegre  que  jamás  había  estado, 
salió  á  la  sala  donde  los  grandes  estaban  esperándole,  los 
cuales  le  dieron  el  parabién  de  la  victoria  del  Infante,  y  el  Rey 
les  dijo: — "Este  parabién  lo  recibo  como  de  vasallos  que  tanto 
me  quieren,  pero  yo  más  bien  gustaré  que  deis  gracias  de  tan 
gran  victoria  al  Dios  Todopoderoso  hacedor  de  todas  las  cosas 
que  dio  ánimo  y  esfuerzo  á  mi  hijo,  niño  y  sin  fuerzas  como 
todos  sabéis,  porque  sólo  á  este  Dios  estimo  y  quiero  por  mi 
amparador,  y  de  hoy  más  no  ha  de  haber  sacrificios  de  gente 
humana,  que  este  Señor  se  ofende  de  ello;  esto  haced  y  casti- 
gad á  los  que  lo  hicieren;  y  porque  á  todo  el  mundo  sea  noto- 
ria la  victoria  de  mi  hijo,  salid  á  recibirle  todos  con  músicas  y 
bailes  hasta  que  lo  traigáis  á  mi  presencia,  y  al  Cazique  le  po- 
ned en  prisión  hasta  su  tiempo." 

Los  cuales  hicieron  lo  que  el  Rey  les  mandó;  y  habiendo 
llegado  al  Palacio  el  dicho  Infante  con  tan  gran  victoria,  el  Rey 
su  Padre  le  recibió  en  la  Sala  y  le  abrazó  y  le  besó  en  el  ros- 
tro, levantándose  del  suelo  donde  estaba  hincado  de  rodillas, 
besándole  las  manos,  y  le  llevó  á  un  canto  (ó  extremo)  de  la 
Sala  y  le  hizo  sentar  junto  á  sí  y  le  dijo: — "Cuando  yo  no  es- 
tuviera cierto  eras  mi  hijo,  como  lo  eres,  bastaba  el  haber  vis- 
to que  sintiendo  el  dolor  que  mi  alma  y  corazón  recibió  con  la 
vista  lastimosa  de  tus  hermanos  y  primos,  muertos  y  afrenta- 


252  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

dos  por  tan  cruel  hombre  en  tan  tierna  edad,  y  pospuesto  to- 
do temor  y  riesgo  de  tu  vida,  la  aventuras  por  vengar  su  muer- 
te y  mi  deshonra,  cuya  determinación  atribuyo  fué  por  orden 
del  Dios  "no  conocido,  que,  como  tan  poderoso,  fué  en  tu  ayuda 
y  socorro;''— y  con  otras  palabras  amorosas  le  dijo,  le  contase 
t;omo  había  tenido  ánimo  de  acometer  tan  grande  hecho.  El 
Infante  le  respondió:— '^Sabrás  mi  Padre  y  Señor  que  una  no- 
che de  estas  pasadas,  estando  durmiendo  ^n  mi  aposento,  en- 
tró en  él  mucha  luz  que  parecía  era  de  día,  y  despertando  vi 
junto  á  mi  cama  un  mancebo  blanco  y  muy  lindo,  con  vesti- 
duras muy  resplandecientes,  y  temeroso  de  la  visión  nunca 
vista,  me  cubrí  la  cara  y  el  mozo  me  llamó  y  dijo: — "Infante, 
no  temas,  que  yo  he  venido  de  parte  del  Dios  Todopoderoso 
que  creó  Cielos  y  Tierra  y  todo  este  mundo  que  ves,  á  quien 
tu  Padre  ha  llamado  y  hecho  ofrenda:  has  de  suerte  ^  que  ma 
drugues,  y  sin  decir  nada  á  tu  Padre,  ni  á  otra  persona,  te  va- 
yas (ó  vete)  á  las  fronteras  de  Chalco  donde  están  tus  herma- 
nos ,  que  á  tí  te  está  guardada  la  venganza  de  los  muertos  que 
el  Cazique  de  aquella  Proviocia  sacrificó,  y  si  lo  sabe  tu  Padre 
no  te  ha  de  dejar;  y  está  cierto  de  esto  que  te  digo,  que  cuando 
me  hayas  de  menester  seré  contigo." — Y  con  esto  desapareció 
quedando  el  aposento  como  de  antes.*-^To,  con  el  cuidado  de 
madrugar,  me  desvelé,  y  en  amaneciendo  me  levanté;  y  salien- 
do de  este  Palacio,  hallé  á  tres  mozos  de  mi  edad,  hijos  de  Ca- 
ziques,  que  me  preguntaron  donde  iba,  y  les  dye  que  tenía 
deseos  de  ver  á  mis  hermanos,  é  iba  donde  estaban.  Los  mo- 
zos dijeron  que  querían  ir  conmigo,  y  de  un  acuerdo  fuimos 
todos  á  la  dicha  provincia  y  llegamos  á  la  tienda  de  mis  her- 
manos, que  querían  (ó  se  disponían)  á  almorzar;" — ^y  le  contó 
lo  que  con  ellos  le  había  pasado  y  todo  lo  que  está  dicho  y 
más, — ^'que  cuando  llegué  á  la  tienda  del  Cazique  y  le  vi  y  la 
gente  que  consigo  tenía,  me  afligió  y  temí,  y  estando  indeter- 


1  £n  el  ori^Dal  4ioo — ka  de  haoerU, — que  no  forma  sentido  alguno  rec- 
to.—E. 


DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLILXOCHITL.  26^ 

minable  (ó  indeciso),  llegó  el  mancebo  lindo  y  Rermoso  y  me 
asió  del  brazo  derecho  diciéndome:  "no  temas  ni  desmayes  que 
aquí  estoy;"  y  cobrando  nuevo  ánimo,  llegué  y  le  saqué  preso, 
sin  que  nadie  me  ofendiese,  y  me  acompañó  hasta  que  me  de- 
jó en  salvo  entre  los  míos." — El  Rey,  en  reconocimiento  de 
tan  gran  merced  y  honra  como  le  había  hecho,  le  edificó  un 
templo  muy  suntuoso  de  calicanto  de  nueve  sobrados  en  alto 
y  en  el  último,  en  la  parte  interior  de  él,  guarnecido  de  oro  y 
piedras  preciosas,  y  por  la  exterior  con  un  jbetún  negro  y  al- 
gunas estrellas,  por  ser  cosa  oculta  y  no  conocida  el  Dios  que 
le  había  oído  y  hecho  merced;  y  á  esta  causa  no  le  hizo  esta- 
tua ni  figura,  quedando  en  vacío  hasta  su  tiempo,  mandando 
en  todo  el  Reino  que  de  allí  adelante  todos  hiciesen  ofirenda 
á  el  Dios  no  conocido,  causa  de  las  causas  y  Todopoderoso,  en 
incienso  y  copal,  todos  los  días,  á  las  horas  que  él  lo  había  he- 
cho y  hacía,  y  que  no  se  sacrificasen  cuerpos  humanos,  con 
graves  penas  que  puso;  y  en  el  citado  sobrado  del  dicho  Tem- 
plo, estaban  instrumentos  que  se  tocaban  á  las  horas  referidas 
de  la  ofrenda,  y  el  principal  instrumento  se  llamaba  Caüüiztliy 
que  era  el  nombre  del  Templo,  el  cual  acabado,  la  Reina  parió 
un  hijo  que  le  llamó  su  Padre  NezahuaJjnlli,  que  quiere  decir — 
Principe  ayunudo^ — por  los  cuarenta  días  que  su  Padre  ayunó. 

Sintiéndose  el  Rey  muy  á  punto  de  muerte,  siete  años  pa- 
sados de  lo  que  está  dicho,  mandó  juntar  todos  los  Caziques  y 
Señores  de  su  Reino  y  á  sus  hijos,  y  como  conociese  la  soberbia 
y  altitud  de  IchauUatoatzin  su  hijo  mayor,  temiendo  no  se  qui- 
siese alzar  con  el  Reino,  teniendo  á  su  hijo  NezahualpilK  jun- 
to á  sí,  que  era  niño  de  siete  años,  les  hizo  á  todos  este  parla- 
mento: 

"Bien  sabéis  y  os  es  notorio,  hijos  y  deudos  y  vasallos  míos, 
los  muchos  agravios  y  afrentas  que  de  aquel  Cazique  de  la  Pro- 
vincia de  Chalco  y  los  suyos  hemos  recibido  en  el  discurso  del 
tiempo  que  os  he  gobernado,  que  no  hemos  sido  poderosos  á 
satisfacemos  y  sujetarlos,  habiendo  sigetado  tantas  gentes  co- 
mo se  incluyen  en  el  sitio  y  tierra  que  hay  de  una  mar  á  otra; 


254  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

— — n» 

y  aunque  corrido  y  afrentado  por  consejo  y  parecer  de  los  Sa- 
cerdotes de  nuestro  templo,  hice  muchos  sacrificios  de  gente 
humana,  no  sólo  no  tuvo  remedio,  antes,  como  habéis  visto, 
prendieron  á  mis  dos  hijos  y  sus  dos  primos,  hijos  del  Rey  de 
México,  sacrificándolos  y  menospreciando  sus  personas  y  á  la 
de  sus  Padres;  que  considerado  todo  por  mí,  con  gran  dolor 
de  mi  corazón,  puse  los  ojos  en  el  Cielo,  consideré  su  hermo- 
sura, su  Sol,  Luna  y  Estrellas  y  todo  lo  creado,  y  entre  mí  di- 
je no  ser  posible  que  todo  esto  fuese  hecho  por  nuestros  Dio- 
ses, y  que  aquél  que  lo  hizo  y  creó,  había  sido  algún  Dios  muy 
poderoso  que  á  nosotros  era  oculto  y  no  conocido.  Con  esta 
consideración  sentí  un  nuevo  aliento  y  alegría  en  mi  corazón, 
y  determiné  á  recogerme  en  el  Bosque  de  Tezcufzinco^  donde 
ayuné  cuarenta  días  á  este  Dios  no  conocido,  ofreciéndole  in- 
cienso y  copal  á  diferentes  horas;  y  con  la  mayor  humildad  que 
pude  le  pedí  favor  y  socorro  para  mi  afiicción  y  desconsuelo. 
El  efecto  y  beneficio  que  se  me  siguió,  hoy  es  notorio,  que  por 
no  cansaros  no  lo  refiero;  y  últimamente  me  dio  este  Príncipe 
que  yo  tanto  deseaba,  teniendo  como  tenía  la  Reina  su  Madre 
tanta  edad,  y  al  cabo  de  tanto  espacio  de  tiempo  como  había 
pasado  sin  parir;  agora  me  siento  mortal  y  el  consuelo  que  lle- 
vo de  esta  vida  es  dejaros  un  Rey  como  os  dejo  por  el  Dios 
Todopoderoso,  en  el  cual  confío  que  os  ha  de  gobernar  en  paz 
y  quietud,  premiando  á  los  que  lo  merecieren  y  castigando  á 
los  malos  y  soberbios.  Por  tanto,  hijos  y  deudos  y  vasallos 
míos,  obedecedle  y  respetadle  como  á  vuestro  Rey  y  Señor  na- 
tural, que  de  ello  se  sirve  el  Dios  que  milagrosamente  me  lo 
dio,  que  es  Todopoderoso,  para  que  no  cumpliendo,  como  te- 
néis obligación,  á  sus  mandatos  y  órdenes,  os  castigará  ejem- 
plarmente como  lo  hizo  á  los  Chalcas  y  á  su  Cazique,  por  mano 
de  mi  hijo  el  Infante,  niño  y  sin  experiencia  de  la  guerra.  Y  á 
vos,  el  Príncipe  mi  hijo,  mirad  que  os  encargo  y  ruego  que  hon- 
réis á  vuestros  hermanos  y  á  todos  vuestros  deudos  y  vasallos, 
haciéndoles  mercedes,  que  de  esta  forma  se  grangean  las  vo- 
luntades y  son  queridos  y  respetados  los  Reyes  de  los  suyos 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  255 

y  temidos  de  los  enemigos;  mirad  que  fuiste  nacido  de  mila- 
gro, que  os  me  dio  el  Dios  no  conocido;  ^  respetad  su  templo  y 
hacedle  ofrenda  como  yo  he  hecho  y  vos  habéis  visto;  no  con- 
sintiendo que  haya  sacrificios  de  gente  humana,  que  se  enoja 
de  ello  castigando  con  rigor  á  los  que  lo  hicieren;  que  el  dolor 
que  llevo  es  no  tener  luz  ni  conocimiento  ni  ser  merecedor  de 
conocer  tan  gran  Dios;  el  cual  tengo  por  cierto  que  ya  que  los 
presentes  no  lo  conozcan,  ha  de  venir  tiempo  en  que  sea  co- 
nocido y  adorado  en  esta  tierra.  Y  porque  vos  mi  hijo  Acapi- 
piotzi  me  habéis  sido  siempre  obediente  y  he  conocido  vuestra 
lealtad  y  amor  que  me  habéis  tenido,  os  nombro  y  dejo  por 
coadjutor  del  Príncipe  mi  hijo,  para  que  junto  con  él  gobernéis 
el  Reino,  como  de  vos  confío." — Y  con  esto  abrazó  al  Príncipe 
y  besó  en  el  carrillo,  y  á  los  demás  hijos  y  deudos  fué  abra- 
zando. 

Luego  dicho  día,  muerto  el  Rey,  el  Infante  Acapipiotzi  entró 
en  la  Sala  en  donde  el  Rey  tenía  su  Trono  y  Majestad,  y  hizo 
que  el  Príncipe  se  sentase  en  su  silla  y  juntos  todos  los  her- 

1  El  Sr.  D.  Fernando  Ramírez  también  creía  que  este  Fragmento  no  era 
obra  de  Ixtlilxochitl,  sino  de  un  cronista  del  Siglo  anterior.  £n  él,  como  en 
la  leyenda  de  Quetzalcoatl,  de  quien  han  querido  hacer  un  obispo  católico  que 
profetizara  la  venida  de  los  españoles,  se  ve  el  ánimo  deliberado  de  presentar 
á  Netzahualcóyotl  como  un  filósofo  que  por  propia  intuición  conoció  al  Dios 
cristiano,  y  que  predijo  el  predominio  de  su  culto.  Ni  hay  otros  documentos 
auténticos  que  confirmen  esto,  ni  el  medio  social  en  que  vivía  Netzahualcó- 
yotl era  propicio  para  que  se  desarrollaran  esas  ideas.  Por  lo  demás  los  Na- 
huas  conocían  al  Dios  creador  y  conservador  del  Universo,  Tonacatecuhtli,  al 
Amictlan  que  nunca  perece;  pero  no  era  este  dios  un  ideal  que  correspondiese 
lógicamente  á  civilización  más  avanzada  que  la  de  los  indios,  era  el  fuego,  el 
dios  viejo,  á  cuyo  culto  sin  sacrificios  volvía  Netzahualcóyotl,  y  el  cual  había 
profesado  Quetzalcoatl;  y  por  eso  era  el  orarle  á  la  salida  del  sol,  como  los  pri- 
meros Nahuas. 

La  aparición  del  mancebo  en  esta  leyenda,  tiene  mucho  de  la  forma  de  los 
relatos  de  los  prodigios  cristianos,  y  confirma  que  aquella  es  apócrifa.  Pero  sí 
debemos  admitir  que  Netzahualcóyotl,  superior  al  culto  sanguinario  de  su  tiem- 
po, volvió  al  de  los  astros  de  los  primeros  Nahuas,  religión  dulce  y  profunda, 
que  en  aquella  sazón  existía  confundida  con  superticiones  groseras  y  ritos  san- 
grientos entre  los  mexicas  y  los  pueblos  sincrónicos. 


256  OBRAS  mSTÓHICAS  DÜ 

manos  y  CazSquBS  y  Principales  del  Remo,  le  besaron  las  ma- 
nos como  á  su  Rey  y  Señor  natural,  desde  el  heredero,  su  coad- 
jutor y  los  demás  hermanos,  hasta  el  último  de  los  presentes; 
y  jurando  obedecerle  y  respetarle  y  serle  leales.  Estando  en 
esto  el  hermano  menor,  que  era  el  Infante  Axoquentzin,  entró 
y  hincado  de  rodillas  delante  de  su  hermano  el  Rey,  le  pidió 
mercedes  de  los  servicios  que  había  hecho,  y  queriendo  ha- 
blar el  dicho  Infante  coadjutor,  el  Rey  le  mandó  callar,  (di- 
ciendo) que  él  quería  proveer  en  razón  de  lo  que  su  hermano 
pedía;  y  mandó  á  uno  de  los  Caballeros  que  allí  estaban,  que 
con  \m  pintor  y  un  carpintero  ftiesen  á  la  provincia  de  Chalco 
y  viesen  los  Palacios  que  allí  tenía  el  Cazique  y  Señor  de  aque- 
lla Provincia,  y  se  los  trajesen  pintados,  sin  faltar  cosa;  los  cua- 
les habiendo  vuelto  y  dádole  cuenta  de  lo  que  habían  ido  á 
hacer,  mandó  que  en  lo  mejor  de  la  ciudad  se  le  hiciese  al  di- 
cho Infante  su  hermano,  otros  tales  y  tan  buenos  Palacios  en 
que  viviese,  y  le  dio  renta  en  la  dicha  Provincia  de  Chalco  y 
otros  lugares,  con  que  como  gran  Señor  vivió  y  tuvo  descanso. 
El  Cazique  viejo  que  estaba  preso  no  le  quisieron  sacrificar 
por  la  prohibición  hecha,  aunque  era  el  castigo  que  se  daba;  y 
por  su  culpa  y  delito  le  echaron  vivo  á  los  leones  que  el  Rey 
tenía,  donde  fué  muerto  y  despedazado. 


II. 

NOTICIAS  M  NEZAHUALPILLI. 

Vivió  NemhxmlpiltzinÜi  cincuenta  y  dos  años  y  reinó  cuaren- 
to  y  cuatro,  y  en  su  tiempo  se  guardó  y  tuvo  (en  cumplimiento) 
todo  lo  que  Nezakualcoyotzin  dejó  ordenado  y  mandado,  sin 
exceder  cosa  ninguna.  Tuvo  69  hijos  varones  y  66  hijas,  y 
cuando  murió  NezahualpUizintli  le  quemaron  el  cuerpo  como  á 
su  padre,  y  asimismo  quemaron-  con  él  mucho  oro,  plata,  jo- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOGHITL. 


257 


yas,  chalchihuites  y  penachos,  y  doadentoa  indios  varones  es- 
clavos y  cien  esclavas;  y  muerto  NezahualpiltzinÜi^  hicieron  Se- 
ñor á  Cacamatzin  hijo  suyo  (natural)  y  sobrino  de  Moteczuma^ 
hijo  de  su  hermana,  el  cual  juntamente  con  Moteczuma  y  el 
Señor  de  Tlacopan,  ganaron  á  JSEcUantxinco  y  á  ChaUiamquizco. 


III. 


NOTAS  CRONOLÓGICAS.' 


Era  MtzieMtt.  Én  oemáo. 


13  AcaU. 


2Gal\i. 
3  Toxtli. 
2  Toxtli. 

7Calli. 


1427 


1  Tecpatl.      1428 


1429 
1429 
1442 

1473 


Sujetó  Nezahualcoyotzin  á  Texeuco^  Cq- 
huaüichan  y  Acolraan,  Ayudaron  los  de 
TlcucccUan^  Choleo^  Huexutúnco  y  otras 
partes. 

Sujetó  á  AzcaputzalcOj  Tenayocan^  Toti- 
tUxn^  Cuauhtitlan^  Tlacopan^  Coyohuaccm^ 
Atlacohuayan^  HuitzUopoxco  y  Culhuacan. 
Sujetó  á  Xuchimüco, 
Sujetó  á  Cuitlahuac, 

Sujetó  á  la  provincia  de ^Ozlo- 

man. 

Sujetó  á  TUddvlco  con  ayuda  de  Neza^ 

hucUpiÜzinÜi»  ^ 


1  Este  Fragmento  está  sacado  en  una  foja  suelta  y  sm  paginación  que  encon- 
tré metida  dentro  del  volumen  que  copio;  la  cual  por  su  semejanza  en  las  for- 
mas extrínsecas  y  en  el  carácter  de  letra  con  que  está  escrita,  parece  tener  al- 
guna conexión  con  el  Fragmento  que  sigue,  aunque  no  respondo  de  ello,  pues 
tampoco  comprendo  el  designio  que  llevara  su  autor  al  escribirla,  ni  presumo 
quién  sea  éste. — B. 

2  Aquí  está  raída  la  mitad  inferior  del  renglón.  Parece  que  dice — Qsto- 
iTian, — K. 

8  No  hay  duda  en  que  el  autor  omitió  aquí  por  distracción  el  nombre  del 
Bey  ó  Señor  que  hizo  la  conquista  de  Tlaidvlco^  puesto  que  Nezahualpiliziti' 
ili  no  podía  figurar  en  ella  como  auxiliar  de  su  padre  NezakualcoyoiL 

Tomo  1—17 


258 


OBRAS  HJSTÓIUGAS  DE 


11  Calli. . 

6  Acatl. 

10  AcatL 


]tneoiii4n« 

1477  Siyetó  á  Tlacotepec. 

1511  Sujeló  á  Alasquiyauh.^ 

15315.  Se  sujetó  IzUactlalocan  y  murió  Nezor 


IV. 


PINTÜBA  BE  MÉXICO.  < 


1.  Tlaxco. 

2.  Chapolitxitlan. 
2.  Teticpac. 

4.  Tozanco. 

5.  Ocuillan. 

6.  Tenantzinco. 

7.  Tlahuilílpan. 

8.  Ayotoxco» 

9.  Chiapan. 

10.  Cuextlaz^onUa. 

11.  TzapoUa. 

12.  XochiUa. 

13.  AmaxUacompa. 
14   Achiotla. 


15.  Guauhualhuatlan. 

16.  Xoxolan. 

17.  Yepatepec. 

18.  Nopaltepec. 

19.  Tototepec(delSur.) 

20.  Tzontzontepec. 

8 

1.  Texcuco. 

2.  Cohuatlíchan. 
S>«  Acolman. 

4.  Otumpan. 

5.  Ázcapotzalco. 
&  Tenayocan. 
7.  Tollitlan. 


1  Atlachquiyauh. 

2  Esta  es  la  pieza  á  que  me  referí  en  nota  anterior.  Al  ver  su  título 
presumí  que  fUpra  la  explicación  de  alguno  de  los  mapas  topog;^cos  de  Mé- 
xico y  sus  contomos,  de  que  hace  mención  Boturini  en  el  Catálogo  de  su  Mi^ 
$€0  Indiano^  párrafo  Vil,  nn.  11  y  14;  mas  la  diversidad  de  pueblos  que  allí 
se  mencionan  excluye  esta  ponjetura.  Tal  ye«  será  la  explicación  de  algún 
mapa  del  antiguo  imperio. M^xicancr-B^ 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 


259 


8.  Cuauhtitlan. 

9.  Tlacopan. 

10.  Coyohuacan. 

11.  Colhuacan. 

12.  Xuchimilco. 

13.  Chitlahua. 

14.  Mizquic. 

15.  Tolantzinco. 

16.  Cuauhchinanco. 

17.  Pahuatla. 

18.  Xicotepec. 

19.  Yauhtepec. 

20.  Ahuacayocan. 


31.  Yehualtepec. 

32.  Cuauhtoxco. 
33>  Toxpan. 

34.  Tduhcohnae. 

35.  Tlapaloyan, 

36.  Tlacaoltzauhtitlan. 

37.  Mazahuacan. 

38.  Cohuixco. 

39.  Oztoman. 

40.  Quelzaltepec. 

41.  Ixcateopan. 

42.  Teoxahualco. 

43.  Poctepec. 

44.  Tamazolapan. 


46.  Chilapan. 


56.  Xochipalco. 

57.  Xiquipilco. 

58.  Xocotitlan. 

59.  Xilotepec. 

60.  Matlatzinco. 

61.  Teuhtenanco. 

62.  Tlacotepec. 

63.  Calimayan. 

64.  Amatepec. 

65.  Xiraatepec. 

66.  Tolocan. 

67.  Ahuilizapan. 

68.  Tototlan. 

69.  Oztotipac. 

70.  Chinantlan. 

71.  Tzompantepec.  * 

2 

DE  MIGHOHUACAN  GANARON: 

1.  Tlaximaloyan, 

2.  Maravatío. 

3.  Acámbaro. 

4.  Ocuario. 

5.  Tzinapecuaro. 


1  Esta  es  la  copia  de  la  foja  suelta  de  que  hablé  antes,  que,  más  que  la  ante- 
rior, presenta  el  tipo  de  un  derrotero,  como  lo  manifiestan  las  palabras  con 
que  comienza  y  la  mixtura  de  nombres  l'arascos  y  Mexicanos.  Tal  vez  se  quiso 
formar  el  de  la  emigración  que  partió  de  por  Tampieo^  pasando  por  JíteAua- 
can, — R. 


260 


OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


9 

81.  Iztactlalocan. 

82.  Ixquixochitepec. 

83.  Tlacotepec. 

84.  Mitlatzinco. 

85.  Xaltianquixco. 

86.  Tlatlauhquitepec. 

87.  Ocotepec. 

88.  Toxtepec  (Icpatepec») 

89.  Ozelotepec  (Nopaltepec.) 

1.  Huexutla. 

2.  Chimalhuacan. 

3.  Tepetlaoztoc. 

4.  Tezoyocan. 

5.  Tepexpan. 

6.  Chicuhnauhtlan. 


21.  Tepexco. 

22.  Cuauhnahuac. 

23.  Tlahuic. 

24.  Chalco. 

25.  Tzocan. 

26.  Tepeyacac. 

27.  Tecalco. 

28.  Teohuacan. 

29.  Cuauhyxtlahuacan. 

30.  Cuatlaxtla. 

U 

17.  Ahuatepec. 

18.  Tizayocan. 


19.  Tepilpan. 

20.  Tezoltepec. 

21.  CalpoUalpan. 

22.  Apan. 

23.  Tepepulco. 

24.  Tlalanapan. 

25.  Izempohualan. 

26.  Achichilacazyocan. 

27.  Tetelyzlacan. 

28.  Tzihuinquüocan. 

29.  Cohuatepec. 

30.  Tlapaphuacan. 

31.  Tetitlan. 

32.  Nopaltepec. 

6 

46.  Quiauhteopan. 

47.  Ohuapan. 

48.  Tzompahuacan. 

49.  Cozamalloapanpanico. 

50.  Tlahuitocan. 

51.  Coxütlan. 

52.  Acallan. 

53.  Apiaztlan. 

54.  Telcoyoyan. 

55.  Otlaquiquixtlan. 

8 

71.  Tzapotepec. 

72.  Capolalpan. 

73.  Yohualtepec. 

74.  Tlapan. 

75.  Xoconoxco. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  261 

76.  Xocotlan.  8.  Caiiauhtla. 

77.  Maxtlan.  9.  PopoUan. 

78.  Huixtlan.  10.  Xaltocan. 

79.  Tlaxquiyauhca.  11.  Tecaman. 

80.  Malinaltepec.  ^  12.  Tezontepec. 

13.  Aztaquemecan. 
10  14.  Axapuxco. 

16.  Cuauhtlaltzinco. 
7.  Teotihuacan.  16.  Oztotipac.^ 

1  Esta  columna  es  la  continuación  de  la  nómina  del  principio. — B. 

2  Los  nombres  de  estos  pueblos  están  distribuidos  en  el  MS.  del  Museo  en 
cuatro  series,  cada  uno  con  su  respectivo  numeral;  mientras  que  aquí  están  en 
un  completo  desorden.  Aquellas  series  son:  Vt  del  1  al  20;  2?  del  1  al  5;  8?  del 
1  al  80;  y  4^  del  1  al  82.  Los  numerales  puestos  aquí  á  la  cabeza  de  cada  gru- 
po de  nombres  indica  el  orden  en  que  debía  colocarse  conforme  al  MS.  del 
Museo. 

Yo  disiento  de  la  opinión  del  Sr.  Bamírez  sobre  esta  lista.  Si  se  leen  con 
cuidado  los  relatos  de  las  primeras  crónicas  mezicanasi  como  son  la  de  Tezo- 
zomoc  y  el  P.  Duran,  y  se  estudian  los  jeroglíficos  del  Códice  Mendocino,  se 
comprenderá  que  esta  es  una  lista  de  los  pueblos  conquistados  por  la  confede- 
ración del  Anahuac,  y  considerados  aquí  en  su  calidad  de  tributarios  de  Tex- 
coco.  Los  pueblos  pertenecientes  á  la  columna  1,  abrazan  la  región  del  Sur; 
los  de  la  columna  2  la  parte  de  Michuacan;  la  de  la  columna  4  la  parte  sur 
del  Valle  de  México,  extendiéndose  hasta  CuemaTaca;  los  de  las  columnas  6 
y  6  los  pueblos  de  la  región  del  Oriente;  los  de  la  columna  7  los  pueblos  de  la 
parte  que  hoy  forma  el  Estado  de  México;  los  de  las  columnas  8  y  9,  hasta  el 
número  89,  los  pueblos  que  se  extendían  en  la  Mesa  Central  desde  más  allá 
de  Tlaxcallan  hasta  el  mar:  en  todos  estos  pueblos,  conquistados  en  unión  de 
los  Mexicas  y  Tepanecas,  tenían  los  Señores  de  Texcoco,  dos  quintas  partes 
délos  tributos.  Formaban  su  territorio,  y  percibían  en  ellos  todos  los  tributos, 
los  pueblos  comprendidos  en  la  columna  8,  del  1  al  6  en  la  columna  9,  y  los  de 
las  columnas  10  y  11. 


RELACIÓN  CUARTA.^ 


De  lot  anHffuoi  Reyes  Monarccu  CMehimeoot, 

Los  Monarcas  Señores  Chichímecos  antepasados  del  gran 
Ghichimeca  Xohtl^  de  los  ^Ue  se  les  halla  hidoria  y  pintura, 
faeron  los  que  se  siguen,  que  tenían  su  imperio  debtgo  del  Sep- 
tentrión. 

Icauktzin^  visabuelo  de  XoloÜ^  gobernó  180  años,  y  comenzó 
á  gobernar  en  el  año  que  ellos  llaman  matlactu  omet  Agatl, 
trece  cañas,  que  conforme  á  la  nuestra  fué  en  el  de  489,  en  el 
cuarto  año  del  Pontificado  de  Félix  III^  en  el  décimo  tercero 
del  imperio  de  Zenón  y  el  primero  del  reinado  de  Alarico  en 
España. 

.  Muerto  Icauhtún  le  sucedió  su  hijo  MozdoqaibAn  y  entró  á 
gobernar  en  el  año  de  matlactli  once  Agatl,  once  cañas,  que 
es  en  la  nuestra  el  de  669,  en  el  segundo  año  del  imperio  de 
Cbn«ton¿iwo  /F,  en  el  décimo  segundo  del  Pontificado  de  VUe- 
liano  y  en  el  mismo  del  reinado  de  Recesmndo;  el  cual  murió 
después  de  haber  gobernado  156  años^  en  el  año  de  hatlagtu 
ToxTu,  diez  conejos,  que  es  en  la  nuestra  el  de  825,  al  según- 

1  Las  tres  primeras  Belaci(nies  que  aqHÍ  se  echan  menos  pertenecen  á  los 
TuUeoaa,  y  ^pot  tal  motiTo  se  han  colocado  como  Apéndices  en  sus  lagares  res- 
peotivos  de  la  Sumaria  Itelaeiánf  etc. ,  conforme  al  sistema  de  reunir  en  un  solo 
cuerpo  todas  las  noticias  oorrespondientes  á  la  Historia  TuHeca.  Las  Bda- 
ciones  15  y  2^  se  han  copiado  al  fin  de  la  1?  de  éstas,  y  la  8?  al  Ande  la  6? 


264  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

do  del  Pontificado  de  Eugenio  11^  en  el  décimo  primero  del 
imperio  de  Ludovico  /  y  en  el  tercero  del  reinado  de  Ramiro 
en  España. 

Muerto  Mozdoqaitzin^  heredóle  en  el  reino  Tlamacatün^  el 
cual  gobernó  dentó  treinta  y  tres  años  y  murió  en  el  año  de  la 
última  destrucción  de  los  Tultecas,  y  heredóle  en  sus  reinos  y 
señoríos  Achcauhtzin,  hermano  mayor  de  Xolotl,  á  quien  dejó 
gobernando  cuando  vino  á  estas  partes.  Por  haberles  quemado 
las  historias  á  estos  naturales,  no  se  halla  más  noticia  de  los 
Reyes  Chichimecas  más  de  lo  que  está  declarado.  Otros  mu- 
chos Reyes  tuvieron  pasados  de  estos  referidos,  como  fueron 
después  de  Chichimecatl,  los  siguientes:— Mixcohuatl,  HuitzHo- 
pochtli^  HuemaCj  Nauhyotl,  Cuauhtexpetla^  Nohualca,  Huetzin^ 
Cuauhtonal,  Mazatzin,  Quetzal^  y  otros  muchos  que  por  no  ha- 
ber noticia  de  los  años  que  gobernó  cada  uno  y  cuáles  fueron 
los  primeros  ó  postreros,  río  se  ponen  aquí  por  su  orden  con  los 
años  que  gobernaron. 


SEGUNDA   BELACION,^ 


El  primer  antiguo  Monarca  Chichimeco  que  memora  la  his- 
toria fué  Icauktzin,  visabuelo  de  XoloÜ  que  comenzó  á  gober- 
nar en  el  año  que  ellos  llaman  matlactli  omey  AcATLypor 
nuestra  cuenta  631  de  la  Encarnación. 

1  Este  y  los  siguientes  extractos  puestos  al  fin  de  las  Belaciones  sucesivas 
y  anotadas  en  igual  forma,  son  sacados  de  un  resumen  histórico  que  escribió 
el  mismo  autor  con  el  títnlo  de  Reladén  sucinta^  en  forma  de  Memorial,  de  las 
Historias  de  Nueva  España  y  sus  Señoríos  husta  el  ingreso  de  los  Españoles. 
Escrita  por  el  mismo  autor.  Cómo  en  esta  delación  no  hace  más  que  repetir, 
muchas  veces  textualmente,  lo  que  dice  en  las  otras,  he  Juzgado  inútil  copiar- 
la á  la  letra,  j  por  lo  mismo  he  sacado  las  noticias  que  añaden  ó  enmiendan 
las  que  Cuites  ha  dado.  Lo  que  trae  nuevo  se  ha  copiado  á  la  letra.— R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  265 

Le  sucedió  en  el  trono  Mozdloquixtzin  ^  en  el  año  once  Acatl 
y  nuestro  715,  y  murió  en  el  de  871. 

Le  sucedió  Tlamacatzin  que  murió  en  el  año  de  1004,  en  el 
cual  se  destruyeron  los  Tultecas,  heredándolo  su  hijo  Achcau- 
tzin. 

1  Moceloquitzin. 


RELACIÓN  QUINTA. 


J)H  n^  Xóíotl,  tennr  ppbimUr. 

£1  título,  que  por  su  manche  valor  y  poder,  tüepon  al  gran 
Xolotij^  sus  desceadieates,  «s$>ecíalifiente  á  los  que  «i>an  por 
linea  recta,  lué  el  úe  OHciHanccAti.  Tecdütu,  Huet  TLATomiAm, 
que  quiero  decir  en  noestro  jroiiutace — íjhmi  'Beüor  6  Jíentama 
y  JBey  de  kt»  mtmynes  Ghickisneoe^  que  «na  todo  lo  qae  le  pru^ 
dieron  sublimar;  todo  lo  cual  le  venía  de  ilevecho  per  lud)er 
sido  ei  tercer  poblador  de  toda  esta  iienra  Tuléeca  «que  ahora 
se  llama  Nueva  España,  7  ser  del  linaje  de  donde  desciendo^ 
el  cual  vixK)  de  bacía  el  Segpitenkióii  y  trajo  consigo  seis  Seño- 
res vosaUos  suyos,  con  grandísima  multitud  de  gentes,  ^  bom- 
bres  como  mujeres,  deseoso  de  coI^pli^r  y  poblar  nuevas 
tiendas,  «aliándose  de  su  patria  aatigua  un  atk»  después  de  ia 
destrucción  de  los  Tulfcecas,  que  se  llamaba  om  calli. 

Llegó  á  Tula,  ciudad  antigua  y  cabecera  de  la  Monanqoíat  de  \ 
los  Tul  tecas,  en  el  año  y  ñguca  llamado  n  agíbu  Teopatl,  «kico  . 
pedernales,  y  gustado  eon  la  nuedlra  fué  en  el  de  962,  en  «i 
Pontificado  de  £enedicéo  V^  al  v^éeimo  cuarto  del  ingerto  de 
Othán  II Y  eu  el  primero  de  JBepnmde  11^  habiendo  d^do  á 
su  bermaiK)  mayor  Achomiktdn  por  Hey  y  Monarca  de  las  na- 
ciones Chichimecas  que  caen  hacia  la  banda  del  Septentrión, 
como  está  declarado  atrás. 


268  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Llegado  que  fué  á  estas  partes  comenzó  á  descubrir  nuevas 
tierras  y  buscar  si  por  ventura  hallaba  algunos  moradores  de 
ellas,  porque  hasta  entonces,  en  todas  las  que  él  había  andado, 
casi  cuatro  años,  no  había  hallado  uno  tan  sólo;  el  cual  habien- 
do reconocido  toda  la  tierra  de  una  mar  á  otra,  halló  en  las 
riberas  de  esta  laguna  grande  y  en  otras  partes,  en  seis  ó  siete 
lugares,  como  eran  Oulhuacan^  ChapuUepec^  Tloizalan  y  los  de- 
más, algunos  caballeros  descendientes  de  los  Reyes  y  Tultecas 
que  habían  escapado,  con  alguna  de  la  gente  común  y  criados, 
los  cuales  dieron  razón  de  su  destrucción  y  calamidades,  espe- 
cialmente NauhyoÜ  Señor  de  Culhudcan. 

Visto  por  XoloÜ  su  destrucción  y  la  tierra  despoblada,  tomó 
posesión  de  ella,  conforme  á  su  modo,  diciendo  que  sin  per- 
juicio y  sin  quitársela  á  nadies  la  tomaba  por  suya  y  tomó, 
y  hizo  demarcación  sobre  ella;  primeramente  en  la  que  cupie- 
ron sus  vasallos  que  trajo  consigo,  que  fueron  por  todos,  se- 
gún parece  en  la  historia,  1.600,000  hombres;  y  á  los  otros  seis 
Señores  que  vinieron  después  que  él  estaba  en  esta  tierra,  re- 
partió los  pueblos  y  lugares  acomodados  á  su  propósito,  y  lue- 
go asimismo  tomó  posesión  de  todo  lo  restante  desde  la  mar 
del  Norte  hasta  la  del  Sur,  en  donde  después  él  y  sus  descen- 
dientes la  fueron  poblando  y  los  Tultecas  que  escaparon  en 
las  costas  de  la  mar.  Tuvo  tres  hijos  el  gran  XoloÜ  en  la 
Reina  su  miger,  llamada  Tomiauh^  Señora  de  los  Cuextecos. 
El  primero  fué  el  Príncipe  NopaUzin^  que  después  fué  se- 
gundo GhichimecaU  TecuMi  de  esta  tierra:  la  segunda,  {Ouetla-- 
xuchiü:  y  la  tercera)  la  Infanta  Zihuaxoch%  ^  que  después  fué  la 
primera  Reina  de  Xaltocan. 

NopaUzin,  que  fué  el  sucesor,  cuando  salieron  de  su  patria 
era  ya  mancebo,  y  así  había  pocos  años  que  estaban  en  <ísta 
tierra,  cuando,  su  padre  acordó  casarlo  con  la  Infanta  AzcaJtíxor 
chitL,  hija  del  Príncipe  PochoÜ^  heredero  del  imperio  Tulteca  y 
nieta  del  gran  Topützirij  en  la  cual  Señora  tuvo  tres  hijos  varo- 

1  Oihuaxochitl. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.         269 

nes.  El  primero  llotdn,  que  después  fué  tercer  Chichimeca 
TecuhÜi  de  esta  tierra.  El  segundo  fué  Thxieqaihuatzin^  primer 
Señor  de  Tenamitec.  El  tercero  Atencatzin^  primer  Señor  de 
Zacattan.  Y  de  éstos  descendieron  los  que  después  fueron  de 
ZacaÜan^  lenamitec  y  otras  partes. 

Había  pasado  un  Xiuhtlalpili^  que  son  cincuenta  y  dos  afíos^  que 
los  Tultecas  se  habían  destruido,  y  cuarenta  y  siete  que  estaba  en 
esta  tierra  el  gran  Chichimecati  gobernando  sus  reinos  y  seño- 
ríos, cuando  vinieron  las  naciones  Aculhuas^  Tepanecas  y  Otomi- 
tes,  que  por  ser  las  dos  primeras  tan  altas  de  cuerpo,  les  llamaron 
Tlacahuehueytaqaey  que  quiere  decir  hofinbres  largos,  que  eran 
de  las  provincias  de  Mchuacan,  que  á  respecto  de  esta  tierra 
es  al  Occidente;  los  cuales  trajeron  tres  Señores  y  cabezas  con 
el  mismo  intento  de  poblar  es^ja  tierra,  y  visto  por  ellos  cómo 
la  tenía  y  poseía  el  gran  XoloÜ,  y  que  era  muy  grande  el 
poder  que  tenía  y  hombre  muy  valeroso,  acordaron  de  ve- 
nir derecho  á  Tmayuca,  ciudad  en  donde  tenía  su  corte  y  mo- 
rada, á  ofrecérsele  por  sus  vasallos;  y  dada  la  obediencia  le 
pidieron  tierras  en  donde  ellos  y  sus  vasallos  poblasen,  el  cual 
los  recibió  y  se  holgó  de  verlos,  porque  sabía  y  tenía  noticia 
muy  bien  de  ellos,  que  era  gente  muy  ilustre  y  política,  y  de 
alta  sangre,  y  les  hizo  muchas  mercedes,  entre  las  cuales  fue- 
ron las  más  señaladas,  que  fué  hacerlos  sus  yernos  á  los  dos 
más  principales  de  ellos,  en  esta  manera.  A  Aculhua,  que  era 
el  más  principal,  le  dio  por  mujer  á  su  hija  la  Infanta  Cuetla- 
xuchi,  con  la  ciudad  de  AzcaputzaJco  y  otros  muchos  pueblos  y 
lugares  en  donde  poblasen  los  que  él  traía  consigo,  que  eran 
los  Tepanecas;  y  al  segundo,  llamado  Chiconcuauh,  Señor  de 
los  Otomites,  le  dio  á  su  hija  la  menor  Zihuacxuchi,  con  la  ciu- 
dad de  XaUocan  y  otras  muchas  tierras  pobladas,  y  por  poblar. 
Al  último  de  estos  tres,  que  era  Tzontecoma,  mancebo  de  poca 
edad.  Señor  de  los  Aeulhuas,  le  dio  á  Cohuatlichan  con  otros 
muchos  pueblos  y  lugares  donde  los  suyos  poblasen  como  los 
demás  sus  compañeros,  el  cual  casó  por  mandado  de  Xolotl 
con  una  Señora  descendiente  de  los  Reyes  Tultecas,  llamada 


270  OBRAS  HISTÓRICAS  DE 

Tlatemkixa  ^  (hga)  de  ChakhivMonac  y  de  Cohuaxockitzin^  Seño- 
res de  Tlakmc.  Como  tengo  declarado,  (este)  es  el  verdadero 
origea  de  los  Acvlhuas^  conforme  á  la  original  historia,  los  cua- 
les entraron  en  esta  tierra  en  el  año  de  ce  Teppatl,  mi  peder- 
nal, que  conforme  á  nuestra  cuenta  ftié  en  el  de  1010,  el  se- 
gundo del  Pontificado  de  Benedicto  VIII^  en  el  octavo  del 
imperio  de  Enrique  11,  y  en  el  cuarto  del. reinado  de  Btrmu- 
doin. 

Había  veintiaeia  años  que  los  Acuilmas  estaban  en  esta  tierra 
y  setenta  y  ocho  ^  después  de  la  destrucción  de  los  Tultecas,  y 
sesenta  y  tres^  que  Xolotl  estaba  en  esta  tierra  gobernando  con 
mucha  paz  sus  tierras,  reinos  y  señoríos,  cuando  los  Cidkuas 
TuUeoas  se  iban  juntando  en  (Mhuacan  y  otras  partes,  y  ha- 
ciendo grandes  edificios  y  reedificando  algunos  lugares  arrui- 
nados de  sus  pasados;  (y  entonces)  acordó  Xohtl  de  mandarles 
que  le  diesen  algún  reconocimiento  como  á  universal  Señor  de 
toda  la  tierra,  pues  ya  ellos  habían  convalecido  y  vuelto  casi 
al  punto,  en  que  estaban  antes  que  se  destruyeran.  Ellos  vien- 
do inconsideradamente  que  XoM,  á  los  seis  Señores  que  trajo 
consigo  y  á  los  otros  seis  que  después  vinieron  les  había  dado 
en  diversas  partes  en  donde  tuvieran  sus  Señoríos  y  estaban 
desparramados,  y  los  más  de  ellos  lejos  de  Tenayuca,  enten- 
diendo que  no  le  acudirían  tan  presto  con  gente,  le  respondie- 
ron que  no  obedecían  á  ningún  Señor  en  el  mundo;  si  no  era 
sólo  á  su  ídolo  á  quien  ellos  adoraban.  Visto  el  gran  ChichimecaÜ 
su  desvergüenza  y  poco  temor,  recogió  alguna  gente  dentro 
de  su  propia  ciudad  de  Tenayuca  sin  dar  parte  á  los  demás  de 
sus  Reyes  y  Señoríos,  confiado  en  el  valor  de  los  Chichime- 
cas  sus  vasallos,  con  que  hizo  un  razonable  ejército,  casi  de  las 

1  Supongo  qtte  e&Tlatzin  Bolamente,  como  lo  demuestra  la  terminación  re- 
verencial; 7  que  el  copista  le  agregó  Atara,  que  es  la  palabra  siguiente  hija, 

2  En  estas  Relaciones  está  también  traatoinada  la  cronología,  pues  la  des* 
trucción  de  los  toltecas  fué  en  1116. 

8  £1  copiante  omitió  la  primera  sílaba  en  el  original,  que  dice — y  senia 
Ate— R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  1XTLII;K0CHITL.  271 

tres  partes,  las  dos  menos,  del  ejército  de  los  Gulhuas,  y  en- 
vió sobre  ellos  con  este  ejército  á  su  hijo  el  Principe  NopaUsm^ 
que  ya  ellos  estaban  apercibidos  y  aguardando  á  los  Ghichime* 
cas.  Tuvieron  una  cruel  baíalla  en  donde  murieron  casi  todos 
los  del  ejército  de  los  Tultecas,  y  muy  pocos  Chichimecas,  y 
entre  ellos  su  rey  NauhyoÜ.  Vencidos  y  sujetos  los  Gulhuas, 
mandó  jurar  el  Príncipe  NopaUzin  con  orden  de  su  padre,  por 
Rey  de  Oalhuaccm  á  su  cuñado  AchitorneÜ^  nieto  del  gran  To- 
piU&n^  á  quien  de  más  derecho  le  venía  este  reino  que  á  otro 
ninguno,  y  de  este  Señor  descendieron  los  demás  que  de  Ouln 
kuaoan  fueron.  £sta  fué  la  primera  batalla  que  tuvo  Xolotl  en 
esta  tierra  con  los  Tultecas,  que  fué  en  el  año  de  matlacti  omey 
cALLi,  trece  casas,  y  á  la  nuestra  1035,  en  el  tercer  año  del  Pon- 
tificado de  Benedicto  IX,  en  el  décimo  del  imperio  de  Conrado 
II  j  en  el  décimo  octavo  de  Femando  JRey  de  España. 

Su  nieto  del  Rey  XoM,  llamado  TlaUdu^  hyo  del  Príncipe 
-RTopoibín  su  universal  heredero,  que  después  fué  tercer  Gtó- 
cAímecatf  TeouhÜi  de  esta  tierra,  casi  á  estos  tiempos  casó  con 
la  Princesa  Tocpacxochüzin,  hija  de  OuauhUapcU^  uno  de  los 
seis  Señores  que  trajo  XoloU  consigo  y  deudo  muy  cercano 
suyo,  el  cual  era  Señor  de  toda  la  provincia  de  Tlamamaü- 
huazoo^  que  en  aquellos  tiempos  era,  y  de  Xiloxochi^  y  de  esta 
Señora  tuvo  seis  hijos.  La  primera  se  llamó  Malinalxochi,  que 
casó  con  IxmiU,  su  tío  en  segundo  grado,  Príncipe  heredero 
del  reino  de  Cohuatlichan  de  los  Aeulhuaa.  La  segunda  fué  la 
Infanta  Azoatícuohitl,  que  casó  con  TlaUecapatzi%  Señor  de 
TzacuaUitlcm.  El  tercero  tüé  el  gran  Qumatzin  y  por  otro  nom^^ 
bre  TlaUecatzin^  que  después  fué  cuarto  ChichimecaÜ  Tecuhtíi 
de  esta  tierra:  el  cuarto,  Nopaltzin  CtieÜaxhuitzin:  el  quinto  To- 
chinteouJUH^  prin^er  Rey  que  fué  de  Huexotdnco;  y  el  sexto 
XiuhquetaaUzm^  primer  Rey  de  Texcalan^  que  ahora  se  llama 
Tlcuccálan. 


1  Por  primera  Tez  dice  Ixtlilxochitl,  que  Tlaxcalla  se  llamó  primitivamente 
Tezcalan;  es  decir,  usando  la  bueoa  oitogníía,  TexMlla.ó  Xexoallan.  SegiSn 


272  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

En  el  año  que  ellos  llaman  ce  Tecpatl,  un  pedernal,  que  ha- 
bían pasado  104  años  que  los  Tultecas  se  habían  destruido  que 
es  una  edad,  que  ellos  llaman  Zehuehüetiliztli,  y  ajustado  á 
nuestra  cuenta  el  de  1062,  en  el  primer  año  del  Pontificado  de 
Alejandro  11^  en  el  quinto  del  imperio  de  Enrique  IV  y  a  los 
cuarenta  y  cinco  del  reinado  de  Femando  J,  sucedieron  las  co- 
sas siguientes.  Primeramente,  á  los  primeros  días  de  este  año 
fueron  enviados  los  Infantes  hyos  de  Tlotzin  á  Huexotdnco  y 
Tlaxcala  como  está  referido,  á  cada  uno  con  fuertes  caballeros 
hy  os  de  Señores  ayos  suyos,  y  luego  sucedieron  las  guerras  con 
YacazozohÜ  Señor  de  Tepetlaoztoc^  hombre  belicosísimo  que  se 
alzó  contra  su  propio  Rey,  que  era  Huetzin  39  de  CohuaÜiehan, 
sobre  la  Infanta  AtoioMi^  hija  del  Rey  de  Culhuacan^  Achilo- 
metl^  que  pretendía  casarse  con  ella,  habiéndola  dado  el  Prín- 
cipe NopaUzin  en  casamiento  á  su  nieto  Huetzin^  que  era  su 
propio  Rey,  como  está  dicho  de  este  Yacazozolotl;  lo  cual  visto 
por  el  gran  Xolotl  su  desvergüuenza,  luego  al  punto  envió  á 
llamar  á  TochintecuhÜiy  deudo  suyo  Señor  de  Cohuacan}  hom- 
bre muy  valeroso,  y  llegado  que  fué  á  Tenayuca  le  mandó  que 
con  cierta  cantidad  de  Ghichimecos,  que  ya  á  esta  sazón  esta- 
ban aparejados  y  apercibidos  para  la  guerra,  fuese  con  ellos  á 
CohuaÜichan  y  favoreciese  al  Rey  Huetzin^  y  destruyese  á  fue- 
go y  sangre  la  parte  de  Yacazozolotl  y  se  lo  trajese  vivo  ó  muer- 
to para  castigarle  como  atrevido  que  había  sido  contra  su  Rey; 

el  Vocabulario  do  Molina,  Texcalla  significa:  despeñadero,  6  lugar  riscoso  y 
lleno  de  peñascos.  Esta  significación  corresponde  bien  á  la  topografía  de  Tlax- 
calla;  j  entonces  tendríamos  este  nombre  como  corrupción  del  primitivo. 

£s  argumento  á  favor,  la  costumbre  que  tenían  nuestros  antiguos  pueblos, 
de  poner  á  las  ciudades  nombres  que  se  relacionasen  con  sus  accidentes  topo- 
gráficos. Y  en  cambio  Tlaxcalla  significa:  donde  se  bacen  tortillas,  por  lo  cual 
se  le  representa  en  su  Jeroglífico  con  dos  manos  haciendo  una  tortilla.  Como 
en  los  demás  pueblos  se  hacían  tortillas,  y  esto  no  era  una  especialidad  de  los 
tlaxcaltecas,  se  comprende  que  el  jeroglífico  no  tenía  más  objeto  que  dar  el 
aonido  del  nombre  de  la  ciudad,  lo  cual  es  indicio  de  que  éste  era  una  corrup- 
ción del  primitivo. 

1  Antes  dice  que  era  Señor  de  Huexotzinco. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHTTL.        273 

y  que  de  camino  avisase  á  Payntzinj  29  Rey  de  XaJtocan^  para 
que  estuviese  apercibido  que  no  le  hiciese  algún  daño  en  sus 
tierras,  porque  teníajuntado  un  ejército  de  aei3  provincias,  que 
se  habían  rebelado  también;  el  cual  así  lo  hizo,  y  el  Rey  Payn- 
tzin,  nieto  de  XoloÜ,  demás  de  otras  muchas  mercedes  que  hizo 
al  general  TocMnteeuMi,  le  dio  á  su  hija  la  Infanta  TomiyavJi  \ 
por  mujer,  de  lo  cual  se  holgó  mucho  -Xbfotí,. cuando  fué  avi-  \ 
sado  de  esto,  y  él  les  dio  á  HuexuÜa  con  otrps  lugares  para 
que  fuesen  Señores  de  ellos  y  sus  descendientes  de  allí,  .todo 
lo  cual  sucedió  un  año  antes  de  este  referido;  pero  las  batallas 
fueron  en  éste. 

Cuando  2'ochirUecuhÜi  fué  llegado  á  (hhuaüicha%  ya  ^1  Rey 
Hudzin  estaba  con  su  ejército  para  ir  sobre  el  enemigo;  y  visto 
el  socorro  de  su  visabuelo  Xofotó,  se  holgó  mucho  y  fqeron 
juntos  sobre  el  enemigo  que  ya  estaba  aguardándolo  con  su 
ejército  en  los  llanos  de  ChiauhUa^  en  donde  tuvieron  una  cruel 
y  reñida  batalla  en  donde  murieron  de  ambas  partes  una  gran 
cantidad  de  gentes;  pero  (como)  dentro  de  pocos  días  Yacazo- 
zolotí  reconocía  el  daño  que  recibía  de  su  Rey  Hudún  y  que  le 
iba  ya  venciendo,  se  retiró  como  pudo  y  se  escapó  de  sus  ma- 
nos, metiéndose  por  la  tierra  adentro  hacia  la  tierra  Ghichime- 
ea.  En  esta  misma  ocasión  estando  el  Príncipe  NopaUzin  con 
su  hijo  Tbtsdn  holgándose  en  los  bosques  de  Xoloüen  Texcu- 
co,  sucedió  que  Oootoxj  un  capitán  Ghichimeco  muy  valeroso 
y  cantidad  de  soldados  de  su  nación,^  con  orden  de  Yacazozo- 
lotíj  en  el  ínterin  que  andaban  todos  ocupados  en  las  guerras 
que  se  hacían  en  fevor  de  ^uefain,  él  entrara  al  descuido  á 
estos  bosques  y  matara  á  estos  Señores  con  otros  muchos  ca^ 
balleros  y  gente  ilustre  que  estaban  con  ellos,  de  lo  cual  fueron 
avisados  y  de  presto  como  pudieron,  juntaron  la  gente  que 
se  pudo  hallar  y  con  ella  el  gran  QuincUzin^  mancebo  de  po- 
ca edad,  les  salió  al  encuentro,  los  venció  y  mató  muchos  de 

1  Para  que  este  período  forme  sentido  j  no  resulte  contradictorio  con  lo  que 
•e  dijo  antes  j  se  dioe  después,  es  necesario  leer  así: — **fué  despachado  con  or- 
den de  TacazozoloÜ  para  que,  etc." — B. 

Tomo  1—18 


274  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ellos,  y  los  que  pudieron  escapar  se  metieron  por  la  tierra 
adentro,  y  no  pudieron  haber  á  las  manos  á  Ocotox  porque  se 
dio  muy  buena  maña  en  escapar  su  persona,  de  lo  cual  des- 
pués tuvieron  qué  hacer  con  él  y  su  aliado  YacazozoloÜ,  al 
tiempo  del  gobierno  de  QuincUzin;  el  cual  siendo  la  primera 
ocasión  que  se  había  hallado  en  batalla,  lo  hizo  muy  honrosa- 
mente, de  lo  cual  su  padre,  abuelo  y  visabuelo  se  holgaron 
mucho  y  le  hicieron  muchas  mercedes,  especialmente  su  visa- 
buelo que  le  dio  la  ciudad  de  Texcuco  para  que  desde  luego 
la  tuviera  por  suya;  y  así  fué  éste  el  primer  Rey  de  Texcuco  y 
comenzó  á  gobernar  desde  este  año  de  1062  \  y  por  esta  causa 
las  más  de  las  historias  y  pedazos  de  pintura,  que  hay  todavía 
algunos  en  Texcuco,  comienzan  desde  este  tiempo. 

En  este  mismo  año,  visto  por  el  gran  XoloÜ  las  alteraciones 
y  tiranías  que  había  entre  los  suyos,  acordó  de  mandar  que 
luego  se  hicieran  las  bodas  de  las  dos  Infantas,  la  una  llamada 
Hancueitl^  con  su  nieto  AcamapichÜi^  hijo  menor  del  Rey  Aeul- 
hua^  y  la  otra  AtotozÜ%  con  su  tataranieto  Hudzin^  Rey  de  Cb- 
huaUichan^  pues  por  causa  suya  eran  las  disenciones  y  guerras 
referidas;  demás  de  que  el  Rey  Achitometl  se  lo  había  rogado 
muchas  veces  antes  que  sucediera  otra  cosa  más  de  lo  que  ha- 
bía sucedido,  y  el  Príncipe  NopaUzin  lo  deseaba  mucho,  porque 
se  lo  había  pedido  así  con  lágrimas  la  Princesa  AzcalxochiÜy 
que  era  su  sobrina,  y  lo  mismo  había  hecho  su  cuñado  el 
Rey  con  hartas  lágrimas;  lo  cual  se  efectuó,  como  está  referido, 
y  de  allí  á  pocos  días  después  de  haber  puesto  á  sus  hijas  en 
estado  murió,  y  por  muerte  de  Achitometl,  heredóle  en  el  reino 
su  hijo  lyxxuchiüanexy  al  cual  se  le  hizo  la  jura  en  este  año  su- 
sodicho de  162.2 

Después  de  haber  gobernado  117  años  este  Chichimecatl  Te- 

1  En  el  original  se  lee:  1072;  mas  habiéndose  dicho  al  principio  del  párrafo 
anterior  que  todos  estos  sucesos  ocurrieron  en  el  año  que  allí  se  señala,  que  es 
el  de  1062,  he  seguido  esta  fecha. — R. ' 

2  Aquí  se  reproduce,  y  aún  más  grave,  el  anacronismo  corregido  en  la  nota 
anterior. — B. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  276 

cuMij  los  112  en  esta  tierra  y  5  desde  que  murió  su  padre 
y  vino  á  esta  tierra;  en  el  año  de  matlactli  omei  Tecpatl,  trece 
pedernales,  y  ajustada  á  la  nuestra  en  el  de  1074,  en  el  quinto 
año  del  Pontificado  de  Gregorio  VII,  en  el  décimo  séptimo  del 
imperio  del  mismo  Enrique  IV  j  en  el  segundo  del  reinado  de 
Alfonso  VI,  con  harta  pena  de  sus  hijos,  deudos  y  vasallos, 
(murió  Xolotl),  el  cual  fué  uno  de  los  más  valerosos  Principes 
que  ha  tenido  esta  tierra,  como  se  ha  visto  en  esta  Relación  y 
se  verá  más  especificadamente  en  su  historia,  aunque  en  suma 
heme  detenido  en  esta  relación  más  de  lo  que  quisiera;  mas 
por  ser  la  raíz  y  fundamento  de  mi  negocio  ha  sido  forzoso, 
para  que  más  claramente  se  vea  quién  fué  el  primer  poblador 
de  esta  tierra  después  de  la  destrucción  de  los  Tultecas.  En  lo 
que  se  sigue  haré  relación  con  más  brevedad. 


RELACIÓN   TERCERA. 


XoloÜ  significa  Ojo,^  y  además  del  título  honorífico  que  se  ha 

1  Ojo  en  mexicano  se  dice  yxtololotli:  por  lo  tanto  no  es  buena  la  significa- 
ción que  el  autor  da  á  Xolotl;  á  no  ser  que  este  nombre  quisiera  decir  ojo  en 
la  lengua  que  hablaban  los  primeros  chichimecas. 

Xolotl  en  el  Vocabulario  de  Molina,  significa  mozo,  criado  6  esclavo.  Esta 
significación  no  puede  corresponder  á  tan  grande  personaje.  El  Sr.  Troncoso 
encuentra  que  xolotl  entra  en  la  composición  expresando  la  idea  de  monstruo- 
so: así  mexolotl  es  un  maguey  doble;  axolotl  es  un  pez  que  cambia  de  forma; 
y  texolotl  es  una  piedra  para  machacar  de  forma  poco  estética. 

En  la  leyenda  de  la  creación  del  Sol  y  de  la  Luna  en  Teotihuacán,  Xolotl 
es  uno  de  los  antiguos  dioses,  que  por  huir  de  la  muerto  se  transforma  en  Me- 
xolotl ó  maguey  doble,  y  después  en  el  pez  Axolotl. 

Si  nos  fijamos  en  que  los  dioses  primitivos  de  nuestros  antiguos  pueblos  fue- 
ron animales  ó  plantas,  hasta  que  los  nahuas  introdujeron  el  culto  de  los  as- 
tros, comprenderemos  las  transformaciones  del  dios  Xolotl.  En  el  Diccionario 
de  Remi  Simeón,  Xolotl  significa  también  la  caña  ó  tallo  del  maíz,*  y  bien 
pudo  ser  un  dios,  como  lo  fué  Mexi  que  era  el  tallo  central  del  maguey.  Bajo 
esta  significación  comprendo  que  se  haya  dado  el  nombre  de  Xolotl  al  primer 
tecuhtli,  porque  fué  el  tallo  de  la  mazorca  chichimeca.  Sahagún  llama  tam- 
bién xolotl  á  las  plumas  de  los  pericos  toznene. 


276  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

dicho  tenía,  le  daban  el  de  Semanahttcic  ^  Tlatohuani^  que  quiere 
decir  Señor  del  mundo,  y  Señor  de  Mar  á  Mar,  por  haber  pobla- 
do casi  mil  leguas  de  un  mar  á  otro. 

El  lugar  de  donde  salió  se  llamaba  Oyóme  y  llegó  á  Tula  en 
el  año  5  Tecpatl,  que  fué  el  de  1009. 

A  los  ocho  años  de  su  llegada  al  país  vinieron  los  otros  seis 
Señores  á  quienes  también  hizo  repartimiento  de  tierras. 

Pasado  un  XiuhtlalpUi,  6  cincuenta  y  dos  años  de  la  destruc- 
ción de  los  Tultecas,  llegaron  los  tres  Señores  que  conducían 
las  naciones  Aculhuas,  Tlacahuehueyaqae  y  Mickuaque,  que  ve- 
nían de  adelante  de  las  provincias  de  Mchuaóan,  hacia  el  Oc- 
cidente. Dióles  tierras  y  casó  á  sus  jefes  con  sus  hijas,  hacién- 
dolo Aculhuaque  con  Ouetlaxosochi,  recibiendo  en  dote  á  Azcor 
putzalco  y  otros  puebloé;  y  Ckiconcuauh,  con  Xihvacxochi,^  la 
hija  menor,  á  la  que  dio  Xaltocan  y  otros  lugares.  Al  tercero 
líontecoTna,  le  dio  CohuaÜichxm  y  otros  lugares,  casándolo  con 
Tetzin^  Señora  del  linaje  de  los  Tultecas,  que  como  se  ha  dicho 
es  el  verdadero  linaje  de  los  Aculhuas,  conforme  á  la  original 
historia.  Entraron  á  esta  tierra  en  el  año  4  Tecpatl  tlalpil- 
xiHüiTL,  ^  que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  de  1056. 


RELACIÓN   CUARTA.^ 


Había  26  años  que  los  Tultecas  estaban  en  esta  tierra  y  78 
después  de  la  destrucción  de  los  Tultecas  y  73  que  XóUjÜ  es- 

1  En  el  mexicano  no  había  la  letra  8\  ignoro  qué  nombre  quieo  poner  aquí 
el  autor,  <5  si  es  una  equivocación  de  los  copistas. 

2  Antes  la  llama  Zifauaczuchi:  la  verdadera  ortografía  es  Cihuaxochitl. 
8  Antes  le  dice  Tlatrfn.  ^ 

4  Por  la  primera  vez  veo  esta  denominación  unida  al  símbolo  del  afio. — R. 

6  Aquí  iba  en  mi  copia  cuando  por  tina  casualidad  descubrí  entre  loe  K8S. 

del  Museo  Nacional,  otra,  aunque  no  tan  completa  como  la  del  Archivo,  de 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLaXOCHITL.        277 

taba  gobernando  en  esta  tierra,  cuando  los  GuUiuas  TutUeas  se 
iban  juntando  en  CuOmaoan  y  otras  partes,  haciendo  grandes 
edificios  y  reedificando  algunos  lugares  arruinados  en  las  gue- 
rras de  sus  pasados.  Entonces  fué  cuando  XoloÜ  intentó  suje- 
tarlos al  pago  del  tributo,  que  resistieron,  dando  lugar  á  la 
cruel  batalla,  primera  que  aquél  dio  en  esta  tierra,  y  que  per- 
dió con  la  vida  su  Rey  NavJtyoU.  El  vencedor  nombró  para 
sucederle  en  el  trono  á  Achitomeíl,  nieto  de  TopiUzin,  último 
Monarca  Tulteco,  é  hijo  de  PochoÜ  y  de  HuitzüzUpantzin,  hija 
de  NauhyoÜ^  siendo  éste  el  trono  de  donde  descendieron  los 
siguientes  Monarcas  de  Oulhuacan.  Esto  fué  en  el  año  de  1082 
y  á  su  cuenta  13  calu. 

Xohtl  gobernó  el  país  ciento  diez  y  déte  años  y  murió  en  el 
de  13  Tecpatl  y  según  la  nuestra  1121. 

La  Reina  esposa  de  Xohtl,  madre  del  Principe  NopaÜzin  y 
y  de  las  Infantas  OueOo^xochi^j  Zihiíacxochi,  se  llamaba  Tomi- 
yauh,  y  era  Señora  de  las  provincias  de  Panuco,  Tampico  y 
Tcmiyavh.  Aquellas  casaron  con  los  Señores  Aculhuas.  Asi- 
mismo, en  tiempo  de  Nopalizin  y  por  su  mandado,  se  casaron 
las  dos  hijas  del  Rey  Achitometl  de  Cvlhuacan,  sobrinas  de  la 
Reina  AxcatxochiU  y  del  Príncipe  Nopalizin  su  hijo.  La  una  de 
ellas,  llamada  HancueUlj  con  su  nieto  Acamapixtli,  hijo  menor 
del  Rey  Aculhua  de  AzoapiUzalco  y  de  su  hermana  Ouetlaxxo' 
chi,  que  después  fué  Señor  de  los  Aztlanecaa  Tenuchcaa,  que 
ahora  llamamos  Mexicanos;  y  la  menor,  llamada  Atotoztli,  con 
Huetzin,  nieto  de  Tzontecoma  ^  primer  Señor  de  Cohuatiichan^ 
también  Aculhua;  siendo  aquella  Señora  la  ocasión  de  las  gran- 
des guerras  y  revueltas  que  después  hubo,  por  haberla  solici- 
tado para  su  esposa  un  Señor  Chichemeca,  llamado  YacatzotzoÜ. 

1a8  Belaciones  de  IxÜiXxochiÜ,  Desgraciadamente  faltan  las  que  aquí  he  toma- 
do como  texto,  mas  existiendo  las  de  la  Relación  sucinta  etc.,  que  forman  la 
materia  de  mis  extractos,  desde  aquí  continuarán  colacionados  con  dicho  MS. 
que  reputo  de  grande  autoridad  por  haber  pertenecido  á  la  colección  que  el 
Ooionel  D.  Diego  Garda  Panes  regaló  al  Congreso. — B.  ' 
1  Sn  el  MS.  del  Museo  Azoniecoma, — B. 


278  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

En  SU  tiempo  casó  también  el  gran  Nopaltzin,  su  hijo,  con 
Azealxuchitl,  hija  de  Pochotl^  Príncipe  heredero  de  los  Tultecas 
y  nieta  del  gran  TopUizki  su  último  Señor.  De  ella  tuvo  tres 
hijos,  el  primero  y  sucesor,  Tlotzin  Pochoti^  que  fué  tercer 
gran  ChiohhnecaÜ;  el  segundo  Tochtequihuatzin^  primer  Señor 
de  Tenamitec;  y  el  tercero  Atencatzin^  y  Apopotzoizin^  ,  primer 
Señor  de  Zacatian;  y  de  estos  dos  postreres  descienden  los 
demás  que  fueron  de  allí  á  otras  partes.  En  el  mismo  tiempo 
fué  muerto  Achüometl  y  por  su  mandado  heredó  en  el  reino 
su  hijo  lyxxuchiüanox, 

1  En  el  mismo — Aiencoiñn, — R. 

2  Si  estos  son  dos  nombres,  los  hijos  no  eran  tres;  y  si  es  uno  solo  está  de- 
fectuosamente escrito. — R. 


RELACIÓN  SEXTA. 


Del  Rey  NopaUein^  2»  gran  ChieMmecatl  leeuíUli, 

Nopaltzin  gobernó  32  años  con  gran  quietud  y  paz  y  no  tu- 
vo batalla  ninguna.  En  su  tiempo  (murió)  YyxxuchiUanox  Rey 
de  los  Culhuas  TiUtecas^  sobrino  de  la  Reina  su  mujer,  y  man- 
dó que  jurasen  por  Rey  de  Culhuacan  á  CcUquiyauhtzirij  legiti- 
mo heredero  del  Reino.  Constituyó  siete  leyes  en  unas  Cortes 
que  hizo,  muy  buenas  para  el  bien  de  sus  vasallos,  y  confirmó 
las  de  sus  antepasados.  Murió  en  el  año  y  figura  llamado  ma- 
cuiLi  ACATL,  5  cañas,  que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el 
de  1105,  en  el  6?  año  del  Pontificado  de  Pascual  II,  á  los  48 
del  Imperio  del  mismo  Enrique  IV  y  á  los  últimos  del  reinado 
de  Don  Alfimso  VI 


RELACIÓN   QUINTA. 


Murió  NopaUzin  en  el  año  5  acatl,  que  conforme  á  nuestra 
cuenta  fué  el  de  1153,  sucediéndole  su  hijo  Tlotzin. 


RELACIÓN  SÉPTIMA. 


De  TlcMn  8*r.  gran  CMoMmecatí, 

Tloizin,  3®'-  graa  ChichimecaÜ  TecutMh  gobernó  86  años  con 
grandísima  quietud  y  paz.  En  su  tiempo  nació  si|  nieto  el  gran 
IkehoUalaizin,  que  después  fué  6?  gran  Chichimecatl,  porque  su 
hijo  el  Rey  QuincUzin,  en  tiempo  de  NapaUzin^  casó  con  Otuinh- 
zihuatzin,  su  tía  en  tercero  grado,  hija  de  TochirUeeuUi,  Señor 
de  HvexuUa  y  de  la  Infanta  Tomiyauh.  Tuvo  en  esta  Señora 
cinco  hijos,  todos  varones,  que  fueron:  19  Chioanmaoalziny  29 
MeTiexoUzin;  89  MmaJiuatzin;  49  ToxpíUzin;  69  y  último  Techq- 
Ücdatdn,  que  por  su  virtud  y  valor  heredó  el  imperio;  y  sus 
hermanos  los  mayores  fueron  á  ser  Señores  de  Tlaxcalan  co- 
mo adelante  se  dirá.  Murió  TloUdn  en  el  año  ce  toztu  1  Co- 
nejo y  según  la  nuestra  de  1140,  en  el  último  del  Pontiflcadp 
de  Gregorio  /Jf,  en  el  29  del  Imperio  de  Conrado  III^  y  al  329 
del  reinado  de  Alfonio  VIII. 

En  este  año  llegaron  los  AzUaneoas  Meoncanps  á  ChapuUe- 
pec^  en  donde  estuvieron  algunos  días,  y  después  los  echaron 
los  de  Tlacopan  de  aquí,  porque  salían  de  noche  á  robar  las 
casas  y  fueron  á  Acapichtlan  en  donde  estuvieron  cien  días  sir- 
viendo á  Coxcox  ^  Señor  de  allí;  y  al  cabo  de  los  cuales  se 
pasaron  á  (Mhuacan  y  se  ofrecieron  al  Rey  de  los  Culhuaa^ 

1  En  el  origimd  dice  Cofihehoch, 


282  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Ccdquiyauhtzin,  por  sus  vasallos,  el  cual  les  dio  un  lugar  den- 
tro de  la  ciudad  en  donde  todos  juntos  estuvieron,  y  porque 
tuvo  noticia  que  era  gente  vagamunda  y  que  habían  hecho  al- 
gunas maldades  en  las  partes  donde  ellos  habían  estado,  los 
traía  muy  oprimidos,  tanto  que  tenía  tratado  de  matarlos  á  todos 
ellos  una  noche,  los  cuales  como  lo  supieron  por  el  aviso  que 
les  dio  el  demonio,  que  siempre  andaba  con  ellos,  con  grandí- 
simo secreto  y  maña,  sin  que  fueran  sentidos,  aquella  misma 
noche  que  los  habían  de  matar  se  salieron  todos,  sin  que  que- 
dara ni  uno  solo,  y  se  metieron  por  la  ciénega  adentro  en  don- 
de es  ahora  Iztacalcoy  y  desde  este  lugar  se  apercibieron  de 
todo  lo  necesario  para  la  guerra;  y  cuando  vieron  que  los  Oíd- 
huas  estaban  muy  descuidados,  entraron  una  madrugada  por 
la  Ciudad  y  hicieron  grandes  insolencias  y  mataron  mucha  gen- 
te, hasta  que  los  moradores  de  ella  se  resistieron  y  los  echa- 
ron fuera  de  la  Ciudad  y  los  siguieron  hasta  meterlos  dentro 
de  la  Laguna;  y  visto  los  Mexicanos  que  corrían  mucho  riesgo 
por  las  bellaquerías  que  habían  hecho,  acordaron  de  ir  á  ver 
al  Rey  de  AzcapiUzalco,  en  cuya  Laguna  y  ciénegas  ellos  esta- 
ban, para  ofrecérsele  por  sus  vasallos  y  que  les  diera  algunos 
Infantes,  hijos  ó  deudos  suyos,  para  que  fueran  sus  Señores, 
todo  lo  cual  alcanzaron,  porque  á  los  de  Tlatdulco,  que  era  el 
lugar  á  donde  los  dos  de  los  caudillos  habían  poblado,  les  dio 
su  hijo  el  segundo  llamado  CohuatecaÜ  ó  JUlxcohuaÜ;  y  los 
otros  dos  que  poblaron  en  Tenuchtitíanj  les  dio  á  su  hijo  el  me- 
nor llamado  AcaTnapichÜi^  que  es  el  que  casó  con  la  Infanta 
Ylanmeytly  como  ya  está  referido.  De  esta  manera  quedaron 
quietos  los  Mexicanos^  aunque  no  llevaron  luego  á  sus  Seño- 
res, (sino)  hasta  de  allí  á  26  años  que  ya  habían  poblado  bien 
sus  lugares.  ^ 

1  Iztlilzochitl  adultera  en  daño  de  los  mexícanoe,  loe  sucesos  que  precedie- 
ron á  la  fundación  de  Tenoch tillan.  Al  anotar  la  Historia  Ghichimeca,  fijaré 
la  tradición  mezica  sobre  estos  hechos. 

También  repito,  que  por  llevar  errada  la  cronología,  fija  Iztlilxochitl  la  fun- 
dación de  México,  cerca  de  doscientos  afios  antes  de  que  tuviera  lugar. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  283 

Asimismo  en  este  año  de  1140,  después  de  haber  muerto  Tío- 
tzin^  luego  se  hizo  jurar  Tmancacaltzin,  hermano  bastardo  suyo, 
por  gran  ChichimacaÜ  TecuhÜi,  él  cual  luego  en  el  año  siguien- 
te de  OBiE  AGATL,  que  fué  en  el  de  1141,  viendo  que  nadie  ló  que- 
ría obedecer,  sino  que  antes  todos  se  habían  alzado  contra  él 
por  no  ser  el  sucesor,  especialmente  Aculhua  Rey  de  Azcapu- 
tzcUco  que  pretendía  ser  ChichimeccUl  Tecuhtli  de  esta  tierra,  ^ 
secretamente  mandó  á  sus  nuevos  vasallos  los  Mexicanos,  en- 
viándoles  muchas  armas  y  muchas  gentes  de  guerra  para  que 
les  ayudaran  un  día  cuando  TenancdcaUzin  estuviera  más  des- 
cuidado, y  dieran  sobre  él  en  la  ciudad  de  Tenayuca  y  lo  mataran 
á  él  y  á  toda  su  gente;  lo  cual  no  se  pudo  hacer  tan  secreta- 
mente que  no  lo  supiera  TenancacaUzin;  y  aunque  ya  muy  tarde 
(le  llegó  el  aviso)  salió  tan  presto  como  pudo  á  pedir  socorro 
al  Rey  de  XaUocan,  Payntzin,  y  envió  á  Cohuatlichan  á  un  ca- 
ballero llamado  Xalmoyo,  para  que  de  su  parte  pidiera  al  Señor 
de  allí  alguna  gente,  que  era  en  las  partes  á  donde  él  tenía  al- 
guna esperanza  de  valimiento.  El  Rey  de  Xaltocan  le  respondió 
que  no  podía  favorecerle  por  ser  tirano  y  tener  usurpado  el  tí- 
tulo de  ChichimeccUl  Tecuhtli,  y  otras  muchas  razones  muy  pe- 
sadas, de  lo  cual  se  volvió  muy  triste  á  la  Ciudad  de  Tenayuca^ 
que  ya  á  esta  ocasión  estaban  los  suyos  apercibidos,  aunque 
pocos.  El  Señor  de  Cohuatlichan  respondió  que  no  podía  favo- 
recerle porque  Aculhua  su  Rey  le  castigaría;  y  luego  salióles 
(lenancacaüzinj  á  los  Mexicanos  al  encuentro  y  tuvieron  una 
cruel  batalla  en  donde  murieron  de  ambas  partes  cantidad  de 
gente.  Reconociendo  Tenanca/íaltzin  que  á  los  Mexicanos  les  ve- 
nía siempre  socorro  de  gente  y  de  todo  lo  necesario,  y  que  no 
tenía  esperanza  de  cosa  ninguna,  y  que  todos  eran  contra  él, 
tuvo  por  bien  de  una  noche  salirse  de  Tenayuca,  como  lo  hizo, 
y  se  fué  huyendo  con  mucha  gente  Chichimeca  hasta  llegar  á 
su  patria,  en  donde  vivieron  su  padre  y  abuelo.  Aculhua,  vis- 
to que  ya  TenancacaMzin  se  había  ido,  sin  tener  respeto  al  Rey 

1  Aquf  parece  que  íálta:  el  cual. 


284  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Quinatzin,  se  mandó  jurar  por  ChichÍ7necaU  TecvMi  de  esta 
tierra,  el  cual  viendo  que  estaba  la  tierra  toda  revuelta  y  que 
Aculhua  tenía  muchas  fuerzas  y  poder,  calló  y  disimuló  cuan- 
to pudo,  aguardando  ocasión  mejor  para  recobrar  lo  que  á  él 
le  venía  de  derecho,  como  lo  hizo  y  se  verá  adelante. 


RELACIÓN   SEXTA. 


Tlotzin  casó  en  tiempo  de  su  abuelo  XoloÜ  con  Ycpacxuchv- 
tzin  hija  de  CuauhatlapaUzin^  uno  de  los  seis  Señores  que  trajo 
consigo  su  abuelo  y  descendiente  de  la  Casa  Chichimeca.  Tuvo 
seis  hijos:  las  dos  primeras  hembras,  que  casaron  con  ciertos 
Señores,  y  el  tercero  su  sucesor  llamado  Quinatsdn  Tlaüe- 
oatzin  y  el  cuarto  NopaMzin^  como  su  abuelo,  el  cual  murió  en 
una  batalla.  El  quinto  fué  TochirUeeuUi,  primer  Señor  de  Hue- 
xvüa.  Este  Señor  le  había  dado  á  su  hermano  la  Provincia  de 
Huexutzinco  que  quiere  decir  al  cabo  6  á  espaldas  del  Satui,  y  por 
verse  lejos  de  su  Patria  y  deudos  se  volvió,  menospreciando 
el  don  de  su  hermano,  diciendo  que  no  quería  vivü*  allí,  tan  le- 
jos, sino  junto  ol  Sauz,  y  por  esto  le  dio  á  Huexutla.  El  69  hijo 
se  llamó  XiuhquezaUzin,  que  fué  primer  Señor  de  Tlaxcalan  y 
tronco  de  sus  otros  Señores. 

Este  Tlotzin  gobernó  36  años  en  perfecta  paz,  y  en  el  año  de 
su  muerte  vinieron  los  Mexicanos,  que  fué  en  el  de  ce  Toxtu, 
y  según  nuestra  cuenta  de  1189,  y  luego  hizo  jurar  por  Chichi- 
mecaÜ  TecuhÜi,  i  su  hermano  bastardo  TenancacaUzin,  que  du- 
ró poco  tiempo  por  haberlo  desamparado  sus  aliados. 

Habiéndose  apoderado  Aculhua  del  título  ó  dignidad  de  gran 
ChuMmeeail  TecuhÜi^  la  conservó  por  muchos  años,  reduelen- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  285 

do  á  SU  legítimo  poseedor  Quinaizin  al  Señorío  de  Texcuco^  ^ 
hasta  que  al  fin  se  la  restituyó  por  un  acto  de  espontaneidad 
haciéndolo  jurar  en  aquella  calidad. 

Dos  años  antes  de  esto,  que  fué  en  el  de  ce  Tecpatl,  y  según 
nuestra  cuenta  en  el  de  1214,  hizo  Señores  de  México  á  sus  dos 
hijos  menores,  MixcokaoÜ  y  Acamapichtli,  que  fueron  los  pri- 
meros. 

1  Por  esta  y  las  precedentes  indicaciones,  parece  que  el  título  de  Chiehime- 
catl  era  una  dignidad  semejante  á  la  de  Emperador  Romano  conservada  en 
Europa  hasta  los  últimos  tiempos. — B. 


RELACIÓN  OCTAVA. 


De  QuintUtin  4?  gran  ChichimeeaÜ, 

Quinaidn^  y  por  otro  nombre  TlaUeoaízin^  49  Chiohimecatl 
TecuÜhi^  en  los  111  años  que  vivió  después  de  la  muerte  del 
Rey  TloUzin  su  padre,  sucedieron  grandes  cosas,  especialmen- 
te muchas  guerras  y  tiranías,  robos  y  grandes  crueldades,  de 
todo  lo  cual  fueron  causa  las  tiranías  de  su  tío  TenancacaUzin 
y  de  Aculhua  Rey  de  AzoapiUzalcOj  como  ya  está  declarado, 
porque  lo  tuvo  usurpado  hasta  el  año  ce  Tecpatl,  1  pedernal, 
26  años  después  de  la  muerte  de  Thtzin:  el  cual  viendo  que 
Quinatún^  como  legítimo  sucesor  que  era  y  este  imperio  le  ve  • 
nía  de  derecho,  iba  recobrando  muchas  Provincias  de  las  re- 
beladas, como  era  Meztülan^  Tototepee^  Tolanlzinco  y  otras  par- 
tes, cuyo  caudillo  de  todos  era  Ydcatzoizoloil  y  su  compañero 
Oztoc  que  tenía  todos  estos  Reinos  y  Provincias  rebelados  y 
hechos  grandes  ejércitos  para  destruir  al  Rey  QuincUzin  y  fiue- 
tzin  de  Cohtuitlichan  y  á  todos  los  demás,  y  alzarse  con  toda  la 
tierra,  que  estaban  muy  enojados  y  con  intento  de  vengar  todo 
lo  pasado,  como  ya  se  hizo  relación,  y  en  efecto  lo  hicieron 
muy  fácilmente,  porque  tenían  grandísimo  poder  para  poderlo 
hacer  y  destruir  toda  la  tierra  y  alzarse  con  ella,  si  no  fuera 
por  el  gran  valor  de  Quinatzin,  que  con  solamente  la  ayuda  del 
Rey  Huetzin  y  de  su  suegro  TochintecvMi,  Señor  de  JHuexuUa^ 
juntaron  la  gente  que  les  pertenecía  á  estos  tres  Señores  y  sa- 


288  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

liáronle  al  encuentro  repartidos  en  cuatro  partes,  porque  tuvie- 
ron noticia  qne  ellos  se  habían  repartido  en  cuatro  ejércitos  y 
habían  de  embestir  con  la  Ciudad  de  Texmco  por  cuatro  par- 
tes, y  tuvieron  una  cruel  batalla  en  donde  murieron  de  todas 
partes  gran  cantidad  de  gentes,  y  el  primero  que  venció  á  sus 
enemigos  fué  el  Rey  QuincUzin^  que  le  cupo  hacia  la  parte  de 
CuauhximcUco^  que  es  hacia  los  últimos  cerros  de  TlcUoc;  y  ha- 
biendo vencido  y  preso  á  los  caudillos  y  al  General  del  ejérci- 
to, que  era  el  Señor  de  Mextitían,  pasó  hacia  Tepepxdco  para 
castigar  al  Señor  de  allí,  que  consintió  á  éstos  sus  amigos  pa- 
sar sin  dar  aviso  de  ello,  el  cual  cuando  supo  que  su  Rey  venía 
sobre  él,  se  retiró  y  se  metió  en  la  tierra  adentro,  y  el  Rey  cas- 
tigó algunos  Caballeros  que  halló  culpados  y  mandó  que  fuesen 
tras  del  Señor  de  Tepepuho  que  se  llamaba  Zacatíteohcochi  y  le 
trajeran  preso;  pero  nunca  lo  pudieron  coger,  ni  él  volvió  más 
á  su  Señorío.  Quinatzin  se  volvió  á  Texcuco,  que  ya  á  esta  oca- 
sión los  otros  tres  ejércitos  habían  vencido  á  sus  enemigos  y 
muerto  á  los  dos  grandes  corsarios  Yacatzotzoloc  y  Ocotox^  *  con 
otros  muchos  Señores  y  Capitanes,  aunque  costó  la  vida  de  su 
hermano  el  Infante  Nopaltzin. 

Vencidos  y  castigados  á  todos  estos  sus  vasallos  rebelados, 
mandó  dejar  en  su  corte  los  sucesores  de  sus  Señoríos  y  se 
volvieron  los  demás  á  sus  tierras  después  de  haber  hecho  ju- 
ramento de  nunca  más  alzarse  contra  él;  de  todo  lo  cual  Aeul' 
hua  se  temía  mucho  en  ver  que  Quinatzin  fuese  tan  valeroso, 
que  lo  que  él  tuvo  por  imposible  de  ganar,  lo  sujetara  con  tan 
poca  gente,  que  también  él  á  esta  ocasión  tuvo  que  hacer  con 
los  de  Atotonilco  que  le  dieron  guerra;  y  así  acordó  de  restituir- 
le el  Imperio  y  título  de  ChicUmecaÜ  Tecuhüi  que  le  tenía  usur- 
pado, antes  de  que  se  ío  pidiese  por  las  armas;  y  así  el  año  de- 
ferido de  CE  Tecpatl,  que  ajustado  á  la  nuestra  fué  el  de  1167, 
en  el  octavo  del  Pontiñcado  de  Alexándro  III^  en  el  vigésimo 
quinto  del  Imperio  de  Federico  J  y  en  el  séptimo  del  reinado 

1  Antes  los  llama  Tacalzoizolotl  y  Ostoe. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  289 

de  Aflonso  /X,  fué  jurado  por  ChichimecaÜ  TecuhUi  de  esta  tie- 
rra en  la  Ciudad  de  Texcuco^  y  se  hicieron  las  paces  entre  ello 
y  hubo  grandes  fiestas  por  todo  el  Imperio,  especialmente  en 
lo  que  no  estaba  rebelado. 

Había  cuatro  años  que  era  ChichimecaÜ  TecuhUi^  cuando  vi- 
nieron los  TlailoÜaqae^  que  eran  ÍW^eccw  y  eran  de  laifiícteca, 
y  traían  por  caudillo  á  Tempantzin  y  asimismo  por  ídolo  á  Tez- 
catlipuca,  con  más  de  dos  mil  hombres,  sin  las  mugeres,  los 
cuales  vinieron  derecho  á  Texcuco  para  darle  Ja  obediencia  á 
Quinatdn,  y  que  les  diese  tierras  donde  poblaren,  como  uni- 
versal Señor  que  erade  toda  esta  tierra;  el  cual  los  recibió  y  se 
holgó  de  verlos,  porque  todos  eran  artífices,  especialmente  en 
el  arte  de  la  Pintura;  y  así,  á  cuatrocientos  de  ellos,  los  más  dies- 
tros, con  su  caudillo  Tempantzin,  les  mandó  que  poblaran  ade- 
lante del  bosque  de  Tetzcutzinco,  donde  es  ahora  el  barrio  de 
TlailoÜapan,  que  es  el  nombre  propio  de  sus  primeros  pobla- 
dores; y  á  los  demás  los  repartió  en  los  pueblos  y  ciudades, 
enviando  á  unas  partes  veinte  ó  treinta  de  ellos,  y  á  otras  más, 
según  eran  los  lugares  en  donde  los  repartió.  Este  fué  el  origen 
de  los  Tlailotlaque,  los  cuales  vinieron  en  el  año  de  nahui  acatl, 
4  cañas,  y  á  la  nuestra  1170  de  la  Encarnación. 

Después  de  todo  lo  referido  sucedieron  las  guerras  que  tuvo 
Quinatzin  contra  las  Provincias  que  caen  hacia  la  banda  del 
Mediodía,  á  respecto  de  todo  este  Reino  de  Texcuco,  especial- 
mente contra  los  de  Zayula,  Totolapan,  HuehueÜan,  Mizquic, 
Caitlahuac  y  otras  partes  que  en  aquellos  tiempos  eran  cabe- 
cera de  Provincia,  y  corrían  sus  términos  hasta  la  Costa  del 
mar  del  Sur;  el  cual  tuvo  por  acompañados  al  Rey  Huetzin  y 
á  Nonohualcan,  Señor  de  la  Provincia  de  Choleo,  y  á  iñnatzin 
Toxpixcatzin  y  á  los  dos  primeros  Señores  de  México,  Cohuate- 
citzin  de  Tlateluho  y  Acamapichtli  de  TenuehtiÜan,  el  cual  suje- 
tó todas  estas  Provincias  referidas,  por  más  que  se  le  resistie- 
ron con  mucho  valor. 

Otras  muchas  guerras  tuvo  en  diversas  partes,  que  aquí  no 
se  ponen,  demás  de  las  referidas,  que  como  está  declarado^ 

Tomo  1—19 


^90  OBRAS  «HISTÓRICAS  DE 

con  las  tiranías  casi  toda  la  tierra  estaba  rebelada;  pero  al*fin, 
lo  más  de  ello  lo  recobró,  si  no  eran  las  Provincias  remotas 
que  caen  en  las  Costas,  que  de  todo  punto  se  rebelaron  y  des- 
pués sus  descendientes  las  fueron  recobrando. 

Fué  este  Quinatzin,  como  se  ha  visto,  uno  de  los  Principes 
más  valerosos  y  grandes  guerreros  que  ha  tenido  esta  tierra, 
y  así  lo  llamaban  Tlatecaizm^  que  quiere  decir  tender  6  allanar 
la  tierra. 

Sus  cuatro  hijos  mayores,  con  la  Reina  Cuauktzíhuaizin  su 
madre  de  ellos,  visto  que  el  Rey  su  padre  quería  mucho  al 
hermano  menor  TechoÜalatzin^  porque  era  belicoso,  y  que  des- 
pués de  sus  días  lo  dejaría  por  sucesor  del  Imperio,  y  aunque 
ellos  lo  quisieran  estorbar  sería  imposible,  tuvieron  por  bien 
de  irse  á  Tlaxcalan  con  su  tío  XiuhqueizaUzin^  Señor  de  allí, 
que  ya  él  les  había  enviado  á  llamar  muchas  veces  y  así  se  fue- 
ron con  la  madre.  De  ellos  descendieron  los  que  después  fue- 
ron Señores  de  Tlaxeala. 

Después  de  haber  sucedido  todas  las  cosas  referidas  y  otras 
muchas  que  se  verán  en  la  historia  que  se  describe,  murió  Qui- 
naizinj  siendo  de  edad  de  más  de  180  años,  en  el  año  de  7  ca- 
LLi,  que  ajustado  á  la  nuestra  fué  el  de  1213,  al  último  del  Pon- 
tificado de  Celestino  IV,  al  49  del  interregno  del  Imperio  y  al 
39  del  reinado  de  Alfonso  d  Saino. 


RELACldN    SÉPTIMA. 

Quinatzin  gobernó  el  Imperio  60  años. 

La  nación  llamada  llailotla,  y  que  vino  de  adelante  de  la 
Mixteca,  ^  llegó  en  el  año  4  acatl,  que  conforme  á  nuestra  cuen- 
ta fué  en  el  de  1248.  2 

1  Probablemente  eran  descendientes  de  los  TulUeas  que  emigraron  hacia 
aquellas  partes,  cuando  la  destrucción  de  su  Nación  y  Monarquía. — R. 

2  En  el  MS.  del  Museo,  dice  1218,  ambas,  así  como  la  que  sigue,  inconci- 
liables con  las  fechas  señaladas  en  la  Relación  precedente. — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  291 

En  este  tiempo  murió  Chalquiyauhtzin,  Rey  de  Crdhuacan^  y 
Acuihua  de  AzoapiUzalco,  heredándole  Tetzotzomoc  su  hijo  ma- 
yor y  heredero;  y  á  ChcUquiyauhtzin,  le  sucedió  Couxcux  de 
Culhuacan.  ^ 

QuincUzin  murió  en  el  año  S  calli,  y  á  la  nuestra  1249. 

1  Coxcox  6  Ctixeux. 


KELACION  NOVENA. 


De  TechoUáUUzin  5?  ffran  CMchimeeaÜ. 

TechoÜalahin  tuvo  otros  dos  sobrenombres,  que  fueron  el 
1?  Quetzalcuauhtzontecon^  y  el  29  TldcatecuhUij  ^  que  quiere  decir 
Bey  de  los  hombres.  Fué  jurado  por  ChichimecaU  TecuhÜi  de  es- 
ta tierra  asi  como  murió  el  Rey  su  padre,  con  mucho  gusto  de 
todos  sus  vasallos,  por  ser  tan  virtuoso  y  valeroso  Principe;  y 
asimismo  se  casó  luego  con  la  Infanta  su  prima  hermana,  lla- 
mada Tozcuentzinj  hija  de  su  tía  materna  ZihuoJtetzin  y  de  Acó- 
miztli  Rey  de  Cohuatlichan  de  los  Actdhuas;  y  en  esta  Señora, 
que  fué  una  de  las  más  heroicas  que  ha  tenido  esta  tierra,  y 
muy  airosa  en  las  cosas  que  pertenecen  á  mujeres,  especial- 
mente las  de  su  calidad,  tuvo  cinco  hijos;  el  19  y  sucesor  de 
su  Reino  fué  el  desdichado  y  bien  acondicionado  IxtlUxuchitl 
orne  ToxÜi;  la  2í  la  Infanta  Coxxuchiizin;  el  39  Tenanmincatzin; 
el  49  Acateotzin;  el  69  y  último  Tenannahuacatzin.  Desposóse  con 
esta  Señora  el  Rey  TechotkUatzin  siendo  muy  niña,  de  edad 
hasta  de  ocho  años,  y  así  no  tuvo  conocimiento  con  ella  hasta 
de  allí  á  SO  años,  porque  era  costumbre  en  aquellos  tiempos 
casarse  las  mujeres  y  (no  ^)  tener  acceso  con  los  hombres  (sino) 

1  El  TlacaUcaÜ  era  el  jefe  de  los  ejércitos;  y  por  lo  mismo  croo  que  en  esta 
<»lidad,  se  llamaba  Tlacaiecuhtli  á  Tcehotlala, 

2  He  juzgado  indispensable  esta  intercalación  y  la  siguiente,  para  rcdon- 
-dear  el  pensamiento.— B. 


294  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


de  edad  de  IfD  años;  y  á  la  que  antes  accedía  á  este  efecto,  la 
castigaban  con  pena  de  muerte,  y  lo  mismo  á  los  hombres,  es- 
pecialmente la  nación  Chichinieca,  que  los  TiMecaJi  tenían  otro 
modo  de  vivir  y  otras  leyes  diferentes  de  las  de  los  Chichimc- 
cas,  porque  casaban  de  edad  de  20  años. 

En  ciento  treinta  años  que  reinó  hizo  muchas  veces  Cortes, 
especialmente  dos,  que  fueron  las  más  señaladas,  en  donde  se 
hallaron  la  primera  vez  cerca  de  treinta  Reyes  y  Señores  de 
diversas  partes,  y  la  segunda  sesenta  y  seis,  que  fueron  las  ma- 
yores que  se  han  hecho  en  esta  tierra,  sin  otros  Señores  y  ca- 
balleros particulares  y  de  poca  calidad  y  Señorío,  y  en  ellas 
confirmó  y  hizo  muchas  leyes,  que  después  sus  descendientes 
guardaron  inviolablemente. 

En  el  afio  que  los  naturales  llaman  ome  toxtli,  dos  conejos, 
y  á  nuestra  cuenta  1286,  bajo  el  Pontificado  de  Honorio  I\\ 
en  el  décimo  tercero  del  imperio  de  Bodulfo  y  el  segundo  del 
reinado  de  Sancho  1 F,  nació  el  desdichado  Príncipe  IxÜilxuchitl, 
el  cual  asi  como  nació,  mandó  el  Rey  su  padre  que  lo  jurasen 
luego  por  Príncipe  heredero  de  todo  el  imperio,  y  desde  luego 
le  dio  once  pueblos,  y  por  aya  para  que  lo  criara  y  le  diera  el 
pecho,  á  2¡a<:aquimiUzin,  Señora  de  Tepepulco^  con  otras  muchas 
mujeres  principales  de  diversas  partes  y  de  diversas  lenguas, 
para  que  el  niño,  como  era  costumbre,  aprendiera  de  todas 
ellas;  y  por  ayo  y  maestro  (le  dio)  á  TlatocaÜatzacuilotmny  Se- 
ñor de  Acolma,  con  otros  muchos  caballeros  virtuosos  y  vale- 
rosos, filósofos  y  hombres  de  arte  y  ciencia,  el  cual  se  crió  con 
la  mayor  doctrina  que  Príncipe  se  ha  criado  en  esta  tierra,  y 
fué  tan  virtuoso,  que  todo  lo  que  se  le  enseñó  lo  aprendió 
muy  bien. 

Tuvo  TechotlaMzin  pocas  guerras  y  trajo  siempre  muy  ocu- 
pados los  Señores  sus  vasallos  en  diversas  cosas,  no  dejándoles 
asistir  mucho  en  sus  señoríos,  y  así  no  se  halla  batalla  memo- 
rable en  su  tiempo,  si  no  fué  la  que  tuvo  con  los  Otomites,  en 
el  año  de  macuili  Tecpatl,  cinco  pedernales,  y  á  la  nuestra 
1276,  que  fué  muy  cruel  y  reñida,  en  donde  murió  muchísima 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  295 

gente  y  fué  grande  destrucción  para  los  Otomites,  y  desde  en- 
tonces se  fueron  á  las  tierras  de  Meztülan  y  otras  partes,  mu- 
chísimos, ó  los  más  de  ellos,  con  su  Señor  y  Rey  que  en  aque- 
lla sazón  era  Tzompam,  Rey  de  Xaliocan  de  los  Otomites. 

En  el  año  que  los  naturales  Tultecas^  llaman  nahui  calli, 
cuatro  casas,  y  á  la  nuestra  1301,  en  el  séptimo  del  Pontificado 
de  Bonifacio  VIII,  al  segundo  del  imperio  de  Alberto  I  y  en 
el  sexto  de  Femcmdo  IV^  fué  cuando  llegaron  á  la  ciudad  de 
Texcuco  las  cuatro  naciones  llamados  los  primeros  MeziHnf 
que  traían  por  su  caudillo  á  TennahuacaÜ;  los  segundos  Oidn 
huaque,  que  traían  por  su  caudillo  á  NavhyoÜ;  los  terceros  lla- 
mados Huiznahuaque,  que  traían  por  su  cabeza  á  Tlamina;  y 
los  cuartos  los  Tqíanecasj  que  traían  por  su  capitán  á  Ayxmé- 
chi,  los  cuales  descendían  de  los  Tultecas,  y  eran  de  los  Mexi- 
canos Tepanecas  que  se  habían  quedado  atrás  cuando  vinieron 
los  demás  á  estas  partes;  y  ellos  y  sus  padres,  abuelos  y  ante- 
pasados habían  andado  en  diversas  tierras  hasta  llegar  á  OuZ- 
huacaii,  en  donde  estuvieron  algunos  años  sobre  el  cerro  de 
Cidhuacan,  llamado  IluexazfecaÜ;  y  por  el  oráculo  del  Demo- 
nio les  mandó  que  fueran  á  la  ciudad  de  Texcuco  y  que  allí 
estarían  mejor,  y  lo  que  el  Rey  les  daría  sería  perpetuo,  por 
ser  el  mayor  que  había  en  esta  tierra  y  ser  suya  por  legítima 
sucesión;  los  cuales  cada  uno  de  ellos  traía  su  ídolo.  Los  Me- 
zitin  traían  á  IluitzilopuchtU,  y  llegados  que  fueron  á  Texcuco 
dieron  la  obediencia  al  Rey  Techotlalaizin  y  le  pidieron  tierras 
donde  poblasen,  el  cual  los  recibió  muy  bien  y  les  dio  tierras 
en  cuatro  partes  de  la  ciudad;  para  que  cada  una  nación  de 
estos  poblase  en  donde  se  les  señaló;  los  cuales  poblaron  como 
se  les  mandó  y  pusieron  los  nombres  de  sus  barrios  conforme 
eran  los  que  ellos  tenían,  como  hoy  se  echa  de  ver  en  la  ciu- 
dad de  Texcuco,  que  con  estos  cuatro  fueron  seis  los  barrios 
de  Tultecas  que  hubo  en  Texcuco. 


1  Esto  parece  indicar  que  el  Autor  ha  seguido  el  cómputo  Tulteca.    Quizá 
sus  variantes  proceden  de  una  confusión  de  los  varios  cómputos. — R. 


\       Ct'VlA'lA 


296  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Estas  y  otras  muchas  cosas  sucedieron  en  tiempo  de  este 
gran  Techotlalaizin  que  sería  largo  de  contar  y  hacer  relación 
de  todas  ellas,  el  cual  murió  en  el  año  de  chicüey  calli,  ocho 
casas  y  al  de  nuestra  cuenta  1357,  en  el  quinto  año  del  Pon- 
tificado de  Inocencio  FJ,  en  el  décimo  primero  del  imperio  de 
Carlos  IV  Y  al  séptimo  del  reinado  de  D.  Pedro  el  Cruel.  Fué 
este  fin  de  este  Príncipe  muy  sentido  de  todos  los  Reyes  y  Se- 
ñores de  esta  tierra,  por  haber  sido  tan  virtuoso  y  prudente  y 
haber  mantenido  tanta  paz  y  concordia  entre  todos  ellos;  lo 
que  no  hizo  Tetzotzomoc  Rey  de  Azcaputzalco^  sino  que  fué 
nueva  para  él  muy  alegre  y  de  mucho  gusto,  porque  vido  que 
fácilmente  podría  tiranizar  todo  el  imperio,  porque  se  hallaba 
con  mucho  poder  y  tenía  muchos  Señores  por  amigos,  que  los 
más  de  ellos  eran  sus  yernos  y  otros  deudos  muy  cercanos  su- 
yos, y  así  le  fué  fácil  de  tiranizar  el  imperio  Chichimeca,  y  ha- 
cer las  insolencias  y  crueldades  que  adelante  se  verán. 


RELACIÓN  OCTAVA. 


TechoÜalatzin  gobernó  ciento  cuatro  años  y  en  su  tiempo  vi- 
nieron los  verdaderos  Mexicanos,  que  hasta  entonces  no  había 
Mexicanos,  porque  los  que  ahora  llaman  Mexicanos  son  Aztla- 
ñecas  y  Jos  más  Aculhuas,  Tepanecas  y  Huiznaques  que  vienen 
de  los  de  Culhuacan,  adelante  de  Xalisco  ^ .  También  éstos 
fueron  Tultecas  y  él  los  repartió  en  cuatro  barrios  de  Texcuco 
que  hasta  hoy  conservan  los  mismos  nombres,  y  en  otras  po- 


1  Estas  designaciones  cuadran  á  la  población  de  Sinaloa  llamada  hoy  Cu- 
liaean^  uno  de  los  puntos  de  mansión  más  generalmente  reconocidos,  de  las 
tribus  emigrantes. — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  297 

blaciones;  como  fué  enviar  los  Tepamcas  á  Azeaputzalco^  á  los 
Mexüzin  á  México  y  otros  lugares.^ 

Este  Rey  adornó  la  ciudad  de  Texcuco  de  artífices  y  hom- 
bres famosos  y  hizo  otras  muchas  grandezas  dignas  de  traer  á 
la  memoria. 

En  su  tiempo  murió  Mixcohuatl  y  AcamapixÜi^  primeros  Se- 
ñores de  los  Mexicanos,  habiendo  sido  Rey  el  segundo  de 
CvJhuacan^  heredando  este  señorío  y  el  de  México  HuilzílihuiÜ 
hijo  legítimo  de  AcamapixÜi^  y  Tlacateo  ^  (á  Tlatelulco),  sien- 
do hijo  legítimo  de  Ixcohuail? 

Murió  este  Monarca  en  el  año  de  8  calli  y  á  nuestra  cuenta 
1363, 

Poco  tiempo  antes  murió  Huitzüihuij  después  de  haber  go- 
bernado ochenta  y  siete  a/ío«,*  sucediéndole  su  hijo  CJiimalpo- 
poca, 

1  Bien  conocida  es  la  historia  de  la  fundación  de  México,  en  la  cual  nin- 
guna parte  tomaron  los  chichimecas.  Es  por  lo  mismo  falso  que  ocurrieran  á 
Techotlala,  y  que  éste  los  enviara  á  México. 

2  £n  el  MS.  del  Museo  dice — TUicteoÜ;  j  de  él  son  también  las  palabras 
que  siguen  dentro  del  paréntesis. — B. 

8  En  el  citado  MS.  dice — Mixcohuatl. — B. 

4  Huitzilihuitl  gobernó  nada  más  yeintiuR  años,  del  9  calli  al  8  calli.  Véa- 
se la  estampa  jeroglífica  correspondiente  en  el  Códice  Mendocino. 


RELACIÓN  DÉCIMA. 


De  Ixtlilxuchtíl,  6?  grran  Chichimecall, 

Muerto  que  fué  el  gran  TechoÜalatzin^  Teyokocohucdzin,  Señor 
que  á  esta  sazón  era  de  Aculma  y  uno  de  los  grandes  del  reino 
de.Texcuco,  avisó  al  Rey  su  abuelo  Tezozomoc}  el  cual  así  como 
tuvo  la  nueva,  envió  á  llamar  á  muchos  Reyes  y  Señores  que 
ya  días  ^  que  los  tenía  apercibidos  para  esta  ocasión,  especial- 
mente á  los  de  México,  Tlacateotzin  Señor  de  Tlatelulco  y  Ghi- 
malpopoca  de  Tenuchtitlan  y  sexto  Rey  de  Culhuacan.  Llegados 
á  Azcaputzalco  muchos  de  ellos  con  los  de  México,  especial- 
mente los  que  eran  sus  nietos,  y  demás  parentela,  hízoles 
grandes  razonamientos  sobre  que  no  convenía  jurar  á  Ixtlixu- 
chitl  por  Chichimecati  Tecuhtli  de  esta  tierra,  dándoles  muchas 
causas  y  razones  falsas  para  ello,  y  que  á  él,  como  hombre  tan 
antiguo  y  nieto  del  gran  Xolotl^  le  venía  de  derecho,  y  que  así 
pues  era  tan  cercano  el  parentesco  que  tenía  con  el  poblador 
y  Señor  de  toda  la  tierra,  que  á  él  le  venía  de  derecho  y  á  los 
demás  sus  sucesores,  y  ahora  era  buen  tiempo  para  quitar  que 
los  Reyes  de  Texcuco  no  tuvieran  este  título  y  mando,  (sos- 
teniendo su  pretensión)  con  muchas  razones  y  grandes  prome- 


1  Por  primera  vez,  en  esta  Relación,  usa  Ixtlilxochitl  lar  buena  ortografía 
del  nombre  de  Tezozomoc. 

2  En  el  original  dice — gtie  ya  oía. — R. 


300  OBRAS   HISTÓRia\S  DE 

sas.  Ellos  le  respondieron  que  les  parecía  muy  bien  y  que  le 
ayudarían  en  todo  lo  que  les  quisiese  mandar;  mas  que  conve- 
nía primero  sujetar  por  bien  al  legítimo  sucesor,  y  cuando  no 
por  fuerza  de  armas;  y  que  de  esta  manera  le  duraría  poco  el 
imperio,  porque  andando  el  tiempo,  al  sucesor  no  le  faltarían 
leales  vasallos  y  Señores  que  le  favoreciesen  y  ganaría  lo  que 
era  suyo;  todo  lo  cual  le  pareció  muy  bien  á  Tezozomoc,  y  para 
ver  el  intento  de  Ixüüxuchül  le  envió  muchas  cargas  de  algo- 
dón para  que  sus  vasallos  le  hiciesen  de  él  mant^,  y  como 
por  vía  de  ruego.  IxUíbmckül^  viendo  lo  que  había  y  que  no 
le  convenía  otra  cosa  por  hallarse  con  pocas  fuerzas,  mandó 
tejer  las  mantas  y  se  las  envió  á  Tezozoinoc^  el  cual  tornó  á  en- 
viar más  algodón,  de  lo  cual  se  sintió  mucho  IxUilxuchUl,  en 
ver  la  desvergüenza  de  Tezozomoc  y  que  dilataba  la  jura;  pero 
disimuló  y  recibió  el  algodón,  y  mandó  á  sus  vasallos  se  apro- 
vechasen de  ello. 

Como  Tezozomoc  viese  que  habían  pasado  muchos  días  y  que 
se  tardaban  las  mantas,  envió  sus  mensajeros  á  la  ciudad  de 
Texcuco  con  muchísima  cantidad  de  algodón:  envió  á  decir  á 
IxtliixuchiU  cómo  no  enviaba  las  mantas  y  que  las  enviase 
luego  y  que  de  aquel  algodón  se  hiciesen  otras  mantas  y  que 
las  hiciesen  con  brevedad,  y  que  de  aquí  adelante  le  mandaba 
que  cada  año  sus  vasallos  le  hiciesen  cierta  cantidad  de  man- 
tas para  reconocimiento,  pues  él  había  de  ser  jurado  por  gran 
ChichimecaÜ  Tecnhüi  de  toda  la  tierra,  (como  que)  era  nieto  (del 
gran  Xolotl)  y  le  venía  de  derecho  más  que  al  Rey  IxÜilxuchUl, 
con  otras  razones  muy  soberbias.  De  esto  se  enojó  mucho  Ix- 
ÜíLcuchiÜ  y  le  respondió  que  el  algodón  lo  hubo  menester  para 
hacer  armas  para  sus  vasallos,  así  como  el  que  de  nuevo  le 
enviaba;  y  que  si  había  más  que  se  lo  enviara,  pues  tenía  obli- 
gación á  ello;  y  que  en  lo  que  decía  que  á  él  le  venía  de  dere- 
cho el  imperio,  que  se  engañaba  como  era  notorio  á  todo  el 
mundo;  pero  que  él  lo  remitía  á  las  armas  y  al  valor  de  sus 
vasallos  los  Aculhuas^  y  que  entonces  le  daría  á  entender  su 
tiranía  y  maldades,  y  que  desde  luego  lo  daba  por  traidor  á  él 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  301 

y  á  todos  sus  amigos  y  vasallos,  y  que  no  le  entrasen  en  sus 
tierras  en  ninguna  manera,  porque  los  castigaría  con  pena  de 
muerte  como  á  traidores, que  eran. 

Los  mensajeros  dieron  su  respuesta  á  Tezozomoej  el  cual  re- 
cibió mucha  pena  y  dio  aviso  á  sus  amigos  y  puso  sus  fronte-: 
ras  en  los  términos  del  reino  de  Texcuco,  y  empezó  á  juntar 
gente  para  la  guerra  que  se  ofrecía.  Lo  mismo  hizo  loMihnicJiiUj 
el  cual  casó  con  MoÜodzíhuaizin^  hija  de  Huitzüihuy^^  segundo 
Señor  de  México  y  sexto  Rey  de  Culhuacan;  y  en  esta  Señora 
tuvo  dos  hijos:  la  primera  fué  la  Infanta  (llamada)  TozquetUzin 
como  su  abuela;  y  el  segundo  fué  NezahucUcoyoÜ,  Príncipe  he- 
redero, que  después  fué  séptimo  gran  ChichimecaÜ  TecuMi  de 
esta  tierra. 

En  el  año  llamado  ge  acatl,  una  caña,  que  fué  en  el  de  1363, 
y  á  seis  días  del  décimo  quinto  mes  llamado  AtemozUi^  en  el 
último  día  de  su  semana  llamado  matlactli  omeyTegpactl,.  trece 
pedernales,  y  á  la  nuestra  á  30  de  Diciembre,  fué  cuando  los 
Tepanecas  entraron  por  Itztapaluca  una  noche  y  cogieron  la 
gente  descuidada,  entendiendo  por  esta  parte  entrar  por  la 
ciudad  de  Texcuco  y  destruirla,  que  estaba  toda  su  tierra  aper- 
cibida y  bien  guarnecida  de  todo  lo  necesario  para  la  guerra; 
y  en  Iztapaluca^  por  estar  el  Señor  de  aquí  en  Cohuatepecj  lla- 
mado Ixcontzin,  con  Totomihuatzin  Señor  que  á  la  sazón  era 
de  Cohuatepec,  ocupado  en  ciertos  negocios,  los  Tepanecas  que 
había  en  CohucUepeo  dieron  aviso  á  su  Rey  para  que  este  día 
entraran  por  Iztapaluca  y  por  Aztahuacan  (ofreciendo)  que 
ellos  matarían  al  gobernador  de  Iztapalwca^  llamado  Quauhwir 
lotzin,  como  lo  hicieron,  y  los  del  ejército  del  Rey  de  Azcapvir 
zaleo  saquearon  el  pueblo  de  Mapaluca  y  otros  muchos  luga- 
res comarcanos,  y  pasaran  muy  adelante  si  no  acudiera  el  Rey 
IxtlUxuchiU  con  la  gente  que  pudo  juntar,  y  dio  sobre  los  Te- 
panecas en  los  llanos  de  Aztahiuican,  que  ya  se  iban  retirando 
después  que  supieron  venía  socorro  á  los  Aculhuas,  y  tuvieron 

1  Huitzilihuitl. 


S02  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

una  de  las  más  crueles  batallas  que  ha  habido  en  esta  tierra, 
j  murieron  muchísimas  gentes,  especialmente  de  la  parte  de 
los  Tepanecas,  que  casi  no  escapara  hombre  ninguno,  de  lo 
cual  el  general  de  ellos  volvió  á  la  ciudad  de  Azcaputzalco  muy 
triste  7  corrido  por  no  haber  salido  con  su  intento,  y  lo  mismo 
estuvo  el  Rey  de  Azcaputzolco^  por  ser  la  primera  vez  que  sa- 
lían contra  los  Acuihuas;  y  el  Rey  LatRlxuchiÜ  mandó  so  gra- 
ves penas  que  ni  de  día  ni  de  noche  se  descuidasen  los  de  las 
fronteras,  sino  que  hiciesen  sus  centinelas  y  guardias  con  mu- 
cha vigilancia,  y  mandó  pregonar  que  todos  los  Tepanecas  que 
estuviesen  en  su  reino  de  CuUiuacan,  saliesen  de  allí  breve- 
mente y  se  fuesen  á  su  natural^  porque  si  no,  todos  los  que  se 
hallasen  culpados,  no  tan  solamente  ellos,  sino  hasta  todos 
^iquellos  que  se  averiguase  ser  parientes  liasta  el  cuarto  grado, 
fuesen  castigados  con  pena  de  muerte,  como  á  traidores  del 
reino. 

En  el  año  omome  Toxtu,  doce  conejos  ^,  y  á  la  nuestra  1374, 
al  año  del  Pontificado  de  Gregorio  XL  en  el  vigésimo  octavo 
del  imperio  de  Carlos  IV  j  en  el  quinto  del  reinado  de  Enri- 
que  II,  fué  cuando  se  mandó  jurar  IxtiilxuchUl  por  Chichime-- 
cotí  Tecuhtli^  y  á  su  hijo,  que  era  entonces  muy  niño,  por  Prín- 
cipe y  legítimo  sucesor,  en  Huexuüa.  Halláronse  en  esta  jura 
hasta  cuatro  Señores,  que  fueron  Tlacoízin,  Señor  del  propio 
MwexuÜa,  uno  de  los  grandes  del  reino  y  el  más  principal, 
JPayntzin  de  CohuaÜichan,  y  Tozatzin,  que  tenia  un  hijo  llamado 
.Zhiujumahtuicaiiinj  hombre  muy  valeroso,  que  le  hizo  el  Rey 
IxÜilxuchia  general  de  todo  el  ejército  de  los  Acuihuas.  Luego 
le  mandó  fuese  á  México  y  llevase  muchas  armas  y  sus  insig- 
nias, y  que  de  su  parte  apercibiese  á  Tlaooieotdn^  Señor  de 
Tlatelulco  y  general  de  los  Tepanecas,  que  de  allí  á  pocos  días 

1  Fuerza  es  que  aquí  haya  una  equivocación,  ó  en  la  fecha  Mexicana  6  en 
«u  correspondiente  Española.  Si  aquella,  como  pinta,  es  ornóme^  serán  do&  co- 
nejos; y  si  éstos  son  doce,  la  otra  será  matlacili  omome.  Me  inclino  á  esto,  por- 
que el  omome  no  se  pone  ordinariamente  sino  con  deccms^  siendo  el  2,  en  un> 
<íade8,—ome. — K 


DON  FERNANDO  DB  ALTA  DLTLILXOCHITL.  303 

comenzaiian  las  guerras,  porque  no  estuviesen  descuidados; 
el  cual  así  lo  hizo  como  se  lo  mandó.  Asimismo,  el  cuarto  (Se- 
ñor que  asistió  á  la  jura)  era  TlanaJmacatzm  y  algunoá  caballe- 
ros y  gente  ilustre  de  las  ciudades  y  demás  poblaciones  sujetas 
al  reino  de  Texcuco,  especialmente  los  que  no  estaban  rebela* 
dos.  Los  demás  de  los  grandes  del  reino  estaban  ocupados  en 
las  ñronteras  y  asi  no  se  hallaron  en  la  jura« 

Dentro  de  pocos  días^  algunos  antes  del  tiempo  que  se  se- 
ñaló á  Tlaoateotzm^  salió  (éste)  con  su  ejército  y  fué.sobre  Tex- 
CQco,  en  donde  le  salió  al  encuentro  ^hiujumahuaeatdn^  gene- 
ral de  los  Aculhuas.  En  la  ribera  de  la  laguna  tuvieron  una 
cruel  y  reñida  batalla,  en  donde  murió  de  ambas  partes  canti- 
dad de  gente^  mas  luego  los  Tepanecas  reconocieron  su  daño 
y  les  mandó  su  general  Tlacateobdn  Señor  de  Tlatelulco,  que 
se  retirasen  y  volviesen  hacia  sus  tierras  sin  hacer  otra  cosa 
señalada,  más  de  lo  referido. 

Pasados  algunos  años  que  los  unos  y  los  otros  estaban  con 
recato  y  que  se  hacían  grandes  escaramuzas  en  donde  moría 
mucha  gente,  acordó  IxtUbmchiÜ  de  juntar  toda  su  gente  y  de 
una  vez  concluir  con  este  negocio  y  ganar  ó  perder  de  una  vez 
el  imperio;  y  asi  juntó  las  ciudades  y  pueblos  que  eran  de  su 
parte  de  los  Aculhuas,  que  son  Texcuco^  Huexutla^  CohuaÜi- 
4¿hcm^  que  era  lo  último  que  por  la  banda  del  Mediodía  tenía^ 
porque  Cohuaiepec^  Mapoluca  y  Choleo  y  los  demás  estaban 
rebelados.  Y  hada  la  parte  del  Norte  (juntó  á)  ChiauMa^  Te- 
peUaoztoc,  Tezwguea^  Tepexpa,  ChieuhricmhÜa^  AculmOf  aunque 
el  Señor  (de  allí}  estaba  neutral  por  ser  nieto  del  tirano,  ann^ 
que  los  vasallos  no  lo  consentían,  y  á  JSvxdepee^  Tizayuca^  Tla^ 
lunapan,  2kmpohualan^  fuera  de  Otwmpan^  Axapoxoo^  Axtaque-^ 
meca  con  los  demás  que  eran  de  la  parte  del  tirano.  Y  asimismo 
era  de  su  parte  la  provincia  de  ToIarUzinco^  que  por  todos  eran 
quince  lugares,  en  donde  juntó  mucha  y  lucida  gente  y  muy 
valerosos  soldados.  Asimismo  los  Señores  de  Tlacocala,  Hue- 
xotzinco  y  otras  partes  le  enviaron  secretamente  alguna  gente 
de  socorro,  porque  casi  todos  temían  al  Rey  de  Azoaputzalco; 


304  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

y  así  no  rehusaban  favorecer  á  IxUílxuchitl,  Los  demás  se  hoU 
gabán  de  estas  disenciones,  especialmente  los  remotos,  por 
substraerse  y  no  estar  sujetos  al  legítimo  sucesor  ni  al  tirano. 

Comenzóse  la  batalla  por  el  pueblo  de  XaUepec,  adelante 
de  Chumba^  que  desde  aquí  comenzaban  las  tierras  del  rei- 
no de  Texcuco  que  estaban  rebeladas,  después  de  haber  puesto 
sus  guardas  por  todas  las  partes  que  convenía,  con  mucha 
gente  muy  bien  guarnecida  de  todo  lo  necesario  para  la  guerra, 
porque  en  el  ínterin  que  andaban  en  las  guerras  y  recobra- 
miento,  no  entrasen  los  Tepanecas  por  alguna  parte  y  gana- 
sen la  ciudad  de  Texcuco,  y  las  demás  que  eran  de  su  parte, 
porque  sería  grandísimo  daño  y  pérdida,  y  que  no  había  espe- 
ranza de  cosa  ninguna;  y  así,  hecho  todo  lo  referido  y  dada  la 
batalla  sobre  Xaltepec^  aunque  se  defendió  bien,  dentro  de  po- 
cos días  lo  ganaron  y  luego  fueron  sobre  Otumba,  que  ya  los 
de  esta  provincia,  con  los  Tepanecas,  estaban  muy  bien  aper- 
cibidos con  más  de  cien  mil  hombres  de  guerra,  en  donde  tu- 
vieron una  cruei  batalla,  mas  luego  los  sigetaron,  y  luego  pa- 
saron por  Axapuxco^  Azquemeca  y  Temascalapan  y  otros  lugares 
hasta  Tula,  destruyendo  todas  estas  partes  á  fuego  y  sangre, 
y  á  Tula  que  era  lo  último  en  aquel  tiempo  del  reino  de  los 
Aculhuas. 

(Estando)  hacia  aquella  parte  salieron  sobre  las  provincias 
de  XUotepea,  lugar  muy  fuerte,  de  mucha  y  muy  belicosa  gente 
en  donde  tuvieron  una  batalla  muy  cruel  y  reñida;  mas  al  fin, 
dentro  de  pocos  días  fueron  sujetos  como  los  demás,  y  desde 
aquí  dieron  la  vuelta  por  ZMaiepec  ^  y  luego  á  TepotzoÜan,  ha- 
ciendo lo  mismo  que  en  los  demás  lugares  hasta  Ouauhíülan, 
en  donde  ya  á  esta  ocasión  estaba  el  ejército  del  gran  tirano 
con  más  de  500,000  hombres  de  diversas  y  remotas  partes, 
como  eran  de  Michhuacan  y  otros  reinos  y  provincias  de  la 
banda  del  Mediodía.  El  Rey  IxÜilxuchiU  no  tenía  más  que 
200,000  hombres,  porque  en  toda  la  gente  que  pudo  juntar, 

1  Citlaltepcc. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  306 

así  suyos  como  de  los  Señores  referidos,  que  le  enviaron  so- 
corro, no  llegaron  á  300,000,  porque  los  demás  estaban  en 
las  fronteras  y  sólo  los  200,000  traía  consigo;  pero  según  las 
historias  traía  los  más  valerosos  capitanes  y  ardilosos  que  ha- 
bía en  esta  tierra  en  aquellos  tiempos,  que  le  valió  por  enton- 
ces la  vida.  Dióse  la  batalla  y  duró  muchos  días,  en  donde  su- 
cedieron grandes  cosas,  como  se  verá  más  especificadamente 
en  la  historia  de  este  Señor;  pero  al  fin  los  Chichimecas  y 
Aculhuas,  como  gente  valerosa  y  que  jamás  había  sido  sujeta 
de  ningima  nación  y  la  razón  (ó  justicia)  que  tenían,  sujetaron 
y  destruyeron  toda  la  provincia  de  CuauhtUlan^  y  el  ejército  de 
Tezozomoe  se  retiró  hacia  Azcaputzalco  con  pérdida  de  más  de 
la  mitad  de  su  gente,  y  fueron  los  Aculhuas  en  su  seguimiento 
y  les  dieron  alcance  en  los  campos  de  Tecpatepec  y  tornaron  á 
pelear;  pero  dentro  de  pocas  horas  los  Tepanecas  reconocieron 
su  daño  y  se  tornaron  á  retirar  más  hacia  la  ciudad  de  Azca- 
putzalco^ hasta  Temapalco,  que  estaba  muy  cerca  este  lugar  de 
los  arrabales  de  la  ciudad. 

Ya  en  esta  ocasión  de  todo  punto  estaban  perdidos  los  Te- 
panecas, que  no  faltaba  más  que  la  ciudad  y  algunos  lugares 
de  la  otra  banda  que  cae  hacia  el  Mediodía  (por  rendirse)  aun- 
que (éstos  quedaban)  sin  gente,  que  ya  todos  estaban  muertos 
en  las  guerras  que  duraron  desde  que  se  dio  la  primera  bata- 
lla en  XaUepec  hasta  este  lugar,  cuairo  años  continuos;  aun  es 
verdad  que  lo  más  de  este  tiempo  se  ocupó  sobre  CohuatiUan  ^ 
por  haber  estado  aquí  el  ejército  de  los  Tepanecas.  Todo  lo 
cual  visto  por  Tezozomoe^  como  hombre  ardiloso  y  viejo,  acor- 
dó de  pedir  treguas,  con  toda  brevedad,  antes  que  sucediese 
otra  cosa,  dentro  de  cierto  tiempo  para  tratar  de  paces  y  otros 
medios  muy  buenos,  aunque  cautelosos  y  falsos,  lo  cual  IxUU- 
xuchUl^  como  era  hombre  tan  nobilísimo  de  condición  y  mise- 
ricordioso, visto  el  intento  de  Tezozomoe^  alzó  el;cerco  que  tenía 
sobre  Azcaputzalco  y  lo  perdonó  de  todo  lo  pasado.á;él^y  á^to- 

1  Poce  antes  ha  dicho  que  en  CuauhiiÜan. — B. 

Tomo  1—20 


306  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

dos  SUS  aliados,  y  luego  se  fué  á  su  ciudad  de  Texcuco,  en 
donde  hizo  muchas  mercedes  á  todos  sus  soldados  y  envió  á 
dar  las  gracias  á  todos  los  Señores  que  le  habían  favorecido, 
con  el  aviso  de  todo  lo  que  había  sucedido,  los  cuales  enten- 
diendo que  no  sería  cautela  ni  engaño,  se  holgaron  mucho  y 
le  enviaron  á  dar  el  parabién. 

El  año  siguiente  después  de  los  cuatro  referidos,  que  se  lla- 
maba NAHüi  ToxTLi,  4  conejos,  y  á  la  nuestra  1418,  en  el  19  del 
Pontificado  de  Martirio  F,  al  89  del  Imperio  de  Segismundo  y 
en  el  119  del  Reinado  de  Don  Juan  d  II,  casi  á  los  primeros 
tiempos  de  este  año,  después  de  haberse  confederado  con  los 
grandes  del  Reino  de  Texcuco  Tezozomoc  para  que  no  favorecie- 
sen á  su  Rey,  sino  que  lo  desamparasen,  declarándoles  su  in- 
tento, prometióles  grandes  cosas  si  lo  hacían;  todo  lo  cual  el 
viejo  alcanzó  muy  fácilmente  por  ser  todos  sus  deudos  y  nie- 
tos como  ya  está  referido.  Fingió  que  quería  jurar  al  Rey  Ix- 
tlilxuchitl  por  ChichimecaU  Tecuhtli  y  Monarca  de  esta  tierra 
en  Chicuhnaxdla  y  que  allí  le  aguardaba,  que  por  ser  tan  viejo 
no  podía  ir  hasta  la  Ciudad  de  Texcuco;  ^  (to  cual  hacía)  con  in- 
tento de  matarlo  en  la  jura;  de  lo  cual  fué  avisado  Ixthlxuchitl, 
aunque  ya  muy  tarde,  que  no  pudo  remediarlo;  y  por  disimu- 
larlo al  Tirano  envióse  á  disculpar  con  dos  hijos  suyos  y  otros 
Caballeros,  fingiendo  que  estaba  indispuesto  y  que  por  eso  le 
disculpasen;  encargándoles  además  le  dijeran,  que  para  de  allí 
á  cierto  tiempo  se  haría  la  jura,  porque  en  el  Ínterin  juntaría 
quizás  alguna  gente. 

Tezozomoc,  que  ya  tenía  mucha  gente  de  guerra  apercibida 
para  en  matando  á  Ixtlüxuchid  ir  sobre  Texcuco  y  asolarlo  to- 
do, así  como  vieron  venir  á  los  Embajadores,  todos  dieron  so- 
bre ellos,  y  no  se  tenía  por  bien  aventurado  el  que  no  daba 
palazo  ó  bofetada  á  uno  de  estos  Embajadores,  los  cuales  cuan- 
do llegaron  al  lugar  donde  estaba  el  Tirano,  ya  iban  medio 


1  Cotéjese  esta  narración  con  la  que  del  mismo  suceso  se  hace  en  la  HistO'- 
ria  cíe  los  Señores  Chichimecas, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  307 

muertos,  y  sin  oir  su  razonamiento  mandó  desollar  vivos  á  los 
dos  Infantes  y  á  los  demás  hacerlos  pedazos;  y  luego  las  gen- 
tes de  guerra  embistieron  sobre  Texcuco,  que  ya  IxtlilxuchiÜ  y 
su  hijo  el  Infante  y  (el)  gran  Capitán  Zihuaquequenotzin^  ^  habían 
juntado  á  todos  los  ciudadanos  en  el  ínterin  que  sucedían  las 
cosas  referidas;  y  así  se  defendieron  valerosamente  algunos 
días,  hasta  que  ya  no  pudiendo  más,  desampararon  la  Gudad, 
y  lo  mismo  hicieron  los  demás  pueblos  comarcanos,  y  se  me- 
tieron por  las  sierras  de  Tíafoc  huyendo;  y  el  desventurado  Rey 
se  fué  retirando  hasta  que  le  fueron  á  alcanzar  sus  mismos  va- 
sallos los  Chcdcaa  y  Otumpamcas^  y  lo  mataron  á  puñaladas, 
el  cual  se  defendió  valerosamente  y  mató  á  muchos  primero 
que  él  muriese. 

(En  estos  tiempos)  sucedieron  muchísimos  prodigios,  entre 
los  cuales  fueron  los  más  señalados,  que  en  el  lugar  donde  lo 
mataron,  que  se  dice  Tepanohuayan^  que  estaba  allí  una  barran- 
ca y  muchos  peñascos,  reventó  una  peña  y  mató  á  muchos  de 
los  que  le  fueron  á  matar  y  no  pudieron  llevar  el  cuerpo  ni  la  ca- 
beza al  Rey  Tezozoinoc^  porque  no  le  pudieron  menear  del  lu- 
gar donde  estaba  caído.  El  legítimo  sucesor  Nezahualcoyott  es- 
capó dentro  de  las  ramas  de  un  capulín,  que  es  el  cerezo  de 
la  tierra,  que  estaba  allí  cerca;  lo  cual  sucedió  en  el  décimo  día 
de  su  semana  llamado  Matlactli  Cozcaguauhtu  y  á  los  nueve 
días  de  su  décimo  mes  llamado  Oxpanixtli,  que  es  21  de  Sep- 
tiembre, ^  y  el  día  siguiente  que  ya  los  Tepanecas  no  parecían 
por  allí,  llegó  un  caballero  del  Barrio  de  los  TlaihÜaque,  lla- 
mado Ixtli^  con  alguna  gente,  y  tomaron  el  cuerpo  de  su  Rey 
y  le  pusieron  sus  mantas  reales  y  le  quemaron  é  hicieron  otras 
ceremonias  de  los  Cidhuas  Tdtecas^  y  después  sus  cenizas  las 
enterraron,  que  fué  el  primer  Rey  de  Texcuco  á  quien  se  le 
hizo  este  género  de  entierro  y  honras. 

1  Antes  lo  llama  Zihuaeuahuatzin. 

2  Ambas  datas,  la  Mexicana  y  la  Vulgar,  presentan  muy  sensibles  rasgos 
de  conveniencia  y  de  discordancia  con  la  que,  tratándose  del  mismo  suceso,  se 
fija  en  la  Relación  9?  de  la — Historia  de  los  Señores  Chichimecas. — R. 


308  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

Tezozomoc  luego  que  vido  que  ya  todo  lo  tenía  debajo  de  su 
mano,  se  mandó  jurar  por  Monarca  de  la  tierra,  y  en  cuatro 
años  que  él  vivió  después,  hizo  las  mayores  crueldades  que  de 
Tirano  se  han  escrito  en  el  mundo,  entre  las  cuales  fué  que 
mandó  por  todo  el  Reino  de  Texcuco  preguntar  á  los  niños  de 
poca  edad,  quién  era  su  Señor  y  Rey  natural,  y  como  ellos  di- 
jesen que  IxÜilxuchül,  los  iba  matando  y  murieron  grandísi- 
mas sumas  de  niños  que  no  escaparon  diez  en  todo  el  Reino; 
y  así  mismo  pagó  á  los  Grandes  de  Texcuco  después  tan  mal, 
que  les  fué  forzoso  salirse  huyendo  de  sus  tierras  é  irse  para 
otras  extrañas. 


RELACIÓN   NOVEXA. 


Ixtlilxuchitl  tuvo  dos  hijos:  el  19  Nezahualcoyotl,  y  la  2?  íbs- 
qrientzin,  ^ 

Su  reinado  fué  de  6:d  años. 

Murió  en  el  año  de  4  Toxtli  y  á  ocho  días  ^  del  mes  Xiloma- 
NALizTLi  y  13  CozGAGUAüHTLi,  que  cs  cl  úUimo  día  de  su  semana, 
que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  año  de  1415  á  22  días 
del  mes  de  Abril.  ^ 

Por  su  muerte  entró  Tezozomoc  en  el  gobierno  del  Imperio 
que  rigió  nueve  años  ^  con  grandes  crueldades  y  tiranías.^ 

1  En  la  Relación  anterior  se  invierte  este  orden. — R. 

2  En  el  MS.  del  Museo  dice  á  6  rfíúw.—R. 

3  Hé  aquí  una  tercera  discordancia  respecto  del  mismo  suceso,  sobre  las  no- 
tadas en  la  página  anterior;  y  agravada,  además,  con  la  variante  que  presenta 
la  focha  según  la  lectura  del  MS.  del  Museo. — R. 

4  En  la  página  anterior  se  dice  que  su  Reinado  fué  de  4  aílos. — R.  Vid.  la 
siguiente. 

6  Lo  que  sigue  en  esta  Relación  pertenece  al  asunto  de  la  inmediata. — R. 


RELACIÓN  UNDÉCIMA. 


Del  gran  Xezahualcoyo:zint  7°  gran  ChichimeccUl  Tecuhlli. 

No  fueron  menos  las  excelentes  virtudes  del  que  ahora  se 
nos  ofrece,  que  las  de  cada  uno  de  sus  pasados,  y  cierto  mu- 
chas veces  me  ha  parecido  que  los  historiadores  antiguos  que 
pintaron  la  vida  de  este  singular  Príncipe  hacen  lo  que  se 
cuenta  de  Xenofonte,  que  todos  dicen  de  61,  que  en  la  vida  que 
escribió  de  Ciro^  Rey  de  los  Persas,  no  fué  tanto  su  intento  es- 
cribir la  vida  de  un  hombre  en  particular,  cuanto  pintar  un 
buen  Rey  en  las  partes  que  conviene  que  tenga;  y  así  parece, 
que  quien  quisiera  pintar  y  hacer  relación  de  un  Monarca, 
aunque  bárbaro  de  cuantos  (mejores)  hubo  en  este  mundo,  no 
tenía  que  hacer  más  que  poner  delante  la  vida  del  Rey  Neza- 
hualcoyotzin^  porque  fué  un  dechado  de  buenos  y  excelentes 
Príncipes,  como  en  el  discurso  de  su  historia  podrá  verse,  del 
cual,  aunque  en  sumaria  relación  de  su  vida  y  hechos,  se  po- 
drá ver  más  especificadamente  la  historia  que  escribo  en  el 
séptimo  libro. 

Tuvo  tres  nombres  este  gran  Príncipe,  cada  uno  significa- 
ción de  su  gran  valor.  El  primero  Nezahualcoyotl^  que  quiere 
decir  Lobo  ayunado^  porque  fué  muy  deseado  de  sus  vasallos 
con  las  grandes  persecuciones  y  trabajos  que  habían  tenido 
después  de  la  muerte  de  su  abuelo  Techoüalafzin.  El  segundo 
AcdmizUi^  que  quiere  decir  Brazo  de  Leórij  porque  con  su  va- 


310  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

lor  y  brazo  sujetó  y  recobró  casi  toda  la  tierra  que  había  mu- 
chos años  que  estaba  rebelada  con  las  tiranías  de  los  Reyes  de 
AzcapiUzcdco,  el  cual  en  cuatro  años  que  el  tirano  Tezozomoc 

vivió  ^  después  de  la  muerte  de  su  padre,  le  persiguió  mucho 
y  deseó  matar  hartas  veces;  mas  como  hombre  animoso  y  sa- 
gacísimo, se  libró  de  todas,  hasta  que  las  Señoras  Mexicanas 
sus  tías,  con  hartas  lágrimas  y  ruegos,  alcanzaron  del  tirano  la 
vida  de  su  sobrino;  pero  á  los  últimos  días  de  su  vida,  mandó 
á  MaxÜa^  que  fué  el  que  le  sucedió  en  el  imperio,  aunque  tirá- 
nicamente y  otros  dos  hijos  suyos,  y  á  los  demás  Señores  sus 
aliados,  que  sin  falta  ninguna  mataran  á  Nezahvxihoyotzm  si 
querían  ser  Señores,  porque  si  no,  recobraría  su  imperio  y  les 
bebería  la  sangre,  porque  así  se  lo  habían  dicho  sus  adivinos 
cuando  le  declararon  el  sueño  de  la  Águila  y  del  Tigre  que  ha- 
bía soñado,  y  sus  falsos;dioses  en  el  oráculo  se  lo  habían  dicho 
muchas  veces;  el  cual  murió  en  el  año  de  matlagtu  omey  acatl, 
trece  cañas,  y  á  la  nuestra  1427,  en  el  primer  dia  de  este  año 
y  último  de  su  semana,  asimismo  de  su  primer  mes^  llamado 
TlacaxipehualizUi^  que  cae  á  SO  de  Marzo  según  nuestro  calen- 
dario; y  en  las  honras  mandó  Maxtla,  que  era  el  sucesor,  ma- 
tasen á  Nezakualcoyotl  que  vendría  á  dar  el  pésame  de  la  muerte 
de  su  padre;  el  cual  llegó  á  AzcapiUzalco  una  madrugada,  que 
había  cuatro  días  que  había'muerto  el  tirano,  y  dio  el  pésame, 
y  su  primo  hermano  Moteczuma^  primero  de  este  nombre,  le 
hizo  del  ojo,  y  él  cayó  luego  (en  cuenta)  de  lo  que  pudiera  ser; 
y  así,  cuando  halló  ocasión  dio  la  vuelta  para  la  ciudad  de 
Texcuco  y  así  no  lo  pudieron  matar. 

Fué  otras  dos  ó  tres  veces  á  la  ciudad  de  Azcaputzalco  y  ja- 
más pudo  MaxÜa  quitarle  la  vida,  y  la  última  vez  si  no  fuera 
tan  venturoso  casi  tuvo  el  cuchillo,  como  dicen,  al  pescuezo; 
pero  valióle  el  que  lo  aposentaron  en  un  jardín,  que  el  apo- 

1  Las  discordancias  que  sobre  esta  fecha  se  han  notado  al  fin  de  la  anterior 
Relación,  pueden  conciliarse  entendiendo  que  la  duración  iotcU  del  reinado  de 
Tezozomoc  taé  de  nueve  años,  y  los  cuatro  contados  solamente  desde  la  muerta 
de  IxililxuchHl.—K 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCH ITL.  311 

sentó  donde  estaba  era  hecho  de  caña  y  carrizo;  y  así  le  fué 
fácil  escapar  con  la  vida;  y  era  tan  atrevido  y  animoso,  que 
después  que  salió  de  este  lugar,  en  la  plaza  estaba  un  grande 
ejército  de  Tepanecas,  por  si  escapara,  ir  tras  de  él  y  matarle, 
porque  lo  tenían  por  invisible,  el  cual  como  vido  que  iban  en 
su  seguimiento,  volvió  las  espaldas  y  los  amenazó  diciéndoles, 
que  dentro  de  poco  tiempo  volvería  sobre  ellos  y  los  abrasaría 
con  el  fuego  de  su  valor,  y  otras  muchas  razones.  Algunos  de 
ellos  que  se  adelantaron  tras  de  él,  peleó  con  ellos  y  mató  al- 
gunos, hasta  que  lo  perdieron  de  vista.  Otras  dos  veces  escapó 
de  manos  de  sus  enemigos  dentro  de  la  ciudad  de  Texcuco:  la 
primera  en  el  convite  de  su  hermano  Yancuitzin^  gobernador 
puesto  por  el  tirano,  y  se  escapó  porque  envió  al  convite  á  un 
pobre  labrador  del  pueblo  de  Ahuatepecj  que  se  le  parecía  mu- 
cho en  todo,  y  lo  mataron  entendiendo  que  era  el  Príncipe 
NezahualcoyoÜ^  en  una  danza  que  se  hacía  de  noche,  el  cual 
estaba  á  la  mira,  y  así  como  supo  que  era  muerto  su  semejan- 
te, se  fué  luego  á  México  á  ver  á  su  tío  lücohuatzin^  el  cual  se 
espantó  de  verle,  porque  según  el  trato  que  tenían  hecho  con 
Jfaxtía,  lo  tenían  por  muerto;  y  de  allí  á  pocas  horas  llegaron 
embajadores  del  Rey  Maxtla  para  dar  aviso  á  Iztcohuatzin  cómo 
era  muerto  Nezahuaicoyoílj  y  como  lo  vieron  sentado  con  su 
tío  hablando,  se  quedaron  espantados  y  corridos  todos,  espe- 
cialmente XochüecalcaÜ,  uno  de  los  embajadores,  que  era  el 
que  lo  había  muerto  y  traído  allí  la  cabeza  del  labrador  en  tes- 
timonio de  su  verdad.  Nezahucdcoyotzinles  dijo  que  no  se  can- 
sasen de  balde,  que  no  le  matarían  por  ninguna  vía  ni  manera 
y  que  él  sí  los  destruirla,  especialmente  á  su  Rey  Maxtla  y  á 
todos  sus  secuaces;  y  por  ponerles  más  temor  les  dijo  que  era 
inmortal,  que  no  podía  morir,  porque  sus  dioses  le  habían  dado 
aquella  gracia.  Los  mensajeros  fueron  á  dar  cuenta  al  tirano 
de  lo  que  habían  visto,  el  cual  se  airó  de  tal  manera,  que  lue- 
go mandó  al  ejército,  que  siempre  tenía  en  la  ciudad  de  Azca- 
puizalco^  con  cuatro  capitanes  muy  valerosos,  fuesen  á  Texcuco, 
porque  ya  Nezahualcoyotzin  estaba  allí,  y  le  matasen,  y  si  por 


312  OBRAS   HISTÓRICAS   DE 

ventura  escapase,  se  pusiesen  por  todas  las  sendas  y  caminos, 
calles  y  encrucijadas  de  la  ciudad,  para  que  en  donde  quiera 
h)  matasen,  y  así  lo  hicieron. 

Nezahualcoyotzin,  por  consejo  de  su  ayo  HuitzílihuUzín^  que 
era  el  que  le  daba  siempre  industrias  para  escaparse  de  sus 
manos,  le  mandó  que  recibiera  á  sus  enemigos  y  los  regalase 
y  saliese  por  un  agujero  que  hiciesen  secretamente,  hacia  las 
espaldas  de  su  silla  y  asiento  real.  Los  enemigos  que  lo  tenían 
frontero  y  que  entendían  que  aquella  vez  no  se  podía  escapar, 
estaban  muy  contentos  comiendo,  y  al  mejor  bocado  vieron 
que  en  la  sala  ya  no  parecía  nadie,  y  que  Nezahxialcoyotl  había 
salido  por  unos  trascorrales.^  Apellidaron  todos  por  él,  el  cual 
se  escapó  otras  cinco  veces  de  sus  enemigos,  hasta  que  llegó 
en  Tlaxcalan^  que  los  Señores  de  allí  sus  deudos  le  estaban 
esperando  para  darle  socorro  contra  su  enemigo  el  tirano  Max- 
tla^  el  cual  como  supo  que  se  había  escapado  envió  sus  men- 
sajeros por  toda  la  tierra,  mandando  á  los  Reyes  y  Señores  de 
toda  ella,  que  muerto  ó  vivo  se  lo  enviasen  á  Azcaputzalco^  y 
así  Nezahualcoyotl  no  estaba  de  día  en  la  ciudad  de  Tlaxcalan^ 
porque  andaban  muchos  Tepanecas  en  su  seguimiento. 

Los  Señores  de  TUxxcálan  le  hicieron  muchos  xacales  de 
paja  en  los  campos  de  Calpulalpan^  lugar  sujeto  á  su  Señorío, 
donde  juntó  un  poderoso  ejército  de  Tlaxcaltecas^  Huexotzincas^ 
ChoMtecas^  Zacatecas  y  Tototepecas^  que  luego  que  tuvo  junto 
todo  el  ejército,  que  fué  dentro  de  muy  pocos  días,  dio  la  vuel- 
ta para  la  ciudad  de  Texcuco  y  recobró  su  reino,  especialmente 
Amlma^  que  lo  había  hecho  el  tirano  cabecera  de  reino,  de  la 
mitad  que  era  de  los  Aculhuas,  cuyo  Rey  era  Teyolcocohuafzm, 
y  la  otra  mitad,  que  era  CohuatlicJian^  cuyo  Rey  era  Quitzal- 
maquiztí.  Los  Chalcas  que  también  le  dio  su  favor,^  los  sujeta- 
ron y  mataron  al  Rey  y  los  demás  Tepanecas  á  fuego  y  sangre, 
que  lo  mismo  se  hizo  en  Aculma  y  las  demás  ciudades  y  pobla- 

1  Tecorrales,  cercas  de  piedra. 

2  Parece  que  aquí  debía  decir:  que  también  le  dieron  su  favor  al  tirano. 


ÜON  FERNANDO   DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  313 


dones  sujetas  al  Rey  de  Texciico,  y  después  que  hubo  ganado 
todo  su  reino,  puso  sus  fronteras  hacia  la  parte  del  tirano  y  los 
de  México  sus  aliados,  y  envió  á  los  soldados  que  quisieron 
volverse  á  sus  tierras,  después  de  haberles  hecho  muchas  mer- 
cedes, muy  ricos  de  los  despojos  que  sacaron  de  las  ciudades 
y  lugares  que  sujetaron,  y  el  agradecimiento  á  sus  Señores 
por  el  favor  que  le  dieron,  con  el  aviso  (además  del)  tiempo 
en  que  les  esperaba  para  acabar  de  concluir  con  estos  nego- 
cios y  destruir  al  tirano  y  sus  secuaces. 

El  Rey  Nezahualcoyotl^  después  de  todo  lo  referido  puso  en 
orden  las  cosas  de  su  reino  y  apercibió  á  sus  vasallos  para  la 
batalla  que  se  esperaba  dar  el  año  sucesivo  sobre  los  Tepane- 
cas  y  sus  aliados:  fortaleció  sus  fronteras  muy  bien;  mandó, 
pena  de  la  vida,  que  nadie  de  los  enemigos  pudiese  entrar  en 
su  reino  por  ningún  motivo,  y  á  Motoliniatzin^  Señor  de  Hv^- 
xvila  y  uno  de  los  grandes  de  su  reino,  le  mandó  que  juntara 
todos  los  Aculhuas,  y  como  á  hombre  muy  valeroso  le  hizo  su 
general,  ordenándole  que  apercibiera  todo  lo  necesario  para  la 
guerra  referida.  El  Señor  de  Choleo  envió  sus  embajadores 
dándole  el  parabién,  como  lo  habían  hecho  los  demás;  (aña- 
diendo) que  para  el  tiempo  señalado  estarían  los  vasallos  apare- 
jados y  le  vendrían  á  ayudar;  porque  todos  deseaban  vengarse 
de  los  Tepanecas  y  Mexicanos  por  los  malos  tratamientos  que 
les  habían  hecho. 

El  Señor  de  México,  Izteohuatzin  y  sus  vasallos  á  esta  oca- 
sión padecían  muchos  trabajos  por  el  tirano  que  los  trataba 
(poco)  menos  que  esclavos  y  les  había  mandado  que  le  diesen 
un  tributo  y  reconocimiento  muy  trabajoso  é  imposible  de 
cumplir,  como  era,  demás  de  las  muchas  mantas,  oro,  plume- 
ría y  otras  cosas  que  ellos  le  tributaban,  les  hacía  llevar  los 
jardines  por  el  agua^  en  donde  iban  todas  las  verduras  y  flo- 
res que  se  crían  en  las  partes  húmedas,  y  asimismo  los  patos, 
garzas  y  otras  aves,  unas  con  sus  pollos  y  otras  echadas  con 

1  Chinampas. 


314  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

SUS  huevos,  cosa  muy  trabajosa  é  imposible  de  hacer;  llegando 
el  Rey  Maxtla  hasta  el  punto  de  haber  querido  forzar  á  la  mu- 
jer legítima  del  Rey  Iztcohuatzin,  todo  por  dar  ocasión  (ó  pre- 
texto) para  matar  y  destruir  á  los  Mexicanos;  y  así  á  esta  oca- 
sión estaban  los  Mexicanos  arrinconados  y  aguardando  la 
muerte  por  momentos,  y  como  tuviesen  noticia  que  dentro  de 
muy  pocos  días  había  de  enviar  un  ejército  el  Rey  Maxtla  y 
los  había  de  destruir  á  fuego  y  sangre,  no  tuvieron  otro  reme- 
dio si  no  fué  enviar  á  rogar  á  NezahualcoyoÜ^  porque  sabían 
muy  bien  que  juntaba  ejército  para  venir  sobre  el  tirano  y  sus 
aliados,  y  (así  esperaban)  los  perdonase  de  las  ofensas  pasadas 
y  no  se  acordase  de  ellas  (previniéndole  la  voluntad)  con  aviso 
de  todo  lo  que  pasaba;  y  así  enviaron  á  tres  Señores  por  em- 
bajadores, los  más  principales  del  reino  de  México,  que  entre 
ellos  fué  Moieczuma,  primero  de  este  nombre,  primo  hermano 
del  Rey  Nezáhucdcoyotzin  y  á  quien  le  quería  mucho,  enten- 
diendo los  Mexicanos  que  por  parte  de  este  Señor  alcanzarían 
el  favor  y  socorro  que  le  pedían.  Asimismo  le  enviaron  á  su- 
plicar que  fuese  con  toda  brevedad,  porque  de  allí  á  ocho  ó 
diez  días  habían  de  ser  destruidos. 

Los  mensajeros  fueron  por  la  ciudad  de  Culhxiacan,  y  en 
Aculhuacan^  que  era  donde  estaban  las  fronteras,  fueron  presos 
por  los  guardias  y  los  llevaron  á  la  ciudad  de  Texcuco  en  don- 
de supo  NezahualcoyoÜ  á  lo  que  ellos  venían,  el  cual  aunque 
estaba  enojado  contra  su  tío  el  Rey  Iztcohuaizin  y  los  Mexica- 
nos, tuvo  grandísima  compasión  de  él,  y  luego  envió  volando 
á  dar  aviso  al  Señor  de  Hxiexutla  para  que  juntara  toda  la  gente 
que  pudiera  con  toda  brevedad,  porque  dentro  de  cuatro  días 
habían  de  estar  en  México.  El  Señor  de  HnexuÜa  en  lugar  de 
la  respuesta,  mandó  hacer  pedazos  al  mensajero,  que  era  un 
Infante  hermano  del  Rey  iVczaAwa/coyotó,  porque  se  sintió  mucho 
cuando  supo  que  su  Rey  había  hecho  amistad  con  los  Mexica- 
nos; lo  cual  no  pudo  vengar  el  Rey  este  agravio  por  entonces, 
por  acudir  á  la  mayor  necesidad.   Envió  (también)  con  Motee- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  316 

zuma  á  su  hermano  Quanhilahuanitzin^  gran  capitán,  á  ^  Choleo^ 
para  dar  parte  á  este  Señor  de  lo  que  enviaban  á  decir  los  Me- 
xicanos, y  que  luego  con  brevedad  le  enviase  el  socorro  que 
había  mandado  dar.  El  Señor  de  Choleo  recibió  la  misma  pe- 
na 2  que  el  de  Huexutla  y  mandó  echar  en  la  cárcel  á  los  dos 
Señores  Moteczuma  y  Quauhtlahuanitzin^  y  á  un  hermano  suyo 
le  mandó  tuviese  cuenta  de  ellos,  el  cual  á  la  noche  siguiente 
teniendo  lástima  de  ellos,  los  echó  secretamente  de  la  cárcel  y 
se  volvieron  á  Texcuco  muy  tristes. 

El  Señor  de  Choleo,  luego  que  los  mandó  echar  en  la  cárcel^ 
envió  sus  mensajeros  á  la  ciudad  de  Azcapvizaho  para  dar  aviso 
de  lo  que  había  (hecho)  y  de  cómo  los  mensajeros  los  tenía 
presos,  y  que  el  Rey  Moxtla  enviase  á  mandar  lo  que  se  había 
de  hacer  de  ellos;  (todo  lo  cual  hacía)  entendiendo  que  era 
mejor  tener  por  amigo  á  Moxtla  que  no  á  Nezahualcoyotzin  que 
había  hecho  paces  con  sus  enemigos.  MaocttOy  en  lugar  del 
agradecimiento  de  lo  que  había  hecho  el  Señor  de  Choleo^  le 
envió  á  deshonrar,  llamándole  de  bellaco  esclavo,  y  que  no 
entendiese  ganarle  la  voluntad  por  esta  vía;  que  soltase  los 
presos,  que  no  quería  agradecerle  nada,  sino  que  antes  de  mu- 
cho tiempo  lo  destruiría  á  fuego  y  sangre  por  haber  ayudado  á 
Nezahíwlccyyotzin  al  tiempo  que  recobró  su  reino. 

(En  vista  de  esta  respuesta)  el  Señor  de  Choleo  llamó  á  su 
hermano  para  mandarle  que  soltara  á  los  presos,  el  cual  le  res- 
pondió, que  luego  aquella  noche  se  huyeron;  y  visto  esto,  en- 
vió sus  mensajeros  á  KezahuoleoyoÜ,  que  estaba  muy  sentido 
de  la  bellaquería  que  se  había  usado  con  sus  mensajeros,  tra- 
tando de  disculparse  y  prometiéndole  que  para  el  tiempo  que 
mandaba,  estarían  sus  vasallos  con  él  para  favorecerle  y  ser- 
virle en  todo  lo  que  se  ofreciese.  Nezahuolcoyotl  le  respondió 
que  no  quería  su  favor,  y  que  antes  de  mucho  tiempo  le  casti- 
garía muy  bien  lo  mal  que  se  había  conducido  con  sus^emba- 


1  Parece  que  faltan  las  palabras:  ver  al  Señor  de. 

2  Esto  es — "la  misma  pesadumbre»  6  disgusto." — B. 


316  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

jadores;  y  luego  juntó  toda  la  gente  que  pudo  de  Tlaxcala, 
Huexoizineo^  Cholula  y  otras  partes  y  en  su  reino  á  los  que  le 
quisieron  seguir,  porque  los  demás  estaban  ya  alzados  y  rebe- 
lados contra  él  por  las  amistades  que  había  hecho  con  los  de 
México.  Llegaron  hasta  dos  mil  soldados  ^  y  luego  se  fué  á  Méxi- 
co con  toda  su  gente,  unos  por  agua  y  otros  por  tierra. 

Llegado  que  fué  á  México,  halló  á  los  Mexicanos  en  grande 
aprieto,  porque  el  Rey  Maxüa  los  tenía!  cercados  con  más  de 
400,000  hombres  de  diversas  partes  y  había  tenido  algunas  es- 
caramuzas muy  reñidas,  en  donde  habla  muerto  cantidad  de 
gente  por  ambas  partes.  Tenía  hasta  100,000  hombres  su  tío 
el  Rey  Iztcohuatzm  y  el  otro  su  primo  Moteczuma  y  comenza- 
ron la  batalla,  la  cual  duró  ciento  y  tantos  días,  hasta  que  ga- 
naron á  Azcapuizalco  y  mató  Nezahualcoyotzin  al  tirano  Monarca 
de  esta  tierra  por  sus  propias  manos,  sacándole  el  corazón  y 
destruyendo  toda  la  ciudad,  que  no  dejó  casa  ni  árbol,  ni  cosa 
que  no  quemó  y  echó  por  el  suelo.  Mandó  que  de  allí  adelante 
por  ignominia  de  la  ciudad  fuera  un  lugar  donde  vendieran 
esclavos.  Luego  fueron  sobre  la  ciudad  de  Tenayuca  y  sobre 
CuauhtUlan  y  XaUocan,  que  eran  cabeceras  en  aquellos  tiem- 
pos, y  adelante  de  CuauhiiOan  le  salieron  á  recibir  los  Xüote- 
pecas  con  mucha  gente  de  socorro,  y  así  no  fué  sobre  ellos; 
sino  que  fué  á  los  Huey  Tlapanecos  y  dio  la  vuelta  sobre  de 
TUxcopan^  Coyohuacan  y  Culhuacan  y  otros  lugares;  y  en  este 
año  no  se  hizo  más  de  lo  referido,  que  fué  en  el  de  ce  Tecpatl, 
un  pedernal,  y  á  la  nuestra  1428. 

El  año  siguiente  de  1429  fueron  sobre  la  ciudad  de  -Xb- 
c/wmiYco,  lugar  muy  fuerte  y  de  mucha  gente  en  aquellos  tiem- 
pos y  la  ganaron.  El  siguiente  de  1430,  fueron  sobre  Cuitla- 
huac^  que  era  también  muy  fuerte  en  aquellos  tiempos,  y  á 
otros  pueblos  comarcanos,  como  era  iBzquic^  y  asimismo  fué 
sobre  su  reino  de  Texcuco  y  lo  sujetó  hasta  Xicotepec  y  Pa- 


1  La  Aritmética  de  nuestros  antiguos  historiadores  y  las  noticias  anterioreSi 
indican  una  errata  en  la  moderación  de  este  guarismo. — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  317 

huatla^  aunque  en  estos  dos  lugares  se  dieron  luego  de  paz,  y 
le  recibieron  muy  bien  con  muchas  fiestas.  El  año  siguiente 
de  1431  se  coronó  en  la  ciudad  de  México  por  Rey  de  Texcuco 
y  ChichimecaÜ  TecuhiU  de  toda  la  tierra  y  se  hicieron  grandes 
fiestas  sobre  su  coronación  y  jura.  Hizo  á  Totoquihuaztli  Señor 
de  Tlacopan  y  descendiente  de  la  casa  de  Ázcapuizalco^  Rey 
de  los  Tepanecas,  y  repartió  toda  la  tierra,  tanto  lo  que  estaba 
ganado  como  por  ganar,  en  cinco  partes.  De  las  cuatro,  la  mi- 
tad tomó  para  sí  y  la  otra  mitad  para  su  lío  el  Rey  de  México, 
igualándole  á  él  en  Señorío,  y  la  quinta  parte  al  de  Tlacopan.  ^ 
Sus  vasallos  los  Aculhuas,  como  veían  que  su  Rey  asistía  mu- 
cho en  México  y  que  no  tenía  propósito  de  ir  á  su  ciudad  de 
Texcuco,  acordaron  de  irle  á  rogar  para  que  viniese  á  su  reino 
y  echaron  por  tercero  al  Rey  su  tío  Iztcohuaizin^  y  así  se  vino 
á  Texcuco  después  de  haber  hecho  grandes  cosas  en  México,  y 
puesto  la  ciudad  en  mucha  policía  y  edificado  los  mejores 
edificios  que  hasta  entonces  había,  especialmente  unos  pala- 
cios que  labró,  en  donde  vivía  cuando  estaba  en  México.  Hizo 
el  Bosque  de  Chapullepec  y  metió  el  agua  en  la  ciudad  por  tar- 
jea,  que  hasta  entonces  iba  por  una  zanja. 

Llegado  que  fué  á  su  ciudad  la  puso  en  orden  y  juntó  los 
mayores  artífices  que  había  en  la  tierra  y  los  puso  dentro  de 
la  ciudad  por  sus  barrios,  cada  género  de  por  sí,  como  eran 
plateros,  pintores,  lapidarios  y  otras  muchas  maneras  de  ofi- 
ciales, que  por  todas  eran  treinta  y  tantas  suertes  de  oficiales. 
Hizo  las  mayores  y  mejores  casas  que  ha  habido  en  toda  la 
Nueva  España,  y  para  la  edificación  de  ellas  se  juntaron  los 
tres  reinos  de  Texcuco,  México  y  Tacuba,  y  toda  la  tierra,  y 
dentro  de  ellas  puso  bosques,  jardines,  huertas,  estanques  y 
fuentes  de  agua;  templos  y  casas  y  otras  muchas  cosas,  que 
verdaderamente  ver  lo  que  había  dentro  de  ellas,  era  ver  todo 
el  mundo  abreviado.  Fuera  de  todo  esto  mandó  edificar  otras 


1  Aquí  reconoce  el  autor  la  existencia  de  la  liga  tripartita;  aunque,  como 
siempre,  trata  de  dar  el  primer  lugar  á  los  señores  de  Texcuco. 


318  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

muchas  casas,  así  para  él,  como  para  vasallos  y  deudos 
suyos. 

El  Rey  de  México  Iztcohuatzin^  después  que  su  sobrino  se  fué 
á  su  ciudad  de  Texcuco,  había  dicho  y  comunicado  con  ciertos 
caballeros  no  sé  qué  razones,  arrepintiéndose  de  haber  jurado 
á  su  sobrino  por  ChichimecaÜ  Iccuhtl^  diciendo  que  pues  él 
era  tío,  hubiera  sido  más  justo  tener  este  título,  no  acordándo- 
se de  que  á  su  sobrino  le  venía  de  derecho;  y  cuando  no,  (le 
bastaba)  el  haberlo  ganado  por  su  propia  virtud  y  valor,  y  ade- 
más el  haberlo  á  él  libertado  del  tirano  que  lo  trataba  á  él  y  á 
los  suyos  (poco)  menos  que  esclavos,  aumentándole  su  reino  y 
señorío  y  haberlo  hecho  su  igual  en  todo.  No  faltó  quien  se  lo 
oyó  tratar  y  avisó  al  Rey  Nezahualcoyotl^  el  cual  viendo  la  gran 
ingratitud  de  su  tío,  recibió  grandísima  pena  y  le  envió  luego 
á  apercibir  á  batallas,  enviándole  á  decir  que  saliese  al  campo 
y  que  allí  le  daría  á  entender  cómo  le  venía  de  derecho  el  impe- 
rio de  esta  tierra,  y  que  se  acordase  de  los  bienes  tan  esplén- 
didos que  había  muy  poco  tiempo  le  había  hecho;  el  cual  se 
envió  á  disculpar  tres  veces,  y  á  la  última  envió  cierta  canti- 
dad de  doncellas  muy  hermosas  y  de  linaje  real,  todas  ellas 
para  aplacarle  su  ira,  lo  cual  fué  para  encenderla  más,  viendo 
que  por  vía  de  mujeres  quería  negociar  con  él.  Regalólas  y  les 
hizo  muchas  mercedes  y  las  tornó  á  enviar,  diciendo  á  los  men- 
sajeros que  las  trajeron,  que  dijeran  á  su  Señor  que  no  era  mu- 
jer para  que  le  enviaran  aquellas  Señoras;  que  le  enviara  hom- 
bres, que  era  lo  que  él  quería,  y  que  si  para  tal  día  (que  le 
señalaba)  no  salía  al  campo  á  pelear,  que  lo  iría  á  destruir  y 
matar  dentro  de  su  propia  ciudad. 

Y  así,  llegado  el  tiempo  que  se  le  fué  señalado,  el  Rey  Iztco- 
huatzin  se  apercibió  de  gente  y  de  todo  lo  necesario  para  la 
guerra  y  fortaleció  su  ciudad  muy  bien.  Nezáhualcoyotl  juntó 
sus  soldados  y  hizo  un  razonable  ejército  de  hasta  60,000  hom- 
bres y  fué  sobre  México  y  entró  por  Tepeyacac  que  es  donde 
ahora  es  Nuestra  Señora  de  Guadalupe^  y  él  fué  el  primero  que 
hizo  aquella  calzada,  y  tuvo  cercado  á  México  siete  días  caba- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHITL.  319 

les,  peleando  valerosamente  los  unos  y  los  otros,  y  al  cabo  de 
los  cuales  TeconaUecail^  un  mancebo  de  poca  edad,  natural  de 
la  ciudad  de  Texcuco,  de  nación  Chichimeca  y  Culhua,  que  era 
criado  de  uno  de  los  soldados  á  quien  traía  las  armas,  deses- 
peradamente, viéndose  muerto  de  hambre,  embistió  con  Itzte- 
quachichüi,  gran  capitán  de  los  Mexicanos  y  que  defendía  la 
entrada,  y  lo  mató  é  hizo  pedazos,  y  así  rompió  por  allí  el 
ejército  y  se  metió  dentro  de  la  ciudad  y  saquearon  todas  las 
casas  y  quemaron  todos  los  templos  y  palacios  y  mataron  á  to- 
dos los  soldados  que  hallaron  por  delante,  aunque  no  llegaron 
á  ninguna  persona  de  las  que  estaban  dentro  de  la  ciudad,  que 
así  lo  mandó  Nezahuolcoyotzin.  El  Rey  Iztoohuatzin  y  la  demás 
gente  ilustre  le  pidieron  merced  de  las  vidas,  el  cual  se  las  otor- 
gó y  mandó  que  de  allí  adelante  le  dieran  cierto  reconocimien- 
to, que  es  lo  que  llaman  los  padrones  Reales  de  Texcuco,^  Chi- 
nampanacaüa  CallacuUi^  que  quiere  decir  Tributo  de  loa  Chinam- 
pecas,  que  son  las  ciudades,  lugares  y  pueblos  siguientes,  según 
las  historias  y  Padrones  Reales. — México  Temwhtitlan,  XoÜeco^ 
Tlacopan,  que  son  las  cabeceras  de  sus  reinos,  Azcaputzalco, 
Tenayocan,  TepotzoÜan,  QuauhtiÜan,  Toltitlan,  Ecatepec,  Axocti" 
tlan,  Coyohuacan,  Xochimilco,  Iquexomatitlan,  que  daba  cada  lu- 
gar de  estos,  HO  quimiles  de  mantas  que  llaman  reales,  que 
eran  de  obra  muy  costosa.  Tiene  cada  quimil  20  mantas  y  dos 
rodelas  y  otras  tantas  armas  de  plumería  fina,  con  otras  plu- 
mas, joyas  y  piezas  de  oro,  y  todas  las  verduras,  flores,  peces 
y  aves  que  se  crían  en  estas  partes,  y  puso  un  mayordomo 
llamado  Cuihl  para  que  cobrase  esta  cantidad  de  tributos;  y 

1  Esto  es  enteramente  falso:  los  mexicanos  jamAs  fueron  vencidos  por  los 
texcvicanos,  y  menos  les  pagaron  tributos.  Fueron  por  el  contrario  sus  aliados 
desde  la  época  de  Nezahualcoyotl.  Ixtlilxochitl  interpreta  mal  el  libro  jero- 
glífico de  tributos,  que  llama  Padronos  Eeales.  Consta  de  las  diversas  cróni- 
cas é  historia*,  que  el  señorio  de  México,  el  de  Texcuco  y  el  de  Tlacopan,  for- 
maron una  alianza,  por  la  cual  los  tributos  de  los  pueblos  por  ellos  conquista- 
dos se  distribuían  en  cinco  partes,  como  ya  tengo  dicho,  dos  para  cada  uno  de 
los  primeros  y  una  quinta  para  el  tercero;  pero  jamás  se  reconoció  supremacía 
á  Texcuco:  por  el  contrario,  el  Señor  de  México  era  el  jefe  militar. 


320  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

después  de  haber  hecho  entre  ellos  las  paces  y  ciertas  capitu- 
laciones, y  todo  lo  referido,  se  volvió  muy  contento  á  su  ciu- 
dad de  Texcuco. 

Son  tantas  las  cosas  que  hizo  este  Príncipe  que  es  nunca 
acabar  en  infinito.  Quiero  especificar  algo  más  sus  hechos, 
porque  hay  tanto  de  pintado  y  escrito  de  los  que  primero  se 
pusieron  á  escribir,  que  no  hay  historiador  que  no  trate  de  él 
muy  especificadamente,  más  que  de  otro  Señor  ninguno,  aun- 
que sean  de  otros  reinos,  que  son  como  los  ríos  que  todos  van 
á  parar  al  mar,  y  así  todos  los  historiadores  de  la  Nueva  Espa- 
ña pintaron  las  historias  de  sus  Reyes  y  Señores  naturales  con- 
cluyendo todos  en  poner  los  heroicos  hechos  de  este  Príncipe, 
el  cual  para  concluir  acerca  de  su>alor  y  guerras  que  hizo  se 
dirá  en  suma,  por  no  detenernos  más,  de  lo  siguiente.  Él  ma- 
tó doce  Reyes,  con  el  Rey  Maxtla^  Monarca  de  esta  tierra,  por 
sus  propias  manos.  Hallóse  personalmente  en  treinta  y  tantas 
batallas  sobre  diversas  partes,  y  jamás  fué  vencido  ni  herido 
en  ninguna  parte  de  su  cuerpo,  con  ser  el  primero  en  ellas. 
Sujetó  cuarenta  y  cuatro  reinos  y  provincias  fuera  de  todo  lo 
referido,  que  fueron  los  siguientes:  QuauhnahuaCj  Tlalhuic^ 
Quauhchinanco^  Xicotepec^  Pahuatla,  lyauhtepeCj  Tepexco^  Ahua- 
cayocan,  Chalco^  Itzocan^  Tepeaca,  Tecalco^  Teohuacan^  Quauhyx^ 
tlahuacan^  OaeÜaxtlan,  Yohudltepec^  QuaiífUoxco  y  la  gran  Tosy 
pcm  que  contiene  siete  provincias,  Toxtepec^  Tziuhcóhuac. 
TlapoGoyan^  TlcdcozauhtiUan^  TkUlauhquitepec^y  Mazahtiacan  con 
otros  muchos  pueblos  y  lugares,  Cohuixco^  Oztoman^  QuezaUe" 
pee,  Izcateopan,  Texahualco,  Coaiepec,  Tlaniacolapan,  Chilapan, 
Quiyauhleopan,  OTiuapan,  Tzompahuacan^  Cozamaloapan,  y  las 
provincias  de  la  Cicexteca^  que  son  Panuco,  Tlahuüolan,  Coxo- 
Hilan,  Acallan,  ApiazÜan,  Tetlcoyoyan,  OÜaquiztlan  y  Xochipal- 
co;  y  para  la  sujeción  y  cobramiento  de  estos  lugares  envió  á 
sus  hijos  por  generales,  43  Infantes  y  4  con  el  Príncipe  Tezauh- 
piltzintli,  que  había  de  heredar  y  lo  mandó  matar  su  padre  por- 
que era  muy  soberbio  y  demasiado  de  belicoso:  aunque  en  las 
más  de  estas  guerras  y  conquistas  tuvo  por  acompañados  á  los 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  321 

Reyes  de  México  y  Tlacopan,  como  estaba  tratado  entre  ellos 
al  tiempo  que  NezahualcoyoÜ  hizo  la  partición  con  su  tío  el  Rey 
Izcohuxdzin  y  con  Totoquihuaztli  de  Tlacopan.  ^ 

Fué  este  Rey  uno  de  los  mayores  sabios  que  tuvo  esta  tie- 
rra, porque  fué  grandísimo  filósofo  y  astrólogo,  y  así  juntó  á 
todos  los  filósofos  y  hombres  doctos  que  halló  en  toda  esta 
tierra,  y  anduvo  mucho  tiempo  especulando  divinos  secretos 
y  alcanzó  á  saber  y  declaró,  que  después  de  nueve  cielos  estaba 
el  Creador  de  todas  las  cosas  y  un  solo  Dios  verdadero,  á  quien 
puso  por  nombre  Tloque  Nahuaque^  y  que  había  gloria  adon- 
de iban  los  justos»  é  infierno  para  los  malos  y  otras  muchísimas 
cosas,  según  parece  en  los  cantos  que  compuso  este  Rey  sobre 
estas  cosas,  que  hasta  hoy  día  tienen  algunos  pedazos  de  ellos 
los  naturales.  También  dijo  que  los  ídolos  eran  demonios  y 
no  dioses,  como  les  decían  los  Mexicanos  y  Culhuas;  y  que 
el  sacrificio  que  se  les  hacía  de  hombres,  no  era  tanto  porque 
se  les  debía  hacer,  sino  para  aplacarlos  que  no  les  hiciesen 
mal  en  sus  personas  y  haciendas,  porque  si  fueran  dioses  ama- 
rían sus  criaturas,  y  no  consintieran  que  sus  sacerdotes  los 
mataran  y  sacrificaran;  y  así  vedó  á  los  Mexicanos  que  sacrifi- 
caran á  sus  hijos,  los  cuales  de  cinco  hijos  que  tenían  sacrifica- 
ban el  uno  de  ellos,  y  les  mandó  que  si  sacrificaban  fueran  de 
los  habidos  en  las  guerras  de  esclavos,  y  así  señaló  á  Tlaxca- 
lan  y  Huexotzinco  para  este  efecto  y  para  que  los  mancebos  se 
enseñaran  y  probaran  sus  ánimos,  porque  de  otra  manera  les 
era  muy  trabajoso,  por  tener  las  conquistas  muy  remotas.^ 

1  Aquí  reconoce  Ixtlilxochitl  la  coalición  del  Anahuac,  y  cómo  esas  victo- 
rias y  conquistas  fueron,  no  de  solos  los  texcucanos,  sino  del  ejército  aliado. 

2  Con  esto  contradice  Ixtlilxochill  la  superioridad  exagerada  que  antes  le 
da  á  Nezahualcoyotl.  Yo  no  dudo  de  que  alcanzara  ideas  muy  avanzadas; 
pero  la  noción  del  1  loque  Nahuaque  y  la  creación  de  los  cielos  eran  de  pro- 
cedencia nahua  y  anteriores  á  él:  y  además  todos  los  hombres  tienen  que  ser 
de  6U  tiempo.  Por  eso  mismo  el  autor  lo  pinta  arrancándole  el  corazón  á  Max- 
tlUf  y  nos  lo  representa  parricida  al  mandar  quitar  la  vida  á  su  propio  hijo 
Tezauhpiltzintli.  £1  establecimiento  de  la  guerra  sagrada  con  Tlaxcalan  y 
Huexotzinco,  no  fué  por  odio  á  los  sacrificios;  sino  muy  al  contrario,  para  te- 

ToMo  1—21 


322  .      OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Fué  hombre  de  gran  gobierno  y  justiciero,  porque  castigaba 
cualquier  delito  con  mucho  rigor,  especialmente  á  las  perso- 
nas de  calidad  y  que  habían  de  dar  ejemplo  á  las  demás,  y  así 
castigó  á  muchos  Señores  hijos  y  deudos  suyos.  Mandó  guar- 
dar inviolablemente  por  todos  sus  reinos  y  señoríos  ochenta 
leyes  que  él  hizo,  confirmando  otras  de  sus  pasados;  entre  las 
cuales  los  más  graves  delitos  eran  los  siguientes:  el  traidor,  el 
pecado  contra  natura,  el  de  adulterio,  el  hurto  y  el  homicidio. 

Asimismo  fué  muy  misericordioso  y  caritativo  para  con  los 
pobres,  viudas  y  enfermos,  que  todas  sus  rentas  las  gastaba  en 
darles  de  comer  y  sustentarlos;  y  no  se  había  de  sentar  á  co- 
mer hasta  que  los  pobres  hubiesen  comido;  y  los  años  estéri- 
les y  de  hambre  mandaba  abrir  sus  graneros  para  todos  sus 
vasallos,  especialmente  á  los  que  tenían  necesidad.  Era  muy 
gratísimo  (ó  generoso)  y  pagaba  muy  bien  á  los  que  le  servían, 
así  en  las  guerras  como  en  otras  cosas,  haciéndoles  grandes 
mercedes  conforme  á  la  calidad  de  sus  personas. 

Tuvo  por  mujer  legítima  ^  á  la  Reina  MaÜaizxhuaizin  hija  de 
Temidzin,  hermano  del  Rey  de  Tlacopan,  en  la  cual  tuvo  dos 
hijos  legítimos.  El  primero  fué  TezauhpittzinÜi,  á  quien  mandó 
matar  como  está  referido;  y  el  segundo  fué  NezahualpiltzinUi  su 
universal  heredero.  Muchas  cosas  sucedieron  en  su  tiempo, 
que  como  tengo  dicho,  hallarse  han  más  especificadamente  en 
la  historia  que  se  escribe.  Murió  en  el  año  de  chicüacen  Tec- 
PATL,  seis  pedernales,  y  á  la  nuestra  el  de  1472,  en  el  primer 
año  del  Pontificado  de  Sixto  JF,  á  los  treinta  y  uno  del  impe- 
rio de  Federico  III^  y  á  los  diez  y  ocho  del  reinado  de  Enrique 
IV;  siendo  de  edad  de  noventa  y  nueve  años  y  habiendo  go- 
bernado cuarenta  y  dos.   Muerto  que  fué,  luego  vinieron  los 

ncr  constantes  víctimas  que  ofrecer  á  sus  dioses,  en  las  continuadas  fiestas  que 
establecía  su  sanguinario  ritual. 

1  Hay  que  advertir  qne  los  tecuhtli  tenían  varias  mujeres,  j  á  una  la  ele- 
gían especialmente  para  reina,  digámoslo  así,  y  para  tener  en  ella  al  heredero 
del  señorío:  á  esta  es  á  la  que  los  cronistas  llaman  legítima;  pero  todas  lo  eran 
según  sus  leyes  y  creencias. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  323 

Reyes  Axayaca  de  México  y  Chimalpopoca  de  Tlacopan  á  la 
ciudad  de  Texcuco  para  hallarse  en  las  honras  de  este  Prínci- 
pe y  para  jurar  al  sucesor,^  con  otros  muchos  Señores  y  emba- 
jadores de  diversas  partes.  A  la  hora  de  su  muerte  encargó 
mucho  á  sus  hijos  y  deudos  y  á  los  grandes  del  reino,  la  paz  y 
concordia  que  tuviesen  entre  ellos  y  la  caridad  con  los  pobres, 
y  que  después  de  muerto  nadie  llorase  ni  hiciese  sentimiento, 
sino  que  antes,  todos  se  holgasen  y  mostrasen  grande  ánimo  y 
valor,  porque  los  Señores  y  embajadores  (presentes)  no  halla- 
sen en  ellos  poco  ánimo  y  cobardía:  todo  lo  cual  mandaba,  por 
dejar  al  sucesor  niño,  que  era  de  siete  años^  pocos  días  más;  y 
así  se  lo  encargó  mucho  á  los  grandes  que  mirasen  por  él,  y  á 
su  hijo  el  Infante  Acapipioltzin  (lo  dejó)  por  tutor  y  gobernador 
hasta  que  el  niño  tuviese  habilidad  para  poder  gobernar,  y  lo 
mismo  hicieron  todos  los  grandes  de  su  reino. 


RELACIONES  NOVENA  Y  DÉCIMA. 


El  hijo  mayor  de  Nezahualcoyotl  se  llamaba  lecauhpützinUi^ 
que  signiñca  ó  quiere  decir  Niño  prodigioso;  al  cual  por  ser  tan 
cruel  y  por  otras  cosas  que  halló  en  él  su  padre  le  mandó 
matar. 

Este  Rey  fué  hombre  sabio  y  por  su  mucho  saber  declaró 
estas  palabras  que  se  siguen,  que  el  divino  Platón  y  otros  grandes 
filósofos  no  declararon  más,  que  fué  decir*  — Jpan  in  Chaco- 

1  Cuando  moría  uno  de  los  tres  teculitli  de  la  liga  del  Anahuac,  los  otros 
iban,  no  á  jurar  al  sucesor,  sino  á  confirmarlo,  según  las  estipulaciones  de  su 
pacto,  que  podemos  llamar  internacional. 

2  En  la  Eelación  precedente  el  autor  le  llama  Tezauhpiltzintli:  sin  duda 
algún  copista  omitió  la  cedilla  de  la  c. 

8  Notando  que  el  siguiente  pasaje  discrepa  en  los  dos  MSS.,  el  del  Archivo 
y  el  del  Museo,  desconfié  de  ambos  y  lo  sujeté  á  la  revisión  del  lAc,  D,  FattS' 


324  QBRAS   mSTÓRJCAS  D^ 

nauhÜa  manpan  meztica  yn  Tloque  Nauoque  ypal  ne  no  huani  teyo 
coyani  ycdteotl  oquiyó  cox  ynixquix  quex  quix  mita  ynanwta;  que 
bien  interpretado  quiere  decir:  Después  de  nueve  andanas  está 
d  Criador  dd  cielo  y  de  la  tierra,  por  quien  viven  las  criaturas, 
y  un  solo  Dios  que  creó  las  cosas  visibles  é  invisibles.  Asimismo 
llamó  al  Cielo  Ilhuicatl,  y  al  Infierno  Mictlan,  que  quiere  decir, 
lugar  de  muerte  sin  fin.  ^  En  memoria  de  las  nueve  andanas  que 
hallaba,  según  él  lo  entendía,  mandó  hacer  en  Texcuco  una 
torre  de  nueve  sobrados,  que  hoy  día  se  ve  en  sus  ruinas,  que 
se  llamaba  ChüiliÜi.  Alcanzó  que  el  Sol  y  la  Luna  á  quienes 
sus  mfiyoreis  tributaban  culto,  eran,  cosas  creadas  que  se  mo- 
vían por  la  voluntad  de  Dios. 

Castigaba  con  gi^andísimo  i;igor  y  muerte  los  pecado^  que  se 
siguen:  ^ 

19  El  traidor  era  despedazado,  por  sus  coyunturas, 

2?  El  revoltoso  ó  promovedor  de  disturbios  entre  un  reino 
y  otro,  era  atado  á  un  palo  de  encina,  á  manera  de  asador,  y 
en  él  asado  entre  las  llamas  de  fuego. 

39  El  pecado  nefando  se  castigaba  de  dos  maneras;  al  que 
hacía  funciones  de  hembra,  por  las  partes  bajas  le  sacaban 
las  entrañas,  atado  en  un  madero  y  los  muchachos  de  la  ciu- 
dad lo  cubrían  de  ceniza,  hasta  sepultarlo  debajo  de  ella,  y 
después  sobre  esto  ponían  mucha  leña  y  le  daban  fuego.  Al 

Uno  Oalieia,  catedrático  de  la  lengua  Mexicana  en  el  Colegio  de  San  Orego- 
rio.  Él  me  lo  devolvió  corregido  de  la  noanera  que  sigue: — Ipan  in  diiconatih- 
ilamanpan  meiztiea  in  Tldgue  Nahucíqiie  ipalnemoani  U  yocóyani  icelieotl 
oquiyocox  in  ixquieh  quexquích  mUta  ihuan  moiia, — B. 

1  Mictlan  no  quiere  decir  lugar  de  muerte  sin  fin,  sino  simplemente  lugar 
de  los  muertos. 

2  Hay  diferencias  de  redacción  en  el  Kingsborough,  aunque  en  el  fondo  dice 
lo  mismo.  En  la  pena  3?  dice:  le  quemaban  las  entrañas,  en  lugar  de  le  saca- 
ban. En  la  7Í  hay  absolutamente  la  misma  confusión.  Y  en  la  8*  solamente 
dice  que  el  delincuente  era  apedreado,  sin  referirse  á  edad  ú  otras  circunstan- 
cias. 

Debo  advertir  que  el  MS.  del  Museo,  que  muchos  años  atrás  consultó  el  Sr. 
Kamírez,  ya  no  existe  allí:  solamente  queda  un  fragmento. 


DON  FERNANbO  DE  AÍVA  IXTLILXOCHITL.  325 

que  hacía  hs  funciones  de  varón  lo  cubrían  vivó  de  ceniza,  de 
suerte  que  venia  á  quedar  ^tado  á  tm  Itládero,  haslá  que  allí 
moría. 

4?  Al  adúltero  lo  mataban  quebrándole  k  cabezrá  entibe  dos 
piedras. 

6?  El  homicida  ínorfa  'degüllado. 

6?  El  ladrón  era  ahorcado  y  arrastrado,  aun  cuando  el  robo 
fuera  sólo  de  siete  mazorcas. 

79  Al  borracho  en  dos  maneraá  (lo  castigaban);  al  que  era 
Señor  ó  caballero,  á  la  primera  vez^  luego  ahorcado  y  arras- 
trado por  las  calles  y  echado  eñ  un  río  dedicado  para  fel  efecto; 
y  al  villano,  á  la  primera  vez  (era)  vendido  por  esclavo,  y  á  la 
segunda  ahorcado  y  apedreado. 

89  El  mahcebo  ó  doncella,  si  antes  de  liempo  coilocía  varón 
ó  el  varón  á  la  hembra,  apedreado  hasta  qde  fuese  tiempo  para 
ello,  ó  de  edad  de  30  anos  ó  40,  y  si  era  Señor  hasta  que  hu- 
biese vencido  á  cuatro  capitanes  en  guerras,  y  si  era  el  here- 
dero del  reino.  Y  asimismo  el  mancebo  que  conocía  á  la  mu- 
jer viuda,  aunque  fuera  hombre  valeroso,  si  no  fuera  con  otro 
viudo  como  ella;  y  la  misma  pena  tenía  la  viuda.^  Estos  peca- 
dos eran  castigados  sin  remisión  ninguna,  y  otros  muchos  que 
aquí  no  se  ponen,  aunque  no  con  tanto  rigor  cómo  los  que 
tengo  dicho.  ^ 

Además  de  los  rasgos  de  beneficencia  y  caridad  que  se  han 
referido  de  este  Monarca,  mandó  que  por  todos  los  caminos 
reales,  sendas  y  riberas  de  los  ríos  se  sembraran  á  ambos  la- 
dos maíz  y  otras  semillas  para  que  los  caminantes  menestero- 

1  Aquí  hay  evidentemente  una  laguna,  á  no  ser  que  en  lugar  de  las  prece- 
dentes palabras,  se  lea — desde  la  primera  vezj  etc.,  que  juzgo  un  legítimo  equi- 
valente de  la  otra  anticuada  locución.  Confírmame  en  este  juicio  el  que  el 
M3.  del  Museo  presenta  la  misma  lectura  que  el  del  Archivo.— R. 

2  Es  notable  que  los  mismos  vicios  de  lenguaje  y  obscüHdád  de  ideas  que 
se  notan  en  este  artículo  se  encuentren  en  el  MS.  del  Museo. — R, 

8  Cotejadas  estas  noticias  de  la  jurisprudencia  ^enál  de  los  Texcucanos  con 
las  Ordenanzas  de  Nezahualcoyotl  (pág  237)  se  ñotah  algunas  diferencias,  qui- 
zá de  práctica.-— B. 


326  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

SOS  socorrieran  su  necesidad  de  aquellas  sementeras,  y  no  in- 
currieran en  el  delito  de  hurto  tomando  de  las  ajenas. 

Manifestó  ser  hombre  de  gran  gobierno  en  la  creación  de  los 
cuatro  Consejos  que  instituyó.  El  primero  era  del  Gobierno, 
donde  estaban  muchas  personas  con  cargos  de  oficios,  de  cada 
cosa  seis  nobles  y  seis  villanos,  como  entre  nosotros  los  Oido- 
res, Alcaldes  de  Corte,  Secretarios  y  demás  oficiales  reales,  y 
un  Presidente  hijo  suyo,  gran  capitán,  llamado  JchuantkUokua'' 
tzin  que  presidía  este  Consejo,  y  no  había  de  durar  el  pleito  ó 
pleitos,  más  de  ochenta  días,  por  grandes  que  fueran.  El  se- 
gundo Consejo  era  de  Música,  en  donde  se  juntaban  todos  los 
poetas  y  hombres  retóricos,  que  lo  eran  mucho  los  de  esta 
tierra,  astrólogos  y  sabios  y  otras  artes,  así  buenas  como  ma- 
las, y  presidía  en  este  Consejo  otro  hijo  suyo,  hombre  muy 
sabio  y  valeroso  que  se  decía  XochiqíLdzaltzin}  El  tercero  de 
Guerra,  donde  asistían  los  más  valerosos  capitanes  y  hombres 
de  guerras,  así  nobles  como  plebeyos  y  otro  Presidente  que 
se  decía  AcapipioUzin^  también  hijo  suyo,  que  la  dignidad  de 
su  oficio  le  llamaban  TlacoxtecuMi^  ,  hombre  muy  sabio  y  gran 
capitán;  y  asimismo  asistía  en  este  Consejo  uno  de  los  tres 
grandes  de  los  reinos  de  Texcuco,  que  se  decía  Quetzalmani" 
llizin  ^,  Señor  de  Teotihrmcan  y  otras  partes,  que  era  el  genera^ 
de  los  reinos  de  Texcuco,  aunque  pocas  veces,  y  por  la  digni- 
dad de  su  oficio  le  llamaban  HueytlacoxcatL  El  cuarto  era  de 
Hacienda,  en  donde  se  juntaban  todos  los  Mayordomos  del 
Rey  y  algunos  mercaderes  de  los  más  principales  de  la  ciudad 
á  tratar  de  las  cosas  de  la  hacienda  del  Rey  y  tributos  reales; 
y  presidía  otro  hijo  suyo,  también  muy  valeroso,  que  para  es- 
tas cosas  eran  los  más  escogidos,  que  se  decía  Ecahuehudzin. 

La  ciudad  la  repartió  de  este  modo.  De  los  treinta  y  tantos 
oficios  que  tenían  los  moradores  de  la  ciudad,  estaba  siempre 
cada  oficio  en  su  barrio,  de  suerte  que  los  que  eran  plateros 

1  Este  es  nombre  de  mujer. 

Ttaloxtecuhtiif  en  el  MS.  del  Museo.— R.  ; 

8  (¿uetzalmanaliizin,  en  el  mismo  — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  327 

de  oro  tenían  el  suyo  y  en  él  habían  de  ser  todos  no  más  plate- 
ros de  oro;  y  lo  mismo  era  con  los  de  plata,  y  los  pintores,  la- 
pidarios, etc.,  cada  oficio  de  por  sí  y  en  su  barrio  distinto  de 
los  demás.  Para  el  mejor  éxito  de  esto  y  adelantamiento  de 
las  artes,  trajo  Nezahualcoyotzin  de  diversas  partes  los  mejores 
artífices  que  había  y  se  encontraban.  Asimismo  hizo  dentro  y 
fuera  de  la  ciudad  grandes  edificios  cercados  de  jardines  y  bos- 
ques como  hoy  día  se  ve  por  las  ruinas  de  ellos. 

Entró  á  gobernar  en  el  año  de  4  acatl,  que  conforme  á  nuestra 
cuenta  fué  el  de  1431,  después  de  haber  sujetado  al  Rey  Max- 
Üa  y  los  demás  sus  aliados.  Gobernó  4£  años. 

Concluidas  sus  conquistas  dividió,  el  territorio  en  cinco  par- 
tes, distribuyéndolo  en  la  forma  siguiente.  Cuatro  de  ellas  re- 
partió entre  él  y  su  tío  IzcohuaÜ^  Rey  de  México,  tomando 
cada  uno  la  mitad;  y  la  otra  quinta  parte  la  dio  á  Totoquihuaz- 
ili,  haciéndolo  Rey  y  cabeza  de  los  Tepanecas,  fijándole  su  ca- 
becera en  Tlacopan,  sujetando  á  ambos  Señores  al  pago  de  un 
ligero  tributo,^  más  bien  como  muestra  de  reconocimiento,  que 
por  lo  que  él  podía  valer,  para  que  los  demás  Señores  de  la 
tierra  no  se  quejasen  de  él;  según  así  parece  en  los  Padrones 
Reales  de  Texcuco. 

Murió  en  el  año  de  6  Tecpatl,  que  es  el  de  1472,  á  la  edad 
de  80  años? 

1  Insiste  Ixtlilxochitl  en  hacer  tributarios  de  Texcuco,  aunque  ligeramente, 
á  los  señores  de  México  y  Tlacopan:  repetimos  que  esto  es  falso. 

2  Al  fin  de  la  anterior  Relación  se  dice  que  de  edad  de  noventa  y  nueve; 
y  en  el  MS.  del  Museo,  que — **rf«  más  de  ochenta  años.''  Esta  lectura  es  con- 
ciliadora.— R. 


RELACÍON  DUODÉCIMA. 


Del  Rey  KezahuálpiUzintíif  8°  ffran  Chichimecatl  Tecvh'Xi. 

NezakwilpilttinfR,  después  de  jurado  y  recibido  por  Rey^ 
aunque  era  muy  niño  y  de  poca  edad,  como  tengo  dicho,  luego 
comenzó  á  gobernar  con  gran  prudencia,  de  tal  manera  que 
puso  grandísimo  espanto  y  admiración  á  todos  los  demás  Se- 
ñores, y  así,  aunque  niño,  el  gobernador  su  hermano  no  des- 
pachaba nín^n  negocio  sin  que  primero  no  le  diese  parte. 

La  primera  cosa  que  mandó,  pocos  días  después  de  jurado, 
fué,  que  un  hermano  suyo,  llamado  Azoqú^rdún,  que  fué  el  que 
áujetó  á  Choleo,  pedía  que  se  le  hiciese  alguna  merced  por 
aquella  tan  insigne  victoria  que  tuvo  en  la  sujeción  de  esta  pro- 
vincia de  Chalco,  que  hasta  entonces  no  se  le  había  hecho  al- 
guna merced  señalada;  y  así  antes  de  haber  hablado  el  Gober- 
nador, respondió  el  Niño  que  estaba  escuchando  lo  que  su 
hermano  deCía,  que  tenía  razón  en  lo  que  pedía  y  que  era  digno 
de  cualquier  merced  que  se  le  hiciese;  y  que  él  se  aguardase, 
que  él  se  lo  mandaría  gratificar.  Y  así  llamó  á  un  pintor  y  á 
un  carpintero  y  un  albañil,  y  con  un  caballero  los  envió  á 
Ohalco  y  les  mandó  que  vieran  los  palacios  que  eran  del  Rey 
de  Choleo^  la  traza  que  tenían  y  con  qué  materia  estaban  edi- 
ficados, qué  madera  tenían,  sin  que  faltase  cosa  de  cuanto  te- 
nían estos  palacios,  y  que  se  lo  trajeran  medido  y  pintado,  todo 
el  largo  y  ancho  que  tenían,  así  todo  el  palacio  como  las  salas, 


330  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

aposentos  y  retretes,  huertas  y  jardines;  lo3  cuales  fueron  é 
hicieron  lo  que  su  Rey  les  mandó  y  dentro  de  pocos  días  vi- 
nieron con  la  respuesta,  y  oída  por  Nezahualpiltzirüli^  mandó  á 
sus  vasallos  que  luego  dentro  de  tantos  días  que  él  señaló,  edi- 
ficaran unas  casas,  ni  más  ni  menos  que  las  de  Chalco.  ^ 

Así  por  esto,  como  por  otras  propiedades  buenas  que  le  ha- 
llaban el  Gobernador  y  los  demás  grandes  de  su  reino,  de  allí 
adelante  á  él  solo  le  dejaban  el  gobierno.  Fué  hombre  muy 
sabio  y  lo  tuvieron  sus  vasallos  por  encantado  desde  el  vientre 
de  su  madre,  diciendo  que  una  Señora  de  Calhuacan  lo  había 
encantado  por  causa  de  las  grandes  persecuciones  y  trabajos 
que  había  tenido  su  padre.  Gobernó  con  grandísima  quietud  y 
paz,  aumentando  siempre  lo  que  su  padre  le  babía  dejado. 
Fué  muy  misericordioso  con  los  pobres  y  gran  justiciero;  (era 
un)  traslado  de  su  padre.  Fué  también  muy  valeroso. 

Hallóse  personalmente  en  seis  batallas  en  donde  mató  á  seis 
Reyes,  que  fueron  Hudzin  de  Huexotzinco,  é  IztcLcquauhtsdn  de 
Atlixco,  por  sus  propios  manos;  y  los  de  Huitdlapan,  TotoÜan 
y  Oztotipdc,  Sujetó  27  provincias  con  sus  acompañados  los 
Reyes  de  México  y  Tlacopan.  Tuvieron  envidia  sus  hermanos 
los  mayores  por  ser  muy  niño,  y  así  se  señaló  en  las  guerras 
(juzgando  que  esto  fuera)  porque  se  afrentaban  en  tenerlo  por 
Rey,  sin  haber  probado  su  valor. 

Declaró  á  sus  vasallos  y  á  los  demás  Reyes  cómo  esta  tierra 
había  de  ser  de  los  hijos  del  Sol,  hombres  valerosos  é  inven- 
cibles, y  que  tenían  un  Señor  el  mayor  del  mundo,  y  que  su 
Dios  era  el  Tloque  Nahuaque,  que  era  el  Criador  úe  todas  las 
cosas  y  que  á  esta  causa  no  convenía  ser  contra  ellos,  porque 
los  que  tal  hiciesen  habían  de  ser  destruidos  y  muertos  con 
rayos  del  cielo  y  (vaticinó  también)  que  un  hijo  suyo  había  de 
ser  en  favor  de  ellos  y  había  de  beberse  su  propia  sangre.  Otras 
muchas  cosas  dijo  y  declaró  que  hallaba  en  su  astrología,  y  (por 


1  Aquí  olvida  el  autor  decir  que  regaló  las  casas  á  su  hermano  Azoquen- 
Uin. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  331 

ellas)  menospreció  sus  reinos  y  señoríos,  diciendo  que  todas 
las  cosas  se  acababan  y  no  han  de  durar  para  siempre. 

Gobernó  44  años  y  al  cabo  de  ellos  murió  de  pena  por  cier- 
tas pesadumbres  que  tuvo,  especialmente  por  la  gran  soberbia 
de  Moieczuma  que  había  usado  con  él  ciertas  traiciones,  siendo  de 
edad  de  61  años,  muy  poca  en  comparación  de  la  que  habían 
tenido  sus  pasados;  y  asi,  muchos  naturales  que  no  se  hallaron 
en  sus  honras  y  entierro,  lo  tuvieron  por  vivo  y  que  se  había 
encantado  en  cierta  cueva;  y  aún  hasta  hoy  algunos  viejos  de 
poco  entendimiento  tienen  esta  opinión.  Murió  en  el  año  lla- 
mado MATLACTLi  ACATL,  10  cañas,  y  á  la  nuestra  1515,  en  el  se- 
gundo del  Pontiñcado  de  León  X,  á  los  22  del  imperio  de 
Maximiliano,  y  en  España  el  Rey  D.  Femando  último  de  este 
nombre  (el  VI.) 

Tuvo  por  mujer  legítima  á  Tlacayhuatzin,  á  quien  los  natu- 
rales llaman  la  Señora  de  Azcaputzalco,  hija  de  Atocatzin  y  des- 
cendiente de  Motecmmxi  J,  y  hubo  en  esta  Señora  once  hijos. 
El  mayor  y  sucesor  que  había  de  ser,  fué  Huexalzücatún,  que 
le  mandó  matar  su  padre  por  ciertas  cosas:  29  Tiyacapan- 
tzin,  que  casó  en  México  primeramente  con  Macuü  Malinalr 
tzin,  y  la  última  vez  con  AÜixcaizin.  39  TeÜahuehuezquizUítzin, 
que  después  se  llamó  D,  Pedro:  49  Quauhtiiyztaceie,  que  se  lla- 
mó D.  Juan:  5í  Tlacoyehuatzin,  que  casó  con  Zihuateotitlan:  6í 
Teyecuitzin,  que  casó  con  el  Señor  de  CohuaÜichan:  7í  Xocotzin, 
que  casó  con  el  Señor  de  Tepepan:  89  Cohuanacoxtún,  que  fué 
Señor  de  Texcuco,  á  quien  mandó  matar  Cortés  en  la  provin- 
cia de  Acolan  juntamente  con  Qv^auMemoc  de  México  y  Tetec- 
panqudzatzin  de  Tlacopan  y  otros  Señores,  el  cual  se  llamó 
D.  Pedro:  99  Ixtlilxuchitl,  que  te  llamó  D.  Femando,  mediante 
quien,  después  de  Dios,  se  ganó  esta  tierra,  y  á  quien  los  Es- 
pañoles llaman  D,  Femando  de  Texcuco:  109  Nonohualcaizin: 
119  D.  Jorge  Yotontzin,  á  quien  dejó  por  sucesor  el  Rey  su  pa- 
dre, por  hallar  más  capacidad  en  él  que  en  los  demás  sus  her- 
manos. 

Muerto  NezahualpiÜzintli  creció  más  la  soberbia  de  Moieczu- 


332  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ma,  que  lAaUtlaba  lo  suyo  y  lo  ageno,  y  así,  aunque  contra  hi 
voluntad  de  los  ¿Tundes  del  réiho  dte  Texcuco,  mandó  jurar  á 
sta  sobrino  XJtícema,  Wjo  haturai  del  Rey  NemkudpUhinÜi,  ha- 
bido en  tñfna  dé  sfe  fconcubinas,  que  era  herthana  de  Jfofócí^ 
♦wA,  el  cual  despiaés  dé  jtoado  póí  Rey  de  los  Aculhüas,  hizo 
dos  jornadaá  sobré  dos  provincias  qtie  sujetó,  qué  íüeroh  Jüíl- 
Üantzinóo  y  XaSia/nquiixky.  En  los  ortoe  hijos  legítimos  referid&S 
atrás  síé  aciába  el  tronco  verdadero  y  por  línea  recta  de  los  Se- 
ñores naturales  de  esta  lierta,  y  de  él  descendieron  las  ramas 
de  todos  loa  Señores  que  ftietoA  de  diversas  partes  de  !a  Nueva 
España. 


RELACIÓN  UNDÉCIMA, 


Las  guerras  que  hizo  NezahualpUtdntli  fueron  en  las  costas 
del  Mar  del  Sur  y  delNorte,  hacia  Tecuant^m  y  Ouauhiemalan  ^ 
y  otras  provincias  remotas. 

Su  esposa  se  llamaba  Tlcpcóyehtiatnn;  ^  era  hija  del  Infante 
XoíDocfatísin  y  nieta  de  Mótecmma  I.  ^ 

Su  hijo  D.  Fernando  Ixtlilxochitl,  ó  de  Texcuco,  es  el  que 
había  hallado  en  su  astrolog^ía  que  había  de  beber  su  propia 
sangre  y  ser  en  favor  de  los  hijos  del  Sol,  ayudándolos  con  su 
persona  y  vasallos,  que  él,  después  de  Dios,  ganó  la  Nueva  Es- 
paña, siendo  Señor  y  capitán  general  de  los  Aculhuas  Texcu- 
canos,  conduciendo  un  ejército  de  más  de  200,000  hombres, 

1  Los  antiguos  historiadores  hablan  generalmente  de  conquistas  muy  leja- 
nas hechas  por  los  ejércitos  del  Anahuac;  pero  en  ninguno  de  los  anales  jero- 
glíficos consta  que  llegasen  hasta  Cuauhtemallan  (hoy  Guatemala.) 

2  Antes  la  llama  Tlacayhuatzin. 

8  Estos  nombres  propios  presentan  algunas  variantes  con  los  de  la  página 
anterior.--  R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  333 

como  parece  en  sus  historias.  Éste  y  los  demás  sus  hermanos 
tienen  descendientes,  aunque  muy  pobres  y  arrinconados  \ 
aguardando  la  misericordia  de  Dios  y  que  Su  Majestad  se  acuer- 
de de  ellos. 

1  Uno  de  ellos  era  el  autor  de  estas  Relaciones. — R. 


RELACIÓN  DÉCIMA  TERCERA. 


De  la  venida  de  lo»  Españolea  y  principio  de  la  ley  evanffíliC(L 

Túvose  noticia  de  la  venida  de  los  cristianos  por  algunos 
mercaderes  que  habían  ido  á  las  ferias  de  estas  costas  Xilanco,  ^ 

1  Este  es  el  único  trabajo  de  Ixtlilxochitl  publicado  en  México.  D.  Carlos 
María  Bustamante  di6  á  la  estampa  en  1829  la  Historia  General  de  las  cosas 
de  Nueva  España  del  F.  Sabagún,  y  en  lugar  del  libro  12?,  propio  de  la  obra, 
que  trata  de  la  conquista,  puso  esta  Relación,  intitulándola  Horribles  cruelda- 
des, etc.,  y  acompañándola  de  notas  inverosimiles. 

El  Sr.  Bamírez  había  separado  del  presente  tomo  esta  Relación,  y  la  había 
puesto  de  Apéndice  á  la  parte  de  la  Conquista  de  la  Historia  Chichimeca«  en 
unión  de  los  opúsculos  llamados  Venida  de  los  Españoles  y  Entrada  de  los 
Españolee  en  Texcuco.  Restituyo  á  su  lugar  estos  trabajos,  para  tener  reuni- 
das todas  las  Relaciones  en  un  mismo  cuerpo. 

Ko  hay  necesidad  de  decir  que  la  edición  de  Bustamante  es  muy  incorrecta. 
Para  esta  edición  la  he  tenido  en  cuenta;  pero  comparándola  con  la  copia  del 
MS.  del  Archivo,  de  mi  propiedad,  con  la  copia  que  sirvió  al  Sr.  Bustamante, 
también  de  mi  propiedad,  y  con  la  impresión  de  Kingsborough.  Con  esto  y 
corregir  cuidadosamente  los  nombres  mexicanos,  creo  saldrá  una  buena  edi- 
ción de  opúsculo  tan  importante. 

Suprimo  naturalmente  las  notas  de  Bustamante,  y  de  sentir  es  que  el  Sr.  Ra- 
mírez no  hubiese  anotado  esta  parte.  Yo  también  me  abstendré  de  ponerle 
notas,  si  no  son  las  indispensables,  porque  este  opúsculo  representa  más  que 
ninguno  otro,  las  ideas  propias  de  Ixtlilxochitl  y  sus  compromisos  y  afeccio- 
nes de  familia:  y  por  otra  parte  no  debemos  olvidar  que  el  autor  andaba  recla- 
mando la  restitución  de  bu  pequeño  señorío. 
2  Xicalanco. 


336  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Ulua  y  Champoton,  especialmente  cuando  rescataron  con  Gri- 
jalva;  y  así  tenían  por  muy  ciertas  las  profecías  de  sus  pasados, 
que  esta  tierra  había  de  ser  poseída  por  los  hijos  del  sol,  de- 
más de  las  señales  que  hallaban  en  el  cielo,  de  lo  cual  estaban 
todos  con  grandísima  pena  en  considerar  que  se  les  acercaban 
sus  trabajos  y  persecuciones:  acordándose  de  aquellas  crueles 
guerras  y  pestilencias  que  tuvieron  los  Tultecas  sus  pasados 
cuando  se  destruyeron,  que  lo  mismo  sería  con  ellos;  aunque 
de  todo  esto  no  le  daba  mucha  pena  á  Moteczuma  por  hallarse 
en  el  mayor  trono  que  jamás  él  y  sus  pasados  se  habían  visto, 
y  tener  debajo  de  su  mano  todo  el  imperio;  porque  lo  que  era 
de  Texcuco  y  sus  reinos  y  provincias,  lo  mandaba  todo,  pues 
que  el  Rey  Cacama  era  su  sobrino  y  puesto  por  su  mano,  y  el 
de  Tacuba  era  su  suegro  y  hombre  muy  antiguo,  y  que  ya  no 
tenía  fuerzas  para  poder  gobernar;  y  así  con  este  gran  poder 
que  tenía,  no  creía  que  pudiese  ser  subdito  de  ningún  principe, 
aunque  fuese  el  mayor  del  mundo.  En  el  año  de  Ce  Acatl, 
caña  núm.  19,  y  á  la  nuestra  1519,  que  es  en  el  que  señaló  AV 
zahualcoyotzin  que  se  había  de  destruir  el  imperio  Chichimeca, 
envió  Teopüi  (ó  TeuhUUeJ  gobernador  de  Moteczuma^  que  era 
de  Cotozta  ^  ó  CiieÜachÜan  sus  mensajeros  por  la  posta,  y  en  un 
día  y  una  noche  trajeron  una  pintura  con  el  aviso  de  la  venida 
de  los  Españoles,  y  cómo  querían  verle,  que  venían  por  emba- 
jadores del  emperador  D.  Carlos  nuestro  Señor;  y  en  la  pintu- 
ra venían  pintados  los  trajes  y  la  traza  de  los  hombres,  y  la 
cantidad  de  ellos,  armas  y  caballos  y  navios,  con  todo  lo  demás 
que  traían.  Moteczuma  visto  lo  que  enviaba  á  decir  Teopüi^  en- 
vió un  presente  á  Cortés,  y  muchas  disculpas  y  ofrecimientos, 
y  no  le  cuadró  mucho  que  los  hijos  del  sol  quisieran  venir  á 
México  á  verle;  y  así  les  envió  á  decir  que  era  trabajoso  el  ca- 
mino y  otros  mil  inconvenientes,  lo  cual  no  fué  bastante,  sino 
que  antes  animó  más  á  los  Españoles  para  ver  á  Moteczuma^ 
especialmente  cuando  supieron  por  el  Señor  de  Zempoala  có- 

1  Cotaxlla. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  337 

mo  había  bandos  en  esta  tierra;  y  asimismo  cómo  se  le  ofreció 
el  Señor  de  Zempoalan  á  darle  su  favor  y  gente  de  socorro;  y 
de  aquí  vinieron  á  Quiahuiztlan  y  otras  partes  hasta  ponerse 
en  Tlaxoalan;  y  por  todas  las  partes  que  llegaron,  los  naturales 
los  recibían  con  mucha  alegría  y  regocyo,  sin  ninguna  guerra 
ni  contraste,  y  si  alguno  hubo,  fué  dándoles  ocasión  para  ello. 
Y  finalmente,  después  de  muchas  cosas  que  sucedieron,  y  los 
nuestros  pasaron  hasta  Ayutúnoo^  en  donde  les  salió  á  recibir 
el  Rey  Cacama  ofreciéndoles  su  ciudad  de  Texcuco  si  querían 
ir  á  ella,  los  cuales,  especialmente  el  capitán  Cortés,  se  lo  agra- 
deció mucho,  y  le  d\jo  que  por  entonces  no  había  lugar,  que 
para  otra  vez  le  haría  merced,  porque  iban  por  la  posta  á  ver 
á  Moteczuma;  y  así  Caocma  dio  la  vuelta  para  Texcuco,  y  des- 
de aquí  se  embarcó  para  México,  y  llegado  que  fue  dio  razón 
de  todo  lo  que  había  visto,  y  cómo  los  Españoles  estaban  ya 
muy  cerca,  porque  ya  en  esta  ocasión  estaban  en  Iztapalapam. 
Moteczuma  entró  muchas  veces  en  consejo  ¿si  sería  bien  recibir 
á  los  cristiímos?  OiMÜahua  su  hermano  y  otros  Señores  fueron 
de  parecer  que  por  ninguna  vía  no  convenía,  tlacama  ñié  de 
muy  contrario  parecer,  diciendo  que  era  bajeza  de  Príncipes 
no  recibir  los  embajadores  de  otros,  especialmente  el  de  los 
cristianos,  que  según  ellos  decían  era  el  mayor  del  mundo, 
como  en  efecto  lo  era  el  emperador  nuestro  Señor,  aunque 
esto  antes  de  ahora  estaba  ya  edificado;  y  así  otro  día  (S  de 
Noviembre  de  1519)  salió  Moteczuma  con  su  sobrino  Cacamay 
su  hermano  OuiÜahtia  y  toda  su  corte  á  recibir  á  Cortés,  que 
ya  á  esta  ocasión  estaba  en  donde  es  ahora  San  Antón,  qu6 
después  de  haberlo  recibido  lo  llevó  á  su  casa  y  lo  esperó  en 
las  casas  de  su  padre  el  Rey  Axayaca,  y  le  hizo  muchas  mer- 
cedes y  se  ofreció  de  ser  amigo  del  emperador,  y  recibió  la  ley 
evangélica^  y  para  el  servicio  de  los  Españoles  pusieron  mucha 
gente  de  Texcuco,  México  y  Tlacopan;  y  después  de  cuatro  días 
que  los  Españoles  estaban  en  México  muy  contentos,  servidos 
y  regalados,  por  no  se  qué  achaque  prendió  Cortés  á  Moteczuma, 
y  en  él  se  cumplió  lo  que  de  él  se  decía,  que  todo  hombre  cruel 

Tomo  1—22 


338  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

es  cobarde,  aunque  á  la  verdad  era  ya  llegada  la  voluntad  de 
Dios,  porque  de  otra  manera  fuera  imposible  querer  cuatro  Es- 
pañoles sujetar  un  nuevo  mundo  tan  grande,  y  de  tantos  mi- 
llares de  gente  como  había  en  aquel  tiempo.  La  gente  ilustre 
y  todos  los  capitanes  de  México  lodos  se  espantaron  de  tal 
atrevimiento,  y  se  retiraron  á  sus  casas;  y  el  Rey  Caoama  man- 
dó á  su  hermano  el  Infante  NezahucUquentzin  con  otros  princi- 
pales que  tuviesen  grandísimo  cuidado  de  los  cristianos,  y  les 
diesen  todo  lo  necesario  para  el  sustento  de  sus  personas,  y  si 
pidiesen  oro  y  hts  demás  cosas  se  los  diesel,  porque  los  demás 
Mexicanos  y  Tepanecas  visto  á  su  Rey  preso,  y  de  aquella  ma- 
nera, no  quisieron  acudir  más  al  servicio  de  los  Españoles. 

Y  cumplidos  cuarenta  y  seis  días  que  los  Españoles  estaban 
en  México,  Cortés  rogó  á  Gacama  que  diese  licencia  á  ciertos 
Españoles  que  los  quería  enviar  á  su  ciudad  de  Texcuco  para 
verla,  con  algunas  caballeros  criados  suyos,  porque  los  de  la 
ciudad  no  los  maltrataran.  Caoama  se  holgó  mucho  de  esto  y 
así  mandó  á  dos  hermanos  suyos  que  fueran  con  ellos,  que  era 
el  uno  Nemhualquentzin  y  el  otro  Tetlahikezhuezqmtitzin,  y  que 
los  regalasen  mucho  y  no  los  enojasen  en  cosa  nii^na,  y  que 
les  diesen  una  caja  ó  petaca  grande  de  dos  brazos  de  largo  y 
uno  de  ancho  y  \m  estado  de  alto  de  piezas  y  joyas  de  oro, 
para  ellos  y  para  su  capitán,  los  cuales  ya  que  llegaban  á  la 
albarrada  para  embarcarse  junto  á  los  palacios  de  Nezahuaho- 
yotzin^  alcanzólos  un  criado  de  Moteczuma  que  les  enviaba  á  ro- 
gar  que  procurasen  con  brevedad  de  despachar  aquellos  Espa- 
ñoles, y  les  diesen  todo  el  oro  que  quisiesen,  porque  quizá  con 
esto  su  capitán  le  soltaría  y  se  volverían  á  sus  tierras.  Uno  de 
aquellos  Españoles,  como  vio  hablar  á  Nezahuálqaerdzin  con  el 
criado  de  Moteczuma^  entendió  que  trataban  de  matarlos:  dio 
de  palos  á  este  Infante,  y  lo  llevó  preso  á  Cortés,  el  cual  sin  ha- 
ber hecho  cosa  digna  de  castigo  ni  ofensa  le  mandó  ahorcar 
públicamente,  de  lo  cual  se  enojó  mucho  el  Rey  Cacamay  y  si 
no  fiíera  por  Moteczuma  que  le  rogaba  con  hartas  lágrimas 
que  no  hiciesen  cosa  ninguna,  sucedieran  algunas  desgracias; 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLIILXOCHITL.  339 

y  así  disimuló  Cacama  cuanto  pudo,  y  envió  con  estos  Espa- 
ñoles, que  eran  por  todos  veinte,  á  otro  hermano  suyo  llama- 
do TocpacxuchUzin  para  dar  el  recado  que  los  Españoles  le  pe- 
dían, y  así  les  dieron  la  petaca  llena,  y  se  volvieron  á  México. 
Cortés  dijo  que  era  poco  oro,  que  trajeran  más,  y  así  tornó  i 
enviar  á  Cacamatzin  y  trajeron  otra  arca  llena.  Visto  por  Cor- 
tés el  tesoro  que  le  habían  traído,  y  habiéndole  informado  del 
mucho  poder  y  grandeza  del  Rey  de  Texcuco,  mandó  prender 
por  engaños  al  Rey  Ccu¡amaizin  por  orden  de  su  tío  Motecgiima^ 
y  preso  le  pusp  á  buen  recaudo  con  muchas  guardias,  y  le  dy  o 
que  lo  soltaría  si  mandaba  traer  del  linaje  hermanos  suyos  en 
rehenes  y  algunas  hermanas,  el  cual  así  lo  hizo,  le  dio  en  rehe- 
nes á  cuatro  Infantes  hermanos  suyos  con  otros  caballeros 
deudos  suyos,  y  algunas  de  sus  hermanas,  y  lo  mismo  hicie- 
ron los  de  México  y  Tlacopan,. entendiendo  que  por  aguí  los 

asegurarían.  

Pasados  algunos  meses  que  los  Españoles  estaban  en  Méxi- 
co, Cortés  tuvo  nuevas  que  al  puerto  habían  llegado  ciertas 
naos,  y  conjunicólo  Con  los  dos  Reyes  Motecmma  y  Cdcamor 
tón,  diciéndoles  que  le  convenía  irlos  á  ver  person?dmente,  y 
que  le  diesen  cantidad  de  gentie  de  guerra,  y  las  causas  por  qué. 
A  esto  respondieron  que  cpmp  fuese  contra  cristianos  que  no 
la  podían  dar  en  ninguna  manera,  si  no  fuese  para  otras  na- 
ciones, que  entonces  le  darían  cuanto  hubiese  menester,  si  no  es 
que  los  cristianos  los  que  habían  venido  le  hicieran  guerra,  que 
en  todo  lo  favorecerían  y  avisarían  á  sus  gobernadores  para 
que  le  diesen  socorro  si  lo  hubiese  menester;  y  que  para  otro 
efecto  no  le  podían  dar  sino  gente  de  servicio  y  carga  para  todo 
el  camino.  Visto  lo  cual  por  Cortés  tomó  los  peones  y  gente 
de  servicio  que  se  le  dio,  y  mandó  llevar  alguna  parte  del  teso- 
ro que  se  le  había  dado  y  se  fué  para  el  puerto,  y  dejó  en  su 
lugar  al  capitán  Alvarado.  Antes  que  se  fuese  le  dijo  MoteczuL- 
rm  que  á  los  Mexicanos  se  les  ofrecía  una  fiesta  muy  solemne 
de  Toxcati;  que  tuviese  por  bien  que  la  celebrasen:  á  lo  cual 
respondió  Cortés  que  hiciesen  lo  que  quisiesen  pues  estaban 


840  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

en  su  patria,  y  se  holgasen  que  también  él  se  holgaba  mucho. 
Dio  parte  Moteczuma  á  Cortés  de  esto,  porque  los  días  pasados 
les  había  derribado  sus  ídolos,  y  les  había  dicho  que  no  sacri- 
ficasen más,  para  que  avisara  á  los  demás  Españoles  no  se  es- 
candalizasen, que  todo  lo  hacía  por  complacer  á  sus  vasallos  y 
darles  gusto,  porque  todos  estaban  afrentados  en  ver  que  sus 
Reyes  estaban  en  son  de  presos  por  cuatro  extranjeros.  Ido 
que  fué  Cortés  y  llegada  la  fiesta,  que  cae  á  19  de  Mayo  y  prin- 
cipio de  su  cuarto  mes  llamado  del  propio  nombre  Toxcatl^  la 
noche  antes  pusiqron  grandes  luminarias  y  tocaron  sus  instru- 
mentos, como  lo  tenían  de  costumbre,  y  el  día  de  la  fiesta  hi- 
cieron su  baile  que  llaman  MazehualizUL  En  todo  salieron  más 
de  mil  caballeros  en  el  patio  del  templo  mayor,  y  sobre  st 
traía  cada  uno  de  ellos  las  mejores  joyas  y  preseas  que  tenían, 
sin  armas  pi  defensa  ninguna.  Los  Tlaxcaltecas  que  había  en 
la  ciudad,  acordándose  de  los  tiempos  atrás  que  siempre  en 
estas  fiestas  les  solían  sacrificar  millaradas  de  ellos,  se  fueron 
al  capitán  Alvarado,  y  levantaron  un  falso  testimonio  á  los  Me- 
xicanos, diciendo  que  aquello  hacían  para  juntarse  y  matarlos. 
Alvarado  lo  crey<5  y  fué  para  el  templo  para  ver  si  era  así,  y  si 
andaban  armados,  el  cual  aunque  los  vio  todos  desarmados  y 
muy  quitados  de  tal  cosa,  cod  la  codicia  del  oro  que  sobre  sí 
traían,  puso  en  cada  puerta  diez  Españoles  armados,  y  él  con 
otros  entró  por  el  patio  y  templo,  y  mató  casi  cuantos  había 
dentro,  y  les  quitó  lo  que  traían  sobre  sí.  Los  ciudadanos  vien- 
do sus  Señores  muertos  sin  culpa,  apellidaron  y  dieron  tras 
ellos  hasta  meterlos  en  palacio  en  donde  se  hicieron  fuertes, 
y  cierto  que  de  esta  vez  los  mataran  sin  que  escapara  ninguno, 
si  Moteczuma  no  les  aplacara  su  ira.  Cortés  dio  la  vuelta  para 
México,  y  entró  por  la  ciudad  de  Texcuco,  en  donde  le  recibie- 
ron algunos  caballeros,  porque  á  los  hijos  del  Rey  Nezahual- 
piUdntli,  los  legítimos,  los  tenían  escondidos  sus  vasallos,  y  los 
otros  en  México  los  tenía  en  rehenes.   Entró  en  México  con 
todo  el  ejército  de  Españoles  y  amigos  de  Tlaxcala  y  otras  par- 
tes, día  de  San  Juan  Bautista,  sin  que  nadie  se  lo  estorbase. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  341 

Los  Mexicanos  y  los  demás  aunque  les  daban  todo  lo  nece- 
sario, con  todo  esto,  viendo  que  los  Españoles,  ni  se  querían 
ir  de  su  ciudad,  ni  querían  soltar  á  sus  Reyes,  juntaron  sus 
soldados  y  comenzaron  á  dar  guerra  á  los  Españoles  otro  día 
después  que  Cortés  entró  en  México,  y  duró  siete  días.  Al  ter- 
cero de  ellos  Moteczuma  viendo  la  determinación  de  sus  vasa- 
llos, se  puso  en  una  parte  alta,  y  reprendióles,  los  cuales  le 
trataron  mal  de  palabras  llamándole  de  cobarde  y  enemigo  de 
su  patria,  y  aun  amenazándole  con  las  armas,  en  donde  dicen 
xfue  uno  de  ellos  le  tiró  una  pedrada  de  lo  cual  murió,  aunque 
dicen  sus  vasallos  que  los  mismos  Españoles  lo  mataron,  y  por 
las  partes  bajas  le  metieron  la  espada.  Al  cabo  de  los  siete 
días,  después  de  haber  sucedido  grandes  cosas,  los  Españoles 
€on  sus  amigos  los  Tlaxcaltecas,  Huexotzincas  y  demás  nacio- 
nes, desampararon  la  ciudad,  y  salieron  huyendo  por  la  calza- 
da que  va  á  Tlacopan,  y  antes  de  salir  de  la  ciudad  mataron 
al  Rey  Cacamatzin^  y  á  tres  hermanas  suyas,  y  dos  hermanos 
que  hasta  entonces  no  estaban  muertos,  según  D.  Alonso  Axa- 
yacaU  y  algunas  relaciones  de  los  naturales  que  se  hallaron 
personalmente  en  estas  dos  ocasiones,  los  cuales  al  tiempo  que 
se  retiraron  murieron  muchos  Españoles  y  amigos,  hasta  un 
cerro  que  está  adelante  de  Tlacopan,  y  desde  aquí  dieron  la 
vuelta  para  Tlaxcala. 

Idos  los  Españoles  á  Tlaxcala  juraron  por  su  Rey  á  Oítía- 
huaizin,  hermano  de  Moieczumay  que  ya  habían  pasado  veinte 
días  después  de  su  muerte,  el  cual  preguntó  á  los  grandes  del 
reino  de  Texcuco  que  á  quien  le  venía  de  derecho  aquel  reino, 
que  lo  jurasen.  Ellos  le  respondieron  que  aún  no  era  tiempo, 
<iemás  de  que  era  muy  mancebo  Yoyonizin^  el  menor  de  los 
hijos  legítimos  de  su  Rey  Nezahualpiltzirtüi;  y  así  mandó  que 
Cokuanacochizin  uno  de  los  hijos  legítimos  gobernase,  y  co- 
menzaron á  juntar  gente  de  guerra  para  si  volvían  otra  vez  los 
Españoles.  El  Rey  CuiÜahiuUzin  no  gobernó  más  que  cua- 
renta días,  porque  luego  murió  de  unas  viruelas  que  le  pe- 
gó un  negro,  y  luego  juraron  los  Mexicanos  por  su  Rey  á 


342  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Cuauhtemoctzin,  hijo  del  Rey  Ahuizotzin  y  de  la  heredera  de 
Tlatelulco. 

Después  de  haber  estado  Cortés  muchos  días  en  tierras  de 
TUixcalan  convaleciendo  de  los  trabajos  pasados,  con  ayuda  de 
los  Señores  de  Tlaxcalan^  Huexotúnco  y  Cholula,  tuvo  algunas 
guerras  contra  los  de  Tepeaca^  Itzocan^  Quauhquecíiolan  y  otras 
partes  sujetas  á  las  ciudades  de  Texcüco  y  México,  y  fácilmen- 
te los  sujetó  y  atrajo  á  su  devoción;  y  viéndose  con  grandísima 
suma  dé  amigos,  y  que  casi  toda  la  tierra  era  de  su  parte,  acor- 
dó de  venir  sobre  México,  y  salió  de  Uaxcalan  día  de  los  Ino- 
centes, y  trajo  consigo  cuarenta  de  á  caballo,  y  quinientos  y 
cuarenta  de  á  pié,  y  veinticinco  mil  Tlaxcaltecas,  Huexotzincas, 
C3iololtecas,  Tepeacanenses,  Quauthquechololtecas,  Chalcas  y 
de  otras  partes,  que  fueron  los  que  él  escogió,  que  no  quiso 
traer  más  porque  TecocoUxin^  hijo  del  Rey  NezahucUpützintU^ 
que  era  uno  de  los  rehenes  que  le  dio  el  Rey  Cacama^  le  dyo 
á  Cortés  que  en  Texcuco  hallaría  la  gente  toda  que  hubiese 
menester;  demás  que  por  ciertos  menssgeros  de  Texcuco,  es- 
pecialmente por  Quiquizcatzin,  de  parte  de  los  Infantes  Ixtlil" 
xuchitzÍTi^  Tetlahuezhtiezquitzin^  Yoyotdn  y  los  demás  sus  her- 
manos se  le  enviaban  á  ofrecer,  y  dársele  por  sus  amigos, 
no  embargante  que  Cohucmacochlzin  su  hermano  era  Señor  de 
Texcuco  y  amigo  de  los  Mexicanos,  el  cual  vuelto  Quiquizca 
para  dar  razón  de  su  embajada  le  mandó  matar  Cchuanacoch- 
tsdn.  Llegado  que  fué  Cortés  á  Cohuatepec  tres  leguas  de  Tex- 
cuco, le  salieron  á  recibir  cuatro  caballeros  muy  principales  de 
parte  de  Cohuanacochtziriy  y  le  dieron  en  señal  de  paz  un  pen- 
dón pequeño  de  oro  con  otras  muchas  joyas,  y  le  dijeron  cómo 
su  Señor  le  enviaba  á  rogar  que  fuese  muy  bien  venido,  y  que 
se  fuese  con  todo  su  ejército  á  aposentar  en  su  ciudad,  que 
allá  sería  muy  bien  hospedado  y  servido.  Cortés  respondió 
muy  enojado,  según  D,  Alonso  Axayacatdn,  y  Chichinchicuor 
tzin  gran  capitán  y  uno  de  los  embajadores  que  se  halló  pre- 
sente, y  á  quien  Cortés  le  tuvo  algún  respeto,  que  no  quería 
tenerlos  por  amigos,  si  no  le  daban  primero  lo  que  habían  qui- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  343 

tado  á  cuarenta  y  cinco  Españoles  y  trescientos  Tlaxcaltecas 
que  mataron;  los  cuales  le  respondieron  que  su  Señor  Cohua- 
nacochtzin.ni  su  ciudad,  ni  reino  no  tenían  ninguna  culpa  de  esto, 
porque  los  que  lo  hicieron  fueron  ciertos  criados  del  Rey  Ca- 
cama,  por  vengar  á  su  Señor  que  estaba  entonces  preso,  y  para 
que  se  satisñciese  se  los  entregarían  presos.  Tomó  á  replicar 
Cortés  que  también  sabía  muy  bien  que  Gohuanacochtzin  era  de 
la  parte  del  Rey  Ouauhtemoc^  y  había.mandado  matar  á  su  her- 
mano Quiquizoa,  porque  había  ido  de  parte  de  sus  hermanos 
á  Tlaxoalan  á  ofrecer  su  amistad,  con  otras  muchas  razones, 
que  oídas  por  los  embajadores  dieron  la  vuelta  á  Texcuco,  y 
dieron  razón  de  todo  á  su  Señor,  el  cual  vista  la  determinación 
de  Cortés  se  embarcó  con  toda  la  gente  que  pudo,  y  se  fué  á 
México  para  favorecer  á  Cuauhtemoe. 

Cortés  ya  que  llegaba  cerca  de  Texcuco  le  salieron  á  recibir 
algunos  caballeros  y  entre  ellos  el  In&nte  IxUilxuchiÜ  con  los 
demás  sus  hermanos  que  allí  estaban^  el  cual  se  holgó  de  ver- 
los: allí  le  dieron  aviso  de  todo  lo  que  había,  y  cómo  su  her- 
mano Oohuanacochtxin  se  había  ido  á  México;  y  llegados  dentro 
de  la  ciudad,  los  aposentaron  en  los  palacios  del  Rey  Nezahualr 
coyotzin^  en  donde  cupo  muy  á  gusto  todo  el  ejército,  y  se  les 
dio  todo  lo  necesario,  éste  y  los  demás  días  que  en  la  ciudad 
estuvieron. 

Este  mismo  día  que  Cortés  llegó  á  Texcuco  fué  avisado  coma 
todavía  los  ciudadanos  se  iban  saliendo  de  la  ciudad  y  pasán- 
dose á  México  en  muchas  canoas,  el  cual  mandó  á  ciertos  ca- 
balleros qne  los  llamasen  é  hiciesen  volver,  y  que  no  cuidasen  ^ 
de  Cohuanacochtzin^ixes  estaban  con  él  los  demás  Infantes,  sus 
Señores,  y  él  haría  jurar  por  su  Rey  y  Señor  natural  al  que 
más  de  derecho  le  viniese,  ó  al  que  ellos  gustasen.  Fué  esto 
muy  á  gusto  de  todos,  y  luego  casi  todos  se  volvieron  á  sus 
casas  y  ciudad,  y  á  pedimento  de  todos  hicieron  por  su  Señor 
á  TeGocoUzin,  aunque  hijo  natural  del  Rey  NezahualpiUnrUlij 

1  Que  no  tuviesen  cuidado. 


344  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

porque  de  los  legítimos  no  osaban  decir  cuáles  fuesen,  hasta 
ver  en  lo  que  paraban  estas  cosas.  Tecocotízin  comenzó  á  go- 
bernar con  gran  prudencia,  y  envió  sus  mensajeros  por  todos 
los  reinos  y  provincias  sujetas  al  reino  de  Texcuco,  especial- 
mente las  que  él  sabía  que  no  eran  de  la  parte  de  los  Mexica- 
nos, y  estuvo  ocho  días  después  de  todo  lo  referido  fortale- 
ciendo la  ciudad,  por  si  los  enemigos  lo  quisieran  cercar,  al 
cabo  de  los  cuales  quiso  Cortés  ver  si  podía  ganar  á  Iztapa- 
lapan,  lugar  muy  fuerte  y  que  era  de  mucha  consideración 
para  lo  que  él  pretendía,  y  así  salió  con  hasta  quince  de  á  ca- 
ballo y  doscientos  Españoles,  y  seis  mil  Aculhuas,  Tlaxcalte- 
cas y  otras  naciones  de  amigos.  Llegados  que  fueron  á  LsULpar- 
lapariy  que  ya  los  Mexicanos  estabanlapercibidos,  le  salieron  al 
encuentro,  y  tuvieron  aquel  dia  una  reñida  y  cruel  batalla;  mas 
como  los  de  Iztapalapan  tenían  sus  casas  en  isletas  y  dentro 
del  agua,  no  los  pudieron  svgetar  ni  hacerles  ningún  mal.  Qui- 
sieron quedarse  en  la  noche;  mas  no  los  dejaron  los  Mexicanos 
porque  rompieron  la  calzada  que  tenía  mucha  agua  represada, 
y  si  no  salieran  tan  presto  se  ahogaran  allí  todos,  y  al  retirar- 
se los  siguieron  y  mataron  muchos  de  los  amigos  por  ir  ellos 
guardando  las  espaldas  á  los  cristianos.  Sólo  un  Español  mu- 
rió, que  se  quiso  aventsgar  más  que  los  otros.  Aquí  se  señaló 
mucho  IxÜüxuchitl^  que  iba  por  general  de  los  Aculhuas,  y 
mató  con  su  propia  persona  ^  á  muchos  capitanes,  de  lo  cual  fué 
avisado  el  Rey  CuavMemoc^  y  le  dio  mucha  pena  el  saber  que 
uno  de  los  Infantes  legítimos  del  reino  de  Texcuco  se  señalase 
tanto,  considerando  que  sería  de  mucho  efecto  á  los  cristianos 
y  daño  para  los  Mexicanos;  demás  de  que  en  Otumba,  Ateneo^ 
CohuaUichan  y  otras  partes  que  habían  querido  los  Mexicanos 
destruir  y  ganar  estos  lugares,  castigándolos  porque  favorecían 
á  los  cristianos,  se  había  opuesto  contra  ellos,  defendiendo 
varonilmente  estos  lugares;  y  así  por  esto  y  por  las  demás  cosas 
referidas,  mandaron  el  Rey  OaavMemoc  y  Cohv<macocktzm  i  sus 

2  Por  su  propia  persona  6  con  su  propia  mano. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHrrL.  345 

capitanes  los  más  valerosos,  que  al  que  lo  prendiese  ó  matase 
le  harían  grandes  mercedes,  á  lo  cual  se  determinó  y  dio  la  pa- 
labra á  los  Reyes  de  llevarlo  preso  á  México,  un  caballero  muy 
valeroso,  descendiente  de  la  casa  de  Iztapcdapan.  TeoocoUzin 
mandó  hacer  muchas  colchas,  rodelas,  ñechas,  macanas,  lan- 
zas arfojadizas  y  otros  géneros  de  armas  y  munición,  así  para 
los  suyos  como  para  los  Españoles,  y  juntar  mucho  maíz,  ga- 
llinas y  lo  demás  necesario  para  el  sustento  de  los  ejércitos:  y 
asimismo  apercibió  á  todos  sus  vasallos  para  que  estuviesen 
aparejados  el  día  que  fuesen  llamados,  y  en  el  Ínterin  que  man- 
daba y  hacía  todas  estas  cosas,  IxÜüxuáiiÜ  fué  avisado  cómo 
aquel  valeroso  capitán  de  Iztapcdapan  había  dado  la  palabra  á 
los  Señores  de  llevarlo  preso  á  México,  de  lo  cual  se  sintió  mu- 
cho, y  lo  envió  á  desafiar,  y  en  los  campos  de  Iztapalapan  sa- 
Ueron  á  pelear  los  dos  tan  solos  sin  que  ninguno  de  los  solda- 
dos de  los  ejércitos  se  entremetiese,  y  dióse  tan  buena  maña 
LcaUxuchiÜ  que  venció  á  su  contrario,  y  lo  ató  de  pies  y  manos, 
y  después  mandó  traer  mucho  carrizo  seco  y  se  lo  echó  enci- 
ma y  lo  quemó  vivo,  y  dijo  á  los  Mexicanos  que  dijeran  á  su 
Señor  Ouauhtemoc  y  á  su  hermano  Cohtmnacocktzin^  ^  que  así  lo 
había  de  hacer  primero  antes  que  lo  prendiesen  como  había 
hecho  á  su  capitán. 

En  el  Ínterin  que  sucedieron  todas  estas  cosas,  murió  Teoo- 
coUzin, el  cual  fué  bautizado  y  se  llamó  D.  Femando,  que  fué 
el  primero  que  lo  fué  en  Texcuco,  con  harta  pena  de  los  Espa- 
ñoles, porque  fué  nobilísimo  y  los  quiso  mucho.  Fué  D.  Fer- 
nando  TeoocoUzin  muy  gentil  hombre,  alto  de  cuerpo  y  muy 
blanco,  tanto  cuanto  podía  ser  cualquier  Español  por  muy  blan- 
co que  fuese,  y  que  mostraba  su  persona  y  término  descender 
y  ser  del  linaje  que  era.  Supo  la  lengua  castellana,  y  así  casi 
las  más  noches  después  de  haber  cenado,  trataban  él  y  Cortés 
de  todo  lo  que  se  debía  hacer  acerca  de  las  guerras,  y  por  su 
buen  parecer  é  industria  se  concertaban  todas  las  cosas  que 

1  £n  Kingsborough  es  Cohuanacoxtzin. 


346  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ellos  definían.  Luego  los  Aculhuas  alzaron  por  su  Señor  á 
Ahuaxpüzadzin^  que  después  se  llamó  D.  Carlos^  uno  de  los  In- 
fantes hijos  naturales  del  Rey  NezahualpiUzinUi,  el  cual  gober- 
nó muy  pocos  días,  porque  luego  á  pedimento  de  Ck)rtés  y  los 
demás,  hicieron  Señor  á  IxUilxuchiU  por  ser  tan  valeroso,  y 
uno  de  los  hijos  legítimos,  á  quien  todos  los  naturales  le  tenían 
grande  respeto  por  la  calidad  de  su  persona,  que  como  tengo 
dicho  por  ser  legítimo,  sus  vasallos  no  habían  querido  hasta 
ahora,^  el  cual  acabó  de  hacer  lo  que  había  comenzado  su  her- 
mano TecocoUzÍ7i^  é  hizo  la  zanja  para  los  bergantines  con  sus 
vasallos,  y  ayudó  para  acabar  de  hacer  los  bergantines  que  se 
trajeron  parte  de  ellos  de  TlaxcaJan^  con  hasta  veinte  mil  hom- 
bres de  guerra-  De  allí  á  cuatro  días,  después  que  vino  el  ejérci- 
to de  los  veinte  mil  hombres  de  los  Tlaxcaltecas,  Huexotzincas 
y  Chololtecas,  en  compañía  de  la  madera  que  se  trajo  á  Texcuco 
para  los  bergantines,  acordaron  Cortés  é  loMíhucMÜ  y  los  de- 
más Señores,  que  en  el  ínterin  que  se  hacía  la  zai\¡a  de  ir  á  dar 
una  vista  á  México,  y  ver  si  OuavJUemoc  y  Cohíianacochtzin  y  los 
demás  se  querían  dar  de  paz,  y  así  locüilcuchiü  tomó  hasta  se- 
senta mil  hombres  de  sus  vasallos,  y  Cortés  hasta  trescientos 
Españoles  y  los  veinte  mil  Tlaxcaltecas,  y  fueron  por  -Xirf- 
tocan,  lugar  sujeto  á  la  ciudad  de  Texcuco,  que  estaba  rebelado 
y  era  de  la  parte  de  Cohiuinaoocktdn^  y  lo  sujetaron  de  camino,  y 
pasaron  por  TultíÜan^  Tenayuca  y  Azcapotzalco^  con  muy  poca 
resistencia,  hasta  Tlacopan^  que  era  el  tercer  día  que  salieron 
de  Texcuco.  Los  de  esta  ciudad,  que  ya  estaban  apercibidos, 
les  salieron  al  encuentro  y  tuvieron  una  muy  cruel  batalla;  mas 
los  nuestros  se  dieron  tan  buena  maña,  que  vencieron  á  los 
Tepanecas  y  ganaron  la  ciudad  de  Tkvcopan^  matando  á  cuan- 
tos pudieron  haber  á  las  manos;  y  viendo  que  se  acercaba  la 
noche,  se  recogieron  á  tiempo  en  los  palacios  del  Rey  Tota- 
quihuazüi^  primero  de  este  nombre,  y  en  amaneciendo  saquea- 

1  Parece  que  aquí  debía  expresarse  la  razón  contraria.  En  efecto,  en  el 
Kingsborough  dice:  que  como  tengo  dicho,  sus  vasallos  lo  habían  querido 
siempre. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  347 

ron  la  ciudad  y  quemaron  las  mejores  casas  y  templos  que 
pudieron.  Seis  días  estuvieron  aquí  en  donde  salían  todos  los 
días  á  pelear  y  escaramucear  con  los  Mexicanos,  procurando 
siempre  si  podían  ver  al  Rey  CuauMemoe  para  tratar  con  él,  si 
quería  darse  de  paz,  y  visto  que  no  había  lugar,  se  volvieron 
para  Texcuco,  casi  por  el  mismo  camino  por  donde  fueron,  y 
dos  leguas  más  allá  de  l^copariy  en  irnos  llanos,  entendiendo 
los  Mexicanos  que  iban  huyendo  de  ellos,  los  vinieron  á  alcan- 
zar y  tuvieron  otra  batalla  muy  reñida;  mas  luego  los  vencie- 
ron y  los  hicieron  volverse  más  que  de  paso  á  México,  y  con 
esto  pasaron  adelante  hasta  Aculma,  en  donde  durmieron  esa 
noche,  y  otro  día  llegaron  á  Texcuco,  en  donde  los  veinte  mil 
hombres  de  llaxcalan  y  otras  partes  pidieron  licencia  á  Cortés 
y  se  volvieron  á  sus  tierras,  muy  ricos  de  despojos,  que  era  lo 
que  siempre  ellos  procuraban  más  que  otra  cosa. 

Los  de  Choleo  entraron  á  avisar  á  IxÜüxuohiU  cómo  los  Me- 
xicanos los  pretendían  destrun:  por  ser  lugar  muy  importante 
para  el  sustento  y  otras  cosas  necesarias  á  la  ciudad  de  Tex- 
cuco y  Españoles,  y  que  les  enviase  algunos  capitanes  y  gente 
y  socorro  para  ampararlos,  pues  eran  de  su  señorío,  y  pidiese 
á  Cwtés  les  enviase  asimismo  algunos  Españoles,  el  cual  avisó 
luego  á  Cortés  de  esto,  y  envió  luego  con  Gonzalo  de  Sandoval 
trescientos  Españoles  y  quince  de  á  caballo,  con  ocho  mil  Acul- 
huas  sus  vasallos,  y  por  general  de  ellos  á  Giichinchicuaizin  ^  gran 
capitán.  Llegados  á  Choleo^  que  ya  los  de  esta  provincia  esta- 
ban apercibidos  y  en  su  favor  los  de  Huexotúnco  y  Quauhque" 
chalan,  se  juntaron  con  los  Españoles  y  Aculhuas,  y  fueron  á 
Huaociepec,  en  donde  estaba  el  ejército  de  los  Mexicanos,  y  an- 
tes que  llegasen  á  este  lugar  les  salieron  al  encuentro  y  pelea- 
ron valerosamente;  mas  luego  los  nuestros  los  sujetaron,  y  se 
metieron  dentro  de  este  pueblo,  donde  los  cogieron  y  mataron 
grandísima  suma  de  ellos,  y  se  apoderaron  de  todo  el  lugar, 
y  estando  algo  descuidados  tomaron  los  Mexicanos  á  querer 

1  En  Kingsborough  es  ChinchiDCuatzin. 


348  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

cobrar  este  pueblo,  especialmente  los  Huextepecas,  y  se  me- 
tieron hasta  la  plaza  principal  queriendo  echar  fuera  á  los  Espa- 
ñoles y  Aculhuas,  los  cuales  salieron  á  ellos  y  pelearon  hasta 
echarlos  fuera  y  seguirlos  una  gran  legua,  en  donde  mataron 
á  muchos  de  ellos.  Estuvieron  en  Hxiaxtepec  dos  días,  y  luego 
pasaron  á  Acapachitlan,  lugar  muy  fuerte  en  donde  estaba  un 
grueso  ejército,  y  llegados  á  este  lugar  pelearon  con  los  enemi- 
gos, después  de  haberlos  requerido  con  la  paz,  y  con  harto  tra- 
bajo, así  de  los  Españoles  como  de  los  naturales  amigos.  Ga- 
naron este  lugar  y  mataron  de  los  enemigos  á  muchos,  y  otros 
que  se  despeñaron  á  un  río  que  por  AcapichiÜan  ^  pasa.  Gana- 
do este  lugar,  se  volvieron  todos  á  sus  tierras,  y  Sandoval  con 
los  Españoles  y  algunos  Aculhuas  á  Texcuco,  porque  los  demás 
se  quedaron  en  Choleo.  Cuauhtemoc,  viendo  que  no  podía  su- 
jetar á  los  de  Chalco^  acordó  de  juntar  un  grueso  ejército,  y 
antes  que  los  Chalcas  tuviesen  socorro  dar  sobre  ellos  y  des- 
truirlos, los  cuales  con  los  Aculhuas  que  quedaron  con  ellos  y 
otros  sus  circunvecinos,  aunque,  ya  muy  tarde  supieron  cómo 
los  Mexicanos  venían  sobre  ellos,  se  juntaron  y  les  salieron  al 
encuentro,  y  pelearon  con  ellos  hasta  vencerlos,  y  mataron 
grandísima  suma  de  ellos:  prendieron  á  cuarenta  capitanes  y 
al'general. 

Todas  las  ciudades,  pueblos  y  lugares  de  XochimUcOy  CuiÜa- 
huaCy  MizquiCy  Coyóhuacan^  Oulhuacan^  Izíapálapan^  Mexical- 
tzinco  y  los  demás  que  eran  de  la  parte  de  México,  juntaron 
más  de  sesenta  mil  hombres  de  guerra  y  fueron  otra  vez  sobre 
Chalco  para  ver  si  podían  acabarle  de  destruir.  Los  de  esta 
provincia,  como  tuvieron  aviso  de  esto,  se  apercibieron  de  todo 
lo  necesario-;  enviaron  á  avisar  á  IxÜHxuchill  y  á  los  Españoles 
para  que  los  favareciesen;  y  así  fué  necesario  ir  personalmente 
Cortés  con  trescientos  compañeros  y  treinta  de  á  caballo,  é  Ix- 
ÜilxuchiÜ  con  más  de  veinte  mil  hombres  de  sus  vasallos  y  al- 
gunos Tlaxcaltecas  que  allí  se  hallaron  á  mano,  y  fueron  á  dor- 

1  Hoy  Ayacapixtla.  £n  Eingsborough  es  Acapichtlan. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  KTLILXOCHITL.  349 

• 

mir  á  Italmarialco^  frontero  en  donde  estaba  el  ejército  de  los 
Chaleas:  otro  día  llegaron  otros  casi  cincuenta  mil  hombres 
que  IxüUxuchUl  había  enviado  á  llamar  de  las  provincias  más 
cercanas  sujetas  al  reino  de  Texcuco,  y  el  día  siguiente  después 
de  éste  salieron  así  como  oyeron  misa,  contra  sus  enemigos, 
que  estaban  en  un  peñol  muy  alto  y  áspero,  las  mujeres  y  ni- 
ños en  la  coronilla  de  él,  los  soldados  y  gente  de  guerra  en  las 
faldas,. y  luego  acometieron  Ipor  tres  partes,  y  los  delanteros 
corrieron  mucho  riesgo,  porque  los  de  arriba  les  echaron  mu- 
chos peñascos,  y  derrocaban  los  que  querían  subir  más,  por  la 
mucha  dificultad  que  había  de  peñas,  y  murieron  muchos  de 
los  nuestros  y  dos  Españoles,  y  quedaron  heridos  más  de 
veinte;  y  queriendo  proseguir  más  adelante  viéronse  cercados 
de  otros  muchos  que  cubrían  el  campo  para  favorecer  á  los 
cercados,  y  así  les  fué  forzoso  volverse  hacia  los  de  abígo  y  tu- 
vieron con  ellos  otra  cruel  batalla;  mas  luego  los  vencieron  y 
se  fueron  á  dormir  á  otro  peñol  que  allí  cerca  estaba  y  tenía 
algunos  lugares  alrededor,  que  también  hallaron  en  alguna  re- 
sistencia; mas  luego  echaron  á  huir  los  que  allí  estaban,  y  así 
durmieron  aquí  esta  noche,  y  el  día  siguiente  fueron  otra  vez 
al  peñol  primero,  en  donde  estaba  la  mayor  fuerza  de  los  ene- 
migos, y  Qn  pocas  horas  reconocieron  muy  bien  por  dónde  lo 
podían  ganar*  Subieron  hasta  la  cumbre  del  peñol,  y  los  ene- 
migos se  rindieron  y  pidieron  perdón,  y  así  sin  hacerles  ningú» 
mal  los  perdonaron,  y  ellos  mismos  enviaron  á  avisar  á  sus  ami- 
gos que  se  diesen  á  los  cristianos  y  Aculhuas,  y  así  lo  hicie- 
ron. Estuvieron  en  este  lugar  dos  días:  enviaron  los  heridos  á 
Texcuco,  y  partiéronse  para  Huaxtepec^  en  donde  estaba  un 
grueso  ejército  de  enemigos,  y  llegaron  ya  noche  á  una  huerta 
y  casa  de  placer  muy  grande,  en  donde  hicieron  noche,  y  los^ 
de  este  lugar  como  estaban  descuidados,  echaron  á  huir  por  la 
madrugada.  Fueron  los  nuestros  tras  ellos  hasta  Xicotepec^  en 
donde  mataron  muchos  de  los  enemigos  que  estaban  todos 
muy  descuidados;  y  visto  esto,  los  de  Yauhtepec  se  dieron  de  paz. 
á  los  nuestros,  y  desde  Xicotepec  fueron  sobre  Quauhnahuacy 


350  OBRAS  HISTÓRICAS  DE 

lugar  muy  flierte  y  grande,  y  IxÜíbouchiU  como  eran  sujetos  á 
su  señorío  y  estaban  rebelados  contra  él,  y  eran  de  la  parte  de 
su  hermano  Cohucmaoochtzin  y  Mexicana,  los  envió  á  requerir 
que  se  rindiesen  de  paz,  lo6  cuales  no  quisieron  sino  guerra,  y 
así  se  les  dio  entrando  por  un  lugar  áspero  y  trabajoso,  que  no 
había  otro  mejor,  y  en  poco  rata  los  vencieron;  y  los  que  pu- 
dieron huir  se  fueron  á  una  sierra  que  cerca  de  alU  estaba,  y 
les  quenuuroa  los  jnejores  lugares  y  casas  que  alU  había.  Visto 
el  SeQior  de  esta  provincia  y  los  demás  sus  vasallos  que  ya  es* 
taban  vencidos,  vinieron  á  BcíUlxmhiU  á  pedirle  perdón,  y  que 
lo  akanzaae  de  loB  cristianos  que  les  perdonasen,  que  ellos  se- 
rían en  su  fovor  contra  los  Mexicanos,  pues  había  obligación. 
IiUlilxuchiti  se  holgó  mucho  y  los  perdonó,  y  Hevó  ante  Cortés 
para  que  los  tuviese  por  sus  amigos,  que  y^.  estaban  arrepen- 
tidos de  lo  que  habían  hecho.  Pasado  todo  lo  referido  dieron 
la  vuelta  para  Xoddmloo^  y  al  segundo  día  llegaron  cerca  de  la 
ciudad,  que  era  muy  grande  y  bien  fortalecida,  y  cercada  de 
agua.  Los  vecinos  y  Mexicanos  que  estaban  en  su  favor,  alza- 
ron los  puentes  y  ahri^íH^n  las  acequias,  y  se  pusieron  á  defen- 
der su  ciudad,  entendiendo  que  por  ser  muchos  y  en  buena 
parte  no  aerfam  vencidos*  Comenzaron  los  nuestros  á  darles 
guerra,  y  diéronse  tm-  buena  maña  que  ganaron  la  primera  al- 
barrada  hasta  la  pniente  principal  y  más  fuerte  que  había  en  la 
ciudad.  Los  Xochimikas  se  metieron  en  las  canoas  y  pelearon 
hasta  la  noche,  en  la  cual  pusieron  en  cobro  sus  migeres,  viejos 
y  otras  cosas  que  tenían,  y  al  otro  día  siguiente  les  quisieron 
quebrar  la  puente;  mas  luego  dieron  tras  ellos  hasta  sacar- 
los fuera  de  la  ciudad,  y  allí  en  un  campo  pelearon  valerosa- 
mente como  gente  belicosa,  y  pusieron  en  grandísimo  aprieto 
á  los  nuestros,  y  por  poco  prendían  á  Cortés  que  cayó  su  caba- 
llo de  cansado;  y  llegaron  luego  los  Españoles  y  Aculhuas  y 
los  demás  en  su  favor,  que  luego  echaron  á  huir  los  enemigos, 
y  no  les  siguieron,  sino  que  tomaron  á  su  ciudad  para  adere- 
zar las  puentes,  cerrándolas  con  adobes  y  piedras;  cuando 
llegaron  hallaron  dos  Españoles  muertos  que  se  habían  des- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  351 

mandado  en  robar.  Ouauhtemoo^  sabiendo  esto,  envió  luego 
más  de  quince  mil  hombres  de  guerra,  por  agua  y  tierra.  Pe-: 
learon  con  ellos  fuertemente,  y  los  vencieron,  y  quemaron  las 
casas  y  templos  de  la  ciudad,  y  al  cuarto  día  que  estaban  en 
ella  sucedieron  las  cosas  referidas  y  otras  muchas  que  quedan 
en  silencio.  Salieron  de  esta  ciudad  y  se  fueron  para  (Mhuor 
crní^  que  estaba  dos  lejguas  |hacia  la  parte  de  México,  y  en  el 
camino  les. salieron  los  Xochimilcas  y  pelearon  con  ellos;  mas 
luego  los  sujetaron,  y  llegados  á  Oulhuacan,  halláronlo  despo- 
blado sin  gente.  Estuvieron  dos  días  aquí  descansando,  al  cabo 
de  los  cuales,  después  de  haber  visto  muy  bien,  este  lugar  para 
cercar  por  aquí  á  México,  y  quemado  los  templos  y  algunas 
casas  principales,  dieron  vista  á  la  capital.  Combatieron  con  la 
primera  albarrada  y  la  ganaron  con  harto  trabajo,  en  donde 
murieron  muchos  naturales  é  hirieron  hartos  Españoles,  y  des- 
de aquí  se  volvieron  á  Texcuco,  después  de  haber  reconocido 
muy  bien  por  dónde  podrían  entrar  á  ganar  la  ciudad,  y  la  dis- 
posición de  la  laguna  para  los  bergantines.  Otras  muchas  co- 
sas sucedieron  en  esta  jomada,  en  donde  murieron  otros  Acul- 
huas  y  los  demás  amigos  por  ser  los  delanteros. 

Cuando  llegaron  á  la  ciudad  de  Texcuco  hallaron  casi  toda 
la  zanja  acabada  de  hacer,  que  tenía  de  largo  más  de  media 
legua,  y  de  ancho  doce  ó  trece  pies,  y  doce  estados  ó  más  de 
profundidad,  por  las  orillas  estacado,  y  su  albarrada  por  ambos 
lados.  Tardaron  en  hacerla  cincuenta  días,  más  de  cuatrocientos 
mil  hombres  de  los  reinos  de  Texcuco,  que  tenía  puestos  allí 
IxÜibmchitl  para  sólo  este  efecto,  trabajando  ocho  ó  diez  mil 
cada  día.  Asimismo  halló  á  muchos  Señores  de  diversas  pro- 
vincias sujetas  á  su  señorío  que  venían  á  darle  obediencia  y 
hacerse  amigos  de  los  cristianos  y  favorecerlos  en  las  guerras 
que  se  seguían  contra  los  Mexicanos,  los  cuales  habían  estado 
rebeldes  y  en  favor  de  México,  el  cual  se  holgó  mucho  de  ver- 
los y  les  mandó  que  se  apercibiesen  de  todo  la  necesario,  así 
de  gente  de  guerra  como  de  bastimentos,  y  lo  mismo  hizo  por 
todo  el  reino  de  los  Aculhuas  sus  vasallos  y  las  demás  partes 


352  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Sujetas,  para  que  dentro  de  diez  días  estuviesen  todos  dentro 
de  la  ciudad  de  Texcuco;  y  Cortés  envió  á  los  Señores  de  Tlax- 
calcm^  Huexotzinco  y  Cholida  con  el  mismo  apercibimiento. 

El  segundo  día  de  Pascua  de  Espíritu  Santo,  que  ya  estaba 
todo  el  ejército  junto  en  Texcuco,  hizo  alarde  Cortés  con  sus 
Españoles,  y  lo  mismo  hizo  IxtlUxuchití^  y  eran  en  todo  el  ejér- 
cito doscientos  mil  hombres  de  guerra,  y  cincuenta  mil  labra- 
dores para  aderezar  puentes  y  otras  cosas  necesarias.  Cincuen- 
ta mil  hombres  de  Chdlooy  Itzocan,  Ouauhnahuacj  Tepeyacae  y 
otras  partes  svgetas  al  reino  de  Texcuco,  que  caen  hacia  la  par- 
te del  Mediodía,  y  otros  cincuenta  mil  hombres  de  la  ciudad  y 
su  provincia,  sin  ocho  mil  capitanes  que  eran  vecinos  y  natu- 
rales de  la  ciudad  de  Texcuco;  otros  cincuenta  de  las  provin- 
cias de  Otwmbay  ToUinbdnoo^  Xiootepeo^  y  otras  partes  que  asi- 
mismo pertenecen  á  la  ciudad  y  son  Aculhuas,  y  últimamente 
otros  cincuenta  Tziuhcohuacas,Tlatauhquitepecas  y  otras  pro- 
vincias que  caen  hacia  la  parte  del  Norte  y  son  sujetas  al  reino 
de  Texcuco,  que  como  tengo  declarado  son  por  todos  doscien- 
tos mil  hombres  de  guerra.  Asimismo  mandó  juntar  losüüxur' 
chiü  todas  las  canoas^  que  acompañaron  parte  de  ellas  los  ber- 
gantines, y  las  demás  que  llevaron  los  bastimentos  y  otras 
cosas  necesarias  para  el  ejército.  También  en  este  día  hicieron 
alarde  los  Tlaxcaltecas,  Huexotzincas  y  Chololtecas,  cada  Se- 
ñor con  sus  vasallos,  y  halláronse  por  todos  más  de  trescientos 
mil  hombres  de  guerra.  Vista  por  Cortés  la  multitud  de  gente 
que  estaba  de  su  parte,  con  acuerdo  de  IxUüúcuchiti  y  de  todos 
los  demás  Señores,  se  repartieron  en  este  modo,  que  mandó 
Cortés  á  Pedro  de  Alvarado  fuese  á  Tlacopan  con  treinta  de  á 
caballo,  ciento  setenta  peones  y  cincuenta  mil  de  Otumba,  To- 
lantzinco  y  otras  partes,  que  mandó  IxÜüxuchiÜ  fuesen  con 
ellos,  y  por  generales  su  hermano  QiiauhUiztadzin  y  el  Señor 
de  Chiautla^  Chkkincuatzin,  y  asimismo  fué  en  su  favor  todo  el 
ejército  de  los  Tlaxcaltecas. 

1  Aquí  faltan  las  siguientes  palabras  que  hay  en  Kingsborough:  que  había 
en  todo  Texcuco,  y  halláronse  diez  y  seis  mil. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  353 

A  Cristóbal  de  Olid,  que  era  el  otro  capitán,  le  dio  treinta  y 
tres  Españoles  de  á  caballo,  ciento  ochenta  peones,  y  dos  tiros  ^ 
como  á  los  demás  referidos,  y  otros  cincuenta  mil  hombres  de 
Tziuhcohuac  y  las  demás  provincias  de  la  parte  del  Norte,  y  por 
general  de  ellos  á  Tetlahtiehuexquititzinjhevmano  de  Ixtlilxuchitlj 
y  otros  Señores  por  sus  compañeros,  y  que  fuesen  á  Cidhua" 
can. 

A  Gonzalo  de  Sandoval,  que  era  el  otro  capitán,  dio  veinte 
y  tres  caballos,  ciento  setenta  peones  y  otros  dos  Uros,  y  en 
favor  de  ellos  los  de  Choleo^  Cuauhnahuac  y  las  demás  partes 
que  caen  hacia  el  Mediodía,  que  eran  otros  tantos,  y  por  genera- 
les sus  mismos  Señores  y  algunos  de  los  hermanos  de  Ixtlüpcu- 
chUl:  y  asimismo  fueron  con  ellos  los  Tultecas  y  Huexotzincas 
para  que  fuesen  á  Iztapalapan  y  la  destruyesen,  y  pusiesen  su 
real  en  donde  más  á  gusto  les  estuviese.  Asimismo  se  repartie- 
ron entlre  ellos  todos  los  cincuenta  mil  labradores  para  aderezar 
puentes  y  desbaratar  otras  cosas  necesarias  para  el  orden  de 
los  demás. 

Y  Cortés  tomó  para  si  los  bergantines  y  fué  por  general  de 
la  flota,  y  en  su  compañía  IxÜilxicchiÜ  con  diez  y  seis  mil  ca- 
noas, en  donde  iban  cincuenta  mil  Texcucanos  sus  vasallos  y 
los  ocho  mil  capitanes  muy  valerosos  para  destruir  los  lagune- 
ros y  los  del  peñol. 

En  México  no  se  dormía,  que  lo  mismo  hacían  los  Reyes 
Cuauhtemoc^  Cohuanacochtzin  y  TeUepanquezatzin^  apercibiendo 
de  todo  lo  necesario  y  fortaleciendo  la  ciudad,  y  juntaron  casi 
trescientos  mil  hombres  en  su  favor,  y  enviaron  á  reprender 
mucho  á  Ixtiilxuchül  de  estas  y  otras  cosas,  porque  favorecía  á 
los  hijos  del  sol  y  era  contra  su  propia  patria  y  deudos^  el  cual 
les  respondía  siempre  que  más  quería  ser  amigo  de  los  cristia- 
nos que  le  traían  la  luz  verdadera,  y  su  pretensión  era  muy 
buena  para  la  salud  del  alma,  que  no  ser  de  la  parte  de  su  pa- 
tria y  deudos,  pues  no  le  querían  obedecer,  y  que  no  tan  sola- 

1  Dos  cañones. 

Tomo  1—23 


354  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

mente  les  favorecería  y  ayudaría  en  todo,  sino  que  también 
perdería  la  vida  por  ellos,  con  otras  muchas  razones,  por  lo 
cual  estaban  todos  los  Mexicanos  muy  indignados  contra  él. 
Gtíauhtemoc  y  los  otros  dos,  visto  el  gran  poder  que  los  cristia- 
nos traían  y  la  determinación  de  IxÜilxuchití^  tornaron  á  reque- 
rir se  diesen  de  paz,  porque  estaba  conocido  que  serían  ven- 
cidos por  muchas  causas  y  razones,  los  cuales  respondían 
siempre,  que  más  querían  morir  y  defender  su  patria,  que  ser 
esclavos  de  los  hijos  del  sol,^  gente  cruel  y  codiciosa,  y  otras 
muchas  razones,  las  cuales  obligaron  á  Cuauhtemoc  y  á  los  de- 
más á  proseguir  su  intento,  aunque  en  vano;  porque  la  ciudad 
de  Texcuco  y  sus  reinos  y  provincias,  que  era  lo  más  impor- 
tante y  de  mucho  poder  y  fuerzas,  era  de  la  parte  de  los  cris- 
tianos con  Tlawcalan,  Huexotzihco  y  Chotnia;  aunque  esto  era 
lo  de  menos,  que  como  no  fuese  Texcuco  como  tengo  dicho 
en  su  favor,  era  muy  poca  la  gente  que  podían  dar  estas  pro- 
•vmcias,  en  comparación  de  las  tres  cabeceras  de  Texcuco,  Mé- 
xico y  Tlacopan,  que  no  sería  de  ningún  efecto;  y  así  claro  pa- 
rece en  las  historias  que  fué  importantísima  cosa  la  ayuda  que 
tuvieron  de  Texcuco  dichos  Españoles,  que  después  de  Dios,  ^ 
IxtlilxuchiU  y  los  demás  sus  hjsrmanos  y  deudos  suyos,  Seño- 
res y  caudillos  que  ellos  eran,  se  plantó  la  ley  evangélica  y  se 
ganó  la  ciudad  de  México  y  otras  partes  con  menos  trabajo  y 
costa  que  lo  que  podía  costar,  si  no  fuera  por  Texcuco,  sus 
reinos  y  provincias,  como  está  declarado. 

Después  de  todo  lo  referido,  mandó  lostiitxuehití  á  su  hermano 
Ahua.Tpictzoctzin  que  acudiese  con  toda  puntualidad  mientras 
se  hacían  las  guerras,  con  comida  y  armas  y  todo  lo  necesa- 
rio, así  para  los  Españoles  como  para  su  ejército;  y  que  aper- 
cibiese á  todos  los  Aculhuas  y  demás  sus  sujetos  para  que  es- 
tuviesen á  punto  para  si  hubiese  menester  socorro:  lodo  lo  cual 

1  Parece  que  debe  expresarse  la  idea  contraria,  si  por  hijos  del  sol  se  tiene 
á  los  españoles. 

2  Aquí  faltan  las-  siguientes  palabras  que  hay  en  Eingsborough:  por  me- 
dio de. 


DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLILXÓGHITL.  365 

hizo  AhuaxpidzoGtzin  conforme  se  lo  mandó  su  hermano,  sin 
que  hiciese  falta  en  cosa  ninguna  mientras  duró  la  guerra  de 
México,  como  se  dirá  adelante. 

Ya  que  todos  estaban  apercibidos  y  puestos  á  punto,  sin  que 
cosa  ninguna  les  faltase,  salieron  de  la  ciudad  de  Texcuco  con 
todo  su  ejército,  para  ir  sobre  México  al  onceno  día  de  su  ter- 
cer mes  llamado  Hüeytezoztli,  que  quiere  decir  vigilia  mayor 
y  al  deceno  de  su  semana  llamado  Matlactli  omome  calli,  coaa 
número  12^  que  sgustado  con  nuestro  calendario,  cae  comun- 
mente á  10  de  Mayo,  después  de  haber  estado  Cortés  y  los  de- 
más Españoles  cinco  veces  en  Texcuco  haciendo  todas  las  co- 
sas referidas.  Fué  una  de  las  mayores  grandezas  que  se  ha 
visto  en  esta  tierra,  el  ver  este  ejército  tan  lucido  y  poderoso 
de  la  manera  que  salió  de  la  ciudad,  y  cómo  cada  general  tiró 
con  su  ejército  á  donde  se  le  señaló.  Alvarado  y  Cristóbal  de 
Olid  fueron  por  Aculma^  en  donde  hicieron  noche  este  día,  y 
de  aquí  á  otros  lugares,  hasta  llegar  á  Tlacopan^  con  muy  poca 
resistencia,  que  ya  era  el  tercero  día  después  que  salieron  de 
Texcuco;  y  el  día  siguiente  se  partieron  Cristóbal  de  Olid  y 
TeOnhuehuexquititzin  y  los  demás  Señores  y  capitanes  para  Cha- 
pultepec^  en  donde  quebraron  los  caños  de  la  fuente,  quitándo- 
les el  agua  á  los  Mexicanos,  los  cuales  los  defendieron  valero- 
samente por  agua  y  tierra,  aunque  les  aprovechó  poco,  porque 
aunque  eran  muchos  no  pudieron  resistir  la  furia  de  los  nues- 
tros, y  luego  se  tornaron  con  Alvarado  para  ayudarle,  que  an- 
daba adobando  los  malos  pasos  para  los  caballos,  y  aderezando 
puentes  y  otras  cosas  y  atajando  acequias,  en  donde  se  ocupa- 
ron tres  días  con  harto  peligro  de  los  naturales  que  murieron 
mucha  cantidad  de  ellos,  peleando  con  sus  enemigos  y  adere- 
zando lo  caído.  Asimismo  quedaron  heridos  algunos  Españoles 
y  ganaron  algunos  puentes  y  albarradas;  y  hecho  lo  referido 
quedóse  Alvarado  en  Tlacopan  con  Ixtocquaizin,  y  los  demás 
Señores  y  capitanes  y  Olid  se  fueron  con  los  demás  á  Culkua- 
can,  en  donde  ganó  los  lugares  que  por  aquella  parte  hay,  y  se 
hicieron  fuertes  en  las  casas  de  los  Señores,  y  salían  todos  los 


356  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

días  á  pelear  con  los  Mexicanos,  en  donde  se  ocuparon  ocho 
días  cabales. 

Gonzalo  de  Sandoval,  con  los  de  Choleo  y  demás  partes  fue- 
ron sobre  IztfípcUapan,  y  llegados  comenzaron  á  combatir  con 
este  lugar.  Los  vecinos  se  defendieron  todo  lo  que  pudieron, 
y  hallándose  muy  fatigados  de  los  nuestros,  se  salieron  de  Iz- 
iapalapan  y  se  metieron  dentro  de  México  con  sus  mujeres  é 
hijos.  Visto  por  Sandoval  y  los  demás  que  los  de  Iztapcdapan 
habían  dejado  el  lugar  desocupado,  entraron  dentro  y  quema- 
ron muchas  casas  y  templos  para  que  los  enemigos  no  tu- 
vieran en  donde  tornar  á  meterse.  Cortés  é  IxÜUxuchiU^  con  los 
bergantines  y  las  diez  y  seis  mil  canoas  en  donde  iba  su  ejér- 
cito, fueron  sobre  México,  y  en  la  primera  parte  donde  tuvieron 
guerra  fué  sobre  el  peñol  grande,  en  donde  estaba  grandí- 
sima suma  de  gente  de  guerra  y  mujeres  y  niños,  y  comba- 
tiéronle y  ganáronle  subiendo  hasta  la  cumbre  con  harto  trabajo 
por  ser  muy  áspero  y  alto,  pues  que  encima  de  él  estaba  la 
mayor  fuerza  de  los  enemigos,  á  los  cuales  mataron  sin  que 
quedase  ninguno,  si  no  fueron  las  mujeres  y  niños;  aunque  con 
harto  riesgo  de  los  nuestros,  porque  murieron  muchos,  y  que- 
daron heridos  veinte  y  cinco  Españoles.  Los  Mexicanos  como 
tuvieron  aviso  de  los  del  peñol  cómo  los  cristianos  iban  ya 
cerca  de  México  en  los  bergantines  y  canoas,  les  salieron  al  en- 
cuentro, que  aún  no  habían  salido  del  peñol  hasta  entonces,  y 
adelantáronse  quinientas  canoas  Mexicanas,  las  mejores  que 
había  para  pelear,  y  reconocer  á  los  enemigos,  los  cuales  como 
estuviesen  cerca  de  los  nuestros  repararon  para  esperar,  las 
que  les  pareció  no  convenía  dar  batalla  por  ser  pocas  y  cansa- 
das, y  dentro  de  poco  rato  se  juntaron  tantas  que  cubrían  casi 
toda  la  laguna.  Ya  que  querían  dar  batalla  los  nuestros  les 
vino  un  viento  muy  favorable  que  fué  de  mucha  consideración, 
y  luego  Cortés  y  Ixtlilxuchitl  hicieron  seña  á  los  suyos,  man- 
dándoles que  todos  á  un  tiempo  acudiesen  hasta  meterlos  den- 
tro de  México;  y  hecho  esto,  todos  embistieron  en  las  canoas, 
aunque  pelearon  algún  rato,  y  viendo  el  viento  contrario  co- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  357 

menzaron  á  huir  con  tanto  ímpetu,  que  unas  á  otras  se  topaban 
ó  se  quebraban,  ó  iban  á  fondo,  y  á  todos  los  que  pudieron  al- 
canzar los  mataron  aunque  se  resistían,  hasta  meter  dentro  de 
la  ciudad  los  que  pudieron  escapar,  y  prendieron  muchos  ca- 
balleros y  capitanes  y  algunos  Señores.  Fueron  tantos  los  que 
murieron,  que  se  tiñó  toda  la  laguna  grande  de  sangre,  que 
verdaderamente  no  parecía  agua,  y  con  esta  victoria  quedaron 
los  nuestros  por  señores  de  la  laguna. 

Alvarado  y  Olid  con  los  demás,  en  el  ínterin  que  sucedían 
las  cosas  referidas,  entraron  por  las  calzadas,  pelearon  y  toma- 
ron ciertas  puentes  y  albarradas  por  más  que  las  defendieron 
los  Mexicanos.  Cortés  é  IxtlUxuchitl  con  los  demás,  ayudaron 
también  en  esta  ocasión,  y  luego  pasaron  adelante,  y  no  hallan- 
do enemigos  por  el  agua,  (que  ya  estaban  atemorizados  por  lo 
mal  que  les  iba)  salieron  por  la  calzada  de  Iztapalapan  y  comba- 
tieron dos  torres  y  templos  que  tenían  sus  cercas  de  cal  y  can- 
to, y  con  harto  peligro  las  ganaron,  porque  había  dentro  de  ellas 
muchos  enemigos,  y  para  poder  echar  de  la  calzada  los  enemi- 
gos que  atajaban  á  los  nuestros,  se  dispararon  tres  tiros  que 
hicieron  mucho  daño,  y  aquí  se  acabó  la  pólvora,  y  con  esto 
cesaron  de  pelear;  demás  de  que  era  ya  muy  tarde,  y  aquí  se 
quedaron  á  dormir;  y  esta  noche  envió  IxÜilxuchül  i  Coyohua- 
can  por  la  mitad  del  ejército  de  los  Chalcas,  y  lo  mismo  hizo 
Cortés  por  cincuenta  Españoles  y  pólvora.  El  día  siguiente  pe- 
learon con  sus  enemigos  y  les  ganaron  una  puente,  y  luego  les 
siguieron  hasta  las  primeras  casas  de  la  ciudad,  en  donde  pa- 
saron grandes  cosas  y  murieron  muchos  de  los  naturales  de  la 
una  y  otra  parte;  y  asimismo  junto  al  real  de  los  nuestros  rom- 
piéronlos labradores  que  para  este  efecto  traía  IxtlUxuchitl^  un 
pedazo  de  la  calzada  para  que  por  allí  pasasen  cuatro  bergan- 
tines y  cinco  mil  canoas,  para  ganar  la  laguna  dulce;  y  pasados 
á  esta  banda  en  pocas  horas  acabaron  cuantas  canoas  hallaron 
en  jella^  matando  mucha  gente.  Luego  el  día  siguiente  tuvieron 
otras  escaramuzas  con  los  enemigos,  peores  que  las  pasadas, 
y  á  esta  ocasión  llegó  Sandoval  con  algunos  Españoles,  que  los 


358  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

demás  naturales  sus  aliados  los  dejó  con  Cristóbal  de  Olid  por 
mandado  de  Cortés  y  acuerdo  de  Ixtlüxuchitl,  y  al  tiempo  que 
llegó  Sandoval  con  los  suyos  para  ayudar  á  Cortés,  le  atrave- 
saron un  pie  estando  peleando,  y  quedaron  otros  muchos  he- 
ridos, y  algunos  naturales  muertos  como  eran  los  delanteros; 
mas  diéronse  tan  buena  maña  que  mataron  grandísima  suma 
de  enemigos,  y  IxtlUxuchitl,  entre  muchos  que  mató  este  día, 
cortó  las  piernas  de  una  cuchillada  á  un  capitán  muy  valeroso 
Mexicano,  con  una  espada  que  le  dio  Cortés. 

Después  de  todo  lo  referido,  que  ya  casi  todos  los  pueblos 
comarcanos  á  la  ciudad  de  México  los  tenía  sujetos  y  arruina- 
dos, ordenaron  sus  soldados  y  pusieron  sus  reales  en  donde 
mejor  les  pareció,  y  se  proveyeron  de  bastimentos  y  otras  co- 
sas necesarias,  y  estuvieron  ocupados  en  estas  cosas  seis  días, 
y  asimismo  hallaron  muchos  lugares  para  que  los  bergantines 
pudiesen  entrar  por  la  ciudad,  teniendo  siempre  hartas  esca- 
ramuzas con  los  Mexicanos,  los  cuales  y  los  Texcucanos  entra- 
ron muy  adentro  de  la  ciudad  y  derribaron  muchas  casas  que 
había  hacia  ella,  y  otras  las  quemaron;  y  luego  cercaron  la  ciu- 
dad por  cuatro  partes.  Cortés  y  su  grande  amigo  IxÜilxuchitl 
por  la  calzada  que  ataja  la  laguna,  junto  los  dos  templos  que 
ganaron  los  días  atrás;  Pedro  de  Alvarado  con  sus  amigos  en 
Tlacopan;  Cristóbal  de  Olid  en  la  calzada  de  Coyohuacau]  y 
Gonzalo  de  Sandoval  por  hacia  la  otra  parte  que  cae  al  Norte, 
teniendo  siempre  sus  guardas  porque  no  se  saliesen  por  allí  los 
enemigos  ó  les  diesen  algunos  bastimentos,  armas  ó  gente  de 
guerra. 

Y  un  día  que  estaba  todo  puesto  á  punto,  acordaron  de  queg 
todos  juntos  acometiesen  á  la  ciudad  y  ganar  cuanto  pudiesen 
en  este  modo:  Cortés  y  IxtlilxucMtl  por  la  calzada  que  es  ahora 
de  San  Antón,  y  Pedro  de  Alvarado  y  Gonzalo  de  Sandoval 
cada  uno  por  su  parte;  y  Cristóbal  de  Olid,  que  envió  la  mitad 
de  los  Españoles,  y  algunos  caballos  que  le  quedaron  de  la 
otra  vez,  le  mandaron  que  con  los  que  tenía  y  quince  mil  ami- 
gos, guardase  la  calzada  de  (Julhnacan^  porque  por  allí  no  les 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  359 

entrase  algún  socorro  de  XochimUco  y  otras  partes  á  los  Mexi- 
canos; y  puestos  a  punto  los  bergantines  y  canoas  por  ambos 
lados  de  la  calzada  para  guardar  las  espaldas  de  los  nuestros, 
salieron  muy  de  madrugada  Cortés  con  más  de  doscientos  Es- 
pañoles y  IxÜUxmhitl  con  ocho  mil  hombres  de  guerra,  que  ya 
los  enemigos  los  estaban  aguardando  muy  bien  armados  y  con 
mucha  defensa,  porque  tenían  quebrada  de  la  calzada  un  pe- 
dazo de  ella,  y  ahondada  de  tal  manera  que  ninguno  pudiese 
pasar  por  la  misma.  IxtlilxuchiÜ  que  traía  consigo  veinte  mil 
hombres  para  aderezar  los  caminos  y  malos  pasos,  les  mandó 
que  la  hinchieran  de  piedras  y  céspedes,  y  en  un  momento 
aderezaron  este  mal  paso  con  harto  trabajo,  porque  los  enemi- 
gos les  tiraban  de  la  otra  parte  muchos  flechazos  y  piedras;  y 
aderezado,  pasaron  hacia  donde  estaban  los  enemigos  y  pelea- 
ron con  ellos;  y  dentro  de  pocas  horas  los  vencieron  y  siguie- 
ron hasta  la  entrada  de  la  ciudad.  En  una  torre  alta  que  esta- 
ba junto  á  una  puente  muy  elevada,  se  hicieron  fuertes  de  tal 
manera  que  no  podían  los  nuestros  sujetarlos,  y  los  berganti- 
nes y  canoas  desde  el  agua  combatieron  con  esta  torre;  y  den- 
tro de  pocas  horas  con  esta  ayuda,  que  fué  de  mucho  efecto, 
la  ganaron;  y  luego  por  los  bergantines  y  canoas  pasaron  á  la 
otra  parte  todo  el  ejército,  y  aun  los  más  de  los  naturales,  y  á 
nado.   IxtlüxuchiU  mandó  á  los  que  tenían  cargo  de  aderezar 
los  caminos,  que  cegaran  esta  puente  con  piedras  y  adobes,  y 
él  y  Cortés  con  los  suyos  pasaron  adelante  y  ganaron  otra  al- 
barrada  que  estaba  al  principio  de  una  calle  principal  y  muy 
ancha,  por  donde  fueron  siguiendo  los  enemigos  hasta  otra 
puente  que  también  estaba  alzada  como  las  demás,  y  por  una 
sola  viga  pasaron  los  enemigos,  y  los  más  de  ellos  por  agua,  y 
puestos  á  la  otra  banda  quitaron  la  viga.  Llegados  los  nuestros, 
envió  JartóífewcAítf  á  llamar  la  mitad  de  la  gente  que  aderezaba 
la  otra  puente,  que  ya  á  esta  ocasión  la  iban  acabando,  y  lle- 
gados que  fueron  comenzaron  á  cegarla,  ayudándoles  muchos 
soldados  con  harto  riesgo,  que  morían  hartos  de  ellos  por  las 
piedras  y  flechazos  que  los  enemigos  les  tiraban  de  la  otra 


360  OBRAS   HISTÓRICAS   DE 

parte,  y  por  las  azoteas,  que  había  una  infinidad  de  ellos,  poc 
más  que  los  Españoles  los  defendían  con  las  escopetas  y  balles- 
tas, y  dispararon  dos  tiros,  con  que  hicieron  grandísimo  daño 
á  los  enemigos:  y  pasando  á  la  otra  parte  alguna  gente  del  ejér- 
cito, pelearon  con  los  Mexicanos  y  en  poco  rato  huyeron,  que 
ya  á  esta  ocasión  estaba  acabada  de  aderezar  la  puente,  por 
donde  pasó  toda  la  demás  gente  que  quedaba  del  ejército,  y 
siguieron  á  los  enemigos  hasta  otra  puente  que  estaba  junto  á 
una  de  las  plazas  principales  de  la  ciudad,  y  con  poca  resisten- 
cia entraron  por  las  casas,  y  aunque  había  infinidad  de  enemi- 
gos, pelearon  con  ellos  hasta  que  los  hicieron  retirar  cada  uno 
por  su  cabo,  y  los  más  de  ellos  al  templo  mayor  de  Huitzilo- 
pachUi  corrían  tras  ellos,  y  entraron  dentro  del  patio,  y  á  poco 
rato  echaron  fuera  á  todos  los  que  pudieron,  y  mataron  á  los 
que  resistieron,  y  subieron  á  la  torre  y  derribaron  muchos  ído- 
los; especialmente  en  la  capilla  mayor  donde  estaba  HuitzUo- 
pochtli^  que  llegaron  Cortés  é  IxUllxuchitl  á  un  tiempo,  y  ambos 
embistieron  con  el  ídolo.  Cortés  cogió  la  máscara  de  oro  que  te- 
nía puesta  este  ídolo  con  ciertas  piedras  preciosas  que  estaban 
engastadas  en  ella.  Ixtlilxuchitl  le  cortó  la  cabeza  al  que  pocos 
años  antes  adoraba  por  su  dios;  todo  lo  cual  hicieron  con  no 
poco  riesgo,  porque  sus  enemigos  les  tiraban  á  menudo  mu- 
chas pedradas  y  flechazos,  y  muchos  capitanes  Mexicanos  lo 
defendían  valerosamente,  hasta  que  los  echaron  fuera  de  las 
capillas  y  templos,  porque  Cuauhtemoc  había  reprendido  mu- 
cho á  los  suyos,  porque  habían  huido  de  los  hijos  del  sol  y  de- 
samparado á  sus  ídolos;  y  así,  juntos  todos  los  que  se  podían 
juntar  de  los  enemigos,  pelearon  con  los  nuestros  hasta  verlos 
huir.  Cortés  y  Ixtlilxuchitl  los  detuvieron  algún  ratillo  peleando 
con  ellos,  y  aquí  mató  IxtlUxuchiÜ  al  general  de  los  Mexica- 
nos, que  traía  una  lanza  española,  que  los  días  pasados  había 
quitado  á  un  Español  que  mató;  y  de  tres  cuchilladas,  que 
la  postrera  le  alcanzó  por  la  cabeza,  con  una  macana,  le  derri- 
bó la  mitad  de  ella,  y  una  oreja,  con  lo  cual,  visto  por  los  ene- 
migos su  general  muerto,  cobraron  tanto  coraje,  que  embistie- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  361 

ron  con  los  nuestros  con  tanto  ímpetu,  que  los  hicieron  retirar 
hasta  la  plaza,  en  donde  tornaron  segunda  vez  á  ganar  el  tem- 
plo, hasta  que  viendo  los  nuestros  que  ya  era  tarde,  se  torna- 
ron á  su  real,  y  mandó  IxililxuchiÜ  quemar  las  casas  que  había 
en  esta  calle  de  camino,  de  los  cuales  al  tiempo  que  iban 
saliendo  cargaron  tantos  enemigos,  que  por  poco  no  dejaran 
hombre  con  vida,  y  como  tenían  las  puentes  seguras,  salieron 
con  mucha  facilidad.  Alvarado  y  Sandoval  con  los  demás  Se- 
ñores sus  amigos,  pelearon  muy  bien  este  día  y  ganaron  algu- 
nas puentes  y  albarradas  de  los  enemigos. 

El  día  siguiente  llegáronle  á  IxtUlvuchitl  cincuenta  mil  hom- 
bres de  socorro,  todos  Aculhuas  sus  vasallos  que  se  los  en- 
viaba su  hermano  Ahuexpidzodzin,^  el  cual  tomó  para  sí  treinta 
mil  y  envió  diez  mil  á  Alvarado  con  los  demás  que  en  su  favor 
estaban,  cuyo  caudillo  era  Quauhtiiüadzín  y  otros  diez  mil  á 
Gonzalo  de  Sandoval,  que  todos  estaban  con  harta  necesidad; 
y  asimismo  mandó  á  todos  los  que  estaban  impedidos  ó  heri- 
dos de  las  guerras  que  se  volvieran  á  Texcuco  para  curarse,  y 
fueron  por  todos  hasta  cinco  mil  de  ellos.  Algunos  historiado- 
res, especialmente  Españoles,  escriben  que  con  este  ejército  de 
cincuenta  mil  hombres  vino  IxtUbmchiÜ  por  mandado  de  su 
hermano  Tecocoízin^  lo  cual  es  muy  al  revés;  porque  según  J>. 
Alonso  Axayaca  y  las  relaciones  y  pinturas  de  los  naturales, 
especialmente  de  una  que  tengo  en  mi  poder,  escrita  en  lengua 
Tulteca  ó  Mexicana,  que  ahora  llaman  así,  y  ñrmada  de  todos 
los  principales  viejos  de  Texcuco,  y  confirmada  y  certificada 
por  los  demás  de  la  ciudad  más  principales  y  antiguos  de  esta 
tierra,  que  son  los  que  yo  sigo  en  mi  historia  por  ser  los  más 
verdaderos,  y  que  los  que  las  escribieron  ó  pintaron  se  halla- 
ron personalmente  á  estas  ocasiones,  demás  que  algunos  de 
ellos  me  lo  han  dicho  vocalmente,  y  contado  de  la  manera  que 
sucedió,  que  ya  pocos  años  há  que  se  han  muerto,  los  cuales 
yo  alcancé  ya  muy  viejos,  que  TecocoUzín  era  ya  muerto  á  esta 

1  Abuezpitzatzin  cii  Kingsborough. 


362  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

ocasión,  y  á  la  manera  que  está  referida,  y  Ixtlüxuchitl  desde 
que  salieron  de  Texcuco  Cortés  y  los  demás  vino  con  ellos,  y  se 
halló  personalmente  en  todos  los  ochenta  días  que  duró  la  gue- 
rra de  México,  sin  faltar  uno  tan  sólo,  siendo  el  primero  en 
todas  ocasiones,  como  buen  capitán,  arriesgando  su  vida  mu- 
chas veces  por  librar  á  los  Españoles  de  sus  enemigos  los  Me- 
xicanos, que  si  no  fuera  por  él  y  sus  hermanos,  deudos  y  va- 
sallos, hubo  ocasiones  en  que  podían  matarlos  sin  que  quedara 
uno  tan  sólo,  si  no  fuera  por  él  y  los  suyos,  como  tengo  referi- 
do; y  me  espanta  de  Cortés,  que  siendo  este  Principe  el  mayor 
y  más  leal  amigo  que  tuvo  en  esta  tierra,  que  después  de  Dios, 
con  su  ayuda  y  favor  se  ganó,  no  diera  noticia  de  él  ni  de  sus 
hazañas  y  heroicos  hechos,  siquiera  á  los  escritores  é  historia- 
dores, para  que  no  quedaran  sepultados,  ya  que  no  se  le  dio 
ningún  premio;  sino  que  antes  lo  que  era  suyo  y  de  sus  ante- 
pasados se  le  quitó,  y  no  tan  solamente  esto,  sino  aun  unas 
casas  y  unas  pocas  de  tierras  en  que  vivían  sus  descendientes 
aun  no  se  las  dejaron:  lo  cual  si  diera  aviso  de  todo  ello  al  Em- 
perador nuestro  Señor,  yo  entiendo  que  no  tan  solamente  le  con- 
firmara lo  que  era  suyo  y  de  sus  antepasados,  sino  que  le  hi- 
ciera muchas  mercedes  y  muy  señaladas.  Y  asimismo  nadie  se 
acuerda  de  los  Aculhuas  Texcucanos,  y  los  Señores  y  capita- 
nes, aunque  es  toda  una  misma  casa,  si  no  es  de  los  Tlaxcal- 
tecas, los  cuales,  según  todos  los  historiadores  dicen,  que  más 
ainas  venían  á  robar  que  á  ayudar,  como  claro  parece,  que  aun 
en  la  ciudad  de  Texcuco  y  otras  partes,  que  eran  amigos  y  de 
la  parte  de  los  cristianos,  robaron  las  casas,  especialmente  los 
palacios  de  NemhuolpiltzinUi^  y  quemaron  los  mejores  cuartos 
que  había  dentro  de  ellos,  y  parte  de  los  Archivos  Reales,  que 
fueron  los  primeros  destruidores  de  las  historias  de  esta  tierra^  de 
los  cuales,  según  opinión  de  todos,  hay  muchas  memorias  de 
ellos,  porque  procuraron  mucho,  en  cualquiera  parte  que  llega- 
ban, robar  y  quitar  cuanto  hallaban,  y  de  todo  el  oro  que  co- 
gían se  lo  d^an  á  los  Españoles;  sea  como  fuere,  ellos  toma- 
ron cuanto  pudieron  y  vinieron  en  favor  de  los  cristianos, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  363 

lo  cual  no  hicieron  los  Aculhuas  y  demás  provincias  y  luga- 
res sujetos,  porque  se  compadecían  de  las  mujeres,  niños  y 
viejos  que  defendían  sus  haciendas,  rogándoles  que  se  las  de- 
jasen y  se  contentasen  con  quitar  la  vida  de  sus  maridos  ó  pa- 
dres, ó  hijos.  Demás,  de  que  muchos  de  ellos  tenían  dentro  de 
la  ciudad  de  México  muchos  deudos  y  parientes,  y  aun  había 
algunos  de  ellos  que  tenían  sus  padres,  tíos  ó  hermanos  con 
quien  peleaban;  especialmente  Ixtlüxuchül^  sus  hermanos  y  los 
demás  Señores,  que  peleaban  con  sus  propios  hermanos,  tíos 
y  deudos;  y  aun  muchas  veces  aconteció  estar  IxÜilxuchiÜ  pe- 
leando con  alguno  de  sus  parientes,  y  desde  las  azoteas  des- 
honrarle sus  tíos  llamándole  de  traidor  contra  su  patria  y  deu- 
dos, y  otras  razones  pesadas,  que  á  la  verdad  d  ellos  les  sobroha 
la  razan;  mas  IxUüxuchiÜ  callaba  y  peleaba,  que  más  estimaba 
la  amistad  y  salud  de  los  cristianos  que  todo  esto,  de  lo  cual 
estaba  el  Rey  Cuauhtemoc  muy  sentido  y  con  muy  poca  espe- 
ranza de  vencer  á  los  Españoles  y  libertar  á  su  patria,  y  lo  mis- 
mo estaba  Cohicandcochtzin  Señor  de  Texcuco,  que  sólo  el  título 
tenía,  y  Tellepanqueizotzin  de  Tlacopan,  porque  lo  más  impor- 
tante que  era  Texcuco  y  sus  reinos  y  provincias  era  de  la  parte 
de  los  cristianos,  como  se  ha  visto  en  esta  historia  y  se  verá  en 
lo  demás  que  resta  decir.  Asimismo  háse  de  considerar  que 
Choleo^  Cuauhnahuac^  Itzocan^  Tepeaca^  Tolantzinco  y  otros  rei- 
nos y  provincias  que  vinieron  en  favor  de  los  nuestros,  quitan-p 
do  Tlaxcalan^  Huexotzinco  y  Choleo,  que  eran  sujetos  al  reino 
de  Texcuco,  como  es  notorio,  demás  de  lo  que  declaran  las 
historias  que  primero  que  ellos  se  hicieron  amigos  de  los  cris- 
tianos, tomaron  parecer  de  los  de  Texcuco  que  era  su  cabece- 
ra, y  TecocoUzin  y  Ixllüxuchitl  por  su  mandato  les  ayudaron, 
obedeciéndole  en  todo  como  hijos  que  eran  de  su  Rey  Neza- 
hualpíUzinUi,  lo  cual  según  las  historias,  demás  de  que  es  cosa 
averiguada,  que  si  no  estuvieran  sujetos  al  reino  de  Texcuco, 
fuera  imposible  hacerles  venir  en  favor  de  los  nuestros,  y  si 
vinieran  algunos  no  dejaran  de  amotinarse  los  unos  con  los 
otros,  que  fuera  grande  estorbo. 


364  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Dos  días  después  que  llegaron  los  cincuenta  mil  hombres  de 
Texcuco,  vinieron  los  de  Xochimilco  y  otras  tierras  de  nación 
otomí  á  darse  á  Cortés,  ofreciendo  gente  de  socorro  y  otras 
cosas  necesarias  para  la  guerra,  los  cuales  rogaron  á  IxtlUxu- 
chiil  fuese  parte  en  que  Cortés  olvidase  lo  pasado.  IxÜUxueliit 
habló  á  Cortés  diciéndole  que  se  olvidara  de  lo  anterior,  que 
ellos  acudirían  en  su  favor,  y  que  era  gente  muy  importante 
por  ser  laguneros  y  tener  muchas  barcas  en  sus  tierras.  Cortés 
se  holgó  mucho  y  les  dijo  que  fueran  á  sus  tierras,  y  que  den- 
tro de  tres  días  estuviesen  en  su  real  con  toda  la  gente  que 
pudiesen,  y  las  canoas  que  tuviesen  las  trajesen  todas,  para 
que  ellos  con  los  bergantines  y  las  demás  canoas  de  Texcuco 
é  Iztapalapan^  peleasen  por  las  acequias  y  lagunas,  los  cuales 
así  lo  hicieron,  y  estuvieron  todos  el  día  que  se  les  mandó  en 
el  real  de  Cortés,  y  desde  este  tiempo  salían  todas  las  noches 
por  la  laguna  y  alrededor  de  la  ciudad  con  los  de  Texcuco  á 
reconocer  si  metían  por  algunas  partes  bastimentos,  en  donde 
los  mataban  y  prendían,  quitándoles  todo  el  bastimento  que 
llevaban. 

Había  cinco  días  que  los  nuestros  no  habían  dado  ninguna 
guerra  á  los  enemigos,  los  cuales  por  esta  causa  habían  abierto 
lo  que  los  nuestros  había  cegado  y  hecho  mejores  albarradas 
y  baluartes  que  los  que  había  antes,  y  estaban  muy  bien  aper- 
cibidos de  gente  y  de  todo  lo  necesario,  esperando  con  muchos 
alaridos  á  los  nuestros;  y  así  este  día  Cortés  y  Ixtlüxuchitl,  des- 
pués de  haber  oído  misa,  salieron  del  real  con  todo  su  ejército 
por  el  agua  y  tierra  contra  México,  que  lo  mismo  hicieron  los 
demás  que  estaban  en  las  otras  partes,  y  en  la  primera  puente 
que  llegaron  pasaron  los  del  ejército  por  los  bergantines  y  ca- 
noas, y  dieron  sobre  los  enemigos  ganándoles  la  puente  y 
albarrada,  y  les  siguieron  hasta  otra  puente  en  donde  se  guar- 
necieron; y  los  nuestros,  aunque  con  harto  trabajo,  se  la  gana- 
ron, y  los  siguieron  de  puente  en  puente  hasta  llegar  á  la  plaza, 
y  los  veinte  mil  gastadores  que  traía  IxtíilxucJiitl  j^ava.  este  efec- 
to, les  mandó  cegaran  estas  puentes  y  aderezaran  los  malos 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  365 

pasos,  en  donde  se  ocuparon  casi  todo  este  día  Cortés  é  Ixtlilxu- 
cliitl  con  sus  soldados,  pelearon  muy  bien  con  los  enemigos, 
en  donde  murió  grandísima  suma  de  ellos  y  algunos  de  los 
nuestros  por  las  celadas  que  les  hicieron;  pero  dentro  de  pocas 
horas  los  sujetaron  de  tal  manera,  que  los  hicieron  retirar  á 
sus  casas  y  templos,  en  donde  se  hicieron  fuertes.  IxilUxuchiÜ 
entre  los  muehos  que  mató  este  día,  fué  á  un  capitán  muy  va- 
leroso y  deudo  suyo,  en  la  puerta  del  templo  mayor,  y  le  quitó 
una  espada  española  que  traía,  que  se  la  había  quitado  á  un 
Español  que  mató  y  prendió  los  días  atrás,  y  asimismo  peleó 
con  el  general  de  los  Mexicanos  que  era  muy  valeroso,  y  se  le 
escapó  huyendo  con  algunas  heridas,  aunque  no  mortales,  hasta 
los  palacios  de  su  hermano  el  Rey  Cacamaizin^  en  donde  se  hizo 
fuerte  con  muchos  de  sus  capitanes.  IxtlilxuchiÜ  quiso  entrar 
dentro  para  prenderlo  ó  matarlo,  y  no  pudo,  porque  halló  mucha 
resistencia  en  la  puerta,  en  donde  mató  algunos  que  le  defendían 
la  entrada,  y  viendo  que  no  podía,  demás  que  le  daban  prisa 
los  suyos  para  que  fuese  á  favorecer  á  los  Españoles  que  anda- 
ban escaramuceando  con  los  enemigos,  y  con  gran  aprieto,  vol- 
vió las  espaldas  y  ayudó  á  los  cristianos,  y  pusieron  fuego  á  las 
casas  y  templos,  especialmente  á  los  palacios  de  Axayaca  y  la 
casa  de  las  aves,  de  lo  cual  recibieron  notable  pena  los  Mexi- 
canos, y  con  tanto  se  volvieron  á  su  real;  y  como  los  Mexica- 
nos vieron  á  los  nuestros,  dieron  tras  ellos  y  mataron  muchos 
Tlaxcaltecas,  que  por  ir  tan  cargados  de  despojos  iban  traseros. 
El  día  siguiente  después  de  lo  referido,  antes  que  amanecie- 
se, oyeron  misa  los  nuestros  y  fueron  hacia  la  ciudad;  mas  por 
mucho  que  madrugaron  hallaron  las  puentes  limpias  y  que- 
brada por  muchas  partes  la  calzada,  como  solían  hacer  los  Me- 
xicanos, los  cuales  toda  esta  noche  no  habían  dormido  porque 
el  Rey  Cuauhtemoc  personalmente  había  estado  con  ellos,  y  así 
los  nuestros  este  día  no  pudieron  ganar  mas  que  hasta  dos 
puentes  con  harto  trabajo,  en  donde  se  gastó  casi  toda  la  mu- 
nición, y  al  retirarse  recibieron  algunos  danos  de  los  Mexica- 
nos por  entender  que  iban  huyendo.  Alvarado  y  QumihtUztactzin 


366  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ganaron  este  día  otras  dos  puentes  y  quemaron  muchas  casas, 
y  mataron  muchos  enemigos.  Asimismo,  este  día  vinieron  á 
darse  por  amigos  á  Cortés  los  de  CuiÜahuac^  Mzquic,  (Mhua- 
can,  MexicaUzinco  y  Huüzüopochco,  y  á  rogar  á  IxÜUxuchitl  man- 
dara á  los  suyos,  especialmente  á  los  de  Choleo,  no  les  hicieran 
más  molestia,  que  casi  todos  los  días  les  iban  á  saquear  sus 
casas.  IxÜilxuchiU  envió  á  decir  á  los  Señores  de  Choleo  que 
mandasen  á  los  suyos  que  no  maltratasen  más  á  éstos,  pues 
eran  sus  amigos,  y  de  la  parte  de  los  hijos  del  sol;  y  les  man- 
daron que  hiciesen  casas  por  toda  la  calzada  para  el  ejército, 
especialmente,  para  Españoles,  que  ya  se  acercaba  el  tiempo 
de  las  muchas  aguas;  y  que  acudiesen  con  comida  y  regalo  para 
Cortés  y  los  suyos,  y  asimismo  trajesen  todas  las  canoas  que 
tuviesen  para  juntar  con  las  demás. 

Después  de  lo  dicho,  mandó  Cortés  á  los  bergantines  y  ca- 
noas de  Texcuco  y  demás  partes  de  la  laguna  dulce,  que  cer- 
casen la  ciudad  por  todas  partes  y  quemasen  todas  las  casas 
que  pudiesen,  y  matasen  ó  prendiesen  toda  la  gente  que  pu- 
diesen, y  él  con  IxÜüxuchitl  y  su  ejército  entró  por  la  ciudad,  y 
quiso  ganar  la  calle  de  Tlacopan  para  poderse  comunicar  con 
Alvarado,  que  sería  de  mucho  efecto,  poniéndolo  por  obra,  que 
lo  mismo  hicieron  Alvarado  y  Sandoval  á  un  mismo  tiempo, 
ganando  cada  uno  lo  que  pudo.  Cortés  este  día  no  ganó  más 
de  tres  puentes  y  los  cegó,  y  luego  tornó  á  su  puesto;  y  el  si- 
guiente día  después  de  esto,  volvió  otra  vez  sobre  la  ciudad  y 
calle,  y  ganó  gran  parte  de  ella  con  harto  trabajo  de  los  nues- 
tros, en  donde  IxtUlxuchiÜ  mató  á  otro  Señor  y  capitán  de  los 
enemigos,  y  le  quitó  una  espada  que  también  él  se  la  había 
quitado  á  otro  Español  que  mató  los  días  atrás.  Alvarado  quiso 
este  día  entrar  por  la  plaza  de  Tlatelulco,  y  poniéndolo  por 
efecto,  se  adelantó  con  hasta  cincuenta  Españoles,  y  llegados 
dentro  de  la  plaza,  los  enemigos  dieron  sobre  ellos,  y  si  no  lle- 
gara Quauhtíiztaczln  con  los  suyos,  no  quedara  ninguno  con 
vida;  y  por  más  que  aguijó,  halló  ya  cuatro  Españoles  presos  por 
los  enemigos,  y  luego  allí  delante  de  ellos  los  sacrificaron,  y  así 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.        367 

se  retiraron  como  pudieron,  aunque  costó  la  vida  á  muchos  de 
los  naturales  amigos;  y  el  día  siguiente  mudó  Cortés  el  real 
dentro  de  la  ciudad,  sin  hacer  otra  cosa  señalada,  y  dio  orden 
para  que  todos  el  siguiente  día  cada  uno  embistiese  por  su 
parte,  y  lo  mismo  á  los  bergantines  y  canoas. 

Llegado  el  día,  repartió  la  gente  de  su  real  en  tres  compañías, 
para  que  pudiesen  ir  por  tres  calles  que  iban  hacia  la  plaza. 
La  una  entró  el  Tesorero  con  setenta  Españoles  y  ocho  caba- 
llos, y  veinte  mil  de  los  de  IxÜilxuchül  con  muchos  gastadores 
para  cegar  las  acequias  y  puentes,  y  derribar  casas;  y  por  la 
otra  fué  Jorge  de  Alvarado  y  Andrés  de  Tapia  cpn  ochenta  Es- 
pañoles y  más  de  doce  mil  amigos  que  les  dio  IxtlüxuchiÜ^  de- 
jando á  la  boca  de  esta  calle  dos  tiros  y  ocho  de  á  caballo  con 
algunos  amigos;  y  por  la  otra  fueron  Cortés  y  IxÜilxuchül  con 
cien  Españoles  y  ocho  mil  amigos;  y  puestos  todos  á  punto  em- 
bistieron con  los  enemigos  todos  á  un  tiempo,  é  hicieron  gran- 
des cosas.  Iztlilxuchül  á  esta  ocasión  dio  otra  cuchillada  á  otro 
capitán  Mexicano,  que  de  la  primera  vez  le  quitó  ambos  mus- 
los; y  en  efecto,  fueron  matando  á  muchos,  y  ganando  casas, 
puentes  y  albarradas  hasta  la  plaza,  sin  perdonar  á  nadie  la 
vida;  de  tal  manera,  que  parecía  que  aquel  día  quedaría  México 
^nado;  y  los  del  Tesorero  unieron  el  alcance  hasta  Tlatelulco, 
y  dejaron  una  puente  mal  cegada,  adonde  es  ahora  San  Mar- 
tín, barrio  de  Tlatelulco;  y  Cortés,  que  iba  en  pos  de  ellos,  ade- 
lantóse con  los  suyos,  y  Ixtlilxuchitl  quedó  atrás,  peleando  con 
los  Mexicanos.  Cuando  llegó  Cortés,  pasando  el  mal  paso,  ha- 
lló al  Tesorero  que  venía  huyendo  de  él,  y  los  demás  quedaban 
muertos:  muchos  de  los  naturales  amigos  y  el  Alférez  cortados 
los  brazos,  y  el  pendón  real  en  poder  de  los  enemigos,  y  muer- 
tos, y  otros  presos  de  los  Españoles,  que  serían  hasta  cuarenta 
de  ellos.  Cortés,  viendo  la  furia  de  los  enemigos,  tuvo  por  bien  de 
huir  también;  y  al  tiempo  que  llegaron  al  mal  paso,  no  se 
atrevieron  á  pasar  por  él,  si  no  era  echándose  en  el  agua,  y  así 
unos  á  otros  se  trabaron  de  las  manos;  y  Ixtíilxuchia  que  á  esta 
ocasión  llegó,  mandó  á  sus  soldados  detuviesen  á  los  enemigos, 


368  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

y  él  se  llegó  presto,  y  dióle  la  mano  á  Cbrtés  y  le  sacó  del  agua, 
que  ya  uno  de  los  enemigos  le  iba  á  cortar  la  cabeza;  y  le  cor- 
tó los  brazos,  aunque  esto  se  lo  aluden  á  ciertos  Españoles, 
siendo  muy  al  revés;  demás  de  que  lo  hallaron  pintado  en  la 
puerta  principal  de  la  Iglesia  del  monasterio  de  Santiago  Tla- 
telulco,  aunque  ya  también  cierto  religioso,  que  debía  ser  pa- 
riente del  Olea,  mandó  pintarlo  diferente,  poniendo  á  Olea  que 
corta  los  brazos  al  que  quiere  prender  ó  matar  á  Cortés,  y  Jx- 
tlUxuchitl  que  lo  saca  fuera  del  agua.  Sea  como  se  fuere,  IxtíU' 
xuchltl  libró  á  Cortés  y  le  reprendió  mucho  porque  se  había 
adelantado  y  no  quiso  tomar  su  parecer  de  nunca  adelantarse 
solo,  sin  ir  con  muchos  amigos,  para  que  en  el  Ínterin  que  se 
entretenían  con  ellos,  pudiesen  poner  en  cobro  sus  personas, 
pues  eran  pocos,  y  morir  uno  de  ellos  hacía  falta,  más  que  s¡ 
fueran  quinientos  de  los  suyos;  el  cual  al  tiempo  que  sacó  á 
Cortés  del  agua,  le  dieron  una  pedrada  sobre  la  oreja  izquierda, 
que  le  descalabraron,  y  por  poco  le  abrían  la  cabeza;  y  viéndo- 
se herido,  tomó  una  poca  de  tierra  y  púsose  en  la  descalabra- 
dura; y  quitándose  las  armas  blancas  que  siempre  traía,  deján- 
dose en  cueros  con  sólo  un  pañete  que  le  cubría  las  partes 
bajas,  y  una  rodela  y  macana,  con  aquel  coraje  que  tenía,  em- 
bistió con  los  enemigos  y  trabó  con  ellos  una  cruel  batalla, 
matando  á  muchos  de  ellos,  hasUi  que  se  encontró  con  el  ge- 
neral de  los  Mexicanos,  que  era  valerosísimo.  Estuvieron  los 
dos  peleando  más  de  un  cuarto  de  hora,  en  donde  le  tiraron 
los  enemigos  un  flechazo  que  le  pasaron  el  brazo  derecho,  y 
una  pedrada  sobre  la  rodilla  derecha  que  le  lastimó,  aunque 
no  mucho,  y  con  esto  se  encendió  más.  Viéndose  herido,  cobró 
más  ánimo  y  embisto  con  el  general  y  le  quitó  la  espada  que 
traía,  dándole  algunas  heridas,  el  cual  viéndose  de  csta  manera 
echó  á  huir  como  pudo,  y  en  su  alcance  Ixtlilxuchül,  hasta  el 
templo  de  la  diosa  Macuilxucldtl^  en  donde  se  hizo  fuerte  con 
los  suyos  que  no  lo  pudo  haber  á  las  manos;  y  entretanto  se 
volvió  hacia  donde  estaba  Cortés,  y  al  tiempo  que  venía  encon- 
tró con  un  capitán  Mexicano  que  se  venía  hacia  él:  como  le 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  369 

vio  que  iba  muy  arropado  por  amor  de  las  heridas,  entendió 
que  no  le  haría  ningún  mal,  le  comenzó  á  deshonrar  y  á  po- 
nerle mil  nombres.  Ixüilxuchül  calló  cuanto  pudo  y  mandó  á 
los  suyos  que  lo  dejasen  para  ver  lo  que  hacía,  hasta  que  no 
le  pudo  sufrir  más,  y  aunque  iba  herido  del  brazo,  le  dio  una 
cuchillada,  con  la  espada  que  quitó  al  general,  por  la  cintura, 
que  le  dividió  en  dos  partes  el  cuerpo,  y  no  pudiendo  sufrir 
más  la  flecha  que  todavía  llevaba  metida  dentro  el  brazo,  se  la 
quitó  y  esprimió  muy  bien  la  herida,  y  sus  vasallos  le  pusieron 
ciertas  cosas  con  que  sanó  dentro  de  pocos  días.  Alcanzó  Ix- 
ÜUxuchitl  á  Cortés  en  la  calle  de  Tlacopan^  que  se  iba  retirando 
con  harto  trabajo,  porque  los  enemigos  habían  cargado  sobre 
él;  y  como  pudieron,  llegaron  á  su  real  con  pérdida  de  más  de 
dos  mil  amigos  y  los  cuarenta  Españoles  que  fueron  presos,  y 
luego  este  día  los  sacrificaron  en  el  templo  mayor  de  Tlate- 
lulco,  sin  otros  tres  que  quemaron  y  más  de  treinta  que  queda- 
ron heridos,  muchas  canoas  perdidas,  y  los  bergantines  por 
poco  se  pierden;  el  capitán  y  maestre  de  uno  de  ellos  fueron 
heridos,  y  murió  el  capitán  de  la  herida.  A  Alvarado  también 
le  mataron  cuatro  Españoles  y  algunos  amigos.  Fué  este  día 
aciago.  Toda  la  noche  estuvo  Cortés  é  Ixüilxuchitl  con  los  su- 
yos muy  tristes  y  adoloridos,  porque  Cortés  también  estaba 
herido  en  una  pierna,  y  los  Mexicanos  muy  alegres  de  la  vic- 
toria tan  señalada  que  tuvieron  este  día,  que  casi  toda  la  no- 
che no  durmieron  de  contentos,  haciendo  grandes  bailes  y  dan- 
zas, poniendo  grandes  lumbradas  por  las  azoteas  de  los  templos 
y  casas,  tocando  muchas  bocinas  y  atabales  y  otras  señales  de 
alegría.  También  abrieron  las  acequias  y  puentes  como  antes 
estaban,  y  envió  Guauhtemoc  sus  embajadores  por  toda  la  co- 
marca á  dar  aviso  del  buen  suceso,  especialmente  á  las  provin- 
cias de  su  parte,  pidiendo  gente  y  socorro  para  cumplir  esta 
guerra  y  echar  de  México  ó  matar  á  los  Españoles.  El  día  si- 
guiente, por  no  mostrar  flaqueza.  Cortés  é  IxÜUxuchíU  con  su 
ejército  fuéronse  hacia  la  ciudad  y  pelearon  con  los  enemigos, 
y  desde  la  primera  puente  se  tornaron  á  su  real. 

TOHO 1—24 


370  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Al  segundo  día  después  de  las  desgracias,  vinieron  unos  em- 
bajadores de  Oimuhnahuac  de  parte  del  Señor  á  dar  aviso  á  Ix- 
tlUxuchitl,  como  los  de  Malinalco  y  Cuixco\es  hacían  mucha  gue- 
rra, rogándole  que  mandase  á  los  pueblos  sus  circunvecinos  les 
ayudansen,  y  pidiese  á  Cortés  algunos  españoles  que  fuesen 
también  en  su  favor;  lo  cual  oído  por  Cortés  mandó  á  Andrés 
de  Tapia  fuese  con  ochenta  peones  y  diez  de  á  caballo,  y  den- 
tro de  diez  días  que  les  dio  de  término,  ganasen  aquellas  pro- 
vincias y  estuviesen  en  México;  y  así  el  capitán  Tapia  se  fué 
con  estos  mensajeros,  y  IxtlüxuchiÜ  envió  á  rogar  á  los  pue- 
blos cincunvecinos  que  les  ayudasen,  y  así  con  los  de  OuQvh-- 
nahuac  juntos,  que  serían  hasta  cuarenta  mil  hambres,  fueron 
con  Andrés  de  Tapia  sobre  Malinalco;  y  antes  de  llegar  encon- 
tró con  el  ejército  de  los  enemigos:  pelearon  con  ellos,  los  des- 
barataron y  mataron  á  muchos  y  siguieron  hasta  la  ciudad  que 
era  muy  grande.  Entretanto  se  tornaron  para  México,  y  de 
allí  á  dos  días  llegaron  otros  mensajeros  de  Toluca^  quejándo- 
se de  los  Matlatzincas  sus  vecinos,  que  les  habían  hecho  mu- 
chos agravios  é  impedido  el  socorro  que  traían  en  favor  de  los 
nuestros,  lo  cual  creyó  Cortés  fácilmente,  porque  habían  en- 
viado decir  los  Mexicanos  que  vendrían  los  Matlatzincas,  hom- 
bres valerosos,  y  los  destruirían;  y  así  mandó  áSandoval  fuese 
con  ellos  y  llevase  diez  y  ocho  caballos,  cien  peones  y  muchos 
amigos  que  Ixüilxuchitl  mandó  fuesen  en  su  favor,  que  con  los 
que  había  en  Toluca  llegaron  á  sesenta  mil  hombres.  Estuvo 
tres  días  Sandoval  por  el  camino,  al  cabo  de  los  cuales  los  al- 
canzó á  la  otra  banda  del  río  Chicuhnauhtla,  que  iban  cargados 
de  maíz  y  otras  cosas  que  habían  tomado  de  un  lugar  que  que- 
maron. Arremetieron  con  ellos  y  pelearon  un  rato  hasta  que 
les  hicieron  huir  y  retirarse  á  su  ciudad  que  estaba  más  de  dos 
leguas,  y  en  la  retirada  mataron  más  de  dos  mil.  Llegados  á 
Malinalcoj  la  cercaron,  y  los  vecinos  se  defendieron  en  el  ín- 
terin que  sus  mujeres  se  iban  á  un  cerro  alto,  hasta  que  no 
pudiendo  más,  y  que  sus  mujeres  y  haciendas  estaban  en  co- 
bro, salieron  huyendo,  y  los  nuestros  saquearon  todo  el  lugar, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  371 

quemaron  las  casas  y  templos,  y  quedáronse  á  dormir  esta  no- 
che; y  el  día  siguiente  fueron  hacia  el  cerro  y  no  hallaron  á 
nadie;  dieron  sobre  un  lugar  que  era  de  guerra,  y  el  Señor  de 
allí  abrió  las  puertas  y  recibió  á  los  nuestros,  rogándoles  que 
no  hiciesen  mal  en  su  tierra,  que  él  haría  que  se  diesen  los  de 
MaUatzineo,  Mcdiruzlco,  Cohuizoo  ^  y  los  demás  lugares  que  eran 
de  la  parte  de  México,  de  lo  cual  se  holgó  Sandoval,  y  no  le 
hizo  nii^n  mal;  se  tomó  á  México,  y  este  Señor  trajo  á  los  de 
MaÜcUzineo^  McUinalco  y  los  demás  á  Cortés  para  que  los  per- 
donase, ofreciéndole  ayuda  para  el  cerco  de  México.  Él  se  hol- 
gó mucho  y  les  rogó  cumpliesen  su  palabra,  los  cuales  así  lo 
hicieron  trayendo  gente  de  socorro  y  comida  y  lag  demás  co- 
sas necesarias.  Mientras  sucedían  las  conquistas  de  Malincdco^ 
MaÜatÜTico  y  otras  partes,  no  pelearon  los  nuestros  ni  hicieron 
cosa  señalada,  aunque  los  naturales  no  dejaban  de  cuando  en 
cuando  de  tener  algunas  escaramuzas  con  los  Mexicanos.  Cor- 
tés con  acuerdo  de  IxÜilxuchiü  y  los  demás  señores,  mandó 
que  todas  las  casas  que  se  ganasen  se  derribasen  por  el  suelo, 
y  así  mandó  IxUilxuchiÜ  á  Texcuco  y  á  los  demás  reinos  y  pro- 
vincias sujetas  á  su  señorío,  especialmente  las  cercanas,  vinie- 
sen todos  los  labradoses  con  sus  coas  para  este  efecto  con  toda 
brevedad;  y  así  cuatro  días  después  que  Sandoval  estaba  en 
México,  llegaron  más  de  cien  mil  de  ellos,  y  teniéndolos  á  to- 
dos juntos,  y  después  de  haber  apercibido  á  los  Mexicanos  que 
se  diesen  de  paz,  los  cuales  no  habían  querido  por  ninguna  vía, 
sino  que  antes  se  habían  apercibido  muy  de  veras  y  muy  á  su 
gusto,  y  echado  mucha  piedra  por  la  plaza  y  calles,  para  qué 
los  caballos  no  pudiesen  correr  por  ellas,  con  otros  muchos  ar- 
dides de  guerra;  Cortés,  lodlUxuchiÜ  y  los  demás,  comenzaron 
á  combatir  la  calle  principal  que  va  á  la  plaza  mayor;  yendo 
prosiguiendo  los  nuestros  por  la  calle  arriba,  derribando  casas 
y  cegando  las  puentes.  Los  de  la  ciudad  demandaron  paz,  aun- 
que fingida,  con  que  repararon  los  nuestros  y  preguntaron  por 

1  Antes  le  llamaba  Ouixco, 


372  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

el  rey:  respondieron  que  ya  lo  habían  ¡do  á  llamar.  Estuvieron 
un  rato  aguardando  por  si  venía,  hasta  que  los  enemigos  les 
tiraron  muchas  pedradas  y  flechazos  y  lanzas  arrojadizas  con 
lo  que  los  nuestros  embistieron  con  ellos  y  les  ganaron  una 
grande  albarrada  que  tenían  hecha,  y  entraron  por  la  plaza  y 
quitaron  la  piedra  con  que  cegaron  el  agua  de  las  acequias 
y  demás  puentes  que  estaban  por  cegar  de  aquella  calle;  de  tal 
manera  que  los  enemigos  nunca  más  las  abrieron,  y  derribaron 
las  casas  que  pudieron;  y  siendo  ya  hora  de  irse  á  su  real,  se 
volvieron,  y  otros  días  se  ocuparon  en  esto,  derribando  casas 
y  peleando  con  sus  enemigos;  y  en  este  mismo  tiempo,  IxUü- 
osuchiU  peleando  con  los  enemigos  prendió  á  m  hermano  Cohior 
nacochtzin,  que  era  entonces  general  de  los  Mexicanos,  y  se  lo 
entregó  á  Cortés^  el  cual  le  mandó  echar  unos  grillos  y  ponerlo 
en  el  real  con  muchas  guardas,  de  lo  cual  se  sintieron  mucho 
Ouauhtemoc  y  los  Mexicanos,  porque  con  la  pérdida  de  este  Se- 
ñor, de  todo  punto  perdieron  la  esperanza  de  algün  socorro; 
demás  de  que  todos  los  Aculhuas  sus  vasallos  que  eran  de  su 
parte  y  habían  estado  en  México  en  su  favor,  se  pasaron  á  la 
parte  de  Ixüilxuchiíl. 

Después  de  todo  lo  referido,  acordó  Cortés  de  hacer  una  em- 
boscada, en  la  cual  mataron  más  de  seiscientos  Mexicanos  y 
prendieron  más  de  dos  mil,  con  que  de  todo  punto  los  Mexi- 
canos cobraron  grandísimo  temor  á  los  nuestros;  y  les  gana- 
ron otras  muchas  casas  y  un  templo,  en  donde  los  españoles 
hallaron  cierta  cantidad  de  oro  en  una  sepultura,  al  tiempo  que 
lo  derribaban  por  el  suelo  los  labradores.  En  este  día  Ixtlilxu^ 
chiU  y  los  otros  Señores  y  soldados  valerosos  de  su  ejército 
hicieron  cosas  señaladas  grandísimas,  como  en  los  demás  re- 
feridos, que  por  evitar  prolijidad  no  se  especiñcan. 

La  noche  siguiente  salieron  dos  Mexicanos  muertos  de  ham- 
bre, y  viniéronse  á  IxÜUxuchiU,  el  cual  se  holgó  de  verlos,  y  tu- 
vo noticia  de  ellos  de  todo  lo  que  había  dentro  de  la  ciudad,  y 
trabajos,  hambres  y  pestilencias  que  los  ciudadanos  padecían, 
y  cómo  de  noche  y  á  horas  desacostumbradas  salían  á  pescar  y 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  373 

á  buscar  yerbas  y  cortezas  de  árboles  para  poderse  sustentar; 
lo  cual  oído  por  IxÜüxuchiU,  y  enterado  de  dónde  eran  los  lu- 
gares á  donde  salían  los  Mexicanos,  avisó  á  Cortés;  y  así  man- 
daron que  los  bergantines  y  canoas  rodeasen  la  ciudad,  y  pu- 
sieron ciertas  espías  para  que  avisasen  á  la  hora  que  ellos  salían; 
y  Cortés  tomó  hasta  cien  españoles  y  quince  de  á  caballo,  y 
lasüüxuehiü  hasta  cuarenta  mil  hombres;  y  avisados  de  las  es- 
pías una  madrugada,  dieron  sobre  los  desventurados  Mexica- 
nos; y  como  estaban  desarmados,  mataron  casi  mil  de  ellos, 
y  otros  muchos  prendieron;  y  lo  mismo  hicieron  los  berganti- 
nes y  canoas.  Los  guardas  de  la  ciudad,  aunque  hicieron  ruido 
y  señal  de  que  querían  pelear  con  los  nuestros,  no  se  atre- 
vieron. 

El  día  siguiente' que  era  el  segundo  de  su  semana,  llamado 
Ome  Malinalli,  ^  esparto  núm.  ^,  que  era  á  diez  días  de  su  mes, 
llamado  Hüeytecuylhuitl  y  á  la  nuestra  24  de  Julio,  víspera  de 
Señor  Santiago,  Patrón  de  España,  Cortés  y  IxtlUxuchiÜ  con  su 
ejército  combatieron  con  la  ciudad  y  ganaron  de  todo  punto 
la  calle  de  Tlaoopan^  y  derribaron  y  quemaron  los  palacios  del 
Rey  Ouauhtemoc  y  otras  muchas  casas;  de  tal  suerte,  que  que- 
daron este  día  de  las  cuatro  partes  de  México,  ganadas  las  tres, 
que  sin  riesgo  se  podían  comunicar  los  nuestros,  los  del  real 
de  Cortés  y  loMilxuchiU,  con  los  de  Alvarado  y  Tetlahuehuez- 
quüzin;  y  de  allí  á  cuatro  días,  después  de  haber  quemado  mu- 
chas casas  y  derribado  las  paredes  por  el  suelo,  ganaron  los 
nuestros  dos  templos  de  Tlatelulco  muy  grandes,  que  era  la 
mayor  fiíerza  que  los  enemigos  tenían,  aunque  con  algún  tra- 
b£yo,  y  Ixüilxuchitl  Yiendo  que  los  enemigos  no  querían  pelear 
después  que  les  ganaron  los  templos,  les  dijo  que  se  diesen  de 
paz  á  los  cristianos  con  algún  partido.  Ellos  le  respondieron 
que  no  tratase  de  amistad,  ni  aguardasen  ningún  despojo  de 
ellos,  porque  habían  de  quemar  todo  cuanto  tenían  y  echarlo 
en  el  agua  como  hicieron  con  el  tesoro,  donde  nunca  más  pare- 

1  MalinaUi  es  una  yerba  retorcida  que  aquí  el  autor  traduce  por  esparto. 


374  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ciese;  y  que  uno  solo  que  quedase  había  de  morir  defendiendo 
su  patria;  y  otras  muchas  razones,  las  cuales  vistas  por  Ixdil- 
xuUü^  dio  aviso  á  Cortés,  y  le  dijo  que  no  esperase  ningún  con- 
cierto, sino  que  prosiguiese  su  demanda.  Estuvieron  cuatro 
días  sin  dar  guerra  á  los  Mexicanos,  aunque  dicen  que  estu- 
vieron ocupados  en  hacer  un  trabuco,  y  aJ  cabo  de  los  cuales, 
entraron  á  combatir  la  ciudad  y  hallaron  las  calles  llenas  de 
migeres,  niños  y  viejos,  y  otros  muchos  enfermos  mu^os  de 
hambre.  Mandaron  Cortés  y  IxtUlmehül  que  no  les  hiciesen 
mal,  y  la  gente  ilustre  y  soldados  estaban  en  las  azoteas  sin 
ningunas  armas,  porque  era  principio  de  su  mes  llamado  Mi- 
cAiLHurrzíNTLi,  y  fiesta  que  ellos  guardaban,  que  comunmente 
cae  á  7  de  Agosto:  requiriéndoles  con  la  paz,  ellos  respondie- 
ron que  otro  día  tratarían  de  esto;  mas  hoy  no  había  lugar 
porque  celebrabran  la  fiesta  de  sus  finados  los  niños.  Visto  es- 
to por  Cortés  y  locÜílxuchiS^  enviaron  á  decir  á  Alvarado  y  TeUa^ 
huehuezquitdn^  que  combatiesen  un  barrio  muy  fuerte  de  más 
de  mil  casas  que  estaba  por  ganar,  y  que  ellos  les  ayudarían;  y 
así  dieron  sobre  este  barrio,  y  los  vecinos  pelearon  muy  bien  un 
grandísimo  rato;  y  no  pudiendo  sufirir  la  furia  de  los  nuestros, 
huyeron  y  desampararon  sus  casas,  y  mataron  más  de  doce  ó 
trece  mil  hombres.  Este  día  casi  no  pelearon  los  españoles  si 
no  fué  al  principio;  mas  luego  se  retiraron  á  un  cabo,  y  estu- 
vieron mirando  á  los  amigos  como  peleaban.  IxÜilxuchiÜ  pren- 
dió en  esta  ocasión  con  sus  propias  manos  casi  cien  hombres, 
y  mató  á  otros  muchos,  y  entre  ellos  casi  veinte  c^itanes,  que 
después  se  conocieron  por  las  armas  que  traían  puestas;  y  per- 
dido este  barrio,  en  donde  estaba  Ouauhtemoe^  ^  que  era  lo  que 
quedaba  de  la  ciudad,  eran  tsn  pocas  las  casas,  y  tanta  la  gen- 
te que  apenas  cabían  de  pies,  y  las  calles  llenas  de  hombres 
muertos  y  enfermos,  que  los  nuestros  no  pisaban  otra  cosa  sí 
no  eran  cuerpos.  El  día  siguiente  combatieron  <x)n  lo  que  que- 


l  Este  Monarca  estaba  en  Tlacochcalco,  donde  hoy  está  la  Parroquia  de 
Santa  Ana. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  375 

daba,  que  sería  de  las  ocho  partes  de  la  ciudad,  la  una;  y  es- 
tando en  esto  llamaron  á  Cortés  y  á  IxtlUxuchiÜ^  y  les  dijeron 
muchas  palabras  muy  sentidas,  rogándoles  que  los  acabasen 
de  destruir,  especialmente  á  Cortés  que  le  dijeron  aquellas  pa- 
labras que  los  cronistas  españoles  escriben,  y  fué  decirle:  ¡Ah 
Capitán  Cortés!  pues  eres  hijo  del  Sol,  ¿por  qué  no  recabas 
con  él  que  nos  acabe  de  lástima?  Este  día  no  mataron  á  na- 
die, si  no  fueron  algunos  que  se  defendían.  El  día  siguiente 
después  de  lo  referido,  lenviaron  Cortés  y  loctiHxuÜiÜ  á  un  In- 
fante tío  suyo,  hermano  de  su  madre  que  había  como  ocho 
días  que  lo  había  prendido  IxüUxuGhiÜ  y  aun  estaba  herido^ 
rogándole  que  fuese  á  tratar  de  paces  con  Gmuhtemoc^  y  aun- 
que él  lo  rehusó  diciendo  á  su  sobrino  la  voluntad  del  Rey, 
mas  con  todo  esto  fué,  y  las  guardas  le  dejaron  entrar  como 
al  fin  su  Señor,  y  dándole  la  embsgada  fué  mandado  sacrificar: 
á  los  españoles  y  naturales  que  iban  con  él,  los  echaron  á  pe- 
dradas y  lanzadas,  didendo  todos,  que  más  querían  morir  que 
no  paz.  Este  día  pelearon  mucho  y  murió  mucha  gente  de  am- 
bas partes.  Otro  día  tomaron  los  nuestros  hacia  el  lugar  en 
donde  estaban  los  enemigos,  y  no  pelearon  aguardando  por 
ver  si  se  rendían.  Llegáronse  Cortés  é  Ixtlilxuchül  á  una  alba- 
rrada  ^i  donde  estaban  ciertos  Señores  deudos  de  IxÜUxuchiU^ 
y  habló  con  ellos  diciendo  lo  que  les  convenía.  Ellos  respon- 
dieron que  muy  conocido  tenían  su  daño;  mas  que  á  su  Rey 
habían  de  obedecer.  Estas  y  otras  razones  hubo  entre  ellos, 
y  los  Mexicanos  respondían  con  hartas  lágrimas,  y  después  de 
haberles  dicho  que  fuesen  á  rogar  á  su  Rey  se  diese,  fueron  y 
le  requirieron  muchas  veces,  y  él  respondió  siempre  que  esto 
había  de  haber  sido  antes,  y  no  ahora  que  ya  todo  estaba  per- 
dido. Ellos  volvieron  á  IxÜilxuchiU  y  le  dijeron  que  por  ser  ya 
tarde  no  podía  venir  el  Rey  para  verse  con  él  y  con  Cortés; 
mas  que  el  siguiente  día,  á  horas  de  comer,  vendría  sin  duda  á 
la  plaza  para  hablar  con  ellos.  Entretanto  se  tornaron  los  más 
á  su  real  muy  contentos  entendiendo  que  esta  vez  se  concer- 
tarían; y  el  día  siguiente  mandaron  aderezar  el  teatro  de  la  pía- 


376  -OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

za  muy  de  madrugada,  poniendo  estrado  real  (ó  sitial)  en  don- 
de se  habían  de  tratar  las  paces,  y  mucha  comida.  Llegado  el 
tiempo,  no  fué  el  Rey,  sino  cinco  Señores,  y  entre  ellos  el  Go- 
bernador y  Capitán  general  del  reino,  para  tratar  de  la  paz  y 
conciertos,  y  disculparon  á  su  Rey  por  enfermo.  Cortés  los  re- 
cibió y  se  holgó  de  verlos,  los  regaló  mucho;  mas  no  quiso  tra- 
tar con  ellos  cosa  ninguna,  diciéndoles  que  sin  el  Rey  no  se 
podía  negociar  nada.  Ellos  fueron  á  su  Rey  y  éste  les  dijo,  que 
sería  infamia  muy  grande  ir  un  Monarca  como  él  delante  de 
sus  enemigos  por  aquella  vía,  si  no  fuese  peleando,  y  para  qui- 
tarle la  vida,  y  que  tomasen  y  le  dijesen  á  Ixtilxuchitl  que  di- 
jese á  Cortés,  que  él  le  daba  su  palabra  de  que  cumpliría  con 
todo  lo  que  sus  Embajadores  concertasen  con  ellos,  pues  eran 
los  mayores  Señores  de  su  reino,  pero  que  en  ninguna  ma- 
nera podía  ir  ante  Cortés;  y  si  con  esto  no  bastaba,  que  hi- 
ciesen lo  que  quisiesen,  que  ya  les  quedaba  poco  para  acabar- 
los de  destruir.  IxtlUxuchiU  informó  á  Cortés  de  todo  lo  que 
había,  y  el  Rey  Cuauhtemoc  enviaba  á  decir.  Tomó  Cortés  á 
enviarle  á  decir  que  el  día  siguiente  últimamente  iría  á  la  plaza 
y  allí  le  aguardaría  por  espacio  de  tres  horas,  que  si  no  venía 
á  verse  con  ellos  Ouauhiemoc,  los  acabarían  de  destruir  á  fuego 
y  sangre,  sin  perdonar  á  nadie  la  vida.  Los  mensigeros  se  tor- 
naron y  dieron  la  respuesta  de  la  determinación  de  Cortés  á 
su  Rey. 

El  día  siguiente  que  era  el  sexto  de  su  octavo  mes  llamado 
MicAYLHüiTziNTU,  quc  se  llama  Macüili  Toxtu,  conejo  número 
5,  y  en  el  nuestro  fué  á  12  de  Agosto,  día  de  Santa  Clara  Vir- 
gen, fué  Cortés  con  IxÜílxuchiÜ  y  otros  Señores  á  la  plaza  para 
aguardar  al  Rey  Ckiauhtenwc,  según  se  lo  enviaron  á  decir.  Es- 
tuvieron por  la  mañana  hasta  casi  medio  día  aguardándolo,  y 
viendo  que  no  venía,  ni  había  esperanza  de  que  viniese,  man- 
daron á  Sandoval  y  á  los  demás  Señores  que  eran  sus  compa- 
ñeros, con  los  bergantines  y  canoas,  combatiesen  por  las  ace- 
quias y  laguna  con  los  enemigos,  y  Cortés  é  locüílxuchiü  por 
las  calles  y  albarradas,  y  dada  la  batalla  dentro  de  muy  poco 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  377 

rato  los  nuestros  con  poca  resistencia  entraron  hasta  lo  más 
fuerte  que  tenían  los  Mexicanos  para  su  defensa,  que  fueron 
muertos  y  presos  cincuenta  mil  hombres.  Hiciéronse  este  día 
unas  de  las  mayores  crueldades  sobre  los  desventurados  Mexi- 
canos que  se  han  hecho  en  esta  tierra.  Era  tanto  el  llanto  de  las 
mujeres  y  niños  que  quebrantaban  los  corazones  de  los  hom- 
bres. Los  Tlaxcaltecas  y  otras  naciones  que  no  estaban  bien 
con  los  Mexicanos,  se  vengaban  de  ellos  muy  cruelmente  de 
lo  pasado,  y  les  saquearon  cuanto  tenían.  IxÜilxuchiÜ  y  los  su- 
yos, al  fin  como  eran  de  su  patria,  y  muchos  sus  deudos,  se 
compadecían  de  ellos  y  estorbaban  á  los  demás  que  tratasen  á 
las  mujeres  y  niños  con  tanta  crueldad,  que  lo  mismo  hacía 
Cíortés  con  sus  Españoles.  Ya  que  se  acercaba  la  noche  se  re- 
tiraron á  su  real,  y  en  éste  concertaron  Cortés  é  Ixtlüxuchitl  y 
los  demás  Señores  y  capitanes,  del  día  siguiente  acabar  de  ga- 
nar lo  que  quedaba.  En  dicho  día,  que  era  de  San  Hipólito 
Mártir,  fueron  hacia  el  rincón  de  los  enemigos.  Cortés  por  las 
calles  y  IxUilxuchül  con  Sandoval,  que  era  el  capitán  de  los 
bergantines,  por  agua  hacia  una  laguna  pequeña,  que  tenía  avi- 
so IxUUxuchiU  cómo  el  Rey  estaba  allí  con  mucha  gente  en  las 
barcas.  Fuéronse  llegando  hacia  ellos.  Era  cosa  admirable  ver 
á  los  Mexicanos.  La  gente  de  guerra  confusa  y  triste,  arrima- 
dos á  las  paredes  de  las  azoteas  mirando  su  perdición;  y  los 
niños,  viejos  y  mujeres  llorando.  Los  Señores  y  la  gente  noble 
en  las  canoas  con  su  Rey,  todos  confusos.  Hecha  la  seña,  los 
nuestros  embistieron  todos  á  un  tiempo  al  rincón  de  los  ene- 
migos, y  diéronse  tanta  prisa  que  dentro  de  pocas  horas  le  ga- 
naron, sin  que  quedase  cosa  que  fuese  de  la  parte  de  los  ene- 
migos; y  los  bergantines  y  canoas  embistieron  con  las  de  éstos, 
y  como  no  pudieron  resistir  á  nuestros  soldados,  echaron  todas 
á  huir  por  donde  mejor  pudieron,  y  los  nuestros  tras  ellos. 
García  de  Holguín,  capitán  de  un  bergantín,  que  tuvo  aviso  por 
un  Mexicano  que  tenía  preso,  de  cómo  la  canoa  que  seguía  era 
donde  iba  el  Rey,  dio  tras  ella  hasta  alcanzarla.  El  Rey  Cuauh- 
temoc^  viendo  que  ya  los  enemigos  los  tenía  cerca,  mandó  á  los 


378  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

remeros  llevasen  la  canoa  hacia  ellos  para  pelear;  viéndose  de 
esta  manera,  tomó  su  rodela  y  macana,  y  quiso  embestir;  mas 
viendo  que  era  mucha  la  fuerza  de  los  enemigos,  que  le  ame- 
nazaban con  sus  ballestas  y  escopetas,  se  rindió.  García  de  Hol- 
gufn  lo  llevó  á  Cortés,  el  cual  lo  recibió  con  mucha  cortesía,  al 
fin  como  á  Rey,  y  él  echó  mano  al  puñal  de  Cortés,  y  le  dijo: 
¡Ah  capitán!  ya  yo  he  hecho  todo  mi  poder  para  defender  mi 
reino,  y  librarlo  de  vuestras  manos;  y  pues  no  ha  sido  mi  for- 
tuna favorable,  quitadme  la  vida,  que  será  muy  justo,  y  con 
esto  acabaréis  el  reino  Mexicano,  pues  á  mi  ciudad  y  vasallos 
tenéis  destruidos  y  muertos con  otras  razones  muy  lastimo- 
sas, que  se  enternecieron  cuantos  allí  estaban,  de  ver  á  este 
Príncipe  en  este  lance.  Cortés  le  consoló,  y  le  rogó  que  man- 
dase á  los  suyos  se  rindiesen,  el  cual  así  lo  hizo,  y  se  subió  por 
una  torre  alta,  y  les  dijo  á  voces  que  se  rindieran,  pues  ya  es- 
taba en  poder  de  los  enemigos.  La  gente  de  guerra,  que  sería 
hasta  sesenta  mil  de  ellos,  los  que  habían  quedado  de  los  tres- 
cientos mil  que  eran  de  la  parte  de  México,  viendo  á  su  Rey 
dejaron  las  armas,  y  la  gente  más  ilustre  llegó  á  consolar  á  su 
Rey.^  IxÜüxuchiU,  que  procuró  harto  de  prender  por  su  mano 

1  Acerca  del  lugar  donde  fué  hecho  prisionero  Guauhtemoc  ee  han  suscita- 
do varias  disputas.  El  Barón  de  Humboldt,  dice:  que  de  las  indagaciones  que 
hizo  con  el  sabio  P.  Pichardo  de  la  Profesa,  resulta,  que  fué  en  un  grande  es- 
tanque que  había  entre  la  garita  de  Peralvillo,  la  plaza  de  Tlaltelulco  y  el 
puente  de  Amaxac\  opinión  que  resulta  confirmada,  porque  hace  mención  Ja;- 
ÜilxuehiÜ  de  una  pequeña  laguna  que  había  allí.  Esta  era  una  caleta  por  don- 
de se  embarcaban  para  Atzcapotzalco,  ó  sea  un  fondeadero  por  donde  también 
ge  embarcó  el  rey  NezahMalcoyotl  y  el  rey  IxcoaÜ  de  México,  cuando  á  la  ca- 
beza de  trescientos  mil  texcocanos  y  mexicanos,  marcharon  á  destruir  el  impe- 
rio de  los  tecpanecas,  y  con  él  al  tirano  MaxÜa,  Todavía  existen  muchos  ñtig- 
mentos  do  lanzas  y  flechas  de  obsidiana  en  aqudla  llanura  de  Nuestra  Señora 
de  los  Ángeles,  y  yo  poseo  un  regatón  de  macana  recientemente  hallado,  que 
figura  una  púa  con  varios  canales  que  hacían  incurables  las  heridas  que  cau- 
sase; verdaderamente  es  horriblle  aquel  lugar 

Esta  nota  es  de  Bustamante;  la  única  digna  de  reproducirse. 

Verdaderamente  parece  increíble  que  no  pueda  fijarse  el  lugar  de  la  prisión 
de  Cuauhtemoc.  Según  unos  cronistas,  filé  ya  en  la  laguna,  cuando  trataba 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  379 

á  Guauhiemoc,  y  no  pudo  por  andar  en  canoa,  y  no  tan  ligera 
como  un  bergantín,  pudo  sin  embargo  alcanzar  dos,  en  donde 
iban  algimos  Príncipes  y  Señores,  como  eran  TeHapanquetza- 
feín,  heredero  del  reino  de  Tlacopan,  y  Tldcahuepardzin^  hijo  de 
Moteczuma  su  heredero,  y  otros  muchos;  y  en  la  otra  iban  la  reina 
PaparUzin  Oxomoc,  mujer  que  fué  del  Rey  GmÜáhua^ con  muchas 
Señoras.  Ixtíilxuchüllos  prendió  y  llevó  consigo  á  estos  Señores 
hacia  donde  estaba  Cortés:  á  la  reina  y  demás  Señoras  las  man- 
dó llevar  á  la  ciudad  de  Texcuco  con  mucha  guarda,  y  que  allá 
las  tuviesen.  Duró  el  cerco  de  México,  según  las  historias,  pin- 
turas y  relaciones,  especialmente  la  de  D.  Alonso  Axayaoa, 
ochenta  días  cabalmente.  Murieron  de  la  parte  de  IxÜxlaniolM 
y  reino  de  Texcuco,  más  de  treinta  mil  hombres,  demás  de 
doscientos  mil  que  fueron  de  la  parte  de  los  Españoles,  como 
ya  se  ha  visto:  de  los  Mexicanos  murieron  más  de  doscientos 
cuarenta  mil,  y  entre  ellos  casi  toda  la  nobleza  Mexicana,  pues 
que  apenas  quedaron  algunos  Señores  y  caballeros,  y  los  más 
niños  y  de  poca  edad.  Este  día,  después  de  haber  saqueado  la 
ciudad,  tomaron  los  Españoles  para  sí  el  oro  y  plata,  y  los  Se- 
ñores la  pedrería  y  plumas,  y  los  soldados  las  mantas  y  demás 
cosas,  y  estuvieron  después  de  esto  otros  cuatro  en  enterrar 
los  muertos,  haciendo  grandes  ñestas  y  alegrías.  Llevaron  mu- 
chos hombres  y  mujeres  por  esclavos,  y  luego  fueron  á  CW- 
Tmacan  con  todo  el  ejército,  en  donde  se  despidieron  con  todos 
los  Señores  de  IxtlUxuchülj  y  se  fueron  á  sus  tierras,  dando  pa- 
labra á  Cortés  de  ayudarle  en  todo  lo  que  les  quisiese  mandar^ 

de  ganar  la  orilla  del  Cuauhtlalpan:  según  otros  ñié  en  el  lugar  citado  por  Ix- 
tlllzochitl,  del  cual  queda  recuerdo  en  la  plazuela  llamada  de  la  Lagunilla. 
Cerca  de  ella  estaba  el  puente  del  Clérigo;  y  es  tradición,  que  ése  fué  el  sitio 
en  donde  Holguín  prendió  á  Cuauhtemoc. 

Sin  embargo  del  respeto  que  las  tradiciones  merecen,  el  relato  de  los  porme- 
nores de  la  prisión,  y  la  circunstancia  de  que  los  bergantines  de  Holguín  y 
Sandoval  siguieron  la  canoa  de  Cuaubtemoc  para  darle  alcance,  bacen  suponer 
que  navegaban  en  agua  abierta,  y  que  el  suceso  pasó  en  el  lago  entre  el  Norte 
de  México  y  las  tierras  de  Atzcaputzalco,  lugar  que  aproximadamente  señalan 
loe  primeros  cronistas. 


380  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

el  cual  se  los  agradeció  mucho,  y  los  Tlaxcaltecas,  Huexotzin- 
cas  y  Cholul tecas  se  despidieron  de  él.  Asimismo  se  fueron  á 
sus  tierras  ricos  y  contentos,  y  de  camino  los  Tlaxcaltecas  sa- 
quearon la  ciudad  de  Texcuco  y  otros  lugares,  robando  á  los 
vecinos  de  noche  sin  ser  sentidos,  y  á  tiempo  que  no  se  pudie. 
sen  defender  y  librar  sus  haciendas  de  ellos. 

Después  de  sucedidas  las  cosas  referidas,  y  los  Españoles  en 
Coyohuacan  servidos  y  regalados  de  los  Acuihuas  que  lostUlxu- 
chitl  les  tenía  mandado  que  acudiesen  con  todo  lo  necesario^ 
se  fué  á  su  ciudad  de  Texcuco,  en  donde  fué  muy  bien  recibi- 
do, y  hallóla  toda  saqueada  y  arruinada  por  los  Tlaxcaltecas. 
Mandó  reparar  y  Hmpiar  todo  lo  arruinado,  especialmente  los 
palacios  de  su  padre  y  abuelo,  y  de  otros  Señores  particulares. 
Envió  á  Tlaxcalan  á  reprender  á  los  Tlaxcaltecas  por  lo  mal 
que  habían  usado  de  la  ciudad  de  Texcuco,  siendo  su  patria 
antigua  de  donde  los  pasados  salieron.  Los  Tlaxcaltecas  se  dis- 
culparon lo  mejor  que  pudieron,  diciendo  que  ellos  no  tenían 
la  culpa,  porque  los  Españoles  los  invitaron,  con  otras  muchas 
razones.  Hizo  muchas  mercedes  á  todos  los  Señores  capitanes  y 
soldados  que  anduvieron  en  su  ejército  en  favor  de  los  cristia- 
nos, especialmente  á  los  que  se  señalaron  en  las  guerras.  Labró 
unas  casas  y  palacios  muy  grandes  con  los  Mexicanos  que  tra- 
jo de  México  y  él  prendió  personalmente,  que  eran  obra  de 
dos  mil  de  ellos,  en  el  sitio  que  llaman  TeepUpac}  que  su  padre 
le  dio  siendo  niño,  en  donde  se  crió;  y  mandó  á  todos  sus  va- 
sallos estuviesen  siempre  apercibidos  con  todo  lo  necesario,  asi 
para  guerras,  como  para  sustento  si  hubiese  necesidad. 

Cortés  que  estaba  en  Coyohrmcan,  viendo  que  no  se  hallaba 
todo  el  tesoro  que  él  vio  en  México  de  las  tres  cabeceras,  man- 
dó quemar  vivo  á  un  caballero  criado  del  Rey  CuavMefíioc^  y 
darle  tormento  de  fuego  por  los  pies,  por  más  que  le  dijeron 
los  Mexicanos  que  aunque  los  matase  á  todos  no  tuviese  espe- 

1  Tecpilpan  en  Kingsborough. 

2  Aquí  Ixtlilxochitl,  sin  duda  de  mala  fe,  supone  que  el  tormento  se  dio  á 
un  caballero  criado,  y  no  al  mismo  Cuauhtemoc. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  381 

ranza  de  hallar  el  tesoro,  porque  lo  echaron  en  el  sumidero  de 
la  laguna;  IxÜilxuchül,  que  no  pudo  sufrir  la  crueldad  de  Cor- 
tés, le  dijo  que  le  hiciese  placer  de  quitar  del  tormento  al  cria- 
do del  Rey  Guauhtemoc^  pues  sabía  claramente  que  era  en  vano 
cuanto  hacía  y  gran  inhumanidad,  que  así  daba  ocasión  á  que 
se  tornasen  á  rebelar.  Cortés,  conociendo  su  inhumanidad  y 
el  riesgo  tan  grande  que  corría,  lo  mandó  soltar.  Cahuanaeoch- 
tzin,  viéndose  muy  llagado  de  las  piernas  por  los  grillos  que 
tenía  puestos  desde  el  día  que  le  prendió  su  hermano,  le  rogó 
que  le  mandase  quitar  las  prisiones,  el  cual  le  dijo  á  Cortés  tu- 
viese por  bien  de  que  se  le  quitasen  á  su  hermano  los  grillos, 
porque  tenía  los  pies  bien  lastimados;  demás  de  que  ya  él  es- 
taba bien  castigado.  Cortés  respondió  que  hasta  que  de  Espa- 
ña viniese  recado  del  Emperador  no  le  podía  soltar,  porque 
con  la  flota  que  llevó  el  quinto  y  despojos  que  le  tocaron  á 
S.  M.,  le  envió  aviso  de  todo  lo  que  había,  y  presto  tendría  res- 
puesta; y  si  tan  lastimado  estaba,  que  mandase  traer  cierta 
cantidad  de  oro  de  Texcuco  para  rescatarlo  y  enviárselo  al  Em- 
perador, que  él  lo  tendría  por  muy  bien  hecho.  IxÜilxuchiÜ  le 
respondió  que  si  no  quedaba  más  que  por  el  oro,  que  más  que- 
ría la  salud  de  su  hermano  que  cuantos  tesoros  tiene  el  mun- 
do, y  así  envió  á  Texcuco  por  el  oro  que  había  quedado  en  los 
palacios  de  su  padre  y  abuelo,  y  por  todo  lo  que  él  tenía  en 
sus  casas,  y  se  lo  dio  á  Cortés;  el  cual  dijo  que  era  poco  para 
rescatar  á  un  gran  Señor  como  era  su  hermano,  y  que  era  me- 
nester más.  Envió  segunda  vez  á  Texcuco  á  todos  los  Señores 
sus  primos,  hermanos  y  deudos  que  tenían  sus  casas  dentro 
de  la  ciudad,  los  cuales  juntaron  todas  las  joyas  y  piezas  de  oro 
que  cada  uno  tenía,  y  junto  todo  el  oro  y  plata  que  se  sacó  de 
cuatrocientas  casas  de  Señores  que  había  dentro  de  la  ciudad, 
se  lo  enviaron  á  IxÜilxuchítl^  el  cual  se  lo  dio  á  Cortés,  y  res- 
cató á  su  hermano  y  lo  envió  á  Texcuco,  en  donde  gus  vasa- 
llos lo  recibieron  con  hartas  lágrimas  de  verlo  tan  enfermo 
flaco  y  maltratado,  y  le  curaron.  En  el  ínterin  que  sucedían 
estas  cosas,  el  Rey  de  Michuaca/n  llamado  Catzontzi,  como  tu- 


382  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

viese  noticia  de  la  destrucción  de  México,  temiéndose  de  los 
cristianos  y  sus  amigos  no  fuesen  sobre  su  reino,  envió  sus  em- 
bajadores para  que  diesen  el  parabién  á  Cortés,  ofreciéndose 
servir  al  emperador  y  ser  su  amigo;  y  lo  mismo  á  IxÜüxiAchiÜ 
por  la  ayuda  que  dio  á  Cortés,  y  dándole  las  gracias  de  todo  lo 
que  había  hecho  en  favor  de  los  cristianos,  y  á  los  Señores  Me- 
3dcanos  y  los  de  su  parte  el  pésame  de  sus  trabajos  y  perse- 
cución. Vino  á  esta  embajada  el  hermano  del  Rey  con  más  de 
mil  hombres  en  su  compañía.  Todos  se  holgaron  de  esta  em- 
bajada y  paces  con  Michuacanj  como  que  fué  de  mucha  consi- 
deración, y  les  quitaron  el  trabajo  á  los  Aculhuas  de  irlo  á  con- 
quistar, por  ser  reino  [muy  grande  y  de  gente  muy  belicosa. 
Envió  Cortés  á  Cristóbal  de  Olid  con  cien  Españoles  de  á  pie 
y  cuarenta  de  á  caballo,  y  Ixtlüxuchül  más  de  cinco  mil  hom- 
bres para  su  servicio  y  ayuda.  Llegados  á  iñchiacan,  en  la 
ciudad  de  ChiuúüUm^  que  era  la  corte  y  cabecera  de  este  reino, 
Catzontzi  los  recibió,  y  se  holgó  mucho  de  ver  á  los  cristianos, 
y  se  holgó  también  de  que  poblasen  en  su  ciudad,  y  así  pobla- 
ron, y  dio  su  palabra  de  ser  amigo  de  allí  adelante  de  los  Es- 
pañoles y  Aculhuas,  y  que  todos  fuesen  sus  amigos  y  de  su 
parte. 

La  provincia  y  reinos  sujetos  á  Texcuco  que  están  hacia  las 
costas  del  mar  del  Sur  y  Norte,  con  la  prisión  y  muerte  del 
Rey  Cacama  se  rebelaron  contra  los  Españoles  y  mataron  á  los 
que  había  en  sus  tierras,  que  andaban  buscando  oro  y  resca- 
tando con  los  naturales;  aunque  Tecocottzin  y  IxtlilxuchiU  les 
enviaron  á  requerir  se  diesen  de  paz  á  los  cristianos  y  viniesen 
en  favor  de  ellos  en  las  guerras  pasadas  de  México,  nunca  pu- 
dieron con  ellos;  y  así  acordaron  Cortés  y  IxÜilxuchiÜ  enviar 
gente  de  guerra  sobre  ellos  y  sujetarlos.  Había  como  dos  me- 
ses, pocos  días  más,  que  estaban  en  Coyohvxvcan,  cuando  envió 
Cortés  á  .Gonzalo  de  Sandoval  sobre  Guatzaciuiho^  Toxtepee  y 

1  En  Kingsborough  dice:  Mixhuacan  y  Chiuzizilan.  El  verdadero  nombre 
de  la  capital  tarasca  era  Tzíntzuntzan. 

2  Coatzacualco,  Tochtepec  y  Cuauhtochco. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  38S 

HiuUoxco^  y  otras  partes  con  doscientos  Españoles  á  pie  y  trein- 
ta y  cinco  de  á  caballo;  IxÜiLmclúU  envió  con  ellos  treinta  mil 
hombres  de  guerra,  y  por  capitanes  á  ciertos  hermanos  suyos, 
y  algunos  Señores  y  soldados  viejos,  deudos  y  vasallos;  y  lle- 
gados á  Huaxtoco,  (ó  sea  Huaioxco)  envió  el  general  de  los 
Aculhuas  á  apercibir  á  los  de  esta  provincia  con  la  paz,  si  no 
querían  guerra,  los  cuales  se  dieron  de  paz,  y  poblaron  aquí  lod 
Españoles,  y  llamáronle  Medellín,  que  está  á  ciento  veinte  le- 
guas: de  aquí  fueron  sobre  CohuaJtzaooalco^  en  donde  tuvieron  al- 
guna resistencia,  porque  los  naturales  de  esta  provincia  no  se 
querían  dar  de  paz,  y  una  noche  ganaron  un  lugar  de  esta  pro- 
vincia, lo  que  bastó  para  que  se  diesen  á  los  nuestros,  que  eran 
muchos  pueblos  que  estaban  en  las  riberas  del  río  de  Cohuci- 
Uacoalco;  y  cerca  de  la  mar  obra  de  cuatro  leguas  de  ellas,  po- 
bló Sandoval  la  villa  del  Espíritu  Santo,  en  donde  quedaron 
algunos  Aculhuas  en  compañía  de  los  Españoles  pobladores, 
como  habían  hecho  en  los  demás,  y  desde  aquí  enviaron  los 
capitanes  y  Aculhuas  de  parte  de  Ixtíüxuchitl  á  los  de  las  pro- 
vincias de  Qiiecholan^  ZihuaÜan,  Quelzaltq)ec^  Tabasco  y  otros 
muchos  pueblos  y  lugares  sujetos,  así  de  Texcuco,  como  de 
México  y  Tlacopan,  requiriéndoles  se  diesen  de  paz,  y  fuesen 
amigos  de  los  Españoles;  los  cuales  así  lo  hicieron,  y  vinieron 
los  Señores  de  estas  provincias  á  la  villa  del  Espíritu  Santo,  en 
donde  trataron  de  las  paces  con  el  general  de  Texcuco  y  San- 
doval, y  les  dieron  los  tributos  que  había  cad  dos  años  que  no 
habían  acudido  con  ellos  á  Texcuco. 

Asimismo,  en  este  tiempo  envió  IxÜilxuchUl  alguna  gente  dé 
guerra  en  favor  de  los  de  Tepeaca^  Itzocan  y  otras  ciudades  su- 
jetas á  Texcuco,  contra  los  de  los  reinos  de  la  Mixtecaj  Tzapote- 
ca  y  Huaxacac  ^  que  les  hacían  mucho  daño  por  ser  sus  cir- 
cunvecinos. Tuvieron  tres  batallas  en  diversas  veces  por  ser 
gente  muy  belicosa.  Murieron  muchos  de  ambas  partes;  mas 
luego  sujetaron  á  Huaxacac  y  gran  parte  de  la  Mxteca* 

1  Hoy  Oaxaca. 


384  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

IxÜUxucMÜ  envió  ciertos  mensajeros  á  Tecuantepec,  Tzaca- 
tecan  y  otras  provincias  que  también  estaban  reveladas  contra 
Texcuco  y  los  españoles,  á  requerirles  se  diesen  de  paz;  y  con 
ellos  fueron  cuatro  castellanos  por  dos  caminos  que  envió  Cor- 
tés para  que  reconociesen  la  mar  del  Sur;  y  llegados  á  ésta  los 
Señores  con  toda  la  demás  gente,  se  enviaron  á  disculpar  y  á 
pedirle  perdón  á  IxtlüxuchiÜ  por  no  haberle  querido  obedecer, 
y  á  los  Españoles  por  no  haber  venido  á  favorecerlos;  y  traje- 
ron los  tributos  y  reconocimiento  de  dos  años  pasados  que  no 
habían  acudido  con  ellos.  Sólo  Tototepec  se  negó,  que  no  se 
quiso  dar  de  paz,  sino  que  antes  se  enojó  contra  los  demás  por- 
que habían  hecho  amistad  con  IxtlüxuchiÜ  y  los  Españoles;  y 
así  le  enviaron  á  rogar  enviase  gente  de  guerra  en  favor  de  ellos 
para  sujetar  á  Tototepec,  y  pidiese  á  Cortés  algunos  cristianos 
que  fuesen  también  en  favor  de  ellos.  Cortés  teniendo  muy 
entera  relación  de  la  mar  del  Sur,  por  los  cuatro  Españoles  que 
fueron  con  los  mensajeros  de  IxtlüxuchiÜ,  envió  á  Pedro  de 
Alvarado  en  favor  del  Señor  de  Tecuantepe^  y  los  demás  que 
eran  de  nuestra  parte  con  doscientos  Españoles  y  cuarenta  de 
á  caballo,  y  dos  mil  hombres  de  guerra  que  envió  IxtlüxuchiÜ 
con  ellos.  Fueron  en  el  año  de  1522,  y  tardaron  un  mes  en  el 
camino  por  Huaxacac.  Hallaron  en  algunos  lugares  alguna  re- 
sistencia; y  llegados  á  Tototepec,  envió  el  general  de  los  Acul- 
huas  á  requerir  al  Señor  se  diese  de  paz  él  y  toda  la  provincia, 
el  cual  se  dio,  aunque  ñngidamente,  y  recibieron  á  los  nuestros, 
y  los  quiso  llevar  á  unas  casas  suyas  muy  grandes  para  apo- 
sentarlos allí.  Los  Aculhuas  dijeron  á  Alvarado  no  hiciese  tal, 
porque  eran  avisados  de  que  aquella  noche  los  habían  de  que- 
mar á  todos  dentro  de  las  casas,  porque  tenían  las  cubiertas 
de  paja.  Alvarado  lo  hizo  así,  y  aposentáronse  en  lo  bsgo  de  la 
ciudad,  y  detuvo  al  Señor  y  á  un  hijo  suyo,  los  cuales  viendo 
que  estaban  casi  presos,  y  que  les  entendieron  la  traición,  se 
rescataron  en  más  de  veinte  y  cinco  mil  castellanos  de  oro 
Poblaron  esta  ciudad  y  provincia,  y  enviaron  á  requerirle  con 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  385 

la  paz  los  de  las  provincias  de  (Joazllahuac^  Tlaxquiaxihco  ^  y 
otras  partes,  que  también  estaban  rebelados,  los  cuales  se  die- 
ron luego  de  paz;  y  con  tanto,  se  volvieron  los  Aculhuas  á  Tex- 
cuco  y  Alvarado  á  Coyohudcan,  en  donde  dieron  razón  de  todo 
lo  que  fueron  á  hacer  en  esta  jornada. 

Cortés,  viendo  que  los  de  la  costa  del  mar  del  Sur  eran  ami- 
gos, acordó  de  enviar  cuarenta  Españoles,  carpinteros  y  mari- 
neros á  Zacatiilan^  para  labrar  dos  bergantines  y  descubrir  toda 
aquella  costa,  y  dos  caravelas  para  buscar  islas,  que  tenía  no- 
ticia había  algunas  muy  ricas;  y  para  esto  pidió  á  IxÜüxuehitt 
que  le  diese  algunos  carpinteros  y  gente  para  que  fuese  con 
ellos,  y  que  les  llevase  el  hierro,  armas,  velas,  maromas  y  otras 
jarcias  de  unas  que  estaban  en  la  Veracruz;  todo  lo  cual  hizo 
IxUUxuchiU  con  toda  puntualidad,  mandando  á  sus  vasallos 
acudiesen  á  los  Españoles  con  todo  lo  que  les  pidiesen  y  hu- 
biesen menester. 

Tuvieron  noticia  Cortés  é  IxÜUxuchiÜ  de  cómo  Cristóbal  de 
Olid  fué  vencido  de  los  de  Coliman^  y  que  le  mataron  diez  Es- 
pañoles y  muchos  Michuacanenses  que  eran  en  su  favor;  el 
cual  desde  Mkhiuican,  por  orden  de  Cortés,  iba  á  Zacatulan 
para  ver  los  bergantines  con  más  de  cien  Españoles  y  cuarenta 
de  á  caballo  y  muchos  naturales  de  Michuaccm;  y  queriendo  su- 
jetar á  Coliman  de  camino,  le  fué  muy  mal  como  está  referido; 
y  así  Cortés  envió  luego  á  Gonzalo  de  Sandoval  con  sesenta 
peones  y  veinte  y  cinco  de  á  caballo,  é  IxtlUxuchiÜ  mandó  fue- 
sen con  ellos  diez  y  seis  mil  hombres  de  guerra,  y  que  vengase 
y  castigase  á  los  de  Coliman^  y  también  á  los  de  ImpiUzinco^ 
que  hacían  guerras  á  sus  vecinos  porque  eran  amigos  de  los 
Españoles  y  de  la  parte  de  IxUUxiu^iU;  Sandoval  y  los  Acul- 
huas fueron  derechos  sobre  ImpiUzinco.  Estuvieron  sobre  los 
de  esta  provincia,  y  nunca  los  pudieron  sujetar  por  ser  gente 
muy  belicosa,  y  en  tierra  muy  áspera,  y  asi  se  fueron  de  aquí 
á  Zacatulan^  en  donde  tomaron  más  gente,  y  fueron  sobre  Cb- 

1  Hoy  TlaxUco  en  el  Estado  de  Oaxaca. 

Tomo  1—25 


386  OBRAS    HISTÓRia\S  DE 

liinan^  que  está  sesenta  leguas  de  Zacaiulan;  y  llegados,  tuvie- 
ron una  cruel  batalla.  Murieron  algunos  Aculhuas,  y  de  los 
enemigos  muchos  de  ellos;  los  cuales  viéndose  muy  oprimi- 
dos de  los  nuestros,  se  rindieron  con  los  de  Imjnltzinco^  Zihua- 
Üan,  Zelimatlec  y  otros  pueblos;  y  después  de  haber  sujetado 
estas  provincias  y  poblado  á  Colhnan^  se  tornaron  los  nues- 
tros. 

Ixtlihuchití  en  el  Ínterin  que  sucedían  las  cosas  referidas,  an- 
daba ocupado  en  la  reedificación  de  México  con  más  de  cua- 
trocientos mil  hombres,  así  oficiales,  como  carpinteros,  y  alba- 
ñíles  y  peones,  y  vivía  en  Tlatelulco,  en  donde  despachaba  sus 
capitanes  para  las  saUdas  que  se  hacían,  y  gobernaba  toda  la 
tierra,  especialmente  lo  que  era  la  parte  de  los  Aculhuas.  Re- 
edificóse México  por  acuerdo  de  IxlUlxuchitl  y  de  los  demás 
Señores,  por  ser  la  ciudad  en  donde  mayor  resistencia  tuvie- 
ron los  cristianos  y  trabajos  de  los  Aculhuas,  que  les  costó 
harta  sangre  á  IxtUlxuchiÜ  y  á  los  suyos,  para  memoria  en  los 
tiempos  venideros  de  esta  insigne  victoria  que  tuvieron  contra 
México.  Labráronse  más  de  cien  mil  casas,  mejores  que  las 
que  solía  haber,  y  más  de  cuarenta  mil  casas  más  de  las  que 
antes  había.  Y  asimismo  IxtlUxuchitl  labró  ciertas  casas,  y  cú- 
pole  en  la  repartición  á  Tlatelulco,  y  á  los  demás  Señores  á 
cada  uno  su  barrio,  como  fué  á  Tlacahuepajüzin  hijo  de  Motee- 
zuma^  que  se  llamó  D.  Pedroy  el  barrio  de  Atzacualco.^ 

Como  hubiese  Cortés  ganado  á  México,  envió  luego  á  dar 
aviso  al  Emperador  nuestro  Señor  de  todo  lo  que  había  he- 
cho, y  envió  á  pedirle  despachase  religiosos  para  la  conversión 
de  los  naturales;  y  así  su  Majestad  envió  á  decir  á  Cortés,  que 
avisaría  á  Su  Santidad,  y  con  su  facultad  y  licencia  los  envia- 
ría; y  por  esta  vez  no  envió  más  de  cinco  ó  seis  religiosos  de  la 
orden  de  San  Francisco,  entre  ellos  el  Padre  Fr.  Pedro  de 
Gante,  pinmo  de  Su  Majestad,^  y  otros  cuatro  clérigos;  y  tuvo 

1  Hoy  Be  llama  San  Sebastián. 

2  Era  hijo  natural  del  Emperador,  persona  religiosísima  y  benéfica  á  los 
indios;  su  retrato  está  en  la  escalera  de  San  Francisco  de  México.    £1  padre 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  387 

por  bien  todo  lo  que  había  hecho.  Llegaron  estos  religiosos  en 
el  año  de  1522,  ya  que  IxtíiLcuchUl^cabó  de  reedificar  á  México; 
Cortés  le  dijo  á  IxtULvuchiÜ  que  le  daba  en  nombre  del  Empe- 
rador para  él  y  sus  descendientes  tras  provincias,  que  eran 
Otuviba  con  treinta  y  tres  pueblos,  Itziuhcohuac  con  otros  tan- 
tos, que  cae  hacia  la  parte  de  Panuco  y  Cholula  con  ciertos 
pueblos.  IxtlilxuchiÜ  le  respondió  que  lo  que  le  daba  era  suyo 
y  de  ms  pasados^  y  que  no  se  lo  habían  quitado  á  nadie  para 
que  les  hiciese  merced,  que  Cortés  y  los  suyos  gozasen  aquello, 
pues  habían  pasado  tantos  trabajos  y  caminado  tantas  leguas 
por  mar  y  tierra,  con  harto  riesgo  de  sus  vidas;  que  así  como 
los  de  aquellas  provincias  y  las  demás  que  eran  del  reino  de 
Texcuco  eran  sus  vasallos,  le  habían  de  acudir  á  él  y  á  sus  her- 
manos como  á  sus  Señores  naturales,  y  otras  muchas  razones; 
las  cuales  oídas  por  Cortés,  y  viendo  que  respondía  la  verdad, 
calló  y  no  le  repitió  más.  IxtlilxuchiÜ  se  fué  á  Texcuco  y  allí 
se  concertaron  entre  él  y  su  hermano  Cohuanacochtzin^  de  par- 
tir por  medio  el  reino  de  Texcuco,  en  este  modo:  que  CoRua- 
nacocktzin,  como  Señor  que  era,  se  quedase  en  la  ciudad  de 
Texcuco  y  tomase  para  sí  todas  las  provincias  que  caen  hacia 
la  parte  del  Mediodía,  que  son  Choleo^  Ouauhnahuac^  Itzocan^ 
Tlahuic  y  las  demás  hasta  la  mar  del  Sur,  y  la  otra  mitad  que 
cae  hacia  la  parte  del  Norte,  echando  sus  linderos  y  mojone- 
ras por  TepeUaoztoc^  Papaluca^  Tenayucan^  ChimanauMla  y 
XaUooan:  hizo  cabecera  Otumpan  y  Teotihua^can;  y  tomó  para 
sí  á  Tolantzínco,  Tziuhcohuac^  TloÜauhquiíepeCj  PaJiuaÜa  y  los 
demás  hasta  la  mar  del  Norte  y  Panuco.  Hechos  los  conciertos 
se  fué  IxUUxuchiÜ  á  Otumba^  en  donde  edificó  ciertos  palacios 

Gante  fué  lego  de  San  Francisco:  nunca  quiso  ordenarse  ni  ser  obispo  de  Mé- 
xico. 

Esta  nota  es  de  Bustamante,  y  la  he  dejado  porque  expresa  la  creencia  ge- 
neral sobre  el  parentesco  de  Gante  y  Carlos  V.  Por  estudios  posteriores  pare- 
ce que  el  primero  era  hijo  del  Emperador  Maximiliano.  El  cuadro  que  lo  re- 
presenta enseñando  á  los  indios,  el  cual  estaba  en  San  Juan  de  Letrán,  está 
ahora  en  el  Museo. 


388  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

para  su  morada,  y  lo  mismo  hizo  en  Teotihuacan^  al  cual  entró 
el  postrero  día  del  año  de  nahui  Toxtli,  que  en  nuestra  cuenta 
fué  á  19  de  Marzo  del  año  de  1623. 

Los  Señores  Mexicanos  que  habían  escapado  de  la  guerra 
de  México,  viendo  á  su  Rey  Cuauhtemoc  atormentado  por  el 
tesoro,  se  amotinaron,  y  además  se  alzaron  otra  vez  contra 
Cortés,  como  se  lo  dijo  IxtlilxuchiÜ;  el  cual  con  tiempo  lo  re- 
medió; y  ftieron  presos  los  más  culpados,  y  fueron  muchos  de 
ellos  sentenciados  á  muerte,  unos  ahorcados  y  á  otros  les 
echaron  loa  perros  que  los  despedazaron^  entre  ellos  fué  Cohuana" 
cocMzin^  de  lo  cual  se  enojó  mucho  IxtlilxuclúÜ  contra  Cortés, 
y  á  pesar  de  los  Españoles  lo  mandó  quitar  de  los  perros,  que 
ya  le  querían  despedazar. 

Asimismo,  en  el  ínterin  que  se  estaba  ediñcando  México, 
fueron  Cortés  y  IxtUlxnchitl  sobre  el  reino  de  Panuco^  que  es- 
taban rebelados  algunos  lugares  á  Texcuco;  y  los  de  Panuco 
habían  muerto  á  ciertos  Españoles,  y  hecho  otras  insolencias 
y  agravios  á  los  nuestros.  Tomó  Cortés  trescientos  Españo- 
les de  á  pie  y  ciento  cincuenta  de  á  caballo,  y  IxÜüxuchiÜ 
más  de  cuarenta  mil  Aculhuas  y  algunos  Mexicanos.  Llegaron 
á  Ayntochtülan^  donde  le  salieron  al  encuentro  los  enemigos,  y 
en  un  campo  raso  y  llano  tuvieron  una  cruel  batalla,  y  murie- 
ron de  los  de  IxtlüxuchiÜ^  como  eran  los  primeros,  más  de  cin- 
co mil  de  ellos,  y  de  los  enemigos  tres  tantos  más;  fueron 
heridos  cincuenta  Españoles,  y  estuvieron  aquí  cuatro  días  des- 
cansando, donde  vinieron  de  los  lugares  de  Texcuco  que  esta- 
ban rebelados  á  darse,  y  trajeron  todos  los  tributos  de  los  años 
que  no  habían  dado.  Ixüilxuchül  los  perdonó;  y  luego  fueron 
á  CTií/a,  que  era  donde  desbarataron  á  Francisco  de  Garay,  que 
está  cerca  de  la  mar;  y  llegados  á  este  lugar,  envió  IxÜilxuchiÜ 
sus  mensajeros  á  toda  la  comarca,  requiriéndoles  que  se  die- 
sen de  paz  á  los  Españoles.  Ellos,  conñando  en  su  valor  y  lu- 
gares fuertes,  nunca  quisieron  darse  de  paz.  Estuvieron  casi 
quince  días  aguardando  si  se  darían;  y  visto  por  Cortés  é  Ixtlil- 
xuchiÜ que  no  querían  darse  de  paz,  sino  que  antes  habían 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  389 

muerto  á  ciertos  mensajeros,  les  dieron  guerra;  y  como  no  los 
pudiesen  sujetar,  porque  estaban  metidos  en  sus  lagunas,  una 
noche,  después  de  haber  hallado  cierta  cantidad  de  canoas,  sin 
ser  sentidos,  pasaron  con  ellas  á  la  otra  parte  del  río.  Cortés 
con  ci^n  personas  y  cuarenta  de  á  caballo,  y  Ixtlilxuchitl  con 
hasta  veinte  mil  hombres;  y  como  fuese  amaneciendo  fueron 
vistos  por  los  enemigos,  y  cargaron  tanto  sobre  ellos  que  por 
poco  fueran  vencidos  y  muertos  los  nuestros;  mas  se  dieron 
tan  buena  maña  que  vencieron  á  los  enemigos,  y  seguidos  más 
de  una  legua,  en  donde  murieron  grandísima  suma  de  ellos, 
aunque  fueron  heridos  diez  mil  de  los  de  IxÜihuchiÜ.  Durmie- 
ron aquella  noche  los  nuestros  en  un  pueblo  despoblado  sin 
^ente,  y  en  los  templos  se  hallaron  los  cueros  de  los  Españo- 
les de  Garay  que  los  habían  desollado,  y  los  vestidos  y  armas 
colgados  por  las  paredes,  en  lo  cual  se  echa  de  ver  claramente 
que  los  primeros  Españoles  que  vinieron  á  estas  partes  sin 
amigos,  eran  de  poco  efecto,  y  siempre  llevaban  lo  peor;  lo  cual 
sucedió  muy  á  la  contra  á  Cortés,  que  donde  quiera  que  él  iba 
á  sujetar  ó  tener  guerra  con  alguna  provincia,  salía  siempre 
vencedor  por  tener  amigos,  los  cuales  eran  los  que  guiaban  la 
danza  y  corrían  los  primeros  riesgos.  De  este  lugar  en  donde 
hicieron  noche,  fueron  á  otro  muy  hermoso  y  de  mucha  fres- 
cura, en  donde  estaban  muchos  enemigos  con  armas  y  en  ce- 
lada para  coger  á  los  nuestros  dentro  de  las  casas;  los  cuales 
tuvieron  aviso  de  esto,  y  así  notando  los  enemigos  que  eran 
vistos  salieron  á  pelear  con  los  nuestros,  y  tuvieron  este  día 
una  grandísima  batalla,  en  donde  murieron  muchos  de  ellos,  y 
alguna  cantidad  de  los  nuestros,  y  fueron  heridos  muchos  Es- 
pañoles. Fueron  vencidos  tres  veces  este  día;  mas  luego  se  re- 
hicieron otras  tantas,  y  viéndose  fatigados  se  echaron  á  un  río 
que  por  allí  pasaba,  y  poco  á  poco  se  pusieron  á  la  otra  banda 
y  se  pararon  á  la  orilla,  y  estuvieron  allí  fuertes  hasta  que  ce- 
rró la  noche;  y  los  nuestros  tornaron  al  lugar,  en  donde  cena- 
ron IxtlUxuchUl  y  los  suyos  yerbas  y  algunas  frutillas  silvestres í 
y  Cortés  y  los  suyos  un  caballo,  y  durmieron  con  mucha  guar- 


390  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

da.  otro  día  fueron  sobre  cuatro  pueblos  que  todos  estaban 
despoblados,  y  durmieron  en  unos  maizales,  en  donde  mataron 
la  hambre,  y  anduvieron  otros  dos  días;  y  como  no  hallaron 
gente  se  volvieron  á  Ghila,  en  donde  tenían  el  real,  y  la  noche 
siguiente  después  que  estaban  en  Cliila,  fueron  sobre  un  gran 
pueblo  que  está  en  la  orilla  de  una  laguna,  y  lo  destruyeron 
por  agua  y  tierra,  y  saquearon  todas  las  casas.  Los  vecinos 
luego  se  rindieron,  y  dentro  de  veinte  y  cinco  días,  que  estu- 
vieron allí  los  nuestros,  se  rindieron  los  demás  que  estaban  en 
la  comarca  y  ribera  del  río,  y  pobló  Cortés  un  lugar  que  está 
cerca  de  Chüa^  que  le  puso  Santiesteban  del  Puerto,  y  puso 
allí  cierta  cantidad  de  Españoles,  y  Ixtlilxuchitl  mandó  se  que- 
dasen algunos  de  sus  vasallos  con  ellos,  y  asolaron  á  Panuco 
Chila  y  otros  lugares  grandes  por  las  crueldades  que  hicieron 
con  los  de  Garay,  y  con  tanto  dieron  vuelta  para  México;  y 
luego  sucesivamente  en  este  tiempo  se  rebelaron  Tototepec  del 
Norte,  con  otros  veinte  y  tantos  pueblos  sujetos  á  la  ciudad  de- 
Texcuco,  y  así  les  fué  forzoso  ir  sobre  ellos  á  Cortés  y  Ixüilxu- 
cJiül  con  más  de  treinta  mil  hombres  de  guerra.  Pelearon  con 
ellos,  y  Ixtlilxuchitl  prendió  por  sus  propias  manos  al  general 
y  al  Señor  de  Tototepec,  y  se  lo  entregó  á  Cortés,  el  cual  lo 
mandó  ahorcar.  Murió  de  ambas  partes  cantidad  de  gente,  y 
los  que  fueron  presos  y  cautivos  fueron  vendidos  por  esclavos. 
Hizo  Señor  de  Tototepec  IxttilxuchiÜ  á  un  hermano  del  que  so- 
lía ser. 

Los  españoles  que  habían  quedado  en  Panuco,  y  especial- 
mente cierta  cantidad  do  ellos  que  eran  de  la  parte  de  Garay, 
hicieron  tantas  insolencias  á  los  de  Panuco,  que  les  fué  forzoso 
rebelarse,  no  pudiendo  sufrir  á  los  españoles,  y  así  mataron 
más  de  cuatrocientos  de  ellos;  y  como  tuviese  Cortés  aviso  de 
esto,  pidió  á  Ixtlilxuchitl  socorro  de  gente  y  al  rey  OuauhtemoCy 
el  cual  y  sus  vasallos  habían  convalecido,  y  cada  uno  de  ellos- 
dio  más  de  quince  mil  hombres  de  guerra  con  Gonzalo  de  San- 
doval,  y  cincuenta  de  á  caballo  y  cien  de  a  pié,  y  los  enviaron- 
á  Panuco,  yendo  por  general  de  los  Aculhuas  Yoyoizin  herma- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  391 

no  menor  de  IxtlUxuchiU,  y  de  los  Mexicanos  un  sobrino  de 
Cuauhtemoc.  Llegados  á  Panuco^  pelearon  con  los  enemigos 
dos  veces  y  los  vencieron,'hasta  entrar  en  Santiesteban,  en  don- 
de no  hallaron  más  que  cien  españoles,  que  si  se  tardaran  un 
día  más,  no  hallaran  ninguno,  y  luego  se  repartieron  en  tres 
partes  y  entraron  por  la  tierra  adentro,  matando,  saqueando 
y  quemando  todas  las  casas,  de  modo  que  dentro  de  pocos  días 
lo  saquearon  todo  y  mataron  una  infinidad  de  indioá.  Fueron 
presos  por  los  nuestros  [sesenta  Señores  de  pueblos,  y  cuatro- 
cientos Caballeros  y  Capitanes,  sin  otra  mucha  gente  común; 
los  cuales  fueron  condenados  á  muerte  y  quemados,  salvo  la 
gente  menuda  que  la  soltaron.  Halláronse  en  este  castigo  sus 
propios  hijos,  especialmente  los  herederos  para  que  escarmen- 
tasen, y  luego  se  les  dieron  sus  señoríos;  y  con  tanto  se  allanó 
Panuco,  y  los  nuestros  se  volvieron  á  México. 

En  el  año  de  1523,'  teniendo  noticia  Ixtíilxuchitl  y  Guanhien 
modzin,  que  los  de  Cuauhtemalan,  Otlatlan,  Chiapan,  Xoconuaco 
y  otras  provincias  de  la  Costa  del  Sur,  sujetas  á  lastres  cabece- 
ras, estaban  rebeladas  pocos  días  había,  y  hacían  guerra  á  los 
que  eran  de  la  parte  de  los  cristianos  sus  mortales  enemigos, 
porque  les  habían  hecho  ciertas  insolencias  y  agravios,  dieron 
aviso  á  Cortés,  el  cual  tenía  presupuesto  de  enviar  ciertos  es- 
pañoles para  que  reconociesen  la  tierra;  y  visto  que  era  menes- 
ter sujetar  primero  á  estos  lugares,  dijo  á  los  Señores,  que 
mandasen  á  sus  vasallos  le  diesen  socorro  para  que  fuesen  con 
Alvarado  á  sujetarlos.  Cuauhtemoc  y  IxtlUxuchiÜ^  que  ya  tenían 
apercibidos  á  sus  vasallos,  juntaron  veinte  mil  hombres  de  gue- 
rra, y  muy  expertos  en  la  malicia  y  tierras  de  la  Costa,  enviando 
cada  uno  de  ellos  su  general  con  diez  mil  hombres  de  guerra, 
los  cuales  fueron  con  Alvarado,  y  llevaba  más  de  trescientos 
españoles.  Salieron  de  México  á  6  de  Diciembre:  fueron  por 
Tecuantepec  á  Xoconusco,  ^  y  de  camino  castigaron  muchos  luga- 
res que  estaban  rebelados,  especialmente  á  TzapoÜan,  una  ciu- 

1  Xoconochco. 


392  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

dad  muy  fuerte  y  grande,  en  donde  pelearon  con  ellos  hartos 
días  y  murió  de  ambas  partes  cantidad  de  gente,  y  fueron  he- 
ridos muchos  españoles,  y  sujetó  á  Tzapotlan.  Fueron  sobre 
Qudzaltenanco^  y  estuvieron  tres  días  por  el  camino,  el  pri- 
mero de  los  cuales  pasaron  ríos  con  mucho  trabajo;  el  segundo 
una  cuesta  muy  alta  y  áspera,  que  tenía  más  de  cinco  leguas;  y 
en  un  reventón  de  ésta  hallaron  más  de  cuatro  mil  enemigos 
y  pelearoh  con  ellos  hasta  desbaratarlos;  y  más  adelante,  en 
un  llano,  halló  más  de  treinta  mil  de  ellos,  y  pelearon  y  los 
desbarataron;  y  más  adelante  fueron  á  ciertas  fuentes  y  toma- 
ron á  pelear  con  los  mismos;  mas  luego  los  vencieron,  los  cua- 
les se  rehicieron  á  la  falda  de  una  sierra  y  revolvieron  sobre 
los  nuestros  con  más  ánimo  que  antes.  Tuvieron  una  guerra 
muy  reñida;  mas  luego  los  vencieron  y  fueron  tras  ellos,  y  en 
el  alcance  mataron  infinitos  de  los  que  huían,  y  prendieron  al 
General  que  era  uno  de  los  cuatro  Señores  que  había  en  aque- 
lios  tiempos  en  OíUülan.  También  murieron  muchos  de  los 
nuestros  y  algunos  españoles.  Otro  día  entraron  en  QuetzaHe- 
naneo  y  no  hallaron  á  nadie,  y  allí  se  abastecieron  de  comida 
y  otras  cosas  necesarias;  seis  dias  después  que  salieron  de  lio- 
poüariy  y  después  de  haber  corrido  la  tierra  los  de  QuHzaÜer- 
naneo,  se  juntaron  y  vinieron  sobre  los  nuestros,  saliéronles  al 
encuentro  y  pelearon  muy  bien;  mas  los  de  Qudzaltenanoo,  co- 
nociendo la  furia  de  los  nuestros,  se  retiraron,  y  en  el  alcance 
mataron  grandísima  suma  de  ellos,  especialmente  al  pasar  un 
arroyo.  Los  Capitanes  y  Señores  se  recogieron  á  un  cerro  pe- 
leando, en  donde  fueron  presos  y  muertos;  y  viendo  los  Seño- 
res de  Otlatlan  y  Quetzaltenanco  que  estaban  vencidos,  convo- 
caron á  sus  vecinos  y  trataron  de  paces  á  los  nuestros,  aunque 
falsamente,  y  les  dieron  muchas  mantas,  oro  y  otras  cosas  á 
sus  aliados;  y  después  que  los  tuvieron  juntos,  enviaron  á  lla- 
mar á  los  nuestros  que  fuesen  á  Otlatlan  que  allí  serían  bien 
recibidos.  Los  nuestros  fueron,  y  como  hallaron  ciertas  seña- 
les de  la  celada  que  los  de  OtlaÜan  les  tenían  hecha,  saliéronse 
fuera,  aunque  con  algún  daño;  diéronse  tan  buena  maña,  que 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  393 

prendieron  á  los  Señores,  de  lo  cual  se  enojaron  sus  vasallos, 
y  si  les  hacían  guerra  fué  con  más  coraje;  de  tal  manera  que  casi 
estaban  cercados  los  nuestros  y  mataron  cada  día  muchos  Acul- 
huas  y  Mexicanos,  y  aun  españoles.  Alvarado  viendo  esto,  man- 
dó  quemar  á  los  Señores  que  tenía  presos  con  la  mayor  cruel- 
dad del  mundo,  y  los  Generales  de  Texcuco  y  México  enviaron 
á  Cuauhtemalan  á  pedir  socorro  al  Señor  de  allí,  el  cual  les 
envió  más  de  cuatro  mil  hombres  de  guerra,  con  los  cuales 
pelearon  con  sus  enemigos;  y  diéronles  tanta  prisa,  que  los  su- 
jetaron, y  los  ciudadanos  pidieron  perdón  y  merced  de  las  vi- 
das, la  cual  se  les  concedió,  y  fueron  sueltos  los  hijos  de  los 
dos  Señores  de  OÜatlan  y  QudzaUenanco  que  fueron  quemados^ 
y  dieron  palabra  de  nunca  más  rebelarse. 

Después  de  haber  sujetado  á  OtMlan  y  QudzaUenanco,  fué- 
ronse  con  todo  el  ejército  á  Ctiauhtenialan  en  donde  fueron  muy 
bien  recibidos  con  mucho  regocijo,  y  regalados.  Los  Señores 
se  disculparon  con  los  Generales  sobre  de  no  haber  acudido 
á  México  con  su  obligación,  echando  la  culpa  á  los  españoles 
que  andaban  por€Us  tierras  que  les  hacían  hartas  insolencias 
y  agravios.  Estaba  tina  provincia  muy  grande  cerca  de  Cuauh- 
iemaktn  que  hacía  mucha  guerra  á  esta  ciudad,  y  OtíaÜan  y 
otros  que  eran  de  la  parte  de  las  tres  cabeceras,  la  cual  tenía 
su  capital  y  ciudad  en  la  orilla  de  una  laguna  grande,  y  era 
muy  fuerte  y  de  mucha  gente;  y  así  los  nuestros  les  enmron 
á  requerir  con  la  paz,  y  ellos  no  quisieron  sino  guerra,  y  así  fue- 
ron sobre  ellos  los  nuestros  y  muchos  de  Cuauhteinalan,  y  dié- 
ronles batalla  hasta  ganarles  un  peñol,  y  saqueáronles  las  casas, 
y  los  que  pudieron  pasar  en  una  isleta  en  canoas  y  otros  á  nado 
se  libraron;  y  los  nuestros  salieron  fuera  del  peñol  á  unos  sem- 
brados en  donde  asentaron  real,  y  durmieron  aquella  noche: 
otro  día  entraron  en  la  ciudad  y  halláronla  despoblada  sin  gen- 
te; y  como  perdieron  el  peñol,  que  era  su  fortaleza,  desampa- 
raron la  ciudad.  Corrían  la  tierra  los  nuestros,  y  prendieron, 
ciertos  hombres,  de  los  cuales  fueron  enviados  tres  ó  cuatro 
de  ellos  para  que  fuesen  á  rogar  á  sus  Señores  se  diesen  de 


394  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

paz  que  serían  bien  recibidos,  y  si  no  les  destruirían  sus  tie- 
rras y  casas.  Ellos  respondieron  que  querían  paz,  y  así  vinie- 
ron á  darse.  Esta  provincia  jamás  fué  sujeta  de  alguna  nación. 
Alvarado  y  los  demás  se  tomaron  á  Cuauhtemalan^  en  donde 
vinieron  muchos  pueblos  que  estaban  substraídos  y  rebelados  < 
á  darse  de  paz,  y  otros  de  la  Costa  del  Sur.  Todos  ^  los  de  la 
provincia  de  Ixquintepec  estaban  muy  rebeldes,  y  hacían  mal  á 
los  que  venían  á  ver  álos  cristianos;  fué  nuestro  ejército  sobre 
ellos  y  caminaron  cuatro  días,  durmiendo  siempre  en  despo- 
blado; al  cuarto  de  los  cuales,  entraron  por  los  términos  de  la 
ciudad  sin  ser  vistos  ni  sentidos,  porque  estaban  muy  descui- 
dados y  metidos  en  sus  casas  porque  llovía  mucho.  Tomáron- 
los dentro  de  las  casas,  prendieron  y  mataron  á  muchos  de 
ellos,  y  como  no  se  pudiesen  juntar  los  vecinos,  huyeron  la 
mayor  parte  de  ellos;  los  demás  que  se  hicieron  fuertes,  y  se 
juntaron  en  unas  casas  grandes,  pelearon  y  mataron  á  muchos 
naturales  de  Texcuco.  El  Señor,  viendo  su  perdición,  vino  y 
pidió  merced  de  la  vida,  y  trató  de  que  se  le  dieran  todos  los 
pueblos  sujetos  á  esta  provincia,  ofreciendo  su  amistad  y  se  le 
recibió.  De  aquí  fueron  sobre  otras  provincias  que  nunca  ha- 
bían sido  sujetas  á  estas  tres  cabeceras,  de  diferentes  lenguajes, 
y  la  primera  parte  donde  llegaron  fué  á  Calaña  en  donde  tu- 
vieron ciertas  batallas  con  los  naturales  de  estas  provincias, 
y  murió  cierta  cantidad  de  los  nuestros,  y  les  salieron  y  qui- 
taron casi  todo  el  despojo  que  llevaban,  y  nunca  los  pudieron 
atraer  á  su  amistad.  Luego  pasaron  á  Panuco  pues  se  les  ofre- 
cían á  los  nuestros  por  amigos,  aunque  con  cautela,  para  des- 
cuidarlos y  matarlos;  mas  los  nuestros  hallaron  ciertas  señales 
en  que  conocieron  la  traición  que  les  tenían  urdida  los  de  Pa- 
nuco, y  así  embistieron  con  eMugar,  y  los  enemigos  les  salieron 
al  encuentro,  y  pelearon  con  ellos  hasta  hacerles  volver  las  es- 
paldas y  echarlos  del  pueblo,  matando  muchísima  gente.  De 
aquí  fueron  á  MopUcalanco,  ^  pelearon  é  hicieron  lo  que  en  las 

1  La  versión  de  este  párrafo  es  mejor  y  más  clara  que  la  de  Eingsborough. 

2  En  Eingsborough  es  Mipicalanco. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  395 

demás  partes;  y  luego  fueron  á  un  lugar  fuerte  en  donde  bate  la 
mar  del  Sur,  que  se  dice  AcayncaÜ,  ^  donde  hallaron  grandísimo 
número  de  enemigos  armados  en  un  campo  á  la  entrada  de  este 
lugar.  Visto  por  los  nuestros  que  era  mucha  la  ventaja  de  los 
enemigos,  y  que  no  había  más  que  hasta  siete  mil  Mexicanos 
yiTexcucanos,  porque  los  demás,  unos  eran  muertos,. y  otros 
quedaban  en  Cuauhtemalan  indispuestos  de  los  trabajos  pasa- 
dos, y  Alvarado  no  llevaba  más  de  doscientos  cincuenta  es- 
pañoles de  á  pie  y  cien  de  á  caballo,  y  otros  pocos  mil  más  de 
Ouaukíemalan^  ^  pasaron  por  un  lado  del  ejército  de  los  enemi- 
gos; y  como  los  vieron  á  la  otra  parte,  embistieron  con  ellos. 
Pelearon  animosamente  los  nuestros,  de  tal  manera,  que  ape- 
nas quedó  hombre  vivo  de  los  enemigos,  porque  no  podían 
huir  como  los  demás,  por  causa  de  que  traían  unas  armas  muy 
pesadas  que  les  cubrían  todo  el  cuerpo  como  sacos,  y  traían 
unas  lanzas  muy  largas,  más  de  treinta  palmos.  Todos  estos  y 
los  demás  referidos  desde  la  provincia  de  Cattipan^  ^  son  de  na- 
ción TuUeca,  Este  día  quedaron  muchos  de  los  nuestros  heri- 
dos y  otros  muertos,  y  muchos  de  los  españoles  quedaron  asi- 
mismo heridos,  y  entre  ellos  Alvarado  cojo  de  un  flechazo  que 
le  dieron  en  la  pierna.  Acabada  esta  batalla,  se  les  ofreció  luego 
á  los  nuestros  otra  peor,  porque  venían  los  enemigos  de  un 
grandísimo  ejército  muy  apercibidos,  y  con  las  lanzas  enarbo- 
ladas  y  además  larguísimas.  Tuvieron  mucho. trabajo  los  nues- 
tros, y  corrieron  mucho  riesgo  en  esta  contienda;  mas  luego 
dándoles  priesa  á  los  enemigos  los  vencieron  y  sujetaron.  De 
aquí  fueron  sobre  la  provincia  de  Mahuatlan  y  la  sujetaron;  *  y 

1  En  Kingsborough  es  Acainoutl.  En  ambos  textos  hubo  equivocación  del 
copista,  que  confundió  la  u  con  una  n;  pues  el  nombro  es  Acayucatl  hoy  A  ca- 
yuca. 

2  En  Kingsborough  es  Quauhtemalan.  Se  habrá  notado  que  Ixtlilxochitl 
para  la  sílaba  cuan^  unas  veces  usa  la  c  y  otras  la  q.  No  hay  sobre  esto  regla 
fija  en  los  antiguos  escritores:  si  bien  podía  establecerse  el  uso  de  la  q  cuando- 
la  raíz  fuera  árbol,  y  el  de  la  c  cuando  fuera  águila:  para  lo  cual  habría  quft 
consultar  en  cada  caso  el  jeroglífico  respectivo. 

8  Xaltipan. 

4  Ssta  primera  parte  del  párrafo  falta  en  Kingsborongh, 


396  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

de  aquí  á  AthMeahuacan^  en  donde  vinieron  á  sujetarse  los  de 
Ciiiüachan,  y  los  nuestros  fueron  allá.  Entraron  por  la  ciudad 
con  mucho  recato,  porque  tuvieron  aviso  que  los  querían  ma- 
tar á  traición,  y  trataron  los  generales  con  ellos  de  paz.  Ellos 
se  ausentaron  y  desampararon  la  ciudad,  dejando  á  los  nues- 
tros solos,  y  cada  día  les  hacían  guerra  de  veinte  que  estuvie- 
ron en  este  lugar,  al  cabo  de  los  cuales,  viendo  que  los  de  esta 
provincia  no  se  querían  dar  de  paz,  ni  los  podían  sujetar  por 
ninguna  vía,  los  más  se  tornaron  á  Ouauhtemaian  después  de 
haber  hecho  todo  lo  referido  y  otras  muchas  cosas  que  se  de- 
jan en  silencio,  en  donde  padecieron  hartos  trabajos,  hambre 
y  calamidades  los  nuestros  y  los  españoles.  Poco  oro  y  rique- 
zas hallaron  en  este  viaje,  aunque  se  ganaron  y  sujetaron  otras 
provincias.  Anduvieron,  según  dicen,  más  de  cuatrocientas  le- 
guas, y  desde  CuauMenudan  se  vinieron  el  ejército  de  los  Acul- 
huas  y  Mexicanos,  y  dejaron  allá  á  Alvarado  con  los  demás 
españoles,  los  cuales  llegaron  á  México.  Dieron  razón  de  todo 
su  viaje  á  IxtlilxuchiÜ  y  al  Rey  Cuauhtemoc^  y.  ciertas  cartas  á 
Cortés;  el  cual  y  los  demás  se  holgaron  mucho  con  tan  buenas 
nuevas,  y  envió  luego  á  Alvarado  doscientos  españoles  para 
poblar  á  Ouauhtemaian. 

Dos  días  después  que  salió  Alvarado  para  CkiauJUemalan^  des- 
pacharon Cortés  é  IxtlilxuchiÜ^  Ouauhtemoc  y  los  demás  Seño- 
res á  Chamolan  ^  (que  era  á  8  de  Diciembre  del  año  de  mil  qui- 
nientos veinte  y  tres)  á  Diego  de  Godoy,  con  cien  Españoles  de 
á  pie  y  treinta  de  á  caballo,  y  dos  generales  deudos  de  Ixtlil- 
xuchiÜ y  Ouauhtemoc^  uno  de  los  Aculhuas  y  otro  de  los  Mexi- 
canos y  Tepanecas;  cada  general  con  diez  mil  hombres  de 
guerra.  Fueron  derechos  á  la  villa  del  Espíritu  Santo,  y  all 
juntáronse  más  Españoles.  Hicieron  ciertas  entradas,  entre  lasí 
cuales  fué  la  de  Chamolan  (ó  Chamolla)^  provincia  muy  grande 
y  la  ciudad  muy  fuerte,  puesta  sobre  un  cerro  que  tenía  muy 
peligrosa  la  subida,  y  cercada  de  una  muralla  de  más  de  tres 

1  £n  Kingsborough  es  Chanolan. 


DON  FERNANDO  DÉ  ALVA  IXTLILXOCHITL.  397 

estados,  la  mitad  de  pared  y  la  otra  de  unos  tablones  gruesos. 
Combatieron  dos  días  con  harto  trabajo  de  los  naturales  del 
ejército  de  los  Aculhuas  y  Mexicanos;  mas  los  vecinos,  faltán- 
doles el  sustento,  como  estaban  cercados,  alzaron  su  ropa  é 
hicieron  como  mejor  pudieron,  y  los  más  entraron  por  la  ciu- 
dad y  mataron  los  que  pudieron,  y  saqueáronla  y  se  abastecie- 
ron de  mucho  botín  que  hallaron,  auoque  poco  bastimento. 
Después  de  sujeto  este  lugar,  fueron  á  Chutpa  y  HuehueyÜan^  ^ 
mas  fueron  recibidos  de  paz. 

A  5  de  Febrero  del  año  de  1524,  tornaron  á  enviar  otra  ar- 
mada sobre  los  de  Mixfecapan  y  Tzapotecapan^  que  se  habían 
tomado  á  rebelar  y  hacían  mucho  mal  á  sus  circunvecinos  por- 
que eran  amigos  de  los  Españoles;  y  así  envió  Cortés  á  Rodrigo 
Rangel  que  es  el  mismo  que  fué  la  primera  vez  con  ciento  cin- 
cuenta Españoles,  y  Ixtlilxuchitl  veinte  mil  hombres  de  guerra 
en  su  compañía,  y  un  hermano  suyo  por  general;  y  de  camino 
se  juntaron  con  los  de  Tlaxcalan,  que  enviaron  otros  cinco  ó 
seis  mil  hombres  en  su  favor.  Llegados  á  estas  provincias  les 
requirieron  con  la  paz  una  y  muchas  veces,  y  viendo  que  na 
se  querían  dar,  les  hicieron  guerra,  mataron  y  prendieron  á  mu- 
chos de  ellos,  los  cuales  fueron  vendidos  por  esclavos  como 
los  demás;  y  después  de  sujetos  se  tomaron  á  México  cargados 
de  despojos,  y  los  Españoles  con  mucho  oro,  como  era  tierra 
rica,  y  con  esto  quedó  todo  el  imperio  de  las  tres  cabeceras 
Texcuco,  México  y  Tlacopan  sujeto,  que  corría  lo  más  de  ellas 
cuatrocientas  leguas  á  la  redonda  de  esta  laguna  grande  de 
Texcuco,  hasta  las  costas  de  la  mar  del  Sur  y  Norte,  como  se 
ha  visto.  Otras  muchas  entradas  hicieron  los  nuestros  ñiera 
de  las  referidas,  que  por  no  haber  habido  en  ellas  cosas  seña- 
ladas no  se  ponen  aquí,  y  por  evitar  prolijidad;  ayudando  Ix-- 
ÜilxuchiÜ^  sus  hermanos,  deudos  y  vasallos  en  todas  ellas,  en 
donde  le  costó  hartos  trabajos  y  grandísimos  gastos,  en  misten^ 
tar  y  pagar  á  los  Eftpañoles^  que  se  puede  decir  esto  con  mucha 

1  £n  Eingsborough  es  Huchuey. 


398  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

verdad;  pues  es  notorio  que  además  de  que  ayudó  con  su  per- 
sona y  vasallos  á  los  cristianos,  en  servicio  de  Dios  y  del  Em- 
perador nuestro  Señor,  los  sustentó  y  dio  á  todos  ellos  cuanto 
oro,  plata  y  joyas  había  en  los  palacios  de  su  padre  y  abuelo, 
y  aun  el  que  tenían  sus  hermanos  y  deudos;  fuera  de  los  res- 
cates referidos  atrás  de  sus  dos  hermanos  el  Rey  Cacamatzin  y 
Cohiuinacochtzin.  Asimismo  gastó  grandísima  suma  de  hacien- 
da en  proveer  las  armadas  que  se  hicieron  por  diversas  partes 
y  guerra  de  México,  en  bastimentos,  premios  y  pagas  á  sus  sol- 
dados, á  los  cuales  les  costó  la  vida  á  grandísima  suma  de  ellos, 
y  muchos  capitanes.  Señores  y  caballeros  deudos  suyos. 

En  el  año  de  1524,  que  los  naturales  llaman  ghigüagen  Teg- 
PATL,  pedernal  número  6,  casi  á  la  mitad  del  año  llegaron  á 
esta  tierra  Fr.  Martín  de  Valencia,  vicario  del  Papa,  con  doce 
compañeros  religiosos  del  orden  de  San  Francisco,  que  fueron 
los  primeros  que  convirtieron  y  bautizaron  á  los  naturales  según 
la  ley  evangélica.  Envió  IxÜilxuchiÜ,  Cuauhtenwc  y  los  demás 
Señores,  así  como  tuvieron  noticia  que  habían  llegado  al  puerto, 
sus  mensajeros  para  recibirlos  y  proveerlos  de  todo  lo  necesa- 
rio para  el  camino.  Llegados,  los  enviados  les  dieron  la  bien 
venida  de  la  parte  de  sus  Señores,  y  por  todo  el  camino  les  vinie- 
ron sirviendo;  y  en  donde  quiera  que  llegaban  los  recibían  con 
mucha  fiesta  y  regocijo  los  naturales.  Tres  leguas  antes  de  lle- 
gar á  Texcuco,  los  salieron  á  recibir  Cortés  y  IxÜilxuchitl,  y  los 
demás  Señores  y  Españoles,  y  entre  ellos  el  P.  Fr.  Pedro  de 
Gante,  con  mucho  regocijo  y  danzas.  Llegaron  á  la  ciudad  de 
Texcuco,  en  donde  fueron  obsequiados  y  regalados  con  mucha 
alegría  de  los  naturales.  El  P.  Fr.  Pedro  de  Gante  pidió  á  Ix- 
tlilxuchiü  ornamentos  y  tapicería  para  aderezar  un  aposento  de 
los  cuartos  donde  estaban  los  religiosos,  que  eran  de  los  pala- 
cios del  Rey  Nezahuakoyotzin;  y  así  mandó  á  los  mayordomos 
que  guardaban  los  tributos  ó  tesoro  de  Nezahuahoyotzin^  diesen 
todo  recado.  Dicho  P.  Fr.  Pedro  puso  un  altar,  en  donde  co- 
locó una  imagen  de  Nuestra  Señora  y  un  crucifijo  pequeño;  y 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  399 

este  día,  que  era  víspera  de  San  Antonio  de  Padua  \  se  cele- 
braron sus  vísperas  con  mucha  solemnidad,  que  fueron  las  pri- 
meras que  sucedieron  en  esta  tierra,  y  el  día  siguiente  la  misa 
cantada  con  mucha  pompa,  que  fué  la  primera  que  dijeron  allí 
estos  religiosos  en  la  Nueva  España,  hallándose  en  ella  Cortés 
y  todos  los  Españoles,  é  IxtUlamchitl  con  todos  los  Señores  sus 
hermanos  y  deudos,  que  oyeron  con  mucha  atención  la  misa, 
y  se  enternecieron  tanto,  que  de  contentos  lloraron  en  ver  lo 
que  mucho  ellos  deseaban,  especialmente  que  ellos  sabían  muy 
bien  los  misterios  de  la  misa,  porque  el  P.  Fr.  Pedro  de  Gante, 
como  mejor  pudo,  y  con  la  gracia  de  Dios  (que  era  lo  más 
cierto),  les  enseñó  la  doctrina  cristiana  y  los  misterios  de  la 
pasión  y  vida  de  nuestro  Señor  Jesucristo  y  la  ley  evangélica, 
desde  que  vino  á  esta  tierra;  y  así,  cuando  oyeron  esta  primera 
misa  bien  sabían  lo  que  era,  de  lo  cual  IxtUIxuchitl  se  derretía 
en  lágrimas  que  ponía  devoción  y  espanto  á  los  religiosos  y 
Españoles  que  presentes  estaban.  El  P.  Fr.  Martín  de  Valencia 
sabiendo  por  el  P.  Gante  que  IxtUIxuchitl  y  los  demás  Señores 
sus  deudos  y  vasallos  sabían  la  doctrina,  y  pedían  el  bautismo, 
dio  principio  con  eso  á  bautizar  á  los  de  la  ciudad  de  Texcuco, 
que  fué  la  primera  parte  donde  se  plantó  la  ley  evangélica.  El 
primero  que  se  bautizó  fué  IxÜilxucMÜ^  y  se  llamó  D.  Fernán-- 
do  por  el  Rey  católico;  recibió  el  bautismo  de  mano  del  P.  Fr. 
Martín  de  Valencia,  y  fué  su  padrino  Cortés;  y  luego  tras  él  su 
hermano  Cchuanaocchtzinj  que  se  llamó  D.  Pedro:  fué  su  padri- 
no, según  dicen,  Alvarado,  que  á  esta  ocasión  estaba  en  Tex- 
cuco; y  luego  los  demás  sus  hermanos  los  legítimos  D.  Pedro  Te- 
tiahtiehuezquitU^dn^  D.  Juan  Quauhtlixtactzin  y  D.  Jorge  Yoyontzin; 
y  luego  los  demás  sus  hermanos,  hijos  naturales  de  su  padre, 
que  fueron  D.  Carlos  Ahuaxpiizaizln^  D,  Antonio  Tlahuilotzin^ 
D.  Francisco  Mochiul  quecholtzomafzin^  D.  Jjoi^enzo  de  Luna  y  los 
demás  sus  tíos,  primos  y  deudos. 
La  Reina  Tlacoxhuatzin  su  madre,  como  era  Mexicana  y  al- 

1  Doce  de  Junio  de  1524. 


400  OBRAS   HISTÓRICAS  DB 

go  endurecida  en  su  idolatría,  no  se  quer'a  bautizar,  y  se  había 
ido  á  un  templo  de  la  ciudad  con  algunos  Señores.  IxtUlxuchiil 
fué  allá  y  le  rogó  que  se  bautizase:  ella  le  riñó  y  trató  muy  mal 
de  palabras,  dici6ndole  que  no  se  quería  bautizar,  y  que  era  un 
loco,  pues  tan  presto  negaba  á  sus  dioses  y  la  ley  de  sus  pasa- 
dos. IxtliLvuchitl,  viendo  la  determinación  de  su  madre,  se  enojó 
mucho  y  la  amenazó  que  la  qiieinaña  viva  si  no  se  quería  bauti^ 
zar^  diciéndole  muchas  razones  buenas,  hasta  qiie  la  convenció 
y  trajo  á  la  iglesia  con  los  demás  Señores  para  que  se  bautiza- 
sen, y  quemó  el  templo  en  donde  ella  estaba,  y  echóle  por  el 
suelo.  Esta  Reina,  que  fué  la  primera  que  se  bautizó,  se  llamó 
Dolía  Maña,  Fué  su  padrino  Cortés.  Y  tras  ella  Papantzin,  mu- 
jer que  fué  del  Rey  Cuitlahuac^  y  que  la  tenía  IxíUlxuchitl  por 
mujer  legítima:  llamóse  Doña  Beatriz:  todo  lo  hizo  á  contempla- 
ción de  Cortés  que  fué  su  padrino,  por  ser  mujer  de  su  íntimo 
y  leal  amigo  D.  Fernando  IxtlilxuchiÜ,  y  luego  tras  estos  todos 
los  demás,  y  luego  la  gente  común  de  la  ciudad.  Estuvieron  en 
esto  ocupados  los  religiosos  algunos  días;  y  IxUilxuchiU  ense- 
ñando á  sus  hermanos,  deudos  y  parientes  la  doctrina  cristiana 
con  más  policía,  y  las  ceremonias  y  términos  al  modo  castellano, 
que  era  muy  diferente  de  los  de  esta  tierra,  en  donde  Jes  decía 
largas  arengas  y  sermones,  trayéndoles  á  la  memoria  grandes 
cosas;  de  tal  manera  que  los  enternecía  con  las  palabras  tan 
buenas  y  tan  santas  que  les  decía,  como  si  fuera  un  apóstol,  si 
se  puede  decir;  y  con  todo  eso  muchos  de  ellos,  como  estaban 
hechos  á  sus  antiguas  costumbres,  no  podían  aprender  el  mo- 
do Castellano  en  reverenciar  y  acatar,  y  otros  modos  de  tér- 
minos, como  se  echó  de  ver  á  una  Señora  hermana  suya,  que 
fué  á  visitar  al  P.  Fr.  Martín  de  Valencia,  y  queriéndole  hacer 
la  reverencia  al  modo  Castellano,  como  se  lo  tenía  mandado 
su  hermano,  la  hizo  como  si  fuera  varón,  hincando  una  rodilla, 
que  fué  muy  reído  de  los  religiosos;  la  cual  les  dijo  con  mucha 
discreción,  y  al  fin  como  cortesana  y  Señora,  que  la  perdona- 
sen si  había  hecho  en  aquello  algún  desacato,  que  oyó  mal  la 
plática  que  le  había  hecho  su  hermano;  y  como  vio  hacer  la 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  XSTLILXOCHrrL.  .401 

reverencia  de  aquella  manera  á  algunos  caballeros,  (que  era  la 
misma  que  hacía  Cortés  y  los  suyos)  entendió  que  era  de  una 
misma  manera  el  acatamiento  de  las  mujeres  que  el  de  los 
hombres,  como  se  usaba  en  esta  tierra,  que  todos  para  saludarse 
bajaban  la  cabeza.  Otros  muchos  descuidos  hubo  en  los  pri- 
meros tiempos,  así  de  los  naturales  como  de  los  Españoles,  que 
fueron  muy  reídos  de  la  una  y  otra  parte;  pero  al  fin,  aunque 
cosas  nunca  vistas,  oídas,  ni  usadas,  fácilmente  dentro  de  poco 
tiempo  se  aprendieron  con  mucha  facilidad. 

Ya  en  este  tiempo  todas  las  casas  de  México  estaban  acaba- 
das, si  no  eran  algunas  de  los  Españoles  que  todavía  se  anda- 
ban edificando.  IxÜilxuchiU  andaba  apercibiendo  á  sus  solda- 
dos para  la  jornada  que  se  ofrecía  á  Ibuerasy  y  todo  lo  necesario 
para  el  camino;  y  Cortés  á  esta  ocasión  despachó  á  España  al 
Emperador,  gran  cantidad  de  oro,  plumas,  mantas  y  otras  joyas 
y  un  tiro  de  plata;  y  lo  mismo  hizo  Ixtlilxuchitl  y  los  demás  Se- 
ñores, rogando  á  Cortés  escribiese  en  nombre  de  ellos,  ofre- 
ciéndole sus  servicios,  reinos  y  vasallos  para  lo  que  les  qui- 
siese mandar.  Cortés  dijo  que  así  lo  haría,  y  que  Su  Majestad 
estaba  de  todo  ello  muy  enterado  y  agradecido  del  bien  que 
de  ellos  en  su  nombre  había  recibido;  y  mucho  más  porque  se 
bautizaron  y  recibieron  la  ley  evangélica,  que  era  lo  que  más 
Su  Majestad  deseaba.  Si  Cortés  escribió  en  nombre  de  ellos, 
(especialmente  de  Ixtlilxuchitl,  mediante  quien  después  de  Dios 
se  plantó  la  ley  evangélica,  como  se  ha  visto  y  es  notorio)  ó  no, 
^l  lo  supo;  mas  IxtlüxuchiU  no  recibió  ninguna  respuesta;  y  si 
Su  Majestad  le  envió  algunos  recados,  no  fueron  por  vía  de 
Cortés,  sino  por  los  religiosos  de  San  Francisco,  y  á  tiempo  que 
era  ya  muerto,  y  sus  herederos  muy  niños;  especialmente  Doña 
Ana  y  Doña  Luisa,  que  eran  sus  hijas  legitimas,  pequeñitas,  y 
que  no  tenían  á  nadie  de  su  parte;  se  quedó  sepultado  y  sus 
descendientes  pobres  y  arrinconados,  que  apenas  tienen  casas 
en  que  vivan,  y  esas  cada  día  se  las  quitan. 

Asimismo,  se  hizo  en  la  ciudad  de  Texcuco  este  mismo  año 
antes  de  partirse  para  Ibueras  un  sínodo  (ó  asamblea  ecle- 

Toxo  1—26 


402  OBRAS  HISTÓRICAS  DE 

«iástica)  que  fué  la  primera  que  hubo  en  esta  Nueva  España, 
para  tratar  del  matrimonio  y  otros  casos.  Halláronse  en  él  trétU' 
ia  personas  doctas^  cinco  clérigos  y  diez  y  nueve  frailes,  y  seis 
letrados  legos,  y  entre  ellos  Cortés,  presidiendo  Fr.  Martín  de 
Valencia,  como  Vicario  del  Papa;  y  por  no  entender  bien  los 
ritos  y  los  matrimonios  de  los  naturales,  quedó  definido,  que 
jxn*  entonces  se  casasen  con  la  que  quisiesen^  y  después  del  sínodo 
se  repartieron  los  religiosos  y  clérigos  por  toda  la  tierra,  espe- 
cialmente por  las  ciudades  grandes,  como  eran  México,  Tlaco- 
pan,  Xochimüco,  Tlaxcalan  y  las  demás;  y  en  Texcuco  se  co- 
menzó á  edificar  la  iglesia  que  fué  la  primera  que  hubo  en  esta 
Nueva  España;  la  cual,  por  h2d)erse  dicho  la  primera  misa  día 
del  Señor  San  Antonio  de  Padua,  se  llamó  y  llama  así,  que  es  la 
advocación  de  la  ciudad,  y  está  edificada  en  los  palacios  del 
Rey  Nczahualcoyotzinj  aunque  ya  están  desechos  y  divididos 
por  calles  ^.  En  todo  han  sido  la  ciudad  de  Texcuco  y  casas  de 
Nezahualcoyoizin  muy  dichosas,  especialmente  en  las  cosas  di- 
vinas, ya  que  el  dueño  no  tuvo  la  ventura  de  alcanzar  tanto 
bien,  que  harto  lo  deseó,  y  especuló;  pero  no  era  llegada  la 
Toluntad  de  Dios,  y  así  estas  casas  se  volvían  á  estimar  en  mu- 
cho, pues  fueron  la  primera  parte  en  donde  se  asentó  la  ley 
evangélica,  y  se  obraron  las  memorias  de  la  vida,  pasión  y 
muerte  de  nuestro  Señor  Jesucristo  para  redención  del  género 
humano;  especialmente  las  casas  de  estos  barbarlos,  son  el  pri- 
mer lugar  endonde  se  consagró  Ja  hostia  sacratísima;  y  los  he- 
rederos, como  pobres  y  despojados  de  sus  señoríos  y  patrimo- 
nios, no  las  han  podido  sustentar,  y  se  las  tienen  quitadas  y 
tiranizadas  algunos  Españoles;  y  la  primera  parte  donde  allí  se 
<l¡jo  misa,  por  aquellos  bienaventurados  primeros  religiosos, 
-ahora  sirve  de  obraje  á  los  Españoles. 

Llegado  el  tiempo  que  se  habían  de  partir  para  Ibueras^  que 

1  Es  verdad:  detrás  del  convento  estaba  el  palacio  cuyos  muros  besaba  la 
laguna  que  hoy  se  ba  retirado  como  una  legua:  por  allí  salió  pre^o  por  una 
bóveda  subterránea  que  entraba  al  patio  Cacamatzin,  de  orden  de  Moteczuma 
^raidoramente.  (Nota  de  Eustamante.) 


DON  FERNANDQ^DE  ALVA  IXTULXOGHITL.  '403 

era  por  el  mes  de  Octubre,  hizo  alarde  Ixüüxuehüf  por  ver  la 
cantidad  de  soldados  que  tenía  en  su  ejército,  Qn  la  plaza  de 
Otumpan^  donde  él  residía;  y  entre  toda  su  gente  escogió  veinte 
mil  hombres  de  gueorra,  los  más  valerosos  que  los  conocía  muy 
bien  en  las  guerras  pasadas,  y  todos  los  capitanes  sus:  amigos 
y  criados  que  siempre  le  habían  seguido,,  y  dejó  por  su  gober- 
nador á  Alonso  Izquinquani,  criado  suyo,  de  todo  el  reino  de 
Texcuco,  aunque  la  mitad  de  él  era  de  su  hermano;  mas  eon 
todo  esto,  él  comandaba  todo,  que  sólo  el  tributo  y  reconoci- 
miento le  daban  á  CohuanaoúMzin;  pero  en  todo:  lo  que  era 
gobierno,  especialmente  en  cosas  de  guerra,  no  se  entrometía, 
porque  así  andaba  concertado  por  Ck)rtés,  y  se  temía  de  lél  no 
se  rebelase.  No  quiso  dejar  el  gobierno  á  ninguno  de  sus  her- 
manos y  deudos  por  muchas  cosas  principales:  era  la  una  ser 
muy  mandebos  y  de  poca  edad,  y  no  estar  sujetos- ni  á  servir 
Españoles,  que  no  les  estaba  bien  por  la  calidad  de  sus  perso- 
nas; y  la  otra  porque  no  les  levantasen  algunos  testimonios,  y 
dgesen  que  se  querían  alzar  contra  ellos,  como  hicieron  con 
Cohbumouíoohtun  en  tiempo  del  Rey  Caccma;  y  este  Izquinquani^ 
su  criado,  era  hombre  de  entendimiento,  y  liberal  para  cual- 
quiera cosa;  y  lo  mismo  dejó  otros  dos  gobernadores  llamados 
2!oni€con  y  CohtuiteccUl  para  las  dos  cabeceras  de  México  y  Tla- 
copan,  como  tal  al  Izquií^^qucmi;  y  así,  poniendo  todas  las  cosas 
á  punto,  y  sus  gobernadores  así  para  el  reino  de  los ,  Aculhuas, 
como  para  los  Mexicanos  y  Tepanecas,  que  todo  esto  quedó 
debajo  de  su  mano,  como  se  ha  visto,  porque  los  Reyes  Guajah- 
iemoc  y  Tdlapanquetzaízin,  demás  de  que  estaban,  presos,  no  se 
entremetían  en  las  cosas  del  gobierno  de  sus  reinos,  salió  de 
Oiumpan  y  fuese  para  Choleo^  en  donde  aguardó  á  Cortés,  el 
cual  después  de  haber  dejado  sus  tenientes  en  la  ciudad  de 
México,  se  fué  con  toda  la  gente  Española  que  pudo  juntar, 
muy  bien  upercibida  de  armas  y  todo  lo  necesario,  y  por  más 
asegurarse  Uevó  consigo,  al  Bey  Cuoñüitmioc  y  á  Chhvmiaoocht^n^ 
Tdlapanqtidzatzin  y  2ihua/Gohuatún^  gobernador  y  capitán  gene- 
ral' de  los  Mexicanos,  y  Tlaiecatzm  y  Meícitzincontzin^  Seííores 


404  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

muy  poderosos  y  los  mayores  de  toda  la  tierra.  Llegados  á 
Choleo,  se  juntó  con  IxtlUxuchitl  y  caxnmRron  los  dos  con  todo 
el  ejército  á  gran  prisa,  porque  iba  Cortés  con  mucha  pena  de 
los  avisos  que  tuvo  de  que  Cristóbal  de  Olid  se  había  alzado, 
y  antes  que  sucediesen  otras  cosas,  quería  ir  á  poner  remedio  y 
sujetar  de  camino  ciertas  provincias  que  estaban  rebeladas  por 
causa  de  los  Españoles,  que  les  robaban  sus  haciendas  y  les 
hacían  mil  molestias. 

Salido  que  fué  de  México  Cortés,  de  allí  á  pocos  días  los  go- 
bernadores Españoles  que  dejó  en  su  lugar,  llamados  Alonso  de 
Estrada  y  Rodrigo  de  AJhoimoz,  tuvieron  ciertas  pesadumbres  y 
revueltas  sobre  el  gobierno,  de  tal  manera  que  todos  los  Espa- 
ñoles estaban  encontrados  los  unos  con  los  otros,  y  los  natu- 
rales les  hacían  mil  molestias,  de  tal  manera  que  se  alzaran  y 
mataran  á  cuantos  Españoles  había  dentro  de  la  ciudad,  si  no 
fuera  por  amor  de  los  religiosos  que  los  andaban  apaciguando 
y  rogaban  por  ellos  á  los  Españoles  que  no  les  maltratasen 
tanto,  porque  no  se  alzasen,  porque  lo  podían  hacer  fácilmente. 
Demás  de  que  todos  estaban  muy  tristes  y  quejosos  al  ver  que 
sus  Reyes  y  Señores  los  llevaba  Cortés  á  tan  lejos  tierras,  y 
casi  presos;  imaginando  ellos  que  los  llevaba  para  matarlos  á 
traición,  como  les  sucedió  sobre  esto.  Los  Españoles  estaban 
muy  mal  con  los  religiosos,  porque  volvían  por  los  indios,  de 
tal  manera,  que  no  faltó  sino  echarlos  de  México;  y  aun  vez 
hubo  que  un  cierto  religioso,  estando  predicando  y  reprendien- 
do sus  maldades,  se  amotinaron  de  tal  suerte  contra  este  sa- 
cerdote, que  no  faltó  sino  echarlo  del  pulpito  abajo;  pero  con 
la  sagacidad  y  prudencia  del  santo  Fr.  Martín  de  Valencia,  lo 
toleraban  y  sobrellevaban  todo  en  amor  de  Dios,  pues  lo  que 
los  bárbaros  habían  de  hacer  hacían  los  cristianos  Españoles; 
de  todo  lo  cual  era  avisado  Jxtlilxuchitl  y  demás  Reyes  y  Se- 
ñores, de  los  mensajeros  que  cada  día  iban  y  venían  á  dar  ra- 
zón de  todo  lo  que  pasaba;  é  IxtlUxuchiÜ  envió  á  decir  á  J«- 
quinquani  su  gobernador,  que  si  los  religiosos  recibían  pesa- 
dumbre por.los  Españoles,  que  se  fuesen  á  la  ciudad  de  Texcuco, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  405 

y  que  allí  les  diese  todo  lo  que  habían  menester,  sin  que  se 
entremotiesen  con  ellos  los  Españoles,  y  que  pusiese  mucha 
gente  de  guardia  de  noche  y  de  día  para  la  seguridad  de  sus 
personas;  lo  cual  oído  por  Alonso  Izquiriquani,  hizo  lo  que  su 
Señor  le  mandó  con  toda  puntualidad;  y  los  religiosos,  que  no 
pudieron  sufrir  ni  tolerar  las  maldades  de  los  Españoles,  se  fue- 
ron á  Texcuco,  en  donde  con  los  que  estaban  primero,  estuvie- 
ron con  ellos  servidos  y  bien  tratados  de  los  naturales,  según 
dicen,  que  por  todos  eran  hasta  cuatro;  y  estuvieron  en  Tex- 
cuco hasta  que  vino  Cortés  é  IxÜilxuclútl.  Cortés  envió  desde 
la  villa  del  Espíritu  Santo,  por  sus  gobernadores,  al/ac¿or  0(m- 
zato  de  Solazar,  y  al  veedor  Peralmindes  Chirinoa  dé  Ubeda,  con 
poder  para  que  gobernasen  y  suspendiesen  á  Alonso  de  Estra- 
da y  Rodrigo  de  Albornoz^  y  los  castigasen  si  tenían  culpla;  los 
cuales  llegados  á  México,  en  lugar  de  apaciguar  y  componer  á 
los  Españoles,  resultó  gran  odio  y  revueltas  entre  los  oficiales 
del  Rey,  y  nació  una  guerra  civil,  en  la  cual  murieron  hartos 
Españoles,  y  estuvo  México  para  perderse,  porque  si  de  antes 
hacían  mal  á  los  naturales,  ahora  fué  peor  con  estas  revueltas, 
pues  que  les  inferían  mil  agravios  y  se  tragaban  sus  ha- 
ciendas. 

Los  naturales  de  Huaxacac,  ZihuaÜan  y  otras  partes,  recibían 
hartas  pesadumbres  de  los  Españoles  que  en  sus  tierras  había, 
especialmente  de  ciertos  mineros  que  salían  á  robar  indios  pa- 
ra sus  minas,  y  estaban  rebelados;  y  fué  á  ellos  Peralmindes  con 
cien  Españoles  de  á  caballo  y  doscientos  de  á  pié,  y  no  sé  cuan- 
tos miles  de  naturales  Aculhuas  y  Mexicanos  que  en  su  favor 
dio  el  Gobernador  de  IxtUlxuchitl;  y  llegados  les  dieron  guerra. 
Ellos  se  hicieron  fuertes  en  ciertos  peñoles;  y  aunque  veía  Pe- 
ralmindes que  era  mucha  la  fuerza  de  los  enemigos,  y  que  no 
los  podían  sujetar,  porfió  con  todo  esto,  porque  supo  que  te- 
nían mucho  oro  y  riquezas,  y  una  sierpe  muy  grande  de  oro; 
los  tuvo  cercados  cuarenta  días,  al  cabo  de  los  cuales,  una  no- 
che saHeron  sin  que  fueran  sentidos  con  todo  su  tesoro,  dejan- 
do engañados  á  los  Españoles.  Estos  procuraron  de  cogerlos 


406  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

en  Zhiiatlan^Y  nunca  los  pudieron  sujetar;  y  después  de  esto 
se  volvieron  para  México j  en-  dónde  sucedieron  grandes  cosas, 
que  pbr  no  ser  de  mi  historia  no  las  pongo  aquí;  quién  las  qui- 
siere saber  por  extenso,  lea  la  "Crónica  de  las  Indias,"  que 
allí  hallará  muy  entera  relación  de  lo  que  toca  á  los  Españoles, 
que  mi  intento  no  es  sino  hacer  história^de' 16»  Señores  de  es- 
tá tierra,  especialmente  dé  Don  Fernando  de  Jojfíítewciítf,  y  de 
sus  hermanos  y  deudos,  por<{ue  están  muy  sepultados  ¡sus  he- 
roicos hechos,  y  no  hay  quien  se  acuerde  ellos  y  de  la  ayu*^ 
da  que  dieron  á  los  Españoles,  como  se  ha  visto  y  se  verá  en 
lo  que  sigue;  peroalfln,  con  la  gobernación  de  Alonso  dé  Es- 
trada^ y  castigos  que  hizo,  quedó  la  ciudad'  de  México  quieta, 
y  los  Españoles  pacíficos.  Claramente  parece^  como  es  notorio, 
qufe  OWowéAíemocy  los  ídemás  Señores  murieron  sin  culpa,  y^ue 
les  levantaron  falso  testimonio;  pues  jamás  sus  vasallos  se  al-^ 
zdM>n  ni  tomaren  armas  contra  los  Españoles;  y  aunque  se  en>^ 
viáron  aquejar  ákus^Señoi^sdeilos^ agravios^  que*  les^  hhcian 
aquéllos,  siempre  les  respondlan^qae  los  llevasen  en  amor:dé 
Dibs,  y  que  mirasen  ásus  Reyes  y  Señores  el  trabaje yiargo 
camino^  que  llevaban  con  tantos  trabigos,  muertos  dehan^re^ 
sol  y  fHo;  y  pues  ellos  los  llevaban  con  tanta  paciencia,  que  hi- 
ciesen lo  mismo;  yasí  es  cierto,  que  si  no  fuera  por  amor  de  sus 
Señores  como  tengo  diolH>,  los  naturales  desesperadamente, 
viéndose  perseguidos,  no»  dejaran  Español  con  vida;  y"  lo  po- 
dían hacer  con  mucha  facilidad,'  porque  no  tenían  á  Texcoco, 
Tlaxoala'n  ni  otras  tierras  y  provincias  en  su  favor,  como  tuvo 
antes  Cortés,  y  estaban  encontrados  los  unos  con  los  ofa-os;  pero 
los  que  escriben  ó  que  dijeren  que  Ouauhtemoo  y  los  demás  fue- 
ron muertos  porque  querían  matar  á  los  Españoles,  les  levan- 
tan este  testimonio;  cuanto  más,  que  como  es  notorio,  lo  dicen 
por  encubrir  sus  maldades  y  traiciones,  sin  que  alguna  historia 
ó  algún  natural  hay  que  dijera  ser  esto  verdad;  pero  no  hay 
historia  ni  romance  que  tal  diga,  y  todos  los  naturales  de  lá 
Nueva  España,  historiadores  y  romances,  dicen  todos  á  una 
boca,  que  fué  testimonio  y  tiranía  muy  grande.  Digo  esto,  por 


DON  FERNANDO  BE  ALVA  IXTULXOCHITL.  407 

lo  que  han  escrito  los  historiadores  Españoles;  y  no  me  espann 
to,  que  ellos  han  asentado  lo  que  Cortés  y  los  demás  que  hi-* 
cieron  esta  crueldad  les  dieron  en  memoriales,  y  los  que  des- 
pués sacaron  escrito  se  han  seguido  de  ellos  sin  más  aclarar 
ni  averiguar  la  verdad. 

Cortés  y  los  demás  que  iban  á  Ibueras^  llegados  á  la  villa  del 
Espíritn  Santo,  enviaron  IxtUlxudMÜ  y  Gumúúemoc  í  avisar 
á  los  Señores  de  Tabasco  y  CfUcalanco^  ^  como  eran  llegados,  y 
que  ib^n  con  Cortés  para  Ilmeraa,  y  que  se  Iqs  enviase  una  pior 
turaen-que  viniese  pintado  todo  el  camino,,  pueblos  y  lugares 
donde  habían  de  llegar,  y  los  ríos  que  habían  de  pasar,  y  algu« 
nos  mercaderes  prácticos  en  la  tierra  y  costa  para  que  los  guia- 
sen. Los  Señores  dejTo&oMo  y  XicaUmco^  oyen4o  lo  que  lo^ 
Señores  decían,  luego  mandaron  pintar  todo  el  camino  y  luga-' 
res  por  donde  habían  de  ir;  y  acabada  la  pintura  se  la  enviar 
ron  con  hasta  .diez  caballeros  muy  prácticos  para  que  dieran^ 
razón  ^del  dibujo  y  pintura;  los:  cuales  llagados  á  dar  su  embar 
jada  de  parte  de  sus  Señores,  se  les  mandó  que  hiciesen  ea, 
donde  estaba  pintado,  todo  el  camino  que  hay  desde  JRoalanoo 
hasta  NaooymJLo^  y  aún  hasta  Moaragucu  Visto  esto  por  J«tíÉÍ- 
xuehm  y  loa  demás.  SeQores,  se  lo  mostraron  á  Cortés,  el  cual> 
se  holgó  mucho  y  agradeció  á  los  de  Tabasco  y  Xioakmoo^  y* 
también  le  avisaron  cómo  en  los  demás  de  los  lugares  donde^ 
habían  de  pasar  estaban  despoblados,  porque  los  Españoles 
los  habían  robado  y  quemado,  y  asilos  naturales  andaban  huí^ 
dos  y  por  los  desiertos;  y  con  tanto,  se  partieron  de  la  villa 
del  Espíritu  Santo,  después  de  haber  despachado  ciertos  na- 
vios que  llevaban  el  bastimento  por  el  río  de  ToAaaco;  y  des- 
pués que  habían  andado  ó  vadeado  ocho  ó  nueve  leguas,  pa- 
saron un  río  muy  grande  en  unas  barcas  y  llegaron  á  íbnofan, 
y  tornaron  á  caminar  otras  tantas  leguas  hasta  otro  río  que  se 
dice  Quiyahuilco.  De  allí  á  pocos  trechos,  pasaron  otro  muy 
grande  que  fué  necesario  hacer  una  puente  de  madera  que  tu- 

1  Xicalanco. 


408  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

vo  casi  mil  varas  ^  de  ancho  que  estaba  muy  cerca  de  la  mar. 
Trabajaron  aquí  muy  bien  los  naturales  que  fueron  los  que  hi- 
cieron esta  puente,  y  luego  caminó  el  ejército  otras  treinta  ó 
cuarenta  leguas,  y  pasó  por  cincuenta  ríos,  en  donde  se  ocu- 
paron los  naturales  en  hacer  otras  tantas  puentes  hasta  llegar 
á  la  provincia  de  Copüco  y  de  un  pueblo  llamado  AncLXaxucan^ 
postrero  de  esta  provincia;  y  caminaron  por  unas  muy  ásperas 
montañas,  y  pasaron  un  río  muy  grande  llamado  Quetzapalan^ 
en  donde  se  proveyeron  de  comida  de  los  carabelones  (ó  bar- 
cos de  transporte)  por  entrar  éste  en  el  de  Tabasco^  en  unas  ca- 
noas que  trajeron  muchos  naturales,  y  pasaron  en  ellas  el  ejér- 
cito y  estuvieron  en  ZihucUlan  veinte  días;  y  de  aquí  á  Chüapan 
que  también  pasaron  otro  río  y  hicieron  otra  puente.  Estaba 
Chüapan  quemado  y  destruido  como  las  demás  partes  de  los 
Españoles,  y  así  estaba  despoblado  y  sin  gente,  si  no  fuera  has- 
ta dos  hombres  que  los  aguardaban,  porque  tuvieron  aviso  de 
las  guías  cómo  habían  de  venir  por  allí  los  Españoles  y  sus  Re- 
yes con  todo  el  Ejército.  Esta  provincia  estaba  sujeta  á  la  ciu- 
dad de  Texcuco.  Pasaron  un  gran  río  llamado  Chüapan^  y  fue- 
ron á  Otamoztepec^  donde  los  llevaron  estos  hombres,  y  duraron 
dos  días  en  cuatro  ó  ciiico  leguas  que  pasaron;  y  no  pudo  ser 
menos  por  el  trabajoso  camino,  y  de  mucha  agua,  en  donde 
trabajaron  los  nuestros  muchísimo.  Estuvieron  aquí  seis  días 
descansando,  y  se  abastecieron  de  comida  que  hallaron  harto 
maíz  y  frutas,  y  de  aquí  fueron  en  dos  días  hasta  Iztapan  con 
el  mismo  trabajo  que  en  las  demás  partes.  Los  de  Iztapan 
viendo  Españoles  echaron  á  huir  con  sus  mujeres  é  hijos,  lle- 
vando cada  uno  lo  que  podía  de  su  ropa,  porque  estaban  ame- 
drentados de  los  males  que  les  habían  hecho  á  los  demás  pue- 
blos sus  circunvecinos,  como  se  los  habían  avisado  de  Zihuatían, 
y  por  pasar  un  río  se  ahogaron  muchos  de  ellos.  IxÜilxuchitl 

1  El  autor  designa  aquí  la  medida  de  longitud  del  puente  por  la  de  la  lati- 
tud del  río.  Gomara  dice  que  era  de  934  pasos,  y  Herrera  que  de  390;  discor- 
dancia que,  salva  la  fracción,  podía  explicarse  por  un  trastrueque  de  los  gua- 
rismos. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  409 

los  envió  á  llamar  diciéndoles  que  se  volviesen,  que  no  les  iban 
á  hacer  ningún  mal;  los  cuales  como  tuvieron  noticia  y  se  in- 
formaron de  la  verdad,  y  de  cómo  sus  Reyes  venían  allí,  ellos 
con  su  Señor  se  volvieron  y  los  regalaron,  y  dieron  todo  lo  ne- 
cesario que  fué  menester  en  ocho  días  que  estuvo  allí  el  ejér- 
cito. De  aquí  despachó  Cortés  ciertas  canoas  con  tres  Españoles 
á  Tabaaco  por  el  río  abajo,  mandando  á  los  carabelones  fueran  á 
esperarle  en  la  bahía  de  la  Ascensión,  para  que  desde  allí  lle- 
vasen de  los  navios  bastimentos  á  Acedan  por  un  estero,  y 
otras  canoas  con  cantidad  de  gentes,  y  algunos  Españoles  que 
se  despacharon  por  el  río  arriba  para  apaciguar  ciertos  pue- 
blos que  estaban  rebelados. 

Hecho  todo  lo  referido,  salieron  de  ^  Iztapan  y  fueron  á  Tlax- 
lahuitlapan^  y  en  llegando  á  este  pueblo,  no  hallaron  más  que 
veinte  sacerdotes  que  estaban  en  un  templo  en  la  ribera  de  un 
río,  y  los  vecinos  la  tenían  despoblada;  luego  pasaron  adelan- 
te á  una  ciénega  con  harto  trabajo,  y  á  un  estero,  rodeando,  en 
donde  hicieron  una  puente;  y  luego  otra  ciénega  de  más  de  una 
legua^  hasta  una  montaña  espesa  de  unos  árboles  altísimos,  que 
apenas  veían  el.  cielo.  Anduvieron  perdidos  por  esta  montaña 
dos  días,  y  al  tercero  fueron  á  dar  á  Ahuetecpan^  en  donde  ma- 
taron la  hambre  que  llevaban,  y  se  refrescaron  con  frutas.  Es- 
taba despoblado  asimismo  este  lugar,  y  así  Cortés  y  IxtUlxuchiÜ 
enviaron  ciertas  canoas  á  surcar  por  el  río  arriba,  para  ver  si 
hallaban  alguna  gente,  y  para  tomar  razón  si  pasarían  adelante 
los  Españoles  y  la  demás  gente  que  iba  por  el  río  arriba;  los 
cuales  después  de  haber  buscado  paso  por  las  labranzas,  fue- 
ron á  dar  con  una  laguna  grande  en  donde  vieron  en  ciertas 
isletas  y  canoas  muchas  gentes  del  pueblo,  las  cuales,  viendo  á 
los  nuestros  vinieron  hacia  ellos,  aunque  con  harta  risa  que  les 

1  Se  hacen  dos  correcciones,  de  dos  renglones  cercenados  en  el  original  al 
recortar  el  volumen:  la  primera  se  ha  conjeturado  por  los  restos  de  las  letras, 
y  la  segunda  se  ha  suplido  por  las  noticias  que  trae  Gomara  en  el  tomo  2, 
cap.  64  déla  edición  de  Bustamante,  6  cap.  168  de  la  colección  de  Barcia,  to- 
mando en  cuenta  la  errata  de  su  paginación  al  fidelizar  la  cita. 


410  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

provocó  en  ver  á  los  Españoles  barbados,  y  los  trajes  que  traíaa 
que  nunca  los  habían  visto.  Los  de  Ixtlilxwihitl  les  dieron  en- 
tera relación  de  todo,  y  visto  por  ellos  que  no  les  iban  á  hacer 
mal,  cargaron  la  comida,  miel  y.otros  regalos  en  ciertas  canoas, 
y  fueron  á  ver  á  los  Reyes  y  á  Cortés,  y.  se  disculparon  dicienr 
do,  que  habían  dejado  á  su  pueblo,  porqu^e  ea  Zihvaiecan  ha- 
bían tenido  noticia  de  que  ciertos  Españoles  habían  robado  y 
quemado  muchos  pueblos;  y  asimismo  les  dieron  aviso  de  los 
que  fueron  por  el  río  arriba  y.  que  estaban  en  su  puj^blo,  y  ha- 
bía ido  coa  ellos  un  humano  de  su» Señoi:;y  aJguna  gente  de 
guerra  en  su  guarda,  porque  ao  Jes  hi<^iesen  mal  los  naturales. 
Enviáronles  á  llamar,  y  ellos  vinieron  cargados  de  muchaimielt 
cacao  y  comida,  y  algún  oro;  y.  todos  los  naturales  se  toniaron 
á,  sus  casas,  y  todos  loa  demás  pueblos,  y  lugares  sus  circun- 
vencinos  vinieron  á  ver  á  los  Reyes  y  á  Cortés,  ofreciendo  su 
amistad,  dando  cada  uno  4e  ellos  el  loro  qut^  teaiOt  aunque  pon 
co  á  Cortés,  que  a^f  se  los  mandaron  Ouauúktemoo  y  los  demás 
Señores*  Salieron  i  de  este  pueblo  /  de  Ahvéoí^cpan  después  de 
haber  quenoiado  los  idok»  y  templos,  y  puesto  cruces,  dájodo* 
les  á  entenderlos  religiosos  la iey,evangélieay  por  lengua  de 
los  interpretes  que  llevaban.  lícUíhucküly  los  demás  Señores 
les  amonestaban  lo  mismo,  trayéndoles  grandes  cosas  á  la  me- 
moria. Tomaron  el  camino  por  una  senda  que  va  derecha  á  la 
provincia  de  Acalaru  pasaron  el  río  grande  por  unas  barcas^y. 
anduvieron  tres  días  por  unas  montañas  muy  ásperas,  en  don- 
de padecieron  hartos  trabajos  IxtUhmcfUU,  OwavJUemoc  y  los 
demás  Señores  y  sus  vasallos,  muy  fatigados  de  hambre  y  sed, 
que  si  no  eran  yerbas,  no  comían  otra  cosa;  porque  aunque  lle- 
vaban algún  maíz  los  Españoles,  más  lo  querían  para  los  caba- 
llos que  no  para  el  ejército.  Al  cabo  de  los  tres  días,  dieron 
sobre  un  estero  de  más  de  quinientos  pasos  de  ancho  y  de 
hondo  algunas  seis  brazas;  y  como  no  tenían  canoas  para  pa- 
sar á  la  otra  banda,  tuvieron  grandísimo  trabajo  en  hacer  una 
puente  muy  grande,  con  mucho  riesgo  de  los  naturales  por  ser 
tan  hondo  el  estero»  y  duró  la  fábrica  seis  días  cabalmente,  en 


DON  FERNANDO  DB'ALVA  IXTLILXOCHITL.  411 

donde  padecieron  los  naturales  grandísima  miseria  y  hambre^ 
y  aun  sus  Reyes  y  Señores,  que  si  na  era  yerbas  y  frutillas  sil- 
vestres, no  comían  otra  cosa.  Esto  era  tan  malo  de  hallar,  que 
apenas  les  cabía  á  bocado.  A  los  Señores  por  grandísimo  rega* 
lo,  les  daban  sus  vasallos  ciertos  granos  de  maíz  que  quüabaai 
á  los  cabaMos  de  los  Españoles^  que  era  que  estimaban  más  las  bes-' 
tias  que  no  á  los  Beyes  y  grandes  Señores;  aunque  ellos  los  lleva- 
ban por  grandeza,  poír  mostrar  á  los  naturales  de  aquellas  tie- 
rras, que  nunca  los  habían  visto  y  los  deseaban  ver,  por  la  fama 
que  de  ellos  había  corrido  por  toda  la  tierra;  aunque  no  era 
necesario  en  ésta  para  pelear,  por  ser  más  áspiera,  y  lo  llana 
hecho  ciénegas  y  lagunas;  y  casi  por  maravilla  subían  en  ellas, 
porque  el  camino  trabajoso  los  hacía  ir  forzados  á  los  más  de 
ellos  á  pie.  Sería  necesario  escribir ;  un  libro  entera  para  sola 
exponer  y  hacer  relación  de  los  trabajos,  que  padecieron  losíSl-' 
xnchUl^  CuauMemoo^  CohvtmuscoehiaÁn  y  los  demás  Señares  y  si» 
vasallos,  en  sólo  el  tiempo  que  se  oci^karon  en  hacer  esta  puen-* 
te,  sin  las  demás  referidas  atrás,  7  en  lo  que  se  sigue.  En  esto 
se  pviede  conocer  la  que  les  levantaron  á  OuoMhiemocy  los  de- 
más Señores;  pues  estando  ellos-  tan  caigadosde  trabajos^  pa-* 
deciendo  baminres  j  miserias,  aunque  veían  ellos  por  sus  ojos 
que  los  Españoles  no  querían  que  comiesen,  sino  que  ellos  tU4 
viesen  poder  de  matarlos  sin  que  quedacie  uno  solo,  lo  hacían 
de  muy  entera  voluntad.  Jamás  se  quejaron  ni  mostraron  fla- 
queza, sino  que  hacían  lo  que  se  les  mandaba  con  mucho  gusto; 
de  modo  que  si  quisieran  matar  á  los  Españoles  en  esta  ocasión, 
lo  pudieran  hacer  muy  fácilmente,  sin  que  corrieran  ningún 
riesgo;  y  cuando  no,  una  noche  dejarlos  allí  perdidos  y  dar  la 
vuelta  para  México;  pues  les  era  más  fácil  á  ellos  que  no  á  los 
Españoles,  pues  llevaban  sus  guías,  y  donde  quiera  que  llega- 
sen habían  de  ser  mejor  recibidos  que  no  los  Castellanos,  pues 
los  naturales  del  tránsito  eran  sus  vasallos,  y  hacer  como  dicen, 
ir  apellidando  sus  reinos  y  vasallos  contra  Españoles;  mas  aun- 
que bárbaros,  bien  conocían  que  éstos  les  traían  la  verdadera 
luz  y  ley  evangélica,  y  la  salud  de  sus  almas  que  tanto  desea- 


412  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ban;  y  así  los  amaban  y  querían  mucho,  y  más  aina  querían 
padecer  el  hambre  y  trabajos  que  no  los  sufriesen  ellos  ni  sus 
bestias  de  servicio,  pues  para  sustentarlas  se  quitaban  el  ali- 
mento de  la  boca.  Fué  esta  puente  la  cosa  más  extraña  de' 
mundo,  y  los  Españoles  se  quedaron  espantados  al  ver  la  des- 
treza y  maña  con  que  la  hicieron  los  naturales;  y  acabada,  pa- 
saron por  ella,  y  de  allí  á  poco  trecho  toparon  con  una  ciénega 
muy  temerosa,  aunque  no  muy  ancha.  Los  caballos  no  podían 
pasar,  y  á  esta  causa  abrieron  por  enmedio  una  zanja  por  donde 
acanaló  el  agua,  y  los  caballos  salieron  á  nado:  pasados  á  la 
otra  banda,  toparon  con  más  de  cien  naturales  de  Acolan^  que 
venían  á  recibirlos,  y  traían  mucha  comida  y  refresco,  y  con 
ellos  cuatro  Españoles  y  ciertos  soldados  que  habían  ido  con 
ellos  á  dar  aviso  al  Rey  de  la  provincia  de  Acolan  llamado 
Apochpilon,  el  cual  estaba  muy  contento  cuando  supo  que  sus 
Reyes  y  grandes  Señores  iban  con  los  Españoles  á  verle  á  su 
tierra,'y  quedaba  con  todo  su  reino  esperándoles;  y  envió  con 
esta  gente  ciertos  presentes  para  Cortés,  IxÜilxuchiÜ,  Cohuana- 
cochtzinly  los  demás  Señores,  dándoles  á  cada  uno  su  parte  y 
la  bienvenida,  enviándoles  á  decir  que  había  hartos  días  que 
los  esperaba,  porque  de  los  de  Xicalanco  era  avisado  de  cómo 
habían  de  venir  á  sus  tierras,  y  otras  muchas  razones,  y  lo 
mismo  á  Cortés;  todos  se  holgaron  mucho  del  cuidado  y  bue- 
na voluntad  que  les  tenía,  y  con  tanto  se  volvieron  los  mensa- 
jeros. 

Otro  día  salieron  de  aquí;  fueron  á  Tizapetlan,  donde  fueron 
recibidos  muy  bien,  con  mucho  regocijo  de  los  vecinos,  y  tam- 
bién servidos  y  regalados  de  comida  y  todo  lo  necesario,  y  es- 
tuvieron descansando  aquí  cuatro  ó  cinco  días,  al  cabo  de  los 
cuales  salieron  de  este  punto  para  Teotilac  \  dos  jornadas  más 
allá  de  la  provincia  de  Acalan.  Llegaron  temprano  á  la  ribera 
de  un  río  grande,  que  es  el  mismo  que  va  á  salir  á  Cohuatza- 

1  TeoiilaCy  lugar  donde  fué  muerto  Cuauhtemoctzin,  emperador  de  México, 
con  otros  reyes  del  continente  mexicano.  Según  el  P.  Betancourt,  la  muerte 
de  Cuauhtemoct  dn  fué  el  26  de  Febrero  de  1525.  (Nota  de  Bustamante). 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  413 

coako;  y  situados  en  este  lugar,  hicieron  una  choza  ó  aposento 
de  paja  para  que]  allí  se  albergaran  Cortés  y  los  suyos;  y  los 
Reyes  se  las  hicieron  de  por  si  á  las  espaldas  de  un  Cue  grande: 
y  como  era  en  tiempo  de  carnestolendas  cuando  los  Españoles 
se  holgaban,  como  los  naturales  lo  habían  visto  en  los  años 
pasados  hacer  á  los  Castellanos,  demás  de  que  ellos  solían  ha- 
cer ciertas  fiestas  por  este  tiempo,  según  su  antigua  costumbre, 
hicieron  grandes  alegrías  en  este  día  y  durante  la  noche;  mas 
aquí  fué  mucho  más  por  las  causas  referidas  y  porque  iban  ya 
dando  fin  á  esta  larga  jomada,  porque  Cortés  les  había  dicho 
que  desde  Acedan  se  habían  de  volver  sin  pasar  más  adelante. 
Por  tanto  así  estaban  todos  contentos,  y  los  Reyes  estaban  en 
buena  conversación,  burlándose  (ó  solazándose)  unos  de  otros. 
CohuaTuicochtzin  dijo  al  Rey  Cuauhtemoc^  entre  otras  burlas  y 
chocarrerías:  "Señor:  la  provincia  que  vamos  á  conquistar  será 
para  mí;  pues  como  sabe  V.  A.,  la  ciudad  de  Texcuco  y  mis 
reinos,  son  siempre  preferidos  en  todo,  según  las  leyes  de 
mi  abuelo  Nezahualcoyotzin^  sobre  las  capitulaciones  que  hizo 
con  su  tío  Itzcohuaizin^  antepasado  de  V.  A."  Respondió  riéndo- 
se el  Rey  Cuauhtemoc:  "En  estos  tiempos.  Señor,  solos  nuestros 
ejércitos  iban,  y  era  bien  que  fuese  primero  para  V.  A.,  pues 
la  ciudad  de  Texcuco  es  nuestra  antigua  patria,  y  de  donde 
procede  nuestra  estirpe  y  linaje;  mas  ahora  que  nos  ayudan  los 
hijos  del  sol,  por  lo  mucho  que  á  mí  me  quieren,  será  para  mi 
corona  real."  Saltó  Tetlepanquetzafziny  ^  y  dijo:  "No  Señor;  ya 
que  va  todo  al  revés,  sea  para  mí,  pues  Tlacopan  y  el  reino  de 
los  Tepanecas,  que  era  el  postrero  en  las  reparticiones,  será 
ahora  el  primero."  TemUoiún^  general  del  reino  de  México,  y 
uno  de  los  grandes  y  el  más  principal,  que  se  intitulaba  TIoxxl- 
tecaU^  respondió  suspirando,  y  dijo:  "¡Ah!  señores,  cómo  se  bur- 
lan W.  AA.  sobre  la  gallina  que  lleva  el  codicioso  lobo,  y  que 
no  hay  cazador  que  se  la  quite !  ó  como  el  pequeño  pollo  que 

1  unas  veces  dice  el  manuscrito,  como  aquí,  Tetlepanquetzatzin,  y  otras 
Tetlapanquetzatzin.  En  Kingsborough  dice  Totlapanquetzatzin. 


414  OBRAS   mSTÓRIGAS  DE 

se  la  arrebata  el  engañoso  halcón  cuando  no  está  allí  su  pastor, 
por  más  que  lo  defienda  la  madre,  como  lo  ha  hecho  mi  Señor 
el  Rey  Oaauhtemoc,  que  como  buen  padre  defendió  su  patria; 
pero  el  imperio  Chichimeca  careció  de  la  paz  y  concordia,  que 
es  buen  pastor  en  los  reinos,  y  nuestra  soberbia  y  discordia 
nos  entregaron  á  manos  de  estos  extranjeros,  para  padecer  los 
largos  y  ásperos  caminos,  las  hambres  y  fríos  y  otras  mil  cala- 
midades que  padecemos,  desposeídos  de  nuestros  reinos  y  se- 
ñoríos, y  olvidados  de  nuestra  regalada  patria,  como  si  fuera 
nuestra  enemiga;  pero  todo  lo  podemos  dar  por  bien  emplea- 
do, pues  estos  nuestros  amigos  los  hijos  del  sol  nos  trajeron  la 
luz  verdadera,  la  salud  de  nuestras  almas  y  la  vida  eterna,  que 
tan  lejos  estábamos  de  ella,  gozando  la  gloria  del  mundo  con 
las  horribles  tinieblas,  haciendo  lo  que  nu^tros  falsos  dioses 
nos  mandaban,  sacrificando  nuestros  prójimos,  entendiendo 
que  acertábamos  en  estas  nuestras  antiguas  costumbres,  é  íba- 
mos á  los  abismos  del  infierno.  ¡Oh  sapientísimos  Reyes  JVe- 
saahuxdcoyoÜ  y  NezahucUpilli!  cómo  fuera  para  vosotros  este  tiem- 
po dichoso  tan  alabado  y  ensalzado,  pues  tanto  lo  deseasteis 
ver,  y  nos  contradijisteis  nuestros  errores !  ¡  Muchas  veces  más 
bienaventurados  nosotros  que  lo  gozamos,  y Jiuestros  trabajos 
bien  empleados  que  han  de  tener  dos  premios,  el  uno  en  esta 
vida,  aunque  sea' de  la  honra  y  fama,  sin  interés  de  riquezas 
que  son  perecederas;  y  el  otro  en  la  vida  eterna,  donde  está  el 
Thque  Nahuaqucy  que  llaman  los  Castellanos  Jesucristo:  y  así 
Señores,  consuélense  VV.  AA.  y  lleven  con  paciencia  éstos  tra- 
bajos, y  tomen  ejemplo  de  estos  hijos' del  sol,  que  pasan  tan 
grandes  mares,  y  tan  ásperos  caminos  y  trabajos  por  la  salud 
de  nuestras  almas,  y  hagamos  lo  que  hace  IxÜilxtichiU,  que  no 
verán  VV.  AA.  señal  de  tristeza  en  su  rostro,  y  es  el  primero 
en  los  trabajos,  que  por  esta  buena  ley  tiene  olvidada  su  patria, 
deudos  y  amigos,  y  oigan  atentamente  á  los  sacerdotes  cristia- 
nos, y  verán  cómo  aquesto  que  digo  es  todo  verdad,  cuando 
nos  predican  por  lengua  de  los  frailes."  Otras  muchas  razones 
dijo  este  Señor,  de  lo  cual  se  enternecieron  todos,  y  le  dieron 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  416 

las  gracias  por  áus  buenos  consejos.  Otros  Señores  estaban  en 
esta  plática,  que  por  todos  serían  hasta  nueve,  dieron  también 
sus  razones,  y  se  holgaron  y  cantaron  romances  para  este  propó- 
sito, que  profetizaban  todas  las  cosas  que  ellos  veían  y  pade- 
cían, compuestos  por  los  filósofos  antiguos.  Visto  por  Cortés  á  los 
Señores  muy  contentos  y  que  pasaban  entre  ellos  muchos  razo- 
namientos y  burlerías,  imaginó  mal,  y  como  dice  el  proverbio 
piensa  d  ladrón  que  todos  son  de  su  condición;  díjoles  por  lengua 
de  intérpretes,  que  parecía  muy  mal  entre  los  Señores  y  gran- 
des príncipes  burlarse  los  unos  con  los  otros;  que  les  rogaba 
que  no  lo  hicieran  otra  vez.  Ellos  le  respondieron  que  aquello 
no  lo  hacían  para  darle  pesadumbre,  sino  por  holgarse  y  dese- 
char sus  trabajos;  y  que  los  príncipes  en  estas  ocasiones  es  bien 
que  se  muestren  muy  contentos  para  que  sus  vasallos  tengan 
ánimo  de  padecer  los  trabajos,  viendo  á  los  Señores  en  los 
mismos  puntos  muy  contentos  como  en  sus  cortes  y  palacios, 
y  en  las  demás  partes  fuera  de  los  trabajos,  persecuciones  y 
guerras;  está  muy  bien  que  hagan  lo  que  les  mandan,  porque 
«n  tales  ocasiones  bien  conocen  ellos  que  es  grandísima  falta; 
y  pues  él  no  gustaba  de  ello,  por  darle  contento,  no  se  burla- 
rían más  los  unos  con  los  otros.  Llamó  después  Cortés  secre- 
tamente á  un  indio  llamado  Coxtemexi^  que  después  se  llamó 
Cristóbal,  natural  de  Iztapalapan,  ó  según  algunos  de  Mexioal- 
tzinco;  y  como  se  fiaba  de  él  mucho,  y  le  traía  siempre  los  men- 
sajes de  todo  lo  que  se  hacía  y  decía  en  todo  el  ejército,  (que 
nunca  faltan  revoltosos  en  el  mimdo,  y  malas  lenguas  que  cor- 
tan más  que  agudas  navajas);  él  preguntó  de  qué  eran  las  largas 
arengas  que  los  Señores  hacían,  según  él  lo  confesó,  como  es 
común  opinión,  cuando  le  dio  tormento  IxÜHxuchiÜ  en  Texcu- 
co  para  que  confesase  lo  que  él  dijo  á  Cortés  para  que  murie- 
ran tantos  Reyes  y  Señores  por  su  mal  decir,  sin  culpa  ningu- 
na, y  contestó:  "Que  le  dijo  á  Cortés  lo  que  había  pasado,  como 
atrás  queda  referido,  y  que  Cortés  le  mandó  pintase  cuántos 
eran  en  la  plática,  y  que  así  pintó  á  nueve  personas;  mas  que  Ü 
no  dijo  lo  que  Cortés  deda,  que  se  querían  alzar  contra  él,  y  ma- 


416  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

iark  áélyá  todos  ha  Espaíloles;^^  y  así  claro  parece  en  las  histo- 
rias, pinturas  y  demás  relaciones,  y  confesión  de  este  indio,  á 
quien  Cortés  pone  por  testigo,  que  murieron  estos  Señores  sin 
culpa;  mas  á  la  verdad,  fingiendo  Cortés  todas  estas  cosas  por 
quitarse  de  embarazo,  y  que  no  quedase  Señor  natural  en  la 
tierra.  El  día  siguiente,  que  era  el  martes  de  carnestolendas, 
año  de  1525,  tres  horas  antes  del  día,  fué  llamando  á  los  Reyes 
y  Señores  por  su  orden,  sin  que  uno  supiese  del  otro,  ni  nadie, 
porque  no  se  alborotasen  y  corriese  riesgo  Cortés  y  los  suyos, 
y  los  fué  ahorcando  de  uno  en  uno;  primero,  al  Rey  CuauMe- 
moc  y  luego  á  Tetlepanquetmtzin  y  á  los  demás,  y  el  postrero 
fué  Cohuanacochlzin;  mas  Ixtlilxuchiti^  que  á  esta  ocasión  fué  avi- 
sado que  los  Reyes  estaban  ahorcados,  y  que  á  su  hermano  lo 
estaban  ahorcando,  salió  de  presto  del  aposento  y  empezó  á 
dar  voces  y  apellidar  su  ejército  contra  Cortés  y  los  suyos;  lo 
cual  visto  por  Cortés  en  el  aprieto  en  que  estaba  él  y  los  suyos, 
y  no  hallando  otro  remedio,  llegó  de  presto  y  cortó  el  cordel 
con  que  estaba  colgado  Cohuanacocbizin^  que  ya  estaba  bo- 
queando, y  empezó  á  rogar  á  IxtlüxuchiU  que  lo  oyese,  que  le 
quería  dar  la  razón  por  qué  había  hecho  aquello,  y  que  si  no  le 
pareciese  que  fué  muy  justo,  que  entonces  hiciese  lo  que  qui- 
siese; é  IxÜüxuchiÜ  mandó  al  ejército  que  se  estuviese  quedo, 
que  ya  todos  estaban  aparejados  para  hacer  pedazos  á  los  Es- 
pañoles si  pudiesen.  Oyó  atentamente  IxÜilxuchiU  á  Cortés,  el 
cual  le  mostró  la  pintura  que  pintó  Coxtemexi^  y  le  dijo:  que 
OuavJitemoc  y  Cohuanacochtzin  los  demás  Señores  los  querían 
matar  á  él  y  demás  Españoles,  con  otras  muchas  razones,  y  que 
el  que  más  culpa  tenía  era  su  hermano  Cohuanacochtzin^  y  que 
de  industria  no  lo  había  querido  ahorcar  antes,  por  si  se  recorda- 
ba (ó  despertaba),  para  que  él  propio  sentenciase;  y  como  vio 
que  dormía  tanto,  por  no  darle  pesadumbre,  y  porque  no  se 
alborotase  la  gente,  que  era  ya  tarde,  lo  había  mandado  ahor- 
car el  último,  con  otras  muchas  razones,  las  cuales  oídas  por 
IxtlUxuchiÜ^  aunque  con  harta  pena,  se  apaciguó,  acordándo- 
se de  muchas  cosas  y  la  fe  que  tenía  recibida;  y  que  haciendo 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  417 

él  otra  cosa  se  perdería  todo,  y  la  ley  evangélica  no  pasaría  ade- 
lante, y  sería  causa  de  muchas  guerras,  echándolo  todo  á  bue- 
na parte,  y  disimulando  cuanto  pudo  esta  traición;  y  así  que  ya 
era  de  día,  y  hechas  las  paces  entre  Cortés  é  Ixililxuchitl^  toma- 
ron la  vuelta  para  Iztancamac,\y  mandó  Ixtlilxuchitl  llevar  á  su 
hermano  en  unas  andas,  que  iba  enfermo  de  la  garganta  del 
cordel  con  que  le  habían  querido  ahorcar,  el  cual  de  allí  á  po-  . 
eos  días  murió  de  unas  cámaras  de  sangre  que  le  sobrevinie- 
ron de  pesadumbre  y  tristeza.  Una  jornada  antes  que  llegasen 
á  Iztancamac^  les  salió  al  encuentro  un  mancebo  hijo  del  Señor 
de  dicho  pueblo  llamado  Apochpilon^  como  está  referido,  y  dio 
el  pésame  á  IxÜilxuchiÜ  de  la  muerte  de  los  Reyes  y  Señores, 
que  ya  en  todos  los  pueblos  de  Acolan  se  sabía;  y  dijo  que  su 
padre  era  muerto,  porque  así  se  lo  mandó,  porque  no  quería 
ver  á  los  Españoles  por  las  cosas  que  habían  hecho.  Ixtlilxu- 
chittl  le  consoló,  y  mandó  hablase  á  Cortés,  el  cual  se  holgó 
de  verle,  y  le  díó  ciertas  cosas  de  España,  aunque  el  decir  que 
era  muerto  su  padre  no  lo  quiso  creer,  por  haber  tan  pocos 
días  que  había  enviado  sus  mensajeros,  como  atrás  queda  re- 
ferido. 

Llegaron  á  un  pueblo  llamado  Teotlycacac^  en  donde  fueron 
muy  bien  recibidos  y  regalados.  Cortés  trabó  grande  amistad 
con  el  Señor  de  aquí,  y  le  rogó  secretamente  le  dijese  si  era 
verdad  que  era  muerto  Apochpilon}  Él  respondió  rogándole 
que  guardase  secreto,  que  no  era  muerto,  y  que  todo  aquello 
lo  hacía  porque  no  le  entrase  en  sus  tierras,  pues  le  había  pa- 
recido mal  á  toda  la  tierra  lo  que  había  hecho  en  matar  á  los 
Reyes;  Cortés  le  dijo  la  causa  por  qué  lo  había  hecho  y  otras 
muchas  razones  que  no  son  de  mi  historia,  y  luego  llamó  se- 
cretamente al  hijo  de  Apochpilon  y  le  dijo  cómo  sabía  de  cierto 
que  era  vivo  su  padre.  El  mancebo,  viendo  esto  y  que  no  po- 
día negar  la  verdad,  le  aseguró  que  era  vivo,  y  las  causas  por 
qué  se  mandaba  negar;  Cortés  le  rogó  que  fuese  á  llamarlo,  y 

1  Varias  veces  dice  el  manuscrito  Apochpalan. 

Tomo  1—27 


418  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

lo  mismo  hizo  IxtlilxuchiU.  Envió  ciertos  soldados  criados  su- 
yos con  el  hijo  de  Apochpüon^  rogándole  se  viniese  luego  á 
verse  con  él  y  con  Cortés;  y  de  allí  á  dos  días  vino,  y  fué  pri- 
mero á  la  casa  en  donde  posaba  IxtlilxuchiU^  que  eran  unos 
templos  muy  grandes,  que  los  había  muchos  en  este  pueblo, 
y  le  dio  el  pésame  á  IxtlUxuchül^  y  lloró  con  él,  y  se  excusó  y 
dijo,  que  por  la  crueldad  que  los  Españoles  habían  hecho  se 
había  mandado  negar,  previniéndole  á  su  hijo  dijese  ser  muer- 
to, y  pidió  á  IxtlilxuchiU  le  perdonase.  IxÜUxuchitl  agradeció 
mucho  sus  buenas  razones,  y  fué  con  él  al  aposento  de  Cortés, 
que  así  se  lo  rogó,  y  le  dijo  á  éste  las  causas  por  qué  se  había 
mandado  negar;  ofrecióle  su  amistad,  y  rogó  juntamente  á  Ix- 
ÜilxuchiÜ  se  fuese  con  él  á  Ixkincamdc^  ciudad  cabecera  de  su 
provincia,  que  allí  serían  bien  recibidos,  servidos  y  regalados, 
y  luego  otro  día  salieron  para  Iztancamac,  y  llegados  los  reci- 
bieron con  muchas  fiestas  y  regocijos,  y  se  aposentaron  en  las 
casas  de  Apochpilon.  Antes  de  entrar  en  la  ciudad,  IxÜHxíichiU 
previno  á  Apochpilon  mandase  á  sus  arquitectos  le  retratasen 
en  una  peña  muy  alta  que  está  junto  del  camino  cerca  de  J¿- 
tancamac^  el  cual  mandó  á  sus  arquitectos  lo  que  IxUilxuchiU 
quería,  y  asi  lo  retrataron  al  natural  con  las  mismas  armas  que 
llevaba  puestas  en  aquella  ocasión,  esculpiendo  su  retrato  en 
la  peña,  que  hoy  en  día,  según  opinión  común,  en  los  cantos  se 
menciona:  lo  cual  IxÜUxuchitl  mandó  para  que  sus  descendientes 
viesen  su  retrato  y  hubiese  eterna  memoria  de  él.  Los  arqui- 
tectos lo  hicieron  tan  al  natural  como  tengo  dicho,  que  no  le 
faltó  cosa;  IxtlilxuchiU  lo  fué  á  ver  con  Apochpilon^  y  allí  se  en- 
terneció y  lloró,  según  los  cantos,  y  con  él  Apochpilon  y  los 
demás  Señores  que  le  consolaron.  Estuvieron  en  Iztancamac 
algunos  días  muy  servidos  y  regalados;  y  Cortés  y  IxÜUxuchitl 
recibieron  muchos  presentes  de  Apochpilon  muy  curiosos  de 
jicaras  y  tecomates  de  diversas  labores,  y  otras  muchas  cosas 
que  en  esta  provincia  hay,  que  son  todos  mercaderes  los  na- 
turales de  ella,  que  los  estimó  mucho  IxÜUxuchitl,  y  lo  mismo 
hicieron  á  Cortés,  aunque  no  le  cuadró  tanto  por  haber  poco  oro^ 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  419 

y  eso  mezclado  con  cobre.  Era  esta  provincia  muy  grande,  y 
tenía  muchas  ferias,  entre  las  cuales  era  la  mayor  la  de  NUo^ 
barrio  de  por  sí  de  la  ciudad. 

Algunos  autores  escriben  que  la  muerte  de  Ouauhtemoc  fué 
en  Iztanoamae;  pero  los  naturales  y  las  pinturas,  cantos  é  his- 
torias de  esta  tierra,  á  quien  yo  sigo,  lo  dicen  según  está  refe- 
rido atrás;  y  sea  como  fuere,  ellos  murieron  en  tierra  de  la  pro- 
vincia de  Acolan^  y  Cortés  los  mató  sin  oidpa^  sóh  porque  la  tierra 
quedase  sin  Señores  naturales;  el  cual,  si  conocía  tanto  bien  como 
Dios  le  había  hecho,  los  había  de  tener  sobre  sus  ojos,  y  esti- 
marlos como  piedras  preciosas,  que  era  el  triunfo  de  sus  he- 
chos; pero  él  siempre  procuró  de  matar  á  los  Señores,  y  aun  á 
sus  nietos,  y  obscurecer  sus  glorias  y  dárselas  á  sí  solo,  porque 
si  se  mira  bien,  si  él  únicamente  y  sus  compañeros  sujetaran 
toda  la  tierra,  fuera  imposible;  y  cuando  eso  fuera  no  merecie- 
ran tanta  honra,  cuanto  más  que  él  tuvo  muchos  más  amigos 
que  enemigos,  y  aun  no  se  pueden  decir  enemigos  á  los  que 
tienen  este  nombre,  porque  los  mismos  Españoles  dieron  la 
ocasión,  y  aun  no  tan  solamente  obscurecen  la  ayuda  que  tu- 
vieron de  los  de  Texcuco,  Tlaxcalan  y  otras  partes,  sino  que 
apocan  tanto  á  los  vencidos  que  es  vergüenza,  y  fuera  de  toda 
verdad  y  razón,  y  no  han  hecho,  como  lo  que  dicen,  que  quien 
quiere  engrandecer  la  honra  y  fama  de  la  victoria,  no  huye  de 
encarecer  las  fuerzas  del  vencido,  para  gloria,  honor  y  eterno 
triunfo  del  vencedor;  lo  cual  si  ellos  hicieran  esto,  tuvieran 
mucha  más  fama  de  laque  tienen.  Gran  cosa  por  cierto  habría 
hecho  Cortés  y  los  demás  conquistadores  en  plantar  la  ley 
evangélica  en  este  nuevo  mundo,  si  no  hubieran  hecho  las 
crueldades  y  las  cosas  referidas  en  esta  historia  y  las  demás 
que  están  escritas,  y  en  lo  que  sigue;  y  así  Dios  ha  permitido  que 
haya  muy  poca  memoria  de  ellos,  y  los  más  de  éstos  han 
acabado  en  mal^  y  entiendo  que  Ouauhtemoc  y  los  demás  que 
murieron  con  él,  pues  ya  eran  cristianos  y  conocían  á  Dios,  ya 
que  perdieron  sus  reinos  y  señoríos  que  son  perecederos,  les 
daría  Dios  el  del  cielo  que  es  eterno,  y  que  á  nosotros  importa 


420  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

más  que  cuantas  honras  y  riquezas  y  las  demás  cosas  que  tie- 
ne el  mundo;  y  plegué  á  Dios  que  muchas  sillas  de  las  que  de- 
bían ser  de  los  primeros  Españoles  que  vinieron  á  estas  partes» 
las  posean  en  la  vida  eterna  los  desventurados  naturales  y 
aim  algunos  de  los  que  hoy  viven;  porque  es  tanta  su  miseria 
que  he  leído  á  muchos  autores  que  tratan  de  tiranías  y  cruel- 
dades de  otras  naciones,  que  ninguna  de  ellas  y  todas  juntas 
tienen  que  ver  con  los  trabajos  y  esclavonía  de  los  naturales, 
los  cnales,  como  ellos  lo  dicen,  más  querrían  ser  esclavos  herrar 
dos^  y  no  de  la  manera  que  hoy  viven^  porque  de  esta  manera  los 
Españoles  que  los  tratan  mal,  todavía  tuvieran  alguna  lástima 
de  ellos  por  no  perder  sus  dineros;  y  es  tanta  su  desventura, 
que  si  uno  tropieza  y  cae  y  se  lastima,  es  tanto  el  gusto  que  de 
ello  reciben  que  no  se  puede  encarecer,  y  no  obstante  esto, 
cuantas  maldiciones  les  vienen  ala  imaginación  les  echan,  y  si 
se  mueren  dicen  que  ya  el  diablo  se  los  debía  de  haber  llevado 
á  todos;  digo  esto,  porque  á  cada  instante  sucede,  y  lo  oigo  de- 
cir, y  pues  Dios  lo  consiente,  su  Majestad  sabe  por  qué,  y  dé- 
mosle gracias  por  ello. 

Salieron  los  Castellanos  de  IzUimamac,  después  de  todo  lo 
referido  atrás,  y  fueron  á  Mazatían,  y  por  el  camino  tardaron 
tres  días,  en  donde  pasaron  ciertas  ciénegas  y  un  estero,  y  á 
ciertos  soldados  de  IxtlUxuchiÜ  que  se  adelantaron,  que  lleva- 
ban á  cierto  espía  de  MazaÜan  preso,  les  salió  otra  cantidad  de 
enemigos  y  les  quitaron  el  preso,  los  cuales  corridos  de  esto  pe- 
learon valerosamente  hasta  cobrar  lo  que  les  habían  quitado,  y 
al  capitán  le  dio  uno  de  ellos  una  cuchillada  en  un  brazo,  y  lo 
prendieron  y  trajeron  ante  IzÜilxxLchitl^  al  cual  lo  llevaron  por 
guía;  y  llegados  al  lugar  no  hallaron  á  nadie,  porque  todos 
huyeron,  como  tuvieron  aviso  de  la  venida  de  los  Españoles 
y  lo  bien  que  pelearon  los  Aculhuas.  Ixtlilxuchül  envió  á  lla- 
mar al  Señor  gobernador  de  Mazatlan^  que  era  niño,  con  un 
mercader  de  Acalan^  el  cual  vino  y  los  llevó  á  Tiacqtie,  que 
está  una  jomada  de  Mazatían^  y  allí  fueron  muy  bien  recibidos 
y  regalados;  aunque  los  vecinos  por  ninguna  vía  quisieron  vol- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  421 

ver  á  sus  casas,  que  todos  se  habían  ido  á  un  cerro,  cerca  de 
allí.  Fueron  otro  día  á  dormir  á  XuncahuiU^  lugar  muy  fuerte, 
poblado  de  gente  y  con  mucho  mantenimiento,  en  donde  se 
proveyeron  de  comida  para  cinco  días  que  anduvieron  hasta 
Tiacac.  La  causa  de  que  estos  lugares  estaban  despoblados,  es 
según  las  historias,  que  corrió  la  fama  por  toda  la  tierra  de  la 
cruel  muerte  que  Cortés  dio  á  los  Reyes  y  Señores,  y  así  esta- 
ban todos  espantados,  especialmente  con  saber  que  IxÜüxuchiÜ 
y  los  Aculhuas  sus  vasallos  favorecían  y  andaban  con  Cortés  y 
sus  compañeros;  y  así  visto  esto  por  los  de  aquellas  tierras,  hi- 
cieron como  habían  hecho  los  de  la  provincia  de  Cohuaizar 
cualco  y  las  demás  partes  referidas,  porque  con  las  tiranías  de 
los  Españoles  que  por  sus  tierras  andaban,  no  quedaba  hom- 
bre ni  mujer  que  teniendo  nuevas  de  que  venían  á  sus  países 
que  no  salieran  desamparando  sus  casas,^  espantados  y  es- 
candalizados de  las  crueldades  y  tiranías  de  los  Españoles, 
especialmente  viendo  ellos  que  lo  hacían  con  personas  de  más 
poder  y  grandeza  en  todo  que  ellos.  Anduvieron  pues  cuatro 
días  caminando  por  despoblado,  y  al  quinto,  después  de  haber 
pasado  un  cerro  llamado  Tdeyztacan^  llegaron  á  una  gran  lagu- 
na, dentro  de  la  cual  estaba  la  ciudad  cabecera  de  la  provincia 
de  Tiacac;  llegaron  á  un  lugar  donde  estaban  muchas  labran- 
zas y  algunos  labradores,  los  cuales  luego  que  vieron  Españo- 
les se  metieron  por  la  laguna  adentro  en  ciertas  canoas  que  allí 
tenían;  y  para  llegar  á  este  lugar  padeció  el  ejército  harto  tra- 
bajo, porque  iban  metidos  por  el  agua  hasta  las  rodillas,  y  llo- 
vía mucho,  como  siempre  habían  padecido  en  las  demás  partes 
de  esta  jomada.  Llevaban  cierto  hombre  que  prendieron  los 
guías  poco  había  por  el  camino,  al  cual  mandaron  fuese  á  dar 
aviso  á  Canee^  Señor  que  á  la  sazón  era  de  esta  provincia,  y 
que  dijese  de  parte  de  IxÜUxuchiÜ  cómo  venían  á  verle  y  traían 
consigo  los  hijos  del  sol,  que  venían  con  el  mismo  intento  y 

1  En  Kingsborough  dice:  que  teniendo  nuevas  de  que  los  Españoles  venían 
á  sus  tierras,  no  saliesen  desamparando  sus  casas. 


422  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


eran  embajadores  del  mejor  Señor  del  mundo.  Fué  este  hom- 
bre, y  IxttUxuchiÜ  asentó  su  real  y  lo  fortificó,  que  lo  mismo 
hizo  Cortés  en  la  parte  más  acomodada  que  allí  hallaron,  por 
ser  esta  provincia  no  conocida  ni  sujeta  al  imperio  Ghichimeca. 
El  mensajero  volvió  á  media  noche  con  dos  caballeros  criados 
de  Canec^  los  cuales  hallaron  á  Ixililxuchül  y  le  dieron  la  bien- 
venida, y  por  más  extenso  supieron  de  su  vida  y  de  los  hijos 
del  sol,  y  á  lo  que  venían,  el  cual  les  dio  razón  de  todo,  y  en- 
vió á  llamar  á  Canee  su  Señor  diciéndole  que  querían  verle,  y 
les  dio  á  dos  capitanes  por  rehenes,  que  lo  mismo  hizo  Cortés 
entregándoles  á  un  Español.  Otro  día  vino  Canee  con  treinta 
personas  ilustres  y  trajo  consigo  al  Español  y  á  los  dos  capita- 
nes, y  también  ciertos  presentes  que  dio  á  IxtlüxuchiU  y  á  Cor- 
tés; el  cual  se  holgó  mucho  de  ver  á  los  Españoles,  y  IxilUxu- 
chi  I  le  declaró  algo  á  qué  venían;  y  le  trató  las  cosas  de  la  fe, 
el  cual  se  holgó  de  oir  y  oyó  misa,  y  tuvieron  con  él  ciertas 
demandas  y  respuestas  los  religiosos,  sobre  la  misa  y  misterios 
de  la  fe:  y  prometió  derribar  sus  ídolos  y  pidió  una  cruz  para 
poner  en  su  ciudad:  después  de  esto  y  de  otras  muchas  razo- 
nes, porque  ya  era  hora  de  comer,  regaló  á  los  nuestros  con 
pan,  gallinas,  miel  y  pescado,  y  seofreció  por  amigo  y  vasallo  al 
Emperador;  y  luego  llevó  á  Cortés  y  á  IxtiUxuchül  y  ciertos  Espa- 
ñoles dentro  de  su  ciudad,  y  quemó  los  ídolos,  y  en  el  ínterin 
comenzó  á  caminar;  y  ya  que  era  tarde  salieron  Cortés  y  laMü- 
xuchül  con  ciertos  guías  para  ir  en  seguimiento  de  ciertos  Es- 
pañoles y  algunos  naturales  que  enviaron  por  delante,  y  tuvie- 
ron aviso  de  ellos.  En  esta  ciudad  alcanzaron  al  ejército  que 
ya  había  bajado  toda  la  laguna,  y  allí  cerca  en  un  llano  hicie- 
ron noche.  Otro  día  prosiguieron  su  camino  por  unos  llanos, 
en  donde  mataron  ciertos  gamos,  que  hay  infinidad  de  ellos  en 
estas  partes,  y  luego  encontraron  con  ciertos  cazadores  que 
traían  un  león  muerto,  y  los  prendieron,  los  cuales  los  guiaron 
con  los  otros  de  Tiacac  hasta  llegar  á  un  estero  muy  grande  de 
agua  y  hondo,  que  luego  á  la  otra  banda  estaba  un  pueblo 
donde  iban.  Los  de  este  lugar  viendo  Españoles  comenzaron  á 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.        423 

desamparar  sus  casas,  llevando  su  ropa,  hijos  y  mujeres,  y  co*- 
gieron  á  dos  naturales  de  allí  que  andaban  en  una  canoa  con 
una  doncella;  los  cuales  los  llevaron  una  legua  de  allí  por  don- 
de pudo  entrar  el  ejército  á  este  lugar.  Llegados  á  él  se  abas- 
tecieron de  todo  lo  necesario  y  mataron  la  hambre,  y  estuvie- 
ron cuatro  días  esperando  á  Amoan^  Señor  que  era  de  Tkzoan 
(que  así  se  llama  este  lugar),  pero  no  vino  ni  sus  vasallos;  y 
así  nuestro  ejército  se  partió  después  de  haber  tomado  basti- 
mento para  seis  días  de  camino,  de  los  cuales  el  primero  fue- 
ron á  dormir  á  una  cierta  venta  del  Señor  de  Ttezean^  seis  le- 
guas de  este  lugar,  en  donde  estuvieron  un  día,  y  hicieron 
fiesta  de  Nuestra  Señora,*  que  era  su  día,  y  pescaron  en  un  río 
que  allí  cerca  estaba  ciertos  peces  buenos  que  allí  se  halla- 
ron: al  otro  caminaron  y  mataron  ciertos  venadoá,  y  pasaron 
después  de  haber  caminado  un  llano  muy  trabajoso  y  puerto 
de  más  de  cuatro  leguas  de  subida  y  bajada,  en  donde  al  pie 
de  este  lugar  les  cogió  la  noche,  y  durmieron  aquí,  y  estuvie- 
ron todo  el  día  descansando,  y  el  otro  día  siguiente  caminaron 
hasta  un  pueblecillo  de  Arman  llamado  Axuricajmyn^  en  donde 
estuvieron  dos  días,  al  cabo  de  los  cuales  caminaron  el  siguiente 
hasta  Taxaytetl^  en  donde  durmieron,  que  era  otro  pueblo  del 
mismo  Amoauy  y  en  él  hallaron  mucho  refresco  y  comida,  y 
hombres  que  les  dieron  razón  de  su  venida. 

El  día  siguiente  comenzaron  su  camino,  y  andadas  dos  leguas 
se  les  ofreció  una  sierra  altísima  que  tenía  más  de  ocho  leguas 
de  subida,  en  donde  tardaron  dos  días  con  harto  trabajo  de  un 
continuo  aguacero,  hambre  y  miseria  para  los  nuestros;  y  mu- 
rieron sesenta  y  tantos  caballos  despeñados  y  arrebatados. 
También  se  despeñó  un  sobrino  de  Cortés  que  se  quebró  una 
pierna  en  tres  ó  cuatro  partes,  y  los  naturales  lo  sacaron  con 
harto  trabajo  de  donde  cayó,  y  pasando  esta  sierra  áspera,  die- 
ron con  un  río  grande  y  muy  caudaloso.  Envió  Ixtlilxuchifl 
corredores  para  que  viesen  si  había  alguna  parte  por  el  río  arri- 
ba en  donde  se  estrechase;  los  cuales  de  allí  á  poco  volvieron 
y  dieron  aviso  cómo  habían  hallado  una  peña  que  la  naturaleza . 


424  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

había  creado,  por  encima  de  la  cual  se  podía  pasar,  como  si 
fuera  puente,  con  mucha  facilidad.  Los  Españoles  se  holgaron 
mucho  con  tal  nueva,  pues  que  ya  estaban  desesperados,  y  era 
por  Semana  Santa,  y  estaban  todos  confesados  aguardando  la 
muerte;  y  puestos  ciertos  palos  que  faltaban  para  alcanzar  la 
peña  á  la  otra  parte,  pasaron  y  fueron  á  dormir  á  un  pueblo 
que  allí  cerca  estaba,  llamado  Teoxoie^  en  el  cual  hallaron  algu- 
na gente,  aunque  muy  poca  comida,  que  tenían  harta  necesi- 
dad de  ella,  especialmente  los  naturales,  que  no  se  habían  sus- 
tentado con  otra  cosa  sino  con  yerbas  todos  los  días  que  hablan 
padecido  estos  trabajos,  desde  que  se  les  acabó  la  comida  que 
traían  de  TaxayteÜ.  Los  de  este  lugar  dijeron  á  los  nuestros  que 
de  una  jomada  por  el  río  arriba  estaba  ima  provincia  llamada 
Tahuican^  en  donde  hallarían  harto  bastimento  y  todo  lo  nece- 
sario; pero  que  estaba  á  la  otra  banda  de  él.  IxtHlxuchiÜ  envió 
más  de  mil  Aculhuas  sus  vasallos  con  algimos  Españoles,  para 
que  de  allá  trajesen  bastimento,  los  cuales  fueron  y  proveye- 
ron al  ejército  muchas  veces,  aunque  con  mucho  trabajo;  y 
estando  en  este  lugar  enviaron  á  otra  provincia  llamada  Azw- 
cvlin^  ciertos  Aculhuas  con  ciertos  Españoles  y  un  guía;  y  an- 
dadas algimas  leguas,  llegaron  á  una  venta,  en  donde  hallaron 
siete  hombres  y  una  mujer,  y  de  ellos  supieron  cómo  era  el 
camino  llano  y  bueno  hasta  Azaoulin^  y  se  tomó  más  entera 
relación  de  un  hombre  natural  de  Acolan  de  todo.  Estuvieron 
algunos  días,  aunque  luego  se  partieron  para  Azueulin  sin  guías, 
porque  el  de  Acolan  y  los  demás  una  noche  se  huyeron.  Ca- 
minaron tres  días  por  mal  camino,  al  cabo  de  los  cuales  llega- 
ron á  Azucuiin^  que  estaba  despoblado  y  sin  gente;  y  no  ha- 
biendo hallado  bastimento  ninguno,  padecieron  harta  necesidad 
y  hambre.  Anduvieron  buscando  más  de  ocho  días  guías  para 
que  los  llevasen  á  NUo,  y  nunca  se  pudo  hallar  á  nadie;  y  mi- 
rando muy  bien  la  pintura  que  llevaban  por  donde  habían  de 
ir,  hallaron  que  se  les  ofrecían  ciertos  lugares  sujetos  á  la  pro- 
vincia de  Tunia;  ^  y  yendo  caminando  hallaron  á  un  mancebo» 
1  Túnica  en  Kingsborough. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLIIJÍOCHITL.  425 

al  cual  lo  prendieron  y  los  guió  por  unos  montes  hasta  los  pue- 
blecillos,  que  tardaron  dos  días  en  llegar,  en  donde  se  hallaron 
todo  despoblado  y  sin  gente,  si  no  fué  un  viejo,  el  cual  los  guió 
dos  jornadas  hasta  un  pueblo  en  donde  prendieron  cuatro  hom- 
bres, que  no  hallaron  más,  porque  los  otros  todos  se  habían  hui- 
do y  desamparado  sus  casas.  IxtlUxuchiÜ  les  preguntó  si  sabían 
dónde  era  Mto  y  qué  tanto  estaba  de  allí:  ellos  dijeron  que  ha- 
bía dos  días  de  camino,  y  por  más  certificarse  soltó  á  dos  de 
ellos,  y  les  mandó  que  fuesen  y  tngesen  alguna  gente  para  que 
fuesen  creídos,  escarmentados  de  los  trabajos  pasados,  los  cua- 
les fueron  y  trajeron  ciertas  mujeres  de  Nito^  y  dieron  razón 
del  lugar  y  de  los  Españoles  que  había  en  él.  Cortés  no  con- 
tento con  esto,  envió  ciertos  Castellanos,  para  que  por  más  ex- 
tenso supiesen  si  había  Españoles  en  aquel  lugar:  los  cuales 
fueron  y  tomaron  á  ciertos  hombres,  y  volvieron  á  dar  razón  á 
Cortés,  el  cual  escribió  á  otro  Nieto,^  que  era  el  capitán;  y  le 
envió  á  pedir  barcas  para  poder  pasar  el  río,  y  caminaron  con 
el  ejército,  los  cuales  estuvieron  cinco  días  en  el  camino  y  pa- 
sada del  río,  y  otros  muchos  en  Tunia^  en  donde  padecieron 
grandísima  necesidad  los  Aculhuas,  y  hambre.  Llegados  á  NUo 
menos  hallaron  qué  comer,  porque  los  Españoles  que  había 
adentro  estaban  enfermos  y  muertos  de  hambre.  IxÜUxuchiU 
repartió  sus  soldados,  unos  envió  á  buscar  yerbas  para  poderse 
sustentar,  y  otros  por  los  pueblos  circunvecinos  por  si  hallaban 
algún  bastimento;  los  cuales  no  pudieron  hallar  cosa  ninguna, 
si  no  eran  crueles  guerras  con  los  naturales,  aunque  en  aque- 
llas dos  jornadas  de  Nito^  fueron  los  de  Ixtíilxuchül  por  mal 
camino  á  este  lugar,  y  trajeron  algún  bastimento.  Visto  esto 
por  los  nuestros  y  la  necesidad  que  padecían,  rogó  Cortés  á 
IxtlUxuchiÜ  que  se  fuese  con  él  en  tres  navios  que  tenía  adere- 
zados por  agua  hasta  la  bahía  de  San  Andrés,  y  cerca  de  se- 
senta de  los  Aculhuas  sus  vasallos,  los  más  animosos,  y  cua- 


1  En  la  impresión  de  Bustafnante  dice  Juan  Nieto,  y  en  Kingsborough  al 
capitán. 


426  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

renta  Españoles  que  escogió  para  este  efecto,  y  que  su  ejercito 
fílese  por  Nclgo  con  Gonzalo  de  Sandoval  y  los  demás  Españo- 
les, en  donde  les  irían  á  alcanzar,  que  estaba  tres  jomadas  de 
este  lugar,  para  que  apaciguase  á  los  Españoles,  que  estaban 
discordes  y  encontrados. 

Partido  que  fué  Cortés,  anduvieron  ciertos  días  hasta  llegar 
á  un  golfo  que  baja  más  de  treinta  leguas,  según  los  autores  Es- 
pañoles. Saltaron  en  tierra  Cortés  y  IxÜilxuehiÜ^  cada  imo  de 
ellos  con  treinta  soldados,  hasta  un  lugar  despoblado  y  arrui- 
nado, en  donde  cogieron  cierta  cantidad  de  maíz  y  chile;  y  tor- 
náronse á  sus  barcas,  y  luego  prosiguieron  su  camino  y  tuvie- 
ron tormenta,  y  ahogóse  un  soldado  de  IxtlüxuchiÜ,  natural  de 
Texcuco,  que  iba  en  una  de  las  canoas  que  llevaban;  y  llegados 
á  un  río,  dejaron  aquí  las  barcas  y  bergantines  á  ciertos  Espa- 
ñoles y  naturales,  y  los  demás  fueron  con  Cortés  y  IxÜüxuchiU. 
De  allí  á  poco  rato  toparon  con  otro  pueblo  despoblado,  y  lue- 
go subieron  por  unos  montes  con  harto  trabajo  hasta  topar  con 
unos  sembrados,  donde  hallaron  en  una  chozuela  un  hombre 
y  tres  mujeres;  y  de  aquí  á  un  pueblecillo  pequeño  que  estaba 
sin  gente,  y  había  muchas  gallinas  y  otras  aves,  aunque  no  ha- 
bía maíz  ni  sal,  que  era  lo  que  se  buscaba.  Había  un  rato  que 
estaban  metidos  en  cierta  casa,  cuando  los  moradores  de  ella 
descuidados  venían  á  ocuparla:  fueron  presos,  los  cpales  guia* 
ron  á  los  nuestros  por  un  camino  muy  trabajoso  y  de  muchas 
sierras,  y  muchos  ríos  que  de  ellas  bajan,  hasta  llegar  á  un 
pueblo,  que  por  haber  mucha  gente  no  osaron  los  nuestros  lle- 
gar al  lugar,  y  durmieron  aquí  con  harto  trabajo  de  aguaceros, 
rayos  y  relámpagos,  y  muchos  mosquitos.  En  amaneciendo, 
entraron  dentro  del  pueblo,  y  hallaron  á  los  vecinos  durmien- 
do, y  en  las  casas  del  Señor  estaba  mucha  gente  también  dor- 
mida: los  Españoles  dieron  sobre  ellos  y  mataron  quince  perso- 
nas, y  entre  ellas  al  Señor;  prendieron  otros  quince  hombres 
y  veinte  y  tantas  mujeres.  Con  estas  hostilidades  y  otras  tales, 
¿cómo  no  habían  de  estar  los  pueblos  despoblados?  Los  presos 
los  enviaron  á  otro  pueblo  mayor,  y  dijeron  haber  maíz  y  todo 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  427 

lo  necesario  que  aquí  no  se  halló.  Por  el  camino  prendieron 
ocho  hombres  cazadores  y  á  ciertos  leñadores,  hasta  llegar  á  un 
campo  llano  en  el  que  durmieron,  después  de  haber  pasado 
un  rio  con  harto  trabajo  á  media  noche.  Los  vecinos  del  pue- 
blo, así  como  sintieron  á  los  Españoles,  comenzaron  á  llamar 
gente  de  guerra,  habiendo  encendido  luminarias  y  tocando 
ciertos  instrumentos.  IxÜüxUchitl  dijo  á  Cortés,  que  antes  que 
sucediese  otra  cosa,  entrasen  dentro  del  pueblo  y  lo  sujetasen 
luego  á  la  hora,  ó  se  fuesen  de  allí,  porque  corrían  mucho  ries- 
go; Cortés  dijo  que  sería  mejor  dar  sobre  ellos  y  cogerlos  des- 
cuidados, y  así  se  hizo  hasta  entrar  dentro,  matando  mucha 
gente  del  pueblo,  y  en  la  plaza  se  hicieron  fuertes.  Los  vecinos 
huyeron,  y  así  cuando  amaneció  ya  no  hallaron  á  nadie;  luego 
anduvieron  saqueando  las  casas,  donde  encontraron  muchas 
mantas,  algodón,  maíz,  sal  y  otras  cosas;  asimismo  mucha  fruta, 
gallinas  y  otras  aves,  chile  y  cacao.  Estaban  las  naos  cuasi 
á  tres  jomadas  de  este  lugar,  y  por  un  camino  muy  trabajoso; 
y  porque  pasa  un  río  por  enmedio  de  este  pueblo,  que  va  á  dar 
hasta  el  lugar  donde  estaban  las  barcas,  enviaron  á  llamar  los 
del  bergantín  y  barcas  para  que  las  trajesen  por  la  misma  par- 
te, para  cargarlas  de  comida  v  vitualla;  y  en  el  ínterin  labraron 
otras  cuatro  balsas  los  naturales  de  Texcuco,  por  orden  de 
Cortés,  para  que  también  ayudasen  á  llevar  el  maíz.  Llegaron 
pues  el  bergantín  y  las  barcas  muy  abajo  del  río,  que  no  po- 
dían subir  más  por  la  mucha  corriente,  y  así  con  las  balsas  se 
llevó  el  bastimento  con  harto  trabajo  y  peligro,  porque  los  na- 
turales á  una  banda  y  otra  tiraban  muchos  flechazos  y  pedra- 
das; pero  no  murió  nadie,  aunque  Ixttilxuchití,  Cortés  y  los  de- 
más fueron  heridos,  y  la  demás  gente  que  fué  por  tierra  no 
corrió  ningún  riesgo.  Asimismo  abastecieron  sus  barcas  y  ber- 
gantín de  otros  pueblos  y  lugares  que  hallaron  en  la  ribera,  y 
en  un  día  y  una  noche  llegaron  al  golfo;  y  embarcados  todos 
dieron  la  vuelta  para  Nito,  Tardaron  en  este  viaje,  según  dicen 
las  historias,  treinta  y  cinco  días,  y  llegados  á  Nito  juntó  á  los 
Españoles  que  habían  quedado  suyos,  y  los  de  González,  y  se 


428  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

partió  para  la  bahía  de  San  Andrés,  que  ya  estaba  allá  el  ejér- 
cito de  Ixtlihuchitl  y  Españoles.  Estuvieron  veinte  días  en 
este  puerto,  al  cabo  de  los  cuales  después  de  haberlo  poblado 
y  dejado  alguna  gente,  se  fueron  al  puerto  de  Honduras. 

Estuvieron  cuatro  días  navegando,  y  al  cabo  de  éstos,  lle- 
garon y  se  desembarcaron.  De  allí  á  dos  días,  envió  IxtUbm- 
chül  dos  soldados  suyos  con  un  español  que  también  enviaba 
Cortés  á  dos  pueblos  que  estaban  una  jomada  de  este  lugar 
llamados  Chiapaodna  y  Papayca,  cabeceras  de  provincia,  dán- 
doles aviso  de  cómo  era  venido  allí  con  el  capitán  Cortés,  y 
que  viniesen  á  verse  con  él  para  tratar  de  ciertas  cosas.  Los 
señores  de  esta  provincia  se  holgaron  mucho  de  tales  nuevas, 
y  luego  enviaron  sus  mensajeros  con  los  que  envió  IxÜilxuchül^ 
para  darle  la  bien  venida,  los  cuales,  oída  la  razón  de  IxÜU- 
xuchitt^  y  el  intento  de  Cortés,  fueron  á  llamar  á  sus  señores, 
y  de  allí  á  cinco  días  enviaron  con  dos  personas  principales 
mucho  maíz,  gallinas,  y  comida  de  parte  de  sus  caciques,  á  ver 
lo  que  quería  IxtíilxuchiÜ,  y  á  qué  venia  Cortés,  y  para  qué  los 
llamaban.  Decíanles  que  les  perdonase  que  no  osaban  venir 
porque  los  Españoles  les  habían  hecho  mil  insolencias,  y  venían 
á  robar  hombres  que  los  llevaban  forzadamente  en  sus  navios. 
IxtlUxuchitl  por  lengua  de  Marina  dijo  á  Cortés  todo  lo  que 
habían  respondido  estos  señores,  el  cual  le  rogó  que  les  asegu- 
rase, y  dijese  á  lo  que  venían  más  específicamente,  y  que  les 
enviase  á  decir  que  viniesen  para  tratar  de  su  quietud.  Ixtlü" 
xuchitl  les  envió  con  estos  mensajeros  á  dar  más  entera  razón 
de  su  venida,  y  les  envió  á  rogar  que  se  viniesen  á  ver  con  él, 
y  no  tuviesen  miedo  que  no  les  harían  ningún  daño  los  Espa- 
ñoles, que  eran  amigos,  y  que  le  enviasen  bastimento  para  su 
ejército  que  padecía  mucha  necesidad,  y  cierta  cantidad  de 
gastadores  y  leñadores  para  talar  un  monte,  que  decía  Cortés 
que  era  necesario  talar.  Habiendo  oído  lo  que  IxtlUxuchitl  en- 
viaba á  decir,  luego  juntaron  toda  la  gente  que  pudieron  para 
este  efecto,  y  vinieron  con  ella,  y  trajeron  mucho  bastimento,  y 
talaron  el  monte.  En  estas  demandas  y  respuestas,  y  otras  mu- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  429 

chas  cosas  que  sucedieron,  (que  sería  largo  de  contar),  tuvo 
Cortés  nuevas,  por  los  oidores  de  Cuba,  de  las  revueltas  de 
México,  por  lo  cual  probó  tres  ó  cuatro  veces  á  volverse  en 
sus  navios,  y  no  pudo  por  malos  temporales.  Contentóse  con 
enviar  á  Martin  Dorantes  á  Pamcco  con  cartas,  y  con  él  á  ciertos 
caballeros  y  gente  ilustre  de  Texcuco,  México  y  Tacuba,  que 
enviaba  Ixüílxuchiü  á  ruego  de  Cortés,  mandando  á  sus  gober- 
nadores no  consintiesen  hubiese  alguna  revuelta,  con  que  fuese 
causa  de  alzarse  la  tierra  y  hacer  muchas  muertes  y  guerras, 
el  cual  llegó  aunque  con  mucho  trabajo  y  los  señores  y  ca- 
balleros que  envió  IxtlUamchitl.  Después  de  haber  despachado 
Cortés  á  Dorantes,  cierta  cantidad  de  sus  soldados  salieron  á 
correr  la  tierra  con  Hernando  de  Saavedra  que  llevaba  sesenta 
españoles,  y  por  capitán  á  su  amigo  Chichinquaizin;  los  cuales 
fueron  y  corrieron  mucha  tierra,  pueblos  y  lugares  muy  fértiles 
en  un  valle.^  Chichinguatzin  se  dio  tan  buena  maña,  que  sin  pe- 
sadumbre ni  trabajo  de  su  amigo,  atrajo  muchos  pueblos  á  la 
amistad  de  los  nuestros,  y  vinieron  á  ver  á  IxÜilxuchiU  veinte 
señores,  los  cuales  ofrecieron  su  amistad,  personas  y  vasallos  á 
Cortés  y  demás  Españoles,  y  dieron  todo  lo  necesario  para  el 
sustento  del  ejército  de  IxtHlxuchiÜ  y  Castellanos. 

Los  señores  de  las  provincias  de  Papayca  y  Chiapaxina  se 
fueron  substrayendo,  y  aunque  acudieron  á  IxtlilxuchtU^  no  era 
con  tanto  amor  como  de  antes;  pues  estaban  agraviados  de 
ciertas  cosas  que  los  Españoles  habían  hecho  contra  ellos.  En- 
vió IxÜilxuchiU  á  requerirlos  que  se  diesen  de  paz,  y  como  ellos 
no  quisiesen  escuchar  sus  mensageros,  envió  luego  ciertos  sol- 
dados suyos,  y  por  cierta  traza  que  tuvieron  los  prendieron,  los 
cuales  eran  tres;  el  primero  se  llamaba  ChicueyÜj  el  segundo 
Pochotl^  y  el  tercero  Mendezeto^  y  traídos  ante  él  los  entregó  á 
Cortés,  el  cual  (según  dicen),  les  mandó  echar  unos  grillos,  y 
les  dijo  que  no  los  había  de  soltar  hasta  que  no  se  diesen  de 


1  Seguimos  en  estos  párrafos  la  redacción  de  Kingsborough,  porque  en  el 
manuscrito  no  tienen  sentido. 


430  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

paz  y  poblasen  sus  pueblos;  entonces  enviaron  á  decir  á  sus 
vasallos  que  tornasen  á  sus  casas,  y  se  diesen  de  paz,  si  que- 
rían verlos  libres  y  con  sus  vidas:  visto  esto  por  los  de  CAia- 
paxina  en  el  trabajo  en  que  estaban  sus  señores  se  dieron  lue- 
go de  paz,  y  poblaron  sus  pueblos,  y  con  tanto  fueron  sueltos 
sus  señores,  dando  palabra  á  IxÜilxuchiU  de  nunca  más  rebe- 
larse, y  ser  siempre  amigos  de  Cortés  y  de  los  españoles.  Los 
de  Papayca  no  queriendo  siyetarse,  envió  Ixtlilxuchitl  álgunBi 
cantidad  de  sus  vasallos  con  ciertos  Castellanos  que  para  este 
efecto  envió  Cortés,  y  una  noche  los  cogieron  dentro  de  la  ciu- 
dad, y  prendió  á  tres  gobernadores  ó  tutores  del  señor  de  aquí 
que  era  niño,  y  teníanle  usurpado  el  señorío,  que  el  más  princi- 
pal se  decía  Pizacura;  los  cuales  presos  con  lo  demás  del 
despojo,  los  trajeron  á  Truocülo,  que  así  nombró  Cortés  al  lugar 
en  donde  estaba.  Pizacura  se  disculpó  diciendo  que  no  era  par- 
te en  esta  rebelión:  que  Maizal  que  era  el  más  principal  era 
el  que  la  había  causado,  y  que  lo  soltasen  que  él  lo  entregaría  ea 
manos  de  los  cristianos.  Efectivamente  lo  soltaron,  y  no  cum- 
plió lo  que  prometió,  y  así  dio  orden  IxÜilxuchiU  de  mandar 
prender  á  Maizal,  el  cual  se  lo  trajeron  y  lo  entregó  á  Cortés, 
y  porque  no  quizo  darse  de  paz,  aunque  dicen  que  él  harto 
quiso,  y  que  los  vasallos  eran  los  que  no  querían,  lo  mandó 
ahorcar  Cortés,  y  luego  fueron  sobre  Papayca  y  la  sujetaron  á 
fuego  y  sangre,  y  prendieron  segunda  vez  á  Pizacura  con  el 
mancebo  que  era  verdadero  señor  como  tengo  dicho,  y  con  es- 
to quedó  pacífica  y  sujeta.  Cortés  dio  orden  para  despachar- 
se hacia  la  provincia  de  Hueytkdo  y  Nicaragua;  el  cual  estando 
aparejándose  para  irse  llegó  á  esta  ocasión,  según  dicen  los 
historiadores,  Fr.  Diego  Altamirano  primo  de  Cortés,  y  le  dio 
aviso  de  todo  lo  que  había  sucedido  en  México,  y  que  estaba 
en  mucho  aprieto  de  perderse,  según  eran  las  revueltas  que 
traían  los  españoles  unos  con  otros;  y  así  rogó  á  IxÜilxuchiU  en- 
viase parte  de  sus  vasallos  por  delante  por  Quauhiemalan  para 
aderezar  el  camino  por  donde  entendía  ir,  lo  cual  IxÜilxuchuiU 
luego  puso  por  obra,  y  envió  cierta  cantidad  de  Aculhuas  y  al- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  431 

gnnos  naturales  de  estas  partes  de  Honduras  para  el  efecto, 
aunque  no  fueron  por  aquí  los  que  envió  IxÜüxuchUl,  porque 
con  cierto  correo,  fueron  avisados  por  Ck)rtés  de  que  iba  por 
mar  en  navios.  Pasaron  su  camino  adelante,  sin  aguardar  más, 
por  la  misma  vía  que  pocos  días  había  ido  lo  más  del  ejército 
con  Gonzalo  de  Sandoval  que  estaba  en  Naoo^  según  se  lo  tenía 
mandado  Cortés  é  IxtlüxuchiU,  Algunos  autores  dicen  que  con 
estos  que  venían  á  aderezar  el  camino,  se  vino  IxÜikcuehiÜ;  pe- 
ro la  común  opinión  es,  que  siempre  anduvo  con  Cortés,  y  así 
no  vino  por  tierra.  Asimismo  previno  IxtlUxicchití  á  todas  las 
ciudades,  pueblos  y  lugares,  que  tuviesen  aderezados  los  cami* 
nos  con  todo  lo  necesario,  lo  cual  se  hizo  con  mucho  regocyo 
de  los  naturales,  que  ya  no  veían  la  hora  de  ver  á  su  señor, 
porque  de  todos  los  reyes,  príncipes  y  grandes  señores  que 
fueron  con  Cortés,  nadie  regresó  con  vida  si  no  era  IqeÜUxvMÜ: 
y  así  después  de  haber  puesto  en  orden  los  pueblos  que  fundó 
Cortés  el  uno  llamado  TruotnUo  y  el  otro  Natividad^  aderezados 
los  navios  y  bien  abastecidos,  se  embarcaron  Cortés  con  veían- 
te españoles  y  lodlilxuchitl  con  hasta  doscientos  de  sus  solda- 
dos y  muchos  señores  de  aquellas  partes.  Partieron  del  puerto 
de  TruosUlo  en  el  año  de  ocho  ToxÜi  á  16  días  del  mes  de  To- 
imoztzinüiy  y  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  de  mil  qui- 
nientos veinte  y  seis  á  25  de  Abril,  y  por  malos  temporales  fue- 
ron á  dar  á  Cuba,  donde  estuvieron,  según  dicen,  diez  días,  al 
cabo  de  los  cuales  partieron  y  llegaron  de  allí  á  siete  días  á  Chalr 
ehiehuecan^  en  donde  se  desembarcaron,  y  estuvieron  en  ella 
ocho  días.  IxtlüxuchiU  avisó  á  Texcuco,  México  y  Tacuba,  y  las 
demás  partes,  de  su  llegada  con  relación  de  sus  trabajos  y  largos 
caminos:  todos  los  cuales  se  holgaron  mucho  de  su  venida,  que 
les  fué  de  gran  consuelo,  aunque  quedaron  muy  tristes  con  la 
cierta  nueva  de  la  muerte  de  sus  reyes  y  señores;  y  entretanto 
se  partieron  para  México,  y  por  todo  el  camino  les  hicieron  so- 
lemnes recibimientos,  y  los  señores  los  salieron  á  recibir,  no 
tan  solamente  los  que  eran  cercanos,  sino  muchos  de  ellos  de 
sesenta  y  ochenta  leguas  de  distancia,  cargados  de  ricos  pre- 


432  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

sentes  para  IxÜUxuchül^  pues  que  no  les  había  quedado  otro 
á  quien  volver  los  ojos,  que  lo  mismo  hacían  á  Cortés  los 
demás  sus  compañeros.  Donde  quiera  que  llegaba  IxtlilxnchiU^ 
los  señores  lo  consolaban  y  lloraban  con  61  sus  trabajos  y 
muertes  de  los  sus  reyes  y  señores,  que  era  cosa  lastimo- 
sa de  ver  los  unos  con  los  otros,  según  refieren  los  cantos, 
como  si  ñieran  hijos  que  hubiesen  perdido  sus  padres,  que 
tanto  ó  más  lo  sentían  el  haber  perdido  sus  señores.  De  allí 
á  catorce  días  llegaron  á  la  ciudad  de  Texcuco  su  amada 
patria,  con  mucho  regocijo  de  sus  deudos  y  vasallos;  y  Cor- 
tés con  los  demás  Españoles  al  otro  día  se  partió  para  México 
donde  fué  muy  bien  recibido.  Este  fin  tuvo  la  larga  jomada 
que  hizo  IxtlUxuchiÜ  i,  Ibueras  el  cual  andubo  más  de  quinien- 
tas leguas,  según  dicen  los  autores  españoles,  especialmente 
Gomara,  que  se  conforma  en  lo  que  es  de  tiempo  y  lugares  que 
anduvieron  con  mi  historia,  la  cual  aquí  no  he  tratado  de  con- 
quistadores que  dicen  por  no  ser  de  mi  historia;  ^  además  de 
que  hartos  historiadores  han  tenido  los  españoles  que  sé  han 
acordado  de  ellos,  pero  no  lo  han  hecho  de  IxtlilxuchiÜysns  va- 
sallos; y  porque  también  las  pinturas  á  quien  yo  sigo  no  hacen 
relación  de  ellos,  si  no  es  en  las  partes  que  yo  los  señalo.  Fué 
uno  de  los  mayores  trabajos  que  ha  padecido  príncipe  en  este 
mundo  el  que  padeció  IxÜUxuchití,  y  así  parece  que  fué  en  su- 
ma mayor  que  ninguno  de  los  que  padecieron  sus  antepasa- 
dos, fuera  de  Topiltzin,  último  rey  y  monarca  de  los  Tultecas, 
que  casi  fué  igual  el  trabajo,  y  casi  por  el  mismo  camino,  según 
las  historias.  Xofotf  peregrinó  mucho  es  verdad;  pero  no  pade- 
ció lo  que  este  príncipe.  Su  abuelo  Nezahualcoyoizín  (como  se 
ha  visto)  también  padeció  mucho,  y  peregrinó  hartos  años;  pe- 
ro con  todo  esto  fué  dentro  de  su  patria  y  reino:  y  así  me  pa- 
rece que  casi  en  todo  fué  otro  segundo  TopiUzin  en  lo  que  es 
peregrinación,  trabajos,  y  última  destrucción  de  su  imperio, 


1  En  Kingsborough  dice:  en  la  cual  no  he  tratado  de  conquistas  por  no 
ser  de  mi  historia. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  433 

porque  en  él  se  acabó  la  monarquía  tulteca  que  duró  quinien- 
tos sesenta  y  dos  años,  y  lo  mismo  ha  sucedido  en  IxtlUxuchitl 
que  se  acabó  en  su  muerte  el  imperio  chichimeca  meridio- 
nal, que  duró  otro  tanto  tiempo. 

Fuera  de  todo  lo  referido  hubo  otras  salidas  á  diferentes  par- 
tes, que  por  evitar  prolijidad  no  se  ponen  aquí,  como  á  Colima, 
á  Huei/molan  y  á  Tlapalan  y  otras  partes  que  también  es  una 
provincia  que  cae  hacia  la  parte  de  Ibueras,  según  los  cantos  y 
pinturas,  y  que  IxÜUxuchitl  SLuduvo  personalmente  en  esta  jor- 
nada y  en  las  demás  referidas,  y  envió  en  favor  de  los  cristia- 
nos, que  siempre  iba,  grandísima  suma  de  ellos,  según  parece 
en  las  historias  y  muchas  relaciones  que  tengo  en  mi  poder  de 
D.  Alonso  Axayaca  y  otros  autores,  y  yo  he  oído  platicar  á 
algunos  viejos,  que  todavía  hay  algunos  vivos  que  lo  alcanza- 
ron á  ver,  y  me  he  informado  de  algunos  de  ellos  de  la  verdad, 
demás  de  lo  que  tengo  en  historias.  Dicen  que  el  mejor  ejér- 
cito que  se  sacó  de  Texcuco  para  las  partes  referidas  era  de 
más  de  cinco  mil  soldados,  los  cuales  IxÜUxvAikiÜ  siempre  pro- 
veía de  todo  lo  necesario,  así  de  sustento  como  de  vestuario, 
de  armas  y  de  otras  muchas  cosas  necesarias,  y  muy  buenos 
premios,  según  la  antigua  costumbre,  en  lo  que  gastó  grandísi- 
ma suma  de  hacienda  y  tesoro  de  él  y  de  sus  hermanos  y  deu- 
dos, y  todos  los  tributos  y  rentas  reales  que  había  en  las  casas 
de  tributo  de  su  padre  y  abuelo,  y  lo  que  cada  día  le  traían  sus 
vasallos,  y  los  demás  reinos  y  provincias  sujetos  á  las  tres  ca- 
beceras de  este  imperio.  Asimismo  gastó  cuanto  oro  y  piedras 
preciosas  tenía,  así  suyas  como  de  otros  Señores,  deudos  y  ami- 
gos suyos,  en  dar  á  Cortés  y  los  demás  cristianos,  que  tenían 
harto  cuidado  en  pedirlo,  según  era  la  hambrienta  codicia  y  ava- 
ricia que  ellos  tenían,  que  eso  tienen  los  codiciosos  ojos,  que 
mientras  más  les  dan,  más  quieren,  y  nunca  están  hartos,  como 
claro  parece  en  las  historias  escritas  de  diversos  autores;  y  aim 
los  desventurados  indios  de  sus  premios,  no  sólo  partían  con 
los  cristianos,  sino  que  se  los  daban  todos  por  tenerlos  conten- 
tos; aunque  los  primeros  cristianos  que  vinieron  á  esta  tierra 

Tomo  I-2S 


434  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

se  dan  á  ellos  solos  el  triunfo  de  la  victoria,  los  naturales  sol- 
dados eran  siempre  los  primeros  en  todos  los  trabígos,  como 
es  notorio  y  parece  en  las  historias,  como  gente  de  pan  y  na- 
ranja, ó  por  mejor  decir,  carne  de  vaca.  En  resolución,  fué 
grandísimo  y  excesivo  el  gasto  que  tuvo  IxtlilxuchiÜ  en  estas 
conquistas,  ó  conversión  de  esta  tierra,  como  se  ha  visto,  que 
no  fué  pequeño  servicio  á  Dios  y  á  S.  M.  El  Rey  de  Texcuco 
quedó  sin  capa  y  sin  premio,  y  el  día  de  hoy  se  ven  sus  des- 
cendientes sin  ningún  abrigo,  sólo  el  de  Dios,  y  la  clemencia 
de  Felipe  III  nuestro  Señor.  IxtlilxuchM  de  todo  lo  que  había 
sucedido,  desde  que  se  fué  á  i&M^rcw  hasta  que  volvió,  y  de  las 
cosas  que  ^  sus  tres  gobernadores  ó  virreyes  Izquinqiuini  de  Tex- 
cuco, Mexicaltecuhíli  de  México,  y  Contccatl  de  Tlacopan,  con 
los  demás  gobernadores  de  las  provincias  sujetas,  recibió  gran- 
dísima pena  de  lo  mal  que  habían  acudido,  y  como  por  causa 
de  ellos,  y  según  algunos  autores  dicen  por  industria  de  los 
Españoles  habían  muerto  á  muchos  importantes  caballeros  y 
gente  ilustre,  así  de  Texcuco,  como  de  México,  Tlacopan  y  las 
demás  partes,  hermanos  y  deudos  de  IxtlilxucMl,  y  algunos  de 
ellos  les  servían  como  si  fueran  sus  esclavos,  y  los  otros  anda- 
ban escondidos  y  ausentes  de  sus  casas  y  patrias  en  tierras  ex- 
trañas, todos  de  miedo  por  no  verse  muerlos,  escarmentados  de 
los  otros  que  por  pocas  causas  habían  sido  muertos,  y  otros 
de  vergüenza  de  no  bajarse  á  servir  á  estos  villanos  que  habían 
sido  sus  vasallos.  En  efecto  ellos  habían  acudido  tan  mal,  hasta 
que  IxUilxuthiU  les  mandó,  y  habían  hecho  tantas  tiranías,  que 
aún  no  contentos  con  esto,  habían  robado  lo  poco  que  había 
en  los  pueblos  de  Ixtiilxuchitl  y  de  los  demás  sus  deudos,  y 
gastado  todos  los  tributos  de  todo  el  tiempo  que  se  ocupó  en 
las  Ibueraa,  causando  mil  vejaciones  á  los  naturales,  haciendo 
casas  á  los  Españoles  dentro  de  la  ciudad  de  México,  dándoles 
solares  de  los  que  eran  do  la  pertenencia  de  Ixtiilxuchitl,  Otros 
Señores  hubo  que  por  una  gorra  y  aun  por  unos  zapatos  y  otras 

1  Aquí  fttlta:  habían  hecho. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  435 

cosas  de  menos  precio,  habían  dado  todo  esto,  y  si  era  algún 
vestido  de  Español  de  paño  mucho  más.  De  tal  manera  andu- 
vo la  cosa,  que  IxÜilxuchiil  cuando  lo  supo  se  quedó  espantado 
y  muy  indignado  contra  estos  tiranos  gobernadores  suyos,  y 
así  no  quiso  hacer  cosa  ninguna,  ni  envió  á  darles  aviso  de  có- 
mo era  venido,  aunque  ellos  muy  bien  lo  sabían,  hasta  ver  en 
qué  paraban  estas  cosas.  Los  caballeros  y  gente  ilustre  todos 
los  días  venían  á  él  con  mil  quejas,  diciéndole  que  les  hacían 
tributar,  y  los  enviaban  á  servir  á  los  Españoles,  especialmente 
Izjuinquani,  que  era  el  más  principal  de  los  tres  gobernadores^ 
el  cual  les  decía  que  eran  PUzirUin^  que  quiere  decir  hidalgos 
6  caballeros  viejos,  y  otras  palabras  injuriosas;  que  ya  se  había 
acabado  su  dominación,  que  ellos  y  los  Españoles  eran  los  Se- 
ñores de  la  tierra,  según  se  los  decía  Cortés  y  sus  compañeros. 
Fué  tanto  lo  que  se  sintió  de  esto  IxUiLmehiÜ^  que  luego  al 
punto  mandó  llamar  á  todos  los  caballeros  y  Señores  que  ha- 
bían quedado  con  toda  la  demás  gente  ilustre,  y  reunidos  les 
mandó  que  cada  uno  de  ellos  tomase  su  huacaü,  (que  son  unas 
como  espuertas,  ya  de  madera,  ya  de  cueros  de  animales),  y 
llevase  cargado  en  él  materiales  para  México  para  edificar  los 
templos  de  San  Francisco,  Iglesia  mayor;  é  IxtHhmchül,  como 
capitán,  siendo  el  primero  en  esto,  cargó  un  gran  huaeatl  de 
cuero  de  tigre  lleno  de  piedra,  se  partió  á  México  delante  de 
las  gentes  ilustres  que  iban  cargadas  de  piedra,  cal  y  arena,  y 
otros  atrás  tirando  madera,  y  los  fué  animando,  y  entre  otras 
razones  les  dijo:  que  tuviesen  paciencia  y  mostrasen  ánimo, 
porque  viesen  los  villanos  traidores  que  aunque  á  ellos  no  per- 
tenecía aquel  oficio,  lo  sabían  bien  hacer  sin  ayuda  de  los  re- 
beldes, y  que  sus  vasallos  la  gente  plebeya  tomase  ejemplo, 
para  que  con  mis  ánimo  los  que  quisiesen  seguirlos,  fuesen  á 
hacer  este  servicio  á  Dios  en  edificarle  su  Iglesia;  y  ellos,  como 
cabezas,  fuesen  los  primeros  que  pusieran  por  obra  el  edificar 
templos  á  Dios,  puesto  que  él  había  sido  el  primero  en  el  bau- 
tismo y  en  las  batallas  en  servicio  de  Dios  y  del  Emperador,  y 
que  sería  en  favor  de  los  cristianos  que  los  quería  servir  en 


436  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

todo,  mientras  Dios  le  diera  vida:  que  lo  mismo  había  hecho 
en  la  reedificación  de  México,  como  se  ha  visto,  por  dar  ejem- 
plo á  sus  vasallos,  los  cuales  viendo  el  buen  celo  y  ánimo  de 
este  singular  Príncipe,  llegaron  muy  contentos  á  México,  aun- 
que cansados  con  las  cargas,  que  eran  muy  pesadas  y  de  indus- 
tria dos  veces  tanto  más  que  podía  llevar  ún  villano;  y  así  carga- 
dos fueron  derechos  al  sitio  que  tenía  señalado  IxÜilxuchiÜ  los 
años  atrás  para  la  Iglesia  de  Señor  San  José,  de  San  Francisco  y 
de  la  Iglesia  mayor,  y  dieron  principio  á  la  obra,  aunque  lo  que 
era  la  casa  para  los  religiosos,  ya  los  naturales  la  mayor  parte 
de  ella  la  tenían  acabada,  y  entonces  decíase  la  misa  debajo  de 
una  cruz  muy  alta  que  pocos  años  há  que  se  cayó.  Acabada  la 
Iglesia  nueva  de  San  Francisco,  IxUilxuchiU,  viendo  que  iba  la 
obra  en  buen  punto,  se  tornó  á  la  ciudad  de  Texcuco,  dejando 
á  la  demás  gente  ilustre,  para  con  más  facilidad  enviarles  los 
materiales  y  proveerlos  de  todo  lo  necesario:  quedóse  en  Mé- 
xico algunos  días  trabajando,  y  aunque  gran  capitán  y  Señor 
de  toda  la  tierra,  se  le  vio  hecho  albañil.  En  todo  el  tiempo 
que  estuvo  en  México,  los  gobernadores  no  se  comidieron  á 
verle  ni  darle  ninguna  ayuda,  sino  que  permanecieron  muy 
contumaces  en  su  desatino,  todo  por  complacer  á  los  Españo- 
les, de  todo  lo  cual  se  holgaba  IxaUxuobM  por  darles,  aguar- 
dando mejor  ocasión,  la  pena  según  sus  culpas.  Llegado  des- 
pués á  Texcuco  enviaba  siempre  todo  lo  necesario  y  sustentaba 
á  los  religiosos,  los  que  le  consolaban  y  estaban  muy  conten- 
tos con  su  buena  compañía,  porque  ellos  habían  padecido  hartos 
trabajos  y  persecuciones  de  los  Españoles,  todo  por  favorecer 
la  causa  de  los  naturales,  compadeciéndose  de  ellos  y  de  sus 
calamidades;  y  aun  dicen  los  naturales  que  hoy  en  día  hay  al- 
guno vivo,  que  vino  á  tanto,  que  guardaba  á  los  religiosos  de 
noche  y  de  día  mucha  gente  que  IxÜilxuchiU  tenía  señalada 
para  que  no  recibiesen  algún  daño  de  los  Españoles.  Si  esto 
fué  asi,  es  cosa  que  admira;  pero  es  cosa  notoria  y  por  eso  la 
pongo  aquí,  que  como  de  esas  cosas  hicieron  los  primeros  Es- 
pañoles que  vinieron  á  estas  partes,  que  sería  largo  de  contar. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  437 

Y  porque  no  digan  algunos  que  como  parte  me  alargo  más  de 
lo  justo,  á  esto  respondo,  que  no  digo  nada  para  lo  mucho 
que  aquí  se  podía  poner,  y  si  los  cronistas  de  España  no  lo 
han  escrito,  será  porque  los  que  les  dieron  las  relaciones  eran 
los  hechores,  y  por  su  honra  lo  habían  de  callar;  y  si  alguno  lo 
dijera  no  se  le  daría  crédito,  y  también  si  los  religiosos  prime- 
ros fundadores  de  la  ley  evangélica  no  dejaron  memoria  de 
estas  insolencias,  sería  porque  como  siervos  de  Dios  y  biena- 
venturados, (que  lo  fueron  todos  según  sus  santas  y  loables  vi- 
das), lo  recibieron  en  amor  de  Dios,  y  no  harían  caso  de  estas 
cosas;  cuanto  y  más,  que  esto  que  yo  digo  lo  sabrán  muy  bien 
los  demás  religiosos  que  hay  en  el  día  de  hoy  en  San  Francisco, 
que  lo  hallarán  escrito  aun  algunos  de  ellos,  y  los  que  no  lo 
alcanzaron  lo  habrán  oído  tratar,  qile  no  há  muchos  años 
que  esto  sucedió;  pero  ñnalmente,  sea  por  los  Españoles  ó  por 
otros  respetos,  es  cosa  muy  notoria  y  parece  en  las  pinturas, 
y  se  halla  escrito,  que  á  este  tiempo  velaban  y  guardaban  mu- 
chos naturales  en  los  lugares  donde  los  religiosos  vivían,  como 
eran  en  Texcuco,  México,  Tlacopan,  Xochimüco^  Tlaxcalan^  ha- 
ciendo de  noche  sus  centinelas,  como  si  estuviesen  en  tierra 
de  enemigos.  En  esto  se  echará  de  ver  la  falsa  disculpa  de  los 
Españoles  en  decir  que  los  Señores  CuauMemoc^  Cohuanacoch- 
tzin,  TeÜcpanqueizcUzin  y  los  demás,  se  querían  alzar  en  las  tie- 
rras de  Ibueras  ó  Acedan  contra  ellos,  lo  que  fué  siniestra  re- 
lación; pues  los  que  gobernaban  la  tierra  no  eran  niDguno  de 
estos  Señores,  sino  todos  villanos  muy  prontos  á  su  devoción, 
que  cumplían  sus  mandamientos  con  mucha  puntualidad,  y 
menospreciaban  á  sus  Señores  naturales,  por  cuya  causa  suce- 
dieron muchas  tiranías. 


LA  VENIDA  DE  LOS  ESPAÑOLES  A  ESTA  NUEVA  ESPAÑA. 

Al  cabo  de  cuatro  años  que  Gacamaizin  reinaba  en  Texcuco, 
y  en  México  Motecmma  y  en  Tlacopan  Totoquihua;dli,  vinieron 


438  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

nuevas  cómo  los  Españoles  habían  llegado  á  esta  Nuevo  Espa- 
ña. Cacamatzin  despachó  ciertas  personas  que  fuesen  á  ver  qué 
gente  era,  los  cuales  llegaron  hasta  cerca  de  la  mar,  á  donde  los 
reconocieron,  y  viéndolos  vinieron  á  dar  respuesta  y  razón  de 
lo  que  habían  visto  y  reconocido,  y  oído  por  Cacamatzin  mandó 
que  fuese  luego  mucha  gente  de  Texcuco  y  sus  sujetos  con 
bastimento  para  recibir  á  los  Españoles,  los  cuales  los  hallaron 
en  un  cerro  que  llaman  Cuauhtechac,  y  allí  los  recibieron  en 
nombre  de  Ccicamattm^  y  se  vinieron  con  ellos  hasta  Ayoizin- 
co,  y  allí  Cacamatzin  los  salió  á  recibir  á  su  Capitán  y  demás 
Españoles,  y  el  Capitán  sabiendo  la  persona  que  era  lo  recibió 
muy  bien,  y  le  dio  vestidos  de  Castilla,  y  luego  Cacamatzin  se 
volvió  á  Texcuco  y  de  allí  á  México  á  verse  con  Moteczuma. 
Ya  los  Españoles  llegaban  á  México,  y  juntamente  Cacamatzin 
con  Moteczuma  salió  á  recibir  al  Capitán  y  los  demás  Españoles 
de  paz,  y  los  aposentaron  en  las  casas  de  Axayaxiotzin,  y  para 
el  servicio  de  los  Españoles  pusieron  mucha  gente  de  Texcuco, 
México  y  Tlacopan,  y  al  cabo  de  los  cuatro  días  que  los  Espa- 
ñoles estaban  en  México,  prendieron  á  Moteczum^i;  y  los  prin- 
cipales y  valientes  hombres  de  México,  viendo  preso  á  3Ioteo- 
zuma  se  escondieron,  y  Cacamatzin  mandó  que  sus  principales 
y  gentes  de  Texcuco  no  se  quitasen  del  servicio  de  los  Españo- 
les, y  puso  á  un  principal  hermano  suyo  que  tuviese  cargo  de 
proveer  todo  lo  necesario,  que  se  llamaba  Nezahualqumtzin,  al 
cual  el  Capitán,  por  lengua  de  Marina  intérprete,  le  mandaba  lo 
que  había  de  hacer,  y  proveía  de  todo  lo  que  le  pedían,  así  de 
oro  y  joyas,  como  de  comida  y  todo  lo  necesario.  Y  al  cabo  de 
cuarenta  y  seis  días  que  los  dichos  Españoles  estaban  en  Méxi- 
co, mandó  el  Capitán  á  ciertos  Españoles  que  fuesen  á  Texcuco 
á  recoger  el  oro  que  había  para  el  Capitán,  y  fuese  con  ellos 
Nezahualqnmtzin  y  Tetlahuehuezquitifzin,  hermanos  de  Cacama- 
tzin, para  que  les  diesen  recaudos;  y  ya  que  se  habían  partido 
y  ya  habían  llegado  á  unas  casas  que  tenía  Nezahualcoyotzin  en 
la  ciudad  de  México,  para  desde  allí  embarcarse  en  canoas  para 
ir  á  Texcuco,  llegó  un  mensajero  de  Moteczuma  y  dijo  á  Neza- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  439 

hualqu€jUzÍ7i  y  Tdlahuehuezquititzin  que  Moteczuma  les  rogaba 
que  los  Españoles  que  iban  á  Texcueo  les  hiciesen  buen  trata- 
miento y  con  brevedad  les  diesen  recaudo,  porque  él  estaba 
preso,  y  no  recibiesen  molestia;  y  Nezahualquentzin  y  Tdlahue- 
huezquUüzin  dijeron  que  así  lo  harían,  y  luego  mandaron  ade- 
rezar las  canoas  en  que  habían  de  ir;  y  uno  de  los  Españo- 
les que  iban  á  Texcueo  vio  hablar  al  mensajero  de  Moteczuma 
con  los  principales  y  pensó  que  les  había  dicho  otra  cosa.  Vol- 
vió á  Nezahualquentzin  y  dióle  de  palos,  y  atóle  las  manos,  y 
con  una  soga  al  pescuezo  lo  trajo  ante  el  Capitán,  y  luego  el 
Capitán  mandóle  ahorcar;  de  manera  que  viendo  la  determina- 
ción del  Capitán,  y  que  haber,  y  porqué  había  ahorcado  aquel 
principal,  siendo  la  segunda  persona  y  hermano  del  dicho  Ca- 
camatzin,  se  aceleraron  y  dijeron  que  no  habían  hecho  por  qué 
los  matase,  que  eran  vasallos  de  S.  M.  y  suyos,  que  le  rogaban 
que  los  tratase  bien,  y  luego  Cacamatzin  mandó  á  TeÜahuehueZ" 
quUiízin  y  á  Tepaxuchüzin^  principales,  que  tuviesen  cargo  de 
proveer  todo  lo  necesario  para  los  Españoles.  Y  luego  dende 
pocos  días  el  Capitán  mandó  que  fuesen  ciertos  Españoles  al 
pueblo  de  Texcueo  y  recogiesen  todo  el  oro  y  joyas  que  pudie- 
sen haber,  y  que  fuesen  con  ellos  Tetlahuehuezquitiizin  y  Tepa- 
xuchUzín,  y  fuesen  hasla  veinte  Españoles  con  ellos.  Llegados 
á  Texcueo  luego  se  mandó  recoger  todas  las  joyas  y  oro  en 
toda  su  provincia  del  tesoro  de  Nezahualcoyotzin  en  una  caja  ó 
petaca  grande  de  dos  brazas  en  largo  y  un  estado  en  alto,  la 
cual  caja  se  hinchó  de  oro  y  joyas,  y  los  Españoles  no  conten- 
tos con  esto  mandaron  á  Tetlahuehuezquititzin  y  los  demás  prin- 
cipales que  trajesen  más  oro,  porque  era  poco  aquello,  y  luego 
tomaron  á  hinchar  la  dicha  caja,  lo  cual  se  recogió  de  todos  los 
principales  y  personas  que  tenían  tesoro;  y  después  de  recogi- 
do el  dicho  oro  y  traído  á  México,  y  visto  por  el  Capitán  el  te- 
soro que  le  habían  traído,  y  habiéndole,  informado  de  la  mucha 
posibilidad  del  señorío  de  Texcueo,  mandó  prender  á  Cacama- 
tzin y  túvolo  á  buen  recaudo,  poniéndolo  muchas  guardas,  y 
mandó  que  trajese  algunas  mujeres  hijas  de  principales  para 


440  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


que  las  tuviese.  Luego  mandó  Cacamaizin  traer  cuatro  herma- 
nas suyas,  y  dióselas;  y  asimismo  mandó  el  Capitán  que  se  re- 
cogiesen en  México  y  Tlacopan  hijas  de  los  Señores  y  princi- 
pales, y  se  las  trajesen,  y  así  fué  hecho,  pues  cogiendo  á  muchas 
se  las  dieron.  Pasados  algunos  días  que  el  Capitán  Cortés  esta- 
ba en  México,  tuvo  nuevas  que  al  puerto  habían  llegado  ciertas 
naos  en  las  cuales  venía  mucha  gente  Española,  y  sabido  por 
él  mandó  parecer  ante  sí  á  Moteczumatzin  y  á  Qicamatzin,  y  les 
dijo  por  lengua  de  Marina  intérprete,  que  él  quería  ir  á  la  mar 
á  verse  con  otros  Españoles  que  habían  venido,  y  que  dejaba 
en  México  al  Capitán  Alvarado  en  su  lugar  con  alguna  gente,  y 
que  para  que  fuesen  con  él  le  diesen  mucha  cantidad  de  indios 
de  guerra,  muy  valientes  hombres,  y  respondieron  que  gente  do 
guerra  elloslno  la  podían  dar,  porque  no  había  quien  osase  tomar 
armas  contra  ellos;  mas  que  gente  de  servicio  ellos  se  la  darían, 
y  con  esto  se  contentó  el  Capitán;  y  al  tiempo  que  se  partió  le 
dijeron  que  ellos  solían  hacer  y  hacían  en  ciertos  días  del  año 
unas  ñestas,  que  pues  se  iba  dejase  mandado  al  Capitán  Alva- 
rado y  demás  Españoles  que  no  se  las  turbasen,  y  él  les  res- 
pondió que  no  se  las  estorbarían,  que  hiciesen  sus  fiestas  y  se 
holgasen  cuando  quisiesen,  y  se  partió  para  el  puerto.  Y  dende 
á  pocos  días,  fué  una  fiesta  que  llaman  Toxcatl,  que  era  casi 
por  la  pascua  de  resurrección,  y  en  aquel  día  empezaron  los 
Mexicanos  á  hacer  sus  fiestas  como  solían,  la  cual  fiesta  se  ha- 
cía dentro  de  un  patio  grande  que  estaba  adelante  del  Cú  prin- 
cipal que  ellos  tenían,  el  cual  tenía  cuatro  puertas;  y  estando 
haciendo  sus  fiestas,  los  indios  de  Tlaxcalan  dijeron  á  los  Es- 
pañoles que  no  consintiesen  hacer  aquello,  porque  los  querían 
matar,  lo  cual  era  traición  que  les  levantaban  los  Tlaxcaltecas, 
porque  viendo  que  no  habían  ejecutado  sus  intenciones  ni  ha- 
bían robado  cosa  ninguna  de  los  Mexicanos,  andaban  pensando 
cómo  pudieran  revolver  á  los  Españoles  con  los  Mexicanos  para 
poder  de  ellos  robar.  Visto  por  Alvarado  el  aviso  que  los  Tlax- 
caltecas le  habían  dado,  luego  mandó  armar  toda  su  gente,  y 
fueron  al  patio  donde  hacían  la  fiesta,  y  tomaron  las  puertas 


D0\  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  441 


del  patio,  entrando  algunos  Españoles,  matando  casi  cuantos 
estaban  en  el  patio,  porque  como  estaban  descuidados  de  tal 
rebato,  estaban  sin  armas,  y  á  esta  causa  murieron  muchos 
principales  y  otras  muchas  gentes  que  estaban  en  la  fiesta;  y  al 
ruido  de  esto  acudieron  muchos  Mexicanos,  y  allí  hubo  un  re- 
bate, aunque  poco,  y  cesó  luego  por  ser  noche;  y  luego  á  otro 
día  no  por  eso  dejaron  de  dar  todo  recaudo  los  Mexicanos  á  los 
Españoles,  hasta  que  el  Capitán  Cortés  volvió  de  donde  había 
ido.  Y  esto  fué  desde  ciento  noventa  días  que  los  Españoles  ha- 
bía que  estaban  en  México,  y  dende  treinta  días  de  la  mortan- 
dad de  los  Mexicanos  en  el  patio;  llegó  el  capitán  Cortés,  y 
luego  á  otro  día  después  de  llegado,  los  Mexicanos  dieron  so- 
bre los  Españoles,  y  dieron  guerra  siete  días;  y  Moteczumat%in 
paróse  en  un  terrado  de  la  casa  donde  estaba,  y  mandó  á  los 
Mexicanos  que  no  diesen  guerra  á  los  Españoles,  sino  que  los 
dejasen  y  obedeciesen  como  á  Señores,  de  lo  cual  los  Mexica- 
nos recibieron  enojo  y  lo  deshonraban  y  maltrataban  de  pala- 
bras, y  lo  flecharon  y  dieron  una  pedrada,  y  lo  derrocaron;  y 
de  allí  á  cuatro  días  murió.  Y  al  cabo  de  los  siete  dios  una  no- 
che los  Españoles  desampararon  la  ciudad,  y  salieron  huyendo 
por  la  calzada  de  San  Hipólito,  y  allí  mataron  á  Cacamatzin  y 
á  tres  hermanas  y  dos  hermanos  suyos,  y  murió  mucha  gente, 
así  Españoles  como  indios,  y  fuéronse  los  Españoles  á  un  cerro 
que  está  adelante  de  Tlacopan,  y  de  allí  se  fueron  á  Tlaxcalan, 
Idos  los  Españoles,  luego  los  Mexicanos  hicieron  Señor  á  un 
hermano  de  3Io!eczuma^  que  se  llamaba  CuiUahuatzin^  y  se  ade- 
rezaron lo  mejor  que  pudieron  para  ver  si  los  Españoles  se 
volverían;  y  muerto  á  Cacaraatzin  hicieron  Señor  á  Cohuana- 
cochzin  su  hermano,  y  estando  reinando  en  su  reino,  y  los  Es- 
pañoles en  Tlaxcalan^  vino  una  enfermedad  de  viruelas  de  que 
murió  mucha  cantidad  de  gente,  y  asimismo  murió  el  Señor  de 
México,  y  luego  hicieron  Señor  á  un  hermano  suyo  que  se  lla- 
maba Ouauhiemoc. 


442  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


ENTRADA  DE  LOS  ESPAÑOLES  ATEXCUCO. 

Y  al  cabo  de  muchos  días  los  Españoles  volvieron  á  venir 
sobre  México  y  vinieron  por  Texcuco,  y  Cohuanacochizin  sabien- 
do que  venía  el  Capitán  con  los  Españoles  hizo  aderezar  un 
presente  de  oro  y  joyas,  y  una  bandera  de  oro  y  otras  preseas, 
y  envió  ciertos  principales  con  ello  al  Capitán  para  recibirlo  de 
paz,  y  que  fuese  muy  bien  venido,  el  cual  muy  enojado  res- 
pondió á  los  mensajeros  que  no  los  quería  recibir  de  paz,  sino 
que  le  habían  de  pagar  lo  que  le  habían  hecho.  Oído  por  Cfe- 
hitanacochtzin  que  no  quería  recibirlo  de  paz,  se  vino  á  México 
y  la  gente  despobló  el  Pueblo,  y  luego  algunos  principales 
acordaron  de  salir  á  recibir  al  Capitán,  rogándole  tuviese  por 
bien  de  venir  á  Texcuco,  y  visto  por  el  Capitán  se  vino  á  Tex- 
cuco,  y  los  Mazehucdes  y  gente  del  Pueblo  se  empezaron  á  ve- 
nir y  volverse  á  sus  casas  y  haciendas,  y  el  Capitán  preguntó 
por  el  Señor  de  Texcuco  y  dijéronle  que  se  había  ido  á  Méxi- 
co, y  luego  dijo  que  no  curasen  de  él,  y  preguntó  á  quién  le 
venía  el  Señorío  y  dijeron  que  á  TecocoUzin^  hermano  de  Ca- 
camatzin^  hijo  de  NezahualpützinÜi^  y  este  Tecocoltzin  fué  desde 
México  á  TlaxcaUi  sirviéndole,  al  cual  Capitán  lo  hizo  Señor,  y 
lo  hizo  bautizar  llamándole  D.  Fernando^  que  fué  el  primer 
cristiano  en  Texcuco,  al  cual  el  Capitán  y  demás  Españoles 
trataban  muy  bien,  y  le  daban  de  lo  que  tenían,  y  el  Capitán  le 
dio  vestidos  de  Castilla,  y  armas,  y  un  caballo,  y  lo  traía  con- 
sigo, y  los  naturales  de  Texcuco  servían  á  los  Españoles  y  les 
daban  todo  lo  necesario,  y  el  dicho  Capitán  dio  dos  Españoles 
que  curasen  al  dicho  2).  Femando  Tecocoltzin  porque  estaba 
malo,  los  cuales  lo  curaban  y  trataban  muy  bien  como  á  Se- 
ñor.— Los  Españoles  estuvieron  en  el  Pueblo  de  Texcuco  cinco 
Ineses  en  los  cuales  se  les  dio  todo  el  recaudo  que  habían  me- 
nester, así  de  comida  y  servicio,  Tepixques^  mantas,  oro  joyas  y 
cuanto  ellos  pedían,  sirviendo  al  Capitán  y  á  los  demás  Espa- 
ñoles con  mucha  obediencia,  teniéndolos  por  Señores. — Y  en 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  443 

el  tiempo  que  estuvo  el  Ejército  en  el  Pueblo  de  Texcuco,  el 
Capitán  Cortés  mandó  que  se  hiciesen  ciertos  bergantines  para 
dar  guerra  á  México  por  la  laguna,  y  los  naturales  de  Texcuco 
cortaron  toda  la  madera  que  fué  menester  para  los  bergantines, 
y  la  trajeron,  y  andaban  mucha  cantidad  de  carpinteros  y  na- 
turales del  Pueblo  haciendo  los  bergantines  hasta  que  los  aca- 
baron, y  otros  muchos  naturales  de  Texcuco  por  mandado  de 
Cortés  hicieron  mucha  cantidad  de  colchas  de  algodón,  de  que 
se  hicieron  muchas  armas  para  los  Elspañoles,  y  asimismo  se 
hizo  mucha  cantidad  de  munición  para  ballestas,  y  se  aderezó 
todo  el  Ejército  de  Españoles  de  todo  lo  que  habían  menester 
para  la  guerra  de  México.  Asimismo  se  aderezaron  todos  los 
Señores  principales,  y  valientes  hombres,  y  otra  mucha  canti- 
dad de  gentes  para  venir  en  favor  de  los  Españoles  contra  los 
Mexicanos,  y  así  vinieron  en  su  favor  y  ayuda  y  servicio  hasta 
la  Ciudad  de  México,  donde  les  ayudaron  para  ganar  la  Ciu- 
dad, dándoles  los  bastimentos  y  expensas  que  habían  menes- 
ter; y  cuando  se  hizo  el  alarde  de  los  Españoles  para  ir  sobre 
México,  asimismo  se  hizo  de  los  de  Texcuco  que  venían  con 
ellos. — ^Asimismo  juntaron  los  naturales  de  Texcuco  mucha 
cantidad  de  canoas  en  que  pasaron  la  laguna,  y  vinieron  á  de- 
sembarcar por  Iztapálapan,  y  de  allí  se  fueron  con  los  Espa- 
ñoles sirviéndoles,  como  dicho  es,  aderezando  caminos  y  puen- 
tes, de  noche  y  de  día,  donde  recibían  mucho  daño  de  los  Me- 
xicanos, que  mataban  mucha  gente  estando  aderezando  los  di- 
chos caminos  y  puentes. — ^Y  en  este  mismo  tiempo  el  dicho  D, 
Fernando  TecoeoHzin  Señor  de  Texcuco  murió,  y  un  hermano 
de  Cacamatz'm  que  se  decía  IxÜUxuchüzin  hijo  de  Nezahuál- 
piUzintli  vino  á  servir  al  Capitán  en  lugar  de  su  hermano  ya  di- 
funto, el  cual  y  otros  hermanos  suyos  y  principales  nunca  se 
quitaban  de  junto  al  Capitán,  sirviéndole  y  ayudándole  en  la 
dicha  guerra,  y  nunca  en  ochenta  días  que  los  Españoles  estu- 
vieron sobre  México  jamás  faltaron  IxtUlvuchitzin  y  demás 
principales,  y  mucha  cantidad  de  gente  de  Texcuco  que  les  ayu- 
daba, y  daban  de  comer:  velaban  de  noche  haciendo  sus  velas, 


444  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


y  tenían  hecho  su  repartimiento  de  velas  y  guardias,  y  guarda- 
ban en  el  dicho  Real  hasta  que  se  ganó  la  Ciudad. — Y  después 
de  ganada,  á  las  entradas  que  se  hacían  dentro  de  México  iba 
mucha  cantidad  de  principales  y  naturales  de  Texcuco  en  guar- 
da y  ayuda  de  los  Españoles,  como  fué  á  MextiÜan,  Tototepec, 
Panuco^  Itecoma  Ixhalahuacan;  y  á  las  guerras  cuando  el  Capi- 
tán fué  allá,  fueron  con  el  CohuanacocMzin  é  Ixtlüxuchüzin  Seño- 
res y  principales  de  Texcuco,  y  mucha  gente  de  guerra;  todos 
los  cuales  murieron  por  allá  y  no  volvió  si  no  fué  IxUilxuchüzin. 
— ^Asimismo  ayudaron  á  ganar  á  Xoliaco^  Ouatimala,  que  con  las 
personas  y  Capitanes  que  salían  de  esta  Ciudad,  siempre  iba 
mucha  gente  de  Texcuco  en  favor  y  ayuda  de  los  Españoles. 

Y  asimismo  cuando  el  Virrey  D.  Antonio  de  Mendoza  fué  á 
apaciguar  la  Provincia  de  Xoliaco  á  XocIiipUan,  fué  con  él  D. 
Antonio,  que  al  presente  era  Señor  de  la  Provincia  de  Texcuco, 
y  llevó  conmigo  cuatro  mil  hombres  de  guerra  en  favor  de  los 
Españoles  y  servicio  de  S.  M.,  donde  murieron  muchos  de 
ellos,  de  manera  que  desde  que  los  Españoles  llegaron  á  esta 
Nueva  España  siempre  y  continuamente  los  obedecieron,  y 
siempre  fueron  y  han  sido  leales  vasallos  de  S.  M.  porque  nun- 
ca dimos  guerra  á  los  Españoles,  sino  que  siempre  los  hemos 
obedecido,  y  desde  el  primer  día  que  oímos  nombrar  al  Empe- 
rador nuestro  Señor,  siempre  lo  hemos  tenido  por  nuestro  Rey 
y  Señor,  y  siempre  hemos  obedecido  á  sus  reales  mandatos,  y 
los  Gobernadores  que  en  su  real  nombre  han  venido  á  esta 
Nueva  España,  siempre  hemos  obedecídolos  y  tenido  por  Se- 
ñores, y  habemos  hecho  y  obedecido  sus  mandamientos. — 

Y  siendo  como  somos  Señores  y  naturales,  y  primero  que  Mé- 
xico, y  haber  tenido  y  poseído  mucha  cantidad  de  tierras  y 
pueblos,  poblándolos  por  nuestra  autoridad,  y  otras  habiéndo- 
las ganado  como  hombres  de  guerra  y  teniéndolas  debajo  de 
nuestra  jurisdicción  y  mando,  y  siendo  los  mejores  Indios  de 
la  Nueva  España,  y  los  que  con  mejor  título  éramos  Señores 
de  lo  que  teníamos,  después  de  haber  venido  Españoles  en  es- 
ta Nueva  España  y  habiéndonos  tornado  cristianos  de  núes- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  445 

tra  propia  voluntad,  porque  tenemos  conocido  el  error  en  que 
primero  estábamos,  ya  hallándonos  el  Capitán  D.  Hernando 
Cortés  señoreando,  mandando,  y  reinando  en  los  Pueblos  y 
Provincias  de  suso  declaradas,  y  teniendo  en  ellos  nuestras  ca- 
sas y  heredades,  tributándonos  como  nos  tributaban,  como  á 
Señores  que  éramos  suyos,  después  de  habernos  puesto  debajo 
del  dominio^  de  S.  M.  y  ser  como  somos  Cristianos  y  leales 
vasallos  de  S.  M.  se  nos  han  quitado  todos  los  Pueblos  y 
tierras  y  mando  que  teníamos,  y  nos  han  dejado  solamente  en 
la  cabecera  de  Texcuco  con  cuatro  ó  cinco  sujetos,  y  aun  los 
cuales  viendo  el  poco  favor  que  se  nos  dá  y  en  cuan  poco  so- 
mos tenidos,  se  nos  quieren  alzar  y  poner  por  sí,  y  se  nos  han 
quitado  los  Pueblos  de  nuestra  recámara,  de  donde  teníamos 
nuestras  haciendas  y  heredades  en  los  propios  Pueblos  que  no- 
sotros de  nuestra  gente  hicimos  y  poblamos,  de  lo  cual  hemos 
recibido  y  recibimos  notorio  agravio,  y  vivimos  muy  pobres 
y  necesitados  sin  ninguna  renta,  y  vemos  que  los  Pueblos  que 
eran  nuestros  y  nuestras  propias  tierras,  la  gente  que  en  ellos 
estaba  eran  nuestros  renteros  y  tributarios,  y  los  Calpixques  que 
nosotros  teníamos  puestos,  vemos  que  ahora  son  Señores  de 
dones,  siendo  como  eran  Mazehuales^  y  tienen  renta  de  los  di- 
chos Pueblos,  y  nosotros  siendo  Señores,  nos  vemos  abatidos, 
y  pobres  sin  tener  que  comer. — Lo  cual  pensamos  que  S.  M. 
sabiendo  quien  nosotros  somos,  y  servicios  que  le  hemos  hecho, 
nos  hubiera  hecho  mercedes,  y  nos  hubiera  dado  más  de  lo 
que  teníamos,  y  vemos  que  nos  han  desposeído  de  lo  nuestro, 
y  desheredado,  y  héchonos  tributarios,  cuando  no  lo  éramos,  y 
que  para  pagar  los  tributos  nuestras  mujeres  é  hijas  trabajan 
y  nosotros  asimismo,  que  no  tenemos  de  dónde  haber  lo 
que  hemos  menester,  y  que  los  hijos  é  hijas,  nietos  y  parien- 
tes de  Nezahualcoyotzin  y  NezahualpittzinUi  andan  arando  y  ca- 
bando  para  tener  que  comer  y  para  pagar  cada  uno  de  noso- 
tros diez  reales  de  plata  y  media  fanega  de  maíz  á  S.  M.  porque 
después  de  habernos  contado  y  hecho  la  Nueva  España  tasa- 
ción, no  solamente  están  tasados  los  Mazehuales  que  paguen  el 


446  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

susodicho  tributo,  sino  también  todos  nosotros  descendientes 
de  la  Real  Cepa,  estamos  tasados  contra  todo  el  derecho,  y  se 
nos  dio  una  carga  insoportable. 


CONTINUACIÓN  DE  LA  RELACIÓN  UNDÉCIMA. 


Jlcnna  y  descendencia  de  los  Señores  de  México,^ 

Hay  mucha  variedad  en  lo  que  es  los  Señores  de  México, 
porque  dicen  tantas  fábulas  y  patrañas,  y  no  me  espanto  de 
esto,  que  lo  mismo  es  en  los  demás  Señores  de  esta  tierra,  prin- 
cipalmente (cuando  se  trata)  de  su  origen  y  descendencia;  y 
lo  que  á  mi  más  me  espanta  es  que  los  que  menos  saben  son 
sus  descendientes;  porque  unos  dicen  que  vinieron  los  Seño- 
res con  los  Mexicanos,  del  Nuevo  México,  otros  que  de  ultra- 
mar, otros  que  no  saben  sino  que  son  descendientes  ó  nietos 
de  Moteczama^  sin  saber  más  fundamento,  y  si  saben  alguno,  es 
compuesto  de  pocos  años  á  esta  parte,  haciéndose  sabedores 
de  lo  que  no  entienden;  y  la  verdadera  opinión  conforme  está 
en  las  historias  antiguas  de  esta  tierra,  principalmente  la  origi- 
nal que  tefngo  en  mipoder^  y  las  relaciones  de  los  viejos,  así  Me- 
xicanos como  Aculhuas  y  Tepanecas,  es  como  ya  tengo  dicho, 
(y  se  ve  en  el  siguiente  resumen.) 

(En  el  reinado  de)  el  gran  Chi<íh¡mecatl  Xolotl^  después  de 
47  años  que  había  que  estaba  en  esta  tierra  gobernando  sus 
reinos  y  señoríos,  vinieron  las  naciones  Aculhuas  y  el  mayor  y 

1  No  me  parece  inoportuno,  por  el  mayor  interés  que  adquiere  lo  que  sigue, 
adelantar  una  noticia  que  viene  á  la  vuelta  de  la  otra  toja,  y  es  que  esta  genea- 
logía está  tomada  de  una  pintura  original  que  poseía  el  autor. 


448  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

más  principal,  como  tengo  dicho,  Aculhua,  casó  con  su  hija  la 
mediana  llamada  Cuetlaxxochi,  y  le  dio  la  ciudad  de  Azcajni' 
tzalco  y  otros  lugares. 

En  esta  Señora  tuvo  tres  hijos:  el  primero,  Tetzotzonwc,  que 
le  sucedió,  y  que  fué  segundo  Rey  de  Azcaputzalco. 

El  segundo  iñxcohuaü^  primer  Señor  de  los  Tlatelulcas  Me- 
xicanos. 

El  tercero  y  ultimo  AcamapichUi,  primer  Señor  de  Tenuchti- 
tian  de  México  y  quinto  Rey  de  Cidhuacan,  por  falta  de  varón  que 
heredara  el  reino;  el  cual,  de  este  descendieron  los  demás  que 
después  fueron,  con  la  orden  que  se  sigue: 

AccLinapichtU^  primer  Señor  de  Mexko  TenuchiiÜan  y  quinto 
Rey  de  Cidhuacan,  nieto  del  gran  Chichimecatl  Xolotl  y  hijo 
menor  del  Rey  Aculhua  de  Azcapidzalcoj  casó  con  Ilancueitl, 
hija  de  Achitonidl  Rey  de  Culhuacan.  Tuvo  en  esta  Señora 
tres  hijos,  que  fueron: 

Huüzüihuitl^  su  sucesor  en  el  trono. 

ChxjthhiuhÜanextún^  primer  Señor  de  Coyohuacan, 

XiuhÜanextzin^  que  murió  en  una  batalla. 

Los  Mexicanos  vinieron  de  Aztlan  y  anduvieron  muchos  años 
en  diversas  partes,  hasta  que  llegaron  á  ChapvUepecy  que  fué 
en  el  año  de  ce  Toxtu,  al  tiempo  que  murió  Tlotzin^  tercer  gran 
ChichimecaÜ  TecukUi,  que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el 
de  1904-1  y  estuvieron  26  años  sin  Señor,  hasta  que  acorda- 
ron de  pedirlo  á  Aculhua^  Rey  de  AzcapiUzalco^  en  cuyas  tierras 
y  lagunas  ellos  asistían,  (determinándose  á  dar  aquel  paso)  por 
asegurarse  y  no  tener  tantas  guerras  como  habían  tenido;  y  así 
les  dio  á  sus  dos  hijos  los  Infantes  Mixcohuatl  á  los  Tlatelulcas, 
y  á  Acamapichtli  á  los  Tenuchcas.  (Esto  sucedió)  en  el  año  de  ce 
Tecpatl,  que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  de  1230. 
Gobernó  AcamapichUi  51  años  y  murió  en  el  año  de  13  Acatl, 
que  conforme  á  la  nuestra  fué  en  el  de  1281. 

HuiTziLiHüiTL,  segundo  Señor  de  México  y  sexto  Rey  de  Cul- 
huacan^  casó  con  TzihiuUzin^  sobrina  suya,  hija  de  Acolnahua- 
caü^  Señor  de  Tkvcopan^  y  de  su  prima  hermana  Tzihuac  Xochi- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  449 

¿zin,  hija  del  Rey  Tetzotzomoc  su  tío.  Tuvo  en  esta  Señora  ocho 
hijos,  y  de  ellos  son  notables 

Chimalpopoca^  su  sucesor. 

IzcohxuiÜ^  sucesor  del  anterior. 

Matlaltzihuaizin^  madre  de  NezahualcoyoÜ. 

Este  monarca  gobernó  87  a^sy  murió  en  el  año  de  8  Calli, 
pocos  meses  antes  de  la  muerte  del  gran  TechoUaJatzin,  que  á 
nuestra  cuenta  fué  en  el  de  1353. 

Chibialpopoca,  tercer  Señor  de  México  Tenuchiitlan  y  séptimo 
Rey  de  CaOmoGan^  casó  con  Azta  Xochitún^  hija  de  Cuacuapir' 
tzahuac,  Señor  de  TkUelulóo^  prima  suya  en  segundo  grado,  por- 
que su  padre  era  primo  hermano  de  Cua^cuapüzahuac  y  tío 
suyo.  Tuvo  en  esta  Señora  siete  hijos  y  el  menor  do  ellos  he- 
redó el  reino  después  de  Izoohuatl  su  tio,  el  cual  se  llamaba 
Muteozuma,  primero  de  este  nombre,  y  IlhuicaÜaninatzin  ^  Go- 
bernó 72  aHos^  y  murió  en  el  año  de  13  Acatl,  que  conforme  á 
nuestra  cuenta  fué  en  el  de  1424,  preso  y  enjaulado  por  man- 
dado del  gran  3IaxÜa,  monarca  tirano  Rey  de  Azoaputzalco,  por 
cierta  traición  que  tenía  tratada  contra  él. 

Izgohuatl,  cuarto  Rey  de  México  y  hermano  del  anterior, 
gobernó  í^  «^«  y  fn^io,  y  murió  en  el  año  de  ce  Calli,  que 
conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  de  lá41.— Hada  aquí  trata 
la  original  y  ardigua  historia  que  tengo  yo  en  mi  poder, 

Moteczüma,  primero  de  este  nombre,  quinto  Rey  de  México, 
sobrino  y  legítimo  sucesor  del  anterior,  gobernó  27  años  y  cua- 
tro 6  cinco  meses,^  y  murió  en  el  de  2  Tecpatl,  y  conforme  á 
nuestra  cuenta  de  1468.  Tuvo  no  sé  cuántos  hijos  y  el  que  su- 
cedió en  el  reino  fué 

Axayaca,  sexto  Rey  de  México;  gobernó  12  años^  y  tuvo  dos 
hijos  legítimos,  llamados  Tlacahuepantzin  y  Macuümalinolizin^ 

1  Esta  palabra  y  la  que  sigue  se  suceden  en  ambos  manuscritos  sin  puntua- 
ción ni  ortografía  alguna,  dando  así  lugar  á  la  más  extraña  confusión,  y  ha- 
ciendo él  período  verdaderamente  ininteligible.  La  separación  que  he  hecho 
de  ellas,  está  arreglada  á  la  historia. — B. 

2  Veinte  y  cinco  añoSj  según  el  MS.  del  Museo. — R. 

Tomo  1-29 


450  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

que  fueron  á  morir  en  una  guerra  de  Tlaxcalan^  desesperada- 
mente, porque  no  los  juraran  á  ninguno  de  ellos  por  Rey.  Tuvo 
también  los  hijos  siguientes: 

HuUzolÜi} 

Moteczama  11,  que  fué  Rey  de  México. 

Cuitlahuac,  Señor  de  Iztapalapan,  que  también  fué  Rey  de 
México. 

Murió  en  el  año  de  2  Calli,  que  conforme  á  nuestra  cuenta 
fué  en  el  de  1481,  heredándole  en  el  reino  su  hermano 

Tízoc  2,  séptimo  Rey  de  México.  Gobernó  4,  años  y  medio  y 
murió  en  el  de  6  Calli,  que  á  nuestra  cuenta  fué  en  el  de  1485, 
heredándole  su  sobrino 

Ahüizotl,  octavo  Rey  de  México.  Casó  con  la  Señora  legíti- 
ma heredera  de  Tlatelvlco  y  en  ella  tuvo  á  Oaauhtemoc,  último 
Rey  de  México.  Gobernó  19  años  y  medio  y  murió  en  el  de  3 
Calu,  '  y  á  la  nuestra  1505,  de  una  descalabradura  que  se  dio 
cuando  se  quiso  anegar  México  con  el  AeiLecuezatl,  y  sucedió- 
le en  el  reino 

MoTEczüMA  II,  noveno  Rey,  el  cual  hallaron  los  Españoles. 
Gobernó  16  años  y  medio,  dejó  muchos  descendientes  y  murió 
en  el  año  de  3  Calli,  que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  en  el 
de  1521.  Los  Españoles  dicen  que  murió  de  una  pedrada  que 
le  dieron  los  suyos,  y  los  naturales  dicen  que  Cortés  y  los  su- 
yos una  noche  le  metieron  una  espada  por  las  partes  bajas,  y 
que  no  se  bautizó,  aunque  había  pedido  el  bautismo  *.  Tam- 
bién se  halla  que  se  bautizó  y  se  llamó  D.  Juan. 

Cüitlahuac,  décimo  Rey  de  México  y  Señor  de  Iztapolapan^ 
hermano  del  anterior.  Gobernó  40  días,  porque  luego  murió 

1  HuitzoiL— US.  ciL—U, 

2  En  el  MS.  del  Archivo  dice  Tizozia^  y  en  el  del  Museo  Tuoziea,  Yo  he 
seguido  la  lectura  más  comunmente  recibida. — B. 

8  13  Calli  en  el  MS.  del  Museo.— B. 

4  Lo  mismo  ha  dicho  el  autor  en  su  Relación  13f ,  pAg  8  de  la  impresa  y 
▼ol.  2  de  esta  Colección;  la  cual  concuerda  con  lo  que  escribió  el  P.  Skhagún, 
en  el  libro  12  de  su  Historia  General,  etc.^  cap.  28  en  ambas  ediciones,  la  an- 
tigua y  la  reformada  por  el  mismo  historiador.  ^R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  451 

de  viruelas  que  le  pegó  un  negro  de  Narváez.  Tiene  hoy  día 
nietas  que  son  las  Señoras  de  Iztapalapan. 

CüAüHTEMoc,  undécimo  Rey  de  México.  Fué  el  que  defendió 
la  ciudad  y  la  perdió,  y  murió  en  Acolan  (durante  la  expedición 
á  las  Hibuera8\  habiendo  sido  ahorcado  por  orden  de  Cortés, 
con  otros  Príncipes  y  Señores  de  Texcuco,  México  y  Tacuba  y 
otras  partes. 

Esta  es  la  verdadera  hidoria^  porque  todo  lo  demás  es  falso  y 
compiLedo. 


EELACION 

DE  LOS  DEMÁS  SEÑORES  DE  Lá  NUEVA  ESPAÑA,  DE  LA  GASA 


De  la  casa  y  descendencia  del  gran  Xolotl  (proceden)  como 
tengo  dicho,  los  Reyes  de  Texcuco  por  línea  recta,  y  los  de  Az- 
^aputzalco^  México^  Tlaoopan,  ZaciHan^  Tlaxcalan^  XcUtocan^ 
MeztiÜan  y  otras  provincias. 

De  Tzordecoma^  Aculhuá,  los  de  Cohuatlichan^  Huexxdzinco  y 
otras  partes. 

De  Acatomatl^  el  primero  de  los  seis  Señores  que  vinieron 
con  Xolotlj  los  de  Cohuatepee  y  otras  partes. 

De  CohuaÜapal^  segmido  de  los  mismos,  los  de  Gialco^  TlcU- 
manalco^  Tecomachalco  y  otros. 

De  Cozcacuauh^  el  tercero,  los  de  Mamálihuazco, 

De  Iztaemitl,  el  cuarto,^  los  de  Tepeaca,  JUñüecapan^  Izapote- 
capan  y  otros. 

De  Iztac  irúl  y  Tecpa^  quinto  y  sexto  de  los  mismos,  todos 
los  Matzalmaa^  3Iatla!(zinca8^  MaUnalcas  y  otras  muchas  provin- 
cias. 

De  los  otros  seis  Señores  que  vinieron  de  allí  á  ocho  años  á 

1  El  segundo  renglón  de  este  epígrafe  está  tomado  del  MS.  del  Museo,  fal- 
cando en  el  otro. — R. 

2  Izlaeamitl  en  el  MS.  cit.— R. 


454  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

prestar  vasallaje  á  Xolotl,  descendieron  otros  muchos  Señores, 
también  Tultecas. 

De  Izcaz  descienden  los  CholuUecas. 

De  Pizahua  Aczopal  ^  los  de  Quecholan  y  otras  provincias. 

De  Qudzalpopoca,  los  de  Tepexoxomaco  y  otras  partes. 

De  Nacdcxox  y  Qudzalpopoca^  los  de  AÜixcahuacan. 

De  Acxocuauh  ^,  Xíuhtemot^  NauyoÜ  y  Pochoti^  los  de  CuUiua- 
can^  Tzitzin  y  Tuluca  2,  y  de  éstos  descendieron  todos  los  demás 
que  fueron  después  de  muchas  provincias  y  en  las  costas  del 
mar  del  Sur  y  Norte,  como  en  las  demás  partes  de  la  Nueva 
España. 

Este  €8  d  verdadero  ofigen  de  los  Señores  de  esta  tia^ra, 

1  Pixahua  en  el  MS.  del  Museo.— R. 

2  Aewocuaizi  en  el  id. — K. 

3  Lo  exótico  de  la  palabra  Tzitzin^  considerada  como  nombre  propio  de 
pueblo,  pues  no  recuerdo  haberlo  visto  en  alguna  otra  parte;  la  ortografía  con 
que  él  está  escrito  en  el  MS.  del  Museo  y  la  manera  con  que  allí  está  hilado, 
hacen  dudar,  por  la  obscuridad  que  presenta  este  miembro  del  período,  si  en 
efecto  se  trata  de  un  pueblo  fundado,  ó  de  un  poblador.  El  período  entero  dice  así 
ne  el  citado  MS.:  ^^Acxoeuaizij  Xiuhtemotj  NauhyoÜy  PoehoÜ  los  de  Culuha^ 
,,  can  lizitzin  Tuluca  y  de  estos  descendieron,  etc.''  Parece  que  la  única  y  triste 
consecuencia  que  rectamente  puede  deducirse  es,  que  ambos  MSS.  están  las- 
timosamente corrompidos. — R. 


RELACIÓN 

DEL  ORIGEN  DE  LOS  XüCHIMILCAS. 


Los  Xuchimilcas  era  gente  artificiosa  ^  de  traje  muy  conjun- 
to á  los  Tultecas  y  la  lengua  en  alguna  manera  la  misma;  y 
grandes  maestros  de  obras  de  arquitectura  y  carpintería,  y  otras 
artes  mecánicas;  y  según  parece  en  su  historia,  eran  algo  cir- 
cunvecinos á  los  Aztlanecas^  que  aliora  se  llaman  Mexicanos;  y 
su  patria  de  donde  ellos  vinieron  se  llamaba  Áquilazco.  (Capi- 
taneados ó)  juntos  con  un  Señor  ó  caudillo  que  traían  consigo, 
que  se  llamaba  Huetzcdin,  anduvieron  muchas  y  diversas  tierras 
costas  y  brazos  de  mar,  dentro  de  un  tiempo  increíble,  aun- 
que ellos  lo  tenían  por  cosa  muy  cierta  (diciendo  que  fueran) 
180  años  hasta  ponerse  en  Tula,  en  donde  enviaron  á  darle 
obediencia  á  Tlotzin,  tercer  gran  Chichimecati  Tccuhtli  ^y  á  pe- 
dirle les  hiciese  merced  de  darles  lugar  en  donde  poblar,  y  él 
les  hizo  muchas  mercedes  y  les  dio  á  donde  es  ahora  Xuchi- 
milco,  lugar  muy  bueno  para  su  propósito,  (agregándoles)  otros 
lugares  en  Tula. 

Muerto  su  primero  y  antiguo  Señor  Huctmlin,  eligieron  pa- 
ra su  sucesor  á  Acatonale,  y  dicen  que  aquél  vivió  seiscientos 
y  tantos  años,  cosa  increíble,  y  que  los  trajo  guiando  hasta  lle- 
gar á  Tula.  (El  orden  de  sucesión  de  sus  Señores  fué  como  si- 
gue.) 

1  Esto  es;  hábil  en  el  ejercicio  de  las  Aries. — R. 

2  Véase  para  la  fecha  el  fln  de  la  Kelación  5?  en  la  Historia  de  los  Señores 
Chichimecas, — R. 


456  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

29  Ácatonále^  gobernó  23  años  y  le  sucedió, 
39  TlahuütecuhÜi  que  gobernó  7  años. 
49  Atlahuica,  gobernó  9. 
59  Temhmaley  gobernó  11.  ^ 
69  Atiahuica  II,  gobernó  7. 
79  AqudzaUecuMi^  gobernó  10. 
89  Ouauhqudzále  TecuMi^  gobernó  12. 
99  Tlaxozihuapile  ^  Reina,  gobernó  12. 
109  Cazcoizin  Tecuktli^  gobernó  32. 
119  Xaopaintzin,  ^  gobernó  18. 
129  OzfZo,  gobernó  14. 
139  Ozdotl,  gobernó  4. 
149  Qudzolpoyotzin^  que  gobernó  22. 
159  Tlühuatzin,  que  gobernó  5. 

169  XihuiUemoc^  que  gobernó  17.  A  este  Señor  le  mató  Axa- 
yaccdzin  Rey  de  México,  á  traición,  después  de  haberlo  liberta- 
do del  poder  de  Moqaihuüzin  Señor  de  Ilatelulco,  que  lo  tubo 
muy  oprimido  y  le  tiranizó  el  Reino;  á  este  Xihuitemoc^  sucedió, 
179  lUiuicaUaminaizin^  que  gobernó  14  años. 
189  XihuiUemoIccUzin  II,  gobernó  16. 
199  Tlacoyohuatzin  gobernó  17. 

209  Opochquiyauhtzin^  que  se  llamó  después  D.  Luis,  porque 
en  su  tiempo  vinieron  los  cristianos  y  de  aquestos  desciende 
D.  Martín  que  hoy  vive  y  es  cabeza  de  Xuchimüco. 

La  causa  de  en  tan  poco  tiempo  haber  habido  tantos  Señores 
en  Xuchimüco,  es  porque  no  sucedían  de  padres  á  hijos,  sino  de 
hermanos  á  hermanos,  aunque  guardaban  orden  para  que 
heredase  el  sobrino  del  hermano  cuando  todos  los  tíos  habían 
perecido. 

Este  es  el  verdadero  origen  de  los  Xuchimileas  sacado  por  sks 
historias  aiitignas, 

1  Tecuhtonate  en  el  MS.  del  Museo.— H. 

2  Tlaxcoeihuapili,  en  el  M.  S.  del  Museo.— R. 
8  Naopayntzin.     Ibid. — R. 


TRONCOS 

DE  LAS  Naciones  Americanas.  ^ 


Todos  los  naturales  de  esta  tierra  descienden  de  los  dos  li- 
najes Chichimecos  Y  Tuüecos, 

Del  linage  Chichiineco  proceden  los  Texcucanoa  antiguos  mo- 
radores de  esta  tierra,  los  Tlaxcáltecaa^  Mezcaa^  Totonaqv£s^ 
Quextecos^  Otomites  modernos,  Mexicanos^  y  demás  naciones 
son  todos  Chichimecos  y  todos  se  precian  de  este  linaje;  y  la 
mayor  parte  de  la  Nueva  España  son  todos  Chichimecos.  Aun- 
que los  Mexicanos  fueron  grandísimos  idólatras,  más  que  los 
Tultecas^  y  los  Aculhuas  y  Tepanecas  (también  lo  fueron)  ni  más 
ni  menos,  aunque  no  tanto  como  los  Mexicanos  pero  las  de- 
más naciones  Chichimecas  no  tenían  ídolos,  ni  adoraban  á  los 
demonios  que  adoraron  los  Mexicanos^  Tepanecas  y  Aculhuas^ 
sino  es  al  Sol  que  llamaban  Padre  y  á  la  tierra,  Madre,  y  le 
ofrecían  todas  las  mañanas  la  primera  (pieza  de)  caza  que  ca- 
zaban, así  pájaros,  como  venados,  liebres,  conejos  y  demás  ani- 
males y  aves. 

El  otro  linaje  es  de  los  TuUecas  y  de  él  proceden  los  de  Cid- 
huacan,  ChoMa,  Chalco^  Quecholan  y  las  costas  del  mar  del  Sur 
y  Norte;  Colihuacan,  Xalisco^  Tlaxicatzinca  y  TlecíhuiÜapalan  de 
donde  ellos  vinieron,  son  todos  TuUecas;  y  se  precian  de  este 

1  Este  epígrafe  no  se  encuentra  en  el  original.  Yo  lo  he  puestc— R. 


458  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

linaje,  hombres  como  tengo  dicho,  Artiflces  y  grandes  sabios, 
Idólatras,  y  las  demás  costumbres  que  tuvieron  y  tienen  hoy 
día  en  su  naturaleza. 


FINAL  DE  LA  RELACIÓN  UNDÉCIMA. 


Esta  Relación  he  sacado  Excelentísimo  Señor  de  los  nueve 
libros  que  estoy  escribiendo  de  cosas  de  la  tierra,  de  más  de  dos 
mil  años  á  esta  parte,  según  está  en  la  original  historia  de  los 
Señores  de  esta  tierra  conforme  lo  he  interpretado  y  los  Vie- 
jos, personas  principales  y  doctos  con  quien  yo  he  comunica- 
do, me  lo  han  declarado;  que  para  quien  lo  entiende  es  tan  cla- 
ro como  nuestras  letras. 

Suplico  á  V.  E.  reciba  este  pequeño  servicio  y  se  acuerde  de 
los  pobres  descendientes  de  estos  Señores  cuando  se  ofrezca 
ocasión,  y  V.  E.  escriba  á  S.  M.  que  en  ello  recibiremos  mu- 
chos bienes.  Humilde  criado  de  V.  E.  que  S.  M.  B. 

Don  Fernando  de  Alva  Ixtlilxochitl. 


1  Cotejando  la  conclusión  quo  sigue  con  el  fragmento  quo  copia  Beristain 
en  su  Biblioteca  Hispano- Americana^  al  fin  del  artículo.  Alva  D.  Femando^ 
8c  viene  en  conocimiento  de  que  el  MS.  del  autor  de  que  allí  habla  y  que  di- 
ce se  conservaba  original  en  la  Librería  del  Colegio  de  S.  Ildefonso,  es  este 
mismo  intitulado  Relación  sucinta  etc.  Diciendo  también  Beristain  que  ese  re- 
sumen histórico,  escrito  en  forma  de  Memorial,  fué  dirigido  á  D.  Luis  de  Fif- 
IcLsco  el  segundo  cuya  circunstancia  constaría  probablemente  en  el  mismo  ori- 
ginal pues  de  otra  manera  tampoco  la  habría  avanzado,  ya  tenemos  también 
aproximadamente  la  noticia  de  la  fecha  de  su  redacción,  debiéndose  fijar  en- 
tre los  años  de  1607  y  1611,  que  fué  el  período  de  la  administración  de  aquel 
Virrey.— K. 


TESTIMONIO  1 

QUE  DAN  EL  GOBERNADOR,  ALCALDES  Y  REGIDORES  DEL  PUEBLO  DE  SAN  SAL- 
VADOR QUATLACINCO,  DEL  aSo  de  1608,  EL  DÍA  18  DE  NOVIEMBRE  Á  DOX 
FERNANDO  DE  AL  VA  CORTES,  APROBANDO  SU  HISTORIA  QUE  ESCRIBIÓ  DEL. 
ORIGEN,  GRANDEZAS  Y  HAZAÑAS  DE  LOS  TÜLTECAS,  CHICHIMECAS  Y  NACIO- 
NES SUJETAS  Á  ELLOS,  HASTA  LA  CONQUISTA  DE  MÉXICO  Y  PACIFICACIÓN 
DE  LAS  TRES  PROVINCIAS;  DECLARANDO  QUE  DICHA  HISTORIA  CONCUERDA 
CON  LAS  QUE  TIENEN  LOS  PUEBLOS  DE  OTUMBA,  CON  MUCHAS  OTRAS  PAR- 
TICULARIDADES. 


Nos  Don  Martín  de  Suero,  Gobernador,  y  Francisco  Xuárez  y 
Francisco  de  San  Pablo,  Alcaldes,  y  D,  Silvestre  de  Soto,  D,  Gas- 
par de  Guzmán,  D,  Juan  de  Suero,  D,  Bartolomé  Pimenlel  y  Z). 
Luis  de  Soto,  Principales,  Regidores  y  Ancianos  de  la  cabecera 
de  esta  Provincia  de  Otumba,  y  los  Alcaldes  de  los  pueblos  de 
Ahuaiepec,  Tizayuca,  Aztaqueineca  y  Tlamapam,  y  de  las  Estan- 
cias de  Tepayuca  y  Axoloayan,  decimos:  Que  ya  hemos  visto, 
leído  y  considerado  las  Historias  y  Crónica  que  tiene  escrita 

1  £ste  documento  sigue  inmediatamente  á  la  Relación  18?  que  trata  de  la 
Conquista,  sancionando  en  consecuencia,  por  su  calocación,  la  fe  y  veracidad 
de  todos  los  monumentos  históricos  copiados  hasta  aquí,  excepto  el  fragmenta 
de  la  p&g.  241  que  intitulé  Querrá  de  ChalaOy  etc.,  j  las  extractadas  y  copia- 
das de  la  Relación  Sucinta^  etc.,  que  en  el  MS.  siguen  precisamente  á  estacer- 
tíftcación.  £q  ésta  iré  designando  aquéllos  de  que  ella  misma  hace  mencióa 
específica,  reservando  el  análisis  de  los  demás  para  su  propio  lugar.— R. 


460  OBRAS    HISTÓRICAS  DE  . 

D.  Fernando  de  Alva  Ixtlilxüchitl,  en  donde  se  contienen  las 
historias  y  crónicas  de  los  Tultecas  y  Reyes  Chichimecas  de 
estas  nuevas  tierras  que  ahora  se  llaman  Nueva  España;  los 
hechos,  vidas  y  hazañas,  descendencias,  linajes  y  modo  de  vi- 
vir y  República  de  los  diez  Reyes  y  Señores,  y  las  diversas  na- 
ciones que  hubo  en  ella  hasta  la  entrada  de  la  Ley  Evangélica  ^ 
Y  cómo  con  todo  amor  y  paz  fué  recibida,  y  la  conquista  y  pa- 
cificación de  Mexicp  y  de  otras  Provincias  de  esta  Nueva  Espa- 
ña, como  se  contiene  en  la  dicha  crónica  y  en  sus  libros.  Y 
cómo  nuestros  padres  y  abuelos  ayudaron  en  el  discurso  <tor 
de  ella  con  todas  sus  fuerzas  y  poderes,  así  los  Señores  como 
sus  vasallos,  en  donde  gastaron  sus  haciendas,  derramaron  su 
sangre  y  murieron  muchos  de  ellos,  porque  ordinariamente 
eran  los  delanteros  en  las  batallas,  ^  ayudando  y  sirviendo  á 
los  primeros  Españoles  que  vinieron  á  estas  partes,  que  se  lla- 
maban conquistadores,  y  las  demás  cosas  que  hicieron  en  ser- 
vicio de  Dios  y  de  nuestro  gran  Señor  el  Emperador  2).  Car- 
os y,  que  fué  sin  comparación  su  ayuda  y  mucho  amor  y  fe, 
sufriendo  con  paciencia  con  los  trabajos  que  hubo  en  dicha 
conquista  y  pacificación:  todo  lo  que  contienen  los  diez  libros  ^ 
de  la  dicha  Historia  y  Crónica  ha  salido  muy  bueno  y  verda- 
dero, sin  ningún  defecto;  y  la  relación  que  los  principales  de 

1  La  identidad  aun  de  palabras  que  se  nota  entre  esta  frase  y  el  título  que 
el  autor  puso  á  su  Relación  13?  unida  á  las  noticias  históricas  que  siguen,  en- 
teramente conformes  á  las  contenidas  en  aquélla,  inclinan  á  creer  que  esas 
Historias  y  Crónicas  de  que  antes  se  habló,  son  la  segunda  serie  de  Relaciones 
que  comienzan  en  la  pág.  263,  pues  que  á  ellas  también  conviene  la  descrip- 
ción que  precede  á  esta  nota.  Me  abstengo  sin  embargo  de  dar  un  juicio,  por 
que  aquí,  menos  que  ilustraciones,  me  propongo  simplemente  consignar  los 
(ipuntcs  y  reflexiones  que  me  ocurran,  para  no  perderlos. — R. 

2  Estas  son  casi  textualmente  las  palabras  deque  usa  en  su  citada  Relación 
13?pQg.438. 

3  Si  se  toma  esta  denominación  en  su  propio  y  vulgar  sentido,  no  solamente 
viene  á  tierra  mi  anterior  conjetura,  sino  que  es  preciso  concluir  que  la  obra 
de  que  aquí  se  habla  está  perdida,  pues  ninguno  de  los  escritos  del  autor  que 
hoy  conocemos  está  dividido  en  Libros^  ni  los  Bibliógrafos  hacen  mención  de 
alguno  con  tal  designación. — R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  461 

la  ciudad  de  Texcuco  le  dieron  ^,  está  también  muy  cierta 
y  verdadera.  Y  asimismo  hemos  visto  cinco  historias  y  crónieas 
de  los  dichos  Reyes  y  Señores,  antiquÍMmas^  escritas  en  pintu- 
ras  y  caracteres^  sin  otros  muchos  papeles  y  recaudos  de  donde 
se  ha  sacado  la  dicha  historia  y  crónica^  las  cuales  la  primera  se 
intitula  La  Historia  y  Crónica  de  los  TvMecas^  :  la  segunda  se 
nombra  La  Crónica  de  los  Reyes  Chichimecas^  en  donde  se  con- 
tienen todos  sus  hechos  y  hazañas,  hasta  el  Rey  Nezahualco^ 
yotzin  ^  al  tiempo  que  juntó  todo  su  ejército  con  que  destruyó 
la  antigua  ciudad  que  era  AzcaptUzalco  y  reino  de  los  Tepane- 
cas,  y  las  tierras  y  provincias  de  sus  aliados,  JEstas  dos  Crónicas 
referidas  hay  mucho  tiempo  que  fueron  escritas  ó  pintadas.  La 
tercera  se  nombra  Las  Ordenanzas  del  gran  Nezdhualcoyotún.  * 
La  cuarta  es  de  Los  Padrones  y  Tributos  Reales  que  pagaban 
las  provincias  de  esta  Nueva  España  ^.  La  quinta  es  una  His- 
toria larga  en  que  trata  diversas  cosas  ^;  y  para  que  tenga  cer- 

1  Concordando  estas  palabras  con  los  dos  últimos  párrafos  de  la  noticia  his- 
tórica que  en  esta  Colección  se  intitula  Entrada  de  loa  Españoles  en  Texeuco^ 
parece  ser  ella  la  aquí  designada.  Admitida  esta  conjetura,  su  Talor,  como 
monumento  histórico,  recibe  un  realce  mayor  que  suponiéndola  obra  de  JxÜü- 
xuchülf  pues  que  es  la  atestación  de  los  Ancianos  de  un  pueblo  que  concu- 
rrieron á  los  funerales  de  su  patria.— B. 

2  Sstas  son  evidentemente  las  eineo  Relaciones  de  que  yo  he  formado  la  di- 
yisión  primera  correspondiente  á  la  Historia  Tulteea\  bien  que  sin  comprender 
las  otras  noticias  que  allí  he  puesto  como  Apéndices,  Las  razones  que  allí 
apunté  sobre  su  mérito  y  autenticidad,  adquieren  una  decisiva  confirmación  en 
vista  de  este  documento. — R. 

8  Sstas  son  las  Relaciones  que  bajo  el  titulo  de  Historia  de  los  Señores  Cl»i- 
ehimeeos  comienzan  en  la  pág.  75  y  terminan  en  la  pág.  219.  La  indicación 
que  hace  el  documento  parece  incluir  la  noticia  siguiente  que  yo  intitulé  Be^ 
laeión  12?  y  que  el  mismo  autor  separó  de  las  precedentes. — R. 

4  Aquí  está  claramente  designado  el  monumento  de  la  pág.  287. — R. 

5  De  este  hace  mención  el  autor  frecuentemente,  mas  no  se  conoce.— R. 

6  Como  aquí  no  se  da  idea  alguna  de  su  asunto  es  difícil  acertar  cuál  sea  la 
historia  de  que  aquí  hablan  los  certificantes.  Sin  embargo,  juzgando  por  esa 
tan  breve  y  vaga  designación  no  me  parece  improbable,  y  antes  sí  bastante 
fundado,  que  sea  la  que  entre  los  MSS.  del  autor  lleva  el  título  de  Historia 
Chichimeca^  el  más  extenso,  mejor  e.aborado  y  más  voluminoso  de  sus  escri- 


462  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

tínidad  y  fuerza  todo  lo  que  tiene  escrito  en  la  dicha  Crónica  y 
JHistoría  y  porque  son  muchos  los  cronistas  y  que  van  fuera  de 
la  verdad  que  se  ha  dado  crédito  á  sus  escritos,  y  el  día  de  hoy 
las  verdaderas  historias  se  tienen  por  fabulosas  ^  nos  la  ha 
manifestado  y  mostrado  por  la  causa  referida  el  dicho  2).  Fer- 
narulo  de  Alva^  para  que  veamos  y  consideremos  si  tiene  algu- 

tos,  pues  contiene  9o  capítulos,  abarcando  la  historia  de  México  desde  sus 
tiempos  fabulosos  hasta  el  asedio  de  su  capital  por  los  españoles;  siendo  de  no- 
tar que  está  trunca.  También  quizá  es  la  misma  que  Clavijero  y  Berisiain  de- 
signan con  el  título  de  Historia  de  la  Nueva  España^  que  hoy  no  se  encuentra 
inscrito  en  ninguna  de  sus  obras,  pero  que  sí  se  reconoce  en  la  Dedicatoria 
•que,  erradamente  en  mi  juicio,  se  há  puesto  al  frente  de  la  citada  HisUn'ia 
Chicídmeca, — B. 

1  £1  copiante  desfiguró  el  pasaje  que  sigue  por  la  absurda  ortograña  que  le 
puso  y  también  por  las  sustituciones  que  hiso.  Después  de  poner  punto  final 
«a  la  palabra  fabtdoeaSf  sigue  así  en  el  original:— i\ro  se  ha  manifestado  ni 
mtosiradopor  la  causa  referida^  etc.— B. 

2  A  las  anteriores  notas  del  Sr.  Bamírez  debo  agregar  algunas  observacio- 
nes. 

Desde  luego  se  comprende  que  la  primera  obra  de  Ixtlilxochitl  fué  la  Su- 
maria Belación,  etc.,  de  los  Tultecas,  con  que  comienza  este  tomo.  Por  su  título 
«e  ve  que  el  autor  quiso  que  esta  obra  abrazara  desde  los  toltecas  hasta  la  ve^ 
nida  de  los  españoles;  y  sin  embargo  concluye  con  la  destrucción  de  Tollan. 
Esto  demuestra  que  la  Sumarla  Belación  es  solamente  la  primera  parte  del 
trabajo,  y  que  la  segunda,  que  inmediatamente  le  sigue,  es  la  Historia  de  lol 
Señores  Chichimecas. 

Bespecto  de  ésta  debo  advertir,  que  por  haber  unido  el  Sr.  Bamírez  en  una 
«ola  las  dos  Belaoiones  que  bajo  el  mismo  título  de  segunda  se  hallan  en  es 
manuscrito  del  Archivo,  resultaron  once,  mientras  en  el  Kingsborough  son 
4oce;  pero  el  Sr.  Bamírez  hizo  una  duodécima  relación  con  el  fragmento  inti- 
tulado Continuación  de  la  Historia  de  México,  que  en  el  Kingsborough  está 
«in  numeración  al  fin  de  dicha  relación.  La  segunda  observación  es,  que  por 
algún  trastorno  en  la  encuademación  del  manuscrito  del  Archivo,  está  inter- 
•calado  en  la  décima  relación  un  pasaje  de  la  undécima.  En  la  página  172,  de 
las  palabras  Totomihuatnn  de^  que  terminan  la  quinta  línea,  agregando  la  pala- 
bra de  Cohuatepec  que  falta,  hay  que  pasar  hasta  la  página  178  y  seguir  con 
las  palabras  y  Izconitin  de  Iztapalocan.  Todo  lo  comprendido  entre  esas  pala- 
bras, de  la  página  172  á  la  178,  hay  que  pasarlo  á  la  página  218  en  la  línea  23 
<lespué«  de  las  palabras  la  cual  se  decia^  á  las  que  sigue,  en  lugar  de  tzin^  Aioz- 
quetgin]  y  hecha  la  intercalación,  el  final  se  leerá:  ^^El  Sefloi'  de  llaxcala.  Te- 
cuniejteCy  á  esta  ocasión -le  envió  sus  embajadores ^  etc." 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  463 

ñas  cosas  que  corregir  ó  quitar  en  la  dicha  Historia,  que  no 
esté  cierto  y  verdadero,  ó  añadir  algunas  cosas  que  haya  deja- 
do en  silencio,  todo  lo  cual  hemos  visto  y  considerado,  y  no 
tiene  ninguna  falta  y  defecto,  y  es  muy  cierta  y  verdadera  la 
dicha  Historia,  y  así  lo  tenemos  de  memoria  heredado  de  nues- 
tros padres  y  abuelos,  y  estamos  muy  ciertos  ser  esto  verdad, 
y  así  se  halla  pintado  y  escrito  en  nuestras  antiguas  historias  y 
crónicas  de  las  pocas  que  han  quedado,  y  le  encargamos  mu- 
cho que  la  dicha  historia  la  manifieste  ante  el  Rey  N.  S.  para 
que  tenga  noticia  de  todo  y  no  se  acabe  de  perder  la  memoria 


Como  al  fin  de  la  relación  undécima  dice  el  autor  que  con  ella  acaba  la  ori- 
ginal historia,  se  presume  que  las  Relaciones  Sumaria  y  de  los  Señores  Chi- 
chimecas  fueron  una  primera  obra  histórica  sacada  de  pinturas,  y  que  en  ella 
el  autor  no  tuvo  más  objeto  que  narrar  las  glorias  de  los  texcucanos.  Completó, 
fiin  embargo,  su  trabajo  con  los  diversos  fragmentos  citados,  hasta  el  que  se  in- 
titula Entrada  de  loa  Españoles  en  Texcuco. 

La  Noticia  de  los  Pobladores  fué  ya  una  obra  metódica  que  comprende  des- 
de los  primeros  tiempos  hasta  la  expedición  á  las  Hibueras,  y  ya  en  ella  se 
acentúa  el  espíritu  del  autor  de  pedir  al  Rey  la  devolución  de  su  patrimonio. 

Después  se  escribió,  ó  por  lo  menos  se  concluyó,  la  Historia  Chichimeca;  y 
finalmente,  y  más  bien  como  memoriales  al  Rey,  la  Relación  Sucinta  y  la  Su- 
maria Relación. 

En  mi  Introducción  seguí  las  ideas  del  Sr.  Ramírez,  que  repite  en  las  notas 
anteriores:  pero  leyendo  con  cuidado  este  Testimonio,  he  modificado  mi  pare- 
cer. Se  ve  claramente  que  las  obras  que  presentó  á  examen  Ixtlilxochitl,  ñie- 
ron  solamente:  las  cinco  relaciones  de  los  Tultecas,  las  once  de  la  Historia  de 
loe  Señores  Chichimecas  y  las  Ordenanzas  de  Nezahualcoyotl,  y  una  Historia 
larga^  que  por  el  mismo  contexto  del  Testimonio  no  puede  ser  otra  que  la  No- 
ticia de  loa  pobladores. .  Estas  cbras  eran  las  terminadas  en  1608.  Los  frag- 
mentos que  se  les  han  agregado  son  posteriores,  y  acaso  algunos  de  distinta 
mano.  Ija  Sumaria  Relación  es  de  1611;  y  hacia  esa  época,  poco  más  ó  menos, 
debemos  referir  la  Sucinta.  La  Historia  Chichimeca  es  obra  posterior  á  1608  é 
independiente,  y  ya  he  dicho  que  es  la  más  perfecta,  y  que  debió  terminarse 
el  año  de  1616.  No  es  la  Historia  larga. 

Las  anteriores  opiniones  se  confirman  con  una  noticia  del  Ayuntamiento  de 
Texcoco,  documento  inédito,  que  dice:  **E1  año  de  1608  el  7  de  Noviembre 
presentó  Don  Femando  de  Alva  Ixtliixuchitl  ante  Luis  Guerra  teniente  de 
Alcalde  de  ütumba.  Gobernadores,  Alcaldes,  Regidores,  Principales  y  natu- 
rales, estando  todos  en  Cabildo,  una  historia  de  los  Reyes  y  Señores  naturales 


464  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

de  las  grandezas  y  hazañas  de  los  antiguos  Reyes  y  Señores 
y  demás  naturales  de  esta  Nueva  España,  nuestros  antepasa- 
dos; lo  cual  le  será  de  mucha  honra  y  fama,  y  (además  de  que) 
está  obligado  á  aclarar  la  verdad  de  la  dicha  historia,  porque 
D.  Femando  Cortés  IxÜilxuchülj  Rey  y  Señor  natural  que  fué 
de  la  ciudad  de  Texcuco  y  de  esta  provincia  de  Olumba  y  rei- 
no de  los  Áculhuas  y  de  las  demás  provincias  sus  sujetas,  y  Chi- 

chimecatl  TeeuhUi  que  fué  de  esta  Nueva  España ^  quedó 

(por)  hijo  y  legitimo  sucesor  de  NezahualpiltzinÜi  y  nieto  de 
Nezahualcoyotzin,  grandes  Chichimecas  de  esta  Nueva  España, 
Reyes  y  Señores  naturales  de  nuestros  antepasados,  y  fueron 
muy  grandes  los  servicios  que  (el  dicho  D.  Femando)  hizo  á 
Dios  y  á  S.  M.  el  Emperador  N.  S.,  siendo  el  primero  que  reci- 
bió con  todo  amor  la  fe  Católica  y  de  paz  al  Capitán  D.  Her- 
najido  Cortés  y  demás  Españoles  que  con  él  vinieron,  y  también 
se  halló  en  la  conquista  contra  los  de  la  ciudad  de  México  y  de 
las  demás  provincias  de  esta  Nueva  España,  que  fueron  con- 
quistadas porque  no  querían  recibir  la  fe  Católica  y  los  man- 
de esta  Nueva  España  que  tiene  escrita,  y  las  pinturas,  cantos  y  otros  papeles 
y  recaudos  de  donde  la  sacó,  la  que  también  ha  presentado  á  otras  poblaciones 
para  que  la  examinen,  y  siendo  cierto  su  contenido  la  aprueben,  y  habiéndola 
examinado- los  de  Otumba  la  aprobaron,  y  mandaron  que  el  intérprete  Fran- 
cisco Kodriguez,  Alguacil,  la  traslade  del  idioma  Mexicano  al  Castellano.  Las 
historias  que  presentó  eran  la  1?  Historia  y  crónica  de  los  Reyes  Tultecas,  2? 
Crónica  de  los  Beyes  Chichimecas  hasta  Nezahualcoyotzin,  8?  Las  Ochenta 
leyes. y  ordenanzas  del  Gran  Nezahualcoyotzin,  4*  Historia  de  los  Padrones  y 
tributos  reales  que  pagaban  las  Provincias  de  esta  Nueva  España,  6?  una 
historia  larga  que  trata  de  diversas  cosas.  Todo  esto  fué  aprobado  por  los  an- 
cianos y  demás  de  Otumba  y  del  pueblo  de  San  Salvador  Cuautlacingo." 

Este  documento  conñrma  mis  ideas,  y  nos  da  á  conocer  una  cosa  muy  im- 
portante: no  tenemos  las  obras  de  Ixtlilxochitl,  sino  la  versión  hecha  por  el 
alguacil  de  Otumba,  cuya  fidelidad  no  podemos  apreciar.  Importante  sería 
encontrar  el  manuscrito  mexicano  de  Ixtlilxochitl,  y  entonces  acaso  desapare- 
cerían las  contradicciones,  errores  de  cronología  y  de  ortografía  de  los  nom- 
bres indígenas,  y  otros  defectos  que  hoy  notamos  en  sus  obras. 

1  Este  vacío  está  ocupado  en  el  Original  por  una  palabra  bárbara:  dice, 
fuzatyca. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  465 

dalos  del  Emperador  N.  S.,  andando  siempre  en  compañía  de 
dicho  Marqués  del  Valle  y  siendo  siempre  en  su  favor  y  de  los 
demás  Españoles,  peleando  contra  sus  propios  tíos  y  hermanos 
y  deudos,  como  lo  eran  los  Reyes  y  Señores  de  los  Mexica- 
nos y  Tepanecas,  en  donde  en  el  discurso  de  la  dicha  conquista 
de  la  ciudad  de  México  mató  muchos  de  ellos  por  sus  propias 
manos  ^  hasta  prender  á  su  hermano  mayor  D.  Pedro  Cohua- 
nacochtzin  y  entregarlo  preso  á  dicho  Marqués  del  Valle,  por- 
que no  había  permanecido  en  la  fe  que  había  recibido  y  en  la 
paz  y  concordia  que  había  dado  al  Emperador  N.  S.  haciéndo- 
se de  la  parte  de  los  Mexicanos  y  Tepanecas;  y  muchas  veces 
escapó  la  vida  de  dicho  Marqués  ^  y  fueron  sin  número  los  Acul- 
huas  y  otras  naciones  que  juntó  y  trajo  á  su  devoción  para  la 
conquista  de  México  y  otras  partes  de  esta  Nueva  España,  que  lo 
mismo  hicieron  por  su  orden  los  naturales  nuestros  pasados  de 
esta  provincia  de  OtuTnbay  otras  muchas  y  muy  grandes  hazañas 
hizo  como  se  verá  en  el  discurso  de  la  Historia,  ^  y  por  esta 
causa  esta  dicha  aprobación  la  hacemos,  y  por  ser  IxtlUxochitl 
hijo  y  descendiente  de  los  Reyes  y  Señores  de  los  Aculhuas  y 


1  Lo  hasta  aquí  dicho  no  es  más  que  el  resumen  de  lo  que  el  Autor  repite, 
aun  con  cierta  afectación,  en  su  citada  Belación  13?,  y  lo  que  sigue  se  encuen- 
tra casi  textualmente  en  la  pág.  43  del  ejemplar  impreso:  dice  así "él 

prendió  á  su  hermano  Cohuanacoxtzinj  que  era  entonces  General  de  los  Me- 
xicanos, y  se  lo  entregó  á  Cortés  etc." — De  lo  otro  hay  muestras  flagrantes  en 
las  pág.  21,  92  y  jDo^sim,  siendo  notable  sobre  todos  el  de  la  pág.  82  donde  el 
autor  para  encarecer  el  mérito  y  fidelidad  de  Z>.  Fernando  Cortés  dice  que  lo 
deshonraban  sus  TíoSj  llamándolo  traidor  contra  su  Patria  y  deudos  etc. — R. 

2  En  la  citada  Relación  se  refiere  y  discute  este  hecho  defendiendo  la  cau- 
sa de  aquel  personaje  como  liberador  de  Cortés — ^^Ixtlilxuehitl^  dice  el  histo- 
riador,  se  llegó  presto  y  dióle  la  mano  á  Cortés  y  le  sacó  de  la  agua,  que 

ya  uno  délos  enemigos  le  iba  á  cortar  la  cabeza,  y  él  le  cortó  los  brazos  etcn. — R . 

8  Esta  citación  ministra  un  fortísimo  argumento,  por  no  decir  que  una  prue- 
ba concluyente,  de  que  la  Historia  de  que  aquí  se  habla  es  la  compuesta  de  las 
trece  Relaciones,  pues  que  solamente  en  la  citada  13*  es  donde  ei  Autor  refié- 
relas ulteriores  acciones  de  Ixtlilxuchitl  hasta  el  viaje  á  las  Hibueras.  La  par- 
te de  conquista  contenida  en  la  Historia  Chichimeca,  sobre  compendiosa,  que- 
da pendiente  en  el  asedio  de  México.— R. 

Tomo  1—30 


^gg  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


porque  los  que  fueron  de  esta  provincia  de  auwba  descienden 
de  su  propia  casa  y  linaje,  como  parece  en  la  dicha  historia  que 
si  Dios  fuere  servido  saldrá  á  luz  y  se  divulgará;  y  si  fuera  otro 
historiador,  de  ninguna  manera  hubiéramos  hecho  esta  apro- 
bación, y  porque  á  muchos  de  los  que  han  sido  hemos  dado 
nuestras  Relaciones  y  jamás  han  salido  á  luz,  antes  parece  que 
se  han  aumentado  las  siniestras  relaciones.  Y  asimismo  le  da- 
mos esta  aprobación  para  que  conste  al  Rey  N.  S.  cómo  es 
cierto  y  verdadero  todo  lo  que  tiene  escrito,  así  en  las  cosas 
de  su  historia,  como  en  la  relación  que  hace  de  nuestros  tra- 
bajos y  calamidades,  especialmente  el  servicio  personal,  que 
es  lo  que  ahora  nos  va  consumiendo,  y  (los  daños  que  nos 
causan)  los  pastores  y  señores  de  ganado  (que)  nos  destruyen 
nuestras  sementeras  con  sus  ganados  y  se  roban  »  nuestros  hi- 
jos, hijas  y  mujeres,  ^  y  muchas  de  nuestras  tierras  nos  las  qui- 
tan y  se  van  alzando  con  ellas  algunas  personas,  sin  otros  mü 
agravios  que  se  nos  hacen,  como  se  verá  especiflcadamente  en 
la  dicha  Historia.  * 

Y  para  que  finalmente  conste  en  esta  nuestra  aprobación 
cómo  es  cierto  y  verdadero  todo  lo  que  tiene  escrito,  que  si 
fuere  necesario  tornalla  á  aprobar  y  confirmar  desde  luego  de- 
cimos que  así  lo  haremos  cada  y  cuando  fuere  necesario,  y  por- 
que lo  tenemos  por  cierto  y  verdadero  lo  aprobamos  y  confir- 
mamos después  de  haberlo  muy  bien  visto  y  considerado  como 
está  referido,  y  para  que  dé  más  fe  ponemos  aquí  nuestras  fir- 
mas. Nos  el  Gobernador  y  Alcaldes  y  Regidores  y  principales 
de  esta  cabecera  de  Oíwmfta  y  de  los  demás  pueblos  sus  siye- 
tos  y  juntamente  yo  d  Escribano  nombrado  por  el  Ezmo.  Sr. 

1  Bn  ol  original  dice— y  «»  los  roban  nuestro»  hijos  etc.;  rata  el  artículo  in- 
terpuesto, ó  es  una  de  aquellas  redundancias  oonsiguientee  al  desaUño  con  que 
se  escribía  en  la  época,  6  es  una  errata  del  copiante.— R. 

2  Bn  Kingsborough  dice:  y  otros  roban  nuestros  hijos  y  hijas  y  mujeres. 

8  Los  hechos  fundamentales  de  estas  quejas  solamente  se  encuentran  en  la 
citada  Relación  18?  p6g.  81  y  114,  nueva  prueba  de  que  ella  pertenecía  á  es» 
historia  6  crónica  deque  tanto  hablan  los  certificantes.— R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  467 

Virrey  pongo  aquí  mi  firma  y  doy  fe  de  que  es  hecha  esta  Es- 
critura y  auto  de  aprobación  por  los  principales  Regidores  en 
este  Cabildo  de  esta  Provincia  de  Otumba^  hoy  Martes  á  18  días 
del  mes  de  Noviembre  de  1608  años. — (Siguen  las  firmas). — Pasó 
ante  mí. — Diego  Ortiz,  Escribano. 

Decimos  Nos  el  Grobemador  y  Alcaldes  Regidores  Ancianos 
del  pueblo  de  San  Salvador  QuaÜacinco,  que  hemos  visto  y  leí- 
do la  Historia  que  tiene  escrita  D,  Femando  de  Alva  Ixtlilxxtr- 
chiU,  la  cual  es  muy  cierta  y  verdadera  y  conforme  con  nues- 
tras antiguas  historias,  las  que  el  día  de  hoy  tenemos,  y  asi- 
mismo es  conforme  se  lo  oímos  decir  á  nuestros  padres  y 
abuelos,  por  cuya  causa  nosotros  laaprobamos  y  confirmamos 
de  la  misma  manera  que  la  tienen  los  de  la  cabecera,  y  deci- 
mos lo  mismo  que  en  esta  Escritura  de  aprobación  se  contiene; 
y  para  más  certinidad  ponemos  aquí  nuestras  firmas.  Y  asi- 
mismo doy  fe  yo  el  Escribano  nombrado  por  el  Exmo.  Señor 
Virrey,  que  es  fecho  en  el  Cabildo  de  San  Salvador  Quatlacinco 
de  esta  provincia  de  Otumba,  hoy  Martes  a  18  de  Noviembre 
de  1608  años. — (Siguen  las  firmas.)  ^ 

1  En  el  Kingsborough  están  puestos  los  nombres  de  las  firmas,  y  concluye 
con  el  siguiente  párrafo  importante,  que  se  refiere  al  alguacil  traductor: 

"Y  yo  Francisco  Rodríguez  á  quien  se  cometió  este  trasunto,  lo  trasunté 
del  original  según  y  como  en  él  se  contiene,  el  cual  va  cierto  y  verdadero,  y 
así  lo  juro  á  Dios  bajo  la  cruz  en  forma  de  derecho;  y  lo  firmé  de  mi  nombre 
en  Otumba  en  20  días  del  mes  de  Noviembre  de  1608  años.— Francisco  Ro- 
drigtiez.'* 


SUMARIA  RELACIÓN 

DE  LA  HISTORIA  GENERAL  DE  ESTA  NüEVA  EfePAÑA  DESDE  EL  ORIGEN  DEL  MUN- 
DO HASTA  LA  ERA  DE  AHORA,  COLEGIDA  Y  SACADA  DE  LAS  HISTORIAS, 
PINTURAS  T  CARACTERES  DE  LOS  NATURALES  DE  ELLA,  T  DE  LOS  CANTOS 
ANTIGUOS  CON  QUE  LA  OBSERVARON.  ^ 


Los  más  singulares  y  graves  autores  que  pintaron  la  historia 
de  esta  tierra  y  compusieron  cantos,  que  fueron  Nezahualcoyo- 
tzin  rey  de  Texcuco  y  los  dos  infantes  de  México  Xiuhcozca- 
tzin  y  Tzahuatzin  dicen  y  declaran  por  ella:  que  el  mundo  tuvo 
y  tiene  cuatro  edades,  la  primera  fué  desde  su  origen  y  llama- 
ron atíonatio^  ^  que  quiere  decir  Sol  de  agua  porque  esta  edad  se 
acabó  y  consumió  con  el  diluvio,  la  segunda  llamaron  TkUchi- 
tonatiuc  ^  que  quiere  decir  Sol  de  tierra  que  se  acabó  con  un  gran 
temblor  de  tierra  que  se  abrió  por  muchas  partes,  cayeron  y 
rodaron  pedazos  de  peñas  y  sierras  de  tal  modo  que  perecie- 
ron cuasi  todos  los  hombres,  en  cuya  edad  fueron  los  gigantes 
á  quienes  llamaron  Quinametitzucuil,  *  la  tercera  llamaron  he- 

1  Esta  copia  se  sacó  del  MS.  del  Museo,  presumiendo  que  ella  estuviera  más 
correcta  que  la  del  Archivo,  por  haber  pertenecido  al  Brigadier  D.  Diego  Gar- 
cía Panes,  ilustrado  y  diligente  investigador  de  nuestras  antigüedades;  mas  al 
hacer  su  cotejo  con  la  otra,  he  reconocido  con  pesar,  que  en  esta  parte  á  lo 
menos,  está  mucho  más  corrompida  y  defectuosa.— R.     , 

2  Atonatiuh. 

8  Tlalchitonatiuh. 

4  (¡uinametUxuehü — MS.  del  Archivo. 


470  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

catonactiuh  ^  que  es  lo  mismo  que  Sol  del  aire  porque  fué  tanto 
y  tan  recio  el  viento  que  hizo  entonces,  que  derrotó  todos  los 
edificios  y  árboles  y  aun  deshizo  las  peñas  y  murieron  muchos 
de  los  moradores,  y  porque  hallaron  los  que  escaparon  de  esta 
calamidad  cantidad  de  monas  en  los  lugares  y  pueblos  dijeron 
haberse  convertido  en  esta  especie  de  animales,  de  donde  na- 
ció la  fábula  tan  mentada  de  las  monas.  Los  que  poseían  en 
esta  edad  este  nuevo  mundo  fueron  los  tdmecas  y  xicalamcas^  y 
según  parece  por  sus  historias  que  vinieron  en  navios  ó  barcas 
por  la  parte  del  Oriente  hasta  la  tierra  de  Papuha  desde  don- 
de comenzaron  á  poblarte  f  en  las  tierras  que  están  á  la  orilla 
del  río  Atlhmac  ^  que  es  el  que  pasa  entre  la  ciudad  de  los  An- 
geles y  la  de  Cholula.^  hallaron  algunos  de  los  gigantes  que  ha- 
bían escapado  de  la  segunda  edad,  los  cuales  siendo  gente  ro- 
busta y  confiados  en  sus  fuerzas  y  mayoría  de  cuerpo  se  se- 
ñorearon de  los  nuevos  pobladores  de  tal  manera  que  los  tenían 
tan  oprimidos  como  si  fueren  sus  esclavos,  por  cuya  causa  los 
caudillos  y  gente  principal  de  los  Ulmecas  y  Xicalanfios  bus- 
caron modo  para  poderse  librar  de  esta  servidumbre,  y  fué  en 
un  convite  que  les  hicieron  muy  solemne;  después  de  hartos  y 
repletos  y  embriagados,  con  sus  mismas  armas  los  acabaron  y 
consumieron,  con  cuya  hazaña  quedaron  libres  y  exentos  de 
esta  plaga  y  fué  en  aumento  su  señorío  y  mando.  Y  estando 
en  la  mayor  prosperidad  llegó  á  esta  tierra  un  hombre  á  quien 
llamaron  QuetzcUcohuaÜ  y  por  otro  nombre  Huemac,  virgen  jus- 
to y  santo,  el  que  vino  del  Oriente  y  enseñó  la  ley  natural  y 
constituyó  el  ayuno  evitando  todos  los  vicios  y  pecados:  él  fué 
el  primero  que  colocó  y  estableció  la  cruz  á  que  llamaron  Dios 
de  las  lluvias  y  de  la  salud;  el  cual  viendo  el  poco  fruto  que 
hacía  en  la  enseñanza  de  estas  gentes  se  volvió  por  la  parte  de 
donde  vino,  y  al  tiempo  que  fué  dejó  dicho  á  los  naturales  de 
aquellos  tiempos  que  volvería  en  los  venideros  en  un  año  que 
se  llamaba  ce  acail^  y  que  para  entonces  su  doctrina  sería  recibida 

1  Ehecatonatioh. 

2  Atoyac. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  ttlULXOCHITL.  471 

y  SUS  hijos  serían  Señores,  poseerían  las  tierras,  y  otras  muchas 
cosas,  que  después  muy  á  la  clara  se  verificó;  el  cual  ido  que 
fué  de  allí,  á  pocos  días  sucedió  la  destrucción  referida  de  la 
tercera  edad  y  entonces  se  destruyó  aquel  edificio  tan  memo- 
rable de  la  ciudad  de  Cholula  que  era  como  otra  segunda  to- 
rre de  Babel  que  la  edificaban  estas  gentes,  que  después  edifi- 
caron un  templo,  los  que  escaparon  en  la  ruina  de  ella,  á  Qu^ 
izaleohuaü,  á  quien  colocaron  por  Dios  del  aire,  y  según  parece 
por  las  historias  referidas  ó  por  los  anales,  sucedió  esto  algu- 
nos años  después  de  la  Encarnación  de  Cristo,  Señor  nuestro; 
desde  este  tiempo  acá  entró  la  cuarta  edad,  que  dijeron  lla- 
marse TleUmaüúh  porque  se  ha  de  acabar  con  fuego. 

'Esa  esta  cuarta  edad  llegaron  á  esta  tierra  la  nación  TaUeoa 
los  cuales  según  parece  por  su  historia  que  fueron  desterrados 
y  echados  de  su  patria,  y  después  de  haber  navegado  y  costeado 
por  la  mar  del  sur  llegaron  á  la  que  llamaron  Hueytlapalan,  que 
es  la  que  al  presente  llaman  de  Cortés,  que  por  ser  algo  beime- 
jo  le  pusieron  el  nombre  referido,  en  el  año  que  se  llama  €e 
TecpaÜ  que  fué  en  el  de  387  años  de  la  encamación  de  Cristo 
nuestro  Señor,  y  habiendo  costeado  la  tierra  de  Xalixco  y  to- 
da la  corte  del  Sur  salieron  al  puerto  de  Huaixdco^  y  de  allí 
pasaron  á  Tuchiepec^  y  habiendo  andado  por  diversas  par- 
tes y  ojeado  las  costas  del  mar  del  Norte,  vinieron  á  parar 
en  la  provincia  de  TuUmtánoo  dejando  en  los  mejores  puestos 
alguna  de  la  gente  que  traían  para  poblarlos:  hasta  este  lugar 
y  tiempo  contaron  ciento  cuatro  años,  después  que  poblaron 
la  ciudad  de  Tida  que  fué  la  cabecera  de  su  Imperio,  y  que  es- 
tá á  orillas  de  un  gran  río;  y  á  los  siete  años  de  la  fundación  de 
esta  ciudad,  eligieron  Rey  y  supremo  Señor,  que  fué  el  prime- 
ro que  tuvieron,  porque  de  antes  habían  sido  gobernadores  sus 
caudillos,  que  fueron  siete.  Este  Rey  que  se  llamaba  Chai- 
chiuUanetzin  y  por  otro  nombre  ChoMiiuMoionac^  reinó  cin- 
cuenta y  dos  años  y  le  siguió  TlilquechaocccatílachilnoUzin^  ^  el  cual 

1  "Tlilhuechaocatlahinoltzin'^-MS.  cit 


472  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

reinó  otros  tantos  y  le  sucedió  Huetzin^  duró  en  el  reino  otros 
tantos  años  porque  era  costumbre  entre  ellos  reinar  de  cin- 
cuenta en  cincuenta  y  dos  años,  ^  y  si  antes  de  cumplirlos  mo- 
ría, gobernaba  la  República:  á  Hudzin  le  sucedió  Totepeuhy  que 
reinó  otros  cincuenta  y  dos  años;  ^  y  después  de  su  muerte  le 
sucedió  Tlacomihaa  que  reinó  cincuenta  y  nueve  años,  pasando 
y  excluyendo  del  orden  de  sus  pasados,  el  cual  colocó  el  tem- 
plo de  la  Rana,  Diosa  del  agua,  y  después  de  sus  días  le  suce- 
dió la  Reyna  XiuhquerUzin  que  por  otro  nombre  llaman  Xiuh- 
caltzin  que  reinó  cuatro  años,  y  habiendo  fallecido,  le  sucedió 
IztdccaUzin  que  reinó  cincuenta  y  dos  años:  en  el  discurso  de 
este  tiempo  trató  amores  con  Quetzal  Xochüzin  esposa  de  un 
caballero  llamado  Papantzin  descendiente  de  la  casa  de  los  di- 
chos Reyíes,  y  en  esta  dama  tuvo  á  TopílMn^  que  aunque  adul- 
terino le  sucedió  en  el  imperio,  por  cuya  causa  algunos  de  los 
Reyes  y  Señores  sus  vasallos  se  levantaron  contra  él,  parecién- 
doles  ser  más  propincuos  y  dignos  de  él,  y  otros  en  venganza 
del  adulterio  y  en  especial  Coanacotdn^  Huetún  y  Nixoyotdn  ^ 
Reyes  y  Señores  que  eran  de  las  provincias  que  caían  en  las 
costas  del  mar  del  Norte,  y  es  así  que  habiendo  reinado  los  cin- 
cuenta y  dos  años  el  Rey  TeepancaMsdn  hizo  jurar  á  su  hijo  To- 
pUtzin  hallándose  en  la  jura  algunos  de  los  Reyes  que  le  eran 
amigos,  como  fueron  IztaequahmztzinY  McixÜcUzin.  *  Luego  que 
entró  Topiltzin  en  la  sucesión  del  imperio,  hubo  presagios  y 
grandes  señales  de  su  destrucción  y  se  cumplieron  ciertos  pro- 
nósticos y  profecías  que  habían  pronosticado  sus  mayores,  y  se- 
gún por  la  historia  parece  mandó  llamar  á  sus  mayordomos  y 
entregarles  sus  tesoros  para  que  los  retirasen  en  la  provincia  de 
QuiahuizUan^  temiéndose  de  los  Reyes  sus  contrarios;  y  al  déci- 

1  Debe  ser:  de  cincuenta  y  dos  en  cincuenta  y  dos. 

2  '<al  cual  le  sucedió  Naeaxxuzj  que  reinó  otios  cincuenta  y  dos  años'' — 
MS.  cit. 

8  Mexoyotzin, — MS.  cit. 

4  En  este  y  otros  pasajes,  para  hacerles  inteligibles,  corrijo  su  redacción  en 
la  del  Eingsborough. 


DON  FERNANDO  DK  ALVA  IXTLILXOCHITL.  473 


mo  año  de  su  reinado  comenzó  la  hambre  y  esterilidad  de  la 
tíerra  pereciendo  la  mayor  parte  de  las  gentes  y  comiéndose  de 
gorgojo  los  bastimentos  que  tenían  en  sus  trojes,  y  otras  mu- 
chas calamidades  y  persecuciones  del  cielo,  que  parecía  llover 
fuego,  y  fué  tan  grande  la  seca  que  se  secaron  los  ríos  y  fuen- 
tes, y  á  los  veintitrés  años  de  su  reinado  estando  tan  faltos  de 
fuerzas  y  sustento,  vinieron  los  tres  Reyes  referidos  con  im 
poderoso  ejército  y  á  pocos  lances  se  apoderaron  de  la  ciudad 
de  ÍWa,  cabecera  del  imperio,  y  aunque  salieron  de  ella  hu- 
yendo el  Rey  Topiltzin,  y  á  pocas  jornadas  le  fueron  dando 
alcance  y  mataron  su  gente,  el  primero  que  murió  fué  el  Rey 
viejo  IztaccaUzin  su  padre,  y  con  él  las  damas  QuetzabouchiU 
y  en  TlcUotapa  ^  alcanzaron  á  los  dos  Reyes  Iztacqucumehtzin  y 
Maxtla  confederados  de  TopiUzin^  que  allí  les  dieron  desastrada 
muerte  por  más  que  se  defendieron,  y  Topittzin  se  perdió  y 
nunca  más  se  supo  de  él  y  de  los  hijos  que  tenía,  sólo  uno  que 
fué  el  Príncipe  Pockotl  lo  escapó  el  ama  y  lo  criaba  en  los  de- 
siertos de  Noalco,  que  ella  se  decía  Tochcuaye  ^  y  los  pocos  de 
los  Tultecas  que  quedaron  se  escaparon  en  las  montañas  de  la 
laguna  de  Culhuacan:  este  fin  tuvo  este  imperio  de  los  Tulte- 
cas, que  duró  572  años;  y  viéndolo  tan  arruinado  los  dichos 
Reyes  que  vinieron  á  sojuzgarle,  se  volvieron  á  sus  provincias, 
y  aunque  victoriosos,  muy  destrozados  y  con  pérdida  de  la  ma- 
yor parte  de  sus  ejércitos,  que  los  más  de  ellos  murieron  de  ham- 
bre, y  la  misma  calamidad  corrió  en  sus  tierras,  porque  fué  ge- 
neralmente la  seca  y  esterilidad  de  la  tierra:  parece  que  fué 
permisión  de  Dios  por  todas  vías  ser  castigada  esta  nación  que 
de  la  una  y  otra  parte  apenas  quedaron  algunos  de  ellos:  fue- 
ron estos  Tultecas  grandes  artífices,  edificaron  muy  grandes  é 
insignes  ciudades,  andaban  vestidos  de  unas  túnicas  largas  á 
manera  de  los  ropones  que  usan  los  Japones,  y  usaban  unos 
á  manera  de  sombreros  hechos  de  paja;  eran  poco  guerreros 


1  IbtoZopa.— MS.  cit. 

2  Tochcueye— ibid. 


474  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

aunque  republicanos,  y  según  parece  por  sus  historias  vinieixm 
por  la  parte  del  Poniente,  y  eran  idólatras  y  tenían  por  partí* 
cular  ídolo  al  Sol  y  á  la  Luna. 

Había  cinco  años  que  los  Tultecas  se  habían  destruido,  y  es- 
taba despoblada  cuando  vino  á  ella  el  gran  ChichimecaÜ  XdoÜ 
á  poblarla,  teniendo  noticia  por  sus  exploradores  de  su  destruc- 
ción, que  fué  en  el  año  de  novecientos  noventa  y  tres  ^  de  la 
Encarnación  de  Cristo  nuestro  Señor;  y  habiendo  tomado  quie- 
ta y  pacífica  posesión  sobre  ella,  la  pobló  con  su  gente  que 
ftié  el  mayor  número  que  hallo  en  el  ejército  de  ninguno  de 
los  Príncipes  que  ha  habido  en  este  Nuevo  Mundo,  especial- 
mente todas  las  tierras  que  caían  dentro  de  las  sierras  JSb- 
cotiÜarij  Chicunauktocal^  Malinalocan  y  Itzocan,  AtUxoaoacan^ 
TemaocdiÜanf  Poyauhtlan,  Xuchtecutitian^  ZacoÜan^  Tenaxiuk' 
ieouhtíÜan^  iFixtic^  Cuauhohinanco^  Tototepec^  MeíztiÜan^  Tenúr- 
miiec,  Guachque-Tzaloyan,  Cuexteoatl  y  Chocayan  Quavhyacan^ 
repartiéndola  entre  seis  Señores  vasallos  suyos  que  trajo  con- 
sigo, que  había  muchos  años  que  á  los  tres  les  dio  y  repartió 
la  provincia  de  Chaleo  y  á  los  otros  dos  la  de  Mazaoodcím^  y  al 
imo  la  de  Tepeaca,  Esta  nación  salió  de  las  provincias  que  caen 
debajo  del  Norte,  que  había  muchos  años  que  la  poseía,  y  tuvie- 
ron siempre  por  contrarios  los  Tultecas  Xicalancas  y  demás 
naciones  que  antes  habían  poseído  esta  tierra  de  Anaodc^  la 
cual  filé  gente  belicosa  y  amiga  de  la  milicia  y  de  la  caza,  que 
era  su  principal  sustento;  y  siempre  fueron  gobernados  de 
Reyes  y  Señores  naturales.  Había  cincuenta  y  dos  años  que 
se  habían  destruido  los  Tultecas,  y  cuarenta  y  siete  que  tenían 
poblada  la  tierra  los  Chichimecas,  cuando  vinieron  á  ella  otras 
tres  naciones  que  salieron  de  las  últimas  tierras  de  la  provin- 
cia de  Mechoacan^  que  fueron  los  Aeidhuds  que  por  orden  y 
mandato  de  Xolotl  poblaron  la  provincia  de  Aculhuacan  cuya 
cabeza  fué  y  ha  sido  la  cabeza  de  Texcuco  y  de  la  misma  na- 
ción de  los  Reyes  Chichimecas:  tuvo  el  Príncipe  Nopalizin  en 

1  968  en  el  MS.  cit.  y  en  la  edic.  de  Londres. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  475 

la  fViíieesa  AzeaxuchiCl  tres  hijos,  que  el  mayor  fué  el  Príncipe 
Totún  ^  Pochotl  que  sucedió  en  el  imperio,  y  los  otros  dos  se 
llamaron  Atzotzocoltzin,  Totrní^  primeros  Señores  que  fueron  de 
Zacadan  y  Tenamüec  por  la  parte  de  afuera  de  la  circunferen- 
cia de  las  sierras  referidas,  corriendo  sus  tierras  y  seíloríos 
desde  los  dichos  lugares  hasta  la  provincia  de  la  Mlxteoa  que 
les  dio  y  repartió  Xolotl  su  abuelo,  y  según  parece  por  las  his- 
torias y  según  esta  Relación,  á  esta  sazón  tenían  ocupadas  las 
tierras  los  Mixtéeos  y  Zapotecos  que  caen  hacia  la  parte  del 
Sur.  En  el  discurso  del  imperio  de  NopoUún  no  tuvo  ningunas 
guerras,  porque  los  tuvo  á  todos  muy  sujetos  y  los  gobernó  con 
toda  paz  y  tranquilidad,  y  reformó  leyes  de  sus  antepasados  y 
estableció  otras  de  nuevo,  y  así  es  contado  que  uno  de  los  le- 
gisladores que  hubo  en  este  Nuevo  Mundo  fué  éste,  el  cual 
después  de  haber  reinado  treinta  y  dos  años  teniendo  su  corte 
en  Thetiayitca,  falleció  en  el  año  1106. 

El  Principe  Tlotzin  Pochotl  cogióle  la  voz  de  la  muerte  de  m 
padre  en  el  punto  de  Tlaizolon^  un  lugar  suyo,  habiendo  veni- 
do con  toda  brevedad  á  la  corte  fué  recibido  luego  y  jurado 
por  sucesor  del  imperio:  en  vida  de  su  padre  Nopaltzin  casó  con 
Tocpoexochitzin  hija  de  Cuahiatlopal^  uno  de  los  Señores  de  la 
provincia  de  Choleo^  en  la  cual  tuvo  seis  hijos,  los  cuatro  va- 
rones y  las  dos  hembras,  que  el  primero  de  ellos  fué  el  Prfai- 
cipe  Qumatzin  Tlaltecatzin  y  el  segundo  NopaUzirir-quetachihui- 
tsm,  que  murió  en  batalla;  el  tercero  Tochintecuhtli^pñmeT  Señor 
de  la  provincia  de  Huexotzinco;  el  cuarto  XiuhquetzattecuhÜi^ 
primer  Señor  de  la  provincia  de  Tlaxcalan  y  de  la  cabecera  de 


1  Tlotzin.  Como  se  ve  la  redacción  de  este  escrito  es  malísima.  Como  fué 
en  realidad  un  memorial,  sin  duda  la  escribió  en  su  mal  Castellano  el  mismo 
Ixtlilxochitl;  pues  ya  hemos  visto  que  otras  obras  fueron  escritas  por  él  en  me- 
xicano, y  traducidas  por  otro  al  español. 

A  algunos  sorprenderá  cómo  pudo  ser  nombrado  Ixtlilxochitl  intérprete  del 
Juzgado  de  indios.  Sin  duda  por  favorecerlo  lo  nombró  el  Virrey;  que  aun 
en  nuestros  tiempos  hemos  visto  que  se  nombre  para  puesto  más  importante  á 
persona  sin  saber  é  incompetente. 


476  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Tepdicpac^  y  habiendo  reinado  treinta  y  seis  años  con  la  mis- 
ma tranquilidad  y  paz  falleció  en  la  corte  de  lenayuca,  que  fué 
el  último  Rey  Chichimeco  que  la  tuvo  en  ella,  en  el  año  1141. 
Luego  incontinente  fué  jurado  y  recibido  por  sucesor  del  Im- 
perio Quinatzin  Hatecutzin,  el  cual  en  vida  de  su  padre  y  abue- 
lo tuvo  siempre  su  morada  en  la  ciudad  de  Texcuco,  por  cuya 
causa  á  esta  sazón  estaba  muy  ennoblecida;  y  así  determinó 
pasar  la  corte  á  ella  dejando  de  Señor  de  Tenayuca  á  su  tío  Te- 
nancaUzin  hermano  natural  de  su  padre.  En  este  mismo  año 
llegaron  los  mexicanos  al  punto  y  lugar  en  donde  al  presente 
está  la  ciudad  de  México  después  de  haber  peregrinado  mu- 
chos años  en  diversas  tierras,  á  quien  traían  por  principal  cau- 
dillo era  Ocelopan  jr  á  otros  tres  que  llamaban  Yopiaizone  y  Iz- 
cahui  ^  y  según  parece  en  la  original  histórica  era  el  Ocelopan 
hijo  de  Odie  aquel  caballero  que  arriba  se  dijo,  que  fué  á  las 
tierras  de  Michoacán  con  su  familia  *de  donde  se  deriva  el  lla- 
marse los  de  esta  familia  Mecüi*^  y  después  conociéndose  el  voca- 
blo les  llamaron  Mexiti  que  es  el  nombre  que  á  la  presente  tienen, 
y  esta  opinión  es  la  misma  que  tienen  los  históricos  de  los  Reyes 
de  Michuhaean  en  cuyas  tierras  y  Provincias  los  mexicanos  pe- 
regrinaron muchos  años,  y  quedaron  algunos  de  ellos  en  ellas, 
por  donde  se  ve  muy  á  la  clara  ser  los  mismos  culhuas  que  esca- 
paron de  la  destrucción  de  los  tultecas  y  tener  el  mismo  len- 
guaje, y  en  cuanto  á  las  tierras  y  Provincias  que  anduvieron 
no  se  contradice  en  cosa  alguna  á  la  opinión  moderna  que  han 
seguido  los  autores  Españoles  que  han  tratado  de  sus  historias: 
estos  monarcas  se  repartieron  en  dos  parcialidades,  los  unos 
se  llamaron  Tlcddxdcas  por  el  puesto  de  su  primer  asiento,  y  los 
otros  se  llamaron  Thenuxcaa  ^  asimismo  por  haber  hallado  en 
aquel  puesto  el  águila  sobre  el  tunal,  los  cuales  para  su  quie- 
tud pidieron  Señores  para  que  los  gobernasen  á  Aculhua  Rey 
de  los  Tepanecaa  que  tenía  su  corte  en  la  ciudad  de  Ascol- 

1  Aquí  solamente  puso  los  nombres  de  dos. 

2  Lo  colocado  entre  asteriscos  falta  en  Kingsborough. 
8  Tenochcas. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  477 

puizcdco,  el  cual  de  tres  hijos  que  tenía  habidos  en  la  Infanta 
Oueüaxxuchüzin  hija  del  gran  Xolotl,  les  dio  por  Señores  á  los 
dos  de  ellos  que  fueron  Escoatzin  ^  primer  Señor  de  los  TUxie- 
IvlocLs  y  Acamapixtli,  ^  primer  Señor  de  los  Themixcas  y  el  otro 
de  sus  hijos  que  fué  el  Príncipe  Tezozomoc  le  sucedió  en  el  rei- 
no. El  Rey  Quinatzin  fué  el  primero  que  compelió  á  los  chi- 
chimecas  sus  vasallos  á  que  cultivasen  la  tierra  porque  hasta 
entonces  no  lo  usaban,  sino  que  se  sustentaban  de  la  caza  así 
para  su  sustento  como  para  su  vestuario,  por  cuya  causa  algu- 
nos de  ellos  no  estando  habituados  en  este  ministerio,  se  amo- 
tinaron, siendo  favorecidos  para  el  efecto  de  algunos  Señores, 
y  en  especial,  de  cinco  hijos  que  el  Rey  tenía,  los  cuatro 
favorecían  á  esta  parte,  que  viniendo  á  su  noticia  del  tirano  Lar 
canex  que  estaba  retirado  en  las  tierras  septentrionales,  vino 
con  su  gente  y  se  aunó  y  conformó  con  estos  Señores  y  demás 
amotinados  y  así  tuvieron  muy  crueles  guerras  civiles,  mas  con 
el  grande  valor  del  Rey  Quinatzin  y  de  su  hijo  menor  Ife- 
choÜaJatzin  que  después  1¿  sucedió  en  su  imperio,  sojuzgó  y 
castigó  á  todos  los  rebeldes  aunque  la  mayor  parte  de  ellos  se 
fueron  retrayendo  á  las  tierras  septentrionales  de  sus  pasados, 
hechos  bandoleros,  sin  reconocer  á  Rey  ni  Señor  natural  co- 
mo lo  están  el  día  de  hoy  sus  decendientes,  y  á  los  que  hizo 
merced  de  las  vidas,  los  redujo  á  que  viviesen  en  ciudades  y 
lugares  públicos  y  políticos,  entre  los  cuales  envió  á  sus  cuatro 
hijos  con  los  de  su  familia  que  estaban  en  los  llanos  de  Poia- 
huehtla  á  las  provincias  de  Tktxcalan,  y  de  aquí  procedieron  los 
demás  Señores  de  ellas  y  de  esta  razón  tuvieron  principio  las 
otras  tres  cabeceras  de  Tlaxcalan  que  de  aquí  procedieron:  rei- 
nando Quinatzin  se  levantaron  los  de  la  provincia  que  en  aquella 
sazón  era  Totolapa  y  otros  pueblos  del  patrimonio  de  los  CW- 
huas  desde  el  pueblo  de  CuiÜaoac  hasta  el  de  CayuJa,  que  fué 
forzoso  ir  personalmente  con  los  Señores   de  la  provincia 

1  Mixcoatl. 

2  Acamapichtii. 


478  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

de  ^  llaneueUl  que  había  sucedido  en  el  reinado  de  los  Culhuasj  la 
cual  era  mujer  de  AcamapixÜe^  por  cuya  causa,  aunque  menor 
de  los  tres  hijos  del  Rey  de  AzcapíjUzalco  y  ser  tan  solamente 
Señor  de  Thenuxtitlan^  vino  á  ser  Rey  de  los  culhuas  que  fué 
el  primero  que  tuvieron  los  mexicanos;  y  teniendo  el  iraperia 
en  quieta  paz  Quinatzin,  ennoblecida  la  ciudad  de  Texcuco  des- 
pués de  haber  reinado  ochenta  años,  murió  en  el  año  de  1253^ 
y  fué  sepultado  su  cuerpo  en  una  cueva,  cuesta  del  cerro  que 
se  dice  Quauhyacac,  que  fué  el  primero  que  se  enterró  en  es- 
ta cueva. 

Techotlalatzin^  que  fué  el  primer  Emperador  Chichimeca  fué 
recibido  con  todo  el  aplauso  y  gusto  del  imperio  por  ser  uno 
de  los  Príncipes  más  valerosos  y  de  grandes  virtudes  que  tuvo 
esta  tierra»  porque  todo  el  tiempo  de  su  imperio  no  hubo  alte- 
raciones ni  novedades,  teniendo  á  todos  los  Señores  de  él 
siempre  muy  gratos,  é  hizo  dos  veces  cortes  generales  para 
tratar  en  ellas  el  buen  gobierno  y  conservación  de  sus  subdi- 
tos y  vasallos,  y  trujo  á  la  corte  á  los  mejores  artíñces  de  todas 
artes  con  que  la  ennobleció,  en  cuyo  tiempo  falleció  Acuüma^ 
Rey  de  los  Tepanecas,  y  le  sucedió  el  Príncipe  Tezozfymoc^  su 
hijo,  que  fué  el  segundo  Rey  de  los  Tepanecas,  y  asimismo  mu- 
rieron en  este  tiempo  Epooahin  Señor  de  Tlatdulco  y  AcaTna- 
pioMi  de  TenuchtUlan  sus  hermanos  menores,  y  les  sucedieron 
en  sus  señoríos  Quaquahpüzahuac  y  HuiizUihuiÜ^  que  fueron  los 
segundos  Señores  de  México;  también  en  esta  sazón  por  cierto 
derecho  que  pretendía  tener  el  Rey  Tezozomoo  del  reino  de  los 
Otomiea,  á  fuerza  de  armas  se  apoderó  de  él,  y  los  que  no  lo 
quisieron  obedecer,  desamparando  sus  tierras  se  pasaron  á  las 
provincias  de  MeztiUan  y  TvÜcpec^  y  á  parte  de  ellos  el  Rey 
TechotlalcUzin  los  albergó  en  la  provincia  de  Otumba^  de  donde 
se  derivó  el  nombre  de  ella;  el  cual  casó  con  Tozqaenizin^  hija 


1  Aquí  falta  lo  siguiente  que  se  encuentra  en  el  MS.  del  Archivo.— "Chal- 
co  y  con  los  de  México  á  sojuzgarlos  y  amparar  en  el  patrimonio  de  Itlan^ 
eueinüj  que  había  etc."— R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  EXTLILXOCHITL.  479 

de  AcdmüUi  Señor  de  Cohuatlichan  y  de  los  Aculhuas,  en  la 
cual  tuvo  al  Príncipe  IxtlUxuchiU  omdoxüi^  que  le  sucedió  en 
el  imperio,  y  le  señaló  doce  provincias  para  su  crianza  y  gasto 
de  Principe;  y  después  de  haber  gobernado  ciento  y  cuatro  años 
falleció  en  el  año  de  1357,  y  poco  antes  de  su  muerte  fallecie- 
ron los  Señores  Mexicanos,  en  cuya  sucesión  entraron  Tlacon 
feotón^  tercer  Señor  de  TlaUetuleo  y  Chimalpopocatzin,  tercer 
Rey  de  los  Culhuas  y  Mexicanos.  Luego  que  falleció  Techotla- 
kUzin  mostró  Tezozomoc  Rey  de  Azcaputzalco  sus  malos  inten- 
tos en  razón  de  alzarse  con  el  imperio,  porque  no  tan  sola- 
mente quiso  ^  hallarse  en  la  jura  del  Principe  IxaUxudtül,  sino 
que  antes  con  toda  instancia  impidió  á  algunos  Señores  para  que 
no  se  hallasen  en  ella,  por  decir  tenía  mayor  derecho  en  ella 
al  imperio  por  ser  nieto  del  gran  -Xbfotí,  primer  poblador,  y  que 
asi  á  él  se  le  había  de  dar  la  investidura  de  Emperador,  por 
cuya  causa  tuvo  grandes  alteraciones  y  se  levantaron  muchos 
Señores,  unos  en  favor  de  IxÜüxuchiU  y  otros  que  seguían  el 
bando  Tepaneca  contra  él;  y  así  al  dicho  IxtlUxuchiU  le  fué 
forzoso  hacer  ejército  de  gente  que  juntó  de  diez  y  seis  pro- 
vincias que  halló  de  su  bando,  y  entró  por  las  tierras  del  Rey 
de  Azcajmtzaloo  y  de  sus  aliados  asolándolas  á  sangre  y  á  fuego 
hasta  la  provmcia  de  Xüotepec,  de  donde  dio  la  vuelta  por  las 
provincias  de  Tepozotlan  y  OuauhtiÜan^  y  por  la  parte  del  cerro 
de  Temas^palco  sitió  la  ciudad  de  Azcaputzalco.  Viéndose  muy 
oprimido  el  astuto  viejo,  por  medio  de  ciertos  Señores  que 
asistían  en  la  corte  de  IxÜüxuchiU  que  eran  sus  deudos  muy 
cercanos,  alcanzó  le  concediese  ciertas  treguas  para  tratar  de 
las  paces  que  ñngidamente  decía  querer  con  IxtiílxuchiU^  el  cual 
como  era  demasiadamente  noble  luego  incontinenti  alzó  el 
cerco  y  envió  á  sus  gentes  quedándose  solo  y  desapercibido  en 
la  ciudad  de  Texcuco,  y  conociendo  Tezozomoc  el  descuido  con 
que  vivía,  fingió  quererle  hacer  fiestas  en  las  haldas  de  un  ce- 
rro que  se  dice  ChicuhnauUicaU  en  confirmación  de  las  paces, 

1  Debe  decir:  no  quiso. 


480  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


y  llevando  para  el  efecto  muchas  danzas  y  otros  juegos  y  en- 
tretenimientos que  usaban  estos  Señores,  á  las  vueltas  de  él 
llevaba  un  razonable  ejército  para  que  al  mejor  tiempo  embis- 
tiesen con  los  Texcucanos  y  matasen  al  Rey  IxÜilxuchia  y  á 
todos  los  que  iban  con  él,  y  en  esta  traición  fueron  participan- 
tes los  mismos  Señores  atrás  referidos  que  alcanzaron  las  tre- 
guas que  están  dichas:  cuando  á  su  noticia  llegó  esta  nueva  al 
Rey  IxtlilxuchiU  era  ya  tan  tarde  que  apenas  se  pudo  fortificar 
en  su  ciudad,  y  haciendo  de  ladrón  fiel  envió  á  excusarse  de 
las  fiestas  fingiendo  estar  indispuesto  y  que  las  remitiese  para 
otro  tiempo;  llevaron  esta  embajada  dos  Infantes  hijos  suyos 
y  con  ellos  algunos  caballeros  de  su  casa,  los  cuales  luego  que 
llegaron  á  la  presencia  del  tirano  los  mandó  desollar  vivos  y 
los  que  iban  con  ellos  despedazarlos,  y  teniendo  noticia  del 
poco  ornato  ác  guerra  y  de  defensa  que  el  Emperador  en  su 
ciudad  tenía,  hizo  marchar  á  gran  prisa  su  ejército  para  cogerle 
de  sobresalto  y  saquearle  la  ciudad,  y  aunque  se  dio  mucha 
prisa  no  pudo  con  tanta  facilidad  ejecutar  su  maldad,  porque 
Ixtlüxuchitl  con  las  gentes  que  pudo  juntar,  que  fueron  muy 
pocos,  se  puso  contra  el  enemigo  y  defendió  la  ciudad  más  de 
cincuenta  días  continuos,  hasta  que  viéndose  apurado  y  los 
más  de  los  dúdanos  y  otros  caballeros  que  le  defendían  esta- 
ban muertos  y  la  gente  miserable  é  indefensa,  se  iban  retirando 
á  los  montes,  que  fué  fuerza  desamparar  la  ciudad,  y  aunque 
envió  su  sobrino  Cioacueciienotzin,  que  era  el  Capitán  general 
de  su  ejército,  á  pedir  socorro  y  bastimentos  á  los  de  la  pro- 
vincia de  Otumba^  no  tan  solamente  no  se  lo  quisieron  dar,  sino 
que  lo  hicieron  pedazos  públicamente  en  la  plaza  principal  del 
pueblo  de  OtxLwba^  por  estar,  como  estaban  ya,  confederados 
con  el  tirano,  los  cuales  y  los  de  la  provincia  de  Choleo  tenien- 
do cierta  noticia  de  donde  el  Rey  se  hallaba  oculto,  fueron  en 
su  seguimiento  la  gente  ^  que  llaman  Tepanohuayan,  que  es  ha- 
cia la  sierra  de  Tepetlaoztoc,  le  dieron  alcance,  el  cual  viendo 

1  Creo  que  aquí  falta:  y  en  el  lugar. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  481 

cerca  sus  enemigos  llamó  al  Príncipe  Nezahiwlcoyoizin,  legítimo 
sucesor,  y  echándole  los  brazos  se  despidió  tiernamente  y  le 
mandó  procurase  de  escapar  con  la  vida  y  vengar  su  muerte, 
que  muy  poco  después  verían  recobrar  el  imperio  que  tan  in- 
justamente Tezozomoc  tiranizaba;  y  habiéndose  despedido  de  su 
hijo  salió  al  encuentro  de  sus  enemigos  y  embistiendo  con  ellos 
peleó  con  grande  ánimo,  y  aunque  mató  algunos  dentro  de 
poco  lo  hicieron  pedazos,  y  el  Príncipe  escapó  la  vida  entre  las 
ramas  de  un  árbol  muy  copado:  acaeció  esta  desastrada  muerte 
en  el  año  de  1410,  y  im  caballero  llamado  IbUziquatzin^  natu- 
ral de  Tlaüotlacan^  cogió  el  cuerpo  del  Rey  muerto  y  allí  cerca 
en  una  barranca  que  se  dice  Cueüachaxí,  habiéndole  puesto  y 
ataviado  con  sus  vestiduras  reales  quemó  el  cuerpo,  que  fué  el 
primero  de  los  Reyes  Chichimecas  que  semejante  entierro  le 
hicieron. 

Luego  que  fué  muerto  el  Rey  IxtlüxuehiÜ,  sexto  Emperador, 
el  tirano  Tezozomoc  se  hizo  jurar  y  recibir  en  el  imperio,  ha- 
ciendo muchas  mercedes  á  sus  aliados  y  consortes,  aunque  to- 
dos los  más  de  los  naturales  de  las  provincias  más  remotas  con 
estas  nuevas  alteraciones  se  fueron  alzando  poco  á  poco,  que 
se  habían  ido  á  otras  tierras,  y  la  primera  diligencia  que  hizo, 
con  los  leales  vasallos  de  IxÜilxuchitl  fué  mandar  que  á  los  ni- 
ños de  edad  que  supiesen  hablar,  hasta  los  siete  años,  les  pre- 
guntaran á  quién  tenían  y  reconocían  por  su  Rey  y  Señor  na- 
tural, y  que  los  que  respondiesen  que  á  Ixtlüxuchitl  6  al  Príncipe 
Nezahucdcoyotún  los  matasen,  y  los  que  dijesen  que  al  tirano 
los  premiasen  y  á  ellos  y  á  sus  padres,  lo  cual  se  puso  lu(^  en 
ejecución,  y  como  los  inocentes  niños  siempre  oyeron  decir  á 
sus  padres  y  á  sus  mayores  ser  sus  Reyes  y  Señores  Ixilüxu- 
chitl  y  Nezcihualcoyotzin,  respondieron  la  verdad,  por  cuya  causa 
mataban  muchos  millares  de  niños,  que  fué  una  de  las  mayo- 
res crueldades  que  Príncipe  ha  usado  en  este  Nuevo  Mundo. 
La  segunda  diligencia  mandó  juntar  á  todos  los  principales  y 
gente  de  República  de  todas  las  ciudades,  pueblos  y  lugares 
que  eran  del  patrimonio  del  imperio,  y  en  un  llano  que  está 

Tomo  1—31 


482  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

'entre  la  ciudad  de  Texcuco  y  pueblo  de  Tepdldoztoc^  que  por 
«o  caber  en  la  plaza  de  la  ciudad  se  juntaron  en  él,  y  un  capi- 
tán se  subió  encima  de  un  templo  que  estaba  enmedio  del  lla- 
no referido  que  se  dice  TuÜecatepan^  á  voces  dijo  que  desde 
aquel  día  en  adelante  reconociesen  por  su  Emperador  y  Señor 
supremo  á  Tezozomoc^  Rey  de  los  Tepanecas,  y  á  él  le  acudie- 
ren con  todas  las  rentas  y  tributos  pertenecientes  al  imperio, 
y  no  á  otra  persona,  pena  de  la  vida;  y  que  si  hallasen  al  Prin- 
•cipe  NezahualcoyoÜ  lo  llevasen  vivo  ó  muerto  al  tirano,  el  cual 
pregón  se  dio  en  dos  lenguas,  que  fueron  en  la  una  que  es  la  Tul- 
ieca,  que  llaman  Mexicana^  y  en  la  lengua  Chichimeca^  que  eran 
las  dos  lenguas  que  en  aquella  sazón  corrían  generalmente  en 
todo  el  imperio;  á  todo  lo  cual  estuvo  el  Príncipe  escuchando 
desde  un  cerro  montuoso  que  cerca  de  allí  estaba  que  se  dice 
Cuauhyacan;  y  después  de  esta  diligencia  repartió  los  más  prin- 
cipales pueblos  y  lugares  del  reino  de  Aculhuacan  entre  él  y 
Chimalpopoca  Rey  de  México  y  Tlacateotl,  Señor  de  Tlatelulco, 
-que  eran  sus  sobrinos  y  aliados,  é  hizo  lo  restante  de  este  rei- 
no en  dos  partes  que  dio  y  repartió  á  sus  nietos,  leíolcocoaizin 
Señor  de  Acohian^  Queizalnmquiztli  de  Cohuatlichan  dándoles 
investidura  y  título  de  Reyes;  premió  á  otros  Señores,  y  ha- 
biendo estado  el  Príncipe  Nezahualcoyotzin  retraído  en  la  pro- 
vincia de  Tlaxcalan  con  los  Señores  de  ella,  sus  hijos,  por 
huir  de  las  acechanzas  del  tirano,  se  vino  á  la  provincia  de 
{JhcUco  para  estar  más  cerca  de  su  patria,  y  desde  allí  colegir 
los  designios  del  tirano  y  los  demás  sus  émulos,  con  título  de 
soldado  que  andaba  en  ayuda  del  ejército  de  los  Choleas  contra 
ciertos  pueblos  comarcanos  con  quien  traían  guerra;  por  más 
que  se  disfrazaba  y  negaba  hubo  de  ser  conocido,  y  luego  por 
los  Cháleos  por  mandado  del  Señor  supremo  que  en  aquella 
sazón  era  de  aquella  provincia,  fué  puesto  en  una  jaula  dentro 
de  una  cárcel  fuerte  y  en  su  guarda  ^  Qudzolmozoiziny  hermano 
del  Señor  referido  con  cantidad  de  gente,  y  que  en  ocho  días 

1  puesto  Emacatzin  etc.— MS.  cit. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  483 

no  le  diesen  comida  ninguna  ni  bebida,  porque  con  esta  cruel 
muerte  quería  servir  al  tirano  Tezozomoc^  y  vengar  la  muerte 
de  ^  Quetzalmatzatzin^  aunque  fingió  cumplir  lo  que  ordenaba, 
ocultamente  con  cierto  artificio  sustentó  á  este  Príncipe  los 
días  referidos  compadeciéndose  de  él  y  de  cuan  injustamente 
•era  tratado  por  darle  gusto  á  un  tirano,  al  cabo  de  los  cuales 
Toteotzintecuhtli,  que  era  el  Señor,  míindó  llamar  á  Qudzalmaiza" 
izin  y  preguntándole  por  el  preso  si  era  fallecido,  y  habiéndole  di- 
cho estar  bueno  sin  ningún  sentimiento  ni  necesidad  de  hambre 
ni  de  sed,  recibió  muy  grande  enojo:  mandó  que  el  día  siguiente 
que  había  de  ser  la  feria  general  de  la  provincia  lo  hiciesen  pe- 
dazos, pues  de  hambre  no  le  había  podido  quitar  la  vida:  luego 
aquella  noche  Quetzalmazatzin^  compadecido  del  desdichado 
Príncipe  entró  á  verle  y  de  secreto  le  dijo  lo  que  había  pasado, 
y  la  cruel  sentencia  que  contra  él  estaba  dada,  y  que  no  era 
justicia  que  un  tan  gran  Príncipe,  legítimo  sucesor  del  imperio, 
en  él  se  ejecutase,  que  antes  quería  él  padecer  en  su  nombre 
aquella  muerte,  y  que  así  convenía  trocarse  las  vestimentas 
para  que  pudiese  salir  de  entre  los  demás  guardas  y  Príncipes, 
y  ponerse  con  toda  diligencia  en  cobro  é  irse  á  Huexotzinco  ó 
en  otra  provincia  extraña  donde  no  pudiese  ser  conocido,  y 
que  sólo  le  rogaba  por  este  servicio  que  hacía,  que  si  los  dioses 
le  favorecían  y  cobraba  su  imperio,  se  acordase  de  su  mujer  é 
hijos  que  tenía  y  los  amparase,  y  agradecido  el  Príncipe  de  tan 
gran  bien  que  este  caballero  le  hacía,  le  dio  las  gracias  y  le 
prometió  de  hacer  todo  cuanto  le  pedía  y  su  lealtad  merecía; 
y  así  se  salió  sin  que  fuese  conocido  y  aquella  noche  caminó  á 
toda  priesa  por  la  vía  de  TlaxccUan,  y  en  su  lugar  dentro  de  la 
jaula  quedó  Quetzalmazatzin;  y  otro  día  siguiente  sabídolo  íb- 
teotzintecuhüi  lo  que  había  pasado,  mandó  ejecutar  en  él  la 
muerte  y  sentencia  que  contra  el  Príncipe  tenía  dada.  Habiendo 
estado  algunos  años  excluso  el  Príncipe  Nezahualcoyotzin  en 
Tlaxcalan  con  sus  hijos,  que  eran  Señores  de  allí;  las ^  Se- 

1  Aquí  falta  algún  nombre,  pues  el  siguiente  comienza  período. 

2  Aquí  faltan  palabras  para  que  haya  sentido. 


484  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ñoras  Mexicanas  eran  sus  tías  y  deudas  muy  cercanas,  porque 
MaÜatzihuoizin  que  era  la  Reina  su  madre,  era  hija  de  Hiiitzi- 
lihuitzin  segundo  Rey  de  México,  pidieron  al  tirano  de  merced 
la  vida  del  Príncipe  su  sobrino,  el  cual  se  las  concedió  con 
tanto  que  no  pudiese  salir  de  la  ciudad  de  México,  y  con  esta 
determinación  enviaron  á  llamarle,  el  cual  vino  á  la  ciudad  y 
estuvo  en  ella  algunos  días  sin  salir  de  ella  como  le  estaba 
mandado,  y  después  las  mismas  Señoras  alcanzaron  del  tirano 
que  pudiese  ir  á  la  ciudad  de  Texcuco  con  restitución  de  las 
casas  y  palacios  de  sus  padres  y  abuelos,  y  algunos  de  los  mis- 
mos que  eran  del  Príncipe,  con  lo  cual  tuvo  algún  más  alivio 
para  poder  tratar  de  su  libertad  y  cobrar  el  imperio. 

Había  más  de  diez  años  que  el  tirano  imperaba,  cuando  una 
madrugada  soñó  un  sueño  que  vía  que  una  águila  real  le  saca- 
ba el  corazón  y  se  lo  comía  á  bocados,  y  un  tigre  le  despeda- 
zaba los  pies,  y  según  le  parecía  que  era  el  que  esto  le  hacía 
el  Príncipe  formándose  en  las  figuras  referidas;  despertóse  con 
gran  pena  y  cuidado,  y  luego  incontinenti  les  hizo  llamar  á  los 
adivinos  (para  que)  le  declarasen  el  sueño,  los  cuales  le  res- 
pondieron que  significaba,  el  águila  que  comía  el  corazón  que 
el  Príncipe  había  de  recobrar  su  imperio  y  destruirle  su  linaje, 
y  el  tigre  que  le  despedazaba  los  pies  que  asimismo  había  el 
Príncipe  de  destruir  á  fuego  y  sangre  el  reino  de  los  Tepanecas, 
y  que  en  la  ciudad  de  Azcajmizalco  no  había  de  quedar  edificio 
en  ella  y  piedra  sobre  piedra;  habiendo  oído  el  tirano  la  decla- 
ración del  sueño  les  pidió  consejo  en  el  caso  para  con  tiempo 
remediarlo,  y  respondieron  que  no  tenía  otro  más  que  ma- 
tarlo, y  que  esto  se  había  de  hacer  estando  descuidado,  por- 
que de  otra  manera,  no  estándolo,  aunque  fuese  con  todo  su 
poder  y  á  hecho  pensado  era  imposible  matarlo;  luego  mandó 
llamar  á  sus  tres  hijos  Maxtla^  layatzi,  TlacayapaKzin,  y  des- 
pués de  haberles  dicho  sobre  esto  grandes  cosas  y  que  impor- 
taba matar  al  Príncipe  NczahualcoyoÜ  si  querían  ser  Señores 
del  imperio,  y  que  se  hallaba  ya  cercano  á  la  muerte,  pues  ha- 
bía gobernado  188  años  y  que  á  sus  honras  sería  fuerza  hallar- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  485 

se  en  ellas,  que  allí  con  mucha  seguridad  le  podían  matar.  El 
año  siguiente,  á  los  principios  de  él,  falleció,  y  aunque  dejó 
declarado  por  sucesor  del  imperio  á  Tayatzi  su  hijo  menor, 
ITttxtia^  que  era  á  la  sazón  Señor  de  Coyohuacan^  hombre  beli- 
coso que  pretendía  para  sí  el  imperio,  sin  embargo  de  lo  man- 
dado y  determinado  por  su  padre,  luego  incontinenti  se  hizo 
jurar,  en  lo  que  se  ocuparon  de  tal  manera  que  aunque  el  pri- 
mero se  halló  en  las  honras  y  entierro  del  tirano,  no  hubo  lu- 
gar de  ejecutar  en  ello  la  muerte  que  se  la  tenían  ordenada, 
antes  fué  avisado  en  secreto  de  Moteczxvma  Uhuicaminatzi  su 
primo  lo  que  se  había  tratado  contra  él,  y  que  así  anduviese 
con  recato  y  sobre  aviso.  Chimalpopoca^  que  á  la  sazón  era  Rey 
de  México  y  Tlacateotzin  Señor  de  Tlatelulco^  se  volvieron  á 
sus  casas  y  con  ellos  Tayatzi^  el  cual  había  do  suceder  en  el 
imperio,  algo  confuso  y  triste  en  verse  sin  él,  y  aquella  noche 
lo  hospedó  el  Rey  Chimalpopoca  en  su  casa,  y  antes  de  cenar 
trataron  en  secreto  sobre  el  caso;  Chimalpopoca  le  aconsejó  que 
edificase  imas  casas  en  la  ciudad  de  Azcaputzalco  y  que  en  el 
estreno  de  ellas  convidase  á  su  hermano  y  con  cierto  artificio 
que  pondrían  en  la  silla  y  estrado  del  Rey  le  quitarían  la  vida 
sin  que  lo  supiese,  y  después  de  muerto  luego  al  punto  en- 
traría en  la  sucesión  del  imperio.  No  se  habló  de  esto  tan  en 
secreto,  porque  estaba  tras  de  un  pilar  un  enano  criado  suyo 
escuchando  toda  la  plática,  que  luego  que  acabaron  de  hablar 
se  salió  de  palacio  lo  más  secretamente  que  pudo  y  se  fué  por 
la  posta  á  la  ciudad  de  Azcaputzalco  y  entró  á  hablar  al  Rey 
Manila,  que  le  fué  fácil  como  era  criado  de  casa,  y  relató  al 
Rey  todo  lo  que  se  había  tratado  contra  él,  y  habiéndolo  oído 
con  atención,  le  mandó  que  se  volviese  luego  á  la  ciudad  de 
México  de  manera  que  su  hermano  no  lo  echase  menos,  y  le 
encargó  el  secreto  prometiéndole  que  le  haría  muy  grandes 
mercedes;  luego  el  otro  día  llamó  los  obreros  de  palacio  y  les 
mandó  que  en  cierta  parte  edificasen  unas  casas  para  que  en 
ellas  viviese  su  hermano  Tayatzin^  que  aunque  le  daba  el  Se- 
ñorío de  Coyohuacan  le  quería  siempre  en  su  corte,  lo  cual  se 


486  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

puso  luego  en  ejecución,  y  acabadas  de  edificar  las  casas,  le 
envió  luego  á  llam^ir,  y  fingiendo  convidarle  en  el  estrenO' 
de  ellas  y  dárselas,  le  quitó  la  vida  por  los  mismos  filos  que 
había  sido  aconsejado  por  el  Rey  Chimalpopoca^  y  aunque 
para  el  efecto  le  había  mandado  á  llamar,  se  excusó  con  decir 
que  estaba  ocupado  en  un  sacrificio  muy  solemne  que  ha- 
cían á  sus  dioses.  Viáto  que  á  los  Señores  Mexicanos  no  los 
podía  haber  á  las  manos  para  ejecutar  en  ellos  la  misma  muer- 
te, los  envió  á  prender,  y  así  fué  puesto  en  una  jaula  preso  y  á 
buen  recaudo  el  Rey  Chimalpopoca  y  mandó  que  por  onzas  le 
diesen  la  comida,  lo  cual  se  puso  luego  en  ejecución.  Aunque 
Tlacateoizin  se  entró  en  la  laguna  huyendo  en  una  canoa,  en 
medio  de  ella  le  alcanzaron,  y  queriéndose  defender  le  dieron 
de  lanzadas  y  lo  mataron.  Hecho  esto  sólo  le  restaba  al  Rey 
tirano  Maxtla  para  gozar  sin  contradicción  de  persona  ninguna 
el  imperio  el  natural  Príncipe,  para  lo  cual  dio  orden  con  su^ 
sobrino  Yancuiltzin^  hermano  bastardo  de  él,  ^  para  que  en  un 
convite  y  estando  seguro  le  matasen.  Huiízilihuitl,  grande  astró- 
logo y  ayo  del  Príncipe,  supo  esta  traición  y  hallaba  que  corría 
grande  detrimento  su  persona  si  en  este  convite  se  hallaba,  y 
para  librarlo  de  él  supo  que  en  la  provincia  de  Otumba^  en  el 
pueblo  de  Aquatepec  estaba  un  mancebo  labrador  que  se  pare- 
cía mucho  al  Príncipe  y  él  era  de  su  misma  edad  (y  en  tal  vir- 
tud dispuso)  fuesen  por  él,  y  teniéndole  algunos  días  en  secreto 
industriándole  del  modo  de  cortesía  que  era  usanza  que  tenían» 
los  Príncipes,  no  le  había  declarado  el  tiempo  que  era  costum- 
bre que  entraban  á  prima  noche  á  estos  convites  á  una  danza 
general  que  se  hacía,  y  así,  llegándose  el  tiempo  el  mancebos 
aunque  muestras  había  dado,  y  muy  descuidado  del  riesgo,  ata- 

1  ''Aquí  entran  las  otras  dos  veces  que  le  quiso  matar  antes  de  la  que  se  si- 
"gue;  la  primera  cuando  fué  á  visitar  á  su  tío  Chimalpopoca  estando  preso;  la 
"  segunda  cuando  después  de  haber  visto  á  su  tío  fué  á  ver  al  tirano  y  se  esca- 
"  p<5  en  el  jardín,  y  después  dio  orden  á  los  Tepanecas  que  iban  en  su  scgui- 
"  miento,  de  donde  nació  el  encargar  á  Yaneuiltdn^  su  hermano,  le  matase.'^ 
—Esta  nota  del  MS.  del  Museo  no  se  encuentra  en  el  del  Archivo.— R. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  487 

viado  con  vestimentas  reales  y  sentado  en  el  trono  real,  y  en 
su  compañía  los  criados  y  dos  ayos  privados  del  Príncipe,  lle- 
gó Yancuiltzin  su  hermano  para  llevarlo  á  las  fiestas  y  saraa 
que  en  su  casa  se  hacía  con  grande  acompañamiento,  y  por  las; 
salas  y  patios  y  calle  por  donde  había  de  pasar  estaban  uncs^ 
hachones  de  tea  encendidos;  el  cual  después  de  haber  hecha 
su  cumplimiento,  se  fué  con  él  á  su  casa,  y  á  tres  vueltas  que 
había  dado  en  la  danza,  llegó  un  capitán  y  á  traición  le  dio  un- 
golpe  en  la  cabeza  con  una  porra  que  cayó  aturdido,  y  luega 
incontinenti  le  cortaron  la  cabeza  y  la  llevaron  por  la  posta  at 
Rey  Maxtlay  teniéndola  por  la  del  Príncipe  Nezahualcoyotzin;  el 
cual  habiendo  estado  á  la  mira,  luego  que  supo  la  muerte  que 
se  le  dio  al  que  representaba  su  figura  y  persona,  se  embarcó 
para  la  ciudad  de  México,  y  al  amanecer  entró  á  visitar  á  su  tío 
Izcoatzin^  que  á  la  sazón  era  el  Rey  de  México,  y  recién  entra- 
do y  estando  en  la  sala  platicando  con  él,  entraron  ciertos  men- 
sajeros del  Rey  Maxila  del  mancebo  dándole  parte  cómo  era 
ya  muerto  el  Príncipe,  y  viéndolo  allí  con  su  tío  se  quedaron 
espantados  los  mensajeros  y  admirados  de  verlo  vivo,  y  cono- 
ciendo en  ellos  la  admiración  el  Príncipe  les  dijo  que  no  se 
cansasen  en  pretenderle  la  muerte,  porque  los  dioses  le  habían 
liecho  inmortal.  Con  esta  nueva  fueron  á  su  Rey,  el  cual  muy 
indignado  juntó  un  ejército  de  gente  de  guerra  que  envió  á  la 
ciudad  de  Texcuco,  en  donde  sabía  estaba  ya  el  Príncipe  de 
vuelta,  y  mandó  á  cuatro  capitanes  que  iban  acaudillando  el 
ejército  con  toda  brevedad  entrasen  en  la  ciudad  de  Texcuco 
y  repartiesen  por  toda  ella  la  gente,  para  que  tomadas  las  ca- 
lles y  entradas  de  ella  ellos  entraran  á  donde  quiera  que  estu- 
viera el  Príncipe  y  lo  mataran,  lo  cual  pusieron  luego  en  eje- 
cución, aunque  tuvo  aviso  el  Príncipe  de  lo  tratado  y  puso 
alguna  gente  para  que  estuviese  á  la  mira  de  lo  que  sucediese, 
y  á  la  hora  que  supo  podrían  llegar  los  contrarios  se  puso  con 
ciertos  señores  á  jugar  á  la  pelota  por  venir  los  dichos  soldados, 
los  cuales  llegados  que  fueron  con  estos  capitanes,  salióles  á 
recibir  y  los  aposentó  en  una  sala  que  estaba  en  donde  tenia 


488  OBRAS    HISTÓRICAS   DE 

SU  estrado  y  asiento,  y  les  mandó  regalar,  y  estando  ellos  des- 
cuidados se  salió  por  un  agujero  que  tenia  hecho  para  el  efecto 
detrás  de  la  silla  y  asiento  donde  ellos  estaban  sentados,  que 
fué  consejo  de  su  tío  Chimalpopoca  que  poco  antes  de  su  muer- 
te le  había  dado;  y  hallándose  burlados  los  capitanes  salieron 
por  toda  la  ciudad  buscándole,  y  habiendo  escapado  muchas 
veces  de  sus  manos  fué  á  parar  en  un  lugar  de  la  provincia  de 
Tlaxcala,  en  donde  juntó  su  ejército  que  ya  lo  tenían  prevenido 
algunos  días  antes  los  Señores  de  Tlaxcala  en  su  favor,  y  Htie- 
xotzinco,  Choluln  y  los  de  ZacaÜan^  Tutepec  y  otras  partes,  y  asi- 
mismo tuvo  socorro  de  gente  de  la  provincia  de  Choleo  por 
medio  de  una  Señora  llamada  Atotoztzin^  hermana  de  Huilzüi' 
huUl  el  ayo  del  Príncipe,  que  era  mujer  de  Totc^dntecuhtli^  y  á 
muy  pocas  jornadas  entró  en  las  tierras  de  la  ciudad  de  Tex- 
cuco  y  á  fuego  y  sangre  ganó  las  dos  cabeceras  que  el  tirano 
Tezozormc  había  hecho,  y  en  su  defensa  murieron  sus  nietos 
que  había  hecho  Reyes  de  ellas,  y  los  más  pueblos  y  lugares 
se  contentó  con  saquearlos  y  matar  tan  solamente  los  que  se 
defendieron;  y  ganado  todo  el  reino  y  hechas  grandes  merce- 
des á  los  que  le  ayudaron,  los  despidió  cargados  de  despojos 
para  que  se  pudiesen  volver  á  sus  provincias  los  que  quisiesen, 
que  para  el  año  siguiente  los  aguardaba  con  el  mismo  socorro 
para  ir  sobre  el  tirano  MaxÜa  y  los  demás  sus  consortes:  for- 
taleció su  ciudad  y  puso  sus  fronteras  contra  los  tiranos  Tepa- 
necas  y  Mexicanos  é  hizo  su  Capitán  general  á  Itlacauhtún 
Señor  de  Iluexutla;  y  estando  ocupado  en  las  cosas  necesarias 
y  referidas,  3Iavf/n  no  se  descuidaba  en  hacer  gente  así  para 
defenderse  como  para  ofender  al  Príncipe,  aunque  por  otra 
parte  los  Mexicanos,  que  eran  sus  principales  aliados,  habían 
negádole  la  obediencia  por  sus  tiranías  y  crueldades,  y  haber  - 
les  muerto  sus  Señores  y  querido  forzar  á  la  Reina  mujer 
legítima  del  Rey  Izcoatzin^  sólo  á  fm  de  menospreciarlos;  los 
Mexicanos,  viéndose  entre  dos  enemigos  entraron  en  consejo 
de  lo  que  debían  hacer:  entre  ellos  fué  acordado  que  convenía 
á  su  quietud  y  libertad  ganar  la  voluntad  del  Príncipe  Neza- 


DüN  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  489 


hiudcoyotl,  que  ya  la  fortuna  le  había  empezado  á  favorecer,  y 
aunque  se  hallaban  culpantes  en  la  tiranía  de  lezozomoc  envia- 
ron embajadores  á  Nezahualeoyoizin^  disculpándose  lo  mejor 
que  pudieron,  pidiéndole  perdón  y  que  con  toda  brevedad  los 
favoreciese  con  su  gente,  porque  el  tirano  los  tenía  muy  opri- 
midos y  arruinados  en  su  ciudad,  que  ellos  ayudarían  á  reco- 
brar su  imperio,  teniendo  obligación  grande  á  la  nobleza  Me- 
xicana, pues  descendía  de  ella:  fueron  sus  embajadores  Moieczu- 
maízi  Ilhukamina^  primo  hermano  y  muy  querido  del  Príncipe, 
Totopilatzin  y  otro  caballero;  lo  más  secretamente  que  pudieron 
salieron  de  la  ciudad  para  la  de  Texcuco,  y  á  las  fronteras  de 
Calhiuican  fueron  presos  por  los  soldados  Aculhuas  que  asis- 
tían en  ellas,  y  conociendo  ser  deudos  del  Príncipe  no  los  ma- 
taron y  se  los  llevaron  presos  á  buen  recaudo,  y  llegados  que 
fueron  á  su  presencia  dieron  razón  de  su  embajada,  y  aunque 
se  holgó  infinito  de  ver  á  su  primo  y  á  los  otros  caballeros 
le  pesó  mucho  saber  la  aflicción  en  que  los  Mexicanos  esta- 
ban, y  para  poderlos  favorecer  con  la  brevedad  que  pedían  des- 
pachó luego  incontinenti  á  la  provincia  de  Choleo  que  era  la 
gente  más  cercana  de  donde  esperaba  socorro,  á  su  hermano 
Quauhtkhuanitzin  con  su  primo  Moteczama  y  TotopUatzin  á  pe- 
dirle socorro  para  el  tiempo  que  la  necesidad  les  obligaba,  y  á 
otros  dos  hermanos  suyos  envió  con  ellos  á  llamar  á  Itlacauh- 
izin  el  capitán  general  que  andaba  haciendo  §ente  y  apercibién- 
dose para  la  jornada  que  estaba  tratada.  Esta  embajada  no  so- 
nó bien  á  los  oídos  de  los  chalcas  ni  del  capitán  general  de  los 
Aculhuas^  porque  aborrecían  infinito  á  los  Mexicanos  por  las 
insolencias  y  crueldades  que  con  ellos  habían  usado  y  estaban 
en  gracia  del  tirano  Rey  de  los  tepanecas,  y  así  el  supremo  Se- 
ñor de  la  provincia  de  Choleo^  ToteocinteciUli  mandó  prender  y 
poner  á  buen  recaudo  á  los  embajadores,  el  cual  mandó  hacer 
pedazos  á  los  dos  hermanos  del  príncipe,  porque  más  querían 
tener  la  amistad  de  MaxÜa  que  no  favorecer  á  los  Mexicanos, 
y  que  su  Intento  no  era  otro  sino  destruir  á  los  Mexicanos  y 
Tepanecas  y  no  hacer  amistad  con  ellos.  QuahÜehuanUzin  Motee- 


490  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

zuma  Y  Totopilatzín  aquella  noche  se  escaparon  de  las  manos  de 
ToteoicintecuUi  por  medio  de  un  caballero  llamado  Qtiateotzi  que 
era  uno  de  los  dos  Señores  del  pueblo  de  Tiatmanalco  y  yerno 
suyo,  de  manera  que  aunque  quiso  ganar  gracia  con  Maxtla,  es- 
taba tan  indignado  contra  él  por  el  ayuda  que  dio  á  Nezahxmlco- 
yotlen  recobrar  su  reino,  le  respondió  que  hiciese  lo  que  quisie- 
se de  los  presos  amenazándole  que  le  había  de  destruir  su  pro- 
vincia á  fuego  y  sangre.  En  el  ínterin  que  esto  pasaba,  viendo 
Ncmhuolcoyotzin  en  el  aprieto  que  estaban  los  Mexicanos,  jun- 
tó la  gente  que  le  quiso  seguir  y  por  agua  y  tierra  fueron  mar- 
chando con  ella  la  vuelta  de  México,  aunque  al  embarcarse  le 
dio  á  espaldas  el  general  Itlacaxüxtzln  con  los  demás  amotinados 
que  apellidaban  el  nombre  tepaneco,  Nezahuahoyotzin  se  fué 
entrando  por  la  laguna  dentro  lo  mejor  que  pudo  disimulando 
la  desvergüenza  de  su  general  y  remitiendo  la  venganza  para 
otro  tiempo  más  oportuno;  llegado  que  fué  á  México  juntaron 
sus  gentes  Nczahxialcoyotzin^  Itzcoatnn^  su  tío  Moteczumaizin  ^ 
y  repartiendo  en  tres  partes  su-  ejército,  tomó  para  sí  Neza- 
hualcoyotl  la  parte  de  Tenayucan  poniendo  sus  gentes  en  las 
haldas  del  cerro  Quauiepcc:  después  de  haber  echado  de  los 
arrabales  de  la  ciudad  de  México  á  los  Tepanecas,  sitiaron  la 
ciudad  de  AzmpxUzalco^  y  aunque  se  defendieron  ciento  y  quin- 
ce días  al  cabo  de  ellos  los  vencieron  y  mataron  á  todos  los 
ciudadanos  y  á  los  que  estaban  en  su  defensa,  no  dejando  pie- 
dra sobre  piedra  la  asolaron.  El  Rey  MaxÜa  se  salvó  escon- 
dido en  un  baño  que  tenía  en  un  jardín  y  le  sacaron  de  él,  y 
habiéndolo  puesto  en  un  cadalso  que  estaba  en  medio  de  la 
plaza,  le  sacaron  el  corazón  y  derramó  su  sangre  por  la  plaza, 
y  mandó  que  por  ignominia  de  aquella  ciudad  desde  aquel 
tiempo  en  adelante  fuese  lugar  y  feria  en  donde  se  vendiesen 
esclavos;  y  habiendo  él  y  su  tío  el  Rey  Itzcoatzin  y  su  primo 
Moteczuma  sojuzgado  el  Señorío  y  reino  de  los  Tepanecos  acor- 

1  "Aquí  á  esta  ocasión  llegó  el  socorro  de  Tlaxeala  y  HuexoUinco ,  que  ve- 
nían personalmente  Xú;o¿enca¿¿,  Tonalxuchiü  y  Xayaeamachan  y  Temayahui^ 
izin^  acaudillando  sus  gentes."— (Nota  del  original  del  Museo.) 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHrrL. 491 

daron  de  dar  la  imvestidura  de  Rey  á  Totoquihuatzi,  Señor  de 
Tacuba  que  era  descendiente  de  los  Reyes  de  Azcapuizalco 
porque  de  todo  punto  no  se  perdiese  la  memoria  de  ellos,  y 
porque  Totoquihuatzi  fué  siempre  favorecedor  aunque  de  se- 
creto de  las  causas  de  Nezahualcoyoizin  y  de  los  Señores  Mexi-  • 
canos:  asimismo  sojuzgaron  las  tierras  y  provincias  de  los  Se- 
ñores que  seguían  el  bando  de  los  Tepanecas^  "y  las  tierras  fue- 
ron Coyohtmean,  XocMmilco,  Mitiahtuic,  Mizque^  QuauhtiÜanj 
Tepozotlan  y  los  pueblos  de  los  Otomtes''  ^  y  luego  fué  sobre  la 
ciudad  y  reino  de  Texcuco  y  asoló  á  todos  los  lugares  alzados 
á  fuego  y  sangre,  aunque  los  más  de  los  Señores  sus  vasallos 
que  habían  tomado  armas  contra  él  y  sido  en  favor  de  los  Re- 
yes tiranos  desampararon  sus  tierras  y  se  fueron  huyendo  alas 
provincias  de  Chaho^  Tlaxcala,  Huexotzínco;  y  aunque  el  prín- 
cipe después  de  haber  sojuzgado  todos  sus  reinos  y  patrimonio 
les  hizo  perdón  general  y  los  envió  á  llamar  dándoles  su  pala- 
bra de  que  los  restituiría  en  sus  Señoríos,  no  quisieron  volver 
en  aquella  sazón  conociéndose  ser  dignos  de  gran  castigo,  mas 
de  tan  solamente  enviar  á  sus  hijos,  y  disculpándose  lo  mejor 
que  pudieron,  aunque  los  más  de  ellos  después  de  haber  pa- 
sado algún  tiempo  de  por  medio  se  volvieron,  los  cuales  ellos 
y  sus  hijos  fueron  bien  recibidos,  sin  que  jamás  el  Príncipe  les 
trajese  á  la  memoria  su  rebeldía,  y  después  entre  él  y  su  tío  el 
Rey  Itzcoatzin  repartieron  la  tierra  que  hastíen  aquella  sazón 
estaba  ganada  en  este  modo:  Que  desde  el  cerro  llamado  Que- 
xamati  que  está  en  términos  de  la  provincia  de  Choleo  y  pue- 
blo de  OuiÜahuac  corriendo  por  medio  de  la  laguna  grande 
hasta  el  término  de  Aeulhuacan  y  de  allí  al  cerro  de  Xoloc  ca- 
minando siempre  hacia  el  Norte  hasta  la  sierra  de  Tototepeo 
echaron  una  línea  y  mojonera,  quedando  la  parte  del  Ponien- 
te por  de  el  Rey  de  México  y  con  alguna  parte  del  de  Tacuba 
especialmente  los  lugares  que  habían  sido  del  patrimonio  de 
los  Reyes  de  Azcapuizalco^  y  la  que  caía  á  la  parte  del  Oriente 

1  Todo  lo  comprendido  en  las  señales  falta  en  el  MS.  del  Archivo,  proba- 
blemente por  pereza  del  copiante. — B. 


492  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


por  de  el  Rey  Kezahualcoyotzin,  el  cual  fué  jurado  en  la  ciudad 
de  México  en  la  sucesión  del  imperio  juntamente  con  su  tío 
Itzooaizin  y  Totoquihuatzin  de  Tacuba,  que  fué  á  los  cuatro  años 
después  de  la  destrucción  de  Azcaptdzalco;  y  desde  este  tiempo 
•  quedó  capitulado  entre  ellos  que  todas  las  provincias  que  esta- 
ban por  sujetar,  todos  tres  de  mancomún  las  habían  de  reco- 
brar y  ganar,  y  que  las  rentas  y  su  aprovechamiento  de  ellas 
se  había  de  repartir  en  este  modo,  el  de  Texcuco  y  el  de  Mé- 
xico por  iguales  partes  y  el  de  Tacuba  una  parte  que  sería  co- 
mo la  quinta,  y  asimismo  por  el  bien  que  recibió  de  los  deudos 
de  los  Señores  de  Tlaxcála  y  Huexotzinco  les  alargó  sus  tierras 
capitulando  entre  ellos  que  desde  aquel  tiempo  en  adelante  se 
ayudarían  y  favorecerían  los  unos  y  los  otros,  aunque  después 
se  trató  entre  ellos  que  para  el  ejercicio  militar  y  sacrificios  de 
sus  dioses  hicieran  en  ciertos  tiempos  del  año  guerra  en  cier- 
tos campos  que  para  el  efecto  fueron  señalados  sin  salir  de 
allí  ni  exceder  de  los  límites:  en  esta  ocasión  fué  con  ejército 
Nezahualcoyoizin  contra  los  de  la  provincia  de  Tulantzinco  y  los 
demás  de  la  sierra  que  no  se  habían  reducido  y  eran  pertene- 
cientes á  su  partido,  hasta  llegar  á  las  tierras  de  la  provincia  de 
Panuco  de  los  Guextecas,  y  en  compañía  del  Rey  Moteczumatzin 
que  ya  á  esta  sazón  lo  era  de  México  por  muerte  de  Itzcoaizin 
su  tío,  y  Totoqxdhuatzin  de  Tacuba,  fueron  con  sus  gentes  contra 
las  provincias  de  CoayxÜahuacan  Tlachiquiatchco^  Cozamaloa- 
pan^  Qimuktochco^  Guetldchtían  y  otras  provincias  las  cuales  las 
sujetaron  á  su  imperio,  y  mandó  según  y  como  ellos  tenían  tra- 
tado: saliendo  el  Rey  NezahxLalcoyotzin  á  esta  sazón  á  caza  en  los 
jardines  y  casas  de  placer  que  tenía  en  la  laguna,  á  desenfadar- 
se de  ciertos  enojos  y  cuidados  que  le  daban  pena,  fué  acaso  á 
parar  en  el  pueblo  de  Tepechpan  cuyo  Señor  se  decía  Qiwz- 
quauktzin^  el  cual  recibiendo  al  Rey  en  sus  palacios  le  hospedó 
y  regaló,  y  para  su  mayor  regalo  le  sirvió  en  la  mesa  Tenanca- 
cihuaizi^  ^  esposa  que  había  de  ser  de  Quaquauhtzi  y  prima  her- 

1  En  c^ta  Relación  muchas  veces  usa  el  autor  como  terminación  reveren- 
cial la  silaba  tzi,  en  lugar  de  la  partícula  tzin. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  493 

mana  del  Rey  que  la  criaba  para  el  efecto,  hija  del  Infante  Te- 
mictzi  de  México,  su  tío,  lo  cual  fué  para  su  daño  porque  el  Rey 
se  enamoró  de  ella  y  sin  dar  á  sentir  á  persona  alguna  en  pa- 
lacio dio  orden  de  quitarle  la  vida  á  este  Señor,  enviándole  á  la 
provincia  de  Tlaxcala  por  cautivos  para  el  sacrificio  de  su&. 
Dioses,  y  de  secreto  les  envió  á  decir  á  los  Señores  de  Tlax- 
cala lo  matasen  de  manera  que  no  pudiese  escapar,  porque  le 
quería  dar  esta  muerte  honrosa  por  ciertos  delitos  que  fingió 
había  cometido;  y  á  los  capitanes  de  quien  el  Rey  se  fiaba  mu- 
cho que  iban  con  él,  les  mandó  que  lo  pusiesen  en  lo  más  pe- 
ligroso de  la  batalla  de  manera  que  no  escapase  con  la  vida, 
como  en  efecto  sucedió  así,  y  aunque  este  Señor  reconoció  su 
daño,  fué  á  recibir  la  muerte:  ^  muerto  que  fué,  el  Rey  de  secre- 
to y  por  medio  de  cierta  vieja  que  tenía  entrada  en  casa  de  es- 
te Señor  comunicó  con  ella  sus  intentos  cómo  la  quería  por 
esposa,  y  ganando  su  voluntad  mandó  hacer  una  calzada  des- 
de el  pueblo  de  Tepechpa  hasta  el  bosque  de  Teíepdzinco  en  la 
laguna,  para  en  ella  traer  ciertas  peñas  que  estaban  en  una  lo- 
ma del  cerro  de  Chicuhnauhtecatl  en  donde  fueron  puestos  los 
dos  Infantes  sus  hermanos  que  el  tirano  de  Tezozomoc  mandd 
desollar,  para  tenerlos  en  memoria.  Y  pasando  por  allí  las  pe- 
ñas, esta  Señora,  con  ocasión  de  querer  ver  donde  se  ponían, 
fué  hacia  ellos,  que  estando  el  Rey  en  un  mirador,  que  todo 
fué  hecho  pensado,  preguntó  por  ella  como  que  se  admiraba 
del  acompañamiento  que  llevaba  y  en  parte  tan  fuera  de  pro- 
pósito, sabiendo  quien  era  la  mandó  llevar  á  palacio  y  dentra 
de  pocos  días  se  casó  con  ella  y  fué  jurada  por  Reyna  de  Texcu- 
co  en  la  cual  tuvo  al  príncipe  Tezauhpilzintli  que  mandó  matar 
por  haber  quebrantado  cierta  ley,  y  otros  dos  hijos;  últimamen- 
te tuvo  en  ella  á  NezahualpiUzinili  ^  que  le  sucedió  en  el  Reyno,  y 

1  £n  las  otras  Kelaciones  no  pone  Ixtlilxochitl  este  suceso,  sin  duda  por- 
que  es  deshonroso  para  la  memoria  de  Nezahualcoyotl;  pero  de  él  no  se  puede 
dudar,  porque  está  confirmado  por  otros  cronistas. 

2  Bn  el  original  está  escrito  Necahualpiltzintli,  y  varias  veces  se  ve  en  él  la 
sílaba  ca  por  za,  sin  duda  porque  el  copiante  olvidó  poner  la  cedilla. 


194  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

fué  de  esta  manera;  que  estando  falto  de  legítimo  sucesor  y  no 
pudiendo  sojuzgar  la  provincia  de  Choleo  y  que  la  tenía  como 
dicen  á  la  puerta  y  habiendo  sojuzgado  todas  las  provincias 
comarcanas  á  ella,  se  estaban  muy  rebeldes  y  le  habían  muer- 
to dos  hijos  suyos,  y  otros  dos  de  Axayacaiún  que  á  esta  sa- 
zón era  Rey  de  México,  que  les  servían  de  noche  en  sus  sa- 
raos de  candeleros.  ^  Los  sátrapas  y  sacerdotes  de  sus  ídolos 
le  aconsejaron  que  para  alcanzar  victoria  contra  estos  sus  ene- 
migos, y  tener  luego  legítimo  sucesor,  convenía  les  hiciese  á 
sus  Dioses  grandes  sacrificios  de  hombres,  y  aunque  fué  siem- 
pre muy  contrario  de  este  parecer  hubo  de  sacrificarlos,  y  vien- 
do el  poco  fruto  que  hubo  do  este  sacrificio  sino  que  antes  iban 
las  cosas  de  mal  en  peor  se  retrajo  á  su  bosque  de  TexculzinGo 
en  donde  estuvo  ayunando  cuarenta  días  pidiendo  con  mucha 
humildad  y  lágrimas  al  Criador  de  todas  las  cosas  á  quien  llamó 
Tloquenahuaque  que  le  sería  ^  muy  en  contra  de  sus  enemigos 
los  de  Chalco,  y  hizo  una  lástima  muy  grande,  y  ofreciéndole 
sacrificio  de  incienso  y  mirra  á  la  media  noche,  al  medio  día  y 
al  salir  el  sol,  y  parece  al  cabo  de  los  cuales  estando  en  otra 
ocasión  con  el  sacrificio  referido  pidiendo  al  Criador  con  mu- 
chas lágrimas  lo  referido,  que  era  á  la  media  noche,  en  esta 
demanda  Iztapalatzi,  uno  de  sus  criados  de  cámara,  oyó  una 
voz  que  de  la  parte  de  afuera  le  llamaba  por  su  nombre,  y  sa- 
hendo  á  ver  quién  era,  halló  que  cerca  de  allí  estaba  parado 
un  mancebo  de  aspecto  grave  y  refulgente  y  le  dijo  que  no 
temiese,  que  le  dijese  al  Rey  su  Señor  que  al  día  siguiente  cer- 
oa  del  medio  día  su  hijo  el  Infante  AxoqrierUzi  ganaría  la  bata- 
lla y  sojuzgaría  la  provincia,  y  que  la  Reyna  pariría  un  hijo 
que  sería  muy  prudente  y  sabio,  quien  le  sucedería  en  el  Rey- 
no,  y  luego  se  desapareció  la  visión,  y  entrando  con  recato  á 
ver  al  Rey  por  entender  que  estaría  durmiendo,  le  halló  estaba 


1  Que  una  cautiva  natural  de  Texcuco  una  noche  los  escapó  y  trajo  hasta 
entregárselos  á  Nezahualcoyotzin. — (Nota  del  original  del  Museo.) 

2  Supongo  quo  el  autor  quiso  decir:  que  lo  fuera. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  495 

en  oración  y  sacrificio  de  incienso  y  mirra  como  está  referido, 
y  dándole  cuenta  y  razón  de  lo  que  había  visto,  el  Rey  mandó 
llamar  á  uno  de  sus  guardas  á  quien  mandó  poner  en  una  jau- 
la muy  fuerte  á  Itzapalotún  ^  por  parecerle  embuste  lo  que  ha- 
bía dicho  para  castigarlo  si  salía  incierto.  Aquella  madrugada 
Axoquentzin  con  otros  mancebos  de  la  ciudad  se  salió  para  el 
<;ampo  de  los  Chalcas  para  ver  á  sus  hermanos  que  los  echaba 
menos  por  el  largo  tiempo  que  ya  estaban  en  la  batalla  ocupa- 
dos, y  al  tiempo  que  se  llegó  á  sus  hermanos  que  se  sentaban 
á  almorzar,  para  salir  luego  á  escaramusear  con  los  enemigos, 
que  á  esta  sazón  hacían  lo  mismo  los  Chalcas.  Asistían  en  esta 
hatalla  Ichaiülatoaizin  AcapipioUzin  y  Xuckiquetzaltún  ^  sus  her- 
manos mayores,  hijos  naturales  del  Bey,  ^  y  viéndole  Acapipiol- 
tzin  se  holgó  mucho  y  le  llamó  se  sentase  con  ellos  á  la  mesa 
á  almorzar,  de  lo  cual  IcftanÜatoatzin  se  indignó  mucho  y  dijo 
que  aquella  mesa  no  era  para  muchachos  sino  para  hombres 
como  ellos  eran,  que  cuando  el  muchacho  hubiese  hecho  otras 
tantas  hazañas  como  ellos,  entonces  sería  digno  de  tal  puesto 
y  que  mejor  estaría  en  el  regazo  de  la  ama  que  lo  había  cria- 
do entre  mujeres,  vituperándole  con  estas  y  otras  semejantes 
razones,  rempujándolo  de  allí.   El  mancebo  se  fué  muy  corri- 
do á  la  sala  de  armas  y  allí  tomó  una  rodela  y  una  macana 
que  mejor  le  pareció,  y  entrando  desesperadamente  entre  los 
enemigos  se  fué  derecho  á  la  tienda  en  donde  estaba  Teo- 
izUeeutli  ^  sentado  en  un  trono,  el  cual  aunque  estaba  ya  ciego, 
desde  allí  gobernaba  toda  la  batalla,  y  tenía  en  su  cuello  un  co- 
llar de  oro,  y  en  él  engastados  corazones  humanos  de  Señores 
humanos  que  habían  muerto  en  guerras,  y  luego  incontinenti 
embistió  con  él  y  de  los  cabellos  lo  trajo  arrastrando  con  la  una 


1  Antes  lo  llama  Iztapalatzi. 

2  En  nota  anterior  del  MS.,  en  la  impresión  en  la  página  326,  refiriéndose 
á  Xochiquetzaltzin,  se  dice  que  es  nombre  de  mujer;  per  el  presente  pasaje  no 
deja  duda  de  que  era  un  varón. 

3  Esta  importante  circunstancia  Fe  omitió  en  la  11^  Kelacion.— U 

4  Toteocintecuhtli 


496  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

mano  y  con  la  otra  defendiéndose  de  sus  enemigos,  que  ya  á 
esta  sazón  habían  llegado  los  soldados  más  fuertes  del  ejército 
texcucano  que  habían  estado  á  la  mira  para  favorecerle,  y  con 
este  sobresalto  tan  súbito  se  alteraron  todos,  y  se  trabó  una 
muy  reñida  batalla  aunque  duró  muy  poco  porque  los  Chalcas 
echando  de  menos  á  su  Señor  y  á  los  más  principales  caudi- 
llos de  su  ejército,  en  especial  dos  yernos  que  ToteotzüechUi  ^  te- 
nía, que  el  uno  de  ellos  fué  prisionero  de  AcapipioÜzin  y  el  otro 
de  Xochiquetzaltzin,  y  luego  entraron  por  la  provincia  saqueando 
todos  los  lugares  y  mataron  á  los  que  se  defendieron  hasta  sojuz- 
garla toda,  aunque  luego  reconociesen  la  victoria  de  Axoquenlzi. 
Despacharon  por  la  posta  al  Rey  para  darle  aviso  de  lo  que  su- 
cedía, y  el  correo  llegó  al  bosque  poco  después  de  medio  día 
á  darle  nueva  al  Rey,  el  cual  se  holgó  mucho  é  infinito  y  man- 
dó soltar  á  IztapaUzi,  que  lo  tenía  enjaulado,  y  le  hizo  grandes 
mercedes  y  se  partió  luego  á  la  ciudad,  en  donde  hizo  hacer 
muy  grandes  fiestas.  En  la  parte  en  donde  tenía  los  templos 
de  los  ídolos,  que  era  dentro  de  unos  grandes  palacios  que  edi- 
ficó, que  fueron  los  mayores  que  hubo  en  esta  tierra,  hizo 
edificar  una  torre  de  nueve  sobrados  en  memoria  de  los  nueve 
cielos  que  alcanzaba  por  su  ciencia,  y  encima  un  chapitel  con 
tres  puentes  que  hacían  de  décimo  sobrado,  que  por  la  parte 
de  afuera  estaba  obscuro  aunque  estrellado,  y  por  la  de  aden- 
tro todo  engastado  con  oro  y  piedras  preciosas  y  plumas  ricas, 
que  dedicó  al  sumo  Creador  y  Dios  no  conocido,  á  quien  en  su 
alabanza  compuso  sesenta  y  tantos  cantos  de  mucha  morali- 
dad; y  asimismo  en  el  discurso  de  su  reinado  estableció  ochen- 
ta leyes  que  eran  las  que  se  guardaban  entre  los  naturales  al 
tiempo  y  cuando  vinieron  á  esta  tierra  nuestros  Españoles: 
puso  los  Consejos  de  ciencia,  música  y  guerra,  y  de  Audiencias 
de  civil  y  criminal,  en  donde  asistían  jueces  cada  uno  en  sus 
facultades,  con  sus  presidentes,  y  el  Consejo  Real  donde  asis- 
tían diez  y  nueve  grandes  de  su  reino  y  él  presidía,  en  cuyo 

1  Sigue  el  autor  variando  constantemente  este  nombre. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLTLXOCHITL.  497 

tribunal  había  dos  estrados  que  estaban  á  los  dos  lados  de  un 
fogón  grande  que  siempre  tenía  fuego,  que  el  uno  de  ellos  es- 
taba á  la  parte  derecha  y  más  alto  que  el  otro  y  mejor  y  más 
grave  ornato,  que  se  decía  Tribunal  de  Dios,  y  en  él  estaba 
un  sitial  que  tenía  una  calavera  y  encima  puesta  una  esmeral- 
da piramidal  que  en  ella  estaba  marcado  un  pabellón  de  plu- 
mería rica  y  costosa  que  se  decía  Tecílotí^  y  asimismo  estaba 
en  este  tribunal  una  flecha  de  oro  con  su  punta  de  esmeralda 
que  servía  de  cetro,  y  tres  tiaras,  una  de  plumería,  otra  de  pe- 
drería engastada  en  oro  y  otra  de  pelo  de  conejo  y  algodón  de 
varios  colores  tejido;  en  este  tribunal  se  sentaba  el  Rey  cuando 
se  ofrecían  cosas  graves  y  cuando  sentenciaba  á  muerte  á  algu- 
nos; en  el  lado  izquierdo  del  fogón  estaba  otro  tribunal  menos 
grande  que  llamaban  del  Rey,  en  donde  estaba  y  asistía  de  or- 
dinario; y  finalmente  puso  su  corte  y  todo  el  reino  en  gran  po- 
licía: tuvo  ciertas  guerras  en  compañía  de  otros  dos  Señores 
supremos  Señores  del  Imperio  que  á  esta  sazón  eran  Axaya- 
catzin  de  México  y  Chimalpopocatzin  de  Tacuha} 

En  el  mismo  año  de  la  conquista  de  Choleo  nació  el  Príncipe 
Nezahualpiltzirúli  habido  en  la  Reina  Tendcazitatzin  ^;  y  estando 
Nezahualcoyotzin  ya  muy  viejo  mandó  llamar  los  artífices  para 
que  le  retratasen  su  figura  porque  en  los  tiempos  ^  pudiesen 
verlo  sus  descendientes:  de  todos  los  retratos  que  cada  uno  en 
su  familia  hizo,  el  que  estaba  esculpido  en  una  peña  del  bos- 
que de  TexGutzinco  sólo  le  cuadró,  porque  dijo  que  el  de  oro  y 
piedras  preciosas  con  la  codicia  habían  de  faltar,  y  el  de  ma- 
dera se  había  de  carcomer,  y  el  de  pintura  y  plumería  se  había 
de  deshacer  y  borrar;  y  estando  cercano  á  la  muerte,  una  ma- 
ñana mandó  traer  al  Príncipe  que  era  á  la  sazón  de  siete  años, 
y  tomándole  en  sus  brazos  le  cubrió  con  la  vestimenta  real 
que  tenía  puesta  y  mandó  entrar  á  los  embajadores  de  los  Re- 
yes de  México  y  Tacuba  que  asistían  en  su  corte,  que  fuera  de 

1  Aquí  termina  la  Relación  publicada  en  la  colección  de  Kingsborough. 

2  Antes  la  llama  Tenancacihuatz. 
8  Aquí  falta:  venideros. 

Tomo  1—32 


498  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

allí  en  una  sala  estaban  aguardando  para  darle  los  buenos  días, 
y  habiéndolos  dado  y  salido  fuera,  descubrió  al  niño  y  puesto 
en  pie  le  mandó  relatase  lo  que  los  embajadores  le  habían 
dicho  y  lo  que  él  les  había  respondido,  y  el  niño  sin  faltar  pa- 
labra hizo  la  relación  con  mucha  cortesía  y  donaire  y  habló  con 
los  Infantes  IchanUaioatzin,  AcapipioUzin,  Xv£ZÍqu€tzaUzin^  He- 
cauhuetzín  sus  hijos  naturales  que  estaban  allí  y  eran  presiden- 
tes de  los  Consejos,  y  les  dijo:  veis  aquí  á  vuestro  Príncipe  y 
Señor  natural  y  aunque  niño,  sabio  y  prudente,  el  cual  os  sa- 
brá mantener  en  paz  y  justicia  conservándoos  en  vuestras  dig- 
nidades y  señoríos,  á  quien  obedeceréis  como  leales  vasallos, 
sin  exceder  un  punto  de  su  voluntad.  Yo  me  hallo  muy  cerca- 
no á  la  muerte,  y  fallecido  que  sea,  en  lugar  de  tristes  ende- 
chas cantaréis  alegres  canciones,  mostrando  en  vuestros  áni- 
mos valor  y  esfuerzo,  para  que  las  naciones  que  hemos  sujetado 
y  puesto  bajo  de  nuestro  imperio,  no  hallen  flaqueza  de  ánimo 
en  vuestras  personas,  sino  que  entiendan  que  cada  uno  de 
vosotros  es  solo  competente  para  tenerlos  sujetos,  y  habiendo 
dicho  estas  y  otras  palabras  habló  con  AcapipioUzin^  y  le  dijo: 
de  hoy  en  adelante  harás  el  oficio  de  padre  del  Príncipe  tu 
Señor,  á  quien  doctrinarás  para  que  viva  siempre  como  debe, 
y  debajo  de  tu  Consejo  gobierne  el  reino,  teniendo  su  lugar  y 
puesto  hasta  que  por  sí  mismo  pueda  gobernar  y  mandar; 
y  habiéndole  mandado  y  encargado  otras  cosas  que  en  seme- 
jante caso  se  requieren,  con  lágrimas  de  sus  ojos  se  despidió 
de  todos  ellos,  mandándoles  salir  de  allí,  y  dos  porteros  que 
no  dejasen  entrar  persona  alguna,  que  luego  dentro  de  pocas 
horas  le  agravó  el  mal  y  falleció,  que  fué  en  el  año  de  1472,  ^ 
después  de  haber  gobernado  cuarenta  y  dos  años,  y  de  esta  ma- 
nera acabó  la  vida  el  más  poderoso,  valeroso,  valiente,  sabio 
y  el  más  venturoso  Príncipe  y  capitán  que  ha  habido  en  este 
Nuevo  Mundo,  porque  contadas  y  consideradas  bien  sus  exce- 
lencias, virtudes  y  habilidades,  el  ánimo  invencible,  el  esfuerzo 

1  En  el  MS.  del  Archivo  1402. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  499 

\ ' 

incomparable,  las  victorias  que  alcanzó  en  las  batallas  j'  nacio- 
nes que  sojuzgó,  los  avisos  y  ardides  que  para  ello  usó,  su  mag- 
nanimidad, su  clemencia  y  liberalidad,  los  pensamientos  tan 
altos  que  tenía,  hallarse  por  cierto  que  ninguna  de  las  dichas 
ni  otras  que  se  podrían  decir  de  él  le  había  hecho  ventaja  ca- 
pitán ni  Rey  alguno;  y  que  él  en  las  más  de  ellas  les  hizo  á 
todos  y  tuvo  menos  flaquezas  y  vicios  que  otro  olguno  de  sus 
mayores,  antes  los  castigó  con  todo  cuidado  y  diligencia,  pro- 
curando siempre  más  el  bien  común  que  el  suyo  particular,  y 
era  tan  misericordioso  con  los  pobres  que  no  se  había  de  sen- 
tar á  comer  hasta  que  viese  que  los  pobres  que  en  la  iglesia  y 
mercado,  que  habían  vendido  la  miseria  que  traía  comprándo- 
selo á  doblado  precio  de  lo  que  podía  valer  para  darlo  á  otros,  ^ 
teniendo  muy  particular  cuidado  de  la  viuda  y  del  huérfano,  y 
del  viejo  y  demás  gente  imposibilitada,  y  en  los  años  estériles 
abría  sus  trojes  para  dar  y  repartir  el  sustento  que  para  el  efec- 
to siempre  se  guardaba. 

NezahualpiUzinUi  aunque  niño  de  poca  edad  entró  en  la  su- 
cesión del  reino,  y  la  primera  cosa  que  hizo  de  que  notan  mu- 
cho los  autores,  fué  que  su  hermano  Axoquenhin,  el  que  ganó 
la  provincia  de  Choleo^  entró  á  pedirle  mercedes  por  aquella 
hazaña  pasada,  porque  hasta  entonces  el  Rey  su  padre  no  le 
había  hecho  ninguna:  oída  el  Rey  niño  la  demanda  de  su  her- 
mano de  que  había  estado  muy  atento,  antes  de  que  hablase 
palabra  Acapipioltzin  su  coadjutor,  hizo  llamar  á  un  arquitecto 
y  á  un  pintor  y  á  un  albañil  y  á  un  carpintero,  y  venidos  que 
fueron  á  su  presencia  les  mandó  fuesen  á  Choleo^  viesen  las 
casas  y  palacios  que  eran  de  Toteocintecuhtli  y  cada  uno  de 
ellos  en  su  facultad  le  trajesen  razón  de  ellas;  y  hecha  esta  di- 
ligencia mandó  ediñcar  otras  casas  en  la  ciudad  y  palacios  de 
la  misma  manera  para  su  hermano,  y  le  hizo  muy  grandes 
mercedes  señalándole  ciertos  pueblos  y  lugares  para  que  fuese 
Señor  de  ellos,  y  desde  esta  ocasión  para  adelante  gobernó  y 

1  La  redacción  de  este  párrafo  es  defectuosísima;  pero  igual  en  los  MS.  que 
conocemos. 


500  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

mandó  con  mucha  prudencia  y  sagacidad,  de  tal  manera  que 
á  otros  dejaba  confusos  y  admirados,  de  tal  manera  que  en  él 
se  hallaba  ninguna  imperfección  en  cuarenta  y  cuatro  años  que 
reinó,  el  cual  y  las  dos  cabezas  dichas  del  Imperio  sojuzgaron 
todas  las  provincias  que  quedaron  por  ganar  desde  la  mar  del 
Norte  hasta  el  Sur,  y  desde  las  tierras  de  los  Chichimecas  hasta 
Nieariujua^  hallándose  en  siete  batallas  campales,  él  personal- 
mente, en  donde  cautivó  su  persona  otros  tantos  Reyes  y  Se- 
ñores, como  fueron  HnehnHzin  de  Huexoizinco^  Iztacquauhtzin  de 
Atlixco,  y  Nahuatzin  de  HuUzízapan}  y  otros  de  la  costa  del  mar 
del  Norte.  En  esta  sazón  fueron  Reyes  de  México,  Tizozicatún 
que  sucedió  á  Axayacatzin^  y  después  de  él  Ahuitzoizin;  muerto 
que  fué  AhuUzotzin  le  sucedió  el  Señor  Moteczuma,  que  hallaron 
los  Españoles,  y  en  Tacuba  Totoquioatzin^  segundo  de  este  nom- 
bre que  sucedió  á  Chinmlpopoca.  Casó  NezahualpUizintli  con 
Azcaxuchitzin  hija  de  Xoxouhchatzin  Infante  de  México  y  nieto 
del  primer  Moteczuma,  en  quien  tuvo  once  hijos  legítimos  que 
fueron  Huexotzinatzin  que  le  mandó  matar  porque  quebrantó 
cierta  ley;  el  segundo  Iztacquauhtzin,  que  asimismo  mandó  ma- 
tar porque  edificó  unos  palacios  sin  licencia  de  su  padre  ni  ha- 
ber hecho  hazaña  digna  di*  tener  casa;  el  tercero  fué  Tdlama- 
netzquilzin,  que  por  ser  muy  pacífico  no  le  sucedió  en  el  reino, 
aunque  después  vino  á  ser  Señor  de  Texcuco;  el  cuarto  fué 
Cohiianacoehfzin,  que  fué  Rey  después  de  la  muerte  del  Rey 
Cncama  su  hermano,  que  era  habido  en  otra  Señora  hermana 
del  Rey  Moteczuma;  el  quinto  fué  IxÜUxuchitzin,  que  también 
sucedió  en  el  reino,  que  se  llamó  />.  Femando,  el  que  ayudó 
en  la  conquista  del  Marqués  del  Valle  con  su  persona  y  vasa- 
llos; grande  émulo  de  los  Señores  Mexicanos  y  el  primero  que 
se  bautizó,  y  casó  con  Doña  Beatriz  Fapantzin,  por  orden  de  la 
Santa  Madre  Iglesia,  que  por  estar  las  historias  llenas  de  los 
hechos  y  hazañas  de  todos  estos  Señores  que  se  han  referido, 
no  se  prosigue  más  en  esta  relación. 

1  Supongo  que  es  Ahuitzilapan,  hoy  Orízaba 


ERU^T^S. 


8 

15 

.  al 

el 

8 

19 

Noticia  de  los  Pobladores 

18*  Relación  de  los  Pobladores 

8 

19 

y  las  acompañó 

y  acompañó  aquella 

6 

12 

los 

las 

17 

21 

mayordestrucción 

mayor  destrucción 

88 

22 

Foioiepee 

Tototepec 

41 

10 

zenefa 

cenefa 

60 

28 

NetzahualpintzlnÜi 

Netzahualpilizinili 

61 

28 

yiociezwna 

Moieczuma 

76 

8 

otros: 

otros. 

77 

20 

Aculbuas 

"Aculbuas 

77 

86 

áél.  Le 

á  él,  le 

78 

24 

exaltarles 

exaltarlos 

78 

85 

Resesundo 

Resesvindo 

94 

21 

Cihuaexochi 

(yihunxochv 

96 

16 

Tloltzin 

Tloizin 

104 

15 

TloUzin 

Tlotzin 

108 

26 

Tloltzin 

Tloizin 

114 

80 

sublimándose 

sublimándole- 

125 

32 

puebios 

pueblos 

127 

29 

designa. 

designan. 

142 

84 

XiuhtMuhtlan 

Xiuhnautlan. 

149 

21 

T  po  ñecas 

Tepanecns 

158 

21 

Xnptichco 

Axnpiichco 

180 

83 

gerundio; 

gerundio 

231 

8 

antes 

antes 

246 

83 

sí 

sí— 

502 


OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHILT. 


Pío. 

Lív. 

DlCB 

Líau. 

265 

80 

volvía 

volvía 

267 

21 

en  una 

de  una 

267 

22 

hacia 

hacia 

321 

19 

consintieran 

consentirían 

858 

28 

ques 

que 

874 

83 

Tlcochcalco 

el  Tlacochcalco 

887 

16 

repitió 

replicó 

895 

82 

cuan 

ettau 

447     • 

22 

á  la  vuelta  de  la  otra  foja 

en  esta  Relación 

461 

88 

e  aborado 

elaborado 

464 

88 

desaparecerían 

desaparecerían 

470 

8 

xicalameas 

xicalancas 

470 

27 

lluvias 

lluvias 

472 

34 

en 

con 

479 

7 

Tlaltelulco 

Tlatelulco 

480. 

22 

elúdanos 

ciudadanos 

DE  LAS  MATERIAS  CONTEI^IDAS  EN  ESTE  YOLÜMEN. 


Introducción ► 8 

Sumaria  Kelueión  de  todas  las  cosas  que  han  sucedido  en  la  ^ueva 

España,  y  de  muchas  cosas  que  los  Tultecas  alcanzaron 11 

Relación  Primera.  De  la  Creación  del  Mundo  y  origen  de  los  indios 11 

Apéndice: 

Primera  Relación  de  Los  Pobladores.  Las  Naciones  Pobladoras^^...  15 

Segunda  Relación  de  los  Pobladores.  l>e  los  Gigantes „ 17 

Relación  Sucinta.  (Fragmento  de  la  Primera  Relación) 18 

Historia  Ghicbimeca.  Cap.  1 ^  18 

Relación  Segunda.  De  la  Historia  de  los  Tultecas ^ 23 

Apéndice: 

Historia  Chichimeca.  Cap.  II 27 

Relación  Tercera.   De  la  fundación  de  Tula,  y  de  los  Keyes  que  tuyo  29 

Apéndice: 

Tercera  Relación  de  los  Pobladores.  De  los  Tultecas  (Extracto) M 

Relación  Sucinta.  Fragmento  de  la  Primera  Relación »....  84 

Historia  Chichimeca.  Fin  del  cap.  II 84 

Relación  Cuarta.  De  la  vida  de  las  Reyes  Tultecas 87 

Relación  Quinta.  De  los  Reyes  Tultecas  y  de  su  destrucción 43 

Apéndice: 

Tercera  Relación  de  los  Pobladores.  De  los  Tultecas 64 

Relación  Sucinta.  Primera  Relación « 68 

Sumaria  Relación.  (Extracto) „« « 70 

Historia  Chichimeca.   Cap.  III « 71 

Orden  y  ceremonia  para  hacer  un  Señor 72 

Historia  de  los  Señores  Chichimecas - ^.. ......  75 


504  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Fio*. 

Primera  Relación.  De  los  Señorea  Chichi  mecas  pasados  del  gran  Chi- 

chimecatl  Tecuhtli  Xolotl ^ 75 

Segunda  Relación.  De  la  venida  de  Xolotl  á  esta  tierra,  cómo  la  pobló 

y  tomó  posesión  de  ella 81 

Tercera  Relación.  De  cómo  dio  señoríos  á  los  seis  Señores,  y  venida  de 

los  Aculhuas 93 

Cuarta  Relación.  De  Nopaltzin,  y  el  discurso  de  su  vida  y  muerte IOS 

Quinta  Relación.  De  Tlotzin  y  de  su  vida  y  muerte 109 

Sexta  Relación.    De  Tenancacaltzin  y  Acuihua,  Monarcas  tiranos  de 

esta  tierra 118 

Séptima  Relación.  De  Quinatzin,  4?  gran  Chichiraecatl,  y  de  su  vida 

y  hechos,  fin  y  muerte 123 

Octava  Relación.  De  Techotlalatzin,  de  su  vida  y  hechos 186 

Novena  Relación.  Del  gran  Ixtlilxuchitl  Ometochtli,  de  su  vida  y  he- 
chos y  desastrada  muerte 146 

Décima  Relación.  Del  tirano  Tetzotzomoc  y  su  muerte,  y  peregrina- 
ciones del  Príncipe  Nezahualcoyotzin 171 

Undécima  Relación.   De  las  cosas  que  hizo  el  tirano  Maxtla,  y  lo  que 

le  sucedió  al  Príncipe  Nezahualcoyotzin 197 

Duodécima  Relación.  (Continuación  de  la  Historia  de  México.)  De  las 
victorias  y  prósperos  sucesos  de  Nezahualcoyotl  hasta  la  restaura- 
ción de  la  monarquía  Texcuoana  y  muerte  del  tirano  Maxtla... 221 

Ordenanzas  de  Nezahualcoyotzin 287 

Fragmentos: 

1?  Guerra  de  Chalco  y  sucesos  posteriores  hasta  la  muerte  del  Key 

Nezahualcoyotzin 241 

2?  Noticias  de  Nezahualpilli 266 

8?  Notas  cronológicas 267 

4?  Pintura  de  México 268 

Noticias  de  loe  Pobladores.  (Continuación) 268 

Relación  Cuarta.   De  los  antiguos  Reyes  Monarcas  Chithimecos 263 

Apéndice.  Relación  Sucinta.  (Extracto  de  la  Searunda  Relación) 264 

Relación  Quinta.  Del  Rey  Xolotl,  tercer  poblador 267 

Apéndice: 

Relación  Sucinta.  (Extracto  de  la  Tercera  Relación) 276 

Relación  Sucinta.  (Extracto  de  la  Cuarta  Relación) *.  276 

Relación  Sexta.  Del  Rey  Nopaltzin,  2?  gran  Chichimecatl  Tecuhtli 279 

Apéndice.  Relación  Sucinta    (Extracto  de  la  Quinta  Kelación) 279 

Relación  Séptima.   De  Tlotzin,  8"-  gran  Chichimecatl ., 281 

Apéndice.  Relación  Sucinta.  (Extracto  de  la  Sexta  Relación) 284 

Relación  Octava.  De  Quinatzin,  4?  gran  Chichimecatl 287 

Apéndice.  Relación  Sucinta.  (Extracto  de  la  Séptima  Relación) 290 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHrTL.  505 

PiOfl. 

Relación  Novena.  De  Techotlalatzin,  6?  gran  Chichimecntl 298 

Apéndice.  Relación  Sucinta.  (Extracto  déla  Octava  Relación) 296 

Relación  Décima.  De  Ixtlilxuchitl,  6?  gran  Chichimecatl 299 

Apéndice.  Relación  Sucinta.    (Extracto  de  la  Novena  Relación) 808 

Relación  Undécima.    Del  gran  Nezahualcoyotzin,  7?  gran  Chichime- 
catl Tecuhtli 809 

Apéndice.  Relación  Sucinta.  (Extracto  de  la  Novena  y  Décima  Rela- 
ciones)   828 

Relación  Duodécima.   Del  Rey  Nezahualpiltzintli,  8?  gran  Chichime- 
catl Tecuhtli 829 

Apéndice.  Relación  Sucinta.  (Extracto  de  la  Undécima  Relación) 882 

Relación  Decimatercera.  De  la  Venida  de  los  Españoles,  y  principio 

de  la  ley  Evangélica 885 

La  Venida  de  los  Españoles  á  esta  Nueva  España 487 

Entrada  de  los  Españoles  á  Texcuco 442 

Apéndice.  Relación  Sucinta.  (Continuación  de  la  Undécima  Relación).  447 

Rama  y  descendencia  de  los  Señores  de  México 447 

Relación  de  los  demás  Señores  de  la  Nueva  España  de  la  casa  y  descen- 
dencia del  gran  Xolotl 468 

Relación  del  origen  de  los  Xuchimilcas 455 

Tronco  de  las  Naciones  Americanas 457 

Relación  Sucinta.  (Final  de  la  Undécima  Relación) 458 

Testimonio  que  dan  el  Gobernador,  Alcaldes  y  Regidores  del  pueblo  de 

Cuatlacinco,  aprobando  esta  Historia 459 

Sumaria  Relación  de  la  Historia  general  de  esta  Nueva  España ••  469 


Tomo  1—88 


T^BIjJL 


DE  LAS  MATERIAS  CONTENIDAS  EN  ESTE  TOLUMEN  SEQUN  SE  ENCUENTRAN 

DISPUESTAS  EN  EL  TOMO  IV 

DE  LA  COLECCIÓN  DE  MSS.  DEL  ABCHITO  GENEBAL. 


Sumaria  Rklaciok  xtc.  de  los  Tultecas. 

de 
KiogsboroBfh. 

Fojas.  Tomo  IX. 

Relación  Primera. — Creación  del  Mundo  y  origen  de  los 

Indios 1  321 

Relación  Segunda. — Historia  de  los  Tu  llecas 5  323 

Relación  Tercera.— Fundación  de  Tula  y  sus  Reyes «      11  324 

Relación  Cuarta.— Vida  de  los  Reyes  Tultecas 17  326 

Relación  Quinta. — Reyes  Tultecas  y  su  destrucción 22  32B 

Historia  de  los  Señores  Chichimecos. 

Relación  Primera. — Venida  de  Xolotl  á  esta  tierra 46  336 

Relación  Segunda.^  — Toma  Xolotl  posesión  de  la  tierra.....      50  38T 
Relación  Cuarta. — Da  señoríos  á  sus  Señores  y  venida  de 

los  Aculhuas 62  339- 

Relación  Quinta. — Vida  y  muerte  de  Nopaltzin'. 71  341 

Relación  Sexta. — Vida  y  muerte  de  Tlotzin 77  344 

Relación  Séptima.— Tenancacaltzin  y  Acolhua,  Reyes  tira- 
no»  , 80  847 


1  Ta  K  ha  advertido  que  en  esta  R«Iaoi«5n  se  reuoleroo  las  dos  que  en  el  MS.  del  Ardüvo  tSeneo  el  titulo  de  M' 
gnnda,  j  que  en  realidad  soo  «egiinda  7  tercera. 


508 


OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 


KlBfsboroagb. 


ReJación  Octava.— Vida  y  muerte  de  Quinatzin 90  850 

Relación  Novena.— Vida  y  muerte  de  TechoUalatzin 100  858 

Relación  Décima.— El  gran  Ixtlilxochitl 109  866 

Relación  Undécima.— El  tirano  Tezozomoc 188  86§ 

Relación  Duodécima. — Tiranías  de  Maxtla  y  sucesos  de  Ne- 

zahualcoyotzin « 169  871 

Ordenanzas  de  Nezahualcoyotzin 206  887 

Orden  y  ceremonias  para  hacer  á  un  Señor 208  888 

Venida  de  los  Españoles 209  888 

Entrada  de  los  Españoles  en  Texcuco 214  890 


Relaciones  de  los  Fobladoses. 

Relación  Primera. — Las  Naciones  pobladoras  i 219  892 

Relación  Segunda.— De  los  Gigantes 220  892 

Relación  Tercera.— De  los  Tultecas ^ 221  892 

Relació  Cuarta. — De  los  Reyes  Chichimecas 226  894 

Relación  Quinta.— Del  Rey  Xolotl,  tercer  poblador 226  894 

Relación  «exta.— Del  Rey  Nopaltzin «  234  897 

Relación  Séptima.— Tlotzin 286  898 

Relación  Octava.— Quinatzin 288  899 

Relación  Novena.— TechoUalatzin :..  242  400 

Relación  Décima.— Ixtlilxochitl 245  401 

Relación  Undécima. — Nezahualcoyotzin 255  404 

Relación  Duodécima. — Nezahualpiltzintli ^ 270  409 

Relación  Decimatercera. — Venida  de  los  Españoles 273  411 

Testimonio  del  Cabildo  de  Quatlacinco 887  448 

Trece  Relaciones  sucintas  de  la  Hiistoria  de  Nueva  Es- 
paña« ^  891  460 

Sumaría  Relación  de  la  Historia  general  de  Nueva  Üspunu.  459  469 


1  NotloU  á9  loi  p«bl»dorM  7  Nadones  de  mta  parto  de  América  llamada  Nueva  Ktpafla.  (Así  ea  KIb(«- 
borough.) 

3  RdacióD  SaoinU  en  forma  de  Memorial  de  la«  Hittoria«  de  N.  R.  j  tas  seflorloé  basta  el  lagreM  de  loe  Eapafto- 
lee.  Raorítas  por  el  mlnno  autor.  (Asi  en  JElncsboroof  b.) 


OBRAS  HISTÓRICAS 


r»E 


DON  Fl 


PlBlli'lMSÍ.DiflTJilA'fffll 

ALFREDO    ('TIAVERO 
SESOli  FRESU>E>TK  CJEííERAL  PORFIRIO  DÍAZ 


ili't  {íi-iMilifi»ulvllírM  4i'  Aiurfieü. 


TOl^tO  II 

HISTORIA  CHICHIMECÁ. 


MÉXICO 


OFICINA  TIP.  DE  I. A  fcHiirKETAHIA  DE  FOMENTO 

1 «  O  2 


-ífel 


UJilMK^  W§ 


OBRAS  HISTÓRICAS 

DB 


DON  FERNANDO  DE  Mk  IXTLILXOt'llITL 

KciutmsnOTtMsm 
ALFREDO   OIIAVEKO 

ÍÍEÍOR  rRESIDEKTE  tíENEHAI.  PORFIRIO  MA2 


«tt  «1  cuartal  i'rQtirqartu 
del  4«*eiibf]nii«a.ri>  «Ji>  Amp4>»- 


TOMO  II 

HISTORIA  CHICHIMEC4, 


MÉXICO 


OFICINA  TIP.  DE  LA  SECBIÍTAHIA  DK  FOMENTO 

cmít  4b  S«ii  Andrii  lámate  l§. 


ífííe  f  ^ 


Cfííe 


ShÉlf  ^ 


Peabody  Museum  oí  American  ArcbsBology  and  Etíinology 

lU  CONHtCTION   WITH   HARVARD  UNIVEBSlTY, 


PRESEHTED    BY 


Biceiml  ^^'♦'^^^  .r  /  r^  5  _ 


OBRAS  HISTÓRICAS   H  E  C  E I  V  E  D , 

JUN   3  mó 

DE 

m  FERNANDO  DE  ALVA IXTULXOCHITL 


KIUUDlSTÜIinmSHIl 


ALFREDO    CHAVERO 


H  MACB  BST*  BMOtóV  POK  ACOBBOO  DBL 


SEROB  PRESIDENTE  GENERAL  PORFIRIO  DÍAZ 


9' 


Par»  prneotarl» 

oomo  nn  homenaje  de  Méxloo  á  Crlst4$bftl  Colda 

en  el  oaarto  ocoteiiAcio 

del  deaoubrimleote  de  Amirleft. 


TOMO  II 

HISTORIA  CHICHIMECA. 


MÉXICO 


OFICINA  TIP.  DE  LA  SECRETARIA  DE  FOMENTO 
Oftito  de  8m  ÁBdHe  búbm»  1». 

1892 


k 


(N  la  introducción  al  tomo  primero,  manifesté 
que,  siguiendo  la  división  hecha  por  el  Sr.  Ra- 
mírez, se  dedicaría  este  segundo  á  la  parte  an- 
tigua de  la  Historia  Chichimeea,  y  el  tercero  á  la  de 
la  Conquista;  y  que  ambos  tomos  se  completarían  con 
apéndices  compuestos  de  opúsculos  de  otros  autores. 
He  debido  mudar  de  parecer  por  dos  razones:  la  pri- 
mera, porque  no  creo  conveniente  dividir  el  contexto 
de  la  Historia  Chichimeea,  sino  por  el  contrario  publi- 
carla tal  como  el  autor  la  escribió;  la  segunda,  porque 
esta  edición  debe  concluirse  para  época  fija,  y  alargar- 
la á  tres  tomos  expondría  á  que  no  se  terminara  á 
tiempo.  Por  lo  mismo  ya  nada  más  se  publicará  este 
segundo  tomo  con  toda  la  Historia  Chichimeea. 

Habrá  visto  el  lector,  cómo  en  el  curso  de  las  notas 
del  primero,  he  hecho  algunas  rectificaciones  sobre  la 
idea  que  de  las  obras  de  Ixtlilxochitl,  de  acuerdo  con 
los  estudios  del  Sr.  Ramírez,  expuse  en  la  Introduc- 
ción de  aquel  tomo. 

Hoy  no  se  puede  dudar  de  que  la  primera  serie  de 
obras,  escritas  por  Ixtlilxochitl  y  aprobadas  por  el  Ca- 
bildo de  O  tumba  en  1608,  se  redujo  á  las  cinco  Reía- 


OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


ciones  de  los  Tultecas,  las  once  de  la  Historia  de  los 
Señores  Chichimecas  y  las  Ordenanzas  de  Nezahual- 
coyotl,  todo  lo  cual  sacó  de  pinturas  y  cantares  anti- 
guos, y  á  la  Historia  larga  que  no  es  otra  que  las  trece 
Relaciones  de  la  Noticia  de  los  Pobladores;  pues  los 
Padrones  Reales  es  obra  perdida.  Sabemos  también 
que  dichas  obras  fueron  escritas  en  mexicano,  y  tradu- 
cidas por  el  alguacil  Francisco  Rodríguez  á  quien  se 
encomendó  su  versión  al  castellano.  Por  lo  tanto  los 
demás  opúsculos  y  fragmentos  son  posteriores  á  dicho 
año  de  1608. 

Posteriores  son  también,  como  hemos  visto,  las  Re- 
laciones Sucinta  y  Sumaria.^  La  Historia  Chichimeca 

1  Mi  opinión  sobre  éstas  es,  qne  ambas  fueron  escritas  para  pre- 
sentarlas oomo  memoriales  á  los  Virreyes,  y  acaso  para  que  en  el 
mismo  sentido  éstos  las  pasaran  á  Espafia.  Acaso  las  primeras 
obras,  sobre  todo  la  Kelación  13*  de  los  Pobladores,  movieron  el 
ánimo  del  Yirrey,  pues  según  Panes  en  el  a&o  de  1610  tuvo  Ix- 
tlilxochitl  que  producir  información  de  testigos  para  probar  su 
descendencia  de  los  Se&ores  de  Texouco,  y  entonces  sin  duda  es- 
cribió la  Belación  Sucinta.  En  efecto,  como  al  fin  de  ésta  se  ve, 
está  dirigida  al  Yirrey,  que  lo  era  entonces  D.  Luis  do  Yelasco, 
quien  terminó  su  gobierno  en  Junio  de  1611.  Creo  pues  que  pue- 
de darse  por  fecha  á  la  Relación  Sucinta  el  mismo  año  de  1610 
en  que  Ixtlilxochitl  levantó  la  información  citada.  Pero  como  va- 
rió el  Yirrey,  y  no  se  habían  atendido  sus  pretensiones,  escribió 
entonces  con  igual  objeto  la  Sumaria  Belación:  esto  se  confirma 
con  la  Dedicatoria,  que  indebidamente  va  al  frente  déla  Historia 
Chichimeca,  porque  la  dirige  á  un  Arzobispo,  á  quien  da  el  tí- 
tulo de  Ilustrísimo  Señor;  y  en  efecto,  había  entrado  en  el  Yirrei- 
nato  D.  Fray  García  Guerra,  y  lo  desempeñó  del  19  de  Junio  de 
1611  al  22  de  Febrero  de  1612:  por  lo  cual  debe  darse  por  fecha  á 
esta  Relación  ol  afio  de  1611. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 


es  por  lo  tanto  la  última  obra  del  autor;  y  en  ella  ya 
buscó  el  hacer  un  trabajo  metódico,  y  dejar  una  ver- 
dadera crónica  del  antiguo  señorío  de  Texcuco.  Estu- 
diante primero,  narrador  solicitante  después,  ya  en  es- 
ta obra  se  convierte  en  historiador. 

Le  hablamos  asignado  por  fecha  de  su  terminación 
el  año  de  1616,  según  ajenas  opiniones;  pero  si  re- 
flexionamos en  que  el  autor  murió  en  1648  y  que  la 
obra  no  está  terminada,  pues  tan  sólo  llega  hasta  los 
principios  del  ataque  de  la  ciudad  de  México,  nos  con- 
venceremos de  que  fué  el  trabajo  de  los  últimos  años  de 
Ixtlilxochitl,  acaso  desde  antes  de  1610  hasta  1640  po- 
co más  ó  menos,  pues  no  es  de  suponer  que  el  autor 
siguiera  estudiando  y  escribiendo  en  los  últimos  años  de 
su  vida,  ya  cerca  de  los  ochenta  de  edad.  Si  esto  es  cier- 
to, esos  treinta  años  de  estudio  nos  explicarían  la  supe- 
rioridad de  esta  Historia  sobre  las  Relaciones.  En  ella 
vemos,  no  solamente  método,  sino  mejor  redacción,  y 
menos  descuidada  la  ortografía  texcucana  de  Tos  nom- 
bres indígenas. 

Así  en  la  publicación  de  las  Relaciones  hemos  tro- 
pezado con  la  dificultad  de  que  los  nombres  indígenas 
están  incorrectamente  escritos,  y  muchas  veces  con  va- 
riantes notables;  inconveniente  que  no  hemos  podido 
salvar  en  todas  ocasiones,  por  el  respeto  que  se  debe 
al  original.  También  se  habrá  notado,  que  no  hay  re- 
gla para  el  uso  de  las  cursivas,  tanto  en  los  nombres 
indígenas  y  patronímicos  como  en  los  de  las  ciudades 
y  lugares.  En  este  tomo  seguiremos  la  ortografía  tex- 
cucana y  no  usaremos  de  cursivas. 

El  título  que  lleva  la  Historia  Chichimeca  no  es  el 


OBRAS   HISTÓRICAS  VE 


suyo  original:  es  de  suponerse  que  la  portada  que  aho- 
ra tiene,  y  que  se  reprodujo  en  la  copia  del  Archivo, 
le  fué  puesta  por  Don  Carlos  de  Sigüenza  y  Góngora 
primitivo  poseedor  de  los  naanuscritos  de  Ixtlilxochitl, 
Pudiera  ser  su  verdadero  titulo  el  que  le  da  Boturini 
en  su  Catálogo,  donde  la  llama  Historia  Greneral  do  la 
Nueva  España.  Esto  me  hace  creer,  que  la  Historia 
Chichi  meca  es  solamente  una  parte  de  la  obra  del  au- 
tor. En  efecto,  al  fin  de  la  Relación  Sucinta  dice,  que 
la  sacó  de  los  nueve  libros  que  estaba  escribiendo  de 
cosas  de  la  tierra;  y  esta  Historia  no  está  dividida  en 
libros,  por  lo  cuaA  se  la  debe  considerar  como  uno  de 
ellos.  Además,  en  la  Relación  primera  de  los  Tulte- 
cas,  al  hablar  de  la  corrección  del  calendario  hecha  en 
Huehuetlapallan,  dice:  '*como  se  verá  en  las  tablas  y 
reglas  de  ellos  de  sus  años,  meses,  semanas  y  días,  sig- 
nos y  planetas,  conforme  ellos  los  entendieron,  y  otras 
muchas  curiosidades,"  Ahora  bien,  en  lo  que  de  la  His- 
toria Chichimeca  conocemos,  no  se  encuentra  ese  tra- 
tado; y  si  á  esto  agregamos,  que  faltan  en  la  obra  otros 
tan  importantes,  como  los  relativos  á  costum'bres,  á  la 
teogonia  entre  ellos  tan  complicada  y  punto  tan  prin- 
cipal, y  cuanto  pudiera  referirse  á  la  organización  social, 
cuestiones  que  abarcan  los  demás  cronistas  aunque  de 
manera  imperfecta  y  sin  método,  nos  convenceremos 
de  que  la  Historia  Chichimeca  no  abraza  el  conjunto  de 
los  nueve  libros  que  el  autor  escribía,  y  que  es  sola- 
mente una  parte. 

Examinemos  ahora  la  fe  que  debemos  dar  á  esta 
Historia,  y  para  ello  estudiemos  los  elementos  con  que 
se  formó.  Por  documentos  auténticos  sabemos,  que  Ix- 


DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLTLXOCHITL. 


tlilxoehitl  presentó  al  Cabildo  de  Otumba  las  pinturas, 
cantos,  y  otros  papeles  y  recados  de  donde  sacó  sus 
primeras  obras. 

El  primer  elemento,  las  pinturas  jeroglificas  de  los 
antiguos  indios,  es  sin  duda  el  mejor  que  pueda  utili- 
zarse en  esta  clase  de  trabajos.  Sensible  es  que  tales 
pinturas  no  se  conserven,  ni  siquiera  se  enumeren,  pa- 
ra que  pudiésemos  apreciar  su  importancia.  Ya  desde 
que  Pomar  escribió  su  Relación  de  Texcuco  en  1682, 
decía  qué  faltaban  las  pinturas  en  que  los  indios  tenían 
sus  historias,  porque  al  tiempo  que  Cortés  entró  con  los 
demás  conquistadores  por  primera  vez  en  Texcuco,  "se 
las  quemaron  en  las  casas  reales  de  Nezahualpilzintli, 
en  un  gran  aposento  que  era  el  archivo  general  de  sus 
papeles,  en  que  estaban  pintadas  todas  sus  cosas  anti- 
guas." Ixtlilxochitl  dice  que  los  tlaxcaltecas  que  acom- 
pañaban á  Cortés  hicieron  la  quema.  Sea  de  ello  lo 
que  fuere,  siempre  resulta  que  se  destruyó  el  archivo 
oficial  de  las  pinturas  históricas. 

Agrega  despuéís  el  mismo  Pomar:  ''los  (jeroglíficos) 
que  habían  quedado  en  poder  de  algunos  principales, 
unos  de  una  cosa  y  otros  de  otra,  los  quemaron  de  te- 
mor de  D.  Fr.  Juan  Zumárraga,  primer  Arzobispo  de 
México,  porque  no  los  atribuyese  á  cosas  de  idolatría, 
porque  en  aquella  sazón  estaba  acusado  por  idolatría, 
después  de  ser  bautizado,  J).  Carlos  Ometochtzin,  hijo 
de  Nezahualpilzintli,  con  que  del  todo  se  aeabaron  y 
consumieron." 

La  primera  consecuencia  que  de  esta  cita  se  saca, 
resulta  contraria  á  Zumárraga.  En  la  nota  de  la  pági- 
na 16  del  primer  tomo,  apoyé  la  defensa  que  á  este 


S  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

respecto  ha<;e  de  él  el  8r.  Icazbalceta:  la  cual  princi- 
palmente se  funda  en  que  Ixtlilxochitl  fué  el  inventor 
y  primer  propagador  de  la  noticia,  y  que  de  él  la  to- 
maron y  repitieron  los  escritores  posteriores.  Pero  el 
hecho  de  que  Pomar  haya  escrito  antes  de  Ixtlilxochitl, 
destruye  la  fuerz  de  ese  argumento;  y  no  cabe  ya  du- 
da de  que  Zumárraga  destruía  las  antiguallas,  ó  que 
ee  destruían  por  temor  á  él,  pues  el  mismo  Pomar, 
cuando  habla;  del  ídolo  Tlaloc,  dice  adelante:  "y  á  este 
hallaron  en  tiempo  de  D.  Fr.  Juan  Zumárraga,  pri- 
mer Arzobispo  de  México,  pegado  el  un  brazo  con  tres 
gruesos  clavos  de  oro  y  uno  de  cobre:  que  haciéndolo 
pedazos  por  su  mandado  se  los  quitaron." 

Ya  resultan  dos  autoridades  contra  Zumárraga;  y 
puesto  que  en  todo  buscamos  la  verdad,  debe  hacerse 
la  correspondiente  rectificación. 

Sin  embargo  se  salvaron  algunos  jeroglíficos,  pues- 
to que  Ixtlilxochitl  mostró  en  Otumba  los  que  poseía; 
y  creo  que  de  ellos  fueron  los  mapas  Tlotzin  y  Quina- 
tzin,  publicados  ya  en  Paris.  Estos  mapas  presentan  la 
ventaja  de  tener  leyendas  antiguas  en  mexicano,  y  de 
éstas  y  de  aquéllos  nos  aprovecharemos  al  anotar  la 
presente  Historia. 

La  relación  de  los  indios  viejos  y  los  cantares  fueron 
también  fuentes  de  los  escritos  de  Ixtlilxochitl.  De  la 
primera  hay  que  dudar  algo,  y  el  mismo  autor  la  ci- 
ta á  veces  con  desconfianza;  y  además  en  este  punto 
dice  Pomar:  ''aun  cuando  hay  indios  viejos  de  más 
de  ochenta  años  de  edad,  no  saben  generalmente  de 
todas  sus  antigüedades,  sino  unos  uno  y  otros  otro;  y 
los  que  sabían  las  cosas  más  importantes,  que  eran  los 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  9 

sacerdotes  de  los  ídolos  y  los  hijos  de  Nezahualpiltzin- 
tli,  rey  que  fué  de  esta  ciudad  y  su  provincia,  son  ya 
muertos." 

Sin  embargo  no  era  este  un  mal  recurso,  pues  el 
mismo  Pomar  refiere  que  hizo  su  Relación  "buscando 
indios  viejos  y  algunos  inteligentes"  y  •'buscando  can- 
tares antiquísimos."  Las  tradiciones,  pues,  cuando  no 
pugnan  con  los  jeroglíficos  son  de  tomarse  en  conside- 
ración. 

Respecto  de  los  cantares  cuenta  Pomar,  que  de  ellos 
fué  de  donde  tomó  más  luz  para  escribir;  y  refiriéndo- 
se á  ellos,  dice:  "Esforzábanse  los  nobles,  y  aun  los 
plebeyos,  si  no  eran  para  la  guerra,  para  valer  y  ser 
sabidos  y  componer  cantos  en  que  introducían  por  vía 
de  historia  muchos  sucesos  prósperos  y  adversos,  y  he- 
chos notables  de  los  reyes  y  de  personas  ilustren  y  de 
valor."  Y  de  estos  cantares  tuvo  Ixtlilxochitl,  y  Po- 
mar conservó  al  fin  de  su  trabajo  algunos,  que  están 
en  mexicano  y  no  han  sido  traducidos  aún. 

Los  jeroglíficos  señalaban  los  hechos  culminantes 
de  la  Historia,  y  conservaban  la  cronología;  y  los  can- 
tares guardaban  los  pormenores,  y  especialmente  na- 
rraban las  hazañas  y  vidas  de  los  señores.  Pero  como 
obra  poética  mucho  debieron  tener  de  imaginación,  y 
entre  pueblos  que  se  disputaban  la  supremacía,  mucho 
de  exagerado  en  el  sentido  del  provincialisiiio. 

Tenemos  pues  que  las  obras  de  Ixtlilxochitl  mere- 
cen fe;  pero  ellas  nos  dan  solamente  la  versión  texcu- 
cana  de  la  Historia.  Para  encontrar  la  verdad,  y  esto 
procuré  hacer  en  mi  Historia  Antigua,  hay  que  com- 
parar esta  versión  con  la  mexicana,  conservada  en  to- 

Tomo  11—2 


10  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

do  SU  carácter  en  el  Códice  Ramírez,  en  la  Crónica  de 
Tezozomoc  y  en  la  Historia  de  Duran. 

Motivo  de  varias  notas  será  esta  comparación,  que 
también  se  hará  con  otros  de  los  primeros  escritores. 
Además  completaré,  igualmente  en  notas,  el  relato  de 
Ixtlilxochitl,  con  datos  sobre  el  estado  social  de  Tex- 
cuco,  tomados  de  Pomar. 

El  Sr.  Ramírez  no  puso  notas  á  la  Historia  Chichi- 
meca;  pero  aprovacharé  de  las  de  Torneaux  las  que 
crea  yo  útiles,  advirtiendo  en  este  caso  su  procedencia. 


Alfredo  Chavero. 


ADVERTENCIA  DEL  PADRE  COLECTOR. 


La  Historia  Chichimeca  que  presenta  este  tomo  fué  parto  de  la  pluma  de 
D.  Fernando  de  Alva  Ixtlilxochitl.  Del  mismo  original  del  puño  de  D.  Fer- 
nando '  sacó  Boturini  una  copia  que  sirvió  de  original  á  otro  traslado  que  por 
el  año  de  1765  sacó  D.  Mariano  Veytia,  estando  aún  depositados  los  papeles 
que  integraban  el  Museo  de  Boturini  en  el  oficio  del  Superior  Gobierno.  Del 
ejemplar  de  Veytia  se  sacó  el  traslado  de  esta  obra,  á  quien  ñiera  de  su  mérito 
natural,  puede  servir  de  recomendación  lo  siguiente: 

Deseoso  S.  M.  del  complemento  de  la  Historia  del  origen  de  las  gentes  que 
poblaron  la  América  Septentrional,  comenzada  y  no  concluida  por  D.  Maria- 
no Veytia,  dispuso  en  su  Real  orden  de  21  de  Febrero  de  1790,  se  reconociese 
los  manuscritos,  borradores  y  apuntamientos  de  este  laborioso  escritor,  á  fin  de 
encontrar  los  hechos  importantes  de  más  de  un  siglo  que  faltan  en  su  historia. 
Para  dar  cumplimiento  á  las  Reales  intenciones,  examinamos  con  madura  re- 
flexión todos  los  borradores,  fragmentos  y  memorias  del  difunto  Veytia;  pero 
el  éxito  no  correspondió  á  nuestros  deseos,  ni  á  la  prudente  esperanza  de  la 
Corte.  No  hay  más  que  algunos  borradores  sobre  la  historia  del  origen  de  los 
antiguos'pobladores  de  esta  América  Septentrional,  y  éstos  no  pasan  del  Capí- 
tulo 7?  del  Libro  8? 

Si  entre  los  manuBcritos  de  nuestra  inspección  hay  algunos  monumentos  de 
la  antigüedad  que  puedan  presentar  copiosa  luz  sobre  el  origen  de  los  antiguos 
pobladores,  son  precisamente  la  presente  Historia  Chichimeca,  y  las  Relaciones 
del  mismo  V.  Fernando  de  Alva  comprendidas  en  el  tomo  4?  de  esta  colección . 
A  nuestro  juicio  ellas  sólo  pueden  ministrar  noticias  capaces  de  suplir  aquel 
defecto.  Tal  vez  á  primer  aspecto  muchas  de  estas  noticias  parecerán  indife- 
rentes; pero  luego  descubrirá  la  reflexión  el  influjo  directo  é  indirecto  que  pue- 
den tener  en  la  Historia  del  origen  de  los  pobladores.  Estamos  firmemente 
persuadidos  que  para  empezarla  disfrutó  Veytia  las  mismas  obras  que  reco* 
mendamos  para  su  continuación. 

Certifico  que  esta  historia  se  ha  copiado  literalmente  de  un  ejemplar  que  fué 
de  D.  Mariano  Veytia.  México,  veintidós  de  Noviembre  de  mil  setecientos  no- 
venta y  dos. — Fr.  Franciaeo  García  Figtteroa, 

1  Por  iM  raioDM  ttzpaMtu  en  las  notas  del  primer  tomo,  poode  dadane  de  que  U  Historia  Chlehlmeoa  estorlese 
esoriu  de  paflo  del  antor,  j  de  que  de  ese  templar  original  la  háblese  copiado  Boturini,  como  afirma  el  Padre  Co< 
lector.  Pero  además,  el  mismo  Boturini  nos  da  la  rasón  en  sn  Catálogo,  página  7,  donde  dice:  "  4.  Otro  Manuscrito 
en  papel  Bnropeo  del  mismo  Antor,  sn  titulo:  tRUoria  GtneriU  dé  la  Ifueta  B$paña.  Tiene  70  capítulos,  y  no  está 
oompleta.  Xs  copla." 


HISTORIA 


DE   LA 


NACIÓN    CHICHIMECA 


8U  POBUCIOH  T  tSTÁBUCniIIKTO  M  H  PilS  M  AKilUlG, 

CONOCIDO  HOT  POR  KL  RUHO  DI  HUEYl  SPitl; 

PRINCIPIO  y  PROGRESOS  D81  PODEROSO  IMPERIO  TBTZCTICilO  T  SÜCBSIOI  DE  SUS  MOEARCiS, 

HASTl  Sü  DBSTRUOCIOH  POR  El  IHGRESO  DE  LOS  BSPitOLES  QUE  Ll  GOHQUISTiROE. 


SaCRITA  POR 


BON  nBllAN»0  DI  AITA  IXTIUXOCHITI 


Desoendiea  te- 
de  Im  mlsiDM  Rmperadocef  de  Tetieuoo,  y  ano  de  lo*  primeros  «lamaM 
del  Colegio  do  Sant*  Cruz  de  esta  Ciudad;  que  mereció  singular  aplauso  por  au  gran  Hteratnrtí 
;  erodiolón;  muy  bicu  Instruido  en  la  Historia  Antigua  de  este  Reino,  por  la  perfecta  intcUgcnci» 
que  tenia  de  >u«  JcroflIOcos  y  mapas  bistótlooa. 


Illmo.  SílíORr 

Desde  mi  adolescencia  tuve  siempre  grande  deseo  do  saber  las  cosas  acaeci- 
das en  este  Nuevo  Mundo,  que  no  fueron  menos  que  las  de  los  Romanos,  Grie- 
gos, Medos  y  otras  Repúblicas  gentílicas  que  tuvieron  fama  en  el  Universo^ 
aunque  con  la  mudMiza  de  los  tiempos  y  caída  de  Ioh  Señoríos  y  Estados  de 
mis  pasados,  quedaron  sepultadas  sus  historias;  por  cuya  causa  he  conseguida 
mi  deseo  con  mucho  trabajo,  peregrinación  y  suma  diligencia  en  juntar  las 
pinturas  de  las  histovias  y  anales,  y  los  cantos  con  que  las  observaban;  *  y  sobre 
todo  para  poderlas  entender,  juntando  y  convocando  á  muchos  principales  de 
esta  Nueva  £spaña,  los  que  tenían  fama  de  conocer  y  saber  las  historias  Befe- 
ridas;  y  de  todos  ellos  (en)  dos  solos  hallé  entera  relación  y  conocimiento  de 
las  pinturas  y  caracteres  y  que  daban  verdadero  sentido  á  los  cantos,  que  por 
ir  compuestos  con  sentido  alegórico  y  adornados  de  metáforas  y  simüfitudcs, 
son  dificilísimos  de  entender;  con  cuya  ayuda  pude  después  con  facilidad  co- 
nocer todas  las  pinturas  é  historias  y  traducir  los  cantos  en  su  verdadero  sen- 
tido, con  que  he  satisfecho  mi  deseo,  siguiendo  siempre  la  verdad^  por  cuya 
causa  no  me  he  querido  aprovechar  de  las  historias  que  tratan  de  esta  mate- 
ria, por  la  diversidad  y  confusiÓB  que  tienen  entre  sí  los  autores  que  tratan  de 
ellas,  por  las  falsas  rekeiones  y  contrarias  interpretaciones  que  se  les  dieron. 
Sólo  me  resta  ahora  el  amparo  y  protección  de  un  Príncipe  tan  grande  como 
lo  es  V.  S.  I.  debajo  del  cual  saldrá  á  luz  mi  trabajo,  á  quien  he  querido  ofre- 
cer y  dedicar  esta  Relación  Sumafñm  de  la  HiHoina  general  de  esta  Nueva  Es' 
paña,  como  á  quien  le  pertenece  y  viene  de  derecho,  Y  así  por  esto  como  por 
la  particular  afición  que  siempre  mis  mayores  é  Yo  tuvimos  á  las  cosas  de 
y.  S.  I.  me  han  dado  ánimo  para  osar  dedicarla  á  Y.  S.  I.  á  quien  suplico  hu- 
mildemente la  reciba  y  ampare  el  deseo  y  voluntad  con  que  se  la  ofrece,  cuya 
vida  N.  S.  guarde  muchos  años  y  su  Estado  acreciente,  como  sus  criados 
deseamos  y  tenemos  necesidad. 

1  Creo  qae  debe  deeir  eoneerv«bui. 


PROLOGO  AL  LECTOR 


Considerando  la  variedad  y  contrarios  pareceres  de  los  auto- 
res que  han  tratado  las  historias  de  esta  Nueva  España,  no  he 
querido  seguir  á  ninguno  de  ellos;  y  así  me  aproveché  de  las 
pinturas  y  caracteres  que  son  con  que  aquéllas  están  escritas 
y  memorizadas  sus  historias,  por  haberse  pintado  al  tiempo  y 
cuando  sucedieron  las  cosas  acaecidas,  y  de  los  cantos  con  que 
las  observaban  ^  autores  muy  graves  en  su  modo  de  ciencia  y 
facultad;  pues  fueron  los  mismos  Reyes  y  de  la  gente  más  ilus- 
tre y  entendida,  que  siempre  observaron  y  adquirieron  la  ver- 
dad, y  ésta  con  tanta  cuenta  y  razón,  cuanta  pudieran  tener 
los  más  graves  y  fidedignos  autores  y  históricos  del  mundo; 
porque  tenían  para  cada  género  sus  escritores,  unos  que  trata- 
ban de  los  Anales  poniendo  por  su  orden  las  cosas  que  acae- 
cían en  cada  un  año,  con  día,  mes  y  hora.  Otros  tenían  á  su 
cargo  las  genealogías  y  descendencias  de  los  Reyes  y  Señores 
y  personas  de  linaje,  asentando  por  cuenta  y  razón  los  que  na- 
cían: y  borraban  los  que  morían,  con  la  misma  cuenta.  Unos 
tenían  cuidado  de  las  pinturas  de  los  términos,  límites  y  mojo- 

1  Me  parece  que  aquí  el  copista  repite  su  equivocación,  y  que  debe  ser 
conservaban. 

Tomo  II— 8 


18  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ñeras  de  las  ciudades,  provincias,  pueblos  y  lugares,  y  de  las 
suertes  y  repartimientos  de  tierras,  cuyas  eran  y  á  quién  per- 
tenecían. Otros  de  los  libros  de  las  leyes,  ritos  y  ceremonias 
que  usaban  en  su  infidelidad;  y  los  sacerdotes  de  los  templos 
de  sus  idolatrías  y  modo  de  su  doctrina  idolátrica,  y  de  las  fies- 
tas de  sus  falsos  dioses  y  calendarios.  Y  finalmente|los  filósofos 
y  sabios  que  tenían  entre  ellos,  estaba  á  su  cargo  pintar  todas  las 
ciencias  que  sabían  y  alcanzaban,  y  enseñar  de  memoria  todos 
los  cantos  que  observaban^  sus  ciencias  é  historias;  todo  lo  cual 
mudó  el  tiempo  con  la  caída  de  los  Reyes  y  Señores,  y  (con) 
los  trabajos  y  persecuciones  de  sus  descendientes  y  la  calamidad 
de  sus  subditos  y  vasallos.  No  tan  solamente  no  se  prosiguió 
lo  que  era  bueno  y  no  contrario  á  nuestra  santa  fe  católica, 
sino  que  lo  más  de  ello  se  quemó  inadvertida  é  inconsiderada- 
mente por  orden  de  los  primeros  religiosos,  que  fué  uño  de 
los  primeros  daños  que  tuvo  esta  Nueva  España;  porque  en  la 
ciudad  de  Tezcuco  estaban  los  Archivos  Reales  de  todas  las 
cosas  referidas,  por  haber  sido  la  metrópoli  de  todas  las  cien- 
cias, usos  y  buenas  costumbres,  porque  los  Reyes  que  fueron 
de  ella  se  preciaban  de  esto  y  fueron  los  legisladores  de  este 
Nuevo  Mundo;  y  de  lo  que  escapó  de  los  incendios  y  calami- 
dades referidas,  que  guardaron  mis  mayores,  vino  á  mis  manos, 
de  donde  he  sacado  y  traducido  la  historia  que  prometo,  aun- 
que al  presente  en  breve  y  sumaria  relación,  ^  alcanzada  con 
harto  trabajo  y  diligencia  en  entender  la  interpretación  y  co- 
nocimiento de  las  pinturas  y  caracteres  que  eran  sus  letras,  y 
la  traducción  de  los  cantos  en  alcanzar  su  verdadero  sentido;  la 

1  Conservaban. 

2  Tanto  este  Prólogo  como  la  anterior  Dedicatoria,  se  escribieron  para  la 
Sumaria  Relación,  y  no  para  la  Historia  Chichimeca. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL,         19 

cual  irá  sucinta  y  liana,  sin  adorno  ni  ayuda  de  ejemplos;  ni 
tampoco  trataré  de  las  fábulas  y  ficciones  que  parecen  en  algu- 
nas de  sus  historias,  por  ser  cosas  superfinas.  Y  así  pido  muy 
encarecidamente  al  discreto  lector  supla  los  muchos  defectos 
que  hubiere  en  mi  modo  de  narrar,  que  lo  que  es  la  historia 
puede  estar  seguro  que  es  muy  fidedigna  y  verdadera,  y  apro- 
bada por  tal  de  toda  la  gente  principal  é  ilustre  de  esta  Nueva 
España. 


CAPITULO  I 


Que  trata  de  la  creación  del  mundo  y  sus  cuatro  edades,  que  loa  TUatOrieoa  de  esta 
Nueva  Espafla  dieron,  y  fin  de  cada  una  de  eUas, 


Los  más  graves  autores  y  históricos  que  hubo  en  la  antigüe- 
dad de  estos  naturales,  se  halla  haber  sido  Quetzalcoatl  el  pri- 
mero; y  de  los  modernos  Nezahualcoyotzin  rey  de  Tetzcuco,  y 
los  dos  infantes  de  México,  Itzcoatzin  y  Xiuhcozcatzin,  hijos 
del  rey  Huitzilihuitzin,  sin  otros  muchos  que  hubo  (que  en 
donde  fuere  necesario  los  citaré).  Declaran  por  sus  historias 
que  el  dios  TeoÜoquenaJiuaque  Tkuchihualdpal  nemoani  ü  cahua 
TlaMicpaque^^  que  quiere  decir  conforme  al  verdadero  sentido, 
el  Dios  universal  de  todas  las  cosas,  creador  de  ellas  y  á  cuya 
voluntad  viven  todas  las  criaturas,  Señor  del  cielo  y  de  la  tie- 
rra, etc.  el  cual  después  de  haber  creado  todas  las  cosas  vi- 
sibles é  invisibles,  creó  á  los  primeros  padres  de  los  hombres, 
de  donde  procedieron  todos  los  demás;  y  la  morada  y  habita- 
ción que  les  dio  fué  el  mundo,  el  cual  dicen  tener  cuatro  eda- 
des. La  primera  que  fué  desde  su  origen,  llamada  por  ellos 

1  La  creación  nabua  está  representada  en  la  primera  pintura  del  Oddice 
Vaticano.  Allí  se  ve  al  Ometecuhtli  ó  Tloquenahuaque  creando  los  cielos.  To 
creo  que  las  primeras  pinturas  de  ese  Códice^  son  la  reproducción  de  parte  del 
Teoamoxtli,  libro  de  los  nabuas  en  que  conservaban  sus  primitivas  tradicio- 
nes. 


22  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Atonatiuh,  ^  que  significa  sol  de  agua;  que  con  sentido  alegórico 
significan  con  este  vocablo,  aquella  primera  edad  del  mundo  ha- 
ber sido  acabada  con  el  Diluvio  é  inundación  de  las  aguas,  con 
que  se  ahogaron  todos  los  hombres  y  perecieron  todas  las  co- 
sas creadas. 

La  segunda  edad  llamaron  Tlalchitonatiuh,  que  significa  sol 
de  tierra,  por  haberse  acabado  con  terremotos,  abriéndose  la 
tierra  por  muchas  partes,  sumiéndose  y  derrocándose  sierras 
y  peñascos,  de  tal  manera  que  perecieron  casi  todos  los. hom- 
bres, con  cuya  edad  y  tiempo  fueron  los  gigantes  que  llamaron 
quinametintzocuilhicxime. 

La  tercera  edad  llamaron  Ecatonatiuh,  que  quiere  decir  sol 
de  aire,  porque  feneció  esta  edad  con  aire;  que  fué  tanto  y  tan 
recio  el  viento  que  hizo  entonces,  que  derrocó -todos  los  edifi- 
cios y  árboles  y  aun  deshizo  las  peñas,  y  pereció  la  mayor  parte 
de  los  hombres:  y  porque  los  que  escaparon  de  esta  calamidad 
hallaron  cantidad  ^de  monos  que  el  viento  debió  traer  de  otras 
partes,  dijeron  haberse  convertido  los  hombres  en  esta  espe- 
cie do  animales,  de  donde  nació  esta  fábula  tan  mentada  de 
las  Monas. 

Los  que  poseían  este  Nuevo  Mundo  en  esta  tercera  edad 
fueron  los  ulmecas  y  xicalancas;  y  según  por  sus  historias  se 
halla,  vinieron  en  navios  ó  barcas  de  la  parte  de  Oriente  hasta 

1  En  las  primeras  pinturas  del  Códice  Vaticano,  están  representados  los 
cuatro  soles  6  edades.  Para  evitar  errores,  reproduzco  aquí  su  orden  y  dura- 
ción: 

Atonatiuh 800  años. 

Shecatonatiuh 810  años. 

Tletonatiuh 964  años. 

Tlaltonatiuh « 1416  años. 

Los  cuatro  soles 8628  años. 

Como  la  fecha  del  último  sol  corresponde  al  año  de  217  antes  de  nuestra  era, 
resulta  de  antigüedad  á  la  raza  nahua  5768  años  hasta  la  presente  fecha. 
Véase  mi  Historia  Antigua,  Lib.  1?  Cap.  2? 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  23 

la  tierra  de  Potonchan/  desde  donde  comenzaron  á  poblarle;  y 
en  las  orillos  del  rio  Atoyac,  que  es  el  que  pasa  entre  la  ciudad 
de  los  Ángeles  y  Gholula,  hallaron  algunos  de  los  gigantes  que 
habían  escapado  de  la  calamidad  y  consumisión  de  la  segunda 
edad;  los  cuales  siendo  gente  robusta  y  confiados  en  sus  fuer- 
sas  y  mayoría  de  cuerpo,  se  señorearon  de  los  nuevos  pobla- 
dores de  tal  manera,  que  los  tenían  tan  oprimidos  como  si  fue- 
ran sus  esclavos;  por  cuya  causa  los  caudillos  y  gente  principal 
buscaron  modos  para  poderse  librar  de  esta  servidumbre,  y  fué 
en  un  convite  que  les  hicieron  muy  solemne:  después  de  re- 
pletos y  embriagados,  con  sus  mismas  armas  los  acabaron  y 
consumieron,  con  cuya  hazaña  quedaron  libres  y  exentos  de 
esta  sujeción  y  fué  en  aumento  su  señorío  y  mando.^ 

Y  estando  en  la  mayor  prosperidad  de  él,  llegó  á  esta  tierra 
un  hombre  á  quien  llamaron  Quetzalcoatl  y  otros  Huemac  por 
sus  grandes  virtudes,  teniéndolo  por  justo,  santo  y  bueno;  en- 
señándoles por  obras  y  palabras  el  camino  de  la  virtud  y  evi- 
tándoles los  vicios  y  pecados,  dando  leyes  y  buena  doctrina;  y 
para  refrenarles  de  sus  deleites  y  deshonestidades  les  instituyó 
el  ayuno,  y  el  primero  que  adoró  y  colocó  la  cruz  que  llama- 

1  Aquí  confunde  el  autor  las  emigraciones  de  los  mecas  con  las  de  las  razas 
del  Sur.  Los  pobladores  que  del  Oriente  llegaron  á  Potonchan,  fueron  los  cha- 
ñes, de  cuya  mezcla  con  la  raza  aborígene,  se  formó  la  maya-kichó.  Esta  raza 
emigró  rumbo  al  Norte,  y  fué  la  constructora  de  las  pirámides,  llegando  en  el 
centro  hasta  Cholula  y  Teotihuacan.  Esta  raza  está  representada  en  la  leyen- 
da por  los  quinametzin,  nombre  que  acaso  pueda  tener  alguna  relación  con 
el  de  Kitemaki,  primitivo  de  Teotihuacan.  Los  quiname  ó  vixtoti  hicieron  su 
invasión  hacia  el  siglo  décimo  antes  de  la  era  vulgar,  y  hasta  el  año  de  107  de 
nuestra  era  bajaron  del  N.O.  los  ulmecus  y  los  xicalancas,  estableciéndose  bajo 
la  dominación  de  aquellos,  los  ulmecas  á  orillas  del  Atoyac  y  los  xicalancas 
en  la  costa  según  unos  escritores,  y  en  Itzocan  y  Atlixco  según  otros.  Más 
tardo  la  mezcla  y  confusión  de  estas  razas  produjo  la  nonualca,  á  la  cual  en- 
contraron los  tol tecas  señora  de  Teotihuacan  y  Cholula. 

2  La  leyenda  de  la  destrucción  de  los  quiname  expresa  la  preponderancia  de 
los  mecas,  y  la  formación  de  la  nueva  raza  nonualca.  El  origen  de  llamar  gi- 
gantes á  los  quiname,  fué  sin  duda  el  descubrimiento  de  fósiles  de  paquider- 
mos, que  son  muy  abundantes  en  la  región  del  Atoyac. 


24  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

ron  Quiahuiteotlchicahualizleotl  y  otros  Tonacaquahuitl,  que 
quiere  decir:  dios  de  las  lluvias  y  de  la  salud  y  árbol  del  sus- 
tento ó  dte  la  vida.  El  cual  habiendo  predicado  las  cosas  refe- 
ridas en  todas  las  más  de  las  ciudades  de  los  ulmecas  y  xica- 
lancas,  y  en  especial  en  la  de  Gholula,  en  donde  asistió  más,  y 
viendo  el  poco  fruto  que  hacía  con  su  doctrina,  se  volvió  por 
la  misma  parte  de  donde  había  venido,  que  fué  por  la  de  Orien- 
te, desapareciéndose  por  la  costa  de  Goatzacoalco;  y  al  tiempo 
que  se  iba  despidiendo  de  estas  gentes  les  dijo,  que  en  los  tiem- 
pos venideros,  en  un  año  que  se  llamaría  ce  Acatl,  volvería,  y 
entonces  su  doctrina  sería  recibida  y  sus  hijos  serían  señores 
y  poseerían  la  tierra,  y  que  ellos  y  sus  descendientes  pasarían 
muchas  calamidades  y  persecuciones;  y  otras  muchas  profecías 
que  después  muy  á  las  claras  se  vieron.^ 

Quetzalcoatl  por  interpretación  literal,  signiñca  sierpe  de 
plumas  preciosas;  por  sentido  alegórico  varón  sapientísimo; 
y  Huemac,  dicen  unos  que  le  pusieron  este  nombre  porque  im- 
primió y  estampó  sobre  una  peña  sus  manos,  como  si  fuera  en 
cera  blanda,  en  testimonio  de  que  se  cumpliría  todo  lo  que  les 
dejó  dicho.  Otros  quieren  decir  que  significa  el  de  la  mano  gran- 
de ó  poderosa.  El  cual  ido  que  se  fué,  de  allí  á  pocos  días  suce- 
dió la  destrucción  y  asolamiento  referido  de  la  tercera  edad 
del  mundo;  y  entonces  se  destruyó  aquel  edificio  y  torre  tan 
memorable  y  suntuosa  de  la  ciudad  de  Gholula,  que  era  como 
otra  segunda  torre  de  Babel,  que  estas  gentes  edificaban  casi 
con  los  mismos  designios,  deshaciéndola  el  viento.  Y  después 
los  que  escaparon  de  la  consumisión  de  la  tercera  edad,  en  las 
ruinas  de  ella  edificaron  un  templo  á  Quetzalcoatl,  á  quien  co- 
locaron por  dios  del  aire,  por  haber  sido  causa  de  su  destruc- 
ción el  aire,  entendiendo  ellos  que  fué  enviada  de  su  mano 

1  Aquí  refiere  el  autor  la  leyenda  de  Quetzalcoatl  á  la  época  de  los  ulm»- 
caS|  mientras  otros  escritores  la  ponen  en  tiempo  de  los  toltecas.  Esto  confirma 
que  esa  leyenda  es  puramente  astronómica,  y  representa  !a  aparición  y  desa- 
parición periódica  en  el  Oriente  de  la  estrella  de  la  tarde,  á  la  cual  los  nahuas 
llamaban  Quetzalcoatl. 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTLILXOCHITL.  25 


esta  calamidad;  y  le  llamaron  asimismo  Ce  Acatl  que  fué  el  nom- 
bre del  año  de  su  venida.  Y  según  parece  por  las  historias  re- 
feridas y  por  los  anales,  sucedió  lo  uno  ^  referido  algunos  años 
después  de  la  Encarnación  de  Cristo  Señor  nuestro;  y  desde 
este  tiempo  acá  entró  la  cuarta  edad  que  dijeron  llamarse  Tle- 
tonatiuc,  2  que  significa  sol  de  fuego,  porque  dijeron  que  esta 
cuarta  edad  del  mundo  se  ha  de  acabar  con  fuego.  Era  Que- 
tzalcoatl  hombre  bien  dispuesto,  de  aspecto  grave,  blanco  y 
barbado.  Su  vestuario  era  una  túnica  larga. 

1  Creo  que  debe  decir,  en  lugar  de  uno,  antes. 

2  Tletonatiuh. 


CAPITULO  II 


Que  traía  del  origen  y  venida  de  la  nación  tuUecaj  reyes  y  eaudülot  que  tuvieron 
y  de  sus  poblaciones  y  caeos  acaecidas  en  su  tiempo. 


En  esta  cuarta  edad  llegaron  á  esta  tierra  de  Analiuac,  que 
se  dice  al  presente  Nueva  España,  la  nación  tulteca,  los  cua- 
les según  parece  por  sus  historias,  fueron  desterrados  de  su 
patria,  y  después  de  haber  navegado  y  costeado  diversas  tierras 
hasta  donde  es  ahora  la  California  por  la  mar  del  Sur,  llega- 
ron á  la  que  llamaron  Huitlapalan,  ^  que  es  la  que  al  presente 
llaman  de  Cortés,  que  por  parecer  bermeja  le  pusieron  el  nom- 
bre referido,  en  el  año  que  llamaron  ce  Tecpatl,  que  fué  en  el 
de  387  de  la  Encarnación  de  J.  C.  Y  habiendo  costeado  la  tie- 
rra de  Xalisco  ^  y  toda  la  costa  del  Sur,  salieron  por  Huatulco  y 
andando  por  diversas  tierras  hasta  la  provincia  de  Tochtepec, 
que  cae  en  la  costa  del  mar  del  Norte;  y  habiéndola  andado  y 
ojeado,  vinieron  á  parar  en  la  Provincia  de  Tolantzinco,  ^  de- 
jando en  los  mejores  lugares  y  puestos  alguna  de  la  gente  que 
traían  para  poblarlos.  Esta  nación  fué  la  tercera  que  pobló  es- 
ta Nueva  España,  contando  por  la  primera  á  los  gigantes,  y  los 
segundos  á  los  ulmecas  y  xicalancas.  Estando  en  el  puesto  de 
Tolantzinco  contaron  104  años  que  habían  salido  de  su  patria; 

1  HueytlapaUan  6  Huehuetlapallan. 

2  Xalixco  6  Xalizco. 
8  Tollantzinco. 


28  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

los  cuales  traían  siete  caudillos,  que  por  sus  tiempos  siempre 
entre  eslos  siete  elegían  uno  que  los  gobernaba.  El  19  de  estos 
se  llamaba  Tlacomihua,  aunque  otros  lo  llaman  Acatl;  el  2?  se 
llamaba  Chalchiuhmatzin;  el  39  Almecatl;  el  49  Coatzon;  el  59 
Tziuhcoatl;  el  69  Tlapalhuitz;  el  79  y  último  Huitz.  ^  Los  cuales 
después  poblaron  la  ciudad  de  Tolan,  ^  que  fué  la  cabeza  de  su 
monarquía  é  imperio,  por  parecerles  lugar  conveniente  y  pa- 
sar por  el  río. 

Y  á  los  siete  años  de  su  fundación  eligieron  rey  y  señor 
supremo,  que  fué  el  primero  que  tuvieron.  ^  Este  se  llamaba 

1  Estos  nombres  son  diferentes  en  las  Relaciones  del  mismo  autor.  £n  la 
Relación  Sucinta  los  llama:  Zaca  (acaso  por  Ce  Acatl),  Chalcatzin,  Ecatiin, 
Oohuatzo  (Cohuatzon),  Tzihuacohuatl,  Tlapalmetzoltzin  y  Metzoltzin.  En 
las  Noticias  de  los  Pobladores  los  llama:  Acatl,  Chalcatzin,  Cliecatl,  Cohua- 
tzon, Mazacohuatl  6  Tziuhcohuatl,  Tlapalhuitz  y  Huitz.  Estas  diferencias  se 
deben  atribuir  á  algunas  interpretaciones  diversas  de  los  jeroglíficos,  y  princi- 
palmente á  errores  de  los  copiantes.  Haciendo  las  debidas  correcciones,  resul- 
tan los  siguientes  nombres:  Acatl,  Chalcatzin,  Khecatzin,  Cohuatzon,  Tziuh- 
cohuatl, Tlapalhuitz  y  Huitz. 

2  Tollan. 

3  Esta  tradición  de  los  reyes  toltecas,  tal  como  lo  trae  Ixtlilxochitl,  co- 
rresponde á  la  Historia  convencional,  acostumbrada  por  nuestros  antiguos 
pueblos;  y  bastaría  para  comprenderlo,  el  período  de  cincuenta  y  dos  años  de 
cada  reinado.  Tradición  era  sin  duda,  acaso  conservada  en  cantares,  pues  la 
recoge  también  Torquemada  en  el  cap.  14  del  libro  1?  de  su  Monarqía  Indiana. 

Pero  en  contraposición,  tenemos  los  Anales  de  Cuauhtitlan,  que  son  la  ex- 
plicación en  mexicano,  hecha  á  raíz  de  la  Conquista,  de  un  jeroglífico;  por  lo 
cual  merece  mayor  fe,  así  como  por  la  lógica  histórica  de  los  acontecimientos 
que  relata.  Sacando  con  exactitud  las  fechas  que  corresponden  á  las  mexica- 
nas de  aquel  códice,  resultan  los  siguientes  hechos: 

Los  toltecas  ocupan  la  ciudad  do  Mam-he-mi  y  la  llaman  Tollan  en  el  año 
674.  Su  gobierno  fué  teocrático  hasta  el  año  700.  Su  primer  rey  fué  Mixcoa- 
mazatzin,  y  gobernó  del  700  al  765.  Loá  dos  reyes  siguientes  fueron  Huetzin 
y  Totepeuh,  cuyo  gobierno  abarcó  hasta  el  año  de  887.  El  cuarto  íUé  Ilhui- 
tilmaitl,  que  reinó  hasta  925.  Se  siguió  la  primera  teocracia  de  los  Quetzal- 
coatí,  y  gobernó  Topiltzin  Quetzalcoatl  hasta  947.  Después  reinaron:  Matlac- 
xochitl  hasta  982;  Nauhyotzin  hasta  997;  Matlacoatzin  hasta  1025,  y  Tlicoa- 
tzin  hasta  1046.  Siguió  la  teocracia  de  Huemac,  en  oposición  á  los  Quetzal- 
coatl, hasta  1048;  y  entonces  se  sobrepusieron  éstos,  y  gobernó  esta  tercera 
teocracia  el  segundo  Quetzalcoatl,  hasta  1116  fecha  de  la  destrucción  de  ToUan. 


.      DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  29 

Ghalchiuhtianetzin  ó  Chalchiuhtlatonac,  que  fué  en  e)  año  que 
llaman  chicóme  Acatl,  el  cual  fué  en  el  de  510  de  la  Encarna- 
ción. Este  rey  gobernó  52  años,  en  cuyo  tiempo  fueron  los  de 
esta  nación  en  grande  aumento  y  trabaron  parentesco  y  amis- 
tad con  los  naturales  que  á  la  sazón  había  en  la  tierra,  tenién- 
dolos debajo  de  su  dominio  y  señorío.  Al  cual  le  sucedió  Tlil- 
quechahuac  Tlalchinoltzin,  que  entró  á  reinar  en  el  año  asi- 
mismo llamado  chicóme  Acatl,  que  fué  en  el  de  562,  el  cual 
reinó  otros  tantos  y  murió  en.  el  de  613  de  la  Encarnación,  que 
llaman  chicuacen  Tochtli,  y  heredóle  en  el  imperio  Huetzin 
que  reinó  otros  52  años,  por  ser  costumbre  entre  ellos  reinar 
de  50  en  52  años;  ^  y  si  antes  de  cumplirlos  moría,  gobernaba 
la  república.  Este  rey  Huetzin  murió  en  el  de  664,  y  asimis- 
mo en  el  que  llaman  chicuacen  Tochtli.  Sucedióle  después 
Totepeuh,  que  reinó  otros  tantos  años  y  murió  en  el  año  lla- 
mado macuili  Galli,  que  fué  en  el  de  716  de  la  Encarnación;  y 
por  su  fin  y  muerte  entró  en  la  sucesión  Nacazxoch,  el  cual 
reinó  otros  tantos  52  años  y  acabó  en  el  de  768,  que  también 
se  llamó  macuili  Calli,  á  quien  heredó  el  imperio  Tlacomihua. 
Este  engrandeció  y  amplió  mucho  su  imperio,  hizo  muy  gran- 
des y  suntuosos  edificios,  entre  los  cuales  fué  el  templo  de  la 
Rana,  que  colocó  por  Diosa  de  la  Agua;  el  cual  reinó  59  años, 
pasando  y  excediendo  el  orden  de  sus  pasados;  y  murió  en  el 
año  de  826,  que  llaman  matláctloce  Acatl,  y  por  su  fin  y  muer- 
te le  sucedió  la  Reyna  Xiuhquentzin,  que  reinó  4  años  y  falle- 
ció en  el  de  ome  Acatl,  que  fué  en  el  de  830;  á  la  cual  sucedió 
en  el  imperio  Iztaccaltzin,  padre  de  Topiltzin,  en  cuyo  tiempo 
se  destruyó  esta  nación. 

1  Debe  ser  de  52  en  62. 


CAPITULO  III 


Que  trcOa  de  la  viday  hechos  de  ItíaecaUzin  y  ZbpiZtein,  ^HÜmoe  mxmwrecsM  de  loe 
tuUeccu,  en  cuyo  tiempo  se  acabó  eu  imperio. 


Habiendo  sucedido  Iztaccaltzin  en  el  imperio,  reinó  52  años, 
que  filé  el  tiempo  que  constituyeron  sus  antepasados;  en  cuyo 
discurso  trató  amores  con  Quetzalxochitzin,  esposa  de  un  ca- 
ballero llamado  Papantzin  descendiente  de  la  casa  real;  y  en 
esta  señora  tuvo  este  rey  á  Topiltzin,  y  aunque  adulterino,  le 
sucedió  en  el  reyno  ó  imperio,  que  ñié  en  el  de  882  de  la  En- 
camación de  N.  S.  J.,  que  asimismo  se  llama  ome  Acatl;  por 
cuya  causa  algunos  de  los  reyes  y  señores  sus  vasallos  se  le- 
vantaron contra  él:  unos  pretendiendo  para  si  el  imperio,  pa- 
reciéndoles  ser  más  propincuos  y  dignos  de  él,  y  otros  en  ven- 
ganza del  adulterio,  que  fueron  los  más  señalados  Cioanacotzin, 
Huetzin  y  Mixiotzin,  reyes  y  señores  que  eran  de  las  provin- 
cias que  caían  en  las  costas  del  mar  del  Norte.  Y  es  asi  que 
habiendo  reinado  los  52  años  referidos  el  rey  Iztaccaltzin,  hi- 
zo jurar  á  su  hijo  Topiltzin,  hallándose  en  la  jura  algunos  de 
los  reyes  y  señores  que  le  eran  amigos,  como  fueron  Iztac- 
quauhtzin  y  Maxtlatzin. 

Luego  que  entró  Topiltzin  en  la  sucesión  del  imperio,  hubo 
grandes  presagios  de  su  destrucción,  y  se  cumplieron  ciertos 
pronósticos  y  profecías  que  habían  pronosticado  sus  mayores; 
que  fueron  entre  otras  muchas,  que  cuando  imperase  un  rey 


32  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

que  tuviese  el  cabello  levantado  desde  la  frente  hasta  la  nuca, 
como  á  manera  de  penacho,  en  su  tiempo  había  de  acabarse 
esta  monarquía  tulteca.  Y  que  asimismo  los  conejos  en  este 
tiempo  habían  de  criar  cuernos  como  venados,  y  el  pájaro  Hui- 
tzitzilin  criar  espolón  como  gallipavo;  todo  lo  cual  sucedió  así, 
porque  el  rey  Topiltzin  tuvo  el  cabello  como  está  dicho,  y  se 
vido  en  el  tiempo  de  su  reinado  acaecer  lo  referido  en  los  co- 
nejos y  huitzitzilies;  y  acaecieron  otros  prodigios  de  que  causó 
grande  espanto  y  alteración  al  rey,  y  mandó  juntar  á  los  sa- 
cerdotes y  adivinos  para  que  le  declarasen  lo  que  significaba; 
y  habiéndole  dicho  ser  de  su  destrucción  según  por  las  histo- 
rias parece,  mandó  llamar  á  sus  mayordomos  y  entregarles  sus 
tesoros,  que  eran  los  mayores  que  hubo  en  aquel  tiempo,  para 
que  los  retirasen  en  la  provincia  de  Quiahuiztlan,  temiéndose 
de  los  reyes  sus  contrarios:  y  tras  de  los  prodigios  y  señales 
comenzó  la  hambre  y  esterilidad  de  la  tierra,  pereciendo  la 
mayor  parte  de  las  gentes  y  consumiéndose  de  gorgojo  y  gu- 
sanos los  bastimentos  que  tenían  en  sus  trojes ,  y  otras  muchas 
calamidades  y  persecuciones  del  cielo,  que  parecía  caer  fue- 
go; y  fué  tan  grande  la  seca  que  duró  26  años,  de  tal  manera 
que  se  secaron  los  ríos  y  fuentes. 

Y  viendo  los  reyes  sus  contrarios  cuan  falto  estaba  de  fuer- 
zas y  sustento,  vinieron  contra  él  con  un  poderoso  ejército,  y 
á  pocos  lances  le  fueron  ganando  muchas  ciudades  hasta  ve- 
nir á  apoderarse  de  la  de  Tula,  cabecera  del  imperio;  y  aun- 
que salieron  huyendo  de  ella  el  rey  Topiltzin  con  toda  su  gen- 
te, á  pocas  jomadas  les  fueron  dando  alcance  y  matando,  y  el 
primero  que  murió  fué  el  rey  viejo  Iztacquauhtzin  su  padre, 
y  con  él  la  dama  Quetzalxochitl,  que  tenían  ambos  casi  una 
edad,  que,  según  está  en  las  historias,  eran  de  casi  de  á  150 
años.  Y  en  la  provincia  de  Totolapan  alcanzaron  á  los  dos  re- 
yes Iztaccalihtzin  y  Mautla  ^  (conferados  de  Topiltzin),  en  donde 

1  Antes  los  llama  Iztacquauhtzin  y  Maxtla.  Este  sin  duda  es  error  del  co- 
piante. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  33 

les  dieron  desastrosa  muerte,  por  más  que  se  defendieron;  y  el 
rey  Topiltzin  se  perdió,  que  nunca  más  ge  supo  de  él;  y  de  dos 
hijos  que  tenía  sólo  el  uno,  que  fué  el  Príncipe  Pochotl,  lo  es- 
capó Tochcucie,  ^  que  a«í  se  decía  la  ama  que  lo  criaba  en  los 
desiertos  de  Nonoalco;  y  los  pocos  de  los  tultecas  que  esca- 
paron en  las  montañas  y  sierras  fragosas,  y  entre  los  carrizales 
de  la  laguna  de  Colhuacan.  Este  fin  tuvo  este  imperio  de  los 
tultecas  que  duró  572  años,  ^  y  viéndole  tan  arruinado  los  re- 
yes que  vinieron  á  sojuzgarle,  se  volvieron  á  sus  provincias,  y 
aunque  victoriosos,  muy  derrotados  y  con  pérdida  de  la  ma- 
yor parte  de  sus  ejércitos,  que  perecieron  de  hambre;  y  la  mis- 
ma calamidad  corrió  en  sus  tierras,  porque  fué  generalmente 
la  seca  y  esterilidad  de  la  tierra,  pareciendo  ser  permisión  de 
Dios  que  por  todas  vías  fuese  castigada  esta  nación,  pues  de  la 
una  y  otra  parte  apenas  quedaron  algunos.  ^ 

Estos  tultecas  eran  grandes  artífices  de  todas  las  artes  me- 
cánicas: edificaron  muy  grandes  é  insignes  ciudades,  como  fue- 
ron Tolan,  Teotihuacan,  Chololan,  ^  Tolantzinco  y  otras  muchas, 
como  parece  por  las  grandes  ruinas  de  ellas.  Su  vestuario  era 
unas  túnicas  largas  á  manera  de  los  ropones  que  usan  los  ja- 
poneses, y  por  calzado  traían  unas  sandalias,  y  usaban  unos  á 
manera  de  sombreros  hechos  de  paja  ó  de  palma.   Eran  poco 

1  Tochcueye. 

2  Según  las  épocas  anteriores  y  la  que  pone  al  fin  de  este  capítulo,  sólo  du- 
ró el  imperio  tulteca  456  años,  aunque  se  cuente  desde  la  fundación  de  Tu- 
la, hecha  7  años  antes  de  la  elección  del  primer  rey;  que  si  se  cuenta  desde 
ésta,  que  dice  el  autor  en  el  capítulo  anterior  (que  fué  el  año  de  510),  hasta  el 
de  959  (que  dice  al  fin  de  éste  que  fué  la  última  y  total  destrucción),  sólo  pa- 
saron 449  años. — Nota  del  Original. 

8  Aquí  el  autor  supone,  y  generalmente  se  repite,  que  Tollan  fué  comple- 
tamente destruida  y  abandonada.  Adelante  se  verá,  que  más  tarde  los  reyes  chi- 
chimecas  tuvieron  que  ir  sobre  ella;  porque  se  había  rebelado;  lo  que  prueba 
que  estaba  habitada;  y  así  la  encontraron  los  españoles.  Lo  mismo  se  ha  dicho 
de  Teotihuacan;  pero  no  solamente  siguió  habitada,  sino  que  tenemos  los  nom- 
bres de  sus  señores,  desde  Xolotl  hasta  la  Conquista. 

4  Tollan  ó  Tula  había  sido  construida  por  los  otomíes;  y  Teotihuacan  y 
Cholula  por  los  vixtoti. 

Tomo  II— 4 


34      OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

guerreros,  aunque  muy  republicanos;  y  eran  grandes  idólatras. 
Tenían  por  particulares  dioses  al  sol  y  á  la  luna;  y  según  pa- 
rece por  las  historias  referidas,  vinieron  por  la  parte  de  Po- 
niente costeando  por  la  mar  del  Sur.  ha.  última  y  total  des- 
trucción fué  en  el  año  de  959  de  la  Encarnación  que  llaman  ce 
Tecpatl,  siendo  Pontífice  de  la  Iglesia  de  Dios  Joannes  XII,  y 
Emperador  de  Alemania  Othón  I.  y  Rey  de  Castilla  D.  García. 


CAPITULO  IV 


QuetrcUadelavenidaypobUición  que  hizo  el  gran  cTUchimeca  Xolotl  en  loa  tierra» 

de  los  tuUecas, 


Habían  pasado  cinco  años  que  los  tuUecas  se  habían  des- 
truido y  estaba  la  tierra  despoblada,  cuando  vino  áella  el  gran 
chíchimeca  Xolotl  á  poblarla,  teniendo  notica  por  sus  explora- 
dores de  su  destrucción,  que  fué  en  el  año  de  963  de  la  Encar- 
nación de  Cristo  N.  S.  que  llaman  macuili  Tecpatl;  el  cual  sa- 
lió de  hacia  la  parte  septentrional  y  de  la  región  y  provincia 
que  llaman  Chicomoztoc,  y  habiendo  entrado  por  los  términos 
y  I  ierra  de  los  tultecas  hasta  llegar  á  la  ciudad  de  Tolan,  ca- 
becera del  imperio,  en  donde  halló  muy  grandes  ruinas  des- 
pobladas y  sin  gente,  por  lo  que  no  quiso  hacer  asiento  en  Tu- 
la, sino  que  prosiguió  con  sus  gentes  enviando  siempre  explo- 
radores por  delante,  para  que  viesen  si  hallaban  alguna  de  la 
gente  que  hubiese  escapado  de  la  destrucción  y  calamidad  de 
esta  nación,  y  cuáles  eran  los  mejores  puestos  y  lugares  para 
su  habitación  y  población.  El  cual  llegó  á  un  lugar  que  se  lla- 
ma Tenayocan  Oztopolco,  lugar  de  muchas  cuevas  y  cavernas,  ^ 

1  Yh  en  este  punto  podemos  ocurrir  á  pintnras  jeroglíficas  auténticas.  El 
mapa  Tlotzin  nos  presienta  en  primer  término  la  llegada  de  las  tribus  peregri- 
nas, «ii^iiificadas  ahí  por  sus  jefes.  Estos  son:  Xulotl,  que  aquí  tiene  el  nombro 
jeroglífico  de  Amacui  expresado  con  una  hoja  de  pupcl  amatl,  y  su  mujer, 
que  en  lugar  de  Tomyauh,  se  Huma  en  la  pintura  Muiinulxochitxin;  Nopal- 
tzin  su  hijo  con  su  mujer  «'uauhcihuatl  6  Azcaxochitl;  y  Tlotzin  con  su  mu- 
jer Tacxochitzin  6  Icpacxochitzin. 


"36  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

que  era  la  principal  habitación  que  esta  nación  tenía;  de  buen 
temple,  aires  y  de  buenas  aguas,  opuesta  al  nacimiento  del 
«ol,  cerca  de  la  laguna  que  ahora  se  llama  mexicana;  que  con 
-su  acuerdo  y  con  el  de  los  más  principales  de  su  ejército,  se 
fundó  allí  su  corte  y  principal  morada,  y  habiendo  tomado  la 
^posesión  quieta  y  pacífica  sobre  toda  la  tierra  que  contenía 
dentro  de  todos  los  términos  del  imperio  de  los  tultecas,  por 
■sí  y  por  la  de  sus  caudillos  y  capitanes  (que  los  más  principa- 
les de  ellos  eran  seis  señores  que  se  llamaban  Acatomatl,  Qua- 
Tiuatlapal,  Cozcaquauh,  Mitliztac,  Tecpan,  Iztacquauhtlila),  po- 
1)10  con  las  gentes  de  su  ejército,  que  fué  el  mayor  número 
que  se  halla  en  las  historias  haber  tenido  ningún  príncipe  de 
los  más  poderosos  que  hubo  antes  ni  después  en  este  Nuevo 
Mundo:  era  más  de  un  millón,  y  las  tierras  que  pobló  este  gran 
ejército  en  su  primer  asiento  fueron  todas  las  que  caen  de  la 
parte  de  adentro  de  las  sierras  de  Xocotitlan,  Chiuhnauhtecatl, 
Malinalocan,  Itzocan,  Atlixcahuacan,  Temalacatitlan,  Poyauh- 
tlan,  Xiuhtecuhtitlan,  Zacatlan,  Tenamitec,  Quauhcbinanco, 
Tototepec,  Meztitlan,  Quachquetzaloyan,  Atotonilco  y  Quahua- 
can,  hasta  tornar  á  dar  con  la  sierra  referida  de  Xocotitlan,  ^ 
que  todo  ello  contiene  más  de  doscientas  leguas  de  circunfe- 
rencia; y  los  pocos  tultecas  que  habían  escapado  de  su  des- 

1  Por  sublimar  á  Xolotl,  sin  duda  los  cantares  extendieron  sus  conquistas 
á  un  territorio  muy  grande,  que  ni  después,  en  su  mayor  apogeo,  poseyeron 
los  chichimecas.  Verdad  es  que  otras  tribus  mecas,  desde  antes,  se  habían 
•avanzado  hasta  la  región  del  Sur;  pero  los  chichimecas  de  Xolotl  solamente 
<>cuparon  la  región  tolteca,  do  Tollan  á  Teotihuacan,  sin  llegar  á  Cholula,  y 
penetraron  en  nuestro  valle  hasta  la  ciudad  tolteca  de  Cactenitzco,  después 
Tetzeuco.  Estaban  pues  limitados  en  nuestro  valle,  al  Sur  por  los  chalcas,  al 
Poniente  por  los  tepanecas,  y  no  tenían  ningún  dominio  en  los  lagos.  Esto  con- 
firma la  idea,  expuesta  en  mi  Historia  Antigua,  de  que  estos  chichimecas  fue- 
ron los  destructores  del  señorío,  tolteca.  En  efecto,  Xosotl  ocupó  á  Tollan  y 
clespiiós  á  Teotihuacan;  pero  pueblo  troglodita  el  suyo,  no  se  avino  á  la  vida 
de  la  ciudad,  y  fué  á  buscar  para  su  habitación  las  cuevas  del  Norte  de  nues- 
tro valle,  dejando  á  las  ciudades  con  los  moradores  que  habían  sobrevivido  á 
jas  guerras,  imponiéndoles  tributos,  y  nombrándoles  gobernantes:  así  el  seño- 
río de  Teotihuacan  se  dio  á  Teochintecuhtli. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL,  37 

trucción,  los  dejó  vivir  en  los  puestos  y  lugares  en  donde  esta- 
ban reformados  y  poblados  cada  uno  con  su  familia,  que  fué 
en  Chapoltepec,  Colhuacan,  Tlatzalantepexóxoma,  Totolapan, 
Quauhquecholan,  y  hasta  las  costas  del  mar  del  Norte  en  To- 
zapan,  Tochpan,  Tziuhcoac  y  Xicotepec,  y  lo  mismo  en  Cho- 
lolan,  aunque  algunos  de  ellos  no  pasaron  sino  hasta  la  tierra» 
de  Nicaragua  á  donde  fueron  á  poblar,  y  á  otras  tierras  remo- 
tas, en  donde  no  llegó  con  tanta  fuerza  la  seca  y  calamidad  re- 
ferida. 

Este  gran  chichimecatl  traía  por  mujer  á  la  reina  Tomyauh 
en  quien  tuvo  al  Príncipe  Nopaltzin,  que  ya  era  mancebo  cuan- 
do vino  á  estas  partes,  y  era  uno  de  los  más  principales  cau»- 
dillos  de  su  ejército;  y  asimismo  tuvo  otros  dos  hijos  en  ella  que: 
nacieron  en  Tenayocan  en  donde  tenía  su  corte,  que  fueron  las 
infantas  Cuetlaxxochitzin  y  Tzihuacxochitzin.  El  cual  proce- 
día del  antiquísimo  linaje  de  los  reyes  teochichimecas,  cuyo 
imperio  y  señorío  estaba  debajo  del  Septentrión,  cuales  fueron 
Nequametl  Namacuix  y  otros  muchos,  según  parece  por  la  his- 
toria de  los  reyes  chichimecas,  y  lo  declara  el  canto  que  com- 
pusieron los  infantes  de  México  Xiuhcozcatzin  y  Izcoatzin,  que- 
se  intitula  canto  de  la  historia  de  los  reyes  chichimecas.  T 
este  apellido  y  nombre  de  chichimeca  lo  tuvieron  desde  s\x 
origen,  que  es  vocablo  propio  de  esta  nación,  que  quiere  decir 
los  águilas,  y  no  lo  que  suena  en  la  lengua  mexicana,  ni  la  in- 
terpretación bárbara  que  le  quieren  dar  por  las  pinturas  y- 
caracteres,  porque  allí  no  significa  los  mamones  (ó  chupado- 
res), sino  los  hijos  de  los  chichimecas  habidos  en  las  mujeres- 
tultecas;  aprovechándose  los  históricos  de  los  labios  que  con- 
cluyen la  partícula  te  para  poder  pronunciar  tepilhuan.  ^ 

1  Como  los  chichimecas  traían  lengua  propkt,  posible  es  que  en  ella  signi- 
ficara su  nombre  águilas.  No  podemos  confirmarlo,  porque  esa  lengua  está  per-* 
dida,  pues  después  los  chichimecas  adoptaron  por  suya  la  mexicana.  Los  que 
han  querido  derivar  de  ésta  el  nombre  chichimeca,  han  dado  absurdas  etimo- 
logías; y  como  dice  aquí  el  autor,  han  querido  derivarlo,  de  manera  absurda, 
de  una  antigua  pintura  que  llama  de  los  mamones.   Esta  nada  tiene  que  vei^ 


38  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Había  poco  más  de  veinte  años  que  este  gran  poblador  esta- 
ba poblando,  cuando  comenzaron  á  venir  otros  seis  caudillos  de 
su  misma  nación,  también  con  cantidad  de  gente,  que  venían 
en  su  seguimiento,  entrando  cada  caudillo  un  año  tras  otro;  el 
primero  de  los  cuales  se  llamaba  Xiyotecua;  el  segundo  Xiyo- 
tzoncua;  el  tercero  Zacatilechcochi;  el  cuarto  Huihuaxtzin;  el 
quinto  Tepotzoteaca;  el  sexto  y  últimimo  Itzcuintecua:  á  los 
cuales  recibió  y  mandó  poblar  en  las  tierras  y  términos  de  Te- 
petlaoztoc.^  Y  habiéndose  reformado  los  tul  tecas  que  habían 
escapado  de  su  destrucción  y  calamidad,  y  teniendo  por  su  ca- 
beza principal  á  Nauhyolzin,  que  residía  en  Culhuacan,  suegro 
que  vino  á  ser  del  príncipe  Pochotl,  acordó  el  gran  cbichimeca 
Xolotl  de  pedirles  le  diesen  un  cierto  tributo  y  reconocimiento 
eomo  á  supremo  y  universal  señor  que  era  de  esta  tierra  de  Ana- 
huac.  Nauhyotzin  en  nombre  de  todos  los  demás  de  su  nación 
respondió:  "que  la  tierra  la  habían  poseído  sus  mayores  á  quie- 
nes pertenecía;  y  que  jamás  ellos  reconocieron  ni  pagaron  tri- 
buto á  ningún  señor  extraño,  y  que  así  ellos,  aunque  eran  pocos 
y  estaban  acabados,  pretendían  guardar  su  libertad  y  no  reco- 
nocer á  nadie,  sino  tan  solamente  al  sol  y  á  los  demás  sus 
dioses."  Y  vista  por  Xolotl  su  determinación  y  que  por  medios 
de  paz  no  habían  querido  allanarse,  lo  remitió  á  las  armas;  y 
así  despachó  al  príncipe  Nopaltzin  su  hijo  con  razonable  ejér- 
cito, que  fué  menester  poca  gente,  porque  sus  contrarios,  aim- 
que  juntaron  toda  la  más  que  pudieron,  no  eran  tan  aventaja- 
dos en  la  milicia  como  los  chichimecas.  Dióse  la  batalla  en  la 
laguna  y  carrizales  de  Colhuacan;  y  aunque  los  culhuas  tenían 
el  campo  aventajado  para  pelear  en  canoas,  en  pocos  lances 
fueron  vencidos  y  desbaratados  por  el  príncipe  Nopaltzin;  y 

con  los  chichimecas;  forma  parte  de  la  Teogonia  nahua,  se  refiere  al  árbol  de 
tlechede  la  mansión  de  los  niños  muertos,  y  puede  verse  en  su  propio  lugares 
ol  CiSdice  Vaticano. 

I  £n  la  segunda  relación  de  los  señores  chichimecas,  los  llama  el  autor. 
Xiotecua,  Xiotzonocua,  Zaoatitexcotzin,  Huitzihuaxtzin,  Tepozotecua  é  Iz- 
cuitecah. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  39 

habiéndolos  sojuzgado  restituyó  en  el  señorío  de  los  culhuas 
á  Achitometl  (que  á  esta  sazón  se  llamaban  así  los  del  linaje 
de  los  tultecas),  con  cierto  reconocimiento  que  diesen  en  cada 
un  año  al  gran  chichimecatl  Xolotl  su  padre.  Esto  acaeció  en 
el  año  de  984  de  la  Encarnación  de  Cristo  N.  S.,  y  en  el  que 
llaman  matlactli  omey  Calli.  ^ 

1  Habiendo  sido  la  destrucción  de  Tula  nn  1116,  esto  año  mexicano  corres- 
ponde al  1141. 


CAPITULO  V 


Que  trola  de  la  venida  de  I09  actUhtias,  tepanecas  \y  otomlet^  y  de  otnno  XoloÜ  los  re- 
eibió  y  les  dio  señoríos  y  tierras  en  que  poblaserif  casmido  á  los  dos  catetos  con  sus 
doshifaSt  y  de  los  hifos  que  tuvieron;  y  oHmismo  del  casamiento  del  principe  No 
patízin  y  de  los  hifos  que  tuvo. 


Había  cuarenta  y  siete  afios  cumplidos  que  Xolotl  estaba  en 
esta  tierra  de  Anahuac  poblándola,  y  cincuenta  y  dos  de  la  úl- 
tima destrucción  de  los  tol tecas,  que  ya  era  el  año  de  mil  y 
once  ^de  la  Encarnación  de  Cristo  Nuestro  Señor,  cuando  llega- 
ron la  nación  de  los  aculhuas,  los  cuales  salieron  de  las  últi- 
mas tierras  de  la  provincia  de  Miehuacan,  que  eran  de  la  mis- 
ma nación  de  los  chichimecas  michhuaque,  aunque  venían 
divididos  en  tres  parcialidades,  que  cada  una  de  ellas  tenían 
diferente  lenguaje,  trayendo  cada  una  de  ellas  s\x  caudillo  y 
señor.  Los  que  se  llamaban  tepanecas  traían  por  caudillo  á 
Acolhua,  que  era  el  más  principal  de  los  tres;  el  segundo  se 
decía  Chiconquauh,  caudillo  y  señor  de  los  otomíes,  que  era 
de  las  tres  la  más  remota  y  de  lenguaje  muy  extraño  y  dife- 
rente; y  según  sus  historias  parece  que  vinieron  de  la  otra  parte 
de  aquel  mar  mediterráneo  que  llaman  bermejo^  que  es  hacia 
donde  caen  las  Californias.  El  tercero  se  llamaba  Tzonteco- 
matl,  caudillo  y  señor  de  los  verdaderos  aculhuas:  los  cuales 
se  fueron  á  la  presencia  de  Xolotl  para  que  los  admitiese  en  su 

1  Debe  ser  1168. 


42  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


señorío  y  diese  tierra  en  que  poblasen,  el  cual  teniendo  muy 
entera  relación  de  ser  estos  caudillos  de  alto  linaje  se  holgó 
infinito;  y  no  tan  solamente  los  admitió,  sino  que  también  les 
dio  tierras  en  que  poblasen  los  vasallos  que  traían,  y  los  dos 
de  ellos  los  casó  con  sus  dos  hijas,  dándoles  con  ellas  pueblos 
y  señoríos;  casando  á  la  infanta  Cuetlaxxochitzin  con  Aculhua 
y  le  dio  con  ella  la  ciudad  de  Azcaputzalco  por  cabeza  de  su 
señorío;  y  á  la  otra  infanta  Tzihuacxochitl  ^  la  casó  con  Chicon- 
quauhtli,  y  le  dio  á  Xaltocan  por  cabeza  de  su  señorío,  que  lo 
fué  muchos  años  de  la  nación  otomíe.  ^  A  Tzontecomatl  caudi- 
llo de  los  Aculhuas,  le  dio  á  Cohuatlichan  por  cabeza  de  su 
señorío,  y  le  casó  con  Quatetzin,  hija  de  Chalchiuhtlatonac  se- 
ñor de  la  nación  tulteca,  y  uno  de  los  primeros  señores  de  la 
provincia  de  Chalco.  Acolhua  primer  señor  de  Azcaputzalco 
y  de  los  tepanecas,  tuvo  en  la  infanta  Cuetlaxxochitzin  tres 
hijos  varones,  que  el  primero  se  llamó  Tezozomoc,  el  cual  des- 
pués de  sus  días  le  heredó  en  el  señorío;  el  segundo  se  llamó 
Epcoatzin,  que  después  vino  á  ser  primer  señor  de  los  tla- 
telulcos;  y  el  menor  Acamapichtli  de  los  tenochcas  que  es  la 
nación  mexicana,  que  después  vinieron  á  poblar,  y  fueron  los 
últimos.  Chiconquauh,  señor  de  Xaltocan  y  de  la  nación  otomf, 
tuvo  en  la  infanta  Tzihuacxochitzin  otros  tres  hijos.  La  prime- 
ra se  llamó  Tzipacxochitzin,  que  casó  con  Chalchiuhtotemotzin, 
primer  señor  de  Chalco  Ateneo;  el*  segundo  Macuilcoatlocho- 
pantecuhtli,  que  vinieron  á  ser  primeros  Señores  y  pobladores 
de  la  provincia  de  Chalco.  ^  El  príncipe  Nopaltzin  que  también 
casi  á  estos  tiempos  se  casó  con  Azcaxochitzin,  hija  legitima 

1  En  la  quinta  relación  de  los  pobladores,  llama  el  autor  á  las  hijas  de  Xo- 
lotl,  Cuetlaxuchi  y  Zihuacxucbi. 

2  Los  tetzcucanos  buscaban  el  hacer  descender  todo  señorío  de  Xolotl,  y 
ponen  el  de  loe  otomíes  entre  los  que  dio  este  caudillo;  y  para  eso  suponen  que 
aquellos  llegaron  en  su  tiempo.  Los  otomíes  eran  más  antiguos  que  loe  tolte- 
cas,  era  el  pueblo  autóctono  en  nuestro  valle.  Por  lo  mismo  debemos  descon- 
fiar de  este  arribo  de  aculhuas  y  otomíes;  y  solamente  admitir  que  Xolotl  casó 
á  BUB  dos  hijas  con  los  señores  de  esos  pueblos. 

3  Falta  el  nombre  del  tercero. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  43 

del  príncipe  Pochotl,  y  nieta  de  Topiltzin  último  rey  de  los 
tultecas.^  (Con  esta  unión  y  matrimonio  quedaron  en  perpetua 
paz  y  conformidad,  y  comenzaron  á  emparentar  los  unos  con 
los  otros);  tuvo  en  esta  señora  tres  hijos:  el  primero  fué  el 
príncipe  Tlotzinpochotl;  el  segundo  Huixaquentochintecuhtli; 
el  tercero  y  último  Coxanatzin  Atencatl.  También  tuvo  antes 
de  estos  un  hijo  natural,  que  se  llamó  Tenancacaltzin. 

1  Este  es  un  pnnto  muy  importante  para  comprender  hasta  dónde  llegaba 
la  supremacía  de  los  chichi  mecas.  £n  el  mapa  Tlotzin,  la  mujer  de  Nopaltzin 
no  lleva  carga,  como  las  de  Xolotl  y  Tlotzin.  Esto  haría  suponer  que  á  su  lle- 
gada era  muy  limitado  su  poder,  y  tenían  por  superior  al  señor  culhua. 


CAPITULO  VI 

De  e&mo  el  gran  ehicMmeca  dio  á  otrot  tenores  pobIcKionee  p  provincias. 


Hasta  la  venida  de  los  aculhuas,  ninguno  de  los  caudillos  y 
señores  que  tngo  consigo  el  gran  chichimeca,  tenía  señorío 
particular,  porque  los  traía  ocupados  en  las  poblaciones,  unas 
veces  en  unas  provincias  y  otras  en  otras;  y  porque  ya  era 
tiempo  que  fuesen  premiados,  pues  el  gran  chichimeca  había 
hecho  tan  grandes  y  espléndidas  mercedes  á  los  extraños,  co- 
mo lo  eran  los  señores  acolhuas,  acordó  en  el  mismo  año  atrás 
referido  de  dar  y  repartir  á  todos  señoríos  y  estados,  conforme 
á  la  calidad  y  méritos  de  sus  personas.  A  los  señores  de  los 
seis  que  trajo  consigo,  que  fueron  Acatomatl,  Cuauhatlapatl  y  ^ 
Cozcaquauh  para  que  juntamente  con  Chalchiuhtlatonac,  ca- 
ballero de  nación  tulteca,  fuesen  señores  de  la  provincia  de 
Chalco,  tierra  fértilísima  y  abundante  en  todas  las  cosas  nece- 
sarias á  la  vida  humana;  y  á  Metliztac  que  era  el  cuarto,  le  dio 
,  y  repartió  la  provincia  de  Tepeyacac;  y  á  los  otros  dos,  Tec- 
^  patl  y  Quauhtliztac,  los  hizo  señores  de  la  provincia  de  Maca- 
huacan.  ^  A  sus  dos  nietos  hijos  del  príncipe  Nopal tzin,  fuera  del 
sucesor,  que  eran  Huixaquen  y  Cozanatzin,  los  enyió  á  Zacatlan 
y  Tenamitec  para  que  fuesen  señores  de  todas  aquellas  tierras, 

1  Eq  la  tercera  relación  de  los  señores  chichimecos  lo  llama  el  autor  Cohua- 
tlapal. 

2  Amaxahuacan  en  la  misma  relación. 


46  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


que  caen  fuera  de  la  circunferencia  de  las  sierras,  y  tierras  de 
Ja  Cuexteca  hasta  las  de  la  Mixteca,  suficiente  señorío  para  la 
calidad  de  sus  personas,  porque  incluye  en  sí  muchas  y  muy 
grandes  provincias,  sin  ningún  vasallaje  ni  tributo  al  imperio, 
mas  de  tan  solamente  el  homenaje  y  asistencia  de  la  corte, 
cuando  fuesen  llamados,  y  ayuda  y  socorro  de  gente  si  se  ofre- 
ciesen guerras,  en  favor  del  imperio.  A  todos  los  demás  señores 
atrás  referidos,  fué  con  ciertas  obligaciones  y  reconocimientos 
de  tributo  y  vasallaje.  La  misma  gracia  y  merced  gozaron  las 
hijas  y  yernos  djl  gran  chichimeca.  En  este  mismo  año  cercó 
un  gran  bosque  en  la  sierra  de  Tetzcuco,  en  donde  entró  canti- 
dad de  venados,  conejos  y  liebres;  y  en  medio  de  él  edificó  un 
cú  que  era  como  templo,  en  donde  de  la  primera  caza  que  co- 
gían por  las  mañanas  él  y  el  príncipe  Nopaltzih,  ó  su  nieto  el 
príncipe  Pochotl,^  la  ofrecían  por  víctima  y  sacrificio  al  sol,  á 
quien  llamaban  padre  y  á  la  tierra  madre,  que  era  su  modo  de 
idolatría,  y  no  reconocían  ningún  otro  ídolo  por  dios;  y  asimis- 
mo de  aquí  sacaban  para  su  sustento  y  de  las  pieles  su  vestua- 
rio; ^  y  estaba  á  su  cargo  esta  cerca  y  cuatro  provincias,  que  eran 
Tepepolco,  Zempoalan,  Tolantzinco  y  Tolquachiocan.  Y  al 
príncipe  Tlotzin,  su  nieto,  le  dio  las  rentas  que  pertenecían  al 
imperio,  que  tenían  obligación  á  dar  los  de  las  provincias  de 
Chalco,  Tlanahuacaztlalhuic,  y  todo  lo  que  contenía  desde  el 
volcán,  sierra-nevada  hasta  donde  acaba  aquella  cordillera,  y 
sierras  de  Tetzcuco,  que  es  corriendo  desde  los  valles  de  la 
campiña,  por  la  parte  del  Norte,  hasta  las  tierras  de  la  Mixteca, 
corriendo  hacia  el  Sur  corriendo  todas  aquellas  llanadas  y  la- 


1  TloUin. 

2  En  el  mapa  Quinatzin  so  representa  esta  yida  de  los  cbicbimecas.  Hábil 
tan  en  cavernas,  y  se  les  ve,  ya  cazando  venados  6  conejos,  ya  asando  culebras 
para  alimentarse.  Dos  figuras  con  remos  en  las  manos  bacen  suponer  que  co- 
menzaron á  dedicarse  á  la  navegación  y  pesca  en  la  laguna.  Llevan  el  cabello 
argo  y  sin  peinar,  y  los  jefes  lo  adornan  con  una  corona  de  pacbtli  ó  beno,  el- 
amusgo  del  autor.  Por  todo  vestido  tienen  una  piel  á  la  espalda,  y  cactli  6 
andalias  de  cuero,  y  por  armas  arcos  y  flocbas. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  47 

gunas:  el  cual  puso  su  asiento  y  corte  en  un  lugar  que  se  dice 
Tlatzalantlalanoztoc;  el  cual  se  casó  con  Pachxochitzin/  hija  de 
Quauhatlapal,  uno  de  los  Señores  referidos  de  la  provincia 
de  Chalco,  en  quien  tuvo  seis  hijos  que  fueron  las  dos  prime- 
ras hembras;  el  tercero,  y  primero  de  los  varones,  fué  el  prínci- 
pe Quinatzintlaltecatzin;  el  segundo  fué  Nopaltzin  Cuetlacchi- 
hui;  el  tercero  y  último  Tochintecuhtli,  que  vino  á  ser  el  primer 
señor  de  la  ciudad  y  provincia  de  Huexotzinco;  y  el  cuarto  y 
último  fué  Xiuhquetzalitecuhtli,  primer  señor  de  la  ciudad  y  pro- 
vincia de  Tlaxcalan. 

1  En  el  mapa  Tlotzin  llegan  los  emigrantes  representados  por  sus  tres  jefes, 
y  8¡  se  toma  en  consideración  el  lugar  en  que  aparecen  situadas  Culhuacan  y 
Azcaputzalco,  su  marcha  es  del  Poniente  al  Nordeste.  Llegan  a  Cuauhyacac, 
acaso  el  mismo  Tenayocan;  y  se  les  ve  viviendo  dentro  de  la  cueva.  La  figura 
tetl,  piedra,  que  se  ve  sobre  la  caverna,  nos  hace  creer  que  esto  sea  un  signa 
ideográfico  de  Tenayocan  Oztopolco.  De  todas  maneras  se  observa,  que  la  pri- 
mera habitación  de  los  emigrantes  era  muy  limitada;  lo  cual  es  históricamente 
lógico,  aunque  no  corresponda  á  la  gran  extensión  que  desde  su  principio  dan 
los  cronistas  al  &eñorío  chichi  meca. 

Debajo  del  jeroglífico  de  Cuauhyacac,  hay  una  leyenda  mexicana,  cuya  tra- 
ducción dice:  *'Todos  vinieron  á  establecerse  á  Cuauhyacac,  estaban  aún  jun- 
tos todos.  De  allí  partió  Amacui  (Xolotl)  con  su  mujer,  y  fué  á  establecerse 
en  Cohuatlicban.  De  allí  partió  también  Nopal,  y  fué  con  su  mujer  á  Hue- 
xotla.  De  allí  partió  también  Tlotli,  y  fué  con  su  mujer  á  Oztoticpac."  Como 
se  ve  el  nuevo  señorío  se  iba  poco  á  poco  extendiendo.  En  la  pintura  se  ve 
igualmente  la  ocupación  de  los  siguientes  lugares:  Tzinacanoztoc  y  Tlatzalan: 
en  este  último  está  Pacxochitzin,  con  quien  casó  Tlotzin. 


CAPITULO  VII 


De  lo  más  que  sucedió  en  tiempo  de  aqueste  gran  monarca  Xolotl  hasta 
su  fin  y  muerte. 


Tlacotzin,  hijo  de  Tzontecomal,  señor  de  Coatlichan  y  de  los 
aculhuas,  se  casó  con  Malinalxochitzin,  la  mayor  de  las  hijas 
del  príncipe  Tlotzinpochotl,  en  la  cual  hubo  dos  hijos,  el  prime- 
ro Huetzin  y  la  segunda  Ghichimecalihuatzin:  el  cual  viéndose 
emparentado  con  la  casa  imperial,  y  que  sus  obligaciones  eran 
muy  grandes,  y  su  estado  y  señorío  muy  corto,  acordó  de  ir  á 
visitar  al  gran  chichimeca  Xolotl,  y  pedirle  hiciera  alguna  mer- 
ced á  su  tataranieto  Huetzin;' y  así  estando  Xolotl  en  una  re- 
creación que  tenía  cerca  de  la  laguna,  le  representó  allí  su  de- 
manda, el  cual  entre  otras  muchas  mercedes  que  le  hizo,  dio  á 
Huetzin,  que  era  entonces  mancebo  de  poca  edad,  la  provincia 
de  Tepetlaoztoc  que  tenían  poblada  aquellos  seis  caudillos  que 
vinieron  despuués  de  recién  entrado  en  esta  tierra,  que  había 
ochenta  y  un  años  que  le  pagaban  tributo  y  vasallaje,  y  eran 
de  su  recámara;  con  que  se  le  aumentó  el  señorío.  El  tributo 
que  estos  chichimecas  pagaban  era  conejos  y  liebres,  vena- 
dos, pieles  de  fieras  y  mantas  de  nequen.  El  príncipe  Nopal- 
tzin,  que  asimismo  estaba  á  la  sazón  con  su  padre,  dio  orden 
de  que  su  viznieto  Huetzin  se  casase  con  Atototzin,  la  mayor  de 
las  dos  infantas  hijas  de  Achitometzin,  primer  rey  y  señor 
de  los  culhuas;  y  la  menor  que  se  decía  Ilancueitl  se 

Tomo  II-5 


50  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

con  Acamapichtli,  su  sobrino,  hijo  de  Aculhua  primer  señor  de 
Azcaputzalco  y  rey  de  los  tepanecas:  que  ambas  á  dos  infan- 
tas eran  sobrinas  de  la  princesa  Azcaxochitl  su  mujer:  lo  cual 
se  puso  por  obra  y  se  efectuó.  Esto  sucedió  en  el  año  de  mil  y 
cincuenta  de  la  Encarnación  de  Cristo  Nuestro  Señor,  que  lla- 
man ce  Acatl.^  Los  de  la  provincia  de  Tepetlaoztoc,  visto  que 
estaban  opresos  debajo  del  señorío  del  mancebo  Huetzin,  aun- 
que le  acudían  con  los  tributos  que  tenían  obligación,  todavía 
lo  sentían  por  pesada  carga,  y  en  especial  Yacanex  que  era  el 
caudillo  principal  de  ellos,  el  cual  vino  á  tanta  demasía  su  des- 
vergüenza que  acometió  á  hacer  dos  cosas  muy  atrevidas:  la 
una  fué  que  así  como  supo  los  casamientos  de  su  señor  Hue- 
tzin con  la  infanta  Atototzin,  se  opuso  pidiéndola  con  violen- 
cia y  amenazas  al  rey  su  padre,  de  que  él  y  toda  su  corte  se 
alteraron,  y  le  respondió  que  no  podía  quebrar  su  palabra  que 
tenía  prometida  al  príncipe  Nopaltzin;  y  en  el  ínterin  que  an-- 
daban  con  demandas  y  respuestas,  despacharon  de  secreto  á  la 
infanta  para  entregarla  á  su  esposo  Huetzin,  temiéndose  de 
este  tirano  no  se  la  sacase  á  fuerza  de  armas,  porque  había  ido 
apercibido  de  gente  y  armas.  La  otra  fué  negar  la  obediencia 
totalmente  á  Huetzin  su  señor,  levantando  á  todos  los  más  de 
los  chichimecas  de  la  provincia  de  Tepetlaoztoc,  de  tal  manera 
que  el  gran  chichimeca  Xolotl  en  el  año  de  mil  y  sesenta  y 
dos,  que  llaman  13  Acatl,  por  atajar  alteraciones  y  novedades 
y  excusar  guerras,  envió  á  llamar  á  Tochintecuhtli,  hijo  de 
Quetzalmacatl  señor  de  Quahuacan,  hombre  valeroso  y  muy 
experto  en  la  milicia,  y  con  él  cantidad  de  familias  de  chichi- 
mecas.  Venido  que  fué  le  mandó  que  ante  todas  cosas,  y  por 
principio  de  las  mercedes  que  pretendía  hacerle  si  acudía  con 
puntualidad  á  lo  que  le  quería  encargar,  fuese  é  Xaltocan  y  de 

1  Para  eyitar  errores  de  eronolagía,  Tamos  á  poner  aquí  la  verdadera  fecha 
de  los  sucesos  referidos.  Entrada  de  Xolotl  j  su  establecimiento  en  nuestro  Ta- 
lle, año  de  1120.  Llegada  de  las  otras  seis  tribus,  año  de  1129.  Guerra  de  XoloU 
áCulhuacan,  año  de  1141.  Llegada  de  losaculhuas,  año  de  1168.  Xolotl  daá 
Huetzin  el  señorío  de  Tepetlaoztoc,  año  de  1207. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  61 

camino  se  desposase  con  Tomiauh,  su  viznieta,  hija  de  Opan- 
tecuhtli  que  á  la  sazón  era  recién  entrado  en  el  señorío  de 
Xaltocan  y  reinado  de  los  otomíes,  y  hecho  esto  se  fuese  á 
Huexutla  y  allí  se  pusiese  con  su  ejército  á  la  defensa  y  ara- 
paro  de  Huetzin,  de  que  desde  luego  le  hacía  señor  de  todas 
aquellas  tierras,  y  de  Teotihuacan  y  otros  lugares:  y  que  pro- 
curase sin  derramamiento  de  sangre  prender  y  matar  á  Ya- 
canex  y  sus  consortes,  y  donde  no,  ayudase  á  Huetzin  y  por 
fuerzas  de  armas  los  matasen.  Todo  lo  cual  puso  por  obra 
Tochintecuhtli,  y  se  puso  en  el  puesto  de  Huexutla  el  año 
siguiente  de  mil  y  sesenta  y  cuatro  que  llaman  ce  Tecpatl.  ^ 
El  príncipe  Quinatzin  pasó  su  corte,  y  morada  á  Oztocticpac, 
que  es  en  Tetzcuco  y  dio  principio  á  esta  ciudad  en  su  pobla- 
ción, dejando  á  su  padre  en  Tlazalan,  donde  asistía;  lo  uno  por 
parecerle  este  ser  mejor  puesto,  y  lo  otro,  por  amparar  á  su 
sobrino  Huetzin;  ^  que  dos  años  antes  el  príncipe  hizo  tres  cer- 
cas grandes  la  una  por  bajo  de  Huexutla  hacia  la  laguna,  y  otra 
en  la  ciudad  de  Tetzcuco,  que  había  comenzado  á  fundar  estas 
dos  para  sembrar  en  ellas  maíz  y  otras  semillas  que  usaban  los 
aculhuas  y  tultecas;  ^  y  la  otra  cerca  en  el  pueblo  de  Tepetlaoz- 
toc  para  venados,  conejos  y  liebres;  y  dio  el  cargo  de  tener 
cuenta  de  esto  á  dos  chichimecas  caudillos,  que  el  uno  se  de- 
cía Acotoch  y  el  otro  Coacuech,  los  cuales  aunque  en  la  una 
cerca  les  era  de  gusto,  las  otras  dos  de  las  sementeras  como 
cosa  que  jamás  ellos  habían  acostumbrado,  les  fué  muy  pesa- 
da carga;  y  así  se  confesaron  con  el  tirano  Yacanex,  y  con  otros 
bandoleros,  de  manera  que  les  fué  forzoso  al  príncipe  Quina- 
tzin y  su  sobrino  Huetzin  juntar  sus  gentes  con  las  deTochin- 
tecutli  primer  señor  de  Huxutla,  y  acometer  al  enemigo  en  dos 
partes:  en  la  una,  en  donde  se  había  fortalecido  con  su  gente 

1  Haciendo  la  respectiva  corrección,  estos  sucesos  pasaron  en  el  año  de  1281. 

2  Aquí  hace  á  Huitzin  su  sobrino,  y  al  principio  del  capítulo  lo  hace  viz- 
nieto,  hijo  de  Malinalxochitzin  hija  de  Tlotzin,  que  á  su  vez  era  hijo  de  No- 
paltzin. 

8  En  el  reinado  de  Tlotzin  se  introdujo  la  agricultura  entre  los  chichime- 
cas. En  su  lugar  hablaremos  de  esto. 


52  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

que  fué  donde  está  ahora  el  pueblo  de  Chiautla.  Fué  Huetzin 
sobre  él  y  tuvieron  muy  cruel  batalla,  en  donde  murieron  de 
ambas  partes  mucha  gente  hasta  que  fueron  vencidos  los  ban- 
doleros, y  su  caudillo  Yacanex  se  fué  huyendo  sin  parar  hasta 
Panuco,  porque  allí  había  las  sierras  en  donde  pretendieron 
ampararse  y  tenían  aquella  tierra.  El  príncipe  Quinatzin  al 
mismo  tiempo  con  la  gente  que  llevó,  los  desbarató  y  mató  á 
muchos  de  ellos,  aunque  también  se  le  escapó  Ocotoch,  el 
que  los  acaudillaba,  uno  de  los  dos  atrás  referidos,  en  segui- 
miento de  Yacanex.  Aunque  por  entonces  quedó  la  tierra  pa- 
cífica, y  en  las  provincias  remotas  todas  se  ocupaban  en  po- 
blar y  aumentarse  las  gentes,  en  este  mismo  año  tuvo  también 
guerra  Aculhua,  señor  de  Azcaputzalco,  con  Cozcacuauh  uno 
de  los  chichimecas  rebelados,  que  se  le  habían  alzado  con  la 
provincia  de  Tepotzotlan  que  pertenecía  á  su  señorío;  que  des- 
pués de  haberlo  desbaratado  y  vencido,  se  le  escapó  huyendo 
hacia  la  parte  á  donde  fueron  los  demás.  Estas  batallas  suce- 
dieron á  los  ciento  y  cuarenta  años  después  de  la  destrucción 
de  los  tultecas,  que  fueron  las  primeras  que  tuvieron  los  chi- 
chimecas unos  con  otros.  En  el  año  de  mil  y  setenta  y  cinco, 
de  la  Encarnación  de  Cristo  Nuestro  Señor,  que  llaman  ma- 
tlactliomeitecpatl  falleció  este  gran  chichimeca,  monarca  y  pa- 
dre de  familias  Xolotl,  estando  en  su  ciudad  y  corte  de  Tena- 
yucan,  á  los  ciento  y  doce  años  de  su  imperio,  y  á  los  ciento  y 
diez  y  siete  de  la  última  destrucción  de  los  tultecas,  ^  en  la  ma- 
yor prosperidad,  paz  y  concordia  que  tuvo  este  nuevo  mundo; 
al  cual  se  le  hicieron  muy  solemnes  honras  y  fué  enterrado  su 
cuerpo  en  una  de  las  cuevas  de  su  morada,  asistiendo  á  ellas 
la  mayor  parte  de  los  príncipes  y  señores  de  su  imperio. 

1  Aquí  so  contradico  el  autor,  al  decir  que  Xolotl  murió  á  los  117  años  de 
la  destrucción  de  los  tultecas,  pues  pone  las  guerras  que  ha  referido  antes,  vi- 
vicnho  Xolotl,  á  los  140  años  después  de  esa  destrucción.  La  verdadera  fecha 
de  la  muerte  de  Xolotl  fué  el  año  de  1282.  La  muy  larga  duración  que  se  da 
á  su  vida,  hace  suponer  que  bajo  su  nombre,  están  representados  los  primeros 
señoree  chichimecas. 


CAPITULO  Yin. 


De  cómo  el  principe  NopaUtin  entró  en  tucesibn  del  impet-io  y  délas  cosas 
que  sucedieron  en  su  tiempo. 


Acabadas  las  honras  del  gran  Xolotl,  luego  todos  los  prín- 
cipes y  señores  juraron  al  príncipe  Nopaltzin  por  su  señor 
supremo  y  universal,  como  persona  que  le  venía  de  derecho 
el  imperio;  y  supo  tan  bien  gobernarle,  que  en  treinta  y  dos 
años  que  le  duró  el  imperio  no  se  atrevió  ningún  señor  á  des- 
mandarse, sino  que  á  todos  los  tuvo  muy  sujetos,  y  fueron  en 
grande  aumento  todas  las  cosas  y  los  estados  y  señoríos  del 
imperio;  que  á  esta  sazón  todo  lo  más  que  contienen  las  tie- 
rras de  los  chichimecas,  mixtéeos  y  michuaques,  y  toda  la 
costa  del  mar  del  Sur  y  Norte  estaba  poblado.  En  este  tiem- 
po entró  en  la  sucesión  del  reino  de  los  culhuas  Calcozame- 
tzin,  que  ftié  el  tercero,  por  orden  y  confirmación  de  Nopaltzin; 
el  cual  demás  de  las  leyes  que  sus  pasados  constituyeron, 
mandó  guardar  las  siguientes.  La  primera  que  ninguno  fue- 
se osado  á  poner  fuego  en  los  campos  y  montañas  si  no  fuese 
con  su  licencia  y  en  caso  necesario,  so  pena  de  muerte.  La 
segunda,  que  nadie  fuese  osado  á  tomar  ninguna  caza  que  hu- 
biese caído  en  redes  ajenas,  so  pena  de  perder  el  arco  y  flechas 
que  tuviese,  y  que  en  ningún  tiempo  pudiese  cazar  sin  su  li- 
cencia. La  tercera,  que  ninguna  persona  tomase  la  caza  que 
otro  le  hubiese  tirado,  aunque  la  hallase  muerta  en  el  campo. 


54  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

La  cuarta,  que  por  cuanto  estaban  puestos  y  dedicados  los  ca- 
zaderos de  particulares  amojonados,  ninguna  persona  quitase 
los  tales  mojones  pena  de  muerte.  La  quinta  que  los  adúlte- 
ros fuesen  degollados  ^  con  flechas  hasta  que  muriesen,  así  hom- 
bres como  mujeres:  y  otras  leyes,  fuera  de  éstas,  usó  y  estable- 
ció, que  eran  convenientes  en  aquellos  tiempos  para  el  buen 
gobierno  de  su  imperio.  Su  nieto  el  príncipe  Quinatzin  Tlal- 
tecatzin,  que  tenía  su  asiento  y  corte  en  la  ciudad  de  Tetzcuco, 

,  casó  con  Quauhtzihuatzin  hija  de  Tochintecuhtli  primer  señor  t-. 
de  Huexutla,  en  la  que  tuvo  cinco  hijos;  que  el  primero  se  lla- 
mó Chicomacatzin;  el  segundo  Memexotzin,  ó  según  otros  Me- 
melatzin;  el  tercero  Matzicoltzin;  el  cuarto  Tochpili;  el  quinto, 

^y  el  menor  de  todos,  fué  el  príncipe  Techotlalatzin  que  vino  á 
heredar  el  imperio  por  las  causas  que  adelante  se  dirán.  Hue- 
tzin,  que  casó  con  la  infanta  Atototzin,  como  atrás  queda  re- 
ferido, tuvo  en  ella  siete  hijos,  el  primero  fué  Acolmiztli  que 
le  sucedió  en  el  señorío;  la  segunda  se  llamó  Coxxochitzin;  la 
tercera  Coazanac;  el  cuarto  Quecholtecpantzin  Quauhtlachtli; 
el  quinto  Tlatonal  Tetliopeuhqui;  el  sexto  Memexoltzin  Itzitlo- 
liuqui:  el  último  y  séptimo  Chicomacatzin  Matzicolque.  Este 
y  Tlacatlanex  fueron  á  Huexotzinco,  y  Memexol  á  Tlaxcalan. 
Tochintecutli,  primer  señor  de  Huexutla,  ^  tuvo  en  Tomiacuh- 
tzin  cinco  hijos  que  el  primero  se  llamó  Matzicoltzin,  y  la  se- 
gunda Quauhcihuatzin,  que  fué  reina  de  Tetzcuco;  el  tercero 
Quiauhtzin;  la  cuarta  Nenetzin  que  casó  con  Acolmiztli  señor 
de  Goatlichan;  y  el  quinto  y  último  se  llamó  Yaotl.  Y  el  segim- 
do  hijo  de  Aculhua,  llamado  Epcoatzin,  se  casó  con  Chichi- 
mecazoatzin  hermana  de  Huetzin  señor  de  Goatlichan,  en  quien 
tuvo  dos  hijos;  que  fué  el  primero  Quaquauhpitzahuac,  que  vi- 

1  Tal  vez  es  desollados. 

2  Hay  un  hecho  notable  respecto  del  señorío  de  Huexutla,  y  es  que  le  es- 
taba unido  el  de  Teotihuacan.  En  los  anales  manuscritos  de  esta  ciudad  en- 
contramos que  en  el  año  12  Acatl  1231,  que  estando  Xolotlen  Tenayocan  Oz- 

.   topolco,  se  le  entregó  el  gobierno  de  Teotihuacan  á  Tochintecuhtli  (Teotzin- 
tecuhtli?).— Acaso  basta  este  año  fué  conquistada  Teotihuacan. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  55 

no  á  ser  segundo  señor  de  los  tlatelolcas;  y  la  segunda  y  últi- 
ma que  casó  con  Chalchiutlatonac  su  primo  hermano,  que  vi- 
no á  ser  primer  señor  de  Coyohuacan.  Acamapichtli,  el  menor 
de  los  hijos  de  Aculhua,  tuvo  en  la  infanta  Ilancueitl  tres  hi- 
jos; el  primero  se  llamó  Huitzilihuitzin,  segundo  señor  de  los 
tenochcas  y  rey  de  los  colhuas;  el  segundo  fué  Chalchiutla- 
tonac que  fué  el  primer  señor  de  Coyohuacan  como  está  refe- 
rido; el  tercero  y  último  Xiuhtlatonac  que  lo  mató  Huepante- 
catl.  Todos  estos  linajes  y  descendencias  sucedieron  en  el 
tiempo  que  imperó  Nopaltzin.  Hacese  mención  de  estos  linajes 
por  haber  sido  origen  de  lo  más  ilustre  de  la  Nueva  España. 
A  los  últimos  tiempos  del  imperio  de  Nopaltzm  lo  más  de  ello 
asistía  en  el  bosque  de  Tetzcuco,  que  ya  á  esta  sazón  se  llama- 
ba Xolotepan,  ^  que  es  lo  mismo  que  decir  templo  de  Xolotl, 
en  donde  daba  muchos  y  saludables  documentos  á  su  hijo  el 
príncipe  Tlotzin,  de  la  manera  que  había  de  regir  y  gobernar 
el  imperio,  que  estaba  en  gran  pujanza  y  sujetos  á  él  muchos 
reyes  y  señores  que  estaban  ya  muy  poderosos;  trayéndole 
á  la  memoria  el  valor  grande  de  su  abuelo  Xolotl,  y  de  los  de- 
más sus  antepasados;  y  todas  las  veces  que  esto  hacía  era  con 
gran  sentimiento,  y  lágrimas  de  sus  ojos.  El  cual  estando  en 
la  ciudad  de  Tenayocan,  falleció  el  año  de  mil  ciento  y  siete  ^  de 
la  Encamación  de  Cristo  Nuestro  Señor,  que  llaman  macuili 
Acatl:  fué  sepultado  su  cuerpo  en  el  mismo  lugar  donde  estaba 
su  padre,  con  gran  sentimiento  y  dolor  del  imperio:  á  cuyas 
exequias  y  honras  se  hallaron  muchos  señores. 

1  Xolotecpan,  que  significa  palacio  de  Xolotl. 

2  La  verdadera  fecha  de  la  muerte  de  Nopaltzin  ñié  el  año  de  1263.  Su  rei- 
nado se  distingue  por  las  leyes  que  di6  para  organizar  una  sociedad  todavía 
entonces  bárbara.  De  las  cinco  leyes  que  dio,  cuatro  se  refieren  á  reglamentar 
la  caza:  con  ellas  comienza  á  nacer  entre  los  chichimecas  el  derecho  de  pro- 
piedad; y  prueban  que  la  caza  era  su  principal  ocupación,  pues  no  conocían 
aún  la  agricultura.  La  quinta  ley  se  refiere  al  castigo  del  adulterio:  con  lo 
cual  ya  se  cimentaba  la  familia. 


CAPITULO  IX 


Qae  trata  de  la  vida  y  cosas  que  acaecieron  en  el  discurso  del  tiempo 
que  imperó  Tlotzin, 


Jurado  que  fué,  y  recibido  en  el  imperio  Tlotzin,  una  de  las 
cosas  que  más  puso  su  cuidado  fué  el  cultivar  la  tierra;  y  como 
en  tiempo  de  su  abuelo  Xolotl  lo  más  de  él  vivió  en  la  provin- 
cia de  Chalco,  con  la  comunicación  que  allí  tuvo  con  los  chai- 
cas  y  tultecas,  por  ser  su  madre  su  señora  natural,  echó  de 
ver  cuan  necesario  era  el  maíz  y  las  demás  semillas  y  legum- 
bres, para  el  sustento  de  la  vida  humana;  y  en  especial  lo 
aprendió  de  Tecpoyo  Achcauhtli  que  tenía  su  casa  y  familia  en 
el  peñol  de  Xico:  había  sido  su  ayo  y  maestro,  y  entre  las  cosas 
que  le  había  enseñado,  era  el  modo  de  cultivar  la  tierra,  y  co- 
mo persona  habituada  á  ésto,  dio  orden  de  que  en  toda  la  tie- 
rra se  cultivase  y  labrase;  y  aunque  á  muchos  de  los  chichi- 
mecas  les  pareció  cosa  conveniente  y  la  pusieron  por  obra, 
otros  que  todavía  estaban  en  la  dureza  de  sus  pasados,  se  fue- 
ron á  las  sierras  de  Metztitlan  y  Totepec,  y  á  otras  partes  más 
remotas  sin  osar  levantar  armas,  como  lo  había  hecho  Yaca- 
nex  y  sus  aliados;  y  desde  este  tiempo  se  comenzó  á  cultivar 
en  todas  partes  la  tierra,  sembrando  y  cogiendo  maíz  y  otras 
semillas  y  legumbres,  y  algodón  en  las  tierras  cálidas  pa- 
ra su  vestuario.  ^  El  modo  que  tenían  en  la  jura  y  coronación 

1  No  fué  en  tiempo  de  Nopaltzin,  como  antea  ha  dicho  el  autor,  cuando  se 


68  OBRAS    HISTÓRICAS   DE 

de  los  emperadores  chichimecas  era  coronarlos  con  una  yer- 
ba, que  se  dice  pachxochitl,  que  se  cría  en  las  peñas,  y  poner- 
les unos  penachos  de  plumas  del  águila  real  encajados  en 
unas  ruedecillas  de  oro  y  pedrería,  que  llamaban  Cocoyahua- 
lol,  juntamente  con  otros  dos  penachos  de  plumas  verdes,  que 
llamaban  Tecpilotl;  que  lo  uno  y  lo  otro  estaban  en  la  cabeza 
con  unas  correas  coloradas  de  cuero  de  venado:  y  después  de 
haberles  puesto  en  la  cabeza  las  cosas  referidas  (que  esto  ha- 
cían los  mayores  y  más  ancianos  señores  del  imperio),  salían 
á  ciertos  campos  en  donde  tenían  acorraladas  cantidad  de  fie- 
ras de  todo  género,  con  quienes  peleaban  y  hacían  mil  genti- 
lezas, y  después  de  haber  matado  y  despedazado,  corrido,  sal- 
tado, y  flechádose  unos  á  otros,  y  hecho  otras  cosas  de  rego- 
cijo á  su  modo,  iban  á  los  palacios,  que  eran  unas  cuevas  gran- 

comenzaron  á  hacer  cercados  para  las  siembras:  hasta  el  reinado  de  TIotzin 
se  introdujo  la  agricultura.  En  su  mapa  y  alrededor  de  su  figura,  se  ve  la  si- 
guiente leyenda,  que  por  ser  importantísima,  reproduzco  aquí: 

"Ostoticpac  era  la  verdadera  residencia  de  Tlotli.  Ahora  bien,  yendo  Tlo- 
tli  á  cazar  k  Cohuatlichan,  el  chalca  llamado  Tecpoyoachcauhtli  (principal 
misionero)  vino  á  encontrarlo.  Tecpoyoachcauhtli  se  asustó  al  ver  á  Tlotli  con 
el  arco  tendido;  y  le  dijo:  ¿Hijo  mío  quieres  que  viva  yo  contigo?  Pero  Tlotli 
no  lo  comprende,  porque  es  chichimeca.  Pero  desde  entonces  Tecpoyoach- 
cauhtli acompaña  á  Tlotli  á  la  caza;  y  le  lleva  los  venados,  los  conejos,  las  cu- 
lebras y  los  pájaros  que  hiere  con  las  flechas.  Por  primera  vez  pone  á  asar  la 
caza  de  Tlotli;  y  le  hace  comer  por  primera  vez  cosas  cocidas,  porque  Tlotli 
comía  crudo  lo  que  mataba." 

Esto  nos  demuestra  el  estado  de  barbarie  en  que  todavía  entonces  estaban 
los  chichimecas:  y  resulta  que  Tlotli  no  se  había  educado  en  Chalco,  ni  Tec- 
poyo  había  sido  su  ayo. 

Tecpoyo  era  un  sacerdote,  porque  en  el  jeroglífico  está  pintado  de  negro;  y 
se  le  ve  constantemente  en  él  junto  á  TIotzin.  Ahí  está  frente  á  una  lumbra- 
da, para  asar  una  culebra  clavada  en  un  palo.  Y  es  notable  el  grupo  en  que 
TIotzin  pronuncia  el  nombre  de  Quinatzin,  que  pone  á  su  hijo  por  consejo  de 
Tecpoyo. 

Tecpoyo  representa  la  civilización  nahua  que  comienza  á  introducirse  entre 
loe  chichimecas. 

En  otro  grupo  Tecpoyo  le  da  atole  á  Tlotli,  que  jamás  lo  había  tomado;  y 
ya  se  ve  ahí  el  metate  y  el  comal  para  hacer  las  tortillas  de  maíz. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  59 

des,  en  donde  comían  todo  género  de  caza  asada  en  barbacoa, 
y  no,  como  algunos  piensan,  seca  al  sol,  porque  siempre  los 
ehichimecas  usaban  el  fuego  y  era  ley  entre  ellos,  que  cuando 
tomaban  posesión  de  alguna  tierra  encendían  fuego  sobre  las 
más  altas  sierras  y  montañas;  como  parece  en  las  Historias  lo 
hizo  Xolotl  al  tiempo  y  cuando  tomó  posesión  sobre  ésta  de 
Anahuac,  y  también  les  servía  para  hacer  seña  cuando  tenían 
guerra  con  humo  en  las  montañas  y  sierras  altas.  Los  cuales 
andaban  por  familias,  y  los  que  no  tenían  cuevas,  que  era  su 
principal  habitación,  hacían  sus  chozas  de  paja;  y  la  caza  que 
cazaban  los  de  cada  familia,  la  comían  todos  juntos,  excepto  las 
pieles  referidas  que  las  ablandaban,  y  curaban  para  el  efecto; 
trayendo  en  tiempos  de  fríos  el  pelo  adentro;  y  en  tiempo  de 
calores  cuando  son  las  aguas,  el  pelo  por  la  parte  de  fuera; 
aunque  los  reyes  y  señores  solían  traer  debajo  de  las  pieles  al- 
gunos paños  menores  de  nequen  muy  delgados,  ó  de  algodón 
los  que  los  alcanzaron.  Casaban  con  sola  una  mujer  y  esa  no 
parienta  en  ningún  grado,  aunque  después  sus  descendientes 
casaron  con  primas  hermanas  y  tías,  costumbre  que  tomaron 
de  los  tultecas.  Y  finalmente  fué  y  ha  sido  la  nación  más  be- 
Ucosa  que  ha  habido  en  este  Nuevo  Mundo,  por  cuya  causa  se 
señorearon  de  todas  las  demás.  Y  habiendo  imperado  TIotzin 
Pochotl  treinta  y  seis  años,  murió  en  el  de  mil  ciento  cuarenta 
y  uno  ^  de  la  Encarnación  en  el  que  llaman  ce  Tochtli,  y  fué  se- 
pultado su  cuerpo  en  la  misma  parte  que  estaba  su  padre  y 
abuelo,  hallándose  en  su  entierro  y  honras  príncipes  y  seño- 
res: y  el  modo  de  su  entierro  era,  que  así  que  moría,  sentaban 
en  cuclillas  el  cuerpo,  y  ataviado  con  las  vestimentas  é  insig- 
nias reales,  lo  sacaban  y  sentaban  en  su  trono,  y  allí  entraban 
sus  hijos  y  deudos,  y  después  de  haber  haf)lado  con  él  con 
llanto  y  tristeza,  se  iban  sentando  hasta  que  era  hora  de  lle- 
varlo á  la  cueva  de  su  entierro,  en  donde  tenían  hecho  un  ho- 


1  En  1272  dio  TIotzin  la  ciudad  de  Tetzcuco  á  su  hijo  Quinatzin;  y  la  ver- 
dadera fecha  de  su  muerte  fué  el  año  de  1298. 


60  ORRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

yo  redondo,  que  tenía  más  de  un  estado  de  profundidad:  allí 
lo  metían,  y  cubrían  de  tierra.  Este  príncipe  fué  el  último  que 
tuvo  su  corte  en  Tenayocan,  porque  su  hijo  Quinatzin  no  qui- 
so venir  á  ella,  por  tener  la  ciudad  de  Tetzcuco  muy  poblada 
de  edificios  y  caserías,  en  donde  él  asistía  y  tenía  su  corte;  an- 
tes se  la  dejó  á  su  tío  Tenancacotzin,  á  quien  le  hizo  señor 
de  ella. 


CAPITULO  X 


De  la  mirada  en  el  señorío  é  imperio  de  QuineUzin  y  venida  de  los  mexicanos, 
y  hijos  que  tuvo  Acolmiztli  señor  de  Ooatlichan, 


La  ciudad  de  Tetzcuco  tuvo  principio  su  población  en  tiempo 
de  los  tultecas  y  se  decía  Cattenihco,  y  se  destruyó  y  acabó 
con  las  demás  de  los  tultecas,  y  después  la  fueron  reedificando 
los  reyes  chichimecas  y  en  especial  Quinatzin  que  la  ilustró 
mucho,  y  quedó  en  ella  haciéndola  cabeza  y  corte  del  imperio:  ^ 
pusiéronle  después  de  la  venida  de  los  chichimecas  Tetzcoco, 
que  significa  lugar  de  detención,  como  en  efecto  lo  fué,  pues 
en  ella  se  poblaron  casi  todas  las  naciones  que  había  en  esta 
Nueva  España.  Quinatzin  Tlaltecatzin^  después  de  haber  dado 

1  En  el  mapa  Tlotzin  se  ye  en  Oztoticpac  primeramente  á  este  monarca  con 
8u  mujer,  7  en  medio  una  cuna  con  un  niño  que  es  Quinatzin:  y  debajo  á  éste 
ya  hombre  con  su  mujer  Cuauhcihuatl.  Junto  d  la  caverna  hay  una  bandera, 
que  por  referirse  al  tccuhtli,  nos  da  la  palabra  teopan  6  palacio,  para  signifi- 
car que  se  había  puesto  la  corte  ahí  en  Oztoticpac  Tetzcuco. 

£n  el  mapa  Quinatzin  se  Te  á  éste  también  en  la  caverna,*  pero  ya  con  la 
corona  de  pachtli,  símbolo  de  su  jerarquía:  y  en  la  leyenda  se  dice:  aquí  Qui- 
natzin. 

2  £1  nombre  de  Tlaltecatzin  se  impuso  á  Quinatzin,  por  significar  el  que 
aplana  la  tierra,  á  causa  de  que  él  extendió  el  señorío  tetzcucano  y  lo  arregló 
debidamente,  según  común  opinión  de  los  escritores.  Pero  como  en  su  jeroglí- 
fico se  expresa  ese  nombre  con  un  campo  sembrado,  creo  que  se  refiere  más 
bien  á  la  extensión  y  desarrollo  que  dio  á  la  agricultura. 


62  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

sepultura  en  Tenayoacan  á  su  padre,  se  vino  á  la  ciudad  de 
Tetzcuco  con  todos  los  señores  que  se  hallaron  en  las  honras 
y  con  los  que  después  vinieron:  fué  recibido  y  jurado  por  su- 
premo señor,  en  donde  estuvo  y  asistía  siempre.  En  este  mis- 
mo año  que  murió  Tlotzin  entraron  los  mexicanos  en  la  parte 
y  lugar  donde  está  ahora  la  ciudad  de  México,  que  era  en  tér- 
minos y  tierras  de  Aculhua  señor  de  Azcaputzalco,  después  de 
haber  peregrinado  muchos  años  en  diversas  tierras  y  provin- 
cias, habiendo  estado  en  la  de  Aztlan,  desde  donde  se  volvie- 
ron, que  es  en  lo  último  de  Xalixco.  Los  cuales  según  parece 
por  las  pinturas  y  caracteres  de  la  historia  antigua,  eran  del 
linaje  de  los  tultecas  y  de  la  familia  de  Huetzitin,  un  caballero 
que  escapó  con  su  gente  y  familia  cuando  la  destrucción  de  los 
tultecas  en  el  puerto  de  Chapoltepec,  que  después  se  derrotó, 
y  fué  con  ella  por  las  tierras  del  reino  de  Michhuacan  hasta  la 
provincia  de  Aztlan  como  está  referido:  el  cual  estando  allí 
murió,  y  entró  en  su  lugar  Ozelopan,  segundo  de  este  nombre, 
el  cual  acordándose  de  la  tierra  de  sus  pasados,  acordó  de  ve- 
nir á  ella,  trayendo  consigo  á  todos  los  de  su  nación,  que  ya  se 
llamaban  Mezitin,  que  los  acaudillaban,  juntamente  con  Izcahui 
Cuexpalatl  Yopi  y  según  otros  Aztlal  y  Acatl;  y  asimismo  ve- 
nía con  ellos  una  hermana  suya,  mujer  varonil  llamada  Matla- 
latl,  hasta  el  puerto  referido;  sucediéndoles  en  su  peregrina- 
ción muchas  y  varias  cosas  que  cuentan  las  historias,  trayendo 
por  su  particular  ídolo  á  Huitzilopochtli,  con  quien  por  medio 
de  sus  sacerdotes  se  regían  por  asegurarse  de  las  calamidades 
pasadas,  y  estar  debajo  del  amparo  del  rey  de  Azcaputzalco,  en 
cuyas  tierras  comenzaron  á  poblar,  y  le  pidieron  les  diese  quien 
los  gobernase;  el  cual  les  dio  á  dos  hijos  que  tenía,  por  cuanto 
estaban  ya  divididos  en  dos  parcialidades,  que  los  unos  se  lla- 
maban tenochcas  y  los  otros  tlatelolcas,  tomando  los  nombres 
de  sus  parcialidades  conforme  á  los  puestos  en  donde  estaban 
poblados:  porque  los  tenochcas  hallaron  una  águila  que  estaba 
sobre  un  nopal  que  había  nacido  entre  unas  piedras,  comiendo 
una  culebra,  de  donde  tomaron  la  etimología  de  su  nombre;  y 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  63 

los  tlatelolcas  una  isla,  y  enmedio  de  ella  un  montón  de  arena; 
á  los  cuales  Aculhua  les  dio  por  su  señor  y  cabeza  áEpeoatzin, 
y  á  los  tenochcas  á  Acamapichlli,  que  ambos  eran  sus  hijos;  ^  y 
fueron  los  primeros  señores  que  tuvieron  los  mexicanos,  con 
que  se  ennoblecieron  y  fué  en  aumento  su  señorío;  y  asi  vién- 
dose en  este  estado  levantaron  el  ánimo  para  poderse  vengar 
de  algunos  que  los  habían  injuriado,  como  fué  de  los  culhuas, 
que  aunque  eran  de  su  misma  nación  les  habían  sido  muy  con- 
trarios, y  asi  dieron  sobre  la  ciudad  de  Gulhuacan  una  madru- 
gada y  la  saquearon,  sin  que  los  vecinos  de  ella  fuesen  pode- 
rosos para  defenderla;  el  segundo  año  de  su  fundación  tuvieron 
guerras  con  Tenancacaltzin,  señor  de  Tenayocan,  y  aunque  no 
le  pudieron  vencer,  viendo  que  habían  dado  lugar  á  este  des- 
acato sus  propios  sobrinos,  como  lo  eran  los  señores  mexica- 
nos, acordó  de  irse  á  la  tierra  septentrional  de  sus  pasados; 
y  así  desde  este  tiempo  comenzaron  las  tiranías  entre  los  mis- 
mos deudos  unos  con  otros,  y  fueron  los  primeros  tiranos  los 
reyes  de  Azcaputzalco  y  los  de  su  casa  y  familia,  con  que  se 
fueron  ensanchando  á  las  vueltas  de  los  tepanecas  los  mexica- 
nos hasta  la  provincia  de  Atotonilco.  Acolraiztli,  señor  de  Coa- 
tlichan,  en  Nenetzin  su  mujer  tuvo  cuatro  hijos:  el  primero  se 
llamó  Coxcox  que  heredó  el  reino  de  los  culhuas;  el  segundo 
Huitzilihuitzin;  el  tercero  Mozocomatzin,  el  que  vino  á  heredar 


1  Inútil  es  rebatir  aquí  los  errores  de  Ixtlilxochitl  sobre  la  peregrinación 
azteca.  Bástenos  decir  que  la  ciudad  de  México  se  fundó  en  el  año  de  18^^ 
Su  primer  gobierno,  bajo  el  mando  del  sacerdote  Tenoch,  fué  teocrático  y  duró 
hasta  el  año  de  1863.  Gomo  los  mexicas  eran  tributarios  de  Tezozomoc,  fueron 
con  él  á  la  guerra  de  Gulhuacan  en  1886,  y  á  la  de  Tenayocan  en  1851:  y  así 
se  ven  estas  dos  victorias  en  la  primera  pintura  del  Gódice  Mendocino. 

Ixtlilxochitl,  por  querer  que  todos  los  reyes  descendieran  de  los  de  Tetzcu- 
co,  dice  que  Tezozomoc  dio  por  rey  á  los  mexicas  á  su  hijo  Acamapichtli* 
Otros  escritores  lo  emparentan  con  los  señores  de  Gulhuacan,  para  hacerlo  des- 
cender de  los  toltecas.  La  verdad  es  que  era  un  noble  mexicano  á  quien  los 
mexicas  eligieron  por  señor  en  el  año  de  1376.  Los  tlatelolcas  sí  recibieron  por 
señor  á  un  hijo  de  Tezozomoc;  pero  no  se  llamaba  Epcoatzin,  sino  Teotle- 
huac. 


64      OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHITL. 

el  señorío  de  Coatlichan.  La  cuarta  y  última  fué  Tozquentzin, 
que  casó  con  Techotlalatzin,  emperador  chichimeca  que  fué 
después. 


CAPITULO  XI 


De  Uu  guerras  clvües  que  hubo  entre  loa  chichimeccu,  y  otras  que  sucedieron 
en  el  discurso  del  imperio  de  Quinattin. 


Si  Tlotzin  tuvo  muy  particular  cuidado  de  que  se  cultivase 
la  tierra,  fué  con  más  ventajas  el  que  tuvo  Quinatzin  en  tiempo 
4e  su  imperio,  compeliendo  á  los  chichimecas  no  tan  solamente 
á  ello,  sino  á  que  poblasen  y  edificasen  ciudades  y  lugares,  sa- 
cándolos de  su  rústica  y  silvestre  vivienda,  siguiendo  el  orden 
y  estilo  de  los  tultecas,  por  cuya  causa  muchos  de  los  chichi- 
mecas  se  alteraron,  los  que  hallando  de  su  opinión  y  parte,  de 
cinco  hijos  que  el  rey  tenía,  los  cuatro  mayores,  (cuyos  nom- 
bres están  atrás  referidos)  y  con  ellos  otros  caballeros  y  gente 
principal,  se  levantaron,  y  los  primeros  que  este  desacato  co- 
metieron, fueron  los  que  estaban  poblados  en  Poyauhtlan,^  que 

1  En  el  relato  de  esta  guerra  busca  el  autor  probar  que  los  señores  de  Tlaz- 
•cala  descendían  también  de  los  de  Tetzcuco.  Lo  cierto  es,  que  después  de  los 
cbicbimecas  de  Xolotl,  llegaron  otros  del  rumbo  de  Cuextlan,  que  pasaron  por 
Xilotepec,  Hueypucbtlan,  Tepotzotlan  y  Cuauhtitlan,  en  donde  hicieron  man- 
sión algún  tiempo.  Siguieron  hacia  Tetzcuco,  y  se  les  á'ió  lugar  á  orillas  del 
lago  Junto  k  Chimalhuacan.  £stos  teochichimecas,  más  bárbaros  que  los  otros, 
se  arrimaron  á  las  faldas  de  la  sierra,  en  un  lugar  llamado  Poyauhtlan.  Los 
tepanecas  les  hicieron  la  guerra;  y  aunque  los  teochichimecas  salieron  vence- 
dores, su  dios  Gamaztli  les  mandó  que  abandonasen  el  lugar.  Se  dividieron 
en  dos  fracciones:  una  ñié  á  establecerse  á  Amaquemecan;  y  otra,  que  tenía 
por  jefe  á  Ghimalquixintecuhtli,  se  fué  á  Cuauhchinanco.  Según  Muñoz  Ca- 

ToMo  II— 6 


66  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

quemaron  muchas  labranzas,  y  luego  se  confederaron  con  el 
tirano  Yacanex  arriba  referido,  que  había  estado  recluso  con 
otros  bandoleros  en  las  tierras  septentrionales:  y  asimismo  hi- 
cieron levantar  á  los  de  la  provincia  de  Metztitlan,  Tototepec  y 
Tepepolco,  y  otros  lugares  de  menos  cuenta.  Los  cuales  ha- 
biendo juntado  un  grueso  ejército,  sin  poderlo  estorbar  Qui- 
natzin,  se  vinieron  sobre  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  la  sitiaron  por 
cuatro  partes,  que  fué  en  Chicuhnauhtlan  y  en  Zoltepec,  y  por  la 
sierra  de  Tetzcuco.  Quinatzin  con  toda  la  mayor  priesa  que  pudo 
juntó  sus  gentes,  y  las  repartió  en  otros  cuatro  escuadrones,  ha- 
ciendo capitanes  de  ellos  áTochintecuhtli;que  envió  contra  Ya- 
canex, que  tenía  su  campo  alojado  en  Qiicuhnauhtlan;  el  otro 
escuadrón  dio  á  su  hermano  Nopaltzin  Cuetlachihuitzin  para 
que  fuese  sobre  Zoltepec,  en  donde  estaba  alojado  Ocotoch,  el 
otro  th'ano,  con  parte  de  los  de  la  provincia  de  Meztitlan  y  To- 
totepec; á  Huetzin,  señor  de  CoatUchan,  que  fuese  con  el  otro 
escuadrón  al  puerto  de  Patlachiuhcan,  en  donde  estaban  aloja- 
dos los  más  principales  del  ejército  de  los  de  la  provincia  de  To- 
totepec y  Metztitlan;  y  el  otro  escuadrón  se  tomó  para  sí  Qui- 
natzüi,  y  se  fué  á  la  sierra  y  parte  que  llaman  Quauhximalco, 
en  donde  estaba  alojada  parte  de  los  de  la  provincia  de  Metz- 
titlan y  parte  de  Tototepec,  y  en  su  compañía  Zacatitechcochi 
con  los  de  Tepepolco,  cuyo  gobernador  era.  Y  todos  á  un 
tiempo  comenzaron  la  batalla;  y  aunque  hicieron  todo  lo  posi- 
ble los  tiranos  por  salir  con  su  intento,  fueron  vencidos  y  des- 
baratados, matando  Quinatzin  y  los  de  su  ejército  gran  parte 
de  ellos,  y  los  demás  se  fueron  huyendo  y  retirando  hasta  lle- 
gar Quinatzin  á  las  últimas  tierras  de  la  provincia  de  Tepepolco, 
á.  una  sierra  que  se  dice  Teapazco.  La  misma  victoria  tuvieron 

margo,  llegaron  á  Poyauhtlan  en  1208,  y  salieron  de  allí  en  1325.  En  el  mis- 
mo año  dejaron  á  Amaquemecan,  y  llegaron  á  Tlaxcala.  Tras  varias  batallas, 
en  el  año  de  1828  se  apoderaron  de  Tepecticpac,  y  arrojaron  de  Tlaxcula  y 
Xocoyucan  á  los  ulmecas  y  zacatecas,  matando  á  su  famoso  jefe  Colopchti.  Es- 
tableciéronse por  fin  al  mando  de  Cohuatecuhtli  en  Tepecticpac,  que  convir- 
tieron sucesivamente  en  Tezcaltipíic,  Texcalla  y  Tlaxcalla. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  67 

Huetzin,  Nopaltzin  y  Tochintecuhtli,  matando  por  su  persona  * 
Tochintecuhtli  al  tirano  antiguo  Yacanex,  y  Nopaltzin  á  Acco- 
tochtli,  aunque  fué  desgraciado  en  esta  batalla,  porque  yendo 
siguiendo  á  sus  enemigos  y  embebecido  con  la  victoria,  le  sa- 
lieron de  través  los  de  la  provincia  de  Tolantzinco  que  estaban 
en  una  celada,  lo  prendieron  y  mataron,  sin  que  los  suyos 
fuesen  poderosos  á  defenderle.  Y  habiendo  juntado  todos  los 
escuadrones,  envió  Quinatzin  á  castigar  las  provincias  rebela- 
das, que  fueron  las  referidas,  las  cuales  se  rindieron  y  dieron 
á  merced  al  emperador.  Los  chichimecas  que  fueron  huyendo 
y  se  escaparon  de  las  manos  de  Quinatzin  á  la  tierra  septen- 
trional, se  quedaron  en  ella  hechos  bandoleros  sin  reconocer 
á  rey  ni  señor,  como  lo  están  hasta  el  día  de  hoy.  Y  todos  los 
que  fueron  presos,  especialmente  los  hijos  de  Quinatzin  y  otros 
caballeros  con  los  de  Poyauhtlan,  fueron  enviados  y  desterra- 
dos á  la  provincia  de  Tlaxcalan  y  á  la  de  Huexotzinco,  para 
que  los  tuviesen  debajo  de  su  dominio  los  señores  de  allí,  que 
eran  hermanos  de  Quinatzin;  y  aunque  iban  desterrados  por 
modo  de  castigo,  fueron  muy  bien  recibidos  de  sus  tíos  y  vinie- 
ron á  ser  señores  de  aquellas  provincias,  y  de  ellos  descienden 
y  proceden  los  que  de  allí  fueron  después.  ^  En  este  mismo  \ 
tiempo  entró  en  la  sucesión  de  los  culhuas  Coxcox  por  muerte 
de  Galcozametzin  rey  que  había  sido,  como  está  referido:  tuvo 
guerras  con  los  mexicanos  sobre  lo  pasado  y  sobre  el  término 
de  sus  tierras;  y  asimismo  socorrió  al  sumo  sacerdote  de  la 
ciudad  de  Chololan  llamado  Iztacima,  como  persona  á  quien 
competía  su  amparo,  pues  le  hacían  guerra  los  de  Quecholan- 


1  Como  se  vo,  el  relato  que  aquí  hace  el  autor  sobre  la  guerra  de  Poyauh- 
tlan, difiere  del  que  doy  en  la  nota  anterior.  Lógico  es  que  algunos  se  rebela- 
ran contra  la  vida  do  civilización  que  les  imponía  Quinatzin,  y  bien  pudieron 
ser  de  ellos  los  teochichimecas;  pero  no  es  cierto  que  él  los  mandara  á  Tlaxca- 
la,  ni  que  en  ésta  gobernaran  sus  cuatro  hermanos.  Lo  dice  el  autor  por  el 
afán  de  que  aparezcan  como  descendientes  de  ellos  los  cuatro  jefes  de  aquel  se- 
ñorío; y  tal  vez  para  justificar  el  que  sucediese  á  Quinatzin  su  quinto  hijo  en 
el  señorío  de  Tetzcuco. 


68  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

chalchíuhapan  y  otros  chichimecas  que  por  allí  estaban  pobla- 
dos: socorrióle  con  la  gente  que  pudo  y  con  la  que  le  dio  Qui- 
natzin,  echando  de  toda  aquella  tierra  á  los  chichimecas  que 
ofendían  al  sumo  sacerdote  y  á  los  chololtecas. 


CAPITULO  XII 


De  cómo  vinieron  loa  ÜaüoUaques  y  chimalpcmeccu,  que  TUzo  poblar  QuincUzin  en  la- 

ciudad  de  Teízouco  y  otras  por  ser  grandes  artificest 

y  de  algunas  guerras  que  sucedieron  Tiasta  sujlny  muerte. 


Recién  entrado  que  fué  Quinatzin^  en  su  imperio,  vinieron  de 
las  provincias  de  la  Mixteca  dos  naciones  que  llamaban  tlailo- 

1  Sobre  Quinatzin  y  la  llegada  de  los  Üailotlaques  y  chimalpanecas,  no» 
proporcionan  datos  los  mapas  citados.  En  el  Tlotzin,  en  la  gruta  de  Oztotic- 
pac  Tetzcuco  se  ve  á  Quinatzin  con  su  mujer  Guauhcihuatl,  y  entre  ellos  la 
cuna  de  su  hijo;  y  debajo  una  leyenda  mexicana  que  dice:  "Quinatzin  Tlalte- 
catzin  se  casó  en  Huezotla  con  Quauhcihuatl,  hija  de  Tochin."  En  el  mapa 
Quinatzin  se  ye  á  éste,  sentado  en  su  icpalli,  con  sus  armas  y  su  corona  de  se- 
ñor, hablando  á  dospersoni^es  que  tiene  al  frente,  cuyos  jeroglíficos  significan 
tlailotlaca  y  chimalpaneca:  lo  cual  representa  el  arribo  y  establecimiento  d& 
estas  tribus  en  el  señorío  chichimeca.  La  leyenda  mexicana  que  tiene  encima 
este  grupo  dice:  "En  tiempo  de  Quinatzin  llegaron  los  tlailotlaques,  los  chi- 
malpanecas:  hace  ahora  ciento  sesenta  y  dos  años."  Detrás  del  mapa  hay  una 
inscripción  mexicana  que  4ice,  que  so  pintó  el  año  1641:  deduciendo  los  162 
años  referidos,  resultaría  para  el  arribo  de  esas  tribus  el  año  1379.  Pero  este 
dato  no  tiene  más  fundamento  que  la  inscripción  citada,  que  es  de  letra  dife- 
rente de  la  de  las  leyendas.  En  cambio  la  misma  pintura  nos  pone  junto  al 
grupo  una  cuenta  cronológica  que  nos  da  212  años:  y  como  aquellos  pueblos 
comenzaban  su  cuenta  desde  la  destrucción  de  Tollan,  1116,  nos  resulta  para 
la  llegada  de  las  tribus  el  año  de  1328.  Pero  nótese  que  además,  de  los  nume- 
rales, está  claro  el  signo  10  Galli;  y  como  éste  corresponde  al  año  1833,  resul- 
tfufá  esta  fecha  como  la  verdadera  del  arribo  de  las  tribus;  y  al  mismo  tiempo 
nos  enseña  que  los  chichimecas  comenzaban  su  cuenta  desde  el  año  de  1121,  lo 
que  hace  suponer  fundadamente  que  ese  fué  el  de  su  llegada  á  nuestro  yalle 


70  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

tlaques  y  chimalpanecas,  que  eran  asimismo  del  linaje  de  los 
tultecas.  Los  tlailotlaques  traían  por  su  caudillo  á  Aztatlitex- 
can,  ó  según  la  historia  general  Coatlitepan,  los  cuales  eran 
consumados  en  el  arte  de  pintar  y  hacer  historias,  más  que  en 
las  demás  artes;  los  cuales  traían  por  su  ídolo  principal  á  Tez- 
catlipoca.  Los  chimalpanecas  traían  por  sus  caudillos  y  cabe- 
zas á  dos  caballeros  que  se  decían  Xiloquetzin  y  Tlacateotzin, 
los  cuales  eran  de  la  casa  y  linaje  de  Quinatzin,  y  así  los  casó 
con  sus  nietas.  A  Xiloquetzin  casó  con  Coaxochitzin,  hija  de 
Chicóme  Acatl  su  hijo;  y  Tlacateotzin  con  Tetzcocazihuatzin 
hija  de  Memexpltzm.  Y  habiendo  escogido  de  la  mejor  gente 
que  traían  y  más  á  propósito,  los  hizo  poblar  dentro  de  la  ciu- 
dad de  Tetzcuco,  y  á  los  demás  dió'y  repartió  en  otras  ciuda- 
des ^  pueblos  por  barrios,  como  el  día  de  hoy  permanecen  sus 
descendientes  con  los  apellidos  referidos  de  Tlailotlacan  y  Chi- 
malpan,  aunque  antes  habían  estado  estas  dos  naciones  mucho 
tiempo  en  la  provincia  de  Chalco.  Casi  á  los  fines  del  imperio 
de  Quinatzin  se  levantaron  los  de  las  provincias  que  en  aque- 
lla sazón  se  apellidaban  de  Cuitlahuac,  Huehuetlan,  Totolapan, 
Huaxtepec  y  Zayolan;  de  las  cuales  la  de  Cuitlahuac  pertene- 
cía á  aquella  sazón  á  los  señores  mexicanos  Epcoatzin  y  Aca- 
mapichtli;  y  Mizquic  con  el  pueblo  de  Acatlan  á  Amintzin,  se- 
ñor que  á  ía  sazón  era  de  Chalco  Ateneo;  la  de  Huehuetlan 
pertenecía  á  Huetzin,  señor  de  Coatlichan;  Totolapan  era  per- 
teneciente á  la  recámara  del  imperio;  y  Huaxtepec  pertenecía 
á  Acacitzin  uno  de  los  señores  de  Chalco;  y  Zayolan  á  Tlaca- 
tempa,  asimismo  señor  de  la  provincia  de  Chalco.  Y  para  cas- 
tigarlas y  oprimirlas  mandó  á  los  señores  que  confinaban  con 
sus  señoríos  fuesen  sobre  ellas;  como  fué  á  Epcoatzin  y  Aca- 
mapichtli,  señores  mexicanos  que  fueron  contra  los  de  Cuitla- 
huac, y  esta  fué  la  primera  guerra  que  tuvieron  los  mexicanos 
en  favor  del  imperio.^   Amintzin,  señor  que  á  la  sazón  era  de 

1  Palta  la  conjunción  y. 

2  Cierta  es  la  guerra  de  los  mcxicas  contra  Cuitlahuac,  y  consta  en  las  pin- 
turas del  CiSdice  Mendocino;  pero  no  la  emprendieron  por  cuenta  de  Quina- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  71 

Chalco  Ateneo,  fué  sobre  los  de  Mizquic  y  Acallan:  Huetzin  se- 
ñor de  Coatlichan  contra  los  de  Huehuetlan;  Acacitzin  señor  de 
Tlapican  en  la  provincia  de  Chalco,  contra  los  de  Zayolan;  y 
Quinatzin  en  persona  fué  contra  los  de  Totolapan;  que  con  fa- 
cilidad los  sojuzgaron  y  castigaron,  con  que  quedaron  sujetos 
al  imperio.  En  las  demás  tierras  remotas  no  había  guerra 
ninguna,  respecto  á  ser  la  gente  poca  que  se  iba  poco  á  poco 
poblando;  y  así  en  esta  sazón  las  guerras  eran  las  que  había 
Rábido  dentro  de  los  límites  de  las  sierras  de  la  primera  pobla- 
ción atrás  referida,  á  donde  había  muchos  señores  y  personas 
ilustres  que  daban  motivo  á  estas  alteraciones;  aunque  después 
de  las  guerras  últimas  referidas,  en  todo  el  tiempo  que  le  que- 
dó de  vida  á  Quinatzin  no  se  atrevieron  á  levantar  ni  á  subs- 
traerse del  imperio:  el  cual  murió  en  el  año  de  mil  doscientos 
cincuenta  y  tres  ^  de  la  Encarnación  de  Cristo  Nuestro  Señor, 
habiendo  ^  casi  ciento  y  doce  años,  y  en  el  año  que  llaman  chi- 
cuey  Calli:  el  cual  murió  en  el  bosque  que  llaman  de  Tetzcu- 
tzinco,  y  fué  enterrado  como  sus  pasados. 

tzin,  sino  de  Tezozomoc,  de  quien  eran  tributarios.  Esta  guerra  tuvo  lugar  en 
el  año  de  1898,  y  dio  por  resultado  que  los  chalcas  perdieran  su  ciudad  que 
quedó  en  poder  de  los  tepanecas;  y  no  la  recobraron  hasta  el  tiempo  de  Hue- 
bue  Moteczuma. 

1  Quinatzin  murió  en  el  año  8  Calli,  1357,  antes  de  los  últimos  sucesos  re- 
feridos en  este  capítulo. 

2  Aquí  £edta  la  palabra  reinado.   El  autor  está  además  equivocado  en  su 
cuenta.  Quinatzin  reinó  del  año  1298  al  1857,  es  decir  unos  59  6  60  años. 


2  r 


CAPITULO  XIII 

Del  gobierno  de  Techoílalatzln, 


Entró  en  la  sucesión  del  imperio  Techotlalatzin,  ^  aunque  el 
menor  de  los  hijos  de  Quinatzin,  por  sus  virtudes,  y  haber  es- 
tado siempre  sujeto  á  la  voluntad  y  gusto  de  su  padre;  y  por 
haber  sido  la  ama  que  lo  crió  señora  de  la  nación  Tulteca, 
natural  de  la  ciudad  que  en  aquel  tiempo  era  de  Culhuacan, 
llamada  Papaloxochitl,  fué  el  primero  que  usó  hablar  la  len- 
gua náhuatl  que  ahora  se  llama  mexicana,  porque  sus  padres 
nunca  la  usaron:  y  así  mandó  que  todos  los  de  la  nación  chi- 
chimeca  la  hablasen,  en  especial  todos  los  que  tuviesen  ofi- 
cios y  cargos  de  república,  por  cuanto  en  sí  observaba  todos 
los  nombres  de  los  lugares,  y  el  buen  régimen  de  las  repúbli- 
cas, como  era  el  uso  de  las  pinturas  y  otras  cosas  de  policía: 
lo  cual  les  fué  fácil,  porque  ya  en  esta  sazón  estaban  muy  in- 
terpolados con  los  de  la  nación  tulteca.  ^  En  las  faldas  del  cerro 

1  En  el  mapa  Tlotzin,  inmediatamente  debajo  de  la  cueva  de  Oztoticpac 
Tetzcuco,  está  Techotlala  con  su  mujer.  £1  nombre  jeroglífico  que  tiene  el 
primero,  se  lee  Coxcoz  Techotlala,  y  el  de  la  segunda  Tozquentzin.  La  leyen- 
da mexicana  que  está  debajo  dice:  "Techotlala  casó  con  Tozquentzin,  hija  de 
Acolmiztli  de  Coatlichan." 

2  Continúan  los  progresos  de  la  civilización  chichimeca.  Gomo  se  ha  visto, 
los  cbichimecas  llegaron  salvajes  con  Xolotl,  eran  trogloditas,  y  vivían  sola- 
mente de  la  caza,  cuya  carne  comían  cruda,  y  su  religión  era  el  culto  perso- 


74  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Huexachtecatl  se  habían  poblado  cuatro  barrios  de  la  nación 
tulteca  (que  se  tenían  por  más  religiosos  de  sus  ritos  y  cere- 
monias), en  donde  tenían  puestos  unos  templos  y  simulacros 
de  sus  ídolos  y  falsos  dioses;  y  sobre  á  cual  se  daría  la  mayo- 
ría de  sus  dioses  tuvieron  muy  grandes  debates  y  contiendas, 
por  cuya  causa  Coxcox,  rey  que  á  la  sazón  era  de  los  culhuas, 
los  hecho  de  allí;  y  desparramándose  á  diversas  partes,  los  más 
principales  de  ellos  fueron  á  parar  á  la  ciudad  de  Tetzcuco,  y 
pidieron  á  Techotlalatzin  les  diese  tierras  en  donde  poblar,  el 
cual  les  mandó  poblar  en  la  ciudad  de  Tetzcuco,  por  ser  gente 
política  y  conveniente  á  sus  propósitos  para  el  buen  régimen 
de  su  república;  y  así  se  poblaron  dentro  de  ella  en  cuatro 
batrios,  por  ser  otras  tantas  las  familias  de  estos  tultecas,  ó  se- 
gún en  este  tiempo  se  llamaban,  culhuas:  el  un  barrio  poblaron 
los  de  la  familia  de  los  mexítin,  cuyo  caudillo  se  llamaba  Ayo- 
cuan;  el  segundo  barrio  dio  á  los  colhuaques  que  tenían  por 
caudillo  á  Nauhyotl;  el  tercero  álos  huitzimahuaques,  cuyo  cau- 
dillo se  llamaba  Tlacomihua;  y  el  cuarto  á  los  panecas  que  su 
caudillo  se  decía  Achitometl.  ^  Asimismo  despachó  á  otros  que 

nal  ul  sol  y  á  la  tierra:  por  lo  mismo  no  tenían  sacerdocio.  Nopaltzin  da  las 
primeras  leyes  sobre  propiedad  de  la  caza  y  castiga  el  adulterio.  Establecidos 
los  derechos  de  la  familia  y  de  la  propiedad,  aparece  el  sacerdocio  náhuatl  en 
la  persona  de  Tecpoyo,  y  Tlotzin  comienza  á  recibir  su  cultura,  é  introduce 
la  agricultura  y  nuevos  alimentos.  Por  fin  Quinatzin  impone  la  vida  de  ciu- 
dad, y  en  ella  las  artes  nahuas.  Techotlala  manda  el  uso  de  la  lengua  ná- 
huatl; y  desde  entonces  se  borran  las  viejas  costumbres,  y  vamos  á  ver  en  las 
nuevas  y  en  la  religión  y  el  culto,  todo  náhuatl,  y  semejante  á  lo  mexicano. 

1  Del  arribo  do  estos  nuevos  emigrantes  civilizadores,  nos  da  también  razón 
el  mapa  Quinatzin.  En  efecto,  se  ve  ahí  á  Techotlala  sentado  en  el  icpalli 
real,  dando  orden  de  que  se  reciba  á  los  emigrantes.  Los  nombres  de  éstos  es- 
tán expresados  por  sus  jeroglíficos  que  significan:  mexitl,  huitznahuatl  y  te- 
pan.  Bl  emigrante  hombre,  además  de  su  quimilli,  tiene  sobre  éste  su  arma 
atlatl,  y  la  mujer  lleva  una  carga  de  maíz  á  la  espalda.  Eran  pues,  pueblos 
agricultores  y  guerreros;  pero  además  profesaban  las  artes,  pues  debajo  de  ellos 
hay  varios  utensilios  de  sus  industrias.  Era  por  lo  mismo  importantísima  emi- 
•  gración  para  el  progreso  de  los  chichimecas.  Las  huellas  indican  que  llegaron 
de  Gulhuacan.  En  efecto,  en  esos  tiempos,  las  tiranías  y  guerras  que  hubo  entre 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  75 

poblasen  otras  ciudades  y  pueblos.  Esta  población  de  estos 
cuatro  barrios  acaeció  en  el  año  de  mil  trecientos  y  uno.  Era 
esta  gente  toda  muy  política,  y  trajeron  muchos  ídolos  á  quie- 
nes adoraban,  entre  los  cuales  fué  Huitzilopochtli  y  Tlaloc.  ^  Era 
tan  grande  el  amor  que  Techotlalatzin  tenía  á  la  nación  tulte- 
ca,  que  no  solamente  les  consintió  vivir,  y  poblar  entre  los 
chichimecas,  sino  que  también  les  dio  facultad  para  hacer  sa- 
crificios públicos  á  sus  ídolos  y  dedicar  los  templos,  lo  que  no 
había  consentido  ni  admitido  su  padre  Quinatzin;  y  así  desde 
su  tiempo  comenzaron  á  prevalecer  los  tultecas  en  sus  ritos  y 
ceremonias.  Este  emperador  casó  con  Tozquentzin,  hija  de 
Acolmitztli  señor  de  Coatlichan,  en  la  que  tuvo  cinco  hijos:  fué 
el  primero  el  príncipe  Ixtlilxochitl,  primero  de  este  nombre;  la 
segunda  se  llamó  Chochxochitzin;  el  tercero  Tenancacaltzin;  el 
cuarto  Acatlotzin:  el  quinto  Tenannahuacatzin.  Al  príncipe  Ix- 
tlilxochitl que  nació  en  el  bosque  y  recreación  de  Tzinacanoz- 
toc,  le  dio  por  ama  que  lo  criase,  una  señora  llamada  Zaca- 
quimiltzin,  natural  de  la  provincia  de  Tepepolco;  y  para  la 
crianza  de}  príncipe  le  señaló  los  pueblos  siguientes:  Tepetlaoz- 
toc,  Teotihuacan,  Tezoyocan,  Tepechpan,  Chiuhnauhtlan,  Cuex- 
tecatlichocayan,  Tepepolco,  Tlalaxapan,  Tizayocan.  Ahuatepec, 


los  culhuas,  obligaron  á  dos  fracciones  de  éstos  á  abandonar  el  lago:  una  se 
fué  á  Cuauhtitlan  y  la  otra  á  Tetzcuco.  Así  en  esta  ciudad  el  elemento  cbi- 
cbimeca,  puede  decirse  que  quedó  en  minoría  y  subalternado,  pues  aún  los 
seis  calpuUi  en  que  se  dividió,  tomaron  los  nombres  de  los  emigrantes.  Se  lla- 
maron: Mexicapan,  Colbuacan,  Huitznabuac,  Tepan,  Tlailotlacan  y  Cbi- 
malpan. 

La  leyenda  mexicana,  que  está  junto  á  las  figuras  referidas,  dice:  "En  tiem- 
po de  Techotlalatzin  llegaron  los  colbuas;  tomaron  sus  semilas  de  maíz,  frijo- 
les, bledos  y  chía,  y  las  pusieron  en  los  agujeros  de  las  tuzas:  de  allí  salieron 
las  cañas  y  los  xilotes.  Fueron  los  primeros  que  trabajaron  los  campos;  lim- 
piaron la  tierra;  trajeron  sus  dioses;  y  quemaban  á  los  muertos."  Esto  se 
significa  en  el  mapa  Quinatzin  con  un  campo  cuadrado  y  sembrado,  y  con  la 
incineración  de  un  cadáver. 

1  Aquí  se  ve  la  introducción  del  nuevo  culto,  que  podemos  llamar  mexi- 
<íano. 


76  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL. 

Axapochco  y  Quauhtlatzinco.  En  esta  sazón  murió  Aculhua, 
rey  de  Azcaputzalco,  ^  y  le  sucedió  su  hijo  llamado  Tezozomoc, 
después  de  haber  reinado  muchos  años;  porque  según  por  la 
historia  parece,  estos  señores  chichimecas  y  aculhuas  vivían 
doscientos  y  cincuenta  y  trescientos  años,  ^  lo  cual  vino  á  faltar 
en  sus  descendientes,  después  que  se  dieron  á  los  regalos  de 
las  comidas,  y  á  los  deleites  y  comunicación  con  muchas  mu- 
jeres; porque  antes,  como  atrás  queda  referido,  no  tenían  más 
de  una  sola  miyer;  y  ésta  estando  preñada,  y  después  de  pa- 
rida, hasta  que  eran  sus  hijos  grandes,  no  tenían  comunicación 
con  ella. 

1  Aculhua  había  muerto  desde  1848. 

2  Ya  hemos  dicho,  que  para  completar  su  cronología,  los  autores  antiguos 
alargaban  mucho  las  vidas  de  los  reyes;  y  acaso  bajo  un  solo  nombre  com- 
prendían á  varios. 


CAPITULO  XIY 


De  alguna»  guerras  que  tuvieron  Tezozomoc  rey  de  Azeapulzalco  y  los  señores  mexi- 
canos f  ampliando  su  señorío;  y  de  la  sucesión  de  Acamapichtli  en  el  reyno  de  los  cm/- 
huas  por  niancueül,  su  mujer,  y  otras  cosas  que  sucedieron  hasta  la  muerte  de 
Techotlalatxin, 


Así  como  entró  en  la  sucesión  del  reino  Tezozomoc,  convocó 
á  sus  dos  hermanos  ^  Epcoatzin  y  Acamapichtli  señores  de  Mé- 
xico, para  hacer  guerra  contra  Tzonpantecuhtli,  rey  que  á  la  sa- 
zón era  del  reino  de  los  otomíes,  que  tenía  su  corte  en  Xalto- 
can,  y  contra  los  de  Cuauhtitlan  y  Tepotzotlan;  y  juntando  pa- 
ra el  efecto  sus  gentes  fueron  sobre  ellos,  y  de  tal  manera  hi- 
cieron la  guerra,  que  se  apoderaron  del  reyno  de  los  otomíes. 
y  Tzonpantecuhtli,  su  señor,  determinó  irse  huyendo  á  la  pro- 
vincia de  Metztitlan  de  donde  lo  era  también.  Techotlalatzin 
viendo  estas  alteraciones,  juntó  su  gente,  y  se  puso  con  ella  en 
Chicunauhtla,  para  desde  allí  reconocer  los  designios  de  los 
tepanecas  y  mexicanos,  y  aquella  noche,  cuando  dieron  la  ba- 
talla á  Tzonpantecuhtli  y  le  ganaron  la  ciudad  de  Xal tocan,  ^ 

1  Continúa  el  autor  empeñado  en  hacer  hermanos  á  Tezozomoc  y  Acama- 
pichtli.— Este,  según  el  P.  Duran,  era  hijo  de  un  antiguo  señor  mexicano  lla- 
mado Opochtzin,  y  no  tenía  ninguna  relación  con  la  familia  de  los  señores 
tepanecas. 

2  Ni  las  crónicas  mexicanas  ni  el  Códice  Mendocino,  tratan  de  esta  guerra 
Según  el  Códice  Mendocino,  las  guerras  que  hubo  en  tiempo  de  Acamapich- 
tli, fueron  las  de  Cuauhuahuac,  Mizquic,  Cuitlahuac  y  Xochimilco:  la  de  Xo- 
chimilco  tuvo  lugar  el  año  1879;  la  de  Mizquic  el  1382;  y  la  de  Cuitlahuac 
el  1893. 


78  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

pasó  cerca  de  su  ejército  un  escuadrón  de  los  otomíes  que  iban 
huyendo,  y  llevaban  en  medio  de  él  mucha  gente  miserable  de 
mujeres,  niños  y  viejos;  y  entendiendo  que  eran  algunosxie  los 
enemigos,  que  pretendían  entrarse  en  las  tierras  del  reyno  de 
Tetzcuco,  fué  en  su  seguimiento  hasta  Tezontepec  en  donde  he- 
cho de  ver  que  no  era  gente  forajida;  y  como  supo  de  su  ca- 
lamidad y  trabajos,  y  que  era  gente  doméstica,  los  mandó  vol- 
ver y  les  dio  tierras  y  lugares  en  la  provincia  que  desde  en- 
tonces se  llamó  de  Otompan,  para  que  los  poblasen,  y  Tezozo- 
moc  se  alzó  con  el  reyno  de  los  otomíes  desde  este  tiempo,  y 
con  la  provincia  de  Mazahuacan  y  con  la  de  Coauhtitlan  y 
Tepozotlan,  dando  y  repartiendo  algunos  pueblos  y  lugares  á 
los  señores  mexicanos.  Asimismo  vinieron  otros  otomíes  del 
reyno  de  los  tepanecas  y  de  la  provincia  de  Cuahuacan  pam 
que  los  amparase  y  les  diese  tierras  en  que  poblar,  porque  Te- 
zozomoc  su  señor  los  tenía  muy  oprimidos  con  pechosy  tribu- 
tos excesivos  que  cada  díales  imponía:  el  cual  los  admitió  y  en- 
vió á  poblar  en  YahualiuhcanyMacapan,  en  donde  permanecie- 
ron. Acamapichtli  señor  de  los  tenochcas,  viéndose  ya  en  esta 
sazón  poderoso  y  favorecido  del  rey  Tezozomoc  y  de  Epcoa- 
tzin,  sus  hermanos,  procuró  introducirse  y  alzarse  con  el  rei- 
no de  los  culhuas,  por  el  derecho  que  pretendía  tener  por 
Yllancueitl  su  miy er,  hija,  aunque  menor,  de  Achitometzin;  lo 
cual  hizo  con  facilidad.  Lo  uno  porque  en  aquella  sazón  Ck)x- 
coxtzin  que  era  rey  de  los  culhuas,  estaba  desflaquecido  de  gen- 
te y  señorío,  pues  el  de  Coatlichan  lo  había  dejado  á  su  her- 
mano Mococomatzin  con  la  codicia  de  heredar  el  reyno  de  los 
culhuas,  como  en  efecto  lo  heredó;  y  lo  otro  porque  entre  los 
mismos  culhuas  había  bandos  y  discordias  sobre  sus  idolatrías 
y  antigüedades  de  sus  dioses;  y  así  Acamapichtli  se  apoderó  del 
reyno  sin  contradición  ninguna,  y  Coxcoxtzin  se  fué  á  Coatli- 
chan, y  con  él  algunos  de  los  culhuas  de  la  parte  caída;  que  po- 
blaron en  Coatlichan,  y  de  los  mismos  que  fueron  á  Tetzcuco 
como  queda  atrás  referido.  Acamapichtli  no  quiso  asistir  en 
Culhuacan  cabecera  de  aquel  reyno,  sino  que  puso  un  gober- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  79 

nador  del  que  fué  su  nieto  Quetzaloya  hijo  de  Chalchiutlatonac 
señor  de  Goyohuacan;  el  cual  y  su  hermano  Epcoatzin  señor 
de  Tlatelolco  murieron  ambos  casi  á  un  tiempo,  habiendo  rei- 
nado cincuenta  y  un  años  según  la  Historia  general,  que  es  la 
que  se  sigue.  Y  entró  en  la  sucesión  Huitzilihuitzin,  el  cual 
casó  con  Tetzihuatzin,  hija  de  Acolnahuacatzin,  señor  de  Tla- 
copan,  y  de  Tzihuacxochitzin;  ^  en  la  cual  tuvo  ocho  hijos;  el 
primero  que  fué  Chimalpopocatzin,  que  le  heredó  en  el  señorío; 
la  segunda  Matlatzihuatzin  que  casó  con  Ixtlilxochitzin  rey  de 
Tetzcuco;  el  tercero  Omipoxtectzin;  el  cuarto  Tlatopilia;  el  quin- 
to Zacahuehuetzin;  el  sexto  Itzcoatzin,  que  asimismo  vino  á  ser 
rey  de  México;  ^  el  séptimo  Temilotzin;  el  octavo  y  último,  Te- 
mictzin.  A  Epcoatzin  sucedió  en  el  señorío  de  Tlatelolco  Qua- 
quauhpitzahuac,  el  cual  casó  ^  con  Coaxochitzin,  señor  de  la  ca- 
sa de  Coatlichan,  y  tuvo  tres  hijos;  que  fué  el  primero  Aman- 
tzin;  el  segundo  Tlacateotzin  tercer  señor  de  Tlatelolco;  y  á  la 
última  y  tercera  Matlalatzin.  El  rey  Tezozomoc  casó  con  Chal- 
chiuhcozcatzin  en  quien  tuvo  once  hijos;  que  el  primero  fué 
Maxtla  que  después  le  sucedió  en  el  reino;  el  segundo  Tecu- 
hicpaltzin;  el  tercero  Tayatzin;  la  cuarta  Cuetlachcihuatzin,  que 
casó  con  Tlacateotzin  señor  de  Tlatelolco;  la  quinta  Guetlaxxo- 
chitzin,  que  casó  con  Xilomantzin  hijo  de  Quetzalia  de  Culhua- 
can;  la  sexta  Tzihuacxochitzin,  que  casó  con  Acolnahuacatzin 
señor  de  Tlacopan;  la  séptima  Chalchiuhcihuatzin,  que  casó  con 
Tlatocatlatzacuilotzin,  señor  de  Acolman;  la  octava  Tecpaxo- 
chitzin,  que  habiendo  sido  casada  con  Tecpatl,  señor  de  Ato- 

1  Según  la  crónica  mexicana,  que  fielmente  reproduce  el  P.  Duran,  Huit- 
zilihuitl  casó  con  Ayauhcihuatl  hija  de  Tezozomoc,  y  no  tuvo  más  que  un  hi- 
jo, el  cual  fué  Chimalpopoca.  Agrega  que  algunos  dicen  que  casó  también  con 
una  hija  del  señor  de  Cuauhnahuac;  pero  que  en  cuantas  pinturas  tío,  halló 
que  no  tuyo  más  hijos  que  Chimalpopoca. 

2  Según  la  crónica  mexicana  Itzcoatl  no  fué  hermano,  sino  tío,  de  Chimal- 
popoca. En  esto  andaba  mal  enterado  el  autor,  pues  Duran  cuenta  que  Aca- 
mapichtli  tenía  una  esclava  natural  del  barrio  de  Cuauhacalco  de  Azcaput- 
zalco,  y  que  en  ella  tuvo  á  Itzcoatl. 

3  Aquí  faltan  las  palabras:  la  hija  de. 


80      OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

tonilco,  la  repudió  y  después  pretendió  su  padre  darla  por  mu- 
jer legítima  á  Ixtlilxochitzin  rey  de  Tetzcuco,  el  cual  no  la  ad- 
mitió sino  por  concubina,  que  fué  una  de  las  causas  en  que  se 
fundó  Tezozomoc  para  tiranizar  el  imperio;  la  novena  se  lla- 
mó Papaloxochitzin,  que  casó  con  Opantecuhtli  señor  de  Coa- 
tlichan:  los  otros  últimos  fueron  hembras.  Cerca  de  los  fines 
del  imperio  de  Techotlalatzin  murieron  Quaquauhpitzahuac 
señor  de  Tlatelolco,  y  entró  en  su  lugar  Tlacateotzin  su  hijo, 
que  tuvo  en  Cuetlachcihuatzin,  hija  de  Tezozomoc,  tres  hijos: 
los  dos  que  fueron  varones  nacieron  de  un¡vientre,  ^  los  cuales 
se  llamaron  Tzontecomoctzin  y  Quauhtlatoatzin;  y  asimismo 
murió  Huitzilihuitzin,  y  entró  en  la  sucesión  del  señorío  de 
Thenotitlan  ^  y  reino  de  los  culhuas  Chimalpopocatzin,  el  cual 
casó  con  Matlalatzin  hija  de  Quaquauhtipitzahuac  señor  de  Tla- 
telolco, en  la  cual  tuvo  siete  hijos;  que  los  dos  últimos  fueron 
Quatlecoatzin  y  Motecuhzomatzin  Ilhuacamina,  primero  de  es- 
te nombre  que  vino  á  ser  rey  de  México,  y  el  menor  de  todos 
sus  hermanos.  ^  Habiendo  sucedido  y  pasado  todas  las  cosas 
referidas,  murió  el  emperador  Techotlalatzin  en  su  palacio  de 
Oztoticpac  dentro  de  la  ciudad  de  Tetzcuco  (después  de  haber 
gobernado  ciento  y  cuatro  años),  con  gran  sentimiento  de  to- 
dos los  del  imperio  que  á  la  sazón  había  en  esta  Nueva  Espa- 
ña que  eran  entre  reyes  y  señores  sesenta  y  siete,  según  por 
la  historia  general  parece,  y  se  hallaron  los  más  de  ellos  en  sus 
honras  y  entierros  que  fué  el  año  de  mil  trecientos  y  cincuen- 
ta y  siete  ^  de  la  Encarnación  de  Cristo  Nuestro  Señor  que  lla- 
maron chicue  y  Calli. 

1  Es  decir,  gemelos. 

2  Tenochtitlan. 

8  Moteczuma  Ilhuicamina  era  hijo  do  Huitzilihuitl  y  Miahuaxochitl;  y  por 
lo  mismo,  hermano  de  Chimalpopoca. 

4  Techotlala  murió  en  el  año  de  1409,  antes  de  que  fuera  señor  de  México 
Chimalpopoca,  pues  éste  subió  al  señorío  en  el  año  de  1417. 


CAPITULO  XV 


De  ebmo  el  emperador  IxUüxochiil  OmetocíUli  entró  en  la  sucesión  del  imperio;  y  cómo 
Tetozomoe  y  los  señores  mexicanos  no  le  quisieron  dar  la  obediencia,  y  alteraron 
el  imperio. 


Luego  que  se  hicieron  las  exequias  y  entierro  de  Techotla- 
latzin  los  señores  que  se  hallaron  presentes  á  ellas  juraron  por 
su  universal  señor  á  Ixtlilxochitl,  aunque  Tezozomoc  así  que 
supo  la  muerte  de  Techotlalatzin  por  aviso  que  tuvo  de  Teyol- 
cocoatzin  su  nieto,  señor  que  á  la  sazón  era  de  Acolman,  luego 
convocó  á  los  señores  mexicanos,  y  entre  otras  razones  que  les 
dijo  fué  decirles,  que  él  se  hallaba  muy  ofendido  de  Ixtlilxo- 
chitl por  su  demasiada  presunción  y  altivez,  preciándose  no 
tener  iguales  en  su  mando  y  señorío,  pues  según  buena  razón  á 
él  competía  la  sucesión  del  imperio,  pues  era  nieto  de  Xolotl, 
primer  poblador  de  él,  demás  de  que  era  mancebo  de  poca  ex- 
periencia para  poder  conservar  un  tan  gran  señorío,  y  que  así 
de  ninguna  manera  se  quería  hallar  en  la  jura,  ni  le  admitir 
por  supremo  señor,  sino  que  antes  le  había  de  sojuzgar  y  poner 
debajo  su  mando  y  señorío,  pues  tenía  tantos  y  tan  principales 
deudos  y  parientes,  como  lo  eran  ellos  y  los  señores  de  Acol- 
man y  Goatlichan,  que  con  facilidad  á  estos  y  á  todos  los  seño- 
res de  su  casa  y  vasallos  atraería  á  su  voluntad.  Los  señores 
mexicanos  le  respondieron  que  les  parecía  muy  bien  lo  que  in- 
tentaba hacer,  mas  que  fuese  con  mucho  acuerdo,  porque  Ix- 
tlilxochitl, aunque  mancebo  era  belicoso  y  amado  de  sus  vasa- 

ToMO  II-7 


82  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

líos.  A  lo  cual  replicó  Tezozomoc  que  así  sería.  Ixtlilxochill 
luego  que  entró  en  la  sucesión  del  imperio  se  casó  con  Matlal- 
cihuatzin  señora  de  México  Tenochtitlan  y  hermana  del  rey 
Chimalpopoca,^  en  la  cual  tuvo  dos  hijos:  el  primero  fué  el  prín- 
cipe Acolmiztli  Nezahualcoyotzin;  la  segunda  la  infanta  Atotoz- 
tzin:  otros  hijos  tuvo  en  otras  concubinas  suyas,  y  en  Tecpaxo- 
chitzintuvoáAyancuiltzin.  El  príncipe  Nezahualcoyotzm  nació 
en  el  año  de  mil  cuatrocientos  y  dos  ^  de  la  Encarnación  de 
Cristo  Nuestro  Señor,  á  veinte  y  ocho  del  mes  de  Abril,  en  el 
año  que  llaman  ce  Tochtli  y  en  el  signo  y  día  que  llaman  ce 
Mazatl,  y  al  postrero  del  mes  de  Tocoztzintlan,  ^  y  fué  muy  no- 
tado su  nacimiento  de  los  astrólogos  y  adivinos  de  aquel  tiem- 
po, y  fué  por  la  mañana  al  salir  el  sol,  con  gran  gusto  de  su 
padre;  y  así  que  nació  le  señaló  puestos  y  lugares  para  su  crian- 
za, dándole  ayos  cuales  convenían  á  su  buena  crianza  y  doctrina, 
entre  los  cuales  fué  Huitzilihuitzin,  que  era  á  su  modo  en  aquel 
tiempo  muy  gran  filósofo.  Viendo  los  señores  que  estaban  re- 
motos de  la  corte  las  alteraciones  y  pretensiones  del  rey  de 
Azcaputzalco,  se  fueron  substrayendo  poco  á  poco,  de  tal  mane- 
ra que  comenzó  á  decaer  el  imperio,  y  Ixtlilxochitl  no  osó  salir 
á  castigarlos  por  tener  (como  decía)  al  enemigo  dentro  de  su 
casa,  que  con  facilidad  se  alzaría  con  ella;  demás  de  que  les 
andaba  al  oído,  y  así  lo  remitió  para  otro  tiempo,  y  quiso  por 


1  Según  la  versión  mexicana  del  F.  Duran,,  la  mujer  de  IxUilxochitl  y  ma- 
dre de  Nezahualcoyotl,  no  era  hermana  de  Chimalpopoca  sino  de  Itzcoatl;  pero 
en  el  mapa  Tlotzinse  ve  á  Ixtlilxochitl  y  á  su  mujer  Matlalcihuatl,  bien  mar^ 
cados  con  sus  jeroglíficos,  y  la  leyenda  dice:  ^^Ixtlilxochitl  se  casó  con  MaÜalci- 
huatl,  hija  de  Huitzilihuitl  de  Tenochtitlan." 

2  En  la  Kelación  9?,  fs.  152.  del  tomo  1?  pone  el  nacimiento  de  Nezahualco- 
yotzin en  el  nño  de  once  Casas,  que  dice  fué  en  el  de  1869,  y  también  es  error. 
(Nota  del  original.) 

8  En  la  Kelación  citada  dice  que  el  nacimiento  fué  á  cinco  días  del  12?  mes 
llamado  Hueypachtli,  en  el  primer  día  de  la  semana  llamado  ce  Mazatl,  co- 
rrespondiente &  los  últimos  del  mes  de  Octubre.  Aquí  habla  de  un  mes  llama- 
do Tocoztitlan,  que  no  conocemos.  El  P.  Duran  conñrma  la  fecha  de  1402 
del  nacimiento  de  Nczahualcoyt)tl. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  83 

medios  buenos  atraer  al  tirano  Tezozomoc  y  á  sus  aliados  y  de 
ninguna  manera  lo  pudo  allanar,  por  lo  cual  lo  remitió  á  las 
armas;  y  así  convocando  á  sus  gentes,  juntó  á  seis  provincias 
que  halló  de  su  parte,  entre  las  cuales  fueron  Tolantzinco  y 
Tepepolco,  y  á  los  señores  de  Huexotla,  Coatlichan,  Acolman 
y  otros  diez  ó  doce,  que  algunos  de  ellos  lo  hicieron  por  cum- 
plimiento, como  fueron  el  de  Acolman  y  Coatlichan;  y  con  la 
gente  que  juntó  en  las  provincias  referidas,  comenzó  á  castigar 
á  los  pueblos  y  lugares  pertenecientes  á  su  recámara,  que  de 
secreto  favorecían  y  eran  de  la  parte  de  los  tepanecas,  como 
fueron  los  de  Xaltepec,  Otompan,  Axapochco,  Temaxcalapan  y 
Tolquauhyocan. 


CAPITULO  XVI 


J>ela^adelpHncipeNezahu<acoyotsinpor7ier9dero  del  imperio  en  Icueortet  que 
ee  hieier<m  en  Muexotia^  en  donde  te  determinaron  las  ffu^rraa  que  hubo  entre 
IxüüxochiU  y  Texozomoe  sobre  el  imperio. 


El  año  siguiente  de  mil  cuatrocientos  y  catorce  de  la  Encar- 
nación de  Cristo  Nuestro  Señor  que  llaman  matlactliomey  Tóch- 
tli,  hizo  cortes  y  junta  Ixtlilxochitl  de  los  señores  y  capitanes 
que  eran  de  su  parcialidad,  para  tratar  en  ellas  el  orden  que  se 
<lebfa  de  tener  en  sujetar  al  rey  de  Azcaputzalco  y  á  todos  sus 
aliados  que  pretendían  alzarse  con  el  imperio;  los  cuales  sa- 
lieron de  acuerdo  que  ante  todas  cosas  convenía  jurar  á  Neza- 
hualcoyotzin  por  príncipe  heredero  del  imperio,  y  sitiar  por  la 
parte  de  la  laguna  á  las  ciudades  de  Azcaputzalco  y  México,  y 
que  el  ejército  que  anda  ^  castigando  y  sojuzgando  los  pueblos 
del  reino  de  Tetzcuco,  prosiguiese  entrando  por  las  tierras  de 
los  tepanecas  hasta  venir  á  dar  con  la  ciudad  de  Azcaputzalco, 
todo  lo  cual  se  puso  por  obra  y  Nezahualcoyotzin  fué  jurado 
de  edad  de  doce  años;  y  entre  los  capitanes  más  principales 
que  fueron  señalados  para  esta  guerra  fueron  señalados  Tzoac- 
nahuacatzin  que  se  le  dio  el  combate  de  hacia  la  laguna;  Coa- 
cuecuenotzin  por  caudillo  y  general  de  los  que  habían  de  en- 
trar por  las  tierras  del  enemigo,  el  cual  á  esta  sazón  estaba 

1  Andaba. 


86  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

muy  bien  apercibido  de  gente  y  de  todo  lo  necesario  para  de- 
fender su  reino  y  ofender  á  Ixtlilxochitl;  y  así  Tlacateotzin  se- 
ñor de  Tlatelolco,  que  era  el  general  del  ejército  de  los  tepa- 
necas,  salió  al  encuentro  de  Tzoacnahuacatzin  por  la  laguna 
antes  que  hubiese  llegado  á  la  mitad  de  ella,  de  tal  manera  que 
le  fué  forzoso  retirarse  y  aguardar  al  enemigo  á  las  orillas  de 
ella  por  la  parte  que  cae  de  Tetzcuco,  en  donde  tuvieron  una 
cruel  batalla  sin  que  de  la  una  ni  de  la  otra  parte  hubiese  ven- 
taja, más  de  que  no  les  dejaron  pasar  de  la  otra  parte  de  la 
laguna  á  sitiar  las  ciudades  de  México  y  Azcaputzalco.  El  año 
siguiente  que  llaman  ce  Acatl,  á  seis  días  de  su  segundo  mes, 
en  el  día  que  llaman  matlactliomey  Tecpatl,  entraron  los  tepa- 
necas  por  la  parte  que  llaman  Aactahuacan,  y  fueron  ganados 
todos  aquellos  lugares  hasta  el  pueblo  de  Iztapalocan  que  per- 
tenecía á  el  reino  de  Tetzcuco,  y  aunque  se  defendieron  fueron 
muertos  y  cautivos  muchos  de  los  naturales  de  aquellos  pue- 
blos, entre  las  cuales  murió  Quauhtilotzin,  mayordomo  que 
tenía  el  rey  puesto  en  Iztapalocan,  y  quemaron  y  saquearon 
todas  las  más  de  las  casas;  y  esta  fué  la  primera  de  las  victorias 
que  tuvieron  los  tepanecas.  Coacuecuenotzin  vino  á  entrar  coa 
su  ejército  por  Xilotepec  hasta  venir  á  dar  por  Qtlatepec^  y  Te- 
potzotlan  prosiguiendo  su  viaje  asolando  los  pueblos  y  lugares 
que  se  defendían  hasta  llegar  á  Cuauhtítlan,  en  donde  le  salie- 
ron los  tepanecas  con  un  poderoso  ejército,  y  peleando  con  él 
los  desbarató  y  venció,  y  pasó  por  Cuetlachtepec  hasta  llegar  á 
las  faldas  del  cerro  que  llaman  Temacpalco,  y  desde  allí  sitió 
la  ciudad  de  Azcaputzalco  sin  dejarle  entrar  por  aquella  banda 
ningún  socorro  de  gente  y  mantenimiento;  en  donde  estuvo 
casi  cuatro  años,  y  si  por  su  consejo  fuera,  tenía  lo  más  hecho 
para  poder  concluir  y  asolar  la  ciudad  de  Azcaputzalco,  y  res- 
taurar el  imperio. 

1  Citlaltepec. 


CAPITULO  XVII 

CXtrno  Tezotomoc,  viendo  que  el  emperador  IxÜUxochUl  le  tenia  eercada  y  tiüada  tu. 
eitidadf  procuró  pedir  treffiMt  con  íocolor  de  que  le  quería  dar  la  obediencia  y 
tratar  de  p<tce8. 


Viendo  Tezozomoc  que  en  cuatro  años  que  habían  durado 
las  guerras  de  los  chichimecas  contra  él,  no  había  podido  suje- 
tarlos, sino  que  antes  había  perdido  mucha  gente  de  su  ejérci- 
to, y  que  á  pocos  lances  le  entrarían  en  su  ciudad,  en  donde 
podía  correr  riesgo  su  persona,  y  las  de  sus  deudos  y  aliados, 
acordó  llevar  por  otro  camino  el  negocio,  y  fué  que  pidió  tre- 
guas por  cierto  tiempo,  en  el  cual  prometía  dar  la  obediencia 
á  IxtlilxochiU  y  tratar  de  la  paz  y  concordia  que  dijo  pretendía  á 
el  imperio,  y  para  ello  envió  sus  embajadores  á  Ixtlilxochitl,  el 
cual  siendo  demasiadamente  noble  de  condición,  sin  advertir 
el  daño  que  de  esto  le  podía  seguir,  luego  mandó  alzar  el  cerco 
que  tenía  puesto  sobre  Azcaputzalco,  y  envió  sus  gentes  á  que 
fuesen  á  descansar  en  sus  pueblos,  quedándose  solo  y  desaper- 
cibido en  la  ciudad  de  Tetzcuco;  y  conociendo  Tezozomoc  el 
descuido  con  que  vivía  y  que  sus  designios  se  le  iban  logrando, 
fingió  quererle  hacer  ciertas  fiestas  en  las  faldas  de  un  cerro 
que  se  dice  Chiuhnauhtecatl  ^  en  confirmación  de  las  paces  que 
fingidamente  decía  querer  hacer  con  Ixtlilxochitl,  y  llevando 
para  el  efecto  muchas  danzas  y  otros  juegos,  regocijos  y  entre- 

1  En  otros  lugares  dice  Chicunauhtia. 


88  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

tenimientos  que  usaban  estos  señores,  á  las  vueltas  de  él  llevó 
un  grueso  razonable  ejército  para  que  al  mejor  tiempo  embis- 
tiesen con  los  tetzcocanos  y  matasen  á  Ixtlilxochitl  y  á  todos  los 
que  iban  con  él;  y  en  esta  traición  y  pactos  de  tiranía  fueron 
participantes  los  señores  mexicanos  y  los  otros  atrás  referidos, 
que  eran  de  la  casa  y  linaje  de  Tezozomoc,  el  cual  se  puso  con 
todo  lo  referido  en  un  bosque  y  casa  de  recreación  que  allí  es- 
taba, que  se  decía  Temamatlac,  en  donde  aguardó  á  Ixtlilxo- 
chitl; el  cual  cuando  llegó  á  su  noticia  cómo  estas  fiestas  que  el 
astuto  viejo  pretendía  hacer,  eran  para  mejor  hacer  su  tiranía  y 
traición,  (y  lo  que  más  sintió  el  rey  Ixtlilxochitl  ser  ya  tan  tarde 
que  apenas  se  pudo  fortificar  su  ciudad,  ni  pedir  socorro,  por- 
que los  más  de  los  señores  estaban  ya  en  compañía  del  tirano, 
y  aun  algunos  de  los  caballeros  de  su  corte,  de  quienes  mucho 
se  fiaba,  eran  partícipes  de  esta  conspiración),  haciendo  de  la- 
drón fiel  envió  á  excusarse  de  las  fiestas,  fingiendo  estar  indis- 
puesto, y  que  las  remitiesen  para  otro  tiempo;  para  lo  cual  lla- 
mó á  su  hermano  el  infante  Tocuitecatl  Acottotli,  y  le  encargó 
llevase  esta  emb^gada:  el  cual  conociendo  que  esta  empresa 
que  se  le  encargaba  era  de  mucho  riesgo,  y  que  no  podía  esca- 
par con  la  vida,  dijo  al  rey  su  hermano  que  se  acordase  de 
sus  hijos  y  los  amparase,  y  que  dos  lugares  que  le  había  hecho 
merced  de  ellos  poco  había,  que  se  decían  Quauhyocan  y  Te- 
quixquinahuac  de  que  aún  no  hkbía  tomado  posesión,  que  sus 
hijos  los  tuviesen:  el  rey  le  consoló  y  le  dijo  que  el  mismo 
riesgo  aguardaba  su  persona,  pues  le  veía  tan  desapercibido  de 
socorro  y  gente,  y  el  tirano  tan  eventajado,  pues  le  hacía  la 
guerra  con  sus  propias  armas  y  con  los  de  su  propia  casa,  y 
habiéndole  dicho  otras  razones,  le  mandó  vestir  ciertas  vestidu- 
ras que  el  rey  se  solía  poner,  y  adornarle  con  preseas  de  oro  y 
pedrería,  y  llamó  á  ciertos  criados  suyos  para  que  lo  acompa- 
sen, y  con  ellos  se  fué  al  bosque  de  Temamatlac,  que  estaba 
en  ChiuhnauhtecaU  como  está  referido.  Cuando  llegó  el  in- 
fante vio  que  estaban  todos  en  consulta,  y  entre  los  del  tirano 
muchos  de  los  de  la  gente  ilustre  y  principal  del  reino  de  Tetz- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLITJCOCHITL.  89 

CUCO,  como  eran  algunos  de  Huexotla  y  otros  de  Coatlichan  y 
de  Chimalhuacan,  Coatepec,  Iztapalocan  y  los  de  Acolman  con 
todos  los  de  su  valía;  y  haciendo  su  acatamiento  al  tirano  y  á 
todos  los  demás,  dio  su  embajada,  y  la  respuesta  que  se  le  dio 
fué  decirle  que  á  él  no  le  llamaban,  sino  á  Ixtlilxochitl;  y  luego 
incontinenti  lo  mataron  desollándolo  vivo,  y  el  pellejo  lo  en- 
cajaron en  una  peña  que  por  allí  estaba,  y  la  misma  muerte 
les  dieron  á  todos  los  que  iban  con  él.  De  lo  cual  fué  avisado 
el  rey  Ixtlilxochitl,  que  ya  estaba  puesto  á  punto  aguardando 
á  los  enemigos,  los  cuales  viendo  que  no  lo  pudieron  haber  á 
las  manos,  marcharon  á  gran  priesa  para  cogerle  desapercibido 
y  saquear  la  ciudad;  y  aunque  el  tirano  con  sus  consortes  se 
dio  mucha  priesa,  no  pudo  con  tanta  facilidad  ejecutar  su  mal 
intento,  porque  Ixtlilxochitl  se  opuso  contra  él  y  defendió  la 
ciudad  más  de  cincuenta  días,  en  los  cuales  sucedieron  muchas 
y  varias  cosas,  entre  las  cuales  un  caballero  llamado  Toxpilll, 
de  los  muy  privados  que  tenía  el  rey  Ixtlilxochitl,  él  y  los  de 
un  barrio  de  la  ciudad  llamados  chimalpanecas,  mataron  á  los 
ayos  y  gente  de  la  recámara  del  rey  por  ser  ya  del  bando  de  los 
tiranos,  entre  los  cuales  fueron  IztactecpoyoU  y  Huitzilihuitl, 
que  entrando  dentro  de  sus  casas  con  macanas  los  hicieron  pe- 
dazos, y  á  otro  llamado  Tequixquenahuacatlayacaltzin  dentro 
de  su  casa  á  pedradas  lo  mataron  y  arrastraron,  sacándolo  de 
su  casa  por  las  calles,  y  le  saquearon  la  casa;  era  persona  muy 
rica.  Viendo  Ixtlilxochitl  que  aun  hasta  los  de  su  casa  y  corte, 
y  de  quienes  tenía  gran  confianza  se  le  habían  rebelado,  y  to- 
dos apellidaban  el  bando  tepaneco,  y  que  estaba  tan  apurado, 
y  los  más  de  los  ciudadanos  y  otros  caballeros  que  defendían 
su  persona  y  la  de  su  ciudad  estaban  muertos,  y  la  gente  mise- 
rable é  indefensa,  le  fué  fuerza  hacer  lo  mismo. 


CAPITULO  XVIII 


De  ctmo  el  emperador  IxÜüxochUl  te  retiró  á  la  numtafUif  y  desde  allí  envió  á  pedir 
socorro  dios  de  la  provincia  de  Otompant  en  donde  mataron  d  sucapiidngenercUf  y 
lo  demds  que  acaeció  en  esta  ocasión  hasta  su  fin  y  muerte» 


E>a  tan  grande  la  confusión,  que  había  no  tan  solamente 
dentro  de  la  ciudad  de  Tetzcuco  sino  en  todas  las  demás  ciuda- 
des, pueblos,  y  lugares  del  reino,  que  unos  apellidaban  el  nom- 
bre de  Ixtlilxochitl  y  otros  el  del  tirano,  de  tal  manera  que  los* 
padres  defendían  el  un  bando,  y  los  hijos  el  otro,  y  aun  entre 
los  hermanos  y  deudos  había  está  confusión  y  división,  con 
que  con  mucha  facilidad  fué  asolado  por  el  tirano  y  sus  con- 
sortes, y  de  la  gente  popular  no  pararon  hasta  pasar  á  la  otra 
parte  de  las  montañas,  yéndose  á  vivir  los  más  de  ellos  á  las^ 
provincias  de  Tlaxcalan  y  Huexotzinco.  Ixtlilxochitl,  habiendo- 
desamparado  la  ciudad,  se  hizo  fuerte  en  un  bosque  de  los  de 
su  recreación,  que  se  dice  Quauhyacac,  y  con  él  Zoacuecue- 
notzin  su  capitán  general,  y  el  príncipe  Nezahualcoyotzin  con- 
todos los  de  su  valía,  desde  donde  peleaban  con  los  enemigos, 
que  andaban  tan  pujantes,  que  les  fué  fuerza  retirarse  unos 
adentro  por  las  montañas  y  irse  á  otro  bosque  que  se  dice  Tzi- 
canoztoc  ^  desde  donde  le  llegaron  nuevas  de  cómo  Itlacantzin 
señor  de  Huexotla,  y  Tlalnahuacatl  señor  de  Coaüichan,  y  To* 

•  1  Tzinncanoztoc. 


92  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

tomihua  de  Coatepec,  que  defendían  su  causa,  asimismo  ha- 
bían desamparado  y  retirádose  á  la  sierra,  y  que  estaban  ellos 
y  sus  vasallos  en  el  mismo  riesgo,  por  lo  que  acordó  de  enviar 
á  la  provincia  de  Otompan  á  pedir  socorro  á  Quetzalcuixtlí,  ca- 
pitán y  caudillo  que  tenía  puesto  para  la  gente  de  guerra  de 
aquella  provincia,  para  lo  cual  envió  á  su  sobrino  y  capitán  ge- 
neral de  su  ejército  Coacuecuenotzin  ^  diciéndole:  "sobrino  mío, 
grandes  son  los  trabajos  y  persecuciones  que  padecen  los  acul- 
huas  chichimecas  mis  vasallos,  pues  que  habitan  ya  en  las  mon- 
tañas, desamparando  sus  casas.  Id  á  decirles  á  mis  padres  los 
de  la  provincia  Otompan  que  les  hago  saber,  que  es  muy 
grande  la  persecución  que  los  míos  padecen,  y  así  les  pido  su 
socorro,  porque  los  tepanecas  y  mexicanos  nos  tienen  muy 
oprimidos,  que  con  una  entrada  que  hagan,  acaban  de  sojuz- 
gar el  imperio,  y  poner  en  huida  á  la  gente  miserable  de  los 
aculhuas  tetzcucanos,  pues  han  comenzado  á  pasarse  á  las  pro- 
vincias de  Tlaxcalan  y  Huexotzinco."  A  estas  palabras  Coacue- 
cuenotzin le  respondió:  "muy  alto  y  poderoso  señor,  agradez- 
co mucho  la  merced  que  vuestra  alteza  me  hace  en  quererme 
ocupar  en  este  viaje  el  cual  haré  con  muy  gran  voluntad;  mas 
le  advierto  á  vuestra  alteza  que  no  he  de  volver  más,  porque 
como  le  consta  ya  en  aquella  provincia  apellidan  el  nombre 
del  tirano  Tezozomoc;  sólo  le  pido  y  encargo  que  no  desam- 
pare á  su  criados  Tzontecoatl  y  Acolmiton,  y  pues  Dios  fué  ser- 
vido de  darle  al  príncipe  mi  señor  Nezahualcoyotzin,  los  podrá 
ocupar  en  su  servicio."  Fué  tan  grande  el  sentimiento  y  lágri- 
mas que  movieron  estas  razones,  que  por  un  rato  el  uno  al 
otro  no  pudieron  hablar,  hasta  que  volviendo  en  sí  le  dijo  así: 
sobrino  mío  muy  amado.  Dios  te  lleve  con  bien  y  te  favorez- 
ca, y  lleva  por  consuelo  cómo  me  dejas  en  el  mismo  riesgo 
que  tu  vas;  quizás  en  tu  ausencia  los  tiranos  me  quitarán  la  vi- 
da. El  cual  fué  al  efecto,  y  habiendo  sido  conocido  en  el  pue- 
blo de  Ahuatepec,  que  entró  por  aquella  parte  por  ver  de  ca- 

1  Antes  lo  Uama  Zoacüecuénoizin;  acaso  aquí  faltó  la  cedilla  al  copiante. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  93 

mino  ciertos  lugares  y  labranzas  que  por  allí  tenía,  para  des- 
pachar todos  los  bastimentos  que  pudiese  al  ejército,  fué  preso 
por  los  de  Quauhtlatzinco  y  llevado  á  Otomba,  y  allí  en  medio 
de  la  plaza  en  donde  todos  los  de  la  provincia  se  habían  jun- 
tado y  convocado,  le  preguntaron  de  su  venida,  y  habiéndoles 
dicho  y  dado  á  entender  á  lo  que  era  enviado,  el  capitán 
Quetzalcuixtli,  luego  que  oyó  la  embajada,  dijo  á  voces  á  to- 
dos los  que  estaban  presentes;  "Ya  habéis  oído  la  pretensión 
de  Ixtlilxochitl  para  que  le  demos  socorro,  lo  cual  de  ningu- 
na manera  se  ha  de  hacer,  sino  que  todos  nos  hemos  de  some- 
ter debajo  de  la  protección  y  amparo  del  gran  Tezozomoc, 
que  es  nuestro  padre;"  y  luego  habló  Lacatzone,  gobernador 
de  aquella  provincia  y  dijo:  "¿A  qué  hemos  de  ir?  defiéndase 
él  solo,  pues  tan  gran  señor  se  hace  y  de  tan  alto  linaje  se 
jacta;  y  pues  vino  al  efecto  su  capitán  general,  háganlo  peda- 
pedazos  aquí,  y  de  donde  diere,"  ^  mandando  á  los  que  pre- 
sentes estaban  lo  hiciesen  pedazos;  y  el  primero  que  lo  asió  fué 
un  soldado  Xochpoyo,  natural  de  Ahuatepec,  y  aunque  quiso 
defenderse,  llegaron  otros  que  lo  hicieron  pedazos,  y  todos  á 
voces  decían:  "viva  el  gran  señor  Tezozomoc  nuestro  empera- 
dor," y  luego  llegó  Icatzone  y  pidió  que  le  diesen  las  uñas  de 
los  dedos  de  Coacuecuenotzin,  y  habiéndoselas  dado  las  ensartó 
y  las  puso  por  collar  por  modo  de  burla  y  vituperio  diciendo: 
"pues  estos  son  tan  grandes  caballeros,  deben  de  ser  de  pie- 
dras preciosas  é  inestimables  sus  uñas,  y  así  las  quiero  tener 
por  ornato  de  mi  persona;"  y  con  los  pedazos  de  su  cuerpo 
la  gente  popular  comenzaron  á  tirarse  con  ellas  unos  á  otros. 
Asimismo  mataron  á  otros  cuatro  criados  suyos,  que  habían  ido 
en  su  seguimiento.  Esta  muerte  tan  desastrada  sucedió  á  los 
diez  y  ocho  días  de  su  octavo  mes  llamado  Micailhuitzintli,  en 
el  día  de  macuilli  Coatí,  que  es  á  veinticuatro  de  Agosto  del  año 
de  mil  cuatrocientos  diez  y  ocho  de  la  Encarnación  de  Cristo 

1  Aquí  debe  haber  un  error  del  copista,  pues  no  se  entiende  bien  la  redac- 
ción: y  también  supongo,  que  el  nombre  Lecatzone,  que  después  convierte  el 
autor  en  Icatzone,  debe  ser  Yacatzone. 


94      OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLILXOCHITL. 

Nuestro  Señor.  Itzcuintlatlacca,  un  caballero  natural  de  Ahua- 
tepec  que  se  halló  presente  cuando  lo  referido,  fué  á  toda  prisa 
á  ver  al  rey  Ixtlilxochitl  y  darle  cuenta  del  caso  infeliz  referido, 
el  cual  habiéndolo  oído,  mandó  llamar  á  la  mujer  de  Coacue- 
cuenotzin  para  consolarla,  á  |la  cual  dijo:  ^^sobrina  mía,  ya  mi 
amado  sobrino  y  capitán  general  del  ejército  de  mi  imperio 
•cumplió  como  leal  vasallo,  pues  empleó  en  mi  amparo  y  defensa 
su  persona  y  vida;  lo  que  te  ruego  ahora  es  que  tengas  ánimo 
en  las  adversidades  que  la  fortuna  nos  muestra,  y  te  consuelen 
mis  hijos,  que  aquí  tienes  presentes,  que  lo  que  importa  es  es- 
caparlos de  esta  persecución:"  y  le  dgo  otras  muchas  razones 
•derramando  lágrimas,  y  así  se  fué  de  este  puesto  á  otro  que  se 
decía  Chicuhnayocan,  en  donde  estuvo  treinta  días  retirado. 


CAPITULO  XIX 

De  la  desastrada  é  infeliz  muerte  del  emperador  IzUilxochUL 


Viéndose  Ixtlilxochitl  tan  desamparado  de  los  suyos,  dejó  á 
todos  los  de  su  casa  y  familia  en  el  bosque  de  Chicuhnayocan, 
y  con  sólo  dos  capitanes,  que  el  uno  se  decía  Totocahuan,  na- 
iural  de  Papalotlan,  y  el  otro  llamado  Cozamatl,  y  su  hijo  el 
príncipe  Nezahualcoyotzin,  se  fué  hacia  una  barranca  profunda 
-que  se  dice  Queztlachac,  junto  de  la  cual  estaba  un  árbol  grande 
<iaído,  que  debajo  de  sus  raíces  hizo  noche,  y  al  salir  el  sol  el 
-día  siguiente,  que  fué  en  el  que  ellos  llaman  matlactli  Cozca- 
cuauhtli,  á  los  nueve  días  de  su  décimo  mes  llamado  Ochpana- 
liztlique,  que  fué  á  los  veinticuatro  de  Septiembre  del  año  atrás 
referido,  llegó  á  él  muy  apresurado  un  soldado  de  los  espías 
que  tenía  puestos,  llamado  Tezcacoacatl,  diciéndole  cómo  por 
aquellas  lomas  había  descubierto  que  venía  cantidad  de  gente 
armada  á  gran  priesa.  Ixtlilxochitl  viéndose  ya  cercano  á  la 
muerte,  y  que  le  era  fuerza  el  venir  á  las  manos  con  sus  ene- 
migos, les  dijo  á  los  pocos  de  sus  soldados  que  allí  estaban  con 
él,  que  procurasen  escaparse  con  las  vidas,  que  él  no  podía  hacer 
menos  sino  morir  hecho  pedazos  en  manos  de  sus  enemigos;  y 
luego  llamó  al  príncipe  y  le  dijo  con  muy  sentidas  y  tiernas  pa- 
labras: "Hijo  mío  muy  amado,  brazo  de  león,  Nezahualcoyotl,  ¿á 
dónde  te  tengo  de  llevar  que  haya  algún  deudo  ó  pariente  que 
te  salga  á  recibir?   Aquí  ha  de  ser  el  último  día  de  mis  desdi- 


96  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

chas,  y  me  es  fuerza  el  partir  de  esta  vida;  lo  que  te  encargo  y 
ruego  es,  que  no  desampares  á  tus  subditos  y  vasallos,  ni  eches 
en  olvido  de  que  eres  chichimeca  recobrando  tu  imperio,  que 
tan  iiyuslamente  Tezozomoc  te  tiraniza,  y  vengues  la  muerte 
de  tu  afligido  padre;  y  que  has  de  ejercitar  el  arco  y  las  flechas; 
sólo  resta  que  te  escondas  entre  estas  arboledas  porque  no  con 
tu  muerte  inocente  se  acabe  en  ti  el  imperio  tan  antiguo  de  tus 
pasados."  Fueron  tantas  las  lágrimas  que  los  ¡ojos  vertían  de 
hijo  y  padre,  que  de  ninguna  manera  pudieron  hablarse  más,  y 
habiéndose  abrazado  tiernamente,  el  príncipe  se  apartó  de  su 
padre  y  se  fué  á  un  árbol  muy  copado,  dentro  de  cuyas  ramas 
se  estuvo  allí  escondido,  y  desde  donde  vido  el  fin  y  desastra- 
da muerte  de  su  padre:  el  cual  salió  al  encuentro  de  sus  ene- 
migos (que  los  más  eran  de  las  provincias  de  Otompan  y  Chal- 
co,  que  venían  con  los  tiranos  tepanecas,  á  quienes  había  hecho 
muchas  mercedes  y  favores  poco  tiempo  antes),  y  embistiendo 
con  ellos,  peleó  un  gran  rato,  matando  algunos  de  ellos,  hasta 
que  cayó  en  tierra  muerto,  pasado  su  cuerpo  por  muchas  par- 
tes con  lanzas  que  llevaban;  y  reconociendo  que  bajaban  mu- 
chos de  sus  soldados  á  favorecerle,  se  contentaron  con  dejarlo 
muerto  y  se  fueron  á  gran  priesa  por  la  vía  de  Otompan;  y  To- 
tocahuan,  uno  de  los  capitanes,  fué  el  primero  que  levantó  á  su 
rey  y  señor,  y  comenzó  á  hacer  una  lamentación  hablando  con 
el  cuerpo  difunto  diciéndole:  **  ¡  Oh  Ome  Tochtli  Ixtlilxochitl,  ya 
llegó  el  fin  de  tus  desdichas  y  principio  de  tu  descanso;  empiece 
ya  el  llanto  de  todo  tu  imperio,  y  goce  de  su  horfandad  y  or- 
bación,^  pues  hoy  le  falta  su  luz  y  padre:  sólo  me  pesa  en  dónde 
irá  á  parar  el  niño  Acolmiztli  Nezahualcoyotl,  mi  príncipe  y 
señor,  y  con  él  sus  leales  y  desdichados  vasallos."  Y  habiendo 
hecho  este  apostrofe  y  parlamento  al  cuerpo  de  su  rey  y  señor, 
lo  comenzó  á  amortajar,  y  entre  los  que  fueron  llegando,  fué 
un  caballero  llamado  Chichiquiltzin,  natural  de  Tlailotlacan.  y 
allí  cerca  de  un  río  llamado  Queztlachac,  en  la  parte  más  aco- 

1  No  80  entiende  esta  palabra. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  97 

modada  que  vieron,  aderezaron  lo  mejor  que  pudieron  un  es- 
trado y  asiento  real,  en  donde  pusieron  el  cuerpo  del  gran  Ix- 
tlilxochitl,  y  aquella  noche  estuvieron  con  él,  hasta  que  otro 
día  al  amanecer  lo  quemaron,  que  fué  en  el  que  llaman  ma- 
tlactlice  01in,y  sus  cenizas  las  guardaron  hasta  que  fuese  tiempo 
de  colocarlas  en  el  lugar  conveniente  á  su  persona  y  calidad. 
Duraron  estas  últimas  guerras  de  los  tepanecas  tres  años  y  dos- 
cientos setenta  y  seis  días,  siendo  de  edad  el  príncipe  Nezahual- 
<5oyotzin  de  quince  años  y  doscientos  días,  y  jurado  y  recibido 
por  su  señor  del  imperio  chichimeca.  Ixtlilxochitl  fué  el  pri- 
mer emperador  chichimeca  que  se  enterró  con  semejantes  exe- 
quias, que  es  conforme  á  los  ritos  y  ceremonias  de  los  tultecas. 


Toxoii-8 


CAPITULO  XX 


De  etnno  el  tirano  Texozomoe  se  hixo  jurar  emperador  del  imperio  éMchimecOf  y  cómo 
hizo  matar  á  mucfios  niños  naturales  del  reino  de  Tétzcueo,  y  el  pregón  que  4i6 
por  su  mandato  en  los  llanos  de  Tozteca  Teopan^  donde  juntaron  todos  los  de  el 
reino  de  Tetzcuco,  y  algunos  de  los  otros  pertenecientes  al  imperio. 


Luego  que  fué  muerto  Ixtlilxochitl,  sexto  emperador  chichi- 
meca,  llevaron  la  nueva  al  tirano  Tezozomoc  los  matadores,  á 
quienes  hizo  muy  grandes  mercedes,  se  hizo  jurar  y  recibü*  en 
el  imperio,  haciendo  muchas  mercedes  á  sus  aliados  y  consor- 
tes como  eran  los  señores  mexicanos  Tlacateotzin  de  Tlatelul- 
co  y  Chimalpopoca  en  Tenochtitlan,  y  Ateyolcocoatzin  señor 
de  Aculman,  y  á  otros  que  se  hallaron  en  las  fiestas  y  juras, 
aunque  todos  los  más  de  los  señores  de  las  provincias  remotas 
con  estas  novedades  y  alteraciones  se  fueron  alzando  poco  á 
poco,  sin  reconocer  á  la  una  ni  otra  parte;  pero  después  el 
tirano  pretendió  sojuzgarlas,  y  por  el  corto  término  y  guerras^ 
que  luego  se  ofrecieron,  no  hubo  lugar.  La  primera  diligencia 
que  mandó  hacer  contra  los  leales  vasallos  de  Ixtlilxochitl, 
fué  que  á  los  niños  que  supiesen  hablar  hasta  los  de  siete  años, 
se  preguntase  á  quién  tenían  y  reconocían  por  señor  natural, 
y  que  los  que  respondiesen  que  á  Ixtlilxochitl  ó  Nezahualcoyotl 
los  matasen;  y  los  que  dijesen  que  á  él  los  premiasen  junta- 
mente con  sus  padres.  Usó  de  esta  crueldad  para  que  en  todo 
tiempo  fuesen  aborrecidos  Ixtlilxochitl  y  Nezahualcoyotzin  sus 


100  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

señores  naturales.  Lo  cual  se  puso  luego  por  ejecución;  y  como 
los  inocentes  niños  siempre  habían  oído  decir  á  sus  padres  y 
mayores  ser  vasallos  de  Ixtlilxochitl  y  Nezahualcoyotzin,  res- 
pondieron esta  verdad,  por  cuya  causa  perecían  en  manos  de 
crueles  verdugos,  los  cuales  mataron  muchos  millares  de  ellos, 
que  fué  una  de  las  mayores  crueldades  que  príncipe  hizo  en 
este  Nuevo  Mundo.  La  segunda  diligencia  que  puso  por  obra 
fué  mandar  juntar  toda  la  gente  principal  y  plebe  de  todas  las 
repúblicas  y  de  todas  las  ciudades,  pueblos  y  lugares  que  eran 
del  patrimonio  del  imperio,  en  un  llano  que  está  entre  la  ciu- 
dad de  Tetzcuco  y  pueblo  de  Tepetlaóztoc,  y  subiéndose  encima 
de  un  cú  y  templo  (que  estaba  en  medio  del  llano  referido),  un 
capitán  á  voces  les  dijo  en  ambas  lenguas  chichimeca  y  tolteca 
(que  generalmente  en  aquel  tiempo  corría  en  todo  el  imperio), 
que  desde  aquel  día  en  adelante  reconociesen  por  su  empera- 
dor y  supremo  señor  á  Tezozomoc  rey  de  los  tepanecas,  y  á  éi 
acudiesen  con  todas  las  rentas  y  tributos  pertenecientes  á  el 
imperio,  y  no  á  otra  provincia,  pena  de  la  vida:  y  que  si  halla- 
sen al  príncipe  Nezahualcoyotzin,  lo  prendiesen  y  llevasen  vi- 
vo ó  muerto  á  la  presencia  de  Tezozomoc  su  señor,  que  él  pre- 
miaría á  los  que  tal  servicio  le  hiciesen.  A  todo  lo  cual  estuvo 
el  príncipe  Nezahualcoyotzin  escuchando  desde  un  cerro  mon- 
tuoso que  cerca  de  allí  estaba  y  que  se  dice  Cuauhyacac,  y  así 
procuró  vivir  con  recato  y  aviso,  desamparando  á  su  patria 
Lo  cual  sucedió  los  últimos  días  del  año  de  mil  cuatrocientos 
diez  y  ocho.  El  año  siguiente  habiendo  estado  el  príncipe  Ne- 
zahualcoyotzin retraído  en  la  provincia  de  Tlaxcalan  con  los 
señores  de  ella,  sus  tíos,  por  huir  de  las  asechanzas  del  tirano, 
se  vino  á  la  provincia  de  Chalco  por  estar  más  cerca  de  su  pa- 
tria y  colegir  los  designios  del  tirano  y  los  de  sus  émulos:  se 
entró  en  ella  ocultamente  so  color  de  que  era  soldado,  y  se  an- 
duvo en  una  campaña  del  ejército  de  los  chai  cas,  que  traían 
guerras- contra  ciertos  pueblos  comarcanos  sobre  sus  límites  y 
mojoneras,  con  lo  cual  pudo  algunos  días  estar  oculto  y  disfra- 
zado, hasta  que  un  día  mató  á  una  señora  Pnma  1 1  Züaininuh, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  101 

en  cuya  casa  se  albergaba,  porque  tenía  trato  de  vender  canti- 
dad de  pulque  (que  es  su  vino)  con  que  se  embriagaban  mu- 
chas personas,  pareciéndole  cosa  indecente  á  la  calidad  de  la 
persona  de  la  señora,  y  contra  lo  que  las  leyes  disponían:  ^  con 
lo  cual  hubo  de  ser  conocido  y  preso  por  los  chalcas,  y  llevada 
ante  el  señor  supremo  Toteotzintecuhtli,  que  así  se  decía  el  de 
aquella  provincia,  el  cual  lo  mandó  poner  en  una  jaula  dentra 
de  una  cárcel  fuerte,  y  en  su  guarda  á  Quetzalmacatzin  su  her- 
mano con  cantidad  de  gente,  y  que  en  ocho  días  naturales  no 
le  diesen  ninguna  comida  ni  bebida,  porque  en  esta  cruel 
muerte  quería  servir  al  tirano  Tezozomoc,  y  vengar  la  muerte 
de  aquella  señora.  Quetzalmacatzin,  aunque  fingió  cumplir  lo 
que  se  le  mandaba,  ocultamente  con  cierto  artificio  metía  de 
comer  y  de  beber  al  príncipe,  con  que  lo  sustentó  los  días  refe- 
ridos, compadeciéndose  de  él  y  de  cuan  injustamente  era  tra- 
tado por  dar  gusto  á  un  tirano:  al  cabo  de  los  cuales  Toteotzin- 
tecuhtli preguntó  por  el  preso  á  Quetzalmacatzin  ¿si  había 
fallecido?;  y  diciéndole  que  no,  recibió  muy  grande  enojo,  y  man- 
dó que  el  día  siguiente,  que  había  de  ser  la  feria  general  de  la 
provincia,  lo  hiciesen  pedazos  en  ella.  Luego  aquella  noche  Que- 
tzalmacatzin, compadecido  de  Nezahualcoyotzin,  entró  á  ver- 
le y  de  secreto  le  dijo  lo  que  había  pasado  y  la  cruel  sentencia 
que  estaba  dada  contra  él,  y  que  no  era  justo  que  en  él  se  eje- 
cutase, pues  era  sucesor  del  imperio;  que  antes  por  su  amor 
quería  él  padecer  en  su  nombre  aquella  muerte,  y  para  que 
pudiese  salir  de  entre  las  guardias,  mudasen  los  vestidos,  y  que 
con  toda  diligencia  se  pusiese  en  cobro,  huyendo  aquella  noche 
por  la  vía  de  Tlaxcalan  ó  de  Huexotzinco,  ó  en  otra  provincia 
extraña  donde  no  pudiese  ser  habido;  y  que  sólo  le  rogaba  y  en- 
cargaba en  premio  de  este  servicio  que  le  hacía,  que  si  los  dio- 
ses le  favorecían  y  recobraba  su  imperio,  se  acordase  de  su 

1  En  la  Relación  décima  de  la  Historia  de  los  Señores  Chichimecas,  toma 
1?  página  184,  llama  el  autor  á  esta  mujer  Zitlamiyauh,  y  dice  que  la  mató 
Nezahualcoyotl,  porque  habiéndola  encontrado  en  el  campo,  quiso  denunciar- 
lo dando  voces.  Esta  versión  es  más  honrosa  para  Nezahualcoyotl. 


102  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCIIITL. 

mujer  é  hyos,  y  los  amparase.  Agradecido  el  príncipe  de  tan 
gtaií  bien  como  el  que.  este  caballero  le  hacía,  le  dio  las  gra- 
cias, y  prometió  de  hacer  todo  cuanto  le  pedía,  y  su  lealtad  me- 
recía; y  así  se  salió  sin  que  fuese  conocido  de  las  guardias,  y 
toda  aquella  noche  caminó  á  gran  prisa  por  la  vía  de  Tlaxca- 
lan  quedando  en  su  lugar  dentro  de  la  jaula  Quetzalmacatzin; 
y  sabido  porToteotzintecuhtli  lo  que  había  pasado,  mandó  eje- 
<5Utar  eíi  él  la  muerte  y  sentencia  que  contra  Nezahualcoyotzín 
lenía  dada. 


CAPITULO  XXI 


-Cftmo  el  tirano  Tetozomoo  repwríiib  Uu  iierrai  perteneeientea  al  patrimonio  del  imperio 
de  loa  ohiehimecat,  y  otras  coeaa  que  hito  y  del  nteOo  que  eoM, 


El  año  siguiente  de  mil  cuatrocientos  y  veinte  de  la  Encar- 
nación de  Cristo  Nuestro  Señor  llamado  chicuacen  Tecpatl, 
híos  después  de  la  muerte  del  infeliz  Ixtlilxochitl  y  algunos  días 
más,  (cuando  de  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  todas  las  demás  de 
«u  provincia  los  naturales  que  se  hablan  ido  y  ausentado  á  di- 
versas partes,  estahan  ya  otra  vez  en  sus  casas  con  alguna 
quietud  aunque  despojados  de  sus  haciendas  y  bienes  mue- 
bles, regidos  y  gobernados  de  tiranos  crueles),  acordó  el  tirano 
Tezozomoc  en  esta  ocasión  de  repartir  el  reino  de  Tetzcuco 
en  este  modo.  El  pueblo  de  Coatlichan  con  todo  su  llamamien- 
to ^  (que  en  aquella  sazón  eran  muchos  pueblos  y  lugares  que 
tenían  el  nombre  y  apellidos  de  acolhuas,  y  corrían  desde  los 
términos  de  la  provincia  de  Chalco  hasta  los  de  Tolantzinco, 


1  Tenemos  un  plano  jeroglífico  del  señorío  de  Coatlichan,  pintado  en  papel 
de  maguey  por  los  antiguos  indios,  el  cual  nos  da  los  siguientes  pueblos  de  su 
jurisdicción:  Coatlichan,  Chalco,  Culhuacan,  Mexicapan,  Mexicaltzinco,  Te- 
pantitlan,  Ahuehuetitlan,  Ocotitlan,  Tepuzahuetlaoo,  Tenanco,  Tlalixpan, 
Texalco,  Oztolitiqui,  Chimalpa,  Tepalcapan,  Cuauhtlalpan,  3Iototepec,  Te* 
paneca,  ílalnahuac,  Tlilhuacan,  Hihuacan,  Tepepanayapanco,  Teocalpan, 
Oihuatecpan,  Tlamapoc,  Tototla,  Matlaltepec,  Miquitepec,  TIecuauhtitlan 
T?lalicaya,  Tepuchcalco,  Omequiauhco  y  Tlacatonco. 


104  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

en  donde  entraban  las  provincias  de  Otompan,  Tepepolco,  y 
Cempoalan),  tomó  para  sí.  Huexotla  que  era  la  otra  cabecera 
que  asimismo  contenía  muchos  pueblos  interpolados  con  los 
de  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  con  los  de  Coatlichan,  le  dio  á  Tía- 
cateotzin,  señor  de  Tlatelolco;  y  la  ciudad  de  Tetzcuco  con  los 
demás  pueblos  de  su  llamamiento  le  dio  á  Chimalpopoca  rey 
de  México.  ^  Asimismo  dio  investidura  de  reyes  á  su  nieto  Te- 
yolcocoatzin,  señor  de  Acolman,  y  á  Quetzalmaquiztli  señor 
de  Coatlichan,  las  que  caían  por  la  parte  del  Mediodía:  y  á 
Ateyolcocoatzin  de  Acolman,  las  del  Septentrión  repartiendo 
entre  los  del  gobierno  de  todo  el  imperio  de  Tetzcuco.  ^  Otras 
mercedes  hizo  á  otros  caballeros  y  señores  de  menos  cuenta. 
Hecho  esto,  comenzó  á  hacer  algunas  guerras  y  entradas  con 
sus  capitanes  contra  los  de  las  provincias  remotas,  llevando 
la  cosa  con  rigor.  Muchos  de  los  señores  de  ellas  se  le  rindie- 
ron, sin  dar  lugar  á  que  sus  subditos  padeciesen  calamidades 
y  persecuciones,  las  que  en  tales  ocasiones  causan  las  guerras. 
En  esto  ocupó  todos  los  seis  años  que  le  restaban  de  vida:  ha- 
biendo estado  Nezahualcoyotzin  en  la  provincia  de  Tlaxcalan 
con  sus  tíos  los  señores  de  allí,  con  quienes  comunicó  sus  de- 
signios, y  ellos  le  dieron  el  orden  que  había  de  tener  para  re- 
cobrar su  imperio  y  señorío.  En  este  medio  tiempo,  las  seño- 
ras mexicanas,  que  eran  sus  tías  y  deudas  muy  cercanas  de 
él,  pidieron  de  merced  al  tirano  la  vida  de  su  sobrino,  el  cual 
se  las  concedió,  con  tal  que  asistiese  dentro  de  la  ciudad  de 
México,  sin  salir  de  ella;  hasta  que  segunda  vez  las  mismas  se- 
ñoras alcanzaron  del  tirano  pudiese  ir  á  la  ciudad  de  Tetzcu- 
co en  donde  le  restituyó  los  palacios  y  casas  de  sus  padres  y 
abuelos,  y  algunos  lugares  para  que  le  sirviesen,  con  lo  cual 

1  Ixtlilxochitl,  Relación  10?,  dice  que  Tezozomoc  asoció  al  imperio  á  los 
reyes  de  Cohuatlichan  y  Acolman.  Es  bien  singular  este  gobierno  de  triun- 
virato,  que  se  encuentra  en  todas  las  dinastías  de  México,  como  también  en 
Guatemala  y  entre  los  Muyscasde  la  Nueva  Granada.  (Nota  de  Teilhiaux). 

2  SI  mismo  sentido  trunco  é  imperfecto  presenta  el  original  desde  el  prin» 
cipio  del  período  dividido  por  el  punto  anterior. 


rON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  105 

tuvo  alguna  más  libertad  para  poder  tratar  de  restauración  del 
imperio  en  el  año  de  mil  cuatrocientos  veinte  y  seis  de  la  En- 
carnación que  llaman  matlactliomome  Tochtli.  Estando  en  el 
estado  atrás  referido  el  imperio,  el  tirano  Tezozomoc  soñó  una 
madrugada,  cuando  por  el  horizonte  salía  la  estrella  del  alba,  que 
al  príncipe  Nezahualcoyotzin  veía  transformarse  en  figura  de 
águila  real  y  que  le  desgarraba  y  comía  á  pedazos  el  corazón;  y 
otra  vez  se  transformaba  en  tigre,  que  con  unas  uñas  y  dientes 
le  despedazaba  los  pies:  se  metía  dentro  de  las  aguas,  y  lo  mis- 
mo hacía  dentro  de  las  montañas  y  sierras  convirtiéndese  en 
corazón  de  ellas;  con  lo  cual  despertó  espantado,  despavorido» 
y  con  cuidado,  y  así  hizo  llamar  luego  á  sus  adivinos  para  que 
le  declarasen  este  sueño.  Los  cuales  le  respondieron  que  sig- 
nificaba el  águila  real  que  le  despezaba  y  comía  el  corazón,  que 
el  príncipe  Nezahualcoyotzin  le  había  de  destruir  su  casa  y  li- 
naje; y  lo  del  tigre,  que  había  de  destruir  y  asolar  la  ciudad  de 
Azcaputzalco  con  todo  su  reino,  y  que  había  de  recobrar  el  im- 
perio que  le  tenía  tiranizado,  y  ser  señor  de  él:  que  eso  signifi- 
caba el  convertirse  en  corazón  de  las  aguas,  tierras  y  monta- 
fias.  Habiendo  oído  Tezozomoc  la  declaración  de  su  sueño,  les 
pidió  le  diesen  consejo,  para  que  pudiese  con  tiempo  reme- 
diarlo; los  cuales  le  respondieron,  que  no  hallaban  otro  sino 
matarlo,  y  que  esto  se  había  de  hacer  cuando  estuviese  des- 
cuidado, porque  de  otra  manera  sería  imposible  matarle.  Y 
habiendo  despedido  á  los  adivinos,  mandó  parecer  ante  sí  á  sus 
tres  hijos,  Maxtla,  Tayatzin  y  TlatocaTlizpaltzin,  y  entre  otras 
muchas  razones  que  les  dijo  fué  que  si  ellos  querían  ser  seño- 
res del  imperio,  matasen  á  Nezahualcoyotzin,  cuando  viniese 
á  la  ciudad  de  Azcaputzalco  á  hallarse  en  las  honras  de  su 
muerte,  que  sería  muy  presto,  porque  él  se  hallaba  muy  á  lo 
último  de  sus  días,  pues  como  sabían  había  gobernado  ciento 
y  ochenta  y  ocho  años,  y  que  en  su  lugar  entraría  Tayatzin 
su  hijo  á  quien  nombraba  por  sucesor. 


CAPITULO  XXII 


De  la  muerte  del  Urano  Texotomoc,  y  de  cómo  ae  introdujo  en  la  tucetibn  del  imperio 
MaxOa  segundo  tirano^  y  de  cómo  mat6  á  Tayattin  su  hermano,  y  de  oirás  cosas 
que  sucedieren. 


A  los  cuatro  días  primeros  del  año  que  llaman  mallactlio- 
mey  Acatl,  y  otros  tantos  de  su  primero  mes  llamado  Tlaza- 
xipenaliztli,  ^  y  en  día  de  Cycozca  Quauhtli,^  que  es  el  año  de 
mil  cuatrocientos  y  veinte  y  siete  de  la  Encarnación  de  Cristo 
Nuestro  Señor,  á  los  veinte  y  cuatro  de  Marzo,  falleció  Tezo- 
2omoc  en  la  ciudad  de  Azcaputzalco,  desamparado  de  la  natu- 
raleza humana  como  hombre  que  había  vivido  muchos  años 
y  gozó  de  muchos  siglos,  de  lo  cual  se  dio  aviso  á  los  señores 
mexicanos,  y  á  todos  los  demás  sus  deudos  y  amigos  para  que 
todos  viniesen  á  sus  honras  y  exequias;  y  asi  el  día  siguiente 
por  la  madrugada  al  salir  el  lucero  llamado  Nahvolin,  *  entre  los 
señores  que  vinieron  á  ellas  llegó  Nezahualcoyotzin  con  su  so- 
brino Tzontecochatzin,  y  dio  el  pésame  de  la  muerte  de  Te- 
2ozomoc  á  sus  tres  hijos,  y  á  los  señores  mexicanos  y  demás 
caballeros  de  aquel  linaje,  y  se  sentó  entre  ellos  asistiendo  á 
las  exequias  funerales,  y  otros  ritos  y  ceremonias  que  los  sacer- 
dotes de  los  ídolos  hacían  hasta  quemar  el  cuerpo.  Tayatzin 


1  Tlacaxipehualiztli. 

2  ce  Cozcacuauhtli. 
8  Kahui  Ollin. 


108  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

que  muy  en  la  memoria  tenía  escrito  lo  que  su  padre  había  de- 
jado encargado  acerca  de  matar  á  Nezahualcoyotzin  de  secre- 
torio recordó  á  su  hermano  Maxtla,  el  cual  le  respondió  que  lo 
dejase  por  entonces,  que  no  se  alborotase  que  tiempo  había 
para  hacerlo,  pues  en  aquella  sazón  sólo  se  trataba  de  las  hon- 
ras y  exequias  de  su  padre,  en  donde  asistían  tantos  señores 
y  gente  ilustre;  que  parecía  muy  mal  estando  todos  tristes  y 
conflictos  por  la  muerte  de  su  padre,  matar  á  otro  fuera  de 
tiempo  y  sin  son,  por  lo  cual  no  se  ejecutó  lo  que  Tezozomoc 
dejó  ordenado,  y  Nezahualyotzin  fué  avisado  de  su  primo  Mo- 
tecuhzoma  lo  que  se  había  tratado  contra  él;  por  lo  cual,  así 
como  fué  quemado  el  cuerpo  de  Tezozomoc  y  colocadas  sus 
cenizas  en  el  templo  mayor  de  la  ciudad  de  Azcaputzalco,  según 
el  modo  de  los  mexicanos,  Nezahualcoyotzin  se  volvió  á  la  ciu- 
dad de  Tetzcuco.  Maxtla  que  á  la  sazón  era  señor  de  Coyohua- 
can,  hombre  belicoso  y  de  ánimo  altivo,  pretendió  para  sí  el  im- 
perio, sin  embargo  de  lo  mandado  y  determinado  por  su  padre; 
pareciéndole  pertenecerle  mas  aina  por  ser  mayor,  en  quien 
concurrían  las  partes  y  requisitos  de  poder  gobernar  un  imperio 
como  el  que  su  padre  dejaba;  y  así  dentro  de  cuatro  días  des- 
pués de  las  honras,  se  hizo  introducir  en  el  imperio,  dándole 
todos  la  obediencia.  Ya  eran  contados  cinco  meses  y  cinco 
días  á  la  cuenta  de  los  naturales^  que  son  ciento  y  cinco  días, 
cuando  una  noche  estuvo  Tayatzin  con  el  rey  C3iimalpopoca: 
en  ciertas  pláticas,  como  lo  acostumbraban  desde  que  fué  de- 
puesto de  la  sucesión  que  su  padre  le  había  dejado;  las  cuales 
fueron  sobre  esta  materia,  diciéndole  el  rey  Chimalpopoca: 
"Maravillado  estoy  señor,  de  que  estés  expelido  de  la  dignidad 
y  señorío  en  que  te  dejó  nombrado  el  emperador  Tezozomoc 
tu  padre,  y  que  tu  hermano  Maxtla  se  haya  apoderado  de  él, 
no  perteneciéndole,  pues  no  es  más  de  señor  de  Coyohuacan." 
Respondiólo  Tayatzin:  "Señor,  cosa  dificultosa  es  recobrar  los 
señoríos  perdidos,  poseyéndolos  tiranos  poderosos."  Replicó 
Chimalpopoca:  "Toma  mi  consejo  pues  es  muy  fácil,  edifica  unos 
palacios  y  en  el  estreno  de  ellos  le  convidarás  y  allí  le  mata- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  109 

ras  con  cierto  artificio  que  yo  te  daré,  y  el  orden  que  para  ello 
has  de  tener:"  y  luego  prosiguió  con  otras  razones.  A  esta  sa- 
jzón  Tayatzin  había  llevado  consigo  un  enano  paje  suyo,  lla- 
mado Tetontli,  ^  el  cual  había  estado  tras  de  un  pilar  de  la  sala 
escuchando  la  plática  que  habían  tenido;  y  idos  que  fueron  á 
Azcaputzalco,  de  secreto  dio  aviso  el  enano  al  rey  Maxtla,  el 
cual  le  mandó  que  guardase  secreto,  prometiéndole  de  hacer 
muy  grandes  mercedes:  de  lo  cual  se  indignó  mucho  contra  su 
hermano,  y  luego  mandó  llamar  los  obreros  de  palacio,  y  les 
mandó  que  en  cierta  parte  de  la  ciudad  edificasen  unas  casas 
4)ara  que  en  ellas  viviese  su  hermano  Tayatzin,  que  aunque  le 
había  dado  el  señorío  de  Coyohuacan,  le  quería  tener  siempre 
en  su  corte.  Lo  cual  se  puso  luego  por  obra,  y  acabadas  de  edi- 
ficar las  casas,  luego  lo  envió  á  llamar,  y  fingiendo  convidarle 
^n  el  estreno  de  ellas,  le  quitó  la  vida  por  los  mismos  filos  que 
había  sido  aconsejado  por  el  rey  Chimalpopoca;  y  aunque  pa- 
xa  el  efecto  Maxtla  le  había  enviado  á  llamar,  se  envió  á  excu- 
sar diciendo,  que  estaba  ocupado  en  un  sacrificio  muy  solem- 
ne que  hacía  á  sus  dioses. 

1  En  las  Bclaciones  se  llama  Tlatolton. 


CAPITULO  XXIII 


Pf  c^mo  el  tírar\o  MaxUa  ?Uto  preruier  4  CfhinmíiPQpocarey  de  Me^^ 

to  toUar;  y  de  loe  trances  peliffrotot  en  que  te  íHdo  Netahualcoyottin, 


Visto  por  el  rey  Ghimalpopoca  la  muerte  que  tuvo  Tayatzin^ 
coligió  que  sin  duda  el  tirano  Maxtla  había  sido  avisado  del 
consejo  y  pláticas  que  con  Tayatzin  habia  tenido  sobre  el  ha- 
berse tomado  y  usurpado  el  imperio  Maxtla,  y  qqe  sus  desig- 
nios habían  sido  cogerlos  á  él  y  á  Tlacat^tzin  juntamente  con 
Tayatzin  en  las  fiestas  del  estreno  de  las  casas,  y  matarlos  á  to- 
dos tres,  como  lo  hizo  con  su  hermano,  si  allí  se  hallasen;  y 
que  sin  duda,  aunque  se  habían  escapado  de  este  lance,  los  ha- 
bía de  matar  por  la  vía  que  mejor  le  parecía;  y  estando  en  esta 
confusión,  procurando  el  mejor  medio  para  no  venir  á  sus  ma- 
nos, Tecuhtlehuacatzin,  uno  de  los  más  principales  caballeros 
de  su  corte  y  deudo  suyo,  le  aconsejó  que  se  armasen  los  dos 
á  usanza  de  guerra  y  con  insignias  de  hombres  que  se  ofrecían 
al  sacrificio  de  los  dioses,  y  que  saliendo  ataviados  de  esta  ma- 
nera fuesen  al  patio  del  templo  mayor,  y  allí  tuviesen  demos- 
tración de  quererse  sacrificar  á  sus  dioses,  con  lo  cual  echarían 
de  ver  el  intento  de  sus  vasallos,  porque  sabiendo  la  causa  de 
su  sacrificio,  si  les  querían  bien  no  lo  consentirían,  sino  que 
antes  todos  se  pondrían  en  armas  para  defenderle;  y  si  viesen 
en  ellos  tibiesa,  prosiguiesen  y  se  sacrificasen  á  sus  dioses,  que 
le  sería  de  mayor  gloria  morir  en  sacrificio  que  venir  á  las  ma- 


112  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

nos  del  tirano.  Lo  cual  luego  pusieron  por  obra,  y  estando  en 
los  actos  y  ceremonias  que  en  semejantes  sacrificios  se  solían 
hacer,  Motecuhzoma  que  ya  era  capitán  general  del  reino  y  hi- 
jo suyo,  ^  yéndoles  á  la  mano  y  queriendo  estorbar  su  intento, 
no  pudo,  y  así  dio  aviso  por  la  posta  á  Maxtla  como  supremo 
señor  que  era  para  que  lo  remediase  y  estorbase;  el  cual  luego 
que  lo  supo  envió  á  ciertos  caballeros  con  cantidad  de  gente 
para  que  prendiesen  al  rey  Chimalpopoca,  y  que  en  una  jaula 
fuerte  lo  pusieran  dentro  de  su  ciudad  con  bastantes  guardas, 
y  por  medida  le  diesen'la  comida;  y  Tecuhtlehuacatzin  solo  fue- 
se sacrificado.  Lo  cual  se  puso  luego  en  efecto,  de  manera  que 
no  salieron  con  su  intento  Chimalpopoca  y  su  consejero  Tecuh- 
tlehuacatzin, porque  los  mexicanos  se  veían  muy  faltos  de  fuer- 
zas para  poder  resistür  la  furia  y  enojo  de  un  tan  poderoso  ti- 
rano como  era  Maxtla.  Nezahualcoyotzin  tuvo  aviso  de  su 
hermano  Yancuiltzin  de  todo  lo  atrás  referido,  y  como  su  tío  el 
rey  Chimalpopoca  quedaba  preso  y, muy  aflgido,  y  que  casi 
apenas  le  daban  de  comer.  Se  determinó  de  ir  á  ver  al  tirano, 
y  pedirle  de  merced  soltase  á  su  tío,  y  le  perdonase  si  en  algo 
le  había  ofendido;  lo  cual  puso  por  obra  llevando  consigo  á 
Tzontecochatzin,  y  asimismo  de  vuelta  ver  á  su  tío  si  otra  co- 
sa no  alcanzaba.  El  cual  llegó  á  la  ciudad  de  Azcaputzalco  ya 
noche,  y  se  fué  derecho  á  casa  de  un  caballero  llamado  Chocha 
que  era  camarero  del  emperador  Maxtla,  á  quien  dijo  como  ve- 
nia á  besarle  la  mano  ál  gran  señor:  respondióle  que  fuese  muy 
bien  venido,  que  por  la  mañana  le  llevaría,  y  daría  orden  de 
que  le  viese;  y  así  amanecido  que  fué,  lo  llevó  á  palacio  y  lo 
metió  allá  dentro  de  los  cuartos  en  donde  asistía  Maxtla,  pi- 
diéndole este  caballero  diese  auditorio  á  Nezahualcoyotzin  que 
le  venía  á  ver;  y  mandándole  parecer  ante  sí,  Nezahualcoyo- 
tzia  le  saludó  y  entre  otras  razones,  le  dijo:  "Muy  alto  y  pode- 
roso señor:  bien  entiendo  y  conozco,  que  el  gran  peso  del  go- 
bierno del  imperio  de  V.  A.  le  tendrá  aflgido  y  con  cuidado:  yo 

1  Ya  homoe  dicho  que  era  su  hermano. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  tXTULXOCHITL.  113 

Tengo  á  pedirle  y  suplicarle  por  el  rey  Chímalpopoca  mi  tío,  á 
quien  como  pluma  preciosa  que  estaba  puesta  sobre  vuestra  im- 
perial cabeza,  la  tiene  quitada,  y  el  collar  de  oro  y  pedrerías  con 
que  su  real  cuello  adornaba  lo  tiene  desatado,  y  en  sus  manos 
asido  y  apretado;  á  quien  suplico  como  rey  piadoso  eche  en 
olvido  la  venganza  y  el  castigo  y  ponga  los  ojos  en  el  desdi- 
chado viejo,  que  está  su  cuerpo  desflaquecido,  y  desamparado 
de  los  bienes  y  fuerzas  de  la  naturaleza."  Habiendo  oído  estas 
razones  Maxtla  dijo  á  su  camarero  Chocha:  "¿qué  te  parece  de 
ésto?  Nezahualcoyotzin  mi  liijo  es  verdadero  amigo  mío,  pues 
pide  que  eche  en  olvido  mi  venganza:  vosotros  los  tepanecas 
¿cuando  diréis  otro  tanto?'*  Y  á  Nezahualcoyotzin  le  dijo:  "prín- 
cipe, no  te  entristezcas,  que  no  es  muerto  el  rey  Ghimalpopoca: 
anda  á  verlo  y  visitarlo,  que  yo  le  prendí  por  los  alborotos  que 
andaba  haciendo,  y  mal  ejemplo  que  dio  á  la  gente  popular  y 
mala  nota  á  los  mexicanos;  y  tú  Chocha,  ve  con  él  para  que 
los  de  la  guarda  se  lo  dejen  ver."  Esta  diligencia  hizo  Nezahual- 
coyotzin por  ver  si  á  su  tío  Chímalpopoca  podía  libertar  de  la 
prisión  en  que  estaba.  Despedido  que  fué  de  Maxtla  Nezahual- 
coyotzin, se  fué  con  el  camarero  á  la  ciudad  de  México  Tenoch- 
titlan  á  verse  con  su  tío;  y  Maxtla,  luego  que  salió  de  su  casa, 
envió  á  otro  camarero  suyo  llamado  Huecan  Mecatl  á  que  fue- 
se á  ver  á  Tlailotlac  Tecuhtzintli,  un  caballero  de  los  de  su  con- 
sejo y  parlamento,  enviándole  á  decir  por  extenso  todo  lo  que 
había  pasado  con  Nezahualcoyotzin  sobre  pedir  la  libertad  de 
su  tío  Chímalpopoca,  y  cómo  era  ido  á  verle;  que  le  enviase  su 
consejo  ¿si  mataría  primero  á  Chímalpopoca  y  á  Tlacateotzin 
y  después  á  Nezahualcoyotzin?  pues  lo  dejó  muy  encargado  su 
padre  el  emperador,  lo  cual  por  negligencia  suya  se  había  di- 
latado. ^  El  consejero  envió  á  decir  que  á  S.  A.  no  le  diese  pe- 

1  La  leyenda  mexicana  es  muy  diferente,  y  la  tepaneca,  que  es  en  mi  con- 
cepto la  más  verosímil.  Algunos  cronistas  ponen  como  único  móvil  de  Maxtla, 
su  ambición  y  tiranía,  y  cuentan  que  mandó  matar  á  Chímalpopoca,  á  quien 
hacen  niño  aún.  Torquemada  y  otros,  aceptan  la  complicidad  de  éste  con  Ta- 
yatzin,  y  refieren  que  Maxtla  por  vengarse,  cuando  llegó  el  día  de  recibir  el 

Tomo  II-9 


114  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

na,  pues  estaba  todo  debajo  de  su  mano;  que  bien  podía  co- 
menzar á  ejecutar  su  rigor  y  justicia  por  donde  quisiese,  y  fue- 
se servido;  que  aunque  matase  luego  á  Nezahualcoyotzin,  que 
nadie  se  atrevería  á  irle  á  la  mano,  y  pues  era  su  voluntad 
que  muriese  primero  Chimalpopoca,  y  Tlacateotzin,  que  así  se 
hiciese;  que  Nezahualcoyotzin  no  se  escaparía  de  sus  manos, 
pues  no  se  podía  meter  dentro  de  los  árboles  ni  las  peñas. 
Vistas  las  razones  Maxtla  de  su  consejero,  no  quiso  por  enton- 
ces matar  á  Nezahualcoyotzin,  el  cual  con  su  sobrino  Tzonteco- 
chatzin,  habiéndoles  dejado  entrar  las  guardas,  visitó  á  su  tío 
y  entre  otras  razones  que  le  dijo  fueron:  "Poderoso  señor,  tra- 
bajos son  estos  y  esclavitud  que  padecen  los  príncipes  y  seño- 
res en  el  discurso  de  sus  reinados:  pague,  y  satisfaga  los  lan- 
ces que  promete  el  reinar  y  mandar  entre  tiranos:  de  una  co- 
sa se  puede  consolar,  que  es  dentro  de  la  corte  y  cabecera  del 
reino  que  sus  padres  y  abuelos,  Acamapichtli  y  Huibilihuitl 
le  dejaron,  y  es  de  tener  muy  gran  lástima  de  la  calamidad  de 
sus  subditos  y  vasallos,  pues  están  con  tanta  aflicción  los  me- 
xicanos y  tenochcas,  hasta  ver  en  que  ha  de  venir  á  parar  es- 
ta prisión  y  calamidad  de  vuestra  alteza,  y  que  es  lo  que  pre- 
tende hacer  el  tirano  Maxtla,  que  ya  yo  fui  á  verle."  Chimalpo- 

tributo  de  los  tenochcas,  envió  por  respuesta  á  Chimalpopoca  un  traje  muje- 
ril, y  tras  tamaña  afrenta,  hizo  violencia  Maxtla  á  la  más  hermosa  de  las  mu- 
jeres de  aquél.  Después  lo  mandó  prender,  y  lo  puso  en  el  cuauhcalli  ó  cár- 
cel de  vigas  de  Azcaputzalco.  £1  P.  Duran  nos  da  otra  versión.  Chimalpo- 
poca pidió  á  Azcaputzalco  el  agua  de  Chapultepec  para  su  ciudad,  y  que  le 
ayu^asea  á  hacer  el  caño  para  llevarla.  Pareció  esto  último  una  insolencia  á 
los  tepanecas,  y  determinaron  destruirlo.  No  bien  entró  Maxtla  en  el  señorío 
pusiéronlo  en  práctica,  y  al  efecto  una  noche  entraron. en  el  palacio  de  Chi- 
malpopoca y  le  dieron  muerte. 

La  crónica  tepaneca,  manuscrito  escrito  en  mexicano  en  el  siglo  XVI,  co- 
mienza diciendo  que  en  el  año  de  1426  murió  Tezozomoc,  y  que  tuvo  cuatro 
hijos:  Acolnahuatzin,  señor  de  Tlacopanj  Cuauhpitzahuac,  señor  de  Tlate. 
lolco;  Epcoatzin,  señor  de  Atlacuihuayan;  y  Maxtla  de  Coyoacan.  No  exis- 
tiendo en  esta  relación  Tayauh,  no  hay  motivo  de  venganza,  y  Maxtla  obra 
solamente  por  ambición;  y  hace  en  desprecio  á  Chimalpopoca  violencia  á  sus 
mujeres.  Este  no  es  reducido  á  prisión;  pero  sufre  en  silencio  el  ultraje. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  115 

poca  le  respondió:  "Príncipe  mío,  qué  osadía  y  atrevimiento  es 
el  vuestro  en  haber  venido  hasta  aquí  con  tanto  riesgo  de  vues- 
tra persona  á  verme,  que  bien  lo  podíades  haber  excusado, 
pues  no  ha  de  ser  de  ningún  efecto  para  poder  atajar  el  rigor 
que  contra  mí  quiere  ejecutar  Maxtla:  lo  que  os  pido  y  encargo 
es,  que  os  juntéis  con  vuestro  tío  Itzcohuatzin  y  con  vuestro 
primo  Motecuhzoma,  ^  y  os  aconsejéis  lo  que  mejor  os  convi- 
niese, porque  tú  serás  el  bastimento  y  munición  de  los  mexi- 
canos y  aculhuas,  no  por  vuestra  negligencia  los  desamparéis; 
y  advertido  que  por  donde  quiera  que  estuviésedes,  vuestra  si- 
lla y  asiento  esté  trasminado,  no  en  algún  tiempo  pronuncie 
sentencia  de  muerte  el  tirano  Maxtla:  andad  siempre  sobre  avi- 
so y  con  cuidado/*  Dichas  estas  razones  y  otras  muchas,  se  qui- 
tó las  joyas  de  oro  y  piedras  preciosas  con  que  tenía  adornada 
su  cabeza,  rostro  y  cuello,  y  se  las  dio  á  su  sobrino  Nezahual- 
coyotzin;  y  á  Tzontecochatzin  le  dio  unas  orejeras  y  bezotes 
de  cornelinas;  con  que  los  despidió.  Idos  que  fueron,  llegó 
mandato  del  tirano  Maxtla  para  que  lo  soltasen  de  la  prisión 
en  que  estaba  el  rey  Chimalpopoca,  lo  cual  se  cumplió  luego 
y  las  guardas  fueron  despedidas. 

1  £1  parentesco  próximo  de  Nezahualcoyotzin  con  los  señores  tenochcas 
consta  en  el  mapa  Tlotzin.  Nezahualcoyotzin,  era  según  éste,  sobrino  y  no 
primo  de  Moteczuma. 


CAPITULO  XXIV 


De  ebmo  se  escapó  Nezahualeoj/otzin  por  dos  veces  de  las  'manos  del  HranOf  y  de  la 
muerte  del  rey  Chimalpopoca^  y  de  Tlacateoizin  señor  de  Tlateltdco, 


Muy  en  el  alma  de  Nezahualcoyotzin  quedaron  escritas  las 
palabras  de  su  tío  Chimalpopoca,  por  cuya  causa  no  tan  sola- 
mente guardó  y  cumplió  sus  consejos,  que  alegóricamente  y 
por  metáforas  le  había  dicho,  sino  que  también  ejecutó  y  guar- 
dó el  sentido  literal  de  ellas,  pues  así  como  llegó  á  la  ciudad  de 
Tetzcuco,  mandó  luego  de  secreto  trasminar  las  paredes  por 
donde  cabía  su  estado  ^  y  asiento,  que  después  le  valió  para 
escaparse  con  la  vida  (como  delante  se  dirá);  el  cual  hecha  es- 
ta diligencia,  se  volvió  á  la  ciudad  de  Azcaputzalco  para  ver  al 
tirano  y  darle  las  gracias  de  la  merced  que  á  su  tío  le  había 
hecho  en  soltarle,  á  donde  llegó  al  amanecer,  y  se  fué  luego  á 
palacio,  en  cuyo  patio  principal  vido  mucha  gente  armada  y 
por  las  paredes  arrimadas  muchas  lanzas  y  rodelas,  que  el  rey 
Maxtla  acababa  de  mandarles  á  que  fuesen  á  la  ciudad  de  Tetz- 
cuco á  matarle;  y  viéndole  uno  de  aquellos  capitanes,  se  ade- 
lantó á  recibirlo  y  le  dijo:  "seáis  muy  bien  venido,  señor,  que  en 
este  punto  nos  despacha  el  rey  para  vuestra  ciudad,  y  corte 
á  buscar  á  Pancol,  que  anda  herido:"  y  luego  lo  llevó  á  una  sa- 
la para  que  allí  aguardase  lo  que  Maxtla  mandaba  y  determi- 

}  Del>6  ser  estrado. 


118  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


naba.  Nezahualcoyotzin  pasando  por  entre  aquellos  soldados 
los  saludó  á  todos,  y  les  dijo  quería  ver  al  gran  señor.  Y  uno 
de  los  criados  de  palacio  avisó  luego  al  rey  cómo  lo  quería  ver 
y  estaba  aguardando  en  una  sala  Nezahualcoyotzin;  al  cual 
mandó  llamar,  y  yendo  á  su  presencia,  le  volvió  el  rostro  y  no 
le  quizo  hablar,  y  Nezahualcoyotzin  vido  que  allí  en  un  estra- 
do estaba  con  las  damas  y  concubinas  de  su  tío  el  rey  Chimal- 
popoca,  las  cuales  se  decían  la  una  de  ellas  Quetzalmalin  y  la 
otra  Pochtlampa;  y  dándole  Nezahualcoyotzin  al  rey  unos  ra- 
milletes de  flores  en  las  manos,  no  los  admitió;  y  así  los  puso 
delante  de  él,  y  hablando  con  él,  no  le  respondió.  Visto  esto, 
Nezahualcoyotzin  se  salió,  y  Chacha  el  recamarero  le  dijo  en 
secreto  cómo  el  rey  su  señor  había  mandado  matarle,  y  aque- 
lla gente  armada  que  había  visto  en  el  patio,  la  acababa  de 
despachar  para  el  efecto;  que  procurase  de  salirse  y  escapar 
con  la  vida,  si  hubiese  lugar;  y  así  Nezahualcoyotzin  se  salió 
por  un  postigo,  que  entraba  á  unos  jardines  que  el  rey  tenía 
dentro  de  su  palacio,  y  se  fué  á  una  sala  grande  que  el  techo 
tenía  de  paja,  y  á  Xiconocatzin  que  era  el  que  había  venida 
acompañarte  desde  la  ciudad  de  Tetzcuco,  le  mandó  que  se  pu- 
siese á  la  puerta,  y  mirase  si  parecía  alguno  mientras  él  se  es- 
capaba y  salía,  y  que  si  viniesen  á  buscarle,  dijese  que  había 
salido  fuera  á  cierta  necesidad  que  se  le  había  ofrecido,  y  que 
si  pudiese  escapar,  que  cerca  de  Tlatelulco  le  aguardaba.  Y  así 
desbaratando  el  techo  de  la  sala  en  la  parte  que  vido  más  con^- 
veniente  se  salió  por  allí,  y  se  fué  huyendo  á  la  parte  referida. 
Aún  no  había  bien  escapado,  cuando  á  gran  prisa  vinieron  dos 
capitanes  derechos  á  Xiconocatzin,  al  cual  le  dijeron  que  le  fue- 
se á  llamar  porque  el  rey  le  buscaba.  El  cual  no  aguardó  más 
razones  porque  luego  so  salió  de  palacio  á  toda  prisa,  ponien- 
do su  persona  en  cobro  hasta  ir  á  alcanzar  á  Nezahualcoyo- 
tzin: y  ya  á  esta  sazón  toda  aquella  gente  de  guerra  y  guarda 
del  rey  estaba  alborotada  y  buscándole  por  toda  la  ciudad;  y 
aunque  algunos  de  los  que  habían  ido  en  su  seguimiento,  le 
habían  dado  alcance,  era  tan  ligero,  que  se  les  fué  de  entre  las 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  119 

manos,  amenazándolos  que  antes  de  mucho  á  sangre  y  fuego 
los  destruiría.  Cerca  de  Tlatelulco,  después  de  haber  pasado 
los  peligros  y  trances  referidos  se  juntaron  Nezahualcoyotzin 
y  Xiconocatzin,  los  cuales  iban  muy  fatigados  de  hambre,  que 
los  obligó  á  comprar  de  comer  en  las  primeras  casas  que  topa- 
ron de  la  ciudad,  y  luego  se  embarcaron  y  pasaron  á  su  ciudad 
de  Tetzcuco.  Y  viendo  el  tirano  Maxtla  que  Nezahualcoyotzin 
se  había  escapado  y  los  soldados  no  lo  habían  podido  matar, 
ejecutó  en  ellos  su  ira  y  rigor,  no  dejando  á  ninguno  con  vida; 
y  luego  despachó  á  México  con  mandato  expreso  matasen  á  Chi- 
malpopoca  y  á  Acateotzin;  ^  y  yendo  derechos  á  Tenochtitlan, 
hallaron  que  el  rey  estaba  en  una  sala  del  templo,  en  donde 
estaban  labrando  unos  escultores  un  ídolo  llamado*  Techuxi- 
lotl,  los  cuales  luego  que  vieron  al  rey  lo  apartaron  de  entre 
aquellos  oficiales  y  lo  llevaron  á'otra  sala  del  templo,  que  se 
decía  Huitzcali,  ^  como  que  querían  tratarle  de  algunas  cosas 
graves,  y  estando  con  él  á  solas  en  aquella  sala,  lo  mataron 
dándole  en  la  cabeza  con  una  porra,  ^  y  así  como  salieron  de  la 

1  Tlacateotzin. 

2  HuitzcaUi. 

8  Las  versiones  mexicanas  son  diferentes.  Ta  hemos  visto  que  según  el  P. 
Duran,  los  tepanecas  entraron  una  noche  por  sorpresa  en  el  palacio  de  Chi- 
malpopoca,  y  lo  mataron.  La  versión  más  aceptada  es,  que  preso  y  ultrajado 
el  señor  de  Tenochtitlan,  se  ahorcó  con  su  propio  maxtli,  colgándose  de  una 
viga  del  cuauhcalli. 

La  crónica  tepaneca  nos  da  mucha  luz  en  este  punto.  Si  Chimalp<*poca  hu- 
hiera  hecho  traición  á  Maxtla,  éste  hahría  podido  atacar  francamente  á  los 
mexicas.  £n  esa  crónica  aparece  solamente  la  ambición  de  dominio  como  mó- 
vil de  Maxtla,  y  los  ultrajes  á  Chimalpopoca  como  medio  para  provocar  un 
conflicto,  en  el  cual  tenía  seguro  el  triunfo.  Chimalpopoca  sufrió  todo  cobar- 
demente. Los  mexicas,  raza  altiva  y  valerosa,  no  podían  consentirlo.  Itzcoatl 
y  Moteczuma  pidieron  auxilio  á  Acolnahuacatl  señor  de  Tlacopan,  y  ayuda- 
dos de  los  sacerdotes,  en  la  noche  condujeron  á  Chimalpopoca  al  Calmecac. 
Allí,  presentándole  sus  riquezas,  lo  bañaron  en  la  obscuridad,  y  le  entregaron 
unos  remos,  tiza  y  flechas,  de  parte  de  Acolnahuacatl  y  Tzacualcatl.  Después 
lo  incensaron,  y  poniéndole  en  la  mano  el  cuauhquetzali,  lo  tendieron  y  lo 
cubrieron  con  una  tilma,  y  debajo  de  ésta  le  ataron  una  soga  al  cuello.   Za- 


120  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

sala,  dijeron  á  los  mexicanos  que  entrasen  á  ver  á  su  señor 
que  quedaba  durmiendo,  y  ellos  se  fueron  á  gran  prisa  hacia 
Tlatelulco.  Los  mexicanos  viendo  á  su  r^y  muerto,  se  fueron 
en  seguimiento,  y  habiéndolos  alcanzado  tuvieron  alguna  re- 
friega con  ellos.  Aunque  Tlacateotzin  se  pudo  escapar  por  en- 
toncesj  entrándose  en  una  canoa  grande  cargada  de  preseas  de 
pro  y  pedrería,  y  tomando  la  vía  de  Tetzcuco  se  fué  huyendo 
por  la  laguna,  l^os  tepanecas  dieron  tras  de  él,  y  lo  alcanzaron 
iíTi  medio  de  ella  y  \q  lancearon;  que  este  fué  el  fin  que  estos 
dos  señores  mexicanos  tuvieron.  Después  de  muertos  los  co- 
jieron  los  mexicanos  sus  vasallos,  y  les  hicieron  las  exequias 
y  honras  que  ellos  a,costumbrabau;  y  harto  quisieran  vengar  es- 
ta injusticia;  n;ias  lo  remitieron  á  otra  ocasión,  porque  sus  fuer- 
zas  no  eran  bastantes  para  ello;  y  la  que  á.  la  sazón  les  impor- 
taba era  darles  sucesores,  que  los  rigiesen  y  gobernasen;  y  asi 
los  tenochcasi  juraron  y  dieron  la  obediencia  á  Itzcoatzin,  her- 
mano menor  de  Chimalpopoca,  persona  en  quien  concurrían 
tpdas  las  partes  y  requisitos  necesarios  á  un  rey  en  una  ocar 
sión  de  tanta  calamidad,  y  aprieto.  Los  tlatelulcos  eligieron 
por  su  señor  á  Quautlatoatzin,  ^  no  menos  valeroso  que  el  rey 
Itzcoatzin. 

zancatl  le  tenía  agarradas  las  manos;  y  Tlacotzincatl  le  apretó  la  soga,  hasta 
que  murió.  Entonces  los  sacerdotes  dijeron  al  pueblo,  que  los  de  Tlacopan  ha- 
bían dado  muerte  á  Chimalpopoca.   Así  castigaron  á  un  rey  cobarde  los  gue- 
rreros y  sacerdotes  de  México.  Chimalpopoca  murió  en  1427. 
1  Cuauhtlatoatzin. 


CAPITULO  XXV 

De  cómo  por  otra»  dos  veces  escapó  Netahuaicoyotzin  de  las  manos  de  stis  enemigos. 


Muertos  los  señores  mexicanos  sólo  restaba  al  tirano  Maxtla 
<iuitar  la  vida  al  principe  Nezahualcoyotzin,  para  poder  gozar 
del  imperio  sin  contradicción  de  persona  alguna;  y  aunque  ha- 
bía hecho  diligencia  la  vez  pasada,  no  tuvo  efecto,  y  así  prosi- 
guió á  hacer  su  negocio  por  otra  vía,  y  fué  que  dio  orden  á 
su  sobrino  Yancuiltzin,  el  hermano  bastardo  del  príncipe  Neza- 
hualcoyotzin, para  que  en  un  convite  y  estando  seguro  en  su 
casa  lo  matase.  Huitzilihuitzin,  ^  un  caballero  de  la  ciudad  de 
Tetzcuco,  dado  á  la  ciencia  de  los  astros  y  ayo  suyo,  supo  es- 
ta traición,  y  según  su  ciencia  hallaba,  que  corría  gran  detri- 
mento su  persona  si  en  este  convite  se  hallaba,  y  para  librarle 
-de  él  dio  orden  que  se  trajesen  un  mancebo  labrador,  natu- 
ral de  Coatepec  en  la  provincia  de  Otompan,  que  se  parecía  al 
príncipe  y  era  de  su  misma  edad,  al  cual  tuvo  algunos  días, 
que  no  fueron  muchos,  en  secreto,  industriándole  del  modo  de 
cortesía  y  usanza  que  tenían  los  príncipes;  que  para  el  efecto 
Nezahualcoyotzin  había  dilatado  el  convite  que  su  hermano  le 
ofrecía  (y  era  costumbre  en  semejantes  convites  y  saraos  en- 


1  Veytía  (Lib.  II,  Cap.  XI)  pretende  que  este  Huitzilihuitl  no  es  el  mismo 
-que  había  sido  ayo  de  Nezahualcoyotl,  y  que  aquél  había  muerto  en  la  toma 
-de  Tetzcuco  por  el  ejército  de  Tezozomoc.  (Nota  de  Ternaux). 


122  OBRAS    HISTÓRICAS   DE 

trar  en  ellos  desde  prima  noche  á  una  danza  general  que  se 
hacía),  y  así  llegando  el  mancebo  aunque  muy  descuidado  del 
riesgo  en  que  estaba,  ataviado  con  veslimentos  reales  y  senta- 
do en  el  trono  real  y  en  su  compañía  los  criados  ayos  y  pri- 
vados de  Nezahualcoyotzin,  llegó  Yancuiltzin  su  hermano  pa- 
ra llevarle  á  las  fiestas  y  saraos  que  en  su  casa  se  hacían,  con 
grande  acompañamiento,  y  por  las  salas,  calles  y  patios  por 
donde  había  de  pasar  estaban  encendidos  unos  hachones  de 
teas:  el  cual  después  de  haberles  hecho  sus  cumplimientos,  lo 
llevó  á  su  casa  y  luego  que  entró  en  ella  comenzó  la  danza,  y 
á  tres  vueltas  que  habían  dado  en  ella,  llegó  un  capitán  por 
las  espaldas,  y  le  dio  un  golpe  por  la  cabeza  con  una  porra  que 
cayó  aturdido,  y  luego  incontinenti  le  cortaron  la  cabeza,  y  la 
llevaron  por  la  posta  al  rey  Maxtla,  teniendo  por  muy  cierto 
ser  Nezahualcoyotzin.  El  cual  habiendo  estado  ala  mira,  luego 
que  supo  la  muerte  que  se  le  dio  al  que  representaba  su  figu- 
ra se  embarcó  para  la  ciudad  de  México  á  darle  el  parabién  á 
su  tío  Itzcoatzin  de  la  nueva  elección;  y  al  amanecer  llegó  á 
palacio  y  entró  luego  á  visitarle,  y  estando  platicando  con  él 
dentro  de  poco  rato  llegaron  unos  mensajeros  del  rey  Maxtla 
que  traían  la  cabeza  del  mancebo,  dándole  parte  cómo  ya  era 
muerto  el  príncipe  Nezahualcoyotzin.  Los  mensajeros  viéndo- 
le vivo  allí  con  su  tío,  se  quedaron  espantados  y  admirados,  y 
conociendo  lo  que  en  sus  ánimos  tenían,  les  dijo  que  no  se 
cansasen  en  quererle  matar,  porque  el  alto  y  poderoso  dios  le 
había  hecho  inmortal.  Los  cuales  luego  al  punto  se  fueron  con 
esta  nueva  á  su  rey,  y  habiendo  oído  el  caso  fué  tan  grande  el 
enojo  é  indignación  que  recibió,  que  mandó  luego  juntar  sus 
gentes,  y  mandó  luego  un  razonable  ejército  que  con  toda  bre- 
vedad entrasen  en  la  ciudad  de  Tetzcuco,  y  repartiesen  en  to- 
da ella  los  soldados  que  llevaban,  para  que  tomadas  todas  las 
calles,  entradas  y  salidas  de  la  ciudad,  ellos  con  la  gente  que 
les  pareciese,  entrasen  en  donde  quiera  que  estuviese  Neza- 
hualcoyotzin y  lo  matasen.  Los  cuales  salieron  con  su  ejército 
marchando  hacia  Tetzcuco.   Nezahualcoyotzin  luego  al  punto 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  123 

tuvo  aviso  por  medio  de  Totomihua,  señor  de  Coatepec,  y  llamó 
á  consejo  á  lo  que  había  de  hacer;  y  así  en  sus  palacios  llama- 
dos alian,  se  juntaron  Quauhtlehuanitzin,  su  hermano  mayor 
hijo  natural  de  su  padre,  Tzontecochatzin  y  otros  caballeros 
que  eran  de  su  banda,  y  les  dijo  cómo  el  día  siguiente  venían 
sus  enemigos  á  matarle  y  que  estaba  determinado  á  recibirlos, 
y  no  huirles  el  rostro.  Respondió  Quauhtlehuanitzin  y  le  dijo: 
^'hermano  y  señor  mío,  haced  el  corazón  ancho  para  que  podáis 
resistir  los  golpes  de  la  fortuna,  pues  os  dejó  en  estos  trances 
y  peligros  vuestro  padre  Orne  Tochtli  Ixtlilxochitl,  y  bien  vis- 
teis los  trabajos  y  persecuciones  que  tuvo  hasta  venir  á  morir 
en  la  demanda,  quedando  su  cuerpo  por  fundamento,  cimien- 
to y  muralla  del  imperio  de  los  chichimecas  y  reino  de  los 
aculhuas;  y  al  presente  ya  ha  visto  vuestra  alteza  lo  que  pas^a 
con  los  mexicanos,  pues  el  tirano  Maxtla  no  paró  hasta  matar 
al  rey  Chimalpopoca  su  tío.  ¿Qué  mayor  riezgo  y  calamidad 
puede  haber  en  el  mundo  como  el  que  ahora  pasa?"  Y  luego 
Tzontecochatzin  le  dijo:  "poderoso  señor,  grandes  son  los  tra- 
bajos y  esclavitud  que  padece  vuestra  alteza,  en  que  le  deja- 
ron el  rey  Ixtlilxochitl  mi  señor  y  su  capitán  general  Chihua- 
cuecuenotzin  ^  mi  padre,  cuando  les  dio  el  tirano  Tezozomoc 
aquella  cruel  muerte;  y  así  no  puedo  decir  ni  traer  á  la  memo- 
ria otra  cosa  á  vuestra  alteza,  ni  puedo  darle  ningún  consejo 
en  donde  está  el  señor  Quauhtlehuanitzin,  su  hermano."  Aca- 
bada esta  razón,  tornó  á  proseguir  en  su  conversación  y  pláti- 
ca Quanhtlehuanitzin  diciéndole:  "señor  ¿qué  es  lo  que  preten- 
de el  tirano  Maxtla,  sino  lo  que  tiene  dicho  á  vuestra  alteza  y 
le  aflige  el  alma?"  A  lo  cual  Nezahualcoyotzin  dijo:  "mañana  se- 
rá muy  bien  que  haya  juego  de  pelota  con  que  nos  entretendre- 
mos entretanto  que  llegan  los  tepanecas  nuestros  enemigos: 
y  Coyohua  saldrá  á  recibirlos  y  los  aposentará  en  mi  casa,  don- 
de sus  personas  serán  servidas  y  regaladas."  Y  habiendo  trata- 
do de  otras  cosas  convenientes  á  este  propósito,  estando  mu- 

1  Coacuecuenotzin. 


124  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

chos  soldados  á  la  mira  por  si  fuese  necesario  socorrerle  y  de- 
fenderle de  sus  enemigos,  á  la  noche  envió  á  un  criado  suyo 
llamado  Tehuitzil  que  fuese  á  ver  á  su  maestro  Huitzilihuilzin, 
por  cuya  orden  se  regía,  dándole  aviso  de  cómo  se  había  de- 
terminado recibir  á  sus  enemigos,  y  que  ya  era  tiempo  de  po- 
ner en  ejecución  lo  que  le  tenía  aconsejado  sobre  recobrar  el 
reino  de  los  aculhuas  y  imperio  de  los  chichimecas,  porque 
tenía  por  nueva  muy  cierta,  que  el  día  siguiente  habían  de  ve- 
nir á  matarle.  El  cual  oídas  las  razones  que  traía  el  mensa- 
jero de  parte  de  su  discípulo,  comenzó  á  llorar,  y  le  respondió 
diciendo.:  *  Tehuitzil,  ve  á  decirle  al  príncipe  mi  hijo  Acolmiztli 
Nezahualcoyotl  que  tenga  ánimo  y  valor,  y  comience  á  hacer 
lo  que  debe,  que  ya  le  tengo  aconsejado  cómo  y  cuando,  y  las 
partes  de  dónde  le  ha  de  venir  el  socorro,  como  son  de  las  pro- 
vincias de  Huexotzinco  y  Tlaxcalan,  Zacatlan  y  Tototepec;  que 
ya  los  conoce  que  son  hombres  valerosos,  y  los  más  son  chi- 
chimecas, y  otros  otomíes,  y  estos  no  lo  desampararán  antes 
emplearán  sus  vidas  por  él";  y  con  esto  despidió  al  mensajero. 
Oídas  estas  razones  de  su  ayo  y  maestro,  luego  aquella  noche 
comenzó  á  hacer  sus  despachos  á  los  señores  que  le  eran,  y 
así  envió  á  un  criado  suyo  llamado  Coztotolomi  Tocultecal  á  la 
ciudad  de  Huexotzinco  dando  aviso  á  Xaya  Camechan  señor 
que  á  la  sazón  era,  del  peligro  y  riesgo  en  que  quedaba,  y  que 
ya  era  tiempo  de  que  le  favoreciese  para  vengar  la  muerte  del 
rey  Ixtlilxochitl  su  padre  y  señor,  y  recobrar  el  imperio,  y  cas- 
tigar á  los  rebeldes,  y  que  no  será  razón  que  el  tirano  antes 
que  sus  deseos  se  logren,  le  quite  la  vida.  Despachado  este 
mensajero,  luego  el  día  siguiente  se  pusieron  él  y  todos  los  su- 
yos á  la  orden  en  el  juego  de  pelota  ^  para  aguardar  á  los  ene- 
migos, que  era  cerca  de  la  puerta  del  palacio:  quienes  hacien- 
do todo  lo  que  el  rey  Maxtla  les  había  mandado,  se  vinieron 
los  cuatro  caudillos  á  su  palacio  con  alguna  de  la  gente  que 


1  Todavía  se  conserva  en  el  jardín  do  Tetzcuco  uno  de  los  discos  de  piedra 
del  Tlachtli  6  juego  de  pelota. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  125 

traían  consigo;  y  así  como  fué,  vieron  que  llegaba  cerca  Coyo- 
hua  á  quien  se  le  dio  el  cargo  de  recibirlos,  y  dándoles  la  bien 
venida,  le  preguntaron  dónde  estaba  Nezahualcoyotzin;  el  cual 
les  dijo  que  entrasen  á  descansar  un  rato,  que  luego  al  punto 
saldría  á  verse  con  ellos.  Entrados  que  fueron  en  una  sala  de 
palacio  que  estaba  frontera  á  la  sala  real,  salió  Nezahualcoyo- 
tzin, y  dándoles  ramilletes  de  flores  y  pebetes  de  liquidambar, 
les  dijo  que  fuesen  bien  venidos  y  que  descansasen  que  á  su 
casa  habían  venido.  Los  cuales  dijeron  que  habían  venido  á 
jugar  á  la  pelota  con  él;  y  les  replicó  que  comiesen  primero  un 
bocado,  que  tiempo  había  para  todo:  luego  mandó  poner  las 
mesas  y  darles  muy  espléndidamente.  Y  en  el  interín  que  es- 
to se  hacía  y  ellos  comían,  se  fué  á  la  sala  referida  en  donde 
se  sentó  en  su  silla  y  trono,  de  manera  que  los  enemigos  le 
tenían  á  la  mira;  y  estando  muy  contentos  comiendo,  cuando 
le  pareció  que  ya  era  tiempo  de  poder  salir  por  lo  trasminado 
de  su  silla  y  asiento,  (como  atrás  queda  referido),  Coyohua  su 
criado  le  hizo  señal  para  que  saliese,  que  fué  salir  á  la  puerta 
de  la  sala  sacudiendo  la  manta  y  quitándose  ciertas  motas  de 
ella,  con  lo  cual  Nezahualcoyotzin  se  salió  por  el  agujero  y  mi- 
na referida  hasta  otro  que  estaba  hecho  por  un  caño  de  agua, 
que  entraba  dentro  de  palacio,  con  que  se  pudo  librar  y  le 
aprovechó  el  consejo  de  su  tío  Chimalpopoca.  Habiendo  aca- 
bado de  comer  los  cuatro  caudillos,  luego  se  fueron  á  la  sala 
en  donde  entendían  hallar  á  Nezahualcoyotzin,  los  cuales  ha- 
llándole menos,  asieron  á  Coyohua,  y  queriéndolo  matar,  les 
dijo  que  de  muy  poco  efecto]^les  era  matarle,  que  era  un  pobre 
viejo,  que  mejor  les  fuera  escapar  sus  personas,  porque  tenía 
entendido,  que  no  saldrían  de  palacio  con  las  vidas,  según  la 
gente  de  guerra  que  teníalNezahualcoyotzin  junta  para  defen- 
derse de  ellos.  Oídas  estas  jazones  por  los  caudillos,  aunque 
fingidas,  fué  grande  el  terror  y  espanto  que  les  causó,  y  salie- 
ron á  gran  prisa  huyendo  de;palacio,  invocando  y  llamando  á 
sus  soldados  para  hacerse  fuertes  y  pelear  con  los  que  Neza- 
hualcoyotzin entendían  tenía  en'su  defensa:  con  lo  cual  Coyo- 


126  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

hua  quedó  libre  y  se  escapó  de  sus  manos,  quedándose  ellos 
burlados.  Toda  aquella  noche  estuvieron  en  vela  parte  de 
«líos,  y  otros  anduvieron  en  busca  de  Nezahualcoyotzin. 


CAPITULO  XXVI 


J)e  la  vida  y  peregrinación  de  Nezahwücoyotzin  por  la»  montaña»  y  detiertoa  hasta 
llegar  ú  donde  vivta  Quacoz  un  caballero  de  nación  oiomi. 


Luego  que  Nezahualcoyolzin  se  escapó,  dentro  de  pocas  ho- 
ras tuvo  aviso  de  ello  el  tirano  Maxtla,  el  cual  envió  por  toda 
la  tierra  á  mandar  á  los  señores  que  á  donde  quiera  que  lo  vie- 
sen se  lo  prendiesen,  y  vivo  ó  muerto  se  lo  enviasen,  prome- 
tiendo muy  grandes  dones  y  mercedes  al  que  tal  hiciese;  y  asi- 
mismo mandó  pregonar  en  todas  las  ciudades,  pueblos  y  lugares 
del  reino  de  Tetzcuco,  que  á  cualquier  hombre  que  lo  descu- 
briese, si  era  mancebo  soltero  se  le  daría  mujer  noble  y  her- 
mosa con  tierras  y  cantidad  de  vasallos,  aunque  fuese  de  con- 
dición plebeyo;  y  á  los  que  fuesen  casados,  en  lugar  de  la 
mujer  se  les  daría  cierta  cantidad  de  esclavos  y  esclavas  y  lo 
más  referido.  Todo  lo  cual  se  puso  por  obra,  y  andaban  los  te- 
panecas  como  perros  rabiosos  buscando  á  Nezahualcoyotzin 
<in  toda  la  tierra;  y  en  más  de  cien  leguas  en  circunferencia  no 
había  pueblo  ni  lugar  en  donde  no  anduviesen  por  cuadrillas 
buscándole  como  dicho  es.  El  día  que  Nezahualcoyotzin  se  es- 
capó por  la  mina  y  agujero  que  tenía  hecho,  se  decía  ce  Cuez- 
palin  á  los  doce  días  andados  de  su  séptimo  mes  llamado  Huey 
Tecuhilhuitl,  que  es  conforme  á  nuestra  cuenta  á  veinte  de  Ju- 
lio del  año  que  atrás  está  dicho:  el  cual  así  como  salió  de  aquel 
peligro  se  fué  á  una  casa  que  estaba  cerca  de  la  ciudad  que  se 


128  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

decía  Goatlan  y  era  de  un  vasallo  suyo  que  se  llamaba  Tezoma, 
á  quien  dio  cuenta  de  su  peligro,  y  como  venía  huyendo  de 
sus  enemigos;  el  cual  porque  cerca  de  allí  venían,  lo  escondió 
debajo  de  una  tarima  sobre  la  cual  puso  mucho  nequen  que 
es  el  hilo  que  se  saca  del  maguey;  y  entrándole  á  buscar  por 
toda  la  casa  y  no  hallándole,  aporrearon  á  todos  los  de  la  casa 
para  que  lo  descubriesen,  los  cuales  y  Tezoma  estuvieron  tan 
constantes  que  de  ninguna  manera  lo  descubrieron,  antes  mu- 
rieron dos  viejos  que  allí  estaban,  de  los  golpes  que  les  dieron. 
Idos  que  fueron  salió  de  donde  estaba  escondido,  y  lavándose 
el  rostro  y  cabeza,  les  dio  las  gracias  y  prometió  de  galardo- 
narles su  fidelidad,  y  luego  fué  subiendo  por  una  loma  arriba 
en  donde  tornó  á  ser  descubierto  de  los  enemigos,  y  llegando 
cerca  de  una  mujer  que  estaba  cegando  chian,  ^  le  dijo  que  le 
diese  orden  de  esconderlo  con  aquellos  manojos  que  cegaba 
antes  que  los  enemigos  asomasen:  la  cual  con  toda  presteza  lo 
escondió  debajo  de  un  montón  que  hizo  de  los  manojos,  y  asi- 
mismo llegaron  los  tepanecas,  le  preguntaron  por  él,  y  ella  con 
mucha  disimulación  les  dijo  que  había  muy  poco  que  por  allí 
pasó  corriendo,  y  que  llevaba  según  parecía  la  vía  hacia  Hue- 
xotla;  los  cuales  por  alcanzarle  fueron  por  aquella  parte  á  gran 
prisa.  Nezahualcoyotzin  dio  la  vuelta  y  se  fué  al  bosque  de 
•  Tetzcutzinco  en  donde  durmió  aquella  noche,  y  despachó  sus 
mensajeros  á  diversas  partes:  á  Tecuxolotl  que  fuese  á  la  pro- 
vincia de  Ghalco  y  de  su  parte  pidiese  socorro  de  gente  á  To- 
toquioztzin  y  á  Quateotzin  señores  del  pueblo  de  Amanalco;  y 
de  parte  de  Huitzi^^JiuitzIji  su  ayo  y  maestro,  le  pidiese  el  mis- 
mo socorro  á  Toteotzintecuhtli  ^cuñado  suyo,  señor  supremo 
que  á  la  sazón  era  de  toda  aquella  provincia.  Otro  día  muy  de 

1  La  chía  es  una  planta  que  produce  un  grano  muy  pequeño,  del  cual  ex- 
traíatrlos  naturales  el  aceite  que  empleaban  en  las  pinturas.  Se  servían  tam- 
bién de  él  para  preparar  diferentes  bebidas  y  alimentos.   (Nota  de  Temaux.\ 

2  Aquí  pone  el  aut^r  la  verdadera  ortografía  de  este  nombre,  después  de 
haberla  variado  mucho,  tanto  en  la  presente  Historia  como  en  las  Relaciones; 
lo  cual  no  se  puede  atribuir  en  todos  los  casos  á  los  copistas. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  129 

mañana  fué  subiendo  Nezahualcoyotzin  por  la  montaña  arriba, 
y  por  ir  con  más  seguridad  mandó  á  dos  criados  suyos  llama- 
do el  uno  Colicatl  y  el  otro  Calminilolcatl,  que  el  uno  de  ellos 
fuese  delante  de  él,  y  el  otro  algo  distante  de  donde  iba,  y  que 
fuesen  mirando  y  reconociendo  si  parecían  en  alguna  parte  sus 
enemigos,  y  descubriendo  algo  de  esto,  la  seña  que  habían  de 
dar  fuese  tosiendo,  con  lo  cual  pudo  muy  á  su  salvo  proseguir 
su  viaje  sin  que  fuese  visto  de  sus  enemigos;  y  llegando  á  un 
puesto  que  se  dice  Metía,  allí  le  dio  de  comer  un  criado  suyo 
llamado  Tecpan:  de  allí  después  de  haber  comido  se  fué  por 
un  lugar  que  se  dice  Zacaxachitla  á  otro  en  donde  vivía  un  ca- 
ballero de  nación  otomí  llamado  Coacoz  que  había  sido  paje 
de  la  reina  su  madre,  en  donde  hizo  noche  aquel  día;  aunque 
por  poco  sus  enemigos  lo  prenden,  si  Coacoz  no  se  diera  tan 
buena  maña,  pues  habiendo  descubierto  que  los  enemigos  iban 
hacia  su  pueblo,  convocó  de  presto  á  todos  los  otomiles  que 
eran  los  vecinos  de  allí,  á  quienes  les  mandó  viniesen  todos 
con  sas  arcos  y  flechas,  y  puso  el  atambor  en  medio  del  patio 
de  su  casa,  dentro  de  él  metido  Nezahualcoyotzin,  empezó  á 
tocarle,  y  á  cantar  todos  á  usanza  de  guerra.  Llegados  que  fue- 
ron los  tepanecas,  les  dijeron,  ¿qué  era  lo  que  buscaban?:  ellos 
dijeron  que  al  príncipe  Nezahualcoyotzin.  Coacoz  les  dijo,  que 
aquel  puesto  no  era  para  los  príncipes,  que  en  la  corte  asis- 
tían y  moraban,  y  que  ellos  debían  de  ser  algunos  salteadores, 
pues  venían  armados  y  traían  aquel  achaque,  y  empezando  á 
apellidar  su  gente  embistieron  con  ellos^  echándolos,  los  cua- 
les se  fueron  huyendo,  heridos  los  más  úc  ellos;  con  lo  cual 
no  osaron  parar  en  toda  aquella  montaña.  Y  otro  día  si- 
guiente Coacoz  llevó  á  Nezahualcoyotzin  á  un  puesto  muy 
oculto,  fragoso  y  peñascoso,  en  donde  le  tenía  aderezada  una 
choza,  y  allí  le  dijo  se  estuviese  hasta  tanto  que  veía  si  los  ene^ 
migos  se  alejaban  de  aquellas  montañas  para  que  pudiese  pro- 
seguir su  viaje  con  seguridad,  y  que  allí  estuviese  cierto  lo  es- 
taría. Nezahualcoyotzin  le  dijo  que  la  mayor  pena  que  tenía 
era  de  su  casa,  si  los  enemigos  la  habían  saqueado,  y  llevado 

Tomo  11—10 


130  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

presas  á  las  damas  de  palacio.  Goacoz  le  dijo  que  él  iría  á  ver 
lo  que  había,  y  que  traería  á  las  damas  allí  donde  estaba,  y  le 
quitaría  aquel  cuidado  y  pena.  Agradecióselo  Nezahualcoyo- 
tzin,  encargándole  lo  hiciese  con  recato  y  cuidado.  Coacoz  lo 
hizo  con  todo  cuidado,  y  dentro  de  pocos  días  llegó  á  palacio, 
en  donde  halló  á  las  damas  bien  afligidas,  y  las  dijo  que  mu- 
dasen los  trajes  en  otros  pobres  de  la  gente  plebeya,  porque 
venía  por  ellas  de  mandato  del  príncipe  su  señor,  y  que  su  ha- 
to lo  llevaría  por  delante  un  criado  que  allí  traía,  y  que  ellas 
se  fuesen  por  donde  las  guiase,  y  que  unas  veces  irían  por  de- 
lante y  otras  atrás,  de  manera  que  no  echase  nadie  de  ver  que 
las  llevaba;  y  á  los  de  palacio  mandó  mirasen  por  toda  la  ca- 
sa, y  qne  si  preguntasen  por  las  damas  nadie  dijese  á  donde 
habían  ido.  Y  caminando  con  ellas,  allí  cerca  de  un  cerro  lla- 
mado Patlachiuhcan,  en  el  puesto  que  llaman  Otopan,  encontró 
con  los  enemigos  que  buscaban  al  príncipe  Nezahualcoyotzin, 
los  cuales  siguieron  y  le  preguntaron  que  á  donde  estaba,  pues 
aquellas  mujeres  que  iban  allí,  debían  ser  algunas  damas  de 
él.  A  que  les  respondió  que  él  no  conocía  quien  era  Nezahual- 
coyotzin, que  él  era  de  nación  chichimeca,  y  que  toda  su  vida 
había  criádose  en  aquellas  sierras  y  montañas.  Y  conocién- 
dolo en  el  bárbaro  lenguaje  y  traje  que  tenía,  no  hicieron  caso 
de  él,  y  asi  prosiguió  su  camino  hasta  que  llegó  con  ellas  á  donde 
estaba  Nezahualcoyotzin  el  príncipe,  á  donde  á  esta  sazón  esta- 
ban ya  con  él  su  hermano  Quauhtlehuanitzin  y  su  sobrino 
Tzontecochatzin.  Otrp  día  de  mañana  salió  Nezahualcoyotzin 
de  aquel  puesto,  y  se  despidió  de  Coacoz  diciéndole  éste,  que 
no  le  iba  sirviendo  porque  los  enemigos  no  lo  siguiesen,  echán- 
dolo menos  á  él,  y  por  su  causa  lo  descubriesen,  porque  serla 
forzoso  venirle  á  buscar  por  el  mal  tratamiento  que  los  días 
antes  les  había  hecho;  pero  que  allí  estaban  seis  otomites  lla- 
mados Nochcoani,  Nolin,  Coatltlalolin,  Toto  y  Xochtonal,  que 
ellos  irían  siempre  descubriendo  tierra  por  ser  montaraces  y 
saber  todas  aquellas  entradas  y  salidas  de  la  tierra.  Agrade- 
ciéndole el  príncipe  los  servicios  que  le  había  hecho  prosiguió 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  131 

SU  camino,  y  los  otomites  unos  se  adelantaron  y  otros  se  que- 
daron atrás,  y  como  que  andaban  cazando  exploraron  la  tierra 
y  fueron  guardando  áNezahualcoyotzin,  con  el  cual  iban  Quauh- 
tlehuanitzin  y  Tzontecochatzin. 


CAPITULO  XXVII 


Que  trola  c^mo  fué  prosiguiendo  Nezahwücoyattin  «u  vic0e  y  peregrinaciXm  hasta  Ca- 
polac,  y  las  cotas  que  le  sucedieron  en  el  camino. 


Ya  que  llegaba  el  príncipe  Nezahualcoyotzin  cerca  de  un  lu- 
gar que  se  dice  Tlecuilac,  iba  muy  triste  y  pensativo  conside- 
rando las  calamidades  y  trabajos  que  padecía  desde  la  muerte 
de  su  padre:  volvió  los  ojos  y  vido  la  mucha  gente  que  le  se- 
guía, que  eran  muchos  de  los  ciudadanos  de  Tetzcuco  y  algu- 
nos caballeros,  y  todos  los  más  de  sus  tíos  y  criados;  y  hablan- 
do con  ellos  les  dijo  con  algún  sentimiento  y  enojo:  "¿á  dónde 
vais?  ¿á  qué  padre  seguís  que  os  ampare  y  defienda?  ¿no  me 
veis  cuan  sólo  y  afligido  voy  por  estas  montañas  y  desiertos 
siguiendo  las  veredas  y  caminos  de  los  conejos  y  venados,  y 
qtie  no  sé  á  donde  voy  si  seré  bien  recibido,  y  mis  enemigos 
me  darán  alcance  y  me  matarán,  pues  mataron  á  mi  padre  que 
era  más  poderoso,  que  yo  soy  huérfano  y  desamparado  de  to- 
dos? Volveos  á  vuestras  casas  no  muráis  conmigo,  ni  por  mi 
causa  caigáis  en  desgracia  del  tirano,  y  perdáis  vuestras  casas 
y  haciendas."  Quauhtlehuanitzin  y  Tzontecochatzin  con  todos 
los  demás  le  respondieron,  que  ellos  con  toda  su  voluntad  le 
querían  ir  siguiendo  y  morir  en  donde  muriese.  Oyendo  esto 
se  enterneció  mucho  Nezahualcoyotzin  y  comenzó  á  llorar,  y 
con  él  toda  aquella  gente  que  le  acompañaba;  y  vuelto  en  sí  les 
agradeció  y  les  rogó  que  se  volviesen  á  sus  casas,  que  desde 


134  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

ellas  le  podían  servir  en  conocer  y  adquirir  los  designios  del 
tirano  y  de  sus  enemigos:  y  que  él  tendría  muy  particular  cui- 
dado de  irles  avisando  de  todo  lo  que  le  aconteciese  en  su  via- 
je y  demanda:  y  así  se  volvieron  todos  quedando  solos  aque- 
llos que  fueron  necesarios  para  el  servicio  de  su  persona;  y 
asimismo  porfiaron  de  ir  con  él  Quauhtlehuanitzin  su  herma- 
no y  Tzontecochatzin  su  sobrino,  diciéndole  que  de  ninguna 
manera  se  volverían,  pues  que  el  mismo  riesgo  que  corría  su 
alteza  corrían  ellos  el  día  que  fuesen  vistos,  y  que  así  donde 
quiera  que  fuese  le  querían  ir  siguiendo.  Prosiguieron  su  ca- 
mino para  subir  por  una  montaña  que  se  dice  Papalotepec 
hasta  que  llegaron  por  encima  de  una  sierra  que  se  llama  Hui- 
lotepec,  que  ya  era  á  puesta  del  sol,  desde  donde  reconoció  el 
paraje  en  donde  estaba,  mirando  hacia  los  llanos  de  Huexo- 
tzínco  que  estaban  ya  obscuros  con  las  sombras  de  las  sierras, 
y  por  la  otra  parte  descubrió  la  sierra  del  pueblo  de  Tepepul- 
00,  que  todavía  reverberaba  en  ella  alguna  claridad  de  los  ra- 
yos del  sol;  desde  donde  envió  segundo  apercibimiento  á  los 
señores  de  la  provincia  de  Huexotzinco,  y  que  en  Calpolalpan 
aguardaba  la  resolución  del  día  que  le  habían  de  dar  socorro. 
Los  que  llevaron  este  mensaje,  el  uno  se  llamaba  Coyohua  y 
el  otro  Zeotzincatl.  Y  habiendo  dormido  en  esta  sierra  esta 
noche,  luego  el  día  siguiente  por  la  madrugada  prosiguió  su 
visge,  y  bajando  por  unas  lomas  fué  á  dar  á  unas  sementeras 
cerca  de  unas  cuevas  que  había,  y  por  allí  pasaba  un  camino 
en  donde  reconocieron  que  venía  una  tropa  de  soldados,  que 
eran  los  enemigos  que  habían  andado  en  las  provincias  de 
Huexotzinco  y  Tlaxcalan  en  su  busca;  por  lo  cual  Nezahual- 
coyotzin  y  los  que  iban  con  él  se  escondieron  entre  unos  ma- 
torrales de  saúcos  que  cerca  del  camino  estaban,  y  al  empare- 
jar los  enemigos  donde  estaban  escondidos  encontraron  con 
un  mancebo  aldeano,  natural  de  por  allí  cerca,  que  iba  carga- 
do con  chian,  á  quien  preguntaron  por  Nezahualcoyotzin  si  lo 
había  visto,  el  cual  les  respondió  que  no  le  conocía;  y  despi- 
diéndose de  él,  le  encargaron  que  si  lo  viese  diese  aviso  de  él 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  KTULXOCHITL.  136 

á  los  lepanecas,  que  le  harían  las  mercedes  que  estaban  pro- 
mulgadas. Y  visto  Nezahualcoyotzin  que  los  enemigos  iban  le- 
jos, prosiguió  su  camino  y  alcanzó  al  aldeano  el  cual  le  dijo  lo 
que  había  pasado  con  aquellos  soldados  con  quienes  había  en- 
contrado. Nezahualcoyotzin  le  dijo,  que  si  viese  á  quien  bus- 
caban ¿si  lo  iría  á  denunciar?:  respondió  que  no.  Tomóle  á  re- 
plicar diciéndole,  que  haría  muy  mal  en  perder  una  mujer  her- 
mosa, y  lo  demás  que  el  rey  Maxtla  prometía:  el  mancebo  se 
rió  de  todo,  no  haciendo  caso  ni  de  lo  uno  ni  de  lo  otro.  Y 
prosiguiendo  el  príncipe  su  camino  por  la  vía  de  Yahualiuhcan, 
en  la  mitad  del  Mihua  uno  de  sus  criados  le  alcanzó  con  co- 
mida, y  habiendo  comido  llegó  á  Yahualiuhcan  en  donde  hizo 
noche,  y  luego  otro  día  se  pasó  á  otro  lugar  que  se  dice  Quauh- 
tepec  en  donde  hizo  asimismo  noche,  y  llegaron  allí  mensaje- 
ros de  la  ciudad  y  provincia  de  Huexotzinco  que  enviaban  los 
señores  á  consolarle,  y  que  para  el  día  citado  le  ayudarían 
con  todo  su  poder;  y  asimismo  le  trajeron  un  gran  presente 
de  mantas  y  mucho  bastimento  que  los  señores  Xayacama- 
chan  y  Temayacuatzin  le  enviavan.  Otro  día  siguiente  se 
fué  á  un  lugar  que  se  dice  Calnapanolco  sujeto  á  la  provincia 
de  Tlaxcalan,  en  donde  Tlotlililcauhtzin  embajador  de  la  se- 
ñoría le  consoló,  y  le  prometió  el  socorro  de  gente  y  basti- 
mentos para  recobrar  su  reino  y  el  imperio  de  los  chichime- 
cas,  dándole  asimismo  cantidad  de  mantas  y  bastimentos  que 
le  enviaba  de  presente  la  señoría;  y  habiendo  dormido  en  este 
lugar,  otro  día  por  la  mañana  le  dijo  el  enviado  que  le  había  de 
llevar  á  otro  puesto  que  se  decía  Calpolalpan  en  donde  la  se- 
ñoría le  tenía  puestos  muy  grandes  jacales  en  que  pudiese  al- 
bergarse con  todo  su  ejército,  y  desde  allí  salió  ^  con  el  ejército 
por  la  vía  de  Tetzcuco;  y  el  día  que  llegó  á  este  puesto  llegaron 
todos  los  más  de  los  mensajeros  que  había  despachado  á  di- 
versas partes  con  nueva  del  socorro  que  le  venía,  en  especial 
lo3  de  Zacatlan,  Tototepec,  Tepeapulco,  Tlaxcalan  y  Cempoa- 

1  Debe  ser  saldría. 


136     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

lan,  y  *  otras  parles  que  se  juntaron  dentro  de  cuatro  días  en 
este  puesto,  y  los  de  Huexotzinco,  Chololan  y  Chalco,  que  el 
mismo  día  que  llegase  á  ellos  llegarían  á  vista  de  Goatlichan; 
con  que  quedó  muy  consolado,  y  las  esperanzas  ciertas  de  su 
buen  suceso. 

1  Debemos  dudar  mucho  del  auxilio  de  algunos  de  estos  pueblos,  y  menos 
de  Cempoalan  que  pertenecía  á  los  totonacos,  los  cuales  eran  de  raza  diferen- 
te de  los  chicbimecas,  y  entonces  todavía  no  estaban  en  contacto  con  las  ciu- 
dades del  Anahuac. 


CAPITULO  XXVIII 


De  cómo  marchó  con  un  poderoío  ejército  el  príncipe  Nezáhualcoyotzin  por  laviaáé 
Tetzcuco,  y  cómo  recobró  el  reino  de  los  aculhtuUtp  cUffunoe  acontedmienios  nota 
bles  qiíe  hubo» 


Por  ser  una  de  las  cosas  que  más  especificadamente  trata  la 
historia  general  del  imperio  de  los  chichimecas,  el  mensaje 
que  hizo  Tecuhxolotl  á  la  provincia  de  Chalco,  como  atrás  que- 
da referido,  no  será  razón  dejarlo  en  silencio,  ni  lo  que  acaeció 
áHuilzilihuitzin,  el  maestro  de  Nezáhualcoyotzin;  y  es  que  des- 
pués que  lo  dejó  aquella  noche  dormido  en  el  bosque  de  Tetz- 
cutzinco,  se  vino  á  su  casa  con  Tecuhxolotl,  desde  donde  lo 
despachó  á  la  provincia  de  Chalco,  y  no  lo  hubo  bien  despa- 
chado, cuando  entraron  los  enemigos  y  lo  llevaron  preso  ante 
Yancuiltzin  (que  por  orden  de  su  tío  Maxtla  se  había  hecho  se- 
ñor de  la  ciudad  de  Tetzcuco),  el  cual  le  mandó  dar  tormentos 
de  cordeles  para  que  el  viejo  descubriese  en  dónde  estaba  su 
discípulo  Nezáhualcoyotzin;  y  viendo  que  no  quería  confesar, 
lo  mandó  sacrificar  en  un  templo  del  ídolo  Gomaxtla  ^  que  allí 
cerca  estaba,  y  habiéndolo  llevado  encima  de  su  templo  para 
el  efecto  referido,  se  levantó  una  gran  borrasca  y  viento  que 
comenzó  á  arrancar  algunos  árboles  y  destechar  las  casas,  el 
cual  á  las  vueltas  se  llevó  al  referido  viejo,  y  á  un  gran  trecho 
de  allí  fué  á  echar,  de  manera  que  dos  hijos  que  tenía,  y  esta- 

1  Camaxtli. 


138  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

ban  con  el  cuidado  desde  lejos  mirando  en  lo  que  había  de 
parar,  lo  llevaron  á  esconder  en  donde  lo  curaron.   A  Tecuh- 
xolotl  lo  llevó  por  la  vía  de  Chalco,  y  viéndose  libre  del  acaeci- 
miento, se  fué  por  las  sierras  y  montañas  por  que  no  fuese 
visto  de  los  enemigos;  se  perdió  en  lo  más  fragoso  de  ellas, 
hasta  que  fué  á  dar  con  un  león  muy  feroz,  y  queriendo  huir 
de  él,  lo  comenzó  á  halagar,  y  como  que  le  mostraba  una  vere- 
da lo  sacó  de  toda  aquella  montaña  hasta  ponerlo  á  la  salida  del 
pueblo  de  Tlalmanalco,  en  donde  dio  su  embajada  á  Totequz- 
tecutli  y  á  Quateotzin,  que  sintieron  infinito  los  trabajos  y  per- 
secuciones del  príncipe  Nezahualcoyotzin;  y  como  en  aquella 
sazón  Toteotzintecuhtli  era  el  supremo  señor,  le  dijeron  fuese  á 
él,  que  ellos  estaban  muy  llanos  á  dar  el  socorro  que  se  les 
demandaba;  y  así  fué  á  donde  asistía  y  tenía  su  corte  Toteo- 
tzintecuhtli y  ante  todas  cosas  habló  con  Atotoztzin  su  miger 
hermana  de  Huitzilihuitzin,  la  cual  aflijida  y  llorosa  de  los  tra- 
bajos del  príncipe,  le  prometió  de  que  haría  todo  lo  posible  pa- 
ra que  Toteotzintecuhtli;su  marido  diese  el  favor  que  se  le  pe- 
día. El  cual  aquel  día  mandó  llamar  á  todos  los  señores  y  gen- 
te ilustre  para  que  el  otro  siguiente  estuviesen  en  su  corte,  y 
viesen  si  les  convenía  dar  el  socorro  que  Nezahualcoyotzin  les 
pedía;  y  luego  antes  que  amaneciese  mandó  poner  en  un  tea- 
tro que  en  la  plaza  estaba,  á  Tecuhxolotl  atado  muy  fuertemen- 
te de  pies  y  manos  en  un  palo,  de  tal  modo  que  parecía  cruel- 
dad; y  llegada  la  hora  que  los  señores  y  caballeros  estaban 
juntos  y  la  plaza  llena  de  gente,  mandó  descubrir  al  mensajero 
Tecuhxolotl,  y  á  un  pregonero  que  á  voces  dijese  á  lo  que  ve- 
nía para  que  los  de  la  provincia  dijesen  su  voluntad;  porque 
si  querían  dar  el  socorro,  que  Toteotzintecuhtli  lo  mandaría  sol- 
tar y  enviar  libre;  y  donde  no,  lo  mandaría  matar.  Dado  el  pre- 
gón causó  muy  gran  lástima,  y  á  voces  decían  todos  que  sol- 
tase al  preso,  que  ellos  querían  dar  el  socorro  y  ayuda  que 
pedía  Nezahualcoyotzin  pues  era  justa  su  demanda,  y  con  esto 
mandó  desatarle  y  le  envió  con  buen  despacho  de  su  negocio, 
el  cual  se  fué  derecho  á  donde  estaba  Huitzilihuitzin,  y  le  dio 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.         139 

razón  de  todo  lo  que  le  había  pasado,  quien  lo  consoló  y  ani- 
mó á  que  prosiguiese  su  camino  hasta  Calpolalpan  donde  es- 
taba Nezahualcoyotzin,  como  lo  hizo  y  atrás  queda  referido;  y 
el  viejo  Huitzilihuitzin  se  animó  de  ir  á  encontrar  á  Nezahual- 
coyotzin,  y  llegando  por  encima  de  la  montaña  de.Tepetlaoz- 
toc  algo  aterido  del  frío,  se  quiso  albergar  en  una  choza  que 
cerca  de  allí  estaba,  entendiendo  hallaría  fuego,  y  no  hallán- 
dole cogió  una  poca  de  ceniza,  y  estregándola  con  una  poca 
de  yerba  llamada  pisiete  ^  para  confortarse  el  estómago,  por 
ser  yerba  cálida,  de  súbito  se  le  incendió  como  si  fuera  pólvo- 
ra, lo  que  le  fué  muy  alegre  presagio  del  buen  suceso  que  espe- 
raba tener  el  príncipe  su  señor,  el  cual  á  esta  sazón  venía  mar- 
chando con  su  gente,  que  aquel  día  había  salido  del  pueblo  de 
Ahuatepec,  y  vino  á  salir  por  encima  de  Zoltepec,  en  donde  le 
encontró  con  sumo  gusto,  y  se  consolaron  los  dos,  y  aquel  día 
vino  á  parar  y  hacer  noche  en  casa  del  viejo  Huitzilihuitzin  en 
donde  le  visitaron  aquella  noche  todos  los  caballeros  y  seño- 
res que  eran  de  su  banda;  y  vido  por  las  sierras  más  altas  los 
humos,  señales  de  fuego,  que  era  lo  que  estaba  tratado  entre 
los  señores  que  le  daban  su  ayuda  y  socorro,  y  que  ya  estas 
gentes  estaban  cerca  porque  el  día  siguiente  se  había  de  dar 
la  batalla,  y  en  especial  estaba  tratado  se  había  de  dar  sobre 
Acolman  y  (üoatlichan  que  era  donde  estaba  todo  el  poder  de 
los  contrarios.  La  parte  de  Acolman  cupo  á  los  tlaxcaltecas  y 
huexotzincas,  y  á  los  chalcas  cupo  el  combate  de  Goatlichan; 
y  todo  lo  demás  restante  del  ejército,  así  de  las  provincias  que 
socorrían  á  Nezahualcoyotzin  como  de  los  mismos  naturales 
del  reino  de  Tetzcuco,  tomó  para  sí  Nezahualcoyotzin,  lo  uno 


1  El  plcietl  es  una  especio  de  tabaco.  Los  mexicanos  tenían  tres  clases,  que 
llamaban:  yetl  ó  tabaco  de  hojas  grandes,  y  este  nombre  se  daba  también  al 
tabaco  en  general;  picietl  6  tabaco  de  hojas  pequeñas,  de  picietl  cosa  pequeña; 
y  quauhyetl  6  tabaco  silvestre,  literalmente  tabaco  de  las  águilas.  Es  singu- 
lar que  en  1671,  época  en  que  el  P.  Molina  publicó  su  vocabulario  mexicano, 
el  nombre  de  tabaco  no  fuese  conocido,  pues  tradujo  picietl,  por  yerba  yene- 
nosa  de  que  se  hace  uso  en  la  medicina.  (Nota  de  Temaux). 


140  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

para  socorrer  á  una  de  las  dos  partes  referidas  donde  fuese 
necesario,  y  lo  otro  para  entrar  en  la  ciudad  de  Tetzcuco,  sa- 
quear las  casas  de  sus  enemigos,  y  matar  á  los  tepanecas  y  á  los 
demás  que  se  le  resistiesen:  y  así  al  día  siguiente  al  amanecer 
se  comenzó  la  batalla  por  ambas  partes,  y  como  fué  tan  súbi- 
ta la  venida  de  Nezahualcoyotzin,  y  con  tanta  máquina  de  gen- 
te, en  poco  espacio  de  tiempo  por  más  que  se  defendieron  los 
tepanecas  y  todos  sus  consortes,  fueron  desbaratados  y  muer- 
tos, y  saqueadas  sus  casas  de  las  ciudades  y  lugares  de  Coatli- 
chan  y  Acolman;  y  se  quemaron  los  templos  y  casas  por  los 
señores  ^  Temoyahuitzin  señor  de  la  provincia  de  Huexotzinco 
(que  fué  al  que  le  cupo  con  los  de  Tlaxcalan  el  combate  y  to- 
ma de  la  ciudad  de  Acolman):  por  su  mano  mató  á  Teyolcoa- 
tzin  una  de  las  dos  cabezas  del  reino  de  los  acuihuas,  que  había 
hecho  el  tirano  Tezozomoc  por  ser  su  nieto.  El  mismo  lance 
hicieron  los  chalcas  con  la  otra  cabeza  llamado  Quetzalmaquitz- 
tli  señor  de  Coatlichan,  asimismo  nieto  del  tirano  Tezozomoc, 
que  habiéndose  retirado  y  hecho  fuerte  en  el  templo  mayor 
de  aquella  ciudad  con  los  más  principales  capitanes  de  su  rei- 
no, los  mataron,  y  á  él  le  echaron  del  templo  abajo  haciéndose 
pedazos.  Nezahualcoyotzin  que  ambos  combates  había  soco- 
rrido, cuando  se  vio  más  desocupado,  entró  por  la  ciudad  de 
Tetzcuco  asolando  las  casas  de  los  enemigos,  que  luego  toda  la 
ciudad  se  le  rindió.  En  Huexotla  salió  á  dar  las  gracias  al  ejér- 
cito de  los  chalcas,  haciéndoles  merced  de  todos  los  despojos 
que  habían  ganado  de  la  ciudad  y  cabecera  de  Coatlichan,  y 
rindiendo  el  agradecimiento  á  sus  señores  del  bien  que  le  ha- 
bían hecho,  los  despidió,  y  con  ellos  les  envió  á  rogar  se  aper- 
cibiesen para  recobrar  lo  restante  del  imperio,  que  les  avisaría 
cuándo  había  de  ser.  Y  de  allí  dio  la  vuelta  otra  vez  tomando 
la  vía  de  Acolman,  que  ya  había  tenido  aviso  de  que  el  ejérci- 
to de  los  huexotzincas  y  tlaxcaltecas  se  querían  volver  á  sus 
tierras,  y  así  en  el  pueblo  de  Chicunauhtla  se  despidió  de  ellos, 

1  Para  que  haya  sentido,  en  lugar  do  sefioreí»,  debe  decir  soldados  de. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  141 

haciéndoles  la  misma  merced  que  á  los  de  Ghalco,  y  dándoles 
las  gracias  del  bien  que  le  habían  hecho,  y  asimismo  aperci- 
biéndolos para  que  cuando  les  avisase  le  enviasen  el  socorro 
necesario  para  acabar  de  recobrar  el  imperio.  Asimismo  con 
las  mismas  condiciones  referidas  despidió  á  los  de  Zacatlan, 
Tototepec,  Chololan  y  otros  de  otras  partes:  sólo  quedaron  con 
él  todos  los  soldados  sobresalientes  que  trataban  su  vida  sólo 
en  la  milicia,  con  los  cuales  y  con  los  leales  de  su  reino  forta- 
leció la  ciudad  de  Tetzcuco,  y  puso  sus  fronteras  por  la  parte 
que  confinaban  con  los  tepanecas  y  mexicanos,  y  con  esto 
quedó  en  su  ciudad  triunfante  y  victorioso. 


CAPITULO  XXIX 


Que  trata  de  cómo  hasta  <xqui  dio  fin  la  historia  general  del  imperio  de  los  señorea  chi- 
ehimeccu,  y  en  el  estado  que  la  dejaron  los  autores  que  lapintaron,  y  lo  más  que  el 
th-ano  Maxtla  hizo  en  esta  ocasión. 


Maxtla  cuando  supo  que  Nezahualcoyotzin  se  había  escapa- 
do y  que  trataba  de  libertar  y  recobrar  el  imperio,  luego  envió 
á  ofrecer  muy  grandes  dones  y  mercedes  no  tan  solamente  á 
los  de  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  los  de  aquel  reino  que  eran  de 
la  casa  y  linaje  de  Nezahualcoyotzin,  sino  que  también  hizo  lo 
mismo  con  todos  los  demás  señores  de  las  provincias  de  todo  el 
imperio,  encargándoles  que  lo  prendiesen  y  matasen  (como  es- 
tá referido).  Entre  los  de  los  deudos  de  Nezahualcoyotzin,  los 
que  más  se  aventajaron  en  darle  gusto  al  tirano  y  ser  contra- 
rios á  Nezahualcoyotzin,  fueron  Nonoalcatzin  su  cuñado  casado 
con  la  infanta  Tozcuentzin  su  hermana,  y  su  hermano  Yan- 
cuiltzin  y  Tochpili,  los  cuales  hicieron  todo  su  posible  por  ma- 
tarle, aunque  (como  queda  referido)  se  quedaron  burlados;  y 
así  los  que  no  murieron  en  la  demanda,  se  salieron  huyendo 
de  la  ciudad  por  no  venir  á  sus  manos  y  pagar  su  delito. 
Maxtla  viendo  que  Nezahualcoyotzin  había  recobrado  el  reino 
de  los  aculhuas,  que  era  la  cabeza  y  el  fundamento  del  impe- 
rio de  los  chichimecas,  en  tan  breve  tiempo,  que  le  pareció  un 
rayo  que  cayó  del  cielo,  pues  dentro  de  catorce  días  se  escapó 
de  sus  manos,  peregrinó  por  las  montañas,  juntó  un  poderoso 


144  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

ejército  sin  que  fuese  sentido  y  recobró  el  reino  de  Tetzcuco, 
espantado  de  esto  comenzó  asimismo  á  apercibirse  y  muy  de 
propósito  á  atajarle  los  pasos.  En  esta  sazón  tenía  muy  opri- 
midos á  los  mexicanos,  que  por  vengarse  de  ellos  les  había  im- 
puesto tributos  excesivos,  é  imposibles  de  cumplirlos;  y  asi 
estando  en  este  estado  dio  fin  la  Historia  general  del  imperio 
de  los  chichimecas,  ^  cuyos  autores  se  decían  el  uno  Cemilhui- 
tzin  y  el  otro  Quauhquechol,  que  fué  á  los  once  años  después 
de  la  muerte  del  emperador  Ixtlilxochitl  y  de  su  gran  capitán 
general  Coacuecuenotzin;  y  al  tiempo  y  cuando  andaba  aper- 
cibiendo el  ejército  para  ir  sobre  el  enemigo,  que  fué  álos  prin- 
cipios del  año  de  mil  y  cuatrocientos  veintiocho  de  la  Encar- 
nación de  Cristo  Nuestro  Señor  llamado  por  ellos  zetechpatl:  ^ 
y  lo  demás  que  se  sigue,  se  saca  de  otras  historias  y  de  los 
anales  de  esta  Nueva  España.  Recobró  este  príncipe  su  reino 
de  Tetzcuco  el  día  que  llaman  ceolin,  ^  que  es  á  los  cinco  días 
de  su  octavo  mes  llamado  Micailhuitzintli,  á  once  días  del 
mes  de  Agosto  del  año  del  señor  de  mil  cuatrocientos  y  vein- 
tisiete. 

1  Este  pasaje  confirma  la  nota  puesta  al  fin  de  la  llf  Relación  de  los  seño- 
res chichimecas,  tomo  1?  página  219;  pero  nos  aclara  que  el  documento  que 
seguía  Ixtlilxochitl  no  era  simplemente  un  jeroglífico  de  anales  6  de  sencilla 
interpretación,  sino  una  historia  en  forma,  cuyos  autores  aquí  menciona.  Aho- 
ra bien,  como  los  antiguos  tetzcucanos  no  tenían  escritura  propia  para  con- 
servar esos  relatos,  sino  la  jeroglífica  únicamente,  debemos  suponer  que  fue- 
ron cantares  compuestos  por  Cemilhuitzin  y  Quauhquechol  hacia  el  año  de 
1429,  y  que  se  conservaban  en  los  templos;  pues  la  enseñanza  sucesiva  de  ellos, 
era  la  manera  que  tenían  nuestros  antiguos  pueblos  de  perpetuar  su  historia 
Esto  nos  explicaría  también  lo  fantástico  y  poético  de  algunos  hechos  conte- 
nidos en  este  relato. 

2  ce  Tecpatl. 

3  ce  OUin.  Aquí  es  oportuno  decir,  que  generalmente  la  doble  1  está  escri- 
ta simple  en  este  manuscrito;  pero  como  el  sonido  es  igual,  no  he  hecho  co- 
rrecciones en  este  punto:  así  ha  quedado  Olin,  Tlaxcalan,  etc. 


CAPITULO  XXX 


De  cómo  viendo  los  mexicanos  que  estaban  oprimidos  por  el  tirano  Maxüa,  acordaron 
entre  eUos  enviar  sus  embajadores  al  principe  Nezahxudcoyotzinpara  que  los  soco- 
rriesCf  y  Uxscosas  que  le  acaecieron  en  este  tiempo. 


Los  mexicanos,  que  eran  los  principales  aliados  del  tirano 
Tezozomoc  ^  rey  de  los  tepanecas,  le  negaron  la  obediencia,  por 
haberles  muerto  sus  señores,  usando  de  otras  crueldades  é  in- 
solencias contra  ellos,  compeliéndolos  á  que  le  tributasen  co- 
sas dificultosas  de  hallar  y  poderlo  hacer;  fué  una  entre  las 
cuales,  que  le  llevasen  por  el  agua  jardines  y  aves  de  volate- 
ría. Y  sobre  todo,  quiso  forzar  y  afrentar  á  la  reina  mujer  le- 
gítima del  rey  Itzcoatzin,  menospreciando  y  vituperando  álos 
mexicanos.  Los  cuales  viéndose  en  grande  aflicción  con  las  co- 
sas referidas,  y  que  por  otra  parte  el  príncipe  Nezahualcoyo- 
tzin  los  amenazaba  como  partícipes  en  la  traición  y  muerte 
que  se  le  había  dado  á  su  padre,  ^  entraron  en  consejo  de  lo  que 

1  Aquí  confunde  el  autor  á  Tezozomoc  con  Maxtla. 

2  Los  dos  cronistas  mexicanos,  Tezozomoc  y  el  P.  Duran,  no  hablan  de  la 
intervención  que  tuviera  Nezahualcoyotl  en  la  defensa  de  México,  mientras 
que  nuestro  autor  refiere  extensamente  el  auxilio  prestado  por  el  monarca 
acolhua,  y  lo  presenta  aquí  amenazando  también  á  los  mexicas.  Pero  no  de- 
bemos olvidar,  que  Nezahualcoyotl  era  sobrino  de  Itzcoatl,  es  decir,  que  per- 
tenecía á  la  familia  de  los  señores  mexicanos;  y  que  por  intervención  de  bus 
tías  las  señoras  de  México,  Tezozomoc  le  había  perdonado  la  vida,  y  aun  le 
habÍH  devuelto  parte  de  su  patrimonio.  Agreguemos  á  esto,  que  Nezahualco- 

TOMO  II-U 


146  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

debían  hacer,  y  así  entre  ellos  fué  acordado,  que  convenía  á  su 
quietud  y  libertad  ganar  la  voluntad  á  Nezahualcoyotzin,  que 
ya  la  fortuna  le  había  empezado  á  favorecer;  y  aunque  se  ha- 
llaban culpantes  en  la  tiranía  de  Tezozomoc,  se  determinaron 
de  enviarle  sus  embajadores,  disculpándose  lo  mejor  que  pu- 
diesen, y  le  pidiesen  que  con  toda  brevedad  los  favoreciese, 
porque  Maxtla  los  tenía  muy  oprimidos  y  acorralados  dentro 
de  su  ciudad,  y  que  le  faltaba  muy  poco  para  consumirlos  y 
acabarlos,  ofreciéndole  de  su  parte  todas  sus  fuerzas  y  ayuda 
para  recobrar  el  imperio;  que  tuviese  atención  á  la  grande  obli- 
gación que  tenía  á  la  nobleza  mexicana,  pues  de  ella  descen- 
día; para  lo  cual  fueron  escogidos  para  sus  embajadores  Mote- 
cuhzomatzin  Ilhuicamina  que  era  su  capitán  general,  primo 
hermano  ^  y  muy  querido  de  Nezahualcoyotzin,  y  otros  dos  ca- 
balleros, que  el  uno  se  decía  Totopilatzin  y  el  otro  Telpoch,  los 
cuales  lo  más  secretamente  que  pudieron  salirse  de  la  ciudad 
de  México,  se  fueron  para  la  de  Tetzcuco,  y  en  las  fronteras  de 
Acolhuacan  fueron  presos  por  los  soldados  de  Nezahualcoyo- 
tzin que  allí  asistían,  los  cuales,  conociendo  ser  deudos  de  su 
señor,  no  los  mataron,  mas  se  los  llevaron  presos  y  á  buen  re- 
caudo: llegados  que  fueron  á  su  presencia,  y  dada  su  embaja- 
da, aunque  se  holgó  Nezahualcoyotzin  de  verlos,  le  pesó  mu- 
cho saber  la  aflicción  en  que  los  mexicanos  estaban,  y  para 
poderlos  socorrer  con  brevedad,  despachó  á  la  provincia  de 
Chalco  (que  era  la  parte  más  cercana  de  donde  aguardaba  so- 
corro) á  su  hermano  Quauhtlchuanitzin  2  juntamente  con  su 

yotl  verdaderamente  se  había  educado  en  México,  adonde  se  refugió  muy  jo- 
ven, y  que  su  interés  era  igual  al  de  los  mexicas,  pues  á  ambas  partes  conve- 
nía destruir  á  Maxtla,  y  se  comprenderá  cuan  natural  era,  que  para  ese  Un 
común,  los  mexicas  pidieron  el  auxilio  de  Nezabualcoyotl,  y  que  éste  se  los 
diera  sin  reparo  ni  tardanza. 

1  Era  tío  de  Nezabualcoyotl. 

2  En  la  8?  Relación  de  los  pobladores  lo  llama  Quauhtlabuanitzin,  y  en  la 
continuación  de  la  Historia  de  México  ó  12^  Relación  de  los  señores  chichi- 
mecas,  lo  dice  Cuaubtlehuanitzin.  Estas  diferencias  nacen  sin  duda  de  erro* 
res  de  los  copistas;  pero  el  último  nombre  es  el  verdadero. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  147 

primo  Motecuhzomatzin  y  Totopilatzin,  quedándose  con  él  el 
otro  caballero  llamado  Telpoch,  á  pedir  socorro  á  Toteotzinte- 
cuhtli  con  toda  la  brevedad  que  la  necesidad  les  obligaba;  y 
asimismo  envió  á  llamar  á  Iztlacauhtzin  señor  de  Huexotla,  su 
capitán  general,  que  andaba  haciendo  gente  y  apercibiéndose 
para  la  jomada  que  estaba  tratada  de  hacer  contra  el  tirano, 
para  lo  cual  envió  á  su  hermano  Xiconacatzin,  y  á  otros  tres 
principales.    Esta  embajada  y  mensaje  que  Nezahualcoyotzin 
envió,  no  sonaban  bien  á  los  oídos  de  los  chalcas,  ni  de  Iztla- 
cauhtzin su  capitán  general,  porque  aborrecían  infinito  á  los 
mexicanos,  por  las  insolencias  y  crueldades  que  contra  ellos  se 
habían  usado  cuando  estaban  en  su  pujanza  y  en  gracia  de  los 
reyes  tepanecas;  y  así  el  capitán  general  la  respuesta  que  dio 
fué  mandar  hacer  pedazos  al  hermano  del  príncipe,  y  á  los 
otros  caballeros  que  con  él  fueron,  queriendo  ser  más  ainas 
traidor  á  su  rey,  que  favorecerles;  y  á  los  que  fueron  á  Chalco 
Toteotzintecuhtli  los  mandó  prender,  y  poner  ábuen  recaudo, 
y  en  su  guarda  Coateotzin,  uno  de  los  dos  señores  de  Tlalma- 
nalco,  el  cual  luego  aquella  noche  los  libertó,  dando  orden  de 
sacarlos  de  la  prisión  en  que  estaban;  y  Toteotzintecuhtli  envió 
por  la  posta  á  dar  aviso  á  Maxtla  de  cómo  los  tenía  presos;  de 
manera,  que  aunque  quiso  ganar  gracias  con  él,  estaba  tan  in- 
dignado por  la  ayuda  que  dio  á  Nezahualcoyotzin  en  recobrar 
su  reino,  que  le  respondió  amenazándole  que  le  había  de  des- 
truir, y  que  de  los  presos  hiciese  lo  que  quisiese;  y  sabiendo 
Toteotzintecuhtli  que  la  noche  antes  se  habían  escapado  se  in- 
dignó contra  Coateotzin  y  lo  mandó  matar.  Los  embajadores 
llegaron  á  la  ciudad  de  Tetzcuco,  Nezahualcoyotzin  los  conso- 
ló y  despachó  á  México,  ofreciéndoles  que  luego  iba  tras  de 
ellos  con  toda  la  más  gente  que  pudiese,  porque  de  Tlaxcalan, 
Huexotzinco  y  otras  provincias  había  tenido  nuevas  de  que  ya 
venían  á  socorrerle. 


CAPITULO  XXXI 

De  cómo  pasó  NezahualeoyoUin  á  México  con  su  ^ércüo  en  favor  de  los  mexieanos. 


Viendo  Nezahualcoyotzin  el  aprieto  en  que  estaban  sus  tíos 
y  los  mexicanos  sus  vasallos,  juntó  á  gran  prisa  la  gente  que 
pudo  y  le  quisieron  seguir  por  agua  y  tierra,  y  fué  marchando 
con  ella  la  vuelta  de  México,  aunque  al  embarcarse  le  dio  á  las 
espaldas  Iztlacauhtzin  su  capitán  general,  que  se  le  había  revela- 
do con  todos  los  demás  que  estaban  alzados,  y  que  apellidaban 
el  nombre  tepaneco.  ^  Nezahualcoyotzin  se  fué  entrando  por  la 
laguna  adentro  lo  mejor  que  pudo,  disimulando  la  desvergüen- 
za de  su  general,  y  remitiendo  el  castigo  para  otro  tiempo  más 
oportuno.  Llegado  que  fué  á  México  se  desembarcó  en  la  par- 
te de  Tlatelulco,  en  donde  Itzcoatzin,  su  tío,  y  Quauhtlatoa- 
tzin  con  los  demás  señores  mexicanos  le  salieron  á  recibir;  y 
habiendo  tratado  lo  importante  á  su  libertad,  juntaron  sus  gen- 
tes, y  comenzaron  á  pelear  con  los  tepanecas  hasta  que  los 
echaron  de  toda  la  ciudad;  y  prosiguiendo  la  batalla  salieron 
en  dos  escuadrones  contra  Maxtla,  que  tenía  puesto  su  campo 
sobre  unas  albarradas  que  habla  hecho,  y  pelearon  tres  días 

1  Es  importante,  para  comprender  la  verdad  de  los  sucesos  que  siguen,  fi- 
jarse en  este  hecho:  cuando  salió  Nezahualcoyotl  á  auxiliar  á  los  mexicas,  se 
le  insurreccionó  el  señorío  de  Tetzcuco,  que  se  pasó  al  bando  de  los  tepa- 
necas. 


150  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

con  él,  y  al  cuarto  día  por  la  mañana  Nezahualcoyotzin  con  su 
gente  dio  por  una  parte,  Itzcoatzin  y  los  mexicanos  por  otra,  y 
peleando  con  toda  furia,  de  tal  manera  que  de  la  ima  y  otra 
parte  murió  mucha  gente;  mas  al  fin  Maxtla  se  fué  retirando 
con  su  ejército,  que  iba  de  vencida,  hasta  que  los  echaron  de 
los  términos  mexicanos.  A  esta  ocasión  llegaron  los  señores 
huexotzincas,  tlaxcaltecas  y  otros  amigos,  y  se  juntaron  con 
la  gente  de  Nezahualcoyotzin;  y  luego  acordaron  Nezahualco- 
yotzin, Itzcoatzin  y  los  demás  señores,  que  el  ejército  se  repar- 
tiese en  tres  escuadrones,  que  el  uno  capitanease  Nezahualco- 
yotzin y  en  su  compañía  Xayacamachan  con  la  mitad  de  los 
huexotzincas  y  el  general  de  Tlaxcalan  con  los  suyos,  y  que 
entrasen  por  la  parte  del  cerro  Quauhtepell;  y  el  otro  capita- 
nease Itzcoatzin  con  la  otra  mitad  de  los  huexotzincas  que 
acaudillaba  Temayahuatzin  su  señor,  y  mucha  cantidad  de  los 
amigos  que  habían  venido  en  favor  de  Nezahualcoyotzin,  y  se 
pusiese  por  otra  parte;  y  el  otro  escuadrón  tomase  Motecuh- 
zoma  y  Quauhtlatoatzin  señor  de  Tlatelulco;  diciéndoles  que 
ninguno  rompiese  hasta  que  él  mandase  hacer  ima  seña,  y 
que  vista,  todos  diesen  á  un  tiempo  sobre  sus  enemigos:  y  así 
otro  día  en  rompiendo  el  alba  se  comenzó  la  batalla,  y  aimque 
Nezahualcoyotzin  y  los  mexicanos  fueron  ganando  tierra  á  los 
enemigos,  fué  con  gran  trabajo  y  muertes  de  mucha  gente  de 
ambas  partes.  Duraron  estas  guerras  ciento  y  quince  días,  por- 
que el  rey  Maxtla  se  defendía  valerosamente,  y  para  ello  ha- 
bía echado  el  resto  de  todo  su  poder;  mas  al  cabo  de  los  días 
referidos,  Nezahualcoyotzin  les  dio  tanta  prisa  á  los  de  Max- 
tla, y  cada  uno  de  los  señores  mexicanos  por  su  parte,  hasta 
que  rompieron  y  desbarataron  el  ejército  de  Maxtla,  haciendo 
huir  sus  gentes,  y  en  el  alcance  quedaron  muchos  de  ellos,  y 
entrando  por  la  ciudad,  la  destruyeron  y  asolaron,  echando 
por  el  suelo  todas  las  más  principales  casas  de  los  señores  y 
gente  ilustre  y  los  templos,  pasando  á  todos  á  cuchillo.   Max- 
tla que  se  había  escondido  en  un  baño  de  sus  jardines,  fué  sa- 
cado con  gran  vituperio,  y  Nezahualcoyotzin  lo  llevó  á  la  plaza 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  151 

principal  de  la  ciudad,  y  allí  le  sacó  el  corazón  ^  como  en  vícti- 
ma y  sacrificio  á  sus  dioses,  diciendo  lo  hacía  en  recompensa 
de  la  muerte  de  su  padre  el  emperador  Ixtlilxochitl,  y  que 
aquella  ciudad  por  ignominia  suya  fuese  desde  aquel  tiempo 
un  lugar  donde  se  hiciese  feria  de  esclavos.  ^  Este  fin  tuvo  aque- 
lla ciudad  insigne,  que  fué  una  de  las  mayores  que  huvo  en  es- 
ta Nueva  España,  y  que  por  su  grandeza  se  le  puso  el  nombre 
que  tiene  de  Azcaputzalco,  que  quiere  decir  hormiguero.  Y 
aunque  los  tepanecas  se  tornaron  á  rehacer,  los  que  escaparon 
de  la  ciudad,  haciéndose  fuertes  en  Coyohuacan  y  Tlacopan? 
fueron  en  su  seguimiento  Nezahualcoyotzin  y  Itzcoatzin  y  los 
sujetaron;  aunque  el  señor  de  Tlacopan  luego  se  rindió,  el  que 
de  secreto  favorecía  el  bando  de  Nezahualcoyotzin  y  de  los  se- 
ñores mexicanos,  que  eran  sus  deudos  muy  cercanos;  y  luego 
prosiguieron  con  su  ejército  asolando  con  el  mismo  rigor  las 
demás  ciudades  más  principales  del  reino  de  los  tepanecas,  co- 
mo fueron  Tenayocan,  Tepanoaya,  Toltitlan,  Quauhtitlan, 
.  Xaltocan,  Huitzilopochco  y  Colhuacan;  y  las  demás  ciudades, 
pueblos  y  lugares  de  este  reino,  que  aquí  no  se  hace  mención 
de  ellas,  se  rindieron  y  se  dieron  de  paz.  ^  Todo  lo  cual  acae- 
ció en  el  año  de  mil  cuatrocientos  y  veintiocho  atrás  referido; 
y  los  otros  dos  años  siguientes  se  ocuparon  en  irse  sobre  la 
ciudad  y  reino  de  Tetzcuco,  ^  que  lo  tenían  alterado  Iztlacauh- 

1  Esta  guerra  está  representada  on  uno  de  los  manuscritos  de  M.  Waldeck. 
Se  ve  ü  la  derecha  al  rey  Itzcoatl  que  envía  á  Motecuhzoma  Ilhuicamina;  el 
combate  de  éste  con  Maxtla,  y  la  muerte  de  este  último:  más  retirado,  á  Maz- 
tla  refugiado  en  un  baño,  donde  es  descubierto  y  aprehendido.  (Nota  deTer- 
nauz). 

2  Ya  hemos  dicho  que  en  las  crónicas  de  Tezozomoc  y  el  P.  Duran,  Neza- 
hualcoyotl  no  toma  parte  en  esta  campaña.  En  el  manuscrito  tepaneca  sí  la 
toma;  pero  no  da  muerto  á  MaxÜa.  Este  sobrevive  á  la  destrucción  de  Azca- 
putzalco, y  se  retirá  á  Coyoacan;  y  vencido  más  tarde  en  este  lugar,  se  refugia 
en  Amaquemecan.  La  toma  de  Azcaputzalco  fué  en  1427,  y  el  manuscrito  te- 
paneca pone  á  Maxtla  en  Amaquemecan  en  1431. 

8  Estas  guerras  están  relatadas  minuciosamente  en  las  crónicas  citadas, 
aunque  allí  aparecen  hechas  por  Itzcoatl. 
4  Los  mexicas  debieron  pagar  su  auxilio  á  Nezahualcoyotl,  y  al  efecto  fue- 


152  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

tzin  señor  de  Huexotla,  y  otros  señores  caballeros  de  su  valía; 
y  aunque  pretendieron  defenderse,  no  pudieron  resistir  la  fiíer- 
za  de  Nezahualcoyotzin;  y  así,  viéndose  desbaratados  y  venci- 
dos se  le  huyeron,  y  se  pasaron  unos  á  la  provincia  de  Chalco, 
y  otros  á  la  de  Tlaxcalan  y  Huexotzinco;  y  porque  fueron  par- 
tícipes en  este  alzamiento  casi  todas  las  ciudades,  pueblos  y 
lugares  del  reino  de  Tetzcuco,  las  saqueó  Nezahualcoyotzin, 
y  quemó  algunas  de  las  casas  de  los' señores  y  templos  más 
principales  de  ellos;  y  dejando  en  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  en 
otras,  donde  le  pareció  ser  conveniente,  gente  de  guarnición, 
se  volvió  á  México,  en  donde  él  y  su  tío  el  rey  Itzcoatzin  die- 
ron orden  de  sujetar  la  ciudad  y  provincia  de  Xochimilco,  y 
luego  la  de  Cuitlahuac,  que  por  ser  lugares  metidos  en  la  lagu- 
na, se  habían  estado  recios  y  no  habían  querido  dar  la  obe- 
diencia. En  lo  referido  y  en  cercar  el  bosque  de  Chápoltepec  y 
traer  en  ima  ataqea  el  agua  á  la  ciudad  de  México,  y  edificar 
irnos  palacios  en  ella  y  otras  obras  públicas,  se  ocupó  Nezahual- 
coyotzin hasta  el  año  de  mil  cuatrocientos  y  treinta,  con  que 
quedó  la  mayor  parte  del  imperio  sojuzgado. 

ron  á  reconquistar  y  restituirle  su  señorío.   Por  esto  en  el  Códice  Mendocino, 
se  ve  á  Tetzcuco  entre  las  conquista»  de  Itzcoatl. 


CAPITULO  XXXII 


De  cómo  fué  jwrctdo  Nezahtuüooj/otsln  por  rey  de  Tetecueo  Acolhucuyxn  p  por  empero- 
dor  del  imperio  de  los  cTUchimecaSt  juntamente  eon  su  ño  BzeocUzin  rey  de  México^ 
y  Totoquihuatzin  de  Tlacopan,  en  quien  se  traspasa  el  reino  de  Atepaneco  y  Azca- 
puizcUco, 


Había  cerca  de  cuatro  años  que  Nezahualcoyotzin,  junta- 
mente con  el  rey  Itzcoatzin  su  tío  y  los  demás  señores  sus  con- 
federados, que  habían  sojuzgado  la  ciudad  de  Atzcaputzalco,  y 
casi  tres  años  que  había  saqueado  y  castigado  su  reino  de 
Acolhuacan,  y  hecho  las  demás  cosas  referidas,  cuando  en  el 
año  de  mil  cuatrocientos  treinta  y  uno  de  la  Encarnación  de 
Cristo  Nuestro  Señor  que  llaman  nahui  Acatl,  le  pareció  ser 
ya  tiempo  que  fuese  jurado  y  recibido  con  la  solemnidad  que 
convenía  en  el  imperio;  y  lo  que  en  tiempo  de  sus  pasados  ha- 
bía sido  gobernado  por  una  sola  cabeza,  ^  parecióle  ser  mejor 
y  más  permanente  que  fuese  gobernado  por  tres  (los  cuales 
fueron  los  reyes  y  señores  de  los  tres  reinos,  México,  Tetzcu- 
co  y  Tlacopan),  para  lo  cual  lo  trató  y  comunicó  con  el  rey 
Itzcoatzin  su  tío,  dándole  las  causas  bastantes  que  para  esto  le 
movían.  A  Itzcoatzin  le  pareció  muy  bien  lo  que  tenía  deter- 
minado, aunque  en  lo  de  Tlacopan  era  de  contrario  parecer: 
lo  uno,  porque  Totoquihuatzin  no  era  más  de  un  señor  parti- 

1  Hemos  visto  que  jamás  los  señores  chichimecas  habían  gobernado  ni  en 
México  ni  en  Azcaputzalco. 


154  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

cular,  que  había  estado  sujeto  al  de  Azcaputzalco;  y  lo  otro, 
que  por  el  mismo  caso  que  era  de  aquella  casa,  no  convenía 
hacer  en  él  semejante  elección,  porque  no  fuese  que  con  ella 
se  tomase  á  encender  otro  fuego  que  fuese  mayor  que  el  pa- 
sado: Nezahualcoyotzin  replicó,  que  sería  gran  tiranía,  de  todo 
punto  acabar  el  reino  tan  antiguo  de  los  tepanecas,  de  donde 
procedían  tantos  señores,  caballeros  y  personas  ilustres;  de- 
más de  que  se  pondría  la  cosa  en  tal  punto  y  estado  que  no 
hubiese  lugar  de  novedades  y  alteraciones.  Y  habiendo  dado, 
y  tomado  sobre  este  caso,  hubo  de  permanecer  el  voto  y  pa- 
recer de  Nezahualcoyotzin;  y  así  juntos  todos  los  señores  me- 
xicanos y  los  de  la  parte  de  Nezahualcoyotzin,  fueron  jurados 
todos  tres  por  sucesores  del  imperio,  y  cada  uno  de  por  sí  por 
rey  y  cabeza  principal  de  su  reino.  Al  de  Tetzcuco  llamándo- 
le Acolhua  Tecuhtli,  y  dándole  juntamente  el  título  y  digni- 
dad de  sus  antepasados,  que  fué  llamarse  Chichimecatl  Tecuhtli 
que  era  el  título  y  soberano  señorío  que  los  emperadores  chi- 
chimecas  tenían.  A  su  tío  Itzcoatzin  se  le  dio  el  título  de  Col- 
hua  Tecuhtli,  por  la  nación  de  los  cuihuas  tultecas.  A  Totoqui- 
huatzin  se  le  dio  el  título  de  Tepanecatl  Tecuhtli,  que  es  el 
título  que  tuvieron  los  reyes  de  Azcaputzalco.  Y  desde  este 
tiempo  los  que  fueron  sucediendo,  tuvieron  estos  títulos  y  re- 
nombres, que  es  como  los  romanos  emperadores  llamarse  Cé- 
sares. Y  así  los  tres  señores  imperaron  todos  tres  el  imperio 
de  esta  Nueva  España  hasta  la  venida  de  la  Santa  fe  católica; 
aunque  es  verdad,  que  siempre  el  de  México  y  Tetzcuco  fue- 
ron iguales  en  dignidad,  señorío  y  rentas,  y  el  de  Tlacopan  so- 
lo tenía  cierta  parte  como  la  quinta  en  lo  que  eran  rentas,  y 
después  de  los  otros  dos.  ^  Y  para  mayor  claridad  de  esta  ver- 

1  Según  el  P.  Duran  este  concierto  y  triple  alianza,  llamémosla  así,  se  hizo 
al  entrar  Moteczuma  Ilhuicamina  en  el  señorío  de  México.  Consistía  princi- 
palmente esta  alianza,  en  que  los  señores  de  México,  Tetzcuco  y  Tlacopan, 
debían  confirmar  en  las  vacantes,  el  nombramiento  ó  sucesión  de  rey  de  cual- 
quiera de  los  tres  señoríos;  en  que  debían  hacer  la  guerra  unidos,  aunque  el 
mando  militar  se  reservaba  al  señor  de  México;  y  en  que  loe  tributos  de  los 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  155 

dad  (demás  de  ser  público  y  notorio),  se  echa  de  ver  en  un 
canto  antiguo  que  llaman  Xopancuicatl,  que  casi  en  todos  los 
más  de  los  pueblos  de  esta  Nueva  España  en  donde  se  usa 
hablar  la  lengua  mexicana,  lo  cantan  los  naturales  en  sus  fies- 
tas y  convites,  ser  las  tres  cabezas  de  la  Nueva  España  los  re- 
yes de  México,  Tetzcuco  y  Tlacopan  que  dice  así:  "canconicui- 
lotehua  que  on  intlacticpac  conmahuicotitihuya  a  Tliautepetl 
México  nican  Acolhuacan  Nezahualcoyotzin  Motecuhzomatzin, 
Tlacopan  on  in  Totoquihuatzin  Yeneli  ai  con-piaco  inipetlic- 
pal  inteotl  á  Ipalnemoani  etc."  que  significa  conforme  á  su 
verdadero  sentido:  **Dejaron  memoria  en  el  universo  los  que 
"ilustraron  el  imperio  de  México  y  aquí  en  Acolhuacan,  los  re- 
"yes  Nezahualcoyotzin  y  Motecuhzomatzin,  y  en  Tlacopan  To- 
•*toquihuatzin:  de  verdad  que  será  empresa  eternizar  vuestra 
"memoria,  (por  lo  bien  que  juzgasteis  y  registeis)  en  el  trono  y 
"tribunal  de  dios  criador  de  todas  las  cosas  etc."  Y  así  muy  á 
la  clara  se  ve  ser  las  cabezas  de  esta  Nueva  España  los  tres  re- 
feridos, y  el  de  Tetzcuco  y  México  ser  iguales,  y  después  de 
ellos  Tlacopan;  demás  de  que  esto  está  averiguado,  habiéndo- 
se hecho  la  jura  con  los  ritos  y  ceremonias  que  los  mexicanos 
usaban  en  la  coronación  de  sus  reyes,  como  en  otra  parte  se 
trata,  y  se  hicieron  muy  grandes  y  solemnes  fiestas. 

pueblos  vencidos  debían  repartirse  en  cinco  partes,  dos  para  cada  uno  de  los 
•eñores  de  México  y  Tetzcuco,  y  la  quinta  restante  para  el  de  Tlacopan. 


CAPITULO  XXXIII 


De  ú^mo  Nezahualcoyotzin  di6  orden  de  irse  á  la  ciudad  de  Tetzcueo  con  todasu  geniCt 
y  las  demandas  y  respuestas  que  sobre  esto  hribo. 


Iztlacauhtzin,  señor  de  Huexotla  y  capitán  general  que  había 
sido,  y  Motoliniatzin  señor  de  Coatlichan,  (que  eran  estos  dos 
señores  los  mayores  que  había  en  el  reino  de  Tetzcueo,  de  cu- 
ya casa  y  linaje  procedían  otros  muchos  de  lo  más  ilustre  del 
imperio),  habiendo  visto  como  Nezahualcoyotzin  estaba  jurado 
y  recibido  por  rey  de  Tetzcueo  y  por  sucesor  del  imperio, 
(aunque  ellos  habían  andado  ausentes,  por  su  rebeldía,  desde 
que  saqueó  la  ciudad  y  reino  de  Tetzcueo),  acordaron  de  en- 
viarle un  gran  presente  de  oro,  piedras  preciosas  y  plumería 
y  mantas  ricas,  rogándole  les  perdonase  por  las  ofensas  pasa- 
das, y  les  hiciese  merced  de  las  vidas,  echando  por  tercero  al 
rey  Itzcoatzin  su  tío  y  á  otros  señores  mexicanos,  á  quienes 
enviaron  otros  presentes.  Nezahualcoyotzin  los  perdonó,  y  en- 
vió á  decir  que  se  asegurasen  y  no  anduviesen  ausentes  de  su 
patria,  que  les  daba  su  fe  y  palabra  de  no  ofenderlos  ni  ha- 
cerles mal.  Hahiendo  alcanzado  este  perdón  de  Nezahualco- 
yotzin, enviaron  á  suplicarle  segunda  vez,  se  dignase  de  venir 
á  su  casa  y  corte,  porque  con  su  ausencia  andaban  sus  subdi- 
tos y  vasallos  huérfanos  y  desamparados,  echando  asimismo 
para  el  efecto  por  su  tercero  al  rey  Itzcoatzin  su  tío:  y  aunque 
Nezahualcoyotzin  había  estado  muy  ofendido  de  sus  subditos  y 


158  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

vasallos,  tuvo  por  bien  de  irse  á  la  ciudad  de  Tetzcueo  con  toda 
su  casa  y  corte,  que  la  había  tenido  en  la  ciudad  de  México  ca- 
si cuatro  años,  como  se  ha  visto;  y  antes  de  irse  partió  la  tie- 
rra entre  el  rey  Itzcoatzin  su  tío,  echando  una  línea  de  Norte 
á  Sur  desde  un  cerro  que  se  llama  Cuexomatl  por  medio  de  la 
laguna,  incando  unos  morillos  muy  gruesos  y  poniendo  moho- 
neras  y  paredones  hasta  el  río  de  Acolhuacan,  y  de  allí  á  un 
cerro  que  se  dice  Xoloc,  y  á  otro  que  se  llama  Techimali  has- 
ta llegar  á  la  tierra  de  Tototepec  que  era  hasta  allí  lo  que  es- 
taba en  esta  sazón  ganado,  que  es  corriendo  hacia  el  Norte;  y 
todo  lo  que  queda  por  la  parte  del  Oriente,  tomó  para  sí  Ne- 
zahualcoyotzin,  y  lo  de  la  parte  del  Poniente  Itzcoatzin  su  tío, 
juntamente  con  lo  que  le  cupo  de  parte  á  Totoquihuatzin  rey 
de  Tlacopan.  Y  asimismo,  para  ilustrar  más  á  la  ciudad  de 
Tetzcueo,  pidió  á  su  tío  le  diese  cantidad  de  oficiales  de  todas 
las  artes  mecánicas,  que  trajo  á  la  ciudad  de  Tetzcueo  con 
otros  que  sacó  de  la  ciudad  y  reino  de  Azcaputzalco,  y  de  la 
de  Xochimilco  y  otras  partes.  Y  al  tiempo  y  cuando  fué  á 
la  ciudad  de  Tetzcueo,  que  fué  por  la  laguna,  se  desembarcó 
en  el  bosque  que  llaman  Acayacac,  por  estar  cerca  de  la  la- 
guna, donde  fué  recibido  de  todos  los  señores  y  de  la  gente 
lustre  de  todo  el  reino  con  grandes  fiestas  y  regocijos,  aun- 
que echó  menos  á  Iztlacauhtzin  señor  de  Huexotla,  y  á  Och- 
pancatl  ^  señor  que  asimismo  era  de  Coatlichan,  á  Motolinia- 
tzin  y  á  Totomihua  de  Coatepec  y  á  Nonoalcatl  su  cuñado, 
marido  de  la  infanta  Tozquentzin,  y  á  otro  que  se  decía  Toch- 
pilli;  que  aunque  es  verdad  los  tenía  perdonados,  viendo  la 
gravedad  de  sus  culpas,  no  se  atrevieron  á  aguardarle.  Neza- 
hualcoyotzin,  cuando  supo  que  se  habían  ido  recibió  gran 
pena,  y  envió  á  un  caballero  llamado  Coyohua  para  que  los 
volviese  y  asegurase,  ^  enviándoles  á  decir,  que  á  dónde  iban, 
desamparando  sus  casas  y  patria  por  vivir  con  mengua  y  desdi- 


1  Al  principio  del  capítulo  hace  á  Motoliniatzin  señor  de  Coatlichan. 

2  Es  decir,  que  les  diese  seguridades. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  159 

cha  en  las  ajenas;  y  que  él  no  venía  á  su  corte  porque  quería, 
sino  sólo  por  amor  de  ellos  y  por  el  grande  amor  que  les  te- 
nía, y  que  si  se  recelaban  de  las  cosas  pasadas,  que  ya  él  las 
tenía  olvidadas  y  perdonadas,  que  sin  recelo  podían  volverse. 
El  mensajero  los  fué  á  alcanzar  en  la  sierra  en  donde  llaman 
Chalchihuitetemi,  los  cuales  respondieron,  que  su  alteza  los 
perdonase,  que  de  ninguna  manera  habían  de  parecer  en  su 
presencia;  pues  habían  sido  tan  graves  sus  delitos,  y  que  se  re- 
conocían por  dignos  de  muy  gran  castigo;  sólo  Totomihua  se- 
ñor de  Coatepec  envió  á  sus  dos  hijos,  llamados  el  uno  Ayo- 
cuantzi  y  el  otro  Quetzaltecolótzin,  diciéndoles:  "id,  y  servid  á 
vuestro  rey  y  señor  natural,  que  vuestra  inocencia  os  salva;"  y 
así  solos  estos  dos  mancebos  se  volvieron  con  el  mensajero 
de  Nezahualcoyotzin,  porque  todos  los  demás  prosiguieron  su 
camino,  unos  para  Tlaxcalan,  y  otros  para  Huexotzinco  y  á  la 
provincia  de  Chalco,  lo  cual  le  causó  mucha  pena  á  Nezahual- 
coyotzin. Y  habiendo  entrado  en  la  ciudad  fué  muy  bien  re- 
cibido y  festejado,  y  se  fué  á  vivir  á  sus  palacios  llamados 
Cillan. 


CAPITULO  XXXIV 


Que  trata  cCfTtw  NezahucUcoyotzin  tuvo  sobre  ciertas  contiendas  guerra  con  su  tU>  Jtz- 
coalzin^  y  habiendo  entra/lo  con  su  ejército  en  la  ciudad  de  México^  se  conformar 
ron;  y  de  cómo  restituyó  d  todos  los  señores  en  sus  señoríos;  y  lo  más  que  pasó  en  eS' 
te  intervalo  de  tiempo. 


Habiendo  estado  Nezahualcoyotzin  algún  tiempo  en  la  ciu- 
dad de  Tetzcuco  dando  orden  en  componer  las  cosas  tocantes 
al  buen  gobierno  de  los  aculhuas,  en  que  se  ocupó  casi  lo  res- 
tante del  año  en  que  entró  en  la  ciudad  de  Tetzcuco,  Itzcoa- 
tzin  su  tío  en  este  tiempo  trató  con  los  señores  mexicanos, 
entre  otras  muchas  cosas,  como  no  había  sido  acerUido  jurar 
á  su  sobrino  por  supremo  señor  del  imperio,  y  darle  el  títu- 
lo de  Chichimecatl  Tecuhtii,  que  es  el  que  habían  tenido  los 
emperadores  chichimecas  sus  pasados,  que  pues  61  era  viejo,  y 
casi  como  padre  suyo,  pues  era  su  tío,  y  hijo  de  su  hermana 
menor  la  reina  Matlalcihuatzin,  que  más  de  derecho  le  venía 
esta  dignidad  y  soberano  señorío;  ^  y  que  bastábale  á  su  sobri- 
no el  título  de  rey  de  los  aculhuas  y  compañero  en  el  imperio, 
como  lo  era  el  señor  de  Tlacopan.  No  trató  este  negocio  tan 
en  secreto  que  no  viniese  á  los  oídos  de  Nezahualcoyotzin,  el 
cual,  habiendo  visto  la  vana  presunción  del  rey  su  tío,  y  que 
parecía  ingratitud  suya  el  no  reconocer  las  amistades  y  favores 

1  Ya  hemos  visto  que  el  título  de  Chichimecatl  Tecuhtii  no  significaba  su- 
premacía en  todo  el  valle  del  Anahuac,  sino  solamente  en  el  señorío  tetzcuca- 
no,  el  cual  era  independiente  del  mexicano. 

Tomo  11-12 


162  OBRAS   HISTÓRICAS   DE 

que  le  había  hecho  en  libertarle  del  cautiverio  y  sumisión,  en 
que  á  él  y  á  todos  los  mexicanos  los  tenía  el  rey  de  Azcapu- 
tzalco,  y  que  siendo  como  no  era  más  de  tan  solamente  señor 
de  Tenochtitlan  y  heredero  que  pretendía  ser  del  reino  de  los 
aculhuas,  que  en  aquella  sazón  era  muy  pequeño,  y  lo  más  de 
ello  lo  había  tenido  usurpado  el  rey  de  Azcaputzalco,  y  en  po- 
der de  otros  señores,  que  aún  no  eran  reducidos  al  imperio,  le 
babía  dado  la  mitad  de  todo  lo  que  le  pertenecía  y  era  suyo, 
así  por  ser  del  imperio  de  los  chichimecas  sus  pasados,  como 
por  haberlo  ganado  por  su  valor  y  persona,  por  lo  que  su  tío 
estaba  en  el  mayor  trono  que  habían  tenido  sus  padres  y  abue- 
los los  señores  mexicanos,  pues  eran  ¡guales  en  señorío  y  man- 
do en  el  imperio,  acordó  de  juntar  sus  gentes  y  ir  sobre  la  ciu- 
dad de  México,  y  por  fuerzas  de  armas  mostrar  y  dar  á  enten- 
der á  su  tío  y  á  los  señores  mexicanos  ser  digno  del  imperio  y 
de  la  dignidad  de  Ghichimecatl  Tecuhtli;  ^  y  ante  todas  cosas 
porque  no  pareciese  que  lo  hacía  cogiéndolos  desapercibidos 
envió  á  requirir  á  su  tío,  que  dentro  de  tantos  días  estaría  con 
su  ejército  sobre  la  ciudad  de  México,  y  por  medio  de  las  ar- 
mas le  daría  á  entender  ser  digno  del  título  y  dignidad  que  te- 
nía de  ser  Ghichimecatl  Tecuhtli  del  imperio.  El  rey  Itzcoatzin, 
viendo  el  enojo  y  determinación  de  su  sobrino,  envió  á  discul- 
parse lo  mejor  que  pudo;  y  para  más  obligarle  á  que  se  dese- 
nojase, le  envió  veinticinco  doncellas  las  más  hermosas  que 
halló  en  su  corte,  y  de  más  ilustre  linaje,  pues  eran  todas  de 
la  casa  real  de  México,  y  con  ellas  otros  presentes  y  dones 
de  oro  y  pedrería,  plumas  ricas  y  mantas.  Nezahualcoyotzin 
mandó  hospedar  estas  señoras  y  regalarlas,  á  quienes  hizo  muy 
grandes  mercedes,  y  asimismo  dio  muchos  presentes  de  oro, 
pedrería,  plumas  y  mantas  ricas;  y  cuando  vido  que  ya  habían 

1  Ningún  otro  autor  ha  hecho  mención  de  esta  expedición  de  Nezahualco- 
yotzin contra  los  mexicanos,  quienes  lejos  de  ser  tributarios  de  los  tetzcuca- 
nos,  eran  superiores  á  ellos  en  influencia  en  los  últimos  tiempos  del  imperio. 
O  el  tributo  no  fué  pagado  máa  que  muy  poco  tiempo,  ó  el  autor  celoso  de  ha- 
cer valer  á  su  nación,  ha  recogido  algún  canto  popular.  (Nota  de  Ternaux). 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  163 

descansado,  las  tomó  á  enviar  al  rey  su  tío,  agradeciéndole  los 
dones  que  le  había  hecho;  mas  que  el  negocio  y  competencia 
que  entre  los  dos  había  no  se  había  de  negociar  ni  allanar  por 
medio  de  mujeres,  sino  por  sus  personas  y  con  las  armas;  y 
entre  otros  presentes  que  le  envió  en  recompensa  de  los  que 
recibió,  fué  una  sierpe  de  oro  que  estaba  enroscada  y  el  pico 
de  ella  metido  en  su  propia  natura,  por  cierta  significación  que 
allá  entre  ellos  se  entendían  bien,  y  que  sin  duda  ninguna  pa- 
ra el  día  citado  iría  con  su  ejército  sobre  la  ciudad  de  México. 
Itzcoatzin,  vista  la  resolución  de  su  sobrino,  juntó  sus  gentes 
y  fortaleció  su  ciudad  lo  mejor  que  pudo.  Llegado  el  tiempo 
que  fué  sobre  ella  Nezahualcoyotzin  por  la  parte  que  llaman 
Tepeyacac,  (que  es  lo  que  ahora  llaman  Nuestra  Señora  de 
Guadalupe),  entró  á  combatir  la  ciudad  de  México,  la  cual  se 
defendió  valerosamente,  de  tal  manera  que  estuvo  siete  días 
Nezahualcoyotzin  combatiéndola;  y  de  ninguna  manera  pudo 
entrar  por  la  ciudad,  porque  defendía  valerosamente  la  entra- 
da un  famosísimo  capitán  de  los  mexicanos  llamado  Ichtecua- 
chichtli,  hasta  que  al  último  de  ello  un  mancebo  llamado  Te- 
conatltecatl  (que  era  mochilero  del  ejército  de  Nezahualcoyo- 
tzin), con  gran  coraje  y  como  desesperado  embistió  con  el  ca- 
pitán de  los  mexicanos,  de  tal  manera  que  á  los  primeros 
lances  y  encuentros  que  hubo  con  él,  lo  mató  y  rompió  el  ejér- 
cito de  los  mexicanos,  siguiéndole  los  de  Nezahualcoyotzin,  y 
saqueando  las  casas  más  principales  de  la  ciudad  y  quemando 
los  templos.  Lo  cual  visto  por  el  rey  Itzcoatzin,  envió  con  la 
gente  anciana  de  la  ciudad  á  decir  á  su  sobrino,  que  era  bas- 
tante lo  hecho,  y  que  no  mirase  otra  cosa  más  que  las  canas 
de  sus  tíos  y  mayores  los  mexicanos.  Nezahualcoyotzin  que  no 
aguardaba  otra  cosa,  mandó  luego  recoger  el  ejército,  y  luego 
se  vieron  él  y  su  tío,  y  se  hicieron  las  paces,  después  de  haber 
dicho  en  público  su  sentimiento;  y  mandó  que  desde  aquel 
tiempo  en  adelante  se  le  diese  un  tributo  y  reconocimiento  en 
todas  las  ciudades,  pueblos  y  lugares  que  están  en  la  laguna  y 
su  contorno  pertenecientes  á  los  dos  reinos  de  México  y  Tlaco- 


164  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

pan,  que  con  la  ciudad  de  Tenochtítlan,  el  barrio  de  Xoloco,  la 
de  Tlacopan,  Azcaputzalco,  Tenayocan,  Tepotzotlan,  Quauhti- 
tlan,  Toltítlan.  Tlecatepec,  Huexachtitlan,  Coyohuacan,  Xochi- 
milco  y  Cuexomatitlan;^  dándole  de  tributo  en  cada  año  cada 
una  de  estas  ciudades  y  pueblos  referidos,  cien  cargas  de  man- 
tas blancas  con  sus  cenefas  de  pelo  de  conejo  de  todos  colores 
que  son  veinte  en  cada  carga;  y  veinte  cargas  de  mantas  rea- 
les de  las  que  se  ponían  los  reyes  en  los  actos  públicos  con  las 
mismas  cenefas:  otras  veinte  que  llamaban  esquinadas  de  á 
dos  colores  con  la  misma  cenefa  de  las  que  traían  puestas  en 
sus  arreitos  y  danzas;  dos  rodelas  de  plumería  con  sus  divisas 
de  pluma  amarilla,  y  otros  penachos  que  llamaban  tecpilotl 
que  es  lo  que  se  ponían  los  reyes  de  Tetzcuco  en  la  cabeza,  con 
otros  dos  pares  de  borlas  de '  plumería  con  que  ataban  el  ca- 
bello; y  por  mayordomo  y  cobrador  de  estos  tributos  á  un 
hombre  llamado  Cailol  que  eligió  para  este  efecto.  El  rey  su  tío 
y  el  de  Tlacopan  Totoquihuatzin,  con  todas  las  demás  perso- 
nas ilustres  de  todas  las  demás  ciudades  y  pueblos  atrás  refe- 
ridos, se  obligaron  de  que  se  le  daría  todo  lo  que  tenía  señala- 
do de  tributo  en  cada  im  año,  pues  lo  merecía  y  había  ganado 
por  su  valor.  ^  Y  después  de  haber  sido  festejado  en  la  ciudad 
de  México,  antes  de  partirse  para  la  de  Tetzcuco,  comunicó 
con  su  tío  el  rey  Itzcoatzin  cómo  tenía  determinado  restituir  á 

1  Para  que  se  entienda  este  párrafo,  hay  que  poner  en  lugar  de  que  con  la 
ciudad,  las  palabras:  que  son  la  ciudad. 

2  Esta  expedición  ó  campaña  de  Nezahualcoyotzin  sobre  México,  es  falsa, 
y  no  consta  en  ninguna  otra  historia  ó  crónica  ó  pintura  jeroglífica.  Por  su 
parte  los  cronistas  mexicanos,  en  nuestro  concepto  con  igual  inexactitud,  su- 
ponen lo  contrario.  El  P.  Duran  refiere,  que  para  hacer  constar  la  suprema- 
cía militar  de  México,  convino  Nezahualcoyotzin  que  se  fingiría  una  guerra, 
y  que  los  mexicas  entrarían  triunfantes  á  Tetzcuco,  y  que  así  se  hizo;  y  que 
Nezahualcoyotl  les  dio  tierras  en  su  señorío.  Ambas  versiones  son  hijas  sola- 
mente del  orgullo  nacional  de  tetzcucanos  y  mexicas.  Estos  pueblos  no  se  hi- 
cieron la  guerra,  pues  estaban  ligados  por  el  pacto  de  la  triple  alianza,  y  más 
aún  por  los  lazos  de  paren tezco  y  de  mutuos  servicios  y  agradecimiento  de 
sus  señores. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  165 

todos  los  señores  en  sus  señoríos,  aunque  no  como  antes  lo  so- 
lían estar,  sino  en  cierto  modo  que  fuese  de  manera,  que  an- 
dando, ellos  ni  sus  descendientes  no  tuviesen  pensamientos  de 
alzarse  y  revelarse  como  lo  habían  hecho.  Itzcoatzin  le  res- 
pondió, que  de  ninguna  manera  convenía  hacerse,  por  muchas 
razones  que  alegó,  entre  las  cuales  fué  decir,  que  ya  por  su  re- 
beldía no  tenían  ningún  derecho  á  sus  señoríos,  y  que  los  tenían 
perdidos,  demás  de  que  era  en  menoscabo  de  sus  tributos  y 
rentas  reales;  y  que  se  contentasen  con  vivir  á  merced  y  hon- 
ra de  las  tres  cabezas  del  imperio,  premiándolos  cuando  por 
sus  obras  y  buenos  servicios  lo  mereciesen.  Nezahualcoyotzin 
le  replicó,  que  era  el  hacerlo  así  modo  tiránico  que  habían 
usado  los  reyes  tepanecas,  que  no  era  más  de  usurpar  y  alzar- 
se con  lo  ajeno,  demás  de  que  tenían  obligación  de  darles 
honras,  estado  y  preeminencias,  pues  eran  todos  descendien- 
tes y  procedían  de  su  casa  y  linaje,  con  quienes  siempre  se  ha- 
bían de  honrar  y  casar  sus  hijos  é  hijas  que  tuviesen,  andan- 
do el  tiempo;  á  más  de  que  era  mayor  grandeza  de  los  reyes  y 
soberanos  señores  tener  otros  que  fuesen  sus  inferiores;  y  fi- 
nalmente se  determinó,  que  fuesen  restituidos  los  señores  en 
sus  señoríos,  y  así  luego  todos  los  que  eran  y  pertenecían  á  la 
casa  real  de  México,  los  hizo  restituir  Itzcoatzin  en  sus  seño- 
ríos; y  á  los  que  pertenecían  á  la  casa  real  que  era  de  Azcapu- 
tzalco,  los  hizo  restituir  Totoquihuatzin  rey  de  Tlacopan;  que 
fueron  nueve  de  México,  siete  de  Tlacopan  y  trece  de  la  casa 
real  de  Tetzcuco,  con  otro  que  añadió,  que  fueron  catorce,  y 
por  todo  vinieron  á  ser  treinta  señores,  que  eran  los  grandes 
de  todo  el  imperio,  que  asistían  en  las  cortes  de  las  tres  cabe- 
zas por  sus  personas  ó  por  las  de  sus  hijos;  y  el  reconocimien- 
to que  tenían  era  tan  solamente  el  homenaje  y  asistencia,  y 
acudir  en  tiempos  de  guerra  con  sus  vasallos  á  servir  á  sus  re- 
yes, sin  otro  tributo  y  reconocimiento.  Todo  lo  cual  se  puso 
por  obra  y  se  efectuó,  y  Nezahualcoyotzin  se  vino  á  su  corte  y 
ciudad  de  Tetzcuco  á  vivir. 


CAPITULO  XXXV 


Que  iraía  cómo  I^egahualooifaMnrettUutf^  en  nu  settorioa  á  h>9  señorea  perteneoientet^ 
al  reino  de  loe  aeulhuas;  y  cómo  repartió  la»  tierra». 


Fué  por  todos  muy  alabado  lo  que  hizo  Nezahualcoyotzin  en 
la  razón  de  la  restitución  de  los  señoríos,  en  que  mostró  su  no- 
bleza y  gran  valor,  y  no  tener  memoria  de  hombre  tirano,  con 
que  engrandeció  la  memoria  de  sus  pasados;  y  desde  este  tiem- 
po los  señores  que  andaban  ausentes  y  fugitivos  en  las  pro- 
vincias de  Tlaxcalan,  Huexotzinco  y  Chalco,  echaron  de  ver, 
que  Nezahualcoyotzin  el  perdón  que  les  había  hecho,  no  era 
fingido,  y  que  no  los  llamaba  cogiéndolos,  como  pensaban,  so- 
bre seguro.  El  cual  llegado  que  fué  restituyó  en  el  señorío  de 
Huéxutla  á  Tlazolyaotzin  h^jo  de  Tlacazatzin,  el  que  se  fué  á 
Tlaxcalan  huyendo  por  su  rebeldía  y  traiciones  atrás  referidas. 
En  Goatlichan  restituyó  en  el  señorío  al  mismo  Motoliniatzin, 
que  solía  ser,  el  cual  lo  fueron  á  traer  de  la  provincia  de  Hue- 
xotzinco, que  vivía  en  el  pueblo  de  Tetzmolocan;  á  Tetzcapoc- 
tzin  hizo  señor  del  pueblo  de  Ghimalhuacan.  Los  pueblos  de 
Goatepec,  Izlapalocan  y  otros  que  caían  hacia  aquella  parte, 
los  púdico  para  sí;  y  á  Cocopintzin  lo  hizo  señor  del  pueblo 
de  Tepetlaoztoc;  y  en  Acolraan  á  Motlatocacomatzin  hijo  de 
Teyolcocoatzin;  á  Tencoyotzin  hizo  señor  de  Tepechpan;  á  Te- 
chotlalatzin  de  Tecoyoacan;  áTezozomotzin  de  Chicuhnauhtla; 
y  en  Chiauhtla  dio  allí  á  un  hijo  suyo  llamado  Quauhtlatza- 


168  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


cuilotzin  para  que  después  de  criado  fuese  señor  de  allí,  que 
era  pequeño.  En  esta  sazón  los  pueblos  de  Xaltocan,  Papalo- 
tlan  y  otros  hizo  lo  que  Coatepec.  ^  A  Quetzalmemalitzin  dio  el 
señorío  de  Teotihuacan  que  había  sido  de  Huetzin  su  padre  ya 
difunto,  y  le  dio  el  título  de  capitán  general  del  reino  de  la 
gente  ilustre,  y  que  en  su  pueblo  se  despachasen  todos  los 
pleitos  y  negocios  que  hubiese  entre  los  caballeros  y  gente  no- 
ble de  los  pueblos  de  las  provincias  de  la  campiña.  En  Otom- 
pan  hizo  señor  á  Quecholtecpantzin,  dándole  el  mismo  título, 
pero  de  la  plebe,  y  que  asimismo  despachase  los  negocios  y 
demandas  que  hubiese  entre  la  gente  común  y  plebeya  de  las 
provincias  de  la  campiña.  Andando  el  tiempo  restituyó  y  con- 
firmó en  los  señoríos  á  Tlalolintzin  de  Tolantzinco  y  á  Nauhe- 
catzin  de  Quauhchinanco,  y  á  Quetzalpaintzin  de  Xicotepec. 
Todas  las  demás  ciudades,  pueblos  y  lugares  del  reino  y  pro- 
vincia que  se  dice  de  los  aculhuas,  lo  repartió  en  ocho  partes, 
poniendo  en  cada  una  de  ellas  un  mayordomo  y  cobrador  de 
sus  tributos  y  rentas,  en  esta  manera:  en  la  ciudad  de  Tetzcu- 
co  con  sus  barrios  y  aldeas,  puso  por  su  mayordomo  á  Matla- 
laca,  el  cual,  demás  de  estar  á  su  cargo  todas  las  rentas  y  tri- 
butos de  ella,  tenía  obligación  de  sustentar  la  casa  y  corte  del 
rey  setenta  días,  dando  cada  día  en  grano  veinticinco  tlaco- 
pintlis  de  maíz,  para  tomarlos,  que  era  una  medida  que  en  aquel 
tiempo  se  usaba,  y  cada  tlacopintli  tenía  tres  almudes  más  de 
una  fanega,  que  reducidos  á  fanegas  montan  treinta  y  una  fa- 
negas y  tres  almudes;  otros  tres  tlacopintlis  de  frijoles,  y  tor- 
tillas hechas  cuatrocientas  mil,  de  cacao  cuatro  xiquipíles  que 
montan  treinta  y  dos  mil  cacaos,  cien  gallos,  veinte  panes  de 
sal,  veinte  cestones  de  chile  ancho  y  otros  veinte  de  chile  me- 
nudo, diez  de  tomates  y  diez  de  pepitas:  era  lo  que  este  ma- 
yordomo tenía  obligación  dé  dar  cada  día.  ^  El  segundo  mayor- 

1  Supongo  que  el  autor  quiso  decir,  que  con  esos  pueblos  hizo  lo  que  con 
Coatepec,  esto  es,  que  se  loa  reservó  pnra  sí. 

5  Aunque  esta  cantidad  de  víveres  parezca  inmensa,  es  necesario  advertir 
que  todos  los  salarios  se  pagaban  en  especie  ó  efectos  de  consumo;  y  que  los  se- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  169 

domo  que  se  llamaba  Tochtli,  tenía  á  su  cargo  todas  las  rentas 
que  pertenecían  á  Ateneo,  (que  era  la  parte  de  la  ciudad  que  caía 
hacia  la  laguna  con  todos  sus  pueblos  y  aldeas,  que  eran  por  to- 
dos once);  y  demás  de  la  obligación  de  cobrar  los  tributos,  tenía 
asimismo  la  de  sustentar  y  dar  de  comer  con  la  misma  cantidad 
á  la  casa  del  rey  otros  setenta  días.  Otro  mayordomo  que  era 
el  tercero  y  se  llamaba  Coxcoch  tenía  á  su  cargo  las  rentas  y 
tributos  de  Tepepolco  con  todos  sus  pueblos  y  lugares  á  él  su- 
jetos, que  eran  por  todos  trece,  y  asimismo  tenía  obligación  de 
sustentar  en  cada  un  día  la  casa  del  rey  otros  setenta.  El  cuar- 
to mayordomo  se  decía  Tlemati,  y  era  á  su  cargo  cobrar  las 
rentas  y  tributos  de  Axapochco  con  todos  sus  lugares  y  aldeas, 
que  eran  otros  trece,  y  sustentar  la  casa  del  rey  cuarenta  y 
cinco  días.  El  quinto  se  decía  Ixotl,  eran  á  su  cargo  los  tribu- 
tos y  rentas  de  Quauhtlatzinco,  que  tenía  veintisiete  aldeas  y 
lugares,  y  tenía  obligación  de  dar  el  dicho  sustento  sesenta 
y  cinco  días.  El  sexto  se  decía  Quauhtecolotl  que  era  mayor- 
domo de  Ahuatepec,  con  otras  ocho  aldeas  y  lugares  que  á  él 
estaban  sujetas;  demás  de  la  obligación  de  cobrar  los  tributos, 
tenía  la  misma  de  sustentar  la  casa  del  rey  cuarenta  y  cinco 
días.  El  séptimo  se  decía  Papalotl,  y  era  á  su  cargo  cobrar  los 
tributos  de  Tetitlan  en  que  entran  los  pueblos  de  Goatepec,  Iz- 
tapalocan,  Tlapechhuacan  y  sus  aldeas.  El  octavo  se  llamaba 
Quateconhua,  y  era  á  su  cargo  cobrar  los  tributos  de  Tecpilpan, 
con  otras  ocho  aldeas  y  lugares  que  se  le  juntaban.   Esto  era 
lo  que  pertenecía  á  Nezahualcoyotzin,  que  era  lo  realengo,  sin 
más  de  ciento  y  sesenta  aldeas  y  lugares  que  repartió  á  sus  hi- 
jos, deudos  y  personas  beneméritas.   Las  tierras  de  cada  pue- 
blo ó  ciudad  estaban  repartidas  en  este  modo:  había  unas 
suertes  grandes  en  lo  mejor  de  las  demás  de  las  tales  ciudades 


ñores  de  la  corte,  y  los  miembros  de  los  consejos  y  tribunales  vivían  en  pala- 
cio. Torquemada,  que  da  el  mismo  detalle,  dice  haberlo  copiado  de  un  libro 
de  cuentas  en  caracteres  jeroglíficas,  que  existía  en  su  tiempo,  en  poder  de  D. 
Antonio  Pimentel  descendiente  de  Nezahualcoyotzin.  (Nota  de  Ternaux). 


170  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

y  pueblos,  que  contenían  cuatrocientas  medidas  de  largo  y  de 
ancho  ni  más  ni  menos,  que  se  llamaba  por  una  parte  Tlato- 
catlali  ó  Tlatocamili,  que  quiere  decir  tierras  ó  sementeras 
del  señor,  y  por  otra  Itonal  Intlacatl,  que  significa  las  tierras 
que  acuden  conforme  á  la  dicha  ó  ventura  de  los  reyes  ó  se- 
ñores: había  otras  suertes  de  tierras  que  llamaban  Tecpantlalí, 
que  significa  tierras  pertenecientes  á  los  palacios  y  recámara 
de  los  reyes  ó  señores,  y  á  los  naturales  que  en  ellas  estaban 
poblados,  llamaban  Tecpanpouhque,  que  quiere  decir  gente 
que  pertenece  á  la  recámara  y  palacio  de  los  tales  reyes  y  se- 
ñores. Otras  suertes  de  tierras  que  se  decían  Calpollali  ó  Alte- 
petlali,  que  es  lo  mismo  que  decir,  tierras  pertenecientes  á  los 
barrios,  al  pueblo:  en  estas  tierras  estaba  poblada  toda  la  gen- 
te común  en  parte  de  ellas,  y  las  demás  la  labraban  y  cultiva- 
ban para  la  paga  de  sus  tributos  y  sustento.  Esto  era  lo  más 
principal,  que  á  solos  los  herederos  de  los  reinos  y  señoríos 
pertenecía  y  no  á  otros,  que  esto  era  lo  principal,  y  la  mayor 
parte  de  los  pueblos  y  ciudades;  y  no  podían  los  mazehuales 
(que  así  se  decían  los  que  las  tenían  pobladas)  darlas  á  otros, 
sino  que  sus  hijos  y  deudos  las  heredaban  con  las  calidades 
que  ellos  las  habían  tenido  y  gozado;  y  si  servían  á  otros  pue- 
blos, quedaban  libres  para  poderlas  dar  á  otros  que  las  tuvie- 
sen con  las  mismas  condiciones.  Estos  tres  géneros  de  tierras 
y  poblaciones  sólo  á  los  reyes  y  señores  pertenecían,  y  no  á 
otros  ningunos.  Otras  suertes  había  que  se  decían  Pillali,  que 
eran  y  pertenecían  á  los  caballeros  y  descendientes  de  los  re- 
yes y  señores  referidos.  Otras  se  llamaban  Tecpillali,  que  casi 
eran  como  las  que  se  decían  Pillali;  estas  eran  de  unos  caba- 
lleros, que  se  decían  de  los  señores  antiguos;  y  asimismo  eran 
las  que  poseían  los  beneméritos.  De  esta  manera  estaban  sor- 
teados los  pueblos  y  ciudades  con  estos  géneros  de  suertes  de 
tierras;  aunque  en  las  de  los  señores  conquistados  y  sujetos 
había  otras  suertes  de  tierras  que  llamaban  Laotlali,  ^  las  cuales 

1  Yaotlalli- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  171 

eran  ganadas  por  guerras,  y  de  estas  lo  más  principal  pertene- 
cía á  las  tres  cabezas  del  imperio,  y  lo  demás  que  restaba  se 
daba  y  repartía  á  los  señores  y  naturales  que  habían  ayudado 
con  sus  personas  y  vasallos  en  la  conquista  de  los  tales  pue- 
blos ganados  por  guerra,  y  esto  las  más  veces  venía  á  ser  el 
tercio  de  los  pueblos  ó  provincias  conquistados. 


CAPITULO  XXXVI 


Deebmo  Nezahualeoj/otzin  edificó  uno8  palacios  para  sumoradaf  que  fueron  los  ma» 
í/ores  que  hubo  en  la  Nueva  EspañOt  y  de  su  descripción. 


Esta  división  y  repartición  de  tierras  de  los  pueblos  y  luga- 
res del  reino  de  Tetzcuco  se  hizo  también  en  el  de  México  y 
Tlacopan,  porque  los  otros  dos  reyes  y  cabezas  del  imperio 
fueron  siempre  admitiendo  sus  leyes  y  modo  de  gobierno,  por 
parecerles  ser  el  mejor  que  hasta  entonces  se  había  tenido;  y 
así,  lo  que  se  trata  y  describe  del  reino  de  Tetzcuco,  se  en- 
tiende ser  lo  mismo  el  de  México  y  Tlacopan,  ^  pues  las  pintu- 
ras, historias  y  cantos  que  sigo  siempre  comienzan  por  lo  de 
Tetzcuco,  y  lo  mismo  hace  la  pintura  de  los  padrones  y  tribu- 
tos reales  que  hubo  en  esta  Nueva  España  en  tiempo  de  su  in- 
fidelidad, y  así  lo  de  las  casas  del  rey  Nezahualcoyotzin  lo  sa- 
có ^  de  una  pintura  antiquísima,  y  por  ella  se  echa  de  ver  muy 
á  la  clara  su  grandeza  de  edificios,  salas,  aposentos,  y  otros 
cuartos  de  retretes,  jardines,  templos,  patios  y  lo  demás  que 
contenían  las  casas,  como  muy  á  la  clara  el  día  de  hoy  se  echa 
de  ver  por  sus  ruinas.  Estas  casas  las  edificaron  todas  las  tres 
cabezas  de  esta  Nueva  España,  Tetzcuco,  México  y  Tlacopan 

1  Educado  Nezahualcoyotl  en  México,  introdujo  en  Tetzcuco  todas  las  cos- 
tumbres meidcanas,  y  ya  se  irá  viendo  cómo  hizo  todo  á  semejanza  é  imita- 
ción de  éstas. 

2  Debe  ser  saqué. 


174  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

con  todos  sus  llamamientos,  en  donde  andaban  ocupadas  más 
de  doscientas  mil  personas  cada  día.  Los  obreros  mayores,  que 
eran  de  estas  casas,  fueron  Xilomantzin  señor  de  Culhuacan, 
y  Moquihuitzin  dé  Tlaltelulco,  aunque  á  lo  más  de  ella  asistía 
el  rey  Nezahuulcoyotzin  personalmente.  ^  Tenían  las  casas  de 
longitud  que  corrían  de  Oriente  á  Poniente,  cuatrocientas  y 
once  medidas  y  media,  que  reducidas  á  nuestra  medida,  ha- 
cen mil  doscientas  treinta  y  cuatro  varas  y  media,  y  de  latitud 
que  es  de  Norte  á  Sur,  trescientas  veintiséis  medidas  que  ha- 
cen novecientas  y  setenta  y  ocho  varas:  ^  por  la  cuadra  que  caía 
hacia  la  parte  del  Sur  y  Oriente  era  la  cerca  de  una  pared  muy 

1  El  mapa  Quinatzin  nos  da  buena  razón  en  bus  jeroglíficos  de  la  extensión 
del  señorío  de  Nezahualcoyotl,  y  de  los  pueblos  que  eran  tributarios  de  Tetz- 
cuco.  En  lo  que  podemos  llamar  su  segunda  parte,  hay  uno  á  manera  de  pla- 
no de  los  palacios,  y  por  fUera  alrededor  los  símbolos  de  los  señoríos  tributa- 
rios. En  la  parte  superior,  á  la  derecha,  se  ve  aunque  borrado  el  jeroglífico  de 
Nezahualcoyotl,  y  debajo  de  él  siete  veintenas  que  nos  dan  140  años.  Ahora 
bien,  como  el  mapa  se  pintó  en  1542,  si  deducimos  esos  140  años,  nos  resulta 
el  de  1402  fecha  del  nacimiento  de  Nezahualcoyotl. 

En  cuanto  á  los  señoríos  tributarios,  son  en  su  orden  los  siguientes:  Huexo- 
tía,  Coatlichan,  Chimalhuacan,  Tepetlaoztoc,  Chiauhtla,  Tezonyocan,  Acol- 
man,  Tepechpan,  Chiconauhtla,  Papalotlan,  Teotihuacan,  Otompan,  Cuauh- 
tlatzinco,  Ahuatepec,  Axapochco,  Tepepolco,  Coyoac  y  Aztaquemecan.  Es- 
tos señoríos  ocupaban  la  parte  Oriental  del  valle  de  Norte  á  Sur,  y  salían  fue- 
ra de  él  algunos,  pocas  leguas  hacia  el  Oriente. 

Como  este  fué  todo  el  señorío  tetzcucano  en  la  época  de  su  mayor  grande- 
2UI,  debemos  considerarlo  más  y  más  limitado  según  vayamos  retrocediendo 
hasta  Xolotl:  lo  que  demuestra  las  exageraciones  del  autor  al  hablar  de  la  in- 
mensa extensión  de  las  conquistas  del  mismo  Xolotl  y  del  imperio  chichime- 
ca;  y  nos  convence  de  que  en  un  principio  los  emigrantes  apenas  pudieron 
ocupar  las  montañas  del  Noreste  de  nuestro  valle,  en  cuyas  grutas  se  estable- 
cieron por  entonces. 

Todavía  más,  los  pueblos  que  siguen  de  Teotihuacan,  ni  tienen  signos  jero- 
glíficos especiales  ni  están  muchos  con  la  cadena  de  puntos  de  los  anteriores; 
lo  que  podía  hacernos  creer,  que  aunque  eran  tributarios  especiales  de  Tetz- 
cuco,  conservaban  mayor  independencia  y  no  formaban  parte  de  su  terri- 
torio. 

2  Parece  por  esta  relación  de  medidas,  que  la  unidad  mexicana  correspon- 
día á  tres  varas  españolas.  Por  otros  datos  hemos  creído  que  correspondía  á 
unos  dos  metros.  La  unidad  mexicana  de  medida  era  la  extensión  del  cuerpo 
de  un  hombre  de  pie  y  con  el  brazo  derecho  completamente  extendido  hacia 
arríba,  desde  los  pies  hasta  el  extremo  de  la  mano  derecha. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  175 

fuerte  de  adobes,  y  el  cimiento  era  de  muy  fuerte  argamasa, 
que  tenía  de  grueso  dos  varas,  y  de  alto  tres  estados;  y  por  la 
parte  del  Poniente  (que  era  hacia  la  laguna)  y  la  de  Norte,  es- 
taba cercada  de  una  muralla  muy  fuerte,  que  tenía  cinco  esta- 
dos de  alto,  y  esta  muralla  hasta  el  tercio  de  la  altura  iba  dis- 
minuida á  manera  de  estribo,  y  los  dos  tercios  de  allí  para 
arriba  á  plomo  cuadrada:  en  medio  de  toda  esta  cuadra  esta- 
ban los  cuartos  de  la  vivienda  del  rey,  las  salas  de  los  conse- 
jos, y  los  demás  cumplimientos  ^  que  se  irán  describiendo:  te- 
nían estas  casas,  para  lo  que  era  la  vivienda  y  asistencia  del 
rey  dos  patios  principales,  que  el  uno  y  más  grande  era  el  que 
servía  de  plaza  y  mercado,  y  aun  el  día  de  hoy  lo  es  de  la  ciu- 
dad de  Tetzcuco;  y  el  otro,  que  era  más  interior  (en  donde 
estaban  las  salas  de  los  consejos),  tenía  por  la  parte  del  Orien- 
te la  sala  del  consejo  real,  en  la  cual  tenía  el  rey  dos  tribuna- 
les, y  en  medio  de  ella  estaba  un  fogón  grande,  en  donde  de 
ordinario  estaba  el  fuego  sin  que  jamás  se  acabase;  y  por  el  la- 
do derecho  del  fogón,  estaba  un  tribunal,  que  era  el  supremo, 
á  quien  llamaban  Teoicpalpan  que  es  lo  mismo  que  decir 
asiento  y  tribunal  de  Dios,  demás  de  estar  más  alto  y  encum- 
brado que  el  otro,  la  silla  y  espalda  era  de  oro  engastado  en 
piedras  turquescas  y  otras  piedras  preciosas,  delante  de  la  cual 
estaba  uno  como  á  manera  de  sitial,  y  en  él  una  rodela  y  ma- 
cana y  un  arco  con  su  aljaba  y  flechas,  y  encima  de  todo  una 
calavera  y  sobre  ella  una  esmeralda  piramidal,  en  donde  es- 
taba incado  un  plumaje  ó  plumero  que  se  llama  Tecpilotl,  que 
atrás  queda  referido,  y  unos  montones  de  piedras  preciosas;  á 
los  lados  servían  de  alfombra  unas  pieles  de  tigres  y  leones  y 
mantas  hechas  de  plumas  de  águila  real,  en  donde  asimismo 
estaban  por  su  orden  cantidad  de  brazaletes  y  grebas  de  oro.  ^ 
Las  paredes  estaban  entapizadas  y  adornadas  de  unos  paños 
hechos  de  pelo  de  conejo,  de  todos  colores,  con  figuras  de  di- 

1  Supongo  que  debe  ser  departamentos. 

2  Aquí  el  autor  toma  sin  duda  la  palabra  greba  por  ajorca. 


176  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

versas  aves,  animales  y  flores:  tras  de  la  silla  estaba  puesto  de 
plumería  rica  uno  á  manera  de  dosel,  y  en  medio  de  unos  res- 
plandores y  rayos  hechos  de  oro  y  pedrería.  El  otro  tribunal 
que  llamaban  del  rey,  tenía  su  silla  y  asiento  más  llano,  y  asi- 
mismo otro  dosel  hecho  de  plumería  con  las  insignias  del  es- 
cudo de  armas  que  solían  usar  los  reyes  de  Tetzcuco;  en  este 
tribunal  de  ordinario  asistían  los  reyes,  en  donde  hacían  sus 
despachos  y  audiencias  públicas;  y  cuando  determinaban  las 
causas  graves  y  de  entidad  ó  confirmaban  algunas  sentencias 
de  muerte,  se  pasaban  al  tribunal  que  llamaban  de  Dios,  po- 
niendo la  mano  derecha  sobre  la  calavera,  y  en  la  izquierda 
una  flecha  de  oro  que  les  servía  de  cetro,  y  entonces  se  ponían 
la  üara  que  usaban,  que  era  como  media  mitra;  ^  asimismo  es- 
taban tres  de  estas  tiaras  en  el  sitial  referido,  la  una  era  de  pe- 
drería engastada  en  oro,  la  otra  de  plumería,  y  la  tercera  te- 
jida de  olgodón  y  pelo  de  conejo  de  color  azul.  En  esta  sala 
asistían  los  catorce  grandes  del  reino  por  su  orden  y  antigüe- 
dades; la  cual  sala  hacía  tres  divisiones.  La  primera  era  donde 
estaba  el  rey.  La  segunda,  en  donde  estaban  seis  de  los  gran- 
des en  sus  asientos  y  estrados:  el  primero  de  la  mano  derecha 
era  el  señor  de  Teotihuacan,  el  segundo  el  de  Acolman,  el  ter- 
cero el  de  Tepetlaoztoc;  y  por  el  lado  izquierdo  estaban,  el  pri- 
mero el  señor  de  Huexutla,  el  segundo  el  de  Coatlichan,  el 
tercero  el  de  Chimalhuacan.  ^  La  tercera  división  (que  era  la 

1  El  copilli  que  usaban  los  señores,  y  que  ya  los  de  Tetzcuco  habían  susti- 
tuido á  la  primitiva  corona  de  heno. 

2  El  mapa  Quinatzin  nos  da  buena  razón  de  lo  que  aquí  narra  Ixtlilxo- 
chitl.  Se  ve  el  plano  del  palacio,  como  ya  hemos  dicho,  y  su  división  en  de- 
partamentos, y  alrededor,  como  ya  también  dijimos,  los  jeroglíficos  y  símbo- 
los de  los  señoríos  tributarios;  y  si  bien  faltan  algunos  de  los  que  señalan  li- 
tlilxochitl  y  Torquemada,  se  debo  sin  duda  á  que  está  destruido  un  lado  del 
mapa. 

En  el  centro  ó  patio  están  los  dos  fogones  ú  hogueras  ardiendo,  y  al  lado  de 
cada  uno  hay  una  leyenda  mexicana  que  dice,  que  trece  ciudades  alimentaban 
su  fuego.  El  signo  de  la  veintena  ó  mes  mexicano  que  los  acompaña,  explica 
que  cada  mes  correspondía  el  servicio  á  una  ciudad;  y  así  entre  las  trece  de 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  177 

más  exterior)  estaban  otros  ocho  señores  por  su  orden  y  an- 
tigüedades: por  el  lado  derecho,  el  primero  era  el  señor  de 
Otompan,  el  segundo  el  de  Tolantzinco,  el  tercero  el  de  Quauh- 
chinanco,  el  cuarto  el  de  Xicotepec;  y  por  el  lado  izquierdo,  el 
primero  el  de  Tepechpan,  el  segundo  el  de  Teyoyocan,  el  ter- 
cero el  de  Chicunauhtla  y  el  cuarto  el  de  Chiauhtla.  Asimis- 
mo se  seguía  otra  sala  que  estaba  en  par  de  ésta  por  la  parte 
de  Oriente,  que  se  dividía  en  dos  partes:  en  la  una,  que  caía 
por  la  parte  interior,  había  en  lo  más  principal  y  en  los  pri- 
meros puestos  ocho  jueces,  que  eran  nobles  y  caballeros;  y  los 
otros  cuatro  eran  de  los  ciudadanos,  y  después  de  ellos  se  se- 
guían otros  quince  jueces  provincianos,  que  eran  naturales  de 
todas  las  ciudades  y  pueblos  principales  del  reino  de  Tetzcu- 
co,  los  cuales  oían  todos  los  pleitos  así  civiles  como  criminales, 


cada  brasero,  hacían  el  servicio  del  año  religioso  de  260  días,  llamado  Tonala^ 
matl.  Debajo  de  los  braseros  está  el  signo  cuatro  Acatl  que  corresponde  al 
año  1431,  y  una  leyenda  que  dice:  el  año  cuatro  cañas  vino  Nezahualooyotl  ¿ 
Tetzcuco.  En  la  parte  inferior  del  plano  se  ve  el  pasillo  que  conducía  al  mer- 
cado, y  al  edificio  ocupado  por  los  hijos  de  Nezahualooyotl,  llamado  Tlacoteo, 
de  cuyo  jeroglífico  hay  aún  huellas. 

Pues  bien,  en  esta  gran  sala  se  ve  á  los  catorce  personajes  de  que  el  autor 
nos  habla,  cada  uno  con  su  jeroglífico  que  nos  da  su  nombre,  y  son  los  si- 
guientes: 

Quetzal mamalitzin  yerno  de  Nezahualooyotl  y  Presidente  del  Tribunal  de 
nobles. 

Quecholtecpantzin,  señor  de  Otompan. 

Tlazolyaotl,  señor  de  Huexotla. 

Motoliniatzin,  señor  de  Coatlichan. 

Tezcapotli,  señor  de  Chiraalhuacan. 

Cocopitzin,  señor  de  Tepetlaoztoc. 

Cuauhtlatzacuilotl,  señor  de  Chiauhtla. 

Techotlalla,  señor  de  Tezonyocan. 

Motlatocazoma,  señor  de  Acolman. 

Tencoyotzin,  señor  de  Tepechpan. 

Tezozomoc,  señor  de  Chicunauhtla. 

Tlalollin,  señor  de  Tollantzinco. 

Nauhecatl,  señor  de  Cuauhchinanco. 

Quetzalpayntzin,  señor  de  Xicotepec. 

Tomo  11-18 


178  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

que  se  incluían  debajo  de  las  ochenta  leyes  que  estableció 
Nezahualcoyotzin,  y  no  duraba  el  más  grave  más  de  ochenta 
días.    En  la  otra  parte  de  la  sala,  que  caía  á  la  parte  exterior, 
estaba  un  tribunal  en  donde  estaban  cuatro  jueces  supremos, 
que  eran  los  cuatro  presidentes  supremos  de  los  consejos,  y 
un  postigo  por  donde  entraban  y  salían  á  comunicar  con  el  rey. 
Por  la  parte  del  Norte  de  este  patio  se  seguía  otra  sala  muy 
grande,  que  llamaban  de  ciencia  y  música,  en  donde  estaban 
tres  tribunales  supremos:  en  el  uno,  que  caía  frontero  del  pa- 
tio estaba  el  tribunal  y  asiento  del  rey  de  Tetzcuco;  y  por  un 
lado  á  mano  derecha  estaba  el  otro  tribunal,  que  era  del  rey 
de  México;  y  por  el  lado  izquierdo  estaba  el  del  rey  de  Tlaco- 
pan:  en  donde  estaban  muchas  insignias,  como  eran  muchas 
rodelas,  borlas,  penachos  y  otras  insignias  de  plumería  rica,  y 
cargas  de  mantas  de  mucho  precio,  y  muchas  joyas  de  oro 
y  pedrería,  en  los  cuales  se  sentaban  y  asistían  los  reyes  cuan- 
do se  juntaban.  Allí  en  medio  tenían  un  instrumento  musical 
que  llaman  huehuetl,  en  donde  de  ordinario  estaban  y  asistían 
los  filósofos,  poetas  y  algunos  de  los  más  famosos  capita- 
nes del  reino,  que  de  ordinario  estaban  cantando  los  cantos  de 
sus  historias,  cosas  de  m^oralidad  y  sentencias.   Tras  de  esta 
sala  se  subía  á  otra  que  estaba  sobre  la  muralla  fuerte,  en  don- 
de estaban  muchos  capitanes  y  soldados  valerosos,  que  eran 
los  de  la  guarda  del  rey;  y  luego  se  seguía  otra  casi  opuesta  á 
la  sala  real,  en  donde  asistían  los  embajadores  de  los  reyes  de 
México  y  Tlacopan:  después  estaba  un  tránsito  por  donde  se 
entraba  á  este  patio  del  otro  grande  de  la  plaza,  y  én  el  otro 
lado  de  él  estaba  otra  "sala  grande  del  consejo  de  guerra,  en 
donde  asistían  en  lo  más  principal  de  ella  seis  capitanes  natu- 
rales de  la  ciudad  de  Tetzcuco,  tres  nobles  y  tres  ciudadanos, 
yidespués  de  ellos  se  seguían  otros  quince  capitanes  naturales 
de  las  ciudades  y  pueblos  más  principales  del  reino  de  Tetzcu- 
co, á  quienes  se  despachaban  todos  los  negocios  pertenecien- 
tesial  consejo  de  guerra.   Por  la  parte  de  Mediodía  se  seguían 
otras  dos  salas,  en  donde  estaban  y  asistían  otros  tantos  jueces 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  179 

por  la  orden  que  está  dicho,  del  consejo  de  hacienda.  Tras  de 
ella  se  seguía  la  segunda  sala,  en  donde  estaba  cierta  dignidad 
de  hombres,  que  eran  como  jueces  pesquisidores,  que  salían 
fuera  de  la  ciudad  á  las  provincias  y  ciudades  á  averiguar  y 
castigar  lo  que  el  rey  les  mandaba.  Después  de  esta  sala  se 
seguía  otra  que  era  el  almacén  de  las  armas;  y  por  la  parte  in- 
terior estaban  los  cuartos  de  la  reina  y  otros  de  las  damas,  las 
cocinas  y  los  retretes  en  donde  el  rey  dormía,  con  muchos  pa- 
tios y  laberintos,  con  las  paredes  de  diversas  figuras  y  labores. 
Cada  una  de  estas  salas  que  eran  casi  cuadradas,  eran  de  lar- 
go de  cincuenta  varas  y  ancho  poco  menos,  y  otras  tenían  á 
más  y  á  menos.  Por  la  parte  de  Mediodía  y  por  la  de  Oriente 
de  las  salas  y  cuartos  referidos  estaban  los  jardines  y  recrea- 
ciones del  rey,  con  muchas  fuentes  de  agua,  estanques  y  ace- 
quias con  mucho  pescado,  y  aves  de  volatería,  lo  cual  estaba 
cercado  de  más  de  dos  mil  sabinos,  que  hoy  está  la  mayor 
parte  de  ellos  en  pie;  y  asimismo  había  en  estos  jardines  otros 
muchos  laberintos,  que  estaban  en  los  baños  que  el  rey  tenía,, 
en  donde  estando  los  hombres  no  daban  con  la  salida,  con 
muchos  torreones  y  chapiteles  adornada  la  casa,  y  el  otro 
patio,  que  era  el  mayor  y  servía  de  plaza,  en  medio  del  cual 
estaba  el  juego  de  la  pelota;  y  hacia  la  entrada  del  segundo  patio 
estaba  un  brasero  muy  grande  sobre  una  peana,  el  que  siem- 
pre ardía  día  y  noche,  sin  que  jamás  se  apagase.  Esta  plaza  ^ 
cercada  de  portales,  y  tenía  asimismo  por  la  parte  del  Ponien- 
te otra  sala  grande,  y  muchos  cuartos  á  la  redonda,  que  era  la 
universidad,  en  donde  asistían  todos  los  poetas,  históricos  y  fi- 
lósofos de  reino,  divididos  en  sus  claves  ^  y  academias  confor- 
me era  la  facultad  de  cada  uno;  y  asimismo  estaban  aquí  los 
archivos  reales:  por  un  lado  de  estos  cuartos  era  una  de  las 
entradas  y  puertas  principales  del  palacio.  ^  Luego  se  seguían 
otros  cuartos  con  su  patio,  salas  y  aposentos,  en  donde  esta- 

1  Estaba. 

2  Clases. 

3  A  más  del  plano  del  palacio,  naturalmente  imperfecto,  que  se  ye  en  el 


180  OBRAS   HISTÓRICAS  Dfi 

ban  aposentados  los  reyes  de  México  cucuido  iban  á  Tetzcuco; 
y  después  se  seguían  los  cuartos  en  donde  se  recogían  y  guar- 
daban los  tributos  de  la  provinciía  de  Guauhnahuac,  y  luego 
otros  de  la  provincia  de  Chalco.  Todos  los  Estados  y  provin- 
cias tenían  sus  cargos  de  tributos  dentro  de  palacio,  y  todos 
los  demás  los  tenían  fuera  en  casas  particulares  que  estaban 
dedicadas  para  este  efecto.  Por  la  parte  del  Norte  junto  adon- 
de caían  los  templos,  (como  adelante  sedirá),  y  por  la  parte  de 
afuera  de  la  muralla,  se  seguían  las  casá^  en  donde  se  apo- 
sentaban los  reyes  de  Tlacopan  cuando  iban  á  esta  ciudad;  y 
más  adelante  frontero  de  los  templos,  estaba  la  casa  de  aves, 
en  donde  el  rey  tenía  todos  cuantos  géneros  y  diversidad  ha- 
bía de  aves  y  animales,  sierpes  y  culebras^  traídas  de  diversas 
partes  de  esta  Nueva  España,  y  las  que  nó  podían  ser  habidas 
estaban  sus  figuras  hechas  de  pedrería  y  oro,  y  lo  mismo  era 
de  los  peces,  y  así  de  los  que  hay  y  se  crían  en  el  mar  como 
en  los  ríos  y  lagunas,  de  tal  modo,  que  no  faltaba  allí  ave,  pez 
ni  animal  de  toda  esta  tierra,  que  no  estuviese  vivo  ó  hecho 
figura  y  talla  en  piedras  de  oro  y  pedrería.  Finalmente  conte- 
nía toda  la  casa  del  rey,  entre  los  grandes  y  medianos  apo- 
sentos y  retretes,  más  de  trescientas  piezas,  todo  ello  edificado 
con  mucha  arte  de  arquitectura;  y  al  tiempo  que  se  cubrían 
algunas  de  las  salas,  queriendo  cortar  las  maderas  y  planchas 
por  los  extremos,  y  quitar  las  maromas:  con  que  las  habían 
arrastrado,  que  eran  de  increíble  grandaza,  les  mandó  el  rey 

mapa  Quinatzin,  trae  varias  leyendas  mexicana^  que  dan  cuenta  de  su  distri- 
bución; las  cuales  dicen: 

Los  achcAcautin  esperan  aquí;  su  oficio  es  ir  á  tierras  lejanas  á  someter  á 
los  rebeldes. 

Aquí  está  el  que  reparte  los  calzados,  los  víveres,  los -escudos  y  los  coseletes 
(ichcabuipilli).  '       ' 

Aquí  se  guardan  los  escudos  y  los  coseletes.        ■  - 

En  el  Nuppobualatotli  (consejo  de  80  días)  se  ven  todas  las  causas:  el  robo, 
el  adulterio,  la  calumnia. 

Tribunal  de  Otompan. 

Tribunal  de  Teotibuacan:  de  las  once  ciudades  qué  están  á  la  derecba. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  181 

que  las  dejasen  así,  que  tiempo  vendría  en  que  sirviesen  á 
otros,  y  no  trendrían  trabajo  de  hacerles  nuevos  horados,  ni 
ponerles  nuevas  maromas  para  arrastrarlas,  y  así  se  hizo;  é  yo 
los  he  visto  dentro  de  los  huecos  de  los  pilares  y  portales  so- 
bre que  cargaba;  y  se  cumplió  su  profecía,  pues  lo  han  desba- 
ratado y  aprovechádose  de  la  madera. 


CAPITULO  XXXVII 


Q!ue  proHfftie  en  la  deKripetlbn  de  Uu  comos  de  ITezahualeoj/oitinytetnplot  que  dentro 

de  eUcu  tenia. 


Estas  casas  que  hemos  ido  describiendo  no  tenían  más  de 
tan  solamente  tres  puertas  y  entradas  principales,  que  la  una 
caía  por  la  parte  de  hacia  la  laguna  que  es  al  Poniente,  y  la  otra 
hacia  la  montaña  que  es  hacia  el  Oriente,  y  la  otra  hacia  el 
Mediodía,  y  eran  á  manera  de  calles  que  tenían  diez  y  ocho 
varas  de  ancho:  otras  entradas  y  portadas  tenía  la  casa,  que 
caían  donde  estaban  los  templos,  los  cuales  tenían  unas  gra- 
das, por  donde  en  las  entradas  de  ellas  recibían  y  bajaban  den- 
tro de  estos  palacios.  Por  la  parte  del  Poniente  de  los  templos 
estaban  otros  cuartos  con  su  patio,  sala  y  aposentos,  que  se 
llamaba  Tlacateo,  en  donde  criaban  y  doctrinaban  los  hijos  del 
rey,  y  allí  asistían  con  ellos  sus  ayos  y  maestros,  que  les  ense- 
ñaban toda  la  policía  de  su  buen  modo  de  vivir,  y  todas  las 
ciencias  y  artes  que  sabían  y  alcanzaban,  hasta  las  mecánicas 
de  labrar  oro,  pedrería  y  plumería,  y  las  demás;  y  asimismo  el 
ejercicio  militar,  con  tanto  cuidado  que  no  los  dejaban  un  pun- 
to estar  ociosos.  En  otros,  que  estaban  divididos  de  estos,  se 
doctrinaban  y  criaban  las  hijas  del  rey;  y  cada  ochenta  días  era 
ley,  que  el  rey  con  todos  sus  hijos  y  deudos,  con  sus  ayos, 
maestros  y  los  grandes  del  reino  estaban  en  una  sala  grande 
que  había  en  estos  cuartos  de  Tlacateo,  y  asimismo  todas  las 


184  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

hijas  con  sus  ayas  y  maestras,  aunque  fuesen  las  muy  peque- 
ñas, sentándose  por  su  orden  los  varones  á  una  parte  y  las 
hembras  por  la  otra,  y  los  hijos  aunque  fuesen  del  rey  iban 
vestidos  con  unas  mantas  groseras  de  nequen;  en  donde  se  su- 
bía en  un  teatro  á  manera  de  pulpito  un  orador,  y  allí  comen- 
zaba desde  el  rey  hasta  el  más  pequeño  á  reprender  todos  los 
vicios  y  cosas  mal  hechas,  trayendo  á  la  memoria  los  daños 
que  de  ellos  se  seguían,  y  encareciendo  la  virtud,  sus  utilida- 
des y  provechos,  y  allí  relataba  las  cosas  que  habían  sido  mal 
hechas  en  aquellos  ochenta  días:  si  el  rey  había  hecho  algunos 
agravios,  se  los  relataba,  de  manera  que  no  quedaba  cosa  que 
allí  no  pareciese  y  fuese  reprendida  con  toda  la  libertad  del 
mundo;  y  traía  á  la  memoria  las  ochenta  leyes,  que  tenía  cons- 
tituidas el  rey,  y  como  se  debían  guardar  y  ejecutar.  Hacía  esta 
plática  muy  elocuente  este  orador,  que  abominaba  todos  los 
vicios  y  engrandecía  la  virtud  y  lo  que  de  ella  se  seguía,  hasta 
mover  el  afecto  a  lagrimas,  y  otras  muchas  cosas  que  decía  y 
persuadía,  de  muy  buena  moralidad.  Los  templos  eran  más 
de  cuarenta;  pero  el  principal  y  mayor  que  era  Huitzilo- 
puchtli  y  Tlao,  ^  cuadrado  y  maciso,  hechas  de  cal  y  canto 
las  paredes  de  la  parte  de  afuera,  y  lo  de  adentro  terraple- 
nado de  barro  y  piedra:  tenía  en  cada  cuadro  ochenta  bra- 
zas largas,  y  de  alto  este  terraplén  ó  cue  veintisiete  estados,  y 
se  subía  por  la  parte  de  Poniente  por  unas  gradas  que  eran 
ciento  y  sesenta:  comenzaba  su  ediñcio  por  el  cimiento  ancho, 
y  como  iba  levantándose,  iba  disminuyendo  y  estrechando  de 
todas  partes  en  forma  piramidal  con  sus  grandes  relieves,  que 
como  iba  subiendo,  asimismo  le  iban  disminuyendo,  y  de  tre- 
cho en  trecho  las  gradas  hacían  un  descanso,  y  encima  estaba 
ediñcado  un  templo  con  dos  capillas,  la  una  mayor  que  la  otra: 
la  mayor  hacia  la  parte  del  Sur  en  donde  estaba  el  ídolo  Hui- 
tzilopochtli;  y  la  menor  que  estaba  á  la  parte  del  Norte,  era  del 
ídolo  Tlaloc,  y  estas  capillas  y  sus  ídolos  miraban  hacia  la  par- 

1  Debe  decir:  era  el  de  Huitzílopoclitli  y  Tlaloo. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  186 

te  del  Poniente;  y  por  delante  de  este  templo  había  un  patio 
prolongado  de  Norte  á  Sur  en  donde  cabían  muy  bien  qui* 
nientos  hombres,  y  en  medio  de  las  puertas  de  las  dos  capillas 
estaba  una  piedra  tumbada  que  llamaban  techcatl,  en  donde 
sacrificaban  los  cautivos  en  guerra;  y  tenía  cada  una  de  estas 
capillas  tres  sobrados  que  se  mandaban  por  la  parte  de  aden- 
tro por  unas  escaleras  de  madera  movediza,  y  los  sobrados  es- 
taban llenos  de  todo  género  de  armas,  como  eran  macanas, 
rodelas,  arcos,  flechas,  lanzas  y  guijarros,  y  todo  género  de  bas- 
timentos, arreos  y  adornos  de  guerra.  ^  Los  demás  templos  casi 
todos  eran  á  este  talle;  unos  tenían  dos,  tres  y  más  capillas,  y 
algunos  que  no  tenían  más  de  sólo  una:  había  más  de  cuatro- 
cientas salas  y  aposentos  en  donde  estaban  estos  templos,  pa- 
ra las  viviendas  de  los  sacerdotes  y  ministros  del  templo,  y  en 
donde  se  criaban  y  doctrinaban  los  muchachos  de  la  ciudad,  ^ 
y  en  estos  templos  había  uno  en  donde  había  muchas  mujeres 
reclusas  y  encerradas,  y  asimismo  se  criaban  algunas  de  las 
hijas  de  los  señores  y  ciudadanos.  Había  un  templo  redon- 
do que  era  de  Quetzalcoatl,  dios  del  aire,  y  asimismo  un  estan- 
que que  se  decía  Tetzapan,  en  donde  se  lavaban  todos  los  va- 
sos de  los  sacrificios,  y  los  que  se  sacaban  sangre  se  iban  á  la- 
var allí.  Asimismo  había  en  un  cercado  cantidad  de  árboles  y 
matas  de  todo  género  de  espinas  llamado  Teotlapan,  que  signi- 


1  En  el  mapa  Tlotzin  hay  una  leyenda  que  dice:  Nezahualcoyotl  reunió 
los  ídolos,  áió  asilo  á  las  cuatro  naciones,  y  repartió  en  cuarteles  á  los  artistas 
y  artesanos. 

De  familia  mexicana  y  educado  en  México,  había  estado  en  esta  ciudad  to- 
davía cuatro  años  más,  del  1427  al  1431,  después  de  que  recobró  su  señorío* 
Natural  fué  que  llevare  á  Tetzcuco  la  misma  organización  civil  y  religiosa  de 
los  mexicanos.  Por  eso  su  templo  mayor,  como  el  de  México,  estaba  dedica- 
do á  Tlaloc,  y  á  Huitzilopochtli  dios  esencialmente  mexicano.  Así  la  antigua 
sociología  chichimeca  que  poco  á  poco  se  había  ido  modificando  con  la  inmi- 
gración de  pueblos  extraños,  desapareció  por  completo  bajo  Nezahualcoyotl, 
y  se  sustituyó  por  la  cultura  y  costumbres  de  México.  Puede  verse  en  este 
punto  á  Pomar,  que  lo  trata  con  extensión. 

2  Bl  Calmecac  de  los  mexicanos. 


186  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

fica  tierra  de  dios.  Tenía  esta  máquina  de  edificios  más  de  cua- 
renta patios  entre  grandes  y  chicos,  sin  los  jardines  y  laverin- 
tos.  Y  porque  de  la  compostura  y  ornato  de  los  templos,  ído- 
los, y  diversidad,  de  sacerdotes  tratan  muchos  autores,  así  no 
se  trata  ni  especifica  aquí. 


CAPITULO  xxxviir 

QMe  traía  de  Uu  ocTienta  leyes  que  estableció  Nezahualcoyottin  y  cómo  las 
mando  guardar. 


Puso  Nezahualcoyotzin  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  todas  las 
demás  repúblicas  de  su  reino  en  grandísimo  orden  y  concier- 
to (que  describiendo  de  ella  se  entenderá  de  las  demás),  la  cual 
la  dividió  en  seis  parcialidades,  como  fueron  Mexicapan,  Col- 
huacan,  Tepanecapan,  Huitznahuac,  Chimalpan  y  Tlailotlacan, 
poniendo  en  ellas  por  su  orden  y  gobierno  los  vecinos,  y  cada 
género  de  oficio  por  sí:  los  plateros  de  oro  y  plata  en  un  ba- 
rrio, los  artífices  de  plumería  en  otro,  y  por  esta  orden  todos 
los  demás,  que  eran  muchos  géneros  de  oficiales.  Asimismo 
hizo  edificar  muchas  casas  y  palacios  para  los  señores  y  caba- 
lleros que  asistían  en  su  corte,  cada  uno  conforme  á  la  calidad 
y  méritos  de  su  persona,  las  cuales  llegaron  á  ser  más  de  cua- 
trocientas casas  de  señores  y  caballeros  de  solar  conocido.  Y 
para  el  buen  gobierno,  así  de  su  reino  como  para  todo  el  im- 
perio, estableció  ochenta  leyes  que  vido  ser  convenientes  á  la 
república  en  aquel  tiempo  y  sazón,  las  cuales  dividió  en  cua- 
tro partes,  que  eran  necesarias  para  cuatro  consejos  supremos 
que  tenían  puestos,  como  eran  el  de  los  pleitos  de  todos  los 
casos  civiles  y  criminales,  en  donde  se  castigaban  todos  los  gé- 
neros de  delitos  y  pecados,  como  era  el  pecado  nefando  que 
se  castigaba  con  grandíshno  rigor,  pues  al  agente  atado  en  un 


188  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

palo  lo  cubrían  todos  los  muchachos  de  la  ciudad  con  ceniza, 
de  suerte  que  quedaba  en  ella  sepultado,  y  al  paciente  por  el 
sexo  le  sacaban  las  entrañas,  y  asimismo  lo  sepultaban  en  la 
ceniza.  Al  traidor  al  rey  ó  república  lo  hacían  pedazos  por  sus 
coyunturas,  y  la  casa  de  su  morada  la  saqueaban,  y  echaban 
por  el  suelo  sembrándola  de  sal,  y  quedaban  sus  hijos  y  los 
de  su  casa  por  esclavos  hasta  la  cuarta  generación.  El  señor 
que  se  alzaba  contra  las  tres  cabezas,  habiendo  sido  siyetado 
una  vez,  si  no  era  vencido  y  preso  en  batalla,  cuando  venía  á 
ser  habido  le  hacían  pedazos  la  cabeza  con  una  porra,  y  lo 
mismo  hacían  al  señor  ó  caballero  que  se  ponía  las  mantas  ó 
divisas  que  pertenecían  á  los  reyes;  aunque  en  México  era  cor- 
tarles una  pierna,  aunque  fuese  el  príncipe  heredero  del  reino, 
porque  nadie  era  osado  á  ataviarse  ni  componer  su  persona, 
ni  ediñcar  casas  sin  orden  ni  licencia  del  rey,  habiendo  hecho 
hazañas  ó  cosas  por  donde  lo  mereciese,  porque  de  otra  mane- 
ra moría  por  ello.  Al  adúltero  si  le  cogía  el  marido  de  la  mu- 
jer en  el  adulterio  con  ella,  morían  ambos  apedreados;  y  si  era 
por  indicios  ó  sospechas  del  marido,  y  se  venía  á  averiguar  la 
verdad  del  caso,  morían  ambos  ahorcados,  y  después  los  arras- 
traban hasta  un  templo  que  fiíera  de  la  ciudad  estaba,  aunque 
no  los  acusase  el  marido,  sino  por  la  nota  y  mal  ejemplo  de  la 
vecindad:  el  mismo  castigo  se  hacía  á  los  que  servían  de  ter- 
ceros ó  terceras.  Los  adúlteros  que  mataban  al  adulterado,  el 
varón  moría  asado  vivo,  y  mientras  se  iba  asando,  lo  iban  ro- 
ciando con  agua  y  sal  hasta  que  allí  perecía;  y  á  la  miger  la 
ahorcaban;  y  si  eran  señores  ó  caballeros  los  que  habían  adul- 
terado, después  de  haberles  dado  garrote,  les  quemaban  los 
cuerpos,  que  era  su  modo  de  sepultar.  Al  ladrón  si  hurtaba 
en  poblado  y  dentro  de  las  casas,  como  ftiese  de  poco  valor  el 
hurto,  era  esclavo  de  quien  había  hurtado,  como  no  hubiese 
horadado  la  casa,  porque  el  que  lo  hacía  moría  ahorcado;  y  lo 
mismo  el  que  hurtaba  cosa  de  valor  y  cantidad,  ó  en  la  plaza 
ó  en  el  campo,  aunque  no  fueran  más  de  siete  mazorcas,  por- 
que el  que  hurtaba  en  el  campo  lo  mataban,  dándole  con  una 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  189 

porra  en  la  cabeza.  A  los  hijos  de  los  señores  si  malbarataban 
las  riquezas  ó  bienes  muebles  que  sus  padres  tenían,  les  daban 
garrote.  Asimismo  al  borracho,  si  era  plebeyo  le  trasquilaban 
la  cabeza,  la  primera  vez  que  caía  en  este  delito,  públicamente 
en  la  plaza  y  mercado,  y  su  casa  era  saqueada  y  echada  por 
el  suelo,  porque  dice  la  ley,  que  el  que  se  priva  de  juicio  que 
no  sea  digno  de  tener  casa,  sino  que  viva  en  el  campo  como 
bestia;  y  la  segunda  vez  era  castigado  con  pena  de  muerte:  y 
al  noble  desde  la  primera  vez  que  era  cogido  en  este  delito,  era 
castigado  luego  con  pena  de  muerte.  ^  Asimismo  en  este  tribu- 
nal se  reconocían  las  leyes,  que  trataban  acerca  de  los  escla- 
vos, y  de  las  contiendas  y  pleitos  de  haciendas,t¡erras  y  pose- 
siones, y  los  estados  y  diferencias  de  oficios.  En  el  consejo  de 
músicas  y  ciencias  se  guardaban  las  leyes  convenientes  á  este 
consejo,  en  donde  se  castigaban  las  supersticiones  ^  y  los  géne- 
ros de  brujos  y  hechiceros  que  había  en  aquel  tiempo,  con  pena 
de  muerte;  sólo  la  nigromancia  se  admitía  por  no  ser  en  da- 
ño de  persona  alguna.  En  el  consejo  de  guerra  había  otras  leyes, 
como  eran,  el  soldado  que  no  cumplía  con  el  mandato  de  su 
capitán  ó  caía  en  alguna  falta  de  las  de  su  obligación,  era  de- 
gollado: y  el  que  usurpaba  cautivo  ó  despojo  ajeno,  era  ahor- 
cado; y  lo  mismo  se  hacía  con  el  que  daba  su  cautivo  á  otro. 
El  que  era  noble  y  de  linaje,  si  era  cautivo  y  se  venía  huyen- 
do á  su  patria,  tenía  la  misma  pena,  y  el  plebeyo  era  premiado; 
pero  si  el  noble  en  donde  fué  cautivo,  vencía  ó  mataba  cuatro 
soldados  que  para  el  efecto  se  señalaban,  cuando  le  querían 
sacrificar  (que  para  este  fin  los  cautivaban),  habiéndose  libra- 
do de  esta  manera,  era  muy  bien  recibido  y  premiado  del  rey.  ^ 
La  misma  pena  de  muerte  tenían  todos  los  soldados  y  capita- 

1  Véanse  las  ordenanzas  de  Nezahualcoyotzin  en  el  tomo  primero. 

2  Por  el  contrario,  aquellos  pueblos  eran  esencialmente  supersticiosos,  y  to- 
do lo  fiaban  á  los  agüeros.  En  todog  los  sucesos,  desde  el  nacimiento  hasta  el 
matrimonio  y  aun  en  los  negocios  públicos,  tenían  en  cuenta  el  día  en  que 
acaecía  y  su  influencia,  para  lo  cual  servía  el  Tonalamatl. 

8  Aquí  se  refiere  el  autor  al  sacrificio  gladiatorio. 


190  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

nes  que  iban  en  guarda  del  rey,  cuando  personalmente  iba  á 
la  guerra,  si  lo  dejaban  en  poder  de  los  enemigos,  porque  era 
obligación  que  estos  tales  lo  habían  de  volver  muerto  •  vivo; 
y  si  era  el  príncipe  como  alguno  de  los  hijos  del  rey,  tenían  la 
misma  pena  los  soldados  y  capitanes  que  eran  sus  ayos  y 
maestros.  Cuando  se  había  de  hacer  alguna  entrada  ó  guerra 
contra  algún  señor  de  los  de  las  provincias  remotas,  había  de 
ser  por  causas  bastantes  que  hubiese  para  ello,  que  eran  que 
este  tal  señor  hubiese  muerto  á  los  mercaderes  que  iban  á  tra- 
tar y  contratar  en  su  provincia,  no  consintiendo  trato  ni  comu- 
nicación con  los  de  acá;  (porque  estas  tres  cabezas  se  funda- 
ban ser  señoríos  é  imperios  sobre  todas  las  demás,  por  el  de- 
recho que  pretendían  sobre  toda  la  tierra,  que  había  sido  de  los 
toltecas,  cuyos  sucesores  y  herederos  eran  ellos,  y  por  la  po- 
blación y  nueva  posesión  que  de  ella  tuvo  el  gran  Chichime- 
catl  Xolotl  su  antepasado);  para  lo  cual  todos  tres  en  consejo 
de  guerra  con  sus  capitanes  y  consejeros  se  juntaban  y  trata- 
ban del  orden  que  se  había  de  tener,  y  la  primera  diligencia 
que  se  hacía  era  que  iban  ciertos  mensajeros  de  los  mexica- 
nos que  llamaban  Quaquauhnochtzin,  y  estos  les  requerían  á 
los  de  la  provincia  revelada,  en  especial  á  todos  los  ancianos, 
juntando  para  ello  cantidad  de  viejos  y  viejas  á  quienes  de 
parte  de  las  tres  cabezas  requerían  y  decían,  que  ellos  como 
personas  gue  habían  de  padecer  las  calamidades  y  trabajos  que 
causan  las  guerras  si  su  señor  se  desvanecía  en  no  admitir  la 
amistad,  protección  y  amparo  del  imperio,  pues  tenían  expe- 
riencia de  todo,  le  fuesen  á  la  mano,  y  procurasen  de  que  en- 
mendase el  avieso  y  desacato  que  había  tenido  contra  el  impe- 
rio, dentro  de  veinte  días  que  le  daban  de  término;  y  para  que 
no  dijesen  en  ningún  tiempo  que  violentamente  habían  sido 
conquistados  y  ganados,  les  daban  cierta  cantidad  de  rodelas  y 
macanas;  y  se  ponían  estos  mensajeros  en  cierta  parte,  en  don- 
de aguardaban  la  resolución  de  la  república  y  de  los  ancia- 
nos de  tal  provincia,  los  cuales  respondían  lo  que  á  ellos  les  pa- 
recía, ó  dentro  del  término  referido  allanaban  al  señor,  y  enton- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  191 

ees  dándole  su  fe  y  palabra  de  nunca  ser  contrario  al  imperio, 
y  dejar  entrar  y  salir,  tratar  y  contratar  á  los  mercaderes  y  gen- 
te de  él,  enviando  cierto  presente  de  oro,  pedrería  plumas  y 
mantas,  era  perdonado  y  admitido  por  amigo  del  imperio: 
y  si  no  hacía  esto  cumplidos  los  veinte  días,  llegaban  á  esta 
sazón  otros  mensajeros  que  eran  naturales  de  la  ciudad  de 
Tetzcuco  de  los  aculhuas,  llamados  Achcacauhtzin  que  eran 
de  los  de  aquellos  jueces  que  en  otra  parte  se  dijeron  pesqui- 
sidores, los  cuales  daban  su  embajada  al  mismo  señor  de  la  tal 
provincia  y  á  todos  los  naturales  y  caballeros  de  su  casa  y  li- 
naje, apercibiéndoles  que  dentro  de  otros  veinte  días  que  les 
daban  de  término  se  redujesen  á  paz  y  concordia  con  el  im- 
perio, con  el  apercibimiento  que  si  se  cumplía  el  término  y  no 
se  allanaban,  que  sería  el  señor  castigado  con  pena  de  muerte, 
conforme  á  las  leyes  que  disponían  hacerle  pedazos  la  cabeza 
con  una  porra,  si  no  moría  en  batalla  ó  cautivo  en  ella  para 
ser  sacrificado  á  los  Dioses;  y  los  demás  caballeros  de  su  casa 
y  corte,  asimismo  serían  castigados  conforme  á  la  voluntad  de 
las  tres  cabezas  del  imperio:  habiendo  hecho  este  apercibi- 
miento al  señor  y  á  todos  los  nobles  de  su  provincia,  si  den- 
tro de  los  veinte  días  se  allanaba,  quedaban  los  de  su  provin- 
cia obligados  de  dar  un  reconocimiento  á  las  tres  cabezas  en 
cada  un  año,  aunque  moderado,  y  el  señor  perdonado  con  to- 
dos los  nobles  y  admitido  en  la  gracia  y  amistad  de  las  tres 
cabezas;  y  si  no  quería,  luego  incontinenti  le  ungían  estos  em- 
bajadores el  brazo  derecho  y  la  cabeza  con  cierto  licor  que  lle- 
vaban, que  era  para  esforzarle  á  que  pudiese  resistir  la  furia 
del  ejército  de  las  tres  cabezas  del  imperio,  y  asimismo  le  po- 
nían en  la  cabeza  un  penacho  de  plumería  que  llamaban  Tecpi- 
lotl,  atado  con  una  correa  colorada,  y  le  presentaban  muchas 
rodelas,  macanas  y  otros  adherentes  de  guerra,  y  luego  se  jun- 
taban con  los  otros  primeros  embajadores,  aguardando  á  que 
se  cumpliese  el  término  de  los  veinte  días:  y  cumplido,  no  ha- 
biéndose dado  de  paz,  á  esta  sazón  llegaban  terceros  embaja- 
dores, que  eran  de  la  ciudad  de  Tlacopan,  de  nación  tepaneca, 


192  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

y  tenían  la  misma  dignidad  y  oficio  que  los  demás,  los  cuales 
daban  su  embajada  de  parte  de  las  tres  cabezas  del  imperio  á 
todos  los  capitanes,  soldados  y  otros  hombres  de  milicia,  aper- 
cibiéndoles, por  último  apercibimiento,  que  como  tales  perso- 
nas habían  de  recibir  los  golpes  y  trabajos  de  la  guerra,  que 
procurasen  dentro  de  veinte  días  dar  la  obediencia  al  imperio, 
que  serían  perdonados  y  admitidos  en  su  gracia;  donde  no,  pa- 
sado el  tiempo,  vendrían  sobre  ellos,  y  á  fuego  y  sangre  aso- 
larían toda  su  provincia,  y  se  quedarían  por  esclavos  todos  los 
cautivos  en  ella,  y  los  demás  por  tributarios  vasallos  del  im- 
perio: los  cuales  si  dentro  de  este  término  se  rendían,  sólo  el 
señor  era  castigado,  y  la  provincia  quedaba  sujeta  á  dar  algún 
más  tributo  y  reconocimiento  que  en  el  segundo  apercibimien- 
to, y  esto  había  de  ser  de  las  rentas  pertenecientes  al  tal  señor; 
y  donde  no,  cumplidos  los  veinte  días,  estos  embajadores  te- 
panecas  daban  á  los  capitanes  y  hombres  militares  de  aquella 
provincia  rodelas  y  macanas,  y  se  juntaban  con  los  otros,  y 
luego  juntos  se  despedían  del  señor  de  la  república  y  de  los 
hombres  de  guerra,  apercibiéndoles  que  dentro  de  otros  veinte 
días  estarían  las  tres  cabezas  ó  sus  capitanes  con  ejércitos  sobre 
ellos,  y  ejecutarían  todo  lo  que  les  tenían  apercibido;  y  cum- 
plidos luego  se  daba  la  batalla,  porque  ya  á  esta  sazón  había 
venido  marchando  el  ejército;  y  conquistados  y  ganados  que 
eran,  se  ejecutaba  todo  lo  atrás  referido,  repartiendo  las  tierras 
y  los  tributos  entre  las  tres  cabezas:  al  rey  de  México  y  al  de 
Tetzcuco  por  iguales  partes,  y  al  de  Tlacopan  una  cierta  par- 
te, que  era  como  la  quinta;  aunque  se  tenía  atención  de  dar  á 
los  herederos  de  tal  señor  tierras  y  vasallos  suficientes  á  la 
calidad  de  sus  personas,  entrando  en  la  sucesión  del  señorío 
el  heredero  y  sucesor  legítimo  de  la  tal  provincia  con  las  obli- 
gaciones y  reconocimiento  referido,  y  dejándole  guarnición  de 
gente  del  ejército  de  lastres  cabezas,  ^  la  que  era  conveniente 

1  En  esto  comete  un  error  Ixtlilxochil.  Nuestros  antiguos  pueblos  no  eran 
colonizadores:  así  es  que  sus  conquistas  se  reducían  prácticamente  á  la  impo- 
sición de  tributos.  Pero  no  es  cierto,  que  una  vez  conquistado  un  pueblo,  de- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  193 

para  la  seguridad  de  aquella  provincia,  se  volvía  la  demás;  y 
de  es  la  manera  sujetaron  á  toda  la  tierra.  Otras  leyes  había 
que  se  guardaban  en  el  consejo  y  tribunal  de  guerra,  de  me- 
nos entidad.  En  el  cuarto  y  último  consejo,  que  era  el  de  ha- 
cienda, se  guardaban  las  leyes  convenientes  á  ella  acerca  de  la 
cobranza  de  tributos  y  distribución  de  ellos  y  de  los  padrones 
reales.  ^  Tenían  pena  de  muerte  los  cobradores  que  cobraban 
más  de  lo  que  debían  pagar  los  subditos  y  vasallos.  Los  jue- 
ces de  estos  tribunales  no  podían  recibir  ningún  cohecho,  ni 
ser  parciales  á  ninguna  de  las  partes,  pena  de  la  vida;  á  todos 
los  cuales  el  rey  sustentaba,  y  cada  ochenta  días  hacía  merce- 
des, dándoles  dones  y  presentes  de  oro,  mantas,  plumería,  cacao 
y  maíz,  conforme  á  la  calidad  de  sus  oficios  y  méritos,  sin  que 
en  esto  hubiese  límite  señalado,  más  de  lo  que  al  rey  le  pare- 
cía ser  conveniente;  y  lo  mismo  hacía  con  los  capitanes  y  per- 
sonas valerosas  en  la  guerra  y  con  los  criados  de  su  casa  y 
corte. 

jaban  en  él  guam¡c¡<5n:  y  precisamente  de  ahí  vino  que  se  alzaran  continua- 
mente, cuando  se  creían  fuertes  para  sacudir  el  tributo;  y  esto  nos  explica  por 
qué  vemos  en  los  jeroglíficos  varias  veces  la  conquista  de  un  mismo  pueblo. 

1  Se  conserva  original  el  libro  de  tributos  en  el  Museo.  Lorenzana  lo  re- 
produjo en  su  edición  de  las  cartas  de  Cortés,  reducido  y  sin  colores.  Kings- 
borougb,  en  el  Códice  Mendocino,  también  lo  reproduce,  en  su  tamaño  y  con 
colores;  pero  hay  diferencias  en  el  dibujo  de  ciertas  figuras.  El  señor  Peñafiel 
ha  hecho  una  reproducción  exacta. 

El  mapa  Quinatzin  nos  da  también  alguna  idea  de  los  tributos.  En  uno  de 
los  departamentos  del-palacio  de  Tetzcuco  se  ven  los  chimalli  ó  ichcahuipilli, 
rodelas  y  petos  de  algodón,  que  se  tributaban  para  los  guerreros.  En  otro  se 
ven  sandalias,  mosquiteros,  cuerdas  y  bolsas  de  cacao.  En  otro  ramos  de  flo- 
res y  cañas  de  tabaco,  para  los  convites.  Y  en  otro  mantas  labradas  y  pena- 
chos de  plumas;  en  donde  los  tributarios  celebran  fiesta,  cantando  y  tocando 
el  huehuetl  ó  gran  atambor. 


Tomo  11-14 


CAPITULO  XXXIX 


Ctymo  el  rey  Nezahtialcoyotzin  amplió  loa  tierra»  de  la  señoría  de  Tlaxcala^  y  UucO' 
pitulaeUmea  que  con  ellos  tuvo. 


La  señoría  de  Tlaxcala  en  las  guerras  que  á  Nezahualcoyo- 
tzin  se  le  habían  ofrecido  para  recobrar  el  reino  de  Tetzcuco 
y  sujetará  los  tepanecas,  le  había  siempre  favorecido;  y  así  en 
agradecimiento  de  esto  siempre  los  visitaba  y  enviaba  grandes 
presentes  de  oro,  pedrería,  mantas,  plumería  y  otras  cosas;  y 
así  yendo  una  vez  á  visitarlos  les  alargó  los  términos  de  sus 
tierras  por  la  parte  del  reino  de  Tetzcuco,  echando  sus  moho- 
neras  por  el  cerro  que  se  llama  Quauhtepetl,  y  prosiguiendo  á 
otro  que  se  dice  Ozelotepetl,  y  luego  á  Huehué  y  Chocayan 
hasta  el  cerro  que  llaman  Coliuhcan;  y  luego  hicieron  las  ca- 
pitulaciones siguientes  á  pedimento  de  la  señoría,  que  fueron: 
Que  desde  aquel  tiempo  se  favoreciesen  unos  á  otros,  sin  que 
jamás  se  pretendiesen  quitar  los  señoríos  por  vía  de  violencia, 
guerra  ni  por  otra  cosa,  sino  que  si  algún  tirano  se  levantase  con- 
tra el  dicho  Nezahualcoyotzin  ó  sus  descendientes,  que  la  seño- 
ría les  socorrería  con  todo  su  poder  y  fuerzas,  y  la  misma  obli- 
gación tuvieron  los  del  reino  de  Tetzcuco  en  favorecer  y  am- 
parar las  causas  de  la  señoría,  dando  su  favor  y  ayuda  contra 
los  que  la  quisiesen  ofender,  y  lo  mismo  hiciesen  los  años  es- 
tériles, se  favoreciesen  con  bastimentos  los  unos  á  los  otros. 
Hechas  estas  capitulaciones  se  volvió  Nezahualcoyotzin  á  la 


196  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

^ , 

ciudad  de  Tetzcuco,  en  donde  comenzó  á  apercibir  sus  gentes 
para  hacer  guerra  á  la  provincia  de  Tolantzinco  y  de  la  sierra 
de  Totonapan,  y  así  dio  principio  con  la  de  Tolantzinco  perte- 
neciente al  reino,  y  habiéndola  ganado,  restituyó  en  el  señorío 
á  Tlalolintzin  como  atrás  queda  referido,  con  ciertos  reconoci- 
mientos, y  la  de  Quauhchinanco  se  le  dio  de  paz  y  confirmó  en 
el  señorío  á  Nauhecatzin,  y  lo  mismo  hizo  en  Xicotepec  hasta 
ganar  toda  la  sierra  de  Totonapan  que  contiene  más  de  ochen- 
ta leguas:  y  volviendo  de  esta  conquista,  que  era  perteneciente 
á  su  patrimonio,  juntó  sus  gentes  con  las  de  Itzcoatzin  su  tío, 
y  con  las  de  Totoquihuatzin  rey  de  Tlacopan,  y  fueron  sobre 
la  tierra  de  los  tlalhuicas  y  la  ganaron,  y  haciendo  la  reparti- 
ción conforme  atrás  queda  referido,  cupieron  á  Nezahualcoyo- 
tzin  con  la  cabecera  de  Quauhnahuac  nueve  pueblos.  Al  que 
puso  por  mayordomo  de  la  cobranza  de  los  tributos,  sacaba 
cuatro  mil  y  trescientos  fardos  de  mantas  ricas,  pañetes  y  hue- 
piles  que  montan  por  todo  ochenta  y  seis  mil  mantas,  huepi- 
les,  enaguas  y  pañetes;  ^  y  cierta  cantidad  de  preseas  de  oro,  pe- 
drería y  plumería  en  cada  un  año,  sin  las  amas  y  criadas 
necesarias  para  el  servicio  de  la  casa  del  rey,  y  asimismo  las 
flores  que  de  ordinario  se  gastaban  en  palacio.*  Al  rey  de  Mé- 
xico cupo  lo  de  Tepozotlan,  Huaxtepec  y  otros  con  la  misma 
cantidad  de  tributos;  y  al  de  Tlacopan  la  parte  que  le  pertene- 
cía: y  después  prosiguieron  su  conquista,  y  ganaron  la  provin- 
cia de  Chalco,  aunque  luego  se  reveló:  ganada  esta  provincia, 
pasaron  á  la  de  Itzocan  y  la  ganaron,  y  luego  prosiguieron  y 
ganaron  las  provincias  de  Tepecyacan,  Tecalco,  Teohuacan, 
Coaixtlahuacan,  Cuetlachtlan,  Hualtepec  y  Quauhtochco,  y  de- 
jándolas sujetas  al  imperio  con  la  misma  calidad  que  á  las 
demás,  Nezahualcoyotzin  fué  con  su  gente  sobre  la  gran  pro- 
vincia de  Tochpan  y  la  de  Tizauhcoac,  y  habiéndolas  ganado 
puso  á  sus  mayordomos  en  la  de  Tizcohuacalaotl,  que  cobraba 

1  Ternaux  en  sus  notas  equivoca  la  explicación  de  estas  piezas  del  vestido 
indio.  El  huípil  es  la  camisa;  el  pañete  ó  maxtli  se  ataba  á  la  cintura;  y  la 
enagua  era  el  cueitl. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  197 

en  cada  un  año  de  tributos  mil  y  ochocientos  fardos  de  mantas 
asi  de  las  ricas  betadas  ^  de  todos  colores,  que  servían  para  en 
tapizar  las  salas  y  cuartos  del  rey,  como  de  otras  llanas,  ena- 
guas y  huepiles,  sin  más  cien  fardos  de  mantas  de  Tlacatziuh- 
que  de  á  tres  piernas,  que  tenía  de  largo  cada  una  de  ellas  ocho 
brazas,  y  otros  cien  fardos  de  las  más  delicadas  y  primas  de  á 
cuatro  brazas,  que  las  unas  y  las  otras  venían  á  ser  cuarenta 
mil  piezas,  sin  más  cuatrocientas  petacas  y  cuatrocientos  pe- 
llejos de  venado,  cien  venados  vivos,  cien  cargas  de  chile  y 
cien  cargas  de  pepitas,  cien  papagayos  grandes,  cuarenta  cos- 
tales de  pluma  blanca  con  que  hacían  telas,  y  otros  cuarenta 
costales  de  plumería  de  aves  de  diferentes  colores,  sin  más 
doscientos  fardos  de  pañetes,  que  venían  á  ser  cuatro  mil,  con 
las  amas  y  criadas  necesarias  para  el  servicio  de  palacio.  En 
la  gran  provincia  de  Tochpan  puso  por  su  mayordomo  á  Hue- 
hutli,  que  cobraba  en  cada  un  año  de  las  mantas  del  género 
atrás  referido,  mil  quinientos  y  ochenta  fardos,  y  más  veinti- 
cinco mantas  y  huepiles,  sin  más  cuatrocientos  fardos,  y  más 
diez  mantas  del  ilacatziuhqui  ^  de  á  ocho  brazas,  y  otros  tantos 
fardos  de  mantas  del  ilacatziuhqui  delgado  de  á  cuatro  bi-azas, 
que  por  todo  venían  á  ser  cuarenta  y  siete  mil  seiscientas  cua- 
renta y  cinco  mantas,  enaguas  y  huepiles,  piezas  de  ilacatziuh- 
qui y  pañetes,  sin  más  las  amas  de  palacio  y  criadas  que  eran 
necesarias  para  el  servicio.  La  gran  provincia  de  Tochpan  se 
dividía  en  siete  provincias,  que  contenían  todas  ellas  sesenta  y 
ocho  pueblos  á  ellas  sujetos.  Conquistadas  estas  provincias 
que  pertenecían  al  patrimonio  del  rey  de  Tetzcuco,  pasó  de  allí 
con  su  ejército  costeando  la  mar  del  Norte  hasta  otra  provin- 
cia que  se  dice  Teochtepec  ^  que  asimismo  la  ganó  y  sojuzgó,  y 
puso  en  ella  por  su  mayordomo  y  cobrador  de  tributos  (de  más 
de  la  gente  de  guarnición  que  en  cada  una  de  ellas  dejaba)  á 


1  Veteadas. 

2  Molina  traduce  ilacatziuhqui  por  cosa  torcida.  (Nota  de  Ternaux). 

3  Tochtepec,  hoy  Tuxtepec. 


198  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Toyectzin,  que  cobraba  en  cada  un  año  cuarenta  fardos  de 
mantas  ricas  y  veinte  do  unas  camisetas  asimismo  ricamente 
tejidas  de  fmps  colores,  que  montan  ciento  y  veinte  piezas: 
igualmente  le  sembraban  y  cultivaban  en  cada  un  año  una  se- 
mentera de  cacao,  que  tenía  de  longitud  cuatrocientas  medi- 
das y  de  latitud  doscientas,  sin  más  treinta  y  tres  cargas  de 
cacao  que  se  cobraban  de  tributo,  dos  mil  pelotas  de  hule  y 
cuatrocientos  paños  de  grana,  sin  más  muchas  piezas  de  plu- 
mería, como  eran  rodelas,  penachos  y  otras  divisas  que  los  re- 
yes usaban  cuando  salían  á  las  guerras,  hechas  de  la  plumería 
rica  que  llaman  quetzali.  Esta  provincia  contenía  doce  pue- 
blos, asimismo  sujetos,  y  daban  de  tributo  cierta  cantidad  de 
amas  y  criadas  para  el  servicio  de  palacio.  Y  dando  la  vuelta, 
fué  sobre  la  provincia  de  Mazahuacan  en  compañía  de  los  re- 
yes de  México  y  de  Tlacopan,  y  la  de  Tlapacoyan;  y  habiéndo- 
las sujetado  con  las  mismas  calidades  atrás  referidas,  fué  sobre 
la  de  Tlauhcocautitlan  y  la  ganó,  en  donde  puso  por  su  mayor- 
domo á  Huitziltecuh,  en  donde  se  le  daban  de  tributo  y  reco- 
nocimiento en  cada  un  año  diez  y  seis  bateas  de  color  y  vein- 
te cargas  de  copal,  doscientas  sesenta  y  ocho  jicaras  y  tecoma- 
tes ñnos,  y  veinte  cargas  de  varas  de  tlacuilol  quahuitle.  Esta 
provincia  y  las  demás,  en  donde  puso  sus  mayordomos  y  co- 
bradores, fueron  las  que  se  ajudicaron  al  reino  de  Tetzcuco, 
sin  entrar  en  partición  los  otros  dos  reyes;  y  las  en  que  no  pu- 
so sus  mayordomos  fueron  las  que  se  repartían  sus  rentas  en- 
tre las  tres  cabezas  de  esta  Nueva  España  por  la  orden  referi- 
da, las  cuales  rentas  se  llevaban  á  la  ciudad  de  México  todas 
juntas,  y  allí  se  hacía  la  repartición  y  división,  en  donde  los 
mayordomos  y  agentes  de  los  tres  reyes,  cada  uno  recibía  lo 
que  le  pertenecía  á  su  señor;  y  las  rentas  que  eran  de  la  parte 
del  rey  Nezahualcoyotzin  se  guardaban  en  la  ciudad  de  Méxi- 
co en  sus  palacios  antiguos,  con  las  que  premiaba  á  todos  los 
señores  de  su  señorío,  á  sus  hijos,  deudos  y  otras  personas  be- 
neméritas por  mano  de  los  señores  mexicanos,  para  que  justi- 
íicadamente  á  cada  uno  se  le  diese  lo  que  por  sus  virtudes  me- 


DON  FERNANDO-  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  199 

recia:  este  fué  el  principal  intento  de  que  sus  rentas  (las  que 
tenía  de  la  partición  con  los  otros  dos  reyes)  se  guardasen  en 
la  ciudad  de  México.  En  el  Ínterin  que  había  andado  ocupa- 
do en  estas  guerras,  los  de  la  provincia  de  Tolantzinco,  perma- 
neciendo en  su  rebeldía,  una  noche  quemaron  las  fuerzas  en 
donde  el  rey  tenía  su  gente  de  guarnición  (que  estaban  en  tres 
partes,  que  era  en  Macanacazco,  Tlayacac  y  Chiquiuhtepec), 
matando  á  todos  los  soldados  que  en  los  presidios  tenía  Neza- 
hualcoyotzin.  Cuatro  años  había  desde  que  había  sojuzgado  la 
provincia  referida,  por  lo  cual  determinó  hacer  un  grueso  ejér- 
cito, y  fué  sobre  ellos  y  los  castigó  con  todo  rigor;  y  sin  em- 
bargo de  que  dejó  al  señor  de  allí  en  su  mismo  puesto,  y  por 
uno  de  los  catorce  grandes  del  reino,  todavía  quedó  obligado 
á  dar  en  cada  un  año  de  tributo  sesenta  fardos  de  mantas  y 
cuatrocientas  medidas  de  frijol,  que  son  quinientas  fanegas; 
y  asimismo  estuvo  á  su  cargo  el  tener  cuenta  de  plantar  arbo- 
ledas en  los  jardines  y  bosques;  y  nombró  por  mayordomo  de 
la  cobranza  de  este  tributo  y  servicio  á  Pachcalcatl;  con  que 
quedaron  desde  allí  en  adelante  sujetos  y  oprimidos;  y  asimis- 
mo en  donde  estaban  los  presidios,  fundó  un  pueblo  Nezahual- 
coyotzin,  que  llamó  Tzihuinquilocan,  con  gente  de  la  ciudad  de 
Tetzcuco,  que  fué  de  su  patrimonio,  y  duró  hasta  la  muerte 
de  D.  Fernando  Cortés  Ixtlilxochitl  su  nieto. 


CAPITULO  XL 


De  Ut  muerte  del  rey  lUcocUzin  de  Mexieo^  y  cómo  en  au  lugar  entró  MoteeuhtomcUzin 
Ilhtticaminatzin  primero  de  este  nombre^  y  de  cUguncu  guerrea  que  hMeron  loe  tres 
cabezas  del  imperio  contra  Uls  provincias  remotas. 


En  los  postreros  días  del  año  de  mil  cuatrocientos  y  cuaren- 
ta, que  llaman  matlactliomey  Tecpatl,  falleció  el  valerosísimo 
rey  Itzcoatzin,  que  fué  el  primero  de  los  de  México  que  en 
compañía  de  los  de  Tetzcuco  y  Tlacopan  imperaron  en  esta 
tierra  de  Anahuac  que  llaman  Nueva  España,  habiendo  reina- 
do casi  catorce  años.  Y  como  fué  una  de  las  leyes  y  capitula- 
ciones que  entre  los  tres  quedaron  establecidas,  elegir  sucesor 
los  dos  que  quedasen  cuando  falleciese  alguno  de  los  tres,  ^ 
acordó  Nezahualcoyotzin  hacer  llamamiento  general  en  todo  el 
imperio;  y  juntándose  con  el  rey  Totoquihuatzin  de  Tlacopan 
juntaron  sus  ejércitos,  y  fueron  sobre  las  provincias  de  Co- 
huixco,  Oztoman,  Quezaltepec,  Ixcateopan,  Teozcahualco,  Poc- 
tepec,  Tomazolapan,  Chilapan,  Quiauhteopan,  Ohuapan,  Tzom- 
pahuacan  y  Cozamaloapan,  y  habiéndolas  sojuzgado  y  puesto 
debajo  del  imperio  con  otros  muchos  pueblos  á  ellos  sujetos, 

1  No  es  exacto  que  los  doa  señores  supervivientes  eligiesen  sucesor  al  muer- 
to. El  señorío  pasaba  á  quien  de  derecho  le  correspondía,  y  los  otros  dos  seño- 
res por  fórmula  y  ceremonia  lo  confirmaban.  Por  eso  en  las  pinturas  de  la 
Historia  del  P.  Duran,  se  ve  á  Nezahualcoyotl  presentando  el  copilli  ó  coro- 
na á  Moteczuma  Ilhuicamina. 


202  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

y  dada  la  orden  que  en  las  demás,  se  volvieron  á  sus  tierras. 
El  orden  que  se  tenía  en  ir  á  estas  jornadas  y  conquistas  era, 
que  iban  los  tres  ejércitos  juntos  y  de  conformidad,  y  llega- 
dos que  eran  sobre  la  provincia  que  habían  de  conquistar,  se 
tornaban  á  dividir,  y  aunque  todos  á  un  tiempo  daban  la  batalla, 
cada  uno  entraba  por  su  parte  peleando  con  los  enemigos,  con 
que  á  pocos  lances  los  desbarataban  y  sujetaban,  procurando 
cada  ejército  señalarse  y  aventajarse.  Venido  que  fué  el  rey 
Nezahualcoyotzin  á  su  ciudad,  dio  orden  de  ir  sobre  las  provin- 
cias de  la  Cuexteca  que  es  Panuco,  que  pertenecía  á  su  patri- 
monio, para  lo  cual  habiendo  juntado  el  ejército  necesario  en- 
vió á  su  hijo  el  infante  Xochiquetzaltzin  por  su  capitán  gene- 
ral, y  habiendo  salido  de  1^  ciudad  de  Tctzcuco,  de  allí  á  cinco 
ó  seis  días  después  despachó  á  otro  infante  hijo  suyo  llamado 
Acamapipioltzin  con  más  gente  para  socorrer  al  primero,  por 
ser  esta  nación  de  los  cuextecas  gente  belicosísima.  El  infante 
Acamapipioltzin  (que  á  esta  sazón  era  muy  buen  soldado),  por 
ganar  gloria  y  fama  hizo  tanto  con  la  gente  de  socorro  que  lle- 
vaba, y  con  salir  seis  días  después  que  el  otro  se  dio  tan  buena 
maña,  que  llegó  con  la  gente  que  llevaba  tres  días  antes  que 
llegase  su  hermano  Xochiquetzaltzin  con  el  ejército,  yendo  por 
diferente  rumbo  porque  no  fuese  visto  por  el  hermano,  y  con 
ánimo  ferosísimoy  con  ejército  muy  desigual  del  que  los  cuex- 
tecas tenían,  embistió  con  ellos,  y  habiéndolos  vencido  y  roto 
junto  á  un  gran  río,  por  pasarle  se  ahogaron  muchos,  y  él  en 
su  seguimiento  pasó  el  río,  y  cuando  llegó  su  hermano  Xochi- 
quetzaltzin con  el  ejército,  ya  casi  tenía  sujetos  á  los  cuextecas 
y  ganados  algunos  lugares  suyos,  de  manera  que  no  sirvió  más 
de  para  socorrerle.  Las  provincias  y  pueblos  más  señalados 
que  se  ganaron  en  esta  entrada,  fueron  Tlahuitolan,  Coxoli- 
tlan,  Acatlan,  Piaztlan,  Tetlcoyoyan,  Otlaquiquiztlan  y  Xochi- 
palco.  Y  habiéndolos  ganado,  y  puesto  sus  presidios  y  fronte- 
ras en  aquell¿is  tierras,  que  confinaban  con  otras  de  otros  chi- 
chimecas  de  la  provincia  de  Panuco,  se  volvieron  á  su  patria,  en 
donde  entraron  triunfando  y  fueron  muy  bien  recibidos  de  Ne- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  20  3 

zahualcoyotzin  su  padre.  En  esta  jornada  se  halló  en  favor  de 
Nezahualcoyotzin,  Xicotencatl,  una  de  las  cuatro  cabezas  de  la 
señoría  de  Tlaxcalan,  que  ya  comenzaba  áj  florecer,  y  era  un 
mancebo  de  grande  é  invencible  ánimo,  el  cual  volvió  á  su  tie- 
rra cargado  de  despojos  y  riquezas  que  en  esta  conquista  ganó. 


CAPITULO  XLI 


Que  trata  de  la  ?uxfnbi'e  y  mortandad  que  hubo  en  esta  tierra^  y  por  qué  causa  se  co- 
memaron  las  guerras  de  Tlaxcalan^  Huexolzinco  y  Cholulan  contra  el  imperio. 


Estando  las  cosas  del  imperio  en  grande  prosperidad  por  la 
abundancia  de  mantenimientos  y  máquina  grande  de  gentes 
(que  era  de  tal  manera  que  hasta  los  montes  y  sierras  frago- 
sas las  tenían  ocupadas  con  sembrados  y  otros  aprovecha- 
mientos, y  el  menor  pueblo  de  aquellos  tiempos  tenía  más  gente 
que  la  mejor  ciudad  que  el  día  de  hoy  hay  en  la  Nueva  Es- 
paña, según  parece  por  los  padrones  reales  de  aquellos  tiem- 
pos), como  las  cosas  de  esta  vida  tienen  mil  mudanzas  y  nunca 
faltan  calamidades  (como  las  que  en  esta  sazón  contienen  y 
fueron  las  primeras),  en  el  año  de  mil  cuatrocientos  y  cincuen- 
ta, que  llaman  matlactli  Tochtli  fué  tan  excesiva  la  nieve  que 
cayó  en  toda  la  tierra  ^  que  subió  en  las  más  partes  estado  y 
medio,  con  que  se  arruinaron  y  cayeron  muchas  casas  y  se 
destruyeron  todas  las  arboledas  y  plantas,  y  resfrió  de  tal  ma- 
nera la  tierra  que  hubo  un  catarro  pestilencial  con  que  murie- 
ron muchas  gentes,  y  en  especial  la  gente  mayor;  y  los  tres 
años  siguientes  se  perdieron  todas  las  sementeras  y  frutos  de 
la  tierra,  en  tal  conformidad  que  pereció  la  mayor  parte  de  la 

1  En  sus  pinturas  jeroglificas  recordaban  los  mexicanos  estas  calamidades, 
é  igualmente  los  eclipses  de  sol.  Véase  el  Códice  Telleriano  Remense. 


206  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

gente,  y  en  el  siguiente  de  mil  cuatrocientos  cincuenta  y  cua- 
tro á  los  principios  de  él  hubo  un  eclipse  muy  grande  de  sol, 
y  luego  se  aumentó  más  la  enfermedad,  y  moría  tanta  gente 
que  parecía  que  no  había  de  quedar  persona  alguna,  según  era 
la  calamidad  que  sobre  esta  tierra  había  venido,  y  la  hambre 
tan  excesiva  que  muchos  vendieron  á  sus  hijos  á  trueque  de 
maíz  en  las  provincias  de  Totonapan,  en  donde  no  corrió  esta 
calamidad;  y  los  de  aquellas  provincias,  como  eran  tan  gran- 
des idólatras,  todos  los  esclavos  que  compraban  los  sacrifica- 
ban á  sus  dioses,  pareciéndoles  que  los  tenían  propicios  para 
que  no  corriese  la  misma  calamidad  en  su  tierra.  Y  aimqu^ 
Nezahualcoyotzin  en  su  tierra  y  reino,  Motecuhzomatzin  y  To- 
toquihuatzin  en  los  suyos,  hicieron  todo  lo  posible  por  socorrer 
á  sus  subditos  y  vasallos  (porque  demás  de  haberles  alzado 
los  tributos  por  seis  años  que  fué  el  tiempo  que  duraron  estas 
calamidades,  ^  les  dieron  y  repartieron  todas  las  rentas  de  maíz 
que  tenían  en  las  trojes  guardadas  y  reservadas  de  á  diez,  do- 
ce años  y  más  tiempo),  viendo  que  no  cesaba  la  calamidad  se 
juntaron  todos  tres  con  la  señoría  de  Tlaxcalan  á  tratar  el  me- 
dio más  conveniente  para  este  efecto:  los  sacerdotes  y  sátra- 
pas de  los  templos  de  México  dijeron,  que  los  dioses  estaban 
indignados  contra  el  imperio,  y  que  para  aplacarlos  convenía 
sacrificar  muchos. hombres,  y  que  esto  se  había  de  hacer  or- 
dinariamente, para  que  los  tuviesen  siempre  propicios.  Neza- 
hualcoyotzin que  era  muy  contrario  á  esta  opinión,  después  de 
haber  hecho  muchas  contradicciones,  dijo  que  bastaba  que  les 
sacrificasen  los  cautivos  en  guerra,  que  así  como  así  habían  de 
morir  en  batalla,  se  perdía  poco,  demás  de  que  sería  muy  gran- 
de hazaña  de  los  soldados  haber  vivos  á  sus  enemigos,  con  lo 
cual,  á  más  de  que  serían  premiados,  harían  este  sacrificio  á 
los  dioses:  replicaron  los  sacerdotes,  que  las  guerras  que  se  ha- 

1  En  la  Piedra  del  hambre,  que  se  conserva  en  el  Museo  Nacional,  se  gra- 
vó el  recuerdo  de  esta  calamidad.  Según  sus  jeroglíficos,  comenzó  el  hambre 
en  el  año  12  tecpatl  ó  sea  1462,  y  llegó  á  su  mayor  grado  en  el  año  ce  tochtli 
ó  1454.  En  1456  cayeron  en  abundancia  las  aguas,  con  lo  cual  cesó  la  calamidad. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  207 

cían  eran  muy  remotas  y  no  ordinarias,  que  vendrían  muy  á 
espacio  y  debilitados  los  cautivos  que  se  habían  de  sacrificar 
á  los  dioses,  habiendo  de  ser  muy  de  ordinario  y  la  gente  re- 
ciente y  dispuesta  para  el  sacrificio  de  los  dioses,  como  lo  so- 
lían hacer  con  sus  hijos  y  esclavos.  Xicolencatl  uno  de  los  se- 
ñores de  Tlaxcalan  fué  de  opinión,  que  desde  aquel  tiempo  en 
adelante  se  estableciese  que  hubiesen  guerras  entre  la  se- 
ñoría de  Tlaxcalan  y  la  de  Tetzcuco  con  sus  acompañados,  y 
que  se  señalase  un  campo  donde  de  ordinario  se  hiciesen  es- 
tas batallas,  y  que  los  que  fuesen  presos  y  cautivos  en  ellas  se 
sacrificasen  á  sus  dioses,  que  sería  muy  acepto  á  ellos  pues  co- 
mo manjar  suyo  sería  caliente  y  reciente,  sacándolos  de  este 
campo;  demás  de  que  sería  lugar  donde  se  ejercitasen  los  hi- 
jos de  los  señores,  que  saldrían  de  allí  famosos  capitanes,  y 
que  esto  se  había  de  entender  sin  exceder  los  límites  del  cam- 
po que  para  el  efecto  se  señalase,  ni  pretender  ganarse  las  tie- 
rras y  señoríos,  y  asimismo  haljía  de  ser  con  calidad  que  cuan- 
do tuviesen  algún  trabajo  ó  calamidad  en  la  una  ú  otra  parte 
habían  de  cesar  las  dichas  guerras  y  favorecerse  unos  á  otros, 
como  de  antes  estaba  capitulado  con  la  señoría  de  Tlaxcalan. 
A  todos  pareció  muy  bien  lo  que  había  dicho  Xicotencatl,  y 
como  interesados  y  muy  religiosos  en  el  servicio  de  sus  falsos 
dioses,  apretaron  en  el  negocio  para  que  se  efectuase,  y  así 
Nezahualcoyotzin  señaló  el  campo  que  fué  entre  Quauhtepec 
y  Ocelotepec,  y  por  ser  tres  las  cabezas  del  imperio,  señaló 
para  el  efecto  otras  tres  provincias,  que  fueron  la  de  Tlaxca- 
lan referida,  la  de  Huexotzinco  y  Cholulan,  que  llamaron  los 
enemigos  de  cam^  con  calidad  que  peleasen  tantos  á  tantos 
yendo  los  de  las  tres  cabezas  juntos,  y  que  diesen  su  batalla 
los  primeros  días  de  sus  meses,  comenzando  por  Tlaxcalan  la 
primera  vez,  y  luego  de  allí  á  otro  mes  que  fué  la  segunda  en 
el  campo  que  estaba  señalado  de  Huexotzinco,  y  la  tercera 
en  el  campo  de  Cholulan,  cuyos  defensores  eran  los  de  Atlix- 
co;  y  luego  comenzaba  otra  vez  la  tanda  por  Tlaxcalan:  con 
que  hubieron  suficiente  recaudo  los  sacerdotes  de  los  templos 


208  OBRAS    HISTORIÓOS  DE 

de  Tezcatlipoca,  Huitzilopochtli,  Tlaloc  y  los  demás  que  eran 
ídolos  de  los  mexicanos,  y  los  de  los  contrarios  Cumaxtle,  Ma- 
tlalcucie  ^  y  Quetzalcoatl.  Así  se  comenzaron  estas  guerras  y 
abominables  sacrificios  de  los  dioses  (ó  para  mejor  decir)  de- 
monios, hasta  que  vino  el  invictísimo  D.  Fernando  Cortés  pri- 
mer Marqués  del  Valle  á  plantar  la  santa  fe  católica:  asimismo 
quedó  por  ley  que  ninguno  de  los  naturales  de  las  tres  provin- 
cias referidas  pudiesen  pasar  á  estas  partes,  ni  los  de  acá  ir  allá, 
con  pena  de  ser  sacrificados  á  los  dioses  falsos.  En  el  año  se 
hacían  diez  y  ocho  fiestas  principales  á  los  dioses  fingidos,  que 
era  á  los  primeros  días  de  sus  diez  y  ocho  meses  con  que  re- 
partían su  año  solar,  en  los  cuales  sacrificaban  los  hombres 
cautivos  en  las  guerras  referidas,  y  en  otras  fiestas  que  tenían 
movibles, 

1  Camaxtli  y  Matlalcueye. 


CAPITULO  XLII 


De  o6mo hizo Nexcíhualcoyotzin  oouaa de recraciónt  bosques pjardíneSf  y'JUCgeiíiúe  que 
mandó  ocupar  en  su  adorno  y  en  el  de  las  casas  reales  y  cerco  de  ellas. 


Demás  de  los  jardines  y  recreaciones  que  tenía  el  rey  Ne- 
zahualcoyotzin  llamados  Hueitecpan,  y  en  los-  palacios  de  su 
padre  llamados  Cillan  y  en  los  de  su  abuelo  el  emperador  Te- 
chotlalatzin,  hizo  otros,  como  fueron  el  bosque  tan  famoso  y 
celebrado  de  las  historias,  Tetzcotzinco,  y  el  de  Quauhyacac, 
Tzinacanoztoc,  Cozcaquauhco,  Cuetlachatitlan  ó  Tlateitec,  y  los 
de  la  laguna  Acatelelco  y  Tepetzinco:  asimismo  señaló  lo  me- 
jor de  la  montaña,  en  donde  iba  á  caza  cuando  tenía  algimos 
ratos  de  desenfado.  Estos  bosques  y  jardines  estaban  adorna- 
dos de  ricos  alcázares  suntuosamente  labrados,  con  sus  fuen- 
.  tes,  atarjeas,  acequias,  estanques,  baños  y  otros  laberintos  ad- 
mirables, en  los  cuales  tenía  plantadas  diversidad  de  flores  y 
árboles  de  todas  suertes,  peregrinos  y  traídos  de  partes  remo- 
tas; demás  de  lo  referido,  tenía  señaladas  cinco  suertes  de  tie- 
rras, las  más  fértiles  que  había  cerca  de  la  ciudad,  en  donde 
por  gusto  y  entretenimiento  le  hacían  sementeras,  hallándose 
al  beneficio  de  ellas  personalmente,  como  era  en  Ateneo  que 
está  junto  á  la  laguna  en  el  pueblo  de  Papalotlan,  y  en  los  de 
Calpolanpan,  Mazaapan  y  Yahualiuhcan.  Para  el  adorno  y  ser- 
vicio de  estos  palacios  y  jardines  y  bosques  que  el  rey  tenía, 
se  ocupaban  los  pueblos  que  caían  cerca  de  la  corte  por  sus 

Tomo  11—16 


210  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

turnos  y  tandas;  de  los  cuales  para  el  servicio,  adorno  y  lim- 
pieza de  los  palacios  del  rey,  eran  señalados  los  pueblos  de 
Huexotla,  Coatlichan,  Coatepec,  Chimalhuacan,  Iztapalocan, 
Tepetlaoztóc,  Acolman,  Tepechpan,  Chicuhnauhtla,  Teyoyo- 
can,  Ghiauhtla,  Papalotla,  Xaltocan  y  Chalco,  que  servían  me- 
dio año:  el  otro  medio  año  era  á  cargo  de  los  pueblos  de  la 
campiña,  que  eran  Otompan,  Teotihuacan,  Tepepolco,  Zem- 
poalan,  Aztaquemecan,  Ahuatepec,  Axapochco,  Oztotipac,  Ti- 
zayocan,  Tlalanapan,  Coyoac,  Quatlatlauhcan,  Quatlaeca  y 
Quauhtlatzinco.  Para  la  recámara  del  rey  estaban  señalados 
los  pueblos  de  Calpolalpan,  Mazaapan,  Yahualiuhcan,  Ateneo 
y  Tzihuinquilocan;  y  para  los  bosques  y  jardines  las  provincias 
de  Tolantzinco,  Quauhchinanco,  Xicotepec,  Pauhatla,  Yauhte- 
pec,  Tepechco,  Ahuacayocan  y  Quauhnahuac,  con  sus  pueblos 
sujetos,  acudiendo  por  su  turno  y  tanda  al  dicho  efecto,  tenien- 
do cada  provincia  y  pueblo  á  su  cargo  el  jardín,  bosque  ó  la- 
branza que  le  era  señalado.  De  los  jardines,  el  más  ameno  y 
de  curiosidades  fué  el  bosque  de  Tetzcotzinco,  porque  demás  de 
la  cerca  que  tenía  tan  grande  para  subir  á  la  cumbre  de  él 
y  andarlo  todo,  tenía  sus  gradas,  parte  de  ellas  hecha  de  arga- 
masa, parte  labrada  en  la  misma  peña;  y  el  agua  que  se  traía 
para  las  fuentes,  pilas,  baños  y  caños  que  se  repartían  para  el 
riego  de  las  flores  y  arboledas  de  este  bosque,  para  poderla 
traer  desde  su  nacimiento,  fué  menester  hacer  fuertes  y  altísi- 
mas murallas  de  argamasa  desde  unas  sierras  á  otras,  de  in- 
creíble grandeza,  sobre  la  cual  hizo  una  tarjea  hasta  venir  á 
dar  en  lo  más  alto  del  bosque;  y  á  las  espaldas  de  la  cumbre 
de  él,  en  el  primer  estanque  de  agua,  estaba  una  peña,  escul- 
pida en  ella  en  circunferencia  los  años  desde  que  había  nacido 
el  rey  Nezahualcoyotzin  hasta  la  edad  de  aquel  tiempo,  y  por 
la  parte  de  afuéralos  años,  en  fln  de  cada  uno  de  ellos  asimis- 
mo esculpidas  las  cosas  más  memorables  que  hizo;  y  por  den- 
tro de  la  rueda  esculpidas  sus  armas  que  eran  una  casa  que 
estaba  ardiendo  en  llamas  y  deshaciéndose;  otra  que  estaba 
muy  ennoblecida  de  edificios,  y  en  medio  de  las  dos  un  pie  de 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  211 

venado,  estaba  en  él  una  piedra  preciosa,  y  salían  del  pie  unos 
penachos  de  plumas  preciosas;  y  asimismo  una  cueva,  y  en 
ella  im  brazo  asido  de  un  arco  con  unas  flechas,  y  como  un 
hombre  armado  con  su  morrión  y  orejeras,  cozelete,  y  dos  ti- 
gres á  los  lados  de  cuya  boca  salían  agua  y  fuego,  y  por  orla 
doce  cabezas  de  reyes  y  señores,  y  otras  cosas  que  el  primer 
arzobispo  de  de  México  D.  Fr.  Juan  de  Zumárraga  mandó  ha- 
cer pedazos,  entendiendo  ser  algunos  ídolos,  y  todo  lo  referido 
era  la  etimología  de  sus  armas:  y  de  allí  se  repartía  esta  agua 
en  dos  partes,  que  la  una  iba  cercando  y  rodeando  el  bosque 
por  la  parte  del  Norte,  y  la  otra  por  la  del  Sur.  En  la  cumbre 
de  este  bosque  estaban  ediñcadas  unas  casas  á  manera  de  to- 
rre, y  por  remate  y  chapitel  estaba  hecha  de  cantería  una  co- 
mo á  manera  de  maceta,  y  dentro  de  ella  salían  unos  pena- 
chos de  plumería,  que  era  la  etimología  del  nombre  del  bosque; 
y  luego  más  abajo  hecho  de  una  peña  un  león  de  más  de  dos 
brazas  de  largo  con  sus  alas  y  plumas:  estaba  echado  y  miran- 
do á  la  parte  del  Oriente,  en  cuya  boca  asomaba  un  rostro  que 
era  el  mismo  retrato  del  rey,  el  cual  león  estaba  de  ordinario 
debajo  de  un  palio  hecho  de  oro  y  plumería;  un  poquito  más 
abajo  estaban  tres  albercajs  de  agua,  y  en  la  del  medio  estaban 
en  sus  bordos  tres  ramas  esculpidas  y  labradas  en  la  misma 
peña,  que  significaban  la  gran  laguna,  y  las  ramas  las  cabezas 
del  imperio;  y  por  un  lado  (que  era  hacia  la  parte  del  Norte) 
otra  alberca,  y  en  una  peña  esculpido  el  nombre  y  escudo  de 
armas  de  la  ciudad  de  Tolan,  que  fué  cabecera  del  imperio 
de  los  tultecas;  y  por  el  lado  izquierdo  que  caía  hacia  la  parte 
del  Sur  estaba  la  otra  alberca,  y  en  la  peña  esculpido  el  escu^ 
do  de  armas  y  nombre  de  la  ciudad  de  Tenayocan  que  fué  la 
cabecera  del  imperio  de  los  chichimecas,  y  de  esta  alberca  sa- 
lía un  caño  de  agua  que  saltando  sobre  de  unas  peñas  salpi- 
caba el  agua,  que  iba  á  caer  en  un  jardín  de  todas  flores  olo- 
rosas de  tierra  caliente,  que  parecía  que  llovía  con  la  precipi- 
tación y  golpe  que  daba  el  agua  sobre  la  peña.  Tras  de  este 
jardín  se  seguían  los  baños  hechos  y  labrados  de  peña  viva, 


212     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

que  con  dividirse  en  dos  baños  eran  de  una  pieza;  y  por  aquí 
se  bajaba  asimismo  por  una  peña  grandísima  de  unas  gradas 
hechas  de  la  misma  peña,  tan  bien  labradas  y  lisas  que  pare- 
cían espejos,  y  por  el  pretil  de  estas  gradas  estaba  esculpido 
el  día,  mes,  año  y  hora  en  que  se  le  dio  aviso  al  rey  Nezahual- 
coyotzin  de  la  muerte  de  un  señor  de  Huexotzinco  á  quien  qui- 
so y  amó  notablemente,  y  le  cogió  esta  nueva  cuando  se  estaban 
haciendo  estas  gradas:  luego  consecutivamente  estaban  el  al- 
cázar y  palacios  que  el  rey  tenía  en  el  bosque,  en  los  cuales 
había  entre  otras  muchas  salas,  aposentos  y  retretes,  una  muy 
grandísima,  y  delante  de  ella  un  patio,  en  la  cual  recibía  á  los 
reyes  de  México  y  Tlacopan,  y  á  otros  grandes  señores  cuan- 
do se  iban  á  holgar  con  él,  y  en  el  patio  se  hacían  las  danzas 
y  algunas  representaciones  de  gusto  y  entretenimientos.  Esta- 
ban estos  alcázares  con  tan  admirable  y  maravillosa  hechura, 
y  con  tanta  diversidad  de  piedras,  que  no  parecían  ser  hechos 
de  industria  humana:  el  aposento  en  donde  el  rey  dormía,  era 
redondo:  todo  lo  demás  de  este  bosque,  como  dicho  tengo,  es- 
taba plantado  de  diversidad  de  árboles  y  flores  odoríferas;  y 
en  ellos  diversidad  de  aves,  sin  las  que  el  rey  tenía  en  jaulas 
traídas  de  diversas  partes,  que  hacían  una  armonía  y  canto 
que  no  se  oían  las  gentes;  fuera  de  las  florestas,  que  las  divi- 
día una  pared,  entraba  la  montaña  en  que  había  muchos  ve- 
nados, conejos  y  liebres,  que  si  de  cada  cosa  muy  en  particu- 
lar se  describiese,  y  de  los  demás  bosques  de  este  reino,  era 
menester  hacer  historia  muy  particular. 


CAPITULO  XLIII 


I>e  e&mo  el  rey  Nexahuaíeoyotzin  se  casó  con  AzccUocochÜziiif  hi^a  del  ii\fant€  TemiO' 
tzin  su  ¿ío,  y  del  extraño  modo  con  que  se  consisruió  este  mairiynonio. 


En  todo  este  discurso  de  tiempo  Nezahualcoyotzin  no  había 
casádose  conforme  á  la  costumbre  de  sus  pasados,  que  es  te- 
ner una  mujer  legítima  de  donde  naciese  el  sucesor  del  reino, 
aunque  á  esta  sazón  de  sus  concubinas  (que  tenía  muchas  en 
sus  palacios  y  jardines)  tenía  muchos  hijos,  que  algunos  de 
ellos  le  habían  ayudado  en  las  guerras  y  conquistas  atrás  re- 
feridas, y  eiran  ya  famosísimos  capitanes.  El  rey  Itzcoatzin  su 
tío  y  el  rey  Motecuhzomatzin,  que  á  esta  sazón  lo  era  de  Mé- 
xico, no  se  habían  atrevido  á  tratarle  casamiento  alguno  hos- 
tigados de  lo  pasado,  cuando  volvió  á  las  veinticinco  doncellas 
no  admitiéndolas,  y  así  se  estaba  por  casar;  y  acordando  de 
tomar  estado,  mandó  que  le  trajesen  algunas  doncellas  que  fue- 
sen hijas  legítimas  que  fuesen  de  los  señores  de  Huexotla  y 
Coatlichan  (que  eran  las  casas  más  principales  y  antiguas  del 
reino,  y  en  donde  se  habían  casado  sus  pasados  los  empera- 
dores chichimecas),  de  las  cuales  no  se  halló  más  de  una  de  la 
casa  de  Coatlichan,  y  esa  era  tan  niña  que  se  la  entregó  á  su 
hermano  el  infante  Quauhtlehuanitzin  para  que  la  criase  y  doc- 
trinase, y  siendo  de  edad  la  trajese  á  palacio  para  luego^cele- 
brar  con  ella  las  bodas.  En  este  medio  tiempo  falleció  el  infan- 
te Quauhtlehuanitzin  que  ya  era  muy  viejo,  y  Ixhuetzcatocatzin 


214  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

SU  hijo,  heredero  de  su  casa  y  estado,  entrado  que  fué  en  la  su- 
cesión de  su  padre,  viendo  aquella  tan  noble  y  no  sabiendo 
para  que  efecto  se  criaba,  se  casó  con  ella;  que  cuando  el  rey 
se  vino  á  acordar,  ya  era  dueño  de  su  sobrino,  ^  y  no  sabiendo 
aquél  lo  que  había  le  envió  á  llamar  y  le  dijo  trajese  aquella 
señora,  que  había  criado  su  padre,  á  palacio  para  tomar  esta- 
do con  ella,  pues  para  este  efecto  la  había  dado  á  su  padre:  el 
cual  le  respondió  al  rey,  que  aquella  señora  era  ya  su  esposa, 
que  la  había  recibido  no  sabiendo  lo  que  entre  su  padre  y  su 
alteza  se  había  tratado,  y  que  bajo  de  esto  hiciese  lo  que  fuese 
servido.  El  rey  sin  responderle  palabra  lo  remitió  á  los  jueces 
para  que  lo  castigasen  si  había  cometido  delito,  los  cuales  ha- 
llaron no  tener  culpa  y  lo  dieron  por  libre;  y  viéndose  el  rey 
tan  desdichado  en  esta  parte,  habiendo  sido  tan  venturoso  en 
todas  sus  cosas,  le  causó  muy  gran  tristeza  y  melancolía,  que 
casi  desesperado  se  salió  solo  y  sin  compañía  de  palacio  y  se  fué 
hacia  los  bosques  que  tenía  en  la  laguna,  y  no  dándole  gusto 
cuanto  había,  fué  prosiguiendo  su  viaje  hasta  ir  á  dar  en  el 
pueblo  de  Tepechpan,  que  viéndole  Quaquauhtzin  señor  de 
allí  y  uno  de  los  catorce  grandes  del  reino,  le  salió  á  recibir  y 
lo  llevó  á  sus  palacios,  en  donde  le  sirvió  con  comida,  que  has- 
ta entonces  no  había  comido  en  aquel  día;  y  para  más  regalar- 
le quiso  que  en  la  mesa  le  sirviese  Azcalxochitzin  señora 
mexicana  hija  del  infante  Temictzin  su  tío  y  prima  hermana 
suya,  que  este  señor  la  criaba  para  tomar  estado  con  ella  y  ser 
su  mujer  legítima,  y  hasta  entonces  no  la  había  gozado  por  no 
tener  edad  para  el  efecto,  porque  sus  padres  se  la  dieron  niña 
pequeña  en  recompensa  de  un  gran  presente  de  oro,  piedras 
preciosas,  mantas,  plumería  y  esclavos  que  les  dio,  que  era  de 
los  despojos  de  una  de  las  conquistas  atrás  referidas,  en  que 
se  había  hallado  por  capitán  general.  El  rey  cuando  vido  aque- 
lla señora,  que  era  su  prima  hermana,  tan  hermosa  y  dotada 
de  gjacias  y  bienes  de  naturaleza,  le  quitó  todas  las  melanco- 

1  Supongo  que  quiso  decirse:  ya  era  su  sobrino  dueño  de  ella. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  215 

lías  y  tristezas  que  traía  consigo  y  le  robó  el  corazón,  y  disi- 
mulando lo  mejor  que  pudo  su  pasión,  se  despidió  de  este  se- 
ñor y  se  fué  á  su  corte,  en  donde  dio  orden  con  todo  el  secreto 
del  mundo  (sin  jamás  dar  á  sentir  sus  designios)  de  mandar 
quitar  la  vida  á  Quaquauhtzin  por  parecer  mejor  su  hecho,  y 
fué  de  esta  manera:  despachó  á  la  señoría  de  Tlaxcalan  un  men- 
sajero (que  era  de  su  casa  y  de  quien  más  se  fiaba),  á  decir 
que  á  su  reino  convenía  que  fuese  muerto  Quaquauhtzin  uno 
de  los  grandes  de  él,  por  ciertos  delitos  graves  que  había  co- 
metido, y  para  darle  muerte  honrosa  pedía  á  la  señoría  man- 
dase á  sus  capitanes  lo  matasen  en  la  batalla,  que  para  tal  día 
lo  enviaría  al  efecto,  de  manera  que  no  lo  dejasen  volver  con 
vida;  y  luego  llamó  el  rey  dos  capitanes  de  quienes  él  mucho 
se  fiaba;  y  les  dijo  que  para  tal  día  quería  enviar  á  la  guerra 
que  se  acostumbraba  hacer  en  el  campo  de  la  frontera  de 
Tlaxcalan  á  Quaquauhtzin,  y  que  lo  metiesen  en  lo  más  peli- 
groso de  ella,  de  manera  que  los  enemigos  lo  matasen  y  no  es- 
capase con  vida,  porque  convenía  así  por  cierto  delito  grave 
que  había  cometido,  y  que  le  daba  esta  muerte  honrosa  por  la 
buena  voluntad  que  le  tenía,  y  luego  le  envió  á  llamar  y  aper- 
cibir que  se  dispusiese  á  esta  guerra  y  jornada  por  general  de 
ella.  Quaquauhtzin  obedeció  el  mandato  de  su  rey,  aunque  le 
causó  admiración  y  novedad,  que  siendo  como  era  soldado 
viejo  y  que  no  competía  á  su  persona  y  calidad  ir  á  esta  jor- 
nada, se  le  enviase  á  ella;  y  así  sospechó  su  daño  y  compuso 
unos  cantos  lastimosos  que  cantó  en  un  despedimiento  y  con- 
vite que  hizo  de  todos  sus  deudos  y  amigos.  Ido  que  fué  á  es- 
ta jomada  se  quedó  en  ella  muerto  y  hecho  pedazos  por  los 
tlaxcaltecas.  Hecha  que  fué  esta  diligencia  le  restaba  otra,  que 
era  saber  la  voluntad  de  su  prima;  y  porque  nadie  echase  de 
ver  sus  designios  fué  á  visitar  á  su  hermana  la  infanta  Azcuen- 
tzin  á  quien  comunicó  su  deseo,  diciéndole  que  quería  tomar 
estado  y  no  hallaba  otra  persona  en  el  reino  con  quien  lo  pu- 
diese hacer,  si  no  era  con  Azcalxochitzin,  mujer  que  había  de 
ser  de  Quaquauhtzin  señor  de  Tepechpan,  que  los  tlaxcaltecas 


216  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

habían  muerto  pocos  días  había,  y  que  sólo  le  restaba  saber  la 
voluntad  de  esta  señora,  y  por  ser  tan  reciente  la  muerte  de 
su  esposo  que  había  de  ser,  no  le  sería  bien  notado  tratarlo  á 
lo  público,  que  ella  diese  orden  como  hablarla  de  secreto  y 
saber  su  gusto.  La  infanta  respondió  que  en  su  casa  tenía  una 
vieja  criada  suya,  que  muy  de  ordinario  la  iba  á  visitar  y  cu- 
rar el  cabello,  con  quien  podía  su  alteza  enviarle  á  hablar;  y 
así  el  rey  le  mandó  que  de  su  parte  le  dijese  á  su  prima  que 
le  pesaba  de  la  muerte  de  su  esposo  que  había  de  ser,  y  por  la 
obligación  grande  que  le  tenía,'pues  era  su  prima  hermana,  te- 
nía propuesto  de  tomarla  por  mujer  y  ser  reina  y  señora  de  su 
estado  y  señorío;  y  que  esto  se  lo  dijese  muy  en  secreto,  sin 
que  persona  ninguna  lo  entendiese.  La  vieja  se  dio  tan  buena 
maña  que  dio  su  mensaje  á  la  señora  á  solas  y  muy  á  gusto, 
porque  ella  respondió  que  su  alteza  hiciese  lo  que  fuese  servi- 
do de  ella,  pues  tenía  obligación  de  honrarla  y  ampararla,  pues 
era  su  deuda.  Sabiendo  el  rey  la  voluntad  de  esta  señora  man- 
dó luego  que  desde  Tepechpan  hasta  el  bosque  de  Tepetzinco 
se  hiciese  una  calzada  toda  estacada,  y  acabada  se  trajese  de 
Chicuhnauhtla  una  peña  que  estaba  en  una  recreación  en  don- 
de fué  puesto  el  pellejo  de  su  hermano  Acotlotlil  ^  que  mandó 
matar  y  desollar  el  tirano  Tezozomoc  como  atrás  queda  refe- 
rido, dando  cierto  término  para  hacerlo  todo;  y  luego  tomó  á 
ir  en  casa  de  la  infanta  su  hermana  en  donde  á  solas  mandó 
á  la  vieja  fuese  á  verse  con  Azcalxochitzin  ^  su  prima,  y  le  dye- 
se,  que  para  tal  día  pasaría  por  su  pueblo  una  peña  que  se  ha- 
bía de  traer  de  Chicuhnauhtla  para  ponerla  en  el  bosque  de 

1  Antes  lo  llama  Acottotli:  el  verdadero  nombre  es  Acotlotli. 

2  En  la  Belación  11?  de  los  Pobladores,  el  autor  la  llama  Matlatzihoatzin 
hija  de  Temiotzin  hermano  del  rey  de  Tlacopan.  Su  verdadero  nombre  os 
Azcaxochitl. 

En  el  mapa  Tlotzin  se  ve  con  ella  á  Nezahualcoyotl;  pero  no  tiene  signo  je- 
roglífico de  su  nombre.  La  leyenda  mexicana  que  acompaña  á  este  grupo, 
^ce  solamente:  Nezahualcoyotl  se  casó  con  la  hija  de  Temictzin  de  Tenooh^ 
Htíata, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  217 

Tepetzinco,  y  que  ella  saliese  tras  de  ella  y  fuese  á  verla  po- 
ner en  el  bosque  con  todo  el  más  acompañamiento  de  gente 
que  pudiese,  sin  dar  á  sentir  que  era  por  su  orden,  sino  por  cu- 
riosidad de  ver  aquella  grandeza;  y  que  él  estaría  en  un  mira- 
dor desde  donde  la  vería,  y  mandaría  llevar  á  palacio,  en  donde 
después  se  celebrarían  las  bodas,  y  ella  sería  jurada  y  recibida 
por  reina  y  señora  de  Tetzcuco:  lo  cual  se  puso  por  efecto,  y 
el  día  citado  fué  esta  señora  con  todos  los  caballeros  de  Te- 
pechpan,  acompañada  de  todas  sus  amas,  criadas  y  de  otras 
señoras,  y  el  rey  estando  en  un  mirador  con  todos  sus  grandes 
como  admirando  ver  tan  grande  acompañamiento  de  gente,  y 
tantas  mujeres  en  parte  donde  pocas  veces  parecían,  preguntó 
muy  al  disimulo  á  sus  grandes  ¿quien  era  aquella  señora?:  di- 
jeron que  era  Azcalxochitzin  su  prima  que  venía  á  ver  aque- 
lla peña  que  se  había  traído  en  dónde  se  había  de  poner.  El 
rey,  oído  esto,  dijo  que  no  era  razón  que  su  prima  siendo  tan 
niña  anduviese  en  semejante  lugar,  y  que  así  la  llevasen  á  pa- 
lacio en  donde  estaría  mejor.  Llevada  que  fué,  pasados  algu- 
nos días  y  habiendo  comunicado  el  rey  á  sus  grandes  como 
sería  bien  casarse  con  ella,  pues  era  doncella  y  de  tan  alto  li- 
naje, á  los  grandes  les  pareció  muy  bien,  y  así  se  celebraron 
las  bodas  con  mucha  solemnidad  y  regocijos  y  fiestas,  hallán- 
dose en  ellas  los  reyes  Motecuhzomatzin  y  Totoquihuatzin  y 
otros  muchos  señores,  y  fué  jurada  y  recibida  por  reina  y  se- 
ñora de  los  aculhuas  chichimecas.  Con  la  astucia  referida  hu- 
bo esta  señora  Nezahualcoyotzin,  sin  que  jamás  supiesen  con 
cercioridad  si  la  muerte  de  Quaquauhtzin  fuese  de  intento  ó  ca- 
so fortuito  que  le  sucediese:  aunque  los  autores  que  alcanza- 
ron este  secreto,  y  fueron  su  hijo  y  nietos,  le  condenan  por  la 
cosa  más  mal  hecha  que  hizo  en  toda  su  vida,  y  no  le  hallan 
otra  más  de  ésta,  digna  de  ser  tenida  por  mala  y  abominada, 
aunque  el  celo  y  amor  le  cegó. 


CAPITULO  XLIV 


De  los  hijos  que  tuvo  Nczahuaicoyotzin^  y  otras  cosas  acaecidas  en  este  discurso  de  tiem, 
po  hasta  la  muerte  del  principe  Tetzauhpützintli, 


Las  bodas  y  casamiento  del  rey  Nezahualcoyotzin  sucedie- 
ron antes  de  la  calamidad,  hambre  y  pestes  que  atrás  se  han 
referido,  y  así  parece  que  Dios  fué  servido  de  castigarle  por  la 
muerte  injusta  que  dio  á  Quaquauhtzin.  Aquel  tuvo  en  dicha 
señora  dos  hijos  varones,  aunque  no  nacieron  uno  tras  de  otro, 
sino  que  pasaron  muchos  años  de  pormedio  después  del  na- 
cimiento del  primero,  que  fué  el  príncipe  Tetzauhpintzintli,  ^  el 
cual  salió  muy  agraciado  y  con  todos  los  dotes  de  naturaleza 
que  podía  dar  á  un  esclarecido  príncipe,  porque  tenía  muy  buen 
natural,  y  con  poco  trabajo  de  sus  ayos  y  maestros  salió  con- 
sumado en  todo,  porque  era  lindo  filósofo,  poeta  y  muy  exce- 
lente soldado,  y  aun  en  las  artes  mecánicas  era  casi  en  todas 
ellas  muy  aventajado:  lo  que  más  á  su  natural  inclinaba  era  la 
milicia  y  edificar  palacios,  como  los  edificó  en  la  parte  que  se 
dice  Ahuehuetitlan,  porque  halló  en  aquel  puesto  una  sabina 
que  se  aficionó  de  edificar  á  la  redonda  de  ella,  de  donde  to- 
mó el  nombre  de  sus  palacios;  y  estando  en  estos  entreteni- 
mientos, un  infante  hijo  natural  de  su  padre  labró  una  piedra 

1  En  las  Relaciones  le  llama  el  autor  TezauhpiltzintU,  que  quiere  decir  ni- 
ño prodigioso. 


220  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

preciosa  en  figura  de  uua  ave,  tan  al  natural  que  parecía  estar 
viva,  y  por  ser  tan  linda  esta  joya  se  la  quiso  presentar  al  rey 
su  padre,  el  cual  holgándose  de  verla  quiso  dársela  á  su  hijo 
el  príncipe,  porque  le  quería  y  amaba  infinito,  y  enviándosela 
con  otro  infante,  asimismo  hijo  natural  del  rey,  llamado  Eya- 
hue  se  la  dio  y  le  dijo,  que  la  había  labrado  el  infante  Huetzin 
su  hermano,  y  el  príncipe  envió  á  agradecer  al  rey  su  padre  la 
merced  que  le  hacía,  y  se  holgaba  que  su  hermano  fuese  tan 
buen  artífice,  y  que  se  holgara  mucho  más  que  se  inclinara  á 
la  milicia,  con  que  fuera  mucho  más  estimado  y  su  alteza  fue- 
ra más 'bien  servido.  Al  tiempo  que  fué  á  dar  la  respuesta  del 
príncipe,  mudó  las  palabras  este  infante  por  consejo  de  su  ma- 
dre, (que  era  una  de  las  concubinas  que  el  rey  tenía,  y  que 
privaba  [mucho  ella  sola  con  él  pretendiendo  que  no  hu- 
biese hijo  legítimo  en  la  reina,  porque  sus  hijos  entrasen  en 
la  sucesión  del  reino  después  de  los  días  del  rey,  por  parecer- 
le  á  ella  que  se  anteponía  en  calidad  y  privanza  con  el  rey  á 
todas  las  demás  concubinas  que  tenía);  y  así  este  infante  le  di- 
jo al  rey,  que  había  ido  á  ver  al  príncipe,  y  que  le  había  dado 
muy  mala  respuesta  y  sospechosa  de  quererse  alzar  con  el 
reino,  porque  había  respondido  que  él  no  se  preciaba  de  los 
oficios  mecánicos  en  que  se  ocupaba  el  infante  que  había  la- 
brado la  joya,  sino  de  la  milicia  en  la  cual  entendía  subir  y 
sujetar  al  mundo,  y  si  fuera  posible,  venir  á  ser  y  mandar  más 
que  su  padre;  y  que  cuando  le  dijo  estas  razones,  le  mostró 
un  almacén  de  todas  armas,  como  podía  su  alteza  enviar  á  ver- 
las; (que  con  esta  ocasión  pudo  el  infante  confirmar  el  testimo 
nio  que  con  orden  y  consejo  de  su  madre  levantaba  al  prín- 
cipe su  hermano,  el  cual,  como  era  tan  aficionado  á  las  armas, 
tenía  sus  cuartos  muy  adornados  de  todos  géneros  de  armas  y 
divisas  pertenecientes  á  la  guerra  y  ejercicio  militar);  y  en- 
viando el  rey  su  padre  á  un  caballero  de  los  de  su  recámara  á 
que  viese  si  el  príncipe  tenía  alguna  prevención  de  armas,  le 
vino  á  decir  cómo  los  cuartos  y  casas  que  labraba  estaban 
adornados  con  ellas;  y  pareciéndole  ser  verdad  lo  que  se  le 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  221 

acumulaba,  quiso  atajarle  los  pasos,  y  que  los  reyes  de  Méxi- 
co Motecuhzomatzin  y  Totoquihuatzin  de  Tlacopan,  á  quienes 
competía  el  castigo,  le  reprendiesen  y  castigasen;  para  lo  cual 
les  envió  á  pedir  se  viniesen  á  la  ciudad  de  Tetzcuco,  y  veni- 
dos que  fueron  les  dio  parte  de  todo  lo  que  había  oído  decir 
del  principo  su  hijo,  y  que  les  rogaba  le  reprendiesen  y  casti- 
gasen que  como  mancebo  y  muchacho  de  poco  entender  y  sa- 
ber se  hubiese  desvanecido,  y  que  mientras  se  le  hacía  la  re- 
prensión él  no  se  quería  hallar  presente,  sino  que  se  iba  en  el 
Ínter  al  bosque  de  Tetzcotzinco;  y  que  en  todo  y  por  todo 
les  encargaba  el  cumplimiento  de  las  leyes,  pues  no  era  justo 
que  por  su  respeto  se  quebrantasen.  Ido  que  fué  al  bosque, 
los  reyes  Motecuhzomatzin  y  Totoquihuatzin,  haciendo  la  pes- 
quisa muy  secreta  y  la  información  del  caso  con  las  personas 
que  le  habían  levantado  el  testimonio,  sin  recibirle  descargo  y 
notificarle  lo  que  se  le  acumulaba,  fueron  á  sus  palacios,  y  co- 
mo que  le  iban  á  visitar  y  ver  la  casa  que  edificaba,  ciertos  ca- 
pitanes que  iban  en  su  compañía,  so  color  de  que  le  echaban 
al  cuello  un  collar  de  flores,  le  dieron  garrote  y  lo  mataron.  ^ 
Muerto  que  fué,  y  puesto  en  una  sala  amortajado  con  todas  las 
insignias  que  acostumbraban  ponerse  los  príncipes  y  los  reyes, 

1  En  las  crónicas  mexicanas  no  se  habla  de  la  intervención  de  los  señores 
de  México  en  este  suceso.  Pomar  lo  relata  de  la  siguiente  manera  (pág.  31): 
"Había  de  estos  (jueces  tetecuhtin),  seis  de  sangre  real  y  otros  tantos  de  los 
plebej'os,  personas  de  mucha  prueba  y  larga  experiencia.  No  llevaban  paga  ni 
presente  de  las  partes,  ni  se  les  permitía.  Vivían  tan  justos  y  tan  recatados  en 
hacer  justicia  que  se  averiguó  que  en  tiempo  de  Nezahualcoyotzin  y  su  hijo 
Nezahualpitzintli,  jamás  hicieron  cosa  por  que  fuesen  castigados  ni  depuestos 
de  sus  oficios.  Procedían  contra  todo  género  de  hombres,  aunque  fuesen  con- 
tra los  hijos  de  los  reyes,  los  cuales  castigaban  con  mayor  aspereza  y  severi- 
dad que  á  los  demás  de  la  gente  común,  por  ejemplallos:  tanto,  que  á  un  hijo 
de  Nezahualcoyotzin,  muy  valiente  y  valeroso,  que  fué  acusado  del  pecado 
nefando,  lo  sentenciaron  á  muerte,  confirmándolo  su  padre,  y  ejecutando  él  la 
sentencia;  y  otro  que  era  legítimo  heredero  de  Nezahualcoyotzin,  llamado 
Tetzauhpiltzintli,  que  fué  acusado  de  crimen  legis  contra  Nezahualcoyotzin, 
su  padre,  fué  por  estos  del  Consejo  sentenciado  á  muerte,  y  ejecutada  en  él  la 
sentencia.'' 


222     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

se  despidieron  de  los  que  pudieron  ver,  y  se  embarcaron  lue- 
go por  la  vía  de  sus  ciudades,  dejando  dicho  que  dijeran  al 
rey  Nezahualcoyotzin  que  habían  hecho  lo  que  debían,  y  con- 
forme las  leyes  disponían;  y  cuando  le  llegó  la  nueva  al  bos- 
que y  supo  la  muerte  del  príncipe,  á  quien  quería  y  amaba 
notablemente,  comenzó  á  llorar  amargamente  su  desdicha, 
quejándose  de  la  inclemencia  de  los  dos  reyes,  y  pesándole 
infinito  de  haberles  remitido  el  caso,  aunque  por  otra  parte  le 
parecía  que  debió  de  convenir,  pues  á  los  que  sentenciaron  les 
venía  tanta  parte  como  á  él,  pues  por  lo  menos  eran  sus  tíos. 
Estuvo  muchos  días  en  este  bosque  triste  y  afligido,  lamentan- 
do sus  desdichas,  porque  no  tenía  otro  hijo  legítimo  que  pu- 
diese heredar  el  reino,  aunque  tenía  en  sus  concubinas  sesenta 
hijos  varones  y  cincuenta  y  siete  hijas:  los  varones,  los  más 
de  ellos,  salieron  famosísimos  capitanes  que  le  ayudaron  mu- 
cho en  las  entradas  y  conquistas  referidas,  y  lances  que  des- 
pués se  ofrecieron.  Las  hijas  las  casó  con  señores,  así  de  los 
de  su  corte  y  reino,  como  con  los  de  las  otras  dos  de  México 
y  Tlacopan;  y  á  los  unos  y  á  los  otros  dio  cantidad  de  tierras, 
pueblos  y  lugares,  de  donde  tenían  rentas,  y  eran  servidos  y 
tenidos  en  mucho. 


CAPITULO  XLV 


Que  trata  de  cómo  se  ganó  la  provincia  de  Choleo  por  medio  del  infante  AxoquenUln^ 
y  nacimiento  del  principe  NezahualpUli, 


Viéndose  Nezahualcoyotzin  tan  contrastado  de  la  fortu- 
na, que  por  una  parte  estaba  sin  sucesor  de  su  reino,  y  por  otra 
que  á  sus  barbas  y  á  la  puerta  de  su  casa  estuviesen  tan  des- 
comedidos y  desvergonzados  los  de  la  provincia  de  Chalco,  á 
quien  la  otra  vez  había  sojuzgado,  que  cuando  toda  la  tierra 
estaba  sujeta  á  su  voluntad  y  mando,  estos  hubiesen  llegado  á 
tanto  atrevimiento  que  le  hubiesen  muerto  dos  hijos  suyos  y 
otros  dos  infantes  del  reino  de  México  hijos  de  Axayacatzin, 
que  á  la  sazón  era  capitán  y  sumo  sacerdote  del  templo  de 
México;  y  lo  peor,  que  les  sirviesen  de  candeleros  sus  cuerpos 
en  una  sala  donde  de  noche  hacían  sus  saraos  y  convites,  y 
los  corazones  de  ellos  con  otros  de  los  más  famosos  capitanes 
y  gente  ilustre  que  habían  muerto  en  el  discurso  de  esta  gue- 
rra, le  sirviesen  de  collar  y  joyas  á  Toteotzintecuhtli  su  señor, 
que  los  tenía  engastados  en  oro  por  modo  de  soberbia  y  vana 
presunción;  y  lo  que  más  le  acabó  de  irritar  y  atravesar  el  co- 
razón fué,  que  una  mujer  natural  de  la  ciudad  de  Tetzcuco, 
que  había  sido  cautiva  de  los  chalcas  y  servía  en  palacio,  una 
noche  cogió  los  cuerpos  de  los  infantes,  que  los  tenían  secos 
y  embalsamados,  compadecida  y  lastimada  de  esta  crueldad  y 
espectáculo,  y  se  los  llevó  al  rey  Nezahualcoyotzin,  librando- 


224  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

los  aunque  muertos  del  poder  de  sus  enemigos:  todas  estas 
cosas  y  las  atrás  referidas  movieron  al  rey  á  buscar  el  reme- 
dio conveniente,  y  este  no  podía  venir  por  mano  de  los  hom- 
bres; y  así  juntando  á  los  más  doctos  de  su  reino  le  dijeron  y 
aconsejaron  que  convenía  hacer  muy  grandes  y  solemnes  sa- 
crificios á  sus  dioses,  para  que  aplacasen  su  ira  y  le  diesen 
victoria  contra  sus  enemigos  y  heredero  de  su  reino  y  señorío: 
el  cual,  aunque  siempre  era  enemigo  de  este  modo  de  servir 
y  granjear  á  los  dioses  de  los  culhuas  mexicanos,  hubo  de  ha- 
cerles muy  grandes  y  solemnes  sacrificios,  y  admitir  su  ado- 
ración, que  hasta  entonces  no  lo  había  hecho,  ni  admitido  ha- 
cerles templos  ningunos,  y  así  en  esta  ocasión  dentro  de  sus 
casas  comenzaron  á  edificar  los  templos  de  los  dioses  mexica- 
nos, como  queda  atrás  referido.  ^  Fueron  de  tan  poco  efecto  es- 
tos sacrificios,  víctimas  y  servicios  que  hizo  á  los  falsos  dioses, 
como  piedras  y  palos  mudos  que  no  tenían  poder  ninguno, 
que  no  tan  solamente  no  alcanzó  lo  que  les  pedía,  sino  que 
aún  iban  sus  cosas  de  mal  en  peor,  y  así  echó  de  ver  que  su  opi- 
nión no  era  falsa,  y  que  aquellos  ídolos  eran  algunos  demo- 
nios enemigos  de  la  vida  humana,  pues  no  se  hartaban  de  que 
les  sacrificasen  tanta  suma  de  hombres;  y  así  salió  de  la  ciu- 

1  Pomar  hace  una  relación  del  Templo  Mayor  tan  igual  á  la  de  IxÜilxo- 
chitl,  que  casi  usa  de  las  mismas  palabras;  lo  que  hace  suponer  que  éste  la  to- 
mó de  aquél.  Pero  agrega,  hablando  del  Templo  de  Tezcatlipoca:  "Hallóse  que 
Nezahualcoyotzin  fué  el  primero  que  recogió  á  este  ídolo  de  diversas  partes 
de  todos  los  barrios  de  esta  ciudad  en  donde  estaban  derramados  en  muy  pe- 
queños cues  y  templos,  y  les  hizo  el  grande  que  se  ha  hecho  relación  y  otros 
muchos,  dentro  de  un  cercado  muy  grande:"  Y  adelante  hablando  de  Tlaloc, 
agrega:  "Dicen  que  Nezahualcoyotzin  por  reverencia  de  este  ídolo  hizo  el 
otro  de  que  se  ha  tratado,  poniéndolo  en  el  cu  y  templo  principal  de  esta  ciu- 
dad, en  compañía  de  Huitzilupuchtli,  y  que  Nezahualpiltzintli,  su  sucesor, 
por  mejorar  al  ídolo  de  piedra  que  estaba  en  el  monte,  mandó  hacer  otro  ma- 
yor, de  piedra  negra  y  más  dura  y  pesada,  de  la  grandeza  y  estatura  de  un 
cuerpo  humano,  y  quitar  el  antiguo  y  poner  otro  en  su  lugar."  Esto  y  la  re- 
lación qne  hace  después  de  los  sacriñcios  humanos  que  en  Tetzcuco  se  acos- 
tumbraban, hace  comprender  que  aunque  Nezahualcoyotl  fuera  un  hombre 
superior,  no  dejó  por  eso  de  ser  idólatra  como  sus  contemporáneos. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  225 

dad  de  Tetzcuco  y  se  fué  á  su  bosque  de  Tetzcotzinco,  en  don- 
de ayunó  cuarenta  días,  haciendo  oraciones  al  Dios  no  conoci- 
do, criador  de  todas  las  cosas  y  principio  de  todas  ellas,  á  quién 
compuso  en  su  alabanza  sesenta  y  tantos  cantos  que  el  día  de 
hoy  se  guardan,  de  mucha  moralidad  y  sentencias,  y  con  muy 
sublimes  nombres  y  renombres  propios  á  él:  hacía  esta  oración 
cuatro  veces  en  cada  día  natural,  que  era  al  salir  el  sol,  al  me- 
diodía, al  ponerse  y  ala  media  noche,  ofreciendo  sahumerio  de 
mirra  y  copal,  y  otros  sahumerios  aromáticos;  al  cabo  de  los 
cuales,  una  noche  como  á  la  mitad  de  ella,  Iztapalotzin,  uno 
de  los  caballeros  de  su  recámara,  oyó  una  voz  que  le  llamaba 
por  su  nombre  de  la  parte  de  afuera,  y  saliendo  á  ver  quien 
era,  vido  á  un  mancebo  de  agradable  aspecto  y  el  lugar  en 
donde  estaba  claro  y  refulgente,  que  le  dijo  que  no  temiese, 
que  entrase  y  dijese  al  rey  su  señor  que  el  día  siguiente  antes 
del  mediodía  su  hijo  el  infante  Axoquentzin  ganaría  la  batalla 
de  los  chalcas,  y  que  la  reina  su  mujer  pariría  un  hijo  que  le 
sucedería  en  el  reino,  muy  sabio  y  suficiente  para  el  gobierno 
de  él:  desapareciéndose  esta  visión,  se  entró  á  donde  el  rey 
dormía,  y  lo  halló  que  estaba  en  oración  y  sacrificio  de  incien- 
so y  perfumes,  mirando  hacia  donde  nace  el  sol,  al  cual  le  di- 
jo lo  que  había  visto  y  oído  que  le  dijese:  el  rey  llamó  á  los  de 
su  guardia,  y  mandó  que  á  Iztapalotzin  le  pusiesen  en  una 
jaula  para  castigarlo,  pareciéndole  que  eran  embelecos  y  fic- 
ciones suyas.  Aquella  madrugada  Axoquentzin,  mancebo  que 
sería  de  hasta  diez  y  ocho  años,  se  fué  con  otros  mancebos 
amigos  suyos  al  campo  de  Chalco,  codicioso  y  deseoso  de  ver 
á  sus  hermanos  los  infantes  Ichautlatoatzin,  Acapioltzin  y  Xo- 
chiquetzaltzin,  que  había  mucho  tiempo  que  estaban  por  cau- 
dillos del  ejército  que  tenía  el  rey  en  estas  fronteras  y  campo 
contra  los  chalcas;  ^  el  cual  llegó  al  tiempo  y  cuando  se  senta- 
ban á  almorzar  para  luego  dar  la  batalla  á  sus  enemigos,  que 

1  Véase  en  el  tomo  1?  la  relación  de  estos  sucesos,  en  el  primer  fragmen- 
to intitulado  Guerra  de  Chalco,  etc. 

Tomo  11-16 


226  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

la  misma  ocupación  tenían  en  esta  ocasión.  Los  infantes  esta- 
ban almorzando  todos  tres  sobre  una  gran  rodela,  y  Acapiol- 
tzin  que  fué  el  primero  que  conoció  á  su  hermano  se  holgó 
mucho  de  verle,  y  preguntándole  de  su  venida,  lo  llamó  y  sen- 
tó á  su  lado  para  que  comiese  con  ellos.  Ichautlatoatzin  se  in- 
dignó de  esto  diciendo,  que  aquel  puesto  no  era  para  que  co- 
miese en  él  un  muchacho  rapaz  sin  haberse  hallado  en  guerra 
ninguna,  que  aun  de  mochilero  no  podía  servir,  y  que  mejor 
estuviera  en  las  faldas  de  las  mujeres  y  amas  que  lo  habían 
criado,  diciéndole  otras  palabras  sacudidas,  y  rempujándole 
del  lugar  en  donde  el  hermano  lo  tenía.  El  mancebo  corrido  y 
afrentado  de  las  cosas  que  su  hermano  le  había  dicho,  se  fué 
á  una  tienda  de  armas  que  allí  cerca  vido,  y  entrándose  dentro 
se  armó,  y  luego  se  fué  al  campo  de  los  enemigos,  y  entrán- 
dose en  él  desesperadamente,  (queriendo  más  aina  ser  muer- 
to y  hecho  pedazos  de  sus  enemigos,  que  vivir  afrentado  y 
menospreciado  de  su  hermano)  se  dio  tan  buena  maña  y  tanta 
prisa  que  en  dos  saltos  entró  dentro  de  la  tienda  en  donde  es- 
taba Toteotzintecuhtli  señor  y  caudillo  principal  del  ejército  de 
los  chalcas,  que  aunque  era  ya  muy  viejo  y  ciego  gobernaba 
el  campo  valerosamente  por  medio  de  dos  famosos  capitanes 
que  tenía  llamados  ^  y  embistiendo  con 

él  le  asió  de  los  cabellos  con  la  una  mano,  y  con  la  otra  se 
fué  defendiendo  de  sus  enemigos,  y  fué  tan  de  repente,  que 
cuando  quisieron  defenderse  y  libertar  á  su  señor  ya  los  tetz- 
cucanos  tenían  ganado  lo  demás  del  ejército,  que  por  librar  á 
este  infante  habían  ido  en  su  seguimiento  los  más  valerosos 
capitanes  que  allí  estaban,  con  lo  cual  muy  á  su  salvo  pudo 
cautivar  á  este  señor,  herir  y  matar  á  los  contrarios  que  se  le 
ponían  por  delante.  Cuando  acordaron  sus  hermanos  ya  se 
cantaba  la  gloria  del  triunfo  y  vencimento  de  su  hermano  Axo- 
quentzin,  y  haciendo  ellos  por  su  parte,  fueron  prosiguiendo 

1  En  el  manuscrito  están  en  blanco  los  nombres,  y  tampoco  están  en  la  ci- 
tada rul ación  de  la  Guerra  de  Chalco. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  DCTULXOCHITL.         227 

la  victoria  hasta  ganar  y  sujetar  á  todos  los  chalcas,  con  que 
quedó  sujeta  su  provincia;  y  al  tiempo  que  esta  hazaña  hizo 
Axoquentzin  despacharon  por  la  posta  á  dar  aviso  al  rey  su 
padre,  con  lo  cual  se  holgó  infinito,  y  fué  libre  Iztapalotzin  de 
la  jaula  y  prisión  en  que  estaba,  y  luego  se  hicieron  muy  gran- 
des y  solemnes  fiestas,  y  de  allí  á  pocos  días  parió  la  reina  un 
hijo  que  se  llamó  Nezahualpiltzintli,  que  significa  príncipe  ayu- 
nado y  deseado.  En  recompensa  de  tan  grandes  mercedes  que 
había  el  rey  recibido  del  Dios  incógnito  y  criador  de  todas  las 
cosas,  le  edificó  un  templo  muy  suntuoso,  fi-ontero  y  opuesto 
al  templo  mayor  de  Huitzilopochtli,  el  cual  demás  de  tener 
cuatro  descansos  el  cu  y  fundamento  de  una  torre  altísima, 
estaba  edificada  sobre  él  con  nueve  sobrados,  que  significaban 
nueve  cielos;  el  décimo  que  servía  de  remate  de  los  otros  nue- 
ve sobrados,  era  por  la  parte  de  afuera  matizado  de  negro  y 
estrellado,  y  por  la  parte  interior  estaba  todo  engastado  en  oro, 
pedrería  y  plumas  preciosas,  colocándolo  ^  al  Dios  referido  y  no 
conocido  ni  visto  hasta  entonces,  sin  ninguna  estatua  ni  for- 
mar su  figura.  2  El  chapitel  referido  casi  remataba  en  tres  pun- 

1  Parece  que  debe  decir  dedicándolo. 

2  Pomar  nos  da  exactamente  la  idea  que  los  tetzcucanos  tenían  del  Tloque 
Nahuaque,  que  Ixtlilxochitl  pretende  presentarnos  semejante  á  la  del  Dios 
cristiano.  En  la  página  24  de  su  Belación  dice:  *'Lo  que  sentían  algunos 
principales  de  sus  ídolos  y  dioses  es  que  sin  embargo  de  que  los  adoraban  y 
hacían  los  sacrificios  que  se  han  dicho,  todavía  dudaron  de  que  realmente  fue- 
sen dioses,  sino  que  era  engaño  creer  que  unos  bultos  de  palo  y  de  piedra  he- 
chos por  manos  de  hombres  ñiesen  dioses,  especialmente  Nezahualcoyotzin, 
que  es  el  que  más  vaciló  buscando  de  donde  tomar  lumbre  para  certificarse 
del  verdadero  Dios  y  criador  de  todas  las  cosas;  y  como  Dios  Nuestro  Señor 
por  su  secreto  juicio  no  fué  servido  de  alumbrarle,  tornaba  á  lo  que  sus  padres 
adoraron,  y  de  eso  dan  testimcnio  muchos  cantos  antiguos  que  hoy  se  saben  á 
pedazos,  porque  en  ellos  hay  muchos  nombres  y  epítetos  honrosos  de  Dios,  co- 
mo es  el  decir  que  había  uno  solo  y  que  este  era  el  Hacedor  del  cielo  y  de  la 
tierra,  y  sustentaba  todo  lo  hecho  y  criado  por  él,  y  que  estaba  donde  no  te- 
nía segundo,  y  en  un  lugar  después  de  nueve  andanas,  y  que  no  se  había  vis- 
to jamás  en  forma  ni  en  cuerpo  humano,  ni  en  otra  figura,  y  que  al  lugar  don- 
de estaba  iban  á  parar  las  almas  de  los  virtuosos  después  de  muertos,  y  que 


228     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

tas,  y  en  el  noveno  sobrado  estaba  un  instrumento  que  llama- 
ban chililitli,  de  donde  tomó  el  nombre  este  templo  y  torre;  y  en 
él  asimismo  otros  instrumentos  musicales,  como  eran  las  cor- 
netas, flautas,  caracoles  y  un  artezón  de  metal  que  llamaban 
tetzilacatl  que  servía  de  campana,  que  con  un  martillo  asimis- 
mo de  metal  le  tañían,  y  tenía  casi  el  mismo  tañido  de  una 
campana;  y  uno  á  manera  de  atambor  que  es  el  instrumento 
con  que  hacen  las  danzas,  muy  grande;  éste,  los  demás,  y  en 
especial  el  llamado  chililitli  se  tocaban  cuatro  veces  cada  día 
natural,  que  era  á  las  horas  que  atrás  queda  referido  que  el 
rey  oraba. 

las  de  los  malos  iban  á  otro  lugar  de  penas  y  trabajos  horribles;  y  jamás  aun- 
que tenían  muchos  ídolos  que  representaban  diferentes  dioses,  nunca  cuando 
se  ofrecía  á  tratar  los  nombraban  á  todos  en  general  ni  en  particular  á  cada 
uno,  sino  que  decían  en  su  lengua  in  Tloque  in  Nahuaque^  que  quiere  decir  el 
Señor  del  cielo  y  de  la  tierra." 

Pues  aun  en  estas  apreciaciones,  diversas  déla  Ixtlilxochitl,  incurre  Pomar 
en  error,  pues  los  indios  no  creían,  ni  en  la  inmortalidad  eterna  del  alma,  ni 
en  el  libre  albedrío.  Véase  esta  materia  extensamennte  en  mi  Historia  Anti- 
gua de  México. 


CAPITULO  XLVI 


<¿ue  trata  de  la  muerte  del  rey  Motecuhzomaixin  de  México^  y  elección  de  Axayaech 
tzin;  y  de  algunos  dichos^  hechos  y  aentendaa  admirables  del  rey  Nezahualoo- 
yotzin. 


El  príncipe  Nezahualpiltzintli  nació  en  el  día  que  llamaron 
matlactliome  Coatí,  que  era  el  octavo  día  do  su  quinceno  mes 
llamado  Atemoztli  y  en  su  año  llamado  matlactlionce  Tecpatl, 
que  conforme  á  nuestra  cuenta  fué  á  primero  de  Enero  del 
año  de  mil  cuatrocientos  sesenta  y  cinco  ^  de  la  Encarnación  de 
Cristo  Nuestro  Señor,  y  este  mismo  año  (que  fué  el  siguiente 
de  los  naturales  que  llaman  matlactliomome  Cali  i)  comenzaron 
los  chalcas  á  edificar  salas  y  aposentos  de  increíble  grandeza 
en  las  casas  y  palacios  del  rey,  en  las  demás  de  los  señores  y 
caballeros  de  su  reino  y  en  las  de  los  otros  dos  reyes  y  cabe- 
zas del  imperio,  por  castigo  de  su  obstinación  y  rebeldía,  tra- 
yendo de  su  provincia  madera,  piedras  y  los  demás  materiales 
para  los  edificios  referidos,  con  tan  grave  y  excesivo  trabago 

1  En  el  mapa  Quinatzin,  junto  á  la  figura  de  NezahualpilH,  hay  una  le- 
yenda luezicana  que  dice:  Hace  setenta  y  ocho  años  que  nació  Nezahualpilli. 
Como  este  jeroglifico  se  pintó  en  1542,  ó  á  lo  menos  entonces  se  le  pusieron 
las  leyendas,  deduciendo  esos  78  años,  resulta  el  nacimiento  de  Nezahualpilli 
en  1464.  En  efecto  el  año  11  Tecpatl  citado  por  el  autor,  corresponde  en  las 
tablas  al  1464;  pero  como  los  años  mcxicas  comenzaban  el  1?  de  Marzo  y  con- 
cluían el  último  de  Febrero,  y  aquí  se  trata  de  una  fecha  correspondiente  al 
1?  de  Enero,  con  mucha  razón  dice  Ixtilxochitl  que  fué  ol  año  1465. 


230  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

suyo  que  más  no  podía  ser  en  el  mundo,  y  como  con  las  gue- 
rras pasadas  que  ellos  habían  tenido  tantos  años,  se  había 
muerto  la  mayor  parte  de  los  varones,  eran  aún  hasta  las  mu- 
jeres compelidas  á  este  trabajo.  El  rey  Nezahualcoyotzin  acer- 
tó á  ver  esta  calamidad  que  padecían  los  chalcas  y  lo  peor  de 
todo  que  perecían  de  hambre,  el  cual  confundido  y  lastimado 
de  ver  esto  mandó  que  hiciesen  unas  muy  grandes  casas  paji- 
zas que  llaman  jacales,  y  que  en  ellos  sus  mayordomos  tuvie- 
sen grandísima  máquina  de  comida  para  los  chalcas  que  an- 
daban ocupados  en  los  edificios  referidos.  Demás  de  que  ellos 
recibieron  este  gran  refugio,  fué  parte  para  poder  sobrellevar 
la  hambre  que  corría  en  aquellos  tiempos  en  su  provincia;  con 
que  de  su  voluntad  venían  bandadas  de  ellos  á  la  obra  que 
hacían,  viendo  que  con  esto  mitigaban  la  hambre  que  tenían; 
habiéndose  ocupado  los  chalcas  casi  en  esto  cuatro  años  su- 
cesivos. El  siguiente  de  mil  cuatrocientos  sesenta  y  nueve,  ca- 
si á  los  últimos  del  que  llaman  yei  Calli,  murió  el  gran  Motecuh- 
zomatzin  Ilhuicamina  en  su  ciudad  de  México,  y  llegada  la 
nueva  á  Nezahualcoyotzin,  hizo  lo  que  la  vez  pasada,  y  en  su 
lugar  fué  recibido  y  jurado  Axayacatzin  hijo  de  Tezozomoc  hi- 
jo de  Itzcoatl,  y  de  Atotoxtli  hija  legítima  del  difunto  Motecuh- 
zomatzin,  ^  que  no  tuvo  otro  legítimo;  y  así  demás  de  sus  partes, 
calidad  y  virtudes,  vino  á  exceder  á  su  abuelo.   Recibido  que 
fué  y  hechas  las  fiestas  de  su  jura  y  coronación,  se  vino  á  la 
ciudad  de  Tetzcuco,  en  donde  asistió  muchas  veces  mientras 
vivió  el  rey  Nezahualcoyotzin,  el  cual  entre  otras  cosas  que  hi- 
zo dignas  de  su  fama  y  nombre  fué  que  alargó  los  montes,  por 
que  de  antes  tenía  puestos  límites  señalados  hasta  donde  po- 
dían ir  á  traer  maderas  para  sus  edificios  y  leña  para  su  gasto 
ordinario,  y  tenía  puesta  pena  de  la  vida  al  que  se  excedía  de 
los  límites;  y  fué  que  yendo  una  vez  con  uno  de  los  grandes 


1  En  efecto  Moteczuma  Ilhuicamina,  según  los  jeroglíficos  del  Códice  Men- 
docino,  murió  en  el  año  8  Calli  ó  1469.  Tuvo  una  hija  llamada  Atotoztli,  la 
cual  fué  madre  de  los  tres  señores  de  México,  Axayacatl,  Tizoc  y  Ahuizotl. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  231 

de  SU  reino  en  traje  de  cazador  (que  lo  acostumbraba  hacer 
muy  de  ordinario,  saliendo  á  solas  y  disfrazado  para  que  no 
fuese  conocido,  á  reconocer  las  faltas  y  necesidades  que  había 
en  la  república  para  remediarlas),  con  el  mismo  intento  se  fué 
hacia  la  montaña,  y  cerca  de  los  límites  referidos  halló  un  ni- 
ño con  harta  miseria  y  penuria,  juntando  palitos  para  llevar  á 
su  casa:  el  rey  le  dijo  que  ¿porqué  no  entraba  á  la  montaña 
adentro  pues  había  tanta  suma  de  leña  seca  que  poder  llevar? 
respondió  el  niño:  ni  pienso  hacer  tal,  porque  el  rey  me  qui- 
taría la  vida.  Preguntóle  que  ¿quién  era  el  rey?  y  respondió  el 
niño:  un  hombrecillo  miserable,  pues  quita  á  los  hombres  lo  que 
Dios  á  manos  llenas  les  da.  Replicó  el  rey  que  bien  podía  en- 
trar adentro  de  los  límites  que  el  rey  tenía  puestos,  que  nadie 
se  lo  iría  á  decir:  visto  por  el  muchacho,  comenzó  á  enojarse 
y  á  reñirle,  diciéndole  que  era  un  traidor  y  enemigo  de  sus 
padres,  pues  le  aconsejaba  cosa  con  que  pudiese  costarles  la 
vida;  y  dando  la  vuelta  el  rey  para  su  corte  dejó  dada  orden  á 
im  criado  suyo  (que  desde  lejos  les  había  seguido),  cogiese  aquel 
niño  y  á  sus  padres  y  los  llevase  á  palacio;  lo  cual  lo  puso  lue- 
go por  obra,  y  llevándolos  bien  afligidos  y  atemorizados,  no 
sabiendo  á  qué  eran  llamados  á  la  presencia  del  rey,  llegados 
que  fueron,  mandó  á  sus  mayordomos  les  diesen  cierta  canti- 
dad de  fardos  de  mantas  y  mucho  maíz,  cacao  y  otros  dones, 
y  los  despidió,  dando  las  gracias  al  muchacho  por  la  corrección 
que  le  había  dado,  y  el  guardar  las  leyes  que  él  tenía  estable- 
cidas; y  desde  entonces  mandó  que  se  quitasen  los  términos 
señalados,  y  que  todos  entrasen  en  los  montes  y  se  aprove- 
chasen de  las  maderas  y  leñas  que  en  ellos  había,  con  tal  que 
no  cortasen  ningún  árbol  que  estuviese  én  pie,  pena  de  muer- 
te. Otra  vez  estando  en  un  mirador,  que  caía  á  una  de  las 
puertas  de  la  plaza  y  palacios  del  rey,  llegó  á  descansar  al  pie 
de  él  un  leñador  que  venía  fatigado  con  su  carga  de  leña,  y  con 
él  su  mujer,  y  al  tiempo  que  se  recostó  un  poco  sobre  su  car- 
ga, miró  la  magnificencia  de  la  grandeza  de  los  palacios  y  al- 
cázares del  rey,  y  dijo  á  su  mujer:  el  dueño  de  toda  esta  má- 


232  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

quina  estará  harto  y  repleto,  y  nosotros  cansados  y  muertos 
de  hambre.  La  mujer  le  respondió  que  callase  la  boca,  no  le 
oyese  alguno,  y  por  sus  palabras  fuesen  castigados.  El  rey 
llamó  á  un  criado  suyo  á  quien  mandó  fuese  á  traer  aquel  le- 
ñador, que  estaba  descansando  al  pie  del  mirador,  y  se  lo  tra- 
jese á  la  sala  de  su  consejo,  el  cual  lo  hizo  asi  y  el  rey  se  fué 
á  aguardarle  en  la  sala;  y  estando  en  su  presencia  atemoriza- 
dos el  leñador  y  su  mujer,  le  dijo  qué  es  lo  que  había  dicho  y 
murmurado  del  rey,  que  le  dijese  la  verdad,  y  diciéndosela  le 
dijo,  que  otra  vez  no  le  aconteciese  murmurar  y  decir  mal  de 
su  rey  y  señor  natural,  porque  las  paredes  oían;  demás  de  que, 
aunque  á  él  le  parecía  que  estaba  repleto  y  harto,  y  lo  demás 
que  había  dicho,  que  considerase  la  mucha  máquina  y  peso  de 
negocios  que  sobre  él  cargaban,  y  el  cuidado  de  amparar,  de- 
fender y  mantener  en  justicia  á  un  reino  tan  grande  como  era 
el  suyo;  y  llamó  á  un  mayordomo  suyo,  y  mandóle  que  le  die- 
se cierta  cantidad  de  fardos  de  mantas,  cacao  y  otras  cosas,  y 
habiéndoselas  traído  en  presencia  del  rey,  le  dijo  que  con 
aquello  poco  le  bastaba  y  viviría  bienaventurado;  y  él  con  to- 
da la  máquina  que  le  parecía  que  tenía  harto  no  tenía  nada,  y 
así  lo  despidió.  Otro  lance  le  sucedió  con  un  cazador,  y  fué 
que  este  ganaba  su  vida  en  cazar,  y  una  vez,  después  de  haber 
andado  en  montañas  y  quebradas,  volvió  á  su  casa  cansado 
sin  haber  podido  matar  ninguna  caza,  y  para  poderse  susten- 
tar aquel  día,  comenzó  á  andar  tras  de  los  pajaritos  pequeños 
que  por  allí  había  en  los  árboles:  un  mancebo  vecino  suyo  vién- 
dole cuan  afligido  andaba,  y  como  no  podía  tirar  á  aquellos 
pajarillos,  le  dijo  por  modo  de  burla  y  vituperio  que  le  tirase 
al  miembro  viril,  y  qué  quizá  acertaría  mejor;  y  como  el  caza- 
dor estaba  afligido  enarcó  y  apuntó  con  la  flecha,  y  disparán- 
dole le  acertó:  viéndose  herido  con  la  flecha,  comenzó  á  dar 
voces  de  tal  manera  que  alborotó  el  barrio,  y  fué  preso  el  ca- 
zador ly  llevado  á  palacio  con  el  herido  ante  los  jueces,  y  al 
tiempo  que  iban  pasando  por  el  patio  principal  de  palacio,  pre- 
guntó el  rey  que  los  estaba  mirando,  ¿que  qué  era  aquel  mur- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHITL.  233 

mullo?  y  habiéndole  informado,  que  un  herido  que  un  ca- 
zador, que  allí  traían  preso  había  flechado,  lo  mandó  traer 
ante  sí,  y  sabida  la  verdad  del  caso,  mandó  que  el  cazador  cu- 
rase al  herido,  y  si  sanaba  quedase  por  su  esclavo  ó  diese  su 
rescate,  con  que  salió  libre  el  cazador,  el  cual  viendo  la  mag- 
nificencia que  había  usado  con  él  el  rey,  quiso  buscar  modo 
para  que  le  hiciese  mercedes,  y  fué  que  puso  ungalli-pavo  ala 
puerta  de  su  casa  una  noche,  y  en  parte  donde  pudiese  ser  co- 
gido de  algún  coyote,  que  es  un  animal  que  parece  á  los  adi- 
ves,  que  es  un  género  de  lobos,  y  se  puso  en  parte  donde  po- 
der ver  la  presa  cuando  la  hiciese  el  lobo:  el  cual  antes  que 
llegase  la  media  noche,  llegó  al  olor  del  gallo  y  lo  arrebató,  y 
él  se  fué  en  su  seguimiento,  de  tal  manera  que  no  le  dejó  co- 
mer el  gallo  hasta  que  se  fué  á  meter  en  su  cueva  que  la  tenía 
en  lo  interior  de  la  montaña,  en  donde  le  dio  un  flechazo  y  lo 
mató,  y  luego  se  lo  cargó  y  llevó  juntamente  con  el  gallo  á 
palacio,  y  llegó  á  ocasión  que  el  rey  se  estaba  vistiendo  por  ser 
muy  de  mañana,  y  diciendo  á  los  de  la  recámara  que  le  que- 
ría besar  las  manos  y  pedir  justicia,  mandó  el  rey  que  entrase 
á  donde  estaba,  y  llegado  qus  fué  á  su  presencia  le  dijo:  po- 
deroso señor,  á  pedir  vengo  justicia  contra  el  nombre  de  vues- 
tra alteza,  que  esta  noche  me  llevó  este  gallo,  que  juntamente 
con  él  traigo,  que  no  tenía  otra  hacienda;  vuestra  alteza  lo  re- 
medie: el  cual  le  respondió  que  si  su  nombre  lo  había  ofendi- 
do en  matarle  el  gallo  que  traía  muerto,  que  si  lo  trajera  vivo 
lo  castigara,  y  que  otro  día  no  le  aconteciera  semejante  caso, 
porque  en  burlas  sería  castigado,  y  mandó  pagarle  lo  que  po- 
dían valer  diez  gallos,  y  que  aquel  lobo  fuese  desollado,  y  su 
piel  se  pusiese  entre  sus  armas  en  el  almacén.  Era  tan  mise- 
ricordioso este  rey  con  los  pobres,  que  de  ordinario  salía  á  un 
mirador  que  caía  á  la  plaza,  á  ver  la  gente  miserable  que  en 
ella  vendía,  (que  era  de  ordinario  la  que  vendía  sal,  leña  y  le- 
gumbres que  apenas  se  podía  sustentar),  y  viendo  que  no  ven- 
dían, no  quería  sentarse  á  comer,  hasta  tanto  que  sus  mayor- 
domos hubiesen  ido  á  comprarles  todo  cuanto  vendían  á  do- 


234     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHILT. 

blado  precio  de  lo  que  valía,  para  darlo  á  otros,  porque  tenía 
muy  particular  cuidado  de  dar  de  comer  y  vestir  á  los  viejos 
enfermos  lisiados  en  las  guerras,  á  la  viuda  y  al  huérfano,  gas- 
tando en  esto  gran  parte  de  sus  tributos,  que  para  el  efecto 
tenía  señalados  ciertos  señores  y  caballeros  que  estaban  á  sn 
cargo,  porque  nadie  podía  andar  demandando  por  las  calles  ni 
fuera  de  ellas,  pena  de  la  vida. 


CAPITULO  XLVII 

Que  trata  de  algxmoi  pn^fecía»  y  dichos  que  difo  el  rey  Nezahualeoyottin, 


Entre  los  cantos  que  compuso  el  rey  Nezahualcoyotzin,  don- 
de más  á  la  clara  dijo  algunas  sentencias,  como  á  modo  de 
profecías,  que  muy  á  la  clara  en  nuestros  tiempos  se  han  cum- 
plido y  visto,  fueron  los  que  se  intitulan  Xompancuicatl  que 
significa  canto  de  la  primavera,  los  cuales  se  cantaron  en  la 
fiesta  y  convites  del  estreno  de  sus  grandes  palacios,  que  empie- 
za el  uno  así:  Tlacxoconcaquican  hami  Nezahualcoyotzin  etc.,  que 
traducidas  á  nuestro  vulgar  castellano,  conforme  al  propio  y  ver- 
dadero sentido,  quieren  decir:  "oíd  lo  que  dice  el  rey  Nezahual- 
coyotzm  con  sus  lamentaciones  sobre  las  calamidades  y  per- 
secuciones que  han  de  padecer  sus  reinos  y  señoríos.  Ido  que 
seas  de  esta  presente  vida  á  la  otra,  oh  rey  Yoyontzin,  vendrá 
tiempo  que  serán  deshechos  y  destrozados  tus  vasallos,  que- 
dando todas  tus  cosas  en  las  tinieblas  del  olvido:  entonces  de 
verdad,  no  estará  en  tu  mano  el  señorío  y  mando  sino  en  la 
de  Dios.  Y  entró  dijo  ^  entonces  serán  las  aflicciones,  las  mise- 
rias y  persecuciones  que  padecerán  tus  hijos  y  nietos;  y  lloro- 
sos se  acordarán  de  tí,  viendo  que  los  dejastes  huérfanos  en 
servicio  de  otros  extraños  en  su  misma  patria  Acolihuacan; 
porque  en  esto  vienen  á  pai'ar  los  mandos,  imperios  y  seño- 

1  No  86  comprende  lo  que  aquí  quiso  poner  el  autor. 


236  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

ríos,  que  duran  poco  y  son  de  poca  estabilidad.  Lo  de  esta  vi- 
da es  prestado,  que  en  un  instante  lo  hemos  de  dejar  como 
otros  lo  han  dejado;  pues  los  señores  Zihuapantzin,  Acolna- 
huacatzin  y  Quauhtzontezoma,  que  siempre  te  acompañaban, 
ya  no  los  ves  en  estos  breves  gustos."  Y  á  este  modo  dijo  otras 
muchas  cosas  muy  de  notar.  En  el  año  de  mil  cuatrocientos 
sesenta  y  siete  que  llaman  ce  Acatl,  se  acabó  y  fué  el  estreno 
del  templo  mayor  de  la  ciudad  de  Tetzcuco  del  ídolo  Huitzilo- 
pochtli,  y  entonces  dijo:  "en  tal  año  como  este  ^  se  destruirá  es- 
te templo,  que  ahora  se  estrena  ¿quién  se  hallará  presente? 
ási  será  mi  hijo  ó  mi  nieto?  entonces  irá  á  disminución  la  tie- 
rra, y  se  acabarán  los  señores;  de  suerte  que  el  maguey  sien- 
do pequeño  y  sin  sazón,  será  talado;  los  árboles  siendo  peque- 
ños darán  fruto,  y  la  tierra  defectuosa  siempre  irá  á  menos: 
entonces  la  malicia,  deleites  y  sensualidad,  estarán  en  su  pun- 
to, dándose  á  ellos  desde  su  tierna  edad  los  hombres  y  muje- 
res; y  unos  á  otros  se  robarán  las  haciendas.  Sucederán  cosas 
prodigiosas.  Las  aves  hablarán,  y  en  este  tiempo  llegará  el  ár- 
bol de  la  luz,  y  de  la  salud  y  sustento.  Para  librar  á  vuestros 
hyos  de  estos  vicios  y  calamidades,  haced  que  desde  niños  se 
den  á  la  virtud  y  trabajos."  Todas  estas  mudanzas  aquí  conte- 
nidas y  aumentos  de  vicios,  se  han  cumplido  á  la  letra;  porque 
las  que  en  aquellos  tiempos  se  tenían  por  cosas  sobrenatura- 
les y  prodigiosas,  son  en  este  muy  patentes  y  ordinarias,  y  así 
no  causan  admiración;  porque  ¿quién  vería  en  aquel  tiempo, 
que  si  por  desgracia  aparecía  un  borracho,  luego  al  punto,  de- 
más de  ser  afrentado  y  castigado,  le  destechaban  la  casa  y  sa- 
queaban, no  dejándole  vivir  en  poblado,  y  ahora  es  tan  común, 
que  lo  tienen  por  costumbre  cuotidiana?  Las  doncellas  que  te- 

1  Todas  estas  profecías  en  cantares  y  leyendas,  que  aparecen  confirmadas 
con  la  venida  de  los  españoles,  ya  de  Tetzcuco,  de  México  ó  de  la  Península 
Maya,  son  obras  posteriores  á  la  Conquista.  La  verdad  es  que  no  se  conoce 
ningún  cantar  auténtico  de  Nezahualcoyotl;  y  á  pesar  de  la  opinión  de 
Mr  Bringhton,  sigo  creyendo  que  los  existentes,  6  son  modernos  ó  antiguos 
adulterados. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  237 

nían  veinticinco  y  treinta  años,  no  sabían  salir  de  los  rincones 
de  sus  padres,  y  ahora,  aún  no  han  cumplido  doce,  que  ya  no 
sean  dueñas;  y  así  de  lo  demás  se  echará  de  ver  la  diferencia 
que  hay  de  este  tiempo  á  aquel,  y  la  mudanza  tan  grande.  Este 
muy  sabio  rey  mandó  á  todos  los  artífices  que  cada  uno  en  el 
oficio  que  usaba  le  retratase,  porque  andando  el  tiempo  sus 
descendientes  oyendo  sus  hechos  y  hazañas  desearían  verle  y 
conocerle,  el  cual  su  deseo  se  les  cumpliría  en  ver  su  retrato; 
y  así  cada  uno  en  su  facultad  hizo  los  retratos:  los  plateros  hi- 
cieron una  estatua  de  oro  muy  al  natural;  los  lapidarios  otra 
de  pedrería;  los  plumeros  en  un  cuadro  dibujado  de  varias 
plumas  su  retrato  tan  al  natural  que  parecía  estar  vivo.  Otro 
cuadro  hicieron  los  pintores,  lo  mejor  que  pudieron.  Los  es- 
cultores una  estatua  de  la  misma  manera,  y  los  arquitectos  de 
piedra  fueron  á  su  bosque  de  Tetzcotzinco  y  hicieron  aquel 
león  que  atrás  queda  referido,  y  no  retrataron  más  de  tan  sola- 
mente el  rostro;  ^  hasta  los  herreros  ^  hicieron  lo  mismo;  y  por 
su  orden  fueron  presentándole  sus  retratos  que  habían  hecho, 
excepto  el  de  la  peña  que  era  forzoso  el  ir  á  verlo;  y  así  ha- 
biéndolo visto,  sólo  aquel  le  cuadró,  y  todos  los  demás  los  de- 
sechó, diciendo  que  el  oro  y  piedras  preciosas  con  la  codicia  se 
perderían,  y  los  cuadros  con  el  tiempo  se  desharían  y  borra- 
rían, el  barro  se  quebraría,  y  la  madera  se  carcomería;  mas 
que  el  de  la  peña  sólo  permanecería,  y  gozarían  de  él  sus  nie- 
tos y  descendientes. 

1  Ya  no  existe  esta  estatua  en  el  cerro  de  Tetzcutzinco.  Según  noticias,  no 
hace  muchos  años  fué  destruida  con  cohetes,  para  aprovechar  hi  piedra  según 
unop,  y  para  huscar  un  tesoro  según  otros. 

2  Nuestros  antiguos  pueblos  no  conocieron  el  uso  del  fierro. 


CAPITULO  XLVIII 


De  los  hechas  notables  de  AeaientehucUtin, 


Acatentehuatzin  era  hijo  de  Nonoalcatl  y  de  la  infanta  Tox- 
quentzin  y  sobrino  del  rey  Nezahualcoyotzin,  al  cual  por  sus 
hechos  y  dichos  tan  notables,  unos  lo  tenían  por  hombre  de  poco 
seso,  y  otros  por  filósofo  y  sabio,  por  ir  todos  enderezados  al 
verdadero  conocimiento  del  fin  y  paradero  de  todas  las  cosas, 
y  al  amor  y  provecho  del  prójimo;  y  así  tratando  de  ellos,  digo 
que  una  vez  llegó  un  infante  primo  suyo,  hijo  de  Nezahualco- 
yotzin, á  que  le  dijese  ¿qué  le  parecía  de  unos  palacios  que 
acababa  de  edificar,  si  permanecerían,  por  la  fortaleza  de  sus 
edificios?  Le  respondió  que  durarían  lo  que  una  mujer  muy  her- 
mosa que  se  da  á  los  deleites  sensuales,  que  en  breves  días  se 
estraga  y  viene  á  morir  de  bubas;  y  diciéndole  que  ¿porqué 
había  comparádolos  á  la  mujer,  más  ainas  que  á  otra  cosa?  le 
respondió  que  por  haber  edificado  en  mal  sitio,  porque  se  co- 
merían de  salitre  las  paredes.  En  la  sala  principal  de  su  casa 
se  hendió  un  lienzo  de  ella,  y  llamando  á  los  albafiiles  y  obre- 
ros les  preguntó  ¿que  cómo  se  remediaría  aquella  hendidura? 
Le  respondieron,  que  por  ser  demasiada  y  en  donde  estribaba 
la  madera  del  techo,  era  necesario  destecharla  y  hacer  de  nue- 
vo la  pared:  él  respondió  que  eran  remedios  muy  largos  y  los 
días  muy  breves,  y  que  para  lo  que  él  había  de  vivir  lo  reme- 


240  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

diaria  más  breve,  y  despidiéndolos  llamó  á  unos  barrenadores, 
hizo  barrenar  por  un  lado  y  por  otro  lo  que  estaba  hendido 
de  la  pared  que  era  de  adobes,  y  después  le  hizo  coser  unas 
maromas;  de  que  causó  gran  risa  á  todos,  y  por  ello  fué  pre- 
miado de  los  reyes  sus  tíos. 


CAPITULO  XLIX 

Qve  trata  de  la  muerte  de  Nctahualcoyotzin. 


Tenía  setenta  y  un  años  Nezahualcoyolzin  y  había  cerca  de 
cuarenta  y  dos  ^  que  gobernaba  el  imperio  en  compañía  de  los 
reyes  mexicanos  y  tepanecas,  cuando  le  dio  una  enfermedad 
procedida  de  los  muchos  trabajos  que  había  padecido  en  reco- 
brarle, siyetarle  y  ponerle  en  el  mejor  estadoique  antes  ni  des- 
pués tuvo;  (el  cual  tuvo  sesenta  hijos  varones  y  cincuenta  y 
siete  hijas,  aunque  los  legítimos  no  fueron  más  que  dos,  como 
queda  atrás  declarado),  y  estando  cercano  á  la  muerte,  una  ma- 
ñana mandó  traer  al  príncipe  Nezahualpiltzintli,  (que  era  de  la 
edad  de  siete  años  poco  más),  y  tomándole  en  sus  brazos  lo 
cubrió  con  la  vestimenta  real  que  tenía  puesta,  y  mandó  en- 
trar á  los  embajadores  de  los  reyes  de  México  y  Tfacopan  que 
asistían  en  su  corte  y  fuera  de  allí  estaban  aguardando  en  una 
sala  para  darle  los  buenos  días,  y  habiéndoselos  dado  y  salido 
fuera,  descubrió  al  niño  puesto  en  pie,  y  le  mandó  relatase  lo 
que  los  embajadores  le  habían  dicho  y  lo  que  él  les  había  res- 
pondido; y  el  niño  sin  faltar  palabra,  hizo  la^elación  con  mu- 
cha cortesía  y  donaire:  hecho  esto,  habló  con  los  infantes  Ichau- 


1  En  el  mapa  Quinatzin  sobre  la  figura  de  Nezahualcoyotl  se  ve  el  núme- 
ro 42,  y  la  leyenda  mexicana  que  lo  acompaña  dice:  Nezahualcoyotl  reinó> 
cuarenta  y  dos  años. 

Tomo  11-17 


242  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

llatoatzin,  Acapioltzin,  Xochiquetzaltzin  y  Hecahuehuelzin  sus 
hijos  mayores  (que  eran  presidentes  de  los  consejos  y  esta- 
ban allí  con  los  demás  sus  hermanos  y  hermanas),  trayéndoles 
ante  todas  cosas  á  la  memoria  los  trabajos  y  peregrinaciones 
que  padeció  desde  su  niñez  y  muerte  y  persecuciones  de  su 
padre  Ixtlilxochitl,  hasta  alcanzar  y  recobrar  el  imperio  y  go- 
bernarle con  tanto  acuerdo  y  vigilancia  como  á  ellos  les  cons- 
taba; y  que  para  su  perpetuidad  convenía  que  todos  se  quisie- 
sen y  amasen  la  paz  y  concordia,  y  si  alguno  intentase  altera- 
ción y  novedades  de  rebeldía  entre  ellos,  aunque  fuese  el  ma- 
yor y  más  tenido  entre  ellos,  fuese  castigado  con  pena  de 
muerte  sin  dilación  ninguna;  y  luego  les  dijo:  veis  aquí  á  vues- 
tro príncipe  señor  natural,  aunque  niño,  sabio  y  prudente,  el 
cual  os  mantendrá  en  paz  y  justicia,  conservándoos  en  vues- 
tras dignidades  y  señoríos,  á  quien  obedeceréis  como  leales 
vasallos,  sin  exceder  un  punto  de  sus  mandatos  y  de  su  vo- 
luntad; yo  me  hallo  muy  cercano  á  la  muerte,  y  fallecido  que 
sea,  en  lugar  de  tristes  lamentaciones  cantaréis  alegres  cantos, 
mostrando  en  vuestros  ánimos  valor  y  esfuerzo,  para  que  las 
naciones  que  hemos  sujetado  y  puesto  debajo  de  nuestro  im- 
perio, por  mi  muerte  no  hallen  flaqueza  de  ánimo  en  vuestras 
personas,  sino  que  entiendan  que  cualquiera  de  vosotros  es 
solo  bastante  para  tenerlos  sujetos.  Habiendo  dicho  otras  mu- 
chas razones,  y  encargado  al  niño  de  la  manera  que  había  de 
gobernar  y  regir  á  sus  subditos  y  vasallos,  guardando  en  todo 
y  por  todo  las  leyes  que  tenía  establecidas,  habló  con  el  infan- 
te Acapioltzin  y  le  dijo:  desde  hoy  en  adelante  harás  el  oficio 
de  padre  que  yo  tuve  con  el  príncipe  tu  señor  á  quien  doctri- 
narás, para  que  siempre  viva  como  debe,  y  debajo  de  tu  con- 
sejo gobierne  el  imperio,  asistiendo  en  su  lugar  y  puesto,  hasta 
que  por  sí  mismo  pueda  regir  y  gobernar;  y  habiéndole  encar- 
gado otras  cosas  que  en  semejantes  casos  se  requieren,  por  la 
mucha  satisfacción  que  de  Acapioltzin  tenía  de  lealtad,  sagaci- 
dad y  maduro  consejo,  le  dejó  en  este  puesto;  y  con  lágrimas 
de  sus  ojos  se  despidió  de  todos  sus  hyos  y  privados,  man- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  243 

dándoles  salir  de  allí,  y  á  los  porteros  que  no  dejasen  entrar 
persona  alguna.  Dentro  de  pocas  horas  se  le  agravó  la  enfer- 
medad, y  falleció  en  el  año  que  fué  llamado  chiquacen  Tecpatl 
que  fué  en  el  de  mil  cuatrocientos  sesenta  y  dos.  ^  De  esta  ma- 
nera acabó  la  vida  de  Nezahualcoyotzin,  que  fué  el  más  pode- 
roso, valeroso,  sabio  y  venturoso  príncipe  y  capitán  que  ha 
habido  en  este  nuevo  mundo;  porque  contadas  y  consideradas 
bien  las  excelencias,  gracias  y  habilidades,  el  ánimo  invenci- 
ble, el  esfuerzo  incomparable,  las  victorias  y  batallas  que  ven- 
ció y  naciones  que  sojuzgó,  los  avisos  y  ardides  de  que  usó 
para  ello,  su  magnanimidad,  su  clemencia  y  liberalidades,  los 
pensamientos  tan  altos  que  tuvo,  hallaráse  por  cierto  que  en 
ninguna  de  las  dichas,  ni  en  otras  que  se  podían  decir  de  él  le 
ha  hecho  ventaja  capitán,  rey  ni  emperador  alguno  de  los  que 
hubo  en  este  nuevo  mundo;  y  que  él  en  las  más  de  ellas  la  hi- 
zo á  todos,  y  tuvo  menos  flaquezas  que  ningún  otro  de  sus 
mayores;  antes  las  castigó  con  todo  cuidado  y  diligencia,  pro- 
curando siempre  más  el  bien  común  que  el  suyo  particular;  y 
^ra  tan  misericordioso  con  los  pobres,  que  no  se  había  de  sen- 
tar á  comer  hasta  haberlo  remediado,  como  de  ordinario  usa- 
ba con  los  de  la  plaza  y  mercado,  comprándoles  á  doblado 
precio  de  lo  que  podía  valer,  la  miseria  de  lo  que  traían  á  ven- 
der, para  darlo  á  otros;  teniendo  muy  particular  cuidado  de  la 
viuda,  del  huérfano  y  del  viejo  y  demás  imposibilitados;  y  en 
los  años  estériles  abría  sus  trojes  para  dar  y  repartir  á  sus 
subditos  y  vasallos  el  sustento  necesario,  que  para  el  efecto 
siempre  se  guardaba;  y  alzaba  los  pechos  y  derechos  que  te- 
nían obligación  de  tributarle  en  tales  tiempos  sus  vasallos.  Tu- 
vo por  falsos  á  todos  los  dioses  que  adoraban  los  de  esta  tie- 
rra, diciendo  que  no  eran  sino  estatuas  de  demonios  enemigos 
del  género  humano;  porque  fué  muy  sabio  en  las  cosas  mora- 
les y  el  que  más  vaciló,  buscando  de  donde  tomar  lumbre  para 
certificarse  del  verdadero  Dios  y  criador  de  todas  las  cosas,  co- 

1  Esta  fecha  está  equivocada  en  el  manuscrito:  debe  ser  1472. 


244  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

mo  se  ha  visto  en  el  discurso  de  su  historia,  y  dan  testimonio 
sus  cantos  que  compuso  en  razón  de  ésto,  como  es  el  decir, 
que  había  uno  sólo,  y  que  este  era  el  hacedor  del  cielo  y  de  la 
tierra,  y  sustentaba  todo  lo  hecho  y  criado  por  61,  y  que  esta- 
ba donde  no  tenía  segundo  sobre  los  nueve  cielos  que  él  al- 
canzaba: que  jamás  se  había  visto  en  forma  humana  ni  en  otra 
figura,  que  con  él  iban  á  parar  las  almas  de  los  virtuosos  des- 
pués de  muertos,  y  que  las  de  los  malos  iban  á  otro  lugar,  que 
era  el  más  ínfimo  de  la  tierra,  de  trabajos  y  penas  horribles. 
Nunca  jamás  (aunque  había  muchos  ídolos  que  representaban 
diferentes  dioses)  cuando  se  ofrecía  tratar  de  deidad,  los  nom- 
braba ni  en  general  ni  en  particular,  sino  que  decía  Intloque 
yn  Nahuaque,  ^  y  palnemo  alani,  que  significa  lo  que  está  atrás 
declarado:  sólo  decía  que  reconocía  al  sol  por  padre  y  á  la  tie- 
rra por  madre,  y  aun  muchas  veces  solía  amonestar  á  sus  hi- 
jos en  secreto,  que  no  adorasen  aquellas  figuras  de  los  ídolos, 
y  que  aquello  que  hiciesen  fuese  solo  por  cumplimiento,  pues 
el  demonio  los  traía  engañados  en  aquellas  figuras;  y  aunque 
no  pudo  de  todo  punto  quitar  el  sacrificio  de  los  hombres  con- 
forme á  los  ritos  mexicanos,  todavía  alcanzó  con  ellos  que  tan 
solamente  sacrificasen  á  los  habidos  en  guerra,  esclavos  y  cau- 
tivos, y  no  á  sus  hijos  y  naturales  como  solían  tener  de  cos- 
tumbre. Autores  son  de  todo  lo  referido  y  de  lo  demás  de  su 
vida  y  hechos  los  infantes  de  México,  Itzcoatzin  y  Xiuhcozca- 
tzin,  y  otros  poetas  é  históricos  en  los  anales  de  las  tres  cabe- 
zas de  esta  Nueva  España,  y  en  particular  en  los  anales  que 
hizo  el  infante  Quauhtlatzacuilotzin  primer  señor  del  pueblo  de 
Chiauhtla,  que  comienzan  desde  el  año  de  su  nacimiento  has- 
ta el  tiempo  del  gobierno  del  rey  Nezahualpiltzintli,  y  asimis- 
mo se  halla  en  las  relaciones  que  escribieron  los  infantes  de  la 
ciudad  de  Tetzcuco  D.  Pablo,  D.  Toribio,  D.  Hernando  Pimen- 


1  Yn  Tloque  in  Nahuaque.  Nótese  que  aquí  Ixtlilxochitl  refiere  á  Keza- 
hualcoyotl  las  mismas  palabrrs  antes  citadas,  que  Pomar  refiere  en  lo  general 
á  los  tetzcucanos. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLIÍJCOCHITL.  245 

tel  y  Juan  de  Pomar,  hijos  y  nietos  del  rey  Nezahualpiltzintli 
de  Tetzcuco,  y  asimismo  el  infante  D.  Alonso  Axayacatzin 
señor  de  Iztapalapan  hijo  del  rey  Cuitlahuac  y  sobrino  del 
rey  Motecuhzomatzin;  y  últimamente  en  nuestros  tiempos  lo 
tiene  escrito  en  su  historia  y  Monarquía  indiana  el  diligentísi- 
mo y  primer  descubridor  de  la  declaración  de  las  pinturas  y 
cantos,  el  R.  P.  Fr.  Juan  de  Torquemada  padre  del  santo  evan- 
gelio de  esta  provincia. 


CAPITULO  L 


Que  trata  de  la  Jura  y  coronación  del  prudentísimo  y  eábio  NezahtialpiUtinUi 
Acamapixtli, 


Otro  día  después  de  haber  fallecido  Nezahualcoyotzín  se  le 
hicieron  sus  honras  y  exequias  con  grande  pompa  y  majestad, 
canforme  á  los  ritos  de  los  mexicanos,  ^  que  por  hallarse  escri- 


1  Respecto  de  estas  ceremonias,  verdaderamente  características,  dice  Po- 
mar, en  la  página  87  de  su  relación:  *' Estaba  el  cuerpo  después  de  muerto  en 
un  aposento  airoso  cuatro  días,  aguardando  á  los  que  de  todas  partes  habían 
de  venir  á  llorarle:  poniéndole  una  pesada  losa  encima  del  vientre,  porque  con 
su  frialdad  le  conservase  sin  corromperse,  y  con  pu  peso  no  le  dejase  hinchar, 
adornado  de  sus  hábitos  é  insignias  reales,  y  cubierto  con  una  ropa  real  azulj 
y  estando  de  esta  manera,  llegaban  todos  los  grandes  de  su  reino  y  los  reyes 
de  México  y  Tlacopan  y  otros  señores,  ó  sus  embajadores  de  los  dichos  reyes  y 
otros  señores,  que  siempre  eran  personas  graves,  cada  uno  de  por  sí  6  de  dos 
en  dos,  y  como  si  estuviera  vivo  le  decían  que  fuese  enhorabuena  su  descan- 
so, porque  con  su  muerte  se  habían  acabado  todos  los  trabajos  de  esta  vida,  y 
que  en  premio  de  su  valor  y  virtud  de  que  todos  se  hallaban  faltos  y  desampa- 
rados, había  ido  al  lugar  del  descanso  y  deleite,  donde  estaba  descuidado  de 
las  miserias  del  mundo,  y  en  la  variación  y  mudanza  de  sus  cosas,*  y  si  le  que- 
daban hijos  ó  hermanos  que  le  heredasen,  le  decían  que  aunque  él  se  iba  y  era 
muerto,  en  efecto  se  podía  decir  que  no  moría,  pues  dejaba  en  su  lugar  hijos 
ó  hermanos,  de  quien  tenían  esperanza  supliría  su  falta,  y  en  su  lugar  gober- 
narían el  estado  que  dejaba,  y  otras  cosas  á  este  tono.  Los  embajadores  dé- 
los reyes  decían  lo  mismo,  añadiendo  de  parte  del  que  los  enviaba,  que  sin  él 
se  hallarían  solos  y  desamparados  de  su  buena  fortuna,  que  mediante  su  valor 


248  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

tos  en  los  autores  modernos,  no  se  hace  particular  mención, 
más  de  que  fué  el  segundo  rey  de  los  chichimecas  que  seme- 
jantes exequias  se  le  hicieron,  en  las  cuales  se  hallaron  los  re- 
yes Axayacatzin  de  México  y  Chimalpopocatzin  de  Tlacopan, 
y  otros  muchos  grandes  y  señores  de  diversas  partes,  y  los 
embajadores  de  las  señorías  de  Tlaxcalan,  Huexotzinco  y  Cho- 
lulan,  y  de  los  reyes  contrarios  y  remotos,  que  en  semejantes 
ocaciones  á  éstos  y  á  las  señorías  se  les  daba  parte  y  entraban 
sus  embajadores  libremente,  como  era  el  de  Michoacan,  Panu- 
co y  Tequantepec.  En  el  Ínterin  que  estas  exequias  pasaban, 
los  hermanos  mayores  del  príncipe,  en  especial  los  tres  atrás 
nombrados  que  tenían  mano  y  mando  en  el  imperio,  hicieron 
sus  diligencias  secretas  por  introducirse  en  él  y  desposeer  al 
príncipe  Nezahualpiltzintli;  lo  cual  conociendo  en  ellos  los  dos 
reyes,  como  señores  absolutos  que  eran  del  imperio,  á  quienes 
competía  la  elección  y  jura  del  rey  de  Tetzcuco,  su  compañero 
en  el  imperio,  acordaron  de  mandar  que  luego  en  su  seguimiento 
llevasen  á  la  ciudad  de  México  al  príncipe  y  con  él  á  los  tres  infan- 
tes que  pretendían  lo  referido,  y  asimismo  fuese  Acapioltzin 
coadjutor  del  príncipe  y  no  otro  ninguno  de  los  hermanos,  y  con 

les  era  favorable  en  el  gobierno  de  sus  reinos;  j  luego  revolvía  ¿  los  hijos  6 
hermanos  que  estaban  presentes,  y  les  traían  á  la  memoria  la  grandeza  y  va- 
lor del  difunto,  contando  las  cosas  más  hermosas  y  excelentes  que  por  él  fue- 
ron hechas,  y  que  á  imitación  suya  se  esforzasen  á  hacer  lo  mismo,  encargán- 
dose del  reino.  Pasados  los  cuatro  días  componían  el  cuerpo  de  semejantes 
arreos  que  los  del  ídolo  Huitzilopochtli,  y  llevado  al  patio  de  sus  templos,  que 
como  se  ha  dicho  era  el  principal  cu  de  esta  ciudad,  y  allí  adornado  como  es- 
taba era  quemado  hasta  hacerse  ceniza,  con  todos  los  hábitos  reales  que  habían 
servido  á  su  persona,  con  toda  la  pedrería  rica  y  piedras  preciosas  de  que  sien- 
do vivo  se  componía;  y  secas  las  cenizas  y  cogidas  en  una  caja  de  piedra  6  ma- 
dera, llevaban  á  la  casa  real,  en  un  aposento  que  para  ello  estaba  asignado;  y 
de  lienzos  atado,  como  mejor  podían,  hacían  un  bulto  como  de  persona  que 
estaba  sentada,  la  cual  puesta  encima  la  caja,  y  cubrían  de  hábitos  reales,  y  le 
ponían  una  máscara  de  oro  ó  de  turquesas  engastonadas  en  otra  máscara,  y 
allí  era  guardado  con  mucha  veneración,  donde  todos  los  que  de  nuevo  venían 
y  que  no  pudieron  llegar  á  tiempo  de  llorarle  el  cuerpo  presente,  le  lloraban  y 
le  hacían  semejante  plática,  como  se  ha  dicho.'' 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  249 

ellos  todos  los  grandes  y  señores  del  reino,  para  en  ella  tratar 
lo  que  más  conviniese:  con  que  todos  se  aseguraron  y  se  hizo  la 
jura  sin  alteración  alguna;  y  fué  que  habiendo  llegado  á  la  ciu- 
dad de  México  el  rey  Axayacatzin,  mandó  sentar  al  príncipe  y 
los  cuatro  infantes  sus  hermanos  en  una  sala  que  estaba  antes 
de  la  del  consejo  real,  en  asientos  iguales,  y  después  de  ellos 
todos  los  grandes  y  señores  del  reino  de  Tetzcuco:  puestos  en 
esta  sala,  entraron  dos  señores  grandes  oradores  que  iban  de 
parte  de  los  reyes  de  México  y  Tlacopan,  los  cuales  después 
de  haberles  dado  la  bien  venida  les  dijeron  el  deseo  grande 
que  sus  señores  tenían  de  elegir  la  cabeza  que  faltaba  en  el 
imperio,  y  que  este  había  de  ser  el  que  por  derecho  lo  mere- 
ciese, con  que  se  quitarían  algunas  dudas  y  pretensiones;  y  ha- 
biéndoles dicho  otras  muchas  razones  convenientes  á  este  efec- 
to se  salieron,  y  luego  entraron  los  dos  capitanes  generales  de 
los  dos  reyes  con  otros  dos  grandes  señores  de  dignidad  y  pre- 
eminencia, los  cuales  traían  todas  tas  insignias  y  vestimentas 
que  se  acostumbraban  dar  á  los  reyes  cuando  se  juraban,  y 
tras  de  ellos  los  dos  reyes,  y  habiendo  cogido  de  los  brazos  los 
dos  capitanes  generales  al  niño  Nezahualpiltzintli,  lo  metieron 
en  la  sala  del  consejo  real,  en  donde  después  de  haberlo  sen- 
tado en  un  trono  suntuoso,  por  mano  de  dichos  reyes  le  vis- 
tieron los  ropajes  reales,  y  lo  coronaron  y  dieron  las  demás  in- 
signias, y  le  juraron  por  rey  de  Tetzcuco  y  supremo  señor  de 
los  chichimecas,  y  uno  de  los  tres  del  imperio,  y  habiéndole 
todos  dado  el  parabién,  se  fueron  sentando  todos  por  sus  an- 
tigüedades y  preeminencias,  y  comenzaron  las  fiestas  y  regoci- 
jos con  mucho  gusto  de  todo  el  imperio,  aunque  las  ceremo- 
nias conforme  á  los  ritos  de  la  idolatría  (que  en  semejantes  juras 
se  solían  hacer)  no  se  guardaron  en  esta  sazón  por  no  tener 
el  nuevo  rey  edad  suficiente  para  ello,  que  después  él  las  cum- 
plió andando  el  tiempo.  Los  tres  infantes  sus  hermanos  Ichau- 
tlatoatzin,  Xochiquetzaltzin  y  Ecahuehuetzin,  viendo  que  no 
pudieron  salir  con  su  pensamiento,  así  que  vieron  el  intento 
de  los  dos  reyes,  sin  despedirse  se  fueron  á  la  ciudad  de  Tetz- 


250  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHILT. 

CUCO  tristes  y  corridos  de.  sus  vanas  pretensiones.  Habiendo 
estado  Nezahualpiltzintli  en  la  ciudad  de  México  alguijos  días, 
se  fué  á  la  de  Tetzcuco,  con  sus  tíos  los  dos  reyes  con  grande 
acompañamiento,  en  donde  de  nuevo  se  le  hicieron  muy  gran- 
des y  solemnes  fiestas.  El  rey  Axayacatzin  se  estaba  lo  más 
del  tiempo  del  año  con  toda  su  corte  en  la  ciudad  de  Tetzcuco, 
que  era  acomodada  para  su  salud  y  gusto,  especialmente  á  los 
principios  del  gobierno  d^  Nezahualpiltzintli,  y  en  vida  de  su 
padre  Nezahualcoyotzin. 


CAPITULO  LI 


Que  trata  de  la  guerra  que  el  rey  Axayaeatzin  tuvo  contra  JIoquihuiizinf  señor  de 
TlaieltdcOf  y  contra  íub  aliados. 


Luego  que  murió  Nezahualcoyotzin,  algunos  de  los  señores 
del  imperio  como  fueron  Moquihuitzin  de  Tlatelulco,  Xiloman- 
tzin  de  Colhuacan  y  otros  de  su  casa  y  linaje,  comenzaron  á 
alterarse  y  negar  la  obediencia  del  rey  Axayacatzin  su  señorr 
(y  aunque  es  verdad  que  no  le  pagaban  ningún  tributo  ni  va- 
sallaje, eran  sujetos  y  del  bando  del  nombre  mexicano);  y  nie- 
les fácil,  porque  en  estos  tiempos  estaban  muy  entronizados 
en  el  imperio,  y  de  quienes  el  rey  Nezahualcoyotzin  hizo  mu- 
cha cuenta  y  encargó  los  negocios  más  graves  del  imperio,  de 
tal  manera  que  sólo  les  faltó  la  investidura,  como  consta  de  los 
cantos  que  hoy  en  día  usan  los  naturales  en  sus  fiestas  y  dan- 
zas principales.  Por  lo  cual  y  por  otras  cosas  contingentes  que 
al  rey  Axayacatzin  le  movieron,  envió  á  sus  embajadores  á  los 
reyes  sus  compañeros  en  el  imperio,  dándoles  aviso  de  las  al- 
teraciones y  novedades  de  estos  señores,  por  lo  que  si  pasa- 
ban adelante,  pondrían  el  imperio  en  riesgo  de  perderse:  lo 
cual  visto  por  ellos,  cada  uno  de  por  sí  apercibió  á  los  de  su 
bando,  para  ir  á  defender  y  socorrer  al  rey  mexicano  para  el 
día  que  les  señaló  yeito;  y  juntos  los  ejércitos  de  todos  los 
tres  reyes,  entraron  por  la  ciudad  de  Tlatelulco,  y  á  pocos  lan- 
ces la  destruyeron,  matando  á  todos  los  más  de  los  morado- 


252     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITU 

res  de  ella;  y  aunque  Moquihuitzin  se  hizo  fuerte  en  el  templo 
mayor,  fué  vencido  y  echado  de  la  más  alta  torre  de  él,  ^  mu- 
riendo hecho  pedazos;  y  luego  se  dio  orden  de  castigar  á  todos 
los  que  fueron  culpados  en  esta  liga  y  alteración,  que  como 
dicho  es,  fueron  Xilomantzin  señor  de  Colhuacan,  el  de  Cui- 
tlahuac  Zoanenemitl,  y  Tlatolatl,  y  el  de  Huitzilopochco  Quauh- 
yacatl;  con  cuya  hazaña  y  castigo  desde  entonces  los  grandes 
del  imperio  se  fueron  mucho  á  la  mano,  y  tuvieron  gran  res- 
peto y  reverencia  á  los  tres  reyes  y  cabezas  de  él.  Lo  cual  su- 
cedió el  segundo  año  del  reino  de  Nezahualpiltzintli  y  en  el 
resto  del  rey  Axayacatzin,  que  fué  en  el  de  mil  cuatrocientos 
sesenta  y  tres  ^  que  llaman  chicóme  Calli. 

1  Puede  verse  la  derrota  y  muerte  de  Moquihuix  en  los  Códices  Vaticanos 
y  Telloriano  Bemense.  Según  los  cronistas  mexicanos,  en  esta  guerra  que  se 
llamó  Ecatzinizimiilf  no  tomaron  parte  los  acolhuas  de  Tetzcoco. 

2  La  verdadera  fecha  es  1473;  entonces  tenía  ocho  años  Nezahualpilli,  y 
por  esto  so  comprende  que  no  interviniera  en  esa  guerra. 


CAPITULO  LII 


Que  trata  de  alfftmcu  eoaa*  que  hizo  en  el  principio  de  su  gobierno  KézahualpÜitintli, 
en  que  mostró  lapnidencia  y  sabiduría  natural  que  Dios  le  dio  desde  su  niñex^  que 
notaron  mucho  los  autores. 


Una  de  las  concubinas  del  rey  Nezahualcoyotzin  que  estaba 
en  gran  privanza,  fué  como  ya  se  dijo,  la  señora  que  pretendió 
siempre  colocar  á  sus  hijos  en  los  más  honrosos  oficios  del 
imperio,  y  aun  si  pudiese,  dar  á  cada  uno  de  ellos  la  investi- 
dura de  él;  por  cuya  causa  siempre  pretendió  ó  procuró  quitar 
la  vida  á  los  hijos  legítimos  del  rey  Nezahualcoyotzin  habidos 
en  la  reina  y  señora  mexicana,  como  en  efecto  lo  hizo  con  el 
príncipe  Tetzauhpintzintli,  siendo  ella  la  causa  principal  de  su 
muerte;  y  así  Nezahualpiltzintli,  luego  que  se  vido  hecho  rey, 
al  hijo  menor  de  esta  señora  que  no  tenía  ninguna  dignidad  ni 
oficio,  aunque  era  señor  de  algunos  lugares  le  dio  el  pueblo  de 
Chiauhtla  con  otros  de  las  tierras  conquistadas,  y  con  la  in- 
vestidura de  uno  de  los  grandes  del  imperio,  de  los  catorce 
del  nombre  y  apellido  de  los  aculhuas,  con  que  quedó  muy 
pagada  esta  señora  y  fué  parte  para  atajar  los  designios  de  los 
otros  tres  infantes,  que  los  dos  eran  sus  hijos  como  fueron  Xo- 
chiquetzaltzin  y  Hecahuehuetzin.  ^  El  infante  Axoquentzin 
(que  fué  el  que  ganó  la  provincia  de  Chalco),  viendo  el  de- 

1  Creo  que  debe  ser  £hecahuehuetzin. 


254  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

seo  que  el  rev  su  hermano  tenía  de  honrar  y  premiar  á 
sus  hermanos,  entró  á  pedirle  mercedes  por  sus  servicios, 
porque  hasta  entonces  el  rey  su  padre,  por  ser  muy  mozo, 
no  le  había  hecho  ninguna  merced:  el  rey  niño  estando  muy 
atento  á  la  demanda  de  su  hermano,  antes  que  hablase  pala- 
bra el  infante  Acapioltzin,  su  coadjutor,  hizo  llamar  ante  sí  á 
un  pintor,  y  con  él  á  un  arquitecto  y  dos  oficiales  de  albañil  y 
carpintería,  á  los  cuales  les  mandó  que  fuesen  á  la  provincia 
de  Chalco,  y  viesen  la  traza  y  modo  de  las  casas  y  palacios  que 
eran  de  Toteotzintecuhtli  rey  de  ella,  y  que  cada  uno  en  su  fa- 
cultad le  trejese  razón  de  ellas  dentro  de  un  término  que  les 
señaló:  los  cuales  habiendo  hecho  esta  diligencia,  dieron  razón 
al  rey;  quien  mandó  que  en  lo  mejor  de  la  ciudad  de  Tetzcuco 
se  edificasen  otras  casas  y  palacios  de  la  misma  manera  para 
su  hermano  Axoquentzin;  le  hizo  otras  mercedes  señalándole 
ciertos  pueblos  y  lugares,  así  en  la  provincia  de  Chalco  como 
en  otros  lugares  para  que  fuese  señor  de  ellos;  y  desde  esta 
ocasión  comenzó  á  gobernar  por  sí  solo,  con  mucha  prudencia 
y  sagacidad,  de  tal  manera  que  á  todos  los  dejaba  confusos  y 
admirados,  sin  que  en  él  se  hallase  ninguna  imperfección  en 
cuarenta  y  cuatro  años  que  reinó,  ^  y  siempre  recibía  con  mu- 
cho amor  los  consejos  y  buena  doctrina  de  su  hermano  el  in- 
fante Acapioltzin  y  de  los  de  su  consejo  y  parlamento. 

1  Kespecto  del  nacimiento  y  reinado  de  Nezahualpilli,  encontramos  dos  le- 
yendas mexicanas  en  el  mapa  Quinatzin.  A  la  izquierda  del  jeroglífico  do 
Tetzcuco,  hay  tres  veintenas  y  diez  y  ocho  unidades;  y  dice  la  leyenda  adjun- 
ta: "Hace  setenta  y  ocho  años  que  nació  Kezahualpilli."  Como  el  jeroglifico 
es  de  1542,  resulta  el  1464  para  el  nacimiento  de  Nezahualpilli.  Al  lado  de  su 
jeroglífico  hay  dos  veintenas  y  cuatro  unidades;  y  la  leyenda  dice:  "Nezahual- 
pilli  reinó  cuarenta  y  cuatro  años." 


CAPITULO  Lili 


<¿ue  trata  de  algunas  guerras  y  conquistas  que  hicieron  las  tres  cabezas  del  imperio, 
Axayaeaizin  rey  de  México,  NezáhualpiUziníli  de  Telzcuco  y  Chimalpopocatzin  de 
Tlac^an,  y  muerta  de  XihuUÜemoc  señor  de  Xochimilco. 


Entre  los  señores  que  ayudaron  al  rey  Axayacatzin  contra 
<el  de  Tlatelulco  y  sus  aliados,  fué  uno  de  ellos  Xihuitltemoc 
«efior  de  la  ciudad  de  Xochimilco,  valerosísimo  capitán  y  muy 
diestro  jugador  de  pelota,  de  donde  le  vino  su  daño;  porque 
•después  de  hecha  la  guerra  atrás  referida  quiso  el  rey  Axaya- 
catzin hacer  fiestas  á  sus  valedores,  y  entre  los  regocijos  que 
hubo  fué  uno  el  del  juego  de  la  pelota,  de  que  el  rey  se  pre- 
gaba mucho,  aunque  Xihuitltemoc  le  competía  en  mayor  des- 
treza; y  así  metido  en  cólera  el  rey,  viendo  que  perdía  muchas 
rayas,  echó  el  resto  y  apostó  el  mercado  y  la  laguna  de  la  ciu- 
dad de  México  contra  un  jardín  que  Xihuitltemoc  tenía  en  la 
de  Xochimilco,  el  cual  no  advirtiendo  la  hazaña  y  cólera  del 
rey,  admitió  luego  el  convite,  y  á  pocos  lances  le  ganó,  de  que 
quedó  escocido  y  entre  sí  fraguando  el  modo  que  tendría  para 
ejecutar  su  ira;  y  fué  que  habiéndose  ido  Xihuitltemoc  á  su 
ciudad,  otro  día  después  fué  cierta  cantidad  de  los  soldados  de 
la  guardia  con  voz  de  que  lo  iban  á  visitar  y  darle  alguna  par- 
te de  las  rentas  de  la  laguna  y  mercado,  y  al  tiempo  que  lo  sa- 
ludaron y  dieron  sus  presentes,  le  echaron  un  collar  de  flores 
^n  que  iba  oculta  una  zoga  por  cierto  artificio  y  traza  que  die- 


256  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ron  algunos  caballeros  de  la  misma  ciudad;  le  dieron  garrote 
y  lo  mataron  sin  tener  lugar  de  poderse  escapar.  Esta  severi- 
dad fué  causa  para  que  de  allí  en  adelante  los  otros  señores 
procuraran  no  burlarse,  ni  ponerse  con  su  rey  en  semejantes 
lances.  Los  tres  reyes,  habiendo  juntado  sus  gentes,  fueron 
contra  los  de  la  provincia  de  Matlaltzinco  y  los  vencieron,  y 
con  los  cautivos  poblaron  el  pueblo  de  Xalatlahuco;  y  lue- 
go fueron  contra  los  de  Tzinacantepec,  contra  los  Ocuiltecas, 
Malacatepec  y  Coatepec;  y  contra  los  chichimecas  y  otomíes 
de  todas  las  provincias  que  contienen  tres  naciones,  que  son 
otomíes,  macahuas  ^  y  matlatzincas,  cuyos  pueblos  son  Xiqui- 
pilco,  Xocotitlan,  Xilotepec,  Teuhtenanco,  Tlacotepec,  Calli- 
mayan,  Amatepec,  Zimatepec  y  Tolocan.  ^  Aunque  fué  traba- 
joso el  sujetar  estas  tres  naciones  por  ser  gente  belicosísima, 
en  donde  más  se  trabajó  y  corrió  riesgo  el  rey  Axayacatzin» 
fué  en  Xiquipilco,  porque  Tlilcuezpali  señor  de  aquella  provin- 
cia y  muy  valeroso  capitán,  le  estrechó  en  tanta  manera  que 
demás  de  haberle  dado  un  golpe  en  un  muslo  de  que  quedó 
muy  mal  herido  el  rey,  y  dádole  muchas  heridas,  le  tuvo  rendi- 
do y  casi  para  acabarlo  de  matar;  y  pasara  muy  adelante  su  osa- 
día y  coraje,  si  no  fuera  por  Quetzalmamalitzin,  uno  de  los  ca- 
torce grandes  y  capitán  general  del  reino  de  Tetzcuco,  que  con 
su  grande  valor  se  metió  entre  los  enemigos  y  con  grande  áni- 
mo y  osadía  libertó  al  rey  mexicano;  y  fué  preso  y  cautivo 
Tlilcuezpali  con  otros  muchos  capitanes  de  su  valía.  Fueron 
de  los  contrarios  cautivos  más  de  doce  mil  personas,  y  de  ios 
del  imperio  no  llegaron  á  mil  los  que  en  estas  batallas  murie- 
ron. El  rey  Axayacatzin  quedó  lisiado  de  la  pierna,  aunque  sa- 
nó de  las  heridas;  y  habiendo  repartido  las  tierras  de  los  con- 
quistados entre  las  tres  cabezas,  hicieron  mercedes  á  todos  los 
señores  que  fueron  en  su  defensa,  dándoles  pueblos  y  lugares 
en  estas  provincias;  entre  los  cuales,  los  que  más  se  aventaja- 

1  Mazahuas. 

2  Pueden  verse  las  conquistas  que  en  tiempo  de  Axayacatl  se  hicieron,  en 
el  Códice  Mendocino,  en  cuyos  jeroglíficos  están  pormenorizadas. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  257 

jaron  fueron  Quetzalmamalitzin  señor  de  Teotihuacan,  que  era 
el  capitán  general  y  uno  de  los  grandes  del  reino  de  Tetzcuco; 
y  así  los  tres  reyes  le  dieron  por  su  divisa  y  armas  una  pierna 
de  un  rey,  que  del  muslo  le  salían  llamas  de  fuego,  por  la  ha- 
zaña que  hizo  en  librar  al  rey  de  México;  Acapioltzin  coadju- 
tor del  rey  de  Tetzcuco,  que  se  le  dieron  por  sus  armas  y  di- 
visa tres  pendones  de  oro  y  plumería  con  tres  cabezas  de  lo 
mismo,  y  Mocahuhqui  que  hicieron  señor  de  Xalatlauhco. 
Otros  muchos  señores  fueron  premiados  y  se  les  dieron  sus 
armas  y  divisas  conforme  á  sus  hechos  y  hazañas.  Después  de 
haber  puesto  sus  presidios  y  gente  de  guarnición  en  lo  más 
necesario  de  estas  provincias,  se  volvieron  á  sus  tierras,  y  lle- 
gados á  la  ciudad  de  México  fueron  sacrificados  en  el  templo 
mayor  todos  los  cautivos  habidos  en  estas  guerras.  Cúpole  al 
rey  de  Tetzcuco  de  parte  del  Valle  de  Toluca  Maxtlacan,  Co- 
quitzinco  y  otros  lugares,  en  donde  le  fueron  señalados  de  tri- 
butos en  cada  un  año  ochocientos  y  ochenta  fardos  de  mantas 
finas,  labradas  y  veteadas  de  diversos  colores  de  pelo  de  cone- 
jo; otros  trescientos  y  setenta  fardos  de  otras  mantas  con  sus- 
cenefas  de  lo  propio,  y  cuarenta  fardos  y  más  siete  mantas  de 
pluma  que  servían  de  sobrecamas,  que  por  todas  venían  á  ser 
veinte  y  cinco  mil  seiscientas  y  siete  mantas,  sin  las  preseas  de 
joyas  de  oro,  aderezos  y  divisas  de  plumería  fina,  y  en  cada 
un  año  y  en  cada  lugar  una  sementera  de  maíz,  en  donde  se 
cogía  gran  cantidad  de  ello;  y  por  mayordomo  y  cobrador  de 
todo  esto,  puso  á  uno  llamado  Yaotl.  Por  el  mismo  modo  y 
cantidad  se  les  repartió  al  rey  de  México  y  al  de  Tlacopan 
cierta  parte,  que  sería  como  la  quinta,  ^  según  por  los  padrones 
reales  parece. 

1  Ya  sabemos,  y  el  mismo  autor  lo  ba  dicbo  antes,  que  los  tributos  se  divi- 
dían en  cinco  partes,  dos  para  cada  uno  de  los  señores  de  México  y  Tetzcuco, 
y  la  quinta  restante  para  el  de  Tlacopan.  De  manera  que  aquí  Ixtlilxochitl 
incurre  en  una  notoria  equivocación. 


Tomo  11-18 


CAPITULO  LIV 


Que  trola  de  la  muerte  de  AxayaccUzin,  sucesiOn  de  THzoíticaiMin,  y  lot  hijo» 
que  tuvieron. 


Había  cerca  de  catorce  años  ^  que  el  valeroso  rey  Axayacatzin 
gobernaba,  cuando  llegó  la  muerte  y  le  atajó  los  pasos,  casi 
con  el  mismo  achaque  que  falleció  Nezahualcoyotzin,  con  gran 
sentimiento  de  todo  el  imperio,  por  haber  sido  uno  de  los  prín- 
cipes más  valerosos  que  hubo  entre  los  mexicanos.  Tuvo  el 
segundo  lugar  después  del  gran  Motecuhzomatzin,  primero  de 
este  nombre,  (como  parece  por  las  historias  y  cartas  ^  que  tra- 
tan de  la  vida  y  hechos  de  estos  príncipes;  y  así  se  le  hicieron 
muy  grandes  exequias,  y  juntándose  los  dos  reyes  Chimalpo- 
pocatzin  y  Nezahualpiltzintli  con  los  electores,  fué  de  común 
consentimiento  electo  Ticotzicatzin  ^  séptimo  rey  mexicano  y 
compañero  en  el  imperio  de  las  tres  cabezas,  ^  el  cual  era  her- 
mano del  difunto  Tezozomoc  y  nieto  de  Motecuhzomatzin,  por- 
que no  tuvo  Motecuhzomatzin  más  de  una  hija  legítima  en 
quien  tuvo  Tezozomoc  tres  hijos  que  todos  fueron  reyes,  uno 
en  pos  de  otro,  Axayacatzin,  Ticotzicatzin  (de  quien  tratamos), 

1  Según  los  jeroglíficos  dol  Códice  Mendocino,  Axayacatl  reinó  doce  años. 
SI  de  su  muerte  fué  el  orne  Calli  1481. 

2  Debe  decir;  cantos. 

8  Debe  ser:  Tizotzicatzin.  El  copista  suprimió  la  cedilla.  Generalmente  se 
le  llama  Tízoc. 

4  En  las  pinturas  jeroglíficas,  se  ve  á  Nezahualpilli  presentándole,  en  com- 
pañía de  Chimalpopocatzin,  el  copilli  ó  corona  real  de  oro  con  esmeraldas,  en 
unión  de  los  otros  señores  aliados  ó  tributarios j 


260     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

y  Ahuitzotzin  que  le  sucedió  en  el  reino  después  de  su  muer- 
te. Ticotzicatzin  fué  recibido  y  jurado  con  la  solemnidad  y  ce- 
remonias que  sus  antepasados;  y  en  la  dignidad  y  oficio  de  go- 
bernador y  capitán  general  del  reino  mexicano  fué  puesto  su 
hermano  Ahuitzotzin:  y  pasando  á  tratar  de  los  hijos  que  tuvo 
el  rey  Axayacatzin,  digo  que  Techotlalatzin,  segundo  señor  de 
Iztapalapan,  hijo  de  Cuitlahuatzin,  primero  de  este  nombre, 
casó  con  Izelcoatzin  hija  del  rey  Nezahualcoyotzin,  en  la  cual 
tuvo  á  Tiyacapantzin,  que  fué  señor  de  la  casa  de  Xilomenco; 
(de  esta  casa  fué  señora  una  de  las  mujeres  y  concubinas  del 
rey  Nezahualpiltzintli,  madre  del  rey  Cacama);  el  segundo  hijo 
se  llama  Cuitlahuatzin,  que  vino  á  ser  señor  de  Iztapalapan 
por  muerte  de  su  abuelo  Techotlalatzin  y  después  rey  de  Méxi- 
co: el  tercero  fué  Motecuhzoma  asimismo  rey  de  México,  en  cu- 
yo tiempo  fué  la  venida  de  los  españoles);  y  en  otra  señora  que 
según  común  opinión  era  su  mujer  legitímala  reina,  tuvo  otros 
hijos,  que  fueron  Macuilmalinatzin  (que  había  de  suceder  en  el 
reino),  Tlacahuepantzin,  Atlixacaxochichitl,  Metzin,  Matlazica, 
Mauhtzin  y  la  que  había  de  ser  mujer  legítima  del  rey  Neza- 
hualpiltzintli, que  fué  castigada  por  la  traición  y  adulterio  que 
cometió:  también  fueron  hijos  de  Axayacatzin,  Tezozomoc  (pa- 
dre de  D.  Diego  Huanitzin),  Itztlilcuechahuac  señor  que  fué  de 
Tula,  Matlatzincatl,  Huehuecuiltzitzlin  Zezepactic  y  Teyolpa- 
choz.  ^  El  rey  Ticotzicatzin  tuyo  por  hijos  á  Tezcalnopocatzin, 
(padre  que  fué  de  D.  Diego  Tehuezquititzin,  que  también  fué 
señor  de  México),  y  á  Yaotzin  Amatquemetzin.  ^ 

1  Esta  descendencia  de  Axayacatl,  á  más  de  obscura  no  es  exacta.  Axaya- 
catl  había  tomado  por  esposa  y  para  reina  á  Azcaxochitl,  hija  de  líezahual- 
coyotl;  y  de  ella  dejó  dos  hijos  y  una  hija,  aunque  tuvo  otros  nueve  muertos 
en  la  lactancia,  tres  en  un  solo  alumbramiento  y  dos  en  otro.  Los  hijos  ftie- 
ron  Moteczuma  Xocoyotzin  y  Cuitlahuac,  y  la  reina  Tlilalcapatl  madre  de 
Cuauhtemoc. 

2  Parece  que  Tizoc  no  dejó  hijos  legítimos;  pero  tuvo  muchos,  entre  ellos 
principalmente  dos,  que  fueron  Tepehuatzin  y  Tezcalpucatzin. 


CAPITULO  LV 


Que  trata  de  la  primera  salida  que  hizo  el  rey  NezahualpiUzintlij  contra  los  de  Ahui- 
lizaparif  TotoUan,  OztoHcpac  y  otrcu  provincias  de  la  costa  del  mar  del  Norte. 


Al  rey  Nezahualpiltzintli  cada  día  se  le  hacían  mil  años  por 
salir  á  batalla  y  probar  su  ventura,  y  como  su  tierna  edad  no 
le  ayudaba,  se  afligía  mucho;  y  así  demás  de  cursar  cada  día  el 
ejercicio  y  destreza  de  las  armas,  iba  á  los  cuartos  en  que  el 
rey  su  padre  había  dejado  todas  las  insignias,  armas  y  otros 
aderezos  de  guerra  con  que  había  sujetado  la  mayor  parte  del 
imperio,  y  ninguna  le  venía,  con  que  quedaba  triste  y  afligido, 
y  no  se  tenía  por  digno  de  comer  ni  vestir  con  pompa  y  apara- 
to real,  si  no  era  forzado  de  sus  ayos  y  maestros,  ni  quería  dor- 
mir en  cama  regalada  sino  por  el  suelo  como  el  más  mínimo 
de  su  casa  y  servicio,  como  fué  hallado  una  madrugada  de  sus 
hermanos  los  mayores  y  otros  señores  que  le  iban  á  ver  y  re- 
prender; y  así  parece  en  las  historias,  que  entrando  estos  se- 
ñores por  los  cuartos  donde  dormía  el  rey,  le  hallaron  en  el 
suelo  cobijado  con  una  manta  de  hombre  pobre  y  humilde,  y 
entendiendo  que  era  alguno  de  los  pajes  llegó  uno  de  ellos  y  le 
dio  un  puntillón  con  el  pie  reprendiéndole,  porque  estaba  allí 
echado  con  tanto  descuido,  el  cual  descubriendo  el  rostro,  aun- 
que muy  corridos  estos  señores  de  lo  hecho,  pidiéndole  per- 
dón por  su  ignorancia,  le  llevaron  á  su  asiento  y  después  de 
haber  tratado  con  él  de  algunas  cosas  tocantes  á  su  reino,  le 


262  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

comenzaron  á  reprender,  diciéndole  que  sus  vasallos  se  halla- 
ban corridos  y  ofendidos  en  que  no  hubiese  salido  á  alguna 
batalla,  porque  cuando  iban  á  la  guerra,  los  mexicanos  y  tepa- 
necas  los  baldonaban,  diciéndoles  que  tenían  los  aculhuas  un 
rey  rapaz  y  afeminado,  y  que  mirase  que  aquellas  borlas  que 
traía  en  su  cabeza,  las  orejas  y  bezotes  que  tenía  en  el  rostro, 
la  pedrería  en  el  cuello,  las  ajorcas  y  brazaletes  en  los  brazos, 
y  grevas  y  alpargatas  de  oro  y  pedrería  en  los  pies,  y  las  man- 
tas ricas  con  que  se  cubría  por  sus  empresas  y  hazañas  en  las 
guerras  y  batallas,  las  habían  habido  y  ganado,  y  si  ^  eran  jus- 
tamente dignos  de  cualesquier  bienes,  mandos  y  señoríos;  y 
otras  muchas  razones  que  al  rey  lastimaron  y  fueron  con  al- 
guna demasía,  el  cual  les  respondió  con  rostro  grave  y  severo, 
que  les  agradecía  el  cuidado  que  tenían  de  mirar  por  su  au- 
mento y  honra;  y  que  en  cuanto  á  no  haber  salido  á  ninguna 
batalla,  que  bien  echaban  de  ver  no  haber  tenido  edad  sufi- 
ciente para  poder  salir  en  campo  y  pelear;  pero  que  esperaba 
en  el  Criador  de  todas  las  cosas,  que  le  daría  ánimo  y  esfuerzo 
para  quitarle  de  semejante  afrenta;  y  que  así  en  las  guerras 
que  trataban  al  presente  hacia  la  parte  de  Oriente,  quería  ir  en 
persona  á  hallarse  en  ellas;  y  en  cuanto  á  lo  que  decían  ser 
dignos  de  todo  le  que  le  habían  representado,  que  aquello  que 
alcanzaron  en  tiempo  de  su  padre,  se  lo  perpetuarían;  ^  y  si  de 
nuevo  en  su  tiempo  hiciesen  algunos  servicios  como  leales  va- 
sallos, se  lo  ^  aumentaría;  y  que  entendiesen  todos  que  nadie 
excedería  de  su  voluntad  y  gusto,  que  se  acordasen  de  las  úl- 
timas palabras  que  el  rey  su  padre  les  dijo  y  encargó.  Los  cua- 
les, oídas  las  razones  tan  vivas  y  severas  del  rey,  bjgaron  las 
cabezas  y  con  mucha  humildad  se  salieron  á  dar  orden  de  la 
jornada;  y  habiendo  juntado  las  gentes  de  guerra,  salieron  mar- 
chando por  sus  jornadas  hasta  llegar  á  la  provincia  de  Ahuili- 


1  Parece  que  debe  decir:  así. 

2  Parece  que  debe  ser:  se  los  perpetuaría. 
Z  Loi. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  263 

zapan  en  donde  dieron  principio  á  su  conquista  y  sujeción, 
saliendo  personalmente  á  la  batalla  el  rey;  y  le  sucedió  tam- 
bién que  sojuzgó  aquella  provincia  y  la  de  Tototlan,  Oztoticpac 
y  otras  de  la  mar  del  Norte  que  caía  hacia  la  parte  de  Orien- 
te, en  donde  por  su  persona  el  rey  cautivó  muchos  capitanes 
y  soldados,  entre  los  cuales  fué  uno  llamado  Tetzahuitl  que 
era  el  más  principal  de  los  señores  de  aquella  corte;  y  habien- 
do puesto  sus  presidios  y  repartido  la  tierra  conforme  á  los  tra- 
tos y  capitulaciones  del  imperio,  se  volvió  y  entró  triunfando 
en  la  ciudad  de  Tetzcuco.  Esta  conquista  según  parece  por  los 
anales,  fué  en  el  año  de  mil  cuatrocientos  ochenta  y  uno,  que 
llaman  ome  Calli.  ^ 

1  Estas  conquistas  fueron  anteriores,  y  pertenecen  á  la  época  de  las  prime* 
ras  de  Azayacatl.  Véase  el  Códice  llendocino. 


CAPITULO  LVI 


Que  trata  6bmo  el  rey  Netahualpilttintli  edificó  unas  catas  de  m  moradat  y  engrande" 
ció  el  templo  mayor  que  edificó  tu  padre;  y  del  mucho  gasto  y  aparato  que  en  ellat 
tenia. 


Hecha  la  guerra  atrás  referida  con  tanta  gloria  y  honra  de 
Nezahualpiltzintli,  por  hallarse  propicio  y  favorable  del  su  fal- 
so dios  Huitzilopochtli,  según  se  lo  daban  á  entender  los  sa- 
cerdotes y  ministros  del  templo,  la  primera  cosa  que  puso  por 
obra  fué  reedificarle  con  mayor  suntuosidad  y  riqueza  que  lo 
habla  dejado  su  padre  Nezahualcoyotzin,  y  vino  á  ser  el  ma- 
yor y  mejor  templo  que  hubo  en  esta  Nueva  España,  en  don- 
de y  para  cuyo  estreno  sacrificó  á  todos  los  cautivos  habidos 
en  las  guerras  atrás  referidas;  y  tras  de  esto  dio  orden  de  edifi- 
car otros  palacios  fuera  de  los  grandes  que  eran  de  su  padre,  los 
cuales  aunque  no  tenían  tan  gran  sitio,  fueron  edificados  con 
mejor  suntuosidad  y  con  mejor  arquitectura  que  los  otros,  en 
donde  tenía  muy  insignes  laberintos,  jardines,  baños,  fuentes, 
estanques,  lagunas  y  acequias  de  agua,  que  corrían  debajo  de 
tierra  y  en  partes  ocultas,  que  sin  ser  vistas  se  comunicaban 
con  la  laguna  grande,  para  ir  por  ellas  cuando  quería  á  sus 
jardines  y  recreaciones  que  tenía  en  Acatelco  y  Tepetzinco,  y 
para  ir  á  la  ciudad  de  México.  Entre  los  estanques  de  agua, 
uno  que  estaba  frontero  de  una  gran  sala,  le  puso  por  nombre 
Ahuilizapan,  en  memoria  de  la  guerra  atrás  referida;  y  no  hu- 
bo edificio,  jardín  ni  laberinto  que  no  fuese  hecho  por  memo- 


266  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 


ría  de  alguna  de  las  hazañas  de  ésta  y  otras  conquistas  que 
tuvo  mientras  él  vivió;  que  aun  hoy  en  día  se  echa  de  ver  por 
sus  ruinas  la  grandeza  y  majestad  de  su  autor.  Y  porque  vie- 
ne á  propósito,  trataremos  aquí  del  gran  gasto  que  el  rey  te- 
nía en  sustentar  la  gente  que  en  estos  palacios  y  los  de  su  pa- 
dre había,  así  de  servicio  como  de  señores,  criados,  jueces  y 
otros  caballeros  y  allegados.  De  ordinario  en  palacio  se  gasta- 
ban en  cada  un  año  (según  parece  por  los  padrones  reales), 
treinta  y  un  mil  y  seiscientas  fanegas  de  maíz,  doscientas  cua- 
renta y  tres  cargas  de  cacao,  ocho  mil  gallos,  cinco  mil  fanegas 
de  chile  ancho  y  delgado  y  pepitas,  y  dos  mil  medidas  de  sal; 
y  para  el  vestuario,  así  para  el  rey  como  todos  los  demás  caba- 
lleros que  asistían  en  su  casa  y  corte  y  para  la  demás  gente  re- 
ferida, quinientas  setenta  y  cuatro  mil  y  diez  mantas,  que  to- 
das las  más  eran  finísimas  y  de  precio.  Esto  era  de  las  rentas 
que  el  rey  tenía  en  las  provincias  de  su  patrimonio,  porque  de 
las  provincias  conquistadas,  los  tributos  de  ellas  se  guardaban 
en  los  almacenes  que  tenía,  así  en  la  ciudad  de  Tetzcuco  como 
de  México,  en  donde  se  hacían  las  reparticiones  que  atrás  que- 
dan referidas,  para  hacer  mercedes  el  rey  á  sus  hijos,  deudos 
y  á  otros  señores  y  capitanes  beneméritos,  así  en  guerras  co- 
mo en  otras  ocupaciones  de  valor  y  virtud.  Por  la  parte  que 
caía  al  Norte  de  las  casas  referidas  y  cerca  de  las  cocinas,  esta- 
ban unos  graneros  y  trojes  de  admirable  grandeza,  en  donde 
el  rey  tenía  gran  cantidad  de  maíz  y  otras  semillas  que  se  guar- 
daban para  los  años  estériles,  y  en  cada  una  de  ellas  cabían 
cuatro  ó  cinco  mil  fanegas,  y  estaban  con  tanto  orden  y  con- 
cierto, que  por  todas  partes  el  aire  las  cogía,  con  que  las  semi- 
llas duraban  muchos  años.  Por  la  parte  del  Mediodía  tenía  los 
jardines  y  laberintos  referidos,  que  con  la  altura  y  grandeza  de 
las  casas  estaban  resguardados  del  Norte  y  rigor  de  los  fríos,  y 
por  la  parte  de  Oriente  tenía  una  laguneta  en  donde  había  di- 
versidad de  aves  de  volatería. 


CAPITULO  LVII 


Que  trata  cuánta»  fueron  las  concubina»  del  rey  NezahualpiUzintli^  y  déla  reina  Te* 
nancazihu€Uzin  eu  legitima  mujer ^  y  loa  hijo»  que  tuvo  en  ella  y  en  la»  demd». 


Por  las  historias  parece  haber  tenido  el  rey  Nezahualpiltzin- 
tli  más  de  dos  mil  concubinas,  aunque  con  las  que  él  trató  fa- 
miliarmente y  tuvo  hijos  en  ellas,  fueron  cuarenta  con  la  rei- 
na, de  las  cuales  tuvo  ciento  cuarenta  y  cuatro  hijos  é  hijas, 
de  los  cuales  los  once  eran  legítimos  ^  habidos  en  la  reina;  y  el 
mayor  y  sucesor  que  había  de  ser  del  reino,  se  llamó  Huexo- 
tzincatzin;  la  segunda  se  llamó  Tiacapantzin,  que  casó  con  el 
príncipe  Macuilmalinaltzin,  heredero  que  había  de  ser  del  rei- 
no de  México,  y  hijo  legítimo  del  rey  Axayacatzin;^  el  tercero 
Quauhtliyztactzin;  el  cuarto  Tetlahuehuetzquititzin,  que  se  lla- 
mó después  D.  Pedro;  la  quinta  se  llamó  Tlacoyehuatzin,  que 
casó  con  el  señor  de  Zocateotitlan  en  la  provincia  de  Tepeaca; 
la  sexta  se  llamó  Teycuhtzin  que  casó  con  el  señor  de  Coatli- 
chan;  la  séptima  se  llamó  Xocotzin,  que  casó  con  el  señor  de 
Tepechpan;  el  octavo  fué  Coanacochtzin,  que  vino  á  suceder  en 
el  reino,  y  se  llamó  después  D.  Pedro;  el  noveno  fué  Ixtlilxo- 
chitzin,  que  también  sucedió  en  el  reino  en  compañía  de  su 
hermano  y  en  favor  de  los  españoles,  que  se  llamó  D.  Fernan- 

1  Pomar  dice  en  su  Relación,  página  26,  que  Nezahualpilli  no  tuvo  hijos 
legítimos. 

2  Ya  hemos  visto  que  esto  es  inexacto. 


268     OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

do  Cortés;  el  décimo  fué  Nonoalcalzin;  y  el  onceno  y  último 
Yoyontzin,  que  después  se  llamó  D.  Jorge.  La  reina  ^  era  hija 
legítima  del  infante  Xoxocatzin,  señor  de  la  casa  Atzacualco, 
una  de  las  más  principales  de  los  reyes  de  México,  habida  en 
Teycuhtzin,  hija  del  infante  Temictzin,  y  hermana  de  la  reina 
Azcalxochitzin,  la  madre  del  rey;  de  manera  que  esta  señora 
era  su  prima  hermana,  por  cuya  caúsala  escogió  por  mujer  le- 
gítima, aunque  con  ella  vinieron  otras  señoras  mexicanas  hijas 
délos  reyes,  como  fué  la  señora  de  la  casa  de  Xilomenco  herma- 
na mayor  del  último  Motecuhzoma  y  Cuillahuatzin  reyes  de  Mé- 
xico, madre  que  fué  del  rey  Cacama.  De  las  concubinas  la  que 
más  privó  con  el  rey,  fué  la  que  llamaban  la  señora  de  Tula, 
no  por  linaje,  sino  porque  era  hija  de  un  mercader;  y  era  tan 
sabia  que  competía  con  el  rey  y  con  los  más  sabios  de  su  rei- 
no, y  era  en  la  poesía  muy  aventajada;  que  con  estas  gracias  y 
dones  naturales,  tenía  al  rey  muy  sujeto  á  su  voluntad,  de  tal 
manera,  que  lo  que  quería  alcanzaba  de  él;  y  así  vivía  por  sí 
sola  con  grande  aparato  y  majestad  en  unos  palacios  que  el 
rey  le  mandó  edificar. 

1  Según  Pomar,  loe.  cit.,  la  reina  no  fué  ésta,  sino  una  hija  de  Axayacatl. 
En  el  mapa  Tlotzin  no  tiene  nombre  jeroglífico,  que  pudiera  sacarnos  de  du- 
das. Según  otras  noticias,  mejores  en  nuestro  concepto,  la  reina  era  sobrina 
de  Tízoc,  y  se  llamaba  Xilomen:  ésta  fué  la  madre  de  Cacama.  A  las  bodas 
asistió  una  hermana  de  ella,  llamada  Xicotzincatzin;  Nezahualpilli  la  tomó 
también  por  esposa,  y  en  ella  tuvo  á  Huexotzincatzin,  Cohuanacochtzín  é  Ix- 
tlilzochitl  y  cuatro  mujeres. 


CAPITULO  LYIII 


Que  trcUa  de  la  muerte  de  TizotziccUziny  rey  de  México j  y  aucesibn  de  Ahuütolzinj  y  de 
otras  coacu  que  acaecieron  antes  de  su  muerte. 


Según  por  los  anales  parece,  en  cinco  años  y  algunos  días 
más  que  reinó  Ticotzicatzin,  no  sucedió  en  todo  este  tiempo 
cosa  de  consideración,  si  no  fueron  algunas  muertes  de  seño- 
res y  sucesión  de  otros;  como  fué  la  muerte  de  Techotlalatzin, 
segundo  señor  de  Iztapalapan,  en  el  año  de  mil  cuatrocientos 
ochenta  y  dos  que  llaman  ce  Tochtli,  y  en  el  siguiente  de 
ochenta  y  tres  fué  la  entrada  que  hicieron  los  de  Cuauhna- 
huac  en  Atlixco  contra  los  de  Huexotzinco,  de  donde  volvie- 
ron destrozados  y  murió  la  mayor  parte  de  sus  gentes,  porque 
los  huexotzincas  les  castigaron  muy  bien  su  atrevimiento.  El 
siguiente  de  ochenta  y  cinco  murió  Quauhpopocatzin,  señor  de 
Coatlichan,  y  le  sucedió  Xaquintzin;  también  entró  en  el  seño- 
río de  Chimalhuacan  Matlaquahuacatzin;  y  en  el  de  ochenta  y 
seis,  que  llamaron  chicóme  Tochtli,  murió  el  rey  Ticotzicatzin, 
y  sobre  la  causa  de  su  muerte  hay  variedades  de  opiniones  en- 
tre los  autores;  porque  unos  dicen  que  los  suyos  lo  mataron 
secretamente,  y  otros  que  le  dieron  bocado;  aunque  en  la  his- 
toria que  yo  sigo  no  se  trata  de  tal  opinión.  Muerto  que  fué,  y 
juntos  los  electores  con  los  reyes  de  Tetzcuco  y  Tlacopan,  fué 
por  ellos  electo  Ahuitzotzin,  famosísimo  capitán  de  los  mexi- 
canos, y  sumo  sacerdote  que  era  del  templo  mayor,  hermano 


270  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

menor  de  Ticotzicatzin  y  Axayacatzin.  Luego  que  entró  en  el 
reino  procuró  con  muchas  veras  engrandecer  los  simulacros  y 
templos  de  sus  falsos  dioses;  y  así  comenzó  á  edificar  los  tem- 
plos, con  más  suntuosidad  que  los  que  sus  mayores  habían 
dejado.  ^ 

1  £1  gran  teocalli  6  templo  mayor  de  México,  comenzado  por  Tízoc  en  el 
año  1483,  fué  terminado  y  consagrado  por  Ahuizotl  en  el  año  1487.  Existen 
sobre  esto  varias  pinturas  jeroglíficas,  y  la  famosa  lápida  conmemorativa  del 
Museo.  No  refiere  la  crónica  solemnidades  más  suntuosas  ni  más  sangrientas 
que  las  de  esta  consagración. 


CAPITULO  LIX 


Que  trata  de  la  entrada  que  hizo  NezahuálpiUzinÜi  en  la  costa  de  Nauhtlan,  y  después 
él  y  los  reyes  Ahuizotxiti  y  Chimalpopocatzin  las  conquistas  que  hicieron  de  ciertas 
provincias  que  caen  hacia  el  Sur. 


En  este  año  de  ochenta  y  seis  atrás  referido  juntó  sus  gen- 
tes el  rey  Nezahualpiltzintli,  y  fué  sobre  la  costa  de  Nauhtian, 
(que  el  día  de  hoy  llaman  Almería),  y  aunque  tuvo  alguna  difi- 
cultad por  las  serranías  y  fragosidad  de  los  puertos  de  aquellas 
provincias,  á  pocos  lances  las  sojuzgó  y  cautivó  muchos  capi- 
tanes y  soldados  de  los  más  principales  de  aquella  nación  (que 
es  de  la  tierra  baja  de  los  totonaquez),  ^  y  entre  ellos  su  señor, 
con  que  quedó  toda  aquella  costa  hasta  la  de  Panuco  debajo 
de  su  señorío,  y  habiendo  puesto  sus  presidios  repartió  la  tie- 
rra como  lo- tenía  de  costumbre,  y  se  volvió  victorioso  y  car- 
gado de  despojos  á  la  ciudad  de  Tetzcuco,  en  donde  este  mis- 
mo año  juntando  sus  gentes  con  las  del  rey  Ahuitzotzin  de 
México  y  el  de  TI  acopan  Chimalpopocatzin,  fueron  sobre  las 
provincias  de  Chinauhtla,  Coyolapan,  Hualtecpec,  Tlapan,  Xo- 
conochco,  Xochtlan,  Amaxtlan  y  la  Tzapoteca  y  Mizteca  baja 
y  alta,  hasta  llegar  á  la  provincia  de  Chiapan,  cuya  conquista 
aunque  echaron  el  resto,  fué  muy  dificultosa;  mas  al  fin  con- 
quistaron todas  las  naciones  referidas  y  volvieron  cargados  de 

1  Totonacos. 


272  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHILT. 

muy  grandes  y  ricos  despojos,  y  de  muy  gran  suma  de  cauti- 
vos que  fueron  casi  cien  mil  hombres,  y  de  la  parte  del  impe- 
rio no  pasaron  de  siete  mil  los  que  en  estas  conquistas  murie- 
ron. Antes  de  venirse  dejaron  gente  de  guarnición  en  las  más 
fuertes  ciudades  y  cabeceras  de  aquellas  provincias;  y  en  sus 
confines  hacia  las  tierras  remotas  por  conquistar,  pertrecharon 
muy  bien  sus  tierras  y  fronteras.  Esta  fué  una  de  las  mayores 
conquistas  que  hicieron  las  tres  cabezas  del  imperio  en  tan 
breve  rspacio  de  tiempo.  Asimismo  fué  el  rey  Nezahualpiltzin- 
tli  contra  los  de  la  provincia  de  Tizauljicoac,  porque  se  habían 
revelado  contra  el  imperio,  y  muerto  á  los  marcaderes  natura- 
les de  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  México  que  trataban  y  contra- 
taban en  sus  tierras,  y  habiéndolos  sujetado  y  castigado  á  los 
rebeldes  dejando  bien  proveídos  de  gente  los  presidios  y  fortale- 
zas, trajo  demás  de  los  despojos  más  de  veinticinco  mil  cautivos. 
Igualmente  el  rey  Nezahualpiltzintli  casi  por  estos  tiempos  hi- 
zo una  entrada  contra  los  de  Atlixco,  una  de  las  señorías  que 
estaban  dedicadas  para  el  ejercicio  militar,  de  donde  habían 
cautivos  para  el  ejercicio  ordinario  de  sus  falsos  dioses;  ^  y  así 
Quauhtliytzactzin  señor  y  capitán  general  de  aquella  repúbli- 
ca, salió  al  campo  dedicado  para  estas  guerras  contra  el  rey 
Nezahualpiltzintli  echando  el  resto  de  lo  más  mejor  de  sus  sol- 
dados, por  ganar  honra  y  fama  como  la  que  se  le  ofrecía  si  en 
batalla  vencía  tan  poderoso  rey;  mas  Nezahualpiltzintli  como 
astuto  y  sabio  y  muy  bien  ejercitado  en  las  cosas  de  guerra,  á 
los  primeros  encuentros  venció  y  cautivó  á  su  contrario  y  con 
él  á  otros  muchos  capitanes  y  soldados  de  fama;  y  este  fué  uno 
de  los  seis  señores  que  por  su  persona  venció  y  cautivó,  sin 
otros  muchos  capitanes  que  venció  y  cautivó  que  no  se  hace 
mención  de  ellos. 

1  Refiere  Pomar  en  su  Relación,  que  los  hombres  de  Huezotzinco  casi  Ue- 
garon  á  acabarse  en  estas  guerras;  y  que  se  separaron  por  eso  de  este  pacto. 


CAPITULO  LX 


Que  trata  c^mo  el  rey  AtwÜMaUtin  aaabt  el  templo  ma^or  de  Metieo  y  delot  grandes 
sacrificio»  que  se  hicieron  en  su  estreno;  de  la  muerte  del  rey  de  Tlacopan  Chimal- 
popooatzin  y  sttcesión  de  Totoguihuatztn,  segundo  de  este  nombrct  y  de  otros  «e- 
ñores. 


Al  tercero  año  del  reinado  de  Ahuitzotzín  (que  fué  en  el  de 
mil  cuatrocientos  ochenta  y  siete  que  llaman  chiquey  Acatl) 
se  acabó  el  templo  mayor  de  Huitzilopochtli  ídolo  principal  de 
la  nación  mexicana,  que  fué  el  mayor  y  más  suntuoso  que  hu- 
bo en  la  ciudad  de  México,  y  para  su  estreno  convidó  á  los  re- 
yes de  Tetzcuco  Nezahualpiltzintli  y  Ghimalpopocatzin  de  Tla- 
copan y  á  todos  los  demás  grandes  y  señores  del  imperio:  todos 
los  cuales  en  especial  los  dos  reyes,  fueron  con  gran  aparato  y 
suma  de  cautivos  para  sacrificarlos  ante  este  falso  dios,  que  en 
solo  el  estreno  de  su  templo  (dejando  aparte  varias  opiniones 
de  autores),  se  juntaron  con  los  que  el  rey  de  México  tenía  de 
solas  cuatro  naciones  que  fueron  cautivas  en  las  guerras  atrás 
referidas,  ochenta  mil  y  cuatrocientos  hombres  en  este  modo: 
de  la  nación  tzapoteca  diez  y  seis  mil,  de  los  tlapanecas  vein- 
ticuatro mil,  de  los  huexotzincas  y  allixcas  otros  diez  y  seis  mil, 
de  los  de  Tizauhcoac  veinticuatro  mil  y  cuatrocientos,  que  vie- 
nen á  montar  el  número  referido;  todos  los  cuales  fueron  sa- 
criñcados  ante  este  estatuario  del  demonio,  y  las  cabezas  fue- 
ron encajadas  en  unos  huecos  que  de  intento  se  hicieron  en 
las  paredes  del  templo  mayor,  sin  otros  cautivos  de  otras  gue- 

ToKO  11—19 


274  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXLTILXOCHITL. 

rras  de  menos  cuantía  que  después  en  el  discurso  del  año  fue- 
ron sacrificados,  que  vinieron  á  ser  más  de  cien  mil  hombres; 
y  así  los  autores  que  exceden  en  el  número,  se  entiende  con 
los  que  después  se  sacrificaron.  Fué  tan  grande  la  carnicería  y 
crueldad  que  en  tiempo  de  este  rey  se  hizo,  que  antes  ni  des- 
pués no  hubo  otra  que  se  le  igualase;  porque  sin  los  referidos 
sacrificaron  otros  muchos  durante  su  reinado,  así  en  la  ciudad 
de  México  como  en  las  de  Tetzcuco  y  Tlacopan  y  otras  ciuda- 
des populares  y  cabeceras  de  provincia  sujetas  al  imperio.  El 
demonio  en  esta  ocasión  tuvo  tan  grande  cosecha,  que  en  las 
provincias  contrarias  al  imperio  no  fué  menos.  Luego  el  año 
siguiente  de  ochenta  y  nueve,  comenzó  Dios  á  vengar  la  muer- 
te de  tantos  miserables  hombres,  á  conquistar  las  vidas  de  al- 
gunas cabezas  del  imperio;  pues  en  el  año  referido  murió  el 
rey  Chimalpopocatzin  de  Tlacopan,  y  en  su  lugar  entró  el  prín- 
cipe heredero  Totoquihuatzin  su  hijo,  con  acuerdo  de  las  otras 
dos  cabezas  Nezahualpiltzintli  y  Ahuitzotzin.  Asimismo  en  es- 
te año  se  dio  principio  de  algunos  señoríos,  como  fueron  Tezo- 
zomoc  que  fué  el  primero  de  Azcaputzalco,  después  de  su  rui- 
na y  destrucción;  y  en  Iztapalapan  Cuitlahuatzin,  que  ambos 
eran  descendientes  de  la  casa  real  de  México. 


CAPITULO  LXI 


Que  trata  de  la  guerra  que  tuvo  el  rey  NezahualpützintU  contra  ffuehuetein  de  Hue- 
xottincOf  y  cbmo  lo  venció  y  cautivó. 


Hállase  en  las  historias  que  el  rey  Nezahualpiltzintli  y  el  de 
Huexotzinco,  Huehuetzin,  nacieron  en  un  mismo  tiempo,  hora 
y  día,  y  los  astrólogos  y  adivinos  que  les  alzaron  figuras,  ha- 
llaron que  Nezahualpiltzintli  había  de  ser  vencido,  aunque  por 
él  se  había  de  cantar  la  victoria;  con  que  estos  dos  príncipes 
vivieron  siempre  cuidadosos  y  con  deseos  de  salir  de  esta  du- 
da. Como  los  infantes  hermanos  mayores  de  Nezahualpiltzin- 
tli tenían  envidia  de  verle  en  el  trono  real  que  tanto  ellos  de- 
searon, muy  de  ordinario  de  secreto  se  carteaban  con  el  de 
Huexotzincaü,  ^  dándole  avisos,  no  tan  solamente  de  las  obras 
é  intentos  del  rey  su  hermanó,  sino  aun  de  los  pensamientos; 
y  así  viendo  que  el  rey  su  hermano  se  aprestaba  para  ir  sobre 
el  de  Huexotzinco,  le  avisaron  luego  dándole  cuenta  de  la  can- 
tidad de  gente  que  llevaba  en  su  ejército,  y  la  divisa  que  lle- 
vaba para  que  él  echase  todo  el  resto  y  la  gente  más  experta  en 
la  milicia  y  procurase  en  todo  caso  matarle,  pues  le  iba  en  ello 
la  vida  y  la  honra.  El  Huexotzincatl  juntó  lo  mejor  de  sus  gen- 
tes, y  á  los  más  valerosos  soldados  y  capitanes  les  mostró  la 
estampa  de  la  divisa  del  rey  de  Tetzcuco,  que  había  de  llevar 

1  Huexotzinco.  Huexotzincatl  era  el  habitante  de  esta  ciudad. 


276  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

en  la  batalla  que  se  les  ofrecía,  encargándoles  echasen  el  resto 
y  lo  matasen,  de  manera  que  él  quedase  libre  y  con  honra:  to- 
dos los  suyos  le  dieron  palabra  de  hacerlo  así;  y  habiendo  lle- 
gado Nezahualpiltzintli  al  campo  de  la  batalla  con  su  ejército, 
al  tiempo  de  comenzarla  fué  avisado  de  la  traición  que  contra 
él  sus  hermanos  tenían  urdida,  y  de  los  pactos  y  conciertos 
secretos  que  con  el  Huexotzincatl  tenían;  y  así  al  tiempo  que 
entró  en  la  tienda  para  armarse  y  echarse  la  divisa,  llamó  en 
secreto  á  uno  de  sus  capitanes  que  mucho  le  retrataba,  y  con  él 
trocó  las  armas  y  la  divisa  diciéndole  que  convenía  hacerlo  así 
á  su  servicio  y  bien  de  su  real  corona,  ofreciéndole  muy  gran- 
des mercedes  al  capitán,  y  si  peligraba,  á  su  mujer  é  hijos  y  á 
todos  los  de  su  casa  y  linaje;  el  cual  le  dio  las  gracias  por  ía 
honra  que  le  hacía  en  quererle  ocupar  en  su  servicio  más  á  él 
que  á  otro  de  los  del  ejército,  en  donde  había  otros  más  valero- 
sos que  él.  Hecha  esta  diligencia  salió  este  capitán  de  la  tienda 
acompañado  de  toda  la  gente  ilustre  y  capitanes  del  ejército,  y 
fué  á  ponerse  en  el  puesto  que  tenían  los  reyes,  para  dar  princi- 
pio á  la  batalla;  y  el  rey  con  las  armas  del  capitán  se  armó  y  lla- 
mó á  siete  soldados  secretamente,  de  quienes  se  fiaba  mucho 
y  no  eran  los  peores  de  su  ejército,  con  los  cuales  se  fué  á  po- 
ner en  parte  más  acomodada  para  venir  á  las  manos  con  su 
contrario;  y  así  como  se  comenzó  la  batalla,  los  huexotzincas 
con  grande  ímpetu  y  coraje  envistieron  y  á  pocos  lances  hu- 
bieron á  las  manos  al  desdichado  capitán  que  llevaba  las  ar- 
mas y  divisas  del  rey,  y  en  un  instante  lo  hicieron  mil  pedazos, 
no  teniéndose  por  dichoso  y  bien  aventurado  el  soldado  y  ca- 
pitán que  no  llevaba  un  pedazo  de  su  cuerpo  ó  de  sus  armas 
y  divisa,  y  fué  de  tal  manera  que  hicieron  retirar  á  los  tetzcu- 
canos  más  de  doscientos  pasos,  y  tan  ciegos  estaban  con  la  vic- 
toria que  el  rey  Nezahualpiltzintli  tuvo  lugar  en  esta  ocasión 
de  venirse  á  encontrar  con  el  Huexotzincatl,  y  embistiendo  co- 
mo león  rabioso  con  él  se  encontraron  los  dos,  y  habiéndose 
dado  muy  grandes  golpes  y  teniéndole  ya  rendido,  se  abrazó 
con  él  por  haberle  vivo  en  las  manos  y  llevarlo  preso  y  cauti- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  277 

YO.  Los  huexotzincas  los  que  más  á  mano  se  hallaron  comen- 
zaron con  gran  coraje  á  favorecer  á  su  señor,  y  salieran  con  su 
intento  si  no  lo  defendieran  los  siete  soldados  que  llevaba  el 
rey  de  su  guarda  con  otros  siete  capitanes  que  había  vencido 
en  la  refriega  el  rey,  los  cuales  con  gran  fuerza  resistían  á  los 
que  querían  favorecer  á  su  señor,  y  daban  voces  diciendo  que 
se  apartasen  que  allí  estaban  los  reyes.  Los  tetzcucanos  en  la 
retirada  que  hicieron  echaron  menos  á  su  señor,  y  como  tigres 
rabiosos  revolvieron  contra  los  huexotzincas  con  tan  grande 
ímpetu  y  prisa  buscando  á  su  señor,  que  en  un  instante  llega- 
ron á  donde  estaba  revuelto  con  su  enemigo,  el  que  como  se 
vido  perdido  en  medio  de  sus  enemigos  con  tan  poca  ayuda  y 
que  le  tiraban  muchos  macanazos  y  botes  de  lanza,  se  hizo 
caedizo  poniendo  encima  de  él  á  su  enemigo  para  que  por  su 
causa  no  le  hiriesen  sus  contrarios,  y  no  le  valió  tanto  este  ar- 
did, que  con  todo  él  no  fuese  herido  en  una  pierna  de  que  quedó 
cojo  en  toda  su  vida;  mas  como  reconoció  á  los  suyos  que 
traían  á  mal  traer  á  los  huexotzincas  y  llegaban  á  socorrerle, 
volcólo  otra  vez  cogiendo  debajo  á  Huehuetzin,  y  habiéndo- 
le preso  y  cautivado,  comenzaron  á  desamparar  los  huexotzin- 
cas y  huir,  haciendo  en  ellos  los  tetzcucanos  gran  matanza  en 
los  que  se  defendían,  y  á  los  que  se  rendían  los  aprehendían  y 
cautivaban;  con  cuya  hazaña  volvió  Nezahualpiltzintli  á  su  C9rte 
victorioso  y  entró  en  la  ciudad  triunfando.  Fué  una  de  las  ba- 
tallas más  notables  y  de  más  riesgo  que  él  ni  sus  pasados  tu- 
vieron, y  asiles  muy  notado  de  todos  los  históricos  que  tratan 
de  esta  historia.  Por  esta  hazaña  y  memoria  hizo  el  rey  un 
cercado  tan  grande  y  con  tanta  longitud,  como  la  que  hubo  en 
aquella  batalla  de  distancia  de  la  parte  donde  estuvieron  los 
suyos  y  él  metido  dentro  del  ejército  de  sus  enemigos.  El  cual 
cercado  es  el  de  la  laguna  de  las  aves  de  volatería  que  atrás  se 
ha  referido,  que  hoy  en  día  está  en  pie  delante  de  sus  palacios: 
y  dicen  los  históricos  que  los  astrólogos  y  adivinos  del  rey  en 
nada  se  erraron  de  sus  pronosticaciones,  como  parece  por  el 
discurso  de  la  historia  de  esta  batalla. 


CAPITULO  LXII 

Que  íraia  de  un  extraño  y  singular  hecho  que  hizo  TenhchimoLUzin^  caballero  descen- 
diente jde  la  casa  de  Tetzeuco, 


Entre  los  señores  y  capitanes  de  fama  y  valor  que  hubo  en 
aquestos  tiempos,  fué  uno  de  ellos  Teuhchimaltzin  de  la  casa 
y  linaje  de  los  reyes  de  Tetzcuco,  del  antiguo  origen  de  los  em- 
peradores chichimecas,  el  cual  toda  su  vida  había  andado  en 
las  conquistas  y  presidios  que  caían  por  la  costa  del  mar  del 
Sur,  por  cuya  causa  conocía  muy  bien  toda  aquella  tierra  y 
sabía  las  costumbres  y  lengua  de  aquella  nación,  como  si  ver- 
daderamente fuera  su  natural,  por  cuya  causa  intentó  hacer  un 
hecho  notable  de  grande  atrevimiento;  y  fué  que  en  estos 
tiempos  corría  la  fama  de  valeroso  capitán  y  poderoro  señor  el 
de  Zacatula  llamado  Yopicatl  Atonal,  y  aunque  los  ejércitos 
del  imperio  habían  intentado  muchas  veces  entrarse  por  sus 
tierras  y  conquistarlas,  unas  veces  yendo  cada  uno  de  por  sí 
y  otras  todos  juntos,  siempre  volvían  destrozados  y  sin  hacer 
cosa  de  consideración;  mas  por  haber  dado  principio  los  acul- 
huas  tetzcucanos  á  esta  empresa  en  parte  de  tan  poco  fruto  é 
interés  para  los  mexicanos  y  tepanecas,  todas  las  veces  que 
se  encontraban  y  juntaban  con  ellos  los  tepanecas  los  baldo- 
neaban y  daban  grita:  por  lo  cual  corrido  de  esto  Teuhchimal- 
tzin como  á  quien  tanta  parte  le  cabía,  se  fué  al  rey  su  señor  y 
le  pidió  licencia  para  que  él  con  otros  dos  mercaderes  tetzcu- 


280  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

canos  que  trataban  y  contrataban  en  aquellas  tierras  entrase 
en  la  provincia  de  Zacatula,  ofreciéndole  de  sujetarla  y  traer 
vivo  ó  muerto  al  señor  de  allí;  y  aunque  al  rey  le  pareció  muy 
gran  disparate  y  atrevimiento,  se  la  dio  de  mala  gana,  porque 
le  pareció  que  no  saldría  con  su  vano  intento  y  que  se  queda- 
ría allá  muerto  ó  cautivo;  el  cual  y  Ips  dos  mercaderes  que  es- 
cogió para  sus  designios,  se  despacharon  con  toda  prisa  y  se- 
creto á  la  provincia  de  Zacatula,  y  así  como  llegaron  á  los  tér- 
minos de  ella  se  pusieron  él  y  los  dos  mercaderes  en  trsge 
conforme  á  los  de  aquella  tierra,  y  se  fueron  á  vender  por  las 
ferias  aguardando  tiempo  y  ocasión  para  hacer  su  hecho;  mas 
no  pudo  ocultarse  tanto  que  cuando  él  entendió  estar  más  se- 
guro fué  conocido  y  llevado  preso  ante  el  señor,  el  cual  lo  man- 
dó poner  á  buen  recaudo  para  en  la  primera  fiesta  de  sus  fal- 
sos dioses  sacrificarlo;  y  llegado  el  tiempo,  un  día  antes  de  la 
fiesta  convidó  á  todos  los  más  principales  y  señores  de  su  cor. 
te  á  un  solemne  convite  y  sarao  (que  era  costumbre  hacerse 
de  noche),  y  comenzando  fueron  entrando  los  señores  y  caba- 
lleros por  su  orden  haciéndole  la  bien  venida  y  brindándole; 
de  tal  manera  bebieron  (como  aquella  nación  tenía  de  costum- 
bre), que  antes  que  fuese  la  media  noche  todos  los  convidados 
y  los  de  palacio  estaban  privados  de  sus  sentidos,  con  que  muy 
seguramente  salió  Teuhchimaltzin  de  los  cuartos  en  donde  es- 
taba, se  fué  á  la  sala  del  sarao,  y  comenzó  también  á  hacer  las 
ceremonias  que  allí  vido  hacer  á  los  demás,  que  como  estaban 
tan  embriagados  no  vieron  al  enemigo  que  tenían  consigo,  el 
cual  asi  como  los  vido  rendidos  y  caídos  por  aquellos  suelos, 
llegó  al  rey  y  con  un  navajón  que  llevaba  le  cortó  la  cabeza  y 
le  quitó  algunas  de  las  insignias  y  joyas  que  tenía  sobre  sí» 
y  echándolo  todo  en  una  talega  que  para  el  efecto  había  lleva- 
do, se  salió  de  palacio  y  á  todo  correr  se  vino  á  las  fronteras 
que  por  allí  y  cerca  de  los  confines  de  esta  provincia  tenía  el 
imperio.  Los  de  la  gente  ilustre  de  Zacatula  cuando  volvieron 
en  sí  y  echaron  de  ver  el  mal  suceso  y  temerario  atrevimien- 
to del  cautivo,  acordaron  entre  todos  ellos  rendirse  y  dar  la 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  281 

obediencia  á  Nezahualpiltzintli  su  señor,  y  así  despacharon  un 
buen  presente  en  seguimiento  de  Teuhchimaltzin,  y  llegados 
que  fueron  al  presidio  y  frontera  en  donde  él  estaba,  le  rogaron 
se  volviese  á  tomar  la  posesión  de  aquella  provincia  en  nom- 
bre del  rey  su  señor;  y  Teuhchimaltzin  pidió  ante  todas  cosas, 
rehenes  para  la  seguridad  de  su  persona  y  de  la  gente,  que 
consigo  quería  llevar,  los  cuales  hicieron  traer  los  hijos  de  su 
señor  y  caballeros,  que  quedaron  en  esta  fortaleza,  mientras 
Teuhchimaltzin  fué  a  tomar  posesión  de  la  tierra  y  ponerla 
debajo  de  la  sujeción  del  imperio;  y  así  llegado  que  fué,  lo  pri- 
mero que  hizo  se  señoreó  de  las  fuerzas  de  los  zacatultecas,  y 
haciendo  otras  diligencias  conforme  á  las  leyes  y  costumbres 
del  imperio,  y  dejando  en  la  sucesión  y  señorío  al  heredero  de 
aquella  provincia  y  los  demás  señores  en  su  mismo  ser  y  ca- 
lidad, se  volvió  victorioso  á  su  patria  y  entró  triunfando  por  la 
ciudad  de  Tetzcuco  en  donde  fué  muy  bien  recibido  y  festeja- 
do; y  habiendo  presentado  la  cabeza  é  insignias  de  Yopicatl 
Atonal  con  gran  suma  de  riquezas,  fué  premiado  por  el  rey,  ha- 
ciéndole muy  grandes  mercedes,  entre  las  cuales  fué,  que  de- 
más de  los  lugares  de  que  le  hizo  señor,  mandó  edificarle  en  la 
ciudad  de  Tetzcuco  otras  casas  y  palacios  de  la  misma  traza 
que  los  del  señor  de  Zacatula.  Este  fué  un  admirable  ejemplo 
y  doctrina  de  que  los  reyes  de  Tetzcuco  diversas  veces  se 
aprovecharon,  para  reprender  á  sus  subditos  y  vasallos  contra 
el  vicio  de  la  embriaguez. 


CAPITULO  LXIII 


Q%te  trata  de  las  guerras  y  conqiiiskts  que  tuvo  el  imperio  contra  los  rebeldes  de  Uu 

naciones  remotas. 


En  el  año  de  mil  cuatrocientos  noventa  y  dos  que  llaman 
matlactliomey  Tecpatl  fué  la  conquista  de  la  provincia  de  Tza- 
potlan,  y  el  siguiente  de  noventa  y  tres  fué  la  de  Xaltepec  que 
se  había  revelado.  El  de  noventa  y  cuatro  fué  preso  en  bata- 
lla Tlacahuepantzin,  uno  de  los  hijos  legítimos  del  rey  Axaya- 
catzin,  por  los  de  Atlixco,  y  fué  sacrificado  á  sus  falsos  dioses. 
En  el  de  noventa  y  cinco  el  ejército  de  los  aculhuas  fué  contra 
los  de  Tliltepec  y  no  hizo  cosa  de  consideración,  antes  murió 
mucha  gente  en  batalla  y  volvió  destrozado.  En  el  siguiente  de 
noventa  y  seis  fueron  los  ejércitos  de  las  tres  cabezas  del  im- 
perio contra  los  de  la  provincia  de  Tehuantepec,  en  donde  asi- 
mismo fueron  destrozados  y  perdieron  mucho  de  su  fama  y 
reputación,  y  mostró  Dios  su  castigo  y  zana  que  contra  él  ^  tenía 
por  los  muchos  sacrificios  que  habían  hecho,  y  no  paró  aquí 
sino  que  les  envió  otros  castigos  como  se  verá  adelante.  El  si- 
guiente de  noventa  y  siete  sojuzgaron  otras  dos  provincias,  las 
de  Amaxüan  y  Xochitlan. 

1  Debe  ser.  eUos. 


CAPITULO  LXIV 


Que  ircUa  de  la  extraña  severidad  oon  que  caaHffó  el  re^  NexahualjpiltzinUi  á  la  reina 
mezicanapor  el  adulterio  y  traieibn  que  contra  él  ae  cometib. 


Al  tiempo  que  al  rey  Nezahualpiltzintli  le  enviaron  Axa- 
yacatzin  rey  de  México  y  otros  señores  á  sus  hijas  para  que  de 
allí  escogiese  la  que  había  de  ser  la  reina  y  su  mujer  legítima, 
y  las  demás  por  concubinas  (para  que  cuando  faltase  sucesor 
de  la  legítima  pudiese  entrar  alguno  de  los  hijos  de  estas  seño- 
ras, la  que  más  derecho  tuviese  á  la  herencia  por  su  nobleza  y 
mayoría  de  linjge),  entre  las  señoras  mexicanas  vino  la  prince- 
sa Chalchiuhnenetzin  su  hija  legítima,  la  cual  por  ser  tan  niña 
en  aquella  sazón  no  la  recibió  sino  que  la  mandó  criar  en  unos 
palacios  con  grande  aparato  y  servicio  de  gente  como  hija  de 
tan  gran  señor  como  lo  era  el  rey  su  padre,  y  así  pasaban  de 
dos  mil  personas  las  que  trajo  consigo  para  su  servicio,  de  amas, 
criadas,  pjges  y  otros  sirvientes  y  criados;  y  aunque  niña  era 
tan  astuta  y  diabólica,  que  viéndose  sola  en  sus  cuartos  y  que 
sus  gentes  la  tenían  y  respetaban  por  la  gravedad  de  su  per- 
sona, comenzó  á  dar  en  mil  flaquezas  y  fué  á  dar  que  Qualqui,  ^ 
mancebo  galán  y  gentil  hombre  acomodado  á  su  gusto  y  afición, 
daba  orden  en  secreto  de  aprovecharse  de  ella,  y  habiendo 
cumplido  su  deseo  lo  hacía  matar,  luego  mandaba  hacer  una 
estatua  de  su  figura  ó  retrato,  y  después  de  muy  bien  adorna- 
da de  ricas  vestimentas  y  joyas  de  oro  y  pedrería  lo  ponía  en 
la  sala  en  donde  ella  asistía;  y  fueron  tantas  las  estatuas  de  los 

1  Este  es  un  error  grave  del  copista,  pues  debe  decin  cualquier  mancebo. 


286  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

que  así  mató,  que  casi  cogía  toda  la  sala  á  la  redonda;  y  al  rey 
cuando  la  iba  á  visitar  y  le  preguntaba  por  aquellas  estatuas, 
le  respondía  que  eran  sus  dioses,  dándola  crédito  el  rey  por 
ser  como  era  la  nación  mexicana  muy  religiosa  de  sus  falsos 
dioses;  y  como  ninguna  maldad  puede  ser  hecha  tan  oculta- 
mente, á  pocos  lances  fué  descubierta  en  este  modo:  que  de 
los  galanes  por  ciertos  respetos  dejó  tres  de  ellos  con  vida,  los 
cuales  se  llamaban  Chicuhcoatl,  Huitzilihuitl  y  Maxtla,  que  el 
uno  de  ellos  era  señor  de  Tezoyucan  y  uno  de  los  grandes  del 
reino,  y  los  otros  dos  caballeros  muy  principales  de  la  corte. 
El  rey  conoció  en  uno  de  ellos  una  joya  muy  estimada  que  ha- 
bía dado  á  esta  señora,  y  aunque  seguro  de  semejante  traición, 
todavía  le  dio  algún  recelo;  y  así  yendo  una  noche  á  visitarla 
le  dijeron  las  amas  y  criadas  qué  tenía,  que  estaba  reposando, 
entendiendo  que  el  rey  desde  allí  se  volvería  como  otras  veces 
lo  había  hecho;  mas  con  el  recelo  entró  en  la  cámara  en  don- 
de ella  dormía  y  llegó  á  despertarla,  y  no  halló  sino  una  estatua 
como  que  estaba  echada  en  la  cama  con  su  cabellera,  la  cual 
muy  al  vivo  y  natural  representaba  a  esta  señora:  visto  por  el 
rey  semejante  simulacro  y  que  la  gente  comenzaba  á  turbarse 
y  afligirse,  llamó  á  los  de  su  guardia  y  comenzó  á  aprehender 
toda  la  gente  de  la  casa,  y  hizo  gran  diligencia  en  hacer  parecer 
á  esta  señora  que  á  pocos  lances  fué  hallada,  que  en  ciertos  sa- 
raos estaba  ella  con  sus  tres  galanes,  los  cuales  con  ella  fueron 
presos.  El  rey  remitió  el  caso  á  los  jueces  de  su  casa  y  corte 
para  que  hiciesen  inquisición  y  pesquisa  de  todos  los  que  eran 
culpados,  los  cuales  con  toda  diligencia  y  cuidado  lo  pusieron 
por  obra  con  muchas  personas  culpantes  é  iniciadas  en  este 
delito  y  traición,  aunque  los  más  eran  criados  y  criadas  de  ella 
y  muchos  oficiales  de  todos  oficios  y  mercaderes,  que  se  ha- 
bían ocupado  unos  en  el  adorno  y  compostura  y  servicio  de 
las  estatuas,  y  otros  en  traer  y  entrar  á  palacio  los  galanes  que 
representaban  aquellas  estatuas,  y  los  que  les  habían  dado  la 
muerte  y  ocultado  sus  cuerpos.  Estando  ya  la  causa  muy  bien 
probada  y  fulminada,  despachó  sus  embajadores  á  los  reyes  de 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOGHITL.  287 

México  y  Tlacopan  dándoles  aviso  del  caso  y  señalando  el  día 
en  que  se  había  de  ejecutar  el  castigo  en  aquella  señora  y  en 
los  demás  cómplices  en  aquel  delito,  y  asimismo  envió  por  to- 
do el  imperio  á  llamar  á  todos  los  señores  para  que  trajesen  á 
sus  mujeres  é  hijas,  aunque  fuesen  niñas  muy  pequeñas,  por- 
que se  hallasen  á  este  ejemplar  castigo  que  se  había  de  hacer; 
y  asimismo  hizo  treguas  con  todos  les  reyes  y  señores  contra- 
rios al  imperio,  para  que  también  libremente  pudiesen  venir  ó 
enviar  á  ver  el  castigo  referido.  Llegado  el  tiempo  fué  tan  gran- 
de el  número  de  las  gentes  y  naciones  que  vinieron  á  hallarse 
en  él,  que  con  ser  tan  grande  como  era  la  ciudad  de  Tetzcu- 
00,  apenas  podían  caber  en  ella.  Se  ejecutó  la  sentencia  pú- 
blicamente y  á  vista  de  todo  el  pueblo,  dando  garrote  á  esta 
señora  ^  y  á  los  otros  tres  señores  sus  galanes,  y  por  ser  gente 
de  calidad,  sus  cuerpos  fueron  quemados  con  las  estatuas  re- 
feridas; y  á  los  demás  que  pasaron  de  dos  mil  personas  les  fue- 
ron dando  garrote,  y  en  una  barranca  cerca  de  un  templo  del 
ídolo  de  los  adulterios,  los  fueron  echando  en  el  centro  de  una 
olla  grande  que  para  el  efecto  se  hizo.  Fué  este  castigo  tan 
ejemplar  y  severo  que  todos  loaron  al  rey,  aunque  los  señores 
mexicanos  deudos  de  esta  señora  quedaron  sentidos  y  corri- 
dos del  castigo  tan  público  que  el  rey  hizo,  y  procuraron  su 
venganza  remitiéndolo  al  tiempo,  y  no  haciéndose  sentidos  ni 
agraviados  de  esta  severidad.  Y  si  bien  se  notase  esta  traición 
y  trabajo  que  al  rey  le  vino  en  su  casa,  no  fué  sin  misterio, 
porque  parece  que  él  pagó  casi  por  los  mismos  ñlos,  la  extraña 
manera  y  modo  con  que  el  rey  su  padre  alcanzó  á  la  reina 
su  madre. 

1  Es  notable  que  los  primeros  cronistas  no  hablen  de  este  suceso,  ni  esté 
consignado  en  los  jeroglíficos.  Sin  embargo,  Pomar  también  refiere,  que  Ne- 
zahualpiltzintli  mató  por  adúltera  á  su  mujer,  hija  legítima  do  Axayacatl. 
Sea  lo  que  fuere,  no  debemos  descuidarnos  de  que  el  autor  prepara  el  ánimo 
contra  los  mexicanos,  para  autorizar  en  alguna  manera  la  alianza  de  su  ante- 
pasado Ixtlilxochitl  y  de  los  tetzcucanos  con  los  españoles. 


CAPITULO  LXV 

Que  trola  de  otras  eonquUtaa  que  en  eetoe  tiempoa  fiieieron  loe  del  imperio. 

Andaban  los  ejércitos  del  imperio  tan  ganosos  de  siyetar 
tierras  y  naciones,  que  les  parecía  á  los  soldados  de  grande 
ociosidad  y  menos  valor  si  no  hacían  algmia  entrada,  y  como' 
en  esto  se  les  seguía  muy  grande  honra  y  fama,  y  demás  de  los 
grandes  y  expléndidos  dones  y  mercedes  que  sus  reyes  les  ha- 
cían, volvían  á  sus  casas  ricos  de  despojos,  andaban  cuidado- 
sos y  no  dejaban  pasar  el  tiempo  en  vano,  por  lo  cual  en  esta 
ocasión  se  les  ofreció  ir  sobre  la  provincia  de  Tequantepec,  en 
donde  otras  veces  habían  sido  vencidos  y  era  una  de  las  más 
ricas  y  poderosas  que  había  en  aquellas  cortes,  y  así  yendo  por 
sus  jornadas  hasta  llegar  á  la  dicha  provincia  entraron  por  ella, 
y  cercaron  á  una  de  sus  ciudades  más  populosas  y  ricas  que 
se  decía  Amextloapan  y  combatiéndola  la  sujetaron  y  saquea- 
ron, en  donde  en  su  defensa  murieron  muchos  millares  de  te- 
quantepecas,  y  trajeron  cautivos  diez  y  siete  mil  y  cuatrocien- 
tas personas;  con  cuya  hazaña  quedaron  los  de  esta  provincia 
muy  destrozados,  habiendo  siempre  defendido  su  partido  muy 
bien.  Luego  el  año  siguiente  de  mil  quinientos,  que  llamaron 
chicuey  Tecpatl,  por  haberse  tornado  á  rebelar  los  de  la  pro- 
vincia de  Xaltepec  fueron  sobre  ellos,  y  totalmente  los  destru- 
yeron, de  manera  que  de  todo  punto  quedaron  sujetos,  sin  que 
jamás  de  allí  adelante  tuviesen  pensamientos  de  alterarse,  po- 
niéndoles doblados  tributos  como  era  costumbre  con  los  que 
se  alzaban  contra  el  imperio.  ^ 

1  Pueden  verse  pormenorizadas  todas  las  conquistas  hechas  por  las  tres  na- 
•ciones  del  Anahuac,  en  los  jeroglíficos  del  Códice  Mendocino. 


Tomo  ir~20 


CAPITULO  LXVI 


Que  trati  de  una  inundación  ¡/ronde  que  hubo  ex  la  dudad  de  México,  procedida  de 
un  ojo  de  agu%  ¡lamido  Aeuecuexatl,  ^ 


Parece  por  las  historias  que  hasta  los  elementos  pedían  á 
Dios  venganza  y  se  levantaban  contra  el  rey  Ahuitxotzin  ^  que 
tan  religioso  se  mostraba  en  el  culto  y  servicio  de  sus  falsos 
dioses;  y  así  en  este  tiempo  queriendo  traer  á  la  ciudad  de 
México  por  una  tarjea  de  argamasa  el  agua  de  un  ojo  que  está 
en  el  pueblo  de  Huitzilopochco  cerca  del  de  Coyoacan,  llama- 
do Acuecuexatl,  *  abriendo  para  el  efecto,  salió  tan  gran  golpe 
de  agua  y  tan  viva  que  parecía  quererse  subir  por  las  paredes 
de  las  casas  de  la  ciudad,  con  tan  gran  violencia  que  en  breve 
espacio  de  tiempo  la  anegó  y  ahogó  mucha  gente  de  ella;  y 
por  otra  parte  de  la  laguna  se  levantaban  muchas  oladas  de 
ella,  que  causó  grande  terror  y  espantos  á  todos  los  que  las 
veían,  que  parecía  que  se  levantaban  hasta  el  cielo,  que  fué  ca- 
so prodigiosísimo  y  admirable,  por  cuya  causa  todos  los  más 
que  pudieron  escapar  con  las  vidas  desampararon  la  ciudad. 

1  Cuecuexatl  en  Tezozomoc,  y  Acuecuexco  en  el  P.  Duran. 

2  Ahuizotzin. 

8  Según  Chimalpam,  como  le  dijeron  á  Ahuizotzin  que  el  agua  sería  fu- 
nesta á  México,  consultS  á  un  astrólogo  llamado  Cuecuex.  Entonces  el  nom- 
bre dado  por  Tezozomoc  sería  el  bueno,  pues  signiñca  agua  de  Cuecuex.  Sin 
embargo  todavía  ahora  se  usa  el  de  Acuecuexco. 


292  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

El  rey  que  estaba  en  unos  cuartos  bajos  de  unos  jardines,  por 
salirse  huyendo  de  ellos  (que  ya  el  agua  con  grande  ímpetu 
iba  entrando  por  ellos),  se  dio  una  calabazada  ^  en  el  umbral 
de  la  puerta  que  se  descalabró  y  quedó  mal  herido,  de  tal  ma- 
nera que  con  este  achaque  vivió  muy  enfermo  hasta  que  vino 
á  morir  de  él  como  adelante  se  dirá,  y  si  no  llegara  en  esta 
ocasión  su  geifte  á  socorrerlo,  allí  se  quedara  ahogado;  y  vién- 
dose tan  afligido  envió  sus  embajadores  al  rey  Nezahualpiltzin- 
tli  rogándole  que  como  hombre  tan  sabio  le  socorriese,  y  con 
su  industria  remediase  la  ciudad  de  México.  Nezahualpiltzin- 
tli  se  holgó  de  que  se  ofreciese  ocasión  en  que  poder  dar  gus- 
to á  los  mexicanos  y  al  señor  de  ellos,  porque  con  esto  se  ase- 
guraban sus  asechanzas  y  mala  voluntad  que  le  tenían  por  la 
muertelque  dio  á  su  princesa,  y  así  convocó  á  todos  los  arqui- 
tectos de  sü  reino,  y  con  ellos  se  fué  con  mucha  gente  y  mu- 
chas canoas  cargadas  de  estacada,  cespcderla,  cal  y  otros  ma- 
teriales á  Huixilopochpo,  ^  y  llegado  al  ojo  de  agua,  él  mismo 
por  su  persona  entró  dentro  de  él  y  con  ciertos  artificios  que 
hizo  atajó  el  agua,  y  la  metió  dentro  de  una  fuerte  caja  y  cer- 
ca de  argamasa,  de  manera  que  con  esto  se  cerró  el  ojo  y  el 
agua  se  fué  secando;  y  volvió  por  la  ciudad  de  México  en  don- 
de visitó  al  rey  Ahuixotzin  y  le  consoló  de  sus  trabajos,  el  cual 
quedó  muy  agradecido,  y  reparó  su  ciudad. 

1  Cabezada. 

2  Huitzilopochco,  hoy  Churubusco. 


CAPITULO  LXVII 


Que  trata  e6mo  el  rey  NesahucUpUUinili  apaeigitO  un  HHgio  que  enire  ií  loa  {ruantes 
Acapioütiny  XoehiquettaUzin  sus  harmanoe  troian;  y  de  (Ugunoe  notables  cojff- 
got  que  hizo  en  sue  hi¿oe. 


Ya  se  ha  tratado  en  la  vida  de  Nezahualcoyotzin  cómo  fue- 
ron á  la  conquista  de  la  Huaxteca  los  dos  infantes  Xochique- 
tzaltzin  y  Acapioltzin,  el  uno  por  capitán  general  del  ejército  y 
el  otro  con  el  socorro  que  después  se  despachó,  y  como  se  dio 
tan  buena  maña,  que  por  su  prisa  y  buena  industria  sojuzgó 
aquella  tierra,  por  cuya  causa  los  poetas  de  aquellos  tiempos, 
demás  de  hacer  relación  en  sus  cantos  de  la  conquista  y  acae- 
cimientos que  hubo,  le  alabaron  sus  hechos  heroicos  y  junta- 
mente con  él  á  su  hermano  el  que  fué  por  general,  que  aunque 
fué  tarde  todavia  hizo  algunas  hazañas  dignas  de  memoria,  mas 
no  para  adjudicarse  y  tomar  para  sí  la  gloria  y  honra  de  aque- 
lla conquista,  pues  derechamente  le  venía  el  título  y  renom- 
bre de  ella  á  su  hermano  Acapioltzin;  y  como  este  negocio  es- 
taba indeciso,  todas  las  veces  que  se  hacía  fiesta  en  memoria 
de  esta  conquista,  los  músicos  y  ministriles  del  uno  y  del  otro 
en  el  palacio  de  cada  uno  cantaban  y  regocijaban  la  solemni- 
dad de  ella,  y  después  salían  en  público  á  la  plaza  principal  á 
hacer  su  danza  casi  en  competencia  el  uno  con  el  otro,  de  tal 
manera  que  se  movían  grandes  pasiones  entre  los  dos  herma- 
nos, sus  amigos  y  aliados,  con  que  vino  la  cosa  á  tanto  extre- 


294  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

mo  que  aínas  vinieran  á  rompimiento  y  sucedieran  muchas 
muertes  en  la  ciudad,  si  el  rey  Nezahualpiltzintli  viendo  este 
exceso  y  competencia  entre  sus  dos  hermanos,  no  hubiese 
puesto  la  cosa  en  tela  de  juicio,  y  salió  determinado  pertene- 
cer esta  honra  y  hazaña  á  su  hermano  Acapioltzin;  y  sin  decir- 
les palabra,  el  día  que  salieron  á  la  plaza  á  hacer  esta  danza, 
el  rey  salió  con  otra,  con  todos  los  grandes  de  su  reino,  y  se 
fué  á  la  parte  á  donde  estaba  Acapioltzin,  y  dándole  el  lado  más 
honroso,  danzó  con  él  y  con  todos  los  más  grandes  y  señores 
que  allí  se  hallaron,  de  la  manera  que  tenían  de  costumbre;  y 
visto  esto,  Xochiquetzaltzin  y  los  de  su  bando  se  quitaron  de 
allí  con  todos  sus  ministriles  y  músicos,  y  nunca  más  se  atrevió 
á  salir  á  estas  competencias;  y  el  rey  mandó  que  se  intitulase  el 
canto  Teotlan  Cuextecayotl,  que  significa  el  canto  de  la  con- 
quista de  la  Huaxteca  perteneciente  á  la  casa  de  Teotlan,  que 
eran  los  palacios  y  casas  solariegas  del  infante  Acapioltzin. 
Por  este  modo,  esta  discordia  y  otras  que  se  ofrecieron,  con 
mucha  prudencia  y  sagacidad  las  remedió  el  rey;  y  donde  vi- 
do  que  convenia  severidad,  ejecutó  las  leyes  con  todo  rigor,  sin 
perdonar  á  sus  hijos,  como  lo  hizo  contra  el  príncipe  Huexotzin- 
catzin  su  primogénito  y  sucesor  que  había  de  ser  del  reino,  el 
cual  demás  de  otras  gracias  y  dones  naturales  que  tenía,  era 
muy  eminente  filósofo  y  poeta,  y  así  compuso  una  sátira  á  la 
señora  de  Tolan,  (que  era  la  concubina  que  más  privaba  con 
el  rey  su  padre);  y  como  ella  era  asimismo  del  arte  de  la  poe- 
sía, se  dieron  sus  toques  y  respuestas,  por  donde  se  vino  á  pre- 
sumir que  la  requestaba,  y  se  vino  á  poner  el  negocio  en  tela 
de  juicio;  por  donde  según  las  leyes  era  traición  al  rey  y  el  que 
tal  hacía  tenía  pena  de  muerte,  y  aunque  el  rey  su  padre  le 
quería  y  amaba  infinito,  hubo  de  ejecutar  en  él  la  sentencia;  y 
fué  tan  grande  el  sentimiento  que  hizo  de  la  muerte  del  prín- 
cipe su  hijo,  que  mandó  tapiar  los  palacios  en  donde  vivía,  y 
asimismo  que  de  allí  en  adelante  se  llamasen  Yxayoc.  Otro  cas- 
tigo hizo  en  su  segundo  hijo  legítimo  que  nació  tras  del  prínci- 
pe, llamado  Iztacquautzin,  porque  de  su  autoridad  y  sin  su  li- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  295 

cencía  edificó  unos  palacios  para  su  morada,  sin  haber  hecho 
hazaña  por  donde  lo  pudiese  merecer;  porque  las  leyes  dispo- 
nían que  aunque  fuese  el  príncipe  heredero  no  podía  labrar 
casas  ricas,  ni  ponerse  la  borla  de  plumería,  hasta  en  tanto  que 
se  hubiese  hallado  en  cuatro  batallas,  y  cautivado  en  ellas  por 
lo  menos  cuatro  capitanes,  hombres  aventajados  y  temidos  en 
la  milicia,  que  hubiese  alcanzado  á  saber  todos  los  grados  que 
eran  menester  para  un  hombre  sabio,  filósofo,  orador  y  poeta, 
y  por  lo  menos  que  fuese  muy  aventajado  en  alguna  de  las  ar- 
tes mecánicas,  y  siendo  aprobado  en  una  de  las  referidas,  con 
licencia  del  rey  podía  haber  y  alcanzar  lo  referido  conforme  á 
lo  que  se  inclinaba;  porque  de  otra  manera  tenía  pena  de  la 
vida,  como  se  ejecutó  esta  ley  en  Iztacquautzin.  A  uno  de  los 
jueces  (que  en  una  de  sus  audiencias  conocía  de  las  causas), 
llamado  Zequauhtzin,  porque  en  su  casa  oía  y  determinaba  al- 
gimos  de  los  pleitos,  lo  mandó  ahorcar;  porque  ninguno  podía 
conocer  ni  oir  pleito  ni  demanda  en  su  casa  ni  recibir  presente 
ni  cohecho  pena  de  la  vida;  sino  que  los  pleitos  y  demandas  se 
habían  de  tratar  en  las  salas  y  consejos  del  rey,  con  asistencia 
de  todos  los  jueces  que  eran  á  su  cargo,  y  de  los  procuradores 
y  de  otros  ministros  de  justicia;  los  cuales  se  ponían  á  oir  desde 
por  la  mañana  hasta  cerca  del  medio  día,  y  en  habiendo  comi- 
do (qué  todos  comían  en  palacio)  tomaban  á  proseguir  en  sus 
audiencias  hasta  puestas  del  sol;  y  jamás  habían  de  faltar,  sí 
no  era  en  los  días  de  sus  festividades  reservados  para  no  asis- 
tir, ó  por  enfermedad  ú  otro  impedimento  contingente:  sin 
otros  muchos  castigos  ejemplares  que  hizo,  como  fué  á  otro 
juez  que  no  determinó  con  diligencia  y  cuidado  en  un  caso,  lo 
mandó  llevar  á  su  casa  y  tapiarle  la  puerta  principal  de  ella, 
y  que  se  hiandase  por  un  postigo  y  trascorrales  de  ella,  que- 
dando por  inhábil,  y  que  nunca  jamás  entrase  en  palacio  ni 
comunicase  con  los  otros  jueces  y  ministros  de  justicia.  A 
otra  hija  suya  doncella,  porque  habló  á  un  hijo  de  un  señor,  la 
mandó  matar;  y  con  otra  de  las  señoras  sus  concubinas  hizo 
lo  mismo,  porque  bebió  el  vino  que  ellos  usaban  para  cierto 


296  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOGHILT. 

remedio,  pues  tenían  pena  de  la  vida  las  mujeres  que  bebían 
vino.  A  otro  juez  mandó  ahorcar  porque  favoreció  á  un  caba- 
llero contra  un  villano,  y  hizo  rever  el  pleito  y  sentencia  en 
favor  del  plebeyo.  Y  á  otros  dos  de  sus  hijos  que  fueron  á  una 
conquista,  y  se  hicieron  dueños  de  unos  prisioneros  y  cautivos 
que  ciertos  soldados  suyos  habían  cautivado,  aunque  vinieron 
lastimados  y  heridos  de  la  guerra,  después  de  haberlos  man- 
dado curar,  estando  sanos  les  hizo  dar  garrote,  que  era  la  pena 
que  tenían  los  que  se  hacían  duefios  de  cautivos  ajenos. 


CAPITULO  LXVIII 


Qut  trola  de  oírat  cosas  notables  que  NezahualpiUxinUi  hizo  en  matet-ia  de  jueces. 

y  lej,es. 


Los  reyes  de  Tétzcuco,  demás  de  los  jueces  y  ministros  que 
se  han  referido,  tenían  sus  secretarios  y  relatores  que  con  mu- 
cha cuenta  y  razón  juntaban  los  pleitos  y  demandas  que  en  las 
audiencias  se  ofrecían,  y  con  cuidado  hacían  relación  de  ellos 
á  los  reyes  y  sus  jueces,  de  manera  que  cualquiera  pleito  se 
seguía  y  más  siendo  grave,  con  mucha  orden  hasta  la  definiti- 
va y  aprobación  de  ella  por  el  rey;  y  aunque  el  pleito  fuese 
muy  grave,  no  había  de  pasar  de  ochenta  días,  porque  los  de- 
más se  despachaban  breve  y  sumariamente.  Entre  las  cosas 
que  pasaron  en  tiempo  de  Nezahualpiltzintli,  fué  que  un  secre- 
tario le  hizo  relación,  cómo  los  jueces  de  la  sala  del  crimen  ha- 
bían condenado  con  pena  de  muerte  á  dos  adúlteros  en  la  ter- 
cera especie,  que  tenían  pena  de  ser  ahorcados,  de  los  cuales 
el  imo  era  músico  y  el  otro  soldado,  y  que  los  presidentes  su- 
premos de  los  cuatro  consejos  á  quienes  pertenecía  la  definición 
y  confirmación  de  cualquiera  de  los  casos  graves,  tenían  dada  la 
confirmación  en  la  sentencia  referida,  y  sólo  restaba  la  apro- 
bación del  rey:  el  cual  oída  la  relación  del  secretario  y  cogien- 
do el  pmcel,  echó  un  rayo  de  tinta  negra  sobre  el  músico  y  se 
dejó  al  soldado.  El  secretario  llevó  á  mostrarla  á  los  presiden- 
tes supremos,  y  pareciéndole  á  ellos  que  el  rey  iba  contra  las 


298  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

leyes  y  las  derogaba,  entraron  con  la  pintura  á  requerirle  guar- 
dase las  leyes  de  su  padre  y  abuelos;  mas  él  les  dijo  que  no  iba 
contra  ellas,  sino  que  como  persona  á  quien  competía  mejorarlas, 
mandaba  por  ley  expresa  que  desde  aquel  día  en  adelante  el 
soldado  y  hombre  militar  que  fuese  hallado  en  la  tercera  es- 
pecie de  delito  de  adulterio,  fuese  condenado  á  perpetuo  des- 
tierro en  una  de  las  fronteras  y  presidios  que  el  imperio  tenía, 
pues  con  esto  quedaba  muy  bien  castigado  y  á  la  república  se 
le  seguía  mayor  utilidad,  porque  los  soldados  eran  la  defensa 
y  amparo  de  ella.  Asimismo  derogó  la  ley  que  trataba  acerca 
de  los  esclavos,  que  pudiese  pasar  á  los  hijos  de  ellos  la  escla- 
vitud, pues  se  solían  vender  algunos  con  esta  calidad;  y  man- 
dó que  desde  aquel  tiempo  en  adelante  no  se  usase  aquella 
ley,  sino  que  los  hijos  gozasen  de  la  libertad  natural  que  Dios 
les  dio.  Asimismo  castigó  con  mucha  severidad  las  demasisa 
de  algunos  señores,  y  se  hizo  temer  y  respetar,  como  fué 
que  al  infante  su  hermano  le  pidió  le  diese  una  de  sus  hijas,  que 
la  quería  tener  por  una  de  sus  damas  y  concubinas,  el  cual 
con  mucha  libertad  le  dijo  que  no  quería,  siendo  costumbre  de 
los  reyes  y  señores  pedir  á  sus  sobrinas,  primas  y  deudas  des- 
de el  segundo  grado  en  adelante,  para  casarse  con  ellas  ó  te- 
nerlas por  sus  damas  y  concubinas,  con  que  quedaban  honra- 
das y  amparadas,  y  en  puesto  que  á  falta  de  los  legítimos  he- 
redasen sus  hijos  el  reino,  y  cuando  menos  ser  señores  de  pue- 
blos y  lugares.  Andando  el  tiempo  segunda  vez  el  rey  le  pidió 
al  mismo  le  diese  un  instrumento  musical  llamado  teponaztii 
(que  tenía  en  su  poder  y  lo  había  traído  de  cierta  conquista 
por  despojo  y  era  el  mejor  de  toda  la  tierra,  que  cuando  le  to- 
caban se  oía  dos  y  tres  leguas,  cuyo  sonido  era  de  mucha  sua- 
vidad y  melodía,  por  lo  cual  el  rey  estaba  muy  aficionado  á  él) 
prometiéndole  de  dar  en  recompensa  ciertos  lugares  y  otros 
dones  de  mucha  más  importancia  para  su  hermano,  que  no  el 
instrumento,  y  casi  el  rey  más  lo  hacía  por  ver  su  intento,  y  fué 
tan  real  que  no  quiso  ni  aun  se  excusó  con  buen  modo;  y  así 
el  rey  mandó  traer  el  instrumento  á  mal  de  su  pesar,  y  que 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  299 

SUS  casas  fuesen  saqueadas  y  echadas  por  el  suelo  como  de 
hombre  contumaz  y  rebelde  á  los  mandatos  de  su  rey:  lo  cual 
luego  al  punto  se  ejecutó  y  puso  por  obra,  y  el  rey  mandó  que 
aquel  instrumento  se  guardase  en  la  sala  de  armas,  como  cosa 
ganada  en  guerra;  y  no  se  tocaba  sino  en  las  fiestas  y  rego- 
cijos muy  solemnes  que  el  rey  tenía,  aunque  después  los  reli- 
giosos de  San  Francisco  lo  mandaron  hacer  pedazos  y  quemar, 
por  la  estimación  y  veneración  en  que  los  principales  lo  te- 
nían. Fué  este  castigo  tan  ejemplar,  que  desde  este  tiempo  en 
adelante  sus  hermanos  le  tuvieron  muy  gran  respeto  y  temor, 
y  nunca  más  se  atrevieron  en  público  ni  en  secreto  á  tratar  de 
novedad  ni  alteración,  como  lo  hacían  muy  de  ordinario  antes 
que  estos  castigos  se  hiciesen.  Otro  castigo  ejemplar  hizo  en 
una  señora  mujer  de  un  caballero  ciudadano  llamado  Teana^ 
tzin,  la  cual  estando  el  rey  en  un  sarao  y  danza  se  aficionó  á 
él,  y  estaba  tan  ciega  de  su  afición,  que  le  obligó  á  decirle  su 
sentimiento,  y  el  rey  le  mandó  entrar  en  sus  cuartos,  y  ha^ 
biéndola  conocido  y  sabido  que  era  mujer  casada,  la  mandó 
matar  y  darle  garrote  y  llevarla  á  echar  á  una  barranca  en  don- 
de se  echaban  los  adúlteros  y  adúlteras;  y  dos  nifios  hijos  de 
ella  que  los  había  traído  consigo,  los  mandó  llevar  el  rey  á  casa 
de  su  padre  con  muy  grandes  dones,  y  con  ellos  ciertas  amas 
y  criadas  para  que  los  criasen  y  doctrinasen;  y  el  caballero,  sa- 
bido el  caso,  respondió  á  los  mensajeros  con  muy  gran  senti- 
miento, porque  amaba  y  quería  á  su  mujer,  por  ser  como  era 
mujer  hermosísima  y  de  gran  donaire,  diciendo  que  ya  que  el 
rey  se  había  aprovechado  de  ella  ¿por  qué  la  había  muerto?;  que 
más  razón  era  que  se  la  dejara  con  vida,  y  no  perder  como 
perdía  una  mujer  que  tanto  amaba  y  quería.  Supo  el  rey  de  la 
respuesta,  y  mandó  poner  á  este  caballero  en  unos  calabozos 
aprisionado,  con  intento  de  castigarle  con  castigo  que  fuese 
conforme  merecía  su  respuesta  y  poca  estimación  de  su  hon- 
ra; y  como  caso  que  no  había  sucedido  á  otros,  se  estuvo  mu- 
chos días  en  los  calabozos  preso,  y  viéndose  en  tan  larga  y 
obscura  prisión  compuso  un  elegantísimo  canto,  que  represen- 


300  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

taba  toda  su  tragedia  y  trabajos,  y  por  favor  y  negociación  que 
tuvo  con  los  músicos  del  rey,  que  eran  sus  amigos  y  conoci- 
dos, tuvieron  modo  y  traza  para  cantarlo  en  unas  ñestas  y  sa* 
raos  que  el  rey  tenía:  el  cual  canto  estaba  con  tan  vivas  y  sen- 
tidas palabras,  que  movió  el  ánimo  del  rey  á  gran  compasión, 
y  asi  lo  mandó  soltar  luego  de  la  prisión  en  que  estaba,  y  tra- 
yéndole  ante  sí  le  satisfizo  la  causa  tan  eficaz  que  le  movió  á 
castigar  con  pena  de  muerte  á  su  miger;  pues  había  sido  ella 
el  instrumento  para  hacerle  quebrantar  é  ir  contra  una  de  las 
leyes  de  su  reino,  y  que  sin  duda  (según  era  la  melodía  y  dul- 
zura de  sus  palabras),  le  engañarían  si  no  fuera  que  reparó  en 
ver  aquellos  niños,  que  sería  mujer  casada  como  en  efecto 
ella  se  lo  confesó;  y  habiéndole  dicho  muchas  razones  de  su 
consuelo  y  doctrina,  le  mandó  dar  una  señora  doncella  por  mu- 
jer, y  otros  muchos  dones  y  mercedes  con  que  quedó  muy  bien 
puesto.  Y  estaba  de  tal  macera  cuando  lo  sacaron  de  los  ca- 
labozos, que  parecía  un  salvaje  según  le  habían  crecido  sus 
cabellos,  y  encanecido. 


CAPITULO  LXIX 


'^iue  trata  en  qué  año  y  Hemponaeid  el  vcUeroetaimo infante IxtHlxochÜlt y  lat  cotas  que 
hizo  en  tu  niñez  y  pttericia. 


Cierto  que  son  muy  de  notar  y  considerar  las  maravillosas 
obras  de  Dios  nuestro  sefior,  y  e>  muy  gran  orden  y  misterio 
que  en  si  tienen,  y  para  qué  fin  las  hace  y  dispone:  entre  las 
cuales  son  muy  de  notar  los  nacimientos  tan  extraños  de  algu- 
nos príncipes  como  fué  el  de  este  infante  Ixtlilxochitl,  que  fué 
casi  á  los  dos  meses  primeros  del  año  de  mil  y  quinientos,  al 
tiempo  y  cuando  en  la  ciudad  de  Gante  nació  el  felicísimo  y 
poderosísimo  emperador  D.  Carlos  (de  gloriosa  memoria) 
nuestro  Señor;  pues  ambos  fueron  instrumento  principal  para 
ampliar  y  dilatar  la  santa  fe  católica.  Y  no  es  menos  de  consi- 
derar el  muy  dichoso  nacimiento  de  D.  Fernando  Cortés  señor 
marqués  del  Valle,  que  fué  en  el  de  mil  cuatrocientos  ochenia 
y  cinco,  quince  años  antes  y  al  tiempo  y  cuando  nació  el  per- 
verso Martín  Lutero:  éste  para  contaminar  y  deshacer  nuestra 
santa  fe  católica  y  sagrada  religión,  y  aquel  para  ampliarla  co- 
mo se  verá  en  el  discurso  de  esta  historia.  Hubo  muchas  se- 
ñales y  pronósticos  en  ^1  nacimiento  de  este  infante,  que  muy 
á  la  clara  manifestaron  lo  que  después  vino  á  suceder;  y  los 
astrólogos  y  adivinos  de  su  padre  el  rey,  entre  otras  cosas  que 
pronosticaron  de  él  dijeron  que  andando  el  tiempo,  este  infan- 
te había  de  recibir  nueva  ley  y  nuevas  costumbres,  y  ser  ami- 


302  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

go  de  naciones  extrañas  y  enemigo  de  su  patria  y  nación,  y  que 
sería  contra  su  propia  sangre;  dijeron  que  él  vengaría  la  san- 
gre de  tantos  cautivos  que  se  acababa  de  derramar,  y  sería  to- 
tal enemigo  de  sus  dioses  y  de  su  religión,  ritos  y  ceremonias; 
con  lo  cual  persuadían  al  rey  su  padre,  que  con  el  tiempo  le 
quitase  la  vida;  y  él  les  respondió  que  era  por  demás  ir  con- 
tra lo  determinado  por  el  Dios  criador  de  todas  las  cosas,  pues 
no  sin  misterio  y  secreto  juicio  suyo  le  daba  tal  hijo  al  tiempo 
y  cuando  se  acercaban  las  profecías  de  sus  antepasados,  que 
habían  de  venir  nuevas  gentes  á  poseer  la  tierra,  como  eran  los 
hijos  de  Quetzalcoatl  que  aguardaban  su  venida  de  la  parte 
Oriental;  y  con  esto  desvelaba  el  rey  á  sus  consejeros  y  adivi- 
nos. Fuese  criando  Ixtlilxochitl  con  tanta  viveza  y  agudeza, 
que  bien  mostraba  lo  que  había  de  venir  á  ser,  y  á  sus  amas 
las  traía  confusas  y  admiradas,  porque  siendo  de  edad  de  tres 
años  poco  más,  mató  á  la  ama  que  le  daba  el  pecho;  y  fué  la 
causa  que  viendo  el  niño  á  un  caballero  de  palacio  requestar- 
la,  pidió  le  diese  agua  que  beber  y  que  había  de  ser  sacada  de 
un  pozo,  y  al  tiempo  que  se  bajó  á  sacar  el  agua  con  una  soga, 
la  arrempujó,  y  como  descuidada  de  tal  cosa  cayó  dentro  del 
pozo,  y  por  presto  que  la  quisieron  socorrer,  por  ser  tan  an- 
gosto y  hondable  se  ahogó,  y  el  niño  comenzó  á  buscar  piedras 
para  echarlas  encima  de  su  ama;  lo  que  causó  admiración,  y  lo 
llevaron  á  la  presencia  del  rey  su  padre,  y  preguntándole  este 
¿porqué  causa  había  muerto  á  su  madre  y  ama  que  lo  criaba? 
diijo  que  en  la  sala  donde  les  leían  las  ochenta  leyes,  se  man- 
daba que  nadie  requestase  á  las  damas  y  criadas  de  su  palacio, 
ni  ellas  diesen  ocasión,  pena  de  la  vida;  y  que  su  madre  se  re- 
questaba  con  uno  de  los  caballeros  de  palacio,  y  asi  la  mató 
por  cumplir  con  la  ley,  de  que  el  rey  sabiendo  ser  todo  cierto, 
se  quedó  escandalizado  de  ver  semejante  hecho  por  una  cria- 
tura de  tan  poca  edad.  Desde  que  tuvo  siete  años  comenzó  á 
formar  escuadrones  y  ejércitos  con  los  muchachos,  haciendo  á 
•sus  ayos  y  maestros  que  hiciesen  cantidad  de  pelotas  de  espa- 
daña y  junco  y  muchas  flechas  de  lo  mismo,  con  que  peleaban 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTULXOCHITL.        303 

y  les  servían  de  munición;  y  muchas  veces  cuando  se  le  venían 
á  acabar,  aguijaba  las  piedras  y  guijarros,  con  que  lastimaba  y 
descalabraba  á  muchos  de  los  muchachos,  y  traía  á  la  ciudad 
con  grande  alboroto  y  alarido  de  muchachos;  y  el  rey  su  padre 
Je  pasaba  que  hiciese  semejantes  demasías,  y  reprendía  á  sus 
ayos  y  maestros  porque  no  le  iban  á  la  mano.  Dos  señores  de 
los  consejeros  de  su  padre  le  dijeron  que  mirase  que  convenía 
quitase  la  vida  á  este  infante,  pues  siendo  tan  muchacho  era 
tan  demasiado  de  bullicioso,  que  si  él  venía  á  ser  hombre  ha- 
bía de  poner  en  muy  grande  riesgo  á  todo  el  imperio,  porque 
tenía  los  pensamientos  muy  demasiado  de  altos  y  soberbios, 
por  cuya  causa  desheredaría  á  sus  hermanos  y  á  otros  seño- 
res; y  aunque  el  rey  no  condescendía  con  su  consejo,  mas  to- 
davía le  ponían  en  cuidado  sus  travesuras  y  reprendía  áspera- 
mente á  sus  maestros.  No  faltó  quien  de  todo  lo  tratado  con 
su  padre  se  lo  dijese,  y  sus  maestros  le  rogaron  que  se  fuese  á 
la  mano,  y  no  le  viniese  á  suceder  lo  que  se  pretendía  por  los 
consejeros  del  rey  su  padre,  pues  no  tan  solamente  á  él  le  cos- 
taría la  vida,  sino  que  también  pagarían  con  ella  ellos,  pues 
eran  sus  maestros,  culpándolos  por  negligentes  en  su  ense- 
ñanza y  buena  doctrina.  Oyendo  Ixtlilxochitl  estas  razones, 
una  noche  cogió  á  tres  ó  cuatro  mancebos  de  los  de  su  guarda 
y  enseñanza  en  el  arte  militar,  de  quienes  mucho  se  fiaba,  y 
con  ellos  se  fué  á  las  casas  de  estos  dos  consejeros,  y  aquella 
noche  los  hizo  ahorcar  ambos  á  dos,  de  manera  que  cuando 
vino  á  amanecer  ya  estaban  ahorcados;  sin  que  tuviesen  lugar 
de  librarse  porque  los  llamaba  á  solas,  y  de  secreto  como  que 
quería  tratar  con  ellos  negocios  que  le  importaban,  y  como 
venían  á  solas  y  libres  de  tal  desgracia,  los  mancebos  que  lle- 
vaba consigo  en  un  instante  les  fueron  dando  garrote  y  los  col- 
garon como  dicho  es.  Cuando  amaneció  y  supo  el  rey  lo  que 
había  hecho,  lo  mandó  llamar  ante  sí,  y  le  preguntó  que  ¿có- 
mo había  cometido  una  maldad  tan  grande  en  matarle  sus  con- 
sejeros? Respondió:  señor, nunca  ofendía  vuestros  consejeros 
para  que  me  desearan  la  muerte,  é  indignaran  á  vuestra  alteza 


304  OBRAS  HISTÓRIGAS  DE 

á  que,  si  no  fuera  tan  sabio  y  prudente,  por  su  causa  me 
mandase  quitar  la  vida,  sin  haber  cometido  cosa  que  sea  en 
contra  de  vuestras  leyes  y  mandatos;  y  él  ser  yo  belicoso  y 
aficionado  á  la  milicia,  es  lo  más  estimado  y  tenido  en  vuestro 
reino;  y  lo  que  es  natural  y  viene  de  lo  alto,  es  atrevimiento 
muy  grande  quererlo  contrastar,  y  muy  grande  imprudencia 
oprimir  la  fuerza  de  la  naturaleza,  y  crueldad  desear  la  muer- 
te al  que  no  ofende;  y  así  poderoso  señor,  quise  ganar  por  la 
mano  en  quitar  la  vida  á  vuestros  consejeros,  pues  quisieron 
contrastar  la  mía;  y  de  esto  no  hay  en  toda  vuestra  corte  per- 
sona ninguna  que  sea  culpada  más  de  tan  solamente  la  mía, 
porque  si  ayuda  tuve,  mis  criados  hicieron  lo  que  deben  á  su 
señor.  Con  que  el  rey  no  supo  con  qué  ocasión  poderle  casti- 
gar, porque  le  parecieron  sus  razones  tan  vivas  y  fundadas, 
que  de  su  parte  no  había  hecho  cosa  indebida  ni  vileza  para 
poder  ser  castigado;  mas  tan  solo  una  ferocidad  de  ánimo,  pro- 
nóstico de  lo  mucho  que  había  de  venir  á  saber  por  las  armas; 
y  así  el  rey  le  dijo,  que  se  fuese  ala  mano,  y  que  si  como  era 
verdad  que  aquellos  señores  le  habían  aconsejado  con  petición 
para  que  lo  mandase  matar,  no  lo  fuera,  que  sin  duda  nin- 
guna que  le  costara  la  vida,  y  hiciera  con  él  un  ejemplar  cas- 
tigo. Esto  hizo  siendo  de  edad  de  diez  á  doce  años,  y  cuando 
tuvo  los  catorce  cumplidos  salió  á  ejercitar  su  persona  en  los 
campos  de  Tlaxcalan  y  Huexotzinco,  en  donde  hizo  maravi- 
llas; y  cuando  vino  á  tener  los  diez  y  seis,  ya  tenía  las  borla^ 
é  insignias  de  gran  capitán,  porque  á  estos  tiempos  vino  á  mo- 
rir el  rey  su  padre,  y  se  opuso  contra  su  hermano  el  rey  Gaca- 
ma,  impidiendo  su  coronación  y  jura. 


CAPITULO  LXX 


Que  trata  de  Xa  muerte  del  vateroao  rey  AhuUtoíztny  y  eleeetón  del/amo90  Mb(ecuJito* 
mctf  eegtmdo  de  ede  nombre. 


Pasó  tan  adelante  el  mal  procedido  del  golpe  y  descalabra- 
dura del  rey  Ahuitzotzin,  que  aunque  fué  curado  con  toda  di- 
ligencia y  cuidado,  y  le  sacaron  algunos  pedazos  de  los  cascos 
de  la  cabeza,  no  fué  bastante  para  librarle,  porque  le  vino  á 
agravar  el  mal  en  tanto  grado,  'que  le  quitó  la  vida;  y  ftié  tan 
sentida  su  muerte,  que  todos  le  lloraron,  y  le  hicieron  muy  so- 
lemnes exequias  y  funerales  honras  al  uso  y  rito  mexicano. 
Juntos  los  dos  reyes  Nezahualpiltzintli  y  Totoquihuatzin  con 
los  electores  del  reino  mexicano,  trataron  sobre  la  elección  del 
rey  y  compañero  que  les  faltaba  en  el  imperio;  y  habiendo  da- 
do y  tornado  sobre  el  caso,  los  electores  tenían  puestos  los  ojos 
en  el  príncipe  Macuilmalinaltzin,  hijo  legítimo  y  el  mayor  de 
los  que  tuvo  el  rey  Axayacatzin  y  yerno  del  rey  Nezahualpil- 
tzintli, el  cual  lo  contradijo,  por  parecerle  no  tener  tanto  peso 
como  convenia  en  una  dignidad  tan  grande,  como  la  que  se 
ofrecía,  sin  embargo  de  ser  su  yerno  casado  con  su  hija  legíti- 
ma la  princesa  Tiyacapantzin;  y  así  pudo  tanto  con  los  electo- 
res, que  barajó  la  elección  y  dio  su  voto  á  Motecuhzoma,  ^  que 


1  Conforme  á  las  leyes  hereditarias  de  los  m  ex  leas,  correspondía  el  señorío 
de  México  á  Moteczuma. 

Tomo  11—21 


306  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

á  la  sazón  era  sumo  sacerdote  del  templo  de  Huitzilopochtli» 
persona  que  tenía  las  partes  y  requisitos  para  la  majestad  real; 
aunque  después  le  salió  á  los  ojos  y  perdió  á  su  yerno,  como 
por  el  discurso  de  la  historia  se  verá.  Después  de  haberse  ce- 
lebrado las  ceremonias  de  la  jura,  como  lo  tenían  de  costum- 
bre, se  le  hicieron  muy  solemnes  fiestas  y  regocijos.  Se  hizo 
esta  jura  en  el  año  de  mil  quinientos  y  tres,  á  veinticuatro  del 
mes  de  Mayo  que  fué  á  los  nueve  días  de  su  cuarto  mes  llama- 
do Toxcatl,  en  el  día  de  ce  Cipactli,  en  el  año  que  llamaron  ma- 
tlactliomce  Acatl.  ^  Por  este  mismo  día  fué  también  jurado  el 
grande  y  valeroso  Motecuhzoma,  primero  de  este  nombre,  vi- 
sabuelo  del  que  al  presente  tratamos.  El  rey  Ahuitzotzin  tuvo 
en  la  heredera  de  Tlatelulco  llamada  Tiyacapantzin,  hija  dei 
último  señor  Moquihuitzin  (el  que  perdió  la  ciudad),  habida  en 
su  mujer  legítima  la  hija  del  rey  Nezahualcoyotzin,  al  valero- 
sísimo rey  Quauhtemotzin,  que  fué  el  último  rey  de  México  y 
el  que  perdió  la  ciudad,  que  después  se  cristianó  y  llamó  D. 
Fernando.  Tuvo  otros  hijos  que  fueron,  Tlacaelel  y  otro  Mo- 
tecuhzoma, Citlalcoatl,  Azcacoatl,  Xoyetzin,  Quauhtzitzimitzin, 
Xiconoc,  Atlizcatzin,  otro  Macuilmalina,  Acamapich,  Huitzili- 
huitl,  Machimale,  Yoatzin  y  Tehuetzquizitzin.  El  gran  Motecuh- 
zoma tuvo  (según  común  opinión  y  verdadera  relación),  en  la 
reina  Tayhualcan  su  mujer  legítima  hija  del  rey  Totoquihua- 
tzin  de  Tlacopan,  tres  hijas,  que  la  mayor  se  llamó  Miahuaxo- 
chitzin,  que  cuando  se  bautizó  se  llamó  Doña  Isabel,  la  segun- 
da Doña  María  y  la  menor  Doña  Mariana.  También  tuvo  otros 
hijos,  como  fueron  D.  Pedro  Tlacahuepantzinj  Tlihuitltemoc- 
tzin,  Axayaca,  Totepehualox  y  Chimalpopocatzin.  La  Doña  Isa- 
bel casó  tres  veces,  la  primera  con  Alonso  Grado,  natural  de 
la  Villa  de  Alcántara,  hijo-dalgo,  y  uno  de  los  principales  cau- 
dillos que  hubo  en  la  conquista,  por  mano  y  orden  de  D.  Fer- 

1  La  verdadera  fecha  de  la  muerte  de  Ahuizotl,  fué  en  el  año  anterior,  es 
decir,  en  el  10  Tochtli  6  1602.  Este  año  señala  el  Códice  Mendocíno  como  ul- 
timo de  su  reinado:  si  bien  el  mismo  coloca  el  de  1503  como  principio  del  de 
Moteczuma. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  307 

nando  Ck)rtés  marqués  del  Valle;  la  segunda  vez  se  casó  con  D. 
Pedro  Gallego,  de  quien  hubo  un  hyo  que  se  llamó  D.  Juan  de 
Amdrada  Motecuhzoma,  y  de  este  proceden  los  Andradas;  el 
tercer  matrimonio  fué  con  Juan  Cano,  de  quien  proceden  los 
Canos.  D.  Pedro  Tlacahuepantzin  no  tuvo  hijos  en  las  dos  muje- 
jeres  con  quienes  casó  conforme  á  la  orden  de  la  santa  madre 
iglesia,  y  por  los  impedimentos  que  alegó  su  hermana  Doña  Isa- 
bel, por  decir  que  la  primera  con  quien  casó  era  su  prima  herma- 
na y  no  pudo  sin  buleto  particular  de  su  santidad,  con  el  fin  de 
alcanzarle  y  negociar  otros  negocios  se  fué  á  España,  y  se  detuvo 
algún  tiempo,  de  modo  que  siendo  certificada  su  mujer  de  ser 
muerto,  se  casó  con  un  conquistador;  y  venido  que  fué  á  la  Ve- 
racruz,  supo  estar  ya  casada  su  mujer,  y  no  queriendo  usar 
del  buleto  ni  manifestar  el  que  su  Santidad  le  había  dado,  se 
vino  á  la  ciudad  de  Tetzcuco,  en  donde  se  casó  con  Doña  Fran- 
cisca hija  legítima  y  la  mayor  de  D.  Pedro  Tetlahuehuezquiti- 
tzin  señor  de  aquella  ciudad;  lo  cual  sabido  por  la  dicha  Doña 
Isabel,  dio  aviso  de  los  impedimentos  de  aquellos  matrimonios 
que  había  hecho  su  hermano,  y  así  D.  Pedro  desde  entonces  no 
hizo  vida  ni  con  una  ni  con  la  otra,  y  los  hijos  qu^tuvo  fueron 
naturales;  el  mayor  fué  D.  Martín  Motecuhzoma,  que  le  here- 
dó en  el  mayorazgo,  y  aunque  casó  con  Doña  Magdalena  Axa- 
yacatzin  señora  de  Iztapalapan  su  prima  hermana,  no  tuvo  hi- 
jos, y  así  heredó  el  mayorazgo  D.  Diego  Luis  Cuayhuitzin  su 
segundo  hijo,  que  fué  á  España  y  tiene  allá  herederos  y  des- 
cendientes. 


CAPITULO  LXXI 

Que  trata  de  vartoi  aeaeoimientot  que  hubo  en  eetoi  tiempos  eegán  los  emoles. 


Ea  el  año  siguiente  (después  de  la  jura  del  rey  Motecuhzo- 
ma),  que  fué  en  el  de  mil  quinientos  cuatro,  murió  Tehuehue- 
tzin  señor  de  la  provincia  de  Quauhnahuac,  y  sucedióle  Itzcoa- 
tzin:  en  el  siguiente  de  mil  quinientos  y  cinco  fué  la  hambre, 
y  sucesivamente  el  de  mil  quinientos  y  seis,  ^  que  llamaron  ma- 
tlactliomey  Calli  y  ce  Toxtli,  de  tal  manera  que  en  toda  la  tierra 
no  se  cogió  ningún  fruto,  si  no  fué  en  las  provincias  y  sierras 
de  Totonacapan,  de  donde  tuvieron  algún  refugio;  y  así  llama- 
ron á  esta  hambre  Netotocacahuiloc,  que  como  si  dijésemos 
la  hambre  remediada  de  Totonacapan;  y  los  reyes  Nezahual- 
piltzintlí,  Motecuhzoma  y  Totoquihuatzin  abrieron  sus  trojes 
y  socorrieron  á  sus  subditos  y  vasallos,  y  por  un  año  les  re- 
mitieron los  tributos.  En  este  año  de  mil  quinientos  seis  fué 
la  conquista  de  la  provincia  de  Zocolan,  y  en  el  de  mil  quinien- 
tos y  siete  fué  la  guerra  de  la  provincia  de  Totepec,  donde  mu- 
rieron IxUilcuechahuac  y  Huitzilihuitzin  señores  mexicanos.  Y 
en  el  de  mil  quinientos  y  ocho,  fué  la  batalla  que  tuvo  el  prín- 
cipe Macuilmalinatzin,  heredero  de  México,  contra  los  de  Atlix- 
co;  y  según  común  opinión,  por  concierto  y  pacto  secreto  que 
el  rey  Motecuhzoma  su  hermano  tuvo  con  los  de  AUixco,  por 

1  Aquí  falta:  y  mil  quinientos  siete. 


310  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


excusar  alteraciones  y  persona  que  se  le  anteponía,  hizo  que- 
fuese  muerto  y  vencido  en  esta  batalla,  en  donde  murió  con  él 
otro  de  los  señores  mexicanos  llamado  Tzicquaquatzin  y  dos 
mil  ochocientos  soldados  que  iban  en  su  defensa;  lo  cual  sin- 
tió en  infinito  el  rey  Nezahualpiltzintli,  y  compuso  aquel  canto 
que  llaman  Nenahualyzcuicatl,  que  es  lo  mismo  que  decir  can- 
to que  declara  traiciones  y  engaños;  y  en  esta  sazón  echó  de- 
ver  el  rey  qué  mal  aconsejado  estuvo,  y  que  sus  pensamientos^ 
le  engañaron  en  quitar  el  reino  á  quien  tan  de  derecho  le  ve- 
nía, y  dárselo  á  un  hombre  que  debajo  de  piel  de  oreja  era  lo- 
bo carnicero;  porque  muerto  que  fué  Macuilmalinatzin  y  los 
otros  señores  mexicanos  en  esta  guerra  y  en  las  otras  referi- 
das, comenzó  el  rey  Motecuhzoma  á  mostrar  su  soberbia  muy^ 
conforme  á  su  nombre.  Lo  primero  que  hizo  fué  mudar  toda 
la  gente  que  estaba  ocupada  en  sus  consejos,  que  desde  tiem- 
po de  su  padre  y  tíos  estaban  puestos,  y  puso  otros  de  su  ma- 
no, y  lo  mismo  hizo  en  los  ejércitos  y  en  las  repúblicas  de  su 
reino;  todo  á  fin  de  hacerse  señor  absoluto;  y  fué  en  tanto  mo- 
do su  gravedad  y  presunción,  que  no  se  dignó  de  servirse  de 
algunos  hombres  que  por  sus  virtudes  habían  subido  á  ser  ca- 
pitanes y  soldados  valerosos  y  otros  oficios  de  dignidades  y 
preeminencias,  porque  eran  de  la  gente  plebeya,  sino  que  an- 
tes procuró  ir  matando  á  unos,  y  á  otros  desterrando  de  su 
corte.  ^  En  este  mismo  año  entró  en  la  sucesión  de  Huexutla 
Tliltemoctzin  por  muerte  de  Cuitlahuatzin.  En  el  siguiente  fué 
la  conquista  de  la  provincia  de  Yopatepec.  Asimismo  por  estos 
tiempos  hizo  el  rey  Nezahualpiltzintli  un  ejemplar  Castigo  ei> 
Tezozomoc  señor  de  Azcaputzalco,  ^  suegro  del  rey  Motecuh- 
zoma, por  un  adulterio  que  cometió,  y  los  jueces  mexicanos 
por  complacer  al  rey  Motecuhzoma  le  tenían  condenado  á  un 

1  En  efecto  Moteczuma  se  había  sobrepuesto  á  los  demás  señoresj  pero  no 
debemos  olvidar,  que  el  autor  trata  de  recargar  sus  defectos,  para  así  excusar 
la  ayuda  que  dieron  los  tetzcucanos  á  Cortés. 

2  Solamente  advertiremoSi  que  el  señorío  de  Azcaputzalco  no  dependía  de 
Nezahualpillj. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  311 

destierro  y  saqueadas  las  casas,  y  los  tepanecas  que  algo  más 
añadieron  al  castigo  de  este  señor,  que  le  fuese  cortada  la  pun- 
ta de  la  nariz;  mas  el  rey  de  Tetzcuco  á  quien  pertenecía  la 
última  determinación,  sin  embargo  de  todo  lo  que  los  otros 
jueces  habían  determinado,  mandó  ejecutar  la  ley  de  su  padre» 
que  era  darle  garrote  y  quemarle  el  cuerpo,  castigo  competen- 
te á  los  señores,  y  envió  luego  sus  ministros  á  que  lo  ejecu- 
taran, como  en  efecto  se  hizo,  de  que  quedó  el  rey  Motecuh- 
zoma  sentido;  mas  el  rey  cumplió  las  leyes  de  sus  pasados. 


CAPITULO  LXXII 

<iue  (rata  de  las  tenates  y  prodigios  que  hubo  antesde  la  desiruecibn  y  fin  del  imperio. 


En  el  año  de  mil  quinientos  y  diez  que  llamaron  macuili 
Toxtli,  ^  fué  cuando  apareció  en  muchas  noches  un  gran  res- 
plandor que  nacía  de  la  parte  de  Oriente,  subía  en  alto  y  pa- 
recía de  forma  piramidal,  y  con  algunas  llamas  de  fuego,  ^  el 
cual  causó  tan  grande  admiración  y  temor  en  toda  la  tierra, 
que  aun  los  muy  entendidos  en  la  astrologla  y  conocimientos 
de  sus  adivinanzas  y  profecías,  se  hallaban  confusos;  aunque 
de  muy  atrás  tenían  noticias,  y  hallaban  en  sus  historias,  que 
ya  se  acercaban  los  tiempos  en  que  se  habían  de  cumplir  las 
cosas  que  dijo  y  pronosticó  Quetzalcoatl  y  otros  filósofos  y  sa- 
bios antiguos;  y  á  quienes  más  cuidado  les  daba  era  á  los  re- 
yes Nezahualpiltzintli  y  Motecuhzoma,  como  personas  que  en 
ellos  se  había  de  ejecutar  el  rigor  de  las  mudanzas  del  impe- 
rio; y  como  el  rey  de  Tetzcuco  era  tan  consumado  en  todas 
las  ciencias  que  ellos  alcanzaban  y  sabían,  en  especial  la  astro- 
logia  confirmada  con  las  profecías  de  sus  pasados,  demás  de  la 
aflicción  en  que  se  veía,  menospreció  su  reino  y  señorío;  y  así  á 
esta  sazón  mandó  á  los  capitanes  y  caudillos  de  sus  ejércitos  que 


.1  Tochtli. 

2  Pué  MU  cometa  que  apareció  en  aquella  época,  suceso  que  está  registrado 
en  loB  anales  Jeroglíficos. 


314  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

cesacen  las  continuas  guerras  que  tenían  con  los  tlaxcaltescas, 
huexotzincas  y  atlixcas,  para  el  ejercicio  militar  y  sacrificio  de 
sus  falsos  dioses;  y  contra  las  provincias  remotas  en  donde  te- 
nían sus  fronteras  y  presidios,  que  tan  solamente  las  guarda- 
sen y  defendiesen  sin  hacer  algunas  entradas,  para  que  el  po- 
co tiempo  que  le  restaba  de  señorío  y  mando,  le  gozasen  con 
toda  paz  y  tranquilidad.  Por  otra  parte  el  rey  Motecuhzoma 
tenía  muy  gran  deseo  de  comunicar  con  él  sobre  las  señales,  y 
de  sus  operaciones;  y  como  estaban  desavenidos  y  encontra- 
dos, el  rey  Nezahualpiltzintli  por  el  gran  pesar  que  tenía  de  la 
muerte  y  alevosía  que  contra  su  yerno  el  príncipe  Macuilmali- 
natzin  había  hecho  Motecuhzoma,  y  éste  porque  asimismo  for- 
maba otras  quejas,  que  era  la  una  la  justicia  tan  severa  y  pú- 
blica que  Nezahualpiltzintli  había  hecho  con  su  hermana  la 
reina  Chachiuhnenetzin,  y  las  otras  asimismo  de  otros  dos  cas- 
tigos que  había  hecho,  el  uno  contra  el  príncipe  Huexotzinca- 
tzin  su  sobrino,  y  el  otro  contra  su  suegro  el  señor  de  Azca- 
putzalco  Tezozomoc,  se  juntaron  los  dos  reyes  y  satisfaciéndQ- 
se  cada  uno  de  su  queja,  trataron  muy  largamente  sobre  lo  que 
el  cielo  les  amenazaba,  y  el  rey  de  Tetzcuco  dijo  que  todo  se 
cumpliría  sin  que  tuviese  remedio  alguno;  y  para  que  echase 
de  ver  el  rey  Motecuhzoma  en  que  estimaba  su  reino  y  seño- 
río, le  propuso  que  se  lo  jugaría  á  trueque  de  que  si  le  ganaba 
al  juego  de  la  pelota  tres  rayas,  le  diese  tres  gallos  monteses  y 
que  de  ellos  tan  solamente  quería  los  espolones,  porque  echa- 
se de  ver  en  qué  tanto  estimaba  todo  lo  que  tenía  y  poseía;  y 
así  los  dos  reyes  jugaron  á  la  pelota,  y  habiendo  ganado  Mo- 
tecuhzoma dos  rayas  continuas,  que  ya  no  le  quedaba  más  de 
una  para  hacerse  señor  de  los  aculhuas,  comenzóse  á  alegrar 
y  regocijar  sumamente;  y  el  rey  de  Tetzcuco  que  de  intento  se 
había  hecho  perdedizo,  le  dijo  al  rey  Motecuhzoma  que  muy 
presto  pararía  aquel  gusto  de  imaginarse  hecho  señor  absolu- 
to de  todo  el  imperio,  y  echaría  de  ver  cuan  mudable  y  pere- 
cedero era  el  mandar  y  gozar  las  cosas  que  ofrece  el  mundo, 
y  que  en  testimonio  de  ser  cierto  y  verdadero  lo  que  le  decía, 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  315 

lo  echaría  de  ver  en  el  discurso  del  juego,  porque  aunque  le- 
había  ganado  dos  rayas,  no  le  ganaría;  y  así  prosiguiendo  en 
el  juego,  aunque  el  rey  Motecuhzoma  hizo  todo  lo  posible  pa- 
ra ganar  la  raya  que  le  faltaba,  no  pudo:  Nezahualpiltzintli  ga- 
nó haciendo  todas  las  tres  rayas;  y  habiéndolos  festejado,  y 
tratado  de  otros  negocios,  el  rey  de  Tetzcuco  se  retiró  á  su  ca- 
sa y  corte.  Cada  día  se  veían  nuevas  señales  y  grandes  prodi- 
gios y  portentos,  que  anunciaban  la  ruina  y  total  destrucción  de 
toda  la  tierra  y  mudanza  de  todo  el  imperio. 


CAPITULO  LXXIII 


Que  trata  de  algunot  motines  y  aUeraeionee  que  hubo  en  cOfftenae provincias  wjettu  y 
gcmadoepor  el  imper4o„if.  de  otros  €tcaeoimientos*, 


Aunque  el  rey  Nezahualpützintli  deseaba  vivir  en  paz  el  po- 
co tiempo  que  le  restaba  de  gozar  su  señorío,  todavía  le  fué 
dañosísimo,  porque  la  ociosidad  de  los  soldados  y  gente  militar, 
fué  causa  para  que  muchas  de  las  provincias  que  el  imperio 
había  sujetado,  se  alterasen  y  revelasen,  como  en  estos  tiem- 
pos lo  hicieron  los  de  las  naciones  mixtecas,  tzapotecas,  yopicas, 
tototepecas  y  tequantepecas,  revelándose  algunas  de  sus  ciuda- 
des y  provincias  (que  no  eran  de  las  menos  importantantes), 
viendo  que  los  soldados  de  los  presidios  tierras  y  fronteras,  todo 
se  les  iba  en  ejercitar  ciertos  juegos,  saraos  y  otros  entreteni- 
mientos dañosos  y  no  contingentes  al  arte  militar.  ^  No  tan  so- 
lamente en  estas  partes,  donde  convenía  la  vigilancia  y  cuida- 
do que  se  requiere  en  la  conservación  de  lo  ganado,  sino  que 
aun  dentro  déla  misma  corte  del  rey  de  Tetzcuco,se  vivía  con 
mayor  descuido  y  exceso  de  gustos  y  pasatiempos;  por  cuya 
causa  los  sujetos  y  oprimidos  comenzaron  á  buscar  medios  pa*- 

1  Ya  hemos  dicho  que  los  ejércitos  de  Anahuac  reducían  sus  conquistas  á 
vencer  á  los  pueblos  enemigos  é  imponerles  tributos;  pero  que  jamás  los  ocu- 
paban permanentemente,  ni  dejaban  en  ellos  guarniciones:  por  lo  cual  luego 
que  recobraban  sus  ñierzas,  se  negaban  &  pagar  esos  tributos.  Esta  era  la  ver- 
dadera causa  de  los  continuos  alzamientos,  y  no  las  que  supone  el  autor. 


-318  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ra  poderse  librar  del  yugo  que  sobre  sí  les  tenía  puesto  el  im- 
perio, y  el  que  más  les  importó  fué  el  hallar  los  soldados  de 
sus  ejércitos  tan  descuidados  y  tan  dados  á  los  placeres  y  gus- 
tos: con  que  convidaron  á  algunos,  y  después  de  festejados  les 
quitaron  las  vidas,  y  á  otros  con  mano  armada  los  mataron  y 
echaron  de  sus  tierras,  como  fueron  los  de  Coixtlahuacan,  Zo- 
zolan,  Tototepec,  Tequantepec  y  Yopitzinco,  y  los  otros  fueron 
los  de  las  provincias  de  hacia  Huaxaca,  Tlachquiauhco,  y  los 
de  Malinaltepec,  Iztactlalocan,  Izquixochitepec  y  Tlacotepec; 
por  lo  que,  aunque  el  rey*  de  Tetzcuco  había  dejado  el  ejerci- 
cio militar,  en  estos  tiempos  fué  compelido  á  juntar  sus  gentes 
y  formar  sus  ejércitos,  enviándolos  con  los  de  los  reyes  Mote- 
cuhzoma  y  Totoqúihuatzin,  que  vivían  con  más  recato  y  vigi- 
lancia; y  así  fueron  sobre  estas  provincias,  y  las  sujetaron  y  re- 
dujeron al  imperio,  volviendo  cargados  de  despojos  y  cautivos 
que  se  sacrificaron  á  sus  falsos  dioses,  entre  los  cuales  fueron 
sacrificados  Zetecpatl  señor  de  la  provincia  de  Coixtlahuacan, 
Nahuixochitl  señor  de  la  provincia  de  Zololan,  Malinal  de  la 
de  Tlachquiauhco,  y  otros  muchos  señores  y  capitanes  que  en 
estas  entradas  y  en  las  demás  referidas  de  estos  tiempos  fue- 
ron cautivos.  Con  que  de  todo  punto  sojuzgaron  todo  el  im- 
perio de  esta  Nueva  España,  desde  los  términos  de  los  chichi- 
mecas  y  reino  de  Michoacan  hasta  las  últimas  provincias  que 
poseyeron  los  antiquísimos  reyes  tultecas,  que  fueron  los  de 
Hueymolan,  Acalau,  Verapaz  y  Nicarahua,  que  es  todo  lo  que 
contiene  la  tierra  de  Anahuac;  y  desde  los  cue;xtecas  (que 
son  las  provincias  de  Panuco)  hasta  llegar  á  Huitlapalan, 
que  es  lo  que  llaman  el  mar  Vermejo  ó  de  Cortés,  por  las 
costas  del  mar  del  Sur,  donde  se  incluían  grandes  y  esplén- 
didos reinos  y  provincias,  como  fueron  las  de  los  chohuix- 
cas  y  yopicas,  cuitlatecas,  chochonas,  mixtecas,  tzapotecas, 
quaiAtemaltecas,  coatzaqualcas,  nonoalcas,  xicalancas,  totona- 
ques,  y.  otras  muchas  naciones  que  quedaron  de  todo  punto 
rendidas,  y  todas  debajo  del  imperio  de  las  tres  cabezas,  que 
tenía  de  longitud  más  de  cuatrocientas  leguas,  y  de  latitud  des- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  319 

de  el  mar  del  Norte  hasta  el  del  Sur.  ^  Y  porque  los  autores 
que  han  escrito  las  conquistas  que  estos  señores  tuvieron,  es- 
pecifícadamente  no  las  cuentan  por  extenso,  porque  las  halla- 
ron en  sus  historias,  particularmente  en  la  monarquía  indiana 
que  escribió  el  diligentísimo  Torquemada,  sólo  refiero  lo  que 
me  pareció  convenía  tratar  de  ellas,  según  las  pinturas  y  ana- 
les que  tengo  citados.  Últimamente  en  el  año  de  mil  quinien- 
tos y  catorce,  fueron  tan  excesivas  las  nieves  que  hubo,  que  se 
destruyeron  las  plantas  y  arboledas,  haciéndose  pedazos  y  des- 
gajándose. En  este  tiempo  se  perdió  el  ejército  de  las  tres  ca- 
bezas del  imperio  que  iban  sobre  la  provincia  de  Amantlan, 
una  de  las  rebeladas  como  está  referido. 

1  Iztlilxocliitl  y  otros  historiadores  antiguos  exageran  estas  conquistas, 
pues  jamás  llegaron  ni  &  Micboacan  ni  &  Guatemala.  En  el  Códice  Mendoci- 
no  pueden  yerse,  y  lo  mismo  en  el  libro  de  Tributos,  supuesto  que  cada  pue- 
blo vencido  quedaba  tributario. 


CAPITULO  LXXIV 


Que  trcUa  c'ímo  el  rey  Mjtecuhzom'*  c%utelosamjníe  con  paoto  secreto  que  tuvo  ean  la 
señoría  de  názcala^  hizo  matar  toda  lajlor  de  los  capitanes  y  soldados  del  reino 
de  TetzcucOf  con  cuya  ocasión  se  vino  á  señorear  de  todo  el  imperio. 


Era  tanta  y  tan  insaciable  la  codicia  que  el  rey  Motecuhzo- 
ma  tenía  de  mandar  y  ser  señor  absoluto,  que  pareciéndole 
menos  valor  tener  compañeros  en  el  imperio  é  iguales  á  él, 
todo  se  le  iba  en  maquinar  y  buscar  modos,  ardides  y  trazas 
para  conseguir  su  intento;  y  así  en  esta  ocasión,  que  ya  era  en 
los  últimos  años  del  reinado  de  Nezahualpiltzintli,  hizo  un  he- 
cho diabólico,  y  fué  que  como  vido  tan  descuidados  á  los  acul- 
huas  tetzcucanos  en  el  ejercicio  militar,  y  muy  ocupados  en  fies* 
tas  y  saraos,  tuvo  ocasión  de  enviar  por  medio  de  sus  embaja- 
dores á  reprender  al  rey  Nezahualpiltzintli  el  descuido  en  que 
vivían  los  suyos,  y  que  los  dioses  estaban  indignados  contra  él 
porque  había  cuatro  años  que  no  les  sacrificaba  cautivos  de 
las  provincias  de  Tlaxcalan  y  de  las  otras  dos  de  donde  se  sa- 
caban los  cautivos  de  que  más  se  servían  y  agradaban  sus  fal- 
sos dioses,  si  no  era  de  las  remotas,  que  forzosamente  por  am- 
pliar y  conservar  el  imperio  habían  cautivado  y  sacrificado, 
que  era  lo  menos  acepto  á  ellos;  demás  de  que  con  esto  bo- 
rraban la  memoria  de  los  heroicos  hechos  de  sus  mayores,  y 
manchaban  la  fama  y  gloria  de  los  chichimecas  y  aculhuas  sus 
antepasados,  y  que  así  convenía  hacer  una  entrada  en  los  cam- 

ToMO  11—22 


322  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

pos  de  Tlaxcalan  para  aplacar  á  los  dioses,  en  la  cual  se  halla- 
ría él  personalmente,  señalando  el  día  que  había  de  ser  la  ba- 
talla. El  rey  Nezahualpiltzintll  le  respondió  que  sus  soldados  no 
dejaban  las  armas  por  cobardía  y  flaqueza  de  ánimo,  sino  por- 
que era  su  intento  pasar  en  paz  la  vida  lo  poco  que  podían 
gozarla,  pues  tan  cercano  estaba  el  año  ce  Acatl  de  las  mu- 
danzas y  calamidades  que  les  pronosticaba,  pero  que  para  el 
día  citado  iría  la  flor  de  sus  ejércitos  á  los  campos  de  Tlaxca- 
lan á  probar  sus  ánimos  y  valor:  dada  su  respuesta,  juntó  á 
consejo  de  guerra  y  habiendo  en  él  tratado  de  lo  que  se  debía 
hacer,  se  juntaron  todos  los  más  valerosos  capitanes  y  solda- 
dados  de  sus  ejércitos,  y  tomaron  la  vía  de  los  campos  de 
Tlaxcalan.  El  rey  no  quizo  ir  en  persona,  por  no  tener  algunas 
contiendas  con  el  rey  Motecuhzoma  que  iba  en  persona  á  esta 
batalla;  mas  envió  á  los  infantes  Acatlemacoctzin  y  Tequane- 
huatzin  sus  hijos,  (que  habían  probado  muy  bien  ^  en  las  con- 
quistas de  las  provincias  remotas  atrás  referidas),  yendo  por 
caudillos  principales  de  todo  el  ejército  tetzcucano.   Motecuh- 
zoma, así  como  supo  la  resolución  de  Nezahualpiltzintli,  envió 
secretamente  sus  embajadores  á  la  señoría  de  Tlaxcalan,  avi- 
sándoles de  cómo  el  rey  de  Tetzcuco  tenía  convocado  todo  lo 
más  y  lo  mejor  de  sus  ejércitos,  no  para  el  ejercicio  militar  y 
sacrificio  de  sus  dioses  conforme  á  la  ley  y  costumbre  que  en- 
tre ellos  estaba  establecida  y  guardada  por  ellos  y  por  sus  ma- 
yores, sino  con  intento  de  destruir  y  asolar  toda  la  provincia 
y  señorío,  y  hacerse  señor  de  ella,  cosa  digna  de  gran  castigo,  y 
que  á  él  le  culparían  y  tendrían  por  cómplice  si  no  les  avisara; 
y  que  así  procurasen  juntar  todo  lo  más  y  mejor  de  sus  sol- 
dados y  ganar  por  la  mano,  de  manera  que  los  aculhuas  no 
tuviesen  lugar  de  cumplir  su  intento,  y  que  aunque  él  iba  en 
persona  en  su  favor,  más  lo  haría  de  cumplimiento  que  de  vo- 
luntad, dándoles  su  palabra  de  que  en  lugar  de  favorecer  á  los 
aculhuas,  les  ayudaría  por  las  espaldas  á  matarlos,  siendo  ne- 

1  Falta  aquí:  su  valor. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  323 

cesarlo.  ^  Esta  embajada  causó  grande  alteración  y  pena  á  la 
señoría,  viendo  cuan  mal  cumplía  Nezahualpiltzintli  las  obli- 
gaciones que  tenía  á  la  señoría,  así  en  conservarle  sus  tierras, 
como  defenderte  y  ampararte;  pues  lo  que  él  poseía  fué  reco- 
brado por  la  ayuda  y  favor  de  sus  padres  y  abítelos  los  seño- 
res tlaxcaltecas,  demás  de  ser  como  eran  de  un  linaje:  y  en- 
viando las  gracias  del  aviso  á  Motecuhzoma,  se  apercibieron  y 
aguardaron  las  gentes  de  Nezahualpiltzintli  con  todo  cuidado 
y  recato,  de  tal  manera,  que  una  cañada  donde  siempre  solían 
hacer  noche  llamada  Tlalpepexic,  que  estaba  cerca  del  cerro 
llamado  Qüauhtepetl,  la  tenían  tomada,  sin  ser  sentidos  de  los 
tetzcucanos,  que  vivían  descuidados  de  la  traición  y  trato  do- 
ble que  contra  ellos  estaba  hecho;  aunque  aquella  tarde  y  aque- 
lla noche  tuvieron  mil  presagios  que  les  representaban  su  total 
destrucción  y  ruina,  entre  los  cuales,  él  uno  fué  que  vieron 
por  el  aire  que  andaban  remoBneando  cantidad  de  auras  so- 
bre ellos,  (aves  que  nó  siguen  ni  buscan  otra  cosa,  sino  cuer- 
pos muertos),  que  parecía  salir  de  la  tierra  llamas  de  fuego,  y 
con  ser  la  fuerza  de  las  aguas  se  levantaban  por  el  aire  gran- 
des polvaredas;  y  los  más  valerosos  capitanes  del  ejército,  co- 
mo fueron  Tezcacoacatl,  Temoctzin,  Zillaltecatl  y  Ecatenan,  á 
un  tiempo  todos  cuatro  veían  entre  sueños,  que  parecía  que 
estaban  en  la  edad  de  su  niñez,  que  andaban  llorando  tras  de 
sus  madres  para  qué  los  recogiesen:  todo  lo  cual  les  dio  bien 
en  que  pensar,  y  sus  corazones  conocían  el  daño  que  tan  próxi- 
mo sé  les  venía,  y  así  aquella  noche  por  desechar,  ^  estuvieron 
después  de  los  sueños  chocarreándose,  y  muy  de  madrugada 
habiéndose  levantado  á  tomar  uñ  bocado,  por  si  en  aquel  día 
no  tuviesen  lugar,  sobre  la  rodela  eri  que  estaban  almorzando 
vino  por  él  aire  un  cigarrón  de  ojo  de  extraña  grandeza  que 
dio  en  ella  un  gran  golpe  y  quedó  muerto,  dividiéndose  la  ca- 


1  Hay  que  desconfiar  de  este  relato  de  Ixtlilxochitl,  por  las  razones  ya  ex- 
puestas. A  su  vez  los  cronistas  mexicanos  acusan  á  Nezahualpilli  de  cobarde. 

2  Aquí  falta:  esa  idea  6  esa  mala  impresión. 


324  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

beza  del  cuerpo.  Estos  capitanes  á  quienes  les  pareció  muy 
mal  agüero,  no  quisieron  esperar  más,  sino  que  comenzaron  á 
despertar  sus  gentes  para  que  se  armasen  y  saliesen  de  aque- 
lla cañada,  donde  no  podían  aprovecharse  de  sus  armas  é  in- 
dustria, por  91  los  enemigos  les  tenían  hecha  una  celada  como 
en  efecto  se  las  tenían  tal,  y  tan  fuerte  que  asi  como  los  vie- 
ron que  comenzaban  á  levantarse,  en  un  instante  los  cercaron,, 
con  tantos  gritos  y  alaridos,  que  no  pudieron  ponerse  en  orden 
para  poderse  defender,  y  cerrando  con  ellos  los  mataron  á  lo- 
dos, si  no  fueron  muy  pocos  los  que  pudieron  escapar  y  llevar 
la  nueva  del  lastimoso  caso,  traición  y  celada  que  contra  ellos 
se  había  hecho.  Los  cuatro  capitanes  referidos  y  otros  muchos 
hicieron  hechos  hazañosísimos,  vengando  muy  bien  sus  vidas; 
y  los  dos  infantes  viéndose  rendidos  de  personas  no  confor- 
mes á  la  calidad  de  sus  personas,  aunque  mal  heridos,  decían 
á  sus  contrarios  que  los  acabasen  de  matar,  que  no  consentían 
entrar  con  ellos  á  su  ciudad;  y  llevándolos  vivos  en  su  triunfo, 
hicieron  tanto  y  se  iban  defendiendo  de  tal  manera,  que  en  el 
primer  templo  de  sus  falsos  dioses  que  cerca  estaba  del  campo 
de  la  batalla,  tuvieron  por  bien  de  matarlos  allí  sacrificándo- 
los. Fué  tanta  la  sangre  que  por  aquella  cañada  había  de  los 
muertos  y  heridos,  que  parecía  un  río  caudaloso.  El  rey  Mo- 
tecuhzoma  que  estaba  á  la  mira  con  su  ejército  en  las  faldas 
del  cerro  que  llaman  Xacayoltepetl,  no  se  movió  ni  los  soco- 
rrió, sino  que  estuvo  quedo  con  sus  gentes,  gloriándose  de  ver 
la  matanza  y  cruel  muerte  de  la  flor  de  la  nobleza  tet^cucana^ 
donde  se  echó  de  ver  ser  cierta  su  traición.  ^  Entre  los  que  es- 
caparon y  llevaron  la  nueva  triste  á  Nezahualpiltzintli,  fué  uno 
de  ellos  Chichiquantzin  famosísimo  capitán,  la  que  fué  para  el 
rey  y  toda  su  gente  muy  triste  y  lamentada;  en  donde  vino 
el  rey  á  satisfacerse  de  la  traición  y  celada  que  contra  él  cada 


1  Debemos  desconfiar  de  esta  traición  que  atribuye  el  autor  á  Moteczuma, 
ya  porque  no  se  refiere  en  otras  crónicas,  ya  porque  trata  siempre  de  poner- 
lo mal. 


DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTULXOGHITL.  325 

día  intentaba  Motecuhzoma,  porque  demás  de  esta,  por  vía  de 
sus  hechiceros  y  nigrománticos  le  había  pretendido  hacer  mal, 
y  como  hombre  sabio  y  astuto  se  había  defendido  de  él  por 
medio  de  otros  que  tenía  en  su  corte,  que  eran  de  la  facultad 
diabólica.  Vuelto  que  fué  Motecuhzoma  á  su  ciudad,  mandó 
que  las  ciudades  y  pueblos  de  la  Chinampa  que  solían  dar  cier- 
to reconocimiento  á  los  reyes  de  Tetzcuco,  no  se  le  diesen  más; 
y  hizo  otras  cosas,  con  que  de  todo  punto  mostró  su  saña,  co- 
mo muy  especificadamente  lo  manifiestan  los  cantos  que  tra- 
tan de  esta  trajedia,  que  se  intitulan  Yacuicatl. 


CAPITULO  LXXV 

Que  trata  de  la  muerte  y  fin  que  tuvo  el  rey  NezahualpiUxintli, 


Sabido  por  el  rey  Nezahualpillzintli,  cómo  el  rey  Motecuhzo- 
ma  le  impedía  los  tributos  y  reconocimiento  que  siempre  á  él 
y  á  su  padre  le  habían  dado  las  ciudades  y  pueblos  de  la  la- 
guna, y  otras  cosas  de  menos  precio,  envió  á  sus  embajadores 
sobre  el  caso  á  requerirle,  que  guardase  la  costumbre  que  siem- 
pre sus  mayores  tuvieron.  Motecuhzoma  con  gran  soberbia  y 
presunción  les  dijo  á  sus  embajadores  que  dijesen  á  su  señor» 
que  ya  no  era  el  tiempo  que  solía  ser,  porque  si  en  los  tiem- 
pos atrás  se  gobernaba  el  imperio  por  tres  cabezas,  que  ya  al 
presente  no  se  había  de  gobernar  más  que  por  una  sola,  y  que 
él  era  el  supremo  señor  de  las  cosas  celestes  y  terrestres,  y 
que  nunca  nías  le  enviase  á  requerir  y  comunicar  negocios, 
porque  si  así  lo  hacía  castigaría  el  atrevimiento.  Cuando  Ne- 
zahualpiltzintli  oyó  esta  respuesta  tan  disoluta  y  soberbia,  fué 
muy  grande  la  pena  que  recibió,  y  más  viendo  que  no  tenía 
fuerzas  para  poder  castigar  semejante  locura,  y  vengar  las  trai- 
ciones que  contra  él  Motecuhzoma  había  hecho;  y  así  se  reco- 
gió á  lo  más  interior  de  sus  palacios,  donde  triste,  pensativo  y 
con  harta  pena  acabó  la  vida,  que  fué  en  el  año  de  mil  qui- 
nientos y  quince,  que  llaman  matlactli  Acatl,  habiendo  gober- 
nado cuarenta  y  cuatro  años,  y  siendo  de  edad  de  cincuenta  y 
dos  años.  Sabida  su  muerte,  aunque  procuraban  ocultarla,  se 


328  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOGHITL. 

juntaron  sus  hijos  y  deudos  para  hacerle  sus  honras  y  exe- 
quias, (hallándose  en  ellas  todos  los  señores  y  grandes  del  rei- 
no, con  los  embajadores  de  los  reyes  Motecuhzoma  y  Totoqui- 
huatzin,  y  otros  señores  mexicanos  y  lepanecas),  de  la  misma 
manera  que  se  le  hicieron  á  su  padre,  que  fué  quemarle  el 
cuerpo  ataviado  con  muchas  joyas  de  oro,  plata  y  pedrería,  y 
mucha  diversidad  de  penachos  y  plumería;  sacrificando  en  sus 
honras  doscientos  esclavos  y  cien  esclavas;  y  sus  cenizas  fue- 
ron guardadas  en  una  arca  de  oro  y  llevada  á  su  sepulcro,  que 
•estaba  en  el  templo  mayor  que  había  en  la  ciudad  de  Tetzcu- 
•co,  que  era  el  del  ídolo  Huitzilopochtli.  Tuvo  ciento  cuarenta 
y  cinco,  hijos  é  hijas,  y  los  cuatro  de  ellos  fueron  legítimos  co- 
mo queda  referido.  ^  Este  fin  tuvo  el  rey  Nezahualpiltzintli,  que 
no  tuvo  menos  valor  y  virtud  que  su  padre;  y  si  bien  se  con- 
sidera le  siguió  casi  los  mismos  pasos,  pues  fué  muy  severo  en 
guardar  las  leyes  y  venturoso  en  las  batallas  á  que  se  halló 
personalmente,  aunque  con  su  temprana  muerte  dejó  á  los  su- 
yos en  opiniones  falsas  y  fabulosas,  y  á  sus  hijos  en  disensio- 
nes por  no  haber  nombrado  á  ninguno  de  ellos  por  su  here- 
dero, aunque  hay  opinión  que  nombró  al  menor  de  sus  hijos 
legítimos  que  fué  el  infante  Yoyontzin;  cosa  que  no  se  puede 
creer,  porque  siempre  heredaba  el  mayor  de  los  legítimos,  sino 
es  que  no  lo  merecía  por  algunas  causas  forzosas,  como  fué  el 
rey  Techotlalatzin,  que  siendo  el  menor  de  sus  hermanos  he- 
redó el  imperio,  porque  siempre  fué  de  la  opinión  y  bando  de 
Quinatzin  su  padre,  y  los  demás  sus  hermanos  de  la  parte 
de  los  rebeldes  chichimecas  y  alzados  contra  el  imperio,  como 
se  ha  visto  en  el  discurso  de  esta  historia. 

1  Ya  hemos  visto,  que  según  bu  descendiente  Pomar,  no  dejó  hijos  legí- 
timos. 


CAPITULO  LXXVI 


Que  trata  de  la  contienda  que  hubo  entre  los  hijo*  de  NetahualpiUzintli  sobre  la  su- 

cestón  del  reino. 


Luego  que  se  le  hicieron  las  honras  funerales  al  rey  Neza- 
hualpiltzintli,  dieron  aviso  al  rey  Motecuhzomay  Totoquihuatzin 
de  Tlacopan  sobre  lo  que  se  debía  hacer  en  la  elección  de 
nuevo  rey,  porque  (como  se  ha  dicho)  dejaba  NezahualpUtzin- 
tli  hijos  legítimos,  pero  á  ninguno  había  dejado  declarado  que 
le  había  de  suceder;  y  el  á  quien  por  herencia  y  mayoría  le 
podía  pertenecer,  que  era  Tellahuehuelzquititzin,  no  era  apto 
para  poder  regir  y  gobernar  un  reino  tan  grande  como  era  el 
de  Tetzcuco,  y  en  tiempo  y  ocasión  que  requería  fuese  de  muy 
gran  valor  para  que  pudiese  resistir  los  golpes  de  la  fortuna 
que  tan  adversa  se  mostraba;  y  por  otra  parte  Coanacochtzin 
y  Ixtlilxochitl,  aunque  tenían  valor  y  esfuerzo,  por  ser  meno- 
res contradecían  algunos  el  poder  elegir  alguno  de  ellos,  por 
anteponérseles  su  hermano  Tetlahuehuetzquititzin,  aunque  de- 
masiadamente hombre  pacífico  y  muy  poco  dado  á  las  armas; 
con  cuya  discordia  halló  camino  el  rey  Motecuhzoma  de  in- 
tentar y  poner  por  efecto  que  entrase  en  la  sucesión  el  infante 
Cacama  su  sobrino,  hijo  de  su  hermana  mayor  la  señora  de  la 
casa  de  Xilomenco,  y  así  despachó  sus  embajadores  para  que 
juntos  con  los  electores  y  grandes  del  reino  diesen  los  votos 
á  su  sobrino,  pues  demás  de  que  le  queria  infinito,  tenía  edad 


330  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

suficiente  para  poder  gobernar,  y  que  en  las  guerras  pasadas 
había  probado  muy  bien  su  valor  y  era  muy  valeroso  capitán; 
y  que  habiéndose  determinado  el  reino,  todos  los  grandes  y 
señores  de  él  se  fuesen  con  su  sobrino  á  la  ciudad  de  México, 
en  donde  quería  fuese  jurado  como  lo  habían  sido  su  padre  y 
abuelo.  Tratada  esta  determinación  y  deseo  del  rey  Motecuh- 
zoma,  aunque  hubo  varias  opiniones,  fué  acordado  entre  todos 
que  juntaran  á  los  tres  infantes,  Cacama,  Coanacochtzin  y  Ix- 
tlilxochitl;  y  en  la  sala  del  consejo  real  les  dieron  á  entender 
la  voluntad  del  rey  Motecuhzoma,  y  cómo  convenía  que  fuese 
jurado  Cacama  por  las  causas  que  allí  alegaron.  Coanacoch- 
tzin á  quien  competía  la  contradicción  de  esta  elección,  por  ser 
él  y  sus  hermanos  los  legítimos,  ora  fuese  por  amor  y  dema- 
siada voluntad  que  tenía  á  su  hermano  Cacama,  ^  ó  por  estar 
del  lado  del  rey  Motecuhzoma,  dio  su  voto  diciendo  que  era 
muy  justa  la  elección  que  se  hacía  en  su  hermano  Cacama, 
pues  lo  merecía  por  su  valor,  y  aunque  de  la  parte  legítima  te- 
nía hermano  mayor,  á  quien  competía  el  derecho  del  reino,  no 
era  apto  ni  conveniente.  Ixtlilxochitl  mancebo  de  poca  edad  y 
hornbre  belicosísimo,  no  pudo  sufrir  la  tiranía  y  extorsión  que 
se  hacía  á  la  parte  legítima,  y  contradijo,  esta  elección  y  albo- 
rotó á  todo  el  senado  de  tal  manera,  que  no  se  pudieron  con- 

1  Las  crónicas  mexicanas  tienen  en  este  punto  variantes  notables.  Así  el 
P.  Duran  dice,  que  el  sucesor  de  Nezahualpilli.ftaé  Quetzalacxoyatl,  que  vi- 
vió muy  pocos  años;  que  después  siguió  Tlahuitoltzin,  que  también  vivió  po- 
cos años;  y  luego  Coanacochtzin,  en  cuyo  tiempo  vino  Cortés.  Esto  es  tan 
inexacto,  como  las  apreciaciones  de  Ixtlilxochitl.  £1  legítimo  sucesor  de  Ne- 
zahualpilli  fué  Cacama,  y  éste  lo  sucedió.  Así  consta  en  el  mapa  Tlotzin,  y  á 
su  lado  tiene  una  leyenda  mexicana  que  dice:  Cacamatzin,  el  marqués  llegó 
en  su  tiempo. 

Cortés  mandó  matar  á  Cacama  la  Noche  Triste,  y  lo  sucedió  Coañacohtzin, 
que  también  está  en  el  mapa  Tloltzin,  con  el  nombro  de  Don  Pedro  Coana- 
cochtzin. A  éste  lo  mandó  matar  Cortés  en  la  expedición  de  las  Hibueras,  y 
lo  sucedió  Ixtlilxochitl.  En  el  intermedio,  durante  la  prisión  del  primero, 
gobernó  á  Tetzcuco  Tecocoltzin. 

£n  el  mapa  Tlotzin  se  ve  primero  á  éste,  con  el  nombre  de  D.  Hernando 
Tecocoltzin;  y  al  último  con  el  nombre  de  D.  Hernando  Ixtlilxochitzin. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.         331 

venir;  y  le  fué  fuerza  á  su  hermano  Gacama  retirarse  á  la  ciu- 
dad de  México  á  pedir  favor  y  ayuda  á  su  tío  el  rey  Motecuh- 
zoma,  para  que  fuese  recibido  en  el  reino.  Ixtlilxochitl  después 
de  haber  tenido  grandes  contiendas  con  su  hermano  Coana- 
cpchtzin,  que  defendía  y  amparaba  el  partido  de  Gacama,  se  sa- 
lió de  la  ciudad  y  se  fué  retirando  hacia  la  sierra  de  Metztitlan, 
convocando  á  todos  los  que  le  querían  seguir,  con  voz  de  opo- 
nerse contra  su  tío  el  rey  Motecuhzoma  por  el  agravio  y  ex- 
torsión que  contra  el  reino  de  Tetzcuco  se  hacía  y  contra  sus 
dos  hermanos;  y  llegado  que  fué  á  aquella  provincia,  que  los 
señores  de  ella  eran  sus  ayos  y  maestros,  le  dieron  todo  favor 
y  ayuda  y  convocaron  á  todas  las  gentes  de  las  sierras  de  los 
totonaques,  y  habiendo  juntado  un  poderoso  ejército  se  vino 
á  gran  prisa  sobre  la  ciudad  de  Tetzcuco,  ^  y  por  el  camino  so- 
juzgó y  venció  á  los  que  se  le  oponían,  y  habiendo  atraído 
á  su  devoción  todas  las  tierras  y  provincias  que  caen  hacia  la 
parte  del  Norte,  á  unos  de  grado  y  á  otros  compelidos  con  el  ri- 
gor de  las  armas,  sitió  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  la  de  México, 
poniendo  sus  fronteras  y  presidios  en  los  pueblos  de  Papalo- 
tlan,  Acolman,  Chicuhnautlan,  Tecacman,  Tzonpanco  y  Hue- 
huetocan,  que  eran  las  partes  por  donde  los  mexicanos  y  los 
de  Tetzcuco  le  podían  entrar  y  hacer  la  guerra,  confrontándose 
con  su  tío  Motecuhzoma  y  con  sus  hermanos  Gacama  y  Goana- 
cochtzin.  En  el  ínter  que  estas  cosas  pasaban,  pudo  tanto  el 
poder  del  rey  Motecuhzoma,  que  de  fuer  ó  agrado  fué  admiti- 
do en  el  reino  su  sobrino  Gacama,  especialmente  en  las  ciuda- 
des y  provincias  que  no  había  ocupado  Ixtlilxochitl:  y  viendo 
el  rey  su  tío  su  osadía  y  atrevimiento,  llamó  á  consejo  de  gue- 
rra para  atajarle  log  pasos  y  designios  que  llevaba,  y  después 
de  haber  tratado  en  él  muy  bien  de  lo  que  se  debía  hacer» 
imo  de  los  capitanes  más  valerosos  de  los  ejércitos  mexicanos 
llanaado  Xuchitl,  principal  y  natural  de  Iztapalapan,  ofreció  al 


1  Las  crónicas  no  hablan  de  eeta  guerra,  que  sin  duda  supone  el  autor,  pa. 
xa  legitimar  la  alianza  de  Ixtlilxochitl  y  de  los  totonacas  con  Cortés. 


332  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

rey  de  que  lo  prendería  sin  daño  de  sus  gentes  y  lo  traería  á 
su  presencia,  con  que  cesarían  estos  motines  y  alteraciones;  lo 
cual  pareció  muy  bien  al  rey  Motecuhzoma,  y  así  quedó  á  car- 
go de  este  soldado  el  remedio  que  convenía  á  la  quietud  del 
imperio,  y  pacífica  posesión  que  deseaba  tuviese  el  rey  Caca- 
ma  su  sobrino.  Ixtlilxochill  que  no  se  dormía,  y  que  siempre 
tenía  aviso  de  lo  que  pasaba  en  la  corte  del  rey  su  tío,  salió 
con  un  escuadrón  de  gente  hacia  los  campos  mexicanos,  sólo 
á  fin  de  encontrarse  con  el  capitán  Xuchitl,  lo  cual  se  vinieron 
á  encontrar,  y  haciendo  que  sus  gentes  estuviesen  quedas  por- 
que ellos  dos  solos  querían  tener  la  batalla  y  contienda  que  se 
les  ofrecía,  y  admitida  de  ambas  partes,  se  trabó  entre  los  dos 
la  pelea,  y  á  pocos  lances  fué  vencido  el  capitán  mexicano  y 
preso  por  el  infante  Ixtlilxochitl,  quien  mandó  que  luego  en  la 
presencia  de  los  dos  ejércitos  fuese  quemado  vivo  con  carrizo 
que  hizo  traer  para  el  efecto;  con  cuya  hazaña  sus  enemigos 
desde  allí  en  adelante  le  tuvieron  más  respeto  y  temor.  Sabi- 
do por  el  rey  su  tío  el  caso,  mandó  que  lo  dejasen  por  enton- 
ces, que  quería  descuidarlo  para  prenderlo  y  castigarlo  en  me- 
jor oportunidad  de  tiempo;  mas  como  no  prosiguiese  con  su 
intento,  sino  que  tan  solamente  tenía  sitiada  la  ciudad  de  Tetz- 
cuco,  sin  hacer  daño  á  persona  que  fuese  de  ella,  sino  que  an- 
tes á  la  gente  ilustre  trataba  muy  bien,  hubieron  los  tres  her- 
manos de  confederarse  y  tratar  de  paces,  aunque  con  el  rey  su 
tío  nunca  quiso  verse,  porque  le  tenía  muy  gran  odio  y  ene- 
mistad por  haber  sido  causa  de  la  muerte  del  rey  Nezahualpil- 
tzintli  su  padre,  y  deseaba  mucho  vengarla  si  pudiese;  que- 
dando en  esta  sazón  con  el  señorío  y  mando  de  todas  las  pro- 
vincias Septentrionales  y  por  capitán  general  del  reino  de  Tetz- 
cuco.  Asimismo  en  esto  atrevimiento  y  discordia  que  hubo  con 
sus  hermanos  y  tíos,  se  alteraron  muchas  provincias  que  querían 
negar  la  obediencia  á  Motecuhzoma  por  las  demasiadas  imposi- 
ciones de  tributos  que  cada  día  les  ponía,  usando  más  de  cruel- 
dad y  tiranía  que  de  piedad,  como  había  sido  costumbre  entre 
los  reyes  sus  pasados;  y  los  que  esto  más  frecuentaban  fue- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  333 

ron  los  de  las  provincias  de  Tonacapan  que  llegaban  hasta  las 
costas  del  mar  del  Norte,  que  parece  que  su  Divina  majestad 
iba  disponiendo  las  cosas  como  veía  que  convenía  para  la  en- 
trada de  su  santa  fe  católica  en  este  nuevo  mundo.  En  estos 
triunfos  tuvieron  los  ejércitos  de  las  tres  cabezas  del  imperio 
guerra  contra  las  provincias  de  Mictlantzinco  y  Xaltianquizco 
que  fueron  las  últimas  que  tuvo  el  imperio,  y  las  redujeron 
debajo  de  su  dominio  con  las  calidades  que  las  demás  que  se 
han  referido.  Las  cuales  guerras  y  conquistas  sucedieron  en  el 
año  de  mil  quinientos  y  diez  y  seis  que  llamaron  matlactlioce 
Tecpatl. 


CAPITULO  LXXVII 


•Que  trata  quién  fué  el  invencible  D,  Femando  Cortés  primer  marqués  del  Valle,  y  da 
principio  á  sus  heroicos  Jieehos, 


Siendo  reyes  de  Castilla  y  Aragón  los  católicos  D.  Femando 
y  Doña  Isabel,  nació  Fernando  Cortés  en  la  villa  de  Medellín 
en  la  Extremadura  (y  como  atrás  queda  referido)  en  el  año  de 
mil  cuatrocientos  ochenta  y  cinco:  sus  padres  fueron  Martín 
Cortés  de  Monroy  y  Doña  Catalina  Pizarro  Altamirano,  gente 
noble  y  Hidalgos  y  muy  aventajados  en  honra,  aunque  faltos 
de  hacienda.  En  dos  años  de  estudio  supo  bien  la  gramática  y 
dio  principio  á  oir  leyes,  mas  luego  mudó  de  intento,  y  se  dio 
á  las  armas:  era  muy  belicoso  y  de  pensamientos  muy  levan- 
tados, por  lo  cual  sus  padres  le  dieron  licencia  para  que  pa- 
sara á  las  Indias  en  busca  de  Nicolás  de  Obando,  comenda- 
dor de  Laris,  que  era  Gobernador  de  Santo  Domingo;  tenía 
diez  y  nueve  años  cuando  llegó  á  esta  Isla,  que  fué  en  el  año 
de  mil  quinientos  y  cuatro  por  Pascua  de  Resurrección,  donde 
le  pasaron  varios  acontecimientos  prósperos  y  adversos  en  el 
discurso  de  tiempo  que  allí  vivió,  que  fueron  cinco  ó  seis  años, 
dándose  á  granjerias  hasta  el  de  la  conquista  de  la  isla  de  Cu- 
ba, en  donde  se  casó  con  Doña  Catalina  Juárez,  y  le  sucedió  lo 
que  Francisco  López  de  Gomarra  y  Antonio  de  Herrera  cuen- 
'  tan  en  sus  historias,  en  donde  se  podrá  ver  todo  especificada- 


336  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

mente.  ^  Yo  no  diré  aquí  más  de  lo  que  hace  al  propósito  de  la 
materia  que  trato.  Andando  el  tiempo  adelante  y  prosiguien- 
do el  descubrimiento  de  las  Indias,  Francisco  Hernández  de 
Córdoba  hizo  una  jornada  y  descubrió  la  tierra  firme  de  Yu- 
catán, en  el  año  de  mil  quinientos  diez  y  siete,  ^  y  porque  los 
indios  defendieron  su  tierra  hiriendo  á  muchos  de  los  españo- 
les, se  volvió  sin  hacer  otra  cosa  más  de  ver  la  tierra:  súpose 
de  este  viaje  ser  rica,  abastecida  y  en  todo  aventajada  á  la  de 
las  islas,  y  dióle  á  Diego  Vclázquez  deseo  de  conquistarla,  para 
lo  cual  envió  á  ella  á  Juan  de  Grijalva  su  sobrino,  con  armada 
suficiente  en  el  año  de  mil  quinientos  diez  y  ocho,  y  llevando 
consigo  doscientos  españoles  y  algunas  mercaderías  con  que 
rescató  oro  y  cosas  de  precio  de  aquella  tierra.  *  Gry  alva  detú- 
vose tanto,  que  Diego  Velázquez  recelándose  no  se  hubiese 
perdido,  para  saber  la  verdad  envió  en  su  busca  á  Cristóbal  de 
Olid  para  que  le  trajese  ó  poblase  allá,  si  la  tierra  descubierta 
fuese  buena,  y  la  comenzase  á  conquistar.  ^  Antes  que  Olid  to- 
pase con  Grijalva,  volvió  á  Santo  Domingo  Pedro  de  Alvarado, 
que  había  ido  en  compañía  de  Grijalva,  el  cual  dio  á  Diego  Ve- 
lázquez aviso  de  la  riqueza  grande  de  Yucatán  y  de  lo  mucho 
que  Grijalva  había  rescatado.  Diego  Velázquez  oyendo  estas 
nuevas,  pasóle  gran  gana  de  enviar  á  conquistar  y  poblar  aquella 
tierra,  lo  uno  por  dilatar  nuestra  santa  fe,  y  lo  otro  por  ganar 
honra  y  riqueza,  y  para  ello  anduvo  tratando  con  algunas  per- 


1  Son  muy  diferentes  las  noticias  publicadas  respecto  al  origen  de  Cortés. 
Las  Casas  (Historia  de  las  Indias.  P.  III.  Cap.  21)  dice:  "To  conocí  á  su 
Padre,  que  era  un  Escudero  muy  pobre  y  muy  humilde.  Sin  embargo  él  era 
de  antigua  raza  cristiana,  y  se  ha  dicho  también  que  era  gentil  hombre."  Ar- 
gensola  (Anales  de  Aragón.  Lib.  I.  Cap.  18)  dice,  que  su  familia  descendía 
de  Namés  Cortesio,  Rey  de  Lombardía  y  de  Toscana,  que  casó  con  la  hija  do 
FaTila,  Rey  de  los  Godos.  La  primera  opinión  me  parece  la  más  verosímil. 
(Nota  de  Ternaux). 

2  Esto  pasó  á  6  de  Marzo  de  ese  año. 

8  Salió  esta  expedición  del  puerto  de  Carenas,  el  23  de  Abril  de  1518. 
4  En  ninguna  de  estas  expediciones  se  trataba  de  hacer  conquistas,  sino  so- 
lamente rescates,  principalmente  de  oro. 


DON  FERNANDO  DE  AL  VA  IXTLILXOCHITL.  337 

sonas  de  juntar  gente  para  hacer  este  viaje,  y  no  persona  que 
con  él  se  acomodase,  sino  Fernando  Cortés  que  tenía  dos  mil 
ducados  en  el  cambio  de  Andrés  de  Duero,  mercader  que  era 
discreto  y  de  estómago  para  saber  gobernar.  Cortés  aceptó 
aquel  negocio  y  le  d^jo  que  se  holgaba  de  juntarse  con  él,  que 
¡ría  en  persona  al  descubrimiento  y  conquista  de  esta  tierra;  ^  y 
hechos  sus  conciertos  y  capitulaciones  y  sacada  licencia  de  los 
frailes  Jerónimos,  que  tenían  la  gobernación  de  las  islas,  pues- 
tos á  punto  los  navios  y  todo  lo  necesario,  llegó  al  puerto  Juan 
de  Grijalva  á  tres  de  Octubre  del  año  de  mil  quinientos  diez  y 
ocho  con  cantidad  de  oro  y  plata,  y  con  más  claridad  y  noticia 
de  la  tierra:  con  lo  cual  Diego  Velázquez  mudó  luego  de  inten- 
to pretendiendo  impedir  á  Cortés  el  viaje,  de  que  hubo  entre 
los  dos  grandes  pasiones;  mas  Cortés  á  pesar  del  otro,  dio  prin- 
cipio á  su  viaje  y  tomó  fiados  cuatro  mil  ducados  con  que 
compró  navios  y  todo  lo  necesario,  y  luego  se  le  agregaron  sus 
amigos  que  sustentó  á  su  costa  y  dio  dineros:  al  partir  hizo  una 
protestación  ante  escribano  de  que  él  iba  á  sus  propias  costas, 
y  que  no  tenía  parte  ninguna  Diego  Velázquez  en  aquel  nego- 
cio. ^  Llegado  á  ^  Alvarado,  Olid  y  otros  amigos  de  Veláz- 
quez lo  quisieron  prender;  mas  él  se  puso  en  salvo  en  la  isla 
de  Guaniganiga,  y  habiendo  saltado  en  tierra  hizo  reseña  de  la 
gente  que  llevaba,  y  halló  quinientos  cincuenta  españoles  de 
pelea,  ^  y  más  algunos  indios  de  servicio;  de  los  cuales  hizo  on- 
ce compañías  de  cincuenta  hombres,  y  tomó  para  sí  el  cargo 
de  capitán  general:  llevaba  once  navios  poniendo  en  todos  ban- 

1  £n  las  instrucciones  dadas  á  Cortés  con  fecha  23  de  Octubre  de  1518,  no 
so  habla  de  conquista,  sino  solamente  de  rescates. 

2  Esto  no  es  exacto.  Velázquez  costeó  la  mayor  parte  de  los  gastos  de  la 
expedición;  y  ya  veremos  adelante,  cómo  y  cuándo  se  alzó  Cortés  con  ella. 

3  £n  blanco  en  el  original.  Chimalpáin  dice  que  á  la  Habana.  Cierto  es 
que  Velázquez  mandó  á  Pero  Barba  que  prendiese  a  Cortés;  pero  no  lo  inten- 
taron Alvarado  y  Olid,  quienes  por  el  contrario  eran  sus  amigos. 

4  En  la  carta  del  Ayuntamiento  de  Veracruz  al  Emperador  se  dice  que 
400  soldados.  (Nota  de  Temaux). — El  verdadero  número  fué  seiscientos  seten- 
ta y  tres  castellanos  útiles  para  la  guerra. 

Tomo  JI~23 


338  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

deras  con  sus  armas,  que  fueron  unos  fuegos  blancos  y  azules, 
y  en  medio  una  cruz  colorada  con  una  letra  en  latín  que  de- 
cía: Amigos  sigamos  la  cruz,  porque  si  fe  tenemos,  en  esta  se- 
ñal vencemos.  Con  cuyo  aparato  y  pocos  compañeros  con- 
quistó este  nuevo  mundo,  y  convirtió  á  los  naturales  de  él  á 
nuestra  santa  fe  católica  y  ley  evangélica,  que  fué  la  más  difi- 
cultosa conquistada  que  se  vido  en  el  mundo,  y  no  le  hicieron 
ventaja  Alejandro  y  Julio  Cesar,  como  por  el  discurso  de  esta 
historia  se  verá,  y  parece  muy  especiflcadamente  en  la  de  los 
autores  que  tengo  citados. 


CAPITULO  LXXVIII 


Que  trata  eOmo  dib  principio  Oortéi  á  la  eonquistj  de  esta  nueva  Bspafla  hoHa  llegar 

dPoUmehan, 


Antes  que  partiese  Cortés  á  la  isla  de  Guaniganiga,  hizo  una 
larga  y  discreta  plática  á  los  suyos,  trayéndoles  á  la  memoria 
el  premio  grande  que  conseguirían  sus  trabajos  y  el  gran  ser- 
vicio que  harían  á  Dios  Nuestro  Señor,  si  con  ánimo  y  celo  de 
cristianos  acudían  á  la  conquista,  más  para  convertir  almas, 
que  para  quitarles  haciendas  á  aquellas  naciones  gentílicas  y 
bárbaras.  Partió  de  esta  isla  el  año  de  mil  quinientos  diez 
y  nueve  á  veintiocho  de  Febrero,  ^  y  dio  por  contraseña  á  los 
suyos  el  nombre  del  bienaventurado  Apóstol  San  Pedro,  su 
abogado;  y  ^  con  el  recio  tiempo  que  le  hizo,  tomó  tierra  en  la 
isla  de  Acozanil,  y  los  moradores  de  ella  de  miedo  se  fueron 
al  monte  desamparando  sus  haciendas  y  casas;  y  entrando  al- 
gunos de  ellos  á  la  tierra  adentro,  allí  trajeron  á  Cortés  cuatro 
mujeres  con  tres  criaturas,  y  por  señas  entendió  que  la  una  de 
ellas  era  la  señora  de  la  tierra  y  madre  de  los  niños,  y  con  el 
buen  tratamiento  que  Cortés  le  hizo,  filé  causa  para  que  luego 

1  Fué  á  18  de  Febrero. 

2  Chimalpáin  (Cap.  1?)  refiere,  que  habiendo  cuido  en  su  infancia  Cortés  en 
una  peligrosa  enfermedad,  y  queriendo  sus  padres  escogerle  un  poderoso  pro- 
tector en  el  Cielo,  echaron  en  suerte  los  nombres  de  los  doce  Apóstoles,  y  que 
cayó  en  San  Pedro.  (Nota  de  Temaux). 


340  OBRAS    HISTÓRICAS   DE 

allí  viniese  su  marido  que  á  los  nuestros  albeldó  y  regaló  mu- 
cho en  su  pueblo;  y  como  Cortés  los  vido  asegurados  y  con- 
tentos, les  comenzó  á  predicar  la  fe  de  Cristo,  rogándoles  que 
adorasen  la  cruz  y  una  imagen  de  nuestra  Señora,  los  cuales 
con  todo  placer  la  recibieron  y  quebraron  los  ídolos  de  su  tem- 
plo, y  en  lugar  de  ellos  puso  Cortés  la  cruz  é  imagen  de  nues- 
tra Señora,  teniéndolo  todo  en  muy  gran  veneración  los  indios, 
y  dejaron  de  sacrificar  los  hombres;  y  les  dieron  nueva  que 
hacia  Yucatán  había  también  hombres  barbados  como  los  nues- 
tros: Cortés  envió  allá  para  saber  si  era  así,  y  tardaron  tanto  los 
que  fueron,  que  no  quiso  Cortés  esperarlos.  Tomó  tierra  en 
Yucatán  en  la  punta  que  llaman  de  las  mujeres,  ^  y  por  parecerle 
aquella  tierra  ruin,  se  fué  á  Cotoche,  ^  mas  hizo  agua  la  Nao  de 
Pedro  Alvarado,  y  para  remediarla  se  volvió  á  la  isla  de  Acu- 
zami.  ^  Estando  en  ella  un  domingo  de  mañana,  primero  de  cua- 
resma, vieron  llegar  una  canoa  á  tierra,  en  que  venían  cuatro 
hombres  desnudos  con  sus  arcos  y  flechas;  y  arremetiendo  al- 
gunos de  los  españoles  con  ellos  con  sus  espadas  desnudas, 
pensando  que  eran  de  guerra,  estando  cerca  se  adelantó  uno 
<ie  los  cuatro,  y  comenzó  á  hablar  en  español  y  dijo:  señores 
^sois  cristianos?  de  que  se  maravillaron  los  nuestros  y  respon- 
•dieron:  sí  somos  y  españoles.  Entonces  se  puso  de  rodillas  y  di- 
jo llorando  de  placer:  infinitas  gracias  doy  á  Dios  que  me  ha 
sacado  de  entre  infieles  y  bárbaros.  ¿Qué  día  es  hoy  señores? 
que  yo  pienso  que  es  miércoles.  Respondiéronle  que  no  era  si- 
no domingo.  Levantóse  en  pie  y  Andrés  de  Tapia  lo  llevó  con 
los  demás  muy  alegres  á  Cortés,  el  cual  le  preguntó  ¿quién  era 
y  cómo  había  venido  allí?  Dijo  que  se  llamaba  Hyerónimo  de 
Aguilai'  y  era  natural  de  Eziga,  y  que  en  el  año  de  mil  quinien- 

1  No  era  punta:  es  la  isla  de  Mujeres. 

2  Catoche:  áQcotoeh, 

8  La  isla  de  Acuzamil,  que  los  historiadores  españoles  han  llamado  Cozu- 
mcl,  era  el  principal  santuario  de  los  habitantes  de  Yucatán:  de  toda  la  pro- 
TÍncia  iban  ahí  en  peregrinación.  Su  nombro  quiere  decir  la  Isla  de  las  Go- 
londrinas. (Nota  do  Tcmaux). 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  341 

tos  once,  viniendo  del  Darien  ó  Santo  Domingo  por  dineros  pa- 
ra la  guerra  que  hacían  cuando  las  contiendas  de  Diego  de  Ni- 
queza  y  Basco  Núñez  de  Balvoa,  dieron  al  través  en  una  cara- 
vela  junto  á  Jamaica,  y  por  guarecerse  se  metieron  veinte 
personas  en  un  Batel,  de  los  cuales  murieron  siete  en  la  mar 
y  los  trece  tomaron  la  provincia  de  Maye,  ^  en  donde  fueron 
presos  de  los  indios,  y  vinieron  á  poder  de  un  crudelísimo  ca- 
cique que  se  comió  á  Baldivia  después  de  haberlo  sacrificado, 
y  á  otras  cuatro,  haciendo  un  banquete  á  sus  amigos  y  criados, 
y  Aguilar  y  los  demás  quedaron  á  engordar  para  comerlos  en 
•otra  ocasión;  pero  soltáronse  de  la  prisión  y  vinieron  á  poder 
de  un  cacique  grande  enemigo  del  otro  que  los  tuvo  presos,  el 
cual  los  trató  muy  bien  mientras  vivió,  y  lo  mismo  hicieron  sus^ 
herederos;  que  todos  sus  compañeros  se  habían  muerto,  y  na 
había  quedado  más  que  él  y  un  Gonzalo  Guerrero,  que  se  casó 
en  aquella  tierra,  quien  estaba  muy  rico  y  no  quiso  venir  con 
él,  porque  tuvo  vei^üenza  de  que  le  viesen  las  narices  horada- 
das al  uso  de  la  tierra.  De  estas  nuevas  se  holgaron  todos  mu- 
cho, aunque  les  puso  gran  temor  oir,  que  iban  á  tierra  donde 
se  comían  los  hombres.  Importó  mucho  á  Cortés  el  haber  to^ 
pado  con  Aguilar,  porque  siempre  le  sirvió  de  lengua,  y  sin  él 
se  tuviera  grandísimo  trabajo;  y  así  tuvieron  por  milagro  el  de- 
tenerse por  el  desmán  que  tuvo  la  Nao  de  Alvarado,  pues  de 
otra  manera  no  toparan  con  él.  Otro  día  después  Cortés  man- 
dó á  Jerónimo  de  Aguilar  predicase  á  los  indios  la  fe  de  Cris- 
to pues  sabía  su  lengua,  y  lo  hizo  tan  bien,  que  por  sus  amo- 
nestaciones se  acabaron  de  convertir,  los  cuales  tenían  una 
Cruz  por  Dios  que  llamaban  el  Dios  de  la  lluvia.  Partidos  de 
Acuzamí  tomaron  puerto  en  el  río  Tabasco  que  se  llama  de  Gri- 
jalva,  por  haber  estado  allí  primero,  y  entrando  Cortés  por 
el  río  arriba  reconoció  un  pueblo  cercado  de  madera  con  sus 
troneras  para  tirar  flechas,  y  salióle  al  encuentro  mucha  gente 
armada  en  canoas,  que  peleó  con  ellos  hasta  venir  á  ganar 

1  La  península  maya. 


342  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXLTILXOCHITL. 

aquel  pueblo  que  se  decía  Potonchan,  que  fué  el  primero  que 
se  ganó  en  la  tierra  firme  de  las  Indias:  durmió  Cortés  aquella 
noche  dentro  del  templo  mayor  con  todos  sus  compañeros  sin 
recelo,  por  haber  los  indios  desamparado  el  lugar,  y  otro  día 
envió  por  tres  partes  á  reconocer  la  tierra,  con  deseo  de  haber 
algún  natural  de  aquella  tierra  para  informarse  de  los  particu- 
lares de  ella,  y  para  con  él  enviar  á  llamar  al  cacique  sobre 
seguro:  trajéronle  tres  ó  cuatro  que  despachó  muy  contentos 
para  su  señor,  y  rogáronle  mucho  que  viniese  sin  temor,  por- 
que él  no  venía  para  agraviarle,  sino  para  declararle  grandes 
secretos;  y  aunque  anduvieron  dos  días  yendo  y  viniendo,  nun-^ 
ca  el  cacique  se  quiso  dejar  ver. 


CAPITULO  LXXIX 

Que  trata  de  leu  cosas  que  le  acaecieron  á  Cortés  hasta  llegar  d  la  Veraentz, 


Cortés  despachó  otra  vez  tres  de  sus  caudillos  á  comprar  vi- 
tualla y  descubrir  tierras,  y  andando  ocupados,  los  indios  les 
salieron  con  mano  armada,  y  hirieron  á  muchos  de  los  espa- 
ñoles y  mataron  algunos  de  los  naturales  de  Cuba,  y  les  suce- 
diera muy  mal,  si  Cortés  no  fuera  luego  á  socorrerlos.  Otro 
día  siguiente  puso  quinientos  hombres  en  el  campo  con  trece 
caballos  y  algunas  piezas  de  artillería,  y  yendo  marchando  su 
ejército  por  unas  labranzas,  salieron  al  encuentro  cuarenta  mil 
hombres  con  los  cuales  peleó,  y  aunque  con  dificultad  y  gran 
trabajo  los  venció,  en  donde  según  lo  que  les  pareció  á  los  del 
ejército,  se  apareció  el  glorioso  apóstol  Santiago  en  un  caballo 
blanco  peleando,  que  fué  la  primera  vez  que  en  favor  de  los 
cristianos  se  apareció  en  esta  conquista,  aunque  Cortés  dijo 
siempre  ser  el  bien  aventurado  príncipe  de  los  apóstoles  San 
Pedro  su  abogado,  á  quien  siempre  dedicó  sus  pensamientos  y 
deseos,  invocándole  en  todas  las  ocasiones  y  lances  peligrosos  en 
que  se  vido.  ^  Quedaron  heridos  sesenta  españoles,  aunque  luego 
hubo  tratos  de  paz  entre  los  nuestros  y  naturales.  Tabasco  ^ 

1  Kstix  filó  la  batalla  de  Centla. 

2  El  verdadero  nombre  de  este  cacique  era  Tabzcoob,  del  cual  los  españo- 
les hicieron  Tabasco. 


344  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

que  era  el  más  principal  señor  de  aquella  tierra,  con  to- 
dos los  suyos  caciques  y  señores,  se  dieron  por  amigos  de  Cor- 
tés, y  le  abastecieron  con  muchos  mantenimientos  su  ejército, 
presentándole  cierta  cantidad  de  oro.  Preguntóles  Cortés  ¿dón- 
de lo  habían  y  si  tenían  mucho?  A  lo  que  le  dijeron  que  no 
tenían  minas  ni  las  querían,  porque  su  cuidado  no  se  ocupaba 
en  hacerse  ricos,  sino  en  vivir  contentos;  mas  que  hacia  don- 
de el  sol  se  ponía,  si  buscaban  oro  lo  hallaría:  y  entre  otras  ra- 
zones que  trataron,  dijeron  que  entre  todos  los  que  habían 
peleado  á  caballo,  el  delantero  les  había  espantado  y  atemori- 
zado mucho;  por  donde  se  echó  de  ver  y  conñrmar  el  milagro 
de  haberse  aparecido  uno  de  los  doce  apóstoles.  Y  habiendo 
Cortés  dado  á  entender  la  causa  de  su  venida,  que  era  en  ra- 
zón de  enseñarles  la  ley  evangélica  y  sacarlos  de  la  ceguedad 
en  que  vivían,  que  para  el  efecto  le  enviaba  el  rey  de  España 
su  señor  que  era  el  mayor  del  mundo,  y  habiendo  puesto  en 
el  templo  mayor  de  la  ciudad  de  Potonchan  una  cruz  con  gran 
gozo  de  los  naturales,  y  hallándose  á  la  fiesta  y  ceremonias 
del  día  de  Ramos,  infinitas  gentes  dieron  la  obediencia  al  rey 
de  España  dándose  por  sus  amigos  y  vasallos,  que  fueron  los 
primeros  que  tuvo  la  corona  real  de  Castilla  en  estas  partes. 
Llamóse  Victoria  por  los  nuestros  aquella  ciudad,  de  donde  se 
partió  Cortés  á  descubrir;  y  prosiguiendo  su  viaje,  llegó  á  un 
río  grande  llamado  Papaloapan,  y  por  haber  sido  el  primero 
que  lo  descubrió  Pedro  de  Alvarado,  se  llamó  de  su  nombre; 
y  siguiendo  la  costa  de  Poniente  llegaron  á  San  Juan  de  Gu- 
lua  (que  hoy  día  se  llama  Ulúa)  el  Jueves  de  la  Cena,  y  antes 
que  surgiesen,  Teotlili  gobernador  de  aquella  costa,  puesto  por 
los  señores  del  imperio,  envió  en  dos  canoas  á  unos  criados 
suyos  á  preguntar  por  el  caudillo  y  cabeza  de  aquella  flota 
¿quién  era  y  á  qué  iba?  Cortés  los  recibió  muy  bien,  y  habién- 
doles regalado,  los  despachó  enviándole  á  decir  al  gobernador 
que  no  temiese  ni  se  alborotase,  porque  su  venida  no  era  á 
otra  cosa  sino  á  traerle  nuevas  de  mucho  gusto,  de  que  él  se 
holgaría.   El  Viernes  Santo  tomaron  tierra,  y  se  alejaron  en 


\ 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  EXTLILXOCHITL.  345 

unos  arenales,  en  donde  es  ahora  la  Veracruz,  y  desde  enton- 
ces se  le  dio  este  nombre,  por  haber  llegado  en  Viernes  de  la 
Cruz,  en  donde  los  vinieron  á  ver  muchos  indios,  con  quienes 
rescataban  oro  y  plumerías  de  mucho  precio  por  tijeras  y  al- 
fileres, cuentas  de  vidrio,  y  otras  cosillas  de  quinquillería  y  po- 
co precio,  aunque  Cortés  mandó  luego  pregonar  que  nadie 
rescatase  oro,  porque  los  indios  no  entendiesen  que  ellos  no 
iban  á  otra  cosa.  De  allí  á  dos  días  que  fué  el  lunes  de  Pascua 
de  Resurrección,  vino  el  gobernador  con  cuatro  mil  hombres 
que  le  acompañaban,  cargados  de  bastimentos  que  dio  á  Cor- 
tés, con  algunas  preseas  y  joyas  de  oro  bien  ricas,  el  cual  le 
abrazó  y  dio  un  sayo  de  terciopelo  y  otras  cosas  de  colonería 
que  las  estimó  mucho;  y  no  entendiendo  Aguilar  aquella  len- 
gua, fué  Dios  servido  de  remediar  aqueste  inconveniente,  con 
que  se  halló  una  de  las  mujeres  que  el  señor  de  Potonchan 
había  dado  á  Cortés,  que  sabía  muy  bien  la  lengua,  porque  era 
natural  del  pueblo  de  Huilotlan  ^  de  la  provincia  de  Xalatzinco  I 
hija  de  padres  nobles  y  nieta  del  señor  de  aquella  provincia,  y  * 
siendo  niña  unos  mercaderes  la  hurtaron  en  tiempo  de  guerra 
y  la  fueron  á  vender  á  la  feria  de  Xicalanco  que  está  cerca  de 
la  provincia  de  Coatzacualco,  y  de  mano  en  mano  vino  á  pa- 
rar en  poder  del  señor  de  Potonchan,  que  después,  como  di- 
cho es,  la  dio  á  Cortés,  á  la  cual  con  alhagos  y  buen  tratamien- 
to convirtió  y  se  volvió  cristiana,  llamóse  Marina,  y  con  ella 
las  demás  compañeras  que  fueron  las  primeras  que  hubo  en 
esta  nueva  España,  y  sirvió  después  de  intérprete  juntamente 
con  Aguilar,  porque  Cortés  decía  lo  que  quería  á  Aguilar  y  él 
en  lengua  de  Potonchan  y  Tabasco  se  lo  interpretaba  á  Mari- 
na, y  ella  que  sabía  muy  bien  esta  lengua,  la  interpretaba  en 
la  mexicana;  aunque  en  breves  días  aprendió  la  castellana,  con 
que  escusó  mucho  trabajo  á  Cortés,  que  parece  haber  sido  ca- 
so milagroso,  y  muy  importante  para  la  conversión  de  los  natu- 
rales y  fundación  de  nuestra  santa  fe  católica.  Marina  andando 

1  Bl  verdadero  nombre  de  este  lugar  es  01  uta. 


346  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA IXTULXOCHITL. 

el  tiempo  se  casó  con  Aguilar.  ^  Aquel  día  que  llegó  el  gober- 
nador Teotlili  comió  con  Cortés,  después  de  haberle  dicho  có- 
mo toda  aquella  tierra  estaba  á  su  cargo  por  las  tres  cabezas 
del  imperio,  y  que  era  criado  del  emperador  Motecuhzoma, 
gran  señor  de  la  ciudad  de  México  Tenochtitlan;  que  le  diese 
parte  de  su  venida,  para  avisar  de  ella  á  su  señor  y  á  los  de- 
más del  imperio.  Mandó  Cortés  á  Marina  que  le  dijese,  como 
él  era  embajador  del  rey  D.  Carlos  de  España  señor  del  mun- 
do, y  que  venía  á  visitarle  de  su  parte  y  decirle  algunas  cosas 
en  secreto  que  traía  por  escrito,  que  su  señor  se  holgaría  de  sa- 
berlas, y  que  así  se  le  avisase  luego  para  ver  en  dónde  mandaba 
diese  la  embajada  que  traía.  Teotlili  respondió  que  se  holgaba 
mucho  haber  sabido  que  hubiese  otro  señor  tan  grande  como 
Motecuhzoma,  según  decía  que  era  el  rey  de  España;  pero  que 
no  creía  que  hubiese  otro  en  el  mundo  que  igualase  á  Mote- 
cuhzoma su  señor,  y  que  le  daría  aviso  de  su  venida  para  sa- 
ber lo  que  mandaba.  Corles  le  preguntó  ¿si  Motecuhzoma  te- 
nía mucho  oro?  porque  era  bueno  para  el  mal  de  corazón,  y 
que  algunos  de  los  suyos  estaban  lisiados  de  él.  Teotlili  res- 
pondió que  sí  tenía:  el  cual  luego  hizo  pintar  en  unas  mantas 
de  algodón  el  talle  de  los  españoles,  caballos,  navios  y  todo  lo 
demás  que  Cortés  traía,  y  razón  á  lo  que  venía,  y  despachó  con 
toda  diligencia  sus  mensajeros  para  México  á  dar  aviso  de  todo 
á  Motecuhzoma  su  señor,  á  Cacama  que  era  rey  de  Tetzcuco 
y  á  Totoquihuatzin  de  Tlacopan,  y  fué  el  despacho  con  tal  bre- 
vedad, que  en  un  día  y  una  noche  llegó  allá.  Teotlili  se  volvió 
á  Cuetlachtlan  donde  residía,  y  dejó  con  los  nuestros  áCuillal- 
pitoc  y  otros  capitanes  con  dos  mil  personas  para  el  servicio  y 
regalo  de  los  españoles. 

1  Aguilar  era  clérigo  subdiácono,  y  así  no  casó  ni  pudo  casar  con  Marina, 
que  casó  con  Juan  Xaramillo,  uno  de  los  soldados  de  Cortés,  cuando  fueron  al 
viaje  de  las  Hibueras.  Mírese  la  conquista  de  D.  Domingo  de  San  Antón, 
al  fol.  198. — Nota  mai^inal  en  el  original. 


CAPITULO  LXXX 


Qite  trcUa  de  ¡cu  cosas  que  hizo  el  rey  Moiecuhzomn  con  la  nueva  de  la  venida  de  Cor- 
tés y  sus  compañeros;  y  de  cómo  Cortés  se  ir\formó  de  los  bandos  que  habla  en  esta 
tierrcu 


Llegados  que  fueron  los  mensajeros  de  Teotlili  á  la  ciudad 
de  México,  fué  grande  la  confusión  y  temor  que  causó  al  rey 
Motecuhzoma,  viendo  que  ya  se  empezaban  á  cumplir  las  pro- 
fecías de  sus  pasados:  citó  á  consejo  á  todos  los  señores  del 
imperio  para  tratar  lo  que  se  debía  hacer,  y  juntos  les  propu- 
so todo  lo  que  en  el  corazón  le  daba,  y  que  si  aquellos  hom- 
bres orientales  que  habían  llegado  por  ventura  eran  el  Dios 
Quetzalcoatl  y  sus  hijos  que  de  tantos  siglos  esperaban,  sien- 
do así  era  fuerza  que  se  habían  de  señorear  de  toda  la  tierra, 
y  á  ellos  desposeerlos  de  ella,  y  que  así  sería  bien  atajarles  los 
pasos,  y  no  consentir  que  en  su  corte  entrasen;  ó  si  como  ellos 
decían,  que  eran  embajadores  de  un  gran  señor  del  mundo  en 
donde  sale  el  sol,  sería  bien  recibirlos  y  oírles  su  embajada. 
Todos  los  reyes  y  señores  que  se  hallaron  en  esta  junta  estu- 
vieron unos  con  otros  debatiendo  el  caso  un  gran  rato,  y  vien- 
do el  rey  Motecuhzoma  que  no  se  acababan  de  resolver,  dijo 
á  su  hermano  Cuitlahuac,  que  con  licencia  del  rey  Cacama  bu 
sobrino  á  quien  competía  el  primer  voto,  le  dijese  lo  que  sen- 
tía como  hombre  más  experimentado  en  negocios.  Cuitlahuac 
dijo:  Mi  parecer  es,  gran  señor,  que  no  metáis  en  vuestra  casa 


348  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 


quien  os  eche  de  ella,  y  no  os  os  digo  ni  aconsejo  más.  El  rey 
Cacama  le  dijo:  El  mío  es  que  si  vuestra  alteza  no  admite  la 
embajada  de  un  tan  gran  señor  como  dicen  que  es  el  de  Es- 
paña, es  muy  gran  bajeza  suya  y  nuestra  y  de  todo  el  impe- 
rio, pues  los  príncipes  tienen  obligación  y  es  ley  de  dar  audi- 
torio á  los  embajadores  de  otros;  que  cuando  ellos  vengan  corv 
trato  doble,  por  esto  tiene  en  su  corte  soldados  y  capitanes  va- 
lerosos que  le  defenderán,  y  muchos  parientes  y  amigos  que- 
miren  por  su  honra,  y  castiguen  cualquiera  traición  y  desaca- 
to; y  si  esta  nueva  gente  que  ahora  ha  venido,  vienen  con  alguna 
novedad  y  tiranía,  mientras  más  breve  entrasen  en  su  corte  á 
su  embajada  ó  á  mostrar  su  intento,  lo  tengo  por  más  acerta- 
do que  no  detenerles  é  impedirles  su  venida,  por  muchas  cau- 
sas y  todas  muy  en  menosprecio  y  daño  de  la  grandeza  y  ma- 
jestad del  imperio,  porque  los  embajadores  viendo  que  se  les 
impide  su  entrada,  conocerán  flaqueza  y  poco  ánimo  en  vues- 
tra alteza  y  en  todos  los  del  imperio,  pues  no  admite  en  su 
corte  á  cuatro  extranjeros,  con  que  se  les  aumentaría  el  ánimo 
de  su  osadía  é  intención  de  alterar  la  tierra;  y  en  este  discurso 
podrán  echar  de  ver  las  faltas  y  defectos  que  hay  en  su  corte, 
y  quién  es  amigo  ó  enemigo,  y  aún  de  aquí  se  podía  seguir, 
levantar  muchas  provincias  que  están  sujetas  y  oprimidas;  y 
así  en  cualquier  acontecimiento  conviene  no  dilatar  la  venida 
de  estos  embajadores,  antes  que  abran  los  ojos  y  escudriñen 
los  secretos  del  imperio;  y  este  es  mi  parecer.  A  todos  los  se- 
ñores de  ánimo  y  coraje  les  pareció  muy  bien  lo  que  el  rey  Caca- 
ma había  dicho,  y  no  creo  que  se  engañaban;  mas  el  rey  Mote- 
cuhzoma  con  otros  señores  de  su  corte  tomaron  por  mejor  el 
consejo  de  Guitlahuac,  y  así  Motecuhzoma  procuró  por  todas 
instancias  impedir  la  entrada  de  Cortés  y  los  suyos,  y  dando  la 
respuesta  á  los  mensajeros  de  Teotlili  se  volvieron,  y  dentro 
de  ocho  días  llegaron  á  la  Veracruz  con  ricos  presentes  de  oro 
y  mantas  de  algodón,  con  la  respuesta  de  Motecuhzoma  y  la 
bien  venida  que  le  daba  Cacama  rey  de  Tetzcuco  Aculhuacan 
y  Totoquihuatzin  de  Tlacopan,  enviándole  á  decir  que  se  hol- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  349 

gabán  mucho  de  tener  noticia  y  de  saber  de  un  tan  grande  y 
poderoso  señor  como  era  el  de  España,  y  mucho  más  el  dig- 
narse de  ser  sus  amigos,  de  que  se  tenían  por  muy  dichosos, 
y  lo  mismo  de  que  en  sus  días  hubiesen  venido  nuevas  gentes 
de  tanto  valor  y  nunca  vistas  en  su  imperio;  ^  por  tanto,  que  ro- 
gaban al  embajador  viese  lo  que  había  menester  para  que  fue- 
se proveído  de  todo  bastantemente:  y  que  en  cuanto  al  ir  á  su 
corte  y  verse  con  Motecuhzoma  su  tío  y  con  ellos,  que  no  ha- 
bía lugar  ni  orden  porque  estaba  Motecuhzoma  impedido  y 
mal  dispuesto  para  poder  ir  á  la  costa,  ni  Cortés  ir  á  la  corte, 
por  ser  el  camino  largo  y  fragoso,  y  por  61  había  pobladas  al- 
gunas gentes  bárbaras  y  crueles  enemigos  de  los  mexicanos  y 
aculhuas.  Habiendo  oído  Cortés  la  razón  de  los  mensajeros,  é 
intento  que  el  rey  Motecuhzoma  tenía,  tornó  á  replicar  que  en 
ninguna  manera  dejaría  de  verle,  ni  haría  lo  que  debía  á  su 
rey  ^  y  le  tenía  mandado:  con  lo  cual  Teotlili  envió  segunda  vez 
sus  mensajeros;  y  en  este  medio  tiempo  llegaron  otros  em- 
bajadores de  Ixtlilxochitl  en  competencia  contra  sus  herma- 
nos y  el  rey  Motecuhzoma  su  tío,  á  dar  la  bienvenida  á  Cortés 
y  á  los  suyos  y  á  ofrecérsele  por  su  amigo,  dándole  noticia  del 
estado  en  que  estaban  las  cosas  del  imperio,  y  el  deseo  de  ven- 
gar la  muerte  de  su  amado  padre  el  rey  Nezahualpiltzintli,  y 
libertar  el  reino  de  poder  de  tiranos,  enviándole  algunos  do- 
nes y  presentes  de  oro,  mantas  de  algodón  y  plumería.  De  que 
se  holgó  infinito  Cortés  saber  las  alteraciones  y  bandos  que  ha- 
bía entre  estos  señores,  porque  Motecuhzoma  los  tenía  des- 
contentos y  como  tiranizados,  y  vio  luego  abierto  el  camino 
para  la  felicidad,  que  después  le  sucedió,  y  que  juntándose  con 
uno  de  los  bandos,  se  consumirían  ellos  entre  sí,  y  él  se  haría 
señor  de  entrambos.  Dentro  de  diez  días  volvieron  los  mensa- 


1  La3  intenciones  quo  desde  el  principio  de  la  conquista  atribuye  el  autor  á 
los  tetzcucanos,  son  suyas  propias;  y  por  lo  tanto  excusan  comentarios. 

2  Aquí  quiso  el  autor  expresar  la  idea  contraria:  es  decir,  que  no  dejaría  de 
hacer  lo  que  debía  á  su  rey. 


350  OBRAS  HISTÓRICAS  DS 

jeros  con  la  resolución  de  la  voluntad  de  Motecuhzoma,  que 
era  que  no  porfiase  Cortés  de  verle,  ^  llegar  á  México:  con  que  se 
concluyeron  razones,  y  viendo  Cortés  la  resolución  de  Mote- 
cuhzoma y  que  su  gobernador  le  había  desamparado,  determi- 
nó poblar  en  aquella  tierra  y  conquistarla  de  propósito;  y  pro- 
veyéndose de  bastimentos  y  otras  cosas  necesarias  de  aquellos 
lugares  comarcanos,  comenzó  á  edificar  una  Villa,  en  donde 
después  de  haber  platicado  con  los  suyos  de  lo  que  convenía 
al  buen  suceso  de  su  venida,  llamó  á  Francisco  Hernández  es- 
cribano real  en  presencia  de  todos,  y  por  auto  solemne  tomó 
posesión  de  toda  la  tierra  en  nombre  del  rey  D.  Carlos  nues- 
tro señor  de  gloriosa  memoria:  nombró  por  alcaldes  á  Alfonso 
Fernández  Portocarrero  y  á  Francisco  de  Montejo,  y  Regi- 
miento, Procurador,  Alguacil,  Escribano  y  todos  los  demás  ofi- 
cios á  cumplimiento  de  cabildo  entero,  y  en  nombre  del  rey 
les  entregó  las  varas,  y  puso  nombre  al  concejo  la  Villa  rica 
de  la  Veracruz.  Tras  de  este  hizo  otro  auto  ante  el  mismo  es- 
cribano y  alcaldes  nuevos,  en  que  dejó  y  cedió  en  manos  de 
ellos,  como  justicia  real  y  ordinaria,  el  mando  y  cargo  que  te- 
nía de  capitán  y  descubridor,  que  le  dieron  los  frailes  Hyeró- 
nimos  en  la  isla  Española  en  nombre  de  su  majestad;  ^  y  que  se 
desistía  y  apartaba  del  poder  que  tenía  de  Diego  Velázquez  go- 
bernador de  la  isla  de  Cuba,  por  cuanto  ninguno  de  ellos  te- 
nía mando  ni  jurisdicción  en  esta  tierra,  que  él  y  ellos  acaba- 
ban de  descubrir,  y  comenzaban  á  poblar  en  nombre  de  su 
majestad,  como  sus  leales  vasallos;  y  se  le  dio  todo  por  testi- 
monio. Y  habiendo  aceptado  todos  sus  oficios,  hicieron  su 
Ayuntamiento  y  ordenaron  algunas  cosas  tocantes  á  la  buena 


1  Aquí  fulla  la  conjunción  y. 

2  No  68  cierto  que  los  frailes  Jerónimos  dieran  ningún  mando  á  Cortee, 
quien  no  tenía  más  representación  que  la  de  Diego  Velázquez.  Por  eso  Cor- 
tés, con  gran  habilidad,  fundó  la  villa,  y  renunció  sus  poderes  ante  un  Ayun- 
tamiento que  él  mismo  había  nombrado,  y  que  á  su  vez  en  nombre  del  rey  lo 
hizo  capitán  y  gobernador.  Así  desaparecía  la  personalidad  de  Velázquez,  y 
se  legitimaba  la  situación  de  Cortés. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  351 

gobernación  de  su  república,  y  en  nombre  de  su  majestad 
nombraron  por  gobernador  y  capitán  general  á  Fernando  Cor- 
tés, para  que  tuviese  el  supremo  lugar,  hasta  en  tanto  que  el 
rey  mandase  otra  cosa;  é  importunado  Cortés  aceptó  el  oficio, 
el  cual  lo  usó  con  tantas  ventajas  y  magnificencia,  que  no  le 
hizo  ventaja  el  Magno  Alejandro,  ni  Julio  Cesar,  ni  otro  nin- 
guno capitán  de  los  famosos  que  ha  habido  en  el  mundo,  co- 
mo más  largamente  se  verá  en  las  historias  de  los  autores 
que  tengo  citados,  y  otros  muchos  que  han  tratado  del  descu- 
brimiento, conquista  y  pacificación  de  esla  tierra. 


CAPITULO  LXXXI 


Que  trata  de  cómo  te  vido  (Jortéa  eon  el  tenor  de  Oempoalan  y  con  el  de  QuiahuizOan^ 
y  la  liga  y  retolueión  que  contra  Jfotecuhzoma  le  ofrecieron. 


Determinóse  Cortés  de  ir  á  Cempoalan,  y  durmió  la  noche  pri- 
mera cerca  de  un  río,  y  el  día  siguiente  vinieron  á  él  de  parte 
del  señor  de  aquella  provincia  cien  hombres  cargados  de  co- 
mida y  regalos,  enviándole  á  decir  que  perdonase,  que  no  ha- 
bía podido  salir  á  recibirle  por  ser  hombre  muy  grueso  y  pe- 
sado, que  fuese  muy  bien  venido,  y  que  en  su  casa  le  aguar- 
daba. Almorzaron  de  aquella  comida,  y  se  fueron  á  Cempoalan 
en  donde  fueron  bien  recibidos  en  las  casas  del  señor;  ^  y  al 
otro  día  siguiente  los  visitó  y  les  dio  un  presente  de  oro,  man- 
tas y  plumería,  y  no  hizo  más  de  visitar  á  Cortés,  y  sin  tratar 
de  otro  negocio  se  volvió,  y  luego  les  hizo  un  convite  muy  sin- 
gular con  diversos  potajes  y  regalos.  Pasados  algunos  días  en- 
vióle á  decir  Cortés,  que  si  gustaba  le  quería  visitar:  respondió 
que  fuese  en  muy  buena  hora;  y  así  Cortés  con  cincuenta  de  los 
suyos  le  visitó,  y  dio  al  cacique  particular  cuenta  de  su  venida, 
á  qué  ñn  y  efecto;  y  cuando  hubo  acabado  de  hablar,  le  respon- 
dió por  lengua  de  Marina  un  largo  razonamiento,  tratando 
particularmente  de  los  negocios  de  su  remo,  y  como  él  y  sus 

1  Sn  Cempoalan  fueron  alojados  los  españoles  en  el  teocalli,  porque  por 
dioses  los  tenían. 

Tomo  11-24 


354  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

pasados  habían  tenido  perpetua  paz,  hasta  que  últimamente  Mo- 
tecuhzoma  los  había  tiranizado,  y  él  y  los  suyos  cada  día  le 
hacían  mil  agravios,  y  que  por  salir  de  poder  de  tiranos,  se 
holgarían  él  y  otros  muchos  de  los  señores  de  las  provincias 
comarcanas  de  revelarse  contra  México  y  confederarse  con  el 
rey  de  Castilla,  pues  aunque  era  gran  señor  y  poderosísimo 
Motecuhzoma,  tenía  muchos  enemigos,  especialmente  Ixtlilxo- 
chitl  su  sobrino  que  estaba  revelado  contra  él;  y  los  de  Tlax- 
calan,  Huexotzinco  y  otros  pueblos  muy  poderosos  tenían  con- 
tinua guerra  contra  él;  y  que  si  Cortés  se  confederaba  con  ellos 
se  ai-maría  una  liga  contra  Motecuhzoma,  que  no  pudiese  de- 
fenderse de  ellos.  A  Cortés  le  pareció  muy  bien  todo  esto,  y 
ofreció  todo  favor,  diciendo  que  la  principal  causa  de  su  veni- 
da, no  era  sino  á  deshacer  agravios  y  castigar  tiranías.  El  ca- 
cique ó  rey  de  aquella  provincia,  entre  otros  muchos  presentes 
que  dio  á  Cortés,  fueron  ocho  doncellas  hijas  de  hombres  nobles, 
y  entre  ellas  una  sobrina  suya;  y  volviéndose  Cortés  por  dife- 
rente camino  á  la  mar,  entró  en  la  ciudad  de  Quiahuiztlan,  ^  ca- 
becera de  otra  provincia,  que  estaba  puesta  en  un  cerro;  donde 
asimismo  fué  recibido  del  cacique  señor  de  ella,  y  tratáronlo 
lo  mismo  que  en  Cempoalan:  ^  estando  allí  Cortés  llegaron  unos 
cobradores  de  los  tributos  de  Motecuhzoma,  de  que  se  alteró 
el  señor,  temiendo  que  Motecuhzoma  no  se  enojase  por  haber 
recibido  gente  extranjera  en  su  tierra;  mas  Cortés  que  echó  de 
ver  esto,  le  animó,  y  para  que  viese  la  poca  estimación  que  ha- 
cía de  que  Motecuhzoma  se  enojase,  y  también  por  dar  prin- 
cipio á  la  rebelión  y  liga,  prendió  á  los  cobradores,  y  á  la  no- 

1  Quiahuiztlan  estab*  cerca  de  Cempoallan,  y  se  iba  de  una  á  otra  por  tierra. 
En  Quiahuiztlan  fué  donde  Cortés  edificó  la  Villa:  así  es  que  anda  equivoca- 
do el  autor  al  fin  de  este  capítulo,  cuando  dice  que  Cortés  partió  de  Quiahuiz- 
tlan para  ir  á  edificar  la  citada  Villa. 

2  Me  parece  oportuno  advertir,  que  esta  Cempoallan  estaba  en  la  costa,  en 
^1  Totonacapanj  y  que  había  otra  Cempoallan  cerca  de  Tetzcuco.  No  hay  que 
confundirlas,  como  lo  hace  el  autor  al  hablar  de  los  pueblos  que  ayudaron  á 
Nez^ualcoyotl;  pues  tratándose  de  la  segunda,  supone  que  lo  auxiliaron  los 
totonacas  de  la  primera. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  355 

che  dio  orden  como  se  soltasen  dos  de  cuatro  que  había  pre- 
sos, y  traídos  ante  sí,  los  envió  á  Motecuhzoma  para  que  de  su 
parte  le  dijesen  que  le  pedía  encarecidamente  fuese  su  amigo, 
porque  de  serlo  se  le  seguirían  grandes  provechos,  y  vendrían 
á  su  noticia  secretos  y  misterios  nunca  oídos.  Otro  día  que 
vio  el  señor  de  Quiahuiztlan,  que  los  dos  de  los  cobradores  se 
habían  ido  y  que  se  quejarían  contra  él  á  Motecuhzoma,  no 
tuvo  otro  remedio  sino  revelarse  contra  él  al  descubierto,  y 
así  envió  mensajeros  avisando  á  los  pueblos  que  eran  de  su 
valía  y  nación,  que  tomasen  las  armas,  y  no  pagasen  tributos 
á  México:  todos  se  alzaron  y  rogaron  á  Cortés  que  fuese  su 
caudillo,  que  ellos  pondrían  en  el  campo  cien  mil  hombres  de 
guerra.  Fué  muy  grande  el  gusto  que  de  esto  recibió  Ckírtés, 
porque  vido  que  ya  tenía  revuelta  toda  la  tierra,  que  quedaba 
por  amigo  entre  ambas  partes,  y  que  podía  engañarlos  con  es- 
te doblez;  en  cuya  destreza  y  hazaña  estuvo  todo  el  punto  de 
su  buena  ventura,  porque  por  aquí  se  le  abrió  el  camino  para 
alcanzar  todo  lo  que  pretendió,  hasta  sujetar  el  imperio;  y  con 
esto  se  partió  de  Quiahuiztlan  parala  Villa  Rica  donde  estaban 
los  navios,  y  comenzaron  todos  á  edificarla. 


CAPITULO  LXXXII 

-Que  trata  de  lo  más  que  le  nteedió  d  Cortés  en  la  Tilla  Riea^  y  quema  de  lo9  navloe. 


Traía  Fernando  Cortés  á  todos  los  de  su  ejército  muy  ocu- 
pados en  la  obra  y  edificación  de  la  Villa  Rica,  y  en  su  ayuda 
muchos  naturales  de  los  amigos  y  reducidos  á  su  banda;  y  es- 
tando en  la  mayor  fuerza  de  esta  obra,  llegaron  dos  sobrinos 
de  Motecuhzoma  con  cuatro  ancianos  por  sus  consejeros,  que 
iban  de  parte  de  Motecuhzoma  y  Gacama  con  un  presente  de 
oro  muy  rico,  diciéndole  que  los  señores  mexicanos  estimaban 
en  mucho  haber  soltado  á  sus  criados,  y  de  presente  le  rogaban 
hiciese  soltar  á  los  otros  dos  que  habían  quedado  en  prisión; 
que  ellos  perdonaban  el  delito,  y  pues  tenía  intento  de  verse 
con  Motecuhzoma,  que  ya  él  daba  orden  de  cómo  lo  pudiese 
ver,  y  que  se  aguardase  un  poco,  que  presto  le  enviaría  aviso 
de  su  ida.  Después  de  haberlos  despachado,  comunicó  con  el 
señor  de  Quiahuiztlan  lo  que  le  había  pasado  con  los  embaja- 
dores de  Motecuhzoma,  y  como  por  su  respeto  no  se  atrevían  á 
castigar  el  desacato;  y  que  así  el  rey  y  todos  los  de  su  valía  vi- 
viesen muy  seguros  de  su  libertad,  y  que  no  ocurriesen  con 
sus  tributos  á  los  señores  mexicanos,  que  él  los  defendería.  C!on 
este  trato  y  ardid  trajo  Cortés  á  Motecuhzoma  y  á  todos  enga- 
ñados muchos  días,  comenzándose  á  mover  algunas  guerras, 
especialmente  los  de  Cempoalan  contra  los  de  Tizapantzinco, 
«n  donde  estaba  la  fuerza  y  guarnición  del  imperio  para  ase- 


358  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

gurar  toda  aquella  tierra.  Cortés  fué  luego  con  sus  gentes  en 
favor  de  los  de  Cempoalan,  y  peleando  con  los  del  ejército  del 
imperio,  se  fueron  recogiendo  hasta  cercarlos  en  Tizapantzin- 
co;  y  aunque  se  defendieron,  fué  ganada  la  ciudad  y  fuerza. 
Cortés  no  permitió  que  matasen  á  ninguno  de  los  moradores 
de  ella,  ni  la  saqueasen,  por  no  disgustar  á  Motecuhzoma:  con 
cuya  hazaña  quedó  toda  aquella  tierra  libre  y  exentos  de  pa- 
gar tributos,  y  quedaron  muy  -  obligados  de  servir  siempre  á 
Cortés.  Al  tiempo  que  él  llegó  á  la  Veracruz,  halló  que  habían 
llegado  setenta  españoles,  y  ^  caballos  y  yeguas,  so- 

corro muy  necesario  para  la  ocasión  presente:  hizo  reseña  de 
la  gente  que  tenía,  y  de  lo  que  se  había  ganado,  sacó  el  quinto 
que  envió  á  su  majestad  con  Alonso  Hernández  Porto-Carre- 
ro y  Francisco  Montejo,  y  escribió  al  rey  una  larga  relación  de 
sus  cosas,  2  pidiéndole  le  hiciese  merced  de  sus  servicios,  y  pro- 
metiendo conquistar,  pacificar  toda  esta  tierra,  y  prender  ó 
matar  á  Motecuhzoma;  y  el  regimiento  le  envió  á  suplicar,  tu- 
viese por  bien  de  confirmar  el  oficio  que  á  Cortés  habían  dado 
de  capitán  y  justicia  mayor.  A  esta  sazón  algunos  de  los  ami- 
gos de  Diego  Velázquez  murmuraban  en  razón  de  decir,  que 
había  usurpado  aquel  oficio  y  negado  la  obediencia  de  Die- 
go Velázquez,  con  que  se  comenzaron  á  amotinar.  Cortés  pren- 
dió á  los  más  principales  de  ellos  que  hizo  ahorcar  á  los  dos, 
y  á  los  demás  los  hizo  azotar,  con  que  cesó  el  motín;  y  comen- 
zó á  dar  orden  de  la  ida  que  quería  hacer  á  México,  pues  no 
servía  de  nada  todo  lo  hecho,  si  no  se  veía  con  Motecuhzoma 
y  lo  rendía,  de  donde  había  de  sacar  honra  y  fama  inmortal: 
muchos  rehusaban  esta  entrada  porque  les  parecía  temeridad, 
más  que  esfuerzo,  ir  quinientos  hombres  entre  millones  de- 

1  En  blanco  en  el  original. 

2  Esta  primera  relación  de  Cortés,  6  se  ha  perdido  ó  no  la  escribió.  Yo  me 
inclino  á  esto  último,  porque  siempre  se  ha  tenido  por  primera  la  que  envió  el 
Ayuntamiento,  aunque  acaso  la  escribió  el  mismo  Cortés.  Confirma  esta  idea 
el  códice  manuscrito  de  las  relaciones,  que  hoy  es  de  mi  propiedad,  pues  en  él 
está  como  primera  la  citada  del  Ayuntamiento. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLIUCOCHITL.  359 

enemigos,  siendo  todos  los  más  contrarios  á  la  opinión  de  Cor- 
tés; y  viendo  que  sus  ruegos  ni  sus  buenas  razones  les  con- 
vencían, hizo  una  de  las  mayores  hazañas  que  jamás  se  ha 
visto  en  el  mundo,  que  hombre  tal  intentase,  y  fué  sobornar 
con  dineros  y  grandes  promesas  á  ciertos  pilotos,  para  que  es- 
tando con  los  más  de  su  ejército  le  entrasen  á  decir,  que  se 
comían  de  broma  sus  navios,  y  que  no  estaban  para  navegar; 
y  á  ciertos  marineros  (con  quienes  asimismo  tenía  hecho  este 
trato  secretamente),  que  barrenasen  por  debajo  los  navios,  pa- 
ra que  se  fuesen  á  fondo:  los  cuales  todo  lo  hicieron  de  la  for- 
ma como  se  trazó,  y  él  hizo  grandes  extremos  y  afligióse  tan 
deveras,  que  nadie  entendió  la  trama  por  entonces:  y  habién- 
dole dicho  que  no  tenían  remedio,  les  dijo  que  diesen  orden 
de  aprovechar  siquiera,  la  madera  y  la  jarcia;  y  así  quebraron 
luego  cuatro  navios  de  los  mejores:  y  antes  de  proseguir  echa- 
ron de  ver  el  trato  doble  que  en  esto  había,  y  comenzaron  to- 
dos á  murmurar  de  él  y  á  impedir  que  no  se  quebrasen  los 
demás;  pero  á  mal  de  su  grado  hizo  quebrar  los  demás,  no  de- 
jando más  de  tan  solamente  uno;  y  en  la  plaza  hizo  juntar  á  to- 
dos los  que  vido  andaban  disgustados  y  tristes,  y  les  propuso 
una  plática  en  donde  les  satisfizo  las  causas  que  le  habían  mo- 
vido á  quebrar  los  navios,  posponiendo  su  propio  interés,  pues 
le  habían  costado  su  dinero,  y  que  otra  hacienda  no  le  quedaba; 
y  habiéndoles  dichomuchasrazones  para  persuadirlos  y  animar 
á  la  entrada  de  México,  concluyó  con  decirles  que  ya  no  había 
remedio  para  volverse,  pues  los  navios  estaban  quebrados;  ^  y 
que  ninguno  sería  tan  cobarde  ni  tan  pusilánime,  que  querría 
estimar  su  vida  más  que  la  suya,  ni  tan  débil  corazón  que  du- 
dase de  ir  con  él  á  México,  donde  tanto  bien  le  estaba  apare- 
jado; y  que  si  acaso  se  determinaba  alguno  de  dejar  de  hacer 
este  viaje,  se  podía  ir  bendito  de  Dios  á  Cuba  en  el  navio  que 

1  Es  curioso  que  en  el  título  de  este  capítulo  se  hable  de  la  quema  de  los 
:^  .víos,  ful  ula  con  que  el  yulgo  sustituyó  su  echada  á  pique,  y  que  en  el  tex- 
to se  refiera  que  fueron  barrenados,  la  cual  es  la  verdad  histórica.  Esto  hace 
suponer  que  ese  título,  y  tal  vez  los  de  otros  capítulos,  sean  de  diversa  mano. 


360  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 

había  dejado,  de  que  antes  de  mucho  se  arrepentiría  y  pelaría 
las  barbas,  viendo  la  buena  ventura  que  esperaba  le  sucede- 
ría: ocupó  á  todos  tanto  la  vergüenza,  que  no  hubo  ninguno 
que  no  prometiese  de  seguirle  hasta  la  muerte,  alabando  mu- 
cho lo  hecho.  Antes  que  se  partiese  para  México,  apercibió  á 
todos  los  amigos  que  estaban  revelados  contra  Motecuhzoma, 
que  eran  entre  ciudades  y  pueblos  más  de  cincuenta,  en  don- 
de se  podrían  sacar  en  campo  otros  tantos  mil  hombres  en  su 
favor;  y  dejando  siempre  cincuenta  hombres  en  la  Villa,  con 
los  demás  se  salió  por  la  vía  de  México,  habiendo  allanado  los 
impedimentos  que  Francisco  de  Garay  le  había  puesto  estor- 
bándole sus  negocios,  que  había  venido  de  Cuba  para  el 
efecto. 


CAPITULO  LXXXIII 


<¿ue  traia  de  la  salida  que  hizo  Corté*  para  ir  tobre  México^  y  lo  que  por  el  camino 

le  sucedió. 


La  primera  jornada  que  hizo  Ck)rtés  con  su  ejército  fué  á 
Cempoalan  que  llamó  Sevilla,  en  donde  derrocó  los  ídolos,  y 
puso  en  los  templos  imágenes  y  Cruz:  partió  de  allíen  diez 
y  seis  de  Agosto  del  mismo  año  de  rail  quinientos  diez  y  nue- 
ve, con  mil  indios  de  carga  y  mil  trescientos  de  guerra,  llevan- 
do consigo  ciertos  rehenes,  y  en  su  compañía  cuatrocientos 
españoles,  quince  caballos,  y  siete  tirulos:  tres  días  caminó  por 
tierras  de  los  amigos,  muy  servido  y  festejado,  y  el  mismo  aco- 
gimiento se  le  hizo  en  las  de  la  parte  de  Motecuhzoma,  porque 
de  todos  era  amigo  por  su  buena  destreza  y  ardid;  y  habiendo 
andado  tres  días  en  unos  desiertos  sin  agua  ni  comida  llegó  á 
Zacatlan,  en  donde  fué  recibido  de  Olintetl  señor  de  allí,  en 
nombre  de  Motecuhzoma,  con  mucha  ñesta  y  regocyo;  y  por 
lengua  de  Marina  les  predicó  la  fe  de  Cristo,  y  dio  noticia  del 
rey  de  España,  y  se  informó  de  la  grandeza  y  riqueza  de  Mote- 
cuhzoma, del  poder  y  majestad  de  su  imperio  y  corte,  y  del  si- 
tio y  asiento  déla  ciudad  de  México.  Estuvo  en* Zacatlan  siete 
días,  derribó  los  ídolos  y  puso  cruces,  como  lo  hacía  en  las 
demás  partes,  y  desde  allí  envió  cuatro  de  los  de  Cempoalan  á 
Tlaxcalan,  haciendo  saber  á  la  señoría  de  aquella  provincia  su 
ida  y  el  efecto  de  ella,  entendiendo  que  por  ser  enemigos  del 


362  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

imperio  le  recibirían  bien;  y  lardándose  los  mensajeros,  se  sa- 
lió de  Zacatlan  Cortés  sin  esperar  á  los  mensajeros,  y  habien- 
do pasado  una  cerca  grande  topó  con  quince  hombres  con  sus 
rodelas  y  macanas,  que  eran  espías,  y  viéndose  oprimidos  de 
los  de  á  caballo,  echaron  mano  á  las  espadas  y  empezaron  á 
pelear  bravísimamente,  y  con  tanto  ánimo  que  mataron  dos 
caballos,  y  aún  el  uno  de  estos  espías  de  una  cuchillada  cortó 
á  un  caballo  la  cabeza  á  cercen  con  riendas  y  todo,  aunque 
salieron  cinco  mil  tlaxcaltecas  á  defenderlos;  mas  luego  la  se- 
ñoría envió  sus  mensajeros  á  Ck)rtés,  disculpándose  de  lo  he- 
cho y  cargando  la  culpa  á  ciertos  otomites  serranos,  convi- 
dándoles (según  los  autores  que  de  esta  historia  tratan)  falsa- 
mente con  su  ciudad,  con  intención  de  cojerlos  y  matarlos 
dentro  de  ella.  Otro  día  siguiente  les  salieron  al  encuentro 
hasta  mil  tlaxcaltecas,  que  pelearon  con  muy  buen  orden  y 
ánimo,  y  se  fueron  retirando  con  intento  de  meter  á  Cortés  y  á 
los  suyos  en  una  emboscada  de  más  de  ochenta  mil  personas, 
en  donde  se  vieron  en  grandísimo  peligro  y  salieron  heridos 
muchos,  aunque  no  murió  ninguno;  y  haciéndose  fuertes  en 
una  aldea  aquella  noche,  otro  día  de  mañana  tuvieron  aviso 
que  venían  más  de  ciento  cincuenta  mil  hombres  sobre  ellos, 
con  que  obró  Dios  grandes  milagros  en  su  defensa:  cuando 
estos  tlaxcaltecas  llegaron  á  vista  de  los  nuestros,  comenzaron 
á  mofar  y  hacer  burla  de  ellos,  viéndolos  cuan,  pocos  eran,  en- 
viándoles  hoyos  de  maíz,  gallinas  y  cerezas,  para  que  se  ani- 
masen á  la  pelea  y  no  dijesen  los  mataban  de  hambre,  y  cuan- 
do vieron  que  ya  era  hora,  comenzaron  á  pelear,  y  fué  tan 
grande  la  dicha  de  Cortés  y  de  los  nuestros,  que  los  tlaxcalte- 
cas nunca  los  acometieron  todos  juntos,  sino  por  cuadrillas, 
saliendo  de  veinte  en  veinte  mil,  que  vencidos  aquellos,  en- 
traban otros  tantos;  y  en  dos  días  que  duró  la  batalla  mata- 
ron infinitos  tlaxcaltecas,  y  viendo  que  ningún  español  había 
muerto,  entendieron  que  eran  encantados  ó  que  eran  algunos 
dioses,  y  así  el  tercer  día  no  quisieron  pelear,  sino  que  envia- 
ron á  Cortés  ciertos  presentes  por  modo  de  sacrificio;  y  Cor- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  363 

tés  les  respondió  que  no  era  Dios,  sino  hombre  mortal  como 
ellos,  y  que  vivían  muy  engañados  en  no  querer  su  amistad, 
pues  veían  el  daño  que  de  no  admitirla  se  les  había  seguido; 
mas  con  todo  esto,  otro  día  le  salieron  otros  veinte  mil  de 
ellos  á  pelear  con  él;  y  el  siguiente  que  se  contaba  seis  de  Sep- 
tiembre, vinieron  al  Real  de  Cortés  cincuenta  hombres  carga- 
dos de  comida,  y  mandóles  cortar  las  manos  porque  supo  de 
un  capitán  de  Cempoalan  llamado  Tioc  que  eran  espías,  de 
que  los  tlaxcaltecas  se  admiraron,  entendiendo  que  Cortés  les 
entendía  sus  pensamientos,  pues  conoció  á  lo  que  iban  y  que 
eran  sus  espías,  con  que  de  todo  punto  cesaron  sus  contien- 
das, reconociendo  el  gran  valor  de  Cortés  y  de  los  suyos,  y 
procuraron  su  amistad  con  toda  diligencia,  disculpándose  de 
.lo  hecho  lo  mejor  que  pudieron,  unas  veces  echando  la  culpa 
á  los  otomíes  serranos,  y  otras  que  por  entender  que  era 
amigo  Cortés  de  Motecuhzoma.  En  este  medio  tiempo  recibió 
Cortés  otra  embajada  de  Motecuhzoma  con  un  rico  presente, 
ofreciéndose  por  amigo  y  feudatario  del  rey  de  Castilla,  con 
tal  que  de  allí  se  volviese  Cortés  sin  pasar  á  México;  mas  él  los 
entretuvo  algunos  días,  y  en  su  presencia  tuvo  algunos  de 
los  combates  atrás  referidos  con  los  tlaxcaltecas,  diciendo  á  los 
embajadores  de  Motecuhzoma  que  aquel  castigo  hacía  en  su 
servicio  por  serle  sus  enemigos.  Después  de  esto,  estando  una 
noche  alojados  en  el  campo,  vieron  desde  lejos  unos  fuegos,''y 
salió  Cortés  á  ver  lo  que  era  con  hasta  cuatrocientos  compa- 
ñeros, y  fué  á  dar  en  Tzimpantzinco  ciudad  de  más  de  veinte 
mil  fuegos,  ^  que  como  los  cogió  desapercibidos,  no  se  resistie- 
ron, antes  recibieron  muy  bien  y  regalaron  á  Cortés  y  á  los 
suyos,  y  se  obligaron  á  allanar  á  los  de  Tlaxcalan  y  hacerlos  sus 
amigos;  y  viéndose  tan  cerca  de  México,  muchos  de  los' suyos 
mostraron  flaqueza  y  temor,  de  tal  manera  que  trataban  de  vol- 
verse á  la  Veracruz,  y  dejarle  sin  pasar  adelante;  mas  Cortés  les 
supo  decir  tanto,  que  los  medrosos  cobraron  ánimo,  y  los  esfor- 

Supongo  que  aquí  quiere  decir  el  autor:  hombres  6  almas. 


364  OBEIAS   HISTÓRICAS   DE 

zados  doblado  coraje,  determinándose  á  seguirle  y  morir  con 
él  en  tan  santa  demanda.  La  señoría  de  Tlaxcalan  viendo  el 
desengaño  en  querer  sojuzgar  á  los  nuestros,  y  el  gran  valor 
de  Cortés,  entró  en  consejo  á  tratar  cómo  les  convenía  apre- 
surar la  venida  de  los  españoles  á  su  ciudad,  y  confederarse 
con  él,  porque  si  pasaba  á  México  y  estaba  confederado  y  en 
amistad  con  Motecuhzoma,  sería  su  total  destrucción  y  ruina, 
que  de  libres  serían  esclavos  de  los  mexicanos,  y  en  ellos  eje- 
cutarían la  venganza  de  las  contiendas  que  tuvieron;  y  así  des- 
pachó la  señoría  á  un  caballero  de  los  más  principales  de  ella, 
llamado  Tolinpanecatl  Coxtomatl,  para  que  se  juntase  con  Oze- 
lotzin  Tlacatecuhtli  hermano  menor  de  Xicotencatl,  una  de  las 
cuatro  cabezas  de  la  señoría,  que  estaba  en  servicio  délos  nues- 
tros desde  que  comenzaron  á  tratar  de  las  paces,  para  que 
ambos  persuadiesen  á  Cortés  se  fuese  con  los  suyos:  llegado 
que  fué  á  donde  estaba  el  ejército  de  Cortés,  que  era  en  Te- 
coatzinco,  el  más  principal  de  los  embajadores  de  Motecuhzo- 
ma llamado  Atempanecatl,  con  gran  coraje  le  dijo:  ¿á  qué  vie- 
nes aquí?  ¿qué  embajada  es  la  que  traes?  quiero  saber  de  ella: 
y  ¿sabes  á  quién  se  la  traes?  ¿es  tu  igual,  para  que  le  recibas 
con  las  armas  acostumbradas  de  la  profanidad  de  la  milicia? 
y  no  respondiéndole  palabra,  prosiguió  el  embajador  de  Mote- 
cuhzoma diciendo:  ¿quién  tiene  la  culpa  de  las  desvergüenzas 
y  contiendas  que  ha  habido  en  Huitzilhuacan,  Tepatlaxco,  Tetz- 
molocan,  Teotlaltzinco,  Tepetzinco,  Ocotepec,  Tlamacazqui- 
cac,  Atlmoyahuacan,  Zecalacoyocan,  y  en  todo  el  contorno 
hasta  Chololan?  veamos  lo  que  vas  á  tratar  con  Cortés,  que 
quiero  verlo  y  oirlo.  A  todo  esto  había  estado  presente  Mari- 
na, y  así  el  embajador  de  la  señoría  de  Tlaxcalan,  volviendo  á 
ella  los  ojos,  le  dijo:  quiero  en  presencia  de  nuestro  padre  y 
señor  el  capitán  Cortés,  responder  á  mi  deudo  el  embajador 
mexicano.  Marina  le  respondió:  proseguid  en  vuestras  deman- 
das y  respuestas;  y  así  volviéndose  al  embajador  mexicano  le 
dijo  ¿tenéis  más  que  decir?  El  cual  le  respondió:  harto  he  di- 
cho, sólo  quisiera  ver  vuestra  demanda:  el  cual  le  respondió: 


DON  FERNAimO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  366 

no  tenéis  razón,  sobrino,  de  tratar  tan  mal  á  tu  patria  y  seño- 
ría de  Tlaxcalan;  y  mira  que  nadie  te  da  en  rostro  con  las  ti- 
ranías que  has  hecho  en  alzarte  con  los  señoríos  ajenos,  co- 
menzando desde  Cuitlahuac,  y  prosiguiendo  por  la  provincia 
de  Chalco,  Xantetelco,  Cuauhquecholan,  Itzoncan,  Quauhtln- 
chan,  Tecamachalco,  Tepeyacac  y  Cuextlan  hasta  llegar  á  la 
costa  de  Cempoalan,  haciendo  mil  agravios  y  vejaciones,  y 
desde  el  un  mar  al  otro,  sin  que  nadie  os  lo  dé  en  cara  ni  es- 
torbe; y  que  por  vuestra  causa,  por  vuestras  traiciones  y  do- 
bleces, por  tí  haya  aborrecido  á  mi  sangre  el  Ahuexotzincatl, 
causado  todo  del  temor  de  vuestras  tiranías  y  traiciones,  sólo 
por  gozar  espléndidamente  el  vestido  y  la  comida:  ten  vergüen- 
za, no  quieras  vengar  tus  pasiones  con  mano  ajena,  y  si  quie- 
res tener  algún  litigio,  sal  solo  al  campo  conmigo,  que  yo  pon- 
dré la  cabeza  para  que  ejecutes  tu  venganza,  sin  valerme  de 
nadie,  que  no  me  da  miedo  la  muerte:  y  en  lo  que  dices  que 
recibí  con  las  armas  al  capitán  Cortés  tu  amigo,  respondo 
que  los  que  salieron  de  Zacaxochitlan,  Tecalhueyacan,  Cua- 
huacan  y  Mazahuacan  huyendo  de  tí,  vinieron  á  parar  á  mis 
tierras,  y  fueron  los  que  le  hicieron  la  guerra  al  capitán  Cor- 
tés; y  ahora  lo  llevaré  sobre  mis  espaldas  y  le  serviré.  Habien- 
do tenido  estas  contiendas,  el  embajador  tlaxcalteca  dio  su  em- 
bajada á  Cortés  de  parte  de  la  señoría,  pidiéndole  muy  enca- 
recidamente se  fuese  luego  con  él  á  su  ciudad,  y  le  presentó 
cantidad  de  alpargatas  para  el  camino.  Cortés  le  respondió 
por  lengua  de  Marina  que  dijese  á  la  señoría,  que  toda  ella 
y  su  nobleza  viniesen  á  aquel  puesto  á  llevarlo,  con  lo  que 
echaría  de  ver  la  voluntad  que  le  tenían;  y  al  tiempo  que  salía 
Tolinpanecatl  para  ir  á  dar  la  respuesta  de  su  embajada,  lo 
llamó  de  secreto  Marina,  y  le  dijo  que  el  día  siguiente  cogiesen 
en  el  templo  al  embajador  culhua,  y  lo  matasen  pues  tanto  los 
había  agraviado;  de  que  se  holgaron  mucho  los  tlexcaltecas,  y 
dijeron  á  la  señoría  la  voluntad  que  el  capitán  Cortés  les  tenía. 
Pesóles  en  infinito  á  los  embaíadores  mexicanos  de  la  venida 
del  hermano  de  Xicotencatl  }   '  \  otro  Tolinpanecatl,  y  pro- 


366  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

curaban  estorbar  á  Cortés  la  amistad  de  los  tlaxcaltecas,  di- 
ciéndole  que  no  los  creyese,  porque  lo  engañaban,  y  que  le 
querían  meter  en  sus  casas  para  matarle  como  traidores;  y  uno 
de  ellos  que  había  ido  á  dar  cuenta  á  Motecuhzoma  de  todo  lo 
que  pasaba,  dentro  de  seis  días  volvió  con  otro  muy  rico  pre- 
sente que  Motecuhzoma  enviaba  á  Cortés  diciéndole,  que  mi- 
rase lo  que  hacía,  y  no  se  fiase  de  los  traidores  de  Tlaxcalan, 
pues  ya  veía  lo  que  había  pasado  con  los  tlaxcaltecas,  que  de- 
cían mil  males  de  Motecuhzoma  y  de  sus  tiranías,  y  por  otra 
parte  deseaban  mucho  llevarle  á  su  ciudad  para  después  con- 
federarse con  él:  cosa  que  puso  á  Cortés  en  harta  duda;  pero 
al  fin,  viendo  las  calidades  del  negocio,  determinó  aventurarse, 
y  hacer  de  manera  que  cumpliendo  con  los  unos  y  con  los 
otros,  se  señorease  de  todos  ellos;  y  así  dio  orden  de  su  ida, 
porque  oyendo  la  señoría  la  voluntad  que  le  tenía  Cortés,  se 
juntaron  todos,  y  dijo  Xicotencatl  (que  era  el  más  anciano  de 
las  cuatro  cabezas):  Señores  y  caballeros,  ya  son  excusadas  las 
razones,  y  se  pasa  el  tiempo:  yo  soy  de  parecer  que  se  elijan 
de  cada  cabeza  cierta  cantidad  de  nobles  y  caballeros  para  que 
vayan  á  traer  el  sol,  porque  ir  toda  la  señoría  y  cabeza  de  ella, 
puede  ser  trato  doble  para  cogernos  no  apercibidos  y  malar- 
nos,  pues  tenemos  enemigos  en  su  ejército;  y  aquí  en  nuestras 
casas,  viendo  nuestro  buen  trato  y  la  voluntad  que  tenemos 
de  servirle  y  ampararle,  nos  cobrará  amor  y  se  satisfará  de 
nuestra  lealtad;  y  así  de  mi  parte  elijo  á  dos  de  los  caballeros 
de  mi  casa  que  vayan  en  mi  nombre,  que  son  Apayancatl  y 
Tecuachcaotii.  Todos  respondieron  que  les  parecía  muy  bien; 
y  así  Magizcatzin  ^  eligió  otros  dos  caballeros  de  su  casa  llama- 
dos, el  uno  Tlacatecuhtli  y  el  otro  Chiquilitzin  Xiuhtlatqui;  el 
señor  de  la  cabecera  de  Quiahuixtlan  nombró  á  otros  dos  lla- 
mados Chimalpiltzintli,  y  Quanaltecatl;  y  el  de  Teticpac  otros 
dos  llamados  Tzopatzin  Quauhatlapaltco  Ixconauhquitecuhtii 
y  Hueytlapochtipatzin  Mixcoatzin;  y  habiéndolos  eligido,  los  s¡- 

1  Maxixcatzin. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  367 

^uió  el  embajador  Tolinpanecatl  Coxtomatl,  y  llegados  á  la  pre- 
sencia de  Cortés  le  presentaron  ciertas  joyas  de  oro  y  pedrería, 
y  le  rogaron  de  parte  de  la  señoría  que  tuviese  por  bien  de  ir- 
se á  Tlaxcalan,  en  donde  le  quedaban  aguardando  los  señores 
de  ella,  que  por  ciertos  impedimentos  que  allí  le  significaron 
no  venían  en  persona  á  llevarle:  de  que  se  holgó  Cortés,  y  ha- 
biendo tenido  otras  demandas  y  respuestas,  partió  con  su  cam- 
po á  Tlaxcalan,  en  donde  se  le  hizo  un  solemne  recibimiento, 
saliendo  á  recibirle  Xicotencatl  á  la  puerta  de  su  palacio  que 
estaba  en  la  cabecera  de  Tizatlan,  y  era  tan  viejísimo  que  lo 
llevaban  en  los  brazos  de  ciertos  señores:  y  con  él  salieron  á 
recibirle  todos  los  más  principales  de  su  corte  y  casa,  que  se 
decían  Mocuetlazatzin  Tzicuhcuacatl,  Texinquitlacochcalcatl, 
Axayacatzin,  Xiuhtecatl,  Tonatiuhtzin,  Tepoloatecuhtli  y  Te- 
namazcuicuiltzin.  Asimismo  los  otros  tres  señores  se  hallaron 
en  este  recibimiento,  cada  uno  con  los  de  su  casa  y  corte,  á 
saber:  Maxixcatzin  de  Ocotelulco,  y  estaban  con  él  Tepanecatl, 
Xiquiquilitzin,  Chicocuauhtzin,  Ixayopiltzin,  Tlamazcuhcatzin, 
Tenancatl,  Zeyecatecuhtli,  Xayacatzin,  Calmecahua  y  Ixayo- 
piltzin; el  de  Quiahuiztlan,  Zitlalpopocatzin,  y  con  él  estaban 
Zicuhcoacatl,  Zacancatzin,  Quanaltecatl,  Axoquentzin,  Tequa- 
nitzin,  Tenancacalitzin,  Xochicucaloa  y  Izquitecatl;  y  el  de  Te- 
ticpac,  Tlehuexolotzin,  y  estaban  con  él  Tlequitlatotzin,  Tzo- 
palzin,  Calmecahua,  Quauhatlapaltco,  Ixconauhquitecuhtli,  Xi- 
pantecuhtli,  y  con  ellos  otros  muchos  nobles  y  caballeros  que 
eran  de  toda  la  provincia  de  Tlaxcalan:  y  así  como  vieron 
que  llegaba  al  puerto  que  llamaban  Tizatlan,  fueron  á  recibirle 
á  la  entrada  del  palacio,  llevándole  del  un  brazo  Xicotencatl  y 
Maxizcatzin,  y  del  otro  Tehuanitzin.  Así  como  los  vido  Cortés 

-  se  apeó  del  caballo,  se  quitó  la  gorra  y  les  hizo  una  muy  gran- 
de y  humilde  reverencia,  y  luego  abrazó  á  Xicotencatl,  y  por 
lengua  de  Marina  les  dijo  que  fuesen  muy  bien  hallados  todos 
aquellos  señores  y  caballeros  de  la  señoría  y  corte  de  Tlaxca- 
lan, que  se  holgaba  infinito  de  verlos  y  conocerlos  para  ser- 
virlos en  todo  lo  que  se  ofreciese,  y  que  todos  se  aquietasen  y 


368  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

sosegasen  con  su  venida,  pues  no  era  á  otra  cosa,  sino  sólo 
por  su  bien  y  libertad.  A  lo  cual  le  respondió  Maxizcatzin:  se- 
ñor seáis  muy  bienvenido,  que  á  vuestra  casa  venís;  aquí  es- 
tán nuestro  padre  Xicotencatl,  y  todos  los  demás  señores  y 
caballeros  de  la  señoría  de  Tlaxcalan  que  os  han  estado  aguar- 
dando, y  han  deseado  infinito  conoceros  y  veros,  y  así  entrad 
á  descansar:  y  luego  por  sus  propias  manos  Xicotencatl  le  dio 
unos  ramilletes  de  flores  que  tenía  Maxixcatzin,  de  que  se  hol- 
garon infinito  Cortés  y  todos  los  suyos,  y  comenzaron  á  tocar 
las  trompetas,  cajas  y  ministriles,  y  á  tremolar  las  banderas  á 
usanza  de  guerra  en  señal  de  paz;  y  tomando  el  un  brazo  á  Xi- 
cotencatl, se  fueron  los  dos  á  la  sala  más  principal  de  su  casa, 
y  habiéndole  dado  su  asiento  y  acomodado  todos  los  suyos,  le 
regaló  y  dio  muy  espléndidamente  á  todos  de  comer  este  día, 
y  los  más  que  los  nuestros  estuvieron  en  Tlaxcalan.  En  este 
capítulo  y  los  que  se  siguen  que  tratan  de  las  cosas  de  la  se- 
ñoría de  Tlaxcalan,  no  sigo  los  autores  que  han  escrito  la  his- 
toria de  la  conquista,  sino  la  que  escribió  Tadeo  de  Niza  de 
Santa  María,  natural  de  la  cebecera  de  Teticpac,  por  mandato 
de  la  señoría,  siendo  gobernador  de  ella  D.  Alonso  Gómez,  que 
la  dio  al  padre  Fr.  Pedro  de  Osorio  para  que  la  llevase  á  Espa- 
ña á  su  majestad,  la  cual  se  escribió  en  el  ano  de  mil  quinien- 
tos cuarenta  y  ocho;  y  los  autores  que  se  hallaron  presentes  á 
todo  lo  sucedido  en  ella,  como  testigos  de  vista,  fueron  Miguel 
Tlachpanquizcatzhi  regidor  perpetuo  y  natural  de  Quiahuiztlan, 
Toribio  Tolinpanecatl,  D.  Antonio  Calmecahua,  D.  Diego  de 
Guzmán,  D.  Martín  de  Valencia  Coyolchichiyuhqui,  y  otros  que 
no  se  ponen  aquí  sus  nombres;  y  había  treinta  y  un  años 
que  entró  Cortés  á  esta  tierra,  y  es  la  más  cierta  y  verdadera 
de  cuantas  están  escritas,  pues  fué  hecha  con  tanto  acuerdo 
y  de  quien  tan  bien  lo  sabía. 


CAPITULO  LXXXIV 

Que  trata  de  todo  lo  que  d  Oortét  le  sucedió  todo  el  tiempo  que  etluvo  en  Tlaxealan, 


Detúvose  Cortés  con  los  suyos  veinte  días  en  Tlaxcalan,  en 
donde  fueron  muy  bien  tratados  y  regalados.  Cortés  les  pidió 
que  tuviesen  por  bien  permitir,  que  él  y  los  suyos  visitasen  to- 
da la  ciudad,  los  templos  y  palacios  de  los  cuatro  señores  de 
la  señoría;  y  habiéndolos  visitado  y  visto  su  concierto  y  forta- 
leza del  sitio,  que  ya  estaban  asegurados  de  él,  y  que  era  gen- 
te que  vivía  con  orden  y  policía,  que  guardaba  justicia  y  que 
se  les  podía  fiar  cualquier  negocio,  comenzó  á  predicarles  la  fe 
de  Cristo  nuestro  Señor,  y  á  persuadirles  dejasen  la  idolatría  y 
sacrificio  de  hombres,  dándoles  á  entender  que  los  ídolos  que 
ellos  adoraban  eran  demonios,  de  tal  manera,  que  aunque  de 
todo  punto  no  los  pudo  convencer,  mas  con  todo  hizo  la  sala 
principal  oratorio  de  Xicotencatl,  ^  poniendo  una  cruz  y  una 
imagen  de  nuestra  señora,  en  donde  de  ordinario  los  días  que 
estuvo  allí  se  decía  misa;  y  otra  cruz  se  puso  en  el  mismo  pues- 
to en  donde  le  recibió  la  señoría,  con  muy  gran  solemnidad 
de  los  españoles,  de  que  estaban  muy  admirados  los  tlaxcalte- 
cas, viendo  que  los  cristianos  adoraban  al  dios  que  ellos  lla- 
maron Tonacaquahuitl,  que  significa  árbol  del  substento,  que 
así  lo  llamaban  los  antiguos.  Asimismo  la  señoría  acordó  de 

1  Aquí  debe  deoin  hizo  oratorio  la  sala  principal  de  Xicotencatl. 

Toxo  11—25 


370  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

dar  sus  hijas  á  Cortés  y  á  los  demás  sus  compañeros;  de  ma- 
nera que  Xicotencatl  (que  fué  el  que  dio  este  parecer),  elipó 
á  dos  hijas  suyas  llamada  la  una  Tecuiloatzin  y  la  otra  Tol- 
quequetzaltzin;  Maxixcatzin  eligió  á  Zicuetzin  hija  de  Atlapal- 
tzin;  y  el  de  Quíahuiztlan  á  Zacuancozcatl  hija  de  Axoquentzin, 
y  á  Huitznahuazihuatzin  hija  de  Tecuanitzin;  y  habiendo  jun- 
tado otras  muchas  doncellas  con  estas  señoras,  se  las  dieron  á 
Cortés  y  á  los  suyos,  cargadas  de  muchos  presentes  de  oro, 
mantas,  plumería  y  pedrería;  y  dijo  Maxixcatzin  á  Marina  que 
dijese  al  señor  capitán,  que  allí  estaban  aquellas  doncellas  hi- 
jas de  Xicotencatl  y  otros  señores  nobles,  para  que  él  y  sus 
compañeros  las  recibiesen  por  mujeres  y  esposas.  Cortés  les  dio 
las  gracias,  y  las  repartió  entre  los  suyos,  porque  no  pareciese 
que  menospreciaba  la  dávida  y  el  emparentar  nuestros  espa- 
ñoles con  ellos;  y  por  usar  de  magnanimidad  y  en  recompensa 
de  la  dávida,  pidió  ciertos  mensajeros  que  fuesen  á  Cempoa- 
lan  para  traer  cantidad  de  mantas,  enahuas,  huípiles,  pañetes, 
cacao,  sal,  camarones  y  pescado,  que  todo  ello,  traído  que  fué, 
lo  repartió  entre  las  cuatro  cabezas  y  los  demás  señores  tlax- 
caltecas, y  fué  para  ellos  de  muy  gran  merced  y  regalo,  por- 
que carecían  de  todo  ello:  fueron  al  efecto  ciento  veinte  perso- 
nas nobles  y  doscientos  hombres  para  cargar,  y  les  ayudó  un 
español  que  tenía  puesto  en  Cempoalan,  y  el  señor  de  allí  lla- 
mado Chicomacatl.  Asimismo  fué  esta  gente  por  abrir  y  hacer 
camino  seguido  desde  Tlaxcalan  á  Cempoalan;  y  entre  los  más 
principales  que  fueron  electos  para  este  viaje  de  parte  de  Xi- 
cotencatl, fué  uno  llamado  Icueten;  de  parte  de  Maxixcatzin, 
Totoltzin,  Chiuhatlapaltzin;y  de  Tlehuexolotzin,  Yaolziny  otros 
que  no  se  ponen  aquí  por  excusar  prolijidad.  Estando  en  esta 
ciudad  Cortés,  se  le  vinieron  á  dar  por  amigos  los  de  Huexo- 
tzinco,  ciudad  principal  y  república  como  la  de  Tlaxcalan,  y 
todos  de  un  linaje.  En  la  pintura  que  aun  el  día  de  hoy  guar- 
da el  cabildo  de  esta  señoría,  se  halla  que  en  esta  sazón  se 
bautizaron  los  señores  de  ella  por  Juan  Díaz,  clérigo,  y  fué  su 
padrino  el  capitán  Cortés:  el  primero  fué  Xicotencatl,  que  se  lia- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL,  371 

mó  D.  Bartolomé;  y  tras  de  él  Zitlalpopocatzin,  que  se  llamó 
D.  Baltazar;  y  luego  Tlehuexolotzin  que  se  llamó  D.  Gonzalo; 
y  el  postrero  Maxixcatzin,  que  era  mancebo,  se  llamó  D.  Juan;  y 
los  otros  eran  ya  viejos,  y  más  que  todos  Xicotencatl.  En 
todo  el  tiempo  que  allí  se  detuvo,  los  embajadores  de  México 
cada  día  le  importunaban,  que  se  saliese  de  allí  y  se  fuese  á 
México;  y  así  cuando  vieron  que  se  quería  partir,  le  aconseja- 
ron que  se  fuese  por  Chololan,  ciudad  muy  populosa,  rica  y 
amiga  de  Motecuhzoma;  y  aunque  los  de  Tlaxcalan  se  lo  im- 
pedían por  los  inconvenientes  que  ellos  le  ponían,  pero  al  fin 
se  determinó  á  ir  á  ella  llevando  consigo  seis  mil  tlaxcaltecas 
de  guerra,  aunque  le  querían  dar  mucho  más,  y  por  caudillos 
de  ellos  á  Hepapalotzin,  Tlacatecuhtli,  Quanaltecatl,  Tenamaz- 
cuicuiltzin,  Imiztli,  Matzin  y  Axayacatzin;  aunque  se  volvió.  ^ 
Por  el  camino  salieron  á  recibir  á  Cortés  y  á  los  suyos  más  de 
diez  mil  hombres  de  Chololan,  con  grande  regocijo;  y  habién- 
dolos entrado  en  la  ciudad  y  dádoles  muy  buena  posada,  re- 
galando espléndidamente  á  los  nuestros,  aquella  noche  los  em- 
bajadores de  Motecuhzoma  tornaron  otra  vez  á  porfiar  con 
Cortés  que  no  pasase  á  México,  poniéndole  mil  dificultades,  de 
tal  manera  que  se  receló  de  ellos  y  de  los  cholultecas,  y  así 
mandó  á  los  tlaxcaltecas  sus  amigos  se  pusiesen  ciertas  seña- 
les en  sus  cabezas  para  que  fuesen  conocidos,  porque  quería 
hacer  un  castigo  ejemplar  en  los  cholultecas  y  mexicanos;  y 
pidió  á  la  señoría  de  Cliololan,  que  todos  los  magnates  y  seño- 
res de  ella  se  juntasen  en  la  sala  y  consistorio  donde  se  solían 
juntar  siempre,  para  tratar  con  ellos  ciertas  cosas  que  les  con- 
venía, porque  se  quería  ir  de  su  ciudad;  y  que  asimismo  en  el 
patio  de  él  juntasen  los  más  de  los  ciudadanos,  pai'a  que  allí 
fuesen  escogidos  los  que  fuesen  necesarios  para  llevarle  elba- 
gaje,  con  lo  que  vinieron  muchos  así  de  los  nobles  como  de 
la  gente  plebeya,  que  hinchieron  el  patio  y  sala,  y  aun  á  la  re- 
donda de  él  había;  y  habiendo  juntado  á  los  treinta  de  ellos, 

1  No  se  comprende  el  final  de  este  período. 


372  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

los  más  principales,  los  prendió  y  hizo  con  los  suyos  tomarlas 
puertas,  sin  que  dejasen  salir  á  nadie;  y  luego  llamó  á  los  em- 
bajadores de  Motecuhzoma,  y  les  dijo  que  aquellos  presos  le 
habían  confesado  una  traición  que  por  su  orden  tenían  urdida 
á  él  y  á  los  suyos,  lo  cual  no  podía  creer  de  Motecuhzoma  su 
señor,  que  tratase  de  matarlos:  los  mexicanos  dieron  sus  dis- 
culpas, diciendo  que  ellos  y  su  señor  estaban  muy  inocentes  de 
semejante  culpa  y  traición.  Cortés  mandó  matar  algunos  de  los 
treinta  señores,  y  disparando  un  arcabuz  (que  era  la  señal  que 
tenía  dada  á  los  españoles  para  que  saliesen  á  los  del  patio  y 
los  matasen)  se  ejecutó  así,  y  en  menos  de  dos  horas  mataron 
más  de  cinco  mil,  saquearon  y  quemaron  las  casas  más  prin- 
cipales de  la  ciudad  y  los  templos  de  ella;  y  el  templo  mayor 
donde  se  habían  acogido  muchos  sacerdotes  y  señores  princi- 
pales, lo  quemaron,  en  donde  murieron  los  más.  Fué  tan  gran- 
de el  temor  y  espanto  que  causó  este  hecho,  que  fué  sonado 
por  toda  la  tierra;  y  la  ciudad  en  un  instante  quedó  toda  ella 
desamparada,  y  el  despojo  fue  muy  rico,  de  mucho  oro,  pe- 
drería, mantas  y  cosas  de  pluma,  porque  era  la  ciudad  más 
rica  que  había  en  toda  la  tierra,  pues  los  moradores  de  ella 
eran  todos  mercaderes.  Cortés,  hecho  esto,  hizo  soltar  los  pre- 
sos que  quedaban,  con  calidad  que  hiciesen  venir  la  gente  á  la 
ciudad  con  toda  paz  y  quietud;  y  así  lo  hicieron,  pues  dentro 
de  un  día  se  tornó  á  poblar  y  henchir  la  ciudad  como  antes  es- 
taba, y  quedaron  por  amigos  de  él  y  de  los  de  Tlaxcalan.  La 
señoría  viendo  que  con  la  refriega  y  mortandad  de  Chololan, 
estaban  Cortés  y  los  suyos  faltos  de  mantenimientos,  los  so- 
corrió de  estos  bastantemente,  y  en  persona  fueron  á  verle 
Maxixcatzin  y  los  de  su  cabecera,  Zitlalpopoltzin  ^  de  la  de 
Quiahuiztlan  con  Axoquentzin,  Tlehuexolotzin,  Tequitlatotzin, 
Tzompantzin,  Axayacatzin,  Mocuetlazatzin  y  Tzicuhcuacatl,  ha- 
biéndose ofrecido  á  Cortés  á  ayudarle  á  todo  lo  que  se  le  ofre- 
ciese. Lo  agradeció  mucho  y  les  dijo,  que  por  entonces  se  vol- 

1  Citlalpopocatzin. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  373 

viesen,  que  cuando  hubiese  necesidad  de  socorro  de  sus  per- 
sonas y  valor,  les  avisaría,  con  lo  cual  se  volvieron;  y  en  quin- 
ce días  que  estuvo  Cortés  en  Chololan,  fué  siempre  servido  y 
favorecido  de  los  tlaxcaltecas.  A  esta  sazón  tornaron  los  em- 
bajadores de  Motecuhzoma  á  darle  otro  recado  de  parte  de  su 
señor,  con  seis  patos  de  oro  muy  rico,  muchas  mantas  y  cosas 
de  comer,  satisfaciéndole  que  lo  que  se  decía  de  él  era  fraude 
y  engaño;  que  se  asegurase  de  él  que  sería  su  buen  amigo,  y 
para  satisfacción  de  esto  se  fuese  luego  á  México,  que  allí  le 
esperaba  con  mucho  deseo  de  verle  y  regalarle;  y  así  dio  or- 
den de  su  ida  á  la  ciudad  de  México. 


CAPITULO  LXXXV 


Que  trata  de  la  ida  que  hizo  Cortés  d  la  ciudad  de  México,  y  lo  que  en  ella  le  sucedió 
hasta  prender  á  Motecuhzoma. 


Luego  que  salió  Cortés  de  la  ciudad  de  Chololan,  fué  á  ha- 
cer noche  en  la  parte  que  llaman  Quauhtechcatl,  que  es  en  la 
obra  que  está  entre  el  volcán  y  la  sierra  nevada;  y  á  otro  día 
por  la  mañana  desde  allí  reconoció  la  laguna,  en  donde  estaba 
fundada  la  ciudad  de  México  y  otros  muchos  y  hermosos  pue- 
blos; y  caminando  con  su  ejército  fué  á  hacer  noche  en  el 
pueblo  de  Amecamecam,  ^  en  las  casas  del  señor  de  allí  llamado 
Cacamatzin,  en  donde  fué  muy  bien  recibido  y  regalado  de  él, 
y  le  dio  muchas  quejas  de  las  demasías  de  Motecuhzoma.  De 
allí  salió  y  fué  á  hacer  noche  en  Iztapalapan  en  casa  d^  Cuitla- 
huatzin  hermano  de  Motecuhzoma,  señor  de  aquella  ciudad, 
donde  le  salió  á  recibir  Cacama  rey  de  Tetzcuco,  sobrino  de 
Motecuhzoma,  con  toda  su  corte  (que  lo  llevaban  en  unas  an- 
das de  oro);  y  habiéndolo  saludado  y  dado  la  bienvenida,  y  mu- 
chos dones  de  oro  y  pedrería,  le  trató  que  se  quedase  en  Iztapa- 
lapan, y  que  desde  allí  le  daría  orden  ^  de  verse  con  su  tío  y  dar 
su  embajada;  pero  Cortés  no  quiso  dilatar  más  su  viaje,  y  así 
el  otro  día  siguiente  caminó  por^  la  ciudad,  con  grande  acompa- 

1  £1  Dombre  mexica  era  Amaquemecan. 

2  Es  decir,  le  facilitaría. 

8  Creo  que  debe  decir:  para. 


\ 


76  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 


ñamiento  de  señores  y  caballeros  de  las  cortes  de  México,  Tetz- 
cuco  y  Tlacopan,  y  llegando  á  un  fuerte  que  estaba  en  la  en- 
trada de  la  ciudad,  en  donde  se  juntaba  la  albarrada  con  la 
calzada,  salieron  á  recibirle  más  de  cuatro  mil  hombres  prin- 
cipales, todos  ricamente  aderezados,  y  conforme  iban  pasando 
se  humillaban  á  Cortés,  poniendo  la  mano  en  el  suelo  y  besán- 
dola, que  es  el  modo  de  saludar  á  los  grandes  señores;  y  an- 
dando más  adelante  junto  á  una  puente  encontró  á  Motecuh- 
zoma  que  venía  á  recibirle  á  pie,  y  le  traían  de  brazo  su  sobri- 
no el  rey  Gacama  y  su  hermano  Cuitlahuatzin,  y  traían  los  tres 
encima  á  manera  de  lío  de  pluma  verde  y  de  riquísimo  oro  y 
pedrería,  que  usaban  los  señores  que  eran  los  capitanes  gene- 
rales de  los  ejércitos  de  México  y  Tetzcuco:  Motecuhzoma,  Ga- 
cama y  Guitlahuatzin  venían  vestidos  de  una  misma  librea, 
salvo  que  los  reyes  traían  sobre  sus  cabezas  sus  tiaras  ^  de  oro 
y  pedrería  con^sus  borlas  que  pendían  de  la  cinta  con  que  se 
ataban  el  cabello,  y  sus  zapatos  de  oro  con  muchas  piedras  y 
ricas  perlas;  y  por  donde  iban  les  echaban  mantas  para  que  pi- 
sasen, y  tras  de  ellos  tres  mil  caballeros,  todos  muy  ricamen- 
te vestidos  que  eran  todos  de  los  de  su  guardia  y  criados. 
Guando  Gortés  llegó,  se  apeó  del  caballo,  y  habiendo  hecho  una 
muy  gran  reverencia  y  humillación  á  los  reyes,  quiso  abrazar 
á  Motecuhzoma,  aunque  no  le  dejaron  llegar;  y  habiéndose  he- 
cho el  uno  al  otro  muy  grandes  mesuras  y  reverencias,  echó 
Gortés  á  Motecuhzoma  un  collar  de  cuentas  de  vidrio  que  pa- 
recían margaritas  y  diamantes;  y  en  recompensa  el  rey  Mote- 
cuhzoma le  echó  al  cuello  dos  cadenas  ó  collares  de  oro  riquí- 
ismo,  y  en  él  engastados  unos  camarones  colorados  de  conchas» 
que  eran  de  mucha  estima:  y  con  esto  se  volvieron  hacia  la 
ciudad,  y  Motecuhzoma  dejó  á  su  sobrino  Gacama  con  Gortés 
y  con  su  hermano  Guitlahuatzin,  y  tomó  el  camino  para  su  ca- 
sa: él  iba  adelante  y  luego  Gortés  tras  él,  trabado  con  Gacama 


1  Aquí  el  autor  llama  tiara  al  eopillij  que  era  una  especie  de  diadema,  6 
media  corona. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  377 

por  la  mano;  y  con  esta  pompa  y  majestad  llegaron  al  riquísi- 
mo palacio  de  Motecuhzoma,  que  eran  casas  de  su  padre  Axa- 
yacatzin:  á  la  puerta  de  él  tomó  Motecuhzoma  de  la  mano  á 
Cortés,  metiólo  dentro  de  una  muy  gran  sala,  púsolo  en  rico 
estrado  y  le  dijo:  holgad  y  comed  que  en  vuestra  casa  estáis, 
que  luego  vuelvo.  (Entró  Cortés  en  México  á  ocho  días  del  mes 
de  Noviembre  del  mismo  año  de  mil  quinientos  diez  y  nueve).  ^ 
Pusiéronse  luego  las  mesas,  y  comió  con  los  suyos  Cortés,  y 
Motecuhzoma  en  su  aposento;  y  cuando  hubo  comido  vino  á 
visitarle  con  grande  majestad,  sentóse  junto  á  él  en  un  estrado 
riquísimo,  y  díjole  con  palabras  graves,  que  se  holgaba  mucho 
de  ver  en  su  casa  y  corte  á  una  gente  tan  principal  y  honrada, 
y  tenía  pena  que  se  presumiese  que  jamás  los  había  de  mal- 
tratar: 2  dio  muchas  disculpas  de  lo  que  había  porfiado  por  es- 
torbar la  entrada  en  México,  y  á  cabo  le  vino  á  decir  cómo  sus 
pasados  tenían  pronosticado,  que  un  gran  señor  que  en  tiem- 
pos antiguos  había  estado  en  esta  tierra,  había  de  volver  á  ella 
con  los  suyos  á  dar  leyes  con  nueva  doctrina,  y  que  la  posee- 
rían y  serian  señores  de  ella;  y  que  así  creía  que  el  rey  de  Es- 
paña había  de  ser  aquel  señor  que  esperaban:  tras  de  lo  cual 
dio  á  Cortés  muy  larga  relación  de  sus  riquezas,  se  le  ofreció 
mucho,  y  hizo  traer  allí  muchas  joyas  de  pedrería,  mantas  y 
otras  cosas  ricas,  y  las  repartió  entre  los  españoles,  dando  á 
cada  uno  lo  que  le  parecía  que  merecía;  y  con  esto  se  despidió. 
Los  primeros  seis  días  los  gastó  Cortés  en  ver  y  considerar  el 
sitio  y  calidades  de  la  ciudad,  y  fué  muy  servido,  y  visitado  de 
todos  los  grandes  señores  del  imperio,  y  muy  abastecidamen- 
te  proveído  él,  sus  compañeros  y  seis  mil  tlaxcaltecas  que  con- 
sigo tenía:  al  cabo  de  los  cuales,  después  de  haber  considera- 
do muy  bien  en  el  estado  y  trance  en  que  se  veían,  determinó 
prender  á  Motecuhzoma  (caso  atrevido  y  muy  peligroso  con- 
tra un  tan  grande  y  poderosísimo  rey  dentro  de  su  casa  y  cor- 

1  La  entrada  de  Cortés  en  México  fué  el  7  de  Noviembre. 

2  Es  decir,  que  se  presumiese  que  alguna  vez  los  había  de  tratar  mal. 


378  OBUAS    HISTÓRICAS   DE 

te,  en  medio  de  más  de  quinientos  mil  vasallos  ^,  y  con  tan  po- 
cos compañeros,  cosa  que  atemoriza  tan  solamente  pensarla, 
cuanto  más  hacerla  y  salir  con  ella),  para  lo  cual  tomó  por 
achaque  lo  de  Chololan,  y  otras  partes  que  decía  había  movido 
Motecuhzoma  para  matar  á  él  y  á  sus  compañeros,  y  que 
Quauhpopocatzin  señor  de  Goyoacan  uno  délos  grandes  del  im- 
perio que  asistía  en  Nauhtlan  y  estaba  á  su  cargo  el  gobierno 
de  las  costas  del  mar  del  Norte,  había  mandado  matará  cuatro 
españoles  que  iban  en  compañía  del  capitán  Pedro  Dirsio,  ca- 
mino de  Veracruz,  según  sus  cartas  que  Cortés  tenía  consigo 
para  mostrarlas  á  Motecuhzoma  cuando  fuese  necesario;  y  an- 
dando en  estos  pensamientos,  paseándose  por  una  sala,  echó 
de  ver  que  estaba  recién  tapado  y  encalado  un  postigo,  y  re- 
celándose de  él,  una  noche  lo  hizo  abrir,  y  entrando  dentro 
halló  otras  salas  y  recámaras  llenas  de  mucho  oro,  plumería, 
mantas  y  otras  cosas  de  mucho  precio  y  estima,  y  en  tanta 
cantidad  que  quedó  espantado  de  ver  aquella  riqueza,  tornan- 
do á  tapar  lo  mejor  que  pudo,  porque  no  fuese  sentido.  ^  Otro 
día  vinieron  á  él  ciertos  tlaxcaltecas  y  algunos  españoles  á  avi- 
sarle que  habían  alcanzado  que  Motecuhzoma  trataba  de  ma- 
tarlos, y  que  para  esto  quería  quebrar  las  puentes.  Y  hablando 
según  una  carta  original  que  tengo  en  mi  poder,  firmada  de  las 
tres  cabezas  de  la  nueva  España,  en  donde  escriben  á  la  majes- 
tad del  emperador  nuestro  Señor  (que  Dios  tenga  en  su  santo 
reino),  disculpan  en  ella  á  Motecuhzoma  y  á  los  mexicanos  de 
esto  y  de  lo  demás  que  se  les  argüyó,  que  lo  cierto  era,  que  fué 
invención  de  los  tlaxcaltecas  y  de  algunos  de  los  españoles, 
que  no  veían  la  hora  de  salirse  de  miedo  de  la  ciudad,  y  po- 
ner en  cobro  innumerables  riquezas  que  habían  venido  á  sus 
manos.  Sea  como  se  fuere,  con  el  dicho  de  éstos  y  con  lo  que 
tenía  pensado  hacer,  no  quiso  dilatar  más  la  prisión  de  Mote- 


1  Difícil  es  que  por  su  extensión,  tuviera  la  ciudad  de  México  mucho  más 
de  unos  cuarenta  mil  habitantes. 

2  Es  decir,  porque  no  ñiese  conocido  ó  descubierto. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  379 

cuhzoma,  y  por  hacerla,  puso  secretamente  á  algunos  españoles 
de  guardia  en  algunas  encrucijadas  y  cantones  que  había  des- 
de su  posada  hasta  palacio,  dejando  la  mitad  en  ella;  y  mandó 
á  ciertos  amigos  suyos  que  se  fuesen  de  dos  en  dos,  tres  en 
tres  con  sus  armas  secretas  como  él  las  llevaba,  y  envió  de- 
lante á  avisar  á  Motecuhzoma  cómo  lo  iba  á  visitar:  el  cual  le 
salió  á  recibir  con  alegre  rostro  á  la  escalera,  y  habiéndose  en- 
trado en  la  sala,  y  con  él  hasta  ¡treinta  españoles,  estuvieron 
un  rato  en  buena  conversación  como  lo  solían  hacer.  Mote- 
cuhzoma le  dio  á  Cortés  unas  medallas  de  oro  muy  ricas,  todo 
á  fin  de  mostrar  lo  mucho  que  le  quería  y  estimaba,  como  lo 
mostró  en  esta  conversación,  pues  le  persuadió  que  se  casase 
con  una  hija  suya.  A  esto  respondió  Cortés  que  era  casado,  y 
que  conforme  á  la  ley  evangélica,  no  podía  tener  más  de  una 
mujer;  y  luego  echó  mano  á  las  faltriqueras,  y  sacó  de  ellas 
las  cartas  del  capitán  Pedro  Dirsio,  y  comenzó  á  quejar- 
se de  Motecuhzoma  diciendo,  que  por  su  mandado  Quauh- 
popocatzin  había  muerto  los  cuatro  españoles,  y  que  le  tenía 
armada  traición  y  mandado  á  los  suyos  quebrar  las  puentes. 
Motecuhzoma,  viendo  una  maldad  tan  grande  tan  fuera  de  sus 
pensamientos  y  calidad  de  su  persona,  se  enojó  terriblemente 
y  dijo  con  ira  y  grande  alteración,  que  lo  uno  y  lo  otro  era  fal- 
sedad y  mentira;  y  para  averiguar  la  verdad  llamó  luego  á  un 
criado  suyo,  y  se  quitó  del  brazo  una  rica  piedra  donde  esta- 
ba esculpido  su  rostro  (que  era  lo  mismo  que  un  sello  real),  y 
se  la  dio  y  mandó  que  fuese  por  la  posta,  y  llamase  luego  á 
Quauhpopocatzin;  y  despachado  que  fué  el  criado.  Cortés  tor- 
nó á  decir  al  rey:  señor,  conviene  que  vuestra  alteza  sea  preso 
y  vaya  conmigo  á  mi  posada,  que  allí  será  bien  tratado  y  ser- 
vido, y  yo  miraré  por  vuestra  honra  hasta  en  tanto  que  venga 
Quauhpopocatzin;  y  perdonadme  que  no  puedo  hacer  otra  co- 
sa, porque  los  míos  me  matarían  si  disimulase  con  estas  cosas; 
y  mandad  á  los  vuestros  que  no  se  alteren,  porque  cualquier 
mal  y  daño  que  á  nosotros  nos  venga  vuestra  alteza  lo  ha  ue 
pagar  con  la  vida;  y  vaya  callando,  y  será  en  vuestra  mano  es- 


380  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOGHITL. 

capar.  Quedó  Motecuhzoma  en  oyendo  estas  razones  sin  sen- 
tido, y  después  de  haber  estado  callado  un  rato,  dijo  con  mu- 
cha gravedad:  no  es  persona  la  mía  para  ir  presa;  y  cuando  yo 
lo  consintiese  los  míos  no  pasarán  por  ello.  Cortés  le  replicó 
que  no  se  podía  excusar  su  prisión:  y  estuvieron  más  de  cua- 
tro horas  en  demandas  y  respuestas,  hasta  que  Motecuhzoma 
vino  á  decir,  que  le  placía  de  ir  con  él,  pues  le  decía  que  allá 
mandaría  y  gobernaría  como  en  su  casa;  y  llamando  á  sus  cria- 
dos les  mandó  que  fuesen  á  los  cuartos  de  Cortés,  y  le  adere- 
zasen uno  para  su  posada.  Acudieron  luego  á  palacio  todos 
los  españoles  y  muchos  de  los  caballeros  y  señores  de  la  ciu- 
dad, parientes  y  amigos  del  rey,  todos  tristes  y  llorosos,  mirán- 
dole á  la  cara  si  les  daba  licencia  para  librarle;  y  como  les  man- 
dó que  se  quitasen,  tomaron  á  Motecuhzoma  en  unas  andas 
muy  ricas  de  oro  y  pedrería,  y  le  llevaron  por  medio  de  la  ciu- 
dad con  grandísimo  alboroto  de  los  suyos  que  se  quisieron  po- 
ner en  soltarle;  pero  él  les  mandó  que  se  estuviesen  quedos, 
diciendo  que  no  iba  preso  sino  á  estarse  en  compañía  de  Cor- 
tés y  de  los  suyos:  y  creyéronle  como  le  vieron  salir  de  casa  y 
despachar  negocios  como  antes,  y  aun  salir  fuera  de  la  ciudad 
una  y  dos  leguas  á  montear  y  cazar;  solamente  notaban  en  que 
andaban  siempre  españoles  en  su  guarda,  y  que  á  la  noche  ve- 
nía á  dormir  en  los  cuartos  de  Cortés:  burlábase  y  entreteníase 
con  los  españoles;  servíanle  los  suyos  mismos;  dejábanle  ha- 
blar en  público  y  en  secreto  con  los  que  quería,  y  salir  ordi- 
nariamente á  orar  y  ofrecer  sacrificio  á  sus  falsos  dioses.  Las 
guardas  que  tenía  eran  ocho  españoles  y  tres  mil  tlaxcaltecas. 
Por  tentarle  Cortés,  díjole  un  día  que  los  suyos  habían  tomado 
cierta  cantidad  de  joyas  de  oro  que  habían  hallado  en  su  casa: 
respondióle  que  tomasen  en  buena  hora  y  que  no  tocasen  á  la 
pluma,  porque  aquel  era  el  tesoro  de  los  dioses;  y  que  si  más 
oro  quisiesen  que  más  les  daría. 


CAPITULO  LXXXVI 


Que  traía  de  lo  más  que  le  sucedió  d  Cortés  en  la  eiudcui  de  México  hasta  poner  prisio' 
nes  al  rey  Molecufizoma,  de  que  Oacama  rey  de  Tetzcuco  se  alteró,  y  quiso  Ubertar 
dsuttoy  echar  de  México  d  los  españoles;  y  de  cómo  su  liermano  IxUilxoehUl  lo 
prendió  cautelosamente  y  lo  entregó  d  Cortés. 


Así  como  Cortés  tuvo  preso  á  Motecuhzoma,  procuró  estor- 
barle que  no  sacrificase  hombres  á  sus  falsos  dioses,  y  comen- 
zó á  derribar  ídolos,  de  que  Motecuhzoma  se  alteró,  porque  los 
suyos  estuvieron  en  términos  de  matarle  porque  lo  consentía, 
y  con  él  á  Cortés  porque  lo  mandaba;  por  lo  cual  de  consejo 
del  mismo  Motecuhzoma,  por  entonces  Cortés  dejó  de  quebrar 
los  ídolos,  y  contentóse  con  decirles  en  la  ceguedad  en  que  vi- 
vían, y  desengañarlos  y  meterlos  en  el  camino  verdadero  de 
la  virtud  y  ley  evangélica,  que  había  sido  la  causa  principal  de 
su  venida;  que  no  había  sido  tanto  por  sus  riquezas,  pues 
de  ellas  no  habían  tomado  más  de  tan  solamente  lo  que  ellos 
les  habían  dado,  ni  habían  llegado  á  sus  mujeres  y  hijas  ni  he- 
cho otros  agravios,  porque  su  principal  intento  no  era  más  de 
salvar  sus  almas;  que  no  había  otro  Dios,  más  de  tan  solamen- 
te el  que  los  cristianos  adoraban,  Trino  y  uno.  Eterno,  sin  fin, 
criador  y  conservador  de  todas  las  cosas,  que  rige  y  gobierna 
los  cielos  y  la  tierra;  y  otras  muchas  razones,  persuadiéndoles 
á  nuestra  santa  fe  católica,  y  abominando  su  idolatría  y  erro- 
res: con  que  se  aseguraron  un  poco,  y  por  buenas  razones  Mo- 
tecuhzoma vino  á  dar  su  palabra,  que  no  se  sacrificarían  hom- 


382  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

bres  mientras  Cortés  estuviese  en  su  ciudad;  y  dio  permiso  que 
en  la  capilla  del  templo  mayor  que  tenía  de  subida  ciento  ca- 
torce gradas,  se  pusiesen  entre  los  dos  ídolos  de  Huitzilopoch- 
tu  ^  un  crucifijo,  una  imagen  de  nuestra  Señora  y  una  cruz.  Vein- 
te días  habían  pasado  que  Motecuhzoma  estaba  preso,  cuando 
llegó  Quauhpopocatzin  á  México  con  un  hijo  suyo  y  quince  ca- 
balleros, que  culpaban  en  la  muerte  de  los  cuatro  españoles;  y 
habiéndose  visto  con  Motecuhzoma,  lo  entregó  á  Cortés.  Según 
la  carta  referida  y  las  relaciones  mexicanas,  no  tuvo  culpa,  si- 
no que  por  ciertos  agravios  y  demasías  que  los  cuatro  españo- 
les hicieron,  fueron  muertos  por  los  naturales  de  aquellas  par- 
tes; y  que  Cortés  con  los  suyos  fué  á  la  casa  de  armas  de  Mo- 
tecuhzoma, y  sacó  de  ella  todas  las  que  halló  y  de  los  templos 
hizo  lo  mismo,  y  con  ellas  en  la  plaza  principal  hizo  quemar  á 
Quauhpopocatzin  públicamente  con  su  hijo  y  á  los  quince  ca- 
balleros que  vinieron  con  él  (que  fué  otro  atrevimiento  no 
menor  que  los  pasados);  y  antes  que  esto  hiciese  puso  unos 
grillos  á  Motecuhzoma,  haciéndole  grandes  fieros,  todo  á  fin 
de  espantarle  más;  y  aunque  se  los  quitó  y  prometió  que  le 
quería  soltar,  estaba  ya  tan  medroso  que  no  quiso  irse  á  su  ca- 
sa. Entretanto  Cortés  andaba  inquiriendo  las  particularidades 
necesarias  para  saber  ¿qué  tan  grande,  qué  tan  rico  era  el  es- 
tado y  reino  de  Motecuhzoma,  el  de  su  sobrino  Cacama  y  de 
Totoquihuatzin  de  Tlacopan?  con  todo  lo  que  contenía  él  im- 
perio de  estas  tres  cabezas  ¿qué  minas  había  de  oro  y  plata? 
¿qué  tan  lejos  estaba  el  otro  mar  del  Sur?  ¿y  si  en  el  del  Nor- 
te había  algún  puerto  para  los  navios  de  España,  mejor  y  más 
acomodado  que  el  de  la  Ve  raer  uz?  Todo  esto  preguntaba  á  Mo- 
tecuhzoma, y  de  todo  le  daba  él  cumplida  relación,  porque  na- 
da jamás  le  escondió.  Envió  á  diversas  partes  á  reconocer  y 
calar  los  secretos  de  la  tierra,  la  grandeza  y  fortaleza  de  las 
ciudades;  y  aun  trajeron  muestras  de  oro  y  de  amigos  ^  que  ha- 


1  Aquí  falta:  y  de  Tlaloc 

2  Supongo  yo  que  el  autor  escribió:  minas. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  383 

liaban  en  ellas:  entre  los  que  así  despachó  según  las  relaciones 
á  la  ciudad  de  Tetzcuco,  fueron  algunos  á  ella*  con  dos  her- 
manos del  rey  Cacama  llamados  el  uno  Nezahualquentzin  y  el 
otro  Tetlahuehuetzquititzin,  que  estaban  con  mucha  gente  en 
servicio  de  Cortés  y  de  los  suyos  (todos  naturales  de  la  ciudad 
de  Tetzcuco),  para  que  la  viesen  y  considerasen  la  potencia, 
fuerzas  y  grandeza  de  ella,  y  asimismo  se  cogiesen  el  oro  que 
se  guardaba  en  los  tesoros  del  rey  de  Tetzcuco;  y  llegando  es- 
tos dos  infantes  á  las  casas  de  Nezahualcoyotzin  su  abuelo,  que 
estaban  en  la  ciudad  de  México,  para  desde  allí  embarcarse 
con  los  españoles  en  unas  canoas  grandes,  llegó  un  mensajero 
de  Motecuhzoma  y  apartando  á  Nezahualquentzin,  le  dijo:  que 
el  rey  su  tío  le  rogaba  mucho,  que  los  españoles  que  iban  en 
su  compañía  á  Tetzcuco,  fuesen  bien  tratados  y  con  brevedad 
despachados,  y  que  procurasen  darles  todo  el  más  oro  que  pu- 
diesen, pues  veían  en  la  aflicción  en  que  quedaba:  y  enten- 
diendo los  españoles  que  lo  que  el  mensajero  de  Motecuhzoma 
le  había  dicho  á  Nezahualquentzin,  era  algún  trato  doble,  llegó 
uno  de  ellos  á  él  dándole  de  palos,  y  lo  llevó  preso  ante  el  ca- 
pitán Corté.^í,  el  cual  lo  hizo  ahorcar  luego;  de  que  se  sintió 
muy  agraviado  el  rey  Cacama,  y  en  su  lugar  despachó  á  otro 
de  sus  hermanos  llamado  Tepaxochitzin  para  que  fuese  jun- 
tamente con  Tetlahuehuetzquititzin  con  los  españoles;  los  cua- 
les después  de  haber  tanteado  la  ciudad  y  comunicado  con  Ix- 
tlilxochitl,  recogieron  todo  el  oro  del  tesoro  de  Nezahualcoyo- 
tzin, y  una  arca  muy  grande  de  dos  brazas  en  largo,  una  en 
ancho  y  un  estado  en  alto,  la  hincheron  hasta  arriba  en  oro;  y 
no  contentos  los  españoles,  (que  por  todos  eran  veinte),  man- 
daron á  Tetlahuehuelzquititzin  y  á  los  demás  señores  de  la 
ciudad,  que  juntasen  más  oro,  porque  el  que  habían  sacado 
del  tesoro  del  rey  era  poco;  y  así  cada  uno  de  aquellos  seño- 
res sacó  de  sus  tesoros  cierta  cantidad  de  oro,  con  que  torna- 
ron á  henchir  otra  tanta  cantidad  de  oro  como  la  primera,  y 
lo  llevaron  á  Cortés,  el  que  se  admiró  de  ver  la  gran  suma  de 
riquezas,  y  mucho  más  cuando  le  contaron  la  grandeza  yfor- 


384  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

taleza  de  la  ciudad  de  Tetzcuco,  y  el  mucho  poder  que  tenía, 
aunque  por  otra  parte  se  holgaba  mucho  tener  en  ella  por 
amigo  á  Ixtlilxochitl,  que  era  la  persona  más  temida  y  respe- 
tada en  todo  aquel  reino;  y  dio  traza  de  prender  y  haber  á  las 
manos  al  rey  Cacama,  y  aunque  estaba  dentro  de  la  ciudad  de 
México  no  se  atrevió,  lo  uno,  porque  era  belicosísimo,  hombre 
animoso  y  sin  temor,  y  que  le  parecía  desdeñar  y  tener  por 
afrenta  la  prisión  de  su  tío  Motecuhzoma:  y  conociendo  Caca- 
ma que  las  demasías  y  atrevimientos  de  Cortés  y  de  los  suyos 
cada  día  iban  en  aumento,  reprendió  ásperamente  á  la  noble- 
za mexicana,  porque  consentía  hacer  semejantes  desacatos  á 
cuatro  extranjeros,  y  que  no  los  mataban:  se  excusaban  con 
decirle  les  iban  á  la  mano,  y  no  les  consentían  tomar  las  ar- 
mas para  libertarle  y  tomar  sobre  sí  uoa  tan  gran  deshonra, 
como  era  la  que  los  extranjeros  les  habían  hecho  en  prender 
á  su  señor  y  quemar  á  Quauhpopocatzin,  los  demás  sus  hijos 
y  deudos  sin  culpa,  con  las  armas  y  munición  que  tenían  para 
la  defensa  y  guarda  de  la  ciudad;  y  de  su  autoridad  tomar  pa- 
ra sí  los  tesoros  del  rey  y  de  los  dioses,  y  otras  libertades  y 
desvergüenzas  que  cada  día  pasaban;  y  aunque  todo  esto  veían 
lo  disimulaban  por  no  enojar  á  Motecuhzoma,  que  tan  amigo 
y  casado  estaba  con  ellos.  Visto  por  el  rey  Cacama  el  poco 
ánimo  y  determinación  de  los  mexicanos,  se  salió  de  la  ciudad 
y  se  fué  á  la  de  Tetzcuco  para  juntar  sus  gentes,  y  con  ellas 
libertar  á  su  tío  y  nobleza  mexicana  de  la  servidumbre  y  afren- 
ta en  que  vivían,  y  vengar  la  muerte  injusta  de  su  hermano 
Nezahualquentzin  y  la  de  Quauhpopocatzin,  y  de  los  otros  ca- 
balleros sus  amigos  y  deudos.  Llegado  que  fué  á  la  ciudad  de 
Tetzcuco,  Cohuanacochtzin  y  Ixtlilxochitl,  que  tenían  el  go- 
bierno de  ella  y  de  todo  el  reino,  recibieron  á  su  hermano;  y 
habiendo  tratado  de  lo  que  se  debía  hacer  en  razón  del  ejérci- 
to que  quería  juntar  para  ir  con  él  á  la  ciudad  de  México,  Ix- 
tlilxochitl le  dijo  que  convenía  tratarlo  y  hacer  consejo  de  gue- 
rra en  los  palacios  del  bosque  de  Tepetzinco,  que  está  metido 
en  la  laguna,  porque  desde  allí  podían  bloquear  la  ciudad  de 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  385 

México,  y  considerar  por  dónde  podían  entrar  los  del  ejército 
con  más  comodidad,  sin  ser  sentidos  de  los  españoles;  y  que 
así  toda  la  gente  que  había  juntado  para  este  consejo  y  deter- 
minación, que  estaban  en  el  cercado  y  palacios  de  Oztoticpac, 
que  se  fuesen  por  tierra  á  Tepetzinco,  (que  eran  más  de  cien 
mil  personas),  que  el  rey  con  él  y  con  Coanacochtzin  su  her- 
mano se  fuesen  en  una  canoa  grande.  Gacama  (que  estaba 
muy  seguro  de  lo  que  después  le  sucedió),  se  puso  en  manos 
de  Ixtlilxochitl  y  Cohuanacochtzin  sus  hermanos;  y  habiéndo- 
se embarcado  en  la  canoa  fué  preso  llevado  á  México  y  entre- 
gado á  Cortés,  con  cuya  hazaña  se  atajaron  muy  grandes  in- 
convenientes y  estorbos  á  los  designios  de  Cortés  y  prosecución 
de  la  entrada  de  nuestra  santa  fe  católica;  porque  el  rey  Gaca- 
ma era  esforzado,  atrevido  y  de  muy  gran  valor;  y  Cortés  y  su 
tío  Motecuhzoma  no  fueran  bastantes  para  atajarle  sus  pasos 
y  designios,  si  no  fuera  por  la  amistad  que  Ixtlilxochitl  siempre 
tuvo  á  Cortés  y  á  los  españoles. 


Tomo  11-26 


CAPITULO  LXXXVII 


Que  trata  de  cómo  el  rey  Motecuhzoma  y  loe  demái  eetioree  del  imperio  dieron  la  o6e- 
dieneia  al  rey  de  OasHUa,  y  lo  mát  que  tueedit  d  Obrtie  f^aeta  prender  d  ^ái^Uo  de 
Narvaez  que  venia  contra  él. 


Teniendo  Cortés  presos  en  su  poder  á  los  dos  reyes  tío  y 
sobrino,  Motecuhzoma  y  Cacama,  les  dgo  que  juntasen  á  to- 
dos los  señores  del  imperio  para  tratar  con  ellos  de  su  venida, 
y  dar  principio  á  la  conversión  y  fundación  de  nuestra  santa 
fe  católica,  para  lo  cual  hicieron  un  llamamiento  general  de 
todos  los  grandes  y  señores  del  imperio;  y  cuando  todos  fueron 
venidos  los  juntaron  en  una  sala  grande,  puestos  por  su  orden 
en  sus  tronos  y  asientos,  Motecuhzoma  enmedio,  y  á  los  lados 
el  rey  Cacama  y  Totoquihuatzin  el  rey  de  Tlacopan  su  suegro, 
(que  para  el  efecto  aunque  con  guardias  les  dio  lugar  Cortés 
para  tratar  de  este  negocio);  y  tomando  la  mano  ^  Motecuhzoma 
comenzó  una  larga  plática,  y  entre  muchas  razones  que  trfiúo 
para  fundar  y  sustentar  su  determinación,  vino  á  decir  que 
daba  muchas  gracias  á  Dios  por  haberle  hecho  tanta  merced, 
que  haya  alcanzado  á  ver  á  los  cristianos,  y  tener  noticia  de 
aquel  gran  rey  que  sus  pasados  de  años  muy  atrás  deseaban 
que  viniese,  y  que  no  podía  creer  que  fuese  otro,  sino  este  que 
había  enviado  á  aquellos  españoles  que  estaban  en  su  corte;  y 

l  Ks  decir,  empezando. 


388  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

que  si  estaba  determinado  de  lo  alto  que  tuviese  fin  el  impe- 
rio de  las  tres  cabezas,  culhuas,  aculhuas  y  tepanecas,  no  que- 
ría resistir  la  voluntad  de  Dios,  sino  de  muy  buena  gana  y  con 
gran  voluntad  dar  la  obediencia  al  rey  de  Castilla,  y  tenerle 
por  su  cabeza  y  supremo  señor,  bajo  de  cuyo  amparo  y  pro- 
tección quería  vivir  y  reconocerle  por  tal,  y  que  les  rogaba 
muy  encarecidamente  á  ellos  que  hiciesen  lo  mismo,  porque 
entendía  que  á  todos  les  cumplía  hacerlo  así.  Motecuhzoma 
dijo  otras  razones  con  tantas  lágrimas  y  suspiros,  que  á  todos 
los  suyos  hizo  enternecer,  y  lo  mismo  á  Cortés  y  á  todos  los 
que  con  él  estaban:  después  que  hubieron  llorado  y  estado 
suspensos  un  gran  rato,  hizo  Motecuhzoma  un  solemne  ju- 
ramento dando  la  obediencia  al  rey  D.  Carlos  nuestro  se- 
ñor (de  gloriosa  memoria),  y  tras  de  él  Cacama  su  sobrino, 
Totoquihuatzin  rey  de  Tlacopan,  y  con  ellos  todos  los  gran- 
des y  señores  del  imperio  que  allí  estaban,  prometiendo  de 
serles  buenos  y  leales  vasallos;  y  luego  en  confirmación  y 
seguridad  de  esto  le  entregaron  á  Cortés  ciertos  infantes  y  in- 
fantas, hijos  y  hermanos  de  estos  tres  señores,  con  cantidad  de 
dones  y  presentes  de  oro,  pedrería,  plumería,  mantas  y  otras 
riquezas  para  el  rey  su  nuevo  señor,  y  lo  mismo  hicieron  por 
su  orden  todos  los  demás  grandes  y  señores  referidos.  Cacama 
y  con  él  sus  dos  hermanos  Cohuanacochtzin  y  Ixtlilxochitl,  se- 
gún las  relaciones  y  pinturas  de  Tetzcuco,  dieron  en  rehenes  á 
cuatro  hermanos  suyos  y  otras  tantas  hermanas,  que  los  va- 
rones fueron  los  infantes  Tecocoltzin,  Tecpacxochitzin,  Huix- 
cacamatzin  y  Tenancacaltzin.  Cortés  los  consoló  mucho,  pro- 
metiéndoles que  siempre  serían  bien  tratados,  y  tan  señores 
de  todo  el  imperio  y  de  lo  que  era  suyo  como  antes;  y  comen- 
zó á  dar  orden  de  la  conversión  de  los  naturales,  diciéndoles, 
que  pues  eran  vasallos  del  rey  de  España,  que  se  tornasen  en 
cristianos  como  él  lo  era;  y  así  se  comenzaron  á  bautizar  algu- 
nos, aunque  fueron  muy  pocos:  y  Motecuhzoma  aunque  pidió 
el  bautismo,  y  sabía  algunas  de  las  oraciones  como  era  el  ave 
María  y  el  credo,  se  dilató  para  la  Pascua  siguiente  que  era  la 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  389 

de  Resurrección,  y  fué  tan  desdichado  que  nunca  alcanzó  tanto 
bien,  y  los  nuestros  con  la  dilación  y  aprieto  en  que  se  vieron, 
se  descuidaron,  de  que  pesó  á  todos  mucho  muriese  sin  bau- 
tismo. ^  Estando  Cortés  en  esta  prosperidad,  y  cuando  sus  co- 
sas iban  en  tanto  aumento,  llegó  al  puerto  de  Veracruz  Panfilo 
de  Narvaez  con  diez  navios  y  novecientos  españoles,  con  mu- 
chos caballos,  artillería  y  todo  recaudo,  con  intento  deprender 
ó  matar  á  Cortés;  y  venía  en  nombre  de  Diego  Velázquez,  go- 
bernador de  Cuba,  que  lo  mandó  por  decir  que  le  usurpaba  su 
jurisdicción,  y  que  siendo  su  subdito  se  había  salido  de  su  obe- 
diencia, haciéndose  cabeza  por  sí  en  tierra  firme,  y  poblando 
en  ella  con  título  de  capitán  general  y  justicia  mayor;  aun- 
que procuraron  los  frailes  y  todos  los  oidores  de  la  audiencia 
de  Santo  Domingo  estorbar  este  viaje  que  enviaba  Diego  Ve- 
lázquez, y  para  sólo  requerirle  que  no  enviase  á  Narvaez,  fué 
despachado  á  Cuba  el  Lie.  Figueroa,  oidor,  de  parte  de  los  go- 
bernadores y  del  rey,  protestando  contra  él  de  quejarse  con 
su  majestad  del  estorbo  grande  que  se  hacía  en  la  conversión 
y  conquista  de  aquestas  tierras;  lo  cual  no  pudieron  estorbar. 
No  hubo  bien  llegado  esta  flota  á  la  Veracruz,  cuando  luego 
tuvo  Motecuhzoma  el  aviso  de  ella,  de  que  dio  luego  parte  á 
Cortés,  y  le  dijo  que  aparejase  luego  su  partida  porque  ya  otra 
vez  se  lo  tenía  pedido,  y  se  había  excusado  con  decirle  que  no 
tenía  navios  en  que  ir;  y  estando  certificado  Cortés  de  lo  que 
pasaba,  sintió  mucho  este  negocio,  y  prometiendo  remediario 
con  palabras,  escribió  á  Panfilo  de  Narvaez  rogándole  mucho 
no  le  estorbase  la  conversión  de  estas  gentes,  y  que  se  juntase 
con  él,  que  con  poco  trabajo  los  dos  podían  hacer  á  Dios  y  á 
su  rey  notable  servicio:  á  lo  cual  Narvaez  no  quiso  dar  oídos, 
porque  con  facilidad  entendió  que  pudiese  prender  á  Cortés, 
echando  fama  entre  los  naturales  que  era  fugitivo,  ladrón  y 
traidor  á  su  rey,  que  él  no  venía  más  que  á  cortarle  la  cabeza 


1  Ko  está  probado  que  Motecuhzoma  se  sujetase  al  rey  de  España,  ni  que 
pidiera  el  bautismo. 


390  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

y  poner  en  libertad  á  Motecuhzoma,  porque  su  señor  el  rey 
estaba  muy  indignado  del  agravio  que  de  Cortés  había  recibi- 
do, enviando  á  congraciarse  con  Motecuhzoma;  por  lo  cual  se 
enojaron  con  él  muchos  de  los  que  iban  en  su  compañía,  y  el 
oidor  Ayllon  le  puso  pena  de  muerte  de  parte  del  rey  que  no 
tratase  el  negocio  tan  pesadamente,  porque  de  ello  se  ofendían 
Dios  y  el  rey  muy  mucho,  pues  impedía  el  bautismo  y  conversión 
de  aquellas  gentes:  por  cuya  causa  le  prendió  y  envió  á  Diego 
Velázquez;  pero  él  se  soltó  y  vino  á  Santo  Domingo.  Pasó  á  tan- 
to el  atrevimiento  de  Narvaez,  que  hizo  proceso  en  forma  con- 
tra Cortés;  y  por  su  sentencia  le  condenó  á  muerte,  y  publicó 
guerra  contra  él,  de  lo  cual  se  reían  los  de  la  Veracruz,  y  aun 
los  mismos  que  traía  consigo:  trató  Cortés  con  todo  esto  de 
aplacarle  con  buenas  razones,  escribióle  muchas  veces  requi- 
riéndole  con  la  paz;  y  cuando  vido  que  no  aprovechaban  sus 
cartas,  determinó  irse  á  ver  con  él,  y  habiendo  dado  parte  á 
los  suyos  de  lo  que  tenía  pensado,  habló  á  Motecuhzoma,  y  le 
dijo  se  quería  ir  á  la  Veracruz  solamente  á  mandar  á  los  que 
venían  en  la  flota,  que  no  hiciesen  ningún  daño  en  las  tierras 
del  reino  de  México,  y  que  no  se  partiesen  sin  él,  porque  ya 
no  tenía  que  hacer  sino  aparejar  su  partida,  rogándole  que  se 
estuviese  allí  con  sus  españoles  porque  no  recibiesen  algún 
daño  de  los  suyos,  que  luego  daría  la  vuelta,  y  que  le  diese  al- 
guna gente  para  que  fuese  con  él;  proveyéndole  así  Motecuh- 
zoma, y  lo  mismo  Cacama  y  Totoquihuatzin,  dando  la  gente 
que  fué  necesaria  para  el  efecto;  y  le  dijeron  que  tuviese  por 
bien,  que  ellos  querían  celebrar  una  fiesta  muy  solemne  lla- 
mada tochcatl  ^  que  cada  año  la  celebraban,  y  que  sería  sin  sa- 
crificio de  hombres  pues  ya  se  los  tenía  vedado.  Cortés  les  di- 
jo que  se  holgasen  como  á  ellos  les  pareciese,  y  que  en  su  lugar 
dejaba  al  capitán  Pedro  de  Alvarado  con  ciento  y  cincuenta 
de  los  suyos;  y  con  otros  doscientos  y  cincuenta  y  los  amigos 
salió  de  México  para  la  Veracruz;  y  en  el  camino  supo  que 

1  Toxcatl. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  391 

Narvaez  estaba  en  Cempoalan,  y  dióse  tan  buena  maña,  que  lle- 
gó allá  antes  que  Narvaez  lo  sintiese,  y  con  pérdida  de  solos 
dos  soldados  de  los  suyos  le  prendió,  y  le  hizo  llevar  á  muy 
buen  recaudo  á  la  Veracruz;  y  luego  todos  los  que  con  Narvaez 
habían  venido,  pasáronse  sin  mucha  dificultad,  porque  los  más 
de  ellos  le  seguían  de  mala  gana. 


CAPITULO  LXXXVIII 

(í^etraUtdelamueHedetcLtíraáaqueeleapUán  Pedro  de  Alvarado y  lotsuyotdie' 
ron  d  loe  eeñoree  y  nobleta  mexicana,  por  cuya  canea  ee  revelaron  loe  mexicanoe,  y 
pueieron  en  aprieto  á  loe  nueeíroe  7%aeta  haeerloe  ealir  Jutyendo  de  la  ciudad  de 
México,  y  de  la  muerte  del  gran  Motecuhzoma,  de  la  de  Cktoamayoíroe  eeñoree. 


Estando  Cortés  en  el  puerto  de  la  Veracruz  á  lo  de  Narvaez, 
ofrecióse  la  fiesta  tan  celebrada  de  los  mexicanos  llamada  Tox- 
catl,  que  caía  siempre  por  Pascua  de  Resurrección;^  y  como  Cor- 
tés les  había  vedado  el  sacrificio  de  los  hombres,  tan  solamen- 
te se  hizo  un  solemne  mitote  y  danza  en  el  patio  del  templo 
mayor,  en  donde  se  juntaron  todos  los  de  la  nobleza  mexica- 
na, cargados  y  adornados  con  todas  las  joyas  de  oro,  pedrería 
y  otras  riquezas  que  tenían;  y  estando  en  lo  mejor  de  su  fies- 
ta y  muy  descuidados  de  la  celada  que  se  les  aparejaba,  y  fué 
que  ciertos  tlaxcaltecas  (según  las  historias  de  la  ciudad  de 
Tetzcuco,  que  son  las  que  yo  sigo,  y  la  carta  que  otras  veces 
he  referido),  por  envidia,  lo  uno  acordándose  que  en  semejante 
fiesta  los  mexicanos  solían  sacrificar  gran  suma  de  cautivos  de 
los  de  la  nación  tlaxcalteca,  y  lo  otro  que  era  la  mejor  ocasión 
que  ellos  podían  tener  para  poder  henchir  las  manos  de  des- 
pojos y  hartar  su  codicia  y  vengarse  de  sus  enemigos,  (porque 
hasta  entonces  no  habían  tenido  lugar,  ni  Cortés  se  los  diera, 
ni  admitiera  sus  dichos,  porque  siempre  hacía  las  cosas  con 

1  Cafa  esta  fiesta  á  20  de  Maya. 


394  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

mucho  acuerdo,  y  de  tal  modo  que  en  ellas  no  se  hallase  per- 
didoso, sino  antes  con  aumento  y  prósperos  sucesos),  fueron 
con  esta  invención  al  capitán  Pedro  de  Alvarado,  que  estaba 
en  lugar  de  Cortés,  el  cual  no  fué  menester  mucho  para  darles 
crédito,  porque  tan  buenos  filos  y  pensamientos  tenia  como 
ellos,  y  más  viendo  que  allí  en  aquella  fiesta  habían  acudido 
todos  los  señores  y  cabezas  del  imperio,  y  que  muertos  no  te- 
nían mucho  trabajo  en  sojuzgarlos;  y  así  dejando  algunos  de 
sus  compañeros  en  guarda  de  Motecuhzoma  y  de  su  sobrino 
Cacama,  con  el  mayor  secreto  y  disimulación  que  pudo  se  fué 
hacia  la  plaza  ó  patio  del  templo  mayor,  y  cogiendo  las  puer- 
tas de  él  con  algunos  de  sus  compañeros  y  los  tlaxcaltecas,  en- 
tró con  todos  los  demás  con  grande  ímpetu,  haciendo  gran 
matanza  y  carnicería  en  los  desdichados  mexicanos,  que  como 
se  hallaban  seguros  de  semejante  caso,  estaban  desapercibi- 
dos y  sin  armas;  y  así  en  breve  espacio  mataron  todos  los  más 
que  allí  hallaron,  y  cargaron  ellos  y  los  tlaxcaltecas  de  muy 
grandes  despojos  y  riquezas;  y  al  ruido  y  voz  acudieron  todos 
los  de  la  ciudad  á  favorecer  á  sus  señores,  de  tal  manera,  que 
llevaron  á  Alvarado  y  los  demás  sus  compañeros  y  amigos 
hasta  su  posada,  en  donde  estaban  Motecuhzoma  y  Gacama,  y 
si  no  fuera  por  estos  reyes  que  les  mandaron  que  cesara  el 
combate,  los  mataran  á  todos  y  echaran  por  el  suelo  la  casa, 
viendo  la  traición  tan  grande  que  contra  sus  señores  se  habla 
hecho,  y  también  porque  la  noche  los  departió  luego;  aunque 
no  por  esto  dejaron  de  darles  lo  necesario  para  su  sustento, 
viendo  que  sus  reyes  gustaban  de  ello,  y  se  los  mandaban.  Cor- 
tés volviendo  victorioso  y  muy  bien  acompañado,  porque  traía 
consigo  mil  hombres  de  guerra  y  cien  caballos,  supo  en  el  ca- 
mino cómo  los  de  México  se  habían  alzado  contra  los  que  allí 
dejó,  y  que  si  no  fuera  por  Motecuhzoma  los  hubieran  muer- 
to, con  cuyas  nuevas  vino  á  grandes  jornadas  hasta  llegar  á  la 
ciudad  de  Tetzcuco,  en  donde  se  reformó,  descansó,  fué  rega- 
lado y  avisado  de  todo  lo  que  había  de  su  íntimo  amigo  Ixtlil- 
xochitl,  dándole  cuenta  de  todo,  y  de  cómo  aun  en  la  misma 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL. 


395 


ciudad  de  Tetzcuco  había  algunos  apasionados  de  los  deudos 
y  amigos  de  los  que  mataron  Pedro  de  Alvarado  y  sus  compa- 
ñeros en  México;  y  habiendo  tanteado  el  modo  cómo  habla  de 
entrar,  se  partió  de  Tetzcuco,  y  llegó  á  México  día  de  San  Juan 
en  24  de  de  Junio  de  mil  quinientos  veinte,  y  halló  la  ciudad 
sosegada,  aunque  los  moradores  de  ella  no  lo  salieron  á  reci- 
bir ni  le  hicieron  fiestas.  Motecuhzoma  se  holgó  de  su  llegada 
y  mucho  más  sus  compañeros,  viéndole  volver*  con  tan  buen 
acompañamiento  y  tan  próspero  suceso,  y  cada  uno  de  ellos  le 
contó  los  trabajos  que  había  pasado.  Otro  día  después  de  lle- 
gado reprendió  Cortés  á  uno  de  los  principalas  de  la  ciudad, 
porque  no  se  hacía  el  mercado  como  solían,  que  era  á  su  car- 
go; y  como  fué  con  aspereza,  se  agravió  de  tal  manera,  que  vi- 
no á  revolver  á  casi  toda  la  ciudad,  porque  ya  estaban  los  mo- 
radores de  ella  tan  hartos  de  las  demasías  y  crueldades  que 
contra  ellos  se  habían  usado,  que  fué  menester  poco  para  aca- 
barse de  alzar;  y  así  desde  entonces  se  comenzó  entre  ellos 
una  crudelísima  guerra,  y  en  la  primera  pelea  mataron  los  me- 
xicanos cuatro  españoles;  y  otro  día  adelante  hirieron  muchos, 
y  cada  día  les  daban  cruel  batería,  de  modo  que  no  los  deja- 
ban sosegar  un  momento;  al  septeno  fué  tan  recio  el  combate 
que  dieron  á  la  casa  del  aposento  de  los  españoles,  que  no  tu- 
vo Cortés  otro  remedio,  sino  hacer  al  rey  Motecuhzoma  que 
se  subiese  á  una  torre  alta  y  les  mandase  que  dejasen  las  ar- 
mas, y  él  lo  hizo  de  buena  gana,  rogando  á  sus  vasallos  muy 
ahincadamente  que  dejasen  la  guerra:  estaban  encolerizados  y 
tan  corridos  y  afrentados  de  ver  la  cobardía  de  su  rey  y  cuan 
sujeto  estaba  á  los  españoles,  que  no  le  quisieron  oir,  antes  le 
respondieron  palabras  muy  descompuestas,  afrentándole  su 
cobardía,  y  le  tiraron  muchos  flechazos  y  pedradas;  y  le  acer- 
taron con  una  en  la  cabeza,  que  dentro  de  cuatro  días  murió  de 
la  herida.  ^  Así  acabó  desastradamente  aqueste  poderosísimo 
rey;  que  antes  ni  después  hubo  en  este  nuevo  mundo,  quien 

1  Ya  está  bien  averiguado,  que  Cortés  mandó  matar  á  Motecuhzoma. 


396  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

le  igualase  en  majestad  y  profanidad,  tanto  que  casi  quiso  ha- 
cerse adorar,  y  se  vido  en  la  mayor  prosperidad,  grandeza  y 
riqueza  que  hubo  en  el  mundo.  Era  hombre  de  mediana  esta- 
tura, flaco,  muy  moreno  y  de  pocas  barbas;  más  cauteloso  y 
ardidoso  que  valeroso.  En  las  armas  y  modo  de  su  gobierno 
fué  muy  justicioso:  en  las  cosas  tocantes  á  ser  estimado  y  te- 
mido en  su  dignidad  y  majestad  real,  de  condición  muy  seve- 
ro, aunque  cuerdo  y  gracioso.  Con  la  muerte  de  este  poderosí- 
simo rey,  fué  grandísimo  el  daño  que  á  Cortés  y  á  los  suyos 
se  les  siguió,  porque  se  movieron  los  mexicanos,  y  muerto 
Motecuhzoma  apretaron  mucho  á  los  españoles;  y  no  sintieron 
mucho  su  muerte,  porque  ya  estaban  indignados  contra  él  por 
el  favor  grande  que  hacía  á  los  españoles,  y  por  la  pusilanimi- 
dad con  que  se  dejó  prender  y  tratar  de  ellos.  Hicieron  luego 
jurar  al  rey  Cacama  su  sobrino,  aunque  estaba  preso,  con  in- 
tento de  libertarle,  por  ser  persona  en  quien  concurrían  las 
partes  y  requisitos  para  su  defensa  honra  y  reputación;  mas 
no  pudieron  conseguir  su  intento,  porque  queriendo  ya  los  es- 
pañoles salirse  huyendo  de  la  ciudad  aquella  noche,  antes  le 
dieron  cuarenta  y  siete  puñaladas,  porque  como  era  belicoso 
se  quiso  defender  de  ellos;  y  hizo  tantas  bravezas,  que  con  es- 
tar preso  les  dio  en  que  entender,  y  fué  necesario  todo  lo  re- 
ferido para  poderle  quitar  la  vida:  y  luego  por  su  muerte  que 
fué  muy  sentida  de  los  mexicanos,  eligieron  y  juraron  por  su 
rey  á  Cuitlahuatzin  señor  de  Izlapalapan  y  hermano  de  Mote- 
cuhzoma, que  era  su  principal  caudillo,  y  á  esta  sazón  su  capi- 
tán general.  ^  Cuitlahuatzin  dio  á  los  nuestros  crudelísima  gue- 
rra, y  jamás  les  quiso  conceder  ninguna  tregua;  pasaron  entre 
ellos  y  Cuitlahuatzin  grandísimos  reencuentros  y  peleas,  hasta 
que  Cortés  perdió  la  esperanza  de  poderse  tener  en  México,  y 
determinó  salirse  de  ella;  pero  fué  con  tanto  peligro  y  trabajo 
suyo  y  de  los  suyos,  que  de  toda  la  riqueza  que  tenía  junta, 


1  La  sucesión  del  señorío  correspondía  á  Cuitlahuac;  por  lo  tanto  es  falso 
que  los  mexicas  pretendieran  coronar  á  Cacama. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  397 

no  pudo  sacar  casi  nada;  y  aun  todos  los  que  murieron  de  los 
suyos,  fué  por  ocuparse  alguna  parte  de  las  riquezas  que  tenían 
juntas.  Salióse  Cortés  á  diez  de  Julio  ^  de  mil  quinientos  vein- 
te, de  noche,  por  entender  ser.  acomodado;  mas  los  mexicanos 
le  sintieron  y  salieron  en  su  alcance,  y  le  mataron  cuatrocien- 
tos cincuenta  españoles,  ^  cuatro  mil  indios  amigos  y  cuarenta 
y  seis  caballos,  en  la  parte  que  hoy  llaman  el  salto  de  Alvara- 
do,  y  los  mexicanos  Toltecaacalopan,  que  es  el  nombre  de  la 
acequia,  y  el  barrio  Mazatzintamalco.  En  este  lugar  y  en  otros 
aprietos  en  que  los  nuestros  se  vieron  prosiguiendo  su  retira- 
da, murieron  entre  otros  señores  que  iban  con  Cortés  así  en 
rehenes  como  en  su  favor,  cuatro  señores  mexicanos,  que  los 
dos  eran  hijos  del  rey  Motecuhzoma  y  se  llamaban  Zoacontzin 
Tzoacpopocatzin  Zepactzin  y  Tencuecuenotzin,  y  de  las  cua- 
tro hijas  de  Nezahualpiltzintli  que  se  le  dieron  en  rehenes  mu- 
rieron las  tres,  aunque  la  una  de  ellas  fué  la  más  bien  librada, 
porque  murió  bautizada  y  se  llamó  Doña  Juana,  que  por  ser 
tan  querida  de  Cortés  y  estar  en  días  de  parir  la  hizo  cristia- 
na. Murieron  otros  dos  hijos  del  rey  Nezahualpiltzintli;  y  asi- 
mismo murió  en  esta  demanda  Xiuhtototzin  uno  de  los  grandes 
del  reino  de  Tetzcuco,  señor  de  Teotihuacan,  que  era  capitán 
general  de  la  parcialidad  de  Ixtlilxochitl,  que  en  su  nombre 
había  ido  en  favor  y  ayuda  de  Cortés  y  de  los  suyos. 

1  La  verdadera  fecha  fué  29  de  Junio. 

2  Según  otros  autores,  la  pérdida  fué  mayor. 


CAPITULO  LXXXIX 


Qtt#  traia  de  la  reOrfida  que  hUo  Oortéeconloe  au$f09  á  TlaxecUanendondete  retiró,  y 
lo  qiie  en  eete  tiempo  sucedió. 


Salido  que  fué  Cortés  con  los  suyos  aquella  noche  con  tan 
gran  pérdida,  se  fué  retirando  por  los  altos  de  Tlacopan  que  es 
hacia  el  cerro  Tototepec,  que  llaman  el  día  de  hoy  nuestra  Se- 
ñora de  los  Remedios,  en  donde  milagrosamente  la  reina  de 
los  Angeles  los  favoreció  y  socorrió;  y  según  la  relación  citada 
de  los  tlaxcaltecas,  se  paró  allí  el  capitán  Cortés  triste,  afligido  y 
derramando  muchas  lágrimas,  ^  viendo  por  una  parte  la  muer- 
te de  tantos  compañeros  y  amigos,  que  dejaba  muertos  en  po- 
der de  sus  enemigos,  y  por  otra  el  manifiesto  milagro  que  la 
rema  de  los  Angeles,  su  abogado  el  apóstol  San  Pedro  y  el  de 
los  ejércitos  españoles  Santiago,  habían  hecho  en  haberse  esca- 
pado él  y  los  más  que  iban  en  su  seguimiento;  y  viéndose  cer- 
ca de  sí  á  Aexotecatl  Quetzalpopocatzin  hermano  de  Maxixca- 
tzin,  Chalchiuhtecatl,  Calmecahua  y  otros  caballeros  y  señores 
tlaxcaltecas,  y  á  Tecocoltzin  y  Tocpacxochitzin  con  otros  se- 
ñores que  iban  en  rehenes,  hijos  del  rey  de  Tetzcuco  Nezahual- 
piltzintli  y  de  Motecuhzoma,  dijo  por  lengua  de  Marina:  que  no 

1  La  leyenda  vulgar  refiere  que  Cortés  lloró  al  pie  de  la  huehuete  de  Pope- 
tía,  y  el  Sr.  Orozco  y  Berra  opina  que  fué  en  las  gradas  del  templo  de  Tlaco- 
pan. Si  lloró  Cortés,  lo  cual  no  creo,  me  parecen  lugar  y  tiempD  m^B  á  pro- 
pósito, los  que  supone  Ixtlilzochitl. 


400  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

tuviesen  aquel  llanto  y  tristeza  que  en  él  había  por  falta  de 
ánimo,  pues  no  era;  sino  lo  uno  por  los  muchos  compañeros  y 
amigos  que  dejaba  muertos,  y  lo  otro  por  las  señaladas  mer- 
cedes que  Dios  obraba  con  él  por  intercesión  de  su  madre  ben- 
dita y  de  sus  sagrados  apóstoles;  y  que  él  no  tenía  temor  á  los 
culhuas,  ni  estimaba  en  nada  su  vida,  porque  cuando  á  él  le 
matasen  y  á  todos  los  que  con  él  iban,  no  faltarían  otros  cris- 
tianos que  los  sojuzgasen,  porque  la  ley  evangélica  se  había  de 
plantar  en  esta  tierra,  aunque  más  impedimentos  y  resistencia 
hiciesen;  y  que  les  daba  su  fe  y  palabra  á  todos  los  señores 
que  le  eran  leales  y  amigos,  que  si  salía  con  victoria  y  conquis- 
taba la  tierra,  no  tan  solamente  los  conservaría  en  sus  esta- 
dos y  señoríos,  sino  que  también  en  nombre  del  rey  de  Espa- 
ña su  señor,  se  los  aumentaría  y  los  haría  participantes  de  lo 
que  así  sojuzgase  y  conquistase.  Todos  estos  señores  y  caba- 
lleros le  consolaron  y  le  animaron,  y  fué  á  hacer  noche  en 
Quauhximalpan,  en  donde  tuvo  alguna  refriega  con  los  enemi- 
gos: otro  día  llegó  á  Teocalhueyacan,  habiendo  tenido  por  todo 
el  camino  debates  y  contiendas  con  los  mexicanos:  aquí  repa- 
ró y  estuvo  un  día  con  su  ejército,  en  donde  se  sustentaron 
con  sólo  yervas;  y  luego  prosiguió  su  camino  y  hizo  noche  en 
Tepotzotlan,  en  donde  tuvo  poca  resistencia;  y  descansó  un  día, 
y  otro  día  llegó  á  hacer  noche  en  Aychqualco;  y  áotro  día  lle- 
gó á  Aztaquemecan,  en  donde  tuvo  una  sangrienta  y  peligrosa 
batalla,  y  un  capitán  llamado  Zinacatzin,  famosísimo  natural 
de  Teotihuacan  que  era  del  bando  de  los  mexicanos,  mató  el 
caballo  que  era  de  Martín  de  Gamboa,  y  aquella  noche  se  que- 
daron aquí  y  cenaron  el  caballo.  Otro  día  llegaron  á  aquellos 
llanos  de  la  provincia  de  Otumpan  con  grandísimo  trabajo;  y 
allí  les  salieron  más  de  doscientos  mil  hombres  que  iban  en  su 
seguimiento,  en  donde  tuvieron  una  muy  cruel  batalla,  toman- 
do en  medio  á  Cortés  y  á  los  suyos,  de  tal  manera,  que  no  ha- 
bía por  donde  huir  ni  retirarse.  Cuando  se  vido  Cortés  ya  en 
lo  último  de  la  desesperación,  como  quien  pretendía  morir  con 
algún  consuelo,  apretó  las  piernas  al  caballo,  llamando  á  Dios 


DON  FERNANDO  DE  ALYA  IXTLILXOGHITL.        401 

y  á  San  Pedro  su  abogado;  y  como  un  león  rabioso  peleando, 
rompió  por  todos  los  enemigos  hasta  llegar  al  estandarte  real 
de  México  que  le  tenía  Zihuatcaltzin,  capitán  general  de  aquel 
ejército,  que  llaman  Matlaxopili,  que  era  de  una  red  de  oro;  y 
dándole  de  lanzadas  quedó  muerto  á  sus  pies  y  le  quitó  el  es- 
tandarte, con  cuya  hazaña  todos  los  suyos  desmayaron  y  co- 
menzaron á  huir,  y  los  nuestros  cobraron  nuevo  ánimo  y  ma- 
taron infinitos  de  ellos.  Fué  caso  milagroso,  porque  demás  de 
ir  muy  mal  herido  el  capitán  Cortés  en  la  cabeza,  y  con  un  ca- 
llo de  ella  menos,  todos  los  más  y  los  amigos  estaban  afligidos, 
heridos,  muertos  de  hambre  y  maltratados,  enmedio  de  dos- 
cientos mil  hombres  que  como  tigres  rabiosos  los  iban  despe- 
dazando; mas  fué  tanto  el  valor  y  fe  viva  de  Cortés,  que  así  co- 
mo invocó  á  Dios,  á  su  madre  y  al  apóstol  San  Pedro  su  abo- 
gado, y  sus  compañeros  á  Santiago,  todo  se  allanó  y  rindió, 
(según  común  opinión  de  los  naturales  se  aparecieron  en  su 
favor  y  defensa),  y  cogiendo  el  estandarte  real  de  México  como 
cosa  ganada  en  tan  peligrosa  batalla,  fué  triunfando  con  él  pro- 
siguiendo su  viaje.  Sucedió  esta  batalla  en  la  parte  que  dicen 
Metepec;  y  llegando  á  otra  que  se  dice  Teyocan,  tuvo  otra  re- 
friega, en  donde  murieron  infinitos  de  sus  enemigos,  que  fué  la 
última  que  tuvo  en  esta  retirada;  y  llegó  á  hacer  noche  en  Te- 
malacayocan;  y  luego  otro  día  siguiente  fué  prosiguiendo  su 
viaje  hasta  Hueyotlipan  en  donde  hizo  noche  en  la  parte  que 
j laman  Xaltelolco,  que  es  delante  del  cerro  que  llaman  Quauh- 
tepetl:  dio  las  gracias  á  los  amigos  tlaxcaltecas  y  á  los  demás 
que  se  habían  hallado  en  estas  contiendas  y  retirada,  prome- 
tiéndoles en  nombre  de  su  majestad,  que  demás  de  conservar- 
los en  sus  estados  y  señoríos,  se  los  aumentaría  y  se  les  harían 
muchas  mercedes.  Allí  fué  recibido  de  Zitlalquiauhtzin,  ^  que 
iba  en  nombre  de  la  señoría  con  un  gran  repuesto  de  comida 
y  regalo  para  él  y  para  todos  los  suyos.  Llegado  que  fué  á 
Hueyotlipan,  en  donde  se  le  hizo  el  mismo  regalo  y  durmió, 

1  Citlalpopocatzin. 

Tomo  11—27 


402  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

otro  día  siguiente  le  fué  á  recibir  en  nombre  de  la  señoría  Ma- 
xixcatzin:  en  recompensa  de  su  buena  voluntad,  ofrecimiento 
y  consuelo  que  le  hizo,  le  dio  el  estandarte  real  de  México  que 
estimó  él  mucho,  y  puso  por  una  de  sus  armas.  ^ 

1  Este  relato  ya  en  su  mayor  parte  conforme  con  las  pinturas  del  lienzo  de 
Tlaxcalla;  pero  en  éste  se  pone  la  entrega  del  estandarte  Quetzal teopamitl, 
ya  en  la  ciudad  de  Tlaxcalla,  y  al  joven  Xicotencatl,  á  quien,  según  Muñoz 
Camargo,  había  cedido  el  mando  su  padre,  porque  se  sentía  muy  viejo  é 
imposibilitado. 


CAPITULO  XC 


Que  trata  del  buen  acogimiento  que  tuvo  Cortés  en  Ttaxcálan^  y  todo  lo  que  en  eUa  hi' 
zo  durante  el  tiempo  que  aUl  te  reformó;  muerte  del  rey  CultlahuaJttin^  y  eleeciOn 
de  QuauhíemoCf  de  Coanacochtzin  y  de  Tetlepanquetxaltxin, 


Habiendo  descansado  Cortés  y  los  suyos  en  Hueyotlipan^ 
Maxixcatzin  con  otros  muchos  señores  y  más  de  cincuenta  mil 
hombres  de  los  amigos,  le  apresuraron  la  ida  á  Tlaxcalan,  en 
donde  los  cuatro  señores  principales  con  toda  la  señoría  le  sa- 
lieron á  recibir,  y  llevaron  á  su  ciudad  con  muy  gran  regocijo, 
en  donde  le  curaron  y  regalaron  muy  bien,  según  la  relación 
que  tengo  citada  de  Tlaxcalan  que  es  la  que  yo  sigo;  y  todo  lo 
más  que  he  escrito  y  adelante  escribiré,  es  según  las  relaciones 
y  pinturas  quelescribieron  los  señores  naturales  recién  ganada 
la  tierra,  que  se  hallaron  en  los  lances  acontecidos  en  aquellos 
tiempos;  porque  en  cuanto  á  las  cosas  de  nuestros  españoles, 
y  más  notables  en  aquestos  tiempos,  Francisco  de  Gomara  en 
su  historia  de  las  Indias,  Antonio  de  Herrera  en  su  crónica,  el 
Reverendo  padre  Fr.  Juan  Torquemada  en  su  Monarquía 
Indiana,  y  como  testigo  de  vista  el  invictísimo  D.  Fernanda 
Cortés,  marqués  del  Valle,  en  las  cartas  y  relaciones  que  envió 
á  su  majestad,  todos  tratan  muy  especificadamente,  en  donde 
los  curiosos  lectores  hallarán  á  medida  de  sus  deseos  lo  que 
quisieren.  Prosiguiendo  pues  en  la  traducción  de  las  dichas 
relaciones  y  pinturas,  dice  la  de  Tlaxcalan  que  se  aposentó 


404  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Cortés  con  los  suyos  en  la  casa  de  Xicotencatl,  en  donde  estu- 
vo la  primera  cruz;  y  entre  otras  pláticas  que  tuvo  con  él,  en 
razón  del  buen  suceso  de  la  conquista  de  la  ciudad  de  México 
y  venganza  de  los  agravios  referidos,  le  dijo:  "Señor  seáis  bien 
"venido,  descansad  que  en  vuestra  casa  y  patria  estáis:  á  mí 
"me  habían  dicho  que  desde  Hueyotlipan,  habiéndoos  refor- 
"mado,  queríades  volver  á  México  para  sojuzgar  á  los  culhuas 
"castigándoles  su  rebeldía,  que  á  vos,  á  los  tlaxcaltecas  y  á 
"otros  de  vuestros  amigos  les  han  hecho,  lo  cual  por  mi  voto 
"no  hubiera  sido  buen  acuerdo:  pues  ya  que  venísteis  á  esta 
"ciudad,  os  suplico  descanséis  en  ella  con  los  vuestros,  y  os  re- 
"forméis;  y  soy  de  parecer,  que  ante  todas  cosas  sojuzguéis  á 
"los  de  Tepeyacac,  que  es  una  provincia  grande  y  muy  forta- 
"lecida,  en  donde  tienen  los  mexicanos  la  fuerza  de  sus  ejér- 
"citos  para  daros  por  las  espaldas,  y  hacer  mal  á  vuestros  ami- 
"gos;  y  así  conviene  allanar  primero  á  éstos  y  á  los  demás  que 
"están  en  estos  contornos,  para  que  con  más  seguridad  salgáis 
"con  vuestra  empresa,  que  tanto  importa  á  todos."  A  Cortés 
le  pareció  muy  bien,  y  quedó  determinado  de  poner  por  obra 
el  consejo  de  Xicotencatl.  Mientras  pasaban  las  cosas  referi- 
das en  Tlaxcalan,  fué  en  México  tan  grande  y  tan  general  el 
daño  que  hicieron  las  viruelas  que  pegó  el  negro  de  Narvaez, 
que  perecieron  muchos  millares  de  naturales;  y  entre  ellos  murió 
el  rey  Cuitlahuatzin,  que  había  gobernado  sólo  cuarenta  y  siete 
días,  y  asimismo  murió  Totoquihuatzin  rey  de  Tlacopan.  ^  En 
lugar  de  estos  dos,  los  mexicanos  eligieron  por  su  rey  á  Quauh- 
temoc  de  edad  de  diez  y  ocho  años,  ^  famosísimo  capitán,  cual 
convenía  por  el  tiempo  y  trance  en  que  se  veían  los  mexica- 
nos, que  era  sumo  sacerdote  de  sus  falsos  dioses  y  señor  de 
Tlatelulco;  y  los  de  Tlacopan  eligieron  por  su  rey  al  príncipe 
heredero  Tetlepanquetzaltzin;  y  en  la  ciudad  de  Tetzcuco,  por 
muerte  del  rey  Cacama,  á  Coanacochtzin:  todos  tres  hombres 


1  Totoquihuatdn  ñió  muerto  por  los  españoles  la  Noche  Triste. 

2  Cuauhtemoc  tenía  veinticinco  años  en  el  de  1521. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  405 

de  valor  y  ánimo  y  que  eran  del  apellido  y  bando  mexicano; 
los  cuales  en  sus  juras  y  coronaciones  hicieron  muy  solemnes 
fiestas  y  grandes  sacrificios  á  sus  falsos  dioses  con  los  cautivos 
españoles,  tlaxcaltecas,  huexotzincas,  cholultecas  y  otros  ami- 
gos de  Cortés,  que  fueron  habidos  en  los  combates  y  retirada 
que  hizo.  Estando  en  este  estado  todos  estos  tres  reyes,  entra- 
ron en  acuerdo  y  consejo  de  lo  que  debían  hacer,  para  que  de 
todo  punto  echasen  de  todas  las  tierras  del  imperio  ó  matasen 
á  los  pocos  españoles  que  quedaban  con  su  caudillo  Cortés;  y 
el  mejor  medio  que  para  esto  hallaban,  era  atraer  á  su  devo- 
ción y  amistad  á  todos  aquellos  que  los  favorecían  y  admi- 
tían en  sus  tierras  y  señoríos,  ofreciéndoles  muy  grandes  fran- 
quezas, libertades  y  paz  perpetua  entre  ellos,  porque  no  les 
aconteciese  otra  vez  ver,  que  por  sus  medios  viniesen  gentes 
extranjeras  y  nunca  vistas  ni  conocidas,  á  sojuzgarlos  y  seño- 
rearse de  ellos;  y  asimismo  tratar  de  paces  con  los  reyes  y  se- 
ñores remotos  (con  quienes  los  ejércitos  del  imperio  habían 
tenido  continuas  guerras),  y  estando  de  paz  con  todos,  con  los 
partidos  y  capitulaciones  que  ellos  quisiesen,  aunque  fuese  res- 
tituirles algunas  de  las  tierras  y  lugares  que  les  tuviesen  ga- 
nados, pedirles  socorro  y  ayuda  para  destruir  y  consumir 
nuestra  nación  española:  para  lo  cual  enviaron  sus  embajado- 
res á  tratar  con  ellos  con  grande  instancia  lo  que  así  tenían  de- 
terminado, encareciendo  las  crueldades  y  tiranías  que  decían 
les  hacían  los  cristianos,  usurpándoles  sus  riquezas  y  señoríos; 
y  asimismo  fortaleciendo  la  ciudad  todo  lo  mejor  que  pudie- 
ran. Entre  los  embajadores  que  despacharon,  fueron  seis  á  la 
señoría  de  Tlaxcalan,  personas  de  autoridad  y  respeto,  los  cua* 
les  dieron  su  embajada  con  muy  grande  elocuencia  á  la  seño- 
ría, persuadiéndola  á  que  matasen  ó  echasen  de  sus  tierras  á 
Cortés  y  á  los  suyos,  pues  era  gente  extraña,  que  venía  con 
gran  codicia  de  usurpar  y  quitar  los  señoríos;  y  otras  cosas 
que  á  su  propósito  alegaban,  trayéndoles  á  la  memoria  ser  to- 
dos deudos  y  de  su  linaje,  por  cuya  causa,  dejando  aparte 
pasiones  y  contiendas  pasadas,  tenían  más  obligación  de  fa- 


406  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

vorecer  á  los  suyos,  que  no  á  aquellos  pocos  extranjeros  que 
venían  á  embaucar  la  tierra;  dándoles  la  fe  y  palabra  de  sus  re- 
yes, que  entre  ellos  desde  aquel  tiempo  en  adelante  tendrían 
perpetua  paz  y  concordia  inviolablemente,  y  que  entrarían  en 
parte  de  todas  las  rentas  de  las  provincias  sujetas  por  el  im- 
perio. Tanto  supieron  decir  á  la  señoría  estos  embajadores,  que 
casi  toda  ella  después  de  tratado  y  altercado  muy  bien  el  ne- 
gocio, la  rediyeron  á  su  voluntad  y  deseo,  y  comenzaron  entre 
sí  á  decir  que  tenían  razón  los  culhuas  y  sus  consortes,  y  que- 
dando la  cosa  establecida  de  la  manera  que  sus  reyes  se  obli- 
gaban, les  estaba  más  bien  el  favorecer  y  amparar  su  causa, 
que  no  la  de  los  españoles,  gente  extraña  y  que  aún  no  sabían 
en  que  vendrían  á  parar  sus  designios.  Uno  de  los  cuatro  se- 
ñores que  más  aficionado  se  mostró  á  esta  opinión  fué  Xico- 
tencatl,  que  era  el  más  antiguo  de  los  cuatro  supremos  de  la 
señoría,  trayéndoles  á  la  memoria  de  los  tiempos  atrás,  siendo 
él  mancebo  y  capitán  general,  la  grande  paz  y  concordia  que 
tuvieron  con  los  reyes  de  Tetzcuco  y  México,  como  deudos  y 
parientes  tan  cercanos  que  eran;  que  en  las  primeras  guerras 
que  tuvieron,  asi  en  sojuzgar  al  rey  de  Azcaputzalco  que  tenía 
tiranizado  el  imperio,  como  en  conquistar  algunas  provincias 
remotas,  andando  en  su  favor  siempre  él  y  toda  la  señoría,  la 
hicieron  participante  de  lo  mejor  de  los  despojos  y  entró  en 
parte  de  las  rentas  y  tierras  conquistadas,  y  después  por  dio- 
ses ^  se  vino  á  perder  esta  amistad  y  concordia,  de  donde  na- 
cieron las  pasiones,  enemistades  y  rencores  que  entre  los  unos 
y  los  otros  había;  y  que  así  estableciendo  la  cosa  según  y  de  la 
manera  que  los  embajadores  decían  en  nombre  de  los  señores 
mexicanos,  sin  duda  ninguna  le  estaría  muy  á  cuenta  á  la  se- 
ñoría hacer  lo  que  se  les  pedía.  Maxixcatzin  contradijo  por  to- 
das instancias  lo  que  Xicotencatl  alegaba  y  decía,  favoreciendo 
muy  hincadamente  la  parte  de  Cortés  y  de  los  suyos,  alegando 
para  ello  muchas  causas  y  razones:  y  estando  en  esta  contien- 

1  Creo  que  este  es  emir  del  copista,  y  que  debe  decir:  por  odios. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  407 

da  (que  era  en  la  sala  y  oratorio  de  Xieotencatl  en  donde  es- 
taba la  cruz),  milagrosamente  todos  los  que  estaban  en  ella, 
vieron  entrar  una  nube  que  cubrió  la  cruz,  y  quedó  la  sala 
obscura  y  triste;  con  que  á  Maxizcatzin  viendo  este  milagro,  se 
le  aumentó  el  ánimo  y  brío  con  que  defendía  el  partido  de  los 
cristianos,  de  tal  manera  que  Xieotencatl  el  mozo  (que  susten- 
taba con  muy  gran  coraje  el  parecer  de  su  padre)  y  él  llegaron 
á  las  manos,  y  Maxixcatzin  le  dio  un  reempujón,  que  lo  echó 
de  las  gradas  abajo  que  estaban  á  la  entrada  de  esta  sala.  To- 
dos los  del  consejo  y  junta  viendo  un  milagro  tan  grande  mu- 
daron de  intento,  y  se  volvieron  de  la  parte  y  opinión  de  Ma- 
xixcatzin; con  que  despidieron  á  los  embajadores  mexicanos 
diciéndoles,  que  ellos  habían  de  defender  y  amparar  á  los  cris- 
tianos, y  perder  por  ellos  la  vida  y  la  de  sus  mujeres  y  hijos: 
y  así  que  los  despidieron  salió  aquella  nube,  y  quedó  aquella 
sala  muy  clara  y  alegre  y  la  cruz  muy  resplandeciente;  por  lo 
que  desde  entonces  con  muchas  más  veras  servían,  amparaban 
y  favorecían  á  Cortés  y  á  los  suyos.  Muy  mal  suceso  tuvieron 
estos  embajadores;  aunque  los  que  fueron  ala  provincia  y  rei- 
no de  Michoacan  y  otras  partes  trajeron  muy  buenas  nuevas  á 
los  señores  mexicanos,  ^  pues  todos  les  ofrecían  socorro  y  ayu- 
da contra  Cortés  y  los  suyos,  hasta  matarlos  ó  echarlos  de  to- 
da la  tierra,  y  castigar  á  todos  aquellos  que  fueran  en  su  favor; 
con  cuyas  nuevas  se  holgaron  mucho  y  animaron  á  los  de  su 
bando  y  apellido.  Los  amigos  de  Cortés  protestaron  morir  ó 
vencer  en  la  demanda  por  no  venir  á  manos  de  sus  enemigos, 
que  tratarían  á  los  que  quedasen  con  vida  peor  que  á  esclavos; 
y  que  así  echarían  el  resto  en  favorecer  y  ayudar  á  Cortés.  Es- 
tándose él  curando  en  la  ciudad  de  Tlaxcalan,  cuando  él  día 
menos  pensaba,  todos  los  suyos  fueron  á  él  bien  alterados  y 
con  determinación  de  dejarle;  y  le  hicieron  de  parte  de  su  ma- 


1  El  canzonci  6  rey  de  Michuacan  mandó  matar  á  los  embajadores  de 
Cuauhtemoc,  para  que  fueran  á  1&  mansión  de  los  muertos  á  dar  el  mensaje  á 
su  padre,  que  poco  antes  había  sucumbido  de  Tiruelas. 


408  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

jestad  un  requerimiento,  pidiéndole  que  los  sacase  de  aquella 
tierra:  fué  grandísima  la  pena  que  á  Cortés  le  dio  este  motín; 
pero  él  se  supo  tan  bien  granjearlos  y  persuadirlos  á  que  se  ase- 
gurasen, que  todos  mudaron  de  intento  y  protestaron  morir 
con  él  donde  quiera  que  los  guiase  y  llevase.  Pasados  veinte 
días,  acordó  Cortés  de  ir  sobre  los  de  Tepeyacac,  según  Xico- 
tencatl  se  lo  tenía  aconsejado;  y  así  habiéndose  juntado  más 
de  cuatro  mil  tlaxcaltecas,  huexotzincas  y  cholultecas,  y  por 
caudillo  principal  de  los  tlaxcaltecas  Tianquiztlatoatzin  y  los 
hijos  de  Xicotencatl  y  otros  señores  de  las  cuatro  cabezas,  el 
primer  día  fué  á  hacer  noche  en  Tzompantzinco,  en  donde  pu- 
so en  orden  la  gente  que  llevaba:  se  ocupó  en  esto  im  día,  y 
al  tercero  se  juntó  con  los  enemigos  en  Zacatepec,  en  donde 
tuvo  una  sangrienta  batalla,  y  murieron  muchos  de  los  mexi- 
canos y  tepeacas;  al  cuarto  hizo  noche  en  Acatzinco,  en  donde 
cautivó  á  los  que  se  le  fueron  de  las  manos;  y  al  sexto  día  en- 
tró en  la  ciudad  de  Tepeaca  sin  contradicción  ninguna,  porque 
los  moradores  de  ella  y  sus  valedores  los  mexicanos  la  desam- 
pararon, habiendo  venido  á  sus  manos  y  dado  por  esclavos  á 
muchos  de  ella.  Detúvose  aquí  Cortés  en  allanar  á  toda  esta 
provincia  veinte  días,  derribando  ídolos  que  en  ella  halló,  y 
fundó  una  villa  que  llamó  Segura  de  la  Frontera;  y  luego  dio 
la  vuelta  por  Chololan,  y  de  allí,  después  de  haberse  reforma- 
do, fué  sobre  los  de  Cuauhquecholan  que  luego  se  le  rindieron, 
y  echó  de  sus  términos  á  los  mexicanos;  y  habiendo  astado  un 
día  aquí  reformándose,  fué  sobre  Itzocan,  y  aunque  con  difi- 
cultad los  rindió  y  sujetó,  porque  se  defendieron  ellos  y  los 
mexicanos  que  estaban  en  su  defensa,  y  murieron  muchos  de 
ellos:  detúvose  aquí  veinte  días  dando  orden  en  las  cosas  con- 
venientes á  la  prosecución  de  la  conquista;  posó  en  las  casas  de 
Ahuecatzin  señor  de  aquella  provincia,  desde  donde  dio  la 
vuelta  por  Tepeyacac,  y  los  tlaxcaltecas  se  volvieron  á  su  tie- 
rra; y  habiendo  estado  algunos  días  en  Tepeyacac,  volvióse  á 
Tlaxcalan,  en  donde  halló  á  muchos  de  los  señores  y  caballe- 
ros de  aquella  república  muertos  por  la  enfermedad  de  las  vi- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLITJCOCHITL.  409 

ruelas  que  pegó  el  negro  de  Narvaez,  (que  ya  habían  cundido 
por  toda  la  tierra),  entre  los  cuales  falleció  su  grande  amigo 
Maxixcatzin:  hizo  por  él  grandísimo  sentimiento  y  puso  luto. 
Antes  de  partir  de  la  provincia  de  Tepeyacac,  envió  á  sojuzgar 
las  provincias  de  Zacatlan  y  Xalatzinco  (que  eran  del  bando 
mexicano,  camino  muy  necesario  para  la  Veracrijz,  que  habían 
muerto  algunos  españoles),  despachando  para  el  efecto  veinte 
de  á  caballo,  doscientos  peones  y  muchos  de  los  amigos  de 
Tlaxcalan  y  otras  partes,  que  los  fueron  á  sojuzgar. 


CAPITULO  XCI 


Que  trcUa  del  orden  que  di6  Cbríéapara  ir  sobre  la  eiudad  de  México^  y  el  viaje  que 
hizo  hasta  llegar  á  la  ciudcid  de  Tetzeuco. 


Los  maestros  y  carpinteros  á  esta  sazón  andaban  muy  ocu- 
pados, haciendo  la  tablazón  y  ligazón  necesaria  para  los  ber- 
gantines que  tenía  Cortés  ordenado  hacer  para  la  conquista  de 
la  ciudad  de  México;  y  como  vido  que  tenían  hecho  razonable 
orden,  envió  á  la  Veracruz  por  todo  el  fierro  y  clavazón  que 
hubiese,  velas,  jarcia  y  otras  cosas  necesarias  para  ello;  y  el 
segundo  día  de  Pascua  de  Natividad  del  dicho  año  de  mil  qui- 
nientos veinte,  hizo  alarde,  y  halló  cuarenta  caballos  y  quinien- 
tos cincuenta  peones:  repartió  á  los  de  á  caballo  en  cuatro 
cuadrillas,  y  de  los  peones  hizo  cuatro  capitanías  de  sesenta 
peones  cada  una;  y  porque  no  se  le  enfriasen  los  amigos  y  sus 
compañeros,  echó  fama  de  que  quería  ir  luego  á  cercar  la  ciu- 
dad de  México,  con  determinación  de  no  alzarse  de  ella  hasta 
destruirla;  de  que  se  holgaron  infinito  los  de  Tlaxcalan  y  los 
demás  sus  amigos,  porque  deseaban  mucho  vengarse  de  aque- 
lla ciudad  que  los  tenía  tiranizados.  Hizo  á  los  suyos  una  lar- 
ga plática,  poniéndoles  delante  lo  que  otras  veces  y  rogándoles, 
que  pues  habían  comenzado  á  publicar  la  fe  de  Cristo  nuestro 
Señoreen tre  aquellos  gentiles  idólatras,  no  desmayasen  hasta 
que  de  todo  punto  hubiesen  exthrpado  la  idolatría  y  las  abo- 
minaciones con  que  Dios  era  tan  deservido  en  aquestas  tierras 


412  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

tan  ricas;  porque  demás  del  premio  que  les  daría  en  el  cielo, 
se  les  seguirían  en  este  mundo  grandísima  honra,  riquezas  ines- 
timables y  descanso  para  la  vejez.  Todos  le  mostraron  gran- 
dísima voluntad,  ofreciéndole  las  vidas  y  cuanto  tenían;  y  que 
guardarían  inviolablemente  ciertas  ordenanzas  que  les  consti- 
tuyó convenientes  al  servicio  de  Dios  y  ley  que  profesaban, 
que  eran  todas  cosas  santísimas  y  de  buen  cristiano  capitán. 
Hizo  después  otro  razonamiento  largo  á  la  señoría  de  Tlaxca- 
lan;  y  todos  los  de  ella  y  otros  amigos  que  allí  se  hallaban  le 
ofrecieron  sus  vidas  y  haciendas  para  la  guerra  de  México. 
Antes  que  Cortés  saliera  de  Tepeyacac,  por  ver  si  el  rey  de 
Tetzcuco  (que  á  la  sazón  era  Coanacochlzin)  le  era  amigo,  des- 
pachó á  un  caballero  llamado  Huitzcacamatzin,  natural  de 
aquella  ciudad,  deudo  suyo  de  los  que  fueron  con  Cortés  á  la 
retirada  de  Tlaxcalan,  enviando  á  decir  al  rey  Coanacochtzin 
que  tenía  presupuesto  de  seguir  en  la  guerra  hasta  sojuzgar  á 
los  mexicanos;  y  que  así  le  hacía  saber  su  última  ^determina- 
ción para  que  tuviese  por  bien  de  admitirle  en  su  reino,  sin  dar 
lugar  á  que  hubiese  ningunas  contiendas,  pues  desde  el  prin- 
cipio él  y  los  de  su  reino  se  habían  dado  de  paz  al  rey  D.  Car- 
los su  señor;  y  otras  muchas  razones,  sólo  á  fin  de  traerle  á  su 
amistad,  porque  con  esto  fácilmente  desde  la  ciudad  de  Tetz- 
cuco podía  sitiar  la  de  México  y  tener  las  espaldas  seguras. 
Despachado  que  fué  Huitzcacamatzin,  dio  su  embajada  á  Coa- 
nacochtzin, y  como  era  del  bando  de  los  mexicanos  no  le  qui- 
so oir,  sino  que  antes  lo  mandó  hacer  pedazos;  y  viendo  Cor- 
tés que  se  detenía  Huitzcacamatzin,  despachó  segundo  mensa- 
jero: y  para  que  fuese  creído  y  con  su  autoridad  se  despachase 
con  brevedad,  acordó  de  enviar  á  Tocpacxochitzin  y  por  otro 
nombre  Cuicuitzcatzin  (uno  de  los  cuatro  infantes,  hyo  del  rey 
Nezahualpiltzintli,  que  se  dieron  en  rehenes  á  Cortés),  el  cual 
llegado  que  fué  á  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  dada  su  embiyada  al 
rey  su  hermano,  hizo  con  él  lo  mismo  que  con  el  primer  men- 
sajero Huitzcacamatzin.  Ixtlilxochitl  por  grandes  inconvenien- 
tes que  halló  en  la  ciudad  y  en  lo  más  del  reino  de  Tetzcuco 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  413 

desde  la  rebelión  de  los  mexicanos  y  retirada  de  Cortés,  se  es- 
tuvo en  unas  labranzas  que  tenía  en  términos  de  Tepepulco, 
una  de  las  provincias  que  le  eran  sujetas;  y  cuando  supo  que 
Coanacochtzin  su  hermano  había  muerto  los  dos  mensajeros 
de  Cortés,  y  que  le  impedía  la  entrada  en  su  reino,  se  vino  á 
la  ciudad  de  Tetzcuco,  sólo  á  fin  de  oponerse  y  favorecer  á  Cor- 
tés; y  llegó  á  tiempo  que  ya  estaba  de  partida  y  apercibiéndo- 
se en  Tlaxcalan.  Salió  de  ella  en  nombre  de  Dios,  día  señala- 
do de  los  Inocentes  del  año  de  mil  quinientos  veinte,  con  veinte 
mil  hombres  de  guerra  de  los  amigos;  y  siguiendo  la  relación 
de  Tlaxcalan  que  tengo  citada,  fué  por  el  camino  de  Tetzme- 
locan  que  va  á  salir  á  Tlepehuacan,  con  tan  buen  pie,  que  sin 
acontecerle  ningún  desmán  al  pie  de  la  sierra,  llegó  á  las  ver- 
tientes de  agua;  y  en  la  parte  referida,  Tlepehuacan,  le  salió  á 
recibir  Ixtlilxochitl,  dándole  en  señal  de  paz  y  confirmación  de 
la  amistad  antigua,  un  pendón  de  oro,  dándole  la  bienvenida, 
y  rogándole  se  fuese  á  la  ciudad  de  Tetzcuco,  que  allí  sería 
servido  y  regalado;  que  le  pesaba  mucho  de  sus  trabajos,  de 
los  bandos  y  rebeliones  que  habían  causado  sus  tíos  y  deudos 
los  señores  mexicanos  y  los  que  seguían  su  bando,  y  que  por 
esta  causa  hallaba  que  el  rey  su  hermano  y  los  de  su  corte  tu- 
vieron alguna  culpa,  pero  que  los  perdonase,  que  en  su  nom- 
bre venía  á  disculparlos  y  ofrecérsele  en  su  servicio.  Mucho 
se  holgó  Cortes  de  ver  á  Ixtlilxochitl,  y  recibióle  en  nombre  de 
su  hermano  con  tanto  amor,  que  era  lo  más  que  él  deseaba. 
Aquel  día  hicieron  noche  en  Coatepec,  ^  sujeto  á  la  ciudad  de 
Tetzcuco;  y  otro  día  lunes,  último  de  Diciembre,  fueron  siguien- 
do su  camino  hasta  entrar  en  la  ciudad  de  Tetzcuco,  en  donde 
fueron  aposentados  Cortés  y  los  suyos  por  Ixtlilxochitl,  y  se 
les  dio  todo  lo  necesario;  mas  el  rey  sabiendo  que  Cortés  traía 
queja  de  que  hubiesen  muerto  cuarenta  y  cinco  españoles  y 
trescientos  tlaxcaltecas  por  su  orden,  ^  les  habían  quitado  los 

1  Aquí  falta  la  palabra  pueblo. 

2  Aquí  falta:  y  que. 


414  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

despojos  que  llevaban  de  la  ciudad  de  México,  y  que  podía  re- 
dundarle algún  daño  de  esto  y  de  otras  cosas,  y  porque  siem- 
pre fué  del  bando  de  los  mexicanos,  luego  aquella  tarde  se 
embarcó  con  todos  los  señores  y  caballeros  que  eran  de  su  opi- 
nión: llevando  consigo  sus  haciendas  y  mujeres  se  fueron  á  la 
ciudad  de  México,  desamparando  la  de  Tetzcuco,  con  cuyo 
desmán  los  ciudadanos  se  comenzaron  á  alborotar,  entrándose 
unos  tras  del  rey  por  la  laguna  y  otros  por  la  montaña,  que- 
dándose solo  y  desamparado  Ixtlilxochitl  deteniendo  la  gente 
y  esto  no  se  pudo  hacer,  sin  que  Cortés  y  los  suyos  lo  echasen 
de  ver,  y  así  visto  el  desmán  que  había,  entendiendo  que  había 
algún  trato  doble,  quiso  saquear  la  ciudad  y  castigar  los  que  la 
alborotaban.  Ixtlilxochitl  le  detuvo  y  fué  á  la  mano,  rogándo- 
le que  mirase  y  se  condoliese  de  la  gente  mísera  y  sin  culpa; 
y  por  mucho  que  hizo,  todavía  los  tlaxcaltecas  y  otros  amigos 
que  Cortés  traía,  saquearon  algunas  de  las  casas  principales  de 
la  ciudad, .y  dieron  fuego  alo  más  principal  délos  palacios 
de  rey  Nezahualpiltzintli,  de  tal  manera  que  s^  quemaron  to- 
dos los  archivos  reales  de  toda  la  nueva  España,  que  fué  una  de 
las  mayores  pérdidas  que  tuvo  esta  tierra,  porque  con  esto 
toda  la  memoria  de  sus  antiguallas  y  otras  cosas  que  eran  co- 
mo escrituras  y  recuerdos,  perecieron  desde  este  tiempo:  la 
obra  de  las  casas  era  la  mejor  y  la  más  ártiñciosa  que  hubo  en 
esta  tierra.  ^  Habiéndose  aquietado  la  ciudad  y  despachado  á 
los  tlaxcaltecas  y  huexotzincas  y  otros  amigos  para  sus  tierras, 
en  Tlepehuacan  (que  es  á  la  subida  de  la  sierra),  los  ejércitos 
mexicanos  les  dieron  alcance  y  mataron  á  muchos  de  ellos,  y 
si  no  tuvieran  socorro  de  Cortés,  lo  pasaran  muy  mal;  y  así  el 
socorro  los  puso  hasta  las  vertientes  de  Texmelocan,  desde 
donde  fueron  seguros  á  sus  casas.  Cortés  teniendo  gran  vo- 
luntad á  Tecocoltzin  (que  había  quedado  solo  de  los  cuatro 
infantes  hijos  del  rey  Nezahualpiltzintli  que  se  le  dieron  en  re- 

1  Según  el  lienzo  de  Tlaxcalla,  Cortés  no  entró  de  paz  en  Texcoco;  sino  que 
tuvo  que  tomarla  por  la  ñierza.  Esto  explica  el  incendio  de  los  palacios  y  ar- 
chivos y  el  saqueo  de  la  ciudad. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  415 

henes),  le  nombró  por  señor  de  aquella  ciudad;  y  Ixtlilxochitl 
se  holgó  y  hizo  que  todos  lo  reconociesen  y  respetasen,  pues 
su  hermano  el  rey  había  desamparado  la  ciudad,  y  á  él  no  le 
estaba  á  cuento,  conforme  á  su  reputación  y  honra,  gobernar- 
la estando  vivo  su  hermano,  porque  le  tendrían  por  tirano; 
mas  con  todo,  el  reino  siempre  á  él  le  reconoció  por  cabeza 
principal.  Según  las  relaciones  y  pinturas  de  la  provmcia  de 
Cíhalco  parece,  que  los  señores  y  principales  de  ella,  que  eran 
Omacatzin,  Itzcahuetzin,  Necuametzin,  Quetzalcoatzin,  Zitlal- 
tzin,  Yaoxiuhcatzin  y  otros,  se  juntaron  y  trataron  de  lo  que 
se  debía  hacer  en  razón  de  si  recibían  de  paz  á  Cortés  y  á  los 
suyos,  ó  si  juntarían  sus  gentes  en  favor  de  los  mexicanos,  pa- 
ra lo  cual  enviaron  á  la  ciudad  de  Tetzcuco  por  sus  embajado- 
res á  Zitlaltzin  y  Yaoxiuhcatzin,  á  que  de  su  parte  se  informa- 
sen de  Ixtlilxochitl  de  lo  que  debían  hacer.  Ixtlilxochitl  habien- 
do oído  su  emb^'ada,  les  dijo  que  dijesen  á  los  señores  de  la 
provincia  de  Chalco,  que  de  ninguna  manera  levantasen  armas 
contra  C4ortés  y  sus  compañeros,  porque  sería  muy  gran  men- 
gua y  afrenta  de  su  provincia  si  tal  hiciesen;  sino  que  antes 
procurasen  el  bien  y  favor  de  los  cristianos,  y  que  se  aquieta- 
sen todos  y  de  paz  recibiesen  la  santa  fe  católica.  Vista  por  los 
señores  de  Chalco  la  determinación  de  Ixtlilxochitl,  luego  en- 
viaron otros  mensajeros  á  Cortés,  dándosele  por  sus  amigos. 
Asimismo  se  redujeron  algunos  pueblos  que  habían  estado  de 
la  parte  del  rey  Coanacochtzin,  como  fueron  Otumpan,  Huexu- 
tla,  Coatlichan,  Chimalhuacan  y  Ateneo,  con  que  de  todo  pun- 
to todo  el  reino  de  Tetzcuco  quedó  de  la  parte  de  Ixtlilxochitl 
en  favor  de  Cortés  y  de  los  suyos;  y  eharon  de  sus  tierras  y 
términos  los  ejércitos  mexicanos,  yendo  donde  fué  necesaria 
algunos  españoles  en  su  favor  para  el  efecto,  como  el  capitán 
Gonzalo  de  Sandoval  que  vino  en  favor  de  los  de  la  provincia 
de  Chalco,  hasta  que  de  todo  punto  echaron  de  sus  tierras  y 
términos  á  los  mexicanos.  Estuvo  Cortés  pertrechándose  en  la 
ciudad  de  Tetzcuco  de  todo  lo  necesario  para  sitiar  y  sujetar 
la  ciudad  de  México;  y  hizo  traer  la  tablazón  y  ligazón  que  ha- 


416  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

bía  dejado  en  la  ciudad  de  Tlaxcalan  para  los  bergantines,  sin 
la  que  se  cortó  en  la  ciudad  de  Tetzcuco  para  el  efecto  en  uno  de 
los  bosques  de  los  reyes  de  ella,  que  los  de  la  provincia  de  To- 
lantzinco  plantearon  en  tiempo  de  Nezahualcoyotzin;  con  que 
hubo  bastantísima  madera,  y  se  comenzaron  á  aderezar  y  armar 
los  bergantines:  y  para  poderlos  sentar  en  la  laguna,  por  traza  y 
orden  de  Cortés,  mandó  hacer  Ixllilxochitl  una  zanja  profunda 
que  tenía  más  de  media  legua  de  longitud,  con  la  profundidad 
necesaria,  que  corría  desde  dentro  de  los  jardines  y  palacios 
del  rey  Nezahualcoyotzin  su  abuelo,  hasta  dentro  de  la  laguna; 
y  para  esta  obra  mandó,  que  en  cincuenta  días  que  duró,  tra- 
bajasen un  xiquipil,  que  son  ocho  mil  hombres  cada  día,  y  que 
estos  fuesen  hombres  suficientes  para  la  milicia,  que  fué  un 
tanteo  sólo  por  ver  qué  cantidad  de  gente  podía  poner  en  cam- 
paña de  sólo  la  provincia  de  Tetzcuco,  la  que  se  llama  Acul- 
huacan;  y  halló  doscientos  mil  hombres  por  copia,  de  que  se 
holgó  mucho,  para  las  ocasiones  que  se  habían  de  ofrecer  en 
favor  de  los  cristianos;  y  dio  de  ello  parle  á  Cortés,  que  no 
menos  se  holgó  de  ver  el  gran  poder  que  el  reino  de  Tetzcuco 
tenía,  pues  de  sólo  lo  que  era  de  la  nación  aculhua  se  podían 
poner  doscientos  mil  hombres  en  campaña.  Asimismo  hizo 
juntar  todos  los  bastimentos  que  fueron  necesarios  para  sus- 
tentar el  ejército  y  guarniciones  de  gente  que  andaban  en  fa- 
vor de  Cortés,  y  así  hizo  traer  á  la  ciudad  de  Tetzcuco  el  maíz 
y  frijoles  que  había  en  las  trojes  y  graneros  de  las  provincias 
sujetas  al  reino  de  Tetzcuco;  y  fortaleció  muy  bien  esta  ciudad, 
y  particularmente  las  casas  y  grandes  palacios  de  su  abuelo  el 
rey  Nezahualcoyotzin,  que  era  en  donde  posaban  Cortés  y  los 
suyos,  para  que  si  acaso  los  mexicanos  los  vencían,  viniesen  á 
guarecerse  en  ella.  Por  otra  parte  el  rey  Quauhtemoc,  Coana- 
cochtzin  y  Tetlepanquetzaltzin  sus  aliados,  con  mucha  diligen- 
cia y  cuidado  se  pertrechaban  y  fortalecían  en  su  ciudad,  de 
gente,  vituallas  y  todo  lo  necesario  para  defenderse  de  sus 
enemigos,  y  aun  ofenderlos  si  pudiesen;  y  así  andaban  sus  em- 
bajadores requiriendo  á  todos  los  señores  que  eran  de  suban- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  417 

do  y  los  que  habían  atraído  á  su  voluntad,  que  (como  atrás 
queda  referido)  fué  uno  de  ellos  el  rey  de  Michoacan,  que  era 
poderosísimo  y  su  gente  muy  belicosa;  y  si  Dios  por  su  infini- 
ta misericordia  no  guiara  las  cosas  de  Cortés  por  su  mano,  sin 
duda  que  con  el  favor  y  ayuda  de  este  rey,  no  consiguiera  su 
intento;  mas  hizo  Dios  un  caso  milagroso,  y  fué  que  cuando 
fueron  á  ver  la  primera  vez  los  embajadores  de  estos  reyes  al 
de  Michoacan  Tangajuan,  le  dieron  por  extenso  relación  de  lo 
que  Cortés  y  los  suyos  habían  hecho  con  los  de  Cholula  y  el 
capitán  Pedro  de  Alvarado  con  los  de  México,  tratándolos 
de  crueles  y  tiranos,  que  se  alzaban  con  los  Estados  y  señoríos: 
se  halló  presente  la  hermana  del  rey,  y  oyendo  decir  las  cruel- 
dades que  los  embajadores  significaban  de  Cortés  y  de  los  su- 
yos, y  teniendo  por  cosa  cierta  profetizada  por  sus  mayores, 
que  los  de  esta  nación  habían  de  poseer  y  ser  señores  de  la 
tierra,  desesperadamente  por  no  oírlos  ni  verlos,  se  dejó  mo- 
rir de  hambre;  y  fallecida  que  fué,  como  era  costumbre  en 
aquella  tierra  á  los  reyes  y  grandes  señores  meterlos  en  un  só- 
tano del  templo  mayor,  velarlos  allí  ciertos  días,  y  al  cabo  de 
ellos  quemarles  el  cuerpo  y  guardar  sus  cenizas,  haciendo  con 
ella  la  misma  ceremonia  como  hermana  que  era  del  rey,  al  ca- 
bo de  cuatro  días  que  había  fallecido,  resucitó  y  mandó  á  los 
que  la  velaban  llamasen  al  rey  su  hermano,  que  tenía  nego- 
cios graves  que  comunicar  con  él,  muy  importantes  al  bien  de 
todo  su  reino  y  de  sus  subditos  y  vasallos:  de  que  quedaron  to- 
dos espantados  y  admirados,  y  fueron  á  llamar  al  rey,  al  cual 
venido  que  fué  le  dijo,  que  se  quietase,  no  se  alborotase,  y  con 
toda  atención  le  escuchase  todas  las  cosas  que  de  parte  del 
verdadero  Dios  señor  del  cielo  y  de  la  tierra  le  quería  anun- 
ciar y  revelar;  y  estando  el  rey  su  hermano  atento,  le  dijo,  que 
luego  de  parte  de  Dios  le  mandaba  dejase  las  armas  y  despi- 
diese las  gentes  que  tenía  juntas  en  dos  llanos  que  llaman  de 
Avallos,  para  ir  á  favorecer  á  los  de  México,  porque  de  ningu- 
na manera  convenía  atacase  á  aquellas  nuevas  gentes  que 
venían  á  plantar  la  ley  del  verdadero  Dios,  y  que  antes  procu- 

TOMO  11-28 


418  OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL. 

rase  admitirlos  y  recibirlos  de  paz  en  su  reino,  para  que  asi- 
mismo en  él  se  plantase  esta  ley  y  fuese  conocido  y  adorado 
este  Dios;  y  que  en  testimonio  de  todo  (demás  del  gran  mila- 
gro que  había  usado  con  ella  en  resucitarla  y  darla  otros  quin- 
ce años  de  vida),  el  día  de  la  feria  principal  de  la  ciudad  que 
era  cabeza  de  su  reino,  vería  por  la  región  del  aire  venir  por 
la  parte  del  Oriente  un  mancebo  con  una  luz  en  la  una  mano 
que  excedería  á  la  del  sol,  y  en  la  otra  una  espada  que  era  la 
arma  que  esta  nación  recién  venida  usaba,  y  pasando  por  en- 
cima de  la  ciudad  iría  á  perderse  por  la  de  Occidente;  y  que 
de  ninguna  manera  porfíase  en  ser  contra  esta  nación  que  traía 
por  defensa  y  amparo  una  cruz,  que  todos  los  enemigos  en 
viéndola  se  le  rendían;  y  que  ella  había  visto  el  lugar  donde 
iban  á  parar  todos  los  que  no  conocían  al  verdadero  Dios,  que 
era  de  penas  intolerables  y  eternas,  donde  estaban  todos  sus 
padres  y  abuelos  padeciendo;  y  asimismo  vido  la  gloria  donde 
estaban  gozando  de  la  presencia  de  este  Dios  todos  aquellos 
que  se  salvaban,  mediante  la  fe  y  ley  que  estas  nuevas  gentes 
traían.  El  rey  Tangajuan  quedó  admirado  de  oir  todas  estas 
razones  y  ver  á  su  hermana  resucitada  hasta  la  visión  que  le 
dijo,  y  así  dejó  las  armas  y  no  quiso  socorrer  á  los  mexicanos, 
despidiendo  doscientos  mil  hombres  que  había  juntado  en 
campaña  para  irlos  á  socorrer,  que  los  cien  mil  eran  michoa- 
ques  que  llaman  tarascos,  y  los  otros  cien  mil  eran  los  teo- 
chichimecas,  gente  la  más  belicosa  que  ha  habido  en  esta  nue- 
va España.  Todo  esto  que  aquí  se  ha  escrito  fué  sacado  de  las 
relaciones  y  pinturas  del  reino  de  Michoacan,  y  se  lo  oí  contar 
muchas  veces  á  D.  Constantino  Huitzimengari,  nieto  de  este 
rey,  que  era  cacique  y  señor  de  aquella  provincia. 


CAIPTTJLO  XCII 


Que  trcUa  del  combate  de  Ixtapalapan^  vista  que  dio  Cortee  á  México  y  la  giterra  de 

Acapuehtlan, 


Había  más  de  siete  días  que  los  mexicanos  no  entraban  por 
las  tierras  y  términos  de  Tetzcuco,  ni  los  nuestros  habían  hecho 
alguna  salida  por  estar  ocupados  en  fortalecerse,  y  en  otras 
cosas  necesarias  para  su  defensa  y  ofensa  de  los  enemigos,  y 
al  cabo  de  ellos  salió  Cortés  de  la  ciudad  con  doscientos  espa- 
ñoles y  más  de  cuatro  mil  naturales  de  la  ciudad  de  Tetzcuco, 
algunos  de  Tlaxcalan  y  otras  partes  que  estaban  con  Cortés,  y 
con  ellos  Ixtlilxochitl  acaudillando  los  suyos,  y  fueron  costean- 
do la  laguna  hasta  llegar  á  Iztapalapan,  que  siendo  reconoci- 
dos desde  el  peñol  de  Tepecpolco,  dieron  aviso  á  los  de  Méxi- 
co, y  así  dos  leguas  antes  de  llegar  á  Iztapalapan,  por  agua  y 
por  tierra  comenzaron  á  pelear  con  los  nuestros;  y  en  todas 
aquellas  dos  leguas  fueron  revueltos  peleando  con  los  enemi- 
gos, así  con  los  de  tierra,  como  con  los  que  andaban  en  la  la- 
guna; mas  cuando  llegaron  á  la  ciudad  de  Iztapalapan,  todas 
las  casas  que  estaban  en  tierra  fírme  las  habían  despoblado  y 
pasádose  á  las  de  la  laguna,  y  aunque  se  defendieron  y  pe- 
learon reciamente,  los  hubieron  de  vencer  los  nuestros,  me- 
tiéndolos por  el  agua,  y  les  saquearon  la  mayor  parte  de  las 
casas  que  tenían  en  la  laguna,  y  murieron  de  ellos  más  de  seis 
mil  personas;  y  como  sobrevino  la  noche,  recogió  jCortés  sa: 


420  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

gente  y  puso  fuego  á  algunas  de  las  casas  de  aquella  ciudad, 
hasta  que  se  acordó  que  había  pasado  una  calzada  que  dividía 
las  dos  lagunas,  donde  podían  tener  alguna  celada  en  daño  su- 
yo los  enemigos,  y  así  comenzó  á  marchar  á  toda  prisa,  y  cuan- 
do llegó  á  la  calzada  fué  fuerza  pasarla  á  volapié,  por  lo  que  se 
ahogaron  algunos  de  los  amigos  y  se  perdió  todo  el  despojo, 
porque  los  enemigos  habían  rompido  la  presa  y  echado  el  agua 
por  aquel  paso;  y  cuando  vino  á  amanecer  vieron  innumera- 
bles canoas  cargadas  de  gente  de  guerra  que  habían  venido  á 
cogerles  el  paso,  y  fueron  prosiguiendo  su  camino  hasta  Tetz- 
cuco,  peleando  á  ratos  con  los  que  salían  de  la  laguna;  y  sólo 
un  español  murió  en  esta  refriega.  Llegados  que  fueron  los 
tlaxcaltecas  con  la  tablazón  y  ligazón  de  los  bergantines,  (en 
donde  venían  de  carga  más  de  ocho  mil,  de  guerra  más  de  vein- 
te mil,  y  con  ellos  el  alguacil  mayor  y  capitán  Gonzalo  de 
Sandoval,  doscientos  españoles  de  á  pie  y  diez  y  seis  de  á  ca- 
ballo), mientras  duraba  la  obra  quiso  dar  una  vista  Cortés  ala 
ciudad  de  México  por  su  comarca;  y  así  sin  dar  parte  á  nadie 
de  su  intento,  (por  no  tener  aún  entera  satisfacción  de  la  leal- 
tad de  los  tetzcucanos,  que  se  recelaba  de  ellos  no  diesen  avi- 
so á  los  de  México  de  sus  designios;  y  no  era  de  espantar  que 
tuviese  este  recelo,  porque  sus  enemigos  y  los  de  esta  ciudad 
eran  todos  deudos  y  parientes  muy  cercanos;  mas  después  el 
tiempo  lo  desengañó,  y  vido  la  gran  lealtad  de  Ixtlilxochitl  y 
de  todos),  salió  con  veinticinco  de  á  caballo,  trescientos  cin- 
cuenta de  á  pie,  seis  tiros  pequeños  de  campo  y  treinta  y  dos 
mil  amigos  de  los  tlaxcaltecas  y  tetzcucanos:  iban  por  caudi- 
llos principales,  Chichimecatltecuhtli  de  los  tlaxcaltecas  y  Ix- 
tlilxochitl de  los  aculhuas  tetzcucanos,  y  fueron  á  dormir  por 
los  llanos  entre  Chicuhnauhtlan  y  Xaltocan,  en  donde  tuvieron 
una  refriega  con  un  escuadrón  de  los  enemigos,  que  luego  los 
desbarataron,  y  otro  día  dieron  sobre  Xaltocan,  lugar  fuerte 
que  estaba  sentado  enmedio  de  la  laguna,  y  aunque  era  perte- 
neciente á  Tetzcuco,  era  de  la  parte  de  Coanacochtzin  y  mexi- 
-cinos;  y  por  más  que  se  defendieron  los  de  dentro,  los  echa- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  421 

ron  fuera  y  quemaron  mucha  parte  del  pueblo.  Aquella  noche 
fueron  á  dormir  una  legua  de  allí,  y  otro  día  tomando  muy  de 
mañana  su  viaje,  por  el  camino  les  salieron  con  mucha  grita  los 
enemigos,  con  los  cuales  fueron  escaramuzando  hasta  llegar  á 
Quauhtitlan  que  estaba  despoblado,  donde  hicieron  noche: 
otro  día  siguiente  pasaron  adelante,  llegaron- á  Tenayocan, 
donde  no  se  les  hizo  resistencia  ninguna;  de  aquí  á  Azcaput- 
zaleo  y  de  allí  á  la  ciudad  de  Tlacopan,  que  era  el  puesto  que 
iba  á  ver  Cortés  para  ojear  y  tantear  desde  allí  la  ciudad  de 
México;  y  aunque  hubo  muy  gran  resistencia  de  los  enemigos, 
los  hubieron  de  echar  de  la  ciudad  y  apoderarse  de  ella;  y  co- 
mo era  ya  tarde,  no  hicieron  más  de  aposentarse  en  los  pala- 
cios del  rey  de  Tlacopan,  que  eran  unas  casas  muy  grandes 
en  donde  cupieron  todos  los  del  ejército  de  Cortés  muy  á  pla- 
cer; y  el  día  sígnente  los  amigos  comenzaron  á  saquear  y  á 
quemar  toda  la  ciudad:  estuvieron  allí  seis  días,  y  en  todos 
ellos  tuvieron  muchos  reencuentros  y  escaramuzas  con  los  ene- 
migos, hasta  llegar  cerca  de  la  ciudad  de  México,  en  donde 
procuró  Cortés  ver  si  podía  hablar  con  Quauhtemoc  para  tra- 
tar de  algunos  medios  de  paz;  y  como  no  pudo  tratar  de  cosa, 
vido  y  trató  lo  que  convenía  para  sitiar  la  ciudad  de  México,  y 
acordó  de  volver  á  Tetzcuco  para  dar  prisa  en  ligar  y  acabar 
los  bergantines,  para  por  el  agua  y  por  la  tierra  ponerle  cerco: 
vinieron  á  hacer  noche  en  Quauhtitlan,  otro  día  en  Acolman, 
y  por  todo  el  camino  tuvieron  revueltas  y  escaramuzas  con  los 
enemigos,  que  como  los  vieron  volver,  entendieron  que  de  mie- 
do se  volvían,  en  donde  mataron  á  muchos  de  ellos  y  alancea- 
ron los  de  á  caballo  infínitos.  El  día  siguiente  entraron  á  me- 
diodía en  la  ciudad  de  Tetzcuco,  en  donde  fueron  muy  bien 
recibidos  y  festejados;  y  el  siguiente  se  fueron  los  de  Tlaxca- 
lan  á  su  tierra  cargados  de  despojos.  Los  mexicanos  á  esta 
ocasión,  afligían  mucho  á  los  de  la  provincia  de  Chalco,  por- 
que eran  amigos  de  los  nuestros;  y  así.  Cortés  á  su  pedimento, 
envió  á  Gonzalo  de  Sandoval  con  veinte  de  á  caballo  y  tres- 
cientos peones,  y  llegado  que  fué  halló  la  gente  toda  apercibí- 


422  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

da,  y  en  su  favor  los  de  Huexotzinco  y  Quauhquecholan  que 
lo  estaban  esperando;  y  dada  orden  de  lo  que  se  debía  hacer, 
se  partieron  para  Huaxtepec  donde  estaba  la  gente  de  México 
en  guarnición,  y  de  donde  hacían  daño  á  los  de  la  provincia  de 
Chalco:  pelearon  con  ellos  hasta  ganar  aquel  pueblo  y  otros 
de  la  comarca,  ^omo  fué  Acapuchtlan,  que  ganaron  con  harta 
dificultad,  por  ser  lugar  fuerte;  mataron  y  despeñaron  á  mu- 
chos de  los  enemigos,  de  tal  manera,  que  en  más  de  dos  horas 
no  pudieron  beber  agua  del  río  que  por  allí  pasaba,  por  ir  te- 
ñido en  sangre.  Habiendo  dado  fin  á  esta  jornada,  dejando 
bien  castigados  á  los  enemigos  y  de  paz  aquellas  poblaciones, 
se  volvió  Sandoval  con  toda  la  gente  á  la  ciudad  de  Tetzcuco; 
mas  los  señores  mexicanos  quisieron  castigar  á  los  de  Chalco, 
y  enviando  un  razonable  ejército  sobre  ellos,  les  salieron  al 
encuentro  y  pelearon  tan  esforzadamente,  que  vencieron  y 
echaron  de  toda  la  tierra  á  los  mexicanos,  matando  á  muchos 
de  ellos,  y  cautivaron  más  de  cuarenta  personas  principales 
del  ejército  mexicano;  y  aunque  pidieron  socorro  á  Cortés,  cuan- 
do llegó  Sandoval,  que  iba  al  efecto,  ya  los  chalcas  se  habían 
defendido  como  dicho  es:  allí  estuvo  algunos  días  en  las  fron^ 
teras  de  Chalco,  y  viendo  que  ya  los  mexicanos  no  acometían, 
se  volvió  á  Tetzcuco.  A  esta  sazón  llegaron  nuevas  de  la  Ve- 
racruz,  cómo  habían  llegado  al  puerto  tres  navios  con  mucha 
gente,  caballos  y  armas,  que  luego  los  despacharon;  y  fué  este 
socorro  milagroso  por  la  mucha  necesidad  que  de  todo  tenia 
Cortés,  y  fueles  fácil  porque  ya  todo  el  camino  desde  la  ciudad 
de  Tetzcuco  hasta  el  puerto  estaba  seguro  de  enemigos.  El 
Miércoles  Santo  (que  fué  veintisiete  de  Marzo  del  año  de  mil 
quinientos  veintiuno),  despachó  dos  principales  mexicanos  (de 
los  cuarenta  que  los  de  Chalco  prendieron  en  la  guerra  pasa- 
da) á  la  ciudad  de  México,  (que  estos  se  animaron  á  ello,  por- 
que los  demás  no  osaron  de  temor  que  serían  sacrificados  allá), 
enviando  con  ellos  Cortés  á  requerir  á  los  señores  mexicanos 
se  diesen  de  paz  y  dejasen  la  guerra,  que  él  les  perdonaría  to- 
do lo  pasado:  los  mensajeros  pidiéronle  una  carta  suya  para 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL,  423- 

que  fuesen  creídos  de  los  reyes  Quauhlemoc,  Coanacochtzin  y 
Tetlepanquetzaltzin,  que  él  los  enviaba;  el  cual  se  las  dio  para 
el  efecto  que  se  la  pidieron,  y  nunca  más  volvieron  con  la  res- 
puesta, porque  los  sacrificaron  al  pie  de  la  letra  como  los  otros 
lo  recelaban,  porque  era  ley  entre  ellos  que  el  s.eñor  noble  que 
era  cautivo  no  podía  volverse  á  su  patria,  pena  de  ser  muerto 
ó  sacrificado.  Ixtlilxochitl  procuraba  siempre  traer  á  la  devo- 
ción y  amistad  de  los  cristianos,  no  tan  solamente  á  los  del  rei- 
no de  Tetzcuco,  sino  aun  á  los  de  las  provincias  remotas,  en- 
viándoles  á  decir  que  todos  se  procurasen  dar  de  paz  al  capitán 
Cortés,  y  que  aunque  de  las  guerras  pasadas  algunos  tuviesen 
culpa,  era  tan  afable  y  deseaba  tanto  la  paz,  que  luego  al  pun- 
to los  recibiría  en  su  amistad:  de  los  que  así  se  iban  atrayendo^ 
fueron  á  esta  sazón  los  de  las  provincias  de  Tozapan,  Haxcal- 
tzinco,  Nauhtian  y  otros  de  su  contorno,  los  cuales  habiendo 
visto  á  Ixtlilxochitl,  le  dieron  cantidad  de  mantas  y  otras  co- 
sas de  las  tres  cabezas  de  aquellas  provincias,  quien  hizo  las 
diesen  al  capitán  Cortés,  y  que  se  le  dieran  por  sus  amigos, 
dando  la  obediencia  á  su  majestad,  y  en  señal  de.ella,  cantidad 
de  mantas  de  algodón:  Cortés  lo  agradeció  mucho  y  les  dio  su 
palabra  que  siempre  los  tendría  por  amigos,  con  lo  que  se  vol- 
vieron muy  contentos. 


CAPITULO  XCIII 


Que  trata  de  la  tcffunda  vista  que  dio  Cortés  á  México  en  contorno  de  toda  ella  y  de 
sus  laguncu,  combate  de  los  españoles  en  Tlayacapa  y  gxurra  de  Xoehimileo, 


Tuvo  aviso  Cortés  el  Jueves  Santo  de  los  de  la  provincia  de 
Ghalco,  cómo  los  mexicanos  tenían  junto  un  grueso  ejército 
de  todos  los  pueblos  de  la  laguna  y  de  la  de  Tlalnahuac,  que 
venía  con  intento  de  vengarse  de  ellos  y  asolarlos.  Y  así  jun- 
tando su  gente  se  salió  de  la  ciudad  de  Tetzcuco  el  Viernes  si- 
l^iente  (que  fué  quince  de  Abril  del  dicho  año  de  mil  quinientos 
veintiuno)  con  treinta  de  á  caballo  y  trescientos  de  á  pie,  dejan- 
do á  otros  veinte  de  á  caballo  y  otros  trescientos  peones,  y  por 
capitán  al  alguacil  mayor  del  campo  Gonzalo  de  Sandoval,  y  en 
su  favor  Ixtlilxochitl  con  veinticuatro  mil  hombres  de  los  acul- 
huas  sus  vasallos,  con  dos  intentos,  el  uno  asegurar  la  provin- 
cia de  Chalco  y  echar  de  sus  términos  á  los  mexicanos  que 
les  venían  á  molestar,  pues  eran  amigos  y  defendían  el  bando 
de  los  nuestros,  y  el  otro  correr  las  tierras  de  los  üahuicas  y  de 
los  pueblos  de  la  laguna  que  llaman  chinampanecas,  para  so- 
juzgarlos y  dar  otra  vista  á  la  ciudad  de  México,  para  con  más 
seguridad  dar  principio  á  la  empresa  que  tan  deseada  tenía  de 
ganar  la  ciudad;  con  que  quedaría  de  todo  punto  llano  el  impe- 
rio, pues  dentro  de  ella  estaban  las  cabezas  fortalecidas,  y  des- 
de allí  lo  gobernaban  y  ordenaban  sus  ejércitos  contra  Cortés 
lo  i      suyos,  y  contra  los  del  reino  de  Tetzcuco  y  provincia  de 


426  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Chalco,  que  eran  del  bando  de  Cortés  y  de  nuestros  españoles; 
porque  ya  de  estas  partes  para  allá  de  la  sierra  y  volcán,  des- 
pués que  sojuzgó  á  los  de  Tepeyacac  y  otras  provincias,  y  echó 
de  sus  tierras  y  términos  los  ejércitos  mexicanos,  estaban  quie- 
tas y  favorecían  nuestra  causa;  y  así  saliendo  de  la  ciudad  de 
Tetzcuco  con  el  ejército  referido  con  buena  ordenanza,  llegó  á 
la  ciudad  de  Tlalmanalco,  cabecera  de  toda  la  provincia  de 
Chalco,  en  donde  fueron  muy  bien  recibidos  de  los  dos  señores 
de  ella;  y  habiendo  dado  orden  de  lo  que  se  debía  hacer,  y  ha- 
biéndose juntado  allí  otros  cuatro  mil  hombres  de  guerra  de 
los  de  esta  provincia,  y  otros  amigos  de  Tlaxcalan,  Huexo- 
tzinco,  Quauhquecholan  y  otras  partes,  tomaron  la  vía  de 
la  provincia  de  Totolapan,  que  conñna  con  otra  provincia  de  la 
parte  del  Mediodía,  y  que  en  los  términos  de  ella  estaba  la  ma- 
yor fuerza  de  los  enemigos,  especialmente  en  el  pueblo  de  Tla- 
yacapan,  lugar  fuerte,  en  donde  hay  unos  peñascos  de  ines- 
pugnable  grandeza  y  defensa  para  fortalecerse  y  defenderse  de 

los  enemigos ^  habiendo  pasado  por  unas  sierras  agriasi 

llegaron  una  tarde  al  pueblo  de  Tlayacapan,  y  vieron  cómo  en 
un  peñol  de  este  lugar  muy  alto  y  agrio,  estaba  encima  de  ^  toda 
la  gente  de  mujeres  y  niños  y  otras  personas  que  no  se  podían 
defender,  naturales  de  aquellos  lugares,  y  las  laderas  de  él  lle- 
nas de  gente  de  guerra,  que  así  como  vieron  á  los  nuestros  co- 
menzaron á  defenderse,  tirándoles  con  hondas  muchas  piedras, 
flechas  y  lanzas  arrojadizas;  y  determinándose  Ck>rté8  á  subir  el 
risco,  mandó  á  Cristóbal  Corral,  alférez  de  sesenta  hombres  de 
á  pie,  que  con  su  bandera  acometiese  y  subiese  por  la  parte  más 
agria,  y  que  ciertos  escopeteros  y  ballesteros  le  siguiesen;  y  á  los 
capitanes  Francisco  Verdugo  y  Juan  Rodríguez  Villafuerte,  que 
con  su  gente,  y  con  ellos  otros  ballesteros  y  escopeteros,  subie- 
sen por  otra  parte;  que  los  capitanes  Pedro  Dirsio  y  Andrés 
Monjaraz  acometiesen  por  otra  con  otros  ballesteros  y  escope- 


1  Bn  blanco  en  el  original. 

2  Aquí  falta:  él 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  427 

teros;  y  habiendo  soltado  una  escopeta  que  fué  la  señal  que 
les  dio,  todos  á  un  tiempo  comenzaron  á  subir,  y  en  su  segui- 
miento y  por  los  lados,  Ixtlilxochitl  con  los  suyos  y  los  chai- 
cas;  y  no  se  pudieron  ganar  más  de  dos  vueltas  del  peñol,  lo 
uno  por  ser  muy  agrio,  que  apenas  se  podían  tener  en  él  de 
pies  y  manos,  y  los  contrarios  echaban  lanzas  galgas  de  lo  alto 
que  hacían  grandísimo  daño  á  los  nuestros,  de  tal  manera  que 
mataron  á  dos  españoles  y  hirieron  más  de  veinte,  y  de  los  ami- 
gos fueron  muchos  más  heridos  y  muertos;  y  lo  otro  porque 
venían  muchos  de  los  enemigos  á  socorrer  los  del  peñol,  que 
corrían  los  campos  y  habían  cogido  á  los  nuestros  enmedio, 
que  les  fué  fuerza  bajarse  y  acudir  á  lo  llano,  donde  tuvieron 
una  refriega  con  los  contrarios  hasta  echarlos  de  todo  el  cam- 
po, alanceando  y  matando  en  ellos que en  al- 
cance más  de  hora  y  media  hasta  llegar  á  otro  peñol 

estaba  del  primero  casi  una  legua  con  muchas  gentes ^ 

no  tan  fuerte,  en  donde  cerca  de  él  hicieron  noche,  aunque 
con  harta  necesidad  de  agua;  y  así  como  amaneció  comenzó 
Ck>rtés  á  subir  con  los  suyos  sobre  el  peñol  por  dos  padrastros 
que  tenía,  y  aunque  había  mucha  gente  de  guerra  que  los  de- 
fendían, como  los  vieron  subir,  de  temor  desamparaban  la  su- 
bida, y  los  fueron  á  socorrer  los  que  estaban  arriba;  y  subien- 
do por  los  padrastros  en  su  seguimiento,  matando  ^  á  muchos 
de  los  enemigos,  y  muchos  de  ellos  por  huir  se  despeñaban,  has- 
ta que  reconociendo  su  daño  se  rindieron  y  se  dieron  de  paz. 
Viendo  Cortés  esto,  mandó  que  no  se  les  hiciese  más  daño,  y 
los  recibió  bien,  perdonándoles  lo  hasta  allí  hecho;  y  por  me- 
dio de  ellos  los  del  otro  peñol  se  vinieron  á  dar  y  pedir  per- 
dón. Estuvo  Cortés  con  los  suyos  en  este  lugar  dos  días,  desde 
donde  se  despacharon  á  Tetzcuco  los  heridos,  y  otro  día  si- 
guiente se  partió  para  Huaxtepec  en  donde  fueron  bien  recibi- 
dos y  aposentados  y  regalados  en  una  huerta  y  casas  de  re- 

1  En  blanco  en  el  original,  que  en  osla  parte  está  destruido. 

2  Creo  que  debe  decir:  mataron. 


428  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

creación  que  allí  tenían  los  reyes  de  México;  y  habiéndose 
estado  allí  un  día  el  ejército,  se  partió  para  Quauhtepec,  y  aun- 
que allí  le  habían  aguardado  muchos  de  la  gente  de  guerra  de 
los  enemigos,  viéndolos  cerca  del  lugar  lo  desampararon,  por- 
que los  moradores  de  él  dejaron  sus  casas,  y  se  fueron  huyen- 
do; y  pasando  de  pasada  por  este  lugar,  siguieron  á  los  enemi- 
gos hasta  irlos  á  encerrar  en  Xilotepec,  en  donde  se  hicieron 
fuertes  y  fueron  muertos  y  alanceados  muchos  de  ellos,  se  cau- 
tivaron muchas  miyeres  y  niños,  y  los  demás  viendo  su  daño 
desampararon  el  lugar,  en  donde  estuvieron  los  nuestros  dos 
días,  el  último  de  los  cuales,  queriendo  poner  fuego,  se  rindie- 
ron y  vinieron  á  darse  de  paz  ellos  y  los  de  Yauhtepec;  y  lue- 
go prosiguiendo  su  viaje  cerca  de  media  legua  á  la  ciudad  de 
Cohauhuac,  ^  que  era  la  cabeza  de  toda  la  provincia  de  los  tla- 
huicas,  lugar  muy  fuerte  y  dentro  de  él  había  mucha  gente  pa- 
ra su  defensa,  y  quitadas  las  puentes  no  se  podía  entrar  por 

aquella  parte que  iba  legua  y  media  de  allí  á  rodear ^ 

hallaron  un  paso  aunque  dificultoso  por  donde  pudieron  en- 
trar algunos  de  los  nuestros,  que  viéndolos  los  enemigos  co- 
menzaron á  ponerse  en  huida,  hasta  que  de  todo  punto  les  ga- 
naron la  ciudad,  saqueándola  y  quemando  muchas  casas  de 
ella.  El  señor  se  llamaba  Yoatzin,  que  se  fué  retirando  á  la 
montaña,  y  Ixtlilxochitl  le  envió  á  reprender  su  rebeldía,  y  que 
luego  se  viniese  á  dar  y  pedir  perdón  de  lo  que  hasta  allí  ha- 
bía hecho;  y  así  luego  que  amaneció  se  vinieron  á  ofrecer  al 
servicio  y  amparo  de  los  cristianos,  prometiendo  de  ayudarles 
y  ser  siempre  en  su  favor  como  en  efecto  lo  hicieron.  Dando 
la  vuelta  desde  Cohauhuac,  vinieron  á  dar  sobre  la  ciudad  de 
Xochimilco,  que  era  la  más  fuerte  y  de  más  gentío  de  la  lagima 
dulce,  y  aunque  los  moradores  de  ella  estaban  bien  apercibi- 
dos, con  muchas  albarradas  fortalecidos  y  las  acequias  quita- 
das las  puentes  de  todas  las  entradas  de  la  ciudad,  combatie- 


1  Cuaulinaliuac,  hoy  Cuemavaca. 

2  Destruido  en  el  original. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOGHITL.  429 

ron  los  nuestros  las  albarradas,  y  viendo  el  daño  que  recibían 
de  las  escopetas,  desamparándola,  dentro  de  media  hora  gana- 
ron la  mayor  parte  de  la  ciudad,  peleando  con  los  enemigos 
por  agua  y  por  tíerra  hasta  la  noche;  y  otro  día  siguiente  te- 
niendo los.  mismos  combates,  mataron  á  dos  españoles,  y  Cor- 
tés se  vido  en  gran  aprieto,  porque  cansado  su  caballo  se  dejó 
caer,  y  como  lo  vieron  á  pie  lo  cercaron  los  enemigos,  y  con 
una  lanza  se  defendió  valerosamente  de  ellos  hasta  que  llegó 
Chichimecatecuhtli  caudillo  de  los  tlaxcaltecas  á  socorrerle,  y 
uno  de  los  criados  de  Cortés,  con  cuya  ayuda  y  con  el  socorro 
que  llegó  después,  los  enemigos  desampararon  todo  el  campo 
y  los  nuestros  se  fueron  recogiendo  por  la  parte  interior  de  la 
ciudad;  y  aquella  noche  hicieron  cegar  con  piedra  y  adobes  to- 
das las  acequias  por  donde  estaban  las  puentes  alzadas,  para 
que  los  de  á  caballo  pudiesen  entrar  y  salir  sin  estorbo  ningu- 
no, quedando  aquella  noche  todos  aquellos  pasos  muy  bien 
aderezados;  y  en  toda  ella  estuvieron  los  nuestros  con  mucho 
aviso  y  recaudo  de  velar  y  guardar,  porque  aquel  día  vinieron 
los  mexicanos  con  un  grueso  ejército  por  agua  y  por  tierra  á 
defender  á  los  de  Xochimilco,  y  vieron  á  los  nuestros  dentro 
de  esta  ciudad,  los  cuales  dándoles  lorden  Cortés  de  todo  lo 
que  debían  hacer,  se  defendieron  valerosamente  hasta  ganar 
una  fuerza  que  estaba  en  la  parte  que  llaman  Tepechpan,  y  co- 
mo se  dividieron,  cada  escuadrón  siguió  á  los  enemigos  por  su 
cabo,  y  después  de  haberlos  desbaratado,  matando  muchos  de 
ellos,  se  vinieron  á  recoger  al  pie  al  cerro  referido,  en  donde 
tuvieron  muy  gran  contienda  y  mataron  más  de  quinientos 
de  los  enemigos;  y  otro  día  siguiente  desbarataron  otro  escua- 
drón de  los  enemigos,  que  era  el  segundo  socorro  que  venía 
de  México,  matando  á  muchos  de  ellos;  y  volviendo  á  la  ciu- 
dad de  Xochimilco  hallaron  á  los  nuestros  que  habían  queda- 
do dentro  de  ella  bien  necesitados,  porque  los  enemigos  ha- 
bían apretado  mucho,  y  habían  trabajado  harto  en  defenderse, 
y  echar  de  la  ciudad  á  los  enemigos  matando  á  muchos  de 
ellos;  y  no  habían  descansado,  cuando  llegó  otro  mayor  escua- 


430  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

drón  que  los  dos  primeros  de  mexicanos,  que  venían  á  soco- 
rrer y  defender  esta  ciudad,  y  acometiendo  los  nuestros  con 
ellos,  en  breve  tiempo  los  desbarataron,  guareciéndose  dentro 
del  agua  en  sus  canoas;  y  volviéndose  á  la  ciudad,  la  quemaron 
toda  los  nuestros,  excepto  en  donde  ellos  estaban  aposentados. 
Estuvieron  otros  tres  días  en  la  ciudad  ocupados  en  asolarla, 
al  cabo  de  los  cuales  se  partieron  para  Cuyohuacan,  y  como  los 
de  Xochimilco  y  sus  valedores  los  vieron  ir,  les  dieron  por  las 
espaldas  con  mucha  grita,  y  Cortés  con  los  de  á  caballo  revol- 
vió sobre  ellos,  y  los  fué  siguiendo  hasta  meterlos  en  el  agua;  y 
después  prosiguiendo  su  camino  llegaron  á  la  ciudad  de  Caijo- 
huacan  cerca  de  medio  día,  y  la  hallaron  despoblada:  se  aposen- 
taron en  las  casas  del  señor  de  ella,  y  otro  día  se  fueron  á  ver 
y  osear  ^  la  ciudad  de  México  hasta  llegar  á  donde  se  juntan  las 
dos  calzadas,  la  que  viene  de  Xochimilco  y  entra  en  la  ciudad 
de  México,  y  la  que  viene  de  Iztapalapan  que  va  á  juntarse  con 

ella,  donde  los  enemigos  tenían  una  albarrada y  en  ella 

infinitos  de  ellos  para  defenderla,  y  en  la  laguna  muchas  canoas, 
y  en  ella  asimismo  mucha  gente  de  guerra;  y  combatiendo  con 
ellos,  aunque  se  defendían,  mas  al  fin  los  nuestros  se  la  gana- 
ron y  mataron  muchos  délos  mexicanos;  y  viendo que 

por  esta  parte  había  de  ser una  de  las  entradas  para  so- 
juzgar la  ciudad  de  México ^  en  Cuyohuacan  con  la 

guarnición  se  volvieron,  contentándose  con  sólo  dejar  quema- 
das algunas  de  las  casas  más  principales  y  templos  de  esta  ciu- 
dad de  Cuyohuacan;  y  otro  día  se  partieron  para  la  de  Tlaco- 
pan  que  dista  dos  leguas,  siempre  pelean<io  con  los  enemigos 
que  salían  de  la  laguna;  y  no  pararon  en  la  ciudad  de  Tlacopan, 
sino  que  fueron  prosiguiendo  su  viaje  hasta  la  de  Quauhtitlan 
en  donde  hicieron  noche.  En  este  viaje  aunque  mataron  mu- 
chos enemigos  y  de  la  gente  más  lucida  de  ellos,  todavía  costó 
dos  españoles  que  eran  criados  de  Cortés,  que  los  cautivaron 


1  No  fé  que  quiso  decir  el  autor  con  esta  palabra,  que  no  es  castellana. 

2  Estos  blancos  están  destruidos  en  el  orii^iniil. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTULXOCHITL.  431 

vivos  y  los  sacrificaron  á  sus  falsos  dioses,  y  algunos  de  nues- 
tros amigos.  Otro  día  fueron  á  dormir  al  pueblo  de  Xilotzinco, 
(que  este  y  el  de  Quauhtitlan  estaban  despoblados),  y  otro  día 
á  mediodía  llegaron  al  de  Ácolman  perteneciente  al  reino  de 
Tetzruco,  en  donde  fueron  bien  recibidos  y  festejados,  y  luego 
aquel  mismo  día  llegaron  á  Tetzcuco  á  hacer  noche,  en  donde 
se  holgaron  Sandoval  y  todos  los  que  con  él  estaban,  de  ver  á 
Cortés  y  á  los  suyos  con  tan  próspero  suceso,  que  también  á  él 
no  le  faltaron  sus  combates  y  contiendas  con  los  mexicanos, 
entendiendo  que  estaba  la  ciudad  de  Tetzcuco  desapercibida 
en  la  ausencia  de  Cortés  y  Ixtlilxochitl.  En  esta  ocasión  tuvo 
Cortés  nuevas  de  Hernando  de  Barrientos  y  otro  compañero 
suyo  que  estaban  en  la  provincia  de  Chinauhtian,  que  confina 
con  la  de  Tototepec  del  Sur;  y  como  pl  señor  de  esta  provincia 
era  amigo  del  bando  de  Cortés  y  había  tenido  muchos  encuen- 
tros con  los  del  bando  mexicano,  capitaneándolo  estos  dos  es- 
pañoles, por  esta  causa  y  porque  no  los  matasen  los  enemigos, 
si  volvían,  no  los  habían  dejado  venir  aunque  tenían  deseo  de 
ver  á  Cortés,  quien  se  holgó  infinito  tener  estas  nuevas  y  sa- 
ber que  aquellos  españoles  estuviesen  vivos,  enviándoles  á  de- 
cir que  se  detuviesen  hasta  tanto  que  se  acabase  de  conquis- 
tar México. 


CAPITULO  XCIV 


Que  trata  cómo  Cortés  se  apercibió  pard  ir  sobre  la  ciudad  de  México  por  agua  y  por 

tierra  á  sitiarla. 


Acabados  que  fueron  de  hacer  y  armar  los  bergantines  y 
la  zanja  para  entrar  por  ellos  en  la  laguna,  y  hechos  los  de- 
más pertrechos  necesarios  para  la  empresa  que  Cortés  tenía 
comenzada,  (que  para  todo  Ixtlilxochitl  y  su  hermano  Teco- 
coltzin  dieron  bastantísimo  recaudo),  fueron  echados  en  la  zan- 
ja los  bergantines,  y  á  veintiocho  de  Abril  de  mil  quinien- 
tos veintiuno  Cortés  hizo  alarde  de  toda  la  gente,  y  halló  ochen- 
ta y  seis  á  caballo,  entre  ballesteros  y  escopeteros  ciento  diez  y 
ocho,  y  más  de  setecientos  peones  de  espada  y  rodela,  tres  ti- 
ros gruesos  de  fierro,  quince  de  bronce  pequeños  y  diez  quin- 
tales de  pólvora;  y  habiendo  acabado  de  hacer  el  alarde,  les 
hizo  una  plática,  en  que  en  suma  les  encargaba  y  mandaba  que 
guardasen  y  cumpliesen  las  ordenanzas  que  tenía  establecidas 
para  las  cosas  de  la  guerra,  y  que  se  esforzasen  mucho  pues 
veían  que  Dios  en  todo  acontecimiento  les  favorecía;  que  sin 
duda  alcanzarían  victoria  contra  sus  enemigos,  pues  había  tan 
pocos  que  casi  habían  quedado  ningunos,  y  su  Divina  Majes- 
tad en  tan  breve  espacio  los  había  socorrido  y  aumentado  en 
armas,  gente  y  caballos,  de  donde  podían  todos  conocer  que  la 
pelea  era  suya  y  en  favor  y  aumento  de  su  santa  fe  católica  y 
en  gran  servicio  de  su  majestad,  aumentando  la  real  corona  de 

Tomo  TI -29 


434  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Castilla  con  un  imperio  tan  grande  como  era  el  de  esta  tierra, 
en  donde  había  tan  grandes  y  tan  espléndidos  reinos  y  provin- 
cias y  tanta  grandeza  y  riqueza,  lo  que  les  había  de  poner  mu- 
cho ánimo  y  esfuerzo  para  vencer  ó  morir.  Todos  respondie- 
ron que  así  lo  harían,  y  mostraron  mucho  placer  y  deseo  de 
verse  ya  en  la  conclusión  de  esta  guerra,  pues  de  ella  pendía 
toda  la  paz  y  sosiego  de  esta  tierra.  Luego  el  día  siguiente  des- 
pachó sus  mensajeros  para  las  provincias  de  Tlaxcalan,  Hue- 
xotzinco  y  Chololan,  rogando  á  los  señores  de  ellas  que  con  to- 
da la  gente  que  tenían  aprestada,  como  se  los  tenia  avisado,  se 

viniesen  luego de  Tlaxcalan  á  la  ciudad  de  Tetzcuco,  y 

los  de  Huexotzinco  y  Chololan  á  la  provincia  de  Chalco  den- 
tro de  diez  días.  Ixllilxochitl  y  su  hermano  Tecocoltzin  hicie- 
ron el  mismo  apercibimiento  para  que  todos  los  del  reino  de 
Tetzcuco  Aculhuacan  y  las  provincias  á  él  sujetas,  acudiesen 
con  la  gente  de  guerra  y  servicio  para  ir  sobre  la  ciudad  de  Mé- 
xico en  favor  de  Cortés  y  de  los  suyos,  trayendo  por  delante  y 
ante  todas  cosas  los  bastimentos  y  pertrechos  necesarios  para 
el  campo  y  servicio  de  Cortés,  de  los  suyos  y  de  los  demás 
amigos;  porque  los  que  en  la  ciudad  de  Tetzcuco  tenían  juntos 
y  apercibidos  no  eran  bastantes,  y  cada  día  se  gastaban  en  asis- 
tencia del  ejército  de  los  nuestros,  y  para  las  salidas  que  cada 
díase  hacían  contra  los  mexicanos.  Los  tlaxcaltecas  llegaron  á 
la  ciudad  de  Tetzcuco  cinco  días  antes  de  Pascua  de  Espíritu 
Santo,  (que  fué  el  tiempo  que  se  les  señaló),  y  lo  mismo  hicie- 
ron los  de  Huexotzinco  y  Chololan  en  Chalco,  en  donde  fueron 
muy  bien  recibidos  los  unos  y  los  otros.  Los  tlaxcaltecas  eran 
cinco  mil  hombres  de  guerra,  y  iban  por  sus  caudillos  Quauh- 
xayacatzin,  Meztliymatzin,  Tenamazcuicuitzin,  Tecuanitzin,  Ac- 
xotecatl,  Acamayotzin,  Teyanquiztlatoatzin,  Zeyecatecuhtli,  Te- 
pilzacatzin,  Chiahuatecoletzin,  Cuillizcatl,  Cocomintzín,  Tzi- 
cuhcuacatl,  Michcuatecuhtli,  Tlachpanquizcatzin,  Tizatemoctzin, 
Chiquacen,  Mazatl,  Ixconauhquitecuhtli  y  Tlahuihuiztli,  que 
cada  uno  de  ellos  tenía  la  divisa  según  la  dignidad  y  preemi- 
nencia de  su  oficio,  de  diversidad  de  plumería  y  adorno  de  oro 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  435 

y  pedrería.  Ixtlilxochitl  y  sus  hermanos  los  recibieron  muy  bien, 
aposentándolos  en  sus  palacios  y  dándoles  todo  lo  necesario 
para  su  sustento  y  regalo,  y  los  pocos  días  que  allí  estuvieron 
fueron  muy  bien  festejados.  De  los  huexotzincas  que  eran  más 
de  diez  mil,  venían  por  sus  caudillos  Nelpilonitzin,  Tozquen- 
coyotzin,  Xicotencatl,  Mecacalcatl,  Quauhxayacatzin,  Huitzili- 
huitzin,  Yecatlapitzqui,  Tetepotzquanitzin,  Quauhtonatiuhtzin^ 
Tehuatecuhtli,  Ghichimecatecuhtli,  Tlacatecuhtli  y  otros  que 
asimismo  traían  las  divisas  en  sus  armas  como  los  de  Tlaxca- 
lan;  y  de  la  misma  manera  venían  los  cholul tecas,  casi  otros 
diez  mil  hombres,  siendo  muy  bien  recibidos  todos  de  los  se- 
ñores de  la  provincia  de  Chalco.  El  segundo  día  de  Pascua  de 
Espíritu  Santo  hizo  Cortés  salir  á  la  plaza  de  la  ciudad  de  Tetz- 
cuco  toda  la  gente  que  tenía  de  á  pie  y  de  á  caballo,  para  or- 
denar y  dar  la  gente  que  habían  de  llevar  los  capitanes,  para 
tres  guarniciones  de  gente  que  habían  de  poner  en  tres  ciuda- 
des que  están  en  contorno  de  la  de  México;  y  de  la  ^  guarnición 
hizo  general  al  capitán  Pedro  de  Alvarado,  y  le  dio  treinta  de 
á  caballo,  diez  y  ocho  ballesteros  y  escopeteros,  ciento  cincuen- 
ta peones  de  espada  y  rodela  y  veinticinco  mil  hombres  de 
guerra  de  los  tlaxcaltecas,  y  estos  habían  de  sentar  su  real  en 
la  ciudad  de  Tlacopan,  y  por  capitanes  de  su  puesto  á  Jorge  de 
Alvarado,  hermano  suyo,  el  capitán  Pedro  Dirsio  y  Gutiérrez 
de  Badajoz,  que  fué  su  alférez,  Juan  Balante,  Andrés  de  Mon- 
jaras,  Vizcaíno,  Alonso  Ortiz  de  Zúñiga,  que  era  capitán  de  los 
ballesteros,  y  Diego  Valadéz.  De  la  otra  guarnición  hizo  gene- 
ral á  Cristóbal  de  Olid,  natural  de  Baeza,  al  que  dio  treinta  y 
tres  de  á  caballo,  diez  y  ocho  ballesteros  y  escopeteros,  ciento 
sesenta  peones  y  más  de  dos  mil  hombres  de  guerra  asimismo 
de  la  nación  tlaxcalteca,  que  se  habían  de  poner  y  asentar  su 
real  en  la  ciudad  de  Cuyohuacan.  Cortés  había  escogido  para 
su  persona  la  guerra  naval,  y  habiéndose  murmurado  por  al- 
gunos que  decían  tomaba  lo  menos  peligroso,  la  dejó  á  Juan 

1  Aquí  falta  la  palabra:  primera. 


436  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Rodríguez  de  Villafuerte,  y  se  pasó  á  esta  guarnición,  hacien- 
do á  Cristóbal  de  Olid  su  maestre  de  campo.  Fueron  capitanes 
de  la  guarnición  de  este  puesto,  el  capitán  Andrés  de  Tapia,  el 
tesorero  Juan  de  Alderete,  el  factor  Bernardino  Vázquez  de  Ta- 
pia, el  veedor  Rodrigo  Alvarez  Chico  y  Antonio  Quiñones,  que 
fué  Icapitán  de  la  guardia  de  Cortés,  y  después  de  él  lo  fué 

Francisco  de  Tenezas,  que  era  su  mayordomo  mayor  y ^ 

tercera  guarnición  hizo  general  de  ella  á  Gonzalo  de  Sandoval 
alguacil  mayor  del y  le  (lió  veinticuatro  dea  caba- 
llo  escopeteros  y  trece  ballesteros  y  ciento  y  cincuenta 

peones,  gente  escogida  que Cortés  los  había  traído 

consigo,  y  cuarenta  mil  hombres  de  Tetzcuco,  Huexotzinco, 
Chololan  y  Chalco,  que  estos  habían  de  entrar  por  la  ciudad 
de  Iztapalapan,  para  de  camino  destruirla,  y  pasar  adelante 
por  una  calzada  de  la  laguna  con  favor  y  espaldas  de  los  ber- 
gantines, y  que  en  el  ínter  que  Cortés  llegaba  con  ellos,  se  es- 
tuviese y  juntase  con  la  guarnición  que  estaba  en  Cuyohuacan, 
y  llegado  que  fuese  Cortés,  la  dicha  guarnición  de  gente,  con 
el  resguardo  y  ayuda  de  los  bergantines,  entrase  por  la  calza- 
da y  albarrada  de  la  ciudad  hasta  ponerse  en  Tepeyaquilla 
donde  es  ahora  la  Hermita  de  Nuestra  Señora  de  Guadalupe. 
Nombró  por  capitanes  de  esta  guarnición  á  Fernando  de  Luna 
Gallego,  al  capitán  Rodrigo  Ranjel,  Luis  Marín  y  Vasco  Porca- 
lio.  Estos  fueron  los  capitanes  que  á  esta  sazón  fueron  nom- 
brados para  estas  tres  guarniciones  que  hizo  Cortés  de  su  ejér- 
cito, sin  otros  muchos  que  hubo  á  tiempo,  entre  los  cuales  fue- 
ron Ruiz  González  y  Antonio  de  Arriaga.  Para  los  trece  ber- 
gantines en  que  Cortés  había  de  entrar  y  hacer  la  guerra 
naval  por  la  laguna,  dejó  trescientos  hombres,  y  los  más  gente 
de  mar,  y  muy  diestra  en  este  género  de  pelear;  de  manera 
que  en  cada  bergantín  iban  veinticinco  hombres  de  guerra,  un 
capitán  y  veedor,  seis  ballesteros  y  escopeteros;  y  eran  los 
capitanes  de  ellos  Juan  Rodríguez  de  Villafuerte,  capitán  de  la 

1  Este  y  loa  demás  blancos  corresponden  á  partes  d'  siniidas  en  el  original. 


no::  FCIINANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  437 


capitanía  que  llamaban  de  Medellín,  Juan  Jaramíllo  natural  de 
Salvatierra,  Francisco  Verdugo  natural  de  Arévalo,  Francisco 

Rodrigo  Magariño  natural  de  Mérida del  de  D.  Juan 

Pedro  Barba  Caballero de  la  ciudad  de  Sevilla,  Antonia 

de natural  de  Zamora,  García  Holguín  natural de- 

Cazares,  Jerónimo  Ruiz  de  la  Mota de  Bubones  na- 
tural de  Salamanca,  Rodri Hon  de  la  Vera  de  Medina  del 

Campo de  Portillo  que  había  sido  soldado por 

Bravo  y  Juan  de  Mancilla de  la  orden  referida;  y  re- 
cibidas las  mismas  órdenes  de  lo  que  debían  hacer  los  dos 
caudillos  principales  de  las  dos  guarniciones,  Pedro  de  Alvara- 
do  que  había  de  ir  al  puesto  de  la  ciudad  de  Tlacopan,  y  Cris- 
tóbal de  Olid  á  la  de  Cuyohuacan,  se  partieron  de  Tetzcuco  á 
diez  días  de  Mayo  del  año  de  mil  quinientos  veintiuno,  y  fue- 
ron á  dormir  á  Aculman,  en  donde  tuvieron  diferencias  sobre 
el  acomodarse  y  aposentarse  aquella  noche,  aunque  luego  los 
enTió  á  apaciguar  Cortés:  otro  día  fueron  á  dormir  á  Quauhti- 
tlan,  que  era  en  tierra  de  los  mexicanos:  el  tercero  llegaron 
temprano  á  la  ciudad  de  Tlacopan;  y  habiéndose  aposentado 
y  héchose  fuertes  en  los  palacios  del  rey  de  ella  (que  con  to- 
dos los  suyos  se  estaba  en  México  en  favor  de  los  mexicanos 
desde  la  vez  pasada,  dejándola  desamparada),  los  tlaxcaltecas 
así  como  llegaron,  dieron  una  vista  á  los  enemigos  por  la  en- 
trada de  las  calzadas  de  la  ciudad  de  México,  y  pelearon  con 
ellos  dos  ó  tres  horas,  y  sin  recibir  peligro  ninguno  por  ser  ya 
cerca  de  la  noche,  se  volvieron  á  su  puesto;  y  otros  cinco  días 
continuos  hicieron  estas  entradas.  Los  españoles  quebraron 
dos  caños  de  agua  dulce,  que  entraba  en  la  ciudad  de  México 
y  nace  del  bosque  de  Chapultepec,  que  fué  muy  defendido  de 
los  enemigos  por  agua  y  tierra,  por  ser  el  sustento  de  la  ciudad; 
se  ganaron  algunas  puentes  y  albarradas,  se  aderezaron  los 
malos  pasos  para  que  pudiesen  por  una  parte  y  por  otra  cerrar 
el  campo  los  de  á  caballo y  aunque  fueron  heridos  al- 
gunos de  los  españoles algunos  de  los  amigos,  de  los 

enemigos  murieron  infinitos  de  ellos;  y  al  sexto  día  que  llega- 


438  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

ron y  estando  ya  en  el  estado  referido y  entrada 

de  la  ciudad  de  México  por se  fué  con  su  guarnición 

al  puesto conforme  á  la  orden  que  Cortés  le  dio 

consiguió  los  amigos  tlaxcaltecas fueron  los  de  las  dos 

<;abeceras  de  Ocolelulco  y  Quiahuiztlan,  quedando  los  dos  de 
las  otras  dos  cabeceras  de  Tizapan  y  Tepecticpac  en  Tlacopan 
con  Pedro  de  Alvarado.  En  este  medio  tiempo  y  antes  de  sa- 
lirse Cortés  con  la  armada,  hizo  ahorcar  á  Axayacatzin,  uno  de 
los  cuatro  señores  de  Tlaxcalan,  por  ciertas  demasías  que  hi- 
^zo.  Los  que  fueron  á  Cuyohuacan  se  aposentaron  y  hicieron 
fuertes  en  las  casas  y  palacios  del  señor  de  esta  ciudad,  que 
asimismo  se  estaba  en  México  con  toda  la  gente,  y  tenían  des- 
poblada. Los  nuestros  desde  aquí  salían  á  dar  sus  combates 
por  la  calzada  que  entra  por  esta  parle  á  la  ciudad  de  México, 
en  donde  hallaron  muy  gran  resistencia,  y  que  los  enemigos  la 
tenían  quebrada  por  muchas  partes,  y  tenían  puestos  muchos 
baluartes,  albarradas  y  otras  defensas  por  agua  y  por  tierra:  los 
del  un  real  y  del  otro  todos  los  días  corrían  la  tierra,  y  sé  junta- 
ban cada  dia  lanceando  y  matando  á  los  enemigos  y  quitándoles 
los^  frutos,  así  de  maíz  como  de  otras  cosas  que  por  aquellas 
partes  hallaban  y  les  entraban  los  de  la  ciudad.  Cortés  tenien- 
do noticia  que  ya  los  reales  se  habían  puesto  en  los  lugares 
que  les  señaló,  se  partió  con  su  armada  de  bergantines  el  vier- 
nes siguiente  después  de  Corpus  Cristi,  aunque  fué  requerido 
de  los  más  principales  de  su  ejército  se  fuese  por  tierra  con  las 
guarniciones  referidas,  por  parecerles  que  era  lo  más  dificulto- 
so, y  esto  de  la  armada  menos;  siendo  muy  al  contrario,  porque 
fué  bien  menester  aquí  su  persona,  que  fué  lo  más  peligro- 
so  de  la  batalla;  y  antes  de  embarcarse des- 
pachó á  Gonzalo  de  Sandoval  con  su  guarnición de 

gente  para  Iztapalapan,  que  fueron délos  milhom- 
bres de  los  aculhuas la  parte  que  llaman  Aztahua- 

«can á  encontrar  con  los  de  Chalco  que  venían  juntos 

ellos,  los  huexotzincas  y  cholultecas  y todos  treinta 

mil  hombres  de  guerra.  Los  chalcas  traían  por  sus  caudillos  á 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  439 

Quetzalcoatzin,  Totomihuatzin,  Chopolazcatzin,  Ixpeoacatl,  Te- 
cuhxolotl,  Quetzallacoltzin,  Nequametzin,  Ecatecolotl,  Quetzal- 
macalzin,  Tetzauhquaquillitlalatepanecatl,  Xochpollo,  Cacax- 
lequetzqui,  Xocotecatl  y  otros,  con  sus  armas  y  divisas;  y  á 
costa  y  ^  minsión  iban  los  ejércitos  de  los  señores  Acacitzin  y 
Omacatzin,  que  por  ser  muchachos  y  de  poca  edad  no  iban  en 
esta  jomada,  aunque  quedaban  en  la  provincia  para  despa- 
charles socorro  y  refrezco  en  todo  el  tiempo  que  durase  la 
guerra:  poco  más  de  medio  día  llegaron  á  Iztapalapan  y  comen- 
zaron á  quemar  la  ciudad  y  á  pelear  con  la  gente  de  ella;  y 
viendo  el  gran  poder  de  gente  que  la  guarnición  de  Sandoval 
llevaba,  de  amigos  más  de  cuarenta  mil  hombres,  se  acogieron 
en  las  canoas  los  enemigos  y  no  pudieron  resistirles  más;  y  así 
sin  contradicción  ninguna  se  apoderaron  de  la  ciudad,  y  en 
ella  se  aposentaron,  aguardando  allí  lo  que  Cortés  les  ordena- 
ba. Ixtlilxochitl,  Tecocoltzin  y  sus  hermanos  se  quedaron  en 
Tetzcuco,  para  juntar  la  más  gente  que  pudiesen  para  ir  en  se- 
guimiento de  Cortés,  y  aviar  de  todo  lo  necesario  su  ejército, 
entrando  ordinariamente  por  agua  y  por  tierra  la  comida  y  los 
bastimentos  necesarios,  en  que  andaban  yendo  y  viniendo  más 
de  veinte  mil  personas  de  carga,  y  l)or  la  laguna  más  de  mil 
canoas,  y  en  su  guarda  y  defensa  treinta  y  dos  mil  hombres  de 
guerra,  porque  los  enemigos  no  los  asaltasen  y  quitasen  por  el 
camino  lo  que  allí  llevaban:  que  no  fué  lo  menos  que  hizo  en 
servicio  de  su  majestad,  proveyendo  de  todo  lo  necesario  tan 
poderoso  ejército,  y  todo  á  su  costa  y  mención  y  de  sus  her- 
manos, deudos  y  demás  señores. 

1  No  8Ó  que  significa  esto;  pero  así  está  en  el  original.  Adelante  dice  men- 
ción, palabra  cuya  aplicación  tampoco  se  comprende;  á  no  ser  que  se  entienda 
por  en  su  nombre. 


CAPITULO  XCV 


Que  trata  de  la  victoria lo»  berganíinet  por  la  laffuna por  agua  y  por  tierra 

la  primera México, 


Al  tiempo  que  Sandoval  combatía la  ciudad  de  Izta- 

palapan,  llegó  Cortés  con  sus ^  avista  del  peñol  que 

llaman  Tepepulco,  que  es fortaleció  con  mucha  gente 

de  guerra,  así  de  los  de  México  como  de  los  pueblos  comarca- 
nos, con  intento  de  tomarles  las  espaldas  á  los  nuestros  y  so- 
correr á  los  de  Iztapalapan,  que  era  forzoso  el  detenerse  allí,  y 
combatir  á  esta  ciudad;  mas  como  reconocieron  la  flota  que 
por  la  laguna  venía,  se  estuvieron  quedos  aguardando  hasta 
ver  dónde  echaba  el  rumbo;  y  viendo  se  iba  hacia  el  peñol,  co- 
menzaron á  hacer  ahumadas  y  señales  de  guerra  para  que  to- 
dos se  apercibiesen,  todas  las  ciudades  y  pueblos  de  las  lagu- 
nas. Llegado  que  fué  Cortés,  saltó  en  él  con  ciento  cincuenta 
hombres;  y  aunque  con  harta  dificultad  y  trabajo,  se  subieron 
y  ganaron  el  baluarte  y  cerca  que  tenía  arriba  para  su  defen- 
sa, y  matando  á  todos  los  que  defendían  el  peñol,  en  breve  ra- 
to apenas  quedó  ninguno  con  la  vida,  si  no  fueron  las  mujeres 
y  niños  que  de  lástima  las  dejaron.  Fué  muy  señalada  esta 
victoria,  aunque  fueron  heridos  veinte  españoles;  y  como  éstos 
y  los  de  Iztapalapan  con  las  ahumadas  de  Cortés  ^  iban  por  la 


1  Se  comprende,  que  aquí  decía  bergantines. 

2  Para  que  esto  tuviera  sentido,  debía  decir;  con  los  bergantines  de  Cortés 


442  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

laguna,  salieron  á  encontrarle  más  de  quinientas  canoas  á  su 
modo  bien  fortalecidas  de  gente,  y  Cortés  de  intento  estuvo 
reacio  por  la  costa  del  peñol  hasta  ver  lo  que  los  enemigos  ha- 
cían, los  cuales  entendiendo  que  de  este  modo  se  estaban  que- 
dos los  nuestros,  enderezaron  hacia  ellos;  mas  llegando  ya  cer- 
ca, se  repararon,  y  á  este  tiempo  quiso  Dios  que  corriese  vien- 
to de  la  parte  de  tierra  muy  favorable  á  los  bergantines,  y 
viendo  esto  Cortés,  hizo  que  todos  acometiesen  á  los  enemi- 
gos, y  en  breve  tiempo  rompieron  por  las  canoas,  quebrando 
infinitas  de  ellas,  y  matando  á  las  gentes  que  en  ellas  venían, 
se  topaban  unas  con  otras  por  huir  y  se  ahogaban  todos;  y  si- 
guiendo las  pocas  canoas  que  quedaban,  las  fueron  á  encerrar 
dentro  de  las  casas  de  la  ciudad  de  México,  que  fué  una  haza- 
ña muy  notable,  y  aunque  quedó  Cortés  hecho  señor  de  esta 
legítima  en la  flota  de  canoas  se  holgaron.........  desea- 
ban ya  verle  y  tener  socorro  de  gente  por y  el  de  Tk- 

copan  eran  los  más  peligrosos allí  la  mayor  parte  de 

la  fuerza  de  los  enemigos cada  día  les  entraba  soco- 
rro de  gente,  y  así á  irá  la  ciudad  de  México,  peleaado 

fuertemente  con  los  enemigos,  hasta  ganarles  las  albarradas  y 
baluartes  que  tenían  hechos  y  muchas  puentes  que  tenían  qui- 
tadas: pasando  con  los  bergantines  que  ya  habían  llegado,  y 
siguiendo  á  los  enemigos,  unos  mataron  y  otros  echaron  al  ñgna 
de  la  otra  parte  de  la  calzada,  por  donde  no  iban  ios  berganti- 
nes; corriendo  por  ella  más  de  una  legua  hasta  ganar  dos  to- 
rres que  estaban  en  la  entrada  de  la  ciudad,  que  estaban  en 
Acachinanco  y  Tozititlan,  en  donde  hizo  Cortés  recoger  los  ber- 
gantines por  ser  ya  tarde,  en  donde  saltó  en  tierra  con  treinta 
hombres,  y  aunque  con  harto  peligro  y  trabajo  ganó  las  torres, 
entrando  por  encima  de  las  cercas  que  eran  de  cal  y  canto,  sin 
qué  fuese  bastante  á  resistir  la  muchedumbre  de  enemigos 
que  las  defendían;  y  sacando  en  tierra  tres  tiros  de  fierro  grue- 
sos que  traían  los  bergantines,  y  asestando  el  uno  de  ellos  por 
la  calzada  adelante,  hizo  muchísimo  daño  á  los  enemigos;  y 
queriendo  proseguir  disparando  los  tiros,  por  descuido  del  arti- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  443 

llero  se  quemó  toda  la  pólvora  que  llevaban,  y  así  despachó  por 
más  aquella  noche  á  Iztapalapan  con  un  bergantín;  y  aunque  la 
primera  intención  de  Cortés  había  sido  irse  á  Aculhuacan,  acor- 
dó de  asentar  su  real  en  este  puesto,  por  parecerle  conveniente, 
teniendo  junto  á  sí  los  bergantines,  enviando  á  pedir  la  mitad 
de  la  gente  de  la  guarnición  de  Cuyohuacan  y  cincuenta  peo- 
nes de  los  de  Gonzalo  de  Sandoval,  que  el  día  siguiente  estu- 
vieron allí;  aunque  aquella  noche  estuvo  con  harto  cuidado 
Cortés  y  hizo  mucho  en  defenderse  de  los  mexicanos,  porque 
á  media  noche  dieron  sobre  ellos;  mas  como  vieron  el  cuidado 
que  había  y  los  tiros  y  escopetas  que  se  disparaban,  no  osaron 
pasar  más  adelante,  y  así  llegada  la  gente,  pelearon  los  nues- 
tros hasta  ganarles  una  puente  que  tenían  quitada  y  una  al- 
barrada,  hasta  encerrarlos  en  las  primeras  casas  de  la  ciudad; 
y  viendo  Cortés  que  de  la  otra  parte  de  la  calzada  recibían  mu- 
cho daño porque  no  podían  pasar  los  bergantines 

romper  un  pedazo  de  calzada que  tenían  puesto,  y  pa- 
sar de bergantines,  que  embistiendo  con  las 

encerrar  entre  las  casas,  y  en  donde ellas,  que  hasta 

entonces  no  se  hablan  atrevido,  por  haber  muchos  palos  y  es- 
tacas que  los  estorbaban,  y  peleando  con  los  de  las  canoas 
rindieron  algunas  de  ellas,  y  quemaron  muchas  casas  del  arra- 
bal. Otro  día  siguiente  Sandoval  con  la  gente  que  tenía  en  Iz- 
tapalapan se  partió  para  Cuyohuacan,  y  de  camino  peleó  con 
los  de  México,  ^  los  desbarató  y  mató  á  muchos  de  ellos,  les 
quemó  todas  las  casas,  y  con  dos  bergantines  que  Cortés  le  en- 
vió, pudo  pasar  á  las  partes  donde  tenían  los  enemigos  que- 
brada la  calzada,  y  dejando  allí  su  gente,  tomó  diez  de  á  caba- 
llo y  con  ellos  se  fué  por  la  calzada  hacia  donde  tenía  su  real 
Cortés;  pero  antes  de  llegar,  hubieron  de  pelear  con  los  que 
andaban  revueltos  los  de  Cortés,  en  donde  á  Gonzalo  de  San- 
doval le  atravesaron  un  pie  con  una  barra  tirada;  mas  Cortés 
hizo  tal  riza  en  ellos  con  los  tiros  y  escopetas,  que  desde  en- 

1  Creo  que  debe  ser  Mexicaltzinco. 


444  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

tonces  no  osaban  ya  acercarse  tanto,  pasando  otros  seis  días, 
teniendo  en  cada  uno  de  ellos  sus  combates;  y  los  bergantines 
iban  quemando  las  casas  que  había  á  la  redonda  de  la  ciudad, 
hasta  que  descubrieron  canal  por  donde  con  facilidad  podían 
entrar  alrededor  por  los  arrabales  de  la  ciudad  y  aun  en  lo 
interior  de  ella,  que  fué  negocio  importantísimo,  con  que  las 
canoas  procuraron  alejarse,  y  en  más  de  un  cuarto  de  legua 
del  real  de  Cortés  no  osaban  parar.  Pedro  de  Alvarado  avisó 
á  Cortés  cómo  por  la  otra  parte  de  la  ciudad,  que  era  por  la 
calzada  de  Coyobasco,  ^  entraban  y  salían  por  ella  los  enemigos, 
y  les  traían  socorro  de  comida  y  gente  de  guerra  de  los  pue 
blos  de  tierra  firme  de  los  mexicanos  y  tepanecas;  y  que  pre- 
sumía, que  viéndose  ya  muy  apretados,  se  saldrían  todos  por 
ella:  el  cual  mandó  que  Gonzalo  de  Sandoval,  aunque  estaba 
herido,  fuese  á  sentar  su  real  á  un  pueblo  pequeño  que  se  di- 
ce Tepeyacac  (que  es  donde  está  ahora  la  Ermita  de  Nuestra 
Señora  de  Guadalupe);  el  cual  se  partió  con  veintitrés  de  á  ca- 
ballo, cien  peones  y  diez  y  ocho  escopeteros  y  ballesteros,  de- 
jándole cincuenta  peones  y  diez  y  seis le  señaló  de  los 

aculhuas  y  chalcas huexotzincas  con  que  de  todo  pun- 
to que los  de  la  ciudad  de  México;  y  viendo 

guarnición  más  de  doscientos  cincuenta  peones balles- 
teros y  escopeteros,  y  muy  gran  número  de  amigos,  determinó 
de  entrar  por  la  calzada  de  la  ciudad  á  lo  más  interior  de  ella, 
poniendo  los  bergantines  á  los  lados,  porque  hiciesen  espaldas, 
enviando  á  decir  ante  todas  cosas  á  los  de  la  guarnición  de 
Cuyohuacan,  que  parte  de  ellos  se  viniesen  á  él,  y  los  demás 
quedasen  guardando  las  calzadas  y  todo  aquel  lado,  para  im- 
pedir á  los  de  las  ciudades  de  Xochimilco,  Cuyohuacan,  Izta- 
palapan,  Huitzilopochco,  Culhuacan,  Zitahua  ^  y  Mizquic  (que 
eran  enemigos  y  del  bando  mexicano),  que  no  diesen  por  las 
espaldas  á  los  nuestros;  y  que  otros  se  quedasen  con  otros  diez 
y  seis  mil  huexotzincas,  chalcas  y  tlaxcaltecas  en  Cuyohuacan 

1  Creo  que  debe  ser  Nonoalco. 

2  Debe  ser  Tlahuac. 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  445 

en  el  puesto  referido;  enviando  asimismo  á  decir  á  Pedro  de 
Alvarado  y  á  Gonzalo  de  Sandoval,  que  al  tiempo  que  él  arre- 
metiese, ellos  á  un  tiempo  hiciesen  lo  mismo  de  su  parte  por 
las  calzadas.  Cortés  fué  entrando  por  la  ciudad  el  día  que  se- 
ñaló, y  luego  se  fué  á  topar  con  los  enemigos,  que  estaban  de- 
fendiendo una  quebrada  que  hablan  hecho  en  ella,  que  tenía 
de  ancho  como  una  lanza  y  otro  tanto  de  hondo,  y  hecha  una 
albarrada  fuerte;  mas  al  fin  se  las  ganaron,  y  fueron  prosiguien- 
do hasta  llegar  á  la  entrada  de  la  ciudad,  donde  estaba  otra 
torre  ó  templo  de  sus  ídolos,  y  al  pie  de  ella  una  puente  gran- 
de alzada,  que  por  ella  atravesaba  una  acequia  de  agua  muy 
ancha  con  otra  muy  fuerte  albarrada;  y  así  como  llegaron  co- 
menzaron á  pelear,  y  como  iban  por  los  lados  los  bergantines, 
sin  peligro  ninguno  se  la  ganaron,  y  los  enemigos  comenzaron 
á  huir  y  desamparar  la  albarrada;  y  pasando  Cortés  con  los 
suyos  por  los  bergantines,  y  más  de  ocho  mil  hombres  ^  de 
los  amigos,  que  eran  diez  mil  tlaxcaltecas  y  de  los  aculhuas 
otros  diez  mil  (que  ya  á  esta  sazón  hablan  llegado  á  este  nú- 
mero, porque  cada  día  Ixtlilxochitl  y  Tecocoltzin  iban  despa- 
chando gente  de  refresco),  chalcas  diez  mil  y  huexotzincas  diez 
mil,  que  en  breve  espacio  de  tiempo  cegaron  y  allanaron  con 
adobes  y  piedra  este  ojo  de  agua  ó  puente,  y  en  el  ínter  ya  los 
nuestros  habían  ganado  otra  albarrada  que  estaba  en  la  calle 
más  principal  y  más  ancha  que  había  en  la  ciudad,  y  como  nó 
tenía  agua  fué  muy  fácil  de  ganar;  y  siguiendo  el  alcance  tras 
los  enemigos  por  la  calle  adelante,  hasta  llegar  á  otra  puente 
que  tenían  alzada,  aunque  con  harta  dificultad  pasaron  los 
nuestros  de  la  otra  parte,  ganando  otra  albarrada  que  tenían 
los  enemigos  para  la  defensa,  durando  más  de  dos  horas  el 
combate,  y  que  por  las  azoteas  tiraban ^ 


1  Esta  cifra  está  equivocada,  pues  los  hombres  que  se  citan  después,  suman 
cuarenta  mil. 

2  Aquí  concluye  el  original;  y  como  se  ve,  apenas  llega  al  primer  ataque 
dado  por  Cortés,  el  cual  tuvo  lugar  el  9  de  Junio;  de  manera  que  falta  el  re- 
lato de  los  demáís  sucesos  del  sitio,  que  duró  hasta  el  13  de  Agosto,  día  en  que 
fué  tomada  la  ciudad  y  prendido  Cuauhtemoc. 


ERR^T^S. 


Tiflué. 

LlDM. 

Dice. 

LéMC. 

8 

6 

fuerz 

fuerza 

?0 

9 

Torneaux 

Terneaux 

15 

9 

principales 

principales 

21 

10 

Tlaehihualelpal 

Tlachihualcipal 

24 

84 

Oriente 

Poniente 

28 

21 

lo 

la 

81 

9 

6 

é 

82 

28 

Iztacquauhtzin 

Iztaccaltzin 

86 

82 

Xosotl 

Xolotl 

86 

89 

Teochintecuhtli 

Tochintecuhtli 

87 

6 

pasarou 

pararon 

87 

24 

águilas 

águilas 

46 

29 

Hábil 

Rabi- 

46 

88 

árgo 

largo 

46 

85 

andalias 

sandalias 

4í> 

16 

despuués 

después 

60 

80 

é 

á 

61 

29 

Huxutla 

Huexutla 

62 

21 

matlactliomci  tecpatl 

matlactliomey  Tecpatl 

62 

81 

vivienho 

viviendo 

60 

6 

Tenancacotzin 

Tenancacaltzin 

108 

24 

Chimalpopoca: 

Chimalpopoca 

118 

12 

Chacha 

Chocha 

135 

6 

menos 

más 

146 

80 

pidieron 

pidieran 

158 

22 

lustre 

ilustre 

162 

5 

aculhuas 

culhuas 

448 


OBRAS  DE  DON  FERNANDO  DE  ALTA  IXTLILXOCHITL. 


Fisloa.       Ltnea. 

Dio*. 

LteM. 

169 

33 

jeroglíficas 

jeroglíficos 

174 

4 

Tlaltelulco 

Tlatelulco 

179 

28 

de 

del 

186 

2 

laverintos 

laberintos 

197 

4 

Tlacatziuhque 

ilacatziuhqui 

209 

22 

Calpolanpan 

Calpolalpan 

252 

11 

resto 

cuarto 

252 

14 

Telloriano 

Tellcriano            • 

279 

21 

baldoneaban 

baldonaban 

291 

15 

espantos 

espanto 

298 

15 

demasísa 

demasías 

318 

24 

los 

las 

319 

8 

no 

nos 

345 

31 

escusó 

excusó 

859 

34 

la 

lo 

861 

6 

allíen 

allí  en 

370 

28 

Totoltzín,  Chiuhatlapaltzin 

Totoltzín  Chiuhatlapaltxin 

376 

(página) 

276 

876 

376 

27 

riquíismo 

riquísimo 

383 

35 

yfortaleza 

y  fortaleza 

388 

17 

serles 

serle 

398 

8 

revelaron 

rebelaron 

399 

21 

de  la  huehuete 

del  abuehuete 

399 

21 

Popctla 

Popotla 

407 

4 

Maxizcützin 

Maxixcatzin 

414 

9 

gente 

gente; 

422 

24 

les 

los 

429 

26 

al 

del 

DE  LAS  MATERIAS  QUE  COiniENE  ESTE  TOMO. 


páp. 

Introducción ..~ 8 

Advertencia  del  Padre  Colector 11 

Segunda  portada 18 

Dedicatoria 16 

Prólogo  al  lector 17 

Capítulo  I. — Que  trata  de  la  creación  del  mundo  y  sus  cuatro  edades,  que 
los  históricos  de  esta  Nueva  Sspafla  dieron,  y  fin  de  cada  una  de 

ellas 21 

Capítulo  II. — Que  trata  del  origen  y  venida  de  la  nación  tulteca,  reyes  y 
caudillos  que  tuvieron,  y  de  sus  poblaciones  y  cosas  acaecidas  en  su 

tiempo ^ 27 

Capítulo  III. — Que  trata  de  la  vida  y  hechos  de  Iztacaltzin  y  Topiltzin, 
últimos  monarcas  de  los  tultecas,  en  cuyo  tiempo  se  acabó  su  im- 
perio     81 

Capítulo  ly. — Que  trata  de  la  venida  y  población  que  hizo  el  gran  chi- 

chimeca  Xolotl  en  las  tierras  de  los  tultecas 85 

Capítulo  y. — Que  trata  de  la  venida  de  los  aculhuas,  tepanecas  y  oto- 
míes,  y  de  cómo  Xolotl  los  recibió  y  les  dio  señoríos  y  tierras  en  que 
poblasen,  casando  á  los  dos  cabezas  con  sus  dos  hijas,  y  de  los  hijos 
que  tuvieron;  y  asimismo  del  casamiento  del  príncipe  Nopaltzin  y  de 

los  hijos  que  tuvo... 41 

Capítulo  yi. — De  cómo  el  gran  chichimeca  dio  á  otros  señores  poblacio- 
nes y  provincias 46 

Capítulo  y  II. — De  lo  más  que  sucedió  en  tiempo  de  aqueste  gran  mo- 
narca Xolotl  hasta  su  fin  y  muerte 49 

Capítulo  yill. — De  cómo  el  príncipe  Nopaltzin  entró  en  sucesión  del 

Tomo  U-80 


450  OBRAS    HISTÓRICAS  DE 

Páp. 

imperio  y  do  las  cosas  que  sucedieron  en  su  tiempo 58 

Capítulo  IX. — Que  trata  de  la  vida  y  cosas  que  acaecieron  en  el  discurso 
del  tiempo  que  imperó  Tlotzin 67 

Capítulo  X. — De  la  entrada  en  el  señorío  é  imperio  de  Quinatzin  y  veni- 
da de  los  mexicanos,  y  hijos  que  tuvo  Acolmiztli  señor  de  Coatlichan.    61 

Capítulo  XI. — De  las  guerras  civiles  que  hubo  entre  los  chichimecas,  y 
otras  que  sucedieron  en  el  discurso  del  imperio  de  Quinatzin 65 

Capítulo  XII.— De  cómo  vinieron  los  tlailotlaques  y  chimalpanecas,  que 
hizo  poblar  Quinatzin  en  la  ciudad  de  Tetzcuco  y  otras  por  ser  gran- 
des artífices,  y  de  algunas  guerras  que  sucedieron  hasta  su  fin  y 
muerte 69 

Capítulo  XIII. — Del  gobierno  de  Techotlalatzin 71 

Capítulo  XIV.— De  algunas  guerras  que  tuvieron  Tezozomoc  rey  de  Az- 
caputzalco  y  los  señores  mexicanos,  ampliando  su  señorío;  y  de  la  su- 
cesión de  Acamapichtli  en  el  reino  de  los  culhuas  por  Illancueitl,  su 
mujer,  y  otras  cosas  que  sucedieron  hasta  la  muerte  de  Techotla- 
latzin  '. 77 

Capítulo  XV. — De  cómo  el  emperador  IxtUlxochitl  Ometochtli  entró  en 
la  sucesión  del  imperio;  y  cómo  Tezozomoc  y  los  señores  mexicanos 
no  le  quisieron  dar  la  obediencia,  y  alteraron  el  imperio 81 

Capítulo  XVI. — Ve  la  jura  del  príncipe  Nezahualcoyotzin  por  heredero 
del  imperio  en  las  cortes  que  se  hicieron  en  Huexotla,  en  donde  se 
determinaron  las  guerras  que  hubo  entre  IxtUlxochitl  y  Tezozomoc 
sobre  el  imperio... 85 

Capítulo  XVII. — Cómo  Tezozomoc,  viendo  que  el  emperador  Ixtlilxo- 
chitl  le  tenía  cercada  y  sitiada  su  ciudad,  procuró  pedir  treguas  con 
socolor  de  que  le  quería  dar  la  obediencia.y  tratar  de  paces 87 

Capítulo  XVIII. — De  cómo  el  emperador  Ixtlilxochitl  se  retiró  á  la  mon- 
taña, y  desde  allí  envió  á  pedir  socorro  á  los  de  la  provincia  de 
Otompan,  en  donde  mataron  á  su  capitán  general,  y  io  demás  que 
acaeció  en  esta  ocasión  hasta  su  fin  y  muerte 91 

Capítulo  XIX.— De  la  desastrada  é  infeliz  muerte  del  emperador  Ixtlil- 
xochitl  , 95 

Capítulo  XX. — De  cómo  el  tirano  Tezozomoc  se  hizo  jurar  emperador 
del  imperio  chichimeca,  y  cómo  hizo  matar  á  muchos  niños  natura- 
rales  del  reino  de  Tetzcuco,  y  el  pregóil  que  dio  por  su  mandato  en 
los  llanos  de  Tozteca  Teopan,  donde  juntaron  todos  los  del  reino  de 
Tetzcuco,  y  algunos  de  los  otros  pertenecientes  al  imperio...............    99 

Capítulo  XXI. — Cómo  el  tirano  Tezozomoc  repartió  las  tierras  pertene- 
cientes al  patrimonio  del  imperio  de  los  chichimecas,  y  otras  cosas 
que  hizo  y  del  sueño  que  soñó 108 

Capítulo  XXII. — De  la  muerte  del  tirano  Tezozomoc,  y  de  cómo  se  in- 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  451 

Paga. 

trodujo  en  la  sucesión  del  impeño  Maxtla  segundo  tirano,  y  de  cómo 
mató  á  Tayatzin  su  hermano,  y  de  otras  cosas  que  sucedieron 107 

Capítulo  XXIII. — De  cómo  el  tirano  Maxtla  hizo  prender  á  Chimalpo- 
poca  rey  de  México,  y  después  lo  hizo  soltar;  y  de  los  trances  peligro- 
sos en  que  se  vido  Nezahualcoyotzin 111 

Capítulo  XXIV. — De  cómo  se  escapó  Nezahualcoyotzin  por  dos  veces 
de  las  manos  del  tirano,  y  de  la  muerte  del  rey  Chimalpopoca,  y  de 
Tlacateotzin  señor  de  Tlatelulco 117 

Capítulo  XXY. — De  cómo  por  otras  dos  veces  escapó  Nezahualcoyotzin 
de  las  manos  de  sus  enemigos 121 

Capítulo  XXVI. — De  la  vida  y  peregrinación  de  Nezahualcoyotzin  por 
las  montañas  y  desiertos  hasta  llegar  á  donde  vivía  Quacoz  un  caba- 
llero de  nación  otomí 127 

Capítulo  XXVII. — Que  trata  cómo  fué  prosiguiendo  Nezahualcoyotzin 
su  viaje  y  peregrinación  hasta  Capolac,  y  las  cosas  que  le  sucedieron 
en  el  camino «..» ^....  138 

Capitulo  XXVIII. — De  cómo  marchó  con  un  poderoso  ejército  el  prínci- 
pe Nezahualcoyotzin  por  la  vía  de  Tetzcuco,  y  cómo  recobró  el  rei- 
no de  los  aculhuas,  y  algunos  acontecimientos  notables  que  hubo 187 

Capítulo  XXIX. — Que  trata  de  cómo  hasta  aquí  dio  fin  la  historía  gene- 
ral del  imperio  de  los  señores  chichimecas,  y  en  el  estado  que  la  de- 
jaron los  autores  que  la  pintaron^  y  lo  más  que  el  tirano  Maxtla  hi- 
zo en  esta  ocasión 148 

Capítulo  XXX. — De  cómo  viendo  los  mexicanos  que  estaban  oprimidos 
por  el  tirano  Maxtla,  acordaron  entre  ellos  enviar  sus  embajadores  al 
príncipe  Nezahualcoyotzin  para  que  los  socorriese,  y  las  cosas  que  le 
acaecieron  en  este  tiempo 145 

Capítulo  XXXI. — De  cómo  pasó  Nezahualcoyotzin  á  México  con  su 
ejército  en  favor  de  los  mexicanos 149 

Capítulo  XXXII. — De  cómo  fué  jurado  Nezahuolcoyotzin  por  rey  de 
Tetzcuco  Acolhuacan  y  por  emperador  del  imperio  de  los  chichime- 
cas, juntamente  con  su  tío  Itzcoatzin  rey  de  México,  y  Totoquihua- 
tzin  de  Tlacopan,  en  quien  se  traspasó  el  reino  de  Atepaneco  y  Az- 
oaputzalco 168 

Capítulo  XXXIII. — De  cómo  Nezahualcoyotzin  dio  orden  de  irse  á  la 
ciudad  de  Tetzcuco  con  toda  su  gente,  y  las  demandas  y  respuestas 
que  sobre  esto  hubo 167 

Capítulo  XXXIV. — Que  trata  cómo  Nezahualcoyotzin  tuvo  sobre  ciertas 
contiendas  gaerra  con  su  tío  Itzcoatzin,  y  habiendo  entrado  con  su 
ejército  en  la  ciudad  de  México,  se  conformaron;  y  de  cómo  restitu- 
yó á  todos  los  señores  en  sus  señoríos;  y  lo  más  que  pasó  en  este  in- 
tervalo de  tiempo „ 161 


452  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

Pác>. 

Capítulo  XXXV. — Que  trata  cómo  Nezahualcoyotzin  restituyó  en  sus 
señoríos  á  los  señores  pertenecientes  al  reino  de  los  aculhuas;  y  cómo 
repartió  las  tierras 167 

Capítulo  XXX VI. — De  cómo  Nezahualcoyotzin  edificó  unos  palacios 
para  su  morada,  que  fueron  los  mayores  que  hubo  en  la  Nueva  Es- 
paña, y  de  su  descripción 178 

Capítulo  XXXVII. — Que  prosigue  en  la  descrípción  de  las  casas  de  Ne- 
zahualcoyotzin y  templos  que  dentro  de  ellas  tenía ~ 188 

Capítulo  XXXVIII. — Que  trata  de  las  ochenta  leyes  que  estableció  Ne- 
zahualcoyotzin y  cómo  las  mandó  guardar 187 

Capítulo  XXXIX. — Cómo  el  rey  Nezahualcoyotzin  amplió  las  tierras  de 
la  señoría  de  Tlaxcala,  y  las  capitulaciones  que  con  ellos  tuvo 196 

Capítulo  XL. — De  la  muerte  del  rey  Itzcoatzin  de  México,  y  cómo  en  su 
lugar  entró  Motecuhzomatzin  Ilhuicaminatzin  primero  de  este  nom- 
bre, y  de  algunas  guerras  que  hicieron  las  tres  cabezas  del  imperio 
contra  las  provincias  remotas ^ 201 

Capítulo  XLI.— Que  trata  de  la  hambre  y  mortandad  que  hubo  en  esta 
tierra,  y  por  qué  causa  se  comenzaron  las  guerras  de  Tlaxcalan,  Hue- 
xotzinco  y  Cholulan  contra  el  imperio 206 

Capítulo  XLII. — De  cómo  hizo  Nezahualcoyotzin  casas  de  recreación, 
bosques  y  jardines,  y  la  gente  que  mandó  ocupar  en  su  adorno  y  en 
el  de  las  casas  reales  y  cerco  de  ellas 209 

Capítulo  XLIII. — De  cómo  el  rey  Nezahualcoyotzin  se  casó  con  Azcal- 
xochitzin,  hija  del  infante  Temictzin  su  tío,  y  del  extraño  modo  con 
que  se  consiguió  este  matrimonio 218 

Capítulo  XLI V.— De  los  hijos  que  tuvo  Nezahualcoyotzin,  y  otras  cotas 
acaecidas  en  este  discurso  de  tiempo  hasta  la  muerte  del  príncipe  Te- 
tzauhpiltzintli « 219 

Capítulo  XLV.— Que  trata  de  cómo  se  ganó  la  provincia  de  Chalco  por 
medio  del  infante  Axoquentzin,  y  nacimiento  del  príncipe  Neza- 
hualpilli 228 

Capítulo  XLVI. — Que  trata  de  la  muerte  del  rey  Motecuhzomatzin  de 
México,  y  elección  de  Axayacatzin;  y  de  algunos  dichos,  hechos  y 
sentencias  admirables  del  rey  Nezahualcoyotzin 229 

Capítulo  XLVII. — Que  trata  de  algunas  profecías  y  dichos  que  d^o  el 
el  rey  Nezahualcoyotzin ^ 286 

Capítulo  XLVI  1 1. — De  los  hechos  notables  de  Acaten tehuatzin.. 289 

Capítulo  XLIX. — Que  trata  de  la  muerte  de  Nezahualcoyotzin 241 

Capítulo  L. — Que  trata  de  la  jura  y  coronación  del  prudentísimo  y  sabio 
Nezahualpiltzintli  Acamapixtli 247 

Capítulo  LI.~-Que  trata  de  la  guerra  que  el  rey  Axayacatzin  tuvo  con- 
tra MoquihuHzin,  señor  de  Tlatelulco,  y  contra  sus  aliados.. 261 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  453 

Págf. 
Capítulo  LII. — Que  trata  de  algunas  cosas  que  hizo  en  el  principio  de  su 
gobierno  Nezahualpiltzintli,  en  que  mostró  la  prudencia  y  sabiduría 
natural  que  Dios  le  dio  desde  su  niñez,  que  notaron  mucho  los  au- 
tores  « 268 

Capítulo  Lili. — Que  trata  de  algunas  guerras  y  conquistas  que  hicieron 
las  tres  cabezas  del  imperio,  Azayacatzin  rey  de  México,  Nezahual- 
piltzintli  de  Tetzcuco  y  Chimalpopocatzin  de  Tlacopan,  y  muerte  de 

Xihuitltemoc  señor  de  Xochimilco 266 

Capítulo  LIV. — Que  trata  de  la  muerte  de  Axayacatzin,  sucesión  de  Ti- 

zotzicatzin,  y  los  hijos  que  tuvieron ^ 269 

Capítulo  LY. — Que  trata  de  la  primera  salida  que  hizo  el  rey  Nezahual- 
piltzintli,  contra  los  de  Ahuilizapan,  Tototlan,  Oztoticpac  y  otras 

provincias  de  la  costa  del  mar  del  Norte » 261 

Capítulo  LYI. — Que  trata  cómo  el  rey  Nezahualpiltzintli  edificó  unas 
casas  de  su  morada,  y  engrandeció  el  templo  mayor  que  edificó  su 

padre;  y  del  mucho  gasto  y  aparato  que  en  ellas  tenía ....^ 266 

Capítulo  LVII. — Que  trata  cuántas  fueron  las  concubinas  del  rey  Keza- 
hualpiltzintli,  y  de  la  reina  Tenancazihuatzin  su  legítima  mujer,  y 

los  hijos  que  tuvo  en  ella  y  en  las  demás « 267 

Capítulo  LYIII. — Que  trata  de  la  muerte  de  Tizotzicatzin,  rey  de  Me. 
xico,  y  sucesión  de  Ahuizotzin,  y  de  otras  cosas  que  acaecieron  an- 
tes de  su  muerte 269 

Capítulo  LIX. — Que  trata  de  la  entrada  que  hizo  Nezahualpiltzintli 
en  la  costa  de  Nauhtlan,  y  después  él  y  los  reyes  Ahuizotzin  y  Chi- 
malpopocatzin las  conquistas  que  hicieron  de  ciertas  provincias  que 

caen  hacia  el  Sur 271 

Capítulo  LX. — Que  trata  cómo  el  rey  Ahuizotzin  acabó  el  templo  mayor 
de  México  y  de  los  grandes  sacrificios  que  se  hicieron  en  su  estreno; 
de  la  muerte  del  rey  de  Tlacopan  Chimalpopocatzin  y  sucesión  de 

Totoquihuatzin,  segundo  de  este  nombre,  y  de  otros  señores 278 

Capítulo  LXI.— Que  trata  de  la  guerra  que  tuvo  el  rey  Nezahualpiltzin- 
tli contra  Huehuetzin  de  Huexotzinco,  y  cómo  lo  venció  y  cautivó.  276 
Capítulo  LXII. — Que  trata  de  un  extraño  y  singular  hecho  que  hizo 

Teuhchimaltzin,  caballero  descendiente  de  la  casa  de  Tetzcuco 279 

Capítulo  LXIII. — Que  trata  de  las  guerras  y  conquistas  que  tuvo  el  im- 
perio contra  los  rebeldes  de  las  naciones  remotas 288 

Capítulo  LXIY. — Que  trata  de  la  extraña  severidad  con  que  castigó  el 
rey  Nezahualpiltzintli  á  la  reina  mexicana  por  el  adulterio  y  traición 

que  contra  él  se  cometió 286 

Capítulo  LXY. — Que  trata  de  otras  conquistas  que  en  estos  tiempos  hi- 
cieron los  del  imperio 289 

Capítulo  LXYI.— Que  trata  de  una  inundación  grande  que  hubo  en  la 


454  OBRAS   HISTÓRICAS  DE 

ciudad  de  México,  procedida  de  un  ojo  de  agua  llamado  Acue- 
caexatl 291 

Capítulo  LXVII. — Que  trata  cómo  el  rey  Nezahualpiltzintli  apaciguó 
un  litigio  que  entre  sí  los  infantes  Acapioltzin  y  Xochiquetzaltzin 
sus  hermanos  traían;  y  de  algunos  notables  castigos  que  hizo  en  sus 
hijos « 298 

Capítulo  LXVIII. — Que  trata  de  otras  cosas  notables  que  Nezahualpil- 
tzintli hizo  en  materia  de  jueces  y  leyes 297 

Capítulo  LXIX. — Que  trata  en  qué  año  y  tiempo  nació  el  valerosísimo 
Ixtlilxochitli  y  las  cosas  que  hizo  en  su  niñez  y  puericia 801 

Capítulo  LXX. — Que  trata  de  la  muerte  del  valeroso  rey  Abuizot^in,  y 
elección  del  famoso  Motecuhzoma,  segundo  de  este  nombre»^ 805 

Capítulo  LXXI. — Que  trata  de  varios  acaecimientos  que  hubo  en  estos 
tiempos  según  los  anales 809 

Capítulo  LXXII.— Que  trata  de  las  señales  y  prodigios  que  hubo  antes 
4e  la  destrucción  y  fin  del  imperio 818 

Capítulo  LXXIII. — Que  trata  de  algunos  motines  y  alteraciones  que  hu- 
bo en  algunas  provincias  sujetas  y  ganadas  por  el  imperio,  y  de  otros 
acaecimientos » 817 

Capítulo  LXXiy. — Que  trata  cómo  el  rey  Motecuhzoma  cautelosamen- 
te con  pacto  secreto  que  tuvo  con  la  señoría  de  Tlaxcala,  hizo  matar 
toda  la  flor  de  los  capitanes  y  soldados  del  reino  de  Tetzcuco,  con  cu- 
ya ocasión  se  vino  á  señorear  de  todo  el  imperio ^ 821 

Capítulo  LXXV. — Que  trata  de  la  muerte  y  fin  que  tuvo  el  rey  Neza- 
hualpiltzintli  ! * 827 

Capítulo  LXXYI. — Que  trata  de  la  contienda  que  hubo  entre  los  hijos 
de  Nezahualpiltzintli  sobre  la  sucesión  del  reino 829 

Capítulo  LXXVII. — Que  truta  quién  fué  el  invencible  D.  Femando  Cor- 
tés primer  marqués  del  Valle,  y  da  principio  á  sus  heroicos  hechos.»  835 

Capítulo  LXXVIII. — Que  trata  cómo  dio  principio  Cortés  á  la  conquis- 
ta de  esta  nueva  España  hasta  llegar  á  Potonchan 889 

Capítulo  LXX IX. — Que  trata  de  las  cosas  que  le  acaecieron  á  Cortés 
hasta  llegar  á  la  Veracruz 848 

Capítulo  LXXX. — Que  trata  de  las  cosas  que  hizo  el  rey  Motecuhzoma 
con  la  nueva  de  la  venida  de  Cortés  y  sus  compañeros;  y  de  cómo 
Cortés  se  informó  de  los  bandos  que  había  ^,n  esta  tierra.. 847 

Capítulo  LXX XI.— Que  trata  de  cómo  se  vido  Cortés  con  el  señor  de 
Cempoalan  y  con  el  de  Quiahuiztlan,  y  la  liga  y  resolución  que  con- 
tra Motecuhzoma  le  ofrecieron 858 

Capítulo  LXXXII.— Que  trata  de  lo  más  que  le  sucedió  á  Corté»  en  la 
Villa  Rica,  y  quema  de  los  navios 857 


DON  FERNANDO  DE  ALVA  IXTLILXOCHITL.  455 

Fág». 

Capitulo  LXXXIII. — Que  trata  de  la  salida  que  hizo  Cortés  para  ir  so- 
bre México,  y  lo  que  por  el  camino  le  sucedió 361 

Capítulo  LXXXIV.— Que  trata  de  lo  que  á  Cortés  le  sucedió  al  tiempo 
que  estuvo  en  Tlaxcala 869 

Capítulo  LXXXV.— Que  trata  de  la  ida  que  hizo  Cortés  á  la  ciudad  de 
México  y  lo  que  en  ella  le  sucedió  hasta  prender  á  Moteczuma 875 

Capítulo  LXXXV  I. — Que  trata  de  lo  que  le  sucedió  á  Cortés  en  la  ciu- 
dad de  México  hasta  poner  prisiones  al  rey  Motecuhzoma,  de  que 
Cacama  rey  de  Tetzcuco,  se  alteró  y  quiso  libertar  á  su  tío  y  echar 
de  México  á  los  españoles;  y  de  cómo  su  hermano  Ixtlilxochitl  lo 
prendió  cautelosamente  y  lo  entregó  á  Cortés 881 

Capítulo  LXXXVII. — Que  trata  de  cómo  el  rey  Motecuhzoma  y  los  de- 
más señores  del  imperio  dieron  la  obediencia  al  rey  de  Castilla,  y  lo 
demás  que  sucedió  á  Cortés  hasta  prender  á  I*ánfilo  de  ^arvaez  que 
venía  contra  él 887 

Capítulo  LXXXVIll.— Que  trata  de  la  muerte  desastrada  que  el  capi- 
tán D.  Pedro  de  Alvarado  y  los  suyos  dieron  á  los  señores  y  nobleza 
mexicana  por  cuya  causa  se  rebelaron  los  mexicanos  y  pusieron  en 
aprieto  á  los  nuestros,  hasta  hacerlos  salir  huyendo  de  la  ciudad  de 
México:  de  la  muerte  del  gran  Motecuhzoma,  de  la  de  Cacama  y 
otros  señores 893 

Capítulo  LXXXIX.-^Que  trata  de  la  retirada  que  hizo  Cortés  con  los 
suyos  á  Tlaxcalan  en  donde  se  retiró,  y  lo  que  en  este  tiempo  le  su- 
cedió  ^ 899 

Capítulo  XC — Que  trata  del  buen  acogimiento  que  tuvo  Cortés  en  Tlax- 
calan, y  todo  lo  que  en  ella  hizo  durante  el  tiempo  que  allí  se  refor- 
mó; muerte  del  rey  Cuitlahuatzin,  y  elección  de  Quauhtemoc,  de 
Coanacochtzin  y  Tetlepanquetzaltzin 408 

Capítulo  XCI.— Que  trata  del  orden  que  dio  Cortés  para  ir  sobre  la  ciu- 
dad de  México,  y  el  viaje  que  hizo  hasta  llegar  á  la  ciudad  de  Tetz- 
cuco  « 411 

Capítulo  XCII. — Que  trata  del  combate  de  Iztapalapan,  vista  que  dio 
Cortesa  México  y  la  guerra  de  Acapuchtian 419 

Capítulo  XCTII. — Que  trata  de  la  segunda  vista  que  dio  Cortés  á  Méxi- 
co en  contorno  de  ella  y  de  sus  lagunas,  combate  de  los  españoles  en 
Tlayacapa  y  guerra  de  Xochimilco 425 

Capítulo  XCIV. — Que  trata  cómo  Cortés  se  apercibió  para  ir  sobre  la 
ciudad  de  México  por  agua  y  por  tierra  á  sitiarla 488 

Capitulo  XCV. — Que  trata  de  la  victoria los  bergantines  por  la 

laguna por  agua  y  por  tierra  la  primera México» 441 


CARREL  CHAfiCH  *^A^^^  ^"^^^     1 

CAStít^  i.r.niiUfc 

^0 

5 

'' ' — ' 

^ 

ií 

)ll 

'■ 

. 

DEMCO    3fl-297 

TOZZER    LiÜHAftT 


3  2044  041    966  987 


H^:Íf  TZtJií<T 


I 


This  book  is  not  to  be 
taken  from  the  Library 


3//o/b/ 


*^«. 


!*• 


«^.í» 


'  v»*"^ 


t  J,  t 


«r¿' 


^''Jkí. 


.^.:k